TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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Manuel Bretón de los Herreros

La hermana de leche

3 jornadas · 6 personajes · 2,474 versos

Modo

Acto primero

(Personas: INÉS; CARMEN; VENANCIA; CÁNDIDO; EL CONDE; DON CLAUDIO.)

(Sala amueblada con decencia. Puerta en el foro, que es la que conduce á la escalera por la izquierda del actor; dos laterales á la derecha, ambas con montantes, y una á la izquierda. Entre las dos puertas de la derecha habrá una consola, y sobre ella un espejo.)

ESCENA PRIMERA

(INÉS, VENANCIA.)

Venancia

Da veras habéis reñido?

Inés

De veras.

Venancia

  Y para siempre?

Inés

Creo que sí, porque yo
no pienso satisfacerle,
ni él tampoco querrá dar
su brazo á torcer.

Venancia

  Ni debe,
si tiene amor propio. ¡Á un Conde
niegas en tu casa albergue!

Inés

Por lo mismo...

Venancia

  Es lo más raro...

Inés

Yo me entiendo y Dios me entiende

Venancia

Obra es de misericordia,
que aquí de oficio se ejerce,
dar posada al peregrino;
¿y es posible que la niegues
á un joven ele tanto mérito
y tanto caudal, que bebe
los vientos por ti, que aspira
á tu blanca mano, y viene
cada dia á visitarte,
y algunos dias dos veces?

Inés

Posible es, Doña Venancia.

Venancia

Bien, niña. Tú te lo pierdes!

Inés

¿Qué pierdo yo...

Venancia

  Por de pronto,
un huésped de alto copete,
que haria un gasto de príncipe.

Inés

Calle usted; no me avergüence.

Venancia

¿Qué vergüenza ni...

Inés

  Sin él
vivimos holgadamente,
y primero es mi opinión
que todos los intereses
del mundo.

Venancia

  Pero ni al mundo
ni á Dios creo yo que ofende
quien á su oficio ó su industria
le saca el jugo que puede.

Inés

Me ama el Conde...

Venancia

  Auto en favor.

Inés

Ó lo dice al menos.

Venancia

  ¿Miente
por ventura?

Inés

  Ay! no lo sé.

Venancia

Te ama, sí..., y tú lo mereces...

Inés

Yo...

Venancia

  Sí tal. Y á sus lisonjas
no es tu corazón rebelde.
Me lo negarás?

Inés

  Confieso
que no me es indiferente.

Venancia

Si amante no le desdeñas,
por qué le rechazas huésped?

Inés

Porque traerle á mi casa
ya no sería decente
cuando nadie en Aranjuez
ignora queme pretende.
Y aun sin eso, sabe Dios
loque el vulgo maldiciente
dirá...

Venancia

  Diga lo que guste.
Á quién la envidia no muerde?
Desprecia, Inés, y no temas
á ésa venenosa sierpe.
De mí, que suplo á tu padre
desde que lloras su muerte,
como yo la de mi esposo
el cirujano de Tiélmes;
de mí misma, que te escudo
con la autoridad solemne
de mi viudez y mis años, —
aunque todavía verdes,
porque serán treintaicinco
los que cumpliré en Setiembre,.

Inés

(Quince más!)

Venancia

  De mí, que, amén
de todo el tejemaneje
de la casa, soy en ella
un centinela perene
de tu virtud, la malicia
dirá, es seguro, mil pestes.
Mas qué importa? Somos libres,
y ni cánones ni leyes
se oponen... Pero, ay dolor!
voló el pájaro, y no esperes
que vuelva á la red. Ay simple!

Inés

Oh!

Venancia

Tú has perdido el caletre.
Por escrúpulos de monja
¡perder un novio como ese...

Inés

Ya basta...

Venancia

  Boba! y mañana
te prendarás de un pelele.

Inés

No más!

ESCENA II

(INÉS, VENANCIA, EL CONDE.)

El Conde

(Á la puerta del foro.)
  ¿Da usted su permiso...

Inés

Ah!

Venancia

(Aparte á Inés.) El Conde! Albricias, que vuelve!
No lo creí.

Inés

  Pase usted.

Venancia

Permiso! Siempre le tiene
en esta su casa el Conde
de Valonga.
  (Aparte á Inés.) No le sueltes
ya que...
  (Al Conde.) No se sienta usted?

El Conde

Sí.

Venancia

Yo voy á mis quehaceres...

El Conde

Bien, sí.

Venancia

(Aparte á Inés.) ~ Cuando pasan rábanos...

Inés

¡Señora...

Venancia

  Dios guarde á ustedes!

(Váse por el foro.)

ESCENA III

(INÉS, EL CONDE.)

El Conde

Dirá usted al verme ahora:
«Este hombre es un botarate»...

Inés

No tal.

El Conde

  «Un necio, un orate.»

Inés

Nada de eso.

El Conde

  Sí, señora.—
Vuelvo como el niño al aula
del maestro que le azota,
como el tahúr á la sota,
como el pájaro á la jaula;
vuelvo á los pies de mi bella;
que esta es, señora, mi cruz,
como la mosca á la luz
hasta que se abrasa en ella;
vengo — ¡oh baldón sin ejemplo
y digno de que me emplúmenl-
as que me escarnezca el numen
que me arrojó de su templo.

Inés

Ni á ser numen me sublimo
siendo una pobre mujer,
ni puedo yo escarnecer
á quien de veras estimo;

El Conde

  De quien es —
yo concluiré, señora. —
muy atenta servidora,
que sus manos besa, Inés. —
Se ríe usted! ¡Cuando digo...

Inés

¿No he de celabrar la gracia...

El Conde

Mi hambre de amor no se sacia
con una ración de amigo.

Inés

Con la razón me aconsejo
cuando cauta desconfío.

El Conde

La razón de usted, bien mió,
va hacia atrás como el cangrejo.
No hace una semana aún
que me amaba usted...

Inés

  Confieso...

El Conde

Y ahora no! Hay razón en eso?

Inés

Yo...

El Conde

Ni sentido común?

Inés

Oiga usted con calma...

El Conde

  ¡Calma!

Inés

Si quiere que le responda. —
Se alojó usted en la fonda
de enfrente...

El Conde

  Sí, pese á mi alma!
Procedente de Motril,
donde radica mi hacienda,
tomé en Aranjuez vivienda,
el dia treinta de Abril,
mientras Don Miguel Mansilla,
mi digno administrador,
me habilita otra mejor
en ia coronada villa.

Inés

Nos vimos y nos miramos...

El Conde

Y hasta llegar á la cumbre
siguió amor, como es costumbre,
sus trámites..., ó sus tramos.
Los de usted entre sonrojos,
los mios con fruición,
de un balcón á otro balcón
se cartearon nuestros ojos.
Vino, tras de estos... arpegios,
cuyo recuerdo da grima,
la amorosa pantomima
que no se aprende en colegios.

Inés

Hasta que dulce protesta
me hizo usted de amor eterno
en un billete muy tierno...
que no quedó sin respuesta.

El Conde

Y por fin mi amada Inés
su puerta — quién lo pensara!
me abrió...

Inés

  Sí.

El Conde

  Pero en la cara
me dio con ella después.

Inés

Cierto, mas sea usted franco.
Si á mi pesar lo hice así,
razones para ello di.

El Conde

Razones de pié de banco.

Inés

La cerré al huésped severa,
si al amigo se la abrí.

El Conde

¿No hay posada para mí
donde la hay para cualquiera?

Inés

Á eso mi humildad responde
con lo pobre de mi estancia.
Hay una inmensa distancia
entre un cualquiera y un Conde.
Ay! cuando mi fe sencilla
con usted comprometí
no supe — triste de mí! —
que es título de Castilla.

El Conde

Lo oculté yo por ventura?

Inés

Puso usted su nombre solo
en la carta...

El Conde

  No por dolo,
sino en señal de ternura.
Y ¿en qué ley, en qué capítulo
del fuero de los amantes
á un Conde se excluye si antes
no tira al rio su título?

Inés

Sería cosa cruel;
pero á usted no puedo yo
dar posada...

El Conde

  Por qué no?

Inés

Con título ni sin él.

El Conde

Pero por qué? Soy yo el coco?
Por qué, Inés, tanto desvío?
Me aborreces?

Inés

  No. Dios mió!

El Conde

Dudas de mi fe?

Inés

  Tampoco.

El Conde

Pues mi rudeza confieso.
Por qué el castigo será? —
Es porque me amas quizá?

Inés

Pues por qué, sino por eso?

El Conde

Quién de tal manera quiso?
Tú me amas, y me destierras!
¡Me amas...

Inés

  Sí, ingrato!

El Conde

  ¡Y me cierras
las puertas del Paraíso! —
Ah! ya entiendo... Á ser tan dura
te obliga...

Inés

  ¡Gracias al cielo...

El Conde

La negra honrilla. ¡Oh modelo
de virtud y de cordura!
Pero amarnos y no vernos
es, hija mia, un suplicio
que no va en zaga al de Ticio
y Tántalo en los infiernos.
Fuerza es que vivamos juntos;
que es necio el amor platónico.
y si mi mal se hace crónico
cuéntame entre los difuntos.
Ni eres santa ni yo estoico,
y pues confeso y convicto
estoy de que este conflicto
exige un remedio heroico,
apelemos...

Inés

  Sí; á la ausencia.

El Conde

Eso es decretar mi muerte,
lejos de...

Inés

  Pues de otra suerte...

El Conde

Sí tal. (Tiene honra y conciencia;
y es tanta su perfección...;
y mi pecho es una fragua...)

Inés

Calla usted!

El Conde

  No. (Pecho al agua!
Pasemos el Rubicon.)
Para que á Francia ó Silesia
yo desolado no emigre
y tu fama no peligre,
Inés!, tomemos iglesia. v

Inés

¿Qué oigo!

El Conde

  No hay otro partido...

Inés

Cierto, pero ¿qué dirán...

El Conde

Lo que se niega al galán
no se negará al marido.

Inés

Pero ¿usted no considera
que á mí no me corresponde
tanto honor? ¡Marido un Conde
de una humilde posadera!

El Conde

También renitente ahora?
Pues si nó, ¿quién nos remedia...
Esto no es una comedia.

Inés

(Entre dientes.)
¿Quién sabe...

El Conde

  Con voz sonora
dirá usted: «Soy»..., ya lo escucho.
aSoy»...

Inés

  Señor Conde! (Está loco.)

El Conde

«Para esposa vuestra poco;
para dama vuestra mucho.))

Inés

Ni á hacer comedias me inclino,
Conde, ni mi estilo es ese;
pero aunque así lo dijese,
diria algún desatino?
Siendo entre dama y galán
cuna y prez tan diferentes,
qué dirán, señor, las gentes?

El Conde

Dale con el qué dirán!
Si fuera usted un vestiglo,
pase, pero ¡tan bonita...

Inés

Eso...

El Conde

  Dirán, Inesita,
que yo marcho con el siglo,

Inés

Dirá la maledicencia:
«Á una plebeya dio el sí
porque sólo pudo así
triunfar de su resistencia.»
Dirán, si á mi frente ciño
la corona de condesa:
«Se ha casado, y ya le pesa,
por tema; no por cariño.»

El Conde

Oh! no... (Si así lo comentan...)

Inés

«Y boda tan desigual
á los dos será fatal...»

El Conde

Nunca! (Y puede que no mientan.)—
¿Qué importa la condición
en que estás, aunque harto humilde,
si en tu conducta no hay tilde
y es noble tu corazón?
¿Ni quién, viendo lo que vales,
y tu finura y tu agrado,
dirá que no te has criado,
Inés, en buenos pañales?
Aunque hoy te falte el boato
que yo á tus gracias prevengo,
¿qué dama de alto abolengo
puede desdeñar tu trato?
Días— oh! sí— más serenos

El Conde

te alumbraron en la cuna,
aunque por mala fortuna
hayas tú venido á menos.

Inés

No hay de verdad un adarme,
aunque el decirlo me duela,
en la curiosa novela
con que usted quiere ilustrarme.

El Conde

Pero...

Inés

  Óigame usted, le ruego,
y deseche esa ilusión.—
Pues, señor, nací en Griñón
hija de un tosco labriego.
Mi madre me destetó —
que esto la pobreza exija!—
para criar á la hija
de una dama de alta pro.
De la próvida lactancia
pagada con profusión,
de Madrid volvió á Griñón
para cuidar de mi infancia.
Cinco años después murió,
cuando yo tenía nueve,
la ilustre dama, y en breve
la mia. Ay Dios!...

El Conde

  Pero yo...

Inés

Era el padre de la niña
que fué mi ángel tutelar,
propietario en mi lugar
y en toda aquella campiña.
Allí de su amargo duelo
vino á consolarse: allí
tanto se prendó de mí —
téngale Dios en el cielo!—,
y la niña á quien bendigo
tal cariño me cobró,
que cuando á Madrid volvió
quiso llevarme consigo.

El Conde

Por supuesto, de niñera...

Inés

No tal. Desde entonces fui —
no sé si lo merecí —
su amiga y su compañera.
«No de lo que yo deseche
te vestirás, dijo, no:
cuantas galas tenga yo
tendrá mi hermana de leche.»
Juntas fuimos al colegio...

El Conde

Pero usted la eclipsaría...

