Acto único
(Personas: JUANA; DON NARCISO; DON RAMÓN; EL CAPITÁN; EL BOTICARIO; UN QUÍDAM; PASCUAL.)
(La escena es en Madrid.)
(Sala con dos puertas á la derecha del actor: la mas inmediata al proscenio es la que da á la antesala. A la izquierda un balcón. En el foro mesa con recado de escribir, libros, periódicos, etc. En medio del tablado un velador con el servicio necesario para un almuerzo.)
ESCENA PRIMERA
(DON RAMÓN, PASCUAL.)
(Pascual introduce á Don Ramón, ij en seguida acaba de arreglar el velador.)
¡Tan temprano, y no está en casa!
No, señor. Cierto negocio
muy urgente... Me lia encargado
decir á usted que muy pronto
volverá; que disimule...
¿Así abusa de mi estómago?
Me cita para almorzar
¡y se larga!... Oyes; supongo
que ya está listo el almuerzo.
Sí, señor.
Pues juro y voto
que si pasan diez minutos
y no vuelve, almuerzo solo
y le doy capote. — Apuesto
á que es asunto amoroso
el que le ocupa.
No sé.
Le trajeron hace poco
un billete perfumado...
¿No lo digo? Es el demonio
el tal Narciso.
La letra
del sobre, ó yo me equivoco,
ó era de mujer.
Sin duda.
Y estampada en lacre rojo
yí también una corona
sobre un escudo ostrogodo.
¡Pues! (Será alguna marquesa
que ya pasó del otoño.)
Si usted me da su permiso
voy... Ahí tiene usted periódicos.
Anda con Dios.
ESCENA II
(DON RAMÓN.)
(Acercándose A la mesa.) Es tan fatuo
que vendrá dándose tono
con su conquista... ¡Hola! versos...
(Tomando de la mesa un papel.) Serán insulsos y flojos
como todos los que escribe.
(Leyendo.) «Madrigal.» — Lo leeré: es corto.
«Rosa, Jacinta y Violante —
¡delicioso cautiverio! —
se dividen el imperio
de mi corazón amante.
Sobran dos;
que en esfera tan sucinta
¿cómo lian de caber ¡ay dios!
Violante, Rosa y Jacinta?
Si á una quiero, dos me increpan.
Templa su llama amorosa,
ó dame, ciprina Diosa,
un corazón donde quepan
Jacinta, Violante y Rosa.» —
¡Pobre mozo si las tres
se abalanzan como lobos
á su corazón! El diantre
son los alumnos de Apolo.
Esto me hace recordar
aquellos versos famosos
que el bueno del padre Isla
puso en su compendio histórico.
Son del alma pedazos
los hijos, cuando no son embarazos,
y á su reino Fernando con destrozos
por tres pedazos suyos le hizo trozos.
(Suena dentro una campanilla.) Rosa, Jacinta y Violante...
El madrigal es curioso.
ESCENA III
(DON NARCISO, DON RAMÓN.)
(Antes de entrar.)
Sírvenos pronto, Pascual.
Ya está aquí.
(Deja el madrigal sobre la mesa y sale al encuentro de don Narciso.)
¡Ramón!
¡Narciso!
Perdóname; un compromiso
inesperado, casual...
¡Cruel, á almorzar me llamas
y solo entre Raco y Ceres
me abandonas!
¡Ah!...
Como eres
el coquito de las damas...
¿Yo? No digas eso. ¡Ba!...
Niega que vienes de ver
á alguna linda mujer.
Mujer... ¡pche!... Linda... quizá.
ESCENA IV
(DON NARCISO, DON RAMÓN, PASCUAL.)
(Pascual entra y principia á servir el almuerzo, asistiendo unas veces á la mesa y otras entrando y saliendo con platos etc.)
¡Taimado!... (Simple!)
¡Ay Ramón!
Sentémonos...
¡Buena pieza!
Ya que me haces la fineza
de aceptar mi colación.
(Se sientan y principian á servirse.)
No merecía un desprecio
la bella que hoy entra en turno.
Señora de alto coturno...
(('.orno sobresaltado.)
¡Ah! ¿Te lo ha dicho ese necio?
No ha nombrado á la persona.
¡Respiro!
(No sé quién es.)
Me habló de una carta... pues,
y de un sello con corona.
¡Hum!
Lo dije sin malicia...
Cierto: Yo le he sonsacado...
Pascual es un fiel criado:
hagámosle esta justicia.
( Bajando la voz.)
Pues bien: sí; cierta señora
de gerarquía muy alta...
(A Pascual y éste se retira.) Ahora no nos hace falta. —
Delira por mí; me adora.
¡Bravo, amigo! Eres el hombre
de la dicha. Una marquesa
sin duda...
Algo mas: ¡duquesa!
¡Oh!... ¿Y no me dirás su nombre?
