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Manuel Bretón de los Herreros

Los dos sobrinos, o A escuela de los parientes

5 jornadas · 11 personajes · 2,663 versos

Modo

Acto primero

(Personas: DON CÁNDIDO; DON JOAQUÍN; DOÑA CATALINA; DON BRUNO; DON ONOFRE; DON MARCELO; DOÑA JULIANA; PLÁCIDA; MATÍAS; INÉS; UN SOLDADO.)

(La escena es en Madrid. El teatro representa una sala con tres puertas practicables: una conduce á las habitaciones interiores, otra d la de doña Catalina, y la restante al cuarto de don Joaquín.)

ESCENA PRIMERA

(DON MARCELO, DON ONOFRE.)

Don Marcelo

¿Qué resolvemos, Onofre,
de nuestro lindo sobrino?
¿Te ló llevas al lugar?

Don Onofre

¡Si es tan apocado el niño
que no sirve para nada I
INo es hombre, según he visto,
de coger un hazadon,
ni de podar un olivo,
ni aun de cuidar de las muías,
que es el único ejercicio
en que pudiera emplearle.
Si fuera como su primo....
¡Oh! Joaquin es otra cosa.
¡Qué despejado! ¡qué fino!
Y al cabo es un capitán.
Este sí que honra á sus tios )
pero Cándido....

Don Marcelo

ÍSo obstante
me parece que es preciso
llevemos la carga todos.
Siete meses bien cumplidos
tengo á Joaquin en mi casa.
Fué robado en el camino,
y, como era regular,
le franqueé mi bolsillo
para hacerse un equipaje
conveniente á su destino.
He pagado varias deudas
que en Madrid ha contraido....
todas por casos de honor
de que un joven de principios
nunca puede prescindir:
banquetes con sus amigos;
bailes; á veces el juego,
que, aunque en rigor es un vicio,
sin pasar por un quijote
extravagante y mezquino,
ya ves, todo un capitán....

Don Onofre

Eso está bien. Él es digno
de todo; él es acreedor
á cualquiera sacrificio;
pero el otro....

Don Marcelo

Pues el otro
me ha puesto en un compromiso.
Aquí se nos ha encajado
sin anunciarnos su arribo,
hecho un adan.

Don Onofre

¿Y qué culpa
tengo yo?

Don Marcelo

Pidió un asilo
en mi casa, y yo no pude
negárselo.

Don Onofre

Pues amigo
paciencia. A mí no me hubiera
encontrado tan propicio.
Ya se la puede buscar,
que no es manco ni tullido.
¡Holgazán! Con esa cara
que tiene de teatino
viene á pegarla, sin mas
que “ aquí estoy porque he venido.”

Don Marcelo

Tuve que pagar el viaje
y los gastos del camino,
porque él no trajo...

Don Onofre

  Esa es otra.
Vaya, vaya; el señorito
es una buena prebenda.

Don Marcelo

Aunque el gasto es tan crecido,
no es esto lo que me apura.

Don Onofre

¿Pues qué?

Don Marcelo

Que afrentado vivo
con él. Ese encogimiento,
ese porte tan sombrío,
tan tosco....

Don Onofre

Di de una vez
que es un solemne pollino,
y que quieres embocarme
la maula. Pues, hijo mió,
desásnale tú si quieres.

Don Marcelo

Yo, ademas de Joaquinito,
tengo á dona Catalina
que hace mes y medio vino
de Cádiz; y hasta que encuentre
casa.... Ya ves, su marido
1‘ué amigo nuestro, y no creo
regular....

Don Onofre

Nada: conmigo
no se viene. Es excusado
porfiar.

Don Marcelo

¿No eres su tío
como yo?

Don Onofre

Si te es gravoso,
desde este instante me obligo
á abonarte lo que gastes
con él; pero yo no admito
gaznápiros es mi casa.
Mejor quiero un tabardillo.
D. Marc% Ya he dicho que no es el gasto
lo que siento.

Don Onofre

Y yo repito
que á mi lado no le quiero.

Don Marcelo

En tus haciendas de Pinto
puede estar.

Don Onofre

¿Y qué dirían
las gentes si algún domingo
me viniera á visitar
de tosco sayal vestido,
con montera, con polainas,
abarcas y vara en cinto,
y oyeran que me decía:
buenas tardes, señor tio?

Don Marcelo

No hay remedio. Es necesario
que yo le aguante: ¡Maldito
parentesco! Mantenerle
lej os de mí es un arbitrio
costoso. Al fin en la casa
se viene á gastar lo mismo
esté ó no esté; pero fuera.....

Don Onofre

Eso quisiera el chiquillo^
asegurar la pitanza
y vivir á su albedrío,
Pero nuestro primo Bruno,
que la echa de compasivo,
¿no se le puede llevar?

Don Marcelo

No conviene. Mi designio
es muy diferente. Bruno
es viudo sin hijos, rico,
y amigo de sus parientes.
Ya sabes tú que Fabricio
nuestro hermano, que Dios haya,
tuvo cierto disgustillo
con ¿1.

Don Onofre

Sí: cuando le echó
de su casa porque quiso
con sus prudentes consejos
salvarle del precipicio.

Don Marcelo

Riñeron. A pocos meses
su indolencia, su prurito
de brillar, y la aprehensión
que le hicieron de un navio
fletado por él con carga
de géneros prohibidos,
fueron causa de su ruina
total.

Don Onofre

Bien: y á este conflicto
siguió pronto el de la muerte
de su mujer; y Fabricio
enfermó de pesadumbre;
murió ya puesto en camino
para los baños de Caldas;
y le enterraron; y su hijo
Cándido, viéndose solo,
desamparado, aburrido,
viene á comernos un lado
á título de sobrino.
Pero todo esto....

Don Marcelo

El pobrete
haría sin duda juicio
de ser recibido mal

Don Bruno

Por eso vino
á Madrid, y ni siquiera
una visita le hizo
al pasar por Zaragoza.

Don Onofre

Con todo no le imagino
capaz de desampararle.

Don Marcelo

Pero si yo se le envío,
no solo le admitirá
con placer y con carino;
sino que podrá dejarle
algún dia, con perjuicio
de Plácida, cuanto tiene:
y esto es lo que determino
evitar á toda costa.

Don Onofre

Cuando Cándido era niiio
como un padre le quería.

Don Marcelo

Es cierto; pero hace un siglo
que no le ve.

Don Onofre

Y dime: ¿sabe
que está aquí?

Don Marcelo

¡Qué desatino í
No se lo diré yo nunca.

Don Onofre

Pero... ¿Y si le escribe el chico?

Don Marcelo

No lo hará, te lo aseguro,
porque yo no me descuido
en prevenir al muchacho
contra él.

Don Onofre

Ya; tú habrás dicho
para tí: la caridad
se entiende consigo mismo;
y el prójimo que se dé
contra una esquina.

Don Marcelo

Es preciso
que me ayudes á inclinarle
á mi favor.

Don Onofre

Ya le he escrito
que Plácida es un tesoro
de virtudes, un hechizo.
Y mis elogios por cierto
no son muy equitativos;
porque es una linda maula.
Ahora cuatro regloncitos
contra Cándido: ¿no es esto?
y negocio concluido.
Pero si se le antojára
venirse....

Don Marcelo

No: no hay peligro.
Es muy viejo. — En todo caso
nunca vendrá de improviso,
y podremos....

Don Onofre

Ya; ya entiendo.
¿Y dónde está tu pupilo?

Don Marcelo

  Salió con Juliana.

Don Onofre

¡Calla!
Aquí está. ¡Qué compungido!
¡qué humilde!

ESCENA II

(Los precedentes y don Cándido (i).)

Don Onofre

¡Ola, buena pieza!
¿Cómo vienes tan marchito?
¿Dónde has dejado á tu tia?

Don Cándido

A la mitad del camino
rae dijo que no gustaba
de acompañarse conmigo.

Don Onofre

Habrás hecho de las tuyas.

Don Marcelo

Cuando ella te ha despedido
por algo será.

Don Onofre

La habrás
avergonzado.

Don Marcelo

Habrás dicho
mil necedades.

Don Cándido

Dios sabe
que yo....

Don Marcelo

Calla.

Don Cándido

¡Ah í Yo suplico
(Notas al pie: (1) Muy mal equipado.)
á ustedes....

Don Onofre

  Cállese usted.
Es un enorme delito
disculparse de ese modo.

Don Cándido

(i) Paciencia.

Don Marcelo

Sí: ya está visto
que no haré carrera de él.

Don Onofre

Con ese aire de novicio
JNTo pienses que nos engañas,
¡hipocriton!

Don Cándido

(2) ¡Qué martirio!

Don Onofre

¿Qué murmuras entre dientes?
Vehementísimo indicio
de tu culpa es tu silencio.

Don Cándido

Pues bien: ¿cuál es mi castigo?
¡Si callo soy delincuente,
y ofendo cuando replico!

Don Onofre

Ni callar, ni replicar.

Don Cándido

Eso es imposible, tio.

Don Marcelo

Vamos; será necesario
tomar con él un partido.

Don Onofre

Sí, sí: por incorregible
debe echársele á un presidio.

Don Marcelo

Aquí viene mi mujer
y nos dirá lo que ha habido.

ESCENA III

(Los precedentes y doña Juliana.)

Doña Juliana

¡Jesús, qué sofocación!
¡Jesús, Jesús qué sobrino! (3)

Don Onofre

¿Qué te ha hecho ese bergante?

Doña Juliana

¡Nunca le hubiera yo dicho
(Notas al pie: (1) Aparte. (2) Idem. (3) Se sienta.)
que me aeompañára! ¡Nunca
hubiera á casa venido!
Empeñado el muy zoquete
en ir siempre al lado mió
como si fuera un cortejo.
¡Ah! ¡qué afrenta! ¡qné suplicio
Por mas que haciéndole estaba
señas con el abanico
para que detrás viniera,
no he podido conseguirlo.
Ya se lo iba á decir claro
al pasar por los Basilios,
cuando de manos á boca
me encuentro con don P'austino
y Conchita su mujer.
¡Entonces fué el compromiso!
Corno ella es tan criticona
y tan vano su marido,
temía que ese señor
dijera algún desatino
ó les diera á conocer
que era mi pariente. Quiso
mi fortuna, ó mi desgracia
mas bien, que como es el niño
tan huraño y tan agreste,
sin dar lugar á mi aviso
se quedó á cierta distancia.
Con esto me tranquilizo,
y después de saludar
á mi amiga con cariño
la propongo me acompañe
esta tarde en el Retiro,
cuando me agarra del brazo
ese záfio de improviso
y me dice: ¡tia, tia!
¡un coche! Pronto, de un brinco
pase usted á la otra acera.
No sentí tanto el peligro
como verme abochornada
de tal modo. No he tenido
rato mas malo en mi vida.
Estoy echa un basilisco.
¡Que atrevimiento! ¡En la calle
llamarme tia, y á gritos!

Don Cándido

No podía imaginar
que usted se hubiera ofendido
de que la llamase tia.
Ahora, si es un delito
el ser pariente de usted
porque en el mundo no brillo,
eso es otra cosa; pero
señora, si no soy rico,
¿cómo lo he de remediar?
Esta pobreza en que gimo
no es consecuencia funesta
de algún vergonzoso vicio.
¡La muerte de un tierno padre
solo me deja el conflicto
de llorarla, y la desgracia
de ser gravoso á mis tios!
Yo quisiera....

Doña Juliana

Yo quisiera
que fuera usted mas sumiso
y algo menos bachiller.
Sí señor: así lo exijo.
¿Conque después que le estamos
colmando de beneficios
aun nos viene usted con fieros?
Vaya, ¿si será preciso
que le pidamos perdón?
Cuando usted haya aprendido
á tratar con las señoras j
cuando sea usted tan fino
como su primo Joaquin,
merecerá mi carino,
y no me desdeñaré
de llamarle deudo mió.
Pero no siendo elegante,
gracioso, amable, cumplido,
como él lo es; no entendiendo
el país de un abanico;
no sabiendo dar su voto
sobre el gusto de un vestido,
ni bailar un rigodón,
ni trinchar un palomino,
que me llame usted su tia
formalmente le prohibo.

Don Onofre

  Dice muy bien.

Doña Juliana

Y cuidado
con no serme tan altivo.
Cuidado con respetar
el menor de mis caprichos.
Si no acomoda, ya puedes
tomar la puerta. Clarito.