Inés

Oh! eso no. — Y aun gozaría
de tan dulce privilegio
si mi noble protector
conservase su existencia;
mas quiso la Providencia
llamarle á vida mejor.
Partió mi afligida hermana
á vivir con una tia,
mientras el luto cumplia,
en Castellón de la Plana;
y entonces, — que rara vez
viene un mal sin otro en pos —,■
mi querido padre, oh Dios!
cayó enfermo en Aranjuez,
donde á su cargo tenía
esta casa...

El Conde

  Ya preveo...

Inés

Que un dia fué de recreo
y ahora es hospedería. —
Mi hermana, en fin, nos la dio
y con ella algún dinero...

El Conde

Bien: lo demás ya lo infiero.

Inés

Mi padre al año murió.
Ay!...

El Conde

  Dios le tenga en su gloria.
Más te honra y más me consuela
que mi soñada novela
esa interesante historia.
Á mayor bien me convida
casta niña humilde y fresca
que traviata romancesca
tarde y mal arrepentida.
Más quiero, en fin, ser pariente
de un labriego hombre de bien,
que no, como yo sé quién,
serlo de todo viviente.

Inés

Yo...

El Conde

  Lo dicho. Esto se zanja
con una mano y un sí.
Tú has nacido para mí:
tú eres mi media naranja.

Inés

Reflexiónelo usted bien.

El Conde

Cuanto más lo reflexiono
más veo en tu amor mi trono
y entre tus brazos mi Edén.
No me amas?

Inés

  Sí, á mi pesar...

El Conde

Pues á salir del barranco.
Herrar ó quitar el banco.

Inés

Es que yo temo...

El Conde

  Qué?

Inés

  Errar.

El Conde

No digas tal desvario. —
La mano...
  (Inés bájalos ojos y deja que el Conde se apodere de su mano.) Oh dicha! ¡oh laurel...

Inés

Mi corazón...

El Conde

  Cree en él.
Como yo creo en el mió.—
Ahora responde...

Inés

  Respondo.

El Conde

Serás mia?

Inés

  Jesús! Yo...
Cuando no digo que nó...

El Conde

Necesito un sí redondo.

Inés

Pues bien, sí.

El Conde

  Inés!...

Inés

  (Oh vergüenza!)

El Conde

Mañana...

Inés

  No es tan urgente...

El Conde

Entablaré el expediente
conyugal. Don Pedro Atienza...

Inés

Conde!...

El Conde

  Será mi padrino. —
No más huéspedes desde hoy.

Inés

En buen hora.

El Conde

  Loco estoy.
(Anda como desatentado de una parte á otra. ) Lo sabrá todo el Casino.

Inés

No! Ay Dios mió!... Mi rubor...

El Conde

Adiós. (Que rabie Carmela!)
Voy...
  (Va á salir, y se detiene de pronto.) Ah! esta noche hay zarzuela
y sale Caltañazor.
Traeré un palco, Inés preciosa,
y los dos...

Inés

  No!

El Conde

  Me retracto.
Las dos... Pero en un entreacto
subiré...

Inés

  Eso es otra cosa.

El Conde

Adiós... Ah! quiero, alma mia,
pues cesaron tus desdenes,
tu retrato, si le tienes.

Inés

Sí.

El Conde

Cómo?

Inés

  En fotografía.
No hay ya quien no participe
de arte que tan poco cuesta;
no hay cara, aun la más funesta,
que no se daguerreotipe.

El Conde

Dámele pues.

Inés

  Al momento.

(Entra en su habitación, que es la de la derecha cerca del foro.)

ESCENA IV

(EL CONDE.)

El Conde

Oh qué linda y qué discreta!
Es una mujer completa,
un ángel. No me arrepiento.
De aquella antigua pasión
ni reliquias quedan ya...
Inés sola reinará
en mi amante corazón.

ESCENA V

(INÉS, EL CONDE.)

Inés

(Dándole el retrato.)
Toma.

El Conde

  Á ver?
  (Mirando el retrato.) Aun para Edipo
fuera indescifrable enigma
tu gracia bajo el estigma
del fatal daguérreotipo.

Inés

Son mis facciones...

El Conde

  Tal vez...;
mas falta el color aquí
á tu labio de rubí,
frescura y vida á la tez...
Á bien que otro en breve plazo
te hará, sin este siniestro
empaque, el pincel maestro
de Federico Madrazo.
Guardóle.

Inés

  Supongo que...

El Conde

Que yo te he de dar el mío?
Claro está.

Inés

  No desconfió...

El Conde

Con el palco le traeré.—
Adiós! Daremos los dos
envidia al género humano.

Inés

Adiós!

El Conde

  Otra vez la mano.

Inés

Vaya.

(Se la dá y él no se harta de besarla )

El Conde

Adiós!

Inés

  No más!

El Conde

  Adiós!

ESCENA VI

Me ama, si: cómo dudarlo?

Me ama con el alma toda.

¿Qué prueba pudiera darme

más eficaz, más notoria

de su entrañable cariño

que elegirme para esposa—

oh Dios, y con qué deleite!

cuando mérito le sobra,

aun prescindiendo del título

que sin engreírle le honra,

para aspirar á la mano

de alguna ilustre infanzona?

Y no por rico ó por noble,

sábelo Dios, me enamora;

antes eso hace que mi alma

sienta,... no sé..., una zozobra.

Por qué? ¿No se ven ejemplos

todos los días de bodas

más desiguales? ¿Me han visto

codiciar su ejecutoria?

¿No he combatido yo misma,

mintiendo desden mi boca,

su ciego amor? ¿Le he callado

que nací en humilde choza?

¿No han disputado tenaces

palmo á palmo la victoria

mi razón á mis sentidos,

mi modestia á sus lisonjas?

Afuera vanos temores

y bendiga el alma absorta

de mi inefable ventura

la pura y radiante aurora.

ESCENA VII

(INÉS, VENANCIA.)

Venancia

Inés!

Inés

  Ay doña Venancia!

(La abraza.)

Venancia

Me abrazas! Qué ha habido? Lloras!
Malo! Habéis tronado?

Inés

  No.
Las lágrimas que se agolpan
á mis ojos son de pura
alegría.

Venancia

  ¡Bien, paloma,
bien!— Qué cucaña! Es decir
que el Conde...

Inés

  Seré su esposa.

Venancia

Bien! (¡Casada con un título
la hija de la tia Jeroma!)
Reciba mil parabienes
la Condesa mi señora
de esta su criada humilde.

Inés

Criada! Usted me sonroja.
Siempre mi amiga!

Venancia

  Mil gracias,
Inés, (j Miren si la hipócrita
ha sabido engatusarle!)
¿Y cuándo la ceremonia...

Inés

No sé... Esta noche...

Venancia

  Esta noel

Inés

Vamos...

Venancia

  Calle! Á la parroquia?

Inés

No: á la Zarzuela.

Venancia

  Sí? Bueno!

Inés

Me ha ofrecido un palco...

Venancia

  Oig
Pues á vestirte de tiros
largos; que con esa ropa...

Inés

Si: usted también...

Venancia

  Yo despacho
pronto: mi hábito y mi cofia.
Vamos, vamos... Me desvivo
por zarzuelas y por óperas.
Qué hacen? El planeta Venus?
Jugar con fuego? Tramoya?

Inés

No sé. Entremos...

(Entra en su habitación.)

Venancia

  ¡Ah fortuna,
fortuna borracha y loca!

(Al entrar Venancia aparece por el foro Cándido ■)

ESCENA VIII

(CÁNDIDO.)

Cándido

  Prineipia á anochecer.
No la veo... Más adentro
tal vez... Me tiemblan las corvas.-
Aquí vive, y está en casa,
según me ha dicho la moza
que abajo me ha recibido;
mas por ningún lado asoma...
Á qué puerta llamo? Á aquella?
á la de enfrente? á esa otra?—
Á ninguna. Esperaré. —
Ansia de verla me acosa,
y al mismo tiempo el temor
no infundado me acongoja
de ser otra vez el blanco
de su desprecio y su mofa.—
Y sin embargo es preciso
tener corazón de roca
para pagar de ese modo
la firmeza más heroica,
el amor más acendrado
que registran las historias. —
Mas dime, alma de mi cuerpo,
ahora que estamos á solas,
alma de cántaro, dime,
¿por qué, indigna de tal joya,
te obstinas en codiciarla?
¿Por qué mi pasión decoras
con dictados tan sublimes,
si se te viene á la boca
el único que le cuadra,
el de ridicula y tonta?
¿Por qué, mal escarmentado
de la primera derrota,
vuelvo, Inés, tras larga ausencia
á que repitas la solfa? —
Pero si Dios me hizo así,
puedo ser yo de otra forma?
Pero ¿cómo emanciparme
del astro que me remolca? —
Y, la verdad sea dicha,
cuando á mis ayes fué sorda
esa linda criatura,
no tuvo razón de sobra?
¿Qué era yo, quién era yo
para esperar otra cosa?
Nada! nadie! ¡Un escribiente
adocenado..., un autómata!—
Mas ya no soy el de marras.
La fortuna caprichosa
me ha sacado de la esfera
humilde, triste y ramplona
en que un dia vegetaba;
traigo repleta la bolsa;
y aunque no hay oro bastante
en Australia y California
para merecer á quien
tantas gracias atesora,
puede ya Inés sin afrenta
dignarse de ser mi novia.
Ea pues, Cándido insigne!,
ó vuelve á Cuba la proa,
ó si aquel refrán de audaces...
et cestera es un axioma,
saca fuerzas de flaqueza
y los pies de las alforjas.
Quién dijo miedo?
  (Llamando con timidez.) Ah de casa!—
Tiemblo otra vez? Eh!...
  (Esforzando la voz.) Patronal

ESCENA IX

(CÁNDIDO, VENANCIA.)

Venancia

(Vestida ya como dijo.)
Quién es?

Cándido

  Señora... (No es ella!)

Venancia

(Yo conozco esa figura.)

Cándido

Me han dicho que vive aquí
Inés..., Doña Inés Laguna...

Venancia

Sí. Usted querrá habitación...

Cándido

Cierto. (Yo he visto á esa bruja..
no sé dónde.)

Venancia

  Puede usted
acomodarse, si gusta,
en aquella...
(Muestra la de la derecha más distante del foro.)
(No recuerdo...) ó en aquella...
(Señala la puerta lateral de la izquierda,)
  Son las únicas
que hay vacantes en el piso
principal. Abajo hay una,
pero...

Cándido

  En cualquiera: es igual.

Venancia

(Para sí.)
Ah! ya caigo... Él es sin duda.

Cándido

¿Cómo...

Venancia

  Es usted de Griñón?

Cándido

Sí; allí mecieron mi cuna;
pero usted...

Venancia

  ¡Ven á mis brazos,
Cándido mió! Oh ventura!

(Le abraza.)

Cándido

¿Quién...

Venancia

  Soy tu prima Venancia.

Cándido

Sí? (Maldigo mi fortuna.)

Venancia

(Acariciándole.)
¿No haces memoria...

Cándido

  Sí tal,
una memoria confusa...
Prima..., sí..., tercera ó cuarta...

Venancia

No, bobo! Prima segunda.

Cándido

Pero no me sobes tanto,
que no soy piel de gamuza.

Venancia

Siempre te he querido mucho,
y hoy sería esposa tuya... »

Cándido

Mi esposa! Qué estás diciendo?
(Si tal he pensado nunca,
que me aspen.)

Venancia

  De otro lo fui,
y tú tuviste la culpa.

Cándido

No diré yo lo contrario.

Venancia

Como hiciste la locura
de irte á Madrid...

Cándido

  Es verdad!—-
Tú castigaste mi fuga
casándote— ya me acuerdo—
con el bueno del tio Lúeas...

Venancia

Ay! sí.

Cándido

  El barbero de Tiélmes.

Venancia

Barbero? Tú le calumnias.
Cirujano sangrador. —
Gonsuélate: ya soy viuda.

Cándido

Queme consuele? Eso..., tú...

Venancia

Si paso á segundas nupcias,
no me faltará un buen dote,
porque, amén de la pecunia
que tengo ahorrada, Inesilla
va á dejar pronto su industria
para casarse...

Cándido

  (Ah!) Con quién?

Venancia

Con un señor de alta alcurnia.

Cándido

(Santo cielo!)

Venancia

  Con un Conde,
nada menos. — Qué! te turbas?

Cándido

Yo! No tal. (Disimulemos.)
Pero me asombro... (Que angustia!)

Venancia

Yo también; que aunque ella es guapa
y tiene cierta finura,
a! cabo, como tú y yo,
es hija de una palurda.

Cándido

(Infeliz de mí!)

Venancia

  Chiripas
del mundo... En fin, aleluya!
Á mí maldita la pena
que me da..., ni áti...

Cándido

  Ninguna.

(La vida me costará.)

Venancia

Veamos si algo se chupa,
que es lo esencial... Pero el Conde
va avenir...

Cándido

  (Qué haré?...)

Venancia

  *Y á oscuras.
Vuelvo: voy á traer luces...
Siéntate...

Cándido

(Sin moverse.)
  Sí. (Suerte injusta!)

ESCENA X

(CÁNDIDO.)

