Acto primero
(Personas: VIOLANTE; ALMEIDA; MARTA; PEREIRA; RAMIRA; CASTRO; EL MARQUES; MONZON; EL BARÓN; SOUZA; FONSECA; MARTIN; UN SARGENTO; MUGERES; PRETENDIENTES; PORTEROS.)
(La escena en Lisboa.)
(Sala en casa de Violante. La puerta principal á la derecha del actor: en frente la que guia a lo interior de la caga entre una chimenea francesa y una puertecilla secreel foro un balcón. La habitación estará amueblada con lujo.)
ESCENA PRIMERA
(VIOLANTE P E R E I R A.)
X i o hay remedio, prima mía.
Ó el dinero desembolsas
que te he pedido, ó veamos
si un buen empleo me logras.
No me hables mas de dinero.
Con tanto pedir me acosas.
¿Tengo acaso alguna mina?
¿Quieres que venda mis joyas
para que pagues tus vicios?
¿Mis vicios...? ¡La virtuosa!
Séalo yo, ó no lo sea,
tú no eres juez de mis obras.
Bastan te hago en mantenerte.
¿Y basta la triste sopa
para un hombre como yo?
¿No he de vestir á la moda?
Hay en la ciudad villares,
¿v no he de coger las bolas?
¿Preguntaré en el café
si ha gustado ó no la ópera?
¿No he de dar á mis amigos
una comida de fonda?
Con tantas obligaciones,
y no hago mérito de otras,
no debes maravillarte,
prima, si deudas me agobian.
Si has de vivir á lo duque
siendo un cualquiera...
¡Ay, señora...
Ved que mal puede brillar
quien á los suyos no abona.
Si os dice prima un cualquiera,
¿quién ha de creer en Lisboa
que sois condesa? Violante,
ten presente nuestra historia.
No te olvides...
¡Y te atreves,
vil autor de mi deshonra,
á recordarme...
Violante,
dejémonos de parodias
sentimentales. Nacimos
ambos á dos, no lo ignoras,
con propensión admirable
yo á ser tuno, tú á ser loca.
Yo aborrecía los libros,
y tú la aguja y la escoba.
Yo hidalgo, pero sin bienes;
tú plebeya, pero hermosa;
yo emprendedor, tú coqueta;
yo barbilindo, tú moza;
tu espejo por una parte
y mi ociosidad por otra...,
los dos perdimos á un tiempo,
la poca cholla
que nos quedaba, y ni tú
puedes acusarme ahora
de seductor, ni aplaudirme
debo yo de la victoria.
Tú me robaste, perjuro,
del hogar paterno...
¿Lloras?
¡Bien por Dios!
Y, sin cuidarle
de promesas ni parroquias,
me abandonaste en Oporto..»
Y por no afligirte sola,
te dejaste consolar
por el cónsul de Liorna;
y mientras yo fugitivo
por mas de una trapisonda
andaba de Ceca en Meca,
paseabas tú en carroza.
Dios me ha dado un corazón
amante, sensible, y todas
mis faltas y mis flaquezas,
primo Pereira, son propias
de mi frágil condición
mugeril. Hoy que me sopla
mas que á tí próspero el viento,
no es justo que lií me espongas
á que naufrague contigo
porque tu nave zozobra.
No te quiero yo tan mal;
pero desde el alta popa
puedes darme sin peligro
un cable que me socorra.
Capitulemos, Violante.
Yo respetaré en buen hora
tu condado artificial
y tu viudez de tramoya.
Eres ambiciosa y vana:
sé que á tus planes estorba
un comensal de mi temple
y un pariente de mi estofa;
mas también tengo yo acá
mi orgullo, y ya me abochorna
el recibir á hurtadillas
una ración de limosna.
Sácame pues un destino,
un empleo de honra
y provecho, que le es íacil
lioy que. un ministro te ronda.
Asi con sola una firma
ganas el pleito y las costas
y emancipando la tuya
autorizas mi persona.
Me preguntará el marques
en qué méritos se apoya
tu pretensión...
Si los mios
le parecen poca cosa,
alega en mi obsequio, prima,
los muchos que á tí te sobran.
Y mas que digan después
que yo no entiendo una jota
de negocios y espedientes;
que como de esos idiotas
están mandando provincias,
y donde es tal la langosta
de empleados ignorantes
que haya uno mas poco importa
Bien esta. Haré lo que pueda;
pero es condición forzosa
que has de salir de la corte.
Con mil amores; y en posta,
que harto me conocen ya
los judíos de Lisboa.
Veremos... Aun no te doy
palabra...
Deja esa prosa
ministerial, y acabemos.
O mañana me colocas,
ó sin mas contemplaciones
canto claro y arde Troya.
ESCENA II
(VIOLANTE.)
Y lo hará como lo dice.
Es preciso á toda costa
apartarle de mi lado
si he de vivir sin zozobra.
ESCENA III
(VIOLANTE, MARTA, RAMIRA.)
Condesita, mi señora,
perdóneme Vuecelencia
que haya entrado sin licencia...
No hay que coser por ahora.
Lo siento, que de eso cómo,
porque donde hay arraigo...
Pe ro esto, ciioii ts f|uc
IOLANTE.Para eso está el mayordomo.
