Acto primero
(Personas: DON ISIDRO; DON ANTONIO; DON SATURIO; DON MILLÁN; MATEO; RAMÓN; DON TIBURCIO; DON MAURO; BLAS; DON SIMEÓN; AMBROSIO; DOÑA ROMUALDA; ROSALÍA; CELESTINA.)
(El primer acto pasa en Sevilla, el segundo en un corlijo, y el tercero en la quinta el*? D. Saturio á una Ligua de Utrera.)
(Sala con alcoba en ei fondo y dos puertas laterales. Éntre otros muebles habrá un espejo y una mesa con escribanía, libros, etc.)
ESCENA PRIMERA
(DON ISIDRO, DON ANTONIO, MATEO.)
¿Si acabará de traerme la casaca (al espejo) ese bribón?
Vamos, Isidro; ten paciencia. ( sentado ala 'mesa con un libro en la mano )
Mateo!
( dentro ) Ya voy.
(Cosamas rara! (dejando el libro.) Este libro tiene mucha analogía con mi situación.) Una Celestina.... Celestina se llama la que está destinada á ser esposa de Isidro, ó mia; esa bella joven á quien vi en Cádiz ocho meses hace en casa de doña Angustias. Ah! Su candor, sus gracias hicieron una impresión tan viva en mi alma.. Un rival... Isidro lo es mió —Un padre de un carácter muy singular... Oh! Pues sí he de dar crédito á la fama, ningún padre puede ser tan extravagante como eí de mi Celestina. Ni Isidro, ni yo le conocemos. POR LA DOTE. por D. Manuel Br^pn de los Herreros, reprePríncipe, el dia Sülie mayo de 1832. —Se ve precisado á escoger un yerno entre los dos. — El debe obligaciones iguales (se levanta) á las dos familias. Mi padre y el de Isidro le han pedido casi á un mismo tiempo la mano de su hija. Procuremos saber con maña si ha tenido noticias Isidro. Le ocultaré que conozco á Celestina. — Él tiene poca afición al matrimonio, pero mucha á la dote de veinte mil duros. )
Mateo! La casaca.— ¿Ilay paciencia para esto? Si voy allá con la espada...
Hombre, no le trates mal. El pobre muchacho...
Es verdad.— Tengo un genio tan vivo... Pero por darte gusto me calmo. Es mozo muy listo, travieso, intrigante y tiene una especie de probidad... Gandul, ¿no me traes la casaca?
(dentro.) Estoy, ooniendo la charretera
P fiyé pris- Áienes?
Calla, nombre! No puede uno con el peso de sus negocios. Sólo las muchachas me dan mas que hacer... Vivan las graciosas ninfas del Bétis! Hov he respondido ya en compendio á quince sempiternas epístolas amorosas, y aun me he dejado algunas sin contestar, porque á las cinco tengo una apues-
Una apuesta?
Sí; con aquel hidalgo de Osuna. Vamos á ver quién corre mas; su tordo ó mi yegua. Tengo que vestirme, y ese vinagre.
¿Todavía está Mateo sin amo determinado?
Sí. Me sirve provisionalmente con permiso de mi rica y anticuada patrona, ese Séneca con faldas...
Que el médico ha declarado demente?
Sí; esa opinión le merece mi dulce enamorada, la interesante doña Romualda Galamocha. También Mateo es muy servicial para con ella, y aun á tu casa es capaz de ir á ofrecer sus servicios: tal es y tan decidida su vocación de lacayo.
Qué quieres! Trata de destruir las sospechas que ha podido infundir el abandono en que fe dejó su amo; pero ya tiene dadas muchas pruebas de honradez y fidelidad. Vamos, recíbele. Es buen jinete, y puede servirte de jokei, ya que eres tan aficionado á esas carreras y á esas apuestas.
Sí, te confieso que, después de tí, nada amo en el mundo tanto como mis caballo». En cuanto a Mateo... ¿Acabareis de venir, hijo de...
Ya tiene usted aquí su casaca ( entra con la casaca.) Estaba tan llena de polvo y de hilachos...
Venga acá pronto.
Apostaría á que alguna costurera... ¡Oh, que lindas costureras hay en Sevilla!
Eh?
Yo estudio con mucha atención los países por donde viajo. Los galanes de Sevilla son campechanos, generosos, amartelados, y en cuanto á ricos..., no hay que hablar: el que menos tiene veinte dehesas, cincuenta cortijos y ochocientos mil pies de olivos... Las damas,.. Hui! la sal del mundo, ojinegras, pié pulido, airoso talle, y un alma y un aquél... Dios nos asista! Los maridos...
Eli! Ya hasta, señor observador.
Déjale; queme divierte.
Anda al correo y tráerne las cartas.
Sin olvidar las niias.
Voy corriendo... — Ah! El señorito de la apuesta me ha dicho que á las cinco en punto...
Bien.
El señor don Elias, honrado prestamista á quien han dado en llamar impropiamente usurero, me ha dicho con la mayor dulzura y amabilidad... que le va á poner á usted por justicia.
Mi señora doña Romualda escribe mas que el tostado...
Sí, está componiendo una novela, y harto será que no me la dedique.
El médico dijo esta mañana que no hay remedio para su locura; que es muy difícil volver el juicio á las mujeres, y que harto hará en curar á usted. Ah, ah, ah. (se ric yéndose.)
Tunante! ¿Cómo se entiende... Pues es que me divierte el muy pillo. ESCENA w rc/Jltc Don Isidro, Don Antonio.
Mucho celebro tu visita, amigo mió. Precisamente tenia que hablarte de cosas muy sérias.
(¿Si querrá exigir de mí que renuncie á Celestina?)
Tu conducta...
Tienes algo que decir de mí?
Cómo si tengo? Un hombre como tú no jugar, no apostar, no contraer deudas... Qué horror! ¿Cómo te atreves á presentarte delante de las gentes?
Esa es buena! Pues ¿qué...
Ya que no tienes disposición para hacerte célebre como yo, y por otra parte, eres muy rico, adopta á lo menos alguna manía que te dé cierta consideración en el mundo. Échate á especulador; presta dinero á los calaveras elegantes, y para dar principio á tan landable profesión ofréceme cien doblones. Son los que tengo apostados.
Té «ibes que cuanto yo poseo está á tu disposición.
Mil veces te he jurado...
Pagarme?
Una amistad eterna. — Oh! Pronto seré hombre de dinero. Así que sea mi suegro don Saturio...
Siendo yo su yerno no te apuraré para que me pagues. ( interrumpiéndole.) sid. ¿Conque te obstinas en soplarme los veinte m* duros?
¿Con que has lomado por empeño el robarme á Celestina?
Casarte á la edad de veintidós años! Tú, que eres tan juicioso!
Sujetarte al yugo de himeneo! ¡Tú, que eres un atolondrado!
Auto en favor. Nada mas natural que hacer desatinos un atolondrado. Pero un filósofo!
Auto en favor! ¿Quién mejor para marido que un filósofo?
No renunciaré por cuanto hay en el mundo á los cuatrocientos mil del pico.
No desistiré de mi derecho.
Celestina es la hipoteca de mis acreedores.
Como el primero de ellos, me apodero de la finca.
Yo pido moratoria y me caso.
No en mis dias.
Cómo que no? Y si es forzoso... (se acaloran los dos )
Me batiré por ella.
Y yo por su dote.
ESCENA III
(Dichos, Mateo corriendo.)
Qué es eso? Qué es eso? Amigos, camaradas! Capaces de matarse el uno por otro, ¡y ahora quieren ustedes batirse!... Por alguna bicoca; por alguna muchachuela tal vez.
Quiere que yo renuncie á Celestina.
Empeñado en hacerme noche sus veinte mil duros!
Voy á poner á ustedes de acuerdo. Cásese usted con la muchacha; (á don Antonio.) y usted con la dote, (éi don Isidro )
Celestina elegirá entre los dos.
El suegro escogerá su yerno.
A propósito; he tomado informes de don Saturio...
Y qué?
Qué dicen?
Es gran partidario de lo que llaman destino. Todo lo confia á la ventura En sus años verdes se le ofrecieron tres partidos para casarse. Echó suertes entre las tres novias, y por la mas rara casualidad del mundo, dió con una mujer, humilde hacendosa; nada coqueta..., y lo que es mas admirable todavía, tropezó con una madre rica que dió de mamar á sus hijos.
En efecto, es hombre de mucha suerte.
Pues aun es mas portentoso lo que voy á contar. Cae malo; hace llamar á un médico.., al primero que se encuentre; acude... y le cura! Después de tantos milagros bien se le puede perdonar su manía.
Pues no va tan fuera de camino Muchas veces por demasiada precaución..
¡Gran cosa son los dados para excusar disputas y cavilaciones! En materia de casamientos, este expediente es el mas breve y muchas veces el mas seguro. — Pero aquí tienen ustedes su correspondencia: una carta para cada uno. (se las da: ambos se apresuran á abrirlas, se ponen á leer, y en tanto dice Mateo lo siguiente:) (De buena gana me acomodaría con alguno de estos oficialitos. — Desde que mi amo el americano me dejó aquí olvidado, porque tuvo pereza de llamarme, no se me ha presentado conveniencia mejor que... Cualquiera de los dos.j ísid. Ah, ah, ah! ( soltando una carcajada.) ¿Se habrá visto hombre mas original que nuestro suegro futuro?
Extraño personaje es el tal don Saturio.
(leyendo alto) ((Considerando el singular apre«cio que me merecen su familia de usted y la del «señor don Antonio de Urbina... »
(leyendo también alto) «Considerando el sin1 «guiar aprecio que me merecen su familia de usted «y la del señor don Isidro de Figueroa...» Isid* «Y habiéndome escrito al mismo tiempo su pa»dre de usted y el de don Antonio, pidiéndome «para sus hijos respectivos la mano de mi amada «Celestina...»
«Y habiéndome escrito al mismo tiempo su pa»dre de usted y el de don Isidro, pidiéndome para «sus hijos respectivos la mano de mi ainada Celes» tina...» ísid. «Me he visto muy perplejo para escojer entre »usted y don Antonio...»
