Acto primero
(Personas: CARLOTA; TERESA; DON PLÁCIDO; DON MATEO; DON VENTURA; FROILÁN.)
(La escena es en Madrid. Sala bien amueblada con puerta en el foro, que es la que sirve de entrada á los que vienen de la calle; otra á la derecha del actor, y otra secreta á su izquierda, figurando una chimenea.)
ESCENA PRIMERA
(DON PLÁCIDO, FROILÁN.)
Ya ves, amigo mió,
con qué bondad á tu prudencia fio
los íntimos arcanos de mi pecho.
Debes estar ufano y satisfecho
pues pasas de criado á favorito.
Mil gracias y otras mil....
No necesito
decirte que al honor que te dispenso,
estraordinario, inmenso,
pienso añadir alguna propineja,
y ropa desechada antes que vieja,
si, fiel como discreto,
guardas con cien candados mi secreto;
pues, sin que yo me alabe,
bien sabes tú, Froilan, y el inundo sabe
que soy naturalmente
apacible, amoroso y complaciente.
¡Señor!... de eso no se hable.
¡Si le llaman á usted el hombre amable!
Sí....
Y en todo y por todo
es usted digno de tan dulce apodo. —
Y esa es gracia especial que no se esplica,
pero algo de su indujo comunica
hasta al humilde siervo
que de cerca la admira. Yo lo observo
ya hace dias en mí. Ya soy mas blando
de condición: me voy civilizando.
Siempre tengo la risa entre los dientes
y cierto don de gentes....
Ayer mismo me dijo
cuando estaba llenando su botijo
Gervasia, la criada de don Bruno:
«¡qué amable y qué sobón es este tuno!»
Siendo yo, pues, tan suave y tan atento
y de tan celestial temperamento,
juzga tú cual será mi pesadumbre
si, olvidando mi innata mansedumbre
al ver que tú quebrantas el sigilo,
te hago sudar á puntapiés el quilo,
ó en el rápido acceso
de mi enojo fugaz te rompo un hueso.
(¡Zape!) Yo seré ciego, y sordo, y mudo,
y nunca....
Bien; de tu lealtad no dudo.
Nada de lo que pasa
dirás dentro ni fuera de la casa.
No, señor. ¡Guarda Pablo!
¿Propinas por callar y lena si hablo?
Callaré: no vacilo.
Me alegro; estoy tranquilo;
mas, ya ves, en conciencia
yo te debia hacer esa advertencia.
Mas vale una advertencia que una tunda.
Vete.... y no des lugar á la segunda.
ESCENA II
(DON PLÁCIDO.)
(Reconociendo la puerta secreta.)
¡Bien! Por lince que sea,
¿quién dirá que esta falsa chimenea,
que solo el fuego del amor enciende,
es puerta reservada al bello duende
que el corazón me abrasa?
Y viviendo los dos en una casa,
ella en cuarto interior, yo en el estenio,
¿no era un dolor que á mi cariño tierno
fuese remora y dique
un mísero tabique?
La puerta de su cuarto no me cierra
la niña que me da tan dulce guerra,
pero amor es amigo del misterio,
y así nadie sospecha un gatuperio.
Así, ya que el demonio,
cuando en víspera estoy de matrimonio,
me prende en otras redes,
si no hablan las paredes
no podrán acusarme los vecinos
de amores clandestinos. —
No vendrá en quince dias mi futura,
que así me lo asegura
su pariente el ministro, cuya gracia
procuro conservar con eficacia.
Si hoy se rinde Camila á mis porfías,
de los quince me sobran ocho dias,
y ya la habré yo dado pasaporte
cuando á Madrid se acerque mi consorte.
No la he visto jamás. Para esta alianza
un voto concedí de confianza;
y es muy posible que la novia sea
horriblemente fea
como noche de nubes y de truenos;
pero eso es lo de menos.
La hará bonita su millón de dote,
y yo que soy amable y sencillote...,
y el favor del ministro....
No hay cuidado. — Ahora toco este registro....
(Mueve un rssorle oculto y se abre la puerta.) ¡Lindamente! Ahora toso....
Egem.... geni... Ya está aquí mi dueño hermoso.
ESCENA III
(CARLOTA, DON PLÁCIDO.)
(Asomando la cabeza.)
No me atrevo.... ¿Estamos solos?
Sí, hija mia. No hay peligro.
(Entra en la escena Carlota y cierra don Plácido la puerta.)
¡Qué temeridad la mia!
¡Venirme sola á este sitio!....
¡Ah Plácido!
¿Por qué tiemblas?
¡Cuánto me ciega el carino!
¡Qué frágil soy! Si mi tia
lo supiera....
¿No me has dicho
que está mala desde ayer?
Sí.
¡Dichoso romadizo! —
Es decir, para nosotros,
porque ella ya me imagino
que sufrirá.... ¡Pobrecita!
¿Qué ha dicho el facultativo?
Que guarde cama.
¿Sí? ¡Cuánto
lo celebro!.... Por su alivio
se entiende. ¿Y qué tal está
de la sordera?
Lo mismo.
¡Fuerte trabajo!... — Ya ves
que si no ha oido martillos
y piquetas y aun ignora
que se abrió ese pasadizo,
menos puede oir el eco
de mis amantes suspiros. —
Es cucaña, como hay Dios,
tener una tia...
(¡Indigno!)
De esa especie. — Pero basta
de lias, y á otro capítulo.
Un mes hace ya, Camila,
que somos tú y yo vecinos,
tres semanas que te adoro,
dos que soy correspondido,
diez dias que te tuteo,
que tú me tuteas, cinco....,
y á esta fecha aun nos estamos
como las almas del Limbo.
¿Qué quieres, Plácido! Soy
muchacha honrada y vacilo...
¡F.h!... No seas melindrosa.
(No sé cómo me reprimo.)
Mucho me ponderas, Plácido,
el afecto que te inspiro,
¿mas cómo lo he de creer
sabiendo de posi'.ivo
nue vas á casarte, y pronto,
con la prima del ministro?
Es verdad, y ya no puedo
evitar el compromiso.
¡Oh! Seria mucho escándalo...
Me casaria contigo
mejor que con una viuda
á quien yo jamás he visto;
que, aunque, en efecto, sus años
no pasan de veinticinco,
es verosímil, no obstante
lo que la ensalza su primo,
que tenga cara de arpía
y genio de basilisco,
pues no suele hacerse mérito
de esas dotes en los títulos
de propiedad ni las reza
la partida de bautismo;
pero antes de conocer
la fuerza de tus hechizos
di mi palabra... y no puedo
sin quebrantar los principios
d.el honor faltar á ella.
¿Cómo ha de ser!... Me resigno.
Sí, á emparentar con un hombre
que da empleos lucrativos
y á recibir la simpleza
de un millón de dote, limpio
de polvo y paja. ¡Admirable
conformidad! ¡Inaudito
rasgo de resignación
cristiana!
¡Ah! si yo codicio
sueldos, honores, riquezas,
es solo con el designio
de hacerte feliz.
Mil gracias.
Todo es para tí, amor mió.
¿Exijen también los dogmas
del honor el egoismo
de aspirar á dos mugeres;
á la una como marido,
como galán á la otra?
No, hermosa, pero el dominio
de las pasiones... No hay regla
sin escepcion. Yo dislingo
de las leyes del honor
los fueros del albedrío.
Daré mi mano á la viuda,
pero el corazón cautivo
no reconoce otro dueño
que esos ojuelos divinos.
(¡Qué boca de miel rosada...
y qué alma de cocodrilo!)
¿Eh?
Nada. — Estoy meditando...
Como eres tan metafísica
y yo una pobre inocente...
Cierto. (¡Con cada colmillo...!)
Y, di, ¿podré sin escrúpulo
admitir tus donativos?
Lo del corazón... tal cual,
que al fin es de tu individuo,
pero ofrecerme también
las tierras y los olivos
de tu muger...
Dios dará
para todos. Yo no digo...
El marido siempre fué
administrador legítimo...
Yo soy amable, benéfico,
dadivoso...
(¡Fementido!)
Y por casarme no es justo
que sacrifique mi instinto
generoso. Si pensase
emplear mis beneficios
en quien no los mereciese...;
¡pero en tí, que eres el tipo
ile la humana perfección!
¡Qué lisonjero!... (¡Qué pillo!)
Y, por fin, si estrictamente
no me atengo al catecismo,
El amor en que me abraso
escusará mi delito.
Quiere decir que tu honor
es... elástico.
Eso mismo.
¡Privilegio de los hombres
amables!
Sí; cabalito.
Pero yo, poco iniciada
en la ilustración del siglo,
temo á Dios... te temo a tí...
¡Oh! Por los clavos de Cristo,
no sean nuestros amores
esgrima de silogismos.
Urge el tiempo. Antes que cobre
la facultad del oido
tu tia y antes que venga
esa novia que maldigo,
cumple mi dulce esperanza
y... menos dengues, bien mió.
(¡Ah!... Yo voy á descubrirme
y á confundir á este inicuo! —
Pero aun no es hora.)
¿Cavilas?
Con justa razón cavilo.
Será tu amor, no lo dudo,
muy verdadero, muy fino,
pero tú nada aventuras,
y yo — ¡ay Dios! — seré ludibrio
de las gentes. La opinión
de una muger es de vidrio...
(¡Qué gazmoña!)
La virtud —
(Finjamos.) — es requisito
que tal vez se nos dispensa
cuando la suple un marido;
convengo; mas ¿qué cristiano
querrá casarse conmigo?
¡Oh! no te apures por eso.
Con ese bello palmito
y mi protección, tendrás... —
¿qué es un novio? — cuatro 6 cinco
en que escojer.
Bien; — (Ganemos
tiempo.) muy bien; pero exijo...
¿Palabra formal?
Es poco.
De palabras no me fio.
Venga el novio...
Pero, hija,
¿es puñalada de picaro?
¿Cómo improviso yo ahora...
El amor hace prodigios. —
Tú tienes novia también.
Sí, pero yo te anticipo...
Nada de anticipaciones.
Ingrata, ¿es este el cariño
que te merezco?
¡Cruel!
¿No es bastante sacrificio...
¡Ah! tú quieres engañarme,
¡perderme!
Yo no...
¡Sí, impío!,
mas la virtud... y mi lia
me salvarán del peligro.
(Va hacia la chimenea.)
Espera...
(Queriendo abrir la puerta secreta.)
¡Adiós para siempre!
¡Oye! (Deteniéndola.)
¡Nada! No transijo.
Bien; buscaremos el novio...
(¡Vaya, que es raro capricho!)
¡Hostigar de esa manera
á una infeliz...
No te hostigo.
Sosiégate. Ya veremos
de conciliar...
¡Qué bonito
es este cuarto!
Sí; mucho.
(¡Mire usted por qué registro
sale ahora!)
(Me complazco
en aburrirle.)
(¡Estoy frito!...
Mas ya volveré á la carga
si hoy machaco en hierro frió.)
¿Y qué tales son las otras
habitaciones? No he visto...
(¡Ah!...) Ven y te ensenaré...
(¡Infame!) No voy contigo,
¡no! Yo sola quiero entrar.
(Me va á trastonar el juicio.)
No temas. Yo te aseguro
que no...
¡Quieto! Te prohibo
que me sigas. Quiero ver
si tienes algo escondido...
Pero...
(Furiosa.) Si te mueves, abro
el balcón y escandalizo
la vecindad. (Sonrie'ndose.) Hasta luego.
(D. Plácido se cruza de brazos y suspira.') Así te quiero: sumiso,
complaciente... (¡Oh cuánto tardan
mi venganza y tu castigo!)
(Entra por la puerta de la derecha.)
ESCENA IV
(DON PLÁCIDO.)
Ya su desvío me enoja,
ya me alienta una mirada...
¡Cómo sabe la taimada
jugar al tira y atloja!
No me pesa que resista.
Podrá costarrae quizá
mas cara..., pero será
mas sabrosa mi conquista.
ESCENA V
(DON PLÁCIDO, FROILÁN.)
¡Ah! está usted solo. Muy bien.
Tenemos una visita.
¿Quién es?
Una señorita.
¡Una señorita! ¿Quién...
¿Será mi novia que ufana
viene á sorprenderme...
No,
que al entrar se tituló
hermana de usted.
¡Mi hermana!