Cándido

Cayó de un soplo la torre
que mi fantasía ilusa
levantó. Se casa! Oh Dios!...
¡Y entre cajones de azúcar
he venido expresamente
desde la isla de Cuba
á apurar con tal noticia
el cáliz de la amargura!
Yo siempre he tenido, siempre,
ocurrencias oportunas.
¡Mal haya... Pero ¿es milagro,
siendo tanta su hermosura,
que un Conde la solicite?
¿Y cómo cupo en mi obtusa
mollera el necio delirio,
la idea torpe y absurda
de esperar que á mi regalo
guardase amor esa fruta?
¡Ah, que no se hizo la miel
para... ¿Y por qué, pese á Judas!
me estoy aquí? qué hago aquí?
Exponerme á ser la burla
de Aranjuez. Huyamos!— No!
Aunque aumente mi tortura,
¿cómo, tras viaje tan largo,
no verla otra vez..., la última!
(Talareael Conde dentro.) ¿Quién canta... El Conde será. —
No vea en mi cara estúpida
el pesar, la... Aquí me cuelo.

(Entra en el cuarto de Inés.)

ESCENA XI

(EL CONDE, VENANCIA.)

El Conde

Venancia! Inés! Quien alumbra?

Venancia

(Dentro todavía.) Allá voy.
  (Llega con una luz en cada mano.) Bendito sea
y alabado... Ah! Se saluda
al señor Conde...

El Conde

  ¿Inesita...

Venancia

Se está poniendo muy pulcra
para...
  (Suena una campanilla.) Allá voy!

(Deja una luz en el escenario y entra con la otra en la habitación consabida.)

El Conde

  En casándome,...
doy de baja á esa lechuza.

Inés

(Dentro.) Socorro!

El Conde

  Qué oigo!

Venancia

(Dentro.) Ladrones!

(Salen despavoridas las dos, y poco después Can dido.)

ESCENA XII

(EL CONDE, INÉS, VENANCIA, CÁNDIDO.)

El Conde

Volemos...

Inés

  Favor!

Venancia

  Favor!

El Conde

Qué es esto?.

Venancia

  Un hombre!

Inés

  En mi cuarto!

Cándido

No hay que asustarse. Soy yo.

El Conde

Quién es yol quién es usted?

Venancia

(Ah! Cándido!...)

Cándido

(Muy turbado.) Soy... Yo soy...

El Conde

Eh?

Cándido

Nadie. (Qué hermosa!) Un huésped...

El Conde

Tiembla usted!

Cándido

  ¿Quién... No es temblor.

El Conde

Á qué ha entrado usted ahí?

Inés

No conozco á ese hombre.

Cándido

  (¿Atroz
desengaño!)

Venancia

  Yo...

Cándido

  Pensé...
Como no había farol...
Soy forastero...

El Conde

  Este quídam
es sospechoso.

Venancia

  El señor...

Cándido

Yo ¿por qué? Esto me faltaba!

El Conde

Colarse así de rondón!
Sorprender á una señora....

Cándido

No hay tal sorpresa. Yo no...

El Conde

(Á Inés )
Cada vez se turba más.

Cándido

Me turbo porque... (Ay dolor')

El Conde

Ó es usted un libertino...

Cándido

No tal. Jesús!...

El Conde

  Ó un ladrón.

Cándido

Ladrón? Miente quien lo diga.

El Conde

Cómo! Me alza usted la voz?

Venancia

Yo diré...

Cándido

  ¿Qué hombre de bien
oye con resignación
fulminar sobre su frente
una injuria tan feroz?

Inés

Él parece un infeliz... l

Venancia

(Ah qué idea!...)

Cándido

  Voto á bríos!...
Perdone usted, señorita:
fué un lapsus... Se me escapó. —
¿Quién ve claro, si no es buho,
cuando ya se ha puesto el sol?
Pido un cuarto, me lo indican,
y á otro distinto me voy;
á nadie veo al entrar;
me sofocaba el calor;
guiado por el crepúsculo
y viendo abierto el balcón,
me asomo á él; siento pasos
detras; veo el resplandor
de una luz; me vuelvo; al verme
se espanta y huye veloz
una mujer, otra luego,
gritando á cuál más las dos;
yo las sigo; y sin oir
mí sencilla explicación,
llueven sobre mí anatemas,
soy un tuno, un malhechor,
un Tarquino... Dios lo quiere!
Téngamelo en cuenta Dios.

El Conde

Voy viendo que era infundado,
querida Inés, tu terror.

Inés

Sin duda.

Venancia

  (Si le pudiera
comprometer...)

El Conde

  Bien; me doy
por satisfecho.

Cándido

(Con amargura.) Mil gracias.
(Muestra con continuos gestos y ademanes su interno
pesar y su indecisión.)

Venancia

(Él es un bobalicón...)

Inés

Yo también,

Cándido

  Sí? Y yo. (¿Por qué
no se fué á pique el vapor
que me trajo á Europa? Ay necio!)
Con permiso.,. Con perdón...

El Conde

No hay de qué...
(Á Inés.) Está turulato.

Inés

(Esas facciones... No es hoy,
creo, la primera vez...)

Cándido

No daré nueva ocasión,
lo juro...
(Con resolución.) Adiós para siempre!

Venancia

Detente! ¡Huyes, salteador,
dejando comprometida
con tu audacia mi opinión!

Inés

¿Cómo...

Cándido

  Esta es otra!

Venancia

  Si Inés,
si el Conde, á cuyo valor
apelo ahora, se dan
por satisfechos, yo no.

El Conde

¿Qué oigo!

Cándido

  Qué intenta esa momia?

Inés

Señora!..

Venancia

  En la habitación
donde ese hombre fementido
clandestinamente entró
las dos dormimos.

Cándido

  ¿Y qué...

Venancia

También — consta en el padrón—

Venancia

soy yo bello sexo.

El Conde

  Calle!
(Bello sexo!) Sí, en rigor...

Cándido

Mujer, pase, pero...

El Conde

(Á Inés.) Cómica
va siendo la situación.

Cándido

Pero ¡bello sexo!

Venancia

  Infame!
Cuando yo estaba en la flor
de mis años, ese aleve
mis favores pretendió.

Cándido

Yo? Mentira!

Venancia

  Y ya ve usted
que entrar hoy de hoz y de coz
en mi cuarto...

El Conde

  Oiga! Pues esto
tiene ya más de un bemol.
(Aparte coa Inés.) Riámonos á su costa.

Inés

Eh! no. Me da compasión.

Cándido

(Reniego de mí y del padre
que en mal hora me engendró.)

El Conde

Los indicios son vehementes;
el lance es de Calderón.

Cándido

Del demonio!

El Conde

  Y todavía
para los hombres de pro
aquella jurisprudencia
dramática está en vigor.
No hay más remedio que hacer
de las tripas corazón
y casarse con Venancia.

Cándido

Oh! antes...

El Conde

  Lo exige su honor...

Venancia

Sí.

Inés

(Aparte al Conde.) Pobre hombre!...

Cándido

  Señor mió..

Inés

Basta ya...

El Conde

  Y lo exijo yo.

Cándido

Caballero, yo soy hombre
de apacible condición;
mas ya me ha apurado usted
la paciencia, y la de Job
claudicaría al oir
tan bárbara sinrazón.
Cuando yo quiera casarme
buscaré mujer ad hoc,
y para dármela, usted.
no tiene jurisdicción.
Y diga lo que dijere
el poeta que escribió
El mayor monstruo los celos —
(Mirando á Venancia.) yo conozco otro mayor—...

Venancia

Eh?

Cándido

Y Lope, y Tirso, y, en fin,
todo el Parnaso español,
y el Areopago de Atenas,
y Radamanto, y Pluton,
no estoy tan desesperado —
aunque bastante lo estoy —
que consienta en ser marido
de semejante visión.

Venancia

Vision? ¡Oiga el muy,..

El Conde

(á Inés.) Es donoso.

Cándido

(Con suma exaltación.)
¿Qué he hecho yo, Dios de Jacob,
para castigarme así?
(Mirando á Inés.) (Esta... ay triste! —
  (Mirando á Vanancia.) Esa... Oh furor!)
(Encarándose con el Conde.) Todo lo. que quiera usted
seré: bandido, ladrón...;
todo, menos...

Inés

  Ay! me espanta.
Loco!...

Venancia

  Ay! sí.

Cándido

  Sí, loco soy.

Venancia

Siento...

Cándido

  Atrás!

El Conde

  Yo...

Cándido

  Paso al loco!

Venancia

Pero...

Cándido

  Atrás!
  (Echando á Inés una mirada de desconsuelo.) (Ingrata!) Adiós!

ESCENA XIII

(EL CONDE, INÉS, VENANCIA.)

Inés

Loco! ¡Lástima...

El Conde

  No; un ente
original, un hurón...

Venancia

(Estoy volada.)

El Conde

  Mi broma
le ha puesto de mal humor,
y no lo extraño, que ha sido
mayúscula.

Venancia

(Con risa forzada.)
  Sí tal. Oh!...
Yo también me chanceaba...

El Conde

De veras? Tanto mejor.

Venancia

(Ah!)

El Conde

  Ya es tarde. Toma el palco
y el retrato.
  (Los toma Inés.) Yo me voy;
que he de escribir esta noche
á Motril, á Castropol...

Inés

Nos veremos luego?

El Conde

(Besando la mano á Inés.)
  Sí,
prenda de mi corazón.

ESCENA XIV

(INÉS, VENANCIA.)

Inés

Vamos?

Venancia

  Sí. (Á ver si me alegra un poco Caltañazor.)

Inés

Ah! los guantes..., el abrigo...
Voy...

Venancia

  Yo iré. (Qué sofocón!)

ESCENA XV

(INÉS.)

(Abriendo la caja que contiene el retrato.)

Inés

Veamos la grata imagen
del que mi alma cautivó.
(Mira el retrato.) Ah! no es el suyo: es... Dios mió!
de una mujer. Oh rubor!
(Acercándose á la luz y mirando con atención el retrato.) ¿Quién será... Oh! es Carmen! es Carmen!
¿Cómo... Amarga decepción!
¡Mi protectora, mi amiga,
mi hermana! Hombre sin pudor,
así me vendes? ¿así
vendes, perjuro, á las dos?

ESCENA XVI

(INÉS, VENANCIA.)

Venancia

(Dando á Inés los guantes y chai y poniéndose los suyos.)
Toma...

Inés

  Yo castigaré
al inicuo burlador.

Venancia

Qué dice?

Inés

  Por el telégrafo
la llamaré...

Venancia

  Á quién?

Inés

  Gran Dios!

Venancia

Qué ocurre?

Inés

(Guardando el retrato.)
  Sígame usted.

Venancia

Á la Zarzuela?

Inés

  No.
  (Tirando al suelo el billete.) No!

Venancia

(También loca! Es epidemia?)
Sepamos por qué razón...
Ah! ¿El Conde...

Inés

  No vuelva usted
á nombrar á ese traidor,
sino para maldecirle
como le maldigo yo.

("Váse por la puerta del foro y Venancia la sigue santiguándose.)

Acto segundo

ESCENA PRIMERA

(INÉS.)

Inés

Siento dar una molestia,
y un pesar tal vez á Carmen;
mas faltándome su auxilio,
recio sería el combate
quizá, y yo no lograría
confundir á aquel infame. —
Que no cambió los retratos
con designio de injuriarme,
es evidente. Si su alma
los abrigaba culpables
contra mi honra, necedad
que no se le ocurre á nadie
fuera el querer merecerme
haciendo gratuito alarde
de inconstancia y de perfidia.
No, no: su yerro, aunque grave
fué casual, fué involuntario,
y para que yo me salve
Dios lo permitió. Bendigo
su providencia inefable. —
Él — oh sorpresa! oh falacia! —
él poseía tu imagen,
hermana mia, y sin duda
en prenda se la entregaste
de candido amor, que el pérfido
paga con tan vil ultraje.
No en vano una voz secreta,
acusándome de frágil,
en vez de gratos placeres
me presagiaba desastres. —
Pero, sin mediar amores,
bien pudo; — que esto es muy fácil
hoy que la fotografía
vulgariza los semblantes,
adquirir su efigie á título
de amigo ó de tertuliante.
Y ella en carta muy reciente
me habló de próximo enlace
con otro... Bien podrá ser
imaginario el desaire
y que, reo solamente
de distracción excusable,
el Conde se justifique...
No, corazón, no me engañes.
Lo cierto y lo justo fué
lo que anoche me inspiraste.
No me aconsejes ahora
sutil, artero y cobarde
que haga á la amistad traición
y mi noble orgullo empañe.

ESCENA II

(INÉS, VENANCIA.)

Venancia

(Saliendo de la habitación lateral de la izquierda.
Ya está la sala. ¿En qué alcoba
se hace la cama?

Inés

  En la grande.
Yo también dormiré en ella.

Venancia

¿Juntas las dos...

Inés

  Sí, como antes
de nuestra separación.
Caben allí los dos catres.

Venancia

Sí.

Inés

En el otro dormitorio,
que tiene puerta de escape,
el tocador.

Venancia

  Está bien.

Inés

Haga usted que se trasladen
los muebles...

Venancia

  Pierde cuidado.

Inés

Que ayuden Casilda y Jaime.

Venancia

Bien, bien. El juego de cama
con guarniciones de encaje...

Inés

Para mi hermana. — Prontito,
que luego que usted despache
hemos de ir á recibirla
en la estación.

Venancia

  No te afanes,
Vendrá en el segundo tren.

Inés

Tal creo.

