TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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Manuel Bretón de los Herreros

La primera lección de amor

3 jornadas · 7 personajes · 1,008 versos

Modo

Acto primero

(Personas: MONSIEUR DE RAMIÈRE; FEDERICO; ALFREDO; FLORESTÁN; ELISA; MADAME CARIDAN; ALEJO; BENITO; VIRGINIA.)

(El aclo primero pasa en una quinta; el segando y el tercero en París.)

(en la casa ó? campo de 3[ad. Candan: ventana á la derecha: en el foro tres puertas que dan al jardin.)

ESCENA PRIMERA

(MADAME CARIDAN, MADAME CARIDAN, ELISA, ALFREDO, FLORESTÁN.)

(Aparecen y Mad, Caridan pintando en un caballete^ Elisa tocando el piano, y Florestan á su lado.)

Alfredo

¡» ida envidiable la del campo! (^Entrando por el foro») Sobre todo en esta quinta, donde con tanta gracia y amabilidad nos hace los honores Mad. Caridírn; (^Mad. Caridan le saluda snnriendose-) arjiíi donde brillan en IVaternal unión las artes, el talento y la hevmosui^a.

Florestán

Graci.'is, Alfredo, por la parte que me toca. Por ahora mi talento es meramente auxiliar: alli admiro con los ojos, y aqui vuelvo las liojas.

Madame Caridan

¿Cómo os ha ido en la caza, Alfredo? ¿Habéis sido dichoso...

Alfredo

Sí; tan dichoso como a\er lo fue en la pesca mi amigo Floreslan.

Elisa

¡Si no trajo nada!

Florestán

Sí tal, primita. Dos pececillos que estaban creciendo, y una rana...; verdad es que en cinco horas iio solté la caiía de la mano. ¡Es tan divertida la pesca!

Alfredo

¡Oh, qn6 bien hecho eslá ese retrato! ¡Hay ua alma en esos ojos... "¥ tan parecido... (A Elisa.) Quien os conozca y le vea no dudará que es el Mieslro, Elisa.

Florestán

Sí; cuando no está seria y distraida como de dos dias á esta parte. Elisa» ( Interrumpiéndole.) ¿Y qué os parece el paisage? Es un valle de la Suiza. Yo se lo he descrito á mi amiga, V lo ha pintado con admirable exactitud.

Madame Caridan

Como es un sitio que os dejó tantos recuerdos, vuestra diác.ripcion no podia menos de ser verídica y animada. Aquella pradera donde Mr. D'Offcly mereció á vuestro labio el suspirado sí; aquel olmo á cuyo pie hie. herido por su rival; aquellas rocas...

Florestán

¡Oiga! Es;' retrato es una novela.

{Con pesar mal reprimido.) Sí; una historia algo misteriosa, por lo visto.

Elisa

¡Misteriosa! ¿Por qué, señor mió? Como la he referido á la señora, os la contaré á vos..., á quien la quiera oir: ¿qué me importa?

Florestán

Sí, sí; cuenta. Eso abre el apetito.

Elisa

Mí- hallaba yo en Suiza con mi buena tia... Vos la conocisteis, señora. Yo tenia enlonces diez y ocho años; deciau que era bonita, y se trataba de casarme. Entre los aspirantes á mi mano habia dos á quienes yo miraba con particular distinción; el uno, tierno, sensible, apasionado, pero triste, sombrío y de bastante mas edad que yo. Llamábanle el conde Eugenio; no le he conocido otro nombre. — El otro, alegre, vivaracho, aturdido, casi de mis años... Ese era Mr. D'Offely, oficial de caballería... Eugenio me amaba; y á decir la verdad, era el que mas n^e convenia: D'Offely... me gustaba mas, y le permití que pidiese mi mano. Conocí, no obstante, que mi elección llenaría de alliccion y de despecho el alma del conde, y no tuve valor para comunicársela. Mi compasión hacia él se pai-ecia tanto al amor, que aun se juzgaba preferido, y alimentándose de ilusorias esperanzas, supo lo que pasaba cuando ya no podia tener ninguna.

Florestán

¡Qué pildora! ¿Eh? ¡Pobre hombre!

Elisa

Pintaros su dolor, sus amargas quejas, sus lágrimas... ¡Pobre conde! Lloró...; yo me enternecí... y quizá triunfaba yí en mi corazón, cuando supe que después de una reyerta acalorada habia insultado, habia retado á su rival. Era forzoso impedir el duelo: corrimos... j Ya no era tiempo! D'Oífely estaba herido^ el médico no rrspoinlia do sn vldn; «^1 era enlonces el mas desgraciado...; 1»' guardé liJi-lidad; coiivaKció.... me casé con él. Pero á los seis meses de casados se le abrió la herida, de Cuyas resultas murió: á los veinte afiosquiilé viuda, yoseedora de considerables bienes, libre..., y resuella á no volverme á casar. lié atjui mi avculura: he a(jui el gran misterio.

Florestán

¿Y qué ha sido del agvc'sor... ac[ncl... ¡Oh! ¡Vaya un modo de enjuiciar!

Elisa

No he vuelto á saber de él.

Florestán

Pues guarda, uo se aparezca por ahí el dia menos pensado, y vuelva á su lema, y te llame perjura...

Elisa

(Cni>ílosa,) Sí; lal vez... Sus quejas... Podría... (Con vileza.) Pero basta: no se hable mas de eso. ¿Dai-emos una vuelta por el jardin?

Madame Caridan

Después del desayuno. Pronto avisarán.

(Mirando por la puerta izquierda del foro.) ¡Y qué hermoso dia vamos á tener! ¡Ni una nube!

(.-/ Elisa en voz baja.) ¿No me perdonareis?

Elisa

Sois un zeloso impertinente.

¡A Dios! ¡Se va á caer..., se cae... se estrella...

!

Madame Caridan

¿Que' es eso? ¿De quién habláis?

Elisa

De un pobre mozalbete que viene á escape... ¡Cuando digo que el caballo le va á botar como á uua pelota...

Madame Caridan

¡Dios mió! (Todos acuden a mirar.)

Elisa

¡Qné poca rellexion de animal!

No hay cuidado: cabalga bien el muchacho. Ya entra en el patio: se apea...

Madame Caridan

¡Aqui!

Elisa

¡Un desconocido!

Federico

(Dentro.) Sí; al salón. Por el jardin.

Madame Caridan

¡Calla! Esa voz...

ESCENA II

(Xos Mismos, y Federico con uniforme de alumno de la escuela politécnica;)

(Entrando por la izquierda.) ¡Ella es! ¡Mi tia, mi buena tia!

Madame Caridan

¡Federico! ¡Qué. grata sorpresa!

Federico

¡Vaya! ¡Estaríais tan agena de mi venida... Me ha llevado mi padr« consigo á una legua de aqui, casa de tin amigo suyo; y estando tan cei'quita, no he querido volver á París sin abrazaros. Con que..., sin encomendarme á Dios ni al diablo... ¡Ah...! Señorita, perdonad... Tengo el honor... Caballci-os...

Florestán

¡A Dios, Federico! ¿Qué tal lo pasas, amigo mió?

Federico

Perii'C lamen te, querido... ¿Cómo te llamas?

Florestán

¡Calle! ¿Con que no me conoces? ¿Con que no conoces á Flori'slan Buquet... tu antiguo camarada del colegio Estanislao?

Federico

(Con indiferencia.) ¡Ah... Flores tan... Ya recuerdo... ¡El mayor perezoso...

Florestán

¡Eso, eso! Ya dije yo que me reconocerla al ins-r tanle.

Federico

Tia, si hubiera sabido que tenéis visitas...

Madame Caridan

Son amigos de confianza que se dignan de acompañarme en esta soledad, y ofrecer en tributo sus caras á mis ])lnceles. St; alegrarán mucho de conocerte.

Federico

¡Oh, qué hei\moso retrato! {Mirando el que hace su tia.)

Madame Caridan

Os presento á mi sobrino Federico, y siento no haberlo podido hacer mucho aníes; pero es tan caro de ver... Su padre, que tiene cosas de señor mayor... No lo tomes á mal, sobrlnlto. Su padre se indispuso conmigo el dia después de su boda, y desde que murió su muger, sobrina mia, esta es la segunda vez que tengo el gusto de ver á este caballerito. ¿Cómo ha permitido Mr. de Ramiére...

Elisa

¡Federico de Ramiére! No me habla yo engañado.)

Federico

Lo ílirí en flos palabras, tia. Mi padre cslá siompre triste, pero quiore que yo me divierta. Sabe que vueslra casa de campo es el compendio de todos los placeres, y como los mios se reducen bace aiio y medio á la geografía y á las matemáticas...

Florestán

¡Oh, Federico... ¡Um! En matemáticas, no bay quien le toya. Para nií, siempre ban estado en griego. No he podido pasar del medio-partir... esclusivamenler

Federico

En fin, mi padre me ha permitido pasar una hora en vuestra compañía.

Alfredo

¡Una hora... nada menos!

Federico

{Ocupado siempre en el retrato.^ Decidme, tia: de capricho este reti-alo?

Madame Caridan

No. — Mira que no te dejo marchar tan pronto. ¿Con que ya has sido admitido en la escuela politéc-

Federico

Sí seiiora.

Madame Caridan

Ahora será mas difícil que te veamos: nueva razón para obligarte á pasar el dia conmigo.

Federico

Es imposible. ¡Y si vierais cómo lo siento... Pero he prometido á mi padre estar de vuelta antes de anochecer.

Alfredo

Parece que papá quiere que nos acostemos á las ocho, ¿eb?

Florestán

Como en el colegio Estanislao.

Federico

(Mirando el retrato.) No; á las diez.— ¡Es particular... ÍNIe parece que conozco...

Madame Caridan

Vamos, déjate querer. Ya que no te persuadan mi cariño y mis años, siquiera por mi tertulia».. Te quedas, ¿eh?

Elisa

(Acercándose.) Federico, que os ama tanto, no rehusará...

Federico

(Reconociéndola.) ¡Ab, señora... Ese i-etrato... Bien decía yo...

Madame Caridan

¿Conocías tú á esta señora?

Federico

¡Oh! Sí: mucho. Desde el primer año que mamá me trajo por vacaciones á esta quinta...

Elisa

¿Con f[ue no me habéis olvidado?

Federico

¡Yo! Ni un momento. Ahora por mi buena ettrelU he fijado la atención en esta pintura bella...; y me ha dicho el corazón: ¡Cómo se parece á ella I

Madame Caridan

Celebro que te acuerdes...

Federico

¿Cómo podía yo olvidarme de Elisa?

Madame Caridan

Ahora es la señora baronesa D'Offely.

Federico

¡Ah...

Florestán

¡Es prima mia!

Federico

(Tornándole la mano.) ¡Tu prima! ¡Mi buen Floreslan! ¿Sabes que eslás guapo? ¡Cuánto me alegro de haberle encontrado aqui!

Elisa

¿No es verdad, Federico, que os quedáis? Padre os espera; pero le avisaremos... Montará á caballo un criado...

(Flnrestan quita el caballete y lo arrima hacia la izquierda.)

Federico

Sí, sí; es verdad. Yo no había caído*.. Le puedo escribir...

Florestán

(Mostrándole una mesita que habrá á la izquierda.) ¡Bravo! Ahí tienes tintero y papel... ¡Quédate, chico! Esta quinta es deliciosa, y ¡qué paseos...

Federico

(Mirando á Elisa.) No pienso salir... Vaya; dos días»» (5e sienta d escribir.)

Madame Caridan

Es poro.

Elisa

Dice bien. Ocho días siquiera.

Federico

(Mirándola.) Sí; ocho dias... Eso quise decir* j4lf. (¡Qué interés...!)

Madame Caridan

(A media voz.) Os agradezco que le instéis para que se quede, Elisa mia; pero no me le hagáis perder la chaveta con vuestros bellos ojos.

Alfredo

¡Lindo muchacho! Y le crían como á una señorita... ¡Bien!

Florestán

(Tomando la carta.) Venga, venga. La enviaremos con Bernabé. — Ya ves; yo siempre complaciente... ¡y piernas! como en el colegio Estanislao. (V ase por la izquierda.)

Alfredo

¿Y no teméis, amíguíto, que papá se enoje?

Madame Caridan

Capaz sería, porque es tan raro...

(^Acercándose d ella.) ¿Qué dccis, tia? Mi padre es hombre á quit'u todos deben querer y respetar. ¡Y cuánto amor, cuánta gratitud merece de mí! Siempre fue mi mas tierno amigo, mi mas celoso maestro. Por el placer de instruirme, de guiarme, ha renunciado á los altos destinos, á los honores que otros codician con menos talento y menos sólida reputación. ¡Si supierais cuánto me quiere! ¡Oh! ¡Yo se lo pago bien! Por evitarle el menor disgusto daria la vida.

Madame Caridan

¡Bien, hijo mió! Ese luego, esa sensibilidaJ son de muy buen presagio. (Oyese una campana.)

Alfredo

¡Olí! Ya eslá servido el desayuno. Lo aplaudo, porque tengo hambre de cazador.

Madame Caridan

¿No vienes, Federico?

Federico

He almorzado en el camino. Aqui esperaré...

Elisa

Sólito en este aposento, os fas lidiareis. Yo siento...

Federico

¿Solo? No, señora m ¡a, porque me hará compañía algnn dulce pensamiento.

(^Alfredo da un brazo á Elisa, y otro á Mad. Cari-)

Madame Caridan

Vanse por el foro.)

ESCENA III

(FEDERICO, FLORESTÁN.)

Federico

¡Qué mirada! ¡No estoy en mí...! ¡Ella también me ha reconocido!

(Entrando por la izquierda.) Tu carta ya va andando... y ahora no me aparto mas de tí. (Mirando por el foro.) ¿Pero adonde van?

Federico

A almorzar. ¡Corre!

Florestán

No hay para qué. No iomo mas que lacticinios á causa de los nervios.

Federico

¡Cómo! ¿Eres nervioso? Horriblemente. — Calla... Espei'a... Creo que es ella... No; todavía no. {Federico está como en éxtasis delante del retrato.) ¿Qué haces ahí embobado con ese retrato?

Federico

¡Qué bien está! Pienso levantarme todas las mañuñas lempranilo y copiarle.

Florestán

¡Esa es otra! Diria que estás enamorado de mi prima...

Federico

j Enamorado...! Yo... Tienes unas ideas...

Florestán

¿Ideas? Jamas. Como en el colegio Estanislao. ¿Oyes? En mala sazón vienes á prendarte de Elisa. Hace dias que anda triste y mal compaginada. Desde que estoy yo aqui no se la ha quitado el fastidio. — Y, vamos... ¿qué te parece?

Federico

¡Amabilísima! ¡Encantadora! Tiempo ha que nos conocemos. Anos atrás, cuando yo venia á pasar aqui las vacaciones... ¡Oh! ¡Qué linda estaba! ¡Qué buena era...! Para mí particularmente. Como yo la quería tanto, y no la dejaba á sol ni á sombra... Yo era su amigo, su caballero..., su amante, decia ella. Todos se reían... menos yo, que lo tomaba por lo serio. ¡Si vieras con qué ardor prevenia yo sus deseos! Al levantarse por las mañanas, allí me tenia perenne á su puerta con un ramo de flores, y al lomarlo se sonreía, y me recompensaba con caricias... sin consecuencia... Ella al menos lo creía asi, porque como yo era un niño... Y sin embargo me salían los colores, me estremecía, palpitaba mi corazón... Un dia se puso mala, y lloraba yo sin consuelo, y enfermé también; ¡y quería morir con ella!

Florestán

^-Voto al chápiro! Esas son chiquilladas.

Federico

Por dicha, no murió Elisa..., ni yo tampoco; mas de vuelta al colegio llevé grabado en el alma el recuerdo de su gracia, de su bondad... Donde quiera la veía; en mis juegos, en mis sueños..., hasta en el aula. Por la dicha de agradarla, de merecerla, estudiaba con ahínco, y me dejaba atrás á todos los condiscípulos. Siempre era yo el primero.

Florestán

Yo siempre tenía delante unos... sesenta por lo menos. Estraiío mi corazón al amor y sus ribetes, solo en andar á cachetes cifré yo la emulación... á costa de mis molletes.

Federico

No lardé en sentir un no sé qué en mi pecho... Ya no era el mismo. La sangre me hervía en las venas; mis ojos se iiillamal)an... ¡Era ya homLre, y ansiaba volverla á ver! Pero entonces perdí á mi madre; parlió mi ; padre para Alemania con una comisión secreta, y me confió á un amigo, qne me llevó lejos de París, lejos de mi tía y de todos los objetos de mi cariño. Desde entonces, ya han pasado cuati-o años, no habla vuelto á ver á tu prima, aunque nunca la he podido olvidar. Juzga tú cuál habrá sido hoy mi sorpresa al fijar los ojos en la interesante Elisa... ¡Ah! Ya es baronesa; ya es

Madame Caridan

D'OfFely... Dime: ¿será su marido ese fantasmón que estaba á su lado?

Florestán

¿IMr. Alfredo de Luzzi? Nada de eso. Él bien quisiera ser mi primo político; pero están verdes. La baronesita no le quiere.