«Eeem.. eñtre usted y don Isidro... » ísid. «Al fin me he decidido...»
«He mandado extender el contrato nupcial...
«Y el primero que llegue...» ( continuando.)
«A mi casa de campo, que dista seis leguas de «Sevilla..» ísid. «Recibirá la dote en metálico.»
«Y será esposo de Celestina. B. L. M, etc. — » Saturio Fortun.»
Esa es una circular. ¿Ha sido intendente ese señor?
(No hay que perder un momento.)
(Es preciso partir al instante.) Mateo, ve volando á preparar mi silla de posta.
Corre á ensillar mis caballos.
Ahora no pueden ustedes ponerse en camino ni el uno ni el otro.
Cómo! ísid. Por qué? Mate El coronel le espera á usted (á Antonio.) en su casa.
Reniego de su señoría. Mate A las cinco es la carrera de caballos, (á Isidro)
Por vida del demonio!
No puedes faltar á la cita. ( á Isidro ■) Qué se diría?
Tienes que ver al coronel: no hay remedio. La disciplina...
Concedámonos una hora de término.
Yo te la iba á pedir.
Son las cinco. ( saca el reloj.)
A las seis podemos partir.
Poco á poco! Tus potros son águilas. Convengamos en no hacer el viaje á caballo, sino enjilla de posta.
Me conformo.
Palabra de honor?
Palabra de honor.
(Excelente idea. Mateo me servirá. )
Bueno. (Mateo me sacará triunfante.) Necesito de ti. ( aparte ú Mateo.)
Cuento contigo, (lo mismo.)
(Bravo! Soy hombre de pro.) ísid. Voy á mi cita.
Vuelo á casa del coronel.
No salgas, (aparte á Mateo.)
Espérame aquí ( lo mismo.) Confío (á don Anto nio.) en tu palabra.
Y yo en tus cien doblones.
ESCENA IV
(Mateo, solo.)
Ah! Gracias á Dios que ya respiro. Aquí de mi genio, que esta es buena ocasión para hacer negocio. Intriga doble, conciencia idem; provechoá dos manos... Los dos se valen de mí. ¿Tan poca ha de ser mi industria, que no he de dejarcontentos á los dos, á lo menos en la apariencia?
ESCENA V
(Mateo, y don Antonio, que llega corriendo.)
Ah, Mateo de mi alma! Tú puedes hacerme feliz. He salido con Isidro y por no darle que sospechar no le he dejado hasta que le he visto á caballo. Yo tengo orden de presentarme á ese bendito coronel y puede que me detenga mas de una hora. Si megana Isidro la delantera... Es preciso maquinar un medio (dándole un bolsillo.) para detenerle aquí todo el tiempo que puedas...
Tomo... en consideración (tomando el bolsillo.) la solicitud de usted. Fácil me será entretener á don Isidro. Él tiene novias, tiene acreedores...
Es preciso alborotar á los unos y excitar los celos de las otras.
No hay cuidado. Haré venir á una Dulcinea de cincuenta años, tan tierna, tan amable, tan pegajosa, que acabará con él antes de dejarle partir.
Muy bien!
Y para remachar el clavo acudirán media docena de acreedores, los mas hebreos que pueda encontrar. ¡Se va á divertir!
Me das la vida.
¡Si le tengo á usted una ley..,
Voy, voy corriendo á casa del coronel. Si logro mis designios, tu fortuna es segura, (alirsedon Antonio sale don Isidro acelerado, sin verle, por ti lado or::rí¡p.)
ESCENA VI
(DON ISIDRO, MATEO.)
Ah bri bonazo! Me alegro de encontrarte. Me puedes hacer un gran servicio. He salido con Antonio y por no hacerle entraren malicia he montado á caballo y he vuelto á entrar por la puerta del jardín. Tengo que ir á esa endemoniada carrera. Mi adversario me espera; mi yegua echa espuma, por los ojos y parece que está presagiando el triunfo. -Es menester que yo parta antes que mi camarada, y por supuesto... Mira: ofrécete á ser su postillón.... y perdéos (le dá un bolsillo ) en el pinar que está á la mitad del camino. — Oyes?
Ya, ya oigo, (haciendo sonar el bolsillo.)
Monto á caballo, le dejo atrás, llego, agarro la dote.. ¡Qué bien lo vamos á pasar, Mateo!
¡Dará gusto el oir á mi señora doña Romualda Calamocha!
Demonio! Guárdate bien de decir á esa cuitada...
Usted le ha dicho que estaba enamorado.
Sí; de sus lincas quería decir.
Que es muy hermosa...
Hablaba de su huerta.— Pero el tiempo es precioso. Yo vuelo á mi cita. Cásame con Celestina y te haces hombre. que se hace; y lié aquí el debermas sagrado para uu caballero.,,..
¿Qué quiere usted decir cor eso, señora? Aca¬
¿Es usted amigo del señor don Isidro de ligu croa?.
Sí, sí; muy amigo. (¡Que no se lo llevase el diablo!),,,
Está usted bien penetrado de los deberes de la amistad?
(Ah bruja!...)
¿Se atrevería usted á definirme ese dulce y acrisolado afecto?
(¿No vendrá Mateo á sacarme de este cautiverio?)
Tiene usted por ventura noticia de los pindáricos versos que un vate celebérrimo compuso á tan sublime asunto?
Uf! (La estrellaría de buena gana.)
«Sacrosanta amistad, don de los cielos, » Dulce encanto del hombre...»
Señora, la poesía admite licencias, pero... (Santo Dios! (dan las seis.) Las seis!) ( intenta escaparse.)
No se irá usted; no. ( deteniéndole.)
¿Quién puede impedirme...
No se irá usted, le digo, hasta que lo haya confesado todo.
Bien, bien, todo lo confieso. — ¿Conque...
Confiesa usted que me ama?
Yo, señora!
¿Que le he inspirado á usted el mas vehemente y ardoroso cariño?
Señora, que me ahorquen si jamás...
Estoy pronta á perdonar á usted si lo confiesa.
Es usted demasiado indulgente, pero...
¿Me ama usted?
(Oh!) Eso es poco. La adoro á usted, la idolatro. (huye.)
Conoce usted este papel? ( deteniéndole y enses ñándole la carta.)
La letra es de Figueroa.
Cómo! ¿No es usted quien ha fingido este billete? ¿Quién ha contrahecho...
Sí, señora, sí, señora. (Para el diablo que niegue nada!) Yo he fingido el billete y... beso á usted los pies.
Le permito á usted retirarse (le suelta.)
(Ali! Ya respiro.) ( corriendo: al salir le detiene don Simeón haciéndole muchas cortesías. )
ESCENA VII
(DON SIMEÓN.)
Señor teniente, ruego á usted me conceda el honor de saludarle.
Gracias, pero ahora...
Yo soy D. Simeón Cuervo y ( deteniéndole con otra cortesía.) Garrones, escribano público...
Sea en hora buena.
Y vengo á petición de don Elias Cigüeña, don Ezequíel Lobato, don Judas...
El diablo cargue con ellos y con todos los israelitas del mundo.
No son israelitas, son mercaderes... Por auto, que tendré el honor de leer á usted, se le condena á pagar...
Mire usted que se equivoca.
Viene usted mal encaminado.
Ahí están los susodichos y otros cuatro acreedores mas, que con sus recibos correspondientes...
Yo no soy Figueroa.
Y en caso de rebelión una nube de corchetes.
Ah picaro!..* ( amenazándole.)
¡Socorro! Favor á la justicia!
Yo me voy á desmayar.
(A Dios, boda!)
ESCENA VIII
(Dichos, acreedores y alguaciles.)
Le juro á usted por mi honor... (se oponen á la salida de don Antonio.)
Yo no entiendo ese lenguaje... «En la ciudad de Sevilla... (empezando á leer.)
Hombre del demonio, yo soy don Antonio Urbina, y no don...
Oh! Bien leconozco yo á usted. El uniforme...
Voto á briós! RoMu.Ya siento los preludios del parasismo.
ESCENA IX
(DICHOS, MATEO.)
En marcha! Vamos pronto.
Si estoy sitiado, ¿cómo quieres...
El zorro ha caído en su propio (aparte con don Antonio.) lazo. Don Isidro le acusó á usted de tener un desafío á las seis. Fué á casa de usted á tomar los cien doblones; en la puerta le equivocaron con usted á causa del uniforme, y á estas horas ya está en la prevención.
De véras!
Vámonos volando.
Y que haré yo para escaparme?
No perdamos tiempo que mi fidelidad, mi celo.. (No dejaré de extraviarle en el pinar.)
Feliz idea! (como inspirado.) ¡Oh mi querida, mi generosa (echándose á los piés de doña Homualda. ) tia! Qué acabo de saber? Sime y Acre. Su tia!
Cómo!
Con que consiente usted en pagar mis deudas? Oh sorpresa! Oh munificencia!
Señora... (cercando ádoña Homualda.)
Qué es esto? Yo..', no sé dónde estoy.
Mi eterna gratitud... (quiere hablar doña Romualdo y don Antonio se lo impide abrazándola muchas veces hasta que ella se sienta fatigada, y él desaparece burlando á los acreedores.) Oh tia benéfica! Corre, Mateo, (cáse, y Mateo le sigue restallando el látigo.)
Plaza, señores! ¡La lia paga, la tia paga!
Uf! Av! Oh! Huí! No puedo mas.
Aquí está la providencia...
Qué quiere de mí esta canalla? Socorro!
El dinero!
El éter, Sigismunda; el éter! (se levanta.)
El dinero, el dinero!
El éter! El éter! (desapareciendo.)
El dinero! El dinero! (siguiéndola con todos los acreedores.) La escena es en un cortijo. Sala sencillamente amue¬
A la derecha mesa de despacho; á la izquierda una ventana practicable, una puerta en el fondo y otra á la derecha, las dos con llave.
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(DON MILLÁN, RAMÓN.)
(Es de noche: un gran velón alumbra la escena. D Mi-)
en bata y gorro, sentado á la mesa. Ramón haciendo ramilletes de flores que loma de una cesta.)
