83. Cani [c]a xel pe ru camahel ahauh takol ahaua, tok xhique rucamic
Co[c,]il Tukuche, ruma [c]eche vinak. Tok xepixabam quij ahaua cha[t]a,
xcha [c]a ri ahauh [c]ikab chique ahauh Huntoh Vukuba[c,]: Mani ru xe
mani ru vi kalabal yvuquin, yxnu[c]ahol; mi[c]a xi[c,]et mixban
chuvichin: mixrayx valabil nu vinak nu xit nu pavak, quere chi [c]a
xtiban chivichin. Co [c]a chivichin, yxnu[c]ahol, yxnucha[t] nu nimal.
Xere vi pixaban ri vae: Mixutzin malo. Machuvak chipe tiban [t]a[t]al
tepeval vave, xere viri mixkaban yvuquin, chi toloba can tinamit
chiquivach he [c]haol cunum cachak; maqui e a[c]axa ytzih, yxnu[c]ahol.
[c]o huyu tila[t]abeh pan Yximchee chuvi Ra[c,]amut. Hay, tinamit tux,
xa chiri ti ban vi bay vi [c]ovicah chi pe ronohel ama[t]. Ti toloba can
ri Chiavar. Yx naek, achih, vuetah xti [c]ulubacan, maqui utz nu tzih ti
takeh, xcha ahauh [c]ikab chique ka mama. Tok xe pixaban quij ahaua,
quere[c]a xtakeh vi rutzih ahauh ri cuma ka mama. Mani x[c]ulelaan can
[c]eche vinak.
Traducción
83. Entonces el rey envió a su mensajero a anunciar a los señores que los quichés habían resuelto la muerte de los zotziles tukuchés. Al mismo tiempo mandó a los señores que vinieran durante la noche, y el rey Qikab habló en estos términos a los señores Huntoh y Vukubatz: "No es ni el principio ni el fin de esta guerra que se nos hace, oh hijos míos. Se ha visto lo que me han hecho. Me han robado mis esclavos, mi familia, mis tesoros, mis metales preciosos. Quieren hacer lo mismo con vosotros. Salid, pues, hijos míos, hermanos menores míos, hermanos mayores míos." Entonces dio sus órdenes: "La suerte está echada. Cesad al punto en el ejercicio de un poder que deberíais compartir conmigo. Abandonad esta ciudad al populacho rebelde. Que no se oigan más vuestras palabras, hijos míos. Id adonde podáis estableceros, a Iximche, en el Ratzamut. Construid allí casas y una ciudad, y haced un camino por el que toda la gente pueda pasar y descansar. Abandonad Chiavar. En cuanto a vosotros, pueblo, si triunfáis, que mis palabras os alcancen como maldición." Así habló el rey Qikab a nuestros antepasados. Entonces se dieron los mandatos a los señores, y las palabras del rey fueron enviadas a nuestros antepasados. Y los quichés no se les opusieron.