Venancia

  Y quizá más tarde;
que no madrugan las damas
de Madrid.— ¡Vaya que el diantre
del retrato... ¡Y justamente
ser de quien es! Pues ¿y el lance
de...

Inés

¡Por Dios, Doña Venancia...

Venancia

Voy, voy... (Bien dicen que el martes...)
Ayer fué martes, Inés!

Inés

Bien, y hoy miércoles,

Venancia

  (El cafre
de mi primo... Ay!)

Inés

  ¡Vamos...

Venancia

  Voy.

(Entra en la habitación de la izquierda.)

ESCENA III

(INÉS.)

Inés

Con esa mujer soy mártir.
Pues si ahora las dos empiezan
á charlar, Dios nos ampare.
Iré yo...

Carmen

(Dentro.) Inés!

Inés

  Ah! mi hermana!
¡Tan pronto... Vuelo...

(Corre hacia el foro y recibe en sus brazos á Carmen, que llega, también corriendo.)

ESCENA IV

(INÉS, CARMEN.)

Carmen

  Inés!

Inés

  Carmen!
Cada dia más hermosa.

Carmen

Y tú?

(Sedan repetidos besos.; Hermana mia!)

Inés

  Mi ángel!

(Llegan por el foro el aya de Carmen, señora mayor, y un mozo con uno de esos 'laúles de; viaje que llaman mundos.)

Carmen

Me has llamado, y obediente...

Inés

Gracias.
  (indicando la puerta lateral de la izquierda.) Allí el equipaje. —
Esta señora...

Carmen

  Mi aya.
Sígale usted, Doña Práxedes.
(El aya bace una salutación muda y entra con el mozo en dicha habitación.) Aquel es mi cuarto?

Inés

  E] nuestro
querrás decir.

Carmen

  Ah! bien, bien.

Inés

Las dos dueñas venerables
se alojarán en aquel.

(El que era de Inés y Venancia en el acto primero.)

Carmen

Mejor.

Inés

  Mas no han acabado
de aviar... Ven aquí, ven...
Hablaremos...
  (Se sientan.) No esperaba
tener tan pronto el placer
de abrazarte.

Carmen

  Cómo no?
Recibo anoche el papel
en que dices á tu hermana:
«Ven: te necesita Inés»;
las horas se me hacen siglos,
y pudiendo, amiga fiel,
volar á ti en el primero,
¿cómo hasta el segundo tren
diferirlo?

Inés

  ¡Cuando digo
que eres un ángel...

Carmen

  ¿Y qué...
Di me...

Inés

  Te habrás levantado,
querida, al amanecer...

Carmen

Qué importa?

Inés

  Haré que te sirvan
algo...

Carmen

  Ahora nada. Después...
Tomé en Madrid chocolate.

(Vuelve el mozo de vacío y se retira por el foro.)

Inés

Supongo que te tendré
una temporada aquí.

Carmen

Veremos...

Inés

  Siquiera un mes.

Carmen

No tanto. — Pero habla: estoy
en ascuas hasta saber
para qué con tanta urgencia
me haces venir á Aranjuez.
Alguna desgracia?

Inés

  (Ay!) No;
al contrario...

Carmen

  Dime pues...

Inés

Un lance imprevisto, raro,
inaudito.

Carmen

  ¿Cuándo...

Inés

  Ayer.

Carmen

Funesto?

Inés

  De todo tiene,
de tragedia y de entremés.

Carmen

¿El héroe...

Inés

  Un traidor.

Carmen

  ¿La víctima...

Inés

Todavía no lo sé.

Carmen

¿Qué misterio...

Inés

  Y bien pudieran
ser dos...

Carmen

  Dos!

Inés

  Acaso tres.

Carmen

¿Cómo...

Inés

  Antes de referirte
mi aventura, es menester
que hagas conmigo un examen
de conciencia.

Carmen

(sonriéndose.) Sí? Le haré.

Inés

Es libre tu corazón?

Carmen

Libre? Lo es y no lo es. —
Ya que eres tú misteriosa,
quiero serlo yo también.

Inés

Tú me escribiste que te ibas
á casar...

Carmen

  No te engañé.
El novio me importunaba,
y hube de decirle amén.

Inés

(Ah!) El nombre?

Carmen

  Don Claudio Robles,
natural de Santander;
un capitalista...

Inés

♦ Y... ¿le amas?

Carmen

Creo que no; mas, ya ves,
sin padres y sin marido,
qué hace una pobre mujer?—
Su persona... no repugna,
aunque no es mozo novel...
Mas ni aun para requebrarme
acierta el buen montañés
á poetizar un poco
su jerga de mercader.
Oh! me tiene ya abrumada
de giros y pagarés
y pólizas y talones...
Mas no romperá la fe
jurada como...

Inés

  En tu pecho
¿quedaron chispas tal vez
de otro amor...

Carmen

  Reminiscencias
que no me impiden comer
y dormir tranquilamente.
¿Yo amor á un falso, á un infiel...
Odio más bien.... No, ni aun eso,
desvio...

Inés

  Carmen!

Carmen

  Desden.

Inés

(Dios lo haga!) En fin, pues te casas
con otro, debo creer...

Carmen

Me caso por conveniencia,
y acaso por altivez.
Creerá aquel necio que aun tiene
sobre mi alma algún poder
si permanezco soltera.

Inés

Para otro será el laurel
más que para ti. Á don Claudio
puedo dar el parabién;
átí..., yo no sé...

Carmen

  Á los dos.

Inés

Y dime, ¿has vuelto á saber
del otro...

Carmen

  Nada. Reñimos—
un año hará en San Andrés—
y á decirte la verdad,
pueril el motivo fué.
Por celos..., ó por orgullo,
que uno y otro pudo ser,
le habia exigido yo
la sumisión de un lebrel.
Si blanda y dulce al principio,
paracióle al fin mi ley
degradante... Tascó el freno,
yo resistí y porfié...
En fin, querida, tronamos;
se fué rebosando hiél;
y ni yo quise llamarle
ni él ha vuelto á parecer.

Inés

No lo debes extrañar.

Carmen

Don Claudio es todo al revés.
No me deja á sol ni á sombra.
No se agarra á la pared
tan tenazmente la hiedra
como... Oh, Dios, qué pesadez!
Gracias al ferro-carril
hoy me veo libre de él,
y aun me parece mentira. —
Pero acaba: ¿no sabré
con qué objeto...

Inés

  Antes — perdona —
quiero que me digas quién...

Carmen

Quién fué el primer aspirante?

Inés

(Tiemblo!)

Carmen

  Don Carlos Rangel...

Inés

(Ah!)

Carmen

  Tu semblante se altera!—
Conde de Valonga.

Inés

  Él es!
(Se levanta y Carmen también.) Ay Carmen!

(La abraza.)

Carmen

  Qué! le conoces?

Inés

Sí.

Carmen

Cómo!

Inés

  Está en Aranjuez.

Carmen

Ah! Es tu huésped?

Inés

  Más!

Carmen

Tu amante?

Inés

Aun más!

Carmen

  Dilo de una vez.

Inés

Es mi prometido esposo..

Carmen

Tu esposo! (Dios de Israel!)
Recibe mi enhorabuena.

Inés

Permito que me la des,
mas sólo por verme libre
de las garras de Luzbel.

Carmen

¡Cómo...

Inés

  Tras larga porfía,
y no por conde ó marqués;
que yo nunca he deseado
salirme de mi nivel,
sino... porque me agradaba,
que no te lo negaré,
ayer fué tal su elocuencia,
ó tanta mi candidez,
que, por mal de mis pecados,,
el fatal sí pronuncié. —
Pero no estaba de Dios
que yo cayese en la red.
Me propuso que cambiásemos
los retratos; le entregué
el mío; él me prometió
traerme al anochecer
el suyo; me dio esta caja;
tenía prisa; se fué;
abro la caja, y en ella
Veo... (Abre la caja.)

Carmen

  Qué? (Mira el retrato.)

Inés

  Lo que tú ves.

Carmen

Mi retrato! Oh bastardía!
Nunca le reconvendré
por su inconstancia, no; que antes
se la debo agradecer;
pero despreciarme así!
¡Blasonar el descortes
de caballero, y portarse
como un villano soez! —
Ah! perdóname. Él te adora,
vá á ser tuyo, y mi deber...,
mi cariño...

Inés

  No prosigas.
Postiza fuera en mi sien
la corona de Condesa.

Carmen

No; y aun es poco: un dosel
mereces...

Inés

  Yo!

Carmen

  No á mi orgullo
sacrifiques tu interés.

Inés

Mi ínteres! Por Dios, no me hagas
una injuria tan cruel.

Carmen

Tu amor quería decir,
tu ventura...

Inés

  Si le amé
"mientras no supe que un dia
besó cautivo tus pies,
ya le odio...

Carmen

(Abrazándola.) Hermana de mi alma!

Inés

Por ti, por mí, y por mujer.
Yo, la última de mi sexo,
su dignidad sostendré.
Eso que llamas amor
fué..., qué se yo?, una sandez,
un vértigo... Yo no puedo,
Carmen, ni debo querer
á nadie, á nadie en el mundo
sino á ti.

Carmen

  Mi buena Inés!

Inés

Y ¿qué sabemos.. Acaso...

Carmen

Qué?

Inés

  Acaso os reconciliéis...

Carmen

Jamás!

Inés

  Por qué no? Él vendrá
á decir: «Señor, pequé!»
luego que su error advierta.
Yo no le daré cuartel.

Carmen

Confundámosle las dos...

Inés

No, no: á ti no te está bien...

Carmen

Cierto. Pensaria el fatuo
que, vencida mi esquivez,
vengo á implorar...

Inés

  Un carruaje!
Sin duda es su cabriolé. —
Vete; no nos vea juntas.
Yo sola seré su juez;
pero juez inexorable.
(Acercándose al foro.) Ya sube!

Carmen

  (¡Y yo en negligé
de viaje!) Adiós!

(Entra precipitadamente en la habitación designada.)

El Conde

(á la puerta.) (Aquí está.)
Con permiso...

Inés

  Pase usted.

ESCENA V

(INÉS, EL CONDE.)

El Conde

(Qué grave!) Inés!... Prenda amada!...
No sé cómo dar principio...
Furiosa estarás sin duda...

Inés

Yo...

El Conde

  Pero suspende el juicio
hasta oirme.— Pensé anoche
verte en el palco, bien mió;
pero no me fué posible.
El correo fué prolijo,
y después el Presidente
del Consejo de Ministros
me llamó para un asunto...
Yo no sé si ya te he dicho
que aspiro á ser diputado...

Inés

EJi!

El Conde

Pues me ofreció un distrito...

Inés

Qué me importa? Al grano, Conde.

El Conde

En fin, á las doce y pico
me retiré. — ¿Pensarás
que fué mi sueño tranquilo?
No, que si el pesar desvela,
también el gozo excesivo.
Me levanté con la aurora,
siempre el pensamiento fijo
en la gloria que me espera
con poseer tus hechizos.
No sabiendo en qué ocuparme
para hacer tiempo, registro
Ja papelera, y advierto
que anoche— atroz desatino! —
en lugar de mi retrato,
te entregué— ya lo habrás visto—
otro... Ah! ten piedad de mí.
(Queriendo arrodillarse é impidiéndosele Inés.) Mírame á tus pies contrito.

Inés

Quieto! No gusto de farsas.

El Conde

Mi bien!...

Inés

  Quieto, ó me retiro.

El Conde

«Volemos, dije; es urgente
ir á expiar mi delito...
Pero aun estará en la cama,
y á tal hora, no me es lícito
visitarla. ¿Qué dirían
si tal viesen los vecinos?»
Tras de este breve monólogo,
hago que anganche Fabricio;
me siento en el~ cabriolé,
trota mi caballo ad líbitum
dos horas, y al cabo de ellas
á implorar vengo sumiso
tu perdón.

Inés

  Si no es más que eso,
perdonado y autos.

El Conde

  ¡ídolo
de mi corazón!

Inés

  Despacio!
Perdono, mas no transijo.
Todo acabó entre nosotros.

El Conde

Pero, alma mia, un descuido
trivial, una distracción
sin malicia, sin designio,
¿me ha de privar para siempre
de tu gracia? El regocijo
de verme amante dichoso
y en vísperas de marido
me atolondró, y el correo...,
y el palco..., y el laberinto
de proyectos, de esperanzas,
de anticipados deliquios
que en circunstancias tan críticas
sacan á un hombre de tino;
todo esto y la escasa luz,
y estar yo fuera de quicio,
oh Inés! cuando no me alumbra
la de tus ojos divinos,
disculpan la leve falta
cuyo indulto solicito.

Inés

Leve? No. Bien se me alcanza
que esa trocatinta ha sido
casual. Ni á usted convenía
hacer de mi fé ludibrio
infame...

El Conde

  De ningún modo.

Inés

Ni yo en tan poco me estimo,
que expuesta me crea nunca
á un ultraje tan indigno.
Pero el retrato en cuestión
es de una hermosa. ¿Á qué título
podia usted poseerlo
sino al de amante?

El Conde

  (Preciso
será mentir.) ¿Por qué no
á fuer de deudo propincuo...

Inés

De hermano tal vez...

El Conde

  Cabal:
su hermano soy.

Inés

  (Hombre inicuo!)
Es usted un impostor.
Yo conozco...

El Conde

  (Soy perdido!)
¿La conoce usted...