Federico

¡Cuánto me alegro! Es hombre que me estomaga. Pero su marido... Sin duda habrá escogido Elisa algún...

Florestán

¡Oh! Un joven de gran mérito... ¡Dios le haya perdonado I

Federico

¿Murió? ¿Elisa es baronesa viuda? ¡Qué dicha!

Florestán

¡Oiga! ¿Con que tú te propones...

Federico

(Reprimiéndose.) No. Nada. Te lo asegui'O. Y... ya una dama de sus prendas... Es tal mi timidez en punto á mugeres... Tiemblo solo de imaginar... ¡Qué pobre hombre!

Federico

¡Ah! Si yo me ati-eviera...

Florestán

¡Cómo! ¿A qué quieres ati-evertc? ¿Qué barias si . te atrevieras?

Federico

¿Qué haria? ¡Oh! Yo... ¿Lo sé yo por ventura? La diria primero que... que la adoro; que sus ojos han hecho nacer mi primer amor..., y que mi postrer suspiro será por ella.

Florestán

Vamos; eso ya es algo; pero ¡ah, joven incauto! ¡Lástima tengo de tí!

Federico

¡Eh... No me compadezcas. Lo que quiero yo es que .me animes.

Florestán

¡Una pasión! ¡Desventurado! Tú no sabes lo que . es eso. ¡Tú te precipitas, ciego doncel, en un abismo de cuatrocientas varas y pico. — Escúchame: eres muy -joven; y esos son negocios que requieren pieria práctica, cierta estrategia qii» fií no tienes. Yo ya tengo esperienria; soy lo que se llama nn hombre corrido, y mi hoja de servicios es regitlarcita... ¡Federico! Dedicarse á esas damas brillantes, á eso que llamamos notabilidades, es «na locura^., por no decir que es una majadería.

Federico

Hombre..., ¿por qué?

Florestán

Hay mil inconvi-nientes, mil percances... Se. pierde el tiempo; se gasta mucho dinero; se lropie7.a>*con rivales; tiene uno que batirse, y darse luego por bien librado con un chirlo de á tercia... Todo esto es de muy buen tono, si lú quieres, pero no tiene maldita de Dios la gracia.

Federico

¡Oh! Yo me gloriaría de pelear por la reina de mi corazón.

Florestán

Buen provecho. Mis gustos son mas sencillos, mas modestos, y mi carácter menos arriscado, á Dios gracias.— No porque yo carezca de sensibilidad: ¡oh, no! yo soy sensible desde la cruz á la fecha. Pero lanzado, en lozana edad todavía, y sin balancin, sobre la cuerda tildante de la vida, me he formado un sistema de amor csclusivo; nna teoría de sentimientos para mi uso particular..., teoría que no me suj.'ta á dificultades, á camorras ni á dispendios. Ya hace año y medio que la estoy practicando, y me va perfectamente. Yo soy muy f'no, muy galante con las bellezas de calidad. Yo las admiro; pero de ahí no paso. Dirán que soy frió; puede que alguna me califique de cruel... Y no soy ni lo uno ni lo otro; sino que mi amor se desenvuelve en otra topografía... Suspire quien quiera por señoleas de alto coturno: yo hago la corte... á sus camareras.

Federico

¡Qué oigo! Esas inclinaciones son indignas de un caballero.

Florestán

¡Eh... Yo he estudiado humanidades, mal ó bien, y conozco á las mugeres. El hombre ha de ser despreocupado. La belleza no es planta esclusivamente aristocrática: lo mismo brota y florece en la pieza de labor que en el estrado, y como de esas señoras hay que no merecen descalzar á sus doncellas. Hasta virtudes suele uno encontrar entre esas criaturas... ¡pero virtudes acérrimas, desesperadas! Dígalo Virginia, la camarera de mi prima, que es mi actual quebradero de cabeza. ¡Es un ángel, Federico, un an^cl! ¿Querrás creer que no me puede sojiorlar?

Federico

(Sin nirle.) Escucha... Se levantan de la mesa... jSi quisiera Elisa aceptar mi brazo...

Florestán

(Mirando ¡lácia el foro por la derecha.") jMira, mira... ¿Ves... alli bajo, junto al emparrado... un delantal verdoso... una papalina... ]Mira bien. ¡Es ella!

Federico

¡Ella! ¿Quién?

Florestán

¡Virginia! — ¡Deliciosa! Mira ¡qué talle aquel! Apuesto á que va estallando. Se aprieta, se aprieta... sin temor de Dios. Y cuando la veas de cerca... Aquella nariz iu\ si es no es remangada, aquellos ojos garzos, y un airecillo de taco... Voy, voy á saürla al encuentro por la otra calle de árboles..., asi corno quien no quiere la cosa... ¡Gente viene! Yo me escurro... No te des por entendido. (Pase por el foro.)

Federico

¡El buen Floreslau! Desde chico despuntó por lo grotesco... Corramos... ¡Ah! ¡Elisa!

ESCENA IV

(Federico. Elisa entrando por la derecha.)

Elisa

¡Ah...! ¿Estáis aqui solo...

Federico

Sí, señorita... (Turbado.) Es decir: no, señora.

Elisa

¡Qué turbación! ¿Os ha dado algo?

Federico

No señora... Mil gracias...

Elisa

Creo que ibais á salir. Mad. Caridan ha ido á dar un paseo por el jardín... Yo voy á distraerme nn poco en el piano. No os detengáis por mí. {Se sienta al piano.)

Federico

(Yéndose.) No señora; no. Voy... {Se detiene en el foro. Elisa hace una escala.)

Elisa

¿Queréis algo?

Federico

Perdonad. Me parece que yo también... preferiría...

Elisa

Yo no os despido. Quedaos, si gustáis.

Federico

(P^oh'iendo apresurado.) Con mucho gusto... A no ser que os moleste...

Elisa

¡Molestarme á mí! ¿Por qué, Federico?

Federico

Ah señora! ¡Aun me llamáis por mi nombre... Pensaba yo que le habíais olvidado mucho tiempo hace.

Elisa

¿Cómo olvidar lo que recuerda dias de placer y de ventura?

Federico

Sí; los mas venturosos de mi vida. ¡Oh! su memoria no se ha apartado de mí un solo momento. Pero no creía yo que vuestra bondad recordase también...

Elisa

Sentaos. ¿Por qué no os sentáis?

Federico

Sí señora; sí: cerca de vos... {F^a á tomar una silla.)

Elisa

( ¡Pobre muchacho! ¡Es tan candido...) (Se sienta Federico muj cerca de Elisa; ésta le rnira; él se ruboriza y aparta la silla.) ¿Qué es eso? ¿Adonde vais?

Federico

Parece que gustáis mucho de la música.

Elisa

¿Y vos no sois aficionado...

Federico

No seiiora; no. — Quiero decir... El piano os agradará mas que mi convei'sacion, porque... ¿qué sé yo? A vuestro lado tengo una cortedad que... Siento una agitación... ¡Es fuerte cosa! Se me agolpan las ideas en la imaginación, tengo mil cosas que deciros...; y no sé por dónde principiar: no acierto... En otro tiempo ¡qué diferencia! Elisa..., asi os llamaba entonces, Elisa se complacia en verme; yo me acercaba á ella sin temor. Elisa me colmaba de atenciones, de halagos, y hasta se complacía en engalanarme...

Elisa

(Sonríe ndose.) Y vos no lo necesitabais, Fedeiñco»

Federico

Vuestro gusto, amable Elisa, era entonces siempre el mió, y la ley de mi albedrío vuestra mas leve soni'isa. Hoy la suerte me precisa...

Elisa

Ni yo he variado; ni os riño por mostrarme igual cariño.

Federico

Tanta bondad...! ¡Ah! Yo os juro... ¿Es posible...

Elisa

Me figuro que sois todavía un niño.

Federico

Séalo en buen hora para vos, si asi mei'czco...

Elisa

Caballero, vos sois muy digno...

Federico

j Caballero! Anlcs no me tratabais con esa cere-

MONSIEUR DE RAMIÈRE.

Elisa

Bien. ¡Federico... (Forzoso es animarle un poco.)

Federico

¡Ah! Sed para mí aijuella misma Elisa... Entonces sin eml)arazo cada mañana la daba un ramo, (pie ella pajeaba con nn cariñoso abrazo.

Elisa

Dadme las llores y el lazo, aunque á mi pecho no os ciño.

Federico

¿Ya olvidáis vuestro cariño?

Elisa

Entonces, bien; pei'o ahora... Yo...

Federico

Figui-aos, señora, que soy todavía un niño.

Elisa

Vaya!

Federico

Sí, aquel niño que os amaba como nadie os amó

Porque he concluido mis primeros estudios, porque me he atestado la cabeza de matemáticas, ¿creéis que ha cambiado mi corazón?

Elisa

(Sonriéndose.) Las matemáticas no son ahora del caso.

Federico

Aquel tierno afecto ha crecido con mis años, y ^i tanto que vos me olvidabais para casaros con un barón..., que, gracias á Dios, ya no existe, yo, señora, os he guardado fidelidad.

Elisa

¡Fidelidad... en el colegio!

Federico

¿Lo dudáis? Preguntádselo á todos mis condiscípulos.

Elisa

¡Bien! ¿Con que habéis hecho confidente vuestro á todo un seminario? Eso es dar xm cuarto al pregonero... Es preciso ser mas reservado.

Federico

¿Os enojáis... señora?

Elisa

¡Eh... Creo que no.

Federico

Os lo agradezco, porque la idea de haberos desagradado me estremecería. — Mirad: el gozo de veros libre como antes, me ha sugerido unos pensamientos... Yo quisiera... pediros un favor.

Elisa

¡Un favor! Veamos...

Federico

j Ah, qué buena sois! — Escuchadme. Ese munido que vos conocéis, Elisa... ¡Elisa! — No os alteréis. Delante de gentes os llamaré, señora baronesa.

Elisa

(Algo conmovida.) Bien está. Proseguid. (Su ingenuidad me da miedo.)

Federico

Ese mundo apenas me es conocido. Acabo de entrar en él, y tímido, corlado, á cada paso temo cometer una torpeza; temo que se rian de mí; y, sin vanidad, pi-esumo'que valgo tanto como algunos de esos entonados elegantes...

Elisa

Valéis mas, Federico; (Suspirando.) ¡Oh! ¡Mucho mas!

Federico

Lo que me falla es un confidente..., un amigo», que me ilustre con sus consejos, que me dirija con su esperiencia.

Elisa

Pues... ¿y vuestro padre? No tengo el honor de conocerle, pero he oido hablar de él con mucho elogio.

Federico

En efecto; ¿quién como mi padre... Pero ci'eo que alguna pasión de ánimo le hace desgraciado..., y acaso me juzgaría con severidad, en vez de consolarme. Mirad: he oido decir que para un joven la guia mas segura, el amigo mas sincero, mas indulgente, mas sensible... jes una muger! Asi lo creo yo, Elisa. ¡Es tan perspicaz, tan delicado el ingenio de una muger..., es tan tierno su corazón... ¡Sí, Elisa! (Con mucha pasión.) Yo elegiría una muger para confiarla mis penas, mis secretos...; para que á su arbitrio dirigiese mi espíritu, foi'mase mi corazón...; ¡y diérale la vida en pago de tanto am... (Recobrándose.) de tanta amislad! Si quisierais... vos... ser ese ángel tutelar... ¿Rehusareis, Elisa...

Elisa

(Que le ha abandonado una mano, y le mira con ternura.) No.

Federico

(Fuera de si.) ¿Aceptáis? ¡Oh dicha! ¿Cuándo podré pagaros... ¡Elisa! Mí coi'azon rendido, fiel, apasionado...

Elisa

(Poniéndole la mano en la boca.) ¡Callad, niño! Quien os oyese diria que me hacéis una declaración.

Federico

(Tímido.) Una declaración... Lo creerían... (Con resolución.) ¡Bien! No importa. Yo no puedo reprimir...

(Déjanse ver por el foro Mad. Caridan y Alfredo.)

Elisa

¡Silencio!

ESCENA V

(LOS MISMOS, MADAME CARIDAN, MADAME CARIDAN, ALFREDO.)

(Ah... No hagamos mala obra».)

Elisa

(^Levantándose,^ ¡Mala obra! ¿A quit'n? Eslaba tocando d piano... Ya veis...

Federico

Ya lo veis, tia. Esta señora tocaba... Si ese caballero se quiere tomar la pena de sentarse...

IVIil gracias. (¿Si querrá burlarse de mí el estudiantino? )

Madame Caridan

Pronto nos habéis dejado, Elisa.

Elisa

Calentaba mucho el sol; me volví, y este caballerito, que casualmente estaba aqui...

Federico

Pues. Yo recordaba á mi señora la baronesa las bondades que en otro tiempo me dispensó... y aun estoy conmovido,

Alfredo

Sí...; ya veo... (Es un alma candida; un cIiiqnilK.)

Elisa

(Con risa afectada.) Me ha improvisado un discurso de retórica que me ha hecho morir de risa.

Alfredo

¿De veras?

Federico

(¿Se mofará de mí...?)

Alfredo

i Bravo, amiguito! Eso se llama ser hombre de provecho. — No os ruboricéis. Ya sabemos lo que pueden dar de sí diez y seis años.

Federico

¡Diez y seis años! Ya tengo diez y ocho, señor mió.

Alfredo

¡Ba...í

Madame Caridan

Yo aplaudo tu buena memoria, sobrinilo. En estos días podrás renovar tu antigua amistad con Elisa.

Federico

Con mucho gusto, querida lia.

Alfredo

(Pasando ni Indo de Elisa.) Otra vez será, porque ahora... ¡Qué lástima! ¡Llegar justamente, este caballcrito el dia en que la señora va á partir!

Federico

¿Qné decis? ¡Tan pronlo...

Elisa

(¿Cómo...)

Madame Caridan

¿Qné. es eso de partir?

Alfredo

Creí que va lo sabíais. La esperan en París esla larde.

Madame Caridan

¿Quién la espei'a?

Alfredo

La sociedad entera de Mad. Belmont. Cuentan on la I>aronesita..., y conmigo. Elisa.) Yo venia á recibir vuestras órdenes, señora.

Madame Caridan

Pero no me habiais dicho..»

Elisa

Tenéis razón. Se me habia olvidado... Sí; estoy convidada para esta tarde... (^En i>oz baja.) ¡Ah... ¡Alfredo!

Alfredo

Sí; una comida...

Madame Caridan

Que haga por escusarse... A mí me hace falla aqui. Mientras no concluya el i'e trato, no me desprendo del original.

Federico

Bien dicho. El retrato se ha de acabar. Eso es muy importante. ¿No es verdad, caballero? Decidla también que se quede. Ayudadnos...

Alfredo

Lo siento en el alma; pero es un convite de etiqueta; está comprometida, y no puede faltar. (De mí no se ha de burlar ninguna coqueta.)

Madame Caridan

(A Elisa.) No os dejo, no, aunque pese á vuestra sociedad y á todo París. Reclamo el derecho de posesión.

Elisa

Bien; sí... Ya veremos... Si el señor vuelve á París es la tarde, podrá escusarmc...

Alfredo

Permitid...

Madame Caridan

Sí, sí. Con decir que estáis indispuesta... Si queréis cnlrelanto, Mr, Alfredo, dar una vuelta con Federico..- Puede que veáis á las señoras de la quinta inmediata... Os recomiendo á ese muchacho. Es algo tímido...

Alfredo

No lal. Yo le creo capaz de emanciparse por sí mismo sin mucho esfuerzo.

Federico

¿Quién sabe... Puede que sí.

Alfredo

Venid pues, interesante novicio.

Federico

( ¡Novicio! )

ESCENA VI

(MADAME CARIDAN, MADAME CARIDAN, ELISA.)

Madame Caridan

Esa partida repentina... Es admirable el celo con que Mr. Alfredo se afana por morlificarnos.

Elisa

Dejad... Yo voy á hablarle, y espero...

Madame Caridan

Un momento, querida mia. Ya que he mentado á

Elisa

Alfredo... quisiera que hablásemos un poco de tfl.

Elisa

(Ex/orzdndosc d sonreírse.) ¡A raí de Mr. Alfredo...! ¿Y á (iiié santo...

Madame Caridan

Escuchad, Elisa. Soy anciana, y como tal tengo derecho para decir todo lo que siento. — Algunas veces ahuso quizá de esla prerogativa; pero si me pcrmitis...

Elisa

¿Por qué no, amiga mia? INÍc habéis visto nacer, y debo oiros como á un oiáculo.

Madame Caridan

Por lo mismo que os he. visto nacer, he podido estudiar vuestro carácter, y conozco vuestro corazón. Teneis buena índole, sois amable, sensible...; pero coqueta. (Movimiento de Elisa.) — ¡Coqueta, sí! Es un vicio tan común entre nosotras... Ahora que ningún hombre nos oye, bien lo podemos confesar: todas lo somos poco ó mucho. — ¡Pero cuidado con serlo en demasía! porque pueden resultar desgracias... Como aquella de la Suiza, por ejemplo; aquel duelo entre el conde Eugenio y Mr. D'Offely...

Elisa

¡Ah! No me recoi'deis...