¿Habrá gentes mas groseras?
¿Quién tanto fuero les dio?
No me comunico yo
con humildes costureras.
Si hay otras de mala nota,
yo no, y aunque poco valga,
soy honesta, soy hidalga,
y soy viuda de un patriota.
Yo pido una friolera,
la cucntecilla es corriente,
el mayordomo está ausente...,
y el comer no tiene espera.
¿No tengo yo mas asunto
en que entender...
¡Suerte avara!
Otro gallo me cantara
si viviera mi difunto.
Rica me vi y regalada
cuando él manejaba el pósito...
Pero se murió á propósito
para hacerme desdichada.
IOLANTE.Tanta chachara me irrita.
Vuelva la viuda mas tarde
ó en la antesala me aguarde,
que ahora espero yo visita.
Sí, madre, vamos de aquí.
Vale mas en mi opinión
morir de hambre en un rincón
que verse tratada asi.
¡Oiga! ¿Se ofende la niña?
¡Vaya!
j Alto! Ni rey, ni Roque,
nadie sufro que la toque
al pelo de la basquina.
Si lucís tan lindo talle
lo debeis á nuestro esmero,
¡y asi premiáis... El dinero,
ó aturdo á gritos la calle.
(¡Ah! si loca ese registro...)
Venga esa cuenta. ¡Qué grima!
(Se la da Marta.) (Quiero echármelas de encima
que va á venir el ministro.)
(Examinando la cuenta se dirige á su tocador saca dinero de un cajón.)
Ramira, ¡qué mala estrella!
¡Lo que va de ayer á hoy!
Aunque me maten, no doy
mas puntada para ella.
¡Qué orgullo! ¡Qué malos modos!
Yo también, á fé de Marta,
de sufrirla estoy tan harta
que aunque me coma los codos...
Ya lo he dicho. Ni un repulgo...
Mal con su alta calidad
se aviene... ¿Será verdad
lo que anda diciendo el vulgo?*
¡Pobre de ella si averiguo...
( Dando dinero á Marta.)
Tome su cuenta...
( Contando el dinero.)
Cabal.
Aunque el vestido está mal
y su corte es muy antiguo.
Por el figurin francés
mas bonito y mas llamante
se cortó...
ESCENA IV
(VIOLANTE, MARTA, RAMIRA, EL MARQUES, VIOLANTE.)
¡Aquí el ministro!
¡Marques!
Disimulad... Estas gentes...
Váyanse. ¿Qué. hacen aqui?
Perdonad, que pues el cielo
me depara tan feliz
coyuntura, su Excelencia
mis cuitas habrá de oir.
Para audiencia de importunos
no se hizo mi camarín,
y es eslraño...
Perdonad...
Yo no puedo prescindir...
(En voz baja,) Las despacharé al momento.
(La chica es un serafín.)
¡Qué fastidio!
Mi consorte
Domingo Faria Moniz,
administrador de pósitos,
murió en la guerra civil...
Esperad. (Mirando ú Ramiro,)
(¡Qué ojos! ¡Qué talle!)
Como tengo sobre mí
tanto negocio, olvidaba...
(A Violante.) Dadme licencia.
(Acercándose á la puerta de la antesala.) ¡Martin!
ESCENA V
(VIOLANTE, MARTA, RAMIRA, EL MARQUES, MARTIN.)
(Martin* Mande Ucencia.)
(En voz baja.)
A esas mujeres
con cautela has de seguir.
Averigua dónde viven
y ¡silencio!
Lo haré asi.
ESCENA VI
(VIOLANTE, MARTA, RAMIRA, EL MARQUES.)
(A Marta.)
Decíais...
¡Qué impertinencia!
Al ministerio acudid...
Como sé que las palabras
se lleva el viento sutil,
siempre vengo prevenida,
por lo que pueda ocurrir,
con un memorial en regla.
(Saca uno y se le da.) Tomad. Con este son mil
los que tengo presentados,
y un solo rey valadí
á cuenta de mis haberes
no he logrado recibir#
Si sobre ser tan escasa
mi viudedad...
( Al marques con impaciencia.)
¿Concluís?
¿Cuántas mesadas os deben?
No he cobrado desde Abril...
Vamos...
Del año pasado.
Marhqes.No hay fondos...
Bien los hay; sí,
para mas de cuatro tunos
que viven sobre el pais.
Ya veis; las clases pasivas...
Sin comer pueden vivir;
por su puesto. No inventó
nomenclatura tan ruin
ninguna viuda indigente,
ningún exclaustrado, ni...
Basta. Yo haré que os socorran.
Si esa palabra cumplís
mi gratitud será eterna,
y á san Pedro y á san Gil
rezaré...
La letanía
será larga, si la oís.
Tengo otro asunto pendiente.
Esta doncella gentil
es mi hija...
Y vuestra humilde
criada.
Y quiere...,
Decid.
(Me consumo.)
Lo que todas:
casarse. Para este fin
las cria Dios. Pero el novio
aunque es muy patriota y muy...
Ya no hay paciencia. ¡Marques!
No ha podido conseguir
que le coloquen...
Veremos...
Id al ministerio. A 1 1 i...
Es muchacho de carrera.
Siguiendo desde el Brasil
al emperador don Pedro...