Caramba! Bien hice yo en coger las flores con tiempo. Qué tormenta! Qué diluviar! Pues si vamos á la hacienda de don Saturio, milagro será que no se atasque la galera. ¡Cómo está ese camino, Dios mió! Dicen que se ha desbaratado el arrecife: ¿no es verdad, señor don Millan?
Sí. Déjame escribir.
Aun tardará en amanecer. ¡Tempranito la tomo yo para hacer los ramilletes de boda! Ya se ve, si hemos de echar á andar al salir el sol... Y aun por eso pasa la noche en casa don Tihurcio.
Sí, si. — ¡Qué terrible es el momento en que se casa una sobrina!
Usted la casa con un tonto; pero la señorita Rosalía dice que así los quiere su merced.
¡Desprenderme lo menos de la vigésima partede un caudal ganado con tantos afanes!
Sí, porque usted es administrador del señor don Saturio...; digamos; de sus bienes, hace mas de veinte años. No es verdad, señor don Millan?
Pero me consuelo. Aquí vivo tranquilo, en esta casa de don Saturio, que me pertenece, á tres leguas de su granja. Vamos, aun puedo mirar por sus negocios.
Sin descuidar los de usted. ¿No es verdad, señor don Millan? (se oyen ladridos dentro.)
Calla. No oyes ladrar á Caco? Esta casa está aislada en medio del pinar, y andan tantos rateros... Le desataste?
Pues no lehábia de desatar? — (Mentira; pero está muy oscuro, hace frió, y no tengo gana de bajar al zaguan.)
Bien; acaba tus ramilletes. — Sí, la dote es mas que suficiente para mi sobrina. Ella no está muy enamorada que digamos de ese don Tihurcio, pero don Tihurcio es muy rico; Rosalía tiene diez y ocho años, es andaluza, necesita un marido, y se casa. Dentro de dos horas todo el mundo estará ya en pió. — Don Saturio me ha mandado un propio diciéndome que esta boda se hará al mismo tiempo que la de su hija Celestina — La galera está prevenida, montamos, y antes de medio de dia llegadlos á mi granja..
A su granja de usted?
A lado don Saturio. ¡Que no pueda yo perder esta costumbre! Ya se vé, como tengo tanto cariño á don Saturio, le miro como otro yo: á fuerza de manejar sus bienes los tengo tan asidos á mi corazón, que los considero como propios, {se oye ruido como de llamar d una puerta distante.)
(Lo creo sin que lo jures.)
No, pues ahora no me equivoco. — Están llamando. (nuevos golpes.)
Si, señor, llamando están.
ESCENA II
(DICHOS, ROSALÍA.)
Ay tio! Yo me vengo á refugiar {corriendo á medio vestir.) al lado de usted. Toda tiemblo, y mi corazón... Yo creo que me vá á dar algo.
Pues qué te sucede?
Las ventanas de usted dan al camino, y bien ha podido usted ver...
Yo asomarme? Dios me libre! Hace un cuarto de hora que están llamando, y dan unos golpes... Dios mió, qué poca*consideracion! ¡Despertarla ¿ una de ese modo en la víspera de su boda!
Es preciso ir á llamar á los mozos.
Yo no me atrevo.
_(Se aumenta el ruido; ábrese la puerta; Rosalía se oculta detrás de su tio; don Tihurcio aparece con la casaca debajo del brazo, una espada en la mano derecha y una luz en la izquierda, acercándose de puntillas.)_
ESCENA III
(DICHOS, DON TIBURCIO, RAMÓN, DON TIBURCIO.)
Ah! ño me llegábala camisa al cuerpo.
Chist! Chis t!
(Qué nos dirá?)
Silencio, (acercándose mas.)
Vamos..
Diga usted... (llaman con mas fuerza.)
Vengo á decir á ustedes...
Que?
Acabemos.
No hay que asustarse.
No hablará usted? i
Pronto! >(á un tiempo.)
Yo me impaciento. )
Que están llamando á la puerta, (con misterio.)
Bá!
Miren qué embajada!
Noticia fresca!
(dentro) Qué noche de Satanás! Por poco no me rompo las narices.
Ladrones son. (espantado.) Esa es la voz de José María.
Virgen de Guadalupe!
(dentro ) Hola! Hácia allí distingo una luz. Adelante.
(dentro.) Con cuidado. A la derecha.
Esa es la voz del tio Ambrosio.
Ah! Ya respiro.
¿Quién demonios viene á estas horas á mi casa?
Avanza, pedazode alcornoque, {entra empujando á Mateo.)
ESCENA IV
(DICHOS, DON ISIDRO, DON ANTONIO, MATEO, AMBROSIO.)
Alabado sea Dios! Aquí le traigo á usted estos huéspedes, don Millan.
Hola! Son oficiales!
A la cama, señorita!
Disimule usted la manera un poco brusca con que hemos pedido hospitalidad; pero no hemos podido pasar de aquí. Mi postillón no quiere avanzar. La carretera está endemoniada, y hasta que se haga de dia...
La fatalidad me persigue.— Llueve á torrentes, sobreviene la noche, ese perillán pierde el camino en medio del monte, y rompe mi silla á cien pasos de aquí. No deje usted salir la de ese ( aparte á Millan.) otro oficial
Eh?;, Isid Me encuentro con mi pobre camarada en tan triste situación, (riendo.) me enternezco, y veo que bien puedo consentir sin imprudencia en tomar posada por algunas horas. Brilla una luz en medio de las tinieblas: llegamos á tientas: llamamos; no responden; ordeno el sitio, dispongo el asalto; ataco, capitulan, y entramos militarmente en esta casa, contando con la indulgencia de núes-j tro patrón, y con una bodega bien provista. — No le preste usted ningún carruaje. ( aparte á Millón).
Eh?
Pardiez, yo no les quería dejar entrar, pero estos señores son tan corteses... Viendo yo que iban á derribar la puerta..., la he abierto por economía. Voy á hacer que (á don Isidro) metan su coche de usted en el zaguan.
Que no desenganchen, porque así que amanezca me voy echando demonios.
(Ya no hay esperanza para mí.)
ESCENA V
(DICHOS, AMBROSIO.)
Sean ustedes muy bienvenidos, caballeros. Mi íio tiene mucha satisfacción en hospedar á los caminantes extraviados y en tratarlos como amigos. Vendrán ustedes cansados; no les faltarán excelentes camas. Es natural que tengan frió: se hará una buena lumbre. Necesitarán ustedes reparar sus fuerzas: mi tío tiene soberbios vinos, y sobre todo un manzanilla delicioso.
(Ah lengua de escorpión!)
¡Qué linda y qué amable criatura! {ojiarte á Mateo.)
Me gusta mas que su tio.
Pero... Ustedes me han de perdonar. Me olvidaba... ¡Jesús qué vergüenza! El miedo me hizo levantarme tan de prisa, que... Por Dios, no me miren ustedes. — Yo me retiro, señores; beso á ustedes las manos.— -^Voy á ponerme muy galana para volver á verlos, y á que me vean.)
ESCENA VI
(DICHOS, ROSALÍA.)
(Bueno! Mi novia se vuelve á acostar. Ya estoy mas tranquilo.)
Estoy molido, (sentándose.)
Con el vuelco estoy que no tengo hueso que me quiera bien, (sentándose.)
Ay!... Ese maldito alazan tiene un trote desesperado. (sentándose )
Así, así, con franqueza: no hay que incomodarse. — Amado tio, (aparte á Millón.) dos palabritas. Usted aloja á esos señores: no es verdad? Sea muy enhorabuena; pero bien puede usted cumplimentarlos solo: está usted? Yo me caso mañana y no soy de bronce. Buenas noches, (váse.)
Cosa mas singular! {observando á don Tiburcio por donde se fue.) Esa figura me recuerda... Vamos, toda la cara del subteniente Ibañez... No he visto cosa mas parecida.
Voy, voy á mandar echar leña... Estos señores no querrán camas para tan poco tiempo.
No; pero sírvenos tres botellas de manzanilla.
(Le parece que está en una posada.) Mill (Si se os volviera tinta!)
Voy volando.
ESCENA VII
(DON MILLÁN, DON ISIDRO, DON ANTONIO, MATEO.)
Lindamente! A botella por barba.
Descanso una hora; brilla el alba; {á don Millón.) le doy á usted un tierno abrazo; parto, vuelvo, me apeo.., y el bueno (bajando la voz:) de don Saturio me recibe en su seno paternal.
Cómo! Don Saturio...
Soy su yerno, (kparte á don Millan.)
Ah!... ¿Conque...
Mande usted que compongan {apar te. á dpn Millan.) mi carruaje, y que esté listo antes de qüe amanezca; que me vá en ello mas que la vidai Es preciso que antes de tres horas me vea yo en casa de don Saturio Fortun.
(en voz baja ) Don Saturio! Qué dice usted? Anto¿Soy su yerno, (en secreto.)
Oh, oh! — (Pues don Saturio (aparte.) no tiene mas que una hija, y mal puede... No me fio mucho de esta gente.)— Señores hace veinte años que soy amigo y administrador de don Saturio Mañana caso á mi sobrina Rosalía. Aquí está su novio don Tiburcio Becerril, y su boda se ha de celebrar al mismo tiempo que la de ustedes en mi quinta..., en la quinta de don Saturio. He pasado la noche en registrarlas cuentas de mis arrendadores..., los de don Saturio quería decir; y tengo que ponerme en camino muy temprano — En el zaguan está (á don Isidro ) su silla de usted, y cuando guste puede continuar el viaje — La de usted está inservible, y aquí (á don Antonio.) no hay ahora quien la pueda componer. Yo estoy tan rendido como ilstedes pueden estarlo. Me retiro, pues, sin ceremonia, contando con su indulgencia, como ustedes han ténido la bondad de contar con la mia.
Ese hombre es un mentecato.,
Un loco ((aparte los tres.)
Un cernícalo.
(Qué cara tienen de estafadores! {tomando una luz.) Por si acaso bueno es cerrar y no dejarles mas paso libre que de aquí al zaguan. {váse por la puerta del fondo cerrándola. Al mismo tiempo entra Ramón por la derecha.)