Madame Caridan

Peligros hay también de oti"a naturaleza...; menos aparentes, pero tal vez mas terribles. La vanidad, la irreflexión pueden ponernos en la dependencia de uno de .esos hombres del gi-an mundo..., brillantes, pero astutos, egoístas, cortejantes de profesión, que no se acercan á una muger sino para seducirla; que no la seducen sino para perderla. Aquí conozco yo á uno... ¡Oh! muy complaciente, muy donoso, muy fino... pero en su interior todo lo calcula... La condescendencia, la dulzura, la lisonja... son capitales que él pone á usura, por decirlo asi...; y muger habrá que solo por amor propio procure agradarle y crea someterle á su imperio, ¡cuando la incauta está quizá muy próxima á caer en los lazos que tiende á su virtud, á su honor!

Elisa

(Procurando reprimir su turbación.) Lo pintáis, amiga mia, de tal modo, que me asustáis. — Sí; tenéis razón. Aquella alma seca, helada; aquel aire de mortal ironía...

Madame Caridan

(Sonricndosc.) El riesgo, por forluna, no es inminente: ¿verdad? Tenéis talento, sabéis canduciros..; y creo que no os dejareis engañar.

Elisa

(Procurando' sonreirse.") ¡Oh...! No se me alucina a mí tan fácilmente.

Madame Caridan

Me alegro; porque creía que, sin pensar en ello, le dejabais cobrar demasiado ascendiente...

Elisa

j No por cierto! Yo...

Madame Caridan

El tal Alfredo se os mostraba estos dias tan solícito, tan galante...

Elisa

No diré que no; mas...

Madame Caridan

Hoy mismo, hace un instante, venia tan rendido á recibir vuestras órdenes... Elisa- (Riéndose.) ¡Pues... sí, mis órdenes...

Madame Caridan

Alfredo procura fascinaros, y si hoy no miráis por vos, ¡pudiei^is lloi'ar mañana! — Esto es lo que tenia que deciros.

Elisa

Yo os lo agradezco sobremanera.

Madame Caridan

Supongo que no lo tomareis á mal.

Elisa

¿Yo? Nada de eso.

Madame Caridan

Tanlo mejor. Asi podré sin miedo reírme de su presunción. — Voy á dar una vuelta á la casa. — Ah, ah..., el tal Alfredo se figuraba... Es un fatuo, (^nse por el foro riéndose.)

Elisa

(Riendo.) Sí, sí; reiremos las dos... Ah, ah...

(Luego que desaparece Mad. Caridan deja de reir Elisa, jr se cubre la cara con ambas manos sollozando.)

ESCENA VII

(ELISA, FEDERICO.)

(Entrando por la izquierda.) Venid, seíiora; venid, y no permitáis que en vuestro nombre...

Elisa

¿Qué decís? ¿Qué ocurre?

Federico

Ese detestable Mr. Alfredo... ( ¡Novicio! Esa palabra no me ha pasado de los dit ufes adenti-o.) Está dando disposiciones para vuestra partida: pide caballos; hace andar en n\\ pie á todos los criados... Yo le he dicho: la seiiora baionesa no trata de marcharse: es cosa acordada; nox lo ha prometido: se queda. — ¡Nada! ¡Ni por esas ¡Por dicha, vuestra doncella no parece por mas que la busian, por tnas (|ue la llaman... Pero ¿quó veo? Os enjugáis los ojos...

Elisa

¡Yo! No, Federico. Os ase{»uvo...

Federico

Sí, sí; habéis llorado. ¿Tenéis algnna pena...

Elisa

j Federico...!

Federico

Si; eslais pálida, y aun brotan lá;;vimas de vuestros ojos. — ¡Oh! ¿Podré saber yo la causa de vuestros pesares?

Elisa

¡Pesares... Verdad es. TSo falla quien me los dé... y muchos»

Federico

¿Quién, señora? ¿Quién? Yo quiero saberlo...; yo lo sabré. — j Oh! No lemais: seré, pi-udente: no os comprometeré. Buscaré al insolente... Le pediré razón de su conducta... ¡Le mataré!

Elisa

¡Oh cielo...!

Federico

Es un hombre; sí. Yo le d¡x-c...

Elisa

No, no; os enj^añais...

Federico

¿Me engaño...? Pues recordad nuestro convenio. Si yo tuviese penas, solo á vos las confiarla.

Elisa

Se supone; y yo espero...

Federico

Pero con una condición; y es que en pago de mi confianza, he de merecer la vuesli-a. ¡Qué ventura, Elisa! ¡No haber ningún secreto entre los dos! — i\Ias para eso... es preciso amarse... ¡Ah! vos me amai'eis: ¿verdad? ¿Me amareis como yo os amo?

Elisa

(Sobresaltada.) ¡Fí'derico!

Federico

Perdonadme, señora; perdonadme. No os lo dir¿ mas... ¡Pero os amaré siempre! Pei'donadnie... ¡Os lo pido de rodillas!

Elisa

¡Oh Dios... Alzad... Yo os perdono...

Federico

Pero... ¡Ay, Elisa! ¿Me amáis?

Elisa

¡Ah...! ¡Por Dios... Bien; sí, sí... ¡pero levantaos! — (Viendo d Alfredo^ que atraviesa por el foro observándolos.) ¡Ah!

Federico

(Levantándose.) ¿Quién... ¿Qué es eso? (Elisa da algunos pasos para salir. Federico la si¡^ue.)

Elisa

¡Oh...! ¡No me sigáis! (Vase por la derecha. Alfredo se dirige Inicia la izquierda.)

ESCENA VIII

(FEDERICO.)

Federico

j Es él! ¡Tan Quijote... Con ese coram vobis y esa risa sardónica... ¿Mas qué importa? ¡Soy dichoso! Soy amado... ¡amado! Al pensarlo, toda la sangre se me agolpa al corazón. Mi alma quisiera volar al encuentro de la suya. ¡Se unirán! ¿Y quién osará dividirlas? ¡Ah! No hay delicia como el amor... ¡Como el primer amor! Pero... tengo una inquietud que me ahoga. No sé lo que digo, ni lo que quiei'o, ni... ¡Yo quisiera llorar! Si consigo que me ame siempre, y que ese Alfredo... El conoce el mundo: es cortesano, brillante, hombre de tono... y yo ¡pobre de mí...

ESCENA IX

Federico

Florestan, con un librito de memorias en la rnano.

Florestán

(A la puerta por la derecha.) Descuida: se lo daré al momento.

Federico

¡Ah! ¡Eres tú!

Florestán

(Con un fuerte suspiro.) ¡Ah...! Sí.

Federico

¡Qué suspiro! Y vienes pálido, azorado... ¿Qué tienes?

Florestán

¡Ay! lie sido atropellado... ¡Oh Virginia!

Federico

¡Ah! La camarera... ¿La has hablado? ¿Qué tal te ha ido...

Florestán

Amigo mió, ¡es un dragón de virtud! ¡Si vieras qué escena... Una hora mortal ha durado. Yo he sido elocuente, amable... He rogado, he porfiado, he interpelado... ¡Tiempo perdido! Por fin, en un acceso de romántica generosidad he prometido... No sé lo que he prometido; pero sé que no la han hecho mella ni mis gracias, ni mis presentes, ni mi fraseologia... Vamos, desde que hay camareras en el mundo no se ha visto igual contumacia.

Federico

¡Pobre Florestan!

Florestán

Vista su temerai'ia resistencia, no soy dueño de mí, avanzo resncllo..., y ¡paf! inc ¿acude el nia^ «¡oliprauo bofetón...

Federico

¡Qué dices!

Florestán

Olí sacrilegio!

Federico

¡A tí un bo letón!

Florestán

Sí, á fé. Mi cara es de privilegio.

Federico

¿Y que barás...

Florestán

Le arcbivaré con los muchos que llevé cuando estaba en el colegio. Con todo, no sé en qué hubiera parado la fiesta á no haber sido llamada mi desdeñosa; pero nos volveremos á ver, V es preciso que yo averigüe... Lo que es que hay rival en campaña, nadie me lo quita de la cabeza. Estoy que bromo de zelos.

Federico

¡Zelos!

Florestán

¡Oh! Tú no sabes lo que son estos movimientos tumultuosos..., estas intercadentes palpitaciones de un corazón sensible y di-sordenado. Cuando á uno se le atraviesa la idea de que otro es el que... ¿Tú no has esperimentado nunca...

Federico

(Pensativo.) Sí; creo que ya empiezo á...

Florestán

¡Calla! ¿Será que mi prima... A propósito. Ya me olvidaba... Toma tu librilo de memorias.

Federico

(Tomándolo^) ¡iMi librito... Tú te equivocas.

Florestán

No por cierto. Al volverme con el corazón preñado de despecho y el carrillo echando chispas, he visto á la bai'onesita que se separaba de Alfredo: me llama; yo me acerco con las orejas gachas temiendo que me hablase de Virginia...; pero nada de eso: me encarga que ponga en tus manos esta cartera, que te has dejado olvidada... no sé dónde.

Federico

(Abriéndola,) ¡A mí...

Florestán

(Mi dulce dueño tiene una mano sacrilega. Apuesto á que tengo la cai'a todavía como un tomate. — ¡Bueno! Que se vaya, que se quede, no me aparto de ella, y mas que me casque otro sopapo. Esta ya es cuestión de amor propio.)

Federico

¡Oh cielo...! (Lee) ^«Tranquilizaos. No partiré; pero maíiana en el salón... á las nueve... j Tengo tantas cosai que deciros... ¡Silencio!'^

Florestán

¿Qué es eso? ¿Hay intríngulis en la cartera?

Federico

^'¡Silencio...!'' Sí, sí; callaré. Sei'é cauto, seré prudente...— ¡Florestan! ¡Amigo mío! Soy el hombre mas feliz...! Un billete misterioso..., una cita... ¡Es la primera! ¡Oh placer! ¡Elisa! ¡Elisa! (Besa la cartera,)

Florestán

¡Vamos, vamos! Ya estoy al cabo de la calle... Eres amado, ¿eh?

Federico

¡Sí, Florestan! Dígalo este billete... {Mr, de Ramiert aparece en el foro, despide á un criado que le acompaña, j se adelanta despacio sin ser visto.)

Florestán

¡Oh! Prueba leacienle. ¡Una carlita! ¡Ahí es nada...! Á mí nunca me han escrito mis damas.*, por razones particulares.

Federico

(Bajando ta coz.') Florestan, nada quiero ocultarte. ¡Soy tan dichoso! ¡La amo tanto! Quisiera decírselo & cuantos veo, y... {Viendo á Mr. de Ramiere, que está )a entre los dos.) ¡Ah! ¡Mi padre!

ESCENA X

(Los MISMOS. Mr. de Ramiére.)

Florestán

Su... ¡Ah! ¡Me ha dado una pavura...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Federico! ¿Asi me recibes? Parece que mi presencia te aflige... le desconcierta...

Federico

¡Á mí! ¿Podéis imaginar... Ranií ¿Por qué bajas los ojos?

Federico

¡Ah! Padre mió...

Florestán

Como le coge asi... tan de sopetón...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Tu carta me ha sorprendido. ¿Á qué fin tan larga ausencia? ¡Ocho dias! Y nosotros que nunca nos separamos... Yo he temido alguna desgi-acia. Como el caballo que montaste es tan fogoso...

Florestán

El caballo*.. ¡Cá! No es eso; sino que...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Eh? (Mirando á Florestan,)

Federico

(niñamente.) Mi lia me ha recibido con tanta amabilidad...; me ha instado tanto... Y luego, la casualidad de cncojitrar aquí á un camarada de colegio... ¡Mi amigo Florcstan! Tengo el gusto de presentárosle. Es escelrnte muchaclio. El se ha empeñado también en que me quede...

Caballero... (Ahora me adula el bribonzuelo.) JRam» Ah... Muy servidor vuestro. — Y acaso otras personas habrán iniluido... {Observa que Floreslan vuelve la cabeza sonricndose.) ¿Por qué te sonrojas, Federico?. ¿No soy yo tu amigo..., tu confidente? iFlot (¡Este padre es una alhaja!) Mam, ¡Qué turbación...! ¡'Qué inquietud... I ¡Muchacho! ¿Estás por ventura...

Federico

(Con viveza,) Muy contento de veros, padre mió.

Florestán

(yaparte á Mr, de Ratni'ere,) Enamorado.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(¡Ah!)

Federico

Padre, aqui viene la tia. (Aparecen por el foro Madr Caridan, Elisa y Alfredo.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Aparte con Florestan.) Enamorado... ¿De quién?

Florestán

De mi prima...; el ama de Virginia^. ¡Chist...

ESCENA XI

(LOS MISMOS, MADAME CARIDAN, MADAME CARIDAN, ELISA, ALFREDO.)

Madame Caridan

(Entrando.) ¡Mr. de Ramiéi'e...! ¡Vos en mi casaí ¡Qué dicha inesperada...! Ea, pues, olvídense nuestras antiguas rencillas, ¡y seáis mil veces bien venido! ¿Tendré el gusto de que me acompañéis unos dtas...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Señora..., Si mi hijo desea...

Elisa

(Aparte á Alfredo entrando.) No señor; de ninguna manera.

Alfredo

(En voz baja,) ¡Un desaire...! ¡A mí...!

Madame Caridan

(A Elisa,) Amiga mia, os presento al padre de mi Federico..., á Mr. de Ramiére. Rarn, (friendo d Elisa.) (¡Cielos!)

Elisa

(¡Qué veo!)

Madame Caridan

¡Qué sorpresa! ¡Se aumenta mi sociedad.» Ahora sí que no dejo partir á nadie.

Elisa

(¡El conde Eugenio!)

Madame Caridan

¿Lo oís, Elisa? Me habéis prometido...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(¡Elisa!)

Elisa

(Turbada.) Perdonad, señora... Perdonad, amiga

Madame Caridan

Me es absolutamente imposible... Seré muy censurada si fallo á ese convite... Me es forzoso partir; indispensable... Mr. Alfredo, hacedme el favor... Perdonad. —

Florestán

manda enganchar los caballos.

Florestán

Al momento; y si hay un ladito para mí en el coche, lo agradeceré.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Aparte á Florestan.") ¿Es vuestra prima esa señora?

Florestán

(En voz baja.) Pues; sí... El ama de Virginia. {Vase por el foro.")

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(¡Ella! ¡Dios mió!)

Madame Caridan

(¡Se va! Ese intrigante...) Salgamos á despedir á csla señora... (Todos se dirigen hacia el foro.)

Elisa

(¡Su padre!)

Alfredo

(¡Me la llevo!)

Federico

Padre, esta larde nos volvei'emos á París.

Acto segundo

(Salón amueblado con elegancia: una puerta á la derecha y otra á la izquierda en los segundos bastidores: en 'el loro una chimenea de marmol, sobre la cual habrá una luna de espejo sia estañar, que mira á un jardin: á cada lado de la chimenea una puerta pequeña: hacia el primer bastidor do la derecha utia mesa, y á su lado un sillón; sobre esta mesa habrá papeles y periódicos: iinnediata al ])rimer bastidor de la izquierda otra mesa cuadrada cubierta por todos lados con un tapete verde que llegue al suelo, y sobre ella una escribanía. El salón estará alfombrado.

ESCENA PRIMERA

(Florestan, y luego Benito. Florestan entra misteriosamente por la- puerta izquierda del foro en trage de baile j con clac. Viene pálido jr como asustado, y marcha con lentitud.)

Florestán

¡LjLoi-rible noche! ¡Execrable noche...! Y aun la entrada, tal cual, pero ¿y la salida? ¿Cómo me escapo? ¿Por dónde? Heme aquí coí^ido en ratonera. (Mostrando la puerta de la derecha,) Allí la habitación de mi prima. (Señalando la puerta de la. izquierda,) Enfrente la sala principal, y á su estremo en la antecámara dos lacayos fariseos. {Mostrando la puerta izquierda c/e/ /oro.) Por allá el corredor que va derecho 'al cuarto de Virginia; y no es cosa de volver. Con una basta..., ¡y aun sobra! — ¿Pero quién se habia de figvirar... Desde nuestro regreso del campo parccia que iba humanándose... ¡Sí señor! ¡Los síntomas eran muy favorables! La aprieto la mano al pasar, y se aguanta; me insinúo con piropos significativos, y los ove sin indignación; la envió el lunes unos confortantes y unas ligas de goma elástica..., y i'í'cibp con b?ncvolencia mi agasajo... ¡Pues señor! Eslo es hecho, digo yo pai'a mí. Apresuremos el deseulace. Me escurro pues anoche del baile donde me hallaba con mí prima; vuelvo á casa, y en vez de dirigirme á mi tugurio, piso tercero, me cuelo en el principal sabiendo que Virginia espera á su ama; desfilo por el corredor, y penetro en el dormitorio de la fámula con los ojos centellantes v el clac en facha como quien ya cantaba victoria, y... ¡oh cielos! en vez de una suave tórtola, me encuentro con una arpía. Quiero avanzar, y llora, gime, gruñe, me tira las chanclas, y me amenaza con alaridos espantosos pidiendo socorro. Suena en eslo la campanilla. ¡Es mi prima que vuelve del baile! No hay medio de escapar; ¡y la virtud de Virginia erre que erre! ¡Oh! Es la Lucrecia de este barrio... Probablemente la única. No ha habido mas remedio que pasar galantemente la noche en ese corredor enti'e dos puertas. (Tose-) Estoy yerto, estoy abismado; no hay hueso que me quiera bien. ¡Lo menos que tengo encima es la gn'ppe — Probaré á ver si puedo sin ser visto... (Escuchando.) Siento ir y venir... ¡Imposible...! j Ah! Virginia me ha hablado de una puertecilla á esotra parte... (F'a d la puerta derecha del foro.) Esta sin duda ha de ser... ¡Cerrada! (Ojese una campanilla.') I Ah! La campanilla... {Retrocede hacia la mesa del tapete.) Si me encuentran solo aqui, con este trage, y tan malparado, tan cariacontecido... (Otro golpe de campanilla mas fuerte.) ¡Oh! Esa campanilla me desorganiza el sistema nervioso. Jíen, (Dentro por la izquierda.) ¡Virginia!