Es casada v fiel amante,
no debo arriesgar su fama.
Pues yo apuesto á que se llama
Rosa, Jacinta ó Violante.
¿Leiste mi madrigal,
según eso? Una bicoca...
Lo leí para hacer boca.
¿Qué te parece?
Tal cual...
¿He acertado? ¿Cuál es
la de la cita amorosa?
¿Violante, Jacinta ó Rosa?
No; ninguna de las tres.
Pues por mi cuenta son ya
cuatro las damas que tienes.
¡Bá!...
Te doy mil parabienes.
No tiene mas un bajá.
No. Yo hago la córte á varias,
mas con fortuna distinta.
Violante, Rosa y Jacinta
pueden ser imaginarias.
La mente á veces engendra
un ser ideal. Después
el vate le llama Inés,
Beatriz, ó Melisendra.
¿Quién puede con tanto lastre?
Ahora estoy de moda, sí,
y basta vestirme á mí
para hacer fortuna un sastre.
(Acariciándose la cara.) Tengo un regular anverso,
no me falta don de gentes
y hago frases elocuentes
así en prosa como en verso.
Tal vez con mis ojos causo
dulce y grata sensación
en mas de una reunión
que me acoge con aplauso.
Más de una linda coqueta
á mis rivales dá celos
flechándome los gemelos
cuando asisto á la luneta.
Por algo, sin que te asombres
de triunfos que no me engrien,
las mujeres me sonríen
y me detestan los hombres.
En fin, quizá, con espanto
de maridos y tutores,
soy venturoso en amores...
pero no tanto, ¡oh!... no tanto.
(¿Hay mueble mas indigesto?)
Tu te rebajas...
No, á fé;
yo...
El mérito siempre fué
cuanto mayor mas modesto.
(. Suénala campanilla.) ¿Con que damas.,, de capricho
son las tres del madrigal?
¡Fuerte empeño de... Sí tal.
Sé franco.
(En tono de quien vá á revelar un secreto y se
reprime.)
Em... Lo dicho dicho.
(Entrando.) Ahi en la antesala espera
una moza...
¿Otra en la red?
¿Quién...
Pregunta por usted:
es una ramilletera.
¿También tú gastas amores
con mozuelas de esa laya?
¿Yo? ¡Ba! Dile que se vaya.
Yo no necesito flores.
¿Es guapa?
Como una perla.
¿Por qué despedirla así?
¿Qué tiene que hacer aquí...
Nada perdemos con verla.
Tampoco yo tengo afan
por flores, mas me pudiera
gustar la ramilletera.
Dile que entre.
(Pascual hace ademan de llamar desde la puerta.)
¡Oh! ¿qué dirán!
ESCENA V
(DON NARCISO, DON RAMÓN, JUANA.)
( Viendo asomar á Juana.)
Hola! no es de mal trapío.
Alabado sea Dios.
Que cria tan buenas mozas.
Acércate. Escomo un sol.
¡Vaya!.. Aunque ustedes perdonen,
señores, ¿quién de los dos
es el señor don Narciso
Amorós?
Este.
(Con gravedad.)
Yo soy.
¿Qué hay?
Vengo con un recado
para usted! pero... el señor...
No sé si debo...
¡Oiga! ¿estorbo?
Quizá...
¿Sí? Pues no me voy.
Te juro que no la be visto
en mi vida.
Auto en favor.
Puesto que ese prédio rústico
no es de tu jurisdicción,
y solo te comunicas
con las personas de pró,
deja algo para los pobres.
Escuche usted; yo no estoy
tan de sobra en este mundo...
Sí; ya tendrás tu gachón.
Y muchito que lo tengo,
pero como manda Dios,
que aquí donde usté me vé
tengo caliá y honor.
¿Quién lo duda? Pero es lástima...
(En voz baja.)
No gastes conversación
con ella.
Sí tal; es chusca.
Te vá á plantar una coz.
Siéntate y almorzarás
con nosotros.
(En voz baja.)
¡Hum!... qué horror!...
Gracias. Para mí ya es tarde.
Ya hay tres horas de relé
que hice yo esa deligencia.
Será tu novio peón
de albañil, picapedrero,
ó sastre álo sumo...
No,
que es carpintero de oficio.
Siempre es oficio ramplón...
No, señor, sino muy noble,
que en Relen lo practicó
el esposo de la madre
del Divino Redentor.
¡Qué donaire!— Sin embargo,
no merece en mi opinión
tal tesoro...
Usted ¿qué sabe?
Será grosero y atroz
un marido acostumbrado
al escoplo y al formon.
Será loque usted quisiere,
pero asi le quiero yo.
Bien se sacude!
( Con displicencia.)
¡Oh!...
No obstante,
con un poco de ambición
tú podrías aspirar
á alguna cosa mejor.
¡Bá! bá! todo eso es parola.
