portada y reparto
La familia del boticario: comedia en un acto, traducida libremente del frances por D. Manuel Breton de los Herreros.
Representada por primera vez en el teatro del Principe el dia 13 de Mayo de 1832. Edicion: Madrid, Imprenta de Don Jose Maria Repulles, agosto de 1850.
Personas: DON SERAPIO; BENITO; HILARIO; RUFINA; ROSA; SINFOROSA; vecinos y amigos de DON SERAPIO.
La escena es en Madrid.
Acto único
El teatro representa la trastienda de una botica. Tres
puertas en el foro que dejan ver la botica, otras dos
laterales. Una gran mesa con boles, redomas , espátulas y otros efectos , y alumbrada con un gran quinqué. Algunas sillas al rededor.
ESCENA PRIMERA
BENITO, preparando sobre la mesa una poción.
Ya hace una hora que estoy preparando jaropes, drogas y emplastos, pero tengo la cabeza á cien leguas
de aqui... Quiero decir, á doce leguas, que no hay
mas de Madrid á Toledo. Desde que hay boticas en el
mundo jamas se ha visto un farmacéutico en situación
tan critica, tan alambicada como la mia. Y quién tiene la culpa? Mi lio. Qué necesidad tenia de enviarme á Toledo á comprar yerbas medicinales? El acaso
me hace conocer en aquella ciudad á una graciosa
muchacha; la virtud misma. Trabajaba á jornal , eso
sí; pero la virtud bien puede trabajar á jornal cuando es costurera. La galanteo y, pudiendo darme calabazas, se prenda de las gracias con que me ha favorecido la naturaleza. No tardo en cantar victoria;
mas ¡oh fatalidad! La virtud tenia un hermano granadero de provinciales, gallardo y bigotudo fariseo,
que con la dulzura del mundo me propone la mano
de su hermana ó ser abierto en canal. Era preciso
elegir. Elijo ser cuñado del granadero, y contraigo
á mi pesar... un matrimonio de inclinación. Insigne
locura ha sido la mia; pero qué remedio? A bien
que la muchacha no es despreciable , y como dice
el proverbio : del mal el menos. Oh cara , dos veces cara consorte mia! Tu ausencia me tiene inconsolable.
Sí, deliciosa Rufina;
en el lecho, en la oficina...
nunca te apartas de mi.
Siempre me acuerdo de tí...
cuando hago una medicina.
Casado ya, vuelvo á Madrid con ánimo de confesárselo todo á mi tio, pero mientras busco un momento
favorable... Aqui entra el item , la peripecia que hace mas dramática mi situación. El tal tio, ese cernícalo de tio, perdóneme la antonamasia, da en la flor
de brindarme con la mano de su hija , y con su botica por añadidura. La botica, pase; pero la hija... imposible! Le revelaré mi secreto? No, que me echaría de casa y tendría yo que ir á la sopa. Oh suegra
fortuna ! Por tí me veo fluctuando entre la indigencia
y la bigamia! Ah! Por qué fui yo á Toledo? — Quién
viene? Es el mancebo.
ESCENA II
Qué traes, Hilario?
Muchas cosas, don Benito. Por de pronto esta
carta.
Venga. (El sello es de Toledo, la letra de RuGna. [La guarda.) Disimulemos.
Parece que tiene usted conocimientos en Toledo, eh?
Sí; un amigo... (Maldito hablador!) Oyes, Hilario, tienes que llevar ese paquete de pastillas guturales á casa de la señora... No tengo presente su nombre. De esa cantarilla de estrangis, cuya voz está sujeta á tantas intercadencias.
Eso es; otro recado! Estoy yo aqui para aprender la farmacia , ó para correr todo el dia de ceca
en meca? Esto no está en el orden, y ya es razón que
se me ascienda. Ocúpenme ustedes en el ramo de
pildoras.
Pildoras ya! Esa es mucha ambición, hijo mió.
Pues digole á usted que estamos medrados!
Cuando se fue al colegio la señorita Rosa , dos años
hace, machacaba yo almendras amargas; y ayer al
entrar en casa me encontró machacando almendras
dulces.
Ya ves que tu suerte se ha dulcificado considerablemente.
Pero qué dirá de mí Rosita? Qué pensará allá
en su imaginación...
Oh! Qué sé yo? Pensará que machacas demasiado.
A propósito : me parece que está... asi... como
triste.
Y eso qué me importa á mí?
Puos no le ha de importar á usted, cuando va
á ser muy pronto su marido?
Eh ! Todavía no se ha hecho la boda. Y ademas,
tú no tienes que meterte en lo que no te va ni te
viene.
Caramba y qué bonita es! Qué cuerpo aquel!
Qué boca de miel rosada! Qué ojos! Pero ya se ve,
usted... como anda en otros laberintos...
Cómo! Qué laberintos...
Piensa usted que me mamo el dedo? Sé yo
cosas...
Usted no sabe nada, señor Hilario.
No sé nada? Ah , ah , ah... Y las cartitas
que escribe usted por la noche encerrado en su
cuarto?
Las cartas... Habla mas bajo.
Y la foncarralera que vino el otro dia y le dijo
á usted que el niño estaba como un rollo de manteca,
y que ya hacia pinitos, y que...
Hilario! El niño... es un sobrinilo mió.
(Riéndose.) Sobrino ! Si no tiene usted ningún
hermano, ni...
Rasta, Hilario. Por la Virgen de la O te ruego
que calles. Si me prometes no decir nada á mi tio de
las impertinentes observaciones que has hecho...