ESCENA VIII
(DON ISIDRO, DON ANTONIO, MATEO, RAMÓN, DON ISIDRO, MI QUINTA, MIS ARRENDADORES, EL BUEN PATRÓN.)
(ha perdido la chaveta.)
No lo extrañe usted, mi teniente. Esas distracciones son muy disculpables en un administrador. — Pero, me olvidaba... Ya tienen ustedes una famosa lumbrada abajo en la cocina, y las tres botellas sobre una mesa.
Buen ánimo, Antonio! que si amor te abandona, Baco te consuela.
No he menester nada.
Estás de mal humor? Mas podia yo estarlo, que me han tenido dos horas arrestado en tu lugar, y mientras tanto te has declarado amante de la amabilísima doña Romualda — Oyes? Por qué no te casas con ella?
Esas bromas... (enfadado.)
Chico, mira qus es un partido excelente.
Verdad es que tiene mas años que la Giralda, pero...
Mejor: con eso enviudarás mas pronto.— Ah! ya sabes que a instancias tuyas hemos convenido en no viajar á caballo, sino precisamente en carruaje
(Oh cielo! Ningún arbitrio me queda.)
Vamos á ver que tal es el manzanilla del señor don Mi lian.
Buen provecho. Yo no tengo sed.
Volvere á pasar una hora contigo, á darte el último vale y á recibir tus órdenes para el suegro.
(vase riéndo.)
(Y yo ayudado de mi ingenio é inspirado con unos cuantos vasos del sabroso néctar, me aprovecharé de esta demora ) — Senor don Antonio . vuelvo al instante. No hay que desmayar. Aun no pierdo la esperanza de sacarle á usted del apuro.— (Y de aumentar mi trapillo.)
ESCENA IX
(DON ANTONIO, RAMÓN.)
(Qué haré? Mi silla descompuesta por la torpeza de ese Mateo; la de Isidro pronta á partir... Estoy desesperado.) Digiste que habita en esta casa... (a Ramón.)
Don Millan Gorgojo, administrador y apoderado general de don Saturio Fortun.
(Obediente Celestina, á las órdenes ( paseando con agitación) de su padre, será esposa de un atolondrado que, sólo codicia su dote... No puedo soportar esta idea. — Si pudiera, valiéndome de don Millan... Ah! qué ocurrencia!) Amigo
papel, tintero... (con mucha viveza.)
Ahí tiene usted la escribanía.
Bueno... ¿Cuánto dista de (escribiendo con rapidez) aquí la quinta de don Saturio?
Tres leguas.
Sabrás tú ir allí?
No he de saber si no hago otra cosa todos los dias?
Quieres ganarte un par de doblones?
Qué mal me vendrán?
Vuela con este billete á casa de don Saturio.
Corriente.
Di que te le ha dado un forastero.
Bien.
Es preciso entregarle...
Antes de dos horas.
Con sigilo, (poniendo la oblea.)
Entiendo, (se ata un pañuelo á la cintura.)
Qué haces?
Monto á caballo.
Correrás?
A rienda suelta.
Eh! Y el dinero?
Cuando le haya ganado, mi teniente.
Te doblo la propina.
Mejor. — Pero la puerta del zaguan está cer¬
Cómo haremos?
El tio Ambrosio no me querrá abrir. — (correa la ventdhá.tüe je usted...
A dónele vas?
A echar por el atajo.
Pero....
De un salto al terradillo y de otro al suelo.
Y si te rompes la crisma?
Tal dia hará un año. (salta.)
ESCENA X
(Don Antonio, solo.)
Ya estoy mas sosegado. Ese aviso dará lugar á explicaciones que faciliten... Pero no; sólo conseguiré retardar mi desdicha.— Si Mateo encontrase algún medio... Si yo pudiera... Ya vienen. Disimulemos. La ironía de Isidro me desespera. Aparentemos resignación, no perdamos de vista á
y no dejemos escapar la menor desús señas
ESCENA XI
(DON ANTONIO, DON ISIDRO, MATEO.)
Pensabas pasar la noche en la cocina, belitre?
Si tengo mas hambre que un convaleciente!
Hay valor para haberse Bebido este gandul casi una botella de manzanilla!
Usted se ha bebido la segunda y ha dejado agonizando á la tercera.
¡Para que yo te reciba de jokei, borrachon!
No tengas cuidado, que si me proteges... (bajo á Antonio.),
Chist! (bajo ádon Antonio.) ¡Vaya que tiene usted un modo de (ádon Isidro.) enjuiciar!...
(La silla está corriente; mis (aparte sin oirle.) caballos son de azogue, y en dándoles yo una orden, una... El maldito manzanilla se me sube á la cabeza.)
Qué piensas hacer? (aparte á Mateo.)
Veremos.— Hágase usted el dormido (aparte á don Antonio.) y esté alerta.
Llego, el suegro me sale á recibir.— Me formo una idea muy cómica de ese personaje, (reclinado en el sillón.)
(Finjamos. —) (toma un sillón y lo coloca á cieita distancia del de don Isidro.) Por grande que sea mi pesar aun es mayor mi cansancio, y el sueño... (se recuesta en el sillón.)
Por mucho que hostigue el hambre, me atormenta el sueño mas todavía. Voy á ver si puedo...
(coloca otro sillón en medio y se reclina.)
Qué tres leguas tan eternas! (volviéndose.)
Si parecen tres postas! (volviéndose.)
(Tres postas! — Si en efecto... (reflexionando.) Escuchemos, y reflexionemos.) (don Antonio y Mateo fingen que duermen.)
Pues, señor, esto es hecho. Llego, saludo á mi suegro. — Le conocería entre mil. Será hombre de peluca, por supuesto, regordete, panzudo, colorado, chapado á la antigua... Pero ¿qué ángel tutelar se aparece y me saluda con cierto aire campestremente ruboroso? Es mi novia; la interesante Celestina!
Oh cielo! (entredientes.)
Antonio tiene pesadilla.
(No me falta nada para ahorcarme.)
Bonita muchacha! ¿A quién no cautivan su negro cabello, sus ojos seductores, sus veinte mil duros... Duermes, Antonio?
No; todavía no.
Ni yo; pero poco tardaré. Buenas noches.
Buenas noches.
Buenas noches.
Felices. — (Sin embargo (se levanta de repente.) mientras duermo sobre este maldecido sillón de Moscovia, no me haría gracia que te apoderases de mi carruaje, camaradita. (Vá á la puerta.)
(La hemos logrado!)
(Soy perdido!) (cierra don Isidro la puerta y guarda la llave en el bolsillo del chaleco.)
No hay que perder (bajo á don Antonio) la esperanza. Duerma usted, y oido á la caja.
Ahora les permito conspirar ( sentándose.) contra el himeneo y la fortuna.
(Escucha atentamente á don Isidro, y parece meditar algún proyecto.) (Conspiraremos).
( casi dormido.) Exquisito vino tiene el patrón! El tal don Millan es otro original estrambótico. Mi quinta..., mis arrendadores... Pues; y el otro apunte del chafarote! Tan grotesco, tan cari-acontecido... (don Antonio hace un movimiento.)
(aparte á den Antonio.) Paciencia y roncar.
Cuando yo digo que es el vivo retrato del subteniente Ibañez... Aguarda! Pues su regimiento debe de estar acantonado en Utrera, cerca de la quinta de mi suegro!...
(En Utrera! Bueno! No lo echaré en saco roto.)
(Nada! No se dormirá.)
(articulando apenas y luego se duerme.) Ah valiente! Ah valiente! Viva mi yegua! Ah chiquita!
(bajo á Mateo.) Duerme?
Sí. — ¿Él no ha visto nunca á don Saturio?
Jamás.
Ni conoce su quinta?
Ménos.
¿Ni el pais...
Tampoco, (hace don Isidro un ademan, y los otros vuelven á fingir que duermen.)
(bajoá Antonio.) Duerma usted!
(despierta despavorido.) Ah diabólica doña Romualda! ¡Que hasta en sueños me ha de perseguir esa pantera!
(como despertando.) Oaaa!... ¡No le han de dejar á uno descabezar el sueño! (se acurruca.)
(Celestina! Celestina! )
(La dote! La dote!) (un momento de silencio.)
(Ya duerme!)
(Se levanta, hace á D. Antonio una seña disimulada indicándole que no se mueva, y se inclina hacia don)
(abre D. Isidro los ojos y nota que Mateo se acerca á D. Antonio como observando si duerme.) (Alguna picardía de las suyas está maquinando. — Escuchemos.) (vuelve á su actitud de dormir al sentarse Mateo.)
(Ni uno, ni otro duermen, y los dos me escuchan. Bueno!) Quiero aprovechar un momento (alto) ara reflexionar acerca del compromiso en que me alio.
(Oigamos!)
(Oigamos!)
Mucho quiero á estos dos muchachos; pero los dos no pueden casarse áun tiempo con Celestina..; y en mi mano está hacer dueño de la suya al uno ó al otro. — Meditemos. — (D. Isidro y D. Antonio aplican el oido.) Quién será el dichoso? (D. Antonio le pone un bolsillo en la mano izquierda.) Mucho me voy venciendo hácia el flanco izquierdo — (D. Isidro le pone otro en la derecha.) Se restablece el equilibrio.
(al oido.) Si yo no consigo inclinar la balanza, te rompo las costillas.
Esas palabras son de mucho peso. (Contramarcha por la derecha.) (Se levanta con precaución, examina á D. Antonio, que finge dormir, le hace una señal de inteligencia, y se acerca á D. Isidro.) I 8iD. Vamos; qué tenemos? (hablan á media voz.)
Todo lo he descubierto, (con tono misterioso.)
Cómo!
He hablado en la cocina...
Con quién?
Con ese oficial... Fué mi amo hace tiempo.
Cómo se llama?
Ibañez.
Ibañez!— (Bien decía yo.)
Su regimiento está muy cerca de aquí.
(vivamente.) Pues, dónde estamos?
Aúna legua de Utrera.
¿Cómo, si no hemos andado mas que tres leguas?
No, señor: dos postas.
Pero el postillón...
Sobornado.