Si quieres, corre desde hoy
tu fortuna por mi cuenta.
Dice el refrán español:
cada oveja...
¿Entre virutas
se ha de ajar tan linda flor?
¡Dale! Cuidados agenos...
decetra.
Tiene razón.
(A don Narciso.)
¿Recibe usté el recadito,
ó me marcho y no lo doy?
Sí, acaba.
Estando en mi puesto,
que lo tengo en un rincón
de lo que filé Soleá
y ahora en la calle de Espoz,
se llegó á mí una señora
blanca como un requesón,
rubia como unas candelas,
y linda que es un primor;
escogió este ramillete
(Saca ano de rosas que ocultaba con el delantal.)
y solió un napoleón,
y dándome bien las señas
dijo con cierto rubor:
llévaselo de mi parte
á don Narciso Amorós.
(Don Narciso toma el ramillete.)
¡Otra conquista!
No atino...
Ni Pizarro ni Colon...
Se iba ya sin decir mas,
pero yo, alzando la voz,
¿de parte de quién? la dije,
y entonces me respondió:
solo con ver ese ramo
le dirá su discreción
el nombre de quien lo envía.
¡Rosa!
¡Es posible!... Yo estoy
absorto.
Y pues queda ya
cumplida mi comisión,
con su licencia de ustedes;
buen provechito y adiós.
ESCENA VI
(DON NARCISO, DON RAMÓN.)
Aventura mas estraña...
¡No reprimas tu placer!
(Llamando.)
¡Pascual!
Triunfa y goza.
(A Pascual que entra.)
A ver
si nos sirves el champaña.
(Pascual destapa una botella, llena las copas y se retira.)
¿Luego el madrigal no es farsa?
¿Luego es cierta tu fortuna...
al menos en cuanto á una
de las tres de la comparsa?
Casualidad... yo...
¡Mal vicho!...
¿A qué viene esa pamema?
Éste ramo es un emblema:
la portadora lo ha dicho.
Rositas de Alejandría,
y aquello de...
¡Qué aprensión!
«Le dirá su discreción
el nombre de quien lo envia...»
Aunque eso me compromete,
yo...
¡Vaya!...
¡Es terrible cosa!...
Puede ser una mi Rosa
y otra la del ramillete.
Narciso, ya tu modestia
afectada me fastidia.
¿Temes excitar mi envidia,
ó me tienes por un bestia?
Modestia...
¡Sí, vive Dios!
Afectada..,
Empalagosa,
pues negándome una Rosa
te regodeas con dos.
Ramón, tu mordacidad
á todo aplica su salsa.
Si niego, modestia falsa;
si confieso, vanidad.
Tenga yo un amor ó varios,
ponga el rostro alegre ó sério,
en todo encuentras misterio,
de todo haces comentarios.
Veo tu intención proterva
de sonsacar mis secretos,
pero es de amantes discretos
guardar prudente reserva.
Otros sus altos trofeos
de Lauras, Nises ó Julias
ostenten en las tertulias,
decanten en los paseos.
Yo no daré en esa gracia,
que me parece muy triste.
Mi amor siempre se reviste
de un poco de diplomacia.
Entre pues ó no esa bella
en mi amante repertorio,
basta de interrogatorio
y apuremos la botella.
(Llena las copas.)
Y ¿á quién brindaré esta copa?
A tu preclara duquesa...
;Pche!...
¿A la Rosita...
Sí; á esa.
(No lo hay mas tonto en Europa.)
(Suena la campanilla.) Brindo pues con fé sincera
por tu Rosa.
Y yo por tí.
(j Beben.)
(Viendo entrar á Pascual.) ¿Qué hay?
ESCENA VII
(DON NARCISO, DON RAMÓN, PASCUAL.)
Otra vez está aquí
Juana la ramilletera.
¿Otro ramillete?
¡Eli! no.
Dila que entre.
(Váse Pascual.)
¡Olí! me molesta...
¿Si vendrá por la respuesta
del recado que te dio?
ESCENA VIII
(DON NARCISO, DON RAMÓN, JUANA.)
Ya me tiene usté de vuelta,
caballerilo galante.
¿Hablas conmigo, alma mia?
No: con el otro. Es el diantre
este señor don Narciso.
¿Cómo!...
Hoy reza el almenaque
que sus queridas me tengan
todo el dia haciendo viajes.
¿Qué escucho!...
Tanto mejor
si es causa de que yo gane
un peso por cada ramo,
que en ley de verdá no vale
cuatro cuartos.
A ver...