Rien : qué ?
Yo te recompensaré. Verás colmados tus deseos.
Conseguiré de mi tio que te pase á la sección de pildoras y ceratos. Estás contento?
Oh! Sí, si; mucho. Mire usted, yo no tengo
mal corazón.
Es verdad.
Pero siempre esclavo del mortero... Ya ve usted que esto es capaz de moler... Con que, me cumplirá usted su palabra?
Sí, hombre, sí; pero silencio!
ESCENA III
Pues! No digo yo? Aqui charlando los dos, y
nadie en el despacho.
(Bueno! Bien! Ahora el otro. No me dejarán
leer la carta de Rufina.)
Voy, voy corriendo á llevar estas pastillas. Ah!
Por vida... Ya se me olvidaba. (En voz baja.) Señor
BENITO, el platero de enfrente me ha dado esta cadena para usted.
(Guardándola rápidamente.) Delante de mi tio,
zoquete! (La cadena de mi esposa, que me la envió
para darla á componer.)
Vamos; anda y vuelve volando, badulaque, que
aun no has mudado el agua á las sanguijuelas.
ESCENA IV
Oyes, Benito, qué collar es ese que te has
guardado en el bolsillo?
(Turbado.) Collar... Nada, tio. Yo no...
Ahí, ahí te lo has metido: en el bolsillo del
pantalón.
Ah ! Sí. Esta cadena... Como usted decia collar... No es collar, que es cadena. Es una cadena
que pensaba... Son cosas de... Yo no queria decir...
(Tomando la cadena y examinándola.) Secretos, eh? Y conmigo! No es mala pieza. Oigan! Y una
cifra... Diablo! Eso es llevar muy adelante la galanteria. Parece que pones en juego los grandes resortes
de la seducción.
(Qué querrá decirme con eso?)
Bien pudiera quejarme de tí por haberme ocultado... Pero tus intenciones son puras, y todo lo
apruebo. Veo con placer que empleas las atenciones
mas delicadas para hacerte amar de mi hija.
(Basta que tú lo digas!)
Oh! Y bien lo merece, que es un ángel la
criatura! Qué bien hice yo en enviarla al colegio!
Aquellas benditas señoras son tan severas en punto á
moral... Asi viene ella, que parece una ovejita. Creerás que no se atreve á mirar á un hombre cara á cara?
Admirable recato!
Ya podia yo decirla: muchacha, mira que soy
tu padre! No, no, papá! me respondía bajando los
ojos. Sin embargo, puedes hacerle esa fineza, yo te
lo permito.
Gracias, lio. (Que no te llevara el diablo!)
Qué esposa vas á tener cuando se haya familiarizado un poco con el mundo! Y qué establecimiento!
La mejor botica del cuartel. Qué parroquia! Digo!
Cuando tú pongas sobre la puerta un gran rótulo que
diga : don Benito Linaza , yerno y sucesor de don Serapio Balsamina , farmacéutico , etc.. con una serpiente mordiéndose la cola...
Verás, verás cómo bogas
al sur, al levante , al norte,
que ni entorchados ni togas;...
nada prospera en la corte
como el comercio de drogas.
Con el objeto de que empieces á insinuarle en la confianza de Rosita, he dispuesto para esta noche un bailecillo; y habrá torrijas en almíbar, mostachones,
conserva de membrillo, jarabe de meconio, limonada, moscatel, perfecto amor, pastillas de malvavisco... En fin, una fiesta de familia, un baile farmacéutico. No vendrán mas que algunos vecinos, algunos
amigos... Nada de etiquetas! Animada con el baile.
Rosita será menos uraña , y al acabarse la función ya
estaréis los dos atorlolados... quiero decir, hechos
unas tortolitas.
Pues ya!... Si... El ingenio de usted... (OL estólida senectud !)
Pero me parece que oigo la voz de Rosita. Ea,
sobrino ! Aqui de la galantería. Ofrécela tu presente
nupcial.
(Hombre temerario !)
Y cosa mas á tiempo... Lucirá la cadena en el
baile.
Sí, lio, si... (Pues estamos bien! No puedo leer
la carta de Rufina , y me obligan á regalar su cadena!)
ESCENA V
BENITO. DON SERAPIO.
Animo, señorita. Tiene usted miedo también
de dar los buenos dias á su padre?
Cómo, Rosita! No tienes aliento para abrazarme?
Papá, mi rubor... Como no está usted solo...
Qué importa? A qué vienen esos melindres y
esa tristeza? Ayer... vamos, ya era otra cosa. Acababas de dejar tu colegio, tus amiguilas... Pero boy es
preciso estar alegre, voto á briós!
Ah ! Papá !
Eh?
Dice usted unas cosas...
(Riéndose.) Ah , ah , ah. Porque digo voto á
briós. Tú te irás acostumbrando...
Oh ! No, papá. Cuándo me consolaré yo de verme separada de aquellas respetables y ejemplarísimas
señoras? Alli era tan dichosa... Nada tenia que temer.
Ahora, ¡ay de mí! espuesta á las seducciones, á los
peligros de la sociedad...
Pero hija mia , la sociedad...
(Pues no.es poco mogigata mi novia !)
Desdichada ! Qué será de mí en medio de un mundo corruptor? Cómo salvarme de tantos lazos? Quién
me servirá de escudo contra la perversidad de los
hombres?
Chica, chica! A qué vienen ahora esos misereres?