Esta casa...
La del suegro.
Ese don Millan...
Es don Saturio.
Esa Rosalía...
Es Celestina.
Ese don Tí burdo...
Novio fingido. Es Ibañez.
Pero ¿á qué fin...
Don Saturio quiere observar á ustedes dos para escoger, y como tiene ideas tan originales...., — Ya lo sabe usted, ha dispuesto esa farsa...
Es posible! Ya decía yo que las tres leguas... Y en efecto, aquí una especie de suegro, una novia...
Pues! ¿Y no veia usted qué caviloso estaba el pretendido don Millan...
Sí, sí, y áun se le escaparon unas palabras. Mi quinta, mis arrendadores..., eh?
(con fingida sencillez.) No he reparado en eso.
(No apoya esta observación. Sin duda habla de buena fe.)
(aparte á D. Antonio.) Gracias al manzanilla se tragó el anzuelo.
(Qué dicha!)
(ó D. Isidro.) Como por desgracia han llegado ustedes juntos, está autorizado don Saturio para elegir.
Es verdad.
Chist! — Prefiere á don Antonio.
Malo!
Pero la chica le prefiere á usted.
Bueno!
Voy á despertarle y consultemos los tres.
Detente! Qué vas á hacer? Con su filosofía y sus sentencias es capaz de alucinar á la muchacha. Es preciso echarle de aquí.
Y cómo?
Si yo pudiera...
Cederle el carruaje!— El caso es que podría sospechar... Ah! Dígame usted: (después de un momento de reflexión.) él no habra reconocido á nadie: eh?
No.
Pensará que estamos todavía á tres leguas de la quinta.
Sin duda.
Chist!... Va á partir al moipento.
(Bravo!)
(Bravísimo!)
Finja usted que duerme, y atención á lo que voy á decir.
Soy yo tonto? (recostándose.)
Vamos pronto! Arriba esos huesos! (á don Antonio.) .rao. Qué hay de nuevo? ( fingiendo despertar.)
(ate. Chist!,.. No hay que perder un instante... Ahora que duerme... nto. Qué ha sucedido? [ate. He hecho creer á don Isidro que estamos en la quinta del suegro.)
Cómo! (fingiendo admiración )
Que don Millan es don Saturio.
De véras?
Chist! Y que su sobrina es la novia.— Don Isidro se ha vuelto á dormir, imaginando un medio para alejarle á usted de aquí y hacerle servirse de su carruaje, (hace una seña de inteligencia.) Vnto Pero, de qué modo? ate. Aprovechemos la ocasión.
Efectivamente, yo recuerdo...
(Adiós! Ahora Ya á caer de su asno y me pierde.)
Sin embargo... !sid. (Vamos, no se irá!)
Me enganas, Mateo?
Yo no soy capaz de engañar á nadie.
(Píllastron!)
Chist!.. Trata de aparentar que renuncia á Celestina.
Pues; para echarme de aquí.
Pero de un momento á otro puede saber la verdad.
Oh cielo! Cómo haremos?...
Sáquele usted con tiento la llave del bolsillo, abra la puerta; suba á la silla, y arrea que es tarde!
(haciendo asomar la llave que puso en el bolsillo del chaleco.) (Ah! Ya respiro!)
(acercándose.) Si ahora despierta, la logramos.
Yo respondo á usted de que no despertará.
(Y yo.)
(Y yoT)
(tratando de tomar la llave.) Sus labios se agitan.
Estará soñando.
(fingiendo soñar.) Sí; aquí me quedo. Parte, parte... Yo renuncio á Celestina. — Buen viaje.
Mil gracias, (tomándola llave.)
No puede contenerla risa, (aparte á Mateo.)
En! Quieto! Sea usted mártir, (bajoá don Isidro.)
Volemos, y para precaver nuevos (abriendo.) obstáculos dejemos cerrada la puerta, (vase echando la llave á la puerta.)
ESCENA XII
(DON ISIDRO, MATEO.)
Ah, ah, ah. Creí que reventaba (levantándose y soltando la risa.)
Calla! Pues ha cerrado la puerta! Don Antonio, don Antonio! (corriendo á la puerta.)
Que haces, maldito? Ahora le llamas?
No señor, sino que... (turbado.) La llave queda puesta á la parte de á iuera; pero qué hacemos con esto, si ha cerrado? (Me ha dejado en las hastas del toro!)
¡Cómo baja las escaleras de cuatro en cuatro!
(riéndose. )
(Que no se rompiera la nuca!)
Qué es eso? ¿Por qué estas tan azorado?
Cá! No, señor... ¡Si estoy tan contento!... (Ah perro, traidor!)
Oyes? Ahora reflexiono.— El postilion le sacará del error.
No tal... Ya sabrá don Antonio... (cortado.) (Va á descubrir mi entruchada y me mata.!)
Ah, ah, ah! Temblando estaba (riendo.) no se empeñase en quedarse aquí.
Disparate!
Ah, ah, ah! ( riendo )
Ah, ah, ah! (esforzándose á reir.) (Me tiraría por esa ventana.)
Calla. Escuchemos, (aplicando el oido.)
Ya va echando chispas. — (Y yo estoy dado á Lucifer.)
Bien malicié yo alguna cosa al entrar.*
Oh! ¡Si tiene usted una penetración...
Habernos hecho entrar á oscuras en la sala mas humilde de la quinta...; Aquello de hablar en secreto... Pero el bueno de Ibañez!... Al primer golpe de vista le conocí.
Es usted- el mismo demonio Qué talentazo!
El tuyo merece mil elogios y tu estratagema...
Le ha gustado á usted?
Extremadamente.
Lo celebro mucho. — (Reniego de ella.)
Ven á mis brazos. Eres un guapo mom; travieso, emprendedor, capaz de engañar á cualquiera..., menos á mí.
A usted? Ya, ya! Bonito es el niño para que le engañen!
Y para que no lo dudes me vas á hacer el obsequio de no separarte de mí.
¡Cómo...
Tunanton! Buenas ganas se te pasan de ir á alcanzar á mi rival y descubrirle el enredo por pillar otra propina.
Yo? Dios me libre! (Maldita sea mi fortuna!)
Gente viene No te muevas de aquí. Si das un paso... (Va amaneciendo.)
ESCENA XIII
(Dichos, Rosalía, (viene por el fondo.))
(Ah! La hermosa Celestina!)
(Ahora se descubre el pastel!)
Ah! mi sorpresa... Qué rubor! Perdone usted. Yo me retiro
(deteniéndola.) No me prive usted de su vista encantadora
He oido que el coche se alejaba, y no creía que estuviese usted aquí: lo aseguro.
Qué importa? Deténgase usted, que no soy ningún cafre.
Tengo que hablar á mi tío...
(aparte á Mateo.) El tio, Mateo!
Sí..., el tio!
Y á don Ti burdo.. Isid El novio: no es verdad?
El que será esta tarde mi marido.
(aparte á Mateo.) ¿Sabes que representa el papel á las mil maravillas?
Es mujer.
Su novio de usted es un joven gracioso, agudo...
(Como punta de colchón.)
Qué dice usted? Nada de eso. Á mí me parece un infeliz: muy complaciente, dócil como un borrego... En fin, muy a propósito para marido.
(Pues la muchacha se explica!) Rosa Y estoy muy contenta ae mi boda. Así ejerceré en casa un imperio absoluto; gastaré á mi antojo; reñiré, perdonaré, dictaré leyes... Dicen que esta es la felicidad de Jas mujeres.
(Esta quiere sondearme.) Mate ( aparte á D. Isidro.) Bien ha aprendido la lección la hija de su madre.
Señorita, ¿quién no se tendrá por dichoso en ser esclavo de usted? Las cadenas que haga usted llevar serán siempre guirnaldas de flores, y le juro á usted una obediencia á toda prueba.
¡Cómo... Qué dice usted?
Sí, hermosa [mia. No en vano nuestros padres nos haujuzgado dignes uno de otro, y mi corazón...
No le entiendo á usted, caballero. ¿Qué quiere usted decirme...
Que dentro de un cuarto de hora será usted mi dulce esposa...
(Su esposa!)
Y yo dueño feliz de un tesoro... de gracias y de virtudes.
(Echándose á sus piés, se apodera de su mano: en este momento aparece D. Tiburcio por la derecha vestido de novio ridículo.)
ESCENA XIV
(DICHOS, DON TIBURCIO.)
(retirando la mano.) Ah!
(La hemos hecho buena!)
Qué veo! ¡Por San Mrácos..'se porta usted, hija mía! Pues si esto hace cuando novia...
Bien, bien, amigo! ¡Sorpresa, admiración... Lindamente!
(aparte á D. Isidro.) Todo esto es seguir adelante con la farsa. Para los novios tontos no ha nacido actor como él.
¡Pues no hay duda que la muchacha promete! — ¡Por vida de...
Eso, eso! Unpoco de cólera viene ahora de molde.
Enójese usted mucho. Ponga el grito en las estrellas.
Ya se vé que me enojaré. Hum!
Eso es lo que se llama estar poseído de su papel.
(Amo y criado han perdido el juicio.)
Yo se lo diré á mi señor tio político.
(con misterio á D. Tiburcio.) ¿Te acuerdas de la estocada que te di tres años hace?
Cómo estocada!
Conserva usted todavía aquella jaca rucia?
Qué jaca, ni qué alforja?
¿Cuándo me pagas los veinte duros que te presté en Andújar?
Otra! Pues si en mi vida...
¿Cuándo me abona usted los cinco meses de salario que me debe?
Yaya, vaya! No me vengan ustedes á mí con lilailas.
Pero no perdamos un tiempo precioso. Al instante te conocí, y Mateo me lo ha dicho todo. Ya está lejos mi rival. Corre á ponerte el uniforme. Te interesas por mí; me caso con esa hermosa niña y firmas el contrato como testigo.
Pues esto si que me gusta!
(Me divierte su humorada.)
ESCENA XV
(Dichos, don Millan, por el fondo.)
Oh mi amado suegro! Acabara usted de venir!
Suegro!
Suegro! (al mismo tiempo.)
Suegro!
