Acto primero
(Personas: CEFERINA; LUISA; DOÑA MAMERTA; DON MANUEL; DON LUCAS; DON EMETERIO; DON BENIGNO; BONIFACIO; GIL; CRIADO.)
(La acción pasa en Toledo.)
ESCENA PRIMERA
(LUISA, CEFERINA.)
Con que ¿es cosa decidida,
señorita?
Sí.
¿Hay locura
semejante? ¡Por despecho
casarse en segundas nupcias,
usted, tan joven, tan linda,
con ese primo á quien nunca
ha visto, y que frisa ya,
según consta de escrituras,
en cincuenta navidades!...
¡Santo Dios! Tendrá peluca...
Asi lo dejó dispuesto
don Pedro Nolasco Orduña,
tio de ambos, y es preciso
que la voluntad se cumpla
del difunto.
No es la cláusula
en cuestión tan absoluta;
pues, según tengo entendido,
hay otra que la atenúa
mandando que si la boda
citada no se ejecuta,
reciba usted diez mil duros
de dote...
Pero á don Lucas,
que es el único heredero
de la cuantiosa fortuna
de don Pedro, se reserva
la facultad inconcusa
de elegir entre casarse
conmigo, ó darme la suma
consabida; y sí soy yo
de quien parte la repulsa
todo lo pierdo.
¿Se ha visto
disposición mas absurda?
Hubiérame apresurado
á escribirle mi renuncia,
porque no en él sino en otro
cifraba yo mi ventura;
pero esperé, y mi esperanza
pareció á todos muy justa,
que el novio testamentario,
dando corteses disculpas,
me dejase en libertad
de aspirar á otra coyunda,
ya que á sus crecidos bienes
los de la herencia acumula,
y pudiendo á poca costa
comprar mi paz y la suya.
No tuvo á bien observar
tan generosa conducta...
¡Pues ya! Sabrá que es usted
un prodigio de hermosura
y virtud: quizá habrá hecho
alguna excursión oculta
á Toledo,... sí; y prendado
de esa cara, — ¡alma de Judas!
habrá dicho para sí:
me conviene la futura;
muchos anos llevo á cuestas,
pero ella es pobre y yo un Fúcar
Esperaré. Siempre hay tiempo
para soltar la pecunia.
1‘ues bien; no la soltará.
Llena mi alma de amargura
por la alevosa perfidia
del ingrato á quien ilusa
entregué mi corazón,
cedí en fin á la importuna
solicitud de mi primo,
y hoy mismo, según me anuncia,
debe llegar á Toledo.
Pero ¿está usted bien segura
de que don Manuel Germán
olvida en la barabúnda
de Madrid á la que lia sido
objeto de su ternura?
¡Demasiado!; Veinte dias
sin escribirme! ¿Hay excusa
para tan largo silencio?
Sin duda el pleito le ocupa
mas de lo que él esperaba.
Sabe usted lo que es la curia...
Han podido extraviarse
las cartas, ó quizá alguna
enfermedad...
Será fuerza,
pues de ligera me acusas,
convencerte de su infamia,
aunque de rubor me cubra.
¡Ama á otra y se ha casado
con ella!
¡Eli! Será calumnia...
No. Y para mayor tormento,
la que su mano me usurpa
era amiga mia.
¿Quién?
¿Te acuerdas tú de Facunda,
la bija del contador...
Sí, señora; aquella rubia...
¿Con que es ella la...
Contempla
cuánta sería mi angustia
cuando á mis manos llegó
bajo un sobre — ¡atroz injuria! —
esta papeleta.
(La saca ele su bolsa y se la da d Ceferina.)
¿A ver?
(Leyendo.) «Don Manuel Germán...» — No hay (luda.
«Y doña Facunda Gómez...»
Ya ves...
¡Miren la lechuza!...
«Participan á usted...» — ¡Picaro!
Si le cojo entre mis uñas... —
«Su efectuado matrimonio...» —
Vamos, esto es una burla... —
«Ofreciéndole su casa
en la calle de la Ruda,
número 18, cuarto
principal.» — ¡Dios le confunda! —
Y aqui el membrete: — «Señora
doña Luisa Arnal de Zúñiga.»
(Volviendo á Luisa la papeleta.) ¡Y no castigan las leyes
tanta iniquidad! ¡Y hay curas
que en lugar de bendecir
á un traidor no le excomulgan!
Dime ahora, Ceferina,
que es mi indignación injusta;
dime que debo querer
á quien me vende y me insulta,
y que, mientras él en brazos
de otra muger rie y triunfa,
cuando otro me solicita
me resigne yo á ser viuda.
Eso no. Pero casarse
sin amor... ¡Ay! Calentura
me da solo de pensarlo.
¿Qué hará usted si le repugna
luego ese rancio marido
que en un acceso de furia
lia aceptado?
¿Qué sé yo?
¡Morir!
¡Valiente tontuna!
Quien puede aspirar á templos
no debe pensar en tumbas.
Si quiere usted verá pronto
esas lágrimas enjutas
sin recurrir á una mano
curtida y llena de arrugas.
Jóvenes hay en Toledo...
No, no. Es justo que yo sufra
el castigo de mi necia
credulidad. Ya á don Lucas
palabra be dado de esposa,
y aunque á mi dolor sucumba
la be de cumplir.
¿Con que el otro
ba cometido la culpa
y usted se impone el castigo?
Si lo mandara la Bula
no baria yo...
ESCENA II
(LUISA, CEFERINA, GIL.)
Señorita,
un forastero pregunta
por usted.
¿Será... ¿Su nombre?
Don Lucas Perez Orduña.
(¡Cielos!...) Que entre.
ESCENA III
(LUISA, CEFERINA.)
¡Ay Señorita
Si esa boda se efectúa
no diga usted que se casa;
diga usted que se sepulta.
ESCENA IV
(LUISA, CEFERINA, DON LUCAS.)
( Viendo aparecer á don Lucas, que hasta en el
traje que lleva manifiesta la extravagancia de su ca¬
rácter.)
(¡Qué visión!)
¡Ave María!
¿Quién es aqui mi señora
doña Luisa...
Servidora...
Muy señora y novia mia.