¡Peor que peor! — ¡Maldito...
Yo ¿qué culpa...
Eres un zote.
Yo...
¡Vendrá á pedirme el dote!
¡Pondrá en los cielos el grito!
Como la amabilidad
de usted os tanta, creía
que entre ella y usted no habría
incompatibilidad.
(Con risa sardónica.)
¿Sí? ¡Vaya... La moraleja
me ha gustado. (Tirándole de una oreja.')
¡Qué delicia
de...
¿Qu¿es eso...
Una caricia...
¡Ay, que me arranca la oreja!
¡Ay!... ¡Suelte usted!
¿Te hago mal?
Sí. ¡Voto á san...
Un capricho...
Vamos, ya te suelto. ¿Has dicho
e|ue estoy en casa?
Sí tal.
Mil gracias.
Mas, sin perjuicio
de entrar á usted el recado,
he dicho...
¿Qué?
Está ocupado...
en asuntos del servicio.
Bien. Pues otra vez que llame...
¿Se fue?
No. (Saca una carta.)
¡Que no te parta
un rayo! — ¿Qué es eso?
Caria
del señor ministro.
(Tomándola.) Dame. (La abre.)
Ya olvidaba...
¡Mentecato! (Lee para si.)
(Tocándose la oreja.)
(¡Huy!... ¡Qué amable es mi señor! —
Pero ¡zape! á lo mejor
saca las uñas el gato.)
Voy, que el ministro me espera...
Pero el amor fraternal
me intercepta — ¡pese á tal!...
la puerta de la escalera.
Yo siento...
Has hecho una salsa...
¡como tuya!
Mi intención...
Dame sombrero y bastón. —
Me iré por la puerta falsa.
(Dándole el sombrero y el baston.\
Tome usted...
(¡Venirse aqui
cuando no la he menester...)
Y ¿qué digo...
¿A esa muger? —
¿A mi dulce hermana?
Sí.
Que estabas borracho, ó loco,
que salí...
Está bien. Yo tomo
á mi cargo...
(Abre la puerta secreta.)
Y que no cómo
en casa.
Y... ¿cenar...
Tampoco.
ESCENA VI
(FROILÁN.)
¡Qué apuro! ¿Cómo hago yo...
Ahora falta que inhumana
me martirice su hermana
la oreja que él perdonó.
ESCENA VII
(FROILÁN, TERESA.)
¡Ay, que entra aqui!
Ya me canso
de esperar. ¿Qué ha respondido
mi hermano?
¿Qué! ¡Si ha salido!
(La hablaré en tono muy manso.)
Pues ¿no me decia usted...
A veces uno responde
sin saber...
¿Cuándo, por dónde...
(Por medio de esa pared.)
Juzgué cuando abrí la puerta
que estaba aqui... Soy un tonto.
Perdone usted...
¿Vendrá pronto?
...No se sabe cosa cierta.
Hoy va á comer en la fonda.
Cena con un personage...
y quizá... Me habló de un viage...
¿Si se habrá marchado á Ronda?
Tenia un coche en ajuste..
Basta, que ya me incomodo
de tanta chachara. Todo
lo que usted dice es embuste.
Señora, yo...
¡Calle!
(¡Malo!)
Puede usted volver después
y acaso...
No. Mejor es
esperarle. Aqui me instalo. (Se sienta.)
(¡Soy perdido!)
Estoy cansada.
Sin embargo...
Este es mi gusto.
Ya.
Soy su hermana, y no es justo
que me vaya á una posada.
La soledad causa tedio...
No importa.
(¿Cómo la obligo...)
Es que...
Calle usted, le digo.
Sí...
Quítese usted de enmedio.
Está bien. (¡Ay san Facundo!
Con ella es seguro un cisma,
y él... me romperá la crisma
con la dulzura del mundo.)
ESCENA VIII
(¿Asi, cielos, se recibe á una hermana!... Cuanto advierto me convence de que es cierto lo que Carlota me escribe. — Ella ya habia salido de su cuarto... Volveré... ¡Hombre villano y sin fe, mal hermano y peor marido!)
ESCENA IX
(TERESA, CARLOTA.)
¡Ya no está aqui... Mas ¿qué veo!
¡Carlota!
¡Amiga! (Se abrazan.)
Me asombro
de verte aqui. ¿Has declarado
quien eres?
Ni por asomo.
Llamo primero á tu puerta,
pregunto por tí, no logro
verte...
Ya; ¡si estaba aqui!—
No te esperaba tan pronto.
Y sin poder contenerme
dejo un cuarto, llego al otro...
Ya habrás visto á ese traidor...
No. Por evitar mi enojo
se esconde tal vez...
Espera,
que su criado no es sordo,
y si observa...
(Mirando por la puerta del foro.) No, no hay nadie
por aqui... (Volviendo á abrazarla.)
¡Con cuánto gozo
vuelvo á verte!
Está ocupado,
dijo el criado, en negocios
del servicio...
¡Socarrón!...
Sin embargo, le respondo,
dígale usted que es su hermana
la que llena de alborozo
viene á verle. Entra el criado,
tarda en volver, me incomodo
de tanto esperar, penetro
cu esta sala, y el mozo
me dice ¡habia salido,
me equivoqué, soy un tonto;
perdone usted... Yo me empeño,
porque el engaito conozco,
en quedarme aqui...
Es verdad:
te engañaba... Pero ¡ah zorro!...
Ya no está aqui su bastón...,
ni el sombrero... Aparta un poco...
(Se la lleca lejos de la chimenea.) y hablemos bajo. — ¡Se fue
por la chimenea!
¿Cómo!
¿Por la chimenea! ¿Tiene
pacto con algún demonio?
Esa chimenea es maula
que encubre una puerta....
¿Qué oigo!
¿Y adonde conduce?
Al cuarto
que yo habito. Está tan próximo....
¡Infame!
Después de escrita
la carta donde te informo
de mi triunfo, ha imaginado
ese espediente ingenioso.
Ya ves; como tiene ya
tratado su matrimonio....
y es tan amable..., no quiere
escándalos ni alborotos.
¡Traidor! Casarse con una
y seducir.... ¡Es un monstruo!
No es eso, sino que tiene
un corazón tan de á folio
que caben todas en él.
¡Menos su hermana! ¡Oh! me ahogo
de cólera. ¿A qué aguardamos?
Caiga sobre él el oprobio
en que pretende sumirnos;
arranquemos de su rostro
la máscara fementida....
y saquémosle los ojos.
Todavía no, que espero
un buen refuerzo, un apoyo
muy eficaz. Hace dias
que he dirigido un anónimo
á cierto tio.... Es probable
que no lo eche en saco roto,
y entonces.... ¡Oh! es necesario
que saquemos de este embrollo
algún fruto. Aunque te espongas
personalmente a un bochorno
quiero que le hables primero,
y cuando llegue á su colmo
la iniquidad,... Pero ya
dura mucho este coloquio.
Separémonos ahora....
Dime: ¿has parado de incógnito
en la casa que te dije....
Sí.
Bien. Número diez y ocho....
Fortuna es que no conozca
ese perjuro alevoso
á ninguna de las dos
y que no sepa que somos
tan amigas.
No hay cuidado,
que si los planes que formo
se logran.... Pero hablaremos
mas despacio y sin estorbos.
Me voy por la chimenea
y tú por allá. Si el prójimo
se ha marchado ya, te salgo
al encuentro; si no, corro
después á buscarte....
Bien.
Prometo volverle loco
y que quede escarmentado
como hermano y como novio.
(fase por la puerta secreta.)
No es posible que haya un hombre
tan malo sobre la Caz
de la tierra; y, sin embargo,
me aseguraban allá
que tiene muy buen concepto
en mas de una sociedad
y hay gentes que le pondrían
dos candelas y un altar.
¡Oh mundo!... Ya se ve; siendo
tan amable y tan galán
como dicen, no me admiro....
Pero no siempre es verdad
que el rostro retrate al alma,
como enseña aquel refrán.
¡Oh! muchas veces también
en perpetuo carnaval
con la careta de un ángel
se disfraza Satanás. —
Vamos: Carlota lo exige.... —
Primero debo avisar
al criado.... Llamaremos.
(Tira del cordón de la campanilla.') No sé si Dios me dará
paciencia....
ESCENA XI
(TERESA, FROILÁN.)
(Con una largeta en la mano.)
¿Llamaba usted?
Si. Ya no puedo esperar
mas tiempo.
Pues; ¡si lo dije....
(¡Cracias á Dios que se va!)
Cuando vuelva mi señor
don Plácido le dirás
que ha venido de Sevilla
su hermana.
Muy bien está.
Y que le he esperado aquí
media hora con el afán
de verle....
¡Jesús! El amo
se va á morir de pesar
cuando sepa....
¿Que he venido?
No; — que una casualidad
le retardó á su despecho
el ósculo fraternal.
¿Sí?
Porque ya sabe usted
que es tan cariñoso y tan....
¿De veras? Nos separamos
siendo yo de tierna edad....
(El criado se conoce que es insigne perillán.) Dígale usted que ahora voy
á unas diligencias....
Ya.
Y que dentro de una hora
volveré.
(Nos da lugar
para prepararnos.) Bien.
Tendré un placer especial
en anunciarle la dicha
inesperada, el....
No roas.
(Haciendo reverencias.)
Estoy á los pies de usted....
Muy....
Basta. (Tal para cual.)
ESCENA XII
(¡Anda con dos mil domonios.... Si molesta y pertinaz se obstina en quedarse aquí, ¡pobres lomos de Froilan! Que la reciba después con dulce fraternidad, ó con cajas destempladas la espulse, ¿qué se me da? Pero es mucha ingratitud siendo su hermano carnal.... Vamos, no tiene por dónde desecharle Barrabás. Yo me iria de su casa, mas no sé si es ley al pan que cómo, ó miedo, ó costumbre..., ó simpatía quizá lo que me apega al servicio de un hombre tan inmoral. — Dejemos esta tarjeta aquí.... {Leyéndola.) "Ventura Caray.")
(Deja la tarjeta sobre una mesa.)
(¿Quién será este quidam? Su aire me parece provincial; su trage, nada suntuoso, y es tanta su cortedad.... Otra víctima, sin duda....)
(Dentro.) Esté ó no esté, quiero entrar.
¿Otro? Esta casa parece
el congreso de Aquisgran. —
(A Ja puerta.) ¡Se cuela....
(Entrando.) ¡Cara de palo á mí! ¡No faltaba mas!
ESCENA XIII
(DON MATEO, FROILÁN.)
¡Hola!
(¡Qué gesto tau ácido!)
Una silla.
Pero ¿á quién....
¡Una silla, he dicho!
Bien.
(La acerca y se sienta don Mateo.)
Con que, ¿salió....
¿Quién?
Don Plácido.
Sí señor. (Yo no me fio
de este hombre.) Pero, á todo esto,
no sé.... Siento ser molesto.
¿Podré saber....
Soy su tio.
Por muchos años. — ¿El nombre....
¡Qué necio interrogatorio!
Mateo Pérez de Osorio.
Muy señor mió y muy..,. (¡Qué hombre!)
I! ¡en, bien..,. (Displicente.')
(Tratando á su hermana
mi amo con tanto desvío,
á este, que solo es su tio,
le echará por la ventana. —
Mas se ha sentado el maldito
muy despacio, y si no acierto
á echarle....)
(¿Si será cierto,
buen Dios, lo que me han escrito!)
Pues señor.... mal dia es hoy
para esperar á mi dueño,
porque....
¿Esperar? Ni por sueño.
(¡Bien!)
Ahora mismo me voy.
(Respiro.) Acaso....
A su sopa
renuncio por hoy, que quiero
comer con un compañero
de viaje.
¿Dónde?
En Europa.
(¡Santo Dios, si fuera en Asia!)
Es decir, en la hostería.
Entiendo. Usted lo decia....
así.... por antonomasia. —
Se lo diré al amo mió,
y en el corazón me pesa
de que no se honre su mesa
con tan respetable tto.
¡Fh! ISo gusto <lc lisonjas.
¡Si no lo hago por cumplido!
No. Mi corazón....
¿Has sido
demandadero de monjas?
No señor, pero sirviendo
á un amo interesantísimo,
dulcísimo, amabilísimo....
¿Entiende usted....
