TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

PoetósferaTeatrósfera › Un francés en Cartagena

Manuel Bretón de los Herreros

Un francés en Cartagena

2 jornadas · 6 personajes · 1,323 versos

Modo

Acto primero

(Personas: DOLORES; PEPA; GUSTAVO; DON CIPRIANO; UN OFICIAL; SOLDADOS.)

(Sala de casa de Don Cipriano, en Cartagena; puerta en el foro; otra y un balcón á la derecha del actor, y otra á la izquierda; muebles de lujo, y entre ellos un espejó.)

(Es de noche)

ESCENA PRIMERA

(DOLORES y DON CIPRIANO. Aparecen vestidos de dominó, pero sin careta y sentados)

Dolores

¡Aun no viene la tartana!

Don Cipriano

¡Oh! Primero que recoja
á las chicas de Pantoja,
y á Petronila y á Juana... —
¿Te aguija mucho el deseo
de ir al baile?

Dolores

  No, papá;
¡pero esta noche estará
tan brillante el coliseo!...

Don Cipriano

¡Digo, Carnaval, y martes!
¿Quién excusa baile y cena?
Momo reina en Cartagena
lo mismo que en todas partes.

Dolores

¡Oh, sí, y hace maravillas
mientras dura este belen;
vaya; cuando á usted también
le saca de sus casillas!...

Don Cipriano

¿Soy yo, por ventura, fraile?
¿O quisieras — y es muy justo—
que fuese menos vetusto
tu caballero de baile?

Dolores

¡Ah! ¿Con quién iria yo
más gozosa?...

Don Cipriano

  ¡Oh! Pues me atrevo
á parecer un mancebo
con careta y dominó.

Dolores

Mas papá que por llevarme
á las máscaras no duerme,
¿tiene afán de complacerme...
ó designio de celarme?

Don Cipriano

¡Eh! ¿Quién guarda á las mujeres
cuando no se guardan ellas?
Sigo con gusto tus huellas,
porque eres buena y me quieres.

Dolores

Tanto, que casi á despecho
voy á las máscaras.

Don Cipriano

  ¿Sí?

Dolores

Pues usted deja por mí
el regalo de su lecho.

Don Cipriano

¿Dormiría yo? Te engañas.
¿Duermen acaso los viejos?
¿Y cómo teniendo lejos
la prenda de mis entrañas?
O si durmiera, después
me desvelara al momento
con aquello de ¡memento
homo, quiapulvis es!...
No; deja que, entrando en liza
con la juventud lozana,
me olvide de que mañana
es miércoles de ceniza;
que si para todos zumba
con son infausto su nombre,
¿cuánto más, di, para el hombre
que tiene ya un pié en la tumba?

Dolores

¡Jesús, qué ideas, Jesús!
Me aflige usted, me amedrenta...

Don Cipriano

¿Y por qué? ¡Bobada! Haz cuenta
que no he dicho tus ni mus.

Dolores

Claro está; mas, por si acaso,
ahora acepto el compromiso.
Vendrá usted, y, si es preciso,
bailará...

Don Cipriano

  ¿Yo? ¡Lindo paso!
No; sentado con mi prima,
viendo de tu lindo pié
la gracia, me quitaré
diez ó doce años de encima.
Después, cual dama y galan,
iremos por el salón,
y será mi diversión
la envidia que me tendrán.

Dolores

¿Hay padre más bondadoso? (u besa la mano.)

Don Cipriano

(Abrazándola.)
¡Cuánta será mi ventura
si con la misma ternura
que yo te quiere tu esposo!

Dolores

¡Mi esposo!... Ya mi alegría
turba ese nombre funesto.
¿A qué casarme tan presto?
Soy muy joven todavía.

Don Cipriano

¡Diez y nueve años y un mes!
Menos tenia tu madre
cuando naciste; y tu padre...
tan viejo ya... ¡Pulvis es!...

Dolores

¡Otra vez pulvis!... ¡G-ran Dios!...
Sí, señor; me casaré.

Don Cipriano

Gustavo me ama...

Dolores

  Ya sé...

Don Cipriano

Sereis felices los dos.
Según carta que el papá
me escribid desde Marsella,
pronto á los piés de su bella
el futuro llegará;
pero sin duda le importa
sorprendernos...

Dolores

  ¡Qué capricho!

Don Cipriano

Porque el nombre no me ha dicho
del buque que le trasporta.

Dolores

Padre... un padre nunca yerra;
mas, ¿por qué tanto interés
en entregarme á un francés?
¿No hay ya mozos en mi tierra?

Don Cipriano

El ser de tu gusto ó no
es lo que más interesa,
y mas que sea francesa
la cuna que le meció.
En circunstancias muy críticas,
y con la vida en un tris,
me arrojaron del país
mis opiniones políticas.
¡Fatal año veintitrés;
fatal nuestra desunión,
y fatal la intervención
del ejército francés!
A los hijos de Numancia
ella trajo el despotismo...
Mas la Francia no es lo mismo
que el gobierno de la Francia.
¡Cuántos, de aleve sicario
salvando apenas la vida,
hallaron grata acogida
en su suelo hospitalario!
Entonces, de alguna estrella
benigna el próspero influjo,
sano y salvo me condujo
á las playas de Marsella. —
Aun no habias tú nacido,
que quedó tu madre en cinta
de tí... ¡mi pobre Jacinta!
Nunca la echaré en olvido.
Por su débil complexión,'
y por cuidar de tu infancia,
compartir no pudo en Francia
el pan de la emigración,
y cuando tan dulces lazos
pude estrechar sin estorbo,
¡ay Diosl el cólera morbo
me la arrancó de los brazos.

Dolores

¡Madre mia!...

Don Cipriano

  A su memoria
fuera tributo mi vida... (Abrazando á Dolores.)
sin esta prenda querida
que es mi consuelo y mi gloria.
Mas no agucemos el clavo
que me hiere en lo más vivo,
y volvamos al motivo
de casarte con Gustavo.
Siendo él niño todavía,
á su padre conocí,
en cuva casa viví
  i/
como pudiera en la mia.
Ya entonces con regocijo
afianzaba nuestro afecto
el agradable proj^ecto
de tu boda con su hijo;
y harto su bondad te muestro,
pues la alcancé tan cumplida
con mi libertad perdida
y mi fortuna en secuestro.
Hoy que estoy en la opulencia,
¿podré mirar con desden
al noble amigo por quien
me salvé de la indigencia?

Dolores

No; pero ¡á qué matrimonio
tan aciago me condeno
si siendo el padre tan bueno
es quizá su hijo el demonio!

Don Cipriano

¿No has visto va su retrato,
como él el tuyo?

Dolores

  En efecto;
mas con rostro tan perfecto
puede ser un mentecato.

Don Cipriano

No digas tal sacrilegio,
que no habrá andado hacia aírás.
y al venirme, era el que más
descollaba en el colegio.

Dolores

Dará de su ingenio muestras
y tendrá mil alicientes,
pero ¡son tan diferentes
sus costumbres y las nuestras!
No me fío de mí sola,
pero si oigo á mis amigas...
¿Cómo han de hacer buenas migas
un francés y una española?
Allí todo se hace á escote,
y quien merece la palma
no son las dotes del alma
sino el alma de la dote;
y al tomar una mujer,
á manera de subasta,
todo lo estipulan, ¡hasta
los hijos que han de tener!