ESCENA IV

(Los precedentes menos doña Juliana.)

Don Marcelo

¿Ves á lo que das lugar
con tu imprudencia? Es preciso
enmendarse. ¿Qué te cuesta
darla gusto? ¿Qué perjuicio
te se sigue de ser dócil,
callado, humilde, expresivo
y cariñoso con ella?
Si se indispone contigo
es por tu bien. — Por ahora
tus desaciertos olvido
y te quiero perdonar.
Procura no repetirlos
si deseas conservarte
en mi gracia. — Harto te digo.

ESCENA V

(DON ONOFRE, DON CÁNDIDO.)

Don Onofre

La reprimenda no es floja;
¡pero vanos raciocinios! —
A tí nada te hace mella.
Yo no sé á quien has salido:
tan torpe, tan vigardon,
tan iugrato, tan arisco,
tan.... ¡Qué veo! ¿Estás llorando?
¡Ay que gracia de angelito!
Vamos, desmáyate ahora. —
¡Cuidado que es un prodigio
el muchacho! Con mas cuartos
que un arriero vizcaíno,
¡llorar como una madama!
¿Y piensas que no concibo
que ese llanto es de soberbia?
¡Muy bien! ¡Estamos lucidos! —
¡Sobre que ya no se puede
hacer bien en este siglo.

Don Cándido

¡Ah señor! El hacer bien
nunca....

Don Onofre

Calla, que me irrito.
Tú has venido á deshonrarnos.
Mi hermano hizo un desatino
en recibirte en su casa
y darte el pan de sus hijos.
¿Si querrás que te contemplen
y que te traten con mimo?
Vaya; ¡no faltaba mas!
¿Por qué no naciste obispo?
Él te llena la bartola,
y yo te calzo y te visto.
¿Pues qué mas quieres? Peor
fuera estar en el hospicio. —
l Ah! ¡qué bien dice el refrán!
Al que Dios no le da hijos,
para purgar sus pecados
el diablo le da sobrinos.

ESCENA VI

Don Cándido

No es posible tolerar
tratamiento tan indigno.
Me avergüenzo del estado
de humillación en que vivo,
y solo la fuga puede
salvarme del precipicio
á que tantas sinrazones
me conducen de continuo.
Huyamos; ¡sí! Poco pierdo
en dejar tan triste asilo.
Mejor es morirme de hambre
que depender de mis tios.

ESCENA VII

(DON CÁNDIDO, DON JOAQUÍN.)

Don Joaquín

Perfectamente. No puede
(Notas al pie: (1) Triste y pensativo á un extremo de la escena. (2) Sale de su cuarto leyendo un papel con dirección á la habitación de dona Catalina.)
estar mejor. Yo me pinto
solo para hacer sonetos.
Ni Xerxes, ni Tito Livio
sirven para descalzarme.
¡Es mucho númen el mió!
Se lo voy á presentar....
¡Ola! Buenos dias, primo.
Me alegro mucho de verte.
Ya sabes tú que me pico
de poeta. Vas á oir
este soneto que he escrito
á nuestra huéspeda amable
casi casi de improviso.
Oye, ¡y verás qué conceptos
tan armoniosos! ¡qué estilo
tan bien medido! ¡qué rima
tan sentimental!

Don Cándido

Amigo,
no estoy de humor para coplas.
Déjame.

Don Joaquín

Yo necesito
tu aprobación.

Don Cándido

Yo le apruebo
desde ahora sin oirlo.

Don Joaquín

No importa. Es un gefe de obra t
y lo has de oir.

Don Cándido

( i ) Estoy frito.

Don Joaquín

( 2 ) Por mirarte con lúbrico en¬
tusiasmo
Corta la parca mi vital estambre.
Me voy quedando ya como un alambre
Y tú tienes la culpa. (No me pasmo.)
De tu desden el rígido sarcasmo
(Notas al pie: (1) Aparte. (2) Leyendo.)
En materias de amor me mata de hambre;
Y, cual si fueras cálido fiambre,
No te puedo mirar sin pleonasmo.
Ni Venus misma con su hermoso físico
Merece ser de Catalina el prólogo.
¿Pero has de permitir que muera tísico?
¡Ah! Bien puedo decir sin ser teólogo,
Según me hieren tus miradas áridas,
Que tus ojos, mi hien, son dos cantá¬
ridas.
¿Qué tal? ¿se encuentran sonetos
de este mérito en los libros?
Lo del cálido fiambre
¿no te parece un prodigio?
Lo del rígido sarcasmo
¿no es un concepto exquisito? —
Confieso que el consonante
me tenía apuradillo.
Ya iba á abandonar la empresa
cuando á mi socorro vino
la palabra pleonasmo,
grave, de hermoso sonido,
y sobre todo oportuna.
Eso de morirme tísico
es lo que enmendar quisiera; sa¬
pero ya está puesto en limpio
y así ha de ir. — Vamos hombre:
todavía no me has dicho
qué te parece.

Don Cándido

¿No acabas
de ponderarle tú mismo?

Don Joaquín

No importa. Yo soy modesto,
y á tu fallo me remito.

Don Cándido

¿Podré decir sin rebozo
mi dictámen?

Don Joaquín

Sí, sí; dilo.

Don Cándido

Pues bien: á mí me parece
cada verso un desatino.

Don Joaquín

¿Te burlas, hombre?

Don Cándido

No estoy
para burlas. Lo repito:
tu soneto es' detestable.

Don Joaquín

Solo un hombre tan borrico
como tú diria eso.
Vamos; bien dice mi tio,
que la miseria embrutece
á las gentes.

Don Cándido

Si has creido
impunemente insultarme,
te equivocas, Joaquinito.

Don Joaquín

¡Ola! ¿Conque eso es decir
que te batirás conmigo?
Pues bien; corriente. No doy
por tu vida dos cominos.
¿Cómo quieres que riñamos;
á cuchilladas, ó á tiros?
Elige: ¿dónde ha de ser,'
en el campo ó aquí mismo?
Testamento no le harás,
se supone: esto lo digo
porque no tienes de qué.
¿Piensas buscar un padrino?
¿Quieres que....
j V. Cánd. No quiero nada.
Soy opuesto á desafíos.
Lo que quiero es que me dejes
en paz, y que tengas juicio.

Don Joaquín

Al fin eres un gallina
sin honor y sin principios.

Don Cándido

Yo no conozco ese honor
que tanto los libertinos
decantan. En la virtud
únicamente le cifro,
y no en andar á estocadas
por tan frívolo motivo.
Yo sé respetar las leyes
y obedecerlas sumiso;
pero, aunque ves que no peino
bigotes, ni espada ciño (i);
ni llevo dos charreteras
que deslumbren con su brillo
en los bailes y en el Prado;
ni tengo hoja de servicios,
llena, no de campamentos,
de batallas y de sitios,
sino de hospitalidades,
deserciones y castillos;
desprecio á los fanfarrones
aunque con ellos no lidio,
y les doy de bofetadas
sin necesitar padrino.

Don Joaquín

Pero hombre..., no te sofoques.
Nunca ha sido mi designio
que fuéramos á matarnos.
¡Qué disparate! ¡Dos primos!
Ya ves tú; los que tenemos
el genio así.... un poco vivo
nos excedemos á veces.
Vaya; vengan esos cinco
y olvidemos lo pasado.
Ya sabes tú que te estimo.

Don Cándido

Harto hago con aguantar
la injusticia de mis tios,
sin sufrir tus insolencias.
Procura en lo sucesivo
(Notas al pie: (1) Va acercándose a don Joaquin, y este retrocediendo.)
tratarme con mas respeto,
porque si no.... (i) te confirmo.

ESCENA VIII

Don Joaquín

¡Toma! Será muy capaz
de hacerlo como lo ha dicho. —
¿Quién habia de creer
que tuviera tantos bríos
un pobreton? — No; con este
no es fácil sacar partido,
porque es capáz de dejarme
de un bofetón sin carrillos. —
Pero es mucha necedad
decir que no vale un pito
mi soneto. A bien que yo
estoy muy bien persuadido
de lo contrario, y me basta.
¡Eh! Ya es tiempo de lucirlo
con la huéspeda. Yo voy
á leérselo ahora mismo. — -»
¿Y si Plácida lo sabe?
La voy á tener de hocico
quince dias. — ¿Qué me importa?
Si á la viudita conquisto,
que es hermosa, rica y jóven,
pronto con mi prima rifo
y desbarato la boda;
y si no saco partido,
fácil me es desenojarla;
y mas estando los tios
de mi parte, y teniendo ella
tantas ganas de marido (2).
(Notas al pie: (1) Amenazándole á la cara. (2) Entra ea el cuarto de dona Catalina.)

Acto segundo

ESCENA PRIMERA

(DOÑA CATALINA, DON JOAQUÍN.)

Don Joaquín

¿Conque no permite usted
que la acompañe?

Doña Catalina

  Mil gracias.
Me precisa salir sola.

Don Joaquín

¿Y no quedamos en nada?

Doña Catalina

¿Pues no le he dicho á
ted ya
que su soneto me encanta?
¿No he dicho que hay en sus versos
mas bellezas que palabras?
Es verdad que muchas de ellas
á mi comprensión escapan;
pero tienen cierto nervio
poético que arrebata:
y sobre todo la idea
mejor es cuando usted llama
cantáridas á mis ojos.
Es sublime. Me entusiasma.

Don Joaquín

Sí: cantáridas de amor
que me pican y me abrasan.

Doña Catalina

Es un soneto estupendo
lleno de fuego y de gracia.
Usted debía imprimirlo.

Don Joaquín

Ya se ve: de eso se trata.
Pronto vá á salir á luz
con mis poesías varias
así que haya reunido,
que esto lo hago en dos semanas,
materiales para un tomo.

Doña Catalina

Siga usted con confianza
la carrera del Parnaso:
así con pluma y espada
será nsted en poco tiempo
el ornamento de España.

Don Joaquín

Pero usted se desentiende
de la pasión que me inflama,
. y hasta ahora no me ha dicho
si la aprueba, ó la desaucia.

Doña Catalina

Según eso, ¿usted me quiere?

Don Joaquín

Esa pregunta me balda.
La quiero á usted con furor.

Doña Catalina

¡Ay que miedo! usted me es¬
panta.

Don Joaquín

¿Tan feo soy?

Doña Catalina

Nada de eso:
¿pero quién no se acobarda
con un amante furioso?

Don Joaquín

Esto es ponderar mis ansias
usando de una figura
retórica que se llama
Sinalefa.

Doña Catalina

¡Ah! bien: ya estoy
mas tranquila. Yo pensaba,
como es usted militar,
que enamorar á las damas
era para usted lo mismo
que asaltar una muralla.

Don Joaquín

¡Qué dicha fuera la mia
si esa mano delicada.... (i)
O) Quiere tomársela y ella la retira.

Doña Catalina

Verdad es: déjela usted,
que se quiebra si la palpan.

Don Joaquín

Perdone usted, señorita.
El cariño me arrebata.
Yo apasionado, usted bella....
En fin el diablo las carga. —.
Como me quisiera usted,
dejaría á diez muchachas
que están perdidas de amores
por mí.

Doña Catalina

La fineza es rara.
Fuerza es que yo valga mucho
para desbancar á tantas.
¿Y dejará usted también
á su prima cuando trata
de ser su esposa?

Don Joaquín

Señora,
no crea usted tal patraña.
Mi mano no es para ella. —
Si mi hermosa gaditana
la aceptára, yo sería
mas dichoso que un monarca.
¡Ah! Sáqueme usted de penas,
Catalinita de mi alma.
¿Dirá usted que sí? Si no
voy á meterme en la trapa.

Doña Catalina

  Sería lástima.

Don Joaquín

Vamos;
¿qué resuelve usted?

Doña Catalina

¿Yo? — Nada.

Don Joaquín

¡Y con esa frialdad!
¿Piensa usted que hablo de chanza?

Doña Catalina

¿Qué quiere usted? ¡Soy tan fria!

Don Joaquín

(i) Sí. Lo mismo que una fragua.
(Notas al pie: (1) Aparte.)
¿No mereceré de usted
que me responda?

Doña Catalina

  Mañana.

Don Joaquín

¿Mañana?

Doña Catalina

O cualquiera dia.
¿Tiene usted prisa?