Sí; ya entiendo. —
Pues yo soy como un erizo,
y me apesta e¿e importuno
lenguage.
¡Pche!... Oda uno
es....
¿Eh?
Comí/ Dios le hizo.
Y sepa el sandio, el moscón,
el cernícalo....
(¡Qué nombres!)
Yo....
Que tengo de los hombres
amables mala opinión.
(¡Clavado llevo en el alma
el anónimo funesto!) (Se leíanla.)
(Se levanta. Se irá presto.)
¡Voto á briós....
Tenga usted calma....
Tú serás tan buena pieza
como él.
Señor.... (Con cara risueña.)
No sonrías.
Señor.... (Haciendo cortesías.)
Menos cortesías
ó te rompo la cabeza.
(¡Qué Nerón!... ¡Y habrá hecho un viüge
muy feliz!)
Llaman.... Sin duda
son los mozos. — Corre; ayuda
á descargar mi equipage.
¿Equipage? ¿Se establece
usted aquí!
Por supuesto.
Pues ¿dónde?
(¡Malo me he puesto!)
Señor, á mí me parece....
No te pido parecer.
Pero estando mi amo ausente....
Cuando yo lo hago, insolente,
es porque lo puedo hacer. —
ISo ha de hacer tu amo una afrenta
á un tio....
No es regular,
mas....
De quien puede heredar
diez mil ducados de renta.
(¡Qué oigo!) Voy, voy al instante....
(¡Diez mil!) Tendrá mucho gozo,
mucha.... (Saliendo por el foro.)
¿A ver? Que entre ese mozo.
¡Aquí!... ¡Por aquí! (Desde adentro.)
ESCENA XIV
(DON MATEO.)
¡Tunante!
Me creyó huésped molesto
y se hacía el sueco, el tonto...;
¡pero mire usted qué pronto
ha desarrugado el gesto!
¡Poder de diez mil ducados!...-
Mal presagio; mal estreno.
No debe de ser muy bueno
quien tiene tales criados.
El anónimo me inquieta.
¿Cómo sabré si mintió....
Para esto quisiera yo
la policía secreta.
DON MATEO. FROILAN.
Ya lian dejado los baúles
en el cuarto mas bonito
de la casa y felicito....
Ya he dicho que no me adules.
(Merece qup le responda
una fresca.)
Hasta mas tarde.
Diré á mi amo....
Que me aguarde,
ó vaya á verme a la fonda.
ESCENA XVI
(¡Qué tio tan regañón y qué malas pulgas tiene! ¡Y dígole á usted que viene en la mas linda ocasión.... ¡Ahí es nada! Si averigua que hay pasadizo y tramoya.... esta casa va á ser Troya, y mas fatal que la antigua. Quizá vuelva antes que el amo. Si coge desprevenida a la nina consabida.... — Bueno es prevenir.... Yo llamo.)
(Llama á la puerta secreta.)
(¡No sea que en mis espaldas la nube caiga después.... Vienen corriendo.... Ella es, que siento crugir las faldas.)
ESCENA XVII
(CARLOTA, FROILÁN, CARLOTA, DON PLÁCIDO, ¿ERES TÚ, FROILÁN.)
Señorita, hay novedades.
¿Cómo!... ¿Y tu amo?
No ha venido
todavía. — Usted ya sabe
sin duda que hoy ha llegado
una hermana....
Sí; adelante.
Pues tenemos otro huésped.
¿Otro huésped?
Y no es fácil
negarle ya la posada,
que sin mas ni mas invade
nuestro territorio y ya
le han traído el equipage.
¿Forastero?
Tal parece.
Y ahora ¿dónde está?
En la ralle.
Dice que hoy come en la fonda
de Europa, y vendrá á la tarde.
¿No ha dicho quién es?
Sí; un tio
de don Plácido; ¡un vinagre
de tio....
(Sin duda es el.)
Por cierto es raro^ontraste
que un sobrino tan melítluo
tenga un tio semejante.
¿No ha dicho cómo se llama?
Yo le llamaría cafre;
él se llama don Mateo....
(¡Él es!)
Pérez.... ó González....
de Osorio.
(Muy bien. Mi anónimo
hizo efecto.) Fuerte trance
seria si, con efecto,
es adusto su carácter....
¿Que si lo es? Como que él mismo
se ha comparado en lo suave
al erizo.
¿Sí?
V detesta
á las personas amables.
c(v)ué me dices!
Yo lo sé
de su propia boca.
¡Diautrc!
Figúrese usted.... ¡El pobre
de mi amo....
Ya.
Que es un ángel
¡Pues!
Y usted que es una malva..
Cierto.
Y yo de azúcar candi....
Es verdad.
Con él estamos
espuestos á ser tres mártires.
Dios protegerá tal vez
á la inocencia.
No obstante,
como puede suceder
que aquel corazón de jaspe
lleve á mal que simpaticen
dos almas interesantes,
me ha parecido prudente
avisar á usted....
Bien haces,
y te lo agradezco....
Pues....
¡ojo avizor, que asan carne!
ESCENA XVIII
(Todo va perfectamente. He puesto una pica en Flandes con la venida del tio. La cartita era de padre y señor mió: no es mucho que venga echando volcanes. El tio y mi buena amiga son mis fuerzas ausiliares, y ahora sí que estoy segura de confundir á ese infame. — Come en la fonda de Europa y no vendrá hasta la tarde.... Bueno es saberlo. {Mirando á la mesa.))
(¿Targeta? {La toma.))
(Él la habrá dejado. {La Jee.) ¡Calle! ¡Ventura Garay! ¿Es sueño? ¡Pobre Venlurila! ¿Qué aires me le han traido á Madrid?)
(Suelve á poner la tarjeta donde estaba.)
(Sin duda viene á buscarme. ¡Es tanto lo que me quiere!... Yo no le hablé de mi viage, porque me importaba mucho que no lo supiese nadie. Ni me despedí siquiera.... Pensaba luego avisarle.... ¿Sabrá ya mi domicilio? ¡Son tan linces los amantes!... Mas no, que hubiera llamado á la otra puerta. — Algún lance con Plácido.... ¡Ah! Toda tiemblo. — ¡Eh! ¿por qué? Acaso le trae la Providencia también para realizar mis planes. Él volverá por aquí, pues la visita hizo en balde. Le hablaré y.... tres contra uno, ya no es dudoso el combate.)
(t-rase por la puerta secreta.)
(¿g^CÍO Síptifo)
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(DON PLÁCIDO, FROILÁN.)
¿Y dijo que volveria?
Sí, señor.
¡Pobre Ventura!
(¿A qué vendrá ese menguado
á la corte? Traerá alguna
pretensión... ¡Eh! ¿qué me importa?
El tio es el que me asusta.)
¿Con que tan mal humorado
viene el viejo?
Hecho una furia.
Siempre tuvo esos arranques,
pero en pasando la murria
se hace de él lo que se quiere. —
(Venirse aqui desde Marcia
sin escribirme primero...
¿Qué intención será la suya?)
¿No te dijo á qué venia?
No señor. Mi catadura
le disgustó desde luego —;
¡vea usted que error, qué injuria! —;
y solo el saber su nombre
me costó cinco preguntas.
No lo estrañes. Fatigado
del cansancio y de las sucias
posadas y los monótonos
cascabeles de las muías...
Y, ademas, esos señores
que ya gastaban peluca
en el año diez y seis,
y gozan pingües tahullas
de regadio, y cortijos
y molinos de aceituna,
no tienen obligación
de ser amables.
Sus pullas
ya me iban amostazando,
á pesar de mi dulzura
natural, y si tan pronto
no declara que disfruta
diez mil ducados de renta,
le piauto en la calle.
Mucha
necedad hubiera sido.
¡Pues!
¡Qué deliciosa zurra
te has perdido!
¿Sí? ¡Qué lástima!
Pero si el que está á las crudas,
también, según el adagio,
debe estar á las maduras...
Entiendo. Toma ese par
de duretes.
(Tomándolos.) No me gusta
desairar á nadie.
Ahora
no sé si vaya en su busca,
ó le espere... Soy perdido
si sabe mis aventuras
amorosas. ¡Y esa hermana
que en tan mala coyuntura
se me encaja aqui!... Si hallase
algún medio, alguna industria
para alejarla...
Ya poco
puede tardar como cumpla
su palabra.
Me he negado
una vez, mas la segunda
no es faril... Creo que llaman.
Si, señor. Ella es sin duda.
¿Qué hago? ¿La despido?
No,
que pudiera la repulsa
salir me cara si el tío...
Dila que entre.
ESCENA II
(DON PLÁCIDO.)
Por fortuna
él no está aqui, y como ahora
esa mosca me sacuda,
veremos... Ya viene. ¡Aqui
de mi fraternal ternura!
ESCENA III
(DON PLÁCIDO, TERESA, TERESA, DON PLÁCIDO.)
(Abrazándola.) ¡Hermana! ¡Oh dia
feliz! j. enturoso lazo!
(¡Dios me perdone el abrazo!)
Hermosa estás, á fe mia.
No te hubiera conocido.
Tampoco yo á tí.
Ya ves;
desde el ano veintitrés
sin vernos... ¡Cuánto has crecido!
Mucho.
Te deje chicucla...
¿Creias tú — ¡cosa estrana! —
que aun estaría lamnfia
como cuando iba á la escuela?
¡Cuánto de verle me gozo!
Pues yo creia que no.
¡Injusta!... Yamos, y yo
¿qué tal estoy...
¡Guapo mozo!
(¡Si tuviera el corazón
como el rostro...!)
Fue preciso
separarnos. ¡Dios lo quiso!
(¡Aun va á llorar el bribón!)
Huérfanos en tierna edad...
¡Padre amado!
¡Ay madre mia!
Cargó conmigo una tia...
Y otra amparó mi horfandad.
Surcando yo el mar salobre...
Yo en una humilde borrica...
Busqué á mi tia...
¡La rica!
Y tú á la tuya...
¡La pobre!
Vuelta á levante la quilla...
Un arriero de Lucena...
Desembarqué en Cartagena...
Me desenfardó en Sevilla.
Desde entonces...
¡Ni una leve
carlita de cuando en cuando...
¿Qué quieres! Siempre estudiando...
(Con el diablo que te lleve.)
Y al dolor de nuestra ausencia
se agregó después la muerte
de mi tia... ¡Infausta suerte!
Y el consuelo de su herencia.
Yo te escribí mis apuros...
Sí, pero no me escribiste
que dejó mandado...
¡Ay triste!
Que me dieses diez mil duros.
La fuerza del sentimiento...
¡Venga mi dote!
Hija mia,
aquella manda tardía
no consta en el testamento.
Yo me podría oponer
a dártela y con razón.
Y no es otra tu intención.
Pero hazte cargo, muger...
¿Me harás pleitear contigo?
¡Oh! no. Por medios mas suaves..
Hay un testigo. ¿Lo sabes?
No hace fe un solo testigo.
Yo, que en tu bien me deleito,
te lo prevengo. Hazte cargo
que en justicia...
Sin embargo,
yo espero ganar el pleito.
¿Cómo...
No estés tan tranquilo.
Seguro tengo el legado.
(¡Cielos! ¿si se habrá encontrado
después algún codicilo?)
Ya veremos lo que alegas
ante un juez.
Pero repara...
Y si niegas cara á cara
lo que por cartas me niegas...
¡Eh! no te acalores, hija.
(Si viene el otro, es capaz.. )
Mejor es que en santa paz
el asunto se transija.
Veamos...
Ahora está
muy atrasada mi casa;
la cosecha ha sido escasa;..-
las contribuciones...
Ya.
Mas si hoy la suerte me agobia,
ya verás... Antes que pase
este mes... Cuando me case...
(Falta que quiera la novia.)
¡Ah! ¿vas á casarte?
Sí.
Sea en hora buena. — ¿Pero
no era justo que primero
me acomodases á mi?
Ten paciencia por ahora.
Deja que la novia llegue,
y cuando el dote me entregue,
que es lo que á mí me enamora...
(¡Traidor!)
Como buen hermano...
¿Es bel la?
Dicen que sí,
mas yo tengo para mí
que ha de ser fea.
(¡Villano!)
¡Ah... No será maravilla
que tú la conozcas...
¿Yo?
Porque ha un año que fijó
su residencia en Sevilla.