Don Cipriano

No es errada tu opinión,
que algo de eso hay por allá;
mas, tanto allá como acá,
no hay regla sin excepción,
y aunque son de tierra extraña,
sólo á complacerte aspiran
hijo y padre, que deliran
por todo lo que es de España.
Por eso el pobre Gustavo
nuestro idioma noche v dia
estudia; galantería
que yo agradezco y alabo,
y prueba de que despunta
es la instrucción que recibe
en la carta que te escribe
á la de su padre adjunta.

Dolores

Algo chapurrada es,
mas la entiendo; y yo, en rigor,
lo haría mucho peor
si le escribiera en francés.

Don Cipriano

En íin, venga, y le verás.
Si no fuere de tu gusto,
sacrificarte no es justo,
ni yo lo liaría jamás.

Dolores

Mas por poco que me cuadre,
le daré' mano de esposa,
sólo por dejar airosa
la palabra de mi padre.

Don Cipriano

Y mi corazón me augura
que la boda que desea
se hará pronto, sin que sea
á expensas de tu ventura.

ESCENA II

(DOLORES, DON CIPRIANO, PEPA.)

Pepa

Ya está abajo la tartana.

(D. Cipriano y Dolores se levantan.)

Don Cipriano

Pues vamos, Dolores.

Dolores

  Vamos.

Pepa

(¡Qué envidia! Tras de los amos
me iría de buena gana.)

Dolores

Dame mi careta.

Pepa

(Dándola una de dos que están sobre una mesa.
¿Es esta?

Don Cipriano

La mia. (Pepa le da la otra.)
  Si es toledana
la noche, á bien que mañana
dormiremos buena siesta.

Pepa

(¡Pues ya; sí! Y yo, ¿cuándo duermo?)

Don Cipriano

Tú vela y cuida de casa,
que madruga Nicolasa
y Cristóbal está enfermo.

Pepa

(¿No dije...?) Bien; ya lo escucho.

Dolores

¡Adiós!

Don Cipriano

  (Una vez que hay dos,
llevaré una llave... ¡Adiosl)

Pepa

Diviértanse ustedes mucho.

(Vánse Dolores y D. Cipriano por el foro.)

ESCENA III

(PEPA.)

Pepa

Buena noche toledana,
y van al baile, cuando una...
¿Pues hay placer en el mundo
como aquella barahunda
de Carnaval? ¡Y poquito
me gusta á mí la mazurca,
y el rigodón, y el galope!
Pero lo que más me gusta
es el vals. ¡Con qué delicia
la persona se columpia,
y se limpia una de humores
con lo que suda y trasuda,
y como una se ventila,
se queda libre de pulgas!
Luego, á favor de la máscara
y de cuatro garatusas,
pasa cualquiera fregona
por señora de alta alcurnia,
y la fea por bonita
y por verde la madura.
Cuando una tiene pareja,
nadie estorba que la luzca,
y cuando una no la tiene.
sin escrúpulo la busca;
y si no cuaja de veras
lo que se emprendió de burlas,
al menos, mientras la cara
bajo el tafetán se oculta,
oyendo dulces requiebros,
se esponja el alma y disfruta,
y se deja una llevar
hacia el ambigú... y abusa,
que así como caballeros
también hay damas de industria. —
Ya estará lleno el teatro...
¡Reniego de mi fortuna!
Y tan cerquita, que casi
desde aquí se oje la bulla...
Mas me sucede lo mismo
que á la zorra con las uvas. —
(Suena en la calle música de guitarra, bandurria, etc., tocando la rondeña.) ¡Hola! Hay jolgorio en la calle.—
¿A quién darán esa música? —
Dios me conforta con ella
ya que el baile me rehúsa. —
Y á mi puerta se han parado,
que el oido me lo anuncia
¡¡Ay qué gloria de guitarra
y qué gozo de bandurria! (Canta n en la calle.)
«Gracias, niña morena,
la noche á velar convida,
que está apacible y serena.
Despierta si estás dormida
y saca un alma de pena.» (siguen tañendo.)
¡Ay que copla tan discreta,
y con qué gracia y sandunga
la han cantado!— ¿Seré yo
la agraciada...? ¿Quién lo duda?
Nicolasa es una arpía,
Gerónima una lechuza...
Ya en la vecindad no quedan
más mozas que Juana y Ursula;
pero el novio de Juanilla
está en la Huerta de Murcia,
y la otra, ¿cómo es posible
siendo sobrina del cura...?
Aunque dicen malas lenguas...
Pero ¡ca! serán calumnias. (Cantan otra ^ez.)
«Prenda de mi corazón,
lucero de la mañana,
asómate á ese balcón,
ó si eres de otra opinión...
asómate á la ventana.» (signen tocando.)
Está visto; á mí me rondan,
y el que con tanta finura
me echa coplas que me ponen
en los cuernos de la luna,
calafate es por lo menos
ó patrón de una falúa.
¿Y seré yo tan ingrata
y seré yo tan injusta
que no me asome al balcón
cuando por mí se aventura
á un catarro pulmonal
ó á que le den una zurra? (Abriendo el balcón.)
Abro, pues, que me da pena
esa pobre criatura,
y el amo no me ha de echar
desde el baile una peluca. (Se asoma. )
Ya me asomo, pero callo
hasta ver si me saluda
por mi nombre. ¿Quién será?...
¡La noche está tan OSCUra!... (Vuelven á cantar.)
«María, flor de las flores,
María del alma mía,
por tí me muero de amores,
María de los Dolores,
de los Dolores María.» (Prosigue la música.)
(Retirándose un poco del balcón.) No es para mí la función.
¡Pese á mi mala ventura!...
¡Y salía yo tan hueca!...
Pero el nombre que pronuncian
es el de mi señorita.
¿Y cómo siendo tan pulcra
tiene amantes que la canten
en serenatas nocturnas
por el son de la rondeña
esas coplillas tan chuscas?
Pero á mí... ¡Qué sueño tengo!...
Aunque se la lleve Judas... (Bostezando.)
¡Ah!... Me sentaré...
  (Se sienta junto al balcón, da cabezadas, y á los pocos momentos se queda dormida.) ¡Jesús!...
Para otras tanta... y yo nunca... (Cantan.)
«Si he de subir, dueño mió,
dímelo con una tos,
dulce imán de mi albedrío;
¡déjame subir, por Dios,
que es de noche y tengo frió!»
(Continúa el tañido.) (Soñando.) ¿Me conoces? ¿Me conoces?
No me trato con gentuza.
¡Quítese allá el mamarracho!...
(Tose dormida, y al instante cesa la música de la calle.)
¡Viva la flor y la espuma
de laS Pepas!... ( Vuelve á toser, y despierta.)
  ¡Qué remusgo!...
Se me ha enfriado la nuca...
y esta tos... entornaremos...
(Entorna el balcón sin moverse de la silla, y hace esfuerzos para dormirse otra vez, pero la tos la vuelve á desvelar.) ¡Otra vez la tos perruna!... (se levanta.)
Buscaré con qué abrigarme...
(Abrese el balcón y aparece Gustavo.) ¡Ay Virgen de las Angustias!

ESCENA IV

(GUSTAVO, PEPA.)

Gustavo

¡Oh salejro!... Buena tarde...