Recibí la muy atenta
de usted, en que acepta, cálamo
cúrrente, mi amor, mi tálamo,
mi craneoscopia y mi renta;
y vengo;
(Se arrodilla.) y puesto de hinojos
devoro con fanatismo
el celestial magnetismo
de esos hechiceros ojos.
¡OhJ alce usted...
(Levantándose.) ¡Oh venturoso
momento! ¡Oh gloria! ¡Oh placer! —
Usted dehe de tener
temperamento nervioso.
No sé.
(Es ente original.)
¡Gran tipo, ó miente la ciencia,
para absorver la influencia
del magnetismo animal!
No entiendo...
Veremos luego...
Hable usted claro, ó si no...
Ni mi señora ni yo
hemos aprendido el griego.
Pullitas; ¿eh?
(Ceferina se rie.) ¿Hilaridad?
(A Luisa.) ¿Sabe usted que es buena pieza
la niña... En esa cabeza
hay mucha chistosidad. —
¿A ver...
(Tentando la cabeza d Ce ferina.)
(Desviándose.) ¡Eli!...
Como no venza
su buena razón la audacia
(Volviendo á tentarla.) de este hueso, en cada gracia
soltará una desvergüenza.
(Retirándose.)
¡Quite usted... ¡Diantre!...
En los cráneos
hay órganos diferentes:
los unos son prominentes,
los otros son subterráneos.
El cerebro es la substancia
donde nuestra alma reside.
Cada afección coincide
con una protuberancia. —
Mas ya probaré en detall
que no es farsa ni pamema
el admirable sistema
del famoso doctor Cali.
(Aparte con Ce ferina.) ¡Ay, Ceferina!
Es un pozo
de ciencia.
¡Qué novio!
Un lince;
y allá por el año quince
fue sin duda guapo mozo.
En el arte de Mesmer
soy profesor asimismo;
esto es, en el magnetismo.
Y eso... ¿es cosa de comer?
¡Picardía! ¡Bachillera!...
(A Luisa.) Con el tacto, y aun quizás
con mirarle, y nada mas,
bago dormir á cualquiera.
Lo creo á fé de muger
honrada.
(A Luisa.) Desde que entró
este caballero...
(Bostezando.) ¡Ah!... yo
me duermo á mas no poder.
¡Ah! el órgano... Y este gas
magnético, sin preámbulos
lo digo, forma somnámbulos
y aun profetas...
[Sonriéndose, mirando d Ceferina y poniéndo¬ se el dedo en la cabeza.)
¿Eso mas?
En cuanto á la craneoscopia,
usted juzgará si...
(En actitud de palpar la cabeza de Luisa. Esta retro¬)
¿A ver...
¡Quieto!
Bien! Para muger
propia ¡huy! es usted... ¡la propia!
La amatividad es fuerte,
pero la templa...
(A Luisa, viéndola hacer un movimiento retrógrado.) ¡Oh! no toco; —
el intelecto.
[Valiéndose del lente para examinar la cabeza de Luisa y girando en derredor de ella.)
(Aparte con Ceferina.) ~ ¡Ay! es loco.
Pero manso. Me divierte.
¡Basta!
En todo su apogeo
la veneración descuella.
(Puedo casarme con ella
sin peligro.)
¡Oh! me mareo.
(Dejando de girar en torno de Luisa.)
Bien; otra vez... Tiempo queda
para que yo me ejercite...
Ahora, si usted me permite
quitarme esta polvareda...
Sí, sí.
El que viene de viaje...
¿Cuál es mi cuarto?
(Mostrando la puerta de la derecha.)
El de enfrente.
Muchas gracias...
(Viendo entrar d un mozo con maleta, saco de noche y sombrerera.) Justamente,
ya tengo aqui el equipaje.
(Guiado por Ce ferina entra el mozo con su carga en la habitúe ion in dicada. ) (¡Bien haya, amén, el capricho
de mi tio!) Por lo que hace
á nuestro próspero enlace,
no hay que hablar: todo está dicho.
(¡Cielo!...)
(Á Ce ferina.) ¡Ah! será menester
que me encargues un criado...
Sí; voy á dar el recado.
ESCENA V
(DON LUCAS, LUISA.)
(Al mozo que sale de vacío, dándole una pe
Toma tú para beber. (El mozo se retira.)
Esta noche tendrá efecto
el contrato ¡oh dulce amor!
Yo... (Se reprime y calla.)
¿Te turbas? Ya; el pudor...
YTielvo... Abur.
(Entrando en la habitación de la derecha.) (Sí; ¡el intelecto!...)
ESCENA VI
(LUISA, CEFERINA.)
¡Dios mió, qué hombre!... ¡Imposible!...
Guárdese sus diez mil pesos...
¿Qué tal, señorita9 ¡Bravo!
Doy á usted el mas sincero
parabién...
¡Cruel, no asi
te burles de mi tormento!
Muy desesperada estoy,
mas resignarme no puedo
á una boda que me baria
fábula y risa del pueblo.
No tal. ¿Por qué? Bien mirado,
don Lucas, aunque grotesco,
es un bendito de Dios.
Conozco yo á mas de ciento
que por un marido asi
se darían en el pecho
con un canto. ¡Friolera í...
¡Tonto y con mucho dinero!
Calla por Dios, Ceferina,
ó échame un cordel al cuello.
(Dentro.) ¿Dónde está?...
¡Cielo! Esa voz...
Es don Manuel...
¿Será sueño?
(Viéndole llegar por el foro.) ¡Ah!
ESCENA VII
(LUISA, DON MANUEL, CEFERINA.)
i Luisa!
¡Extraña visita!
Esa mano...
(Con seriedad y retrocediendo.)
¡Caballero!...
¿Qué es esto? ¡Asi me recibes
cuando desalado vengo
después de gemir ausente
de tus ojos mes y medio
que me han parecido un siglo!
¿Qué ha hecho usted en tanto tiempo
sin escribir...
Cuando sepas
la causa de mi silencio...
¡Harto la sé!
Pues entonces,
¿por qué ponerme ese ceño?
¡No, que bailará de gozo!
¡Habrá descaro...
No entiendo...
Ya se ve, tan ocupado
con los asuntos del pleito...
Sí tal, pero...