Don Joaquín

Usted trata
de que yo me vuelva loco. —
Vaya; por ahora basta.
¿Pero podré [concebir
alguna dulce esperanza?

Doña Catalina

Sí señor: espere usted
cuanto le diere la gana.
¿Quién se lo puede estorbar?

Don Joaquín

Señora.... Infinitas gracias.
Beso á usted los pies. — (i) ¡Qué chusca
es la andaluza! ¡Caramba!

ESCENA II

Doña Catalina

¡Qué apunte" es el capitán!
¿Si pensará que me engaña?
¡A buena parte se arrima!
¿Pensará que soy tan fátua p
como su prima? Otras prendas
han de tener, otras gracias
mas sólidas los que aspiren
á mi amor. Si él penetrára
mi corazón.

ESCENA III

(DOÑA CATALINA, DON CÁNDIDO.)

Don Cándido

Buenos dias
señorita.
(Notas al pie: (1) Aparte.)

Doña Catalina

Yo pensaba
que ya se habia usted muerto.
¡Cómo! ¡En toda la mañana
no saludar á su amiga!

Don Cándido

Disimule usted mi falta.
Quiso que la acompañase
mi tia doña Juliana;
y entre ella y los otros tios
después una hora larga
me han estado predicando
como acostumbran.

Doña Catalina

¡Canalla!
Hoy mismo me he de mudar
aunque sea á una posada
por no verlos. ¡Qué mal hice
en ceder á las instancias
de don Marcelo!

Don Cándido

A un esclavo
no tratarían con tanta
inhumanidad.

Doña Catalina

¡Infames! —
¿Aún no ha tenido usted carta
de don Bruno?

Don Cándido

  No señora.
Con bastante repugnancia
le escribí, como usted sabe,
y así no extraño que se haya
desentendido. Mi tio
don Marcelo no me engaña.
Él me aborrece: él recuerda
mas bien que mi suerte infausta
la enemistad de mi padre.
¡Ah! ¡Todos me desamparan! —
Pero usted iba á salir
y no debo molestarla.

Doña Catalina

No señor; no tengo prisa,
Usted no ha perdido nada
en escribir á don Bruno.
INk> hay duda que si trataba
de estorbarlo don Marcelo,
es porque, teniendo fama
de rico y caritativo,
y siendo tan avanzada
su edad, temía que usted
alguna parte heredara
de sus bienes. En verdad
ya me parece que tarda
en contestar. Sin embargo
no pierdo las esperanzas. —
Y si al fin es tan pariente
como los demas, no faltan
jamás al hombre de bien
almas benignas y francas
que, sin ser tios ni primos,
se duelan de sus desgracias. —
Don Cándido, nadie sabe
lo que le espera mañana.
La fortuna es caprichosa,
pero no siempre es ingrata.

Don Cándido

Usted dirá lo que quiera;
pero yo no tengo tanta
filosofía. No sé
lo que la suerte me guarda.
Lo cierto es que sobre mí
todas las desdichas cargan,
y en vano es alimentarme
de ilusiones y fantasmas.

Doña Catalina

¿Ilusiones? — Bien: hablemos
de otro asunto. En confianza
voy á descubrir á usted
cosas de mucha importancia.
Sepa usted que he desbancado
á su cara prima. — Vaya;
¿no celebra usted mi triunfo?—
¿Por qué pone usté esa cara?

Don Cándido

Señora....

Doña Catalina

¿Lo siente usted?

Don Cándido

(i) Yo no sé lo que me pasa.

Doña Catalina

¿Tomaría usted á mal
que yo fuese capitana?

Don Cándido

Yo quisiera.... que usted fuese
feliz.

Doña Catalina

Y si me casára
con don Joaquin, ¿lo sería?

Don Cándido

Yo no losé ¿Usted le ama?

Doña Catalina

Yo... ¿Qué me aconseja usted?

Don Cándido

Señora, ¿á usted le hacen falta
mis consejos para amar?
No he visto cosa mas rara.
Yo pensaba que el amor
era una pasión tirana
que, sin consultar á nadie,
subyugaba nuestras almas.

Doña Catalina

¿Y de quién lo sabé usted?

Don Cándido

  De mí mismo.

Doña Catalina

¡Calla, calla!
¿Usted también tiene amor?

Don Cándido

Sí señora. ¿Usted lo extraña?

Doña Catalina

¿Y es usted correspondido?

Don Cándido

  No señora.

Doña Catalina

¡Con qué calma
lo dice usted!

Don Cándido

¿No sería
la mayor extravagancia
desesperarme por eso?
¿Me habré de colgar de rabia
(Notas al pie: (1) Aparte.)
por dar gnsto á mi rival?

Doña Catalina

¿Pero quién es esa ingrata?

Don Cándido

Usted.... la conoce mucho
yo no me atrevo á nombrarla.

Doña Catalina

¿Sabe ella que usted la quiere?

Don Cándido

Yo no la he dicho palabra j
y ahora me alegro mucho.

Doña Catalina

Pues alabo la cachaza.
¿Esperaba usted acaso
á que ella se declarára?

Don Cándido

Mi situación....

Doña Catalina

Es usted
un pobre hombre.

Don Cándido

Yo temblaba....

Doña Catalina

Pues qué, ¿es alguna serpiente?

Don Cándido

Si fuera yo con las damas
tan feliz como Joaquin....

Doña Catalina

Será con las que se pagan
del oropel engañoso,
de la frívola elegancia,
de la necia afectación,
y, en fin, de apariencias vanas.
Pero yo que, aunque parezco j
coqueta y atolondrada,
tengo el corazón muy limpio
y la cabeza muy sana,
distingo perfectamente
lo que es grano y lo que es paja;
y desprecio como debo
las ridiculas monadas
de un adonis confitado
con bucles y sin sustancia.

Don Cándido

Es decir que usted no quiere
á mi primo.

Doña Catalina

Me estomaga,
me fastidia basta no mas.

Don Cándido

¿Y con todo usted aguanta
que la enamore! Y ¡tal vez
le pondrá muy buena cara!

Doña Catalina

Quiero reirme á su costa.
Quiero dejar humillada
su insolente vanidad
y su impertinente audacia.
En fin, quiero consentirle
para darle calabazas.

Don Cándido

Yo sentiría en extremo
que usted con él se casára;
y temía,...

Doña Catalina

No, hijo mió:
no soy yo tan insensata.
¿Pero de ese sentimiento
se puede saber la causa?

Don Cándido

¿Pues no sería dolor
que una señora adornada
de tantas amables dotes
de ese mico se prendára?

Doña Catalina

Ya se ve: y usted se explica
con tanto interés, con tanta
energía, que cualquiera
diría....

Don Cándido

¿Qué?

Doña Catalina

Que usted no habla
con mucha imparcialidad.

Don Cándido

Y puede ser que acertára,
porque el amor,...

Doña Catalina

(i) ¿Qué? ¿Que dice
usted del amor?

Don Cándido

¿Yo?... Nada.
Quise decir otra cosa.

Doña Catalina

No señor: usted me engaña.
(Notas al pie: (1) Afectando enojo.)
Y si no, por qué razón
me mira, se turba y calla?

Don Cándido

¿Y usted qué motivo tiene
para ponerse encarnada?

Doña Catalina

Usted se muere por mí,
y finge que no me ama.

Don Cándido

Y á usted quizá no le pesa,
aunque finge que se enfada.

ESCENA IV

(Los precedentes y D. Onofre.)

Don Onofre

Voto vá! Hoy he descuidado
mi visita cotidiana. —
¿Usted va á salir, mi vida?

Doña Catalina

Sí señor, si usted no manda
otra cosa. Hasta después.

Don Onofre

Vaya usted con Dios, salada.

ESCENA V

(D. Onofre, don Cándido.)

Don Onofre

¿Cáspita, qué aire de taco!
Hoy está la gaditana
de mal temple. Apostaría
á que alguna cerrilada
de las tuyas.... ¿Qué la has dicho?

Don Cándido

¿Yo? Ni una sola palabra
que la pueda incomodan

Don Onofre

¿Si querrás enamorarla?

Don Cándido

  Bien pudiera ser.

Don Onofre

¿Qué es eso?

Don Cándido

¡Bueno! Y porque yo la amára
sería.

Don Onofre

Sería un crimen;
sería una petulancia
ridicula, extravagante,
y si yo lo averiguara
te costaría bien caro.
Pues qué, ¿así se cogen gangas?
¡Vaya! Conque yo, que soy
un señor de circunstancias;
gracioso, vivo, elegante,
y, aunque peino algunas canas,
robusto como una encina
y verde como una grama;
yo, que soy un propietario
y tengo sendas medallas,
no me atrevo á pretenderla
aunque me tiene hecho una ascua;
¿y tú, que eres un piojoso
sin chirumen y sin gracia,
tienes la desfachatez,
j picaro! de requebrarla?

Don Cándido

¡Tío, por Dios! Usted quiere
que me desespere y haga
una locura.

Don Onofre

¡A su tio
quererle soplar la dama!

Don Cándido

Si yo,....

Don Onofre

¡Bribón! ¿De este modo
tantos béneficios pagas?

Don Cándido

¿Yo qué beneficios....

Don Onofre

Pero
yo te cortaré las alas.

Don Cándido

¿Quiere usted dejarme en paz?

Don Onofre

Lo mismo eres que una tapia.
Ni consejos, ni desaires,
ni reprehensiones te bastan.
Eres incapaz (i). — Espera;
que no quiero que te vayas
sin oir todo el sermón. —
Hombre, ¡que sea tan crasa
tu estupidez! Si la viuda
tus necedades aguanta,
es por burlarse de tí.
¿No conoces la distancia
que hay entre los dos? — No sé,
no sé como tienes cara
para presentarte á ella.
Y así..., con tan mala traza.... —
¡Calla! ¿Qué veo? ¡Ya has roto
la levita!

Don Cándido

(2) Se me acaba
la paciencia.

Don Onofre

Los ojales
desbaratados, las mangas
todas hechas un girón....
Esto pasa de la raya.
¿Hay valor para romper
en menos de tres semanas
una levita flamante? —
Diez años hará por pascua
que la estrené. E11 tanto tiempo
ni un desgarrón, ni una mancha
se ha visto en ella; y con todo
casi siempre la llevaba.
¡Quién me diría que tú
tan pronto la destrozáras!
¿No es un cargo de conciencia?
Pues ya puedes remendarla,
porque yo no te doy otra.
(Notas al pie: (1) Quiere irse don Cándido y le detiene.. (2) Aparte.)

Don Cándido

Tampoco yo la tomára.

Don Onofre

Eso si: pobre y soberbio.
Aun querrás echarme plantas.

Don Cándido

Demasiado tiempo he sido
humilde con quien me trata
con tan poca caridad.

ESCENA VI

(Los precedentes y Plácida.)

Plácida

Ya puedes sacar la cama
y los trastos de tu cuarto.
Prontito, que me hace falta
tenerlo vacío. ¿Entiendes?

Don Onofre

¿Qué prisa es esa, muchacha?
¿Quien le ha de habitar?

Plácida

Gertrudis
mi nodriza, que ahora acaba
de llegar de Villaverde.
¡Me quiere tanto! ¡Es tan guapa! —
Viene á pasar con nosotros
una corta temporada;
y no puedo menos....

Don Onofre

Sí:
es necesario hospedarla
con toda comodidad. —
Al instante que se vaya
á su lugar, te prometo
que volverás á tu sala.
Mientras tanto en la guardilla
te acomodas, ó en la cuadra
con los mozos.

Don Cándido

  No señor.
Yo le doy á usted las gracias
por su hospedage. — No pienso
dormir mas en esta casa.

Don Onofre

¡Ola! ¿Con humos me vienes?
j)t Cánd. Tío, ya basta de infamias,
y ni de usted ni de nadie
quiero mas tiempo aguantarlas.
Conque así..,.

Don Onofre

¿Cómo se entiende?
¡Picaro! ¿Tú me amenazas?
¿Tú me pierdes el respeto?

Don Cándido

Tanto es lo que usted me ultraja,
que si no fuera mi sangre,
y no mirara á sus canas....

Don Onofre

¡Insolente! ¡Galopin!
¡Que no tuviera una tranca!

ESCENA VII

(Los precedentes, don Marcelo, doria Juliana.)

Don Marcelo

¿Qué es eso?

Don Onofre

No tienes tú
la culpa, sino el que ampara
á un bribón, á un haragan.