¡Quieto!
que es precisé decir antes
mi relación. Pues, señor,
no halda llegado casi
al puesto cuando una moza,
que se cubria el semblante
con el velo, pero guapa,
si es la cara como el talle,
me dijo con una voz
que sonaba á cosa de ángel:
toma este duro, muchacha,
si con él te doy bastante
por un ramo de violetas,
(Lo saca de debajo del delantal y lo entrega don Narciso.) y llévalo de mi parte
á don Narciso Amorós;
¿entiendes? Vive en la calle... —
Ya sé, ya sé, respondí,
y acordándome del lance
pasado no pregunté
el nombre de la comadre;
mas como comercio en flores
entiendo ya su lenguaje,
y dije para mi sayo:
¿violetas le envia? ¡Zape!
O yo no entiendo el intríngulis,
ó ella se llama Violante.
ESCENA IX
(DON NARCISO, DON RAMÓN.)
¡Narciso!
¡Ay Ramón!...
¡Narciso!...
Esto ya pica en historia.
¡Ay!...
í Llenando las copas.)
Rrindemos á tn gloria:
¿eli?
Vaya, será preciso.
(Beben.)
¿Dii ’ás también que es casual
esta otra aventura?
¡Oh Dios!...
Yra están en campaña dos
de las tres del madrigal.
O pruébame en dos palabras
que, segundo Pigmalion,
sabes dar animación
á las figuras que labras,
ó confiésame...
( Levantándose y también don Ramón.)
Si, amigo;
en el garlito me cojes,
y ya es fuerza... ¡No te enojes!...
Voy á ser franco contigo.
¡Vaya en gracia!
In vino vérilas,
dice el refrán. — Sí, confieso
que son de carne y de hueso
mis tres ninfas beneméritas.
Mi Rosa es rosa de veras;
fresca, rubia, vivaracha..,
¡Qué encantadora muchacha!...
¡Y diez y ocho primaveras!
(¡Trasto!...) ¡Bien, amigo! ¡Albricias!
Mas ¡ay! un marido atroz,
natural de Badajoz,
me usurpa ¡oh Dios! sus caricias.
Lo manda así el catecismo.
Pero es cosa que horripila...
Pues.
Y eso ya no se estila.
Ya; en parte...
Es mucho egoismo.
¿Y cómo se llama ese hombre?
Don León Fuenterrabía,
capitán de artillería,
tan fiero como su nombre. —
Menos niña la Violante,
pues ya cumplió veinte y cuatro,
tiene un brio que idolatro
y una gracia exorbitante.
Es morena, ojos de fuego...
muy gitana... Es de Jaén.
¿También casada?
¡Ay! también.
Yo soy partícipe lego.
También será el propietario
algún indomable potro...
¡Oh! es mas temible que el otro.
(Suena la campanilla.)
¿Mas temible?
¡Es boticario! —
Jacinta, y lleno el guarismo..
ESCENA X
(DON NARCISO, DON RAMÓN, PASCUAL.)
El señor don Celedonio...
¡Ah!...
¿Qué hombre es ese?
El demonio: —
mi casero, que es lo mismo. —
Di que no estoy...
Es en valde.
Le oye á usted...
¡Hombre silvestre!
¿Le debes mucho?
Un semestre.
No se irá sin que lo salde.
Quizá se avenga el casero
á cobrar en madrigales.
¡Bá! él no daria seis reales
por todo el Parnaso entero.
Y si no aflojo el bolsillo
me va á poner en un brete...
(A Pascual, mostrando la puerta mas próxima al foro.) Que entre en aquel gabinete
por la puerta del pasillo.
ESCENA XI
(DON NARCISO, DON RAMÓN.)
Ese venenoso escuerzo
no se apiadará de mí
si vé los restos alli
de nuestro suntuoso almuerzo. —
Yo siento dejarte solo...
Por mi....
¡Oh suerte cejijunta!
¡Siempre á la cuarta pregunta
los pobres hijos de Apolo!
(Entra en el gabinete y cierra la puerta.)
ESCENA XII
(DON RAMÓN.)
Lleve por Dios su penuria
ya que es feliz en amores.
A bien que si está en efecto
en estrechas relaciones
con una duquesa, puede
que ella le saque de pobre. —
Mas las otras... ¿Es posible
que tantos triunfos coronen
sus sienes... ¡Eli! ¿porqué no?
Es bien parecido, joven,
sabe bailar la redora,
se perfuma los bigotes,
sabe descifrar un rebus,
y en los versos que compone
con retruécanos deslumbra
á los talentos mediocres.
Mujeres superficiales
hay de sobra en esta corte
que se paguen... Sin embargo,
esos dos ramos de flores
que han venido tan á tiempo
á ser estribillo ó mole
del madrigal; recibir
dos finezas tan acordes
de dos mujeres distintas,
y no ser Lauras ni Clóris,
sino Rosas y Violantes;
vaciar en el mismo molde
sus ideas amatorias
todas las damas de ese hombre...
No es natural; no es posible.
(Suena la campanilla.) ¿Tiene acaso algún resorte
mágico para moverlas
del lado que se le antoje?