¡Oh!
Basta.
En mas de una lid
defendió la libertad...
Bien.
Contra el bando servil..»
( Irritada.)
Marques, ¿no soy nadie yo?
¿No habrá audiencia para mí?
(A Marta despidiéndola.)
No mas. Yo os oiré despacio...
No quiero ser incivil.
Beso á Vuecencia...
( Echándola.)
¡Acabemos!
Guárdeos el cielo.
¡Salid!
ESCENA VII
(VIOLANTE, EL MARQUES.)
Iloy estáis muy filantrópico.
Es deber inseparable
de mi cargo el escuchar
con apacible semblante
á todo el mundo, y sin mengua
de las arcas nacionales
puedo dar... buenas palabras
á una viuda miserable.
¡Oh! Las viudas siempre fueron
para un ministro galante
beneméritas...
Sin duda;
y mas si son tan amables
como vos.
Y mas si vienen
con niñas interesantes.
¿Zelos, condesa?
No sé;
pero mas os liumanásteis
á las gracias de la bija
que á los ruegos de la madre*
Aprensiones. No os hacéis
justicia, herniosa Violante.
Damas del mérito vuestro
no tienen zelos de nadie.
Ya que zelos no, pudieran
mostrar quejas de un desainé,
como el que vos me habéis hecho.
No fue mi ánimo agraviarte;
¿pero adonde irá un ministro
que importunos no le asalten?
¿Qué sagrado les liberta
de una viuda vergonzante?
No hablemos mas del asunto
y hagamos, mi bien, las paces.
En buen hora, mas con una
condición.
¿Cuál es?
Que pague
como ministro Vuecencia
lo que pecó como amante.
El amante y el ministro
son tus siervos: ya lo sabes.
También yo soy pretendiente,
y si alguna cosa valen
mis méritos...
Esos ojos
no han menester memoriales.
Decid pues.
Yo tengo un primo...
¿Primo? Me tiemblan las carnes.
¡Malicioso!
¿Es joven?
Sí,
pero no se sobresalte
Vuecencia, porque le miro
con odio irreconciliable,
y á no hablarme en su favor
los vínculos de la sangre...
Es un tronera, un perdido.
Sobre darme mil pesares
me come un lado.
¡Qué alhaja!
No tiene madre, ni padre,
ni oficio, ni beneficio...
Es forzoso colocarle.
¡A un vago! ¿Qué dirá el mundo?
Ya que amor lan entrañable
el tal primo os ha inspirado,
¿no será mejor echarle
á un presidio?
¿Y el borron
que caería en mi linage?
¡Pero si él no sabrá nada...!
¿En qué carrera...
¡Qué diantre!
Si le dais un buen empleo
y asi... de cierto carácter...,
no tengáis cuidado, que él
sabrá salir adelante;
que teniendo subalternos
en cuyos hombros descanse
el peso de los negocios,
y aprendiendo cuatro frases
de rutina espedientil,
poner decretos al margen,
firmar como en un barbecho,
quitar la vara á un alcalde,
imprimir una proclama
patriótica cada martes,
cobrar el sueldo corriente,
ir á la oficina tarde,
exigir el tratamiento
á porteros y oficiales,
y mandar á l roche y moche,
y no obedecer á nadie,
no es cosa del otro mundo:
eso cualquiera lo sabe.
Linda sátira habéis hecho.
Vos me dais los materiales.
Soy dama vuestra, y no es mucho
que algo entienda yo (le achaques
de administración.
Veremos...
Eso no me satisface.
En Lisboa, no es posible...
Pues bien; en cualquiera parte;
cuanto mas lejos, mejor.
Está bien. Ahora hay vacantes...
Que haga la solicitud,
y venga á verme...
(Mirando el reloj,') Ya* es tarde.
¿Os vais?
. Volveré a la noche.
Ocupaciones muy graves...
Mal hayan ellas, que asi
me escatiman los instantes
de mi ventura.
El bien público...
Es un tirano insociable.
A Dios. ( Besándola la mano,)
A Dios.
(No me puedo VIII. i
olvidar de ella. Es un ángel.)
ESCENA VIII
(VIOLANTE.)
Con tanto estremo me quiere
que hará cuanto yo le mande.
Por fin me libro de tí,
primo Pereira. No sabe
el marques hasta qué punto
le agradezco
ESCENA IX
(VIOLANTE, EL BARÓN.)
(Abrese la puertecilla secreta, y entra el barón.)
Dios os guarde.
( Dando un grito.)
¡Ah...! ¿Quién... ¡Barón...
No tan alto.
j Vos aqui! ¿Con qué licencia...
¿De cuándo acá mi presencia
os causa tal sobresalto?
Pero entrar por esa puerta...
Es cierto: parece mal
teniendo la principal
á todas horas abierta;
mas iio es delito tan grave
1 abrirla yo atrevido,
que mayor le ha cometido
quien vende asi vuestra llave.
¡Qué oigo!
Otra vez de este templo
fiad, condesa, el cancel
á otro iniciado mas fiel...
¡Infamia... í
A mí, por ejemplo.
¡A vos!
Pues; por mi destino,
sino por mi amor, Violante;
que soy guarda vigilante
de todo honrado vecino.