Pepa

(Gritando.) ¡Socorro!— ¿Con qué intenciones
viene usted?...

Gustavo

  ¡Calla!

Pepa

  ¡Ladrones!

Gustavo

¿Yo ladrrones? ¡Dios me en guarde!

Pepa

¡Ay, me dan unos sudores!...

Gustavo

La música de tu tos...
Mas la... semblante de vos...
Vos no estás donna Dolores,

Pepa

i Aparte de aquí el borracho!

Gustavo

¿Yo emborrachar? Dios testigo...

Pepa

Aparte de aquí le digo,
y no se finja gabacho.

Gustavo

Mí no finco yo, ¡maldita!...
Mí, no ladrron, sino esposo;
mí yo soy un amojroso.
¿Dónde está la señojrita?

Pepa

¿Qué tiene que ver con ella
un picaro...?

Gustavo

  ¡Oh! por San Pablo...
No; yo soy un pobre diablo
que está nasido en Marsella.

Pepa

En todas partes hay cuño
de bribones.

Gustavo

  ¡Oh mon Dieu!
Si no callas,; ventrebleu!..
te doy un golpe de puño.

Pepa

¡Piedad! ¡Socorro! ¡Ha de casa!

Gustavo

¡Tais toi!

Pepa

  ¡Cristóbal!... ¡Vecino!
¡Al ladrón! ¡Al asesino!
¡Nicolasa! ¡Nicolasa! —
¡Ella duerme! ¡El está enfermo!...

Gustavo

¡Oh damnationl

Pepa

  ¡Que me viola!
¡Que me mata!... ¡Y yo aquí sola
con semejante estafermo!

Gustavo

¡Fi done! ¡Pecado nefando,
digno de eternal castigol...
No vengo buscar á tigo:
es dora Lopes quien demando. (Gritando.)
¡Dom Lopes! — ¿Dónde se esconde?
¡Dolojres!

(Suenan golpes fuertes y repetidos en la poerta de la calle.)

Pepa

  (Llaman con bulla...
¡Respiro! Alguna patrulla...)

Gustavo

¡Persona no me responde!

Pepa

(Iré... Mas la llave suena.
Vendrá el amo...) Ahora verás...
(Dentro ruido y voces.) ¡Al ladrón!

Gustavo

  ¡Qué Barrabás
de villa de Cartaquena!

ESCENA V

(GUSTAVO, PEPA, DON CIPRIANO, UN OFICIAL, SOLDADOS.)

Don Cipriano

¡Aquí está! ¡Date á prisión!

(Los soldados lo rodean.)

Gustavo

¿Yo prisionejro? ¡Demontrre...!

Pepa

¡Ay amo del alma mia!

Gustavo

¡Tanto mundo contra un hombrre!
¿Y es así que á los huespédes
resiben los españoles?

Don Cipriano

¿Qué oigo? Ese acento... Esa cara...

Gustavo

Mí, yo soy fransés.

Don Cipriano

  ¿El nombre...?

Gustavo

Gustavo de Martignac.

Don Cipriano

¡Sí, él es, sí! — Nadie le toque.

Pepa

(Esta es otra que bien baila.)

Don Cipriano

Yo respondo de este jéven.
Bien puede usted retirarse.

Un Oficial

¿Sabe usted de quién responde?

Don Cipriano

Sí tal. Algun quid pro quo...
Como aquí no le conocen
y ha venido de sorpresa...
¿No quiere usted que le abone
si viene á ser nada menos
que yerno mió?

Gustavo

  ¡Oh dom Lopes!
(Se abrazan.) Bien está. Si usted promete
que no ha de alterar el orden...

Don Cipriano

¿El? Ni soñarlo.

Un Oficial

  Seguidme,
muchachos.— Felices noches.

ESCENA VI

(DON CIPRIANO, GUSTAVO, PEPA.)

Don Cipriano

Pues ya se ha pasado el susto,
anda tú, y llama á Dolores,
que sin duda se ha escondido
en los últimos rincones
de la casa.

ESCENA VII

(DON CIPRIANO, GUSTAVO.)

Don Cipriano

(Apretando la mano á Gustavo.)
  ¡Voto al chápiro!
¡Tomar por ladrón al pobre
Gustavo...! Pues si no vengo
tan á tiempo, echan á golpes
la puerta abajo, y te prenden
sin decir oste ni moste.

ESCENA VIII

(DON CIPRIANO, GUSTAVO, DOLORES, PEPA.)

Dolores

¡Papá...!

Don Cipriano

  Ven aquí...

Gustavo

  ¡Oh, la linda
creatura, anquel de amojres!

Don Cipriano

Abraza á tu novio.

Dolores

  ., (¡Es él...!)

Gustavo

¡Ah Dolojritos!

Don Cipriano

  ¿No me oyes?
Abraza á Gustavo.

Dolores

(Abrazándole con tibieza.)
  Sí...
¡Bien venido!

Gustavo

  ¡Oh bella doble,
trriplemen que el retrato!

Don Cipriano

¡Cuánto ha crecido! ¡Está enorme! —
¿Vienes bueno?

Gustavo

  ¡Oh, mucho bueno!

Don Cipriano

¿Y papá? ¿Y mamá? ¿Y la prole?

Gustavo

Todas se portan muy bien.

Dolores

(¡Quiera Dios que tú te portes
mejor que yo espero!)

Don Cipriano

  ¿Y cómo,
cuando con viento del Norte
aun te hacia yo surcando
de bolina el mar salobre,
te encuentro aquí perseguido
por ladrón, y dando voces
la criada...

Gustavo

  ¡Oh! la crriada....
yo la pido mil perdones,
es una pequeña bestia.

Pepa

Gracias. (¿Habrá monigote?)
¿Qué mujer no se espeluzna
y aturde á gritos el orbe
si está sola y de rondon
y así... de bóbilis, bóbilis,
se le cuela un hombre en casa
con un palmo de bigotes,
y no por la puerta, que eso
al fin seria más noble,
sino...

Don Cipriano

  ¡Qué...!

Pepa

  ¡Por el balcón!

Don Cipriano

¡Gustavo!

Gustavo

  Mas...

Don Cipriano

  ¡Qué desórden!

Gustavo

Mas présteme usted orecas,
señor, porque yo le informe...
Señor, yo tengo leído
Memorias de compatriotes
que estudian en filósofos
los costumbres españoles;
señor, yo tengo aprrendido
que en vuestras populasiones,
y otro tanto en Cartaquena
que en Malaga y en la corte,
es de rigor... ¿Cómo disen...?
Pelar el pavo los cóvenes,
y haser música á las damas,
y... dar asalto en balcones.
Y esto no lo disen solo
los franseses viacadores,
que de mismo lo constatan
Mojretós y Caldej roñes.

Don Cipriano

Calderones y Moretos
fueron discretos pintores
de su siglo, mas su siglo
ni es el nuestro ni el de Clovis,
y hay notable diferencia
aquí, en Francia y en Hannover,
de las costumbres de ahora
á las costumbres de entonces.
Ya las damas de Castilla
no imitan en sus amores
á las gatas, y esos músicos
nocturnos que echan los bofes
para exprimir con la jota
y el fandango sus pasiones,
y en fin, eso de pelar
la pava desde las doce
en coloquios que interrumpe
muchas veces un garrote,
ahora ya sólo se estila
entre la gente del bronce.