Inés

  De vista.

El Conde

Yo... (Me corto como un niño.)
(Con resolución después de una breve pausa.) He mentido, sí: á tal mengua
me arrastró, Inés, el peligro
de perderte. Aquel retrato,
que ya detesto y maldigo,
es de una joven á quien,
no por amor, por capricho,
obsequié. Va á hacer ya un año
que la condené al olvido
por vana y superficial;
mas dado que mi cariño
hubiera sido sincero,
¿por qué más tierno y más fino
no has podido tú inspirármelo
cuando tanto en atractivos
la aventajas?

Inés

  Nada de eso.
(Valor!)

El Conde

  ¿Es algún prodigio
galantear una en pos de otra,
siendo diversos sus tipos,
á dos mujeres un hombre?
¿Quién no prefiere á los tibios
rayos de la instable luna
del sol el radiante disco?
¿Quién, antes de cautivar
para siempre su albedrio,
en escarceos galantes
no se ejercita novicio?
¿Quién, en fin, cuando alma y cuerpo
conservan todo su brio,
tras de la primer campaña
se retira del servicio?

Inés

Basta. (Si le dejo hablar
va á dar al traste conmigo.)

El Conde

Ahora bien, huya la nube
que eclipsó mi astro benigno,
y dame el retrato intruso.

Inés

Muy bien. Trae usted el mío?

El Conde

¿Qué escucho! No es ese el cambio
que yo...,

Inés

  Pues otro no admito.

El Conde

Crueldad!...

Inés

  No es sino cordura.

El Conde

No hay arbitrio?

Inés

  No hay arbitrio.

El Conde

¡Privarme yo de tu dulce
imagen! Tal sacrificio
es superior á mis fuerzas; —
pero ¿nada de egoísmo!
(Saca un retrato.) Aquí te traigo la mia.
Tómala: yo te suplico...

Inés

Para qué la quiero yo?

El Conde

Ingrata!... Mira: no exijo
que me vuelvas el retrato
con que anoche inadvertido
te sorprendí. En hora buena
guárdale — yo lo permito —
como trofeo...

Inés

  Mil gracias.
Ni yo á trofeos aspiro,
ni el busto que usted desecha
es el que yo necesito,
sino el mió.

El Conde

  Pues perdona,
que no le suelto ni á tiros.

Inés

Conde, esa acción no es de conde,
sino...

El Conde

  De qué?

Inés

  De bandido.
(¡Ay, que el alma la agradece
aunque la condena impío
el labio!)

El Conde

  Si no te amase
¿pondría yo tanto ahinco
en conservar...

Inés

  Bien: por eso
no tendremos un litigio.
Mas ¿qué vale poseer
el trasunto mudo y frió,
si nunca el original
será de usted?

El Conde

  Es de risco
tu corazón. Nunca!

Inés

  Nunca:
pongo al cielo por testigo.

El Conde

Adiós!

(Da algunos pasos hacia el foro.)

Inés

  Abur! — Oiga usted!

El Conde

(Volviendo.)
Ah! ¿Cedes al fin...

Inés

  Delirio! —
Venga ese retrato.

El Conde

  Oh! toma,
y el alma...

Inés

  Tenga entendido
el señor Conde que sólo
en rehenes le recibo
del que guarda á mi pesar.

El Conde

Pero...

Inés

  Así me garantizo
de ser mañana trofeo
de otra beldad. — Mas qué digo?
Por breves horas le guardó,
porque de usted no me fío.

El Conde

¡Nunca...

Inés

  Hoy se ha de hacer el canje.

El Conde

Pero, hija, ¿es posible...

Inés

  Hoy mismo.

El Conde

Oye...

Inés

  Antes que el sol se ponga
vuelve á mis manos el mío,
ó clavo este en un balcón
para escarmiento de picaros.

(Entra en la habitación de la izquierda.)

ESCENA VI

(EL CONDE.)

El Conde

¡Qué energía de mujer
tan impropia de este siglo! —
Pero ¡que haya sido yo
tan loco, tan torbellino!...
Guardaba el busto de Carmen,
porque en efecto es bonito,
y por necia vanidad
que hoy lleva justo castigo.
Reniego de mi torpeza! —
Pues me luzco, vive Cristo!,
si cumple Inés su amenaza.
¡Condenado yo al suplicio
que sufre el pobre murciélago
cuando muchachos malignos
le prenden! No habrá en Europa
personaje tan ridículo
como yo.— No, no hará tal.
Se picó, tiene puntillo,
y es natural que me trate
con enojo y con desvío;
pero pasará el chubasco
y en su corazón sencillo
volveré á reinar: no hay duda.
Lo cierto y lo positivo
es que tomó mi retrato,
y este es vehemente indicio
de que me ama todavía.
De otro modo, no concibo
que le recibiera Inés
ni aun para darle martirio.

(Medita en silencio.)

ESCENA VII

(EL CONDE, CÁNDIDO.)

Cándido

(Otra vez aquí me trae
la ojeriza de mi signo.)

El Conde

(Venceré, sí: será mia.)

Cándido

(¿Qué veo! El Conde maldito!)

El Conde

(Volveré...
  ("Viendo á Cándido.) Calle! ¡Otra vez
ese burlesco individuo!
(Riéndose) Ya me perezco de risa
sólo de verle.) Hola, amigo!
¿Vuelve usted á la querencia
de Venancia? Es buen partido.

Cándido

Vuelvo á lo que vuelvo. Á usted
¿qué le importa?

El Conde

  ¡Siempre esquivo
y gruñón! — Yo, si merezco
tanta honra, seré el padrino...

Cándido

Hum!...

El Conde

  Y dotaré á la novia.

Cándido

(No sé cómo me reprimo.)
(Con ira.) Señor Conde!...

(Risotada del Conde.)

El Conde

  «Paso al loco!»

(Se va, riendo á carcajadas.)

Cándido

(Siguiendo al Conde.)
Oiga usted, caballerito!...

ESCENA VIII

(CÁNDIDO.)

(Volviendo.)

Cándido

No! Si ahora doy otro escándalo
dirá Inés que soy un díscolo,
no querrá verme ni oirme...
Dejemos á ese aturdido...
Pero si da en hostigarme,
aunque soy manso y pacífico
harto será que algún dia
no le rompa yo el bautismo.

ESCENA IX

(CÁNDIDO, INÉS.)

Inés

(Saliendo.)
(Ya el sacrificio está hecho,
y no me pesa.) ¿Qué miro!
Huyamos...

Cándido

(Cayendo de rodillas.)
  ¡Óigame usted,
Inés!... Por Dios se lo pido!

Inés

Bien. (Tratarle con dulzura
es mejor.) Hable usted, sí,
pero no en esa postura.

Cándido

(Levantándose.)
Se ha espantado usted de mí?

Inés

...No...

Cándido

  Qué mucho? Tanta fué
anoche mi extravagancia,
y tanto me exasperé
con el Conde y con Venancia...
Mas si con él y con ella
fui tan hosco y tan hurón;
para usted, linda doncella,
no hay hiél en mi corazón.

Inés

(Recapacitando.)

(Sí..., esa cara...)

Cándido

  Aquella arpía
me reconoció al momento;
y usted, Inés— suerte impía! —,
usted no!

Inés

  Perdón... Yo siento...
Algo al ver á usted, sí, algo
recordó la mente mía...

Cándido

Es tan poco lo que valgo,
qua aun ese algo es gollería.

Inés

Otra vez pido perdón
si mi memoria es premiosa,
mas no era mi situación,
ni aun lo es hoy, para otra cosa.
Cuidados muy graves...

Cándido

  Pues—
perdone usted mi osadía—
preciso será que Inés
oiga mi biografía.

Inés

Bien, sí, bien.

Cándido

  Nací en Griñón...

Inés

Yo también.

Cándido

  En dia opaco,
bajo la constelación
más picara del Zodiaco.
Poco pude yo estudiar
criándome entre barbechos;
no obstante, fui en mi lugar—
ahí es nada! — fiel de fechos.
Me dio, mientras lo ejercí,
cargo de tal entidad
una ración de, hambre...

Inés

(Scnriéndose.) Si.

Cándido

Y otra de necesidad.—
Una niña sin fortuna
crecía hermosa á mi lado,
hija de Pedro Laguna
mi amigo...

Inés

  Oh padre adorado!
(Entre dientes.) ¿Será...

Cándido

  Qué?

Inés

  Siga usted.

Cándido

  Sigo.
¡Cuántas veces — no me riña
usted si ahora se lo digo—
cuánto besé á aquella niña!—
Mas sin gravar mi conciencia.

Inés

(Sonriéndose.)
Ya.

Cándido

Ella párvula, yo adulto,
creo que...

Inés

  Sin penitencia
concedo á usted el indulto.

Cándido

Después (ay!) la recibió
de los brazos de su padre
otra niña que mamó...

Inés

De los pechos de mi madre.

Cándido

Criada Inés en la Corte,
de la cuál fué gala y prez,
quedé yo con su transporte
como sin el agua el pez.
Andando el tiempo, el papá
de la otra, Don Juan Peralta...

Inés

Todo lo recuerdo ya.

Cándido

Sí?

Inés

(El nombre sólo me falta.)

Cándido

Por influjo del buen Pedro
me recibió de amanuense.
Á él debí tan alto medro.

Inés

Medro!...

Cándido

  Dios le recompense.—
La que con gracia infantil
vi triscar por las praderas,
ya era una moza gentil
de dieciseis primaveras.

Inés

Cándido!...

Cándido

  Gracias á Dios!—
Y atribulado mi pecho
desde que, oh cielo! á los dos
nos cobijó el mismo techo...

Inés

Sí. (Pobre Cándido!)

Cándido

  El que era
cariño angélico un dia,
llegó á ser voraz hoguera,
delirante idolatría.

Inés

Basta!

Cándido

(Con despecho.)
  Por qué ha de bastar?
Cuando nada más exijo,
y eso bien á mi pesar,
por qué no oirme?

Inés

  (Le aflijo...)
Hable usted.

Cándido

  Temí— era claro-
incurrir en su desprecio;
que aunque raro, no tan raro;
y aunque necio, no tan necio.
Sufría pues y callaba,
y en un año, aunque sentía
viendo á usted caer mi baba,
no dije esta boca es mia.
Y en vano callé mi afán,
porque le hacían patente,
ya un congojoso ademan,
ya un suspiro impertinente,
y al mirar — aciaga estrella! —
mis gestos de pitonisa,
más de una vez á mi bella
le retozaba la risa.

Inés

No á una pasión, á un resabio
los achaqué, á un accidente...,
y si alguna vez mi labio
rió involuntariamente...

Cándido

Lo excuso. Hizo usted muy bien
en sacar, Inés, su escote.
¿Á quién no dan risa, á quién
las muecas de un pasmarote? —
Pero yo no me arredré;
que en mi supina ignorancia
todo, ay Dios! con ciega fe
lo convertía en sustancia,
y aunque con tales premisas
debia darme por muerto,
en una de aquellas risas
creí ver el cielo abierto.
«Tanto callar es ya mengua,
dije para mí: no en vano
me ha dado Dios una lengua
como á todo fiel cristiano.»
Y el diablo me hizo orador,
y al adorado tormento
declaro al fin— pecador! —
mi atrevido pensamiento;
y á mi discurso elocuente
la bella— hay horas menguadas!—
respondió con un torrente
de sonoras carcajadas.

Inés

Ligera fui, lo confieso.

Cándido

No; ligera, no; jovial...

Inés

Pero aquel cómico acceso...

Cándido

Fué una pifia garrafal.

Inés

No crea usted que altanera
olvidé yo mi humildad;
pero... si usted considera...

Cándido

Qué?

Inés

  Que me dobla la edad...

Cándido

Oh! sí, ese argumento es serio...,
y en buen criterio..., y con calma.
Pero ¿quién tiene criterio
cuando está en un horno el alma?-
En fin, tras la horrible escena,
huí como un malhechor!...

Inés

Dando á todos mucha pena.

Cándido

Á usted también!

Inés

  Sí, señor.

Cándido

Ah!...

Inés

  Indagamos con prolijo
cuidado, pero infecundo...

Cándido

Gracias.

Inés

  Corno usted no dijo
adonde iba...

Cándido

  Al otro mundo.

Inés

Santo Dios!

Cándido

  Al mundo nuevo
quiero decir, y es notorio.
No soy, aunque aquí le llevo,
(Con la mano en el pecho.) ánima del purgatorio. —
Aprendiz de mercader,
mi buen amigo Emeterio
á la vela se iba á hacer
con rumbo á aquel hemisferio.
Esperando hacer negocio
con un modesto caudal,
me propuso ser su socio
aunque me vio sin un real.
Firmar sólo, y de mal modo,
sabía el capitalista,
y aunque inepto para todo
soy yo muy buen pendolista.
Nos embarcamos en Vigo
con pacotilla y libranzas,
y arribando yo y mi amigo
á la ciudad de Matanzas,
le dije harto de la vida:
aEl nombre es de buen presagio.
Prepara la despedida
y una misa en mi sufragio.»

Inés

Qué ideas!

Cándido

  Y aunque es allí
de tantas vidas cuchillo,
nunca visitado fui
por el tifus amarillo.
Vino el cólera después
navegando á todo trapo,
y dije entonces, Inés:
((De esta sí que no me escapo.»
Ya ha habido un caso, y funesto,
nos dijo el facultativo,
y yo exclamé: aUn caso? Apuesto
á que soy yo el genitivo.