Escúsela usted, don Serapio. Cavilaciones...
Quiere usted creer que no lia pegado los ojos en toda la noche? Está muy sobresaltada la pobrccilla. Lo
menos diez veces me llamó. A cada momento creía
ver entrar un hombre en la alcoba. Ya se ve, palomita inesperta... Si usted supiera... Parece que ha sucedido... un suceso terrible cerca de la plazuela de
San Ildefonso.
(Acercándose.) De veras? Alguna cosa atroz?
liosa. Silencio, ama mia! Silencio!
Alguna desgracia? Diga usted, diga usted...
La señorita no me ha contado mas que una
parte de la historia. Ella misma puede...
Pues vamos; cuéntanos tú...
(Si con el cuento se olvidase de mi cadena...)
Bosa. Yo lo contaría de buena gana, papá; pero es imposible.
Por qué?
Bosa. Porque son cosas que no se pueden decir delante
de los hombres.
Eh ! Qué diablo... Se disfrazan un poco...
Siempre será alguna niñería. Yo espero que
con el tiempo... Ah ! Cómo es que no te has vestido
todavía para el baile?
Bosa. Papá, si usted no lo tomara á mal...
Qué ?
Bosa. No quisiera hallarme en el baile.
Otra embajada!
Bosa. Porque me han dicho que en un baile hay mil
.riesgos, mil tentaciones... que es muy fácil dar un
mal paso, y...
Vaya, vaya, eso ya es demasiado.
Ay, ay, ay! En el colegio la han barajado los
sesos.
Mira, chiquilla, déjate de gazmoñerías, que
para ser muger honrada... Pues no tenemos mala droga... Es preciso vivir con el mundo, y cuando una
muger está para casarse...
Bosa. [Asustada.) Casarme!
Sí, hija mia. que hay falta de boticarios, y la
impaciencia de mi sobrino... Qué tal te parece? Hacia va tiempo que no le veías. No es verdad que se
ha hecho arrogante mozo? (Benito da muestras de satisfacción.)
liosa. No, papá.
Por qué, muchacha?
(Bajando los ojos.) Porque es magro y narigudo.
Pues alabo la franqueza! Eh ! Todavia no tiene
el gusto formado. Es tan niña !
(Y tiene razón, que parece una espátula.) (En
voz baja.) Vamos, Benito, vamos. Esta es buena ocasión.
Ocasión de qué?
De presentarla tu regalo. Llama á la joyería en
ausilio de la naturaleza.
(No hay remedio! Ah! Rufina! Rufina!) (Ofreciendo la cadena.) Amable prima, me harás la fineza
de aceptar...
Primo, no sé si debo...
Ah ! Si tienes reparo... (La va á guardar.)
No, no. Tómala, hija. Yo lo consiento.
No te la ofrecería sino tuviera tanto gusto en
ello tu respetable papá.
Bonita cadena!... Ay, papá, que tiene mi cifra.
(Se la enseña.)
Y es verdad !
Una R. y una B., claro está : Rosa Balsamina.
(Oh Rufina ! O malaventurado Benito!)
Vamos, qué haces que no vas á prepararte para el baile?
Con que se ha empeñado usted...
Sí, hija mia. Qué dirían los convidados? Quiero que estés bella, quiero que te admiren, y reconozcan en tí la mas esmerada confección de mi laboratorio.
Entre mirto y manzanilla
honra á tu padre Serapio;
y, por nueva maravilla,
unidos vea la villa
á Cupido y á Esculapio.
Vamos, pues, Sinforosa. Una vez que mi padre lo
exige, haré el sacrificio de ponerme bonita. Oh mundo pernicioso ! Oh deleznable humanidad !
ESCENA VI
Ali ! Gracias á Dios que me veo solo! Ahora puedo abrir
la carta de mi esposa. — Con tal que no me pida la
cadena... Oh! Cuál me abrumas con tus cartas, y
con los portes de tus cartas,... deliciosa Rufina! —
Y agregue usted á esto los seis duros mensuales que
me está mamando la nodriza de mi heredero. Oh sabrosa, pero desastrosa y gravosa y onerosa coyunda
de Himeneo!... Leamos la epístola. (Lee.) «Toledo 10
de enero de 18052.» 18032! Dónde diablos ha ido á
plantar un cero esa mugen?
«Señor don Benito...» Oh ! oh ! parece que escribe amoscada. «Su conducta de usted es un poco turbia. Sus cartas me infunden terribles sospechas... Cocodrilo ! Si me engañas... No puede creerlo mi corazón ; pero esta idea me quita el sueño y el apetito.
Hoy salgo para Madrid en la galera del tio Boliche.
Llegaré mañana sábado , 11 del corriente.» Este mañana es hoy. «Sal á esperarme á la puerta á las seis
en punto, y soy hasta la muerte: Rufina Festón.»
Diosmio, alas seis, y ya son las siete!... Ya hace
una hora que no existo!... La conozco bien: estará
furiosa... Y qué diablos viene á hacer aqui? Ah ! No
importa. Corramos á su encuentro. Si llega á entrar
en esta casa, no hay remedio, soy perdido.
(Dentro.) Bien, bien. Una vez que está ahí yo
voy á hablarle.
ESCENA VII
Qué oigo! Esa voz... Ya está aqui. Me alegro!
Me alegro... como si me ahorcaran.
(Entrando.) Muy bien, señor mió! Ahí se está usted con los brazos cruzados, y yo esperando. Se ha
portado usted !