(A Luisa.) ¡Y calla usted,
y no le llama embustero,
traidor...
La única respuesta
que merece es... mi desprecio.
¿Por qué? ¿Quién me lia calumniado?...
Esplícame este misterio.
¿Está también mi señora
doña Facunda en Toledo?
¿Qué doña Facunda?... Solo
lie venido.
¿Cómo es eso?
¡Un recien casado...
¡Yo!
¿Quién ha forjado ese enredo...
¡Aun lo negará!
Me haréis
perder el juicio...
Acabemos.
(Dándole la papeleta.) Lea usted. La he recibido
por el último correo.
(Don Manuel lee para sí.)
Sí, lea usted, y si tiene
vergüenza, cáigase muerto.
¡Ah! está aclarado el enigma.
Yo no soy este sujeto.
¿Cómo!...
¡Maldito tocayo!
Dios le lia criado exprofeso
para darme que sentir.
En Madrid... ¡en el infierno
debía estar! hay un quídam
llamado ni mas ni menos
como vo Manuel Germán,
mas con el cuál nada tengo
de común, ni relaciones
de amistad ni parentesco...
¡Ah!...
Ni le he visto en mi vida;
mas si alguna vez le encuentro,
ó se bautiza otra vez
ó he de romperle los huesos.
El es sin duda el que consta
en este papel funesto
que ha herido tu corazón
con el puñal de los celos.
¡Olí Dios mió!...
A él le buscaban
los agentes del Gobierno
por conspirador, y á mí
en su lugar me prendieron.
I Qué oigo!
¿Es posible!...
Sí tal;
también le debo ese obsequio.
¡Justo Dios!... Y yo... ¡insensata!...
Sí; por pecados agenos
me lian tenido tres semanas
en un calabozo horrendo;
y ya ves que mal podía
escribirte estando preso.
Mi inocencia al fin probaron
testigos y documentos,
y apenas me veo libre,
dejo abandonado el pleito,
salgo en posta, y en cinco horas
llego á la imperial Toledo.
Perdona... ¡Ay triste de mí!
¡No mas!
(Y ahora ¿quid faciendum?)
Las apariencias estaban
contra mí; yo lo confieso.
Tu corazón, sin embargo,
no debió tan de ligero
acusarme... ¡Eli! ¿por qué lloras?
¡Ay Manuel mió! El despecho
me lia cegado y...
¿Qué?
Y vengando
en mí misma tu supuesto
delito...
¡Yo tiemblo! Acaba.
¿Has tomado algún veneno?
No: un marido. — Es decir...
¡Pérfida!
Todavía no se lia hecho
la boda.
¡Infiel! ¡Te lias valido...
(Con el dedo en la boca.)
¡Chit!...
De frívolos pretestos
para venderme!
¡Más bajo!
¿Cómo!...
El novio está alli dentro.
¿Qué importa?
Está arrepentida:
su llanto lo está diciendo.
En un rapto de locura
escribió á don Lucas...
¡Cielos!...
¿El sobrino del difunto...
Sí; el novio del testamento.
Basta; todo está explicado.
Es rico... Yenció el dinero...
¡A Dios!
Yete, ingrato, vete
si dudas...
(. Deteniéndole.) No, señor; ¡quieto!
Pero, por Dios, no me injuries
asi. ¡Mátame primero!
¡Luisa!
(. A Ce ferina.) El alma me traspasan
sus doloridos acentos.
(A Luisa.) Qué débil soy! No debiera
perdonarte, mas...
Ya el yerro
se cometió: lo cpie importa
es pensar en el remedio.
Es preciso hacer de modo
que renuncie ese estafermo
de propio motu á la boda...
Si no le amas...
Le detesto.
Pues ¿tienes mas que decírselo
en su cara...
No me atrevo
sino en el último apuro...
Pues bien; de un modo indirecto...
No caerá de su asno. Acaba
de decir que en su cerébro
está muy desarrollado
el órgano de... ¿Qué término
uso?... La amatividad.
¿Qué me dices! Según eso
¿es frenólogo el don Lucas?
Sí, señor; ¡oh! y estupendo
magnetizador. Si él quiere
las gentes hablan en sueños;
cree tener ciencia infusa
en las yemas de los dedos,
y que todo ser viviente
del uno y el otro sexo
lleva su hoja de servicios
en la tapa de los sesos.
¡Supersticiones ridiculas!
Bruj erías...
No por cierto.
La frenología es ya
digna de entrar en el gremio
de las ciencias, pues se apoya
en muchos experimentos
notables, y la defienden
autores de mucho mérito.
Por lo que hace al magnetismo,
probado está ya con hechos
innegables que produce
extraordinarios electos
ese fluido impalpable
que se trasmite de un cuerpo
á otro; y, si bien repugna
á mi razón el dar crédito
á todas las maravillas
que cuentan los extranjeros,
casos he visto en Madrid
que á los hombres mas incrédulos
han convencido... ¿Te ríes? —
Ver y creer dice el proverbio;
y yo, Luisa, que no soy
ni fanático ni ciego,
Jo que veo no lo dudo;
lo que dudo no lo niego. —
Mas no faltan charlatanes
que, sin estudio ni ingenio,
en esta y otras materias
se dan aire de maestros,
y el susodicho don Lucas
pudiera ser uno de ellos.
¿Quién duda... Yo, sin echarla
de frenóloga, me atrevo
a convencerle de que es
un insigne majadero. —
Pero me ocurre una idea.
El dice que los afectos
si la razón no los doma
son nocivos y siniestros.
Abúrrale usted á fuerza
de dengues y de requiebros,
y asi...
¿Cómo!...
Yo no sé
fingir...
Ni yo lo consiento.
¡Hola! Pues eso faltaba...
Pero ¿á qué andar con rodeos?
Entro ahora mismo en su cuarto
y quitándome de cuentos
le hago lomar el portante
v si no se va le estrello.
ti
¡No! Mi señorita entonces
perderá los diez mil pesos,
v ni ella es bastante rica
•i
para desairar al muerto,
ni usted querrá que los pierda
contra razón y derecho. —
Paciencia. Dios proveerá...
Dejarle obrar y esperemos.
Para dar con todo al traste
siempre ha de quedarnos tiempo.
Aqui estará usted...