Doña Juliana

Pero bien, ¿cuál es la causa
de tantos gritos? Sepamos
quien....

Don Onofre

Cria cuervos, Juliana,
y te sacarán los ojos.

Plácida

Mire usted; toda su rabia
es solo por que le be dicho
que desocupe su estancia
para alojar á Gertrudis.

Don Onofre

Sí señor: y el muy canalla
se ofende de una medida
tan justa y tan necesaria;
y me levanta la voz,
y se me sube á las barbas.

Don Marcelo

Mira que ya estoy cansado
de sufrirte..

Doña Juliana

Sí: ya basta
de contemplaciones. Yo
no estoy para templar gaitas,
i Ola l de fuera vendrá
quien nos echará de casa. —
Pues, hijo mió, desde hoy
libro nuevo: yo soy clara.
Si te hemos de mantener,
has de ver como lo ganas.
Aquí nos sacrificamos
Por tí, pero tú no tratas,
ya que no nos das decoro,
de complacernos en nada.
Se acabó la sopa boba.
¿Lo entiendes? Desde manana
me harás la compra, hijo mió;
que no está lejos la plaza,
ni creo yo que por esto
la venera te se caiga;
y después.

Don Cándido

Piadosos tios,
benigna dona Juliana,
amable primita, escuchen
ustedes cuatro palabras. —
Yo, no lo puedo negar,
soy mas pobre que las ratas;
pero, aunque huérfano y pobre,
tengo vergüenza, á Dios gracias.
L1 pan que me dan ustedes
de malditísima gana,
ese pan que á todas horas
inc echan ustedes en cara,
yo me lo sabré buscar
siu deber á ustedes nada:
yo lo tendré sin bañarle
con mis lágrimas amargas.
Yo serviré, sí señores;
pero será sin infamia:
no á parientes despiadados,
sino á mi Rey y á mi patria.
No espero grandes riquezas,
sino peligros y balas;
pero tendré parí y gloria;
que para un soldado basta.
Yo viveré muy gozoso
con mis bravos camaradas,
sin un tío don Marcelo
que siempre ingrato me llama,
cuando peor veinte veces
que á su caballo me trata.
Sin un lio don Gnofre
que me insulta y me regaña
sin dejarme responder,
baya motivo ó no le haya:
que me ha dado una levita
achacosa, derrotada,
y tan raída, que solo
de cepillarla se rasga;
y con lodo es tan tacaño
que por nueva me la pasa,
y de verla destruida
se escandaliza y se espanta.
Viviré lejos de un primo
tan pedante como mándria,
que desalía á las gentes
si sus sonetos no alaban,
y luego pide perdón
al que no teme bravatas.
Lejos de una prima tonta,
superficial, sin crianza,
impertinente, aturdida.
Lejos en fin de una vana
y quijotesca señora,
que como esclavo me manda,
y cuando la llamo tia
se enfurece ó se desmaya.—
A todas estas verdades
una que añadir me falta:
cuando uno tiene parientes
de tan perversas entrañas,
no conoce la vergüenza
ni el honor, si los aguanta.

ESCENA VIII

(Los precedentes menos don Cándido.)

Don Onofre

¡Qué sarta de desvergüenzas!
¿y hemos podido tragarlas
sin romperle las narices?

Plácida

¡Llamarme á mí mentecata
y superficial!

Don Marcelo

Yo siento
que haga una calaverada.

Don Onofre

Y bien; ¿qué le hemos de hacer?

Doña Juliana

Bendito de Dios se vaya,
y no parezca en su vida. —
Vamos á comer.

Don Marcelo

¿No aguardas
á la huéspeda?

Doña Juliana

La tiene
convidada su paisana.
Vamos. -—Desde hoy habrá paz
y alegría en esta casa.

Acto tercero

ESCENA PRIMERA

(DOÑA JULIANA, PLÁCIDA, DON JOAQUÍN, INÉS.)

Doña Juliana

Vamos, que hace buena tarde.
Ponte bien esa mantilla.

Plácida

¿Al Retiro?

Doña Juliana

Sí.

Plácida

¿Y papá?

Doña Juliana

Ya se marchó á las Delicias
con tu tio don Onofre.

Plácida

Oyes: cuida mi perrila,

Inés

  Bien está.

Doña Juliana

¿Que tienes tú,
Joaquín? ¿Estas triste?

Don Joaquín

Ti a,
tengo un esplin de mil diablos.

Plácida

Esa tristeza imprevista
bien sé yo de donde nace.
Como doña Catalina
no nos aconpaña. ¿Piensas
que aunque soy una chiquilla
se me escapa nada?

Don Joaquín

¡Vaya,
que has tomado una manía
particular! Mi cariño
solo tú, amable primita,
lo mereces. (i) ¿No es verdad?

Doña Juliana

¿Quien hace caso de niñas?

Don Joaquín

La viudita, bien mirado,
no es una grande conquista;
y como quisiera yo,
tal vez.... pero me fastidia.

Plácida

¿Por qué?

Don Joaquín

  Porque sabe mucho.

Plácida

Ya; tú las buscas tontitas
para engañarlas mejor.

Don Joaquín

¡Qué disparate!

Plácida

Pues mira:
basta que mamá lo manda,
te amaré toda mi vida
como tú me seas fiel;
mas si sé que solicitas
á la viuda, hago las paces,
aunque la mamá me riña,
con el cadete de guardias
que despedí el otro dia.

Don Joaquín

No; no llegará ese caso,
dulce y adorada prima (2),

Doña Juliana

¡Niños, niños! poco á poco.

Don Joaquín

No se enfade usted, tiita (3).
Ya ve usted; ¡tengo este genio
tan bullicioso! — ¡Qué linda
carretela le han traido
de París á Taravilla
mi amigo el marques del Junco!
¡Preciosísima! Daría
cualquiera cosa.... — ¡Ah í ¿No saben/
ustedes una noticia?
(Notas al pie: (1) A doña Juliana. (2) Abrazándola. (3j Acariciando á su lia.)
¡Cosas como las que pasan
en el mundo! La sobrina
de don Claudio el boticario
salió antes de ayer á misa
y no ha vuelto á parecer.
Su padre está echando chispas.
Anoche me lo dijeron
en casa de dona Higinia. —
Por cierto que desde entonces....
¡Tengo una suerte maldita! —
¿No sabe usted quién tallaba?
El teniente de milicias
don Toribio. ¡Vaya un cuco!
Se empeñó en echar judías
y perdí sesenta pesos;
pero me cayó una rifa.
Dona Jul ¿Sí? ¿Y es cosa de valor?

Don Joaquín

No señora: media libra
de cigarros. — ¡Qué bien toca
el piano Dolorcitas!
Su hermano es un botarate. —
Me han dicho que la modista
de ahí enfrente baila bien;
y, aunque está comprometida
con un cesante de Propios.

Doña Juliana

¡Jesús qué tronera! ¿Olvida»
que te estamos esperando?

Don Joaquín

Tiene usted razón. — Matías

ESCENA II

(Los precedentes, Matías.)

Matías

Mande usted, mi capitán.

Don Joaquín

El sombrero, date prisa
y el sable.

Matías

  Voy al instante.

ESCENA III

(Los precedentes, menos Matías.)

Plácida

¿Si veremos á Conchita?

Don Joaquín

¿Qué habrá sido de mi primo?
Doña Jnl, No me hables de él j que me
indigna
su memoria. Aunque le vea
llorar á lagrima viva
y pedirme mil perdones,
no haya miedo que le admita
en mi casa.

Don Joaquín

Ha sido un bruto.
El ha perdido una vina
con dejar á ustedes. No;
no hará tan buena barriga
en el cuartel, y si da
con un cabo loco....

ESCENA IV

(Los precedentes y Matías (i).)

Don Joaquín

Quita
esa lunda, majadero (2). —
Él ya ha hecho la tontería
de sentar plaza á esta fecha. —
¡Eh! S u letra no es malita,
y tiene buena íigura,
(Notas al pie: (1) Con el sombrero y el sable. (2) Toma el sombrero Matías quita la funda al sable.)
¿Quién sabe? si no se vicia
puede ser que haga carrera.
Con veinte añitos que sirva,
basta para ser sargento.
Entonces ya es otra vida:
¡y luego el premio de nueve! —
Vamos, trae, (i) — Solicita
una plaza en el resguardo;
la consigue; se retira,
y es feliz. — Eh, ya estoy listo.
Venga la mano.

Doña Juliana

A tu prima;
que yo bajo muy despacio (2). —
Cuida de casa, Inesilla. —
j Qué talentazo de joven!
¡qué imaginación tan viva!
¡qué gracia! Vamos; él es
la honra de la familia.

ESCENA V

(INÉS, MATÍAS.)

Inés

¡Jesús qué gente, Dios mió!
No sé como hay quien los sirva.
¡Y qué compasión me da
don Cándido! ¡Qué injusticias,
qué perrerías ha hecho
con él! — Al cabo le obligan
á una desesperación.

Matías

Tienen muy malas partidas
estos señores.

Inés

¡Qué bien
(Notas al pie: (1) Toma el sable y se lo ciñe (2) Vanse don Joaquín y Plácida,)
hace en perderlos de vista.!
Da lástima, porque al cabo
se crió en buenas mantillas;
pero no digo un fusil,
el presidio de Melilla
es mas dulce que aguantar
parentela tan indigna.
¡Pobrecito! ¡Y á tu amo
que es un loco, un mariquita,
libertino y jugador,
tantos agasajos! Ira
me da solo de pensarlo.

Matías

Pues no sabes todavía
lo que es bueno. Yo pudiera
decirte ciertas cosillas....

Inés

¿Sí? Dímelas.

Matías

  No me atrevo.

Inés

Hombre, ¿de mí no te lias?

Matías

Si sabe que le descubro
me arrea un pie de paliza
que no me podré lamer.

Inés

Nada de cuanto me digas
se sabrá, que, aunque criada,
soy de chismes enemiga,
y sé guardar un secreto.

Matías

Pues escucha: en Algeciras
se jugó siete mil reales
que eran de la compañía,
y por eso estuvo un año
en el fuerte de Chinchilla.
Cuando volvió al regimiento
le nombraron de partida
para perseguir ladrones,
va^os y contrabandistas;
y á todos les daba suelta
si largaban la propina.
Vaya un modo de robar
entre él y el sargento Diaz!
Otra vez tuvo un bromazo
en Cabra; cogió una chispa,
y le dió por ser valiente,
y eso que él es muy gallina
con todos menos conmigo.
Entró en casa de unas tias
á la tremenda y al golpe,
mas prontito que la vista
le quitó el sable un paisano
y le llevó calle arriba
á leñazos. — ¡Cá! JNo he visto
hombre mas malo en mi vida.
Los soldados no le quieren;
los cabos le tienen tirria;
los sargentos le desprecian;
los subalternos le silban;
los capitanes le escupen
y los gefes le castigan.
Cuando no está preso le andan
buscando, y él cada dia
es peor. Mas trampas tiene
que un sastre dice mentiras,
y en su hoja de servicios
mas notas leas que líneas.

Inés

¿Y cómo está tanto tiempo
fuera de su cuerpo?

Matías

Chica,
yo no sé. Él lo que es licenci
para Madrid, la tenía;
pero hace ya cuatro méses
que se acabó.

Inés

Si averiguan
su historia....
Matías ¡Oh! Sí; nos despiden
á patadas.

Inés

A él le estiman
solo por las charreteras;
y si un dia se las quitan....

Matías

Mas seguro tendrá eso
que un ascenso.,..

Inés

Le estaría
muy bien al tonto de mi amo
que le atrapase la hija
y....

Matías

Buen provecho. ¿A nosotros
qué se nos da?

Inés

A mí maldita
la cosa ( i).

Matías

Pues á mí....

Inés

Chito,
que están llamando. Anda, mira
quien es.

ESCENA VI

Inés

¡Qué diablo de casa!
Como doña Catalina
me quisiera recibir....
Ella es.

ESCENA VII

(DOÑA CATALINA, INÉS.)

Doña Catalina

¿Y la familia?

Inés

Han salido á pasear.

Doña Catalina

¿Y también con ellos iba
(Notas al pie: (1) Suena la campanilla.)
«Ion Cándido?

Inés

Según eso,
¿No sabe usted todavía
lo que pasa?

Doña Catalina

  No sé nada.