Es fácil. Si me dijeras
su nombre...
Teresa Orozco.
¿Orozco?... No la conozco.
(¡Mas de lo que tú quisieras!)
Vamos, y ¿qué habitación
me has destinado? Yo vengo...
¡Ay... no puede ser. No tengo
en mi casa proporción...
¿Cómo! ¿Tendrás á desdoro
que yo habite estas paredes?
(¡Qué apuro!) Es que..., aqui no puedes
hospedarte con decoro.
(Ahora es fuerza que me engergue
algún embuste.) ¡Inhumano!
¿Posible es que siendo hermano
me niegues hasta un albergue...
No es falta de caridad,
querida mia; es que estoy
comprometido... (La voy
á engañar con la verdad.)
¿Quien se opone á tus deseos?
Cierta dama... No te alteres.
Soltero, joven... ¿Qué quieres!
Tiene uno sus trapícheos...
¿Qué me dices! (¡Insolente!)
Yo, que tu virtud contemplo,
no quiero que el mal ejemplo...
(¡Hasta en las verdades miente!)
Yo despejaré el terreno.
Quédate en el parador
unos días...
¡Olí rubor!
Y luego en mi amante seno...
¡Basta!
No soy tan maligno
cual juzgas. — ¿Quieres dinero?
¡Oh! basta, digo. No quiero
nada de tí; ¡nada, indigno!
Con justa raaou me acusas,
pero...
¿En tu casa hay guarida
para una muger perdida,
¡y á una hermana la rehusas!
Vamos, no te desazones.
¡Si lo hago por tu interés!...
(¡Pobre Carlota! Después
te pediré mil perdones.)
¡Adiós! Huiré de esta villa
por no ver tanto egoísmo.
¡No es eso...
Mañana mismo...
¡Oye!
Me vuelvo á Sevilla.
(¡Plegué á Dios!) ¡Qué ingratitud!
¡Si digo...
¡Aparta de mí!
¡Ahí...
Ya he dicho que de tí
no quiero ni la salud.
¿Es posible!... (¡Oh si dijera:
«ni la dote»!) Me atosigas,
muger. Yo...
¡Adiós! — ¡No me sigas!-
¡Adiós para siempre!
¡Espera!
DON PLÁCIDO.
¡Qué humos tiene! — ¿Pero yo
la he podido recibir
con mas amabilidad?
¿Podia exigir de mí
mayor prueba de carino
que confesar mi desliz
para evitar que en mi casa
se arme una guerra civil
y para que no se ofenda
su pudor... Mas ¡qué feliz
idea, y cómo me aplaudo
de que sea tan cerril
su virtud! — ¿Y será cierto
que se marche de Madrid
mañana, sin reclamar
aquellos maravedís?
Harto será... ¡Eh! por de pronto
mi deseo conseguí,
pues se aleja de mi lado
y no volverá á venir.
Por lo visto, ella no sabe
que don Mateo está aquí,
y mucha casualidad
seria... Vuelven á abrir
la puerta... (Mirando adentro.)
El es. ¡Otra vez
está mi vida en un tris!
ESCENA V
(DON PLÁCIDO, DON MATEO.)
(Saliendo al encuentro ds don Mateo con los
brazos abiertos.)
¡Sea usted muy bien venido,
tio del alma!
¡Alto ahí!
t Yo no recibo en mis brazos
A un sobrino malandrín
que, con la miel en los labios,
tiene alma tan baladí.
¿Qué es esto, querido tio?
¡Ahí es un grano de anis!
Al oir esas palabras
siento á mi rostro salir
los colores.
¿De vergüenza...,
ó de miedo? ¡Galopiu!
¡Ab! ¿Que delito es el mió
para que me trate así
un tio á quien amo tanto?
No me mires de perfil,
jesuíta. Abre los ojos
y levanta la nariz.
¡Válgame Dios...(¿Si habrá visto
á mi hermana?) Juro rail
y mil veces...
¡Embrollón!
Algún enemigo ruin
acaso...
El ruin eres tú.
Aunque tan lejos de tí,
no ignoro tus fechorías.
Siempre he seguido el carril
de la virtud y los principios,
las máximas que aprendí
de mi buen tio, á quien siempre
he humillado la cerviz...
¡Calla, hipócrita! ¿Son máximas
que has aprendido de mí
la seducción, la perfidia
y la infame coucupis...
¡Dios mió!
Concupiscencia. —
¿Me dejarás concluir? —
¡Tener una novia, orillas
del Betis... ó del Gonil,
y orillas del Manzanares
engañar á otra infeliz!
(¡Ah!... ¿Si hablará de Camila?)
¿Hiciera mas un visir?
¡Señor... (¿Quién me habrá vendido?
El criado... El albañil...
Mas... ¿si hablará de la otra;
la de la red de San Luis?)
¿Callas! Ya estás confundido.
Estoy confundido; sí,
pero es de ver que se muestra
mi buen tio tan hostil
cuando mi conciencia...
¡No hables
de conciencia!
Pero, en fin,
¿qué pruebas...
(Dándole una carta.) Toma esa carta,
y atrévete á desmentir
lo que dice.
(Después de dar una ojeada á la carta.)
Es un anónimo
que viene sin firma y sin...
Lee, sin embargo.
(Lee para sí don Plácido.) (Aunque jure
que es mas santo que David,
su pecado es evidente,
porque si no fuera así,
cojeria con las manos
el cielo, voto á San Gil,
que el hombre honrado no puede
sin indignación oir
una calumnia.)
(¡Respiro!
No denuncian el ardid
de la chimenea. El chisme
no pudo salir de aquí.)
j Acabas?
(Con rostro airado.) Sí.
(Ya su cara
va tomando otro barniz.)
(Estrujando el papel.)
¡Iniquidad!... (Ya es preciso
bramar como un jabalí.)
Si yo supiera quien es
ese cobarde, ese vil
detractor...
(¡Bien!)
¡Vive Dios
que, aunque fuera el mismo Cid,
arrancarla su lengua
de venenoso reptil.
(¡Bravo! Prefiero esa cólera
de enfurecido mastín...)
¡Horror!...
(A aquella risita
de estrado de regaliz.)
¡No le tuviera en mis manos
como á este infame pasquín!...
(Rompe la carta.)
(¡Rompe la caita! ¡Patea!...
Eso vale un Potosí.)
¡Ah, tio..., perdone usted!
No be podido reprimir
mi justa saña.
¡Bien hecho!
Yo apruebo tu frenesí.
Yo sabré justificarme...
Lo creo.
Aunque ¡voto al...
¡Cliit!...
No jures.
Que usted me ha hecho
una horrible cicatriz
en el alma, y a no ser
mi tio...
¿También á mí?
¡Soberbio!
Le pediria
con espada... ó con fusil
la formal satisfacción...
Magnífico! — Ven aquí;
ven a mis brazos... (Le abraza.) Perdona.
Mi sospecha fue pueril...
Yo te absuelvo.
No hace usted
mas de lo que debe.
Sí,
sí, hombre. Ahora, si los dos
por fuerza hemos de reñir...
¡Oh! no; con usted jamás! —
Pero juro á San Crispin
que si otro...
Vamos; sosiégate.
Nunca á un mancebo gentil
faltan rivales. Apuesto
a que algún chisgaravís...
ESCENA VI
(DON PLÁCIDO, DON MATEO, FROILÁN.)
Señor, aquel don Ventura...
Me voy. No quiero impedir...
No, señor. ¡Si es...
Sin embargo...
(A Froilan.) ¿Dónde está mi cuarto?
(Señalando desde el foro hacia la izquierda
del espectador.)
Allí.
Un condiscípulo...
Vuelvo.
Tengo mucho que escribir...
¿Le digo que entre?
Sí.
(Apretando la mano á don Placido.)
¡Adiós!
¡Qué nervio tan varonil!
¡Así quiero yo a los hombres!
¡Señor... I
DON PLACIDO.
Vamos; ya salí
del conflicto. ¡Precisarme
a echarla de puerco-espiu
siendo yo tan dulce.... Y jvaya!
que para ser aprendiz
no me he portado tan ma).
(Aparecen en el foro don Ventura y Froilan.)
¿Por aquí?
Sí; por ahí.
ESCENA VIII
(DON PLÁCIDO, DON VENTURA.)
(Abrazándole.)
¡Plácido mió!
¡Gara y!
Vengo á hacerte una visita....
(Mal pelage. La levita
es de paño de Ezcaray.)
¡Usté por Madrid!
(¡Usté!)
Sí, amigo mió; aquí estoy
para lo que gustes. Hoy
bá ocho dias que llegué.
¡Bravo! Ignoraba el arribo....
¿En berlina?
En la rotonda.
(¡Hum!...) ¿Paraste....
En una fonda
donde me desuellan vivo.
¡Ladrones! No tienen ley....
¡Qué cuentas! ¡Oh! meten miedo,
y eso que yo no me escedo
de sota, caballo y rey.
¡Qué! ¡Si son unos tiranos....
Hoy duermo ya en otro asilo.
Me alegro. ¿Vas de pupilo....
Sí; á la calle de Gitanos.
(¡Puf!) ¡Oh! en el centro....
Ya ves;
me dan por una simpleza
mesa, cama, luz, limpieza....
¿Cuánto?
Ocho duros al mes.
¡Hola! Es chiripon.... tamaño.
(Harto será que tú aplaques
allí la carpanta y saques
la barriga de mal año.)
(Mirando la habitación.)
(¡Caramba, esto sí que es regio!)
Supe que estabas aquí,
y recordando que fui
tu compinche en el colegio....
(¡Malo!)
Acudo á tu amistad....
¡Oh! sí; mi amistad es grande;
deseo que usted me mande,
pero.... la fatalidad....
Solo habia un aposento
disponible, aunque sombrio,
pero ha llegado mi tio
y ha sido fuerza.... Yo siento....
Mi mesa es de usted sin tasa,
haya salmón ó judías,
pero.... los mas de los dias
cómo fuera de mi casa.
Gracias. Aun tengo unos cuartos
y puedo ir tirando....
¿Sí?
¡Huya usted del juego! Aquí....
No pienso....
Hay muchos lagartos.
(No se habla mejor á un hijo.)
Y en ese viage molesto
¿qué es lo que usted se ha propuesto!
¿Yo?... No lo sé á punto fijo.
(Es una alhaja este mozo.)
Yíctima de una pasión,
fue mi primera intención
dar con el cuerpo en un pozo.
¡Hombre de Dios!... Según eso,
algún desgraciado amor
es la causa....
Sí seüor:
me enamoré; lo confieso.
¿Y de quién! De una tirana
que sin más ni mas me deja
plantado y se.... trasconeja
de la noche á la mañana.
¿Cómo!... (¡Soberbia conquista!)
Lo que oye usted. Me dio poste
sin decir oste ni moste.
Y usted seguirá la pista....
¿Qué he de seguir? Sé yo el rumbo
que tomó la fementida?
¿Sé yo acaso su guarida?
¡Se fué! ¡Ahur! ¡Troné! ¡Sucumbo!
(¡Qué original criatura!)
¿Le amaba á usted?
¡Ay de mí!...
Lo decia.... Lo creí....
¡Oh Ventura sin ventura!
Cansado de hacer pesquisas
buscando su paradero,
y de sudar, no pondero,
cada dia tres camisas;
yo ¡menguado! que estoy hecho
desde que dejé la beca
á correr de ceca en meca
y en ningún clima pelecho,
busco trescientos ducados,
con usura me los dan,
y me vengo.... á donde van
todos los desesperados;
á Madrid, donde mi estrella
no sé lo que me prepara,
pues solicito una vara....
¡y quizá me den con ella!
¿Qué se yo.... En mala sazón....
Todos han dado en el hipo
de pretender....(Mirándole con malicia.)
(¡Ah! — ¡Buen tipo
para la boda en cuestión!)
Pero yo estaré al cuidado....
¡Gracias....
(De perlas nos viene)
Sí, sí; ya veremos.... (Tiene
cara de.... predestinado.)
Si me desahucia el gobierno
como mi infiel fugitiva,
llorando á lágrima viva
pasaré todo el invierno.
¿Quién llora por una ingrata?
¡Ah!...
Mude usted de bisiesto.
¿Una nos deja? Otra al puesto.