¡Oh! si.
No quiero exponerme al riesgo...
¡Otra vez, Manuel!...
Perdona.
Disimule usted...
Si puedo.
Dígale usted que también
es frenólogo y magnético,
y atraído por la fama
de su superior talento
ha venido á consultarle...
Ya sale... ¡Alerta!
(Separando de Luisa á don Manuel.) ¡Más lejos!
ESCENA VIII
(LUISA, CEFERINA, DON MANUEL, DON LUCAS.)
(Don Lucas aparece vestido, como suele decirse, de tiros largos, pero muy atrasado en la moda y con colores ridiculamente chillones y mal combinados.)
Otra vez, bella futura,
á tus órdenes estoy.
(¡Qué mamarracho!)
Este joven
entusiasta admirador
de la craneoscopia...
¿Sí?
Y la magnetización...
Celebro... ¿Desea usted
que le magnetice?
Soy
poco elástico de fibras
y temo una congestión...
Querrá usted que le examine
el cráneo... Al momento voy...
Siéntese usted...
Es inútil:
ya tengo formado yo
mi horóscopo... lie dicho mal:
mi craneóscopo.
Esa voz
técnica anuncia que usted
cultiva...
Sí; es profesor...
Bien; discutiremos.
Quiere
ver alguna operación
de esas manos primorosas...
Corriente: aunque sean dos.
ESCENA IX
(LOS PRECEDENTES, CRIADO 1.)
Con su licencia de ustedes.
¿Qué quiere ese motilón?
¿Es aqui donde hace falta
un criado?
¡Ah! Sí, señor.
Adelante.
Yo pretendo...
Tengo personas de pro
que me abonen...
Es ocioso.
Con hacer yo la inspección
cerebral del candidato
por satisfecho me doy.
(A don Manuel.) Vea usted otra ventaja
del sistema del doctor
Cali. Para admitir criados
va los informes no son
necesarios.
(Palpándole la cabeza.) Registremos...
(Temblando.)
; Qué hace usted?
¡Dios de Jacob,,!
¡Qué espantoso desarrollo,
qué montaña en la región
del orgullo! — Vete, vete.
¡Virgen Santa! Pues ¡si soy
humilde como un borrego
y sufrido mas que Job!
Tú darás tarde ó temprano
á conocer tu ambición
desmedida. Si pudieras
serias otro Nembrod.
Tal vez ya estarás fraguando
alguna conspiración...
. I pene!
Si entras en mi casa
querrás mandar mas que yo.
¡Calle usted! No hay mas que ver
esa cara de ababol... t
1.' (Llorando.),..,
¡Jin!.. ¡Qué injuria!.. ¡Jun!.. ¡Que infamia!,
Me quejaré al celador.
ESCENA X
(LOS PRECEDENTES, MENOS EL CRIADO 1°.)
¿Lo ve usted? Se va llorando...
ESCENA XI
(LOS PRECEDENTES, GUIADO 2, J.)
9 Alabado sea Dios.
Vengo...
A buscar acomodo.
¿No es eso?
Sí, señor. Hoy...
( Tentándole la cabeza.)
Veamos...
¡Ay!—
No te muevas.
(¿Me irá á dar un cogoton?)
Tu cabeza me dirá
de qué pié cojeas. — ¡Oh!... —
Basta; no ha lugar, ¡Aparta!
Pero...
¡Abur!
¿Por qué razón...
No te quiero avergonzar.
Si yo...
¡Largo ó voto á briós!...
(¿Qué tendré yo en la cabeza
que le causa tal horror?)
ESCENA XII
(LOS PRECEDENTES, MEILOS EL CRIADO 2, *.)
¿Por qué le despide usted
con tal furia?
Por ladrón.
¿Es posible!... ¿Y cómo...
Su órgano
adquisitivo es atroz
y está en el último grado
de malicia y perversión.
Mire usted no se equivoque.
¿Quién? ¡Yo equivocarme!... No.
¿No pudiera sobre ese órgano
tener el pobre un chichón?
¡Ba! Yo sé bien...
ESCENA XIII
(LOS PRECEDENTES, BONIFACIO.)
¡Beo gracias!
(Yo me entro de hoz y de coz...)
¡Otro! ( Habla aparte con Bonifacio.)
(Aparte con don Manuel.) ~ ¿Qué opinas?
Que es loco
rematado. Mas de dos
en el hospital del Nuncio
están con menos razón.
Bien está. ¿Cómo te llamas?
Bonifacio Buenaflor.
El nombre es de buen presagio,
líe servido al capiscol
de la...
Eso es indiferente.
Tomaré tu filiación...
¿Cómo!...
En la cabeza. (Se la reconoce.
Limpia
la hallará usted como el sol.
Todos los dias me peino.
(¡Yaya, que es rara aprensión...)
Están bien equilibrados
los órganos. Ni un reloj...
(. A don Manuel.) Vea usted esta cabeza...
Redonda como un melón —
Tú eres muchacho de juicio...
¡Oh!...
De conciencia.
Es favor...
Los órganos perniciosos
no están en sublevación;
y al contrario, es admirable
el desarrollo precoz
de los buenos. — ¡Bien! ¡Muy bien!
Fidelidad,
adhesión, —
patriotismo, — filadélfia...
¿Fila... Qué?
Es decir, amor
al prójimo y á la patria...
¡Mucho! Soy buen español.
Si hubieras nacido en Boma
serias otro Catón.
No hay mas que hablar: te recibo
á ojos cerrados.
¡Señor...
(Es chiripa haber topado
con este santo varón.)
¿Qué salario te pagaba
el gefe del facistol?
Cada mes cuarenta reales.
(Aumentemos...)
Yo te doy
sesenta.
¡Olí! mándeme usted
rodar y...
(A don Manuel.) ¡Qué adquisición!
Dele usted oro molido
y es seguro...
En eso estoy.
(A Bonifacio.)
Ven...
(Aparte con clon Manuel.) ~ Yo creo que es un tuno...
Soy de la misma opinión.
Te diré lo que lias de hacer.
(A Luisa.) En tanto, cara de sol,
manda llamar al notario
y que con mano veloz
extienda el contrato... ¿Sí?
¡Qué dicha para los dos!