Florestán

¡Dios poderoso! (Se acerca con prontitud junto d la mesa.)

Benito

(A la puerta de la izquierda.) ¡Vii'ginia! La señora llama. (Preséntase F'irginia por la puerta izquierda del foro, Florestan se esconde debajo de la mesa.)

ESCENA II

(Florestas escondido* Elisa, que entra por la derecha. Los CRIADOS.)

Elisa

{Con un ramo de flores y una carta en la mano.) ¿Qué es esto? ¿Nadie acude cuando yo llanio? {A f^irginia») ¡Ah... Creí que aun estabais durmiendo. Id á mi tocador v esperadme alli. {f'irginia entra en la habitación de Elisa.)

Florestán

(Asomando la cabeza,); Oh Vir;iinia I

Elisa

(A Benito.) ¿Quién ha traído esto?

Benito

¿Esas flores?

Elisa

(Tirando el ramo sobre la mesa del tapete.) ¡Eh! No te hablo de eso. ¿Qué me importa... (¡Otra esprcsion de su parle! ¡Siempre él! ¡Siempre... ¡Ese hombre me matará! )

Benito

]Mr. Alfredo es el que...

Elisa

Bien, bien. Pero esta carta... ¿quién os la ha entregado?

Benito

Un criado desconocido y sin librea. Se ha ido sin esperar respuesta.

Elisa

Es particular... (F'a á irse Benito.) Espera, Benito. (Se detiene el criado.) ¿Quién me escribirá... Veamos. (Lee.) *'Un amigo antiguo os ruega que le oigáis á solas un momento en esla misma mañana. No le neguéis esta gracia, pues time derecho á vuestra compasión.*'— ¡Y no hay firma! IIov qviiere hablarme... No es posiblí'. Son mis dias; tengo convidados... y por cierto que me van á fastidiar de lo lindo. — Pero me habla de compasión... Podré acaso hacer algún bien, y esto me consolará. Benito.

Benito

Señora.

Elisa

Es regular que vuelvan por la respuesta. Introducirás á quien sea {Mostrando la puerta derecha del foro.) por aquella puerta... llamando primero. — ¿Oves? Ha pasado un carruage.

Benito

(Mirando por la luna de la chimenea.) Es un tüburi: de él se apea Mr. Federico con un ramo de flores en la mano.

Elisa

( ¡Federico... )

Florestán

(^Sacando medio cuerpo.') Me vuelvo al corredor...

(Benito se vuelve hacia el proscenio, y Florestan torna d esconderse.)

Elisa

Anda: di que no estoy. (F'ase Benito.) ¡Oh! No

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
no puedo, no quiero recibir á ninguno de los dos. ¡Valor, Elisa! — Pero el pobre Federico... Viene con su ramo... ¡Ah! ¿Y aquel? {Corre á tomar el que está sobre la mesa.) ¡Siempre temer! ¡Siempre engañar... ¡Cuánto ailije esto... cuando ama el corazón!

Federico

(Dentro.) ¡Eh! Sí tal. Eso no se entiende conmigo. Ya sabe que yo...

Elisa

¡Ah! (Levanta el tapete y echa el ramo bajo la, mesa viendo entrar á Federico.)

ESCENA III

(Florestan escondido. Federico. Elisa. Federico viste un elegante negligé. Su aire es ya mas desembarazado, pero viene inquieto j fatigado.)

Federico

(Con el ramo en la mano.) Perdonad, señora baronesa. He forzado la consigna.

Elisa

(Con alguna severidad.) ¿No advertis que podría enojarme con razón?

Federico

¡No, por Dios, señoi-a! ¡Soy tan desgraciado... ¡Esa desventura sola me faltaba!

Elisa

Pues ¿cómo... ¿Qué. tenéis... Esa palidez, ese abatimiento...

Federico

Nada; no es nada... Me siento un poco desazonado...

Elisa

Siendo asi, ¿por qué habéis salido de casa?

Federico

Por veros, Elisa; por traeros este ramillete... Como debíais recibir el mío antes que otro alguno... Yo say el primero; ¿no es verdad?

Elisa

(Tomándole.) Sí por cierlo. Es hermoso. Están casadas las flores con mucho gusto.

Federico

¿De veras?

Florestán

(Sale con tiento de debajo de la mesa.) Descoyuntado estoy, vive Dios. (Pasa de puntillas á la pucí — ta izquierda del foro, y vasc por ella.)

Federico

Supongo que le llevareis prendido... ¡Este solo! Me lo tenéis prometido. jElisum (Con ternura,) Cumpliré mi palabra. {Suena la puerta por donde ha salido Florcslan.) — ¡Ah!

Federico

¿Qué es eso?

Elisa

INada. Esa puerta... No es nada. {Pone el ramo sobre la chimenea, y prosigue muy cariñosa.) Pero vos, amigo mió, ¿qué teniais anoche en el baile? Tan triste, tan caviloso...

Federico

Seré íranco. De solo pensar que habiais sido convidada por jNIr. Alfredo... me puse de muy mal humor... Ya me, iba á retirar, cuando le vi dirigirse á la pieza de juego; le seguí, y á pesar de que pretende echármela de iNIeulor, jugue contra él. Como es tan vanidoso, derramaba oro sobre la mesa con un desden y una frescura queme enfurecieron. Yo no tenia oro, pero jugaba sobre mi palabra...

Elisa

¡Imprudente!

Federico

El juego es fatal manía. Le odio; bien lo sabe Dios. Ni yo con el jugaría, que opuestos somos los dos; pero con gusto perdía, porque asi le detenía, señora, lejos de vos.

Elisa

(Tomándole la mano.) Pero eso es una calaverada, criatura... Y tengo entendido que en ese punto no pecasteis anoche por primera vez.

Federico

¡Qué! ¿iVIe reprenderéis porcjue procuro brillar como esa turba de jóvenes que me rodea? ¿Como ese Allredo... ¡Criatura me llamáis! j Ojalá lo hubiera sido siempre! Cuando lo fui me amaba Elisa, y ahora...

Elisa

¡Ingrato! ¿Y vos me amáis por ventui'a? {Bajando la voz.) ¡Vos, qtie no ha mucho pasasteis la noche en una orgía, entre libertinos...

Federico

¡Oh Dios! ¿Sabéis...

Elisa

Lo sé lodo.

Federico

¿Y quién es el infnme qtie os ha dicho... Perdonadme. No me atrevo á alzar los ojos...; pero mi escusa está en raí propio corazón... Jamas he amado sino 5 vos, Elisa; ¡á vos sola! Ardiendo en un amor exacerbado por la esperanza, por una esperanza cuyo término dichoso no logro alcanzar... ¿Qué os diré, señora? Enardecida mi imaginación..., trastornado mi juicio... ¡Ah! ¡Nunca me perdonareis!

Elisa

(^Dándole la mano.) ¿Qué mas queréis..., sí os amo todavía...? ¡Y vos no podéis dudarlo!

Federico

(^Besando enagenado la mano de Elisa,) ¡Elisa...! Pero los continuos obsequios de ese Alfredo...; su aire imperioso...

Elisa

¿Todavía? ¿No os he dicho que median relaciones de familia; que administra mis bienes con inteligencia y con celo... Será ya por poco tiempo, pero... aun no me atrevo á romper con él... (¡Ah! ¡Cuánto lo deseo!)

Federico

¡Si hubierais oido con qué insolencia decía ayer: **Si una mugp.r me sacrificase á mi rival, me vengaría de ella deshonrándola, y el amante dichoso,.., ¡moi-iría á mis manos!

Elisa

¿Eso dijo...? (¡Ah! Sí; ¡le mataría!)

Federico

Es un petulante sin delicadeza, que se mofa del honor de las mugeres... y acaso también del de los hombres. Juzgad cuál será mi suplicio al considerar que le soy deudor...

Elisa

¿Por qué no habéis acudido á vuestros amigos..., á,.,

Federico

(Interrumpiéndola.) ¡Elisa! Yo he querido confesárselo todo á la única persona de quien me es lícito recibir favores de esta especie; ¡á mi padre! Pero no me he atrevido.

Elisa

(Conmoi>ida.) Pues ¡qué! ¿tan sevei'O es vuestro padre?

Federico

¡Oh! No creáis que es un censor adusto para mí. A mi lado depone la autoridad de padre, me trata con la cordial franqueza de un amigo, y aunque tiene cuarenta anos, mis gustos son los suyos, y niis placeres le regocijan. Sin la menor revelación ni súplica de mi parle, me ha triplicado las asistencias. Aun no me basta: he conlraido deudas... ¿Cómo satisfacerlas? No sabia qué decirle; no osaba mirarle cara á cara... Pues pai'a probaros hasta qué punto es bondadoso para conmigo, «abod (juc anoche al volver á casa halle sobre la mesa tudas mis cuentas pagadas.

Elisa

¡Escelente hombre! (Con encogimiento») ¿Y... no le habéis hablado nunca... de mí?

Nunca, y es cosa que no me puedo perdonar. ¡Ocultarle mis secretos; mi amor..., un amor en que cifro todo mi orgullo! No me he jw)rtado en esto como buen hijo. ¡Olí! Lo sabrá... He formado un proyecto... Pero es preciso que antes merezca vuestra aprobación.

Elisa

¿Qué proyecto? ¿Qué. queréis decirme...

Federico

Vais á decidir de mi suerte y de la vuestra... Escuchad...

Benito

(Anunciando.) Mr. Alfredo de Luzzi.

Federico

(¡Siempre él! Y ahora... ¡qué bochorno! Lo* ciea luise^ que le debo...)

ESCENA IV

(ALFREDO, DO, ELISA, FEDERICO.)

¡Ah... Señora baronesa, me habéis de perdonar si... {f'iendo á Federico.) ¡Mr. Federico! ¡Es cosa rara! Lo mismo en París que en el campo siempre encuentro á este caballerito á vuestro lado cuando yo llego.

Federico

Ya; es que siempre llegáis cuando yo estoy.

Alfredo

Baronesita, muy buena estrella es la de Mr. Federico, que os encuentra en casa, cuando de algún tiempo á esta parte, jamas tengo yo esa dicha.

Federico

(A Elisa aparte.) Despedidle: tengo «jue hablaros... indispensablemente.

Elisa

Mr. Alfredo, no esperaba yo que tan de mañana...

Alfredo

Perdonad, señora. Deseaba saber si aquel recadito...

Elisa

(Vivamente.) Sí, sí: le he recibido. Os doy mil gracias.

Alfredo

(En voz baja,) Entre las flores venia un billete. ¿Le habéis leido?

Elisa

(Mirando á la mesa.) ¡Un billete...

Alfredo

Mr. Federico, estoy muy quejr.so de vos, ¡Qué diablo,,. No urgía tanto... Ya nos hubiéramos visto. Este placer lo tenemos muy á menudo: ya lo veis.

Federico

( ¡Demasiado! )

Alfredo

Me tratáis como á un desconocido, como á un hebreo. Los cien miserables luiscs (jue os gané, anoche no valían la pena... ¿Por qué os habéis dado tanta prisa á remitírmelos? Como si yo no pudiera esperar...

Federico

(Mirando á Elisa.) Caballero, yo... Ese dinero...

Yo que al levantarme veo entrar á un criado con la librea de vuestro padre... Creí que era olra cosa...

Elisa

(Ah, ya comprendo...)

Federico

(¡Mi padre...)

Otra vez no seáis tan ejecutivo: tratadme como á un amigo..., que asi os trato yo. (^En voz baja á Elisa.) Haced que se vaya.

Federico

Gracias por tanta atención. (^A Elisa en voz baja.) Una palabra...; ¡una sola palabra!

Elisa

(Con cortedad.) Disimuladme, señores... Yo no os esperaba hasta la hora de comer...

Federico

(¡Asi: clarito! No me iré yo el primero.)

(¿S^ comprenderá la indirecta el colegial? Yo, perenne.)

Elisa

Siento sobremanera... pero tengo que ir á mi tocador... (Se oye llamar á la puerta derecha del foro.)

Federico

Han llamado.

Sí; á aquella puerlerilla.

Elisa

Con electo... Ya sé lo que es. He recibido una carta... Desean verme á solas.

Federico

¿A solas?

Alfredo

¿Lo habéis otorgado?

Elisa

¿Por qué no? Imploran mi compasión...

Federico

Algún desgraciado...

Algún petardista... {Llaman olra vez.) Puesto que lo deseáis, sola os dejo, señora. (No me alejaré mucho.)

(En voz baja d Elisa.) Me retiro, pero luego... (Por la misma puerta... ) y4lf. (A la puerta de la izquierda.) No permitiré...

Federico

¡Oh! Vos primero...

Elisa

(¡Qué martirio! Eslo no es vivir.)

ESCENA V

(Elisa. Mr. de Ramicke.)

Elisa

(Sola.) ¡Ah! El billete tic esi; liombic... {Saca el ramillete de debajo de la mesa y lo regislra. ) lien, (Abriendo la puertecilla,) Aíjiii, caljallero. (Entra Mr. de Rami'erc.)

Elisa

(Dejando sobre la mesa el ramillete.) ¡Cicle... ¡Vos! (A Benito.) Déjanos. Vele, (f^asc Benito.)

Elisa

(¡Oh meniorias de amargura...)

Elisa

¡Vos en mi casa, señor... y como suplicante! Jiam, ¿Cómo qtiereis que se presente, señora, un padre que viene á pediros su hijo?

Elisa

Señor conde..»

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
A eso vengo, señora; y á no mediar tan poderoso motivo, bien conoceréis que nunca pisaria yo esos umbrales; nunca me aventuraria á veros, á oiros..., para despertar látales recuerdos; para abrir dolorosas lieridas.

Elisa

¡Ah! Sí... ¡Yo os creo!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Federico estaba aqui. No me lo neguéis. Aqui viene á todas horas; aqui se ciega, se precipita, se pierde... ¡Volvédmele, señora!

Elisa

¡Qué lenguaje! ¿Tan baja opinión os merezco que os juzgáis autorizado á despi-eciarme? ¿Soy yo acaso una muger perdida... para que \\n padre venga aqui, á mi casa, á pedirme imperiosamente su hijo?

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Señora, si esto es uu ultraje, ¿no habéis podido vos prevenirle? ¡Sojuzgar el inocente corazón de mi Federico! ¡Encadenarle á vuestros pies! ¿No habéis temido que indignado su padre os recordase...

Elisa

¡Piedad, señor conde, piedad! Cuando le vi por primera vez era un niño, y yo no os conocía. Después... cuando de improviso os vi aparecer y él os nombró..., yo me estremecí, temblé... ¡y la imagen de lo pasado se alzó delante de mis ojos... horrible..., sangrienta...! Yo quise huir del padre que me traía á la memoria tantos infortunios, y del hijo que tal vez me preparaba otros nupvo.s... Pero Federico me seguía como una sombra, j me agobiaba con su amor...; y yo acaso no debía rehusarle mi amistad... siquiera por el nombre que lleva. Han). ¡Amistad,..! ¡Oh! Ya conozco esa funesta amistad que exalta á los hombres, y los alucina..., jy lo» mata!

Elisa

¡Seiior...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Con agitación repriniida.) Escuchadme, Elisa. Yo he sido muy desventurado...; lo soy todavía... Todos mis males son obra vuestra..-. No os los echo en cara, señora; no os vengo á acusar de ellos. ¡No! Gracias al cielo, mi corazón está va en calma...; quiere estarlo... Pero, joven todavía, uno solo me quedaba de aquellos bienes que halagaban mi existencia, que embellecían mi porvenir; uno solo que me servia de consuelo en la pérdida de los demás: ¡mi hijo! Por él he vivido; por él no renunciaba todavía á la felicidad en este mundo...•; ¡y también queréis arrebatarme este único bien, esta t'iltima esperanza!

Elisa

¡Oh Dios mío! Yo os juro...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Federico os ama, y vos también... {Movimiento de Elisa.) Sí, vos le amáis... Como amiga, como dama... ¿Qué importa? Poco se necesita para trastornar la cabera de muchacho de diez y ocho años, y para incendiar su inesperto corazón. Ya lo veis; abandona su carrera; empieza á desconocer los buenos principios en que ha sido educado; y, lo que es mas, he perdido aquella ingenua y afectuosa confianza con que me bacía partícipe de todos sus deseos, de todas sus sensaciones. Yo no podia ver esto con indiferencia. El cariño de padre me movia á mirar con indulgencia ciertas faltas que la edad lleva consigo... Pero no se trata ya de una muchachada sin consecuencia, de un capricho pasagero, ¡sino dp una pasión en mal hora engendrada, de un amor Irene tico que le arranca de mis biazos para ari'ojai'le seducido á vuestros pies!