Inés

¡Por Dios, Cándido...

Cándido

  No obstante,
mi juicio fué temerario.
Ni el cólera fulminante
me mató ni la... Al contrario:
para que usted se convenza
de que en todo soy grotesco,
tuve la poca vergüenza
de engordar como un tudesco.

Inés

¡Vaya una ocurrencia... ¿Cómo
quiere usted que no me ria...

Cándido

Ria usted: ya no lo tomo
tana mal como solia.
Aunque es tanta mi sandez,
sé ya, á fuer de escarmentado, (Con amargura.)
que puede un hombre á la vez
ser gracioso y desgraciado.

Inés

Cándido!

Cándido

  Voy á dar cima
á mi molesto relato.

Inés

Molesto, no.

Cándido

  Si: dá grima
la historia de un mentecato.
En los seis años y un tercio
que duró la sociedad,
nunca vio nuestro comercio
la cara á la adversidad.
Al fin, de la fiebre insana
murió mi pobre Emeterio;
¡él, que maldita la gana
tuvo de ir al cementerio!
Y heredero universal
me nombró— era solterón—,
y así junté un capital
que asciende á medio millón.

Inés

Doy á usted mil parabienes...

Cándido

La imagen de mi adorada,
que á pesar de sus desdenes
(Con la mano en el corazón.) siempre estuvo aquí grabada,
más que nunca hermosa y pura
me puso el cielo delante;
y no por eso — locura!...
me soñé feliz amante;
que, aunque es tanto mi embeleso,
sé respetar su decoro,
y con todos los de Creso
no se compra ese tesoro.
Mas dije: mientras me oprime
mi estéril prosperidad,
quizá la que adoro gime
en desvalida orfandad;
quizá ofrecerle mi amparo
pueda en tu suerte cruel,
si no como esposo caro
como amigo honrado y fiel.
Y me embarco, y me desvivo
por llegar... Ay triste! á qué?
Á ser tan intempestivo
como lo fui... cuando hablé.

Inés

No, no: usted me juzga mal.
Soy su amiga verdadera.

Cándido

Amiga? Vamos..., tal cual...
Creí que ni eso siquiera... —
Pues si lo es usted, ahora
va á darme una prueba de ello.
Va usted á ser gran señora...
Bien: lo aplaudo y no resuello.
Mas temo que el Conde un dia,
si hoy en eso no repara,
vano con su jerarquía
eche á usted la suya en cara.
Para que si tal hiciere
no sufra usted un sonrojo,
un arbitrio me sugiere
mi afecto...

Inés

  ¡Cómo...

Cándido

  Y no flojo.
Ya no hay nobles ni plebeyos:
todo el dinero lo iguala,
los tunos y los Pompeyos,
la duquesa y la oficiala.
Ahora bien, querida Inés,
á falta de ejecutoria
y de un gótico pavés
de venerable memoria,
sea usted, que lo seguro
es esto, mujer de arraigo.

Inés

Yo!...

Cándido

  Lleve en dote el futuro
el medio millón que traigo.

Inés

Cándido!... (Qué corazón!)
¿Cómo he de admitir...

Cándido

  Sí tal.
Yo ganaré mi ración
escribiendo en un portal.

Inés

No olvidará el alma mia
un rasgo tan generoso;
mas ni aceptarle podría...
ni el Conde será mi esposo.

Cándido

¿Qué escucho!

Inés

  Rebelde ful
yo también en mi pasión
á lo que exigen de mí
la prudencia y la razón.

Cándido

¿Quién creyera... ¿Acaso infiel..

Inés

Sí; un desengaño oportuno...

Cándido

No se casa usted con él!

Inés

Ni con él, ni con ninguno.

Cándido

Ay! quien así me responde...

Inés

Debe responder así.
Ni yo nací para el Conde...,
(Con sentimiento.) ni usted nació para mí.

Cándido

Bien veo...

Inés

  Y pues Dios no quiso
que nos casemos los dos,
resignarnos es preciso
con la voluntad de Dios.

Cándido

Hágase — ¿cómo ha de ser!

Cándido

hágase su voluntad.

Inés

Cuanto yo puedo ofrecer
es la más tierna amistad...

Cándido

Eso mi dolor mitiga,...
ya que otra cosa no cuadre...

Inés

Cómo no he de ser yo amiga
de quien lo fué de mi padre?
Y aún es poco para un hombre
de alma tan bella que ufana
amiga suya me nombre.

Cándido

(Enternecido.)
Poco!...

Inés

(Enternecida también.)
  Quiero ser su hermana.

Cándido

Y maldecía mi suerte!
Ya no. —Perdona... si el llanto...

Inés

No es sólo usted quien le vierte..

Cándido

Ángel!... Merezco yo tanto?

Inés

No me hará usted el ultraje,
supongo, de irse á otra casa.

Cándido

(Embelesado.)
No..

Inés

Que venga el equipaje.

Cándido

Bien... (No sé lo que me pasa.)
Voy...

Inés

  Vuelva usted pronto, sí?
Le preparo una sorpresa...

Cándido

¿Qué...

Inés

  Hay otra persona aquí
que por usted se interesa.

Cándido

¿Quién....

Inés

(Con dulzura.)
  Luego. — Venga esa mano.

Cándido

(Dándosela.)
La mano!... ¡Oh cuánto me engrío...

Inés

Adiós, mi querido hermano!

Cándido

(Besando la mano de Inés.)
Inés!... Dios mió!...
  (Soltándola y alzando los ojos.) (Dios mió!)

ESCENA X

(INÉS.)

Inés

Pobre Cándido!... ¡Ah, qué ciegas
son las humanas pasiones!
¿Por qué, ay Dios! yo que en mal hora
di abrigo á necios amores,
lince para sus defectos
y para sus prendas miope,
no premio con todo el mió
aquel corazón tan noble?
¿Por qué...

ESCENA XI

(INÉS, CARMEN.)

Carmen

(Vestida con esmero.)
  Inés! — Ah! estás aquí.
Por qué á mis ojos te escondes?

Inés

Un encuentro inesperado...

Carmen

Un encuentro! Ha vuelto el procer?

Inés

No. — Qué linda y qué elegante!

Carmen

Te gusto?

Inés

  Sí. Por ni nombre
te juro que le darías,
si ahora apareciese, el golpe
de gracia.

Carmen

  Ni tal pretendo,
ni espero...

ESCENA XII

(INÉS, CARMEN, VENANCIA, DON CLAUDIO.)

Venancia

(Adelantándose.)
  Don Claudio Robles.

Carmen

Eh? Ya me asombraba yo...
Dígale usted que perdone...,
que no estoy...

Don Claudio

  ¿Por qué gravar
con mentira tan enorme
el debe de esa infeliz?

Carmen

¿Por qué viene usted adonde
no es llamado?

Don Claudio

  Amor me guia...

Carmen

Su amor de usted me corrompe.

Inés

(En voz baja.)
Carmen!

Carmen

  ¿Adonde iré yo
que no me persiga ese hombre?

Venancia

(Otra historia!...)

Don Claudio

  Mi querella
es más justa y más acorde
con el Código. ¿Por qué,
sin decir oste ni moste,
se ha traspapelado usted...

Carmen

Yo no doy satisfacciones.

Don Claudio

Las pido con humildad
á fuer de socio y consorte.

Carmen

No lo es usted todavía.

Don Claudio

No, pero estando conformes...

Carmen

Y cómo ha venido usted?
¿Por quién ha sabido ó dónde...

Don Claudio

Vivimos pared por medio...

Carmen

Asi que vuelva á la Corte,
me mudo.

Don Claudio

  Vaya por Dios! —
Apenas el alba rompe,
oigo en el cuarto de usted
abrir puertas, rodar cofres...
Si estará mala mi novia?,
dije. En esto para un coche.
Gran Dios! quién será?, exclamé:
el médico? el sacerdote?

Inés

En!...

Carmen

  Pa!...

Don Claudio

  Salto de la cama,
me pongo los pantalones...

Carmen

Hum! Suprima usted...

Don Claudio

  En fin,
me visto, salgo á galope,
llamo ala puerta de usted
temblando como el azogue...
¡Ya se habia consumado
el fatal déficit]

Carmen

(Á Inés riéndose.)
  Oyes?

Don Claudio

Con la fuga clandestina
quedé por el pronto inmóvil.
Pido en vano á los criados
algún dato, algún informe...
Por dicha, sobre la mesa
encuentro estacarta-órden...

(Enseña un papel.)

Inés

Ah! mi parte telegráfico.

Don Claudio

En un simón sucio y pobre
me dirijo á la estación...
Tarde! El tren llegaba entonces
á Pinto. Pero otra máquina
aquí me trajo á remolque
en un tren de mercancías...

Carmen

Que es el que á usted corresponde.

Don Claudio

Cruel!

Carmen

  Le aconsejo á usted
que vuelva la proa al Norte
y me deje en paz.

Don Claudio

  ¿Así
se amortiza, vélis, nolis,
un crédito...

Carmen

  Yo no gusto...

Don Claudio

Ah!

Carmen

De un novio polizonte
que invade mi tocador,
que intercepta — acción ignoble!
mis papeles, y me sigue,
y me muele dia y noche.

Don Claudio

Inés!..., si es usted la Inés
que...

Inés

  Sí.

Don Claudio

  No sea usted cómplice
de una insolvente. Interceda...

Inés

Sí.
(Aparte con Carmen. Entretanto habla en voz baja D. Claudio con Venancia, dando á entender con sus ademanes que solicita también su apoyo.) No le des pasaporte;
que aunque sin duda á tus pies
volverá el prófugo Conde,
todavía...

Carmen

  Qué me importa?

Inés

Pero este viene de molde
para dar celos al otro.

Carmen

Oh! si: tienes mil razones.
Sí: sepa aquel fementido
que no falta quien me adore.—
(ÁD- Claudio.) Quédese usted; mas le juro...

Don Claudio

(Bien dije que al fin y al postre...)
Carmen divina, á tus plantas...

Carmen

Nada de genuflexiones,
ó revoco...

Don Claudio

  Bien, querida. (Á Inés.)
Ruego á usted que me acomode
cerquita...

Carmen

  No. Lejos, lejos!

Inés

(Á Venancia.)
Haga usted que se coloque
en la pieza del jardin.

Don Claudio

Bien; pero pido á mi cónyuge
presunta que á solas...

Carmen

  No!
No hay audiencia.

(Entra en. su cuarto, la sigue Inés, y puerta»)

ESCENA XIII

(VENANCIA, DON CLAUDIO.)

Don Claudio

  Alma de bronce!

Venancia

Sígame usted, (Esta casa de Babel.)
es ya— Jesus!- —otra torre

ESCENA XIV

(DON CLAUDIO.)

Don Claudio

  ¡Tratar asi
á un financiero, á un prohombre
del bolsín y de la albóndiga!
Pues aunque fuese yo un drope..,
Y me he de dar por fallido?
No! Bonita, lustre, joven,
y sobre dotes tan bellas
millón y medio de dote...
Por hacer tan buen" negocio
consentiré que me azoten.

Acto tercero

ESCENA PRIMERA

(CÁNDIDO.)

Cándido

Entra por el foro con un ramo de flores en la mano.
Con este hermoso ramo—no sin miedo
á mi habitual torpeza y mi mal signo—
vuelvo... Quizá me excedo,
que á ser cobarde su rigor me obliga;
pero bien puede á título de amiga,
ya que con él, ay triste! me. resigno,
recibir de mis manos estas flores. —
Símbolo suelen ser de los amores;
pero si el mió en ellas adivinas
merezca, oh dulce Inés, tu tolerancia
quien su primor te ofrece y su fragancia...,
y para sí reserva las espinas!

El Conde

(Dentro.) No importa. Esperaré...

Cándido

  La voz del Conde.
Pues ¿cómo... si... ¡Mal haya...
Esperaré en mi cuarto á que se vaya.

(Entra en la habitación lateral de la derecha más cer. cana al proscenio, dejando la puerta entornada.)

ESCENA II

(EL CONDE, VENANCIA.)

Venancia

Bien está, pero ahora,... dificulto...

El Conde

Qué es esto?Á mí antesalas!

Venancia

Ño hay que tomarlo á insulto.
Está en el tocador.

El Conde

  Ah! bien. Respeto..,

(Cuando ella piensa en galas, sin duda...)

Venancia

  (Pobre Conde!)

El Conde

  (Habrá buleto...)

Venancia

Siéntese usted y pasaré recado...

El Conde

Eh! no es su cuarto aquel...

Venancia

  Si: se ha mudado.

El Conde

¿Qué oigo! ¿Por qué motivo...

Venancia

Lo callo aunque lo sé.

El Conde

  Pero...

Venancia

  El secreto
(Con la mano en el pecho.) no saldrá (harto lo siento!) de este archivo.

El Conde

Cómo! Hable usted...

Venancia

  Bien dice aquella copla:
«Aprended, flores»...

El Conde

  ¿Qué...

Venancia

  Mal viento sopla
para mí y para usted. —Ya sale. Excuso...
(Dos ella, y yo ninguno!) Abur! (Qué abuso!)

(Llega Inés por la puerta, de la izquierda, dejándola entornada.)

ESCENA III

(EL CONDE, INÉS.)