ESCENA XIV
(LUISA, CEFERINA, DON MANUEL.)
¡Votoá...
¡Calle usted con mil
de á caballo!
¡Mentecato!
Ya le daré yo el contrato
con una...
¡Silencio!...
(A la puerta del foro.) ¡Gil! —
Aunque venga será en vano.
Mi señorita sé yo
que no ha de firmar...
¡Ah! no.
¡Antes cortarme la mano!
Pero...
Usted déjeme á mí.
(Llega Gil, le dice Ceferina una palabra al oido y se retira.) (A Luisa.) Si acoje usted cuando sea
tiempo oportuno una idea
(Con el índice en la frente.) que me está bullendo aqui...
Pero.,.
El asunto es muy serio.
¿Soy yo quien lo toma á risa?
(En el foro.)
Mi señora doña Luisa...
Entre usted, don Emeterio.
ESCENA XV
(los precedentes, don emeterio.)
A los pies de usted, Luisita.
Servidora...
(¿Qué traerá...)
(Saludando d don Manuel, que le contesta cotí
una inclinación de cabeza.)
Caballero...
■(A Luisa.)
Usted dirá
que es extraña mi visita.
Se habla mucho en la ciudad
de un frenólogo que aqui
se hospeda...
Cierto.
Pues; y...
me tomo la libertad...
Es usted muy dueño...
i Viva!
Vendrá usted con el deseo
de un poquito de tecleo
en los órganos de arriba.
No vengo con tal afan.
A lo que vengo en substancia
es á probar la ignorancia
de ese necio charlatán.
¿Con qué título ó qué grado
viene ese pseudo- Galeno
á... ¡Voto al chápiro!...
(Aparte d Luisa y don Manuel.) ~ ¡Bueno!
Ya tenemos un aliado.
ESCENA XVI
(LOS precedentes, don lucas.)
Luisa...
(/I don Emeterio.) Aqui viene.
¿Otro adepto?
(Yendo d tentar la cabeza d don Emeterio.) Veamos...
(Parándole la mano.)
¡Eli! yo me rasco
solo y no pongo mi casco
en las manos de un inepto.
¡Qué! ¿tiene usted la osadía
de blasfemar — ¡oh idiotismo
solemne! — del magnetismo
y de la frenología?
¡Miserable!... Eso es absurdo.
¿Cómo!...
Con esas marañas
al vulgo crédulo engañas.
¡Mala pedrada de zurdo!...
¡Cachaza! Yo no me irrito.
¿A qué tanta barabúnda?
¿Quiere usted que le confunda?
A la prueba me remito.
Testimonio subitáneo
tendrá usted de mi pericia
si mi mano le acaricia
la superficie del cráneo.
¿Se pueden oir con calma
tan ridículos enredos?
Le contaré con los dedos
todos los pliegues del alma;
le diré, si no se mueve,
lo que es, lo que puede ser,
lo que..,
¡Hombre!...
Y si es menester,
lo que come y lo que bebe.
¡Cuidado que es pertinacia...
Bien: aqui está mi mollera;
palpe usted por donde quiera
y veamos esa gracia.
(A los circunstantes.) No dará un juicio su mano
que no sea un embolismo.
( Después de examinarle un momento la cabeza.)
Mucho aprecio de sí mismo.
Ya; eso...
( Después de reconocerle en otro lado.)
Intelecto mediano.
Falso. Mi ingenio precoz
ya se mostró desde el aula...
(Que no ha dejado de tentar.)
¡Hola!... Aqui tiene la maula.
¿Cómo!...
Carácter feroz.
No, por cierto.
Otro Goliat.
¿Quién? ¡Yo...
Este hombre si se exalta...
¡Oh! ya...
Dará quince y falta
á Robespierre y Marat.
(Riéndose.)
Ja, ja...
Quiere que sucumba
todo ser que le rodea.
La sangre le regodea
y le electriza la tumba.
¡Diagnóstico singular!
No hay quien su saña mitigue.
¿Qué soy yo pues?
Usted sigue
la carrera militar.
(A Luisa.)
¿Ve usted cómo desatina?
Yo...
Su ignorancia da tedio. —
La erró usted de medio á medio:
soy doctor en medicina.
¿Qué mas da? Todo es matar.
¡Hum!...
Cabeza que yo atrape...
¡Brrr!...
¡Lo dije! No hay escape:
ó médico ó militar.
(Furioso.)
Calle usted ó soy capaz...
Será brusista... De fijo.
La dieta es su regocijo,
las...
¡Voto ábriós!...
(Interponiéndose y separándolos.)
Ilaya paz.
El que no se ria de esto
no es hombre de gusto.
Sí.
¡Se acordará usted de mí!
( Aparte á don Lucas.) Es loco.
(. Aparte á don Emeterio.) Es tonto.
j Qué gesto!
De cólera está convulso...
Ya nos veremos los dos.
¡Hurnp!...
(Se retira gruñendo y llevándole del brazo hasta la puerta don Manuel.)
(A Luisa.) ¡No permitas, por Dios,
que ese hombre te tome el pulso!
ESCENA XVII
(LUISA, CEFERINA, DON LUCAS, DON MANUEL.)
¡Bien! ¡Bravo! La craneoscopia
lia triunfado. ¡Vítor! ¡Vitor!
Si hace usted con igual éxito
sus pruebas de magnetismo,
le aseguro...
¿Quién lo duda?
Verán ustedes prodigios.
ESCENA XVIII
(LOS PRECEDENTES, DON BENIGNO.)
Saludo á ustedes con toda
la...
Es el señor don Benigno.
¿Quiere usted magnetizarse?
(Extrañando el vocablo.)
¿Magne...
¿Está usted en su juicio?
Si le paraliza usted
las potencias y sentidos
¿cómo ha de hacer el contrato
conyugal...
¡Ah! ¿este individuo
es el notario...
Y humilde
servidor...
Muy bien venido.
¿De qué se trata?
Se trata
de un matrimonio ínter vivos...
Por palabras de presente
dirá usted.
Pues; eso mismo. —
Traerá usted papel sellado...
Siempre llevo en el bolsillo
media resma. ¿Quiénes son
los que contraen el vínculo
nupcial?
Esa peregrina
hermosura y yo, aunque indigno.