Gustavo

Perdone usted, pero mí...
Yo tengo mucho á ios goses
populares, y por tanto,
no bien desbarqué en el bote,
busqué en el muelle una tropa
de escolares truvadores,
y con ellos...

Dolores

  Bien está;
pero es acción fea y torpe
encaramarse un amante
al balcón sin que le otorguen
licencia...

Gustavo

  Esto es verdadejro;
mas yuro á vos y á San Roque
que por boca del cantante
demandé con tres bemoles
una tos de permisión;
y hé aquí que de arriba tose
vos de muquer...

Pepa

  ¡Pues, la mia!
Rezando mis oraciones
me quedé medio traspuesta,
y con el fresco que corre,
me constipé...

Gustavo

  E yo creí, —
mí no entiendo de pulmones, —
que aquella tos que tosía
estaba la de Dolojres,
y dique: arriba, Gustavo,
ella te da pasaporte.

Dolores

Pero aunque usted me juzgara,
señor Gustavo, más déeil
de lo que mi honor permite
á tales insinuaciones,
¿cómo pudo usted creer
que le esperaba? ¿De dónde
sabía yo...?

Gustavo

  Mais, ¡Ion Dieu...!
¿No escribí yo al papa á borde
de mi fregata?
  No he visto
la carta. Vendría el sobre
equivocado.

Gustavo

  ¡Perdón!
Clajro desia: «á dom Lopes,
en Cartaquena.»

Don Cipriano

  ¡Lucidos
estamos!

Pepa

  (¡Vaya un bodoque,..!)

Don Cipriano

¿Y no más? López me llamo
de apellido, mas mi nombre
es Cipriano, y van unidos
para que no me equivoquen...

Gustavo

Comprrendo. Santo Siprien...
¡Santo grande!

Pepa

  (Ora pra nobis.)

Gustavo

Eh bien, señor mió, el santo...

Dolores

(Se fué al cielo.)

Gustavo

  Pejro... drole.../
A mí dico el mensaquero:
yo di carta, venga porte.

Don Cipriano

A otro López se la dió
sin duda. Habrá unos catorce
sólo en mi barrio: D. Pedro,
don Cayetano, don Cosme,
don Juan, etc., etc...
pero son... otros López.

Gustavo

¡Ah, maladroit que je suis...!

Don Cipriano

Vamos, no te desazones
por eso; es muy natural
que siendo extranjero, ignores
ciertas cosas... Mas ya es hora
de dormir. (Mirando su reloj.)
  ¡Las cuatro y once!
Tú estarás cansado...

Gustavo

  Un poco.

Don Cipriano

Y esta niña no es de roble.
Viene del baile...

Gustavo

  ¡Ah! Comprrendo.
Ese no está el uniforme
español... y la mascara...
¡Hoy... Sí, Carnaval; hoypostrre
de Carnaval!

Pepa

  (Pues yo creo
que hoy comienza en casa.)

Don Cipriano

  Conque...
aquel es tu cuarto, (a Pepa.) Enciéndele
una luz, y que repose
de sus fatigas.
  (Pepa toma una de las dos velas que habrá sobre la mesa, y entra con ella al cuarto de la derecha.) Mañana...
Mal digo; hoy, después que ronques
á tu sabor, hablaremos
más despacio.

Gustavo

(Besando la mano á Dolores.)
  ¡Adiós, consorte
bonita, ¡oh! ¡Bonita...! Adiós,
bello padre.
  (Volviendo á besar la mano á Dolores.) ¡Un autre! ¡Un autre!.
¡Adiós!

(Entra en el cuarto de la derecha, y al momento sale de él Pepa con la luz.)

ESCENA IX

(DOLORES, DON CIPRIANO, PEPA.)

Dolores

  ¡Padre!

Don Cipriano

  Espera adentro
á tu señorita.

Pepa

  (¡Pobre
Señorita!) (váse por la izquierda del foro.)

ESCENA X

(DOLORES, DON CIPRIANO.)

Dolores

  ¡Ay, padre mió! (Se echa en sos brazos.)

Don Cipriano

¡Niña! ¿Qué es esto? No llores.
¿Te ha disgustado el futuro?

Dolores

Siento que usted se incomode,
pero el corazón me anuncia
mil penas y sinsabores.

Don Cipriano

Vamos, que el molde no es malo...

Dolores

Lo de menos es el molde;
mas, ¿qué puedo prometerme,
qué puedo esperar de un hombre
que hace su primer visita
escalando mis balcones?

Don Cipriano

Su ignorancia le disculpa.
Él creía obrar conforme
á los usos del país,
y siendo su amor el móvil
de ese yerro, antes merece
elogios que reprensiones.
Como todos los que llegan
aquí de allende los montes
pirineos, vendrá lleno
de extrañas preocupaciones;
pero es mozo despejado,
y yo espero que le cobres
el amor que hoy le rehúsas,
cuando él mismo vea y toque
que no hay tanta diferencia
como los fatuos suponen
entre una dama española
y otra de París ó Londres.

Dolores

Quiera Dios...

Don Cipriano

(Tomando la otra luz.) Vete á aCOStar,
y déjate de aprensiones;
que si, contra mi esperanza,
se realizan tus temores,
no te casarás con él
aunque en su favor aboguen
amistad y gratitud;
y ¡por vida de San Jorge,
que si no es buen caballero
en palabras y en acciones,
como entró saldrá, es decir,
por el balcón! — Buenas noches.

(Entra en el cuarto de la izquierda, y Dolores vaso por el foro. )

Acto segundo

ESCENA PRIMERA

(DOLORES y DON CIPRIANO. Acaban de tomar chocolate. Don Cipriano está de bata y gorro.)

Don Cipriano

Conque á pesar del cansancio
del baile...

Dolores

  Nada; no pude
pegar los ojos.

Don Cipriano

  Me das
con eso una pesadumbre...
¿Por qué desvelarte así?
¿Estabas mala?

Dolores

  No; tuve
una fatal pesadilla...

Don Cipriano

¡Válgate Dios!... Mas ¿qué lúgubre
fantasma?...

Dolores

  ¡El francés! Apenas
á mis párpados acude
el sueño, no cual solia,
profundo, tranquilo y dulce,
sino inquieto y angustioso,
como el de un mortal que sufre
horribles remordimientos...

Don Cipriano

No te vayas por las nubes,
y al caso. Apenas quedaste
dormida, cuando...

Dolores

  Interrumpe
mi sueño la vera effigies
del novio...

Don Cipriano

  ¡Santa Gertrudis!...
Pues á todas las muchachas
les sucede cada lunes
y cada martes lo mismo,
siu que ninguna se asuste.

Dolores

¡Ríe usted! Pues no es el lance
para que nadie se burle.
No en suplicante actitud,
aunque hubiera sido inútil,
sino con puñal en mano,
y de sus ojos azules
brotando llamas, v en son
como de toro que muge,
me dice: en vano será
que mi consorcio repugnes.
¡Eres mia! ¡Soy el héroe
de Dumas! ¡Calla y sucumbe!
Soy Antony! — Yo gritaba —
¡a}'' Virgen de Guadalupe! —
resuelta á morir mil veces
antes que empañar el lustre
de mi virtud. — Mis clamores
le enfurecen, brama, crugen
sus dientes, vibra el puñal,
y á mi pecho...