Ni es tan rara anomalía
en un siglo pecador
que por donde entra el amor
se cuéle la policía;
que él buscando regocijos
y ella á caza de pecados,
ambos son aficionados
á misterios y escondrijos.
Barón, esa demasía
perjudicial á mi honor
ni es fina prueba de amor
ni abona á la policía.
¿Pero qué queréis en fin?
Por ventura algún registro...
No hace mucho que un ministro
salió de este camarin.
¡Bien por Dios! ¿Me está vedado^
No; ni es cosa eslraordinaria
que vos seáis secretaria
de un secretario de estado.
No hay ningún secreto aquí,
y estáis sobrado importuno...
Decís bien, que si hay alguno,
no es secreto para mí.
Yo...
Vos obráis sin malicia:
lo creo asi y lo divulgo;
pero recelo que el vulgo
os haga menos justicia.
¿Y qué dirá en conclusión?
¿Dirá que el marques me adora,
y que yo le amo? En buen hora.
¿No es libre mi corazón?
Bien pudiera haber, no obstante,
quien culpase su perfidia...
Poco me importa la envidia
de algún desdeñado amante.
Perdonad si no me cuento
entre ellos. Sabéis muy bien
que hay lances en que al desden
se anticipa el escarmiento.
Zeloso estáis y eso basta...
No hay zelos cuando al mejor
entre uno y otro postor
se adjudica la subasta.
Respetuoso subal terno
del marques y de Vuecencia,
no lie de entrar yo en competencia
con el timón del gobierno.
Mas sabiendo qne él me ama
no meditáis, y es muy raro,
que os puede costar muy caro
el injuriar á su dama.
Esa dama no querría,
por razones que no digo,
de amigo hacerse enemigo
al geí'e de policía.
¡Cómo
Yo sé vuestra historia...
Bien... (Si no cedo me pierde.)
Permitid que os la recuerde
si sois flaca de memoria.
¡Eh, no...
Conozco el imperio
de vuestros hechizos...
¡Ba...!
Pero la cárcel está
mas cerca que el ministerio.
¡Barón...
Oid: no liav testigos.
Pues á entrambos nos conviene,
por la cuenta que nos tiene
seamos buenos amigos.
Consiento.
Vuestra beldad
es político resorte,
porque ya sois en la corte
una notabilidad
Quien no cede á vuestro influjo
porque el amor se lo inspira,
á vuestro favor aspira
por vanidad y por lujo.
Hecha esta salva, garante
de mi conducta ulterior,
por si os falla un protector,
ganaos otro, Apiolante.
Aros valéis una corona.
Feliz el merques os ama;
mas tanto como la dama
le envidio yo la poltrona.
No os oculto mi ambición,
porque si á colmarla llego
es para inmolarme luego
por el bien de la nación.
Ya hace dias que trabajo
en mi plan con buena estrella.
Si vos me ayudáis, la bella,
pronto el marques viene abajo.
¿Yo? Sino hablarais tan serio
diría... ¿Qué pretendéis
Vos un ministro queréis
y yo quiero un ministerio.
¿Y queréis unirme á vos
para lograr...
Eso es.
Si yo súplanlo al marques
nos remediamos los dos.
¿Y qué he de hacer?
Emplead
vuestras arles de muger
y acabará de perder...
Sí; la popularidad.
Logrará por mil caminos
muger tan sagaz y bella
que haga un ministro por ella
garrafales desatinos.
A ustros dengues sean lazós
que aprisionen su virtud...,
y já Dios pública salud
si os desmayáis en sus brazos!
Si de mi pobre talento
tanto esperáis, vuestra soy.
Pues ya el parabién me doy.
Manos á la obra.
Al momento.
Dadme ahora esa mano y... chile
no os olvidéis, alma mia...
¿Do quién...?
( Abriendo la puerta secreta.)
De la policía.
(Con amable sonrisa.) ¡A Dios, hermosa!
(D esaparece.)
¡Maldito!
I
Acto segundo
(Salón en el ministerio. Puerta a la derecha del actor, que es la mas próxima á la calle. Otras dos á la izquierda; la primera guia al despacho del ministro, y la segunda .í la secretaria, en el foro una chimenea francesa y un balcón: la mesa del portero junto á la puerta de la derecha; sillas decentes al rededor de la sala. v i.)
ESCENA PRIMERA
(MONZON.)
Aparece sentado á la mesa de la portería sobre la
.ual habrá cscr ibania, pliegos cerrados y registros,
periódicos &c.
( Suspendiendo la lectura de un periódico »)
¡Pues! ¡El pan de cada dia!
La oposición no descansa.
Injurias y mas injurias,
y sátiras sobre sátiras.
Iloy las fulmina el progreso,
el stalu tjuo inanana...
Asi los pobres ministros
se aburren, sueltan la carga,
y como sombras chinescas
asoman, bullen y pasan:
asi al portero impasible
que es eco del que le manda,
ó ma4s bien trasto oficial
adyacente á una mampara,
el tiempo le alcanza apenas
en tan vario panorama
para estudiar tantos genios'
y analizar tantas caras:
asi, apenas so publica,
ni ion le como una bellaca
la Guia de Forasteros;
y asi en confusa baraja
multiplica mi cartera
los pésames y las pascuas.
