—¿Mi suerte (habla una hoja seca) será vivir eternamente aquí, tirada en medio de la calle? ¿Me recogerá alguno como recuerdo? ¿Barrerá la escoba conmigo, ó lloverá y me rejuveneceré? ¡Vamos á ver! ¿Qué puede suceder? ¡Pues qué ha de suceder! Que esa niña que me está viendo desde un balcón, me guardará entre las hojas de ese libro que está leyendo. ¡Si supiera que soy hoja de camelia! —Yo creo (dice una pluma) que, ó adorno un sombrero ó algo por el estilo; mi color no es feo. ¡Blanco! ¡Blancura de pecho de paloma! Parezco un copo de espuma.... Hagamos proyectos: tú, pétalo, vivirás en un libro, y yo ¿por qué no? Pero, ¡pero!.... (asustadísima). ¡Escondámonos! Ya no era tiempo; el remolino, en sus ondas de polvo gris, las arrastró á las dos. La pluma voló muy lejos, ¡quién sabe dónde! La hoja de camelia quedó sepultada en el lodazal. ¿Para qué esperanzas si el mañana es un remolino?