Bien; extenderé el contrato
con las fórmulas de estilo.
¿Dónde...
(Mostrando la habitación de la derecha.)
En este gabinete,
(A don Lucas.) si usted le da su permiso,
podrá escribir...
Sí; entre usted.
Ya sé el nombre y apellido
de la novia, edad, estado
y todos los requisitos.
En cuanto á usted...
(Dándole papeles.) Todo consta
en esta fé de bautismo
y documentos adjuntos.
¿Quién ha de ser el padrino?
Don Manuel Germán.
(Don Benigno apunta con lápiz en su cartera los nombres que le da Ce ferina.)
(En voz baja.) ¡Muchacha!
(Lo mismo.)
¡Por Dios, prudencia!
(Estoy frito.)
¿Testigos?
Don Celedonio
Aguaviva,
don Remigio
Quijorna,
don Anacleto
Valderábano,
don Críspulo...
¡Basta! — A ninguno conozco
de los tres, y soy vecino
de Toledo hace treinta años.
(Aparte á don Manuel y Luisa.) Son tres nombres de capricho.
(A don Benigno.) Cuando vengan á firmar
dará usted fé...
Voy...
D. I,uc. Prontito.
ESCENA XIX
(los precedentes, menos don benigno.)
El notario tiene trazas
de saber bien el oficio.
Pienso analizarle luego
de la frente al colodrillo.
ESCENA XX
(LOS PRECEDENTES, BONIFACIO.)
Señor...
¡Hola, Bonifacio!
Ya todo lo dejo limpio...
Bien.
Con licencia de usted
iré á buscar mis trapillos...
Bien, hijo. ¿No tardarás 9
¿Tardar? Volveré mas listo
que Cardona. Hasta después.
(Se va corriendo y tropieza con doña Mamerla, que entra al mismo tiempo.)
Es una alhaja.
¡Borrico!
Perdone usted.
ESCENA XXI
(LUISA, CEFERINA, DON LUCAS, DON MANUEL, DOÑA MAMERTA, DOÑA MAMERTA, RT, A.)
¡Qué insolente
pechugón!
(Saludando.) Señores mios...
Luisita...
¡Usted por mi casa!
(¿Qué traerá este anacronismo?)
Sí; vengo con el objeto...
¿Me ha descompuesto los rizos?
No; nada...
Poco ha faltado
para besarme el maldito.
(¡Eso quisieras!)
Jesús!
Hay hombres tan atrevidos
que ya no hay pudor seguro...
Es la edad de los peligros
la juventud.
(¡Juventud,
y peina ya medio siglo!)
No porque yo todavía
esté en el Mayo florido
de la vida: tengo ya
veintinueve años.
(Y pico.)
Pero al fin soy del estado
honesto y... Pues, como digo,
es horror lo que padezco
del histérico, ¡ay Dios!, y visto
que ni vizmas ni cantáridas
me proporcionan alivio,
noticiosa de que un docto
profesor de magnetismo
se hospeda aqui y esperando
que, si no mienten los libros.
ese fluido admirable
me curará el histerismo,
vengo á rogarle que me baga
tan singular beneficio.
Yo soy ese profesor
que busca usted con ahinco;
y en efecto, el gas magnético
es excelente específico...
Ea, manos á la obra.
Si ve usted que me atosigo
demasiado...
Nada de eso.
Verá usted cómo la inspiro
un sueño apacible,... igual
al de los padres del Limbo.
Siéntese usted...
(La toma de la mano y la lleva d un extremo del teatro.) Aquí... lejos...
(La hace sentar en un sillón.) Y ustedes no metan ruido.
[Se acerca d ella, la mira /¡jámenle, hace ademande pa¬ sar sus pulpares por la frente y los párpados de la paciente, y otras veces figura recojer un gas impal¬ pable é invisible y lo rocía sobre el rostro de doña Mamerta, suspendiendo estas operaciones ó volviendo d ellas según lo indicará el diálogo y acompañándo¬ las con gestos y pantomimas aparatosas y ridiculas.
Ceferina y don Manuel hablan en voz baja.)
¿Logrará magnetizarla?
No lo estrañaré. Ya he dicho
que ese Huido reside
en todos los cuerpos vivos...
¿Se duerme usted?
No, señor.
IJ. I Ac. ¿Siente usted escalofríos
en los hombros, ó asi,... á modo
de un hormigueo continuo...
No, señor.
1). J ^uc. Repetiremos.
Sí, Luisa.
[Hablan los tres en voz baja como antes y cuidando de no ser observados por don Lucas.)
¿Cómo lo finjo...
Yo no puedo...
Por mi amor
liarás ese sacrificio.
¡Dura es usted de pelar!
(Corno antes.)
Si usted no quiere decírselo
despierta, no hay mas remedio
que apelar al artificio.
(A media voz y dirigiendo la palabra al grupo.)
¡Chito! Ya empieza á operar
el magnético prestigio.
(.4 la paciente.)
Doña...
(A los demas.) ¿Su nombre?
Mamerta.
(A don Manuel aparte.)
Pero ¿y si me magnetizo
de veras?
No temas.
¡Doña
Mamerta!
(A media voz.) Ya... ya me eclipso
(Aparte á Luisa.) Sin mediar la voluntad
y la fé del individuo
no hay caso. Además, yo estoy
aquí... Piensa en lo ridículo
de ese hombre, y es imposible...
Ya está con el parasismo.
(Se retira un poco y deja ver d doña Mamerta dormida.)
ESCENA XXII
(LOS PRECEDENTES, DON EMETERIO.)
¿Dónde, dónde está esa loca
de mi hermana...
(Viéndola.) ¡Jesucristo!
Aquí está ¡magnetizada!
Aliora niegue usted ¡sacrilego!
la virtud...
¡Farsa! ¡Mentira!
¿Cómo si nunca la lie visto
ni...
(Esa cara... Veo síntomas...)
¿A ver si llay somnambulismo? —
¡Doña Mamerta!
Señor.
D. Lucj ¿Lo vé usted? Tiene expedito
á pesar de estar dormida
el órgano del oido.
O
Aun falta saber si duerme.