Lo demás es patarata, —
No estará la desertora
sin otro galán al canto.
¿Cómo! ¿Cree usted....
¡Y tanto
como lo creo!
¡Traidora!
Ni hay motivo en realidad
para culpar su egoismo,
que querer siempre á uno mismo
es de mala sociedad.
¡Oiga...!
Entre usted en la moda
y olvide á esa coquetilla,
que tal vez en esta villa
le espera á usted mejor boda.
¿A mí! Ni aqui ni en Varsovia
espero yo....
Sin embargo,
¿qué sabemos.... Yo me encargo
de buscar á usted la novia.
(Con alegría.)
¿Joven?
Sí.
¿Bella?
Un curanto.
¡i Pobre?... (Con abatimiento.)
No vendrá descalza.
(Es muy sandio. Este no se alza con la limosna y el santo.)
Sin empleo, ¿con qué cara
pretendo yo a una ruuger?
Poco tengo de poder
ó consigue usted la vara.
Mas ¿podré amar á ninguna
después que....
Sí tal; ¡preciso!
Sea usted dócil, sumiso,
amable,... y hará fortuna.
Yo siempre he sido una malva.
Bien se conoce.
¡Eso sí!,
y el que me haga mal á mí
crea usted que no se salva.
Tal soy yo. Para cordero
solo me falta el vellón.
¡Ah! sí; ¡y qué buen corazón!
¡Qué amigo tan verdadero!
(Vamos; ¡si vale un Perú!)
Crea usted....
Es sacrilegio
tanto.... usted. En el colegió-
nos hablábamos de tú.
Ya no se estila el tuteo
entre amigos de buen tono, —
mas la etiqueta abandono
(JLc abraza.) cuando en tus brazos me veo.
El corazón me penetra
tanto amor....
Las simpatías....
A propósito; tenias
de chico muy buena letra.
Pues ahora es sobresaliente,
que la he mejorado mucho.
Siempre he sido yo muy ducho...
(Me servirá de escribiente.)
Pues, hombre, si con urgencia
copiaras limpio y correcto
un borrón mió, un proyecto....
¿De qué?
De beneficencia.
Es todavía un misterio
y no quiero que trascienda....
Haces bien.
Y que otro venda
mi trabajo al ministerio.
¡Vaya, no faltaba mas
que estando yo aquí....
En efecto.
¡Volando! Venga el proyecto
y en un instante, zís, zas....
¡Cuánto te agradezco.... Ven.
(Se lo lleva hacia la puerta de la derecha y señala hacia dentro.) Allí está en aquella mesa.
Seis pliegos.... Una futesa.
Si dudas algo....
Bien, bien.
Me das parte en tus quehaceres
secretos — ¡fineza rara!,
y una muger, y una vara.... (Abrazándole.)
¡Oh, Plácido! ¡Un ángel eres!
ESCENA IX
(DON PLÁCIDO.)
¡Qué hallazgo! ¡Qué adquisición!
Ese mozo es un modelo
en su clase. No pudiera
imaginar mi deseo
vocación mas decidida.
Esto se va disponiendo
perfectamente. Ya el iris
luce apacible y sereno
donde tantos nubarrones
me anunciaban un deshecho
temporal. Ya no me aterra
la bilis de don Mateo.
Mi hermana....
DON FIACIDO. DON MATEO.
Señor don Plácido,
muy sobrino mió y dueño,
permita usted que le diga
con el debido respeto....
¡Tío! ¿Qué lenguage es ese?
(Otra tempestad me temo.)
Permita usted que le diga
que es un descastado, un perro,
un caribe, un asesino.
¡Qué sarta de vituperios!
¿Otra calumnia tal vez....
¡Eh! no me hagas aspavientos.
Ahora estoy bien informado
y ¡por vida de mi abuelo....
¡Señor...
¿Por qué no me has dicho,
hipocriton, trapacero,
que hoy ha venido tu hermana....
Mi hermana.... (¿Cómo lo niego?
Sin duda le ha visto....; Pérfida!)
Vamos, ¡habla!
Con efecto,
vino.... Se lo iba á decir
á usted, mas no tuve tiempo....
¿Ibas también á decirme
que con frivolos pretestos
la has echado de tu casa....
¡Yo, señor....
¡Calla, perverso!
¿La ha visto usted?
No la he visto,
ni ella ha tenido el consuelo
de saber que está en Madrid
su tio.
(Del mal el menos.)
Mas confirma tu vileza
una prueba, un documento....
¿Documento....
Sí; una carta
de su puño y letra.
(¡Cielos!)
(Saca una carta.)
Mírala. Esta no es anónima.
Mira el sobre. (Leyéndole.)
«A don Mateo
Pérez de Osorio."
Sí.
"Murcia."
Ahora la verás por dentro
que es lo esencial.
Pero ¿cómo....
Por el buzón del correo
la hubo de echar, por lo visto,
pero hay allí algún sugeto
que me conoce sin duda
y sabe mi paradero.
Ello es que la he recibido
con otras, hace un momento,
y doy infinitas gracias
á Dios, que así lo ha dispuesto
para que no se retarde
tu merecido escarmiento.
Juro á usted...
Toma la carta;
lee, y no jures, blasfemo.
(Toma la carta D. Placido y la lee fiara sí.) (Ahora no seria estraño
que también saliera cierto
!o que decía el anónimo.)
(«Mañana mismo me vuelvo
á Sevilla...»)
(¡El Placidito!)
(¡Se va de veras! ¡Me alegro!)
(Quien reniega de su sangre
no es capaz de nada bueno.)
(Quejas, súplicas, baldones...,
mas se deja en el tintero
la imprudente confianza
que hice de ella. — ¡Bien! Aun puedo
conjurar esta tormenta.)
¿Has acabado? ¿Estás lelo?
(Volviendo ¡a caria á don Mateo.)
INo, afligido. Ahora podrían
ahogarme con un cabello.
¿Otra vez vuelves al tono
sentimental y patético?
¡Voto á briós...
¡Que asi me trate
sabiendo cuánto la quiero!
Yo no la eché de mi casa,
sino que ella tiene un genio
tan vivo y tan... Verá usted.
Me pidió con mucho fuero
la dote...
Pide lo suyo.
Sí; pero...
Pide en derecho.
Sí, señor, sí; pero, al caíio,
no consta en el testamento...
Bien; pero yo fui testigo
de la manda...
No lo niego;
y yo, con manda y sin ella,
la hubiera dotado, pero...
¡Y la dotarás!
No digo
lo contrario: estov en ello...
¡Y la dotarás!
Pero ella
quoria boy mismo el dinero...
¡Escusas...
Y lo pedia
diciéndome mil denuestos...
No es posible.
Yo la dige
con buen modo...
No te creo.
Que ahora me encuentro sin fondos
disponibles...
¡Embustero!
¡Tio!... (Vuelvo á enfurecerme, (Airado.)
que antes surtió buen efecto.)
Señor tio, mire usted
como habla. Yo no tolero
insultos de nadie.
¿Cómo!...
¿A mí me vienes con fieros? —
Pero ya entiendo la táctica
y como soy perro viejo,
ni me engatusas humilde
ni me intimidas soberbio.
Pero... (Estoy.desconcertado.)
Pero ¡decirme que miento...
Sobrino, obras son amores
y no farsas ni embelecos.
¿Pero tengo yo la culpa
de que ella echando veneno
y sin oir mis razones
se fuese...
Basta. ¡Acabemos!
¿Deseas justificarte?
Sí, señor.
Pues aun es tiempo.
Busca á tu hermana.
¿Y adonde
iré...
¿Qué sé yo? Al infierno.
A los paradores...
¡Si hay
en Madrid mas de doscientos!
Corre á la administración
de diligencias.
No espero...
Ella ha de marcharse en una
diligencia: no hay remedio.
Si no en la de catalanes
irá en la de caleseros. —
Hoy mismo te reconcilias
con ella, y vuelve á tu seno,
y la afianzas los diez mil
del pico..., ó te desheredo.
Pero...
No hay pero ni pera.
Mientras yo doy un pasco
á la fuente Castellana,
corre tú, bebe los vientos
en busca de tu bermanita
y traela aqui, ó te prometo
que te has de acordar de mí...
¡Tio! (Suplicante.)
{Dándole un embion y yéndose por la puerta
del joro.)
¡Eh! Quítese de enroedio.
ESCENA XI
(DON PLÁCIDO.)
¡Diablo de tio!... Me pone
en el mas terrible aprieto...
¡Cielos! ¿por qué no volcó
en algún despeñadero
la góndola que le trajo
para darme á mí tormento?
¡Y no hay recurso! Es preciso
buscar á mi hermana, y presto,
V colmarla de caricias,
¡y soltar los diez mil pesos!
¡Me dan sudores de muerte...
Voy, voy á ver si la encuentro...
Ya lo deseo mas que él.
¡Qué atractivo, qué embeleso
tiene el amor fraternal
cuando es asi... tan sincero
y espontáneo como el mió!
¡Qué! Se chupa uno los dedos...
¡Maldición!... Pero ¿y Camila?
Ya sin inminente riesgo
lio es posible...
(Llama d la chimenea.) ¡Oh Providencia,
cuántos favores le debo!
ESCENA XII
(DON PLÁCIDO, CARLOTA.)
Presente.
Camila...
¿Cómo
tan sobresaltado?
¡Qué!
¡Si no es nada! ¿No estás vienrlo
esta sonrisa de miel...
sardónica...
Cierto. (Asi
se sonríe Lucifer.)
Oye, y no perdamos tiempo.
Ya no es posible que estés
á mi lado.
Pues ¿qué ocurre?
Vino mi hermana otra vez.
¿Sí?
No la quise alojar...
¡por tí!; reñimos; se fue;
y vino también mi tio,
y también reñí con él,
y luego hicimos las paces,
y vuelta á reñir después
por una carta... ¡Mal haya
el inventor del papel!
(¡Bien! La carta ha dado lumbre.)
¿Carta decías?... ¿De quién?
De mi hermana.
¿A quién?
Al tio.
(El cartero ha sido fiel.)
Ya sabe... Pero urge el tiempo.
Mas despacio te daré
esplicaciones... Exige
que la busque sin perder
un momento y que la hospede
aqui, en mi casa; y ya ves
que es incompatible...; y si hoy
no «luto á mi hermana en diez...
diez mil.,, diez mil pesos fuertes,
me deshereda el cruel. —
¡Y es un Creso! — Y lo peor
del asunto es que no sé
por donde echarme á buscar
á esa desdichada.
¡Pues!
Y con plantarme en la calle
lo arreglas todo. ¡Muy bien!
Hija, ¡si es preciso.
¡Ingrato!
¡Ahora falta que tú des
en la Hor de declararle
en contra mia también
y me saques del apuro
ofreciéndome un cordel!
¡Echarme para que ecupe
mi lugar otra muger...
¡que sabe Dios si sera
tu hermana!
¡Oh! sí que lo es.
Cuando salí de Sevilla
tendría ella sobre seis
ó siete anos. Desde entonces
no la habia vuelto á ver;
tampoco la conocía
mi tio, pero el papel
que he leido hace un momento
es de su letra, doy fe;
que hartas muestras de su pluma
me e»tá dando cada mes
en cartitas cariñosas...
que maldiga Dios amén.
(¡Ah vil!) Me ocurre una idea.
¿Una idea?... ¿A ver, a ver...
Si tu tio no la ha visto...
JNi ahora ni nunca.
¿Pues quién
nos impide que le demos
gato por liebre? Seré
para contigo tu amante,
tu hermana para con él.
¡Magnífico pensamiento!
Asi le prendo en la red
que me tiende. No buscando
á la otra... no la hallaré.
Ella se marcha mañana;
aqui no piensa volver... —
Pero él la puede encontrar...
(Llamando.) ¡Froilan! Yo corro...
(A Froilan que llega por el foro.) El bombé.
(Fase Froilan.) A la fuente Castellana
dijo que iba... Ks menester
seguirle, encontrarle... Adiós. —
Te encargo mucho que estés
prevenida...
No hay cuidado.
Ya sabes su nombre...
Bien.
¡Oyes! Supongo que tú
no me apremiarás....
¿Porqué?
Por lo del dote.
(¡Ahí te duele!)
Vaya; ¿habia yo de ser
tan tonta.... (como tú?)
