En raudo remolino turbulento
vuela el polvo cual nube sofocante,
y el sol candente con su luz vibrante
quema los prados y enrarece el viento.
Corre el arroyo desangrado y lento,
la tempestad rebrama amenazante,
las flores secas y su aroma errante
vuelan del aire al abrasado aliento.
La noche lleva entre sus sombras fuego,
pero viene la lluvia del rocío
e infiltra en ella celestial sosiego;
mas yo que ha tiempo que perdí la calma,
nunca hallaré la lluvia del estío
que apague el fuego que me abrasa el alma.