No la despiertan ni á tiros
hasta que yo la liberte
de ese cautiverio físico
en que está. Si usted lo duda,
arrímela un buen pellizco,
y si se queja, consiento
en que me llamen pollino.
Sí lo liaré: asi como asi
lo tiene bien merecido. —
(La pellizca.) ¡Alza! — ¡Nada!
¿Lo ve usted,
hombre incrédulo y macizo?
¡Mamerta!
¿Qué?
¡Me responde
á mí también!
No me admiro.
Mientras yo no se lo impida...
¡Mamerta!
¿Qué?
Te prohíbo
responder á nadie...
Bien.
Sino á mí. Déla usted gritos
ahora.
( Con voz estentórea y acercándose mucho á la
víctima.)
¡Mamerta!... Nada.
¿Es esto charlatanismo?
(Enfadado,)
Sí, señor. Yo no me trago
una rueda de molino...
¿Y si viera con los ojos
cerrados?
¡Qué desvarío!...
Probemos. De estas hay pocas.—
(4 doña Mamerta.) ¿Yes algo?
Nada distingo.
¿Qué tal?
Decir que no ve,
ya es algo. Pero prosigo
mi interrogatorio. — ¿Qué has
almorzado?
Cochifrito.
Cierto.
Yo estoy asombrada...
Es singular...
Te suplico
que me digas lo que mas
apeteces.
(Suspirando.) ¡Un marido!
¡Cielos!...
¿lias tenido novios?
¡Uno solo!
(Admirado.) ¡Es positivo!
Y ¿por qué no te casaste
con él?
¡Ay! porque él no quiso.
¡Es verdad!
(¡Diantre! Pues tiene
el asunto sus peligros.)
(A don Lucas.)
¿A ver la edad...
¿Cuántos años
tienes?
¡Ay! cuarenta y cinco.
( Entusiasmado.)
¡Basta! Es usted un grande hombre
y creo en el magnetismo.
Arrancar á una mujer...
¡y como esa! sus mas íntimos
secretos, y sobre todo
el de su fé de bautismo,
es un triunfo, es un milagro,
es el asombro del siglo. —
Tero despiértela usted
pronto...
Sí; será preciso...
(A soplos y agitando las manos figura ahuyentar de doña Mamerta el fluido que la comunicó.)
Porque si no, esa infeliz
va á decir mil desatinos.
¡A fuera!... ¡Despierte usted!
¡A fuera!...
( Despertando muy agitada.)
¡Uf! ¡Ay! Mi abanico...
(Lo había dejado sobre una mesa al sentarse y se le da)
¿Qué siente usted?
(Con la mano en la frente.)
Aqui... un peso...
(Repitiendo los soplos y el manoteo.)
¡Fuera! ¡Fuera!
¡Ah!... Ya respiro.
¿Está usted ya bien?
Sí, sí.
Pero lejos de este sitio
estarás mejor.
(Levantándose.) ¿Qué veo!
¡Mi hermano!
Sí; un paseito
al aire libre... ¿Qué tal
lia sido el sueño?
Tranquilo. —
Es decir... No sé... Parece
que abora nazco... ó resucito.
¿Recuerda usted lo que ha hablado?
Yo... no, señor. Pues ¿qué he dicho!
1 Aparte, tomándola del brazo.)
Verdades que no acostumbras,
¡desventurada!
¡Dios mió!...
Calla y ven.
(Turbada.) Si... Abur, Luisita...
Señora...
Abur.
(Aparte d doña Mamerta.) ¡Te lias lucido!
(¡Ay! ¿me habré espontaneado?)
Señores, si en mi delirio
be dicho alguna simpleza,
la retracto y me desdigo.
El señor es responsable...
¿Cómo!...
( Impaciente y tirando de doña Mamerta.)
¡Vamos!
Yo atestiguo...
Los magnetizados dicen
siempre la verdad.
Pues, hijo...
¡Ven, maldita!...
Si es verdad
lo que yo be dicho,... he mentido.
ESCENA XXIII
(LUISA, CEFERINA, DON MANUEL, DON LUCAS.)
No lleva mal sofocon. —
¡Bien, don Lucas! De esta vez
se cubre usted de honra y prez.
(A Luisa en voz baja.)
¡Animo! Esta es la ocasión.
Sí aun hay quien no se convenza...
¡Ya lo has visto!...
(A Luisa.) Ahora usted: ¿sí?
No hace mal.
No. Fia en mí.
Vamos...
Yo...
Le da vergüenza...
(Sentándose.)
Bien, mas... tiemblo...
i Eli! no te azores.
(Lsta prueba me conviene...
Ahora el pudor la contiene,
pero me dirá... ¡primores!)
(Empieza las maniobras magnéticas.)
¡Asi!... Ya mira al soslayo...
Ya va...
¡Por Dios, que no enferme...
No hay cuidado. — ¡Ah! ya se duerme...
(Luisa se finge dormida.) ¡Se durmió! Esto ha sido un rayo.
En efecto.
Sí.
No obstante,
preguntaré... ¿Te has dormido?
Sí.
¿Conservas el oído?
Sí.
Pero ¿ves?
No.
Adelante.
ESCENA XXIV
(LOS PRECEDENTES, DON BENIGNO.)
( Con papeles en la mano.)
Traigo el contrato... ¿Qué es esto?
(Se detiene admirado.)
¿Quieres casarte conmigo?
Sí.
(¡Falsa!)
¡Ah! yo te bendigo.
¿Me amas?
No.
¡Malo me he puesto!
Aquí traigo este adminículo...
¡Quítese allá... (¡Ay Dios!)
(A Luisa.) . ¿Por qué
das tan mal pago á mi fé?
Porque eres feo y ridículo.
(j Divina!...)
¡Ilum!...
r¡EI'1ER' (Ya refunfuña.)
¿Me tomas por otro?
No.
¿Qué monserga...
tí r ¡Uf!... ¿Quién soy yo?
Don Lucas Perez Orduña.
¿Luego tiendes una red
á mi amor?
gj
Estoy en brasas. —
¡une quieres y te casas
conmigo!
Sí. ¡Ahi verá Usted!
¡Luer... po de briós!... ¿Amarás
a otro?
¡Oh! con fanatismo. —
i quítame el magnetismo,
fiue 110 quiero decir mas.
i 0ue te lo quite el demonio!