A Dios. —
¡Ah! me olvidaba.... Un Babel
es m> cabeza. Ya tienes
marido.
¿Cómo....
¡Y qué buen
muchacho!
¿Quién....
Hablaremos.
JNo me puedo detener.
(J^ase corriendo.) ¡Anda que eres un bendito!
Sin saber cómo ni cuándo
me estás tu mismo ayudando
á cogerte en el garlito.
Tú pagarás con usura
lo que be penado por tí.
ESCENA XIV
(CARLOTA, DON VENTURA.)
(Mirando un cuaderno qi e trae.)
No sé lo que dice aqui....
(Viendo á B. Ventura.)
j Ah!...
(Mirando á Carlota.)
¿Quién.... ¡Carlota!
¡Ventura!
¿Aquí usted! ¡Cuánto me alegro!
¡Eso dice en esta villa
la que me plantó en Sevilla
tratándome como á un negro!
Fue repentino mi viage
y me importaba el sigilo.
El alma tuve en un hilo
de aflicción y de corage.
¿Porqué? Aun soy la misma.
¡Ob perla!
¿Es posible....
Yo pensaba
escribir....
¡Ay que la baba
me cae otra vez al verla! —
Pero.... ¡usted eu esta casa!
Sí, señor.
¿Como inquilina?
Como buespeda y vecina.
¿Eh?... (¡No sé lo que me pasa!)
¿Conoce usted, por lo visto,
a don Plácido?
Sí, mucho;
pero él á mí, no.
¿Qué escucho?
Pues.... yo no entiendo.... ese pisto.
(Carlota se ríe.) ¿Se rie usted, inhumana?
Con eso nada averiguo.
Aqui soy.... género ambiguo.
Soy su amiga y soy.... su hermana.
¿Cómo.... Ahora me confundo
mas que antes. Si usted no esplica.
Tiempo habrá.
¿Qu¿significa....
Hijo.... cosas de este mundo.
¿Y usted no rompe el silencio?
¿Cuándo á Plácido trató?
Tiempo há. Fuimos él y yo
colegas en san Fulgencio.
Recordando su amistad,
averiguo donde vive,
vengo, le hablo; ¡y me recibe
con una amabilidad...!
¿Sí?
Me ha dado la incumbencia
de copiarle....
¿Ese proceso?
Es reservado....
¿Qué es eso?
¡Olí! Un plan de beneficencia.
¡Es mucha filantropía
la de ese hombre!
Y se declara
mi protector.
¿Sí?
Una vara
me ha ofrecido.
¿El!
A fe mia.
Tanta fineza inc agobia.
Me quiere con fanatismo.
¡Piensa casarme!
(¡Ah!...)
Y el mismo
me proporciona la novia.
(No espere tanto tesoro
de gracias. Bien, ¡oh! muy bien.
Me casa él mismo: ¿y con quiéu?
¡Con el dueño a quien adoro \)
¡Se queda usted pensativa!
¿Que le dijo usted?
No sé...
Pero yo solo amaré
á mi bella fugitiva.
(¡Pobre Ventura!) Pues, hijo,
no hay que despreciar la boda.
¿Cómo! ¿Usted no se incomoda...
¡¡Nada! Al contrario; lo exijo.
¿ISo tiene usted celos!
No.
¿Ya no me ama usted?
¡Ah! sí.
Pues... ¿cómo amándome á mí...
¡Simple! La novia... soy jio.
¡Qué gloria! Seré la envidia
de Madrid... Pero es estraño...
No temas ningún engaño.
Seria mucha perfidia...
¡Qué! ¿Me desairas?
¡Jamás! —
Pero...
¿Temes que haya duendes...
Yo...
Lo que ahora no.comprendes
después lo comprenderás.
Es (juc...
Si dudas de mi,
á convencerte me obligo
de que me caso contigo
porque soy digna de tí.
A obedecerte me allano,
pero...
Ni un vocablo mas.— «
Un sí muy redondo — ¿estás? —
si le proponen mi mano.
(Alelado.) Bien.
Mi vista no te asombre
si te presentan á mí.
INo me reconozcas, ni...
Bien.
Ni pronuncies mi nombre.
Bien.
Te quedas hecho un lelo...
como ahora.
Bien; muy bien.
Y dices á todo, amén...
y lia en mí y en el cielo.
Sí.
Y ahora es preciso...
Sí.
Que ya no charlemos mas.
Bien.
Vuélvete.
(Le hace dar la vuelta hacia la puerta de la derecha y le sujeta con el brazo izquierdo mientras aire con el derecho la puertat secreta.) Ahora te vas
por allí... (y yo por aquí.)
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(DON PLÁCIDO.)
(Sale por la puerta de la derecha con una carta cerrada.)
Aun no parece mi tio
y ya se viene la noche
encima. ¿Pónde estará?
En vano he corrido al trote
por dos veces el paseo
de la fuente. — Como es hombre
tan caprichoso, sin duda
hahrá tomado otro norte...
¡Ah! ¿Si habrá visto á mi hermana?
Todo se lo lleva entonces
la trampa. — Mas ¿qué remedio?
\a es forzoso que yo arrostre
los peligros de mi crítica
situación.
ESCENA II
(DON PLÁCIDO, FROILÁN.)
(F'roilan frac luces (pie deja sobre una mesa; otro criado las llena á las habitaciones de la derecha, retirándose pocos momentos después.)
Felices...
¡Oye!
Lleva esta carta al instante...
'Tomándola.) ¿A quién?
A quien dice el sobre,
majadero. — Y pues te dijo
cuando se marchó aquel joven
dónde vive, le dirás
á la vuelta que se tome
la molestia de venir
á las ocho.
Bien; de un golpe
dos mandados. Los haré
en menos de un Paler noster.
ESCENA III
(DON PLÁCIDO.)
No ha de negarme el ministro,
cuando voy á ser consorte
de su prima, un mal juzgado
de entrada para ese pobre
de Garay.
ESCENA IV
(DON PLÁCIDO, CARLOTA.)
(Sale por la puerta de la derecha.) ~ ¿Aun no ha venido
don Mateo?
No.
¡Demontre!...
Has hecho mal en salir.
La impaciencia...
JEs que me espones
á un chasco si por desgracia
buscando en los paradores
á mi hermana la ha encontrado,
y me la trae a remolque,
y de improviso...
No temas.
Él llamará...
Bien; te escondes
al oír la campanilla,
y luego que yo me informe
de lo que haya...
Soy tu hermana,
o me quedo con mi nombre.
Si conviene que lo sens,
te doy una voz, respondes,
sales...
Y sí no me llamas,
quictita. Estamos conformes.
Después le alejo de aquí...
Y yo, que lo observo inmóvil,
atravieso de puntillas
la sala, toco el resorte
consabido...
¡Ah! llaman... Vete.
(Entra corriendo Carlota por la puerta de la derecha.) Yo tiemblo como el azogue.
(Mirando desde el foro.) ¡Él es! — Pero viene solo.
ESCENA V
(DON PLÁCIDO, DON MATEO.)
Buenas noches.
¿Ha parecido tu hermana?
(¡Bravo!) Sí, señor.
(Con alegría.) ¿Y dónde,
dónde está...
La llamaré.
(A la puerta de la derecha.) Ven, nina. ¡Es el tio! ¡Corre!
ESCENA VI
(DON PLÁCIDO, CARLOTA, DON MATEO.)
¡Tio!
¡Amada sobrinifa! (Se abrazan.)
¡Qué hermosa! Mírala, ingrato.
Tío, yo...
El vivo retrato
de su madre dona Rita.
Sí tal. (¡Esta sí que es buena!)
¡No la he conocido yo!
No. Te dio á luz y murió
de sobreparto en Lucena.
(A don Placido.) Cinco años tendrías tú...
Sin embargo, bien advierto
la semejanza... (Si es cierto,
que me lleve Belcebú.)
Con que ¿al fin se hizo la paz?
Si, señor.
Usted lo ve.
¿Obras tú de buena fe?
¡Señor!... Yo no soy capaz...
Yo procedí de ligero
creyendo que sin razón
faltaba á la obligación
de hermano y de caballero.
Presumí que con desden
me recibia, y no hay tal;
y es que me esplicaba mal
ó él no me entendía bien;
y de uno en otro vocablo
tal se agravo la reyerta,
que airada tomé la puerta
como si huyera del diablo;
pero luego, hermano fiel,
me busca, hay esplicacion,
y él se viene á la razón,
y yo me vengo con él.
(Bien hace el papel. ¡Qué actriz!)
¡Bravo!
]Qv? raa' te juzgué,
Plácido! — Créalo usté:
mi hermano es un infeliz.
¡Cuánto sentí tus enojos! —
Dame otro abrazo.
(¡Al), Caifas!...)
¿Lo ve usted? Me quiere mas
que a las ninas de sus ojos.
(¡Qué tonto de capirote
es mi tio don Mateo!)
(Apretando la mano á don Plácido)
¡Bien! (Pues, señor, no le creo
mientras no suelte la dote.)
Darás, supongo, á tu hermana...
Sí. — ¿Qué tal se ha paseado?
¿Llegó usted...
Aquel legado...
¿A la fuente Castellana?
No. Mudé de parecer,
pues me ocurrió de repente
una diligencia urgente...
que me vas á agradecer.
¿Sí?
Tengo aquí un amigóte
escrihano, Juan Maluenda,
y le he mandado que estienda
una escritura de dote.
¿Pote? ¿Y cómo... ¿Para quién?
¿Para mi novia quizá?
No; para tu hermana.
¡Ya!
Bien... (¡Maldito seas!) ¡Bien! —
¿Y es usted el que la dota?
¿Eh?
(A Carlota.) Es un tio de honra y prez.
Pero...
Ahrazale otra vez,
Camila... Digo: Carlota.
Carlota soy; no Camila.
Fue distracción garrafal.
Es mi memoria fatal
para los nomhres de pila.
Como hice anos que vivís
ausentes...
¡Pues! ¿Quién remedia...
Ayer leí la tragedia
de don Dionisio Solís,
y romo en ella se llama
Camila...
Sí, si; ya infiero...
7, a protagonista; quiero
decir, la primera dama...
Basta. Ya es impertinencia
tanta escusa á un quid pro quó
Dice usted bien; pero yo...
(¡La conciencia, la conciencia!...)
F.so no vale un anís:
lo que importa, lo preciso
es la dote..., con permiso
de don Dionisio Solis. —
La escritura que yo traigo
no está otorgada por roí,
sino por tí.
¿Qué?
Por tí.
¿Caes en la cuenta?
(¡Ah!) Sí caigo.
La dote está reducida,
según rezan los guarismos,
b. diez mil duros; los mismos
de la manda consabida.
(¡Ah perro!) Yo...
Falla solo
la firma del otorgante.
¿Mi firma?...
Sí; en un instante...
Pero...
(Mostrando la escritura.)
Aquí está el protocolo.
Pero tio, ¿estoy yo á punto
de morir? ¡Válgame Dios!...
Ya hemos quedado los dos
en transigir el asunto.
Pero yo estoy por lo fijo,
y lo fijo es la escritura;
con que...
Pero, criatura,
si yo...
¡Nada! No transijo.
(Aparte con Carlota.) ¡Me pierdes!
No tengas miedo.
No entiendo de transacciones.
¡Lo dicho! Ahora mismo pones
la firma, ó te desheredo.
(Tomando la escritura.)
Firmaré con mucho gusto.
¡Si yo soy muy complaciente!...
(¿Hay tio mas insurgente? —
¡Y apenas está robusto!)
¿No vas...
Sí, sí... (A los infiernos
me iria... ¡Qué calosfríos
me dan...) Voy... vuelvo... (Estos tios
solterones ¡son eternos!!!)
ESCENA VII
(DON MATEO, CARLOTA.)
¡Qué mosca lleva!
(Habla rápidamente, á media voz y miran-
do hacia la puerta de la derecha.)
Ha caido
en el lazo que le armé,
y no es este solo...
¿Qué?
Mi hermano es un fementido.
¿Cómo...
¿Bajo, por los clavos
de Cristo! — Hay aquí otra dama...
Es muy complicado el drama,
pero yo ataré los cabos...
No entiendo.
Ni ahora podria
esplicar... Con un pretesto
cualquiera, salga usted presto
y véase con mi tia...
¿Cuál...
