15. Ok xoh ul [c]a chu chi palouh. Xa[c]a e[c]oh chi ri xa[c]a e mulan
conohel ama[t] ahlabal chi palouh; ok xekil xatak [c]icinak qui[c]ux.
Mani tan ti qui [c]ovibeh pe, mani tucheex y[c]ovem pe chuvi palouh,
xecha [c]a ri conohel ahlabal vuk ama[t] chikichin; chinak koh u cheen,
chinak tiki[c]ovibeh, at kacha[t], xa at chic at koyobem, xecha conohel.
Xoh cha [c]a chique: Yx quixbe, chijl, yx kanabeyal; chinak tik
i[c]ovibeh, oh an vae, konohel xoh cha, [c]ate[c]a xe cha chic conohel:
ta hoyevah kavach, atkacha[t], xa vipe kote[t]e vave chu chiya palouh,
mahatikil ka huyubal ka ta[t]ahal. Xape cani xkovar, xko [c]hacatah oh
cay chial, oh ru vi oh ru holom oh runabey ahlabal vuk ama[t], at nu
cha[t], vueta xko y[c]o cani tika[c,]et ru vach kikan mix yape rumal ka
tee ka tata, at nucha[t]. Xcha [c]ari. Xeboco [c]echevinak, chikichin
quecha ri [c,]a mama [t]a[t]avitz, Cactecauh; xoh cha [c]a chique:
katiha na, yx ka nimal; maxa vi pe xko[c]ohe xkote[t]e vave chuchij
palouh, maqui pe mahatikil ka huyubal [c]oh [c]a tucheex xti[c,]et,
yxahlabal, yx vuk ama[t], xkahi[c]o vacami, xoh cha. Cani [c]a xe quicot
conohel.
Traducción
15. Luego llegamos a la costa del mar. Allí estaban reunidos junto al mar los guerreros de todas las siete aldeas. Un gran número pereció, devorado por la pena. "No hay modo de pasar, ni se cuenta de nadie que haya pasado el mar," decían todos los guerreros de las siete aldeas. "¿Quién puede, quién hallará el modo de pasar el mar? En ti solo, hermano nuestro, en ti solo tenemos esperanza," decían todos. Nosotros les dijimos: "Podéis ir adelante; podéis ser los primeros. ¿Quién hallará el modo de cruzar, mientras estamos aquí?" Así hablamos todos nosotros, y entonces todos ellos dijeron: "Tennos piedad, hermano nuestro, pues estamos todos tendidos en la orilla del océano sin ver nuestros cerros y llanos. Apenas nos dormimos, fuimos vencidos, nosotros los dos hijos mayores, nosotros los jefes y guías de los guerreros de las siete aldeas, oh hermano mío. ¡Ojalá hubiéramos pasado, y pudiéramos ver las cargas que nos dieron nuestras madres y padres, oh hermano mío!" Así hablaron. En aquel tiempo la nación quiché había crecido. Nuestros antepasados, Gagavitz y Zactecauh, dijeron: "Les dijimos: 'también nosotros sufrimos, hermano nuestro, no vivimos tendidos en la orilla del océano, donde no podemos ver nuestras montañas donde están, como decís, oh vosotros guerreros, vosotros gente de las siete aldeas. Pasaremos ahora mismo. Así hablamos; y pronto todos ellos se alegraron.'"