ESCENA II
(MONZON, MARTA.)
Señor Monzon, buenos dias.
( Casi sin mirarla y volviendo d su diario •)
¿Qué se ofrece?
Yo soy Marta...
Está bien.
¿Podré decir
al ministro dos palabras?
No ha venido.
¿Vendrá pronto?
No sé; pero es escusada.
la pregunta.
Es que
No damos
audiencia por la mañana.
Su Excelencia, mas amable
que su portero...
¡Qué audacia!
Hábleme con mas respeto
la esponente, y no se salga
de la cuestión.
El ministro
se duele de mis desgracias.
Esta mañana tomó
de mis manos una instancia
con suma afabilidad,
y me prometió...
; Bobada!
Escucharme...
¡Ba!
En audiencia
particular.
No me bastan
esos recados verbales.
Un decreto: esa es la práctica.
Pero ¡si él me dijo...
¡Ya!
Siempre ellos dan esperanzas.
Por supuesto... Ya se ve...
Como eso no cuesta nada...
Mas yo, que estoy dispensado
de atenciones cortesanas,
oficialmente os respondo:
no ha lugar á la demanda.
Veremos. Yo esperaré...
En la primer antesala;
no aqui. El portero inferior
ba cometido una falta
imperdonable en dejaros
penetrar...
Soy ciudadana,
soy viuda, soy bello sexo,
y donde entran otras damas
puedo entrar yo.
Mi consigna...
¡Eb! No hay consigna que valga.
Os iréis.
Que no.
¿Por qué?
Porque no me da la gana.
ESCENA III
(MONZON, MARTA, ALMEIDA.)
(y)
( Saliendo de la secretaria,')
¿Quién disputa aqui? ¿Qué es esto?
Esa tia...
Ese fantasma...
¡Qué veo! ¡Señor Almeida!
I {Va á su encuentro y hablan lejos del
portero y que sigue leyendo.)
¿Quién sois vos... ¡Ah! ¡Doña María!
¿Estáis empleado aquí?
Sí tal.
No sahia nada.
Ge£e de sección.
Me alegro.
Sea por cien años.
Gracias;
aunque según nos relevan
desde que hay leyes y cámaras,
lodos somos ya efemérides
sin ayer y sin mañana.
Razón mas para que vos
me dispenséis sin tardanza
vuestra protección.
Contad
conmigo, aunque es muy escasa
mi influencia. Fue mi amigo
vuestro esposo que Dios haya...
Ei pobre murió de un cólico...
¡Ya lo sé!
Cerca de Braga.
¿Y qué. tal? La viudedad...
Un siglo ha que no me pagan.
Ya veremos...
Por fortuna
mi Ramira es una alhaja...
¡Oiga! Ya estará crecida.
Es una linda muchacha...,
mejorando lo presente.
La pobrecilla trabaja
dia, y noche, y con su aguja
y su tijera y su plancha
vamos tirando. El marques,
á quien hoy por una rara
casualidad hemos visto,
promete enjugar mis lágrimas.
Ya ha tomado el memorial...
¡Ah! ¿No sabéis que se casa
la chica?
¡Bueno! ¿Con quién?
Es joven de circunstancias...
Vos debeis de conocerle.
Veamos. ¿Cómo se llama?
Alfonso de Castro...
Mucho.
El hijo de doña Braulia...
El mismo.
Es mozo de mérito.
Y quizá por esa causa
se halla sin colocación.
El que no llora no mama.
Un memorial*..
Aqui está.
Bien. ¿Qué pretende?
Una plaza
de secretario...
( Torna el memorial y lo examina.)
Veamos
si viene en regla la instancia.
En una administración
general.
Muy bien. Hay varias
vacantes; tiene talento,
y es destino que le cuadra.
¿Está informado el ministro...
Ya le tiré una puntada...
y ahora venia á entregarle
el memorial... ¡Cuánto tarda!
Justamente es negociado
de mi sección y á ella pasan
todas estas pretensiones.
Le hablaré con eficacia,
y si os recibe benévolo,
tanto mejor.
El me trata
con bondad y cortesía,
mas el portero me ataja
porque dice que está exento
de tener buena crianza,
j Cómo...!
Y ni esperar me deja
al ministro en su antesala.
Tiene órdenes generales...,
pero esas con vos no hablan.
(A Monzon.) Permitid á esta señora,
pues pide tan leve gracia,
que espere al señor marques.
Bien; mas si ella se desmanda..
No lo hará.
Soy funcionario
público...
(A Marta.') Si esta mañana
no le veis, para la audiencia
de esta noche no hagais falta.
Se os pondrá en lista.
Viváis
mil años.
Ahora me llaman
mis tareas. Soy muy vuestro.
Yo vuestra humilde criada.
ESCENA IV
(MARTA, MONZON.)
Una vez que el marinero
no manda donde hay patrón,
i me siento, señor Monzon...,
sin permiso del portero.
Déjeme en paz.
( j Chúpate esa!
Y no toméis pesadumbre
porque me ofrezca su lumbre
la chimenea francesa.
(Se sienta á la chimenea.)
( ¡Qué desacato! ) El marques
tardará...
En paz y sosiego
me estaré al amor del fuego
otras dos horas ó tres.
Si me dais una Gaceta...
