Octavas divididas en redondillas.
El Soberano Augusto—coronado
Merece nombre eterno,—y sin segundo,
Que su sabio gobierno—ha declarado
Es piadoso y es justo—en todo el mundo.
Su celo infatigable,—su cuidado,
De Augusto lo acredita—por profundo,
Y el tiempo no le quita—el peso interno
Para mostrarse afable—en su gobierno.
Los negocios crecidos—del reinado
No le dan pesadumbre—á su alta mente,
Que con la muchedumbre—fatigado
Divierte los sentidos—providente.
Con notable entereza—y con agrado
A todos hace al gusto—regiamente,
Porque Fernando, á Augusto—parecido,
Le aventaja la empresa—de entendido.
Mejor que aquel Alcides—valeroso
La cerviz dobla al cargo—y desempeño,
Sin serle peso amargo—lo forzoso,
Las más sangrientas lides—son su empeño:
Y con justo expediente—prodigioso
Decreta á mar y tierra—como dueño;
Si prudente en la guerra—al ver su agravio,
En la paz diligente—como sabio.
¡Oh César peregrino!—¡Oh Rey Fernando!
¡Cómo el cielo piadoso—en tu cabeza
Puso en tí cuidadoso—con el mando
Señales de divino—en tu grandeza!
¡Oh monarca adorado!—que reinando
¡Cómo es bien que no asombre,—en esta empresa,
Que se te dé el renombre—en todo el mundo
De Augusto iluminado—y sin segundo!