El Conde

(¿Qué me querría decir
esa bruja?... Por si acaso,
estaré en guardia...)

Inés

  (Muy serio
viene. Si le habrán dicho algo?)

El Conde

Estoy á Jos pies de usted,

Inés

Beso á usted la mano.

El Conde

Aunque con harta justicia
pudiera apelar del fallo
que contra mí pronunció
pocas horas ha ese labio;
ya que usted no puede verme,
señorita, ni pintado,
y ya que con poseerla
en muda copia la ultrajo,
vengo á que en debida forma
se canjeen los retratos.

Inés

Está muy bien, caballero.
(Qué tono tan diplomático!)

El Conde

(Lo acepta, y sin conmoverse!
Misterio hay, sí; mas no alcanzo.
No por el martirio horrendo
de que estoy amenazado,
y tal vez le he merecido
por crédulo y por incauto,
sino porque en todo quiero
complacerá usted...

Inés

  Lo aplaudo.

El Conde

Para redimir el mió
devuelvo á usted su traslado.

(Lo saca y lo toma Inés.)

Inés

Muchas gracias, señor Conde;
pero conmigo no traigo
el de usted ni el de mi ilustre
antecesora. Volando...

El Conde

(Deteniéndola.)
Cruel!, ¿cómo puede usted,
cómo, sin pesar, sin llanto,
si es verdad que me ha querido,
consentir tan duro cambio?
¿Cómo la misma que ayer
con tal gracia y tanto halago
me dio en este propio sitio
el sí que anhelaba tanto,
por capricho ó por orgullo
hoy rompe tan dulce pacto?

Inés

Es inútil repetir
nuestro enojoso altercado,
porque mi resolución
fué justa, y no la retracto.

El Conde

Podrá ser irrevocable;
justa, no. Si grave cargo
es haber amado á otra
el que no ha sido ermitaño,
antes que su corazón
cautivasen tus encantos,
para ella, no para ti,
para ella ha sido el agravio.
¿Eres su procuradora
por ventura?

Inés

  (Ay Dios! sí.)

El Conde

  ¿Cuándo
se ha visto á nadie en el mundo,
y menos en los estrados
del amor, con tanto empeño
abogar por su contrario?
¿Qué mujer...

Inés

  Oh! basta. (Soy
perdida si no le atajo.)
Tengo razón que me sobra,
aunque sin ella combato
al parecer, y usted mismo
cuando sepa lo que callo
me la dará.

El Conde

  Inés! Inés!,
no razón, pretexto vano
será, y cuál, harto lo infiero
de ese circunloquio extraño.
Tú amas á otro!

Inés

  No!

El Conde

  Sí!
Sólo así se explica el raro
fenómeno de tomar
por injuria y desacato
lo que para otra mujer
un blasón sería, un lauro.
Tú amas á otro!

Inés

  (Oh suplicio!)
Conde...

El Conde

  Es inútil negarlo.
En esa zozobra veo
tu culpa y mi desengaño.

Inés

Yo... (No acierto á responderle.)
Es un resto... Una... Presagios...

El Conde

Sólo me falta saber
qué rival me ha suplantado.

Inés

Ninguno. (¿Qué haré, Dios mió!)

El Conde

Ah! tal vez... Sí, atando cabos...
El hombre de anoche..., aquel
personaje extrafalario...

Inés

(Ah! él me abre camino...)

El Conde

  Ha vuelto.
Le he visto...

Inés

  Sí, señor: Cándido
es mi huésped y mi amigo.

El Conde

Digno amigo! Un pelagatos,
un,..

Inés

  No le deprima usted.

(Salgamos ahora del paso, que luego...)

El Conde

  ¿Y será posible...

Inés

Nos conocemos hace años.

El Conde

Y ya es antigua sin duda
la afición...

Inés

  Quizá no tanto
como debiera.

El Conde

  En efecto,
aquel donaire, aquel garbo,
su elegancia...

Inés

  No hace alarde
de primores certesanos;
pero la áspera corteza
no impide dar fruto al árbol:
diamante que vale un reino
se engendró en rudo peñasco...

El Conde

Y bajo una mala capa...
Mas dejémonos de adagios
y sepa yo en suma...

Inés

  En suma,
Cándido es un héroe, un santo.

El Conde

Pero hay gustos que merecen...

Inés

Otro refrán excusado.

El Conde

Acabemos! Le ama usted?

Inés

(No hay ya otro arbitrio...) Sí, le amo.

(Sale Cándido precipitadamente y se arrodilla á los pies de Inés. Trae consigo el ramo.)

ESCENA IV

(INÉS, EL CONDE, CÁNDIDO.)

Cándido

Bien mió!

Inés

  Jesús!

El Conde

  Qué es esto?

Cándido

Á tus pies...

Inés

  Alce usted!

El Conde

  Bravo!

Inés

(Qué apuro!)

Cándido

  Mi gratitud
te ofrece, hermosa, este ramo...

Inés

Bien,... gracias...; pero... (Gran Dios!

(Toma el ramo y le deja sobre un mueble.)

El Conde

Bello golpe de teatro!

Cándido

Yo...

Inés

(Á Cándido con enojo.)
  Levante usted, le digo!

Cándido

(Levantándose.)
Pero...

Inés

  (Me estaba escuchando!)

Cándido

(Á Inés en voz baja.)
¿No has dicho... Ay de mí! ¿También
soy ahora extemporáneo?

El Conde

Una emboscada!... ¿Se hace esto,
señorita, con un blanco?

Inés

Conde!...

El Conde

  Aleve!

Inés

  Yo ignoraba...

Cándido

Señor Conde!...

El Conde

  Poco valgo,
pero el decoro de usted,
por no decir el de entrambos,
condena esta humillación
que ni merezco, ni aguanto.
¡He aquí el digno rival,
he aquí el galán bizarro
que tu corazón me usurpa!
¡Un cualquiera, un perdulario...

Cándido

Señor mió!...

Inés

(Á Cándido en voz baja.)
  Oh! Calle usted...

El Conde

Que esquiva, á modo de pájaro
nocturno, la luz del sol,
y acecha, y se esconde...

Cándido

  Es falso.
Ni niego á nadie mi cara
ni la de usted me da espanto.
Por un yerro, usted lo sabe,
entré anoche en aquel cuarto,
y no soy huésped intruso
en ese de donde salgo.
Desde él, porque no soy sordo,
no á fuer de espía villano,
he tragado harta saliva
durante el prolijo diálogo
de que he tenido pendiente
la vida — ay! sí — hasta que blando
llevó el eco á mis oidos
aquel benéfico le amo.

Inés

(Cómo revocarle ahora?)

El Conde

Bien, pero el lance es pesada...

Cándido

(Con tono sarcástico.)
De Calderón, como el otro.

El Conde

Eh?

Cándido

Sí tal, y es necesario,
dirá usted, procurador
de aquel insigne dramático,
que, en obsequio de la dama
y en su justo desagravio,
le dé yo mano de esposo
á estilo calderoniano. —
Hela aquí y mi corazón
con ella.

Inés

  Yo... Si yo...

El Conde

  (Me aspo.)

Inés

(Oh Dios mío!)

El Conde

  También pullas?
Ahora veo, y lo declaro
con gozo, que no es usted
tan pobre y ruin adversario
como creí; mas recuerdo
que aquel poeta afamado
gustaba de cuchilladas
aún más que de epitalamios.

Inés

Cielos!... ¡Conde...

Cándido

  En hora buena:
para uno y otro soy apto.

Inés

Cándido!...

Cándido

  No soy ya el bobo
de que hacía usted escarnio.

El Conde

Eh!...

Inés

  (No! Yo estoy asombrada.)

Cándido

Inés ha hecho este milagro.
Dios, á falta de otros bienes,
me dio un corazón hidalgo
y ardiente; pero por falta
de entendimiento, ó de tacto,
ó de mundo..— qué se yo?—-,
porque me faltaba acaso,1
como á la flor el rocío,
la simpatía, el contacto
de otro corazón amante,
he sido adusto, misántropo,
ridículo... Una palabra,
la que anhelé tantos años,
luz del alma mía ha sido
y de mis heridas bálsamo.
Un le amo en la pura boca
de la mujer que idolatro
ha sido — qué diré?— el fíat
que me saca, al fin, del caos.

El Conde

(Qué hombre! Aunque debo matarle,
casi me va interesando.)

Cándido

Mientras á mi ruego humilde
rehusó tan dulce vocablo,
todo á su gloria, á su dicha
lo hubiera sacrificado.

Inés

Sí!

Cándido

Mas su boca celeste
dijo— usted Jo oyó — le amólf
y ufano de mi conquista
me siento crecer á palmos.
Oh! y la sabré defender
combatiendo brazo á brazo,
no con usted, con el Cid
y con Bernardo del Carpió.

El Conde

Sígame usted...

Cándido

  Vamos!..

Inés

(interponiéndose.)
  No!
En mi casa tal escándalo!

El Conde

Cúlpese usted á sí misma...

Inés

Déjele usted con mil santos...

El Conde

¿Cómo sufrir...

Inés

(Á Cándido empujando e hacia su habitación.
  Entre usted...

Cándido

No! Protesto...

Inés

  Yo lo mando.

(Le hace entrar, echa la llave y la guarda.)

ESCENA V

(INÉS, EL CONDE.)

El Conde

Muy bien! sabia providencia!
Mas no le valdrá el amparo
de usted, ya inspire el amor,
ya la caridad un rasgo
tan ingenioso...

Inés

  Uno y otro,
que, lo digo sin reparo,
hoy es cuando he conocido
cuánto vale ese hombre y cuánto
debo agradecer al cielo
su regreso inesperado.
Tal vez aquella palabra
solté sin otro conato
que el de desahuciar á usted
si aun le quedaba algún rastro
de esperanza; mas ahora
con gozo, con entusiasmo
la confirmo.

El Conde

  Y eso aumenta
la cólera en que me abraso.
¡Yo postergado á un cobarde...

Inés

No! Él jamás ha manejado
otras armas que la pluma;
no rehusa sin embargo
el duelo. — Oh! perdone usted
si del triunfo le defraudo...

El Conde

Señora!...

Inés

  Pero ese triunfo
sería un asesinato.

El Conde

Siendo así... Mas si, en efecto,
usted le ha regenerado... —
Oh Inés!, ya que tanta magia
tienes, ya que por ensalmo
haces de un idiota un hombre,
para tan acerbo trago
dame fortaleza. Inés!,
dame un corazón de mármol
como el tuyo... Ah!

(Se deja oaer con abatimiento en una butaca y se cubre el rostro con las manos.)

Inés

  (Dios me inspira.
Un clavo saca otro clavo. )
(A la puerta de la izquierda en voz baja.) Oiste?

Carmen

(Á la puerta, también en voz baja.)
  Sí.

Inés

  Ahora, ó nunca.
Sal...

Carmen

  Pero...

Inés

  Valor!

Carmen

  Yo...

Inés

(Haciéndola salir.) Vamos!

(Carmen da algunos pasos; el Conde se levanta.)

ESCENA VI

(INÉS, EL CONDE, CARMEN.)

El Conde

(Eli! por qué abatirme así?
¿Tan grande calamidad
es renunciar al amor
de una coqueta vulgar
á quien honré demasiado...
Bien empleado me está
mi desengaño, y por él
las gracias le debo dar. —
Otra mas digna de mí
pronto me consolará,
ya que con ella en mal hora
quise á Carmen reemplazar. —
Me voy sin decirle á Dios,
y para siempre jamás...)
(Al tomar su sombrero, que dejó sobre la consola, ve la figura de Carmen, reflejada por el espejo, y exela. ma en alta voz:) Cielos! ¿qué miran mis ojos!
¿Es figura corporal
lo que esa luna refleja,
ó fantástica beldad?—
No. Sonríe... ¡Oh qué divina
aparición! qué ojos!... Ah!
es Carinen..., no sueño, es Carmen!
tan hermosa... mucho más
que cuando...
(Sueltan la risa Carmené Inés. El Conde vuelve la cara.) (Una risotada
me responde: es natural.)
Carmen querida! Oh sorpresa!...

Carmen

(Con seriedad.)
Yo soy.

El Conde

  ¿Qué casualidad
ó qué prodigio te trae
á ser el iris de paz
que me consuela después
de tan recia tempestad?

Inés

Mi varita de virtudes.
¿No encomiaba usted poco ha

El Conde

  Inés!... ¿Quién se ha visto
en complicación igual?

ESCENA VII

(INÉS, EL CONDE, CARMEN, CÁNDIDO.)

(Vuelven á reír á carcajadas las dos jóvenes: el Conde se cruza de brazos y las contempla en silencio: Cándido se asoma al montan te de la puerta de su cuarto.)

Cándido

(Desde este montante... ¡Vaya
un terceto...)

Carmen

  Ja, ja, ja...

El Conde

Reid, sí. No es para menos
la escena.

Cándido

  (¿Esa otra deidad...
Ah! la señorita Carmen!,..)

El Conde

Reo soy. ¿Cómo negar
la evidencia? Pero reo
contrito, no contumaz,...
y cuando ríen mis jueces,
sin duda me absolverán.

Carmen

No siempre es la risa indicio
de indulgencia y lenidad.
Cuando es ridículo el reo
;no ha de reir el tribunal?

El Conde

¡Carmen...

Cándido

  (¡También ella..