(Ahora es la mia.) Isid: No me habían engañado. Es usted excelente sujeto... Un poco original, pero el hombre mas amable de Andalucía. Usted me conviene: yo soy del gusto de usted; asunto concluido. Llámeme usted desde ahora su yerno. — Ah, ah, ah! ¿Conque me querían ustedes chasquear? — Ya me dijeron que era usted aficionado á comedias caseras.— ¡Bien nos hemos divertido todos! Mi esposa la dama joven, mi amigo gracioso, mi criaao parte de por medio, yo galan, usted...
Qué diablos está diciendo este hombre?
Compañía completa.
Está loco.
Estoy tonto.
( Pies, para que os quiero?) {se va guardando las vueltas a don Isidro.)
ESCENA XVI
(Dichos, menos Mateo.)
Vamos; sobre que no concibo, {examinando á don Millan.) señor don Saturio...
Don Saturio!...
Cómo con una figura tan noble {afectando seriedad.) ha consentido usted en desempeñar el aciago y subalterno papel de administrador...
Señor mió... (picado.)
Un hombre que tiene quintas, cortijos, olivares..., un hombre que da veinte mil duros de dote á su hiia debía representar cuando menos el papel de barí>a sério.
(Este hombre se ha escapado de alguna jaula.)
(Sin duda le ha trastornado el manzanilla.)
En cuanto al señor don Pedro {señalando á don Tiburcio ) Ibañez...
Ilbañez!
Confieso que le cuadra bien el papel^La bella Celestina.
Celestina!
Puede estar segura de agradar en todos los papeles que ejecute.
Mire usted que yo me llamo Rosalía.
Y yo don Millan Gorgojo.
Y yo don Tiburcio Benigno Becerril: está usted?
Aún quieren sostener la mojiganga!
ESCENA XVII
(Dichos, Ramón, por la puerta déla derecha..)
Una esquela del señor don Saturio.
De don Saturio!
Ahora se desengañará usted.
Qué oigo!
Iba yo echando los bofes hácia la quinta con una carta del otro oficial, cuando á cosa de una legua me encuentro con el jardinero que venia hácia acá; y que hago? Le doy mi comisión y me encargo de la suya.
Pues qué ¿mi compañero...
Oh! Ya estará muy lejos de aquí. Que caballos tan arrogantes!
Losmios!
Por cierto que al pasar me ha saludado dándome estos cuatro doblones.
Soy perdido!
(Ya se le va quitando la mona.)
(Qué cara de condenado! Yo le tengo miedo.)
Nos están esperando en mí..., en la quinta.
Oh suerte! Permítame usted; {arrebatándole la esquela.) No hay duda; esta es la letra, la firma de don Saturio. Me la han pegado! ¡Ah infame, traidor Mateo!
Virgen del Cármen! Yo me estremezco.
(Santo Dios! ¿De dónde nos ha venido este hombre?)
(Este acceso es de otra especie.)
Pobres é interesantes acreedores! ( paseando muy agitado.) Qué va á ser de vosotros? ¡Os han asesinado! — Compadézcase usted (á don Millan.) desús cuitas. Son unos hebreos muy honrados que contaban con la dote consabida...
Ah! Me olvidaba. Acabo de encontrar á Mateo que corria mas que el viento con tres caballos de reata.
(á don Millan.) Los de Urbina! Ya no hay esperanza.— Oiga usted; yo soy don Isidro Figueroa...
Calle usted!? Ese calavera...
Sí, señor. El futuro consorte de Celestina. — Si alienta en ese pecho administrativo un corazón sensible, haga usted que yo parta, corra, vuele.
ESCENA XVIII
(DICHOS, AMBROSIO.)
La galera está lista.
Usted ha hablado con poco respeto de los administradores, pero yo soy generoso: todo lo olvido, y le ofrezco un asiento.
¿Y cuántos caballos..
Las dos muías. Hoy no aramos.
Soberbio tren! Desventurado de mi!
Y á la zaga vendrán los bueyes: ¿no es verdad mi amo? Para engancharlos en la cuesta.
No hay quien me pegue un tiro?
Vaya, ¿rehusara usted un asiento al lado de su cara Celestina?
De su fiel amigo Ibañez?
De su amable suegro don Saturio?
Qué he de hacer? — Me resigno!
Vamos, vamos, Ambrosio.
¡A Dios, casas, haciendas, lacayos, opulencia; á Dios castillos en elaire!... Gemid, hijos aelsrrael!!!
(saliendo sostenido por don Millan.)
Ah, ah, ah... Tendrá que ver un oficial de caballería en galera por esos caminos. Esto se debía imprimir, (riéndose y siguiendo á los demás.)
Acto tercero
(La escena pasa en la quinta de don Saturio. Salón bien amueblado. Jardín en el fondo, que dejan ver dos)
A la derecha la puerta que comunica con el
Otra á la izquierda.
ESCENA PRIMERA
(DICHOS, DON SATURIO, BLAS, CRIADOS.)
(con una carta en la mano.) En grande conflicto me pone esta carta. — ¿Dices que te la entregó Ramón?
Y que la recibió de mano de un forastero. Como es muchacho de confianza, y yo hacía falta en la quinta, le he dado la esquela de usted y me he vuelto.
Alabo al ciego acaso que también me favorece en esta ocasión, haciendo llegar á mis manos con tanta oportunidad este aviso interesante. Volvamos á leer. — «El interés que me inspira su familia de usted, y particularmente la bella Celestina, «me mueve á prevenirle que un joven intrigante, «instruido de la boda proyectada, va á presentarse »á usted dentro de pocas horas apropiándose el «nombre de uno de los dos yernos presuntivos. «Vendrá con uniforme del mismo regimiento; y «provisto de todas las instrucciones necesarias, no «dejará de preceder á los dos oficiales que usted «espera.» — Hola! hola! El asunto es sério. — Es«tais todos ahí? ( ci los criados.)
Aquí estamos todos.
Pues idos. — (los criados van á retirarse ) Poco á poco. — (Siempre he sido yo bastante plomo para esto de concebir ideas. Si tuviese tres dias siquiera para reflexionar, yo recibiría á ese petardista como merece.)— Tú, ponte de emboscada á la orilla del camino; — tú, en el zaguan; — tú, observa (á Blas.) desde el terrado, y ven corriendo á avisarme así que hayas descubierto un coche.
Muy bien.
Esperad. — Si es una silla de posta, así que se haya apeado de ella el falso militar, que no quede en el zaguan ninguna señal de su llegada. — (Urbina y Figueroa, oficiales los dos, y á cual mas atolondrados, serian capaces de arnfar alguna camorra con ese imprudente. Bueno es evitar que le vean. Le haré á solas un prolijo interrogatorio, y sabré...) Qué es eso? Aun estáis aquí! ( los criados van á irse.) Despacito. — Os recomiendo el mayor sigilo. Cuando llegue el que ha de ser mi yerno, guardaos bien de decirle que otro se ha presentado en su lugar. Al primero que hable le despido.
ESCENA II
(DON SATURIO, BLAS.)
A Celestina, que se me presente ahora mismo.
Voy corriendo.
ESCENA III
(DON SATURIO.)
Vamos; ya estoy mas tranquilo. Tendré bajo llave á ese galopín que queria engañarme hasta que se hayan firmado las capitulaciones — Pero esa muchacha" me tiene inquieto. Desde que se trata de su boda la veo triste, pensativa.., y aunque la tengo acostumbrada á darme todas las noches cuenta exacta de sus pensamientos y de sus acciones, aun no he podido penetrar... Ya ha cumplido diez y seis años, no tiene madre, y es preciso casarla.^ Don Ruperto Figueroa me la ha pedido para su hijo; don Anselmo Urbina para el suyo; y yo, fiel á mis principios, y confiado en mi buena estrella, se la doy al primero que llegue de los dos, bien segaro de que no encontraría la muchacha mejor marido, aunque lo escojiera entre mil. — Ya viene. — Ne le hablaré del aviso anónimo que he recibido.
ESCENA IV
(DON SATURIO, CELESTINA.)
(Se acerca Celestina con timidez y hace una respetuosa cortesía. D. Saturio se sienta.)
Acérquese usted, señorita. Tome usted una silla, y siéntese á mi lado. (Celestina lo hace un poco distante.) Mas cerca. — ¿Tienes miedo de acercarte á tu padre?
Oh! No, señor, (acercándose rápidamente.)
Así me gusta.— Anoche te sentías un poco indispuesta, te recogiste muy temprano y creo que no me diste razón de tus operaciones en el discurso del día-
No, padre mío.
Esta será la última vez que te haga comparecer ante mí para inspeccionar tus pensamientos, para escudriñar, digámoslo así, hasta el mas leve movimiento de tu corazón. De hoy más, dejaré dereclamar tu confianza, pero no puedo menos de contar siempre con ella.
Siempre, querido padre.
Perfectamente. Ya puedes principiar.
(Cruza una pierna sobre otra y apoya su cabeza en la mano derecha. Celestina se incorpora un poco y dice lo que sigue, como quien recita de memoria.)
Un buen padre es por necesidad nuestro mas tierno amigo. La naturaleza nos le da para velar por nosotros, guiar nuestro corazón é ilustrar nuestro espíritu. Todos sus desvelos, todas sus inquietudes tienden á un solo objeto: nuestro bienestar. Le debemos nuestro amor como á padre, nuestra obediencia como á señor natural, y nuestra confianza como al mejor y mas desinteresado de nuestros amigos.
Bien dicho. — Examínate un poco en silencio, y prosigue.
(después de una breve meditación). Me levanté á las siete.
Entré de quedito en su habitación de usted, y le desperté besándole la mano.
Lo tengo presente.
Me puse al piano
Ya. Y qué cantaste?
El Mai piú.
Ah!... ¿Cómo es que no cantas ya hace dias aquel rondó tan alegre...
No losé, papá.
Parece que ya no te gusta.
No, señor.
Bajé después al jardín...
Bien. — Y corriste tras de las mariposas?
No, señor.
Hola! ¿Y cómo es que ya no cazas mariposas?
No lo sé, papá.
¿Conque ya no te agradan las mariposas?
