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Isabel Prieto De Landázuri · Romanticismo

En el Valle de México

español

¡Dios! Este nombre el corazón exhala,
Que en caracteres mágicos resbala
Por la azul extensión.
¡Dios! Solamente tan sublime acento
Se presenta radioso al pensamiento,
Al par que al corazón.

En su eterna belleza la natura
Ese nombre doquier canta ó murmura
Con celeste rumor:
Le canta el sol en su destello de oro,
Y lo repiten en humilde coro
Yerba, insecto, ave y flor.

Hay cuadros que impotente no interpreta
Del artista más grande la paleta,
Que nula ante ellos es;
Cuadros cuya grandeza soberana
Hace caer la inteligencia humana
De hinojos á sus pies.

Y el alma entonces, que su imperio siente,
No sabe, conmovida y reverente,
Más que amar y creer:
Que elevando la vista al limpio cielo,
Le parece al través del azul velo
A Dios mismo entrever.

—

Por eso absorta, enajenada y muda,
A la sombra de un árbol solitario,
De este espléndido Valle hago el santuario
En que elevo ferviente mi oración.
Porque es una plegaria fervorosa
La infinita emoción que el alma llena,
Cuando olvidando su mansión terrena
Se derrama en inmensa adoración.
..........................................

Es una de esas húmedas mañanas
Del nebuloso Agosto, en que la yerba
En líquidos diamantes aún conserva
Las huellas de nocturna tempestad;
En que brilla con vívidos destellos
El espeso follaje, que rodea
El blanco campanario de la aldea
En medio á esta tranquila soledad.

Lejano se oye en el ameno prado
De la vaca el mugido placentero;
El gozoso balido del cordero,
De la yerba aspirando el grato olor;
Mientras al pie de un álamo frondoso
Que hasta la tierra su ramaje inclina,
Contemplando el rebaño se reclina
En su indolencia plácida el pastor.

Doquier se extiende en matizada alfombra
La humilde flor de la feraz llanura;
Doquier viva y lustrosa su verdura
Despliega el mugidor cañaveral.
Y dominando la modesta torre,
De recuerdos históricos ornado,
El Ajusco se ve medio velado
De una nube en el pálido cendal.

Es un cuadro tranquilo y apacible,
Que sólo ideas de ventura y calma
Engendra deliciosas en el alma
Con su blando y risueño resplandor:
Es el marco que encierra esplendoroso
Una vida pacífica y serena,
Una existencia bendecida y llena
Por la fe, la esperanza y el amor.

Y allá al lejos, en límpido horizonte,
En un cielo radioso y transparente,
Hasta él llevando la nevada frente,
Que parece el zafir acariciar,
El Popocatepetl y el Iztaccíhuatl
Alzan su mole altiva y arrogante
Bajo el ligero pabellón flotante
Que les forman las nubes al pasar.

De su falda el azul denso contrasta
Con el del cielo delicado y leve,
Do su corona de argentada nieve
Se destaca con gracia y con vigor:
Y cuando el sol al espirar los baña
De tibia luz con majestad suprema,
Arranca á esa magnífica diadema
Rayos de sobrehumano resplandor.

Monarcas de la sierra y la llanura,
Que en las nubes hundís vuestra cabeza;
Testimonio eternal de la grandeza
De la divina mano que os formó;
Vosotros eleváis la mente inquieta
A regiones de luz y de armonía,
Do nunca la exaltada fantasía
Como en estos instantes penetró.

No sois el cuadro sosegado y dulce,
Do una dicha terrena y transitoria
Humilde encierra su tranquila historia
Que entre sus flores resbalando va;
Nó; como el faro que en la mar airada
Su rumbo muestra á la barquilla incierta,
Abrís al alma la celeste puerta
Que le deja entrever un más allá.

¡Iztaccíhuatl! fantástica figura,
Que mezclas á lo grande é imponente
Algo de misterioso y de doliente
Que habla con dulce acento al corazón;
¿Has sido un sér de especie más perfecta?
¿O llevada de oculta simpatía
Te presta en su ilusión el alma mía
Sentimiento, dolores y pasión?