No , hija mia. Si ahora mismo iba á echar á correr... Vamos; dame un abrazo.
No. No hay prisa.
Te aseguro, dulce consorte, que no ha sido culpa mia... Ya se ve, llegas al mismo tiempo que la
carta... Esto ha sido un trabucazo.
Oh! Si es mucha galantería la de mi marido!
Lindo recibimiento , como hay Dios ! Yo no sé quién
me detiene que no te... Pero tengamos moderación.
Es que me pones en un compromiso del demonio. Con qué objeto vienes á Madrid?
Con el objeto de revelárselo todo á tu tio. Yo
soy tu muger delante de Dios y de los hombres. Es
preciso que lo sepa. Está resuelto.
Rutina ! Mira lo que haces : mira que me va á
plantar en la calle. Espera á que me haga su sucesor,
á que me ceda su botica , y entonces...
No , bien de mi vida, no quiero esperar. Tú eres
un monstruo, un fementido, un... Me detengo por
prudencia. Tú me abandonas ! Ni te acuerdas siquiera de tu hijo!
[A media voz con inquietud.) Chist! Habla mas bajo. Tengo noticias del párbulo. Está tan guapo...
Ya le ha salido un diente.
Un diente !
Si, Rufina! Y en nombre del himeneo, de la
naturaleza... y del diente, ruegote que te vayas. Vete, Rufina. Aqui no estás bien. Vuélvete á Toledo.
Allí está el domicilio político de tu esposo.
Yo quiero estar en Madrid.
(Furioso.) Sí? Pues no! Tú partirás. Alguna vez
he de mandar yo.
Ah traidor! Recurres á la violencia? Rien! bien!
Éso es lo que yo quiero. Habrá quimera, habrá escándalo , y yo te quitaré la máscara, mal padre! marido
sin religión !
Renilo. Dios de Israel! Si vinieran... Qué carácter! Ah!
Por qué fui yo á Toledo? Vamos, Rufinita , juicio,
juicio. Qué te cuesta acomodarte en una posada? Yo
iré á buscarte. Esta noche hay aqui gaudeamus , un
poco de baile... Yo procuraré escaparme...
Un baile, eh? Y mientras tú te diviertes... No;
aqui me quedo , y salga el sol por Antequera. Yo quiero bailar. Huy ! Pues poquito me gusta á mí el vals.
y la música, y la broma , y la... No digo mas; pero
iré al baile, y si lo toman á mal, canto de plano.
(Desesperado.) Cantarás de plano? Cantarás de
plano? Tú? Qué horrible designio! Si mi lio llega á
saber... Ah, Rufina! Aun no sabes tú cuan terrible es
la cólera de un boticario!
Qué importa? Yo quiero bailar, y bailaré.
(Qué va á ser de mi?) Escucha, muger: ya que
no puedo vencer tu obstinación, retírate á lo menos
de esta pieza. Toma; ahí tienes la llave de mí cuarto.
En el entresuelo... La puerta de la izquierda. Enciérrate. Me negarás también esta gracia ? Lo temo, porque tú siempre me niegas...
No digas borricadas. Vamos; consiento en subir á tu cuarto. Allí te espero, y supongo que no te
harás desear mucho tiempo. Ya sabes que la soledad
me aburre fácilmente.
[Muy alegre, y acariciándola.) Muger deliciosa! Muger adorada! Dentro de un instante vuelo á tus
brazos. Allí concertaremos... Ya verás como siempre
soy Benito, tu mismo Benito.
Pues cuidado !
A Dios, mi consuelo;
que mientras en calma
mi afán te revelo,
volará mi alma...
Dónde ?
Al entresuelo. (Sale Rufina acompa-
ñada de Benito, cierra este la puerta , y al mismo
tiempo entra Hilario por la de en medio.)
ESCENA VIII
(Hilario! Dios poderoso!) (Entreabriendo la
puerta, y en voz muy alta.) Tenga usted cuidado de
menear bien la redoma, y una cucharada al enfermo
cada media hora.
Oiga! No es saco de nueces la parroquiana. Y
por qué sale por ahí con tanto misterio?
Porque... Porque su marido está para dar la última boqueada, y se le está preparando un rejalgar...
(No sé lo que me digo.)
Ah ! Pues...
No quiere que la vean. Ella tiene sus motivos.
Calle usted! Con que... En fin, es igual. Diga
usted, don Benito, ya habrá usted visto á la señorita
No es verdad que está muy linda?
En efecto. Es bonita muchacha.
Caramba qué dichoso es usted ! Va á ser rico;
le recetan una niña dieziochena , y yo ¡pobre de mí!
como no me case con la Farmacopea...
Hilario! Hilario! No te cases. Dónde hay vida
como la de un mancebo ?
Ya, pero... Mancebo de botica... (Suspirando,
y con la mano puesta sobre el corazón.) Ah, don Benito! Si la amable Rosita... Pero no se ha hecho la
miel para la boca del asno.
Tú has suspirado, Hilario !
Yo ?
Si. Tú estás enamorado de mi prima.
Cree usted?...
Sí creo.
Rien pudiera ser, que yo no soy insensible,
aunque aprendiz de boticario.
Ay, amigo mió! Yo sé lo que es una pasión
comprimida , y no quiero ser causa de tu infortunio.
Joven farmacéutico, obra como si yo no fuese tu rival, haz cuenta que yo no estoy en el mundo, procura ser correspondido de esa Rosa, tan llena de espinas para mí. Yo no diré ni siquiera esta boca es mia,
y quizá me harás un gran favor en deshancarme.