Don Cipriano

  ¡El Via-Crucis
me valga!...

Dolores

  ¡Ay Dios!...

Don Cipriano

  Pero entonces
lanzando un suspiro fúnebre
despertaste...

Dolores

  ¡Ah! Sí, señor.

Don Cipriano

¡Y á buen tiempo! Si no, te hunde
el puñal en las entrañas
y te cantan De profanáis
mañana... y luego, ¿qué viste?
espectros, vampiros, luces
fosfóricas...

Dolores

  ¡Eh, qué chanzas
tiene usted!...

Don Cipriano

  No me lo ocultes.
El diablo andaba sin duda
por allí. ¿No oliste á azufre?

Dolores

Si lo toma usted á mofa...

Don Cipriano

Lo que quiero es que te cures
de pueriles aprensiones
que tales sueños producen.

Dolores

No puedo olvidar la escena
del balcón.

Don Cipriano

  ¡Oh! Ya me aburres
con la escena del balcón,
y ¡por vida de San... turce!...

Dolores

No se enfade usted, papá.

Don Cipriano

Pero, ¿á quién diablos le ocurre
comparar á esemuchacho,
que es la misma mansedumbre,
con Antony? Es menester,
hija mia, que no juzgues
tan de ligero á los hombres.

Dolores

Será un ángel, un querube,
mas como yo no conozco
todavía sus virtudes...
En fin, no porfío más.
Acaso sea una fútil
preocupación la mia,
y haré esfuerzos no comunes
por dominarla.

Don Cipriano

  Sin eso,
confío que la costumbre
de verle, el tiempo...

ESCENA II

(DOLORES, DON CIPRIANO, PEPA.)

Pepa

(Saliendo del cuarto de la derecha.)
  Ya están
colocados los baúles
del huésped.

Don Cipriano

  ¿Qué hace Gustavo?

Pepa

Se está afeitando. ¡Qué estuche
tan bonito!

Don Cipriano

  No saldrá
sin ponerse como cumple
á un novio, de tiros largos,
que estos franceses se pulen
y acicalan... Quizá estrene
alguna moda del Louvre. —
¡Y tú estás en négligé\
Anda, que Pepa te ayude...
No quiero yo que te coja
desprevenida. Esos bucles...
Ponte uno de los vestidos
que envió don Pedro Nuñez
de París. — Aquel de flores
menudas...

Dolores

  El que usted guste.
Yen, Pepa.

Pepa

  (¡Emperegilarse
para agradar á un franchute!)

ESCENA III

(DON CIPRIANO.)

Don Cipriano

Pero, señor, qué manía...
¡No perdonarle una tacha
venial!... Vamos; la muchacha
le ha cobrado antipatía. —
Quizá un elegante frac
convierta en amor el asco;
pero si no, ¡es fuerte chasco
para el pobre Martignac!
Sentiré que, según trazas,
después de fletar un barco
para atravesar el charco,
le cargue de calabazas; —
mas, por mucho que me aflija
tan dolorosa sentencia,
habrá de tener paciencia,
que antes que todo es mi hija.

ESCENA IV

(DON CIPRIANO 7 GUSTAVO. Gustavo sale de su cuarto en bata)

Gustavo

  7 chinelas

Gustavo

Buen dia, mi cajro suegrro.

Don Cipriano

(Abrazándole.) ¡Oh Gustavo! ¡Voto á quién!
¿Qué tal? ¿Se ha dormido bien?

Gustavo

Perfectamente.

Don Cipriano

  Me alegro.

Gustavo

¿Y vos?

Don Cipriano

  Muy bien.

Gustavo

  ¿E qué tal,
Dolojres?

Don Cipriano

  Como en la gloria.
(No le contaré la historia
de aquel ensueño fatal.)
¡Qué báta tan elegante!

Gustavo

La puse por me rasar,
pejro la ropa talar
está mucho redundante.
Luego á la consorte mia,
padrre dom Lopes quejrido,
me presentaré vestido
en toda seremonía.

Don Cipriano

Tú sabes mis sentimientos,
y con franqueza te digo
que entre nosotros, amigo,
no debe haber cumplimientos.
Ya ves que yo no te agobio
con ellos. — Mas sé lo que es
un joven... ¡Digo, y francés,
y con ínfulas de novio!
Y como todo mi afan
á su ventura se aplica,
no sentiré que á la chica
te presentes muy galan. —
Ahora te pondrán la mesa...
Tu desayuno he dispuesto...

Gustavo

Grrasias.

Don Cipriano

  Querrás, por supuesto,
almorzar á la francesa.

Gustavo

Mí, ya no quiejro ese modo,
é si no estoy impojrtuno,
deme usted un desayuno
todo español, todo, todo.

Don Cipriano

Te agradezco, por mi vida,
tu españolismo. Ahora bien,
mandaremos que te den...

Gustavo

Está clajro; olla podrrida.

Don Cipriano

(¡Olla podrida... á las diez!)

Gustavo

Con del choriso é morsilla,
é garbanso de Castilla,
é Yaldepena é Querés.

Don Cipriano

¡Hombre... (Por más que me esfuerzo,
no puedo tener la risa.)
Nuestra olla no se guisa
para que sirva de almuerzo.
Pero ya que haces alarde
de acomodarte al estilo
del país, vive tranquilo;
yo te la daré más tarde.

Gustavo

Fuejrte bien, é grrasias mil.

Don Cipriano

En España, para el pasto
matutino hacen el gasto
Caracas ó Guayaquil.

Gustavo

Eh bien, quiejro chocolata...

Don Cipriano

Eso es distinto. (Llamando.)
  ¡Muchacho!

Gustavo

Y un... ¿Cómo apelan...? Gaspacho
con del pemiento y tomata.

Don Cipriano

(¡Peor es esto que la olla!)
¿Gazpacho?

Gustavo

  Sí; en Cartaquena
gaspacho... ¡cosa muy buena!

Don Cipriano

(Apestaría á cebolla.)
Tampoco eso corresponde
tomarlo por las mañanas.
(El pobre ha oido campanas,
pero no sabe por dónde.)
(A un criado que llega.) Chocolate al señorito,
pan y manteca de Holanda.
¡Pronto! (Váse el criado.)

Gustavo

  Haré como usted manda.
Mucho humilde mi apetito.

Don Cipriano

(¡Gazpacho! Pues si sintiera
después la niña el olor...)

Gustavo

(/ Mafoi, il rassamble au doctor
Pedrro Resio Tirteafuejra!)
Yo mientrra, con viento en popa,
si no es usted de otrro aviso,
iré, con vuestro permiso,
á meterme la otrra ropa.

Don Cipriano

Muy bien pensado. Anda, pues,
y haz siempre lo que te cuadre...

Gustavo

Sin adiós, señor dom... padrre
político.

Don Cipriano

  Hasta después.

ESCENA V

(DON CIPRIANO.)

Don Cipriano

Es una alhaja ese mozo.
Pero |qué extraño furor
de españolizarse! Temo,
si á la mano no le voy,
que la que miraba ayer
la boda con prevención
por ser france's el marido
que la destinaban, hoy
le repruebe desdeñosa
por demasiado español. —
Pero en su propia manía
fundo mi esperanza yo,
porque de mi cuenta corre
darle buena dirección,
y ella habrá de agradecerle
esa prueba de su amor,
ya que hasta ahora, por dicha,
es libre su corazón. —
¡Eh! Dejemos á Gustavo
que se ponga comm'il faut,
y vamos...