Elisa

(Con dignidad.) ¡Conde de Ramiere...!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Ah! Perdón... La desgracia me ha hecho injusto. Sois coqueta, sois poco reOcxiva... pero vuestro corazón era puro, y las virtudes que yo respetaba..., que debo, V quiero todavía rrspelar ni vos... son las que canlivün el coraron de mi Federico. Os aína ron loda la violencia de una pasión que enardece la esperanza y emponzoñaría el infortunio: os ama como un insensato, como un fanático...; ¡como yo os amaba cuatro aüos ha! Paréccme que fue ayer. ¡Oh! Y á mí no me escusaban los años; pero romper aquel encanto era empresa superior á mis fuerzas. Olvidé mis deberes por vivir á vuestras plantas, por extasiarme en vuestros ojos, por embriagarme de vuestras dulces palabras. Para mí ya no habia amibos, ni hijo, ni patria. ¡Erais tan bella! ¡Derramabais sobre el alma mia tantas y tan halaj^iieíias esperantas...! ¿Lo recordáis, Elisa? Yo era feliz cuanto ptiedc serlo un hombre; no cabia en mí de orgullo; me parecía que habia vuelto á los veinte años. ¡Día de gloria inefable! ¡Sueño celeste! Y al despertar... ¡sangre!

Elisa

(^Dando un grilo.) ¡Ah!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Doleos de mi hijol ¡Que no despierte como su prdre! Romped ¿sa cadena en la cual es imposible la felicidad.

Elisa

(Con fuec;n.) ¿Y si vo le amase...! ¿si este amor fuese mi suplicio..., mi espiaciou...!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡También me amasteis á mí! ¡Y inrasleis ser mia... I ¡Y debisteis, y pudisteis «rrlo! ¿Olvidáis vuestros juramentos? Pero uu capricho de muf^er lo cambió todo. Vuestra perfidia me dio un rival y me llevó al trance de combatir con él, de herirle... Erais muy joven entonces, erais una niña; lo sé... ¿Pero qué son cuatro años mas? ¿Y creéis que yo, cuando debo desvelarme por la felicidad de mi hijo, podría consentir...

Elisa

¡Ah! ¡Con qué crut^lJad os vengáis de mí! Vos no sabéis... Pero hablad, disponed, señor conde... ¿Qué exigís de mí?

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Qué exijo? Que os apiaden mis ruegos..., ¡mis lágrimas! Servios del mismo imperio que tiraniza á Federico para arrancar de su corazón el amor que le consume, para estirpar su loca esperanza. ¡Volvedme mi bien, mi vida, mi hijo!

Elisa

¿Y eréis vos que eso está en mi mano? {Hrprimiéndose.) Pero sí; yo os lo prometo: yo misma.romperé esc nudo halagüeño...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Asi lo espero de vuestra bondad.

Elisa

¡Os obedeceré! Si mi locura laceró en otro tiempo ese corazón tierno y generoso..., (^Llorando,) hoy i-asgaré el mió por complaceros.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Oh Dios! ¿Qué tenéis...

Elisa

¿Qué os importa? ¡Ya no podéis ver mis lágrimas, ya no podéis comprender mi dolor!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Vuestro dolor! ¿Y el mió...? ¿Tuvisteis lástima de él? ¿Qué impresión hizo en vuestra alma el despecho del infeliz que os adoraba, y que hoy mismo al veros de nuevo... (^Recobrándose,) ¡Ah! Yo creí tener mas calma y mas valor. — A Dios, señora. Aun os veré otra vez; aqui, dentro de poco... para saber mi suerte. ¡Mirad que no me alejo de vos! ¡Ah! Me volvereis mi hijo. A este precio todo lo olvido, Elisa; callo... y perdone.

Elisa

Señor...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡A Dios! (iSe detiene en la puerta p»r donde entró; Elisa está cerca de él y la d'ce con dulzura.) ¡Por Dios que me le volváis!

(Vase; Elisa da un paso hacia su habitación, y cae en una silla junto d la chimenea, cubriéndose el rostro con el pañuelo,)

ESCENA VI

(FLORESTÁN, ALFREDO, ELISA.)

Alfredo

(^Abriendo la puerta de la izquierda sin entrar,) Ya no se oye hablar... Bien puedo...

Florestán

(^Abriendo la puerta del corredor.) ¡Nadie! ¿A ver si ahora me puedo largar... ( Ka á salir precipitado, y tropieza con Alfredo, que 'entra,)

Alfredo

¿Qué viene á ser esto? (Elisa los mira sorprendida.)

Florestán

¡Un hombre! ¡Voto á... Permitid...

Alfredo

(Asiéndole.) Sepamos qué objeto... ¡Calle! ¡Es Mr. Florestan!

Florestán

( Heme aqui pillado infraganti, como decían en el colegio Estanislao.)

Alfredo

Y pn tragf de baile todavía... Parece qiir desdi' anocl)c.~

Florestán

(Poniéndolr la mnnn en la Onra.) ¡Cliil... ¡Ni un* palabra mas! Entre hombres... ¿Eh? Haceos cargo...

(^Elisa se levanta»)

Alfredo

¡Cómo... ¿Sex'á posible... (Eso ya pasarla de castaño oscuro.)

Florestán

¡Eh... Ya veo que comprendéis... Aventuras... Me voy á acostar. Buenas noches.

Alfredo

(Deteniéndole.') No. Deteneos. Yo lo exijo.

Elisa

(Acercándose.') Y yo también.

Florestán

(¡Cielos, mi prima í ¡Qué situación... tan perpleja! )

Alfredo

(Picado,') Perdonad, seíiora. Me retiro. Aqui hay algún... misterio, y no debo yo...

Elisa

Misterio... Ya se ve que lo hay; para mí, a lo menos.— Pero Mr. Florestan tendrá la complacencia de declararnos cómo y por qué ha entrado en mi casa esta noche.

Florestán

No te acalores, prima. Aqui me trajo una bagatela...; ó si se quiere, una tontería... (Aunque dijese una bestialidad no iba descaminado.)

Alfredo

Lo de la tontería no me parece inverosímil; pero de todos modos, vuestra conducta es equívoca, haciéndoos mucho favor.

Florestán

Sí; bien puede ser que haya habido algo de equivocación; pero no es tan atroz mi delito que...

Alfredo

Con esas palabiMS preñadas no os justificáis.

Florestán

Cuando os digo que yo... Pero ¡por Dios que ya soy demasiado complaciente en responderos! Yo no tengo que daros cjienta de mis acciones.

Alfredo

¡Oiga! Mucho levantáis el tono, amiguilo.

Florestán

Mi tono es de una estatura regular, amigazo.

Elisa

¡Señores... Aqui sola yo puedo pedir esplicaciones. (En rnz baja á Alfredo.') Sola yo: ¿lo entendéis? Y escusaos de tomar por mí ese interés., que ya me fatiga.

Alfredo

(En voz baja.) Bien: asi me gusta. Ya empezamos á entendernos.

Elisa

Respóndeme, Florestan. ¿Qué hacías aqui? Fio, ( ¡Oh malhadada doncella!) y^lf. (En acto de irse,jr sonriéndose.) Mi presencia impide tal vez...

Elisa

¡No! Quedaos. ( A Florestan. ) Acabemos* Responde. Fio, Ya que es forzoso...; ya que no hay otro arbitrio para salir de la ratonera en que me ha metido una pasión exorbitante, yo te diré, prima... ¡Pero á tí sola! (^Alfredo se aparta, toma un periódico j?ee.)

Elisa

¡Oh! i Acabaré yo de saber... Fio, (^Bajando la voz.) Todo lo sabrás... Y no sé cómo ya no adivinas, siendo tan agudas..

Elisa

Habla claro. Yo no gusto de enigmas.

Florestán

(¡Ciudadano mas comprometido que yo...!)

Elisa

Vamos á ver...

Florestán

Pues señor..., ya que es forzoso cantar de plano, has de saber que lodo se reduce á un error..., á una trabacuenta... ó mas bien, á una majadería, hija de un corazón sensible... ¡ay! acaso en demasía: de un corazón que ha dado en la flaqueza de amar... de idolatrar al bello sexo... de cuyo sexo es parte inlegraüte una caraai'era; vulgo, doncella de labor. A la luz de un ciego amor penetro en un corredor. Camino... Mi rumbo era hacia una puerta vidriera. Tropiezo; me descalabro casi, casi... Por fin, abro... Mas i ay! la pasión me engaita. Mi adorado imán ¡me araña! — Mira que soy yo, maldita, la digo: y blasfema, y grila.^ Su fui'or me da tal miedo que desisto y retrocedo, y con zapatito y clac paso la noche al vivac. — Ya sabes toda la historia...; y aqui paz, v después gloria.

Elisa

Bien eslá. {Tira del cordón de la campanilla, jf saca una bolsa de un cofrecillo que habrá sobre la chimenea.)

Florestán

(Pues ícííor, ¡la hemos hecho buena!)

Alfredo

Vaya; ¿estamos ya confesados?

Florestán

Soy culpable, pero te juro, prima mía, que mi delicadeza... (Entra Benito.')

Elisa

Acércate. Toma. Darás este bolsillo á Virginia, y dila que inmediatamente se vaya de mi ca'sa.

Florestán

(Innióí'il.) (¡Qué catástrofe!) ¡Cómo... ¿Con que... ¡Vaya, vaya! Con que Virginia... (Con risa falsa.) Ah, ah, ah. ¡Pobre muchacho... (Se acerca para tomar la mano de Elisa, y ella la retira rápidamente.) Hasta luego... (Mirando á Florestan.) Ah, ah, ah... Lo siento en el alma, querido.» ¡Por Dios que la aventura ha sido deliciosa!

Florestán

(Dando carcajadas.) ¡Ah, ah, ah... Sí, deliciosa.» (f^ase Alfredo.) ¡Malos demonios te lleven!

ESCENA VII

(FLORESTÁN, ELISA, MR, MONSIEUR DE RAMIÈRE.)

Elisa

(Mirando hacia la puerta por donde acaba de salir Alfredo.) ¡Qué insolencia! ¡Ah! Yo tendré valoi"... ¡auni[ue supiera perderme í

Florestán

Pero, prima, considera que un coi'azon combustible...

Elisa

¡Imbécil! Mi enojo no es contra tí.

Florestán

Es que... Hablemos en plata. Despedir á Virginia es una injusticia, un absurdo, una abominación. No es la virtud lo, que le falta á esa criatura. Al contrarío: ¡demasiada tiene la infeliz!

Elisa

¡Eh...! ¿Quieres dejarme en paz? (Mr. de Reuniere entra por donde antes.)

Elisa

¡Señora! ¡Mi hijo... Le he visto. Me sigue... Va á entrar...

Florestán

(¡Mr. de Ramiere! ¿Por dónde senos ha aparecido?)

Elisa

¿Decís, señor conde...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Ahí está... ¡No olvidéis vuestra promesa!

Elisa

Bien; sí señor j sí... Retiraos... Puede» irle, Florestan.

Florestán

Esloy. pn eso..., pero sepa yo ftiites que la suerte

Elisa

Mi resolución es irrevocable. Se irá. (5« dirige d la puerta derecha del foro.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Venid, caballero...

Florestán

(Entre dientes.) ¡Qué arbitrariedad! Ser tan cruel para los otros, cuando ella...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Prestando atención.) (¿Qué dice ese hombre?)

Florestán

Pero volveré, y plantaré delante de sus ojos el bílletito de Alfredo; el que venia entre las flores con que rae azotó la cara. Ya veremos...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(¿Qué dice...? Un billete de Mr. Alfredo...)

Elisa

(Volviendo.) Aqui está. — ¡Idos... idos!

Florestán

Hasta mas tarde, inflexible prima. {Vase por la izquierda.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Siguiendo d Florestán.) No me separo de él.

ESCENA VIII

(ELISA, FEDERICO.)

Federico

¿Estáis sola?

Elisa

Ya lo veis.

Federico

Perdonad... Me pareció, que alguien subia precipitadamente por la escalera delante de mí.

Elisa

Cierto. No os engañabais. En este mtomento sale de aqui.

Federico

¿Cómo... ¡Y esa turbación... ¿Quién era?

Elisa

¡Vuestro padre!

Federico

¡Mi padre en vuestra casa! ¿Os ha visto? ¡Ah, cuánto me alegro...

Elisa

¡Os alegráis!

Federico

¿No he de alegrarme? Ahora que os conoce, que os ha visto tan bella, tan apacible, tan interesante..., tendré mas aliento para declararle mi amor, mis proyectos, mis esperanzas...

Elisa

¡Desventurado! Guardaos bien de hacerlo.

Federico

¿Por qué decis eso? — ¿Os ha hablado de mí?

Elisa

¡Sí; de vos! Me pido cuenta de su hijo; me quiere obligar á desesperarle, á echarle de mi casa..., ¡á no volver á verle jamas!

Federico

(Consternado.) ¿Eso ha exigido de vos! ¡Ah...! ¿Qué habéis respoiidiclo?

Elisa

¡He pi-omelido obedecer!

Federico

¡Elisa! ¿Habéis tenido corazón para tanto...? ¡Oh! no; no puedo creerlo.

Elisa

¡Ah, Federico...! Vuesti'O padre suplicaba..., mandaba...

Federico

I TMandaba...! ¿Y vos no le habéis dicho que os amo; que este amor es mi ventura, mi vida? ¿No le habéis dicho que pei'dei-os sería mi muerte, mi condenación? ¡No! Nada le habéis dicho. Muda, helada... ¡no habéis arrancado del coi'azon rin ruego, una lágrima, un ay que enterneciera su alma! ¡Desterrarme de vuestros ojos! ¡Ah... señora!

Elisa

¡Federico! ¡Federico...! Recobraos; tened valor..., y no seáis injusto para con vuestro padre.

Federico

¡Suya es la injuslicia! ¡Tratarme como un esclavo..., como á un niño...! ¡Y qué! ¿no respondéis...? ¡volvéis los ojos... ¡Oh! ¡Nunca, nunca me habéis amado! ¡Me engañabais, Elisa!

Elisa

¡Ah...! No lo creéis asi, Federico. Sabéis que os amo..., y yo no me avergüenzo de contesarlo. Desde el dia en que os vi en casa de vuestra tia, no sé lo que ha pasado en mi alma. Yuesti'o candor, vuestra edad tan cercana á la mia..., aquellos dulcísimos recuerdos que con tanta ternura me pintó vuestro labio..., engendraron en mi corazón un alecto que nunca habia yo sentido, ¡nunca! Sí; yo amatia por la primera vez... ¡como vos! ¡Ah! ¿Por qué os educaron tan lejos del mundo? ¿Por qué volvisteis tan tarde á aquella quinta? ¡Tan tarde!

Federico

¡Señora...

Elisa

Desde ese dia... ¡Sea mi testigo el cielo; séanlo mis lágrimas...; sedlo vos, Federico! Desde esc dia solo á vos he amado, solo á vos; ¡como á un amigo, como á un hermano! Considerad cuánta habrá sido mi amargujea cuando vuestro padre ha venido á reclamaros de mí, ¡y á acusarme de haberos pei-dido! ¡Federico... ¿No me justificará vuestro corazón?

Federico

.-Elisa!

Elisa

Vos me fnfiinflircis valor» S¡asi vuestro bien •« labra f yo campliré mi palabra..., aunque muera de dolor. ; Ah! Pues de tin padre el amor con el mió os arrebato, hciid mi vista y mi trato, recobrad vuestro sosiego, olvidadme: yo os lo ruego... j mas no me culpéis, ingrato!

Federico

Basta. Mi suerte está decidida. — Siempre sólita^ rio, triste, zeloso..., ya no puedo soportar este martirio; ya no puedo vivir asi. ¡Elisa! Vos seréis mía. Seréis mi esposa.

Elisa

;Yo! ¿Pero no reflexionáis...

Federico

No. Ya lo habia resuelto. Os lo venia á proponer. Se lo diré á mi padre...

Elisa

¡No, por Dios, Federico!

Federico

¡Y decis que me amáis! ¡Y decís que vuestros votos son los mios! j Oh! Miradme, Elisa; Elisa mia...; ¡esposa mia! ¡Si supierais... Desde que esa idea ha entrado en mi ppcho, no puedo reprimir mi alegría. ¡Estoy loco...! ¿Consentís, Elisa? ¡Decidme que sí... y esa palabra me elevará al trono de los ángeles!

Elisa

¡Ah... pobre de mí... No rae habléis de esa manera,

Federico

Yo no os debo responder...; yo no os debo escuchar. No me quitéis el valor de que tanto necesito. Ese porvenir que tan halagüeño os pinta la imaginación, sería un manantial de prsares..., de infortunios tal vez... El mundo culparla nuestro enlace; vuestro padre también...