(Muy alegre.) Ah! De veras?
Si me queda otra, mala cantárida me desuelle.
Es posible! Será usted tan buen sugeto, tan
campechano que me ceda... Pero y su tío de usted ?
Mi lio... tal vez mudará de pensamiento. — No
es muy fácil, porque tiene Can poca provisión de ideas,
que cuando llega á concebir una... Pero con paciencia lodo se logra. Oigo pasos... Justamente es Rosita. Te dejo con ella; yo subo un momento á mi cuarto. [Suena una campanilla.) Allá voy ! Allá voy! (Cíe-
lo sanio! Allá mi lio, acá mi novia, acullá mi muger... Qué terno ! Se lo doy al mas pintado.)
ESCENA IX
Aqui está! Las carnes me tiemblan.
Venga usted , señorita , para que la vea don
. Serapio. Vaya si eslá usted linda! Sobre que da gozo... Ah , no está aqui , que es Hilarito... Hola ! Mire
usted qué lechuguino se ha puerso para el baile.
(Aunque tengo letra abierta de don Benito, me
turbo, y no sé qué decirla.) Señorita, beso á usted
los... Oh , qué bonita está usted con ese vestido !
Hilario ! Es usted muy lisonjero, y yo no gusto de
adulaciones masculinas. Son tan perniciosas!
Oh! Adulaciones... no. Yo digo lo que siente
mi corazón. Será usted la reina del baile, no lo dudo... Y si me atreviera á pedirla á usted... la primera contradanza...
liosa. Amita, debo aceptar?
Quién lo duda?
Acepto con mucho gusto, Hilario.
Oh bondad sin límites ! Oh modestia ! Oh longanimidad!... Estoy fuera de mí, estoy... Ah monísima! (Besa la mano d Rosa y se escapa. Rosa da un
grilo.)
ESCENA X
Qué le ha dado á usted ?
Ay, Sinforosa! No en vano me tienen dicho que
los hombres son pérfidos y emprendedores.
Verdad es que ese zagalón es atreviduelo;
pero pérfido? nada de eso. Si es la misma dulzura !
Si he de decir la verdad, este me inspira menos
terror que los demás.
Vamos, vamos; ya irá usted perdiendo el
miedo.
No, no; jamas. Si supieras la historia de la pobre Luciana , aun temerías á los hombres mas que yo.
Ay. hijita mia ! Yo ya estoy asegurada de incendios. Con que la pobre Luciana... Quién fue la
causa de su desventura?
Un joven.
Ya me lo figuraba yo.
Un bello mozo, según dicen. Verás: había valsado con ella devorándola toda la noche con sus
ojos. — Ahora sabrás las terribles consecuencias de
los bailes.
Era la noche. Luciana
yacía en sueño inocente,
cuando un hombre de repente
se aparece en su ventana.
Salta con fatal denuedo;
tiembla la joven sencilla ;
va á gritar la pobrecilla;
y embarga su voz... el miedo.
Bien. Y qué mas?
Desde aquella noche fiera
quedó mustia y sin color
como en agosto la flor
que pintó la primavera.
«Ay! A mi amargura cedo :
ya mi dicha se acabó...»
Dijo Luciana ; y murió...
De qué dirías? De miedo.
Y eso es verdad?
Que si es verdad? Figúrate que me lo ha contado
mí maestra...
Vaya por Dios! No eran tan miedosas las niñas de mi tiempo.
De veras? Y... vamos á ver, ama mía, qué barias
tú si vieses entrar un hombre en tu habitación?
Qué haria? (Vaya que la chica me hace unas
preguntas...) Lo que puedo asegurar á usted es que
no me moriría.
liosa. Jesús, Jesús!...
Vamos, déjese usted de visiones. Baile, cante, ria... A su edad de usted era yo un diablillo.
Ali! Qué palabra has pronunciado? No, no hay
que hablarme de baile, que tiemblo solo de pensar...
Mejor es irme á acostar tempranito.
Buena gana ! La música no la dejaría á usted
dormir. Y qué diria papá? Eh! Aqui viene. La dejo á
usted con él. Alegría, y el diablo se lleve lo que sea
suyo.
ESCENA XI
(En el foro á Benito.) Vamos, Benito, vamos.
Anda á ponerte los trapitos de cristianar y vuelve...
Voy corriendo, tio. No tardaré mucho. (Cómo
haré para impedir que esa desesperada asista al baile?) (Vase.)
(Desde la puerta.) Y tú, Hilario , cierra la botica. Aun es temprano, pero qué importa? Estamos
de fiesta, y los amigos van á llegar. Ah, que estás aquí,
Bosita ! Y de veinte y cinco alfileres... Bueno! Eso
es lo que yo quiero. Supongo que harás tú los honores de la casa, que yo no entiendo de filigranas.
Sí, papá.
Bomperás el baile con tu primo?
Oh! No, que estoy comprometida con Hilario.
Muchacha!'... Le va á dar una gana de reir á
..
(Entra como espantado.) (Qué es esto, cielos? Dónde se ha metido mi muger? No está en mi cuarto... Si hoy no pierdo el juicio...)
ESCENA XII
dichos, hilario. Después rcfina, vestida de hombre.
Don Benito, aqui hay un joven que quiere hablar con usted.
Conmigo?
Sí señor. Dice que es amigo de usted , y que le
ha conocido en Toledo, y... qué sé yo?
Quién diablos puede ser?