El Conde

  Inés!.

Cándido

(Qué apuro para un galán!)

El Conde

Qué conspiración es esta?
(Á Carmen.) Si voluble y desleal
me llamas — y de otro tanto
te pudiera yo acusar...

Inés

(Á Carmen en voz baja.)
Demasiado!

El Conde

  Inés te venga
de una culpa harto venial.

Carmen

Venial?

El Conde

  Contra mí las dos
habéis concebido un plan
diabólico...

Inés

  Nada de eso.
Usted no debe culpar
á nadie sino á sí mismo.

El Conde

Es verdad, sí, sí, es verdad;
pero burlarme la una
y apretar la otra el dogal...
¿Quién ha visto en dos rivales
tan negra complicidad?
Y ¿qué talismán, estando
la una aquí, la otra allá...

Inés

Yo lo explicaré. Si usted
no fuese un loco de atar,
no ocurriera en los retratos
el viceversa fatal...

Cándido

(De buena escapé!)

Inés

  Á que yo
debo mi felicidad.

Cándido

(Oh!...)

Carmen

  Inés mia! o

Inés

  La oye usted?

El Conde

Mas ¿quién pudo imaginar
que las dos confabuladas...
Lazos de antigua amistad
sin duda...

Inés

  Más fuerte vínculo
nos une, amor fraternal.

Cándido

(Son dos ángeles! Yo lloro...)

Carmen

No la quisiera yo más
si, como hermana de leche,
fuese mi hermana carnal.

(La abraza.)

Inés

Bendita!... Y en Aranjuez
hay telégrafo...

El Conde

  Ya, ya...

Inés

Y veo al pié del abismo
á mi numen tutelar,
á Cándido..,

Cándido

  (Oh gloria! oh júbilo!)

El Conde

Muy bien...

Inés

  He aquí el talismán.

El Conde

¡Y he aquí un cuadro sublime
y patético, en el cual
hago yo entre tantos ángeles
el papel de Satanás!

Inés

No: yo interpongo mi ruego,
y no será ineficaz,
para que Carmen otorgue'
la absolución...

Carmen

  No, no la hay
para...

Inés

  Fué tu amor primero:
no hay diferencia esencial
entre su cuna y la tuya,
entre tu edad y su edad.
Si de tu Edén en mal hora
fué desterrado ese Adán,
no hay justicia en fulminarle
un proceso criminal
porque, creyéndose libre,
no se pudo conformar
con ser segunda edición
del alma de Garibay.

El Conde

Cierto. ¿Qué crimen nefando
ó de lesa majestad
es el mió? Ser sensible,
vivir sólo para amar...

Cándido

(Como yo!)

El Conde

  Justo sería
acusarme de falaz
si como una tras la otra
os amase yo ala par;^
pero si las dos sois bellas
y mi pecho es un volcan,
y á ser cesante en amores
no me puedo resignar,
(Á Carmen.) ¿qué mucho si de tus gracias
cedí primero al imán..

Cándido

(Bien hizo, que es linda, pero...}

El Conde

Y arrojado de tu umbral
luego...

Carmen

  No es cierto: -al contrario.

El Conde

¿Qué mucho si, á mi pesar,
llenó más tarde el vacío
de mi alma otra celestial
criatura...

Cándido

  (Eh! poco á poco!...)

El Conde

Es decir, no en realidad,
sino... Perdóname, Carmen!

Cándido

(Sí, un amor provisional...)

El Conde

¿Y si otra vez á mis ojos
lució la estrella polar
que yo creía apagada...
(Á Inés.) No te ofendas...

Cándido

  (Hum!...)

Inés

(Sonriéndose.) No tal.

El Conde

¿Qué mucho si á la cadena
que nunca debí quebrar
volví...
  (Á Inés.) Perdóname, Inés!

Cándido

(En alta voz.)
Dale! Perdonado estás.

Inés

¿Quién habla... Ah, mi prisionero!
Voy á darle libertad.
\Abre la puerta que cerró, y saca de la mano á Cán-
dido: entretanto habla apai te el Conde e.»n Carmen.)
Cándido!

Cándido

  Inés! — Frito estaba,
y ya me iba á descolgar...

Carmen

(Saliéndole al encuentro y dándole la mano.)
Oh amigo mió!

Cándido

  ¡Mi amable
señorita! Qué bondad!

Carmen

Sea usted muy bien venido.

Inés

Nadie lo ha sido jamás
tanto como él.

Cándido

  Prenda amada!
Aunque la oportunidad
en mí es rara, hoy me parece
que algo de providencial...
¡Bendito Dios que me trajo
sano y salvo de. Ultramar!

El Conde

(Dándole la mano.)
Yo le bendigo también
si...

Cándido

Oh generoso rival!
Oh ventura sobrehumana!...
Mas completa no será
si á todos no alcanza. Carmen!
Amnistía general!

Carmen

Temo...

Inés

  Hermana mia!...

Carmen

  Dudo.

Cándido

(No tendré tranquilidad
mientras...)

Inés

  Perdónale!

El Conde

  Tiene
entrañas de pedernal.

Cándido

Perdónele usted!: lo pido
con mucha necesidad.

Carmen

Bien está..

Cándido

  Vítor!

Inés

  Albricias!

Carmen

Pero antes que en el altar
le dé mi mano, le impongo
una penitencia.

El Conde

  Cuál?

Carmen

Rigorosa cuarentena
hasta el dia de San Juan.

El Conde

Ah cruel!

Carmen

  El escarmiento
me hace cauta y suspicaz.

Inés

(Al Conde e,n voz baja.)
Sea usted sumiso y dócil,
que todo se compondrá.

El Conde

Bien: me resigno... ¡Otra vez
meritorio!...

Carmen

  Eso es: cabal.

ESCENA VIII

(INÉS, EL CONDE, CARMEN, CÁNDIDO, VENANCIA.)

Venancia

Don Claudio pide permiso...

Carmen

Ah!...

Venancia

Qué interesante escena!
(Hum!) Que sea en hora buena...

Inés

Que entre.

Carmen

  No! (Qué compromiso!

El Conde

(Qué don Claudio será ese?)

Venancia

Conque todo se arregló?

Inés

Si; el Conde con Carmen; yo...

Cándido

Conmigo, pese á quien pese.

Venancia

Si lo dices por Venancia,
lo erraste de medio á medio.
Qué novio para un remedio!
(Á Inés.) j
No te arriendo la ganancia.
(Maldición!...)

El Conde

  Pero, ¿quién es
ese que pide permiso...

Inés

Otro galán: ya es preciso
decirlo.

El Conde

(Á Carmen.)
  Tuyo, ó de Inés?

Carmen

Mió, sí.

El Conde

  Oh virtud preclara!

Carmen

Mi novio era: lo confieso.

El Conde

No tenemos según eso
nada que echarnos en cara.

Carmen

Yo no amaba á ese hombre, no,
mas de mi puntillo esclava
por vengarme me casaba.

El Conde

Sí?

Inés

Lo certifico yo.

Carmen

Y todavía lo haré
si usted...

Inés

  No!

El Conde

  No, vida mia!
Dos derrotasen un dia!...
Me entrego á tu buena fe.

Venancia

Qué hago?

ESCENA IX

(INÉS, CARMEN, EL CONDE, CÁNDIDO, VENANCIA, DON CLAUDIO.)

Don Claudio

(Á la puerta.)
(Media hora esperando.) (Entra.)

Venancia

Aquí está.

El Conde

(Á Carmen.) ¿Es ese...

Don Claudio

  Aquí estoy.
Señorita, yo no soy
género de contrabando.
Todo el comercio me aplaude...

Carmen

Don Claudio,...

Don Claudio

  Pero ya infiero
que otro ha sido el matutero.
No en mí; en la aduana está el fraude.

Carmen

Siento...

Don Claudio

  Ya basta de lios
y tramoyas y cohechos.
No vengo á pagar derechos,
sino á reclamar los mios.

El Conde

Qué original!

Cándido

(Aparte á Inés.) ¡Yaya un ente...

Don Claudio

¿Cuál es de esos dos galanes
quien te roba á mis afanes
y complica el expediente?

El Conde

Yo soy quien ciego de amor
aspira á llamarla esposa.

Don Claudio

Una novia no se endosa
ni es título al portador.

Carmen

Ruego á usted que no se ofenda.
Yo explicaré...

Don Claudio

  No transijo.
Tu mano es mia, y la exijo
aunque un virey la pretenda.

Don Claudio

Ba!

El Conde

Y de mi haber seré pródigo
hasta que obtenga justicia
de esta quiebra subrepticia
que está penada en el Código.

Inés

Será inútil...

El Conde

  Pero ¿en qué
se funda usted?

Don Claudio

  Pesia tal!...
En su promesa formal.
(Sacando un papel.) Aquí traigo el pagaré...
Conde» ¿Cómo...

Don Claudio

  Una carta, y no ambigua,
en que jura ser mi esposa.

El Conde

Ba! Creí que era otra cosa.
Yo tengo otra más antigua.

Don Claudio

(Á Cándido.)
Cuál á cuál hará mal tercio,
su credencial ó la mía,
lo decidirá en su dia
el tribunal de Comercio.

Cándido

Las dos son papel mojado
mientras ella no confirme...

Don Claudio

Oh! yo pleitearé, y de firme.
Veré hoy mismo á mi abogado...

El Conde

Qué bobada! Esa sentencia
á otro fuero corresponde,
y yo sabré...

Cándido

  El señor Conde
es fuerte en jurisprudencia.

Don Claudio

Yo... (Zape! Conde y duelista...)
Cierto... Una carta...

Cándido

(Ap.) (ai Conde.) Ya amaina.
Vuelva el acero á la vaina.

Don Claudio

No es una letra á la vista;
pero, ya ve usted... ¿quién deja
gratis et amore á un socio
tan saneado negocio?
Justo es...

Inés

(Ap.) (con Carmen.)
  Ya asoma la oreja.

Don Claudio

Que la contienda dirima
una transacción...

Carmen

(ap. á Inés.) Ah Inés!
No creí... Ruin interés!

El Conde

Qué transacción?

Don Claudio

  Una prima...

El Conde

Oh qué vergüenza! qué injuria!
¡Hacer— la ira me inflama —
tráfico vil de una dama...
¡Largúese usted, ó mi furia...

Cándido

Si por contento se da
con una prima, — oh fortuna!
yo le puedo ofrecer una...

Don Claudio

Eh?

Inés

¿Qué...

Carmen

  ¿Cómo...

Cándido

(Mostrando á Venancia.) ÉcCOla qilá.

Don Claudio

Ella!... Horror!

Venancia

  Infame!

Inés

  Es chanza.».

Don Claudio

Protesto... Abur!

Venancia

(Dirigiéndose á la puerta derecha lateral cercana
foro.)
  Asesinol

Don Claudio

(Yéndose por el foro.)
(Reniego de mi destino!)

Venancia

Venganza, cielos, venganza!

(Entra y cierra de golpe la puerta.)

ESCENA ÚLTIMA

(USES, CÁNDIDO, CARMEN, EL CONDE.)

Inés

¡La pobre... La has sofocado.

Cándido

Eh!

Inés

Permite que interceda...

Cándido

Por ella haré cuanto pueda,
mas no la quiero á mi lado.

El Conde

Buen sustituto me diste!

Carmen

Tuya es al fin la victoria.

El Conde

Pero escatimar mi gloria
con tan largo plazo... Ay triste!

Inés

No: sea igual el cuarteto.
Si al cabo ha de ser tu esposo,
no le hagas-...

Cándido

  Si; va es forzoso
sacarle del lazareto.

Carmen

Sí, que no soy tan tirana.
(Dando la mano al Conde.) Toma.

El Conde

  Oh gozo!

Inés

(Dando la mano á Cándido.)
  Y tú la mia.

Carmen

Las dos bodas en un dia.

Cándido

Sí, sí; y mejor si es mañana. —
(Á Inés.) Cuan otro soy del de ayer!
Y á ti lo debo!

Carmen

  Y yo!

El Conde

  Y yo!

Inés

No; aun dichoso quidpro quó...

Carmen

No; á tu hidalgo proceder!

Inés

Eh! no me hables de hidalguía.
Todo ha sido obra de Dios,
que quiso dar á las dos
lo que más nos convenia.

Elenco vivo 6 personajes · 2,474 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
688371J1, J2, J3J1 · esc. 1El Conde, Venancia, Carmen
673242J1, J2, J3J1 · esc. 2Inés, Cándido, Venancia
603174J1, J2, J3J1 · esc. 8El Conde, Inés, Venancia
217124J1, J2, J3J1 · esc. 1Inés, El Conde, Cándido
193114J2, J3J2 · esc. 3Inés, El Conde, Cándido
10041J2, J3J2 · esc. 12Venancia, Inés, Carmen

Partitura métrica 49 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Acto primero
Acto segundo
Acto tercero

octosílabos 90 % · endecasílabos 1 % · mixto 9 %

Expediente

Obra
La hermana de leche
Jornadas
3
Personajes
6
Versos
2,474
Versificación
octosílabos 90 % · endecasílabos 1 % · mixto 9 % medida por La Báscula
Fuente
"archive.org: lahermanadelech00bret_djvu.txt"
Estructura
la-hermana-de-leche.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Manuel Bretón de los Herreros, La hermana de leche, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/la-hermana-de-leche.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.