Federico

¡Eh! ¿Qué me importa el mundo? — Y mi padre... ¿Qué razón tiene para ser tan cruel conmigo? Hablad, Elisa; dadme el sí que imploro; y á trueque de ser vuoslro, todo lo arrostraré; sí, todo... hasta la oposición de mi padre, (^e d su padre que entra por la izquierda, y oye las últimas palabras.) ¡Ah! (Mr. df fíamierc rnira d Elisa: ésta baja los ojos, y mostrando d Federico con la mano da d entender que no le ha podido persuadir: case por la izquierda lentamente, j i'uelvc la cabcict antes de desaparecer.)

ESCENA IX

(MvL. J>B Ramiére. Federico.)

Elisa

¿Todo, Federico...? ¡Hasta la oposición de tu padre...! (Con ternura, acercándose á él.) ¡Tu padre! (Federico le toma la mano sin mirarle,) No te atreves á mirarle! ¡Temes sonrojarle a su aspecto!

Federico

¡Sonrojarme...! ¡Oh! No. ¡Jamas! lianí, ¡Ya no merezco tu confianza!

Federico

Sí, padre mió. Ahora iba á buscaros... para deciros..., para deciros...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Qué ibas á decirme? Acaba.

Federico

(Con resolución.) Que amo á Mad. D'Offely, que soy correspondido; y en fin... que quiero casarme con rila.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Casarte con ella! ¿Y ella lo consiente?

Federico

¡Padre...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Y ti't has imaginado qne tu padre lo consentiría?

Federico

Sí señor, porque ¿cómo ha de oponerse á mi dicha un padre tan bondadoso? ¡Un padre que siempre fue mi mas tierno amigo!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Sí, Federico; dices la verdad: siempre fui tu amigo. Enviudé siendo muy joven todavía, y desde entonces juré vivir para tí; juré consagrar á tí solo el resto de mi existencia. Te eduqué á mi lado; mis ojos te veían crecer, y prefería al brillo, á los placeres del mundo, aquellos tus inocentes juegos, en que, como otro niño, tomaba parte embelesado. INIas adelante, advertía con paternal orgullo los progresos de tu inteligencia, que babia yo preparado; tus triiinfos, que eran obra mia. No alimentaba mi alma otra ambición que la de asegurar un bello porvenir ¡á mi amigo, á mi alumno, á mi hijo! Ese porvenir era el mió, y la idea de otro casamiento, jamas... ¡Ah! Sí; tina vez..., una sola vez..., hace cuatro años... ¡Oh! ¡Yo creí que el cielo me habia ya castigado bastante!

Federico

¡Padí'P mió...!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Y cuando ya tocaba el termino de mis votos, de mis deseos cuando me gozaba, contemplando que esa vida, yedra amorosa de la mia, es tan bella, tan lozana, tan rica de amables dones y de risueñas esperanzas; cuando por ganar tu coi-azon todo lo he sacrificado..., ¡tú me afliges, me abandonas, me dejas solo y sin consuelo en la tierra...! Renuncias á tu carrera, á tus esperanzas..., á mi amor, para vivir entre gente ociosa v corrompida, "para iniciarte en la perniciosa escuela del lujo y de los vicios! Yo veo marchitarse, caer una á una, como las hojas de una agostada flor, todas las bellas cualidades que me afané por sembrar en tu alma. Tú no osas mirai'me sin rubor; te guardas de mí, y yo, sin tú saberlo, reparo tus fallas, que otros me revelan ¡no tú! ¡Yo me veo reducido á rasti'ear tus secretos á los pies de una coqueta! ¿Y presumes que he de permitir yo, niño inconsiderado, que en los lazos de una muger frivola y fementida perezca tu porvenir, y se consuma miserablemente tu existencia? ¡No! Tu ingratitud me dará la muerte; pero sancionar yo tu desventura... ¡Jamas!

Federico

(Con halago.) Padre mió, yo no he olvidado ni podré olvidar mientras viva vuestros beneficios; pero... si no temiera agraviaros.»., diria que en este momento sois injusto para conmigo, para con ella y para con vos mismo. Volved en vos: no me condenéis... INo nos separaremos de vuesti'o lado. Sei-emos dos para amaros.

¡Aparta! ¡No!

Federico

Ya la habéis visto, padre mió. ¡Es tan bella...! Si supierais cuan amable es, cuántas prendas... Harii, La conozco hace dias.

¡Ah...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
La conozco; sí. ¡Tú no sabes que es una peligrosa Sirena, y qtie sus halagos son precursores de lágrimas y desastres! Sabe que yo también...

Federico

¡Vos...

(Conteniéndose.) Sí; yo... tuve un amigo que la amaba; que se creía amado de ella..., porque le habia prometido ser suya. Pero mediaba un rival..., amado también; mas dichoso quizá... Este rival recibió una estocada..., y luego se casó Elisa con él para dar fin á la novela.

Federico

(Admirado.') ¡Ah... Tal vez el olro era algún mala cabeza...

No. Un hombre de houor... que tenia doble edad que ella.

Federico

(Con ligereza.) ¡Oh! Siendo asi, Elisa solo hubiera podido amarle como á un padre. Yo soy júven; y no espero tener zelos, porque seré muy leliz.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Pero crees tú que eies solo...

Federico

¡En su corazón! Estoy seguro de ello.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Tú lo crees? ¿Y si ella te encañase? ¿Y si amase á olro? ¿Y si te estuviera burlando inlamemente?

Federico

¡Oh! no. ¡No es posible...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿No es posible? Pues yo te probaré... Es un secreto que deberia respetar; esperaba poderlo hacer asi, pero, ya que no hay olro medio de salvarle... {Dándole un papel.) Toma. Lee.

Federico

(Mirándole.) ¡Ah padre... ¡Un billete... {f^a á abrirle, se detiene y le aja con ira.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿No le abres?

Federico

No me atrevo... Tiemblo... {Mirando alternativa^ mente el papel y á su padre.) Elisa... Padre, ¿de dónde os ha venido este papel?

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Qué te importa saber eso? — Léelo.

Federico

(Abriéndole.) ¡Un billelr...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Mostrándole la fecha.) Es de esta mañana.

Federico

Sí, sí... (Leyendo.) ^«iMi amada Elisa...'-' {Hablando.) ¡Ah... ¡No es de ella!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Prosigue.

Federico

(Leyendo.) <*M¡amada Elisa, ahí va mi ramillete. El os recordará la promesa que me hicisteis anoche en el baile, de despedir al escolar..." {Se detiene y mira d su padre.) **La promesa que me hicisteis...''

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
El escolar..., eres...

Federico

(fritamente.) Acabimos. (Lee.) **Ya sé que es demasiado simple... para darme cuidado; pero tratad de eliminarle, si queréis evitar una campanada que os perdería... '*

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Que la perdería...!

Federico

(Sofocado.) A esle precio, amor y silencio. — Alfredo." (Con risa forzada.) ¡AHredo...! Ya... Sí... Ella le habla prometido... y su reserva..,, su... (Se echa sollozando en los brazos de su padre. ) ¡Ah, padre mió!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Federico! ¡Amigo mió! ¡Hijo mió! Vuelve en tí. Eso es horrible..., infame... Comprendo cuál será tu do»lor... No fue menos el mió... ¡Ven, ven, hijo del alma! ¡Vive tu padre! Yo te consolaré... Siento pasos... ¡Sé hombre, Federico!

Federico

Sí, sí... Pedid el coche. Partamos j pero dentro de un instante.., Yo no puedo... ¡Ah, padre! (Lleno de amargura se deja caer en un sillón.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Al momento... Abajo están mis criados... (f^ase pQf la puertecilla derecha del foro^)

ESCENA X

(ALFREDO, FLORESTÁN, FEDERICO.)

Florestán

Pues señor, he resuelto comer aqni por varias razones: la primei'a, porque aqui secóme divinamente; la segunda, porque tengo que ajustar una cuentecilla... (Tentándose los bolsillos.) ¡No le encuen tro ¡¿Qué habré yo hecho de ese maldito billete... ¡Calla! ¿Qué hace ahí Federico?

(Entrando.) ¡Ah... No se ha presentado aun mi señora la baronesa...

Federico

(Levantándose.) (¡El es!)

Florestán

¡Chico! ¿Qué tienes? ¡Válgame Dios, y qué pálido estás... ¿Quién... Mr, Federico...

Federico

(Acercándose á Alfredo.) ¿Qué me queréis, señor mió?

Alfredo

Yo... Celebraré que no sea cosa de cuidado...

Federico

Sois un insolente.

Alfredo

¡Caballero...

¡Muchacho! ¿Estás en tu juicio?

Federico

Un insolente; sí..., y, aunque soy escolar, podfia yo daros una lección»

Alfredo

¡A mí...

Florestán

(Knvoz baja,') (¡Temerario...!) Caballoros, vamox, vamos; eso...

Alfredo

(Con desdeñosa frialdad.) ¡Una lección... Esloy ftrouto, Mr. Federico. Hace tiempo qtie deseo rec(bi|la de vos.

¡Pero hombre... armar ahora una de populo bárbaro...

Federico

(^Acercándose á Alfredo^) ¿Qué hora? ¿Qué arma? ¿Qué silio?

Alfredo

A las diez: floróle: puerta de Autcuil...

Federico

Alli os esperaré.

Florestán

(En vQi baja.) Mira que es un tirador...

Federico

(friendo á su padre y que llega.) ¡Silencio?

(^Después de observar á los tres torna la rnano de)

Federico

y le dice en voz baja.) ¿A qué hoi'a?

Federico

¡Padre...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Del mismo modo.) ¿A qué hora? {Hesitación de Federico.) ¿A qué hora?

Federico

A las diez,

ESCENA XI

(JjOS mismos. Elisa, vestida de etiqueta. Aparece un criado en el foro con una servilleta bajo fl brazo.)

Elisa

Mil perdones, caballeros. Os he hecho esperar..»

(Dirige una mirada d Federico.)

Alfredo

Llegáis muy oportunamente, seiiora baronesa, porque vienen á anunciaros que estáis servida.

Elisa

Señores, cuando gustéis... Pero advierto en esas caras... ¿Ha ocurrido algo...

Alfredo

(Sonriéndose,) Nada, señora...; nada.

Florestán

(Aparte d Elisa.) Tengo que hablarte, prima. (Elisa le mira.) Después, después de comer. Los negocio» son primero.

Alfredo

(Con desenfado y alegria.) j Alegrémonos! ¡Gocemos.,. El dia lo exige. El placer es la gloria. {Ofrece la rtiano d Elisa.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(En voz baja d Elisa.) ¡Dia de gloi^ia... sueno celeste; y al despertar... ¡sangre!

Elisa

(Rehusando la mano de Alfredo y dando un grito de terror.) j Ah! (Mira con inquietud á Mr. de Ramiere j á Federico. Cae el telón.)

Acto tercero

(Sala bien amneblacla, aunque con olgiin desorden, como habitación de un soltero. Dos ílorctrs colf^ados; un sofá en el foro: á la derecha, en el primer bastidor, una chimenea, y en el segundo la puerta que guia al gabinete y al dormitorio de FIórestan: en el foro, á la izquierda del sofá, la puerta que da al recibimiento: á la izquierda, frente á la chimenea, una poltrona. Eslampas, una péndola, una guitarra, mesa revuelta con papeles, tintero, algún libro, uu cajou de cigarros &c.)

ESCENA PRIMERA

(Fi.oREST.\N. Alejo. ^l levantarse el telón suena fuertemente una campanilla,)

Florestán

\\y Xuc\\diC\\o.;\ (Desde su alcoba.) ¡Alejo! (5t/<'na mu/ fuerte la campanilla,) ¡Espere quien sea...! ¡Mnchacho...! (^Aparece acabando de ponerse una bata, rameada. Lleva gorro griego, chinelas encarnadas y camisa de color, sin corbata.) ¿Hay quien me haga el obsequio de decirme dónde para mi criado Alejo? {Otro campanilla zo.) ¡Dale,..! ¡Ya van...! Vamos; ya abre; ¡loado sea Dios! ¡Ese bigardo es todavía mas perezoso

(|ue yo! {Entra Alejo.) ¡Haragán!)

Alejo

Vengo de un recado...

Florestán

No es eso lo que quiero saber, sino quién llamaba.

Alejo

Benito, el criado del cuarlo principal. Venia á avisar que la señora baronesa os espera esla mañana temprano.

Florestán

Mi prima... Ya sé; querrá bablarme de e.se duelo de mis pecados... ¡Ab! Dime: ¿has ido allá abajo...

Alejo

¿A casa de mademoiselle ^'irginia? Sí señor: de allí vfiigo ahora. Por «ierlo qn«- hay tina legua tle carmino; ¡y qu^ calle! ¡ypisoseslo!

Florestán

¡Ángel (le Dios... — Dajne un cigarro. — |Sed virtuosas, oh hijas de Eva, para vegetar en scslo piso, conversando laniiliarmenle con los vencejos!

Alejo

(^Dándole el cigarro.) Alli la ha recogido su prima la encagera...

Florestán

¿Qn^ hacia Virginia?

Alejo

C«an<io en Iré se estaba le\anlando.M

Florestán

¡Profano! ¿Osas le verla en paños menores?

Alejo

¡Ah señor... La pobrecilla me saludó con una tempestad de lágrimas...

Florestán

Siempre son tempestuosas sus salutaciones. ¡Es admirable fenómeno cómo lloran las mugeres en general, y Virginia en particular!

Alejo

La he dicho que la señora baronesa cediendo á vuestras súplicas consiente en volverla á recibir.

Florestán

¡Qué buena es m¡prima! Ya se ve, como yo la he hablado al alma... Virginia estará muy contenta, ¿eh?

Alejo

No señor: al contrario. Rehusa...

Florestán

¡Bravo! Esa chica se ha propuesto rehusar á diestro y á siniestro.

Alejo

Dice que vos la habéis comprometido...

Florestán

¿Qué es eso de comprometer... (Co/i vanagloria,, mudando de tono,) Yo no diré que en cierto modo... si olla lo toma á pechos... Sí, sí: lo que es compromiso...

(No es cosa de confiar á un criado que ha habido calabazas y pescozones.)

Alejo

Dice que su decoro no la permite volver á esa casa..., que no hay mas que una pex'sona en el mundo á quien ella pueda pedir asilo...; y que esla persona sois vos.

Florestán

¡Yo! ¡Pues estamos aviados! Amarla^ adorarla..., cuanto quiera, Y celebro en il alma que cuente con mi protección. Eso es de buen a^^íicro. Pero tanto como darla hospitalidad...

Alejo

(Observándole con njliccion.) (¡A Dios! No la va á recibir... ¡Nueslro gozo en un jxozo!)

Florestán

Ya la habrás dicho lií que eso es imposible...

Alejo

Es que... ella dice qu<í vos deb«is reparar...

Florestán

¡Ehf ¿Qué dices' Yo iio leugo nada que if parar ¡Eso faltaba! _(Su amor es mi delicia; pero os una injusliria que al prójimo se embrome haciéndole paf^ar lo que no come. Que mude la sentencia, y obremos en conciencia. Vuélvame mis abrazos, y yo la volveré sus arañazos.)_ Supongo que aunque haya dicho esa tontería, no vendrá...

Alejo

Sí señor; ¡vaya! Esta mañana sin falla. Yo la dejé haciendo el átillo...

Florestán

¡Misericordia divina...! ¡Pero eso es apeai-se por las orejas!; Tenia mas que estarse en su guardillón esa mal aconsejada moza? Yo ii'ia á visitarla, como está en el orden; pero encajárseme aqui, donde todo bicho la conoce; dar un cuarto al pregonero... ¡Eso es lo mas incoherente y estraparlamenfario... Que preparen el desayuno.

Alejo

¿Para dos?

Florestán

¡Heni... ¡Ah! Sí... ¡Voto á... Ya se ve; si viene... preciso será que coma el bien de mi vida.

Alejo

(¡Ahí La recibe... ¡Somos felices!) ¿Qué queréis que mande hacer...

Florestán

Para mí lo de costumbre: para Virginia..., algún plato suculento..., y delicado... Lengua de vaca con salsa de piñones. Dame esa guitarra.

Alejo

Tomad. (Le da la guitarra, y case.)

Florestán

(Repantigándose en la poltrona.) Virginia en mi casa! Aqui... ¡L'na rauger...! Esta va á ser la página mas vohipluosa de mi ida. Y si no lucra por las consecuencias..., vo que para bajá valgo lo que peso, no obstante mi afición al vino de Bui'deos... {Puntea maquinalmente la guitarra.) Pero yo me conozco. Sov también estúpidamente sensible; y una de dos, ó mi dulce libertad de soltero..., ó la moral piiblica corren peligro con el desafuero que provecía esa desventurada. ¡Oh! Y es capaz de venir; porque esas virtudes de los arrabales son tan emprendedoras una \ez lanzadas en la palestra del escáncalo... (5uena la campanilla,) ¡Dios de los e)¿r« cites! ¡Ella es! ¡Siento unos calosfrios...

Alejo

(^Anunciando,) Mr. Fedex"ico de Ramiere.

ESCENA II

(Federico con levita y corbata negra, FtoaESTAic.)

Florestán

; Ah! ¡Es Federico!

Federico

(A Alejo,) No dejéis entrar á nadie. (Vase Alejo,) Buenos dias, Florestan.