No, señor, (suspirando.)
Me interné luego en la alameda.
Y qué hiciste?
Llorar como una Magdaleua.
Oiga! Y por qué lloraste?
No lo sé, papá.
Se te hace cuesta arriba el casarte?
No, señor, porque me ha prometido usted no separarse de mí.
Nunca, hija mia. — Pero ¿por qué estás melancólica y displicente?
Es que...
Celestina! El octavo, no mentir.
Si, padre.
De dónde nace tu tristeza?
De que...
Eh?
He tenido un ensueño...
Ooooh! Y qué has soñado?
Que estaba en Cádiz en el baile de doña Angustias.
Una sola vez fuiste á su tertulia cuando residíamos en aquella ciudad.
Si, señor; hará unos ocho meses.
He soñado que aquel joven...
Qué joven? Esto va pica en historia.
Aquel sevillanito de quien he hablado á usted tantas veces...
Ah!... sí.
Estaba todavía á mi lado, tan fino, tan complaciente, tan amable...
¿Tienes todavía presente su fisonomía?
Tanto, que me parece que le estoy viendo.
¡Es posible.. ¿Y eso es lo que te tiene tan afligida de algunos dias á esta parte?
Creo que sí, papá.
Sepamos por qué.
Porque yo quisiera...
Qué?
Que mi esposo...
Acaba.
Se pareciese á aquel joven.
Ba, ba! Yo no le he visto; ni tú ni yo sabemos su nombre, y es probable que nunca volvamos á verle.
Tampoco conocemos á los que aspiran á mi mano.
Es verdad. Como se han educado en un colegio lejos de aquí, y desde que son militares no se les ha visto por este pais hasta hace pocos meses, todavía no he visto a ninguno de los dos; pero sé que son excelentes muchachos.
No lo dudo; pero aquel joven...
Sus padres son muy amigos mios.
Ya lo sé; pero...
Nada de peros. Mi resolución está tomada. — A bien que la casualidad ha sido siempre mi norte, y como na obrado en mi favor tales portentos, no sería estraño que tu futuro se pareciese mucho á ese desconocido.
(vivamente.) Ah! ¡Qué feliz casualidad sería esa, padre mió!
Te mando recobrar tu alegría. No le está bien á una doncella conservar tanto tiempo la memoria de un mancebo. En cuanto á tu boda, yo he tomado mis medidas para que sea dichosa. — Todavía no sé quién será tu marido, pero seguramente... En todo caso te aconsejo que nunca pierdas de vista los deberes conyugales. Considera que tu marido hereda legalmente una parte de mi autoridad..
¿Tendré también que darle cuenta cada noche de lo que haga durante el dia?
No, no. Hasta ahora no ha llegado á mí noticia que haya un solo matrimonio en España donde eso se practique; y no es cosa de singularizarse.
Tiene usted mas que decirme? Satu: (muy grave.) Por ahora no. Puedes retirarte.
La mano.
(dándole á besar su mano.) Dios te haga una santa
ESCENA V
(Do?» Saturio, á poco Blas.)
Como una malva es la pobrecilla! ¡Qué buena índole! Qué sencillez! Qué amor á su padre! — Hasta en esto me ha favorecido la casualidad.
(llega corriendo.) Ya está aquí el amigo; ya está aquí.
On! Ahora nos veremos las caras, caballerito; ahora...
ESCENA VI
(DICHOS, DON MAURO.)
Calla! Pues si es don Mauro!
Cómo! ¿No es este el galan que usted esperaba?
Borrico! Calan un escribano?
(saludando.) Sin duda se admira usted, señor don Saturio, de verme llegar tan temprano; pero mi celo, y por otra parte las circunstancias... Mi jaca se ha desherrado; un oficialito, que se titula futuro esposo de su hija de usted, me ha ofrecido un asiento en su carruaje; hemos llegado juntos..., y tengo el honor de presentárselo á usted, (tomando de la mano á don Antonio, que entra.)
ESCENA VII
(DICHOS, DON ANTONIO.)
(Este es sin duda el seudo-futuro.)
(Este es el novio fingido.)
Señor don Saturio, yo soy hijo de uno de los mayores amigos de usted; soy quien tendrá la satisfacción, así me atrevo á esperarlo, de ser admitido en el seno de una familia tan respetable; quien de antemano promete á usted el cariño y los respetos que se deben á un padre, (mira al rededor como buscando á Celestina.)
(Su turbación le delata. Está como asombrado.)
(Qué ansia tengo de ver á mi Celestina!
(Está estudiando loque ha de decir.)
Aquel, en fin, cuyos nombres, cognombres, títulos, cualidades y participios, van á llenar los blancos que he dejado en el contrato que traigo conmigo.
(Si estará de acuerdo con don Mauro?)
En una palabra, soy su yerno de usted.
(Hasta su cara es sospechosa.)
(Con qué frialdad me recibe!)
(Tomaré mis precauciones.) (En voz baja.) Blas, que desenganchen y ocúltenla silla si ya no lo han hecho; y sobre todo, silencio y discreción, (váse Blas)
Qué significa esto?
(Extraño modo de agasajar á un novio!)
Caballero mió, ¿me atreveré á preguntar á usted quién es y de dónde viene?
Disimule usted que no me haya anticipado á esa pregunta, pero la dicha de haber llegado antes que mi rival, y mi impaciencia por ver á la hermosa Celestina...
(Titubea. Este es el intrigante.)
Yo soy Antonio Urbina.
Sí, Urbina... (con ironía.)
Hijo de su amigo íntimo de usted don Anselmo de Urbina y Melendez..
Bien, muy bien! — Y usted, señor don Mauro Chinchilla y Zaratan, ¿tendrá la bondad de decirme cuánto tiempo há que ejerce la profesión de escribano?
Veinte años, y puedo afirmar que...
(á don Antonio.) Es usted militar?
Mi uniforme lo dice; y j usted — — sabe..) —
(ó D. Mauro.) ¿No ha faltado usted nunca á la probidad que su oficio requiere?
Que eso se pregunte á un escribano!
(áD. Antonio.) Y usted, ¿ha honrado siempre el hábito que viste?
¡Cómo... (Pues me gusta el interrogatorio!)
Usted presta su ministerio á una acción infame.
Qué dice usted!
(á D. Antonio.) Usted se atreve á cometer una bajeza.
Mire usted como habla.
(á D. Mauro) Usted introduce en mi casa á un petardista. Maur Don Saturio!
(sacando la carta de D. Antonio.) Pero afortunadamente me han informado de todo, y...
(viéndola carta.) (Ah, cabeza mia! Ahora recuerao... Qué imprudencia! La carta que anoche remití... ¡Huyendo del peregil me ha salido en la frente!)
Muérase usted de vergüenza.
(Fatal billete!)
Tenga usted la bondad de oirme. T.
Sírvase usted escucharme...
Yo no conozco á ese caballero.
Me ocurrió la estratagema...
Ya vé usted que ha sido inútil.
Permítame usted que le diga...
Un escribano!
Oiga usted...
Un oficial!
Pero, señor don Saturio.
Declaro, afirmo, juro y protexto que el acusado me es desconocido
Declaro, afirmo, juro y protesto que me llamo Antonio Urbina.
ESCENA VIII
(DICHOS, MATEO, BLAS.)
(introduciendo a Mateo.) Aquí le tiene usted.
(corriendo ci D. Antonio.) Victoriá! Victoria! Le doy á usted mi parabién. — ¿Dónde está la novia? Qué es de la dote? Supongo que ya se habrá firmado el contrato.
Todavía no.
Este es mi criado. Él puede declarar...
(á Blas.) Prendedle.
Esa es otra! ¿Conque yo venia á bailar en la boda...
Yo te daré el baile, bribón.
(á D. Antonio.) Veamos como se justifica usted.
Yo soy quien ha escrito ese billete.
á otro perro con ese hueso.
Temiendo que Figueroa me ganase la delantera, aventuré ese aviso anónimo...
La salida es ingeniosa.
(El diablo me lleve sí entiendo una palabra.)
(acabando de leer la carta que tomó de D. Saturio.) «Vendrá con uniforme del mismo regimiento y provisto de todas las instrucciones necesarias, no dejará de preceder á los dos oficiales que usted espera.»
(Ah! ya está entendido.)
Si esto no es prueba, la carta que usted me escribió ayer...
Ah, veamos esa carta.
Yo mismo la saque del correo
Y mis papeles...
Veamos los papeles.
¡Por vida... Qué fatalidad!
No decia yo?..
No hay pruebas justificativas:
¿Pues cómo...
La precipitación con que me puse en camino...
Malo!
Todo me lo dejé olvidado en Sevilla.
Sacamos en consecuencia que es usted un intrigante, un embustero; de que doy fé.
Miserable!
(Aquí no hay nadie que le haga reconocer.— —¿De qué medio me valdría... Ah! Ya tengo una idea..)
Á bien que Figueroa vendrá, y yo espero...
Es que no le verá usted, hijo mió, hasta que haya firmado el contrato.
¿Es posible... Usted me desespera, don Saturio. Usted me quita todos los medios de justificarme.
Yo tengo uno. ( aparte á D. Antonio.) Lo que ha de hacer usted es no contrariarle.
Puecle usted esperar en esa pieza inmediata ó en el jardín: pero no verá usted ni á Figueroa, ni á Urbina, ni saldrá de casa hasta que se haya terminado el asunto.
(aparte á D. Antonio.) Sígame usted al jardín. (Si es preciso escalaremos las paredes.)
(Capaz es de sacarme todavía de este berenjenal.) — Pues bien, señor don Saturio; no quiero faltar al respeto que me merece el padre de Celestina. Ruego á usted, sin embargo, no olvide los derechos que su propio convenio me ha dado. Voy al jardín y descanso en la prudencia de usted, que no le permitirá concluir sin mas exámen un negocio de tanta trascendencia. Dentro de poco saldrá usted de #u error.
ESCENA IX
(DON SATURIO, DON MAURO, BLAS.)
Se va al jardín: bueno. — Blas, síguelos; cierra la verja, y que no la abra nadie sin mi permiso.