ESCENA VI

(DOLORES, DON CIPRIANO.)

Don Cipriano

  ¡Hola, ya vienes
vestida!... ¡Y con qué primor!

(Vuelve el criado con el chocolate para Gustavo en una bandeja, y entra en el cuarto de la derecha.)

Dolores

¿Me sienta bien el vestido?

Don Cipriano

Hermosa estás como un sol.

Dolores

Ya ve usted que he procurado
complacerle.

Don Cipriano

  Y yo te doy
las gracias. Se quedará
Gustavo hecho un ababol
cuando te vea. El también,
á fuer de novio de pro,
implora para agradarte
auxilios del tocador.

Dolores

¿Le ha visto usted?

(Sale de vacío el criado, y vaso por el foro.)

Don Cipriano

  Há un momento
que de mí se separó.
Ciego está por tí.

Dolores

  ¿De veras?

Don Cipriano

De veras. ¡Y qué pasión
por las cosas de mi patria!
Su padre no me engañó.
Y esa pasión á tu lado
crecerá como el arroz,
y luego que aprenda bien
la lengua de esta nación,
ninguno dirá que es hijo
de Provenza ó Languedoc,
sino que le han bautizado
en Madrid ó en Badajoz. —
¡Ah! escucha. Ya me olvidaba
de hacerte una prevención...

Dolores

¿Cuál, papá?

Don Cipriano

  Para seguirle
al clima donde nació,
ni te expondrás, hija mia,
por ese elemento atroz
á naufragar, ó á que estalle
la caldera del vapor,
ni por tierra á dar un vuelco
cuesta abajo si veloz
el ganado se desboca,
ó se embriaga el postilion;
ni á que un guarda en cada pueblo
saque tus trapos al sol,
y ladrones te acometan
un dia sí y otro no;
¡que es un contento el viajar
por esta tierra de Dios!

Dolores

Eso es decir que Gustavo
cambiará su pabellón
por el nuestro.

Don Cipriano

  Justamente.

Dolores

Me alegro.

Don Cipriano

  Cuando se habló
de casaros, esa fué
mi primera condición,
y la aceptaron gustosos
hijo y padre.

Dolores

  Les estoy 1
agradecida.

Don Cipriano

  Con esto,
y con ser tan bonachón
y tan amable Gustavo
que nunca alzará la voz
para contrariarte en nada,
felices sereis los dos;
y yo lo seré también
si otorga su bendición
el cielo á vuestro consorcio,
y antes que siegue la hoz
de la Parca el hilo frágil
de mi vida, el comadrón
me anuncia, para consuelo
de mi gota y de mi tos,
el dichoso natalicio
de un nieto como una flor.

Dolores

¡Jesús, papá; tiene usted
unas cosas!...

Don Cipriano

  ¡Voto á...! Son
las tantas de la mañana,
y tan indolente soy
que aun no me he puesto otra ropa
más decentita. (Llamando.)
  ¡Querol!
No es justo que sola tú
lo luzcas... (ai criado, que llega.)
  Sígueme.
  (A Dolores, entrando con el criado en el cuarto de la i zquierda.) ¡Adiós!

ESCENA VII

(DOLORES.)

Dolores

Habré, al fin, de confesar
que papá tiene razón,
y que no estriba en ningún
fundamento mi temor.
Su cariño, su experiencia...
por otra parte, el gargón
no tiene mala figura,
y aunque seria mejor
dar mi mano á un compatriota,
que no á un monsieur ni á un milord,
bueno es parecerle bella. —
Consultemos al tremó...
(Mirándose al espejo.) El no saldrá todavía,
porque es larga operación
para un francés la toilette,
y una hora de reloj
tardará sólo en atarse
la corbata...
  (Sintiendo pasos, vuelve la cabeza y ve á Gustavo vestido de majo. ) ¿Quién...?

ESCENA VIII

(DOLORES, GUSTAVO.)

Dolores

  ¡Ah!!!

Gustavo

  ¡Oh!!!

Dolores

¿De majo usted? ¿Qué proyecto?...

Gustavo

¡Vos en costumbre fransesa!

Dolores

Ese traje... Mi sorpresa...

Gustavo

Español todo, parfecto.
Mi amigo don Casanova,
en Marsella residente,
por mi cuerpo expresamente
lo mandó haser en Córdoba.
Él es bello.

Dolores

  Sí; muy cuco.
(Tomarlo á risa es mejor.)

Gustavo

Grrasias.

Dolores

  (Para salteador
sólo le falta el trabuco. i

Gustavo

Yo muestrro mi simpatía,
señora, en este momento
adoptando el... vestimento
de mi segunda patria.

Dolores

Gracias por tanto agasajo,
que es, cierto, cosa muy bella
ver á un hijo de Marsella
con los arreos de majo.

Gustavo

Yo, franse's, estaré surdo
en llevarle.

Dolores

  No; no tal.
(Ayer, que fué Carnaval,
comprendo... mas hoy ¡qué absurdo!—
¡Y mi padre me anunció!...)
Siéntese USted. (Se sientan.)

Gustavo

  Grrandes grasias. —
Mais... ¿Usted también diplomásias?...

Dolores

¿Cómo... diplomacias yo!

Gustavo

Sí; pues, á vuestro pesar,
cóven persona, os vestís
á la moda de París
solmente por me agradar.

Dolores

No; lo que tengo me pongo...

Gustavo

Pejro en el error estás
que á mí gusta mucho más
el mantilla y la... sojrongo.

Dolores

(¡Ya se apea por la cola!)

Gustavo

Traque fransés... ¡mucho enfado!

Dolores

Pero, ¿usted se ha figurado
que yo soy una manóla?

Gustavo

¡Eso! ¡Guapo! ¡El bello nombrre,
manóla! Yo un español
conosco que en mi bemol
cantaba...

Dolores

  (¿Está loco este hombre?)

Gustavo

(Cantando y jaleando.) «Ancha frranca de velludo
en la tejrsiada mantilla,
aijre resio, questo crrudo,
sobejrana pantojrilla,
alma atrrds, sal española...
  ¡Alsa! ¡Hola!
¡Yale un mondo mi manóla!»

Dolores

¡Bravo! ¡Bravo! (Está de chunga.)

Gustavo

¡Oh! ¡Grrasias...!

Dolores

  (¡Quién fuera sorda!)
Lo canta usted que lo borda:
con muchísima sandunga.

Gustavo

É yo porto castañolas
é todo lo menester,
que dan mucho de plaser
á mí dansas españolas,
é un bolejro de alto rango
me aprrendió nota por nota
un poquito de la cota
e' un poquito del fandango;
é yo dajré testimonio
de habilidad, ü me semble,
cuando bailamos ensemble
el dia del matrrimonio.

Dolores

Señor mió, usted se engaña
si juzga en sus devaneos
que gustan de esos jaleos
las señoritas de España.
Yo blasono de patriota,
mas no sé bailar, ni quiero,
la cachucha ni el bolero,
el fandango ni la jota.

Gustavo

¿Veramente? (¡G'est dommage!)
¿Pues qué baila usted?