ESCENA XIII
(DON RAMÓN, JUANA.)
(Con un ramillete en la mano.)
Deo gracias.
¡Ah, estás aquí!
(Se confirman mis temores.)
Don Narciso...
Está ocupado.
Le traigo...
Sí. (Este es el golpe
de gracia.) El tercer ramito...
¡Era vo!
Es de jacintos dobles.
Se lo envía una señora...
No hay que preguntar su nombr
Jacinta.
Es claro. Además,
al decirme á quien y adonde
debía llevar el ramo
me dijo la dama noble...
¿Qué?
Le dirás que te envía
la tocaya de estas llores.
Sí; va Narciso esperaba...
¿Cómo!... Pues...
No te sonrojes
Somos íntimos amigos...
Ya lo has visto; y tan conformes
en ideas... (¡Ah, magnífica
es la que me ocurre!) Oyes;
¿querrás hacerme un recado,
(Dándole un doblon.) mediante...
(Tomándolo.) Con mil amores.
Rien.
(Va d la mesa que está junto al lienzo del foro, se sienta y escribe.)
Todo lo que no sea
hacer á mi amado Jorje
alguna mala partida...
Pronto acabo estos renglones.
Espera un poco.
(Mirando A la puerta del gabinete.) (Dios quiera que no salga y se malogre mi designio.) (Sigue escribiendo.)
(Recreándose con la moneda.)
¡Cuatro duros!
Hoy sí que saco el escote.
Por si acaso...
(Llamando á Juana.) ¡Cliit!... (Juana se acerca.)
Si sientes
mover aquel picaporte,
salte á fuera de puntillas...
Bien está.
(Se retira otra vez y don Ramón continúa escribiendo.) (Son el demontre los lechuguinos. Los dos andan, ó yo soy muy torpe, tras de engañarse uno á otro; pero á mí ¿qué?... Ora por nobis.)
(Levantándose con la carta que acaba de cerrar.)
Lleva esta carta volando.
Las señas van en el sobre.
¡Toma! Si no sé de letras!
A don Casimiro Gómez...
Bien.
Vive muy cerca: calle
de la Cruz, número doce,
cuarto principal.
¿Y el ramo?
Venga.
( Yendo á dársele.)
Ya han pagado el porte...
( Como variando de pensamiento.)
No. Vuelve luego con él;
pero hasta que yo me asome
al balcón con un pañuelo
en la mano estáte inmóvil
en la calle.
Así lo haré.
Y ¿qué mas?..
Nada.
Ahur.
Corre.
ESCENA XIV
(DON RAMÓN.)
¡Hola, el supuesto, el presunto
Lovelace de Castilla,
que forja damas por junto
sin tener ni una en la villa!...
¡Y convidarme ex-profeso
para burlarse de mí!
Como el ratón con el queso
quería atraparme asi. —
X buho un momento á fé mía
en que me dejó confuso;
¡con tal perfección hacía
el papel que se propuso!
¡Qué ufano estará el pobre hombre
con su fina diplomacia!
Pues, por vida de mi nombre,
no lo ha de contar por gracia.
Veremos cómo sostiene
el imprevisto chubasco
que... Siento pasos. Y7 a viene.
Sonado vá á ser el chasco.
ESCENA XV
(DON NARCISO, DON RAMÓN.)
¡Hombre inexorable, impío!
En verdad que lia estado posma.
Pero tú habrás empleado
las galas de la oratoria
para persuadirle...
¡Inútil
empeño! Ni las lisonjas
ni las súplicas le vencen.
Armado de un auto en forma
para embargarme los muebles
si no aflojaba la bolsa,
fuerza ha sido transigir;
y dicha ha sido y no poca
para mí que haya aceptado
á buena cuenta dos onzas.
¿Qué iba á ser de mí, Dios mió,
si no desarmo su cólera?
Comprendo. Un hombre abrumado
de conquistas amatorias
tendrá citas en su casa...
¡Figúrate tú!... Me agobian.
Si aquel tigre me dejase
sin butacas, sin alfombra,
sin...
¡Terrible compromiso!
Y hoy que espero dos neófitas,..
¿De veras?
Sí, las dos niñas
de los ramilletes.
¡Oiga!
Me acaba de remitir
un billete cada prójima...
La una vendrá á las cuatro
y al anochecer la otra.
Pues si aciertan á venir
las dos á una misma hora...
¡Fuerte conflicto seria!
Solo entre Jacinta y Rosa...
¿Eli? No. Entre Rosa y Violante
dirás.
¿Quién no se equivoca
con tantas como uno lleva
al retortero...
La’ hermosa
Jacinta no lia dado aun
señal de vida.
No importa.
¡Yá verás tú lo que tarda!
Me lo anuncia una zozobra
interior...
¡Eli! no te apures.
Si dos, ó las tres, te acosan
á un tiempo, cuenta conmigo...