No la doy; y es mucho esceso...
No me aburriré por eso,
seor Monzon. Haré calceta.
(La saca de su bolso*)
¡Aqui calceta í
Sí tal.
Ya que tanto se ha deshecho,
diga el mundo satisfecho
que se hace algo en Portugal.
(Queda haciendo calceta *)
ESCENA V
(MONZON, MARTA, FONSECA.)
(Entra Fnnseca con marcial desembarazo y ves tido con ridicula afectación*)
(Llegándose familiarmente á la mesa del
portero.)
¡Am igo Monzon!
(5c levanta y le hace una profunda reve; Magnífico,
rencia.)
don Crisóstomo Fonseca!
¿Se ha quitado la jaqueca?
Sí; con aquel específico...
¿Vos tan famoso?
Tal cual.
Risueño siempre y contento...
¿Pero no tomáis asiento?
( Yendo á tomar una silla*)
Sí tomaré.
En mi si tial.
(Se lo ofrece; Fonseca lo loma y Monzon ocupa una silla.')
(Sacando la petaca.)
Gracias. Ni un bajá del Bosforo
mas a gusto se arrellana.
Yaya un puro de la Habana.
(Da d Monzon un cigarro y él toma otro.)
(Enciende un fósforo y se lo da.)
Estimando. Yaya un fósforo.
(Enciende cada cual su cigarro.)
( ¡Miren qué arbitrariedad
tan propia de un hombre bajo!
Al rico, mucho agasajo
y al pobre, una sequedad.)
Hoy, Monzon, no, como suelo,
vengo arjui á matar el ocio.
¡Qué! ¿Traéis algún negocio?
Solo serviros anhelo.
Para mi chico Eleuterio,
que es la gloria de su raza,
vengo á pedir una plaza
de oficial del ministerio.
Mi patrimonio es enorme
y no busca emolumento;
poro tendrá tratamiento
y es bonito el uniforme.
El caso es que no hay vacante..»
Eso no importa. ¡Zis, zas...
(Figurando escribir.) Se crea una plaza mas
ó se improvisa un cesante.
Yo sé bien de qué registro
me be de valer para el caso;
mas soy pretendiente raso
y no conozco al ministro.
Ni á esos señores se va
con ciertas proposiciones;
pero hay otros escalones...
¡pues! Monzon me insinuará...
Yo soy puro, incorruptible,
y las manos no me unto.
Es delicado el asunto.
Pero se hará lo posible...
Sé que,el joven tiene méritos...
La ciencia.. o
Le es antipática*
En cuatro años de gramática
no pasó de los pretéritos*
¡Eli! Siendo joven...
Cumplió
por Febrero diez y siete.
Quiere decir que... promete...
El que promete... soy yo.
(Tanto tardar me da empacho.
¡Que cueste tales sudores
el hablar á esos señores
secretarios del despacho!)
Dejando ahora, ¡Monzon,
negocios tan peliagudos,
¿habéis visto los escudos
de la nueva acuñación?
No señor. ¿De plata ó de oro?
(Saca del bolsillo y pone sobre la mesa al¬
gunas monedas de oro. Ambos interlo¬
cutores dan la espalda á Marta.)
De oro. ¡Qué buril! ¡Qué gusto!
Mirad...
(Examinándolos.')
Sí. ¡Qué bello busto!
Y es de la Reina que adoro.
Perdonad, Reina preclara,
bend icion del portugués,
si beso á falta de pies
vuestra augusta y linda cara.
(Besa las monedas.)
¿Tanto os alegra, ¡Monzon,
su busto...
¡Si es fanatismo!
¡Oh...!
(Siendo de oro, lo mismo
besaría el de Nerón.)
Tomad...
Yo no. La avaricia...
No como dinero; (¡El místico!)
sino como objeto artístico.
Las artes son mi delicia.
Guardad pues esa.memoria,
(Recogiendo las monedas.)
Replicar no es justo;
basta que tengan el busto
de María de la Gloria;
(Fonseca se separa de Monzon y pasea») que súbdito mas leal
es imposible... (Se aleja
después que el oro me deja.
¡Vaya un hombre original! )
(Se sienta y vuelve d leer el periódico •)
(Acercándose d la chimenea»)
Como soy, que hace fresquillo.
Señora, os beso los pies.
(Tomando una silla») Si permitís...
¿Por qué no?
Siénlese vuestra merced.
(Sentándose d la chimenea»)
El remusguillo convida...
¿Vos sois de casa?
¿Por qué
lo decís?
Esa calceta. «
En algo he de entretener
el tiempo. Y no es infundada
vuestra pregunta cortés,
que aqui vive... Mal be dicho.
Aqui muere por la fé
el infeliz pretendiente;
y mas si en triste viudez
ni tiene dos lindos ojos
que paso franco le den,
ni ablandar puede con dádivas
á un bárbaro como aquel»
(Riéndose,)
¡Pobre Monzon! Y en efecto
su cara es bruta y soez;
¡pero ama tanto las arles..*
(Abriendo una caja y ofreciéndosela.) Vaya un polvo de rapé.
(Tomándole,)
Muchas gracias. Ya me estaba
durmiendo,f y me viene bien.
Ya se ve; las malas noches...
Como vivo de coser...