Dona Antonia Rosales.
i Dónde.vive?
Esa pared
nos divide. Llame usted...
Hay dos cuartos principales.
Sí; ya he visto la otra puerta.
La tia hablará por mí.
Espéreme usted allí,
que yo iré... Ya vuelve. ¡Alerta!
ESCENA VIII
(DON MATEO, CARLOTA, DON PLÁCIDO.)
Ya he firmado el documento.
(Dándole la escritura: don Mateo la guarda después de ver que está firmada.) Tome usted. (¡Mal torozón...!)
Bien. Cumples tu obligación.
Sí señor. (¡Si hoy no reviento....')
Ahora me voy al teatro,
que ya son las siete y media.
Quedé en ir á la comedia
con tres amigos ó cuatro.
(¡Gracias al cielo que acierta
en algo!) Buen pensamiento.
Adiós. Me voy muy contento.
¿Sí? Abur. Que usted se divierta.
ESCENA IX
(DON PLÁCIDO, CARLOTA.)
¡Muchas gracias! ¡Cumples bien
lo prometido! ¡Te portas!
¿Tan mal he desempeñado
mi papel cu la tramoya?
No me quejo yo, Camila,
de que hayas quedado corta;
al contrario. El interés
que has tomado por Carlota
me desespera. En lugar
•le transigir cariñosa
en lo del dote, te has puesto
Je parte de ese carcoma
de mi t¡o...
¿Era posible
sin hacerme sospechosa
desairar a don Mateo,
viendo el empeño que toma
en que firmes la escritura,
que trae estendida en forma
haciendo de ella cuestión
de gabinete? Perdona
mi franqueza: eres muy simple.
Equivocaste en mal hora
los nombres, y era preciso
disipar á toda costa
la impresión que le causaron
tu distracción, tu zozobra.
Torpe anduve; sí. ¡Te tengo
tan grabada en mi memoria!...
Ya lo veo. — Y en resumen
¿qué ha sucedido? Te ahogas
en poca agua. Ya has firmado
la escritura; mas ¿qué importa?
Como paso por tu hermana,
á mí me darán la copia,
v no ha de usurpar Camila
los derechos de Carlota.
Dices bien; pero este enredo
á la larga ó á la corta
se descubrirá, y la hermana
verdadera...
¡Toma, toma!...
Posible es que para entonces
descanse bajo una losa
don Mateo; ó, por lo menos,
habrá ya vuelto la proa
hacia Murcia.
Dices bien;
y no soltando la mosca
mientras él esté en Madrid,
pues le basta por ahora
mi firma, me servicé
de otra nueva trapisonda
para cscusar la primera;
y, en todo caso, no e3 obra
de romanos retardar
el castigo de mi bolsa
hasta la consumación
de los siglos. Como él ponga
tierra por medio... TSo obstante,
temo... No las tengo todas
conmigo. — ¡Eh! Dios proveerá.
Dejemos rodar la bola.
A hombre de tan buena fe
que por sobrina te adopta
sin sospechar el engaño
y dice con tanta boca
abierta que eres idéntica
á la madre de la otra,
mañana le haré ceer
que han llovido zanahorias.
¡Y tú que eres tan ladino,
tan sagaz....
Es que no es broma.
El que me la pegue a mí
ha de tener....
¡Oh!...
Mas conchas
que un galápago.
¡Pues ya!
Pero hablemos de otra cosa.
¿Insistes en no querer
dar término á mis congojas
mientras no te proporcione
marido y se haga la boda?
Ya ves, hijo; como yo
no he nacido para monja,
y sabes tanto....
Pues tú
no tienes pelo de tonta. —
Pero, en fin, ya que no fias
de mí.... Y es la mas notoria
injusticia, porque un hombre
mas amable....
Esa es la historia:
porque lo eres demasiado
no me llega a mí la ropa
al cuerpo.
Pues bien; si quieres,
serás csla noche esposa.
¿Tan pronto!
Pero es preciso
que el consorcio se disponga
corno yo diga.
Bien; sí.
Tú dirás si te acomoda
el marido que te ofrezco.
Cosa que tú me propongas
no me puede disgustar.
Marido de chirinola....
Cabal. (¡Que me obligue á esto
un malvado!)
La persona —
que padece — es el muchacho
que antes te insinué.... Una tórtola
inofensiva. — Ya está
catequizado.
¡Hola, hola!
l^e cité para las echo.
Os veréis. «
(Sonrie/idosr.) Será graciosa
la entrevista.
No le mires
con desden ni le hagas mofa.
¡Pobrecillo!...
liaré un esfuerzo....
¡Es que tú eres muy burlona!
Es que hay hombres tan ridículos....
(Mirando con malicia á don Placido y riéndose.) Eh, ge.... ¿Ves? Ya me retoza
la risa...
Pues si le ries
se carga.... ¡y aquí fue Troya!
No hay cuidado. — Pero deja
que lo ria todo ahora
para estar seria después.
(Riendo.) ¡Ah, ja, ja.... '¡El bobo de Coria!..
Me parece que le estoy
mirando.
(Soltando la carcajada.)
Ja, ja, ja.... ¡Loca!,
que me haces reír también....
Vamos; ten misericordia.
¿Está colocado ya?
Es consiguiente. Hoy le nombran
para una vara....
¡Soberbio!
¡Voy á ser corregidora!
¡Ya ves tú...! Y mas adelante
le daremos una toga. —
Irá lejos de Madrid,
por supuesto.
Esa es la cosa.
Cuanto mas lejos, mejor.
¡Bendita sea tu boca!
Hoy se firman los contratos;
mañana la ceremonia;
te pones mala en seguida;
se le hace salir en posta
para servir el juzgado;
no puedes'seguirle, lloras....
y yo seré tu consuelo
en ausencia tan penosa.
(¡Pérfido!...) ¡Divinamente!
Pues ¡qué! ¿soy yo lerdo? ¡Sopla!
El notario y los testigos
vendrán....
¿Aquí?
No; á la otra
habitación, no aparezca
mi tio como la sombra
de Niño....
(Dentro.) ¿Se puede entrar?
Él es. Manos á la obra.
(DON PLÁCIDO. CARLOTA. DON VENTURA.)
Adelante.
(Entra don Ventura con un rollo de papeles manuscritos.)
(Presentando los papeles.)
Está corriente....
(Saludando á Carlota: ella le contesta con una cortesía.) A los pies de usted.
¿Te han dado
de parte raia un recado?
No. Vengo espontáneamente.
Concluido mi trabajo
te lo traigo á toda priesa.
Déjalo sobre esa mesa.
(Lo hace asi don Ventura.) Mucho has escrito.
¡A destajo!
Te presento á la hermo¡ura
que te hará feliz: lo espero.
Señorita....
Caballero....
Este es mi amigo Ventura.
Y yo la tendré infinita
con tal dueño.
¡Ah! Yo también....
(Bajando los ojos.)
Gracias. Mi rubor....
(jQué bien
disimula la maldita!)
(¡Qué linda!...)
Primer capítulo:
Esta noche serás juez.
¿De dónde?
Aun no sé.... A las diez
voy á recoger el título.
¡Ah! mi eterna gratitud....
(jiparte con don Ve id ura.)
¿Qué te parece?
Muy bella.
Lo mas admirable en ella
es su estremada virtud.
(Aparte con Carlota.) ¿Qué tal?
(Riéndose.) Como cosa tuya.
(¡Ah, bien raio!)
Es un pobrete:
¿verdad?
Sí.
Mucho promete
esa cara de aleluya.
¡Cuánto favor nos dispensa....
Digo; á mí....
A los dos. (¡Qué peje!)
También á mí me proteje....
(mucho mas de lo que piensa.)
Y así lo haré hasta la muerte,
ya que ha permitido Dios
que pongáis ambos á dos
en mis manos vuestra suerte.
Ni puedo á tal privilegio
renunciar, porque Camila
es mi ahijada y mi pupila;
tú mi amigo de colegio....
Es verdad; sí. — (¡Justo Dios,
yo no sé en este belén
quién de ellos engaña á quién...,
ó si me engañan los dos!
Pero ella no quiere que abra
mi pico....)
(Llamándolos hacia la puerta del foro.)
Venid acá,
que ya el notario estará....
ESCENA XI
(DON PLÁCIDO, CARLOTA, DON VENTURA, FROILÁN, FROILÁN, DON VENTURA, CARLOTA, ).)
Con permiso.... (A don Placido.)
(Una palabra.)
(D. Placido y Froilan se apartan á un lado y hablan en voz baja. Durante su coloquio se va aproximando don Ventura á Carlota pidiéndola por senas una mano, y se miran los dos á hurtadillas.)
¡Noticia importante!
(¿Qué hay?)
Le están a nstcil engañando.
¿Cómo! ¿Quién....
(El don Ventura y su novia. ¿Estás borracho?)
No, señor. ¡Digo, y parece
(rué jamás ha roto un plato!)
¿Cree usted que no se han visto
(hasta ahora.... ¿Y dónde ó cuándo....)
Eso, no sabré decirlo,
(pero aquí hay gato encerrado.)
Lo cierto es que se conocen
(dias ha.... y que se aman. ¡Diablo!)
Pero tú, ¿cómo has sabido....
Oiga usted: voy á esplicarlo.
De vuelta del ministerio,
(para cumplir el encargo que usted me dio me dirijo á la calle de Gitanos.)
Pregunto por don Ventura;
(no está, me dice el endriago de su patrona, ¡por vida!..., replico, traigo un recado para él.... Dígale usted que se vea con don Plácido....)
Pero si usted lo permite,
(dejaré escrito el encargo. — «Sí, sénior; con mucho gusto;» y me introduce en su cuarto.)
Escribo, y al despedirme
(veo pendiente de un clavo....)
¡Justo Dios!... ¿Qué dirá usted
(que vi? ¿Qué sé yo.... ¡Un retrato!)
¿Un retrato!
Sí, señor.
¡Y de quién!
(A Carlota en voz baja.)
¡Dámela!..,
¡Vamos!
(Le da la mano con disimulo.)
¡De Camila!
¿Qué oigo!
(En alta voz abalanzándose á Carlota y don Ventura.) ¡Infamia!
(Soltando la mano de don Ventura.)
¡Suelta!
(Con risa amarga y dulzura infernal.)
¿Ya os estáis casando,
hijos mios?
Me parece
que no es tan grave pecado,
estando ya prometidos....
No hay que apresurarse tanto,
que pudiera yo cortar
alguna atrevida mano....
(Tomando la de don Ventura y apretándola fuertemente.) con la misma mansedumbre
con que la estoy estrechando.
¡Ay!... Suelta.... ¡Vaya, que tienes
unas chanzas....
Sí; soy algo
chancero....
(Tiene sospechas....
¿Qué le habrá dicho el lacayo?)
Te ha entrado muy de repente
el amor á ese dechado
de hermosura. Ya se ve;
como se parece tanto
á tu bella fugitiva....
De que doy fé.
Ya, ya caigo.
(A Froilan.) ¿Usted viene de mi casa?
De allí vengo.
¡Voto al chápiro!...
Me dejé colgada allí
la miniatura....
(¡Que un sandio
como él y esa aventurera
se burlen de un veterano!)
(A Carlota.)
¿Puedo hablar ya?
Sí, que el nuestro
no es amor de contrabando.
Condiscípulo de mi alma,
ella es el bien que idolatro.
Creyéndome aborrecido,
iba á contraer un lazo
que el corazón repugnaba,
pero tú me has preparado
esta agradable sorpresa.
¡Gracias, muchas gracias, Plácido!
No hay por qué.... Yo no pensaba
haber hecho tal milagro;
pero celebro infinito
que sea tu dulce encanto
esta nina, porque así,
ya que no pienso casaros,
tendremos tú y yo el sublime
placer....
¿De qué?
De matarnos.
¡Demonio!
No hay que apurarse.
Como es tan amable mi amo,
le dará á usted buena muerte.
Pero esto no es lo tratado.
¡Ahí es nada lo que va,
de un serafín á un balazo!
En verdad que no merece
mi cólera un mentecato
como tú. Mas digna de ella
es la traidora....
¡Despacio!
¿No eres tú, Plácido mió,
el que me ha proporcionado
esta boda?
¡Fementida!
Pues si á tu gusto me allano,
¿qué mas quieres?