(Suena la campanilla.)
¿Qué te decia yo ahora?
La campanilla ha sonado.
Apuesto cualquier cosa...
ESCENA XVI
(DON NARCISO, DON RAMÓN, PASCUAL.)
Don León Fuen térra bía...
¿Cómo!...
El capitán!
¡Es droga!
¡El capitán..,
ESCENA XVII
(DON NARCISO, DON RAMÓN, EL CAPITÁN.)
Servidor.
( Á don Narciso en voz baja.)
Pues no gasta ceremonias.
(A don Narciso.),
Se sorprende usted de verme;
¿eh? ¡Por vida de mil bombas!!..
Caballero... Yo... (¿Qué es esto?)
No siempre rueda la bola
á gusto del individuo.
Soñaba usted con la gloria
y se halla con el infierno.
¡Voto á...
(Pesada es la broma.)
No era el esperado yo,
sino otra linda persona;
¿eh? ¡Sangre! ¡Fuego! ¡Exterminio!
¿No sabe usted que las rosas
tienen espinas?
No ignoro...
¡Por el alma de Mahoma!...
¿Ahora se hace usted el sueco?
¿Se juega así con la honra?
¡Aleve! ¡Haber seducido
¿aquella casta paloma...
Si yo... (¿Qué diré? ¿Qué haré?)
¡Rrrum!...
(La risa me retoza.)
Ñola mato, porque es débil;
pero la tendré á la sombra
mucho tiempo. — En cuanto á usted,
señor mió, si blasona
de ser tan fuerte en la lid
como diestro en hacer coplas,
ya sabe usted de qué modo
terminan estas historias
entre caballeros.
Yo...
(¿Por qué me armará camorra
este hombre?... O se está burlando
de mí, ó á tontas y á locas...)
Capaz será de llevar
adelante la tramoya
por vanidad.
(No: antes mártir
que confesor.)
¡Hola, hola!
¿Cavila usted? ¿Hay... medrana?
No tal: á mí no me asombran
los fanfarrones.
Pues bien;
hora, armas, sitio... ¡Ponzoña!...
Dentro de veinte minutos;
canal abajo, pistola.
¿Padrino?
Yo.
Con el mió
iré á la puerta de Atocha.
Convenido.
¡Ira de Dios!
He de beber gota á gota,
inicuo rival...
Veremos...
(Dos botellas de Borgoña.)
ESCENA XVIII
(DON NARCISO, DON RAMÓN.)
¡Qué fatalidad la mia!
La Rosa que me solaza
¡ay! no viene, y la reemplaza...
¡Don León Fuenterrabía!
Ya no dudarás, oh amigo...
¿Cómo dudar si te abona
todo un marido...
¡En persona!
¿Quién desmiente á ese testigo?
Pero ¡batirte!.
¡Es tan bella!...
Si de un balazo le tumbo,
tanto mejor; si sucumbo,
¡qué dicha morir por ella!
¿Dicha llamas tú...
(Suena la campanilla.)
Sin duda.
(Es incorregible.) El paso
es tremendo. — En todo caso
mejor es dejarla viuda.
ESCENA XIX
(DON NARCISO, DON RAMÓN, EL BOTICARIO.)
(Dentro.) Deje usted,..
¡Quite el gaznápiro!...
(Entrando.) Salud... ¡Una mesa opípara!...
¿Celebra usted, hombre pérfido,
el oprobio de su víctima?
¿Quién entra con tal estrépito
en mi casa...
¡Oh suerte mísera!
No me conoces, adúltero,
porque en mi ausencia una picara
consorte te hizo mi apéndice
con ciega pasión ilícita.
¿Quién me hubiera dicho ¡Oh númenes!
mientras por Yepes y Ontígola
andaba yo tan solícito
buscando yerbas febrífugas,
que seduciendo á mi cónyuge
con los cantos de tu cítara,
para mí la dulce tórtola
se trocase en una vívora!
(Aparte con don Narciso.) ¡Violante!
¡Yo estoy atónito!
¿Qué mas hiciera Calígula?
Se engaña usted. Otro cómplice...
No. Oculto desde la víspera
en Madrid, hoy entro súbito
encasa, y prueba no equívoca
me han dado de vueslros crímenes
un madrigal y una epístola.
¡Oh Violante! Iluso y crédulo
te di confianza omnímoda...
¡y de Madrid me haces fábula,
mujer pecadora y frívola1
Mas desfogaré mi cólera
en mi rival, en mi antípoda...
(A media voz.)
¡Otro duelo!...
¡A muerte!
Es lástima...
Pero, hombre, yo... (Santa Brígida!
¿Quién es el duende maléfico
que...)
Mas el arma mortífera,
que á esta cuestión ponga término
no será pistola horrísona,
ni agudo estoque; no. ¡Cáspita!
de eso no entiendo una sílaba,
y no he de exponerme estúpido
a que una mano sacrilega
ó me desbarate el tímpano
ó me atraviese las visceras.