¡Diez y ocho meses sin paga!
¡Ano y medio! Esto es cruel.
¡En qué ha venido á parar
aquel regalo, aquel tren...
Si viviera mi difunto...
Por supuesto... Ya se ve...
¡Si el difunto se murió!
Y yo, como viuda fiel,
no he querido reemplazarle,
aunque no ha faltado quien...
No es maravilla. Estáis tiesa
todavía y esa tez...
Entre otros me pretendió
un teniente coronel...
Algo cascado, es verdad;
pe ro al fin y al cabo...
Pues.
No lo tome usted á chanza.
Si no nos casamos, íue...
(Porque él no quiso.)
(Siguen hablando en voz baja,)
ESCENA VI
(VIOLANTE.)
Abrese la mampara y entra Violante acompañada
de un portero que se retira saludándola respetuosa¬
(Se levanta apresurado y la l,iace una pi<S-
funda reverencia.) ¡Señora...
¡Aun no ha venido el marques!
Sin duda estará en las Corles.
Bien está. Le esperaré. (Se dirige á la chi¬
menea y viendo á Marta se detiene* )
(¡En la chimenea Marta! )
(Al portero.) ¿Qué trae aquella rnuger?
Espera al señor ministro
y pretende no sé qué.
Que le espere en la escalera.
¡Vaya que es avilantez...
Asi se lo dije; pero
me dio contraorden...
¿Quién?
El señor Almeida.
¡Abuso
torpe! ¡Elevar al nivel
de personas distinguidas
á gentes de ese jaez!
Yo haré que ponga remedio
el ministro.
Bien haréis.
¿La digo que se levante?
No; dejadla. Aquí estoy bien.
(Se sienta lejos de la chimenea*)
¡Señor de Fonseca!
Voy.
Do ña Marta, hasta mas ver.
Soy muy atenta...
( ¡Demontre
de vieja! Habla mas que seis.)
¿Qué hay, Monzon?
(Se llega d la mesa del portero y éste le habla en voz baja. )
( ¡Nada! ¡No viene!
Acabemos este pie.)
(Si gue haciendo calceta, d poco ralo em~
pieza d dar cabezadas, y poco después se
duerme.)
( En voz baja con Monzon.)
¿De veras? ¡Gallarda moza!
¡Soberbia!
No la flechéis
con el lente. Es cosa hecha
si ella os quiere proteger;
mas será preciso...
Entiendo.
No soy pájaro novel.
Si os parece que yo sirva
de introductor...
¿Para qué?
No hay que andarse por las ramas.
(Acercándose d Violante y saludándola,.) Yo me doy el parabién
de conocer á la hermosa
condesa del Rosicler.
Vuestra humilde servidora,
caballero, aunque no sé
quién...
Crisóstomo Fonseca,
propietario en Santarem
y sibarita en Lisboa.
Ni temo, ni debo al rey,
y sin ser pariente suyo
ni muy rancio mi cuartel,
sov rico-hombre porque soy
hombre rico: ¿lo entendéis?
Gastáis buen humor. Sentaos.
( Se sienta al lado de Piolante*)
Por gastar no sé qué hacer*
(Abriendo una cajita de oro») ¿Me atreverla á ofreceros
un bombon?
( Tomando dos o tres»)
Bonita es
esta caja.
» Mas bonita
sois vos.
Favor que rae hacéis.
Guardadla.
¡Oh! No.
¡Bagatela!
¿Porque es de oro, ese desden?
Perdonadme; no las gasto
de otro metal.
No os privéis
de tan preciosa cajita.
En casa tengo otras diez.
Si algún escrúpulo os queda,
bagamos un cambio.
¿Eh?
Según como sea el cambio.
Aunque os pida un alfiler
saldré siempre ganancioso.
¡Qué galante!
Dadme pues
esa rosa del cabello.
¿Mas qué dirán si lo ven?
Es verdad. Decid que es mia
y luego me la daréis.
Enhorabuena. Negaros
tan corto favor no es ley.
¿Corto? Vos podéis hacerme
otro mayor si queréis.
¡Poco á poco...
Sosegaos.
Ya no soy ningún doncel.
Sois muy dama para mí;
yo tengo pudor también r'T
á mi modo; v aunque admiro
ese garbo portugués,
para desbancar á un procer
es muy poco mi poder...
y muy largos mis colmillos
para ser chulo de á pie.
No es el marques mi galan,
sino mi novio, y creed...
Sí creo.
Y de otra manera
yo no sufriría
Amen.
Dios os haga bien casada
y colmado fruto os dé
de bendición conyugal.
Os agradezco...
Ahora bien,
suponiéndos grande influjo...
sobre el ministro
Tal vez...
( Bajando la voz y Violante hará lo mismo.)
A un rapazuelo hijo mió
os ruego que coloquéis...
¿Dónde?
En la secretaría.
Aunque es alta la merced,
ya supongo que el muchacho
será digno de ella...
¡Pché...
No me toca á mí alabarle.
Ni otro informe ha menester
ser hijo vuestro.
Gracias.
Pero es difícil... Ya veis...
La plaga de pretendientes...
Tanto varón de honra y prez
sin empleo... Será lucrza
hacer inclinar el fiel
de la balanza
Con oro.