Dolores

  Galope,
vals...

Gustavo

  ¡Oh...! ¡Mais c'est de VEuropel

Dolores

Rigodón...

Gustavo

  ¿Pas davantage!

Dolores

Y este es el traje que visto.

Gustavo

¡Dios mió, todo fransés,
de la cabesa hasta el piés!
¡Valga á mí San Quesucrristo! —
Mas si ese costumbre manca,
otros restarán peut-étre,
señora, de vos aneé tres
tan aquí que en Salemanca.

Dolores

Cierto, que cada nación
tiene su fisonomía
peculiar; así la mia
como la de usted.

Gustavo

  ; Allons!
Resterá, pues, el guitajro
y el tabaco... ¡Oh, muejro yo
por el tabaco! — A propos,
voy ensender un sigajro.
(Saca una petaca con cigarros, y de ella tino, que en¬
ciende luego con un fósforo.)

Dolores

(¡Ay Dios mió, yo te imploro...)
Cierto; aun dura esa costumbre...
(¡Maldecida!) Traerán lumbre...

Gustavo

No; mí ensenderá fosforo.

Dolores

(¿Fósforos también? ¡Qué peste!
Me va á inficionar la sala.
Yo voy á ponerme mala...)

Gustavo

(Fumando.)
¡Mucbo buen sigajro aqueste! —
¡Pobrre España sin sus bailes...

Dolores

(¡Uf! ¡Qué humo tan condenado!

Gustavo

¡Y por sima del mercado
la suprresion de los frrailes!
Yos estajreis mal contentos
de esa ley niveladojra. —
Mas, ¿cómo mascan ahojra
los padres de los conventos?

Dolores

¿Qué sé yo de eso? Presumo
que con las muelas...
(Apartándose por huir del humo.) (¡Jesús!)

Gustavo

(¡TienSi elle estfáchée...! ¡Pas plus...!)

Dolores

(¡Maldición á tí y al humo!)

Gustavo

Pejro la cosa más buena
que os han decado los mojros
son los tojros... ¡Oh, los tojros...!
¿Hay tojros en Cartaquena?

Dolores

(Aumentándose por grados su mal humor.)
Sí, señor.

Gustavo

  ¡Le beau spectaclel
¿Mucho leguas caminar?

Dolores

Algunos... vienen por mar.

Gustavo

Ca ne seraü pas miradle, —
Mí, yo viviré con pena
mientrra los dos no casamos
y al otro dia tengamos
toj ritos en Cartaquena. —
Pejro usted, bella Dolojres,
torna cara é no contesta.

Dolores

Es que... (Puf!)

Gustavo

  E manifiesta
que tiene malos humojres.

Dolores

¿Malos humores? ¡No tal!
Mal humor... puede que sí.

Gustavo

¡Perdón, Dolojritos! Mí...
Peut-étre me exprimo mal.
Mas, ¿por qué de mala guisa?...

Dolores

Ese cigarro...

Gustavo

  ¡Oh! Sí, ahojra
comprendo... ¡Perdón, señora!
¡Perdone usted la meprisa!

Dolores

No hav de qué. (¡Gracias á Dios
que deja, al fin, de fumar!)

Gustavo

(Ofreciendo á Dolores la petaca, )
Prende otro sigajro; un par...
é fumajremos los dos.

Dolores

(Levantándose irritada.)
¿Yo fumar? ¡Yo! ¡Qué insolencia!

Gustavo

Mais... yo pensaba...

Dolores

  ¡Bellaco!

Gustavo

Yo he leído...

Dolores

  ¡Yo tabaco!
¡Quítese de mi presencia!

Gustavo

(Siguiéndola.)
Pejro atienda usted un poco.
¡Es habano...! Mijra aquí...
¡Pujro habano...!

Dolores

  (¡Uf...! ¡Ay de mí!
¡Qué angustia! Yo me sofoco.)

Gustavo

¡Oh qué cajra de demonia!...

Dolores

¡Aparte usted! (Yo me caigo...)

Gustavo

¡Señora...!

Dolores

  (Pero... aquí traigo
mi frasquito de colonia...)

(Saca del pecho un pomito, y Gustavo retrocede aterrado. Ella entre tanto le huote sin que él lo advierta.)

Gustavo

(\Ciel, le poignard! ¡La navaca!
¡Elles sont armées toujours!)

Dolores

¡Ah! Yo... fallezco...

Gustavo

  ¡Au seconr!
On Jaira ici i na... mor taca...
II faudrá la désarmer...

(Se abalanza á ella para quitarla lo que tiene en la mano Dolores grita.)

Dolores

¡Socorro...! ¡Infame...! ¡Traición!

Gustavo

(Apoderándose del pomito.)
¡Je Vai!—¡Mais c'est un flacón!

Dolores

¡Ah! (Cae desmayada en la silla.)

Gustavo

¿Est-ce qu elle páme? ¡Si flait!

(Acude á socorrerla.)

ESCENA IX

(DOLORES, GUSTAVO, DON CIPRIANO, PEPA.)

Pepa

(Llega corriendo por el foro.)
¿Quién grita? ¿Qué ha sucedido?

(Sale apresurado y á medio vestir del cuarto de quierda. Le sigue el criado.)

¿Quién da voces? ¡Ah! ¿Qué ven
mis ojos! (Acercándose.) ¡Hija! ¡Dolores!
(Don Cipriano y Tepa sostienen á Dolores.) ¡Agua!
  (Váse el criado corriendo por el foro.) ¿Qué es esto?

Gustavo

  No sé.
Ella... Señor... Ce petit
receptadle... Je croyais...

Don Cipriano

¿Y qué diablos significa
ese ridículo tren?

Gustavo

¡Oh! Mi vestido de maco.

Don Cipriano

¡Estás gracioso con él! —
¿No viene el agua?

Pepa

  Ya creo
que respira.

Dolores

(Volviendo de su desmayo.)
  ¡Ay de mí!... ¿Quién?...

(Vuelve el criado con agua.)

Don Cipriano

No temas. Soy tu papá...
Bebe agua...

Dolores

  No tengo sed.

Don Cipriano

No importa; una poca...

Dolores

  Venga.

(Toma el vaso y bebe; el criado se retira en seguida.)

Gustavo

(¡S'evanouir! ¿Qui Vaurait
dit?)

Don Cipriano

  Si estás mala, hija mia,
puedes irte á recoger.

Dolores

No; ya me siento mejor.
Estando al lado de usted,
nada temo. (Se levanta.)

Don Cipriano

  Según eso,
temías antes...

Dolores

  Sí; aquel...
(Viendo á Gustavo.) ¡Ese hombre!...

Don Cipriano

(a Pepa.) Vete allá dentro.
Ya no te hemos menester.

Pepa

(Harto será que no acabe
en tragedia el entremés.)

ESCENA ÚLTIMA

(DOLORES, GUSTAVO, DON CIPRIANO.)

Don Cipriano

¡Voto á briós, Monsieur Gustavo
de Martignac!...

Gustavo

  Todo fue,
señor, un mal entendido,
et j'en atieste le ciel...

Don Cipriano

Oigamos primero á ella.

Gustavo

Yo, caballejro...

Don Cipriano

  Bien, bien...

Gustavo

E siempre por las señoras
mucho galante é cortés.