Pues ¿cómo...
( Sacando una cajilci de cartón.)
Aquí traigo un recipe...
En esta caja hay dos píldoras
que, aunque al parecer idénticas,
la una es mortal, la otra... insípida.
(/I don Ramón abriendo la caja.) Usted dará á cada prójimo
una de estas dos partículas:
á quien le locó el arsénico
pronto lo dirán los síntomas;
al que se libre del tósigo
válgale san Pedro Ad vincula,
y al que muera de la pócima
que le recen una antífona.
¡Voto á bríos, hombre ridículo...
¿Cómo! Yo...
¿Reparto?
(Dando un manotón á la caja, que cae al suelo.)
Tíralas
con doscientos...
¡Voto al chápiro
que...
Boticario de quínola,
tome usted la puerta, ¡rápido!
(Amenazándole.) ó le rompo una mandíbula.
¡Narciso!
¡Hum!...
Estoy frenético.
¿Hay leyes en la Península,
señor?... ¡Invade mi tálamo
y menosprecia mi química!...
Bien; cedo á la fuerza bárbara,
pero ¡ay de tí! que es fatídica
la saña de un farmacéutico
destilada en una jicara.
¡Infeliz! prepara el túmulo,
porque, lo juro con íntima
convicción, te veré exánime
antes que entre la canícula.
ESCENA XX
(DON NARCISO, DON RAMÓN.)
Es donoso el boticario.
(Riéndose.) Já, já... Es ente original.
¿No te ries?
No, que estoy
para darme a Barrabás.
Uno tras otro... ¡Por vida...
Sí; es mucha casualidad.
¡Ramón! alguno me vende;
alguno me quiere mal.
Bien puede ser que una intriga...
¡Oyes, si te venderán
ellas mismas...
No, ninguna
de ellas seria capaz
de semejante traición.
Con todo...
¡Dale! No hay tal.
¡Cuando yo lo digo!...
Bueno.
(Si no existen, claro está.)
Pero estoy desesperado,
porque esto no es natural.
(Oyese la campanilla.)
En efecto, que ellas vengan
á casa de su galan,
pase; pero ¡ellos también
colarse sin mas ni mas!...
¡Oh!
¡Picardía!... Para ellos
no se ha escrito el madrigal.
ESCENA XXI
(DON NARCISO, DON RAMÓN, PASCUAL.)
Un señor...
¿Eh? Vamos, esto
ya no se puede aguantar.
¿Otro marido?
Otro diablo.
El duque tal vez...
No: ¡quiá!
su aspecto...
Sea quien fuere,
no recibo á nadie: ¿estás?
Ya le he dicho que está usted
ocupado...
¿Y no se vá?
No, señor: me ha respondido
con la mayor humildad,
esperaré... y se ha sentado.
Parece moro de paz.
Es forzoso recibirle...
¡Otra escena!... Basta ya...
Si no la tienes aquí,
la tendrás en el portal,
y es peor.
Bien; ¡acabemos!
(Váse Pascual.) (Estoy sudando alquitrán.)
ESCENA XXII
(DON NARCISO, DON RAMÓN, UN QUÍDAM.)
(naciendo muchas cortesías.)
Caballeros, beso á ustedes...
Sentiría incomodar.
Nada de eso.
¿El caballero
don Narciso Ainorós...
(Con sequedad.)
¿Qué liay?
Venia á pedir á usted...
¿Eli? ¿Qué?
Un favor especial..
Disimule usted; no estoy
para gracias.
(En voz baja.)
¡Hombre!
¡Bá!
No puedo creer que un joven
de cuya amabilidad
se hace lenguas todo el mundo
solo se quiera estrellar
conmigo.
Usted se equivoca:
yo no soy amable.
¡Ay!...
demasiado. Que lo diga
si no, mi cara mitad.
¿No lo dije?
¡Caballero!
No se altere usted. Quizá
piensa que vengo á retarle
con desesperado afan...
No, señor; yo soy filósofo.
Si nací en signo fatal,
paciencia; á muchos aflige
la misma calamidad.
(Aparte con don Narciso.) ¡Estoica resignación!
Rúes mira; me irrita mas
que el grotesco boticario
y el furioso capitán.
Estas cosas tanto tienen
de dulce como de agraz
para el hombre que las mire
como se deben mirar.
¡Qué diablo!... Si prescindimos
un poco del qué dirán,
como tantos ciudadanos
de esta heroica capital,
los tres seremos dichosos:
ella con su dulce imán,
usted con su prenda amada
y yo con mi libertad.
Para eso no es necesario
acudir á un tribunal,
adonde envie taquígrafos
algún diario procaz
que á mi costa se provean
ele sabroso materia!.