No creáis que mi ínteres
personal
¡Qué disparate!
Dama de alto chapitel
¿cómo es posible... Son fondos
reservados...
Eso es.
Para fomentar... ¿Eh?
Sí.
¡Pues ya! Para objetos de...
Cabal.
¡Proyectos...
¡Oh...
¡Cosas...
¿Cuánto reza el arancel?
¡Eh! No hay prisa... Lo que urge
es poner pies en pared
basta lograr el destino.
Ya; por supuesto.
Y después...
Ya traía el memorial...
Bien. Dadme acá ese papel.
Descuidad, que asi que vea
al ministro le hablaré...
Corriente? ¿y será del caso
que me presente al marques...
Sí; á la noche. Dadme tiempo
para prepararle.
Bien.
¿Cuándo sabremos...
Hoy mismo.
¿A qué hora?
Al anochecer.
¿Qué sena...
(Le da una tarjeta.)
En esta tarjeta
las de mi casa teneis.
Con ella...
Enterado. Ahur.
Iré á besar vuestros pies. ( Cantando al irse
con marcialidad.)
/Oh che volpe sopr afina!
(¡Vaya en gracia! No es mal pez.)
ESCENA VII
(MONZON, VIOLANTE, MARTA.)
(Alegre va don Crisóstomo.
Propina habrá.)
(Despertando.) ¡Me he dormido!
(A Monzon.) ¿Ha venido su Excelencia?
No señora.
(Se levanta recogiendo la labor»)
Ya hace un siglo
que espero... ¡Doña Violante!
¡Vos por aqui! ¿Qué motivo...
No os importa.
¿Aun me guardáis
el rencor? Ea, pelillos
á la mar.
Eh, calle; apártese
la impertinente.
Aspacito,
que la palabra de Dios
á nadie, ni á los judíos
se niega; y hora no estáis
en vuestra casa. ¡Pues digo... 1
¿Querrá también la señora
echarme de este recinto?
Si allá me vino con fueros
porque pedí lo que es mió,
no aqui...
¡Jesús qué muger!
Y los sordos han de oirnos
si suelto la de sin hueso.
Por no hacer un desatino
me voy. Dad esa tarjeta (Al portero.)
Yo me retiro.
Ved aquí los resultados
de admitir en este sitio
á inugeres de...
¿Deque?
¿De qué?
De bajos principios.
ESCENA VIII
(MARTA, MONZON, MARTA, ¡CÓMO SE ENTIENDE, ! OIGA, ESPERE.)
(la diré, cuántas son cinco.)
( Recociendo la tarjeta, los periódicos y al¬
gunos pliegos.)
Señora, ved que no estáis
en la plaza del Rocío.
Respetad...
Teneis razón.
Me contengo, me reprimo...
Pero yo ne me he criado
en las malvas, y si digo
lo que sé de ella...
(Monzón entra sin hacer caso de Marta en el despacho del ministro,) Que á le
que me ha contado un vecino
maravillas; y ojalá
las hubiera yo sabido
esla mañana temprano,
que voto va, no va á Cristo...
ESCENA IX
(, i MARTA, PE RE IR A,)
¿Tía venido su Excelencia?
¡Qué insulto! ¡Qué despotismo!
¿Conocéis á esa señora
que en la escalera habréis visto?
¿Á la condesa Violante?
Esa. El título es postizo»
Mirad...
Es una embustera.
Señora...
Y en el hospicio
las hay mucho mas honradas.
¡Cómo!
Y si el gefe político,
ó sea administrador
general de este distrito,
supiera lo que se pesca,
la pondría...
¡Qué vestiglo!
Escuchad...
Donde merece.
Sí señor: á ella, y á un primo
que. tiene...
¿Qué...
A un tal Pereira...
Mirad lo que...
Que es un picaro.
Yo no le conozco; pero...
¡qué lástima de presidio!
¡Deslenguada! Si supierais
quién soy...
Me importa un pepino
el saberlo.
ESCENA X
(PEREIRA, MARTA, MONZON, MONZON, ¡CON MIL DIABLOS, SEÑORA.)
Y digo, y repito..
Una voz dentro. ¡Su Excelencia!
Otra voz mas cerca. ¡Su Excelencia!
( Abriendo la mampara.)
¡Silencio! (Apartando á Marta y a Pereira.)
¡A un lado! ¡El ministro!
ESCENA XI
(PEREIRA, MARTA, EL MARQUES, MONZON, EL MARQUES, MONZON.)
Señor...
(A Pereira.) Un momento...
Mande Ucencia.
Excelentísimo
señor...
(Dando un papel d Monzon.)
Tomad esta nota,
y que el ge fe del archivo
os entregue sin tardanza
los documentos que pido.
ESCENA XII
(EL MARQUES, MARTA, PEREIRA, MARTA, {A QUIEN TORNA LA DELANTERA PEREIRA, ).)
Señor... (¡Se puso delante!)
(A Pereira tomando su memorial.)
¿Qué queréis?
Yo solicito
que Vuecencia me coloque...
Todos pretenden lo mismo,
y para acallar á todos
veo que será preciso
establecer en el reino
para cada hombre un destino.
Ya debe de estar Vuecencia
informado... Soy el primo
de Violante.
¡Ah! Lo celebro