Dolores

Papá, ¿es cortés ni galante
un novio que viene á ver
á su futura vestido
como un javan de Jerez?
Y si á esto encuentra disculpa,
como al asalto de ayer,
¿es cortesía no hablar
á una dama de mi prez
sino de toros y frailes...?

Gustavo

Mais...

Don Cipriano

  ¡Silencio!

Gustavo

  Je me tais.

Dolores

¿Y en vez de alabar mi traje,
siquiera porque es francés,
decirme que me estaría
mejor... — ¡sátira soez! —
el zorongo... ¿Qué es zorongo,
Dios mió? ¡Y el guardapiés
á media pierna!... ¡Y cantarme
con ese acento cruel
la canción de la Manola!

Don Cipriano

¡Oiga! ¿Es músico también?

Gustavo

Sí, señor, filarmónico.

Dolores

Y, por último, encender
un fósforo, y en el fósforo
un cigarro... \Ay San Andrés!
¡Todavía está humeando
esa boca de Luzbel!

Don Cipriano

¡Tire usted con mil demonios
ese cigarro!

Gustavo

  Mais...

Don Cipriano

  ¡Mais!...
¿No ve usted que con el humo
se desmayará otra vez?

Gustavo

Eh bien, ya tijro sigajro. (Lo hace.)
(Je commence á m'ennuyer.)

Dolores

Y aun fumar él... vaya en gracia;
mas ¡tener la avilantez
de ofrecerme otro cigarro!

Gustavo

Por galantería.

Don Cipriano

  ¡Pues!

Gustavo

A mí enseñar que en España
fuman hembras.

Don Cipriano

  De la hez
del pueblo, y pocas.

Gustavo

  ¿Qué entiendo?
Alors, il fandrá brüler...
quemar mis libros.

Don Cipriano

  Sí; debes
hacer un auto de fe
con ellos.

Dolores

  En fin, su habano,
que maldiga Dios, amén,
me trastornó los sentidos;
desfallecida saqué
ese pomito del pecho
para frotarme la sien
y la nariz, ¡y el villano
me asió del brazo...

Gustavo

  C’est vrai.

Dolores

Y me quitó...

Gustavo

  C’est va’, oui.

Don Cipriano

¡Hum!... ¡Voto á cristas de pez!

Dolores

Y... no puedo decir más,
que entonces me desmayé!

Gustavo

¿Podré mí hablar á mi turno,
señor don Lopes Siprien?

Don Cipriano

Sí; y yo deseo en el alma
que te justifiques.

Gustavo

  ¡Eh!...
¿Qué opinión formáis de migo?
¿A qui croyez vous parler?
¿Habré yo desafiado
sielo é mar en mi baquel
por robar una pequeña
butella qui ne vaut... trres
majravedís?... Mí pensaba
ser;navaca! ¡Pordonnez!

Don Cipriano

(Soltandó la carcajada.)
Ja, ja...

Dolores

  ¿Yo, navaja, padre!
¡Jesús, Jesús!...

Don Cipriano

  ¡Qué sandez!

Gustavo

Sh bien, un otrra mentijra
de mis librros.

Don Cipriano

  ¡Ya se ve;
dama española y navaja
bajo la liga, es de ley!
¡Y aquí todos son toreros,
y gente de ese jaez;
y en cada casa hay un fraile
que nos manda como rey;
y en las artes y las ciencias
vamos con el siglo diez;
y empieza en los Pirineos
el territorio de Argel!
Hay en Francia infinidad
de españoles que dan fe
de lo contrario; no importa:
nadie, responden, es juez
competente en propia causa,
¡y sólo es pintura fiel
de España la que ellos fingen
como Dios les da á entender!
Y escriben de nuestras cosas
veinte folletos al mes;
mas, si una vez en el clavo,
dan en la herradura cien;
que contraen cataratas
cuando aquí ponen el pié
para ver... lo que no miran
y mirar lo que no ven.
Así, la excepción es regla
para ellos, y tal vez
si en hora menguada á alguno
muerde en la calle un lebrel,
con mucha formalidad
nos dice luego Gaulier:
•«Todos los perros de España
muerden entre cinco y seis.»
Y no faltan escritores —
si quieres los nombrare' —
que sin salir de París,
pasean por Aranjuez,
y han bailado la cachucha
ó el polo con Isabel
segunda, ó se han embarcado
en la playa de Jaén,
para ver en Tarragona
Los Amantes de Teruel.—
Con semejantes ideas
vienen á España después,
y no es milagro que incurran
en tanta ridiculez.

Gustavo

Mí, por equemplo, señor,
que desbarco al nocheser
en Cartaquena... Mi falta
es disculpable.

Don Cipriano

  Sí es.

Gustavo

Mas, aunque mucho crédulo,
soy hombre honesto.

Don Cipriano

  Lo sé.

Gustavo

Y un quid 'pro quo...

Don Cipriano

  No es un crimen. —
Pero Dolores... Ya ves...
Vuestra boda es imposible.

Dolores

(Abrazando á D. Cipriano.)
¡Padre mió! ¡Qué placer!

Don Cipriano

Vuestros genios son opuestos.—
Lo siento mucho...

Gustavo

  ¿E por qué?
Nous ferions mauvais ménage...

Don Cipriano

Así lo debo creer.

Gustavo

Que también cayó por tierra
la mi torre de Babel.
Ya estoy mucho romanesco
et de-la les Pyrenées
venia buscar muchacha
salejrosa, una muquer
mucho fuerte, é con la sangre
bullendo como en sartén;
¡é la muquer que me dais
es ella todo al revés,
que se viste á la francesa
é tiene mucho desden
al sigajrro, é se evanuye!...
Fi /... Donnez moi mon congé.

Don Cipriano

Bien; no riñamos por eso,
y pues el mutuo interés
vuestro proyectado enlace
nos aconseja romper,
démonos padres é hijos
recíproco parabién...
(Dando la mano á Gustavo.) y tan amigos como antes.

Gustavo

(Apretando la mano á D. Cipriano.)
¡Mí siempre amigo de usted!

Dolores

Y vengan modas de Francia,
pero ¿maridos también?
¡No, por Dios!

Don Cipriano

  Y hermanos sean
el español y el francés,
mas cada uno en su casa
y Dios en todas.

Los Tres

  ¡Amén!

Elenco vivo 6 personajes · 1,323 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
568127J1, J2J1 · esc. 1Dolores, Pepa, Gustavo
291119J1, J2J1 · esc. 4Don Cipriano, Pepa, Dolores
278113J1, J2J1 · esc. 1Don Cipriano, Pepa, Gustavo
18434J1, J2J1 · esc. 2Don Cipriano, Dolores, Gustavo
22J1J1 · esc. 5Pepa, Gustavo, Don Cipriano
01J2J2 · esc. 10Gustavo, Don Cipriano, Dolores

Partitura métrica 19 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Acto primero
Acto segundo

octosílabos 92 % · mixto 8 %

Expediente

Obra
Un francés en Cartagena
Jornadas
2
Personajes
6
Versos
1,323
Versificación
octosílabos 92 % · mixto 8 % medida por La Báscula
Fuente
archive.org: unfrancsencartag00bret_djvu.txt
Estructura
un-frances-en-cartagena.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Manuel Bretón de los Herreros, Un francés en Cartagena, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/un-frances-en-cartagena.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.