Florestán

(Riéndose,) Ah, ah... Me tenia ya tragado que era» Virginia.

Federico

(Aplicando el oido.) Temo que me hayan visto.» que sigan mis pasos...

Florestán

¿No sabes lo que me pasa? Va á venir aqui... hoy..., á casa de tu amigo..., de tu pecador amigo. De veras. Palabra de honor.

Federico

(Sin atenderle,) Florestan, vengo á pedirte «n favor.

Florestán

¡Un favor! Dos si quieres. Yo siempi'e soy buen camarada, servicial..., como en el colegio Estanislao, cuando me prestabas dinero... Siéntate, hombre.

Federico

Gracias. Me voy al momento. Aqui estoy sofocado.

Florestán

(Mirándole.) En efecto. Parece que no estás muy católico... ¿Quieres fumar un cigarro?

Federico

¡Eh... No.

Florestán

Mal hecho. Todo el mundo fuma, y ello..., será mal tono, pero es buen género.

Federico

¡Silencio... Me parece que oigo... No; nada... ¿Sabes que me voy á batir?

Florestán

Sí; y por cierto que esa bestialidad es superior á cuantas yo pude hacer en el colegio Estanislao.

Federico

Yo no vengo á pedirte consejo, sino un favor. Necesito un padrino: tii lo serás. Cuento contigo.

Florestán

¡Conmigo! ¡Bien! Asi me pruebas tu antigua amistad... (Dándole la mono,) No le puedo servir.

Federico

¡Cómo! ¿No quieres...

Florestán

¡Escucha, hombre! Yo sov un espadachín masque decente. Mas te diré. El arle de la esgrima es lo unífo que lip aprendido tal cual. (Mostrando los floretes»') Ahí cslaii mis llóreles que no me dejarán menlir. Verdad es que esta habilidad es absolutamente supérUua para quien se dedica á cortejar camareras. Mas me valdría ser diestro y vigoroso en el pugilato. Pero voy á decirte... Mr. Alfredo rae ha rogado que sea su padrino.

Federico

Eso es diferente. Buscaré pues á otro...

Florestán

Espera... (Deteniéndole.) Yo rehusaré... Mi prima me lo ha mandado.

Federico

¡Elisa....'

Florestán

Sí. Anoche después de comer... Tú habias desaparecido antes con el rostro pálido, y los ojos encendidos: mi prima te buscaba por todas partes; estaba muy agitada, lloraba como una Magdalena; y tanto, que no tuve valor de hablarla acerca de una carlita... que se me ha traspapelado; á no ser que tu padr.', que ayer mañana salió tras de mí del cuarlo de mi prima...

Federico

j Ah... Una carta... ¿La leisle? Asi... por encima... ¿No has oido tú hablar de ella?

Federico

No... Nada...

Florestán

j Pues mejor para lí! En fin, mi prima estaba muy apesadumbrada, v yo creo que eslo hubo de escitar las fibras de su sensibilidad..., porque, sin hacerse de rogar, me otorgó el perdón de Virginia..., víctima deplorable de un amor sin resultado; pero con la espresa condición de que la ayudaria á impedir...

Federico

(Sin oírle, y aplicando el oido hacia In puerta.) Alguien viene... Oigo pasos...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Dentro.) Aqui eslá, os digo; aqui está.

Federico

¡Mi padre! Eslo es lo que yo temia.

Florestán

¿Tu padre? ¡Tanto mejor!

Elisa

(Dentro.) Me engañáis. Yo entraré...

Federico

¡Ali...'. Pronto... Me escapo... por tu alc«ba... (f^a d irse, y entra su padre.)

ESCENA III

(LOS PRECEDENTES, "M R, MONSIEUR DE RAMIÈRE.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.

¡Federico! No me engañé.

Federico

(Deteniéndose') ¡Padre mió!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Abrazándole.) ¡Hijo mió! ¡Federico! ¡Qucrias huir de mí!

Federico

No señor. Os asegnro...

Florestán

(Aparte á Mr. de Ramiere.) ¡Sí tal; sí tal! Iba á buscar una cosa... aqoi dentro...- Vuelvo al instante.

Florestán

(Aparte d Mr. de Ramiere.) ¡Ojo avizor, que hay olra puerta...

{Lanzándose entre la puerta de la derecha j Federico.) ¡Ah! ¡Federico!

Permitidme, señores... voy á ponerme mas decencente... Estoy hecho una visión. (Heremos llamar á la prima...) Hasta hlego. {Vase por la derecha.)

ESCENA IV

(Federico. Mr. de Ramiere.)

Federico

(Queriendo seguir d FloreStan.) Perdonad, padre..-.

¡No! No saldrás sino conmigo. ¡Tú no puedes imaginar cuál ha sido mi tormento esta mañana..., cuando al levantarme ron el alba... ¡En toda la noche había pegado los ojos! Aplicaba incesantemente el oido; nada

Elisa

Creía que aun estabas en la óama; corro á tit cuarto... ¡Nadie! ¡No sé cómo entonces no caí muerto! ¡Cruel! ¡Sustraerse de ese modo á mi vigilancia! ¡Ah! No me engañaban mis presentimientos... ¡Al fin te vuelvo á ver! Ya no te escaparás. ¡No te dejo un solo instanle!

Federico

Pero padre, ¿no consideráis... que mi deber...

Elisa

Tu deber es oirme, obedecerme. ¡No te batirás!

Federico

¡Y sois vos quien me habla asi! ¡Vos que tantas veces me habéis recomendado los principios de honor...

Elisa

¡De honor... ¿Hay honor acaso en batirse rort un Hombre vil... por una coqueta despreciable?

Federico

¡Elisa... ¡Oh¿padre mió! No digáis eso de ella. Ha cometido errores; lo confieso; mas no creo todavía...

Elisa

¡Cólrio! ¿Aon será tanta tú debiiidadí..

Federico

Sí, sí: lo creo lodo..., y vuelo á vengarme. Alfredo no me esperará...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Qué dices?

Federico

Mas yo debo ir por mi honor, por el vuestro. Ayer misino habló de vos en casa de la baronesa con lau yioco miramiento, que á no haber sido por ella...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
IMe insultó! ¡Ah! ¡Pluguiera á Dios que fuese verdad! — Pero á lí... ¡te mataria! Maneja las armas con una destreza infernal: lo sé. Yo conozco á esos matones sin valor, á esos duelistas de profesión*.* ¡Te ma* taria! Para ellos el tombatir es tm placer, un oficio si dan con joven novicio, que solo sabe... ¡moi'ir! ¿Y habremos de consentir que hagan de su infamia alarde? ¿Y es justo que se les guai'de del honor el noble fuero...? ¡Oh! no; que no es caballei'o un asesino cobarde.

Federico

Pero padre, ¿qué dirán de mí...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
üigo que no irás. No lo permilií'e*

Federico

Mirad que yo soy quien le provoqué; que yo le pe» di la hora, el lugar... ¿Cómo he de fallar á la cita? Donde quiera que me encontrase tendría derecho para afrentarme. ¡Y queréis que yo abi-ace una carrera eíi la cual el honor es la vida! Si rehuso ese lance, dirán que tengo miedo; ¡y queréis que yo ciña una espada.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
No, no dirán eso los hombi-es sensatos... Pero... j Ah! ¡Qué horroroso recuerdo atormenta ahora mi corazón! Cuando armado yo mismo por la falsedad d<> esa muger... ¡Oh Federico! Aquel desdichado de quien ayer te hablaba..., aquel incauto engañado, vendido por Elisa..., ¡fui vo!

Federico

¡Oh cielo...! ¡Vos, vos, padre mió... ¡Pero el AucJo se consumó! — Decidme, oh padi'e: ¿si después de haber retado á vuestro rival... os hubieran aconsejadora fuga i la deshonra...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Oh f ¡Jamas! ¡Jamas!

Federico

Pues bien...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Pero tranquiliza al menos mi espíritu. Dinie que papáes lidiar con ese hombre... ¡y volver i mis ojos! Pruébame que sabes manejar una espada...

Federico

¡Yo...! Sí señor. Aprendí...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Sí; en el colegio..., como todo lo que aprenden los nifios: cuatro dibujos... y nada de provecho. {F'iendo los floretes f j tomándolos.) ¡Ah! Veamos... Toma, toma ese florete. Ensayemos...

Federico

(Tomando el florete.) ¡Cómo! ¿Queréis que yo...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Sí; sí... Vamos; en guardia... No te dé cuidado... Varaos, hijo mió... Quiero ver lo que sabes.

Federico

Por tranquilizaros lo hai'é, padre...; ¿pero me dejareis partir?

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Sí; con tal deque me toques... Vamos; en guardia. (Cruzan los floretes y figuran un combate.) ¡Bien... ¡Bien... Mas inclinado el cuerpo... ¡Ati-as...! ¡Asi...! No; ¡tú vacilas, Fi'derico! ¡Firme! Avanza ahora... ¡Animo...! ¡Desdichado! ¡Que te pierdes! ¡No retrocedas...!

Federico

No, padre...; no...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Vamos; ¡no tengas miedo... ¡Estocada! ¡Vamos ahora... (Haciendo saltar^ el florete de Federico.) (¡Ah...! ¡Es perdido! )

ESCENA V

(LOS MISMOS, ELISA, FLORESTÁN.)

Elisa

(Jl la puerta de la izquierda.) ¡Que' oigo! Esa» voces...

Florestán

(A la puerta de la derecha, ya vestido.) Aqui se halen...

Federico

¡Elisa...!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Dejando el florete.) Señora, señora... Vos que teneis la culpa... ¡Venid...

Florestán

(Sospecho que están tocados de la cabeea todos lo* individuos de esta familia.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(En voz baja d Elisa.) Ayudadme á salvarle. Si se bale ¡es muerto!

Elisa

¡Batirse! ¿Quién... ¡Federico!»

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Mudando de tono.) Es forzoso. Yo no me puedo oponer á ello.

Federico

¡Padre...

Elisa

¿Qué decis, Federico?

¡Vamos á ver!

{^Acercándose d Federico,) Lo único que yo exijo e* me permita dirigirle, porque 3u inesperiencia... ¿Dónde están tus armas?

¿Mis armas...? No tengo...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Bien. Yo me encargo de bTiscártelas.

¡Qué! ¿Vos queréis... {Mr, de Rami'ere la aprieta la mano sin ser visto.)
(¡Cuando digo que están locos...)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(A Elisa aparte*) Enlretenedle.— (y/ Z'Vífcnt.o.) ¿Y tu padrino? Mi padrino...

Florestán

(Mirando d Elisa,^ Yo me he negado...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Mirando el reloj.) Bien. Eso corre de m¡cuenta.

¡Cómo! ¿Queréis tomar sobi-e vos...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Bajo á Floresta/u) Las señas de Mr. Alfredo. ¿Eh...?

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(A Federico.) A lasdiez es la cita... "Son las nueve y media....(2?a;o d Florestan.) ¿Dónde vive... (En voz baja.) Calle de San Lázaro, número lo.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Tu causa es la m!a. A Dios. (A Elisa al oído.) Si le detenéis, le salvo. (A Federico.) El eusayo-me ha sa-' tisi'echo. No te creí tan hábil. Nada temas. Vuelvo pronto. (En voz baja.) ¡Por Dios, Elisa... (A Federico.ySoy contigo. (Si ahora entra Virginia la logramos. Acecharé en el portal...) Os dejo solos por un momento.

Federico

¿Pero adonde vais, padre? Yo...

Vuelvo al instante. Tenemos tiempo.

ESCENA VI

(FEDERICO, ELISA.)

Elisa

(¿Cómo haré para detenerle? ¡Amor, inspírame!)

Federico

(¿Qué proyecto será el suyo? Acompañarme al duelo... ¡El! ¡^li padre... No le esperaré.) (Hace un mori~ míenlo para irse, j le detiene Elisa.)

Elisa

¿Dónde vais, Mr. Federico? Oídme un instante.

Federico

¡Qué, señora! ¿Sois vos la que me quiere detenei...

Elisa

Esa voz, esa mirada tdi' anuncian que no me roncpfieis tal derecho^ pero... ¡Oh Federico! Hablad... Desde ayer asíais... He oido hablar de una reyerta en mi casa, de un duelo, de una ella... Todos me lo aseguran; y aun no me determino á creerlo. ¡Vos un desafío...! ¿T por qué?

Federico

¿Por qué...? ¡Vos me lo preguntáis! Elisa» Sí. Decidme, os i'uego...

Federico

Por vengarme, seííora, de im insolente que me dis-» puta vuestro corazón...; ¡de vos, que le am.ais! Elisa» ¡Dios mió! ¡Yo amar á Alfredo...! ¡Cuando le detesto... aun mas de lo que os amo á vos!

Federico

(^Sacando el billete del acto segundo.) ¡Vos le de- ¡i testáis! ¿Y estacarla, señora? ¿Y esta carta...? Tomad. ¿La conocéis? Elisui (Tomándola.) Esta carta..*

Federico

¿Quién la ha escrito? ¿A quién se dirige?

Elisa

A mí..., sí; á mí; pero yo no la he recibido* Yo no sé lo que contiene: os lo afirmo. (La abre.)

Federico

¿Qué importa eso, si la carta es para vos? Stt lenguaje es el de un amante favorecido.** ¡á quien yo debía ser sacrificado!

Elisa

(Leyendo.) ¡Hombre infame!

Federico

Infame, vil... ¿Pero qué digo? Si él tiene derechos... los puede reclamar. No sois vos quien tiene motivo para quejarse, sino yo. Mia es la queja; ¡mia debe ser la venganza! Ni podéis amar á dos, ni sufrir rivales puedo* ¡Antes me arrebate Alfredo la vida... que fue de vos!

Elisa

No. ¡Deteneos...! ¡Av Dios...! Si juzgáis que os ofendí odiadme, v no un frenesí de veros feliz me prive. Quien ya para mí no vive... no debe morir por mí.

Federico

¿Queréis acaso que yo viva para ser vil ludibrio de itn hombre execrable... Antes de una hora sabréis que uno de los dos ha muerlo. (f ct á partir; Elisa da un grito, y Je delifur royendo á <tus pií'S. )

Elisa

¡Ah Federico 1
(Cftra Je la puerta.) ¡Díjatlmo!

Elisa

¿Sangre... ¡Ah! ¡Caería gota á gola soln-c mi corazón!
(Con cffucrzo.) Dejadme... ¡Vos me engañabais!

Elisa

(Levantándose, y acercándole al proscenio.) ¡No, Federico! ¿Qiu- queréis fine djga? ¿Qué queréis que ha.ga...? Siempre os he amado: os lo juro..., ¡como os amo ahora!

Federico

Pero ¡esta caria...

Elisa

¿Podía yo acaso imjx'dir qne me la escrihiese...? Ese hombre me solicila..., está zeloso... ¿Cómo evitar...

Federico

Pero... ¿Cómo os trata con tanta familiaridad?

Elisa

Su audacia... (Federico hace un movimiento.) ¡Oh! ¡Deteneos! Estov ti'anquila: nada teroo^.. ( ¡Estoy muerta! ) (Lee.) <'Mi amada Elisa... — ¡Fátuoí — «* Ahí va mi ramillete.'^ — ¡Buen caso hice yo de su ramillete! ¿Me lo prendí por ventura? — Él os recordará la promesa..."— ¡INIeiilira! Nada le habia yo prometido..

Federico

(Señalando en la carl/i con el dedo.) "Si queréis evitar una canipanada que os perdería...'^ ¿Q"é quiere' decir esto?

Elisa

¿Qué sé yo? Para perder á una infeliz miiger poco necesita un hombi'e perverso y corrompido. Le basta producir una sospecha... ¿Y qué mucho cuando por una simple carta..., que ni siquiera he recibido, vos me acusáis; ¡vos, ingrato! ¡Ah! Vos no sabréis jamas cuán'lo be sufrido por vos; vos no comprendéis que este horribli" tormento es la mayor expiación para el alma de una muger. Si tanto amor no consigue acrisolar la mia, si í>un no es digna de voSf.., ¡fuerza es morir!

Federico

(Tomando la carta de mano de Elisa.) Basta. Vos me habéis dicho que me amáis. Si yo lo dudase, comeleria una vileza en volver á veros; pero este niño que Alindo xlcsprecia, este escolar sería un liombre con bastante energía para olvidaros, v con sobrado valor para temar venganza de él. — Hablad. Solo á ^os os quiero iiter. ¿No sois culpable? ¿No me habéis engañado? ¿No me habéis escarnecido? Rt-spondcd.

Elisa

(Sollozando.) ¡Oh! ¡Jamas!

Federico

¿Ni en este momenlo me en};aiiais Umpoco? ¡Responded! ¿Habéis dado pie á Mr. Alfi'edo para que os escriba esta insolente carta?

Elisa

¡No! ¡No!

Federico

(Rasgando la carta.) No hablemos mas de ella os creo! Tengo necesidad de creeros.

Elisa

( ¡Pex'donadme, Diosmio, perdonadme...! Debo sal varíe.)

Federico

Ahora, yo veré á ese infame...

Elisa

¡Federico! ¡Ah! Quedaos... Ya le he castigado yo...

Federico

Yo también le escribí..., pero fue para prohibirle que vuelva á presentarse á mis ojos; para decirle que le desprecio, y que no me intimida su despecho...

