93. Ki [c]a pacac ru xe cah xkah pe chuvi huyu, cani [c]a xboz ci[c]
yuyub, cani navipe xpae ru lakam, x[t]ahan [c]a cubak, [c]habi tun,
xivac. Kitzih ti xibin ok xka pe [c]eche vinak. hucumah xka pe chi
[c]otoh, xmukutah yan ri [c]otoh, xka chipe xe huyu, ki na [c]a xul chu
chi ya, celahay ya, xavi [c]a tzekel pe ahauh Tepepul Yztayul, xavi
rachbilam pe ru [c]abouil. Tok xpe [c]a ul ri ramonel chirih, kitzih
tixibin ok xpe ul, cani x[t]ahan ci[c] yuyuh, cubak, [c]habitun, xivac,
xu[c]ut ru puz, ru naval achiha: cani [c]a xu cahmah [c]echevinak, mani
chic x[c]ulelaan, cani xpaxin rij xyaar chi camic [c]echevinak, maqui
ahilam xcam. Quere[c]a x[c]ace xtelecheex xquiya quij, ahaua Tepepul
Yztayul xuya ri qui [c]abouil. Quere[c]a ru [t]alel achij, rahpop achi
ru mam ru [c]ahol ahauh ahxit ahpuvak, ah[c,]ib, ah[c]ot, ronohel
achiha, kitzih xyaar chicamic, mahilam maqui xahu chuvy, ca chuvy chi
[c]eche vinak xu cam ka Cakchiquel, oher, quecha ka tata ka mama,
yxnu[c]ahol; ha[c]a ahauh Oxlahuh [c,]ij, Cablahuh Tihax he navipe
Vooymox, Rokelba[c,]in xebano maquina xaquere x[t]a[t]ar huyu chi
Yximchee.
Traducción
93. Cuando apareció el alba, ellos (los quichés) bajaron de los cerros; estallaron los gritos y clamores de guerra, se desplegaron las banderas; entonces se oyeron los tambores, las trompetas y los caracoles de los combatientes. En verdad este descenso de los quichés fue terrible. Avanzaban rápidamente en filas, y podían verse a lo lejos sus bandas siguiéndose unas a otras, bajando la montaña. Pronto llegaron a las orillas del río, a las casas junto al agua. Los seguían los jefes Tepepul e Iztayul, acompañando al dios. Entonces fue cuando se encontraron los batallones. En verdad el encuentro fue terrible. Los gritos y los clamores, el ruido de los tambores, las trompetas y los caracoles resonaban, mezclados con los encantamientos de los héroes. Los quichés fueron derrotados por todas partes; ni uno peleó; fueron puestos en fuga y entregados a la muerte, y nadie pudo contar sus muertos. Un gran número de ellos fueron hechos prisioneros, junto con los reyes Tepepul e Iztayul, que entregaron a su dios. Así el Galel-achi, el Ahpop-achi, el nieto y el hijo del joyero mayor, el tesorero, el secretario y el grabador mayor y toda la gente fueron pasados a cuchillo. Los quichés que entonces fueron muertos por los cakchiqueles no se contaban por ocho mil ni por dieciséis mil; así dijeron nuestros padres y antepasados, oh hijos míos. Tales fueron los hechos de los reyes Oxlahuh Tzy y Cablahuh Tihax, como también de Vooymox y Rokelbatzin. Así, y no de otro modo, hicieron gloriosa la ciudad de Iximche.