Para el primer día del año.
¡Oh Dios! de cuya diestra poderosa
Dependen los destinos de los hombres,
Y á cuya voz con estallido ronco
Vibran los rayos, se estremece el Orbe:
Tú, cuyo Sér el universo adora,
Y cuya Majestad nadie conoce
Sino al través de un velo impenetrable,
Velo que sólo nuestra fe descorre:
Tú, que ves lo pasado y lo futuro,
Y lo presente pródigo dispones,
Que descansas en trono de brillantes
Sobre millares de esplendentes soles:
Tú, que das vida á todo lo que existe,
Desde el junquillo hasta el altivo roble,
Desde la mar que brama hasta el riachuelo,
Desde el insecto mísero hasta el hombre:
Tú, que desde antes de que yo naciera
Ya me amabas solícito, y de entonces
Ya pensabas verter tu sangre pura
Para lavar mis crímenes enormes:
Tú, que en mi juventud me diste esfuerzo
Contra el férreo dogal de las pasiones,
Y en mi niñez mis pasos dirigiste
Librándome de riesgos y temores:
Tú, que me diste un padre bondadoso
Que endulzara mis penas y dolores,
Y una madre también que cariñosa
Me arrullara con besos y canciones:
Tú, de quien cada día, á cada instante
Recibo beneficios y favores,
Los que apenas me vienen de tu mano
Cuando mi alma sin fe los desconoce:
Tú, en fin, que como padre providente
Mis penas calmas y mis ruegos oyes,
Derrama en mí tus bendiciones santas,
Cúbreme de tus gracias y tus dones,
Para que este nuevo año que comienza
No traiga sobre mí tus maldiciones,
Y próspero ó adverso se encamine
A tí, Señor de reyes y señores.
No te pido riquezas, ni te pido
De este piélago inmundo los honores;
Me basta con tu amor que es tan inmenso
Y que es la fuente de inefables goces.
Me basta con tu amor para que vengan
Unas de otras en pos las estaciones,
De abundantes espigas coronadas,
Coronadas de frutos y de flores.
Mas te pido, Señor, que no me falten
La esperanza y la fe de mis mayores,
Para luchar contra los mil escollos
En que naufraga sin cesar el hombre.