ESCENA X
(DON SATURIO, DON MAURO, CELESTINA.)
Qué viene usted á buscar aquí, señorita?
Me han dicho que ha llegado hace poco un caballero, y venia á ver si se parece al que...
No ha venido nadie: está usted? ni nadie se^parece aquí á nadie; ni es mi voluntad que haya* venido nadie; y no le permito á usted que lo crea; y si lo cree usted, le prohíbo que lo diga.
Quedo enterada, papá.
(llega corriendo.) Cuánta gente! Ahí tiene usted ádon Millan, el administrador, y ásu sobrina, y al novio de su sobrina, y á un oficial que viene con sus mercedes.
ESCENA XI
(DICHOS, DON ISIDRO, DON MILLÁN, DON TIBURCIO, ROSALÍA, RAMÓN, ENTRANDO UNO TRAS OTRO.)
Señor den Saturio, tengo el honor... Satu! Hola! Usted por aquí!
Caballero, yo soy...
Sea en hora buena.
Servidora de usted, señor don Saturio.
Hola, chiquita! Bien venida.— Pero me han dicho...
(riendo dentro. )¡Ah, ah, ah [Parece increíble. ¿Quién demonios se había de figurar...
Con nosotros viene un oficial llamado don Isidro Figueroa.
(entrando.) (Vamos, no hay duda. — He llegado antes que mí rival. Yo triunfo!) Oh, señor don Saturio! (tendiéndole los brazos.) Porque usted tiene cara de ser don Saturio. Vengan esos brazos político-paternales. No puede usted cqncebir cuánta es mi alegría, mi delirio...
Oh! Este no necesita carta de seguridad. Es el vivo retrato de su padre..., y juraría que es todavía mas loco que él.
Qué quiere usted! El amor filial... Pues este es el carácter de toda la familia: la cabeza un poco á la jineta, pero excelente corazón. — Ante todas cosas, dígame usted: ¿no se ha presentado nadie?
Nadie.
Conque yo soy el que ha llegado primero?
Sí, señor.
Y por consiguiente puedo llamarme desde ahora marido y conjunta persona de la dot..., de la interesante Celestina?
Ciertamente.
Enjugad vuestras lágrimas infortunados israelitas! (con alegría.)
Qué, qué dice usted?
(¡Voto vá...) Nada, estaba recordando la historia de Aman y Mardoqueo. Estaba... Decia... Contemple usted á esa linda criatura, obra maestra, digna de tan ilustre artífice, y no me preguntará la causa del gozo que me enajena.
(aparte.) Sabes que es muy galante tu novio?
(lo mismo.) Sí, papá...; pero no se parece al consabido!
¡Chist...
(Me parece que aquí hay misterio. Voy á informarme de los criados de casa y á prevenir si puedo á don Antonio.)
ESCENA XII
(Dichos, menos Ramón.)
Ah! se me olvidaba. Traigo una carta de mi padre para usted, (á D. Mauro y lee para si la carta.)
(á Rosalía.) Mi suegro es hombre expeditivo.
No merecía usted ser tan dichoso.
No comprendo cómo es que no ha venido todavía el otro amigo.
Ni yo. — Como no se haya perdido en el camino....
Soy tan fatal, que aun no las tengo yo todas conmigo; y si veo colmados mis deseos..., escuchad todos el voto que hago en vuestra presencia...; pago á mis acreedores.
(No cabe duda: él es. Yo no sé por qué hubiera yo preferido al otro joven...; pero no me es lícito comprometer la felicidad de mi hija infringiendo las leyes del destino.) -Ya puedes firmar, Celestina. (Celestina firma temblando. ) Bueno! — Ahora usted, yerno mió. Quiera Dios que este enlace os haga venturosos y os dé... (óyense chasquidos de látigo.) Pero ¿qué oigo?
ESCENA XIII
(Dichos, Ramón: entra corriendo.)
Acaba de llegar un oficial con su criado.
(con la pluma en la mano, riéndose.) Ah, ah! Mi pobre rival!
Firme usted, que...
ESCENA XIV
(DICHOS, MATEO, DON ANTONIO.)
Oh! oh! El insigne Mateo; ah perillán! rE. (Malo, malo, que llegamos tarde!) ís. (á D. Antonio que entra.) Camarada de mi alma! ’U. ur. Camarada! o. Qué tal, señor don Saturio? Soy yo impostor? Dirá usted ahora... te. Aturdido! Espere usted (aparte á D. Antonio.) que le nombre: no lo eche todo á perder, u. (á D. Antonio.) Es esto lo tratado? ¿Cómo se tre've usted á presentarse... q,e. (Él es!) . (Aquí hay gato encerrado. Estemos alerta.) ro. ¿No ha oido usted que me ha llamado camaada? sru. (á I). Isidro.) Chist!... Poco á poco. ¿Cómo se ; lama el señor? ¡i». (Audacia!) Don Cosme García, oficial de mi pro¡)io regimiento, natural de...
Qué oigo! ¿Habrá embustero mas descarado? Ino soy yo don Antonio Urbina? te. (aparte á D. Antonio.) (Nuestro gozo en un pozo.) ¡Cabeza de chorlito!... fi mo. Con el nombre de don Antonio Urbina se preJ-entó anoche en casa de don Millan; y él filé quien... B). Yo le traía para que me sirviese de testigo; y el 1 traidor sin duda ha querido suplantarme tomando Jil nombre de mi rival, l.u. Yo no concibo...
Yo tampoco. Isa. Ni yo. n as. Ni yo. lum. Ni yo. i to. ¿Pero se ha visto desfachatez como ella? ¡NeJgarme... ¡Vive Dios... i tu. Pues, señor, dejémonos de disputas. Don IsiJdro ha acreditado la identidad de su persona; us,,ted no: conque así... _(¡le. Papá, mire usted que el señor es (por D. Anionio.) el mismo joven de quien he hablado á usted, y no puede mentir un hombre que con tanta dulzura se declaró mi amante. tu. Buena recomendación! Esa circunstancia le acusa mas que todo. La fuerza del amor le ha movido á fraguar... no. Pero, señor don Saturio.. ¿tu. Nada, nada! A mí no se me comulga con ruei das de molino. A don Isidro me atengo. Uto. Protesto... (se oye ruido como de parar un car)_ j maje.)
Un carruaje acaba de parar. utu. Será alguno de los convidados que vendrá de I Utrera. Firme usted, firme usted, don Isidro. ¡le. (Triste de mí.)
ESCENA ÚLTIMA
(DICHOS, DOÑA ROMUALDA, DOÑA ROMUALDA, DOÑA ROMUALDA.)
(jisn el momento en que va á firmar D. Isidro llega doña Romuada y le agarra el brazo.)
(omu. Sacrilego! Qué vas á hacer? Detente! (movimiento y sorpresa general.))
(atu. Esta es otra! juD. Señora... (Oh vieja de Barrabás!))
(nto. Oh fortuna! ate. Oh mimen tutelar! atu. ¿Podremos saber, señora mia... ■•..omu. Yo pongo impedimento á esa boda. Señor escribano, usted me dará el testimonio competente. Cruel Vireno, fugitivo Enéas, ¿así me pagas mi acrisolado y trascendental cariño? ¿Así cumples tu promesa? ¿Así recompensas mis desvelos, mis sacrificios...)
(Maldita.) No la crean ustedes, que está loca.
Sí, loca de amor, y de celos, y de rabia, y de furor. ¡Tú casarte con otra que no sea tu Romilda! Primero mi venganza... Perjuro, ¿quién tiene mas derecho á tu mano? ¿Quién ha recibido á sus plantas tus falaces cuanto dulcísimos juramentos? ¿Quién ha abierto para tí de’par en par su corazón... y su gaveta? ¿Quién se había propuesto inmortalizar tu nombre en la erudita novela que me inspiraste, y á que quieres dar tan trágico y espan tífero desenlace? ¿Quién acaba de pagar una parte de tus deudas? ¿Quién, apenas ha sabido adonde encaminabas tu pérfida huella, quién ha volado en pos de tí? ¿Quién te sigue, seguirá, seguiría y siguiese con un amor tan plusquam perfectus como el mió, hasta los últimos límites del globo terráqueo? — Confunda usted á ese monstruo de ingratitud, caballero Urbina.
Urbina! Hola! hola!
Blas. Urbina!
(Todo se lo llevo la trampa!)
El cielo ha vuelto por mi causa.
Si tarda usted un instante mas, (á doña Romualdo ) ¡bravo disparate hubiera yo hecho! — Ea, pues, señor don Antonio...
Mire usted que esa es una intriga.
No, hijo mió. Ya está todo descubierto, y aunque el señor no hubiera venido antes que usted, le preferiría con mucha razón á un calavera perseguido por una dueña. Casáos y recibid mi bendición (uniendo las manos de Celestina y D. An¬
I). Isidro queda pensativo.)
Ah! Me vuelve usted la vida.
¡Dichoso término de tantos afanes! Jamás ha cesado de amarte mi corazón.
¡Oh inescrutables, benéficos y cómodos decretos del destino!
(riendo.) Consuélate, amigo Figueroa. Te doy el pésame con todo mi corazón. — Dámc tú á mí el parabién.
Oh tormento! Oh dolor! Oh sabrosa dote cuya plácida perspectiva... Pero yo tomaré un partido terrible, espantoso...
(aterrados.) Oh!!!
Sí, tal es mi desesperación, quede todo me siento capaz.
Cómo? (rodeándole.)
Artemidoro!.. (en tono patético.)
He aquí mi mano, (á doña Romualdo.) Soy tu esposo! (risa general.)
Oh delicia!
Bravo! Todo se ha terminado felizmente. Usted sale de trampas, (á don Isidro.) Usted se casa con su adorada (á don Antonio.) Celestina. — Usted dá la mano (á don Saturio.) de su hija al que ha llegado primero. — Usted será el modelo (á D. Tiburcio.) de los maridos — Usted le llevará (á Rosalia.) de la brida como quiera; y usted compondrá muv á gusto (á doña Romualdo ) el ultimo capítulo de ‘su novela.— Están ustedes contentos? (señal afirmativa de todos.) Sea en hora buena.