Serapio, Dile que pase adelante.
Entre usted, caballerilo. (Vase.)
(Mi muger! Virgen santa! Se ha puesto mi ropa...)
(A Rufina.) Con que usted es amigo de mi sobrino?
Sí señor, ya hace tiempo. Somos uña y carne.
Vamos, no me das la bien venida?
(Esforzándose á reírse.) Ah!... Sí... Bien venido seas, Rufino.
Tú no me esperabas, verdad?
Renito. No, ciertamente. Bien ageno estaba yo... (En
voz baja.) Ah proterva muger!
Llega usted á muy buena hora, que tenemos un
bailecillo... Supongo que será usted de los nuestros.
Tendremos un caballero mas.
Caballero,... usted me favorece demasiado.
Y si se queda usted algunos dias en Madrid,
asistirá á la boda de su amigo.
A su boda ! [En voz baja acercándose á Renito,
y dándole un pellizco.) (Infiel ! Asesino !)
Renito. (Ay ! Pues ha lardado mucho en decirlo el viejo
carcoma !)
Cómo, Benito ! Tú te casas? Pues no me habías
dicho nada.
Renito. En efecto... porque... yo decia para mi... no vale la pena... (Yo tengo calentura, como hay Dios.) (Saca del bolsillo una cajita de pildoras y se toma una.)
Se casa con su prima, con mi hija, la que tiene usted presente.
Ah ! Con que esta señorita?... (Qué veo! Esa cadena... Qué parecida es á la mia ! Seria posible?... Si
yo averiguo...)
Saluda, Rosita.
(Hace una cortesía.) (Gran Dios ! Cómo me mira!
Me espantan sus ojos.)
(Rajo á Rufina.) Este es un casamiento que se
hace muy á gusto de todos. Benito está loco por la
muchacha.
(Rajo á don Serapio.) Es cosa singular ! Pues
nunca le hubiera yo creído capaz... En Toledo tenia
una fama de calavera, libertino, desenfrenado... Me
contengo por que es amigo mió, pero su conducta es
muy reprensible.
(Admirado.) Reprensible?
Infame.
Infame?
Horrorosa.
Horrorosa? Cómo es posible?...
Y si no , digalo cierta aventura ruidosa que ha
tenido con una doncella toledana... Aquello de...
oh!... Ya me entiende usted.
Pues no ha llegado á mi noticia... Vea usted,
yo le tenia por muchacho honrado y... Benito?
(Se acerca receloso.) Tio ?
Oye una palabra.
(Tomando otra pildora.) (Me dan sudores de
muerte !)
Qué aventura es esa que has tenido en Toledo
con una doncella?...
(Alelado.) Aventura dice usted? Doncella dice
usted? Yo diré; cierta mozuela... sin consecuencia...
Mozuela sin consecuencia? Miente usted con toda su boca. Es usted un hombre sin fé, traidor, hipócrita... No digo mas por respeto al señor, pero es usted un taimado, un mala lengua, un cabestro.
(Alzando la voz.) Cómo se entiende? Usted me
insulta, eh? Nos batiremos. Salga usted, salga usted!
(Metámoslo á barato.) — Salga usted. Salga usted. (Corre hacia la botica asido de don Serapio, que no puede
detenerle.) Salga usted, seo guapo!
(Inmóvil.) No hay para qué... De aqui no me
muevo.
Ay Dios mió ! Aqui va á haber muertes!
(Que ha acudido á las voces.) En una botica!
[Que ha logrado detener á Benito ayudado de HILARIO. ) Señores, señores! Un desatio en mi casa! Y entre amigos! Y por qué? Por una bagatela. Al fin y al cabo, aunque haya hecho una muchachada antes de casarse...
Es que el señorito es muy capaz de hacerlas
después.
(Otro par de coces!)
Vamos, vamos; se acabó. (Por el foro á la derecha se dejan ver algunos convidados.) Felizmente ya
van viniendo los amigos... Adentro, adentro, señores!— Benito, anda tú á la cocina á cuidar de los refrescos.— Allí están puestos á la lumbre. — Que te
ayude Sinforosa. Vamos, vamos.
ESCENA XIII
Es preciso confesar que mi muger es el demonio en carne humana. Venir de Toledo para espiar mi conducta y apoderarse de mi levita ! Mi lio me la dio. No
ha sido poca fortuna que no la haya reconocido. (Mirando adentro.) Ellos se divierten, se atracan de torrijas y bartolillos, y entre tanto yo... Heme aqui con
mil angustias en el corazón, y nada en el estómago !... Ay ! Ya van á principiar la contradanza. Qué
veo! Mi muger está hablando con mi prima. — Quizá la convida á bailar... Y si declara?... Corramos á
cortar la conversación. (Va á salir, y Sinforosa le
detiene.)
ESCENA XIV
Adonde va usted, don Benito ? Y los refrescos? Se ha olvidado usted?...
Ah ! Sí, es verdad... Ya no me acordaba... Como está uno tan... Voy, voy corriendo. (Toma una
vasija.) Aun es tiempo... (Va d salir precipitado.)
Eh! Qué hace usted? Está usted dado á los
diablos? Si eso eso es hipecacuana !
(Estupefacto.) Tiene usted razón. Pobre cabeza
mía! Ya lo ve usted, señora Sinforosa de mi alma. He
perdido todas mis facultades y potencias. Cuan cierto
es que la desgracia embrutece á los hombres de mas
talento! (Deja el bote, toma otro, y vase.)