Inés

Se ha marchado, señorita,
y acaso no volveremos
á verle. Como una niña
he llorado. Sus roñosos
tios y su insulsa prima
le han ajado hasta no mas,
le han hecho mil felonías,
y por fin han apurado
su paciencia. — ¡Dijo que iba
á sentar plaza!

Doña Catalina

¡Oué dices!
¿Y no hubo un alma benigna
que le detuviera? ¡Infames!

Inés

No señora. A sangre fria
su resolución oyeron,
y tienen tan malas tripas
que permitieron se fuese
sin comer.

Doña Catalina

¡Que Dios asista
á una gente tan perversa!
Nada de esto pasaría
si hubiera estado yo en casa. —
¡Oh vanidad! ¡Oh avaricia
detestable! — Acaso yo
soy causa de su desdicha;
¡yo que á hacerle venturoso
estaba tan decidida!
¡Infeliz! Ya será larde. —
Si yo pudiera.... Matías
acaso le encontrará. —
Corre: que le busque aprisa
por todo Madrid. ¿Entiendes? (i)
Y si le vé, que le diga....
Mira primero quien llama.

ESCENA VIII

Doña Catalina

Las leyes de la milicia
son tales, que si obcecado
en las banderas se alista,
en vano. ¡Qué veo! Él es.
Ay Dios! ¿si serán tardías
mis lágrimas?

ESCENA IX

(DOÑA CATALINA, DON CÁNDIDO.)

Doña Catalina

¡Es posible,
don Cándido! ¿Usted olvida,
usted quiere abandonar
á su verdadera amiga?

Don Cándido

Así lo quiere, señora,
la insufrible tiranía,
de mis parientes. No hay nada
que me acobarde ó me allija
en la penosa existencia
que me aguarda. Las fatigas,
las privaciones, los riesgos
serán para mí delicias
lej os de esta gente. — Acaso
culpará usted la medida
que he tomado; pero yo
la considero precisa
para salvar mi virtud
(Notas al pie: (i) Suena la campanilla.)
que he visto comprometida
tantas veces. Si me quejo
de mi fortuna mezquina
usted sabe bien por qué,
sin que mi lengua lo diga.
Usted que vé en este instante
el fondo del alma mia.

Doña Catalina

¿Conque en fin ya no hay-
remedio?
¿Nos deja usted?

Don Cándido

Sí: reciba
usted mi postrer adiós. —
En la tienda de la esquina
me han dicho que á pasear
salió toda la familia;
y por eso me he atrevido
á subir.

Doña Catalina

Muy ofendida
debo estar de un proceder
tan injusto. ¿No era digna
de que usted me consultase
primero? ¿Yo sufriría
que el mejor de mis amigos
-pe reciese, siendo rica,
Compasiva y generosa,
aunque lo diga yo misma,
mas que lodos los parientes,
del mundo?

Don Cándido

No me atrevía
á comprometer á usted.
Doña Cata!. Esa es una intempestiva
delicadeza, que yo
llamo orgullo ó cobardía.
En fin ya es usted soldado. —
¡A bien poco se limita
su ambición!

Don Cándido

Aun no lo soy.

Doña Catalina

¡Cómo....!

Don Cándido

Ya estaba extendida
la filiación; pero el geí'e
cuando iba á poner mi firma
me mandó volver mañana,
diciendo que así tendría
lugar de pensarlo bien.

Doña Catalina

JXo me paga usté en su vida
el mal rato que me ha dado.

Don Cándido

Salí pues de la oficina,
y, resuelto á no mudar
de pensamiento, venia
á despedirme de usted.

Doña Catalina

Agradezco á usted su fina
atención. — — Vamos; ¿y ahora?
¿Es cierta la despedida?
¿Está usted determinado
á incorporarse en las filas
de los valientes?

Don Cándido

Señora....

Doña Catalina

¿Podrá usted con la mochila?

Don Cándido

Usted se burla de mí. —
¿Acaso es cosa de risa.

Doña Catalina

INo hace mucho que he llo¬
rado:
deje usted que ahora me ría.

Don Cándido

¿Qué escucho? ¿Yo he merecido
que la amable Catalina
llore por mí?

Doña Catalina

Usted va á ver
si soy ó no soy su amiga.
Mire usted: — yo no soy fea;
; cierto?

Don Cándido

Es usted peregrina;
es usted....

Doña Catalina

Veinte y cinco anos
no es una edad excesiva,
me parece.

Don Cándido

¡Qué preguntas,
señora, á quien no respira
mas que amor y gratitud....!

Doña Catalina

Yo tengo en Andalucía
haciendas considerables,
y en Castilla muchas fincas:
soy viuda, pero sin hijos:
detesto la hipocresía,
y me gusta divertirme,
pero nadie con justicia
puede tachar mi conducta....

Don Cándido

¡Ah señora! ¡Qué prolija
digresión! — Perdone usted:
ya sé á donde se encamina
ese discurso. Usted puede
juzgarlo por mi alegría
y por la dulce emoción.

Doña Catalina

Me ha gustado mucho el clima
de Madrid.... —

Don Cándido

¡Por Dios! ¿Qué tiene
que ver eso con mi dicha?

Doña Catalina

Es decir que ya una vez
en la córte establecida,
y con tantas circunstancias
para excitar la codicia
de un novio, aspirar pudiera
á bodas muy distinguidas;
pero usted conocerá
que mi corazón se inclina.

Don Cándido

Basta, señora: no puedo
mas. ¡Oh fineza inaudita!
¡Oh ventura! Yo era amado
de la hermosa Catalina;
¡y la pagaba tan mal
que de sus ojos huía!
Yo soy el mortal feliz
á quien su mano destina;
Doña Cataté Eh, poquito á poco,
señor mió. Usted delira.
Vaya, vaya; ¡pues me gusta
la ocurrencia! Usted creía
verse ya.... ¡Buenos estamos!
Caramba con el mosquita
muerta!

Don Cándido

(i) No sé donde estoy.

Doña Catalina

Yo soy una buena amiga
de usted; una apasionada
que le protege y le estima;
pero estimación y amor
son dos cosas muy distintas.
Dé Candi Poco me debe estimar
quien así me martiriza;
quien se regocija en verme
padecer. — ¡Ah! yo creía
que era usted mas generosa.

Doña Catalina

¡Cómo! mi amistad se obliga
á facilitar á usted
una subsistencia digna
de su cuna y sus virtudes,
sin exigir que me sirva
ni me adule, á imitación
de su despreciable tia.
Si esto no es ser generosa,
que venga Dios y lo diga.

Don Cándido

¡Ah! Sí. — ¿Pero usted presume
(Notas al pie: (1) Aparte.)
que mi ventura se cifra
en eso solo?

Doña Catalina

¿Pues qué
quiere usted? ¿Que yo le elija
para marido?

Don Cándido

¡Señora!.... —
quiero que usted me permita
rehusar sus beneficios.

Doña Catalina

Está buena la salida.

Don Cándido

¿Qué me importan las riquezas,
¡cruel! con que usted me brinda
después de oir el funesto
desengaño que me priva
de mi mas dulce esperanza?
Yo no debí concebirla;
es cierto, pero quizá
toda la culpa no es mia. — (i).
Tal vez esa misma boca,
que ahora solo conspira
á mi desesperación,
ha pronunciado propicia
acentos consoladores.
Esos ojos, que me inspiran
tanto amor, tal vez hoy mismo
el placer me prometian. —
Sea loca presunción
en mí, ó en usted perfidia,
jurára que en este instante
mas amorosos me miran;
y yo.... (2).

Doña Catalina

Levántese usted,
que tocan la campanilla. —
(Notas al pie: (1) Se arroja á los pies de dona Catalina. (2) Suena la campanilla.? — l)on Cándido se Levanta.)
(i) ¡Y & qué buen tiempo! Si tardan
dos minutos, soy perdida.

ESCENA X

(Los precedentes, don Bruno.)

Don Bruno

¡Cándido!

Don Cándido

No: no me engano. —
Él es. ¡Tío de mi vida! (2)

Don Bruno

¿Cómo estas tan mal vestido?
Ya veo que no mentías
en tu carta.

Doña Catalina

Aquí ha sufrido
mas de lo que usté imagina.
¡Qué parientes! — Juzgue usted
cuán deplorable sería
su situación, cuando hoy mismo....
Pero ruego á usted se sirva
pasar á mi habitación,
y allí....

Don Cándido

Sí: usted necesita
descansar.

Don Bruno

Como usted guste. —
¿No están en casa...?

ESCENA XI

(Los precedentes, don Joaquín (3).)

Don Joaquín

¡Maldita
memoria! ¡Haberme dejado
una cosa tan precisa!
¡Mi lente! — Ah, estoy á los pies
(Notas al pie: (1) Aparte. (2) Se abrazan. (3j Entra precipitado con dirección á su cuarto,)
de usted, bella Catalina.
¿Usted no pasea?

Doña Catalina

No.

Don Joaquín

Es usted muy egoísta.

Doña Catalina

Mil gracias por el obsequio,

Don Joaquín

Los elegantes se privan
por la pereza de usted
de la cara mas bonita
y el cuerpo mas agraciado
que tiene Madrid. — Matías. *—
Hoy está muy concurrido
el salón. Hace buen dia. —
¿Usted va á salir?

Doña Catalina

No,

Don Joaquín

Como
la veo á usted de mantilla....

ESCENA XII

(Los precedentes, Matías.)

Matías

¿Qué manda usted?

Don Joaquín

Trae mi lente;
sin arrugarme la cinta.
Corre.

ESCENA XIII

(Los precedentes menos Matías.)

Don Joaquín

Vaya; ¿quiere usted
venir al Prado, alma mia?
Sí: venga usted. Aun podemos
dar cuatro vueltas.

Doña Catalina

  Se estima.

Don Joaquín

(i) ¿Qué apunte es ese?
(Notas al pie: (1) Aparte á doña Catalina examinando á don Bruno.)

Doña Catalina

  No sé.

Don Joaquín

Me choca mucho. Él me mira
con una atención.... — Adiós,
primo mió: no te habia
visto. ¿Has sentado ya plaza?

ESCENA XIV

(Los precedentes, Matías,)

Matías

Aquí está el ente.

ESCENA XV

(Los precedentes, menos Matías,)

Don Joaquín

¿En marina
ó en guardias? — ¡Qué bien has hecho
en sacudir la polilla
y largarte de esta casa!
Yo no sé como sufrías
tantos ultrajes. — A mí
me adulan y me acarician
porque soy hombre de rango
y esperan que con mi prima
me case. Yo no la quiero,
porque es una coquetilla.
Ella, sí, tiene buen dote;
y en muriendo el estantigua
de don Bruno. (i)

Don Bruno

  Disimula.

Don Joaquín

Que es, según tengo noticias,
muy bruto, pero muy rico,
es regular que la nina
le herede; mas otro amor
es el que á mí me electriza.
(Notas al pie: (1) Violento gesto de cólera en don Cándido,)
(1) ¿No es verdad? — El tio Marcelo
es tal cual; pero la tia
es muy cócora. ¿Y el tio
don Onofre? me fastidia,
me degüella. — Harás muy mal
en volverle la levita. —
j Ah! Me olvidaba: si quieres
servir en caballería
te traeré á mi regimiento.
Antes de pasar revista
te tomaré de asistente
y así tu suerte se alivia:
Al fin no comes en rancho
ni haces ninguna fatiga.
¡Qué tarde es ya! — Ahur, madama. —
(2) ¡Uf! ¡Qué facha tan antigua!

ESCENA XVI

(Los precedentes menos don Joaquín.)

Don Bruno

; Dios mió! ¿Y este es el jóven
de quien Marcelo me hacía
tantos elogios? ¿Es este
á quien destina su hija?

Doña Catalina

Sí señor. Tal para cual.
No sé yo quien perdería
de los dos. A ese tronera
se le obsequia, se le mima,
y.... Vamos, vamos adentro;
oirá usted maravillas (3).
(Notas al pie: (1) A doña Catalina. ¡2) Mirando á don Bruno con su lente. Entran en el cuarto de doña Catalina.)

Acto cuarto

ESCENA PRIMERA

(D. Bruno, don Cándido (2).)

Don Bruno

(3) ¡Qué franca es esta señora!
parece que se interesa
en tu suerte.