¡Bien! ¡Añades
á la perfidia el escarnio!
¿Qué hubieras hecho si en vez
de proponerte á ese l'átuo....
¡Cómo me trata!
Otro novio....
¿Qué hubiera hecho? Despreciarlo....
como te desprecio á tí.
¡Qué oigo!
(Esto se pone malo.)
(Entre dientes.)
¡Bien dicho!
¿Cómo te atreves
á hablar con ese descaro,.
desdichada, sin temer
que mi venganza....
Al contrario;
quien tiene por qué temblar
eres tú; yo no.
(A Carlota en voz baja.) ¡Buen ánimo!
¿Temblar? — Froilan, ahora mismo
anda y despide al notario.
No vaya usted. ¡Si es inútil!
¡Si me he de casar al cabo
con Ventura!
¡Sí, señor!,
conmigo que visto y calzo.
Ahora que ella me defiende
veremos quién es el guapo
que se atreve á disputármela.
(Desdando á don Ventura.)
¡Eh!... (A Froilan.)
¿No haces lo que fe mando?
Voy, señor.
Sí; vaya usted
en buen hora. Yo entretanto
iré á casa del ministro
y sabrá....
(Con prontitud.) ¡Espera, muchacho!
(Froilan se. detiene.)
Tu conducta; y el amor
tan puro y tan acendrado
que profesas á su prima,
y el escondite....
¡Mas bajo!
¡Ah! ¿quieres capitular?
Lo celebro.
(Son el diablo
las mugeres. Por vengarse
dará en Madrid un escándalo....
y aunque ella misma se pierda...)
¿Qué determinas? ¿Me caso?
Sí, sí.... (¡Por vida....)
Ha de ser
con todo tu beneplácito.
Se supone. ¡Si esto ha sido
una broma, una.... Casaos,
y Dios os baga.... (¡ceniza!)
¿No lo dige? ¡Si es un santo!
¿Serás tú nuestro padrino?
Mucho estimo el agasajo,
pero.... (¡Maldición!...) No quiero
«que murmuren en el barrio....
Dice bien.
(Aparte con Carlota.) Ya ves, ingrata ya ves el horrible trago
que me haces sufrir. Al menos,
jura imponer á tu labio
silencio eterno.
No temas.
Te colmare de regalos;
pídeme dinero....
Basta.
(En alfa voz.) Sigúeme, Ventura.
Vamos.
(Abre. Carlota la puerta serreta.) ¡Ay!... ¿Qué es esto, cielos?
Esto
es echar por el atajo.
(fanse por la chimenea.)
DON PLACIDO. FROILAN.
¿Qué te parece? ¿Se ha visto
ingratitud mas atroz?
¡Calle usted! ¿Quién lo creyera!
¡Es una infamia, un horror!
La hospedo en mi casa, gratis;
galas y joyas la doy;
me espongo á mil contratiempos
por una necia pasión;
antes de ver realizada
la esperanza que me dio
improviso para ella
un manido ¡de mi flor!,
¡y me paga de este modo!
¡Ah!... Pues ¿y el otro ababol,
que debe á usted un empleo,
y se encuentra hombre de pro
de la noche á la mañana,
y el grandísimo bribón
se atreve á amar á la novia
con que usted le habilitó?
Para un menguado como él
¿no era bastante favor
hacerle esposo honorario
de una moza como un sol?
Para jugarme esa treta
de acuerdo obraban los dos.
¿Qué tal? ¡Sea usted amable!
¡Crie usted cuervos, señor,
y le sacarán los ojos!
Y aun daré gracias á Dios
si Camila no me obsequia
con otro plato mejor.
Si ella habla con el ministro
y canta de plano, soy
perdido.
¿Qué! No lo hará.
Si es verdadero su amor,
ningún interés la obliga
a esa inicua delación,
y mal podría intentarla
sin comprometer su honor.
Sí; esa reflexión me debe
tranquilizar, y ya estoy
determinado á comprar
su silencio protector
a peso de oro.
¡Es preciso!
No es uno solo; son dos
los secretos importantes
con cuya revelación
puede perderme.
¡Ah! si fuera
tan modesta como yo,
á poca costa seria
muda como yo lo soy.
¡Busque usted un confidente
de tan buena condición
cual la mia, pues no compra
la abstinencia de mi voz
sino tal cual dobloncejo
entre tal cual mojicón!
(acariciándole)
¡Pobre Froilan! Como a hermano
te trataré desde hoy,
y yo daré a tu lealtad
el debido galardón.
A mí rae basta la honra
de servir a usted. No soy
interesado, y la prueba
es que.... no tengo reloj,
y usted tiene seis ó siete,
y es tal mi moderación....
que me resigno á mirar
el de la Puerta del Sol.
¿De veras? Pues es preciso
que te resignes.... (¡Traidor!...)
á regirte desde ahora
por esta repetición.
(Se quita el reloj y lo ofrece á Froilan.)
Señor, yo no lo decia
por tanto. Crea usted....
¿No?
(Queriendo guardarlo.) Pues....
(^Tomándolo con prontitud.)
Pero si usted se empeña....
¿cómo ha de ser! Venga á nos
el tu reino.
(¡Pillo!) Creo
que han llamado. Mira....
Voy.
ESCENA XIII
(DON PLÁCIDO.)
Cada paso es un peligro.
¡Cómo trabaja el pulmón!...
¡Horrible crisis! No sé
qué pensar, ni dónde estoy,
ni á quién acudir.... Parezco
un ministerio español.
ESCENA XIV
(DON PLÁCIDO, FROILÁN.)
(Entregando una carta á don Placido.)
El señor ministro...
Dame
(Abriendo la carta.) Será la vara en cuestión...
No. (Lee un momento para si.)
¡Cielos!
¿Qué dice?
¡Buena
la hemos hecho, como hay Dios!
Pues ¿qué...
¡Acaba de llegar
su prima!
¡Viage precoz!
Sí; una sorpresa... ¡Mal haya
el padre que la engendró!
Una fineza de novia...
¡Qué sabrosa situación
es la mia! — Y ahora ¿qué hace
un hombre? — Corro veloz
á su casa... ¿Y cómo dejo
la mia en esta ocasión?
¿Y si ella viene entretanto
y se 'entera del complot...
¿Y si vuelve don Mateo
y averigua... JNo. Yo voy
primero... (Abriendo la puerta secreta.)
¡Fatal Camila!...
{Apareciendo por la misma puerta. Le si-
guen Carlota, Teresa y don Ventura!)
Alabado sea Dios!
ESCENA XV
(DON PLÁCIDO, FROILÁN, DON MATEO, CARLOTA, DON VENTURA, TERESA.)
(Teresa triene con otro vestido mas suntuoso y con el velo echado.)
¡Ah! ¡Mi tio aquí!
(¡Ya dimos
con el huevo en la ceniza!)
Teniendo comedia en casa,
y siendo tú el tramoyista,
era inútil buscar otra
veinte calles mas arriba.
¡Tio... (¡Me han asesinado!)
La comedia finaliza
con la boda de costumbre,
y ahora tengo yo la dicha
de presentarte los novios...
Que somos esta individua
y yo.
Sea enhorabuena...
(Preciso es hacer de tripas
corazón.) Y usted será
el padrino...
Es de cartilla.
¡Soy el barba! Esta señora...
Esa será la madrina.
Cabalmente.
(¿Quién será? —
No atino...)
(¡Cómo me mira!)
(Esa frescura de mi amo
me asombra, me escandaliza.)
Tendrás, sin duda, deseo
de conocer á mi digna
colaboradora...
¡Eh... Sí...
Alce usted esa mantilla.
(Se descubre Teresa.)
¡Cielos, mi hermana! — ¡Perdón,
querido tio! Camila
se prestó á ser instrumento
de una inocente mentira.
¡Usted me apremiaba tanto!...
Mi hermana no parecía...,
y á falta de la carnal
busqué otra hermana postiza.
Pero, ayudado mi ingenio
de la celeste justicia,
logró que fueses tú solo
de tus enredos la víctima,
y mientras imaginabas
que la hermana positiva
llorando tu ingratitud
daba la vuelta á Sevilla,
la hospedabas en tu casa,
la colmabas de caricias,
la casabas con su amante,
y tu respetable firma
añanzaba los diez mil
con que la dotó su tia.
Y dabas á tu cuñado
la vara que solicita.
¡Pecador!... Conque ¿eres tú...
Pues... ¿y la carta...
Era mía.
Y el anónimo también.
¿Si?
(¡Cascaras, y qué nina!)
¡De qué admirables resortes,
allá eu su sabiduría
inescrutable, se sirve
la Providencia divina
para la espansion secreta
de las afecciones íntimas
del corazón!
¿Y qué quiere
decir esa... metafísica?
Que la fuerza de la sangre,
que fraterna simpatía
me inspiraba mi ternura,
á otra causa atribuida,
y que yo amaba á Carlota
creyendo amar á Camila.
¡Ay, ay ¡...Tarde piache. Yo
no me pago de sofismas.
¡Ah! si pudiera usted ver
mi corazón...
¡Oh!., veria
sapos y culebras.
Pero...
si, como ustedes lo afirman,
esta es mi hermana, ¿quién es
esa señora?
Una amiga...
que yo esperaba...
Una viuda...
Una novia arrepentida...
(¡Cielos!... ¿Seria posible...)
Y por último, la prima
del ministro.
(Alzando los ojos al ciclo con amargura.)
¡Gracias! (Titubeando.)
Doiia...
Teresa Orozco...
¡La misma!
¡Ah, señora!... ¡Soy un monstruo,
pero... la distancia... El clima...
Como yo no Labia visto
esa cara peregrina...,
esos ojos... ¡Oh! ¡Piedad!
Yo la imploro de rodillas...
(Con dignidad.)
¡Deténgase usted! Ya basta
de farsas y de mentiras.
¡Señora...
No crea usted
que es odio lo que me inspira,
sino... profundo desprecio. —
Pero no será perdida
esta lección para mí.
¡Ay! pudo ser muy tardía
sin la industria y los consejos
de mi Carlota querida.
Es el diantre esta muchacha.
(Cayóse la casa encima.)
(A Carlota.) ¡Adiós! No diga tu hermano
que mi presencia le humilla.
Si otra vez quiero casarme,
yo seré la que me elija
el marido y, sin dar crédito
á equivocadas noticias,
antes de soltar un sí
le averiguaré la vida...
(Apar/e á don Placido.)
¡Cómo á usted!
(A Carlota sonriéndose.)
Y tú serás
mi agente de policía.
(Fase por el foro.)
ESCENA ÚLTIMA
(DON PLÁCIDO, CARLOTA, DON MATEO, DON VENTURA, FROILÁN.)
¡Te confundes!
Me confundo;
lo confieso; y ¿qué he de hacer?
Basta una sola' muger
para revolver el mundo;
y yo ¡ay triste! que nací
tan amable, ¿cómo quieres
que triunfe de dos mugeres
conjuradas contra mí?
¡Justo ardid contra un malvadado!
¡Justo castigo de Dios!
¿Y qué fuera de las dos
si no hubieran conspirado!!!
Pero en fin, sea por fas
ó «por nefas, ¡buen escote
has sacado! Tienes dote;
tienes novio: ¿quieres mas!
(Sacando la escritura.')
Lo del dote te fastidia:
¿verdad? Pues no digas, no,
que la sorpresa arrancó
lo que negó la perfidia.
Mira la escritura aquí.
(La hace pedazos.) Yo la rompo con desvío. —
Mientras respire su tío
no necesita de tí.
¡Tío...
¡Aparta, desdichado!
¡Te desheredo!
Es cruel
acción. Yo ruego por él.
¿No está ya bien castigado?
No reservo yo mi hacienda
para un picaro...
¡Perdón,
que ya hace mi corazón
propósito de la enmienda!
¡Señor, es al fin mi hermano!
¡Señor, es usted su tio!
¡Es condiscípulo mió!
¡Promete ser buen cristiano!
¡BáMa ya! ¡Qué pertinacia! —
Si hace desde hoy vida nueva,
y si algún dia me prueba
que ha merecido mi gracia...
Para aplacar el desden
de un tio tan venerable
¿Qué haré?...
(Con ironía.) Ser menos amable..
Pero...
(Con gravedad.)
Y mas hombre de bien.