ESCENA XV
Luego rosa.
Qué le pasa á este pobre hombre? Como soy
que me da pena... Calla! Usted por aquí, señorita?
Si, querida Sinforosa; me he escapado para descansar un momento.
Pues tan pronto se ha cansado usted?
Hace un calor en aquella sala!... y han levantado
un polvo... Yo estoy trastornada. Y luego... todos los
jóvenes la sitian á una, la miran, la... Jesús! Me han
hecho salir los colores, y bajar los ojos, y... Vamos,
esta es mucha mortificación, y mas cuando una tiene sueño. Dejaré pasar el vals, y respiraré un poco.
(Se sienta.)
Bien, hijita , bien : descanse usted. Yo voy á
ayudar á don Benito á preparar las bebidas. (Cansarse una muchacha de bailar y de ser cortejada!... Vamos, sobre que este es el siglo de los fenómenos!)
ESCENA XVI
Qué quiere de mí ese joven... ese amigo de mi primo?
Sus ojos tienen una espresion tan singular... A mí me
estremece sin poderlo remediar. Qué descaro ! Qué
aire de... Oh! El será un santo, pero por cuanto hay
en el mundo no quisiera... (Tocan dentro un vals.) Ya
están valsando... No, pues aunque viniera el lucero
del alba á pedirme... El sueño... (Se queda dormida.)
ESCENA XVII
rosa, dormida, rufina, viene como acechando, y cierra
la puerta.
Mi marido aun no se ha presentado en el baile,
y la primita ha desaparecido. Qué viene á ser esto?
Es tan estraordinaria la conducta de ese hombre para conmigo... Oh! Aqui hay misterio. — Alguna ci-
la... Si ta! supiera!— Cálmate, RuGna. Esto es lo mas
prudente. (Viendo á llosa.) Qué veo! Ella es! Está
dormida... Pues no es fea: al contrario; demasiado
bonita para mi reposo, la trasto, la muñeca! Voy á
aprovecharme de esta ocasión para examinar bien esa
cadena, á ver si es la mia. (Se acerca á Rosa, y roconoce con tiento la cadena.) La misma! La misma ! No
hay duda. Ese cuadrúpedo se la ha regalado. Yo la
rescato, y mas que arda Troya. Vuelve á casa, pan
perdido ! (Se la quita del cuello.)
Ah! Un hombre! El amigo de Benito! Y yo estoy
sola !
Calle usted, señorita!
No, no callo. Papá! Papá! Socorro! Socorro!
Oh bestezuela impertinente! (Vase corriendo.)
ESCENA XVIII
DON SERAPIO. BENITO. SISFOROSA. HILARIO. CONVIDADOS.
Papá! Papá !
Qué es esto?
Qué tienes, niña?
Renito. Qué ha sucedido?
Ay de mí! Yo me muero.
Renito. (Adonde diablos ha ido mi muger?)
Habla, hija mia, habla. Qué te ha pasado?
Ay, papá! Qué horrible aventura! Aqui... aquí...
Un hombre...
Vamos, qué?
No, no! Jamas tendré valor para decir...
Ah! Me hace temblar. Qué hombre es ese? Dónde está ?
Es el amigo de Benito.
Renito. (Mi muger !)
No hay remedio! La vida me costará como á la
triste Luciana !
(A don Serapio.) Pero señor... si no hace dos
minutos que me separé de ella !
No, hija mia, no te mueras. — Buenos amigos
tienes, Benito! Qué aleutado ! — No sé cuál, pero sin
duda ha sido horroroso.
Pero, tio... (Qué atentado ha podido cometer
mi parienta?)
liosa. Papá! Me lian quitado... mi cadena!
Te lian quitado la cadena?
Ladrones, Ladrones!
Eh! No hay que alborotar. Tranquilícense ustedes. Yo respondo de ella.
Cómo de ella?
Sí, de la persona... Está en mi cuarto.
Bien , bien. Yo corro á apoderarme del agresor...
(Deteniéndole.) Alto ahí! Yo no lo permito... y
tengo mis razones para ello.
Silencio! Se oyen pasos en la escalera. No puede ser otro mas que él. Bribonazo ! Vamos, Benito.
Sal á su encuentro. Aqui de tus puños !
(Quisiera verme siete estados debajo de la tierra.
Ah ! Por qué fui yo á Toledo?)
ESCENA ÚLTIMA
menos. RUFINA.
Bosa. El es! Él es! (Se refugia en los brazos de Sinforosa.)
Bufina. (A Benito.) Hola! Gracias á Dios que está usted
visible.
(Muy serio.) Buflno, vamos poco á poco. Esto ya
pasa de la raya.
Bufina. Qué, qué dices, mal hombre?
(Gritemos mas fuerte que ella.) Digo que su conducta de usted es atroz, escandalosa... y me dará usted una satisfacción. [Bajo á Bufina.) Aguántate, que
esto es farsa.
Le pide á usted satisfacción.
Te pido satisfacción.
Bufina. Me pides satisfacción? Toma. [Le da una bofetada.)
(Grito general.) Bien! Bien! Me alegro! Otra!
Otra en este lado!
Qué audacia! A mi pobre Benito!
Bueno! Me las pagará todas juntas. — Cuál es tu
arma?
(Mostrando la mano.) Ya lo has visto.
La espada, ó la pistola? Elige.
Itosa. Oh cielos!
(Furioso.) Elige, elige, elige... y vamos, vamos,
vamos! (Tira del brazo á Rufina.)