¡Nada! Que se instale aquí
mi mujer....
¡Quite usté allá!...
Tiene razón.
Pues es claro.
Ya vé usted: no es regular
que á usted le dé el corazón
y que á mí me coma el pan.
Lo dicho: desde mañana
usted me la mantendrá.
¡Pues me gusta la llaneza!...
¿Quién es este hombre inmoral?
¡Ay! no lo sé todavia —
Pero usted me lo dirá.
¡Cómo!... Usted se está burlando...
Le digo á usted la verdad.
Yo soy una de las victimas
que usté con fiera crueldad,
hijo mimado de Yenus,
inmola en su sacro altar;
mas de todo punto ignoro
mi nombre y mi calidad,
¿Sabe usted que estoy ya frito...
(Con sonrisa maligna.)
No consta en el madrigal.
(Se acerca al balcón j; hace señas con el pañuelo.)
¿Eh? (También Ramón... Sospecho...)
Sí; yo soy una entidad
incógnita, un acertijo
en figura corporal,
un... quídam; v humanamente
no me puedo empadronar,
con riesgo de que me prenda
por vago la autoridad,
mientras usted no me diga
que soy... fulano de tal.
Por Dios, sácale de dudas.
Lo que yo le he de sacar
es el alma...
¡Ah! ¿no te hasta
la de aquella ingrata...
¿Cuál?
¿O también ignora usted
su nombre...
ESCENA XXIII
(DON NARCISO, DON RAMÓN, UN QUÍDAM, JUANA.)
Ya estoy acá
otra vez.
(. Presentando á don Narciso el último ramillete.) Estos jacintos...
¡Ah! sí; Jacinta; cabal.
(Don Ramón suelta la carcajada. El Quidam y Juana no pueden menos de seguir su ejemplo. Don Narciso cae como desplomado sobre una butaca.)
¡Ah! comprendo... ¡Maldición!...
Pero esto es asesinar
á un hombre...
No; es una broma.
Tú me has vendido, falaz
ramilletera...
¡Caluma!
Flores vendo v nada mas.
No he dicho esta boca es mia,
pero el señor es sagaz
y lo que yo no le he dicho
Ío ha sabido adivinar;
y me ha dado una cartita,
y yo que soy servicial
le he servido de estafeta
dejándome el viento atrás.
¿Y por qué no? Usté me paga
un duro... menos un rial...
por cada viaje, y le traigo
lindas ílores ainda mais;
y el otro en vez de tomarlas
me las echa, ¡y con qué sal!
y por un solo recado
un doblon de oro me dá.
¿Podía yo imaginarme
que usté lo tomase á mal?
Péguela usté con su amigo
que es el que le hace rabiar:
¿verdá? Conmigo ¿por qué? —
Pero lo mejor sera
aguantarse y sonsoniche
y pelillos á la mar.
ESCENA ÚLTIMA
(DON NARCISO, DON RAMÓN, UN QUÍDAM.)
(Levantándose.)
¡Tal burla á mí! ¡Tal afrenta!....
Me darás satisfacción.
¿Aun quieres otra lección?
Yo te la daré y sangrienta.
Tu voluntad es la mia:
Vamos á batirnos y arda
Troya... Pero, oyes, te aguarda
don León Fuenterrabía.
Para todos tengo bríos.
¡Qué! tampoco te intimidan
el boticario y el... quídam?
¡Gran Dios, cuatro desafíos!...
Uno solo que en la lid
sanguinaria sobreviva
á su furia vengativa,
te liará escarnio de Madrid.
Sí! y á estas horas; ¡oh trance!
quizá alguno de los tres
propala por los cafés
este curioso romance.
Y ¿quién sabe si un artículo
aparecerá mañana
en que te carden la lana
y te pongan en ridículo?
¡Ah! me estremezco...
(En tono suplicante.) ¡Ramón!...
Quien ha hurlado á un amigo
es digno de igual castigo.
Sí; la pena del Talion.
Mas tal vez no pagarás
tan caros tus ramilletes
si por tu honor me prometes...
¡Ah! sí, sí, ¡no lo haré mas!...
Mira, comeremos juntos,
si por tus amigos sales,
los cinco...
Tus tres rivales
callarán como difuntos. —
Pero el casero nefasto
dejó tu bolsa vacía,
y pues llena está la mía
correde mi cuenta el gasto.
No consiento...
¡Eli! ¿por qué no?
Mi propuesta no es extraña.
También tengo en la maraña
mi parte de culpa yo.
Sí, halagando tus sentidos
con quiméricos placeres,
tú inventaste las mujeres,
yo he forjado los maridos.
Eso me suena á epigrama.
Lo merezco, aunque me pica.
Si es un nécio el que publica
los favores de su dama,
¿qué será?... Mas tu talento
sacará, sin mas sermón,
de esta severa lección
un saludable escarmiento.