Es quimera tal vez; pero al mirarte
Envuelta en tu albo y luminoso manto;
En la actitud doliente del quebranto
Tendida en tu soberbio pedestal;
Con el velo flotante y desprendido,
El cabello larguísimo deshecho,
Y las manos cruzadas sobre el pecho
Dormida en tu sepulcro colosal;

Una historia de amor tierna y sentida
Atraviesa la mente acalorada.........
Eres tal vez la virgen olvidada
A quien la tumba el desamor abrió.
Eres quizá la amante cariñosa,
Que á otra vida ligando su existencia,
De su dolor cruel á la violencia,
Al faltarle esa vida sucumbió.

Y á la luz de la aurora, y cuando ardiente
Su rayo abrasador el sol fulmina;
Cuando la tarde pálida declina
De la luna al purísimo fulgor;
Te contemplo extasiada largas horas,
Mi quimera tenaz alimentando,
Tierno suspiro á tus pesares dando,
Compadeciendo tu fatal amor.

¡Mujer blanca! tu nombre es misterioso;
Melancólico y tierno como el llanto,
Que en sus horas primeras de quebranto
Vierte el inmaculado corazón;
Cual sobre el musgo de ruinoso claustro
De la luna el destello vacilante;
Cual del viento el gemido penetrante
Cuando inclina el sauz del panteón.

En su expresivo, enérgico lenguaje
Los antiguos aztecas te le dieron;
En tu blanco sudario te envolvieron,
Como en un sobrenombre de pesar.
Y al través de los siglos ha pasado
Esa tierna y poética memoria,
Encerrando el misterio de tu historia
Que intenta el corazón adivinar......

Sí, las generaciones se suceden,
Y el tiempo á vuestras plantas se desliza
Como la espuma de la mar se riza
De roca enorme en el macizo pie,
¡Oh gigantes gemelos de este Valle!
Sin que consiga su voraz aliento
Empañar el grandioso monumento
En que la huella del Señor se ve.

Porque vosotros reveláis al hombre
La existencia de un Sér Omnipotente;
De Dios el nombre vuestra altiva frente
Ostenta en su radiosa majestad;
Y en este ameno y delicioso Valle
Que domináis de vuestra excelsa altura,
En una nota melodiosa y pura
Resuena en la poblada inmensidad.
..........................................

Nó; no pretendo bosquejar osada
Ese cuadro que el alma arrebatada
Refleja claro y fiel.........
¿A qué ese intento temerario y vano,
Si hace trizas su encanto sobrehumano
La lira y el pincel?

La humilde nota de mi débil canto
Se confunde en el himno sacrosanto
Que alza la creación.
Ante sus sorprendentes maravillas,
Inundadas de llanto las mejillas,
Mi canto es oración.

El ardiente entusiasmo que me inspira,
Como la cuerda de invisible lira
Hace el alma vibrar;
Mas la expresión de un sentimiento inmenso,
Es muda como el humo del incienso
Que perfuma el altar.

Y un solo nombre el corazón exhala,
Que en caracteres mágicos resbala
Por la azul extensión:
¡Dios! Solamente tan sublime acento
Se presenta radioso al pensamiento
Al par que al corazón.

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Autor
Isabel Prieto De Landázuri (1833–1876) · Wikidata Q5920835
Título
En el Valle de México
Lengua
español
Época
Romanticismo
Fuente
José María Vigil, «Poetisas mexicanas — Antología formada por encargo de la Junta de Señoras» (México: Oficina Tip. de la Sec. de Fomento, 1893; reimpr. UNAM, 1977). Digital: archive.org/details/poetisasmexican00chicgoog
Sala
La Biblioteca
Identificador
en-el-valle-de-mexico--landazuri
Cita recomendada
Isabel Prieto De Landázuri, «En el Valle de México», Poetósfera, poetosfera.com/p/en-el-valle-de-mexico--landazuri.html

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