Don Cándido

  Sí señor.
La debo muchas finezas.
En medio de mi desgracia,
su bondad, sus nobles prendas,
su trato afable y ameno,
y, en fin, su amistad ingenua
han sido un grande socorro
para mí. La Providencia
aquí sin duda la trajo
para mi consuelo.

Don Bruno

¿Y piensa
establecerse en la córte?

Don Cándido

Como parte de sus rentas
las tiene en este pais,
va á fijar su residencia
en Madrid, según ha dicho;
(Notas al pie: (1) Es de noche. (2) Salen del cuarto de doña Catalina. (3) Deja don Bruno su sombrero sobre una silla.)
y mientras se la presenta
una buena habitación
en esta casa se hospeda
bien á su pesar.

Don Bruno

  Lo creo.

Don Cándido

No confrontan las ideas
de mis tios con las suyas.

Don Bruno

No; no deben ser muy buenas
cuando á un sobrino carnal
por pobre le menosprecian,
y á otro menos inmediato
por llevar dos charreteras
le colman de beneficios,
le distinguen y contemplan,
siendo insolente, vicioso,
sin talento y sin vergüenza.
Pero si tantos parientes
tienen entrañas de piedra
en este mezquino siglo
de vanidad y miseria;
todavía no están todos
prostituidos. Aun quedan
algunos que sin rubor
del infortunio se duelan. —
Bien conoces que yo debo
tener de tí muchas quejas.
Sabiendo cuanto te amaba
desde tu infancia mas tierna,
hiciste muy mal.

Don Cándido

Confieso
mi culpa. Con tantas pruebas
del buen corazón de usted
debí llegar á su puerta
antes que á ninguna; pero
me acordaba de la afrenta
que sufrió usted de mi padre
poco antes de que muriera,
y temía....

Don Bruno

Yo perdono
á tu poca edad la ofensa
que me hiciste. 'Aun dado caso
que yo conservar pudiera
á tu padre algún rencor,
cosa que siempre fue opuesta
á mi carácter; pensar
que á un hijo suyo trascienda
es un error. — En fin, no
se hable mas de la materia.
Todo lo olvido; y muy lejos....

ESCENA II

(Los precedentes, Ine's (i).)

Inés

Señor, ahora mismo entran
mis amos.

Don Bruno

Bien: ¿donde están?

Inés

Han pasado á la otra pieza
á refrescar. — Yo he callado
para que usted los sorprenda.

Don Bruno

Bien: espera un poco, (2)
Escucha
Cándido: la conferencia
con mis primos será corta.
No conviene que te vean
por ahora. Mientras tanto,
(3) toma. Vete á cualquier tienda
(Notas al pie: (1) Con luces que deja sobre una mesa. (2) Separándole á un laclo. Inés entra con una luz al cuarto de doña Catalina, la deja dentro y vuelve á salir, (3) Le da dinero.)
donde vendan ropas. Compra
lo que necesites, y echa
á un basurero esos trapos.
¿Entiendes? — No te detengas
en el precio. — Ah, también te hace
falta un sombrero. En la Puerta
del Sol lo puedes tomar.
Bastante dinero llevas
para todo. Vete luego
á la Fontana, y espera
hasta que vaya por tí.

Don Cándido

¡Ah! mi gratitud extrema... (i)

Don Bruno

¿Qué vas á hacer? --Varaos
anda,
que es tarde.

Don Cándido

¡Qué diferencia!

ESCENA III

(B. Bruno, Ines.)

Don Bruno

Muchacha, enséname el cuarto
donde tus amos refrescan.

Inés

Con mucho gusto (2). Abra usted
esa puerta de la izquierda.

ESCENA IV

Inés

Ya sé yo que la visita
no va á ser muy lisonjera
para ellos. Es difícil
(Notas al pie: (1) Quiere arrodillarse y don Bruno le detiene. (2) Señalando á lo interior desde la puerta de la entrada.)
que le engaiten, que á esta fecha
ya está informado de todo.
Yo le he dicho cosas buenas,
y la huéspeda á fe mia
no se ha mordido la lengua.
Don Cándido va á salir
de opresión y de miseria
¡Cuánto me alegro!

ESCENA V

(DON JOAQUÍN, INÉS.)

Don Joaquín

¡Qué lance
de los diablos! ¿Quién creyera
que habia de ser don Bruno
ese vejete postema?
Me he quedado tonto. — ¡Yaya
una cara de baqueta!
La fortuna es que he podido
largarme antes que me viera. —
¡Ola Inesilla! me alegro
de verte sola. ¿En qué piensas? —
Dame un abrazo: ya sabes
que te quiero. — Con franqueza.

Inés

Déselo usted á su prima:
yo no lo gasto.

Don Joaquín

No seas
tan huraña. — Yen....

Inés

Pasito. —
Las manos quietas y secas.

Don Joaquín

¡Eh tonta I ¿Qué sabes tú
lo que es bueno?

Inés

¿Soy yo de esas
(Notas al pie: (1) Con sombrero y sable.)
de pof* ahí?

Don Joaquín

Vamos, hija:
¿á qué tanta resistencia?
Ya veo que no lo entiendes.
Anímate: ¿qué te cuesta? (i)

Inés

Aparte usted, espantajo,
títere.

ESCENA VI

Don Joaquín

¡Maldita seas! —
¡Canario, qué fuerza tiene!
Si me descuido me estrella. —
¡También se ven heroínas
entre estropajo y cazuelas! —
Bien empleado me está
por requebrar á una bestia. —
Con esto, y con que me deje
á la luna de Valencia
la viudita la he logrado. —
Esta ocasión es muy buena
para atacarla. — Allá voy.
¡Animo! — (2) ¿Dá usted licencia,
Catalinita?

ESCENA VII

(DON JOAQUÍN, DOÑA CATALINA.)

Don Joaquín

¿Quién ha de ser? Quien revienta
(Notas al pie: (1) Quiere abrazarla; Inés le dá un empellón y escapa. (2) Levantando el picaporte. (3) A la puerta de su cuarto.)
de carino por usted;
quien se consume y se quema
desde que ese cuerpecito
por la córte se pasea.

Doña Catalina

Bueno: ¿y qué es lo que us¬
ted quiere?

Don Joaquín

Yo quiero que usted me quiera;
quiero que usted sea mia;
quiero que no me entretenga
con frívolas esperanzas
que queman y no calientan;
quiero que usted reconozca
la extraordinaria fineza
de amarla mas que á mi prima,
á pesar de que está muerta
por mis pedazos; en fin
quiero que usted se convenza
de que yo voy á morirme
como usted no se resuelva
á darme esa blanca mano
en la santa madre iglesia.

Doña Catalina

Pues bien. Yo quiero que usted
me deje en paz y no vuelva
con esas majaderias
á romperme la cabeza;
quiero que se desengañe
de que es un fátuo, un tronera,
un pedante, un fantasmón
que de verle da jaqueca;
quiero que usted se persuada
de que ninguna que tenga
dos dedos de frente debe
escuchar á usted siquiera;
y que si yo he tolerado
basta ahora sus simplezas,
ha sido para burlarme
de su presunción grosera.

Don Joaquín

Pero escuche usted....

Doña Catalina

(i) Abur.

ESCENA VIII

Don Joaquín

; Eh! Ya me dió con la puerta
en los hocicos. ¡Lucidos
estamos! — ¡Que esto suceda
a un hombre de mi calibre! —
Aquí es preciso prudencia
y resignación. — Yo.... bien
la diría cuatro frescas;
pero.... mejor es dejarlo. —
¡Qué calabazas tan netas
me ha espetado! Estoy furioso.
¡Aunque tuviera epidemia!
¡Qué modo de despacharme
tan brusco! — Y hasta la puerca
de Inesilla.... Pero ¿yo
me apuro por bagatelas? —
La viudita es buen bocado:
mucha lástima es perderla;
no por su cara, que al fin
si se la mira de cerca
no vale cosa. — Mejor
es Placidita. Sí: treinta
veces; y es una chiquilla
que haré lo que quiera de ella. —
Ea, á mi prima me atengo;
y para que no se vuelva
la boda agua de cerrajas,
voy á pedir la licencia
mañana mismo. — ¿Y ahora,
(Notas al pie: (1) Entra en su cuarto cerrando la puerta.)
quid faciendum? — La comedia
de esta noche no me gusta.
¿Me iré al café de Venecia?
Sí: y desde allí á la partida
de los cucos.

ESCENA IX

(DOÑA JULIANA, PLÁCIDA, DON JOAQUÍN.)

Don Joaquín

¡Oh mi bella
primita! ¡Oh tú, que de todas
las Plácidas de la tierra
eres la que mas me place
por ser la mas placentera í
me tienes enamorado
hasta la crisma.

Plácida

¿De veras?

Doña Juliana

¡Qué cumplimiento tan fino!
¡Lo que vale ser poeta!

Don Joaquín

¡Dulce tia á quien me une
la simpa-tia mas tierna,
simpa-tia que será
muy en breve simpa-suegra!
¿Cuándo aquí del himeneo
arderá, tia, la tea?

Doña Juliana

¡Bravo! ¡Bravo! Muy bien dicho.
¡Qué donaire! ¡Qué agudeza!

Don Joaquín

El mismo Gerardo Lobo
para mí es niño de teta.
¡Tengo yo mucha sintaxis!

Doña Juliana

  Ya se conoce.

Don Joaquín

Y mi vena
es un torrente.

Doña Juliana

  Lo creo.
Mira que quiero que vengas
á acompañamos.

Don Joaquín

¿Adonde?

Doña Juliana

Pronto daremos la vuelta.

Plácida

Es dos puertas mas arriba.

Doña Juliana

Sí: á casa de Genoveva.

Don Joaquín

Con ustedes iré yo
aunque sea á Filadelfia.

Plácida

Por no ver al tio Bruno....

Doña Juliana

Ha sido mucha imprudencia
venirse sin avisar.

Plácida

¡Tiene una cara tan seria!

Doña Juliana

Aunque él no se explica claro
y disimula sus quejas,
á mí me ha estado quemando
la sangre con indirectas.

Plácida

Pues ¿y la ridiculez
de arquear tanto las cejas,
porque yo no le miraba
y jugaba con mi perra?

Don Joaquín

Lo gracioso es que esta tarde
le hice una burla sangrienta
sin conocerle.

Plácida

  Me alegro.

Don Joaquín

De esta hecha te deshereda.

Plácida

¿Qué me importa? A mí ninguna
falta me hacen sus talegas.

Doña Juliana

Ocultarle el paradero
de Cándido es lo que lleva
muy á mal á mi entender;
pero como es tan babieca
le hará creer mi Marcelo
todo lo que nos convenga.
No tengáis cuidado. Ya
le han tomado por su cuenta
entre mi cufiado y él.
Aunque á Cándido proteja,
no por eso....

Don Joaquín

¿A qué queremos
calentarnos la cabeza
sobre ese particular?
Allá los viejos se avengan.
Hablemos de nuestra boda,
que es lo que mas interesa,
¿No es verdad?

Plácida

¿Y la viudita?

Doña Juliana

Siempre estás con esa tema.

Don Joaquín

¡Disparate! Sobre ser
plato de segunda mesa,
es muger que me encocora.

Plácida

Vaya; yo sé que la obsequias.

Don Joaquín

Estás muy equivocada;
y si no, para que veas
que no la puedo tragar,
aunque la lleve pateta,
delante de todo el mundo
la voy á decir que es fea.

Plácida

Bneno, eso es lo que yo quiero.

Don Joaquín

  Tú quedarás satisfecha.

Plácida

Está muy bien; pero mira
que no quiero que me vuelvas
á dejar sola en el Prado,
como esta tarde.

Don Joaquín

¿Y te quejas
por eso? ¡Valiente injuria!
¿Qué querías tú que hiciera
sin lente? — Poco tardé:
antes que dieses dos vueltas
ya me había reunido.

Plácida

Como la mamá se sienta
y nos deja solos....

Don Joaquín

Vamos;
y tú por qué hacías senas
4 todos los lechuguinos?

Plácida

Eso no vale la pena.
Otras veces me las hacen
ellos á mí.

Don Joaquín

Me hace fuerza
esa reílexion.

Doña Juliana

¡Que siempre
os piquéis por bagatelas! —a
Vaya; ¿vamos, ó me siento?

Don Joaquín

Vamos á donde usted quiera,
mamá, que ya lo es usted
para mí desde esta fecha. —
¡Ah, qué boda tan brillante! —
¿Bailará usted en la fiesta?
Por supuesto. ¡Qué felices
vamos á ser!