Federico

¡Qué! ¿Ya no le veré en vuestra casa, á vuestro lado... ¿No hay ya esperanza pai-a él? ¿Yo solo reinaré en tu corazón? ¡Oh, Elisa! Eso redobla mi valor. ¡La victoria es mia!

Elisa

¡Por piedad...

Federico

No temas, prenda querida. Soy dichoso, soy amado... Si me viese despreciado no defendiera mi vida; mas la esperanza perdida renace halagüeña en mí. "Vuelo y vencedoi'..., ¡ah, sí!, vencedor he de volver. Para lí vivo... ¡Oh placer! — Debo ya triunfar por lí. {f^a á lomar el tom^ brrro.)

Elisa

¡Desgraciado...! ¿Y vuestro padre?

ESCENA VII

MONSIEUR DE RAMIÈRE.

FiORESTAN, que O las últimas palabras entra sin ser visto.

{En voz baja d Elisa.) Mr. Alfredo...

Elisa

: Ah...

Federico

¿Qué?

Elisa

Nada..., nada.

Florestán

Abajo eslá. Pn'j^nnta por mi.

Elisa

Con tal de que uo sepa...

Federico

¿No podré saber...

Elisa

(^Interrumpiéndole.') ¿Vais á salir?

Federico

Sí, Elisa... ¡Valor! Confiad en mí.

Elisa

Bien... Ya que es forzoso... Tendré valor... ¿Pero no os despodis siquiera de vuestro padre...

Federico

¡Mi padre... {^Se apercibe de una seña que hace Elisa á Florestan.)

Florestán

(Impuesto en la seña.) Sí; un billete... dos letras... Ahí en mi gabinelito... Sobre la mesa hay recado de escribir.

Federico

(Yendo á la puerta de la derecha.) ( ¡Ah..t esa resignación repentina...)

Florestán

Entra, y en un santiamén...

Elisa

Os espero...

Federico

Sí; al instante. {Entra en el cuarto de Florestan, y este cierra al momento la puerta.)

Elisa

(friendo d Alfredo.) (¡Cielos!)

Florestán

(¡Si viene un minuto antes...)

ESCENA VIII

(ALFREDO, ELISA, FLORESTÁN.)

(Alfredo se detiene en el foro. Elisa, como si no Je riera, se vuelve sonriendo hacia Florestan.)

Elisa

Sí, primo; eso es lo que tenia que decirte: no he venido á otra cosa. La tal Virginia se dejó decir ayer ai salir de mi casa que ejerce sobre tí un imperio absoluto.

Florestán

(Admirado.) ¿Cómo imperio... (¿Ci'cerá esta que nadie nos oye? )

Elisa

¡Vaya; poquito engreida está ella... Se propone gobernarte como á un chiquillo, y lograr que seas... ¿qué sé yo? (Riéndose.) Su marido tal vez.

Florestán

¡Su marido! Esas ya son palabras mayores.

Elisa

Mira lo qiie haces, porque... la chanza scj'ía pesada.

Florestán

Te ríes, y no ecljas de ver que yp ij^e estrpmezco y me horripilo.

Elisa

Yo ya te he prevenido: ahora tú...

Florestán

i Pero es posihle.,,

Elisa

No me puedo detener, A Dios... {Fingiendo ver á Alfredo.) Cabal lei'o..,

Alfredo

Perdonad, señora.,.

Florestán

(¡Cáspila! No entrará aquj si yo puedo.)

Alfredo

Mr. Florestan, ¿puedo contar con vos para un asunto...

Florestán

Gr^ícias. Aprecio mucho vuestra atención..., pero jio puedo. Estoy seriamente ocupado. (¡Su marido! Es que,., sei-á muy capaz...)

Alfredo

(^Deteniendo d Elisa, que se iba.) Señora, os ruego... Hacéis mal en no acompañarníe, Mr. Florestan. Se trata de una diversión...

Florestán

Estimando, caballei'o mió. Ahora me veo coraproT? metido... á almorzar; y d^^spues... (á buscar á aquella desesperada.) (F'ase por la puerta del foro,)

Elisa

(A Alfredo.) Vamonos de aqui.,,

ESCENA IX

(ALFREDO, ELISA.)

Alfredo

No os deis tanta prisa; os lo suplico... Ya v«4S qur no me está bien el bajar á vuestra casa. Me lo habéis prohibido, y yo soy muy obediente.

Elisa

{Sin qiiilar la vista de la puerta de la derechcf durante esta escena.) Os lo agradeceré mucho.

Alfredo

He recibido vuestra carta... ¡Perfectamente! Vn destierro en forma; pero tan cortés, tan atento,., ¡Pedírmelo por favor... ¡Es mucha fineza!

Elisa

¡Oh... Hablad mas bajo.

Alfredo

¿Por qué? Pari'ce que me tenéis miedo,.., y eso es li;iíerme una injuria. Ya se ve, han dado en decir que soy un mal hombre, y vos sin duda lo habéis creido. Conficio «jue no cederia lan fácilmente el campo á un rival.».; á un amante quiero decir, confieso qtie me vengaría de el..., y de vos- Pero un marido... Eso ya es otra cosa.

Elisa

¡Alfredo...

Alfredo

Aun es muy joven; pero una vez que consentís en darle vuestra mano, os doy mil gracias por haber prevenido mis deseos... y celebraré en el alma que Dios bendiga vuestro matrimonio. (Yéndose)

Elisa

(^Siguiéndole hasta la puerta.) Asi lo espero. {Volviendo á la escena.) Ah! Ya puedo respirar.

Alfredo

(Volviendo.) Se me olvidaba. Me habéis pedido vuestras cartas...

Elisa

(Sobresaltada.) ¡Hablad mas bajo!

Alfredo

(¡Mas bajo...!) (En alta voz.) Me permilereis que no os las vuelva. ¡Son tan interesantes...! Pero podéis quedaros con las mias.

Elisa

¡Ah, en nombre de vuestro honor os lo ruego! ¡Volvédmelas!

Alfredo

(Poniéndose la mano en el pecho.) Aqui las llevo. Si recibo el golpe mortal...

Elisa

¿Qué decis«.? Ese combate no se verificará. Vos renunciareis...

Alfredo

De ninguna manera. He sido provocado...

Elisa

¡Ah! Yo os lo suplico... Os lo suplico de rodillas...

(Va á arrodillarse; aparece Mr. de Ramiere, y sale rápidamente á su encuentro.)

ESCENA X

(ALFREDO, ELISA, MR, MONSIEUR DE RAMIÈRE, LUEGO ALEJO.)

Elisa

(Él es. No me han engañado.)

Elisa

¡Ah...

Alfredo

¡Mr. de Ramiére!

Señora... {En voz baja.) ¿Y mi hijo?

Elisa

(Indicando la puerta de la derecha.) Alli... alli...

{A Alfredo bajando la voz.) Vengo de vuestra casa, caballero.

Alfredo

¿De mi casa?

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Si ¡deseaba ver cómo me repetíais cara á cara las lindezas con que me habéis favoi-ecido en mi ausencia.

Alfredo

No sé si alguna vez me he acoidailo del santo de vuesiro nombre. (Elisa los (>bsfi\'a apartada,')

Hablad mas quedo.
(¡Calle! Tampoco esle buen seiioi* quiere escandalizar la vecindad. ¿A qué viene tanto misterio?)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Parece que en casa de esa señora y delante de mi hijo aventurasteis ayci' ciertas espresiones respecto de

Necedades que yo djgberia despreciar, como despi^ecio al que las dijo.

Alfredo

¡Caballero...

Pero no estoy de ese humor, y será fuerza que me deis la debida satisfacción, ó diré que sois un villano.
(Elisa se acerca poco d poco.)

Alfredo

¿Vos también? ¡Bravo... Ya nos veremos, puesto que tenéis gusto en ello, pero hasta mas tarde... Ranu Ahora mismo.

Alfredo

Permitidme... Tengo otra cita...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Mi ofensa fue la primera; mi venganza lo será también.

Alfredo

No os haré esperar mucho. Denti"o de media hora...

Elisa

Dentro de media hora... ó vos ó yo habremos existido. Seguidme...

Alejo

(Entra.) Abajo hay un sugelo que pregunta por Alfredo de Luzzi...

Alfredo

¿Por mí?

Alejo

Dice que tiene prisa, (fase.)

Alfredo

¡Ah... Mis armas sin duda... Dije que las esperaba aqui... Caballero, estoy pronto á serviros. Esperaré... (Saludando á Elisa.) Seiiora..., ¡infinitas gracias! (rase.)

Ya os sigo.

ESCENA XI

(MR, MONSIEUR DE RAMIÈRE, ELISA, ALEJO.)

Elisa

¡Vos le seguis! ¡Vos!

¡Silencio...! Federico no se batirá.

Elisa

jDios mió! ¿Qué vais á hacer?

¡salv;u)p!

Elisa

Pero vos... ¡afí! INo. Ni vos, ni él... En esc ruarlo fslá. Os escribe... Nada ha estudiado...; ¡uaila! {fía/an<i(> la twz,) No partiréis... Yo os delemlré..., y él me ayudará si es forzoso.

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Mirad fjiie le perdéis... Salvad al liijo, señora... ¡Basta con el padre!

Elisa

¡Oh cielo!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Dejadme...

Elisa

(Lnnzátidose tí la ¡)iierta de la derecha.) ¡Federico! (Enlra.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Yéndose.) ¡Y partir... sin abrazarle... sin decirle á Dios...

(Dentro, dando un ¡^ri/o.) ¡Ah! {T^ueh-e á la escena, pálida, descs//erad.i,) ¡Salió! ¡Salió! {Tirando del cordón de la campanilla, que estará sobre el sofá, lo

)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Q"é decis? ¡Mi hijo... {Entra corriendo en la habitación de la derecha.)

Elisa

¡Ya no está! (Llega Alejo.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(f^oloiendo.) ¡Mi Federico...! Corramos...

Elisa

(A Alejo.) Mr. Federico... ¿Dónde está? ¿Adonde ha ido?

Alejo

Señora..., salió por la alcoba de mi amo... El es el que llamaba á Mr. Alfredo... Ha desaparecido con él llevándoselo con violencia...

Elisa

¡Miserable! ¡Y no dijiste...

Alejo

Me prohibió Mr. Federico...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¿Pero adonde... adonde han ido...

Alejo

No lo sé. Se han ido precipitadamente.., llevándose á la fuerza á Mr. Floreslan...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Infeliz de mí! ¡Se baten..., y no lo he podido evitar!

Elisa

¡Ah! ¡Por mí..., por mí! ¡Dios mió...!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Sí; por ^os..., como en otro tiempo Mr. D'OfTelv..., como yo... ¡Feliz si entonces hubiera muerto! — {A Alejo.) ¿Pero no habéis oído, no habéis observado qué dirección llevan...

Alejo

No seiior. (Fase.)

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Las fuerzas me abandonan... ¡Yo muero! {Déjase caer en el sofá.)

Elisa

Yo había creído... Yo esperaba... ¡Me ha engañado! — Pero... volverá. ¡Oh! Sí... ¡Decidme que volverá!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Con voz ahogada.) ¡Oh! ¿Qué os importa á vos? j A vos, por quien le es odioso el mundo y su padre mismo! ¡A vos, que le habéis hecho demasiado infeliz para que pueda amar la vida!

Elisa

¡Señor conde...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡A vos... que le habéis sacrificado... cómo á mí!

Elisa

fOh! ¡No! Hemos hablado.» Vos no sabéis». Esa culpa de que vuestro hijo me acusaba... Yo me he sincerado de ella. Aquí mismo, aquí..., hace pocos instantes... ¡Creedlo! Él se dio por satisfecho. Ronxpió la carta...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Dejadme, dejadme morir de dolor!

Elisa

Federico me ama: os lo puedo jurar; me ama mas que nunca... ¡Él volverá!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Hé aqui vuestro fatal imperio sobre un infeliz cuyo corazón se rinde indefenso á vuestros encantos, á vuestros caprichos... ¡Ah! ¡No lo estraño, que harto me es conocido esc poder que le avasalla! Pero sí tan fácil os ha sido el recobrarle, ¿por qué no habéis detenido á mí hijo? ¿Por qué no le habéis forzado á esperarme? — ¡Él viviría! (Mirando en derredor con desesperación*) ¡Oh! Y no saber siquiera... ¡Mii*adme! ¡Gózaos en mi llanto! ¿Estáis contenta de vuestra obra? El padre y el hijo son víctimas de vuestra perfidia. Quizá no existe ya esa pobre criatura...; y yo ¡pronto le scguií'é al sepulcro! Pero el cielo es justo, Elisa. Sobre esa fi"ente están escritos nuestros infortunios. ¡Sobre ella caerán la sangre del hijo y la maldición del padre!

Elisa

(Arrodillada.) ¡Ah! ¡Perdón... perdón...! Él vivirá... Anhela ver cumplidas sus esperanzas de ventura..., que yo no he destruido... Perdonad. Era deber mío el detenerle...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Oh! ¡Mas que él os amase; mas que os diera su mano...

Elisa

¡Qué oif;o!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
¡Que viva! ¡Que vuelva á mis brazos... Lo demás..., ¿qué importa?

Elisa

Escuchad... ¡Él es! Siento pasos...

¡Mi hijo... {Florestan abre la puerta, y aparece solo.) ¡No! ¡No!

Elisa

¿Y Federico...? ¿Qu¿es de él...

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Cayendo en una silla.) ¡Ha muerto! {Aparece

Elisa

(Con un grito de alegría.) ¡Ah!

ESCENA XII

(LOS MISMOS, FEDERICO, FLORESTÁN.)

Federico

{Precipitándose en los brazos de su padre, que está como exánime.) ¡Padre mió! í

Florestán

¡"i" a estamos de vuelta!

Federico

¡Padre mió! Yo soy... ¡Volved en vos!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
(Mirándole con ansia.) ¡Oh! Hahla..., habla... ¡Eres ¿No estás herido...? ¡Ah! ¡Hijo de mi alma!

(Le estrecha en sus brazos.)

Florestán

Abrazadle; apretad... que bien lo merece. ¡Dios poderoso, qué brio, qué pertinacia! Se rompe una espa-

¡Á la pistola! ¡Pronto! — ¡Qué... Ni un leopardo... Yo qucria poner paz, porque, aunque no blasono de cobarde, tenia una especie de pavura... ¡Y cuando vi caer á ese pobre Mr. Alfredo...

Elisa

(Con un grito ahogado.) ¡Cielos...

Federico

{A Flor es tan, desprendiéndose de los brazos de su padre.) ¡Silencio...! {Se acerca á Elisa.^

Florestán

(A Mr. de Ramierc.) Habiais de vei-le precipitarse sobre él... {Mr, de Ramiere le impone silencio, observa con inquietud á Elisa y Federico.)

Elisa

(Dando la mano á Federico.) ¡Fedei'ico...

Federico

(Tomándola con violencia, y habldndola á media voz.) Tranquilizaos, sciiora. Vivirá: lo espero... Pero le he arrancado la prenda del combate. Aquellas pruebas que os podian perder..., que esperabais ocultar para siempre bajo un velo sagrado..., ¡vcdlas aqui! {La da un paquete de cartas.)

Elisa

Estas cartas... (Turbado.) Yo...

Federico

{Muy conmovido, y mostrando la puerta de la derecha.) Yo estaba alli, señoi'a.

Elisa

¡Ah..t

Federico

Él..., venturoso amaute, se alejaba por un marido; j y yo... yo... ( Con un esfuerzo de valor pone las cartas en manos de Elisa,) ¡Tomad! ¡Instas... sí son vuestras, seiiora! — {Echándose nuevamente en los brazos de su padre,) ¡Partamos, padre mió! ¡Partamos!

MONSIEUR DE RAMIÈRE.
Partamos, sí... ¡Oh dichai ¡He recobrado á mi hijo!

(^f^anse, y al desaparecer mira Federico á Elisa por la última vez, Elisa se cubre la cara con la$ manos, y cae desolada sobre la poltrona.)

Florestán

Haber sido mi cuarto teatro de una escena tan... Y Dios quiera que otra peor... (Suena un campanillazo,) ¡Cielos...! ¡Virginia! ¡Soy perdido! (Cae el telón,)

Elenco vivo 7 personajes · 1,008 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
339257J1, J2, J3J1 · esc. 1Elisa, Florestán, Alfredo
321241J1, J2, J3J1 · esc. 1Federico, Florestán, Alfredo
171138J1, J2, J3J1 · esc. 1Federico, Elisa, Alfredo
8568J1, J2, J3J1 · esc. 1Elisa, Florestán, Federico
5649J1J1 · esc. 1Federico, Elisa, Florestán
2923J3J3 · esc. 1Elisa, Florestán, Alfredo
77J2J2 · esc. 1Florestán, Federico, Elisa

Expediente

Obra
La primera lección de amor
Jornadas
3
Personajes
7
Versos
1,008
Versificación
prosa o versos fundidos en el impreso: sin medida
Fuente
archive.org: laprimeralecci00bret_djvu.txt
Estructura
la-primera-leccion-de-amor.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Manuel Bretón de los Herreros, La primera lección de amor, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/la-primera-leccion-de-amor.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.