( Figurando desmagnetizar á Luisa.)
Y° lo haré, que no es razón...
(Respirando fuerte.)
i Ah!
Ya vuelve.
(Lo mismo.) ¡Ah!...
,T. ¡Mal rejón...
(Levantándose y brincando de alegría.) ¡Matrimonio! ¡Matrimonio!
i Zape!
(A don Lucas como asombrada.)
vist0 usted qué extremos...
¿Esta ya el contrato? ¡Bien!
(Con horror )
¡Oh!...
( Fingiendo estar escandalizado.)
¡Yo me hago cruces!...
Ven,
Lucas mió, y firmaremos.
¡Yo firmar! No soy tan zote.
Si yo...
¡Aparta de mi lado!
Prefiero darte al contado
los diez mil duros de dote.
¡Cruel!...
¡Ah pérfida!...
¡Ingrato!
¿Habrá osadía... ¿Aun me quieres
seducir... ¡Ah! las mugeres...
(A don Benigno.) Rompa usted ese contrato.
Y para no dar lugar
á un necio arrepentimiento,
voy á traer al momento...
¡Virgen santa del Pilar!
¿Y dirán los aristarcos
que es quimera el magnetismo?
Si no es por él, ¡cu qué abismo
iba yo á caer, San Marcos!
ESCENA XXV
(LOS PRECEDENTES, MCHOS DON LECAS.)
(D.Benig.¿Lo rompo, ó no?)
¡Si, por Dios!
(Rompiéndole.)
Yo no entiendo este entremes...
liará usted otro después...
Y yo pagaré los dos.
(A Luisa.) Has estado deliciosa.
Solo por tí hubiera hecho...
(Besándola la mano.)
¡Vida mia!
¡Ah! ya sospecho...
Los dos...
Ahi está la cosa.
ESCENA XXVI
(LOS PRECEDENTES, DON LUCAS.)
(» Sale de su cuarto azorado, con una cartera en
¡Justicia!
¿Qué!...
¡Me han robado!
¿Es posible!...
¿Cómo!...
¿Quién?
¿Dinero?
No; por fortuna
el ladrón no dió con él.
Pues ¿qué ha sido?
Mi magnífica
repetición de Breguet.
¡Oh! aquel criado, sin duda...
Ya hace un siglo que se fué
y no ha vuelto...
¿Bonifacio?
¡Calumnia! No puede ser.
Bespondo de su cabeza,
j Imposible!...
¡Qué sandez!
El solo lia entrado...
En efecto...
¡No! (¡Qué sospecha!...) También
ha entrado el señor...
¿Qué escucho!
¿Me atribuye usted...
No sé...
¡Mire usted bien lo que dice!
¡Un notario!...
¡Eh!...
¿Cómo?...
¿A ver?
Haremos un escrutinio...
¿Registrarme á mí! ¡A la ley
personificada! ¡Oh crimen!
(Viendo que le sujeta don Lucas.) ¡Favor...
(Detrás tic la sien...)
¡Don Lucas!
A los bolsillos
no toco, ni es menester.
El cráneo...
(Consiguiendo palpar donde desea d pesar de la resistencia de don Benigno y de los esfuerzos de don Manuel.) Sí; ¡aqui está el bulto
acusador! Sí, sí; ¡él es...
ESCENA XXVII
(LOS PRECEDENTES, GIL.)
El criado que don Lucas
recibió...
¿Qué dices!...
(Soltando d don Benigno.)
¿Eh?
Es un ladrón redomado.
¿Sí?
Le acaban de prender.
Le han encontrado un reloj...
¡El mío! Estoy en Babel.
¿Quién creyera... Voy corriendo...
Voy á presentarme al juez...
Pero antes...
(Saca billetes de la cartera y cuenta de memoria.)
Y yo á quejarme
del impostor descortés
que lia osado...
(En voz baja.) No haga usted caso.
Su juicio está...
(Lo mismo.) ¡Cliit!...
(Haciendo ademan de untar la mano d don Be¬
Yo...
¡Ah!... Bien.
(A una sena de Luisa se retira Gil.)
ESCENA ÚLTIMA
(LUISA, CEFERINA, DON MANUEL, DON LUCAS, DON BENIGNO.)
(A don Benigno presentándole lo que dice.)
Aqui hay letras á la vista
y billetes de Isabel
segunda... Haga usted la cuenta.
(Examinando los documentos sobre una mesa.)
Uno, dos, tres... cinco, seis...
Todos son de á diez mil reales.
Siete, ocho, nueve, diez...
Cien mil.
Letra de dos mil
duros...
Sí.
Y otra de tres.
Corriente. Suma total,
diez mil duros en papel.
( Dando los billetes y letras á Luisa.)
Que recibe de mi mano
esta señora...
Doy fe.
Cumpliendo lo prevenido
en el testamento...
Pues.
De mi tio, que Dios tenga
en su santa gloria.
Amén.
Se extenderá el testimonio...
Bien; lo llevaré después
con mi equipaje. Ahora voy
á acusar en juicio á aquel
delincuente inverosímil
(pie ha desmentido el poder
de la ciencia frenológica.
Usted no le hizo tal vez
en regla la operación.
Puede...
Conviene saber
que la ciencia ha adelantado
notablemente de un mes
á esta parte.
i Oiga!
Yo estoy
al corriente y probaré
los progresos...
¿Con que... ¡Diantr
Tendría mucho placer...
Hoy ha dado usted dos pifias...
¿Dos...
La del criado infiel...
¡Ab! Sí.
Y la de esta señora...
Cierto. ¡Pérfida mujer!
Ya se ve; usted, afanado
en registrar cien á cien
cabezas de otros, quizá
no ha dado en reconocer
la suya...
En efecto, nunca...
Pues bien; desde aqui se ven
órganos... que no me atrevo
á explicar...
¿Por qué no? ¿A ver...
(Tentándole la cabeza.)
Cielos!
¿Qué?
Este signo tiene
mucha analogía...
(Temeroso.) ¿Eh?
Con el de Tauro.
(Horripilado.) ¿De veras!
Sí, señor.
¡Dios de Israel!...
No se case usted, don Lucas.
¡Por Dios, no se case usted!