Doña Juliana

¡Dios lo quiera!

Don Joaquín

Y á los diez meses.... lo mas,
cuente usted con una nieta.

ESCENA X

Inés

Ya se fueron. La mejor
ocasión del mundo es esta
para hablar con la andaluza
sin que ninguno lo entienda. —
¡Oh! como pueda lograr
que me tome por doncella....
¿Y por qué no? Ella me quiere;
yo sé todas las haciendas
de una casa; yo soy fiel;
no tengo nada de lerda,
y asi, á mi paso.... Es verdad
que soy algo bachillera

ESCENA XI

(INÉS, UN SOLDADO.)

Un Soldado

¡Ave María!

Inés

¿Quién es? —
¿Quién le ha dado á usted licencia
para entrar aquí?

Un Soldado

¿A mí? naide.
La puerta de la escalera
está abierta, y me he colado.

Inés

¡Pues! sin duda aquel veleta....

Un Soldado

¿No vive aquí un capitán
de á caballo?

Inés

  Aquí se hospeda.
¿Qué trae usted?

Un Soldado

Este plegó
de la Ispecion.

Inés

Bueno, venga (i).

Un Soldado

¿No está en casa?

Inés

No: ha salido.
Se le dará cuando vuelva.

Un Soldado

Pues es que yo no me voy
sin llevarme la cubierta;
que así lo tienen mandao.

Inés

(2) Tome usted, y no nos muela.

Un Soldado

A mí en cosas del servicio....
¿Está usted? Pues, aunque fuera
con mi padre. — Yo sé bien
mi obligación.

Inés

¿Quién lo niega?

Un Soldado

Y no soy dcngun reculla,
(Notas al pie: (1) Lo toma. (2) íiompe el sobrescrito y se lo da.)
que ya tengo los noventa.
¿Está usted?

Inés

Bien: vaya usted
con Dios.

Un Soldado

Y por mar y tierra
soy siempre Alonso Morata,
¿Está usted? — Adiós, morena.

ESCENA XII

Inés

¿Qué papelotes son estos?
¡Caramba! ¡Que no supiera
leer! — ¡Qué letras tan gordas!
Y aquí hay un sello....—

ESCENA XIII

(DON BRUNO, INÉS.)

Don Bruno

Vilezas
semejantes no se han visto
desde que hay parientes. Piensan
justificar su conducta
levantando mil groseras
calumnias al pobre jóven.
¡Oh! Buen petardo se llevan.
Yo les haré ver.... (i) ¿Qué estas
leyendo?

Inés

Sí: eso quisiera,
pero me estorba lo negro.
La culpa tuvo mi abuela
que no me dejó aprender
mas que á hilar y hacer calceta.
(Notas al pie: (1) Torna el sombrero y al irse repara en Inés,)

Don Bruno

¿Quién te lia dado esos papeles?

Inés

Un soldado; y á la cuenta
son papeles de importancia,
porque es de molde esta letra.
Son para don Joaquinito,
según ha dicho. Era fuerza
el sobrescrito entregarle,
y por eso,...

Don Bruno

Qué ¿está fuera
Joaquin?

Inés

  Sí señor.

Don Bruno

¿A ver? —
veamos (i).

Inés

No; como pueda,
aunque me cueste el salario
de un año, hasta que aprenda
de letras....

Don Bruno

(2) Mira: es preciso
que en la casa no se sepa
que has recibido tal pliego.
¿Lo oyes? Y que nadie entienda
que yo guardo estos papeles.

Inés

Está muy bien. Usted pierda
cuidado.

Don Bruno

(3) Toma; y silencio.

Inés

Me echaré un nudo á la lengua.

ESCENA XIV

Inés

¿Qué misterio será este? —
Es tan grande mi impaciencia
(Notas al pie: (1) Toma los papeles y los lee. (2) Guarda los papeles. (3) La dú un doblou.)
que el doblon y mas daría
por saber lo que se encierra
en esos papeles. — ¡Soy
tan curiosa! — Esta reserva
de don Bruno.... Apostaría
á que tienen mala cena
mis amos. — Allá veremos.
Según son las apariencias,
esta calma está anunciando
una borrasca deshecha (i).

Acto quinto

ESCENA PRIMERA

(DON ONOFRE, DON MARCELO.)

Don Onofre

Bien: Tú diras lo que quieras;
pero Bruno te da perro.

Don Marcelo

  El se desenojará.

Don Onofre

  Ya verás.

Don Marcelo

Nuestros esfuerzos
en condenar la conducta
de Cándido, han hecho efecto
á mi parecer.

Don Onofre

Yo juzgo
que no está muy satisfecho
(Notas al pie: (1) Entra en el cuarto de doña Catalina.)
de nuestras disculpas. Ellas
son muy débiles al menos.

Don Marcelo

Yo no siento que se lleve
á Cáudido, como temo.
Con tal que Plácida, ya
que se frustren mis deseos
de verla un dia heredera
de sus caudales inmensos,
logre que aumente su dote
con diez ó doce mil pesos,
cosa que á él nunca podría
arruinarle, estoy contento.

Don Onofre

Como él te dé ni diez cuartos
que me corten el pescuezo.

Don Marcelo

Le instaré, le adularé,
no omitiré ningún medio
de ganarle. — En un buen padre
es natural el desvelo
de acomodar bien sus hijos;
y aunque á la verdad poseo
bastantes fondos, ya ves,
si á Plácida casar puedo
sin desmembrarlos, ¿qué mal
me vendrá?

Don Onofre

¡Oh ¡Por supuesto.

Don Marcelo

Ya no tardarán. Yo voy
aquí cerca en un momento
á traerme á^los muchachos
y á Juliana. Pronto vuelvo.

Don Onofre

¿Y por qué querrá que todos
reunidos le esperemos?
¿Habrá reconciliación?

Don Marcelo

¿Quién lo duda? Ese es su ob
jeto.

ESCENA II

(DON ONOFRE, DOÑA CATALINA.)

Don Onofre

Yo pienso muy al contrario,
no tiene él cara.... ¡Oh portento
de hermosura!

Doña Catalina

(2) ¿No ha venido
don Bruno?

Don Onofre

No, mi embeleso,
no ha venido todavía. —
¿Pero, á qué viene ese ceno
conmigo? ¿Se ofende usted
de que la adore?

Doña Catalina

  Me ofendo.
Yo no gusto de esas chanzas.

Don Onofre

¿Acaso yo me chanceo?
Si es usted fisonomista
conocerá todo el nervio
de mi amorosa pasión
en mi cara.

Doña Catalina

¿Será cierto
que está usted enamorado
de mí?

Don Onofre

(3) Sí: de tu dinero.—
¿Y le quedará á usted duda
si ahora mismo la prometo
ser su marido, y mañana
lo cumplo?

Doña Catalina

¡Qué! No lo creo.
Y luego ¿qué adelantamos
(Notas al pie: (1) Y ¡ene de su habitación. (2) Se sienta. (3) A pai te.)
con que usted pretenda serlo
si no me acomoda á mí?

Don Onofre

Pero ese es mucho despego
para un amante, hija mia.

Doña Catalina

¿Qué quiere usted? es mi genio.

Don Onofre

¿Qué disculpa dará usted?
Solamente que soy viejo;
como si no fuera yo
muy capaz....

Doña Catalina

Vamos; no puedo;
usted me ha de perdonar. —
(i) ¡El demonio del espectro!

Don Onofre

Eso no me satisface;
dígame usted sin rodeos
ahora mismo por qué causa
rehúsa mi casamienio;
que á mí no se me repulsa
sin mas ni mas.

Doña Catalina

¡Fuerte empeño!
Pues señor, yo no me caso
con usted, porque no quiero.

Don Onofre

Esa franqueza me gusta.
Vea usted, ya estoy contento
y resignado. A otra parte
con la música.

ESCENA III

(Los precedentes, don Marcelo, doña Juliana, Plácida, don Joaquín.)

Doña Juliana

Veremos
con qué embajada nos viene
el señor don Bruno (2).
(Notas al pie: (1) Aparte. Se sientan todos.)

Plácida

Pero
¿nos tendrá toda la noche
esperando?

Don Joaquín

Nada bueno
espero yo de tal ente.

Plácida

¡Qué fastidio!

Doña Catalina

(i) ¡Qué groseros!
Ni siquiera me saludan.

Don Joaquín

(2) ¿No ve usted qué circunspecto
y qué formalote estoy?

Doña Juliana

Es que ya vas pareciendo
marido.

Don Onofre

(3) Esta gente tarda.

Doña Catalina

Sí: — yo también los espero

Doña Catalina

con impaciencia.

Don Marcelo

¿Usted?

Doña Catalina

Yo.

Doña Juliana

¿Y á qué fin? (4)

Doña Catalina

  Se verá presto.

Plácida

La campanilla ha sonado.

Doña Juliana

Eh, ya están aquí.

Doña Catalina

(5) Me alegro,
porque estaba consumida
con esta canalla.

ESCENA IV

(Los precedentes, don Bruno, don Cándido (6).)

Don Bruno

Siento
(Notas al pie: (1) Aparte. (2) A dona Juliana. (3) A dona Catal ina. (4) Suena la campanilla, (5) Aparte. (6) Bien vestido.)
haberos hecho esperar:
perdonad.

Don Marcelo

¡Qué! Nada de eso. —
Vamos, sentaos (i).

Plácida

¡Mamá!
Ya está vestido de nuevo,
parece otro.

Doña Juliana

  No te rias.

Don Joaquín

(3) Ya me canso de esiar serio.

Don Marcelo

(4) ¿Piensas ya con mas cordura?
Sabe Dios el sentimiento
que nos has dado. Otra vez
domina un poco tu genio....

Don Bruno

Dejémonos de sermones,
que ya son fuera de tiempo.

Don Marcelo

Esto no es reconvenirle;
aunque bien pudiera hacerlo,
que al fin siendo tio suyo....

Don Bruno

Sí; pero ningún derecho
tienes para maltratarle.

Don Marcelo

¿Pues acaso yo....

Don Bruno

Marcelo,
estoy muy bien informado.
No nos cansemos.

Don Marcelo

Ya veo
que me han calumniado.

Don Bruno

Basta:
yo sé que no.

Don Marcelo

¿Pero tengo
la culpa yo de que sea

(D Se sientan don Bruno y don Cándido. (2) Aparte entre sí. (3) Aparte. (4) A don Cándido. imprudente y altanero? Aqui se le aconsejaba....)

Don Bruno

Primo mió, con consejos
no se come. Fácil es
ser generoso á ese precio.

Doña Juliana

(i) Dale con las indirectas
y el tono de misionero. —
¡Caramba! Mira que ya
estoy' hasta los cabellos
de oir tus impertinencias.

Don Bruno

Tranquilízate, que luego
cesaré de incomodarte.

Don Marcelo

(2) Disimula.

Don Joaquín

(3) Vamos; esto
no para en bien.

Don Bruno

Como estoy
de todas veras resuelto
á cortar mis relaciones
con todos vosotros, quiero
despedirme para siempre. —
El villano tratamiento
que ha sufrido á vuestro lado
un joven, digno por cierto
de mas consideración
por su honradez, sus talentos,
su desgracia; — en fin, por ser
hijo de un hermano vuestro,
me obliga á romper los nudos
de la sangre que me unieron
á vosotros. No creáis
que me apartaré por esto
de haceros un beneficio
(Notas al pie: (1) Se 1 evanta y todos en seguida. (2) Aparte á doña Juliana. (3j Aparte,)
si, como yo no lo espero,
necesitáis algún dia
de mí. — Yo ya soy muy viejo.
Poco me puede engañar
la fortuna; mas si llego
por mi desgracia á tener
que mendigar el sustento,
no será, no, en vuestra puerta
donde se estrellen mis ruegos. —
En cuanto á Cándido, libres
estáis del enorme peso
de su subsistencia. Yo
desde ahora le protejo,
y de nadie necesita.
En mí tendrá un padre tierno,
un bien-hechor y un amigo;
y me sobra fundamento
para esperar que jamas
me arrepentiré de serlo.

Don Cándido

¡Mi padre! ¡Oh título dulce
y consolador! le acepto
con todo mi corazón.
Las lágrimas con que riego
esta mano protectora....

