102. Ki [c]a ti pacatah ru xecah chi hulahuh Ah xboz pe Tukuchee [c]haka
tinamit, cani x[t]ahan ru cubak, ru [c]habi tun ahauh Cay Hunahpu,
vikital chi tooh, chi tunatiuh [t]u[t], chi tunatiuh [c]ubul, chi
[c]alvach puak abah. Ok xboz pe [c]haka ya, kitzih tixibin maqui ahilam
chi Tukuchee, mani xahu chuvy, ca chuvy. Tok xtiquer [c]a tzaloh chuvach
tinamit tzam [t]am, x[c]ulu vi ri labal ha[c]a Chucuyba[c,]in [c]amol
yuhuh cuma Tukuchee; xa[c]a e cahi chi yxoki xevik chi achcayupil qui
[c]ha xqui[c]exevachibeh labal, hunelic rucahichal ral; qui [c]ha xoc
chuva ru pop Chucuyba[c,]in ruma achiha: tixibin chi nima yuhuh xquiban
ahaua oher; ha [c]amol tzaloh [c]ate xqui[c]ut chic qui tiohil yxoki
chuvach pa Co[c,]il pa Xahil [c,]ak xeel vi yxoki; kina xeel pe chiri
tok xboz chi[c]a hu [c]hob pa nima bey chi nima [c]otoh, ruyon [c]a
achiha ri ah Tiba[c]oy, ah Raxakan hucumah [c]a xpaxel ri pa nima bey;
xa cay xutzak can ri ok xpaxel, ha[c]a ri xka ul [c]haka tinamit xyaloh
tzaloh, ha[c]a xramon ri rahpop achi Cinahitoh ah Xechipeken.
Traducción
102. Cuando apareció el alba del día 11 Ah, los tukuchés comenzaron del lado opuesto a la ciudad, y se oyeron los tambores y trompetas del jefe Cay Hunahpu. Entonces los guerreros se armaron, y desplegaron sus plumas brillantes y banderas relucientes, y oro y piedras preciosas. Entonces comenzó al otro lado del río, y en verdad era terrible el número de los tukuchés, que no podían contarse por ocho miles ni por dieciséis miles. La batalla comenzó ante la ciudad, al extremo del puente adonde Chucuybatzin, puesto a la cabeza de la lucha por los tukuchés, había llevado el combate. Hubo cuatro mujeres que se armaron con lanzas y arcos y tomaron parte en la batalla, plenamente iguales a cuatro hombres jóvenes. Las flechas lanzadas por estas heroínas dieron en la estera misma de Chucuybatzin. En verdad fue una revuelta terrible la que hicieron los jefes antaño. Los jefes de la batalla erigieron después las imágenes de estas mujeres ante los edificios de los zotziles y los Xahil, de donde estas mujeres habían salido. Cuando partían, apareció de pronto una división en el camino real, cerca de las zanjas hondas. Dispersó rápidamente a los guerreros de Tibaqoy y Raxakan en el camino real. Solo dos de los hombres cayeron en este encuentro, y el que los condujo más allá de la ciudad para prolongar el combate fue el mismo que había ganado la victoria anterior, el consejero Cinahitoh de Xechipeken.