(Interponiéndose rápidamente.) Deteneos ! Qué
vais á hacer?... Ah papá! Se van á hatir... No sahe usted que ese es un crimen horrihle? Yo no lo consentiré. No, papá. Prefiero sacrificarme...
Sacrificarte !
Sí, papá; sí , primo mió. Yo sé el modo de repararlo todo. No hay mas que uno; hien me lo han dicho en el colegio, y voy á emplearlo. (Después de un
momento de silencio.) Me casaré con el señor.
Conmigo!
Serapio é Hilario. Con él !
(Con mi muger! Gran Dios, si fuera posible !)
(A Rosa.) Pero, muchacha, reflexiona...
No, no, papá. Es indispensable, y si don Rufino
consiente...
Dice bien. lio. Si Rufino consiente...
Es que yo no lo consentiré. Casar mi hija con
un ladrón !
Ladrón ! Saben ustedes con quién hablan ? Este
buen señor ha perdido la cabeza. Usted es un mentecato , un estafermo, un vinagre, un... Me modero por
respeto á esas canas... Pero ya es tiempo de descifrar
esta charada. La cadena es mia, muy mi'a; y se lo puedo hacer bueno á todo el mundo.
Pues cómo?...
Sí señor. Le están á usted engañando como á un
chiquillo. Sépase...
(Pasando rápidamente ul lado de Rufina.) Rufino, quieres callar? Quiere usted callar, señor don
Rufino ?
No; que ya se me ha apurado la paciencia. Sepan ustedes que los dos somos marido y muger.
(Ah ! Ya soltó la tremenda palabra!)
Marido y muger ! (A Benito con indignación.)
Desventurada! Seis años en mi casa, y aun me tenias
oculto tu sexo !
Tío! tío! Con que me ve usted afeitarme tres
veces á la semana, y me sale ahora con ese absurdo'
Valga la verdad ; yo no soy su muger, sino él.
Cómo él?
Pues ; él es ella , y yo soy él.
Sí señor: yo soy su sobrina política de usted.
Benito se casó conmigo en Toledo.
Ali ! Ya caigo de mi asno ! Sinforosa , una silla... Yo me siento malo... Tengo ya barruntos de
una enfermedad peligrosa.
(Perdí la botica !)
Usted muger de Benito! Usted mi sobrina! Y
qué va á ser de mi hija ?
Yo, papá... Ya sabe usted que no gusto de mi
primo.
Renito. Oh interesante Bosita! Qué bondad! Qué filantropía ! Escuche usted, tío: si quiere casar á su hija con
persona que la agrade, yo tengo con quien acomodarla.
Será posible ?
Si señor; y guapo muchacho. (Mostrando á Hilario.) E eco lo quá.
Hilario ? Calle!... Pero, vamos claros. Es hombre este prójimo? No salgamos luego...
Sí señor, sí señor!
Ya le oye usted. En cuanto á mí,... si me es
permitido implorar la clemencia...
(Irritado.) Tú? Vete, vete á Toledo ! Si es preciso te daré para que pongas una botica. Haré cualquier sacrificio por el gusto de no volver á verte en
los días de mi vida.
Dios se lo pague á usted, lio!... Pero... qué!
No quiere usted que le presente aquel angelito...
Qué oigo! Hay angelito de por medio?
Ah ! Si señor. Un farmacéutico de cinco meses.
Ah papá ! Hágale usted venir. Me gustan á mí tanto los chiquillos...
Vamos, señor. Oiga usted los gritos de la naturaleza.
Sospecho que me voy enterneciendo. (Haciendo pucheros.) Benito, y tú, muger de Benito,... traedme al hijo de Benito.
Escelente tio ! (A Hilario.) Hé aqui un tío ! Lo
que se llama un tio ! Admirable tio !
(A Benito.) Bien; pero... y yo?
(A don Serapio.) Le oye usted? Dice: y yo?
Cómo?... y tú?
No señor: él es el que habla. Él dice: y él?
Ah! El? Ya... Bueno. El año que viene hablaremos.
El año que viene? Oh fortuna! Qué dice
usted, señorita? Sentirá usted que yo sea su marido ?
Yo .... Hilario... (Bajando los ojos.) No tengo miedo de tí.
Ya ves cuan sin razón me acusabas, Rufina. Ya
ves que soy la inocencia personificada.
Bien, bien. Luego ajustaremos cuentas.
Jesús, Jesús, muger...
Vamos, vamos , amnistía general y bailemos,
pues este es dia de regocijo para todos.
(A Benito.)
Yo seré tierna y leal,
pero si me tratas mal
ten presente que no en vano
me ha dado Dios un hermano
granadero provincial.
Ese humor atrabiliario
bien puedes tú desterrar,
oh esposa: de lo contrario...
yo te lo sabré curar.
Entiendes? Soy boticario. .
Sé amoroso y no colérico
mientras te dure el calórico :
yo con tono cadavérico
me quejaré de mi histérico
que ya se va haciendo histórico.
Aunque humilde y taciturno,
tal tendré yo la mollera
mientras me llega mi turno,
que venderé sal de higuera
por estrado de saturno.
Si es fuerza que yo me esplique
sobre mi boda... Ay! no puedo.-—
Si la virtud no es mi dique.
temo que me mate el miedo...
de que no se verifique.
(Al público.)
Si este juguete os agrada,
y yo no soy temerario
en pedir una palmada ,
nos vendrá... como pedrada
en ojo de boticario.