Doña Catalina

Basta; que yo me enternezco
también, y no viene al caso,
don Cándido, que lloremos
cuando debemos pensar
en el baile y el bureo
de la boda.

Doña Juliana

¿De qué boda?

Don Onofre

  Esta es otra.

Don Joaquín

  Yo estoy lelo.

Doña Catalina

Ahora me toca á mí:
un poquito de silencio. —
Yo he sido muy buen testigo
de todos los improperios
y vilezas que ha sufrido
don Cándido, y del exceso
de su bondad y paciencia
entre parientes tan perros.
Yo, que sé compadecer
los infortunios agenos,
y no soy indiferente
al mérito verdadero,
dias ha que concebí
el precioso pensamiento
de hacer su felicidad
y la mia al mismo tiempo
uniendo nuestros destinos
con un dichoso himeneo.
Don Cándido no ignoraba
que me debía un alecto
de amistad, al parecer,
pero en realidad mas tierno.
Desde el momento le hubiera
revelado mi proyecto
á no habérmelo estorbado
el orgullo de mi sexo; —
pero en fin llegó la hora
de entregar mi mano en premio
de su ternura á quien ya
de mi corazón es dueño.

Don Cándido

¡Ah! ¡Qué dulce recompensa
¿A quién en el universo
podré yo envidiar ahora?

Doña Catalina

La verdad: ¿no es mejor
que sentar plaza?

Don Onofre

¿Qué tal? (i)
(Notas al pie: (1) Aparte entre sí.)
,*Y yo creí que era lego!—
Pero ¿cómo la ha podido
engatusar? I

Don Joaquín

  No lo entiendo.
Lo cierto es que las mujeres
tienen el diablo en el cuerpo. I
Siempre escojen lo peor. J

Doña Juliana

(2) Vámonos; que yo no puedo
sufrir mas.

Don Bruno

(3) Venid entrambos
me serviréis de consuelo
y de alivio en mi vejez.
Todo cuanto yo poseo
será para vuestros hijos.
Ya no nos separaremos
jamas*

Don Onofre

Chico, tu esperanza
cuéntala ya con los muertos.

Don Marcelo

  Ya lo veo.

Doña Juliana

¿Has acabado?
Pues también aquí tenemos
motivos de regocijo*
Si tú estás tan satisfecho
porque á un sobrino prohijas
con mayor razón debemos
nosotros lelicitarnos
teniendo un estorbo menos.
Otro sobrino nos queda
mas amable y menos necio;
y también por nuestra parte
habrá boda y bailaremos.
(Notas al pie: (1) Aparte entre sí. (-) A don Marcelo. (3) Abrazándolos. (4) Aparte entre sí.)

Don Marcelo

Sí; venid, (i) Dadme esas ma¬
nos...
j O. Bruno. Aguarda. — Ahora que me
acuerdo,
lee primero esos papeles
que han remitido á tu yerno
de la Inspección general (2).

Don Joaquín

Eh, ¿qué papeles son esos?

Don Bruno

Deja que el tio los lea. —
La criada ha abierto el pliego
en que venian 110 estando
tú en casa. Yo llegué á tiempo
de quitárselos sin darla
lugar....

Don Joaquín

¿Pero Usted....

Don Marcelo

¡Qué veo!

Don Joaquín

¿Pero usted los ha leido?

Don Bruno

Sí.

Don Joaquín

¿Qué dicen?

Don Bruno

Yo no entiendo
la milicia. — Me parece
que se trata de un ascenso.

Plácida

¡Un ascenso mamá!

Doña Juliana

Calla;
á ver qué dice Marcelo.

Don Joaquín

Comandante de escuadrón;
¿Eh?

Plácida

¡Comandante!

Don Marcelo

Me alegro
de tener esta noticia
á tan buen tiempo.

Doña Juliana

¿Sí? ¿es cierto
(Notas al pie: (1) Va á unir las manos de don Joaquin y Plácida.. (2) Toma don Marcelo los papeles y los lee.)
que han ascendido á Joaquin?

Don Marcelo

¿Ascender? ¡A buen sugeto
ascenderían! ¡La escoria,
el oprobio de su cuerpo!

Plácida

El», papá; usted se chancea.

Don Marcelo

Si me descuido te pierdo.

Don Onofre

¿Pero en fin esos papeles
qué contienen? Acabemos.

Don Marcelo

¿Qué? Su licencia absoluta
por vicioso y por inepto.

Don Joaquín

¡Como!

Doña Juliana

¿Y es posible....

Don Marcelo

Toma: (i)
diviértete.

Doña Juliana

Aun no me atrevo
á darle crédito.

Doña Catalina

(2) ¡Adiós
boda!

Plácida

(3) No; ya no debemos
dudarlo. Mire usted como
muda de color. Bien puedo
buscar otro novio.

Doña Juliana

Sí.

Don Joaquín

Pues señor, estamos frescos.

Don Onofre

¿Con que es verdad....

Don Joaquín

  Sí señor.
Me he quedado sin empleo. —
Eh, yo no lo extraño. — Embrollos,

Don Joaquín

envidias del regimiento. —
El coronel me tenia
entre ojos. — Los compañeros....
la mujer del comandante.
(Notas al pie: (1) Toma don Joaquín los papeles y los lee. (2) Aparte. (3) A doña Juliana.)
que es vengativa en extremo....
si yo la hubiera obsequiado
como deseaba.... ¡Pero
si es una harpía!

Don Onofre

Eso es
una bicoca. Ten pecho
y no te apures. — Tú sabes
cuanto vale un buen consejo
en ocasiones como esta:
si presumes que yo puedo
dártele, pierde cuidado:
desde ahora te le ofrezco
de muy buena voluntad.

Don Joaquín

Por supuesto. Siempre cuento
con la protección de ustedes.
(i) Creo que este contratiempo
no será un inconveniente
para nuestra unión. Yo pienso....

Doña Juliana

Sobrino, han variado mucho
las circunstancias. No es esto
despreciarte; pero al fin
soy madre, y todo mi anhelo
se funda en el bien estar
de mi hija. — ¡Sin empleo,
sin reputación, sin bienes! —
¡Iba á buscar un buen yerno!
Y lo peor es, perdona,
que el honor comprometemos
de Placidita si en casa
permaneces por mas tiempo.
Por todo Madrid se sabe
que has sido su novio, y quiero
evitar murmuraciones. —
¿Cómo ha de ser? No hay remedio.
(Notas al pie: (1) A doña Jaliana.)
Es preciso que te vayas.
Ten paciencia: yo lo siento.

ESCENA V

(Los precedentes menos doña Juliana.)

Don Joaquín

Placidita...,

Plácida

Ya has oido
á mi mamá. Yo no tengo
la culpa. No; el mal no es solo
para tí: ¿y yo que consiento
en casarme, y de repente
me quedo con los deseos?
Pero yo procuraré
consolarme. Te aconsejo
que hagas otro tanto. — Ahur.
  ESC EN A VI.
  Los precedentes menos Plácida.

Don Bruno

Se disipó como el viento
su cariño. ¡Qué lección 1

Don Cándido

j Qué desengaño í
■Doña Calal.'j Veremos
como se explican los tios.

Don Joaquín

Querido tio Marcelo,
este imprevisto reves
de la fortuna se ha opuesto
al enlace deseado
que colmaba mi contento;
pero al menos un asilo...

Don Marcelo

No; no te canses/— Bien veo
que vas á pasarlo mal.
Hijo de padres muy buenos,
(Notas al pie: (1) Aparte entre sí.)
pero pobres, no tenias
mas recurso que tu sueldo.
Sí te has quedado sin él,
culpa solo á tus excesos.
¿Yo los autorizaría
sufriendo que un mismo techo
nos cubriera? Quien merece
que lo echen de un regimiento
con ignominia, no es digno
de mi protección. — Yo espero
sin embargo que este golpe
te servirá de escarmiento.
¡Dios lo quiera así! Si no,
te anuncio un fin muy funesto.

ESCENA VI

(Los precedentes menos don Marcelo.)

Don Joaquín

¡Que crueldad! — (i) ¿Y usted
también
me abandona?
j D. Onof. Yo me precio
de haber sostenido siempre
el honor de mis abuelos,
señor mió; y faltaría
á los principios austeros
de justicia y probidad
que á todo trance profeso,
si consintiera á mi lado
á un perdido, á un vago, áun miembro
corrompido y contagioso
en la sociedad.

Don Joaquín

Al menos
(Notas al pie: (1) A don Onofre que iba á seguir á don Marcelo.)
los vínculos de la sangre
deberían....

Don Onofre

Yo no entiendo
de vínculos ni de alforjas.
¡Mire usted que el parentesco
es grande! Échele usté un galgo:
hijo de un primo tercero....

Don Joaquín

No señor. Si por mi madre
soy sobrino,...

Don Onofre

Yaya; ahorremos
palabras. Anda á buscar
tu madre gallega lejos
de mí. En la corte hay arbitrios
para los hombres de ingenio
como tú. — Si no te quieres
morir de hambre, apela al juego,
á la embrolla y á la estafa;
que no serás el primero,
ni se ha de apurar Madrid
por un pillo mas ó menos.

(0 VII. (i).)

ESCENA ÚLTIMA

(Los precedentes menos don Onofre.)

Don Bruno

  Estoy escandalizado.
Yo no podría creerlo
si no lo viera.

Doña Catalina

Me da
lástima su abatimiento. —
Ni aun á mirarnos se atreve.

Don Cándido

Joaquín, para estos momentos
es el valor. No te aflijas. —
Si yo pensára como ellos
(Notas al pie: (1) Don Joaquin queda en el mayor aba timiento.)
podría desampararte,
alegando otros pretextos
sin duda mas oportunos;
mas decorosos al menos.
(i) Yo veo tu desventura,
y no mis resentimientos. —
Aun no me atrevo á brindarte
con mi amistad: la reservo
para cuando experimente
el reparo de tus yerros.
Pero en nombre de mi esposa
y mi tio te prometo
favor y hospitalidad.

Don Joaquín

Esa bondad sin ejemplo
me confunde mas que todo. —
Perdóname si no acierto
á responderte.

Don Cándido

Eh, no llores.

Don Bruno

Dejémonos de lamentos
y á la enmienda. — Con nosotros
vivirás: yo lo consiento* —
Ahora en tí solo consiste
conservarte en nuestra aprecio.

Doña Catalina

Vámonos á la posada
cuanto antes, porque no quiero
estar un instante mas
en esta casa. — Ya es tiempo
de sentar esa cabeza,
Joaquinito.

Don Joaquín

¡Ah! Yo lo ofrezco.

Doña Catalina

Sea usted hombre de bien,
y no vuelva á hacer sonetos.
(Notas al pie: (1) Tomándole afectuosamente la mano. FIN.)

Elenco vivo 11 personajes · 2,663 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
554101J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 7Doña Catalina, Plácida, Doña Juliana
43092J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 2Don Onofre, Don Bruno, Doña Catalina
39499J2, J3, J4, J5J2 · esc. 1Don Joaquín, Don Cándido, Don Onofre
35379J1, J2, J5J1 · esc. 1Don Marcelo, Don Cándido, Plácida
21655J1, J2, J5J1 · esc. 1Don Onofre, Plácida, Doña Juliana
21543J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 3Plácida, Don Onofre, Don Joaquín
17836J1, J3, J4, J5J1 · esc. 1Don Cándido, Doña Catalina, Don Joaquín
15742J3, J4J3 · esc. 1Don Bruno, Don Joaquín, Un Soldado
8534J2, J3, J4, J5J2 · esc. 6Doña Juliana, Don Joaquín, Don Onofre
5813J3J3 · esc. 2Don Joaquín, Inés
239J4J4 · esc. 11Inés

Partitura métrica 67 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Acto primero
Acto segundo
Acto tercero
Acto cuarto
Acto quinto

octosílabos 87 % · mixto 13 %

Expediente

Obra
Los dos sobrinos, o A escuela de los parientes
Jornadas
5
Personajes
11
Versos
2,663
Versificación
octosílabos 87 % · mixto 13 % medida por La Báscula
Fuente
"archive.org: losdossobrinosoe00bret_djvu.txt"
Estructura
los-dos-sobrinos-o-a-escuela-de-los-parientes.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Manuel Bretón de los Herreros, Los dos sobrinos, o A escuela de los parientes, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/los-dos-sobrinos-o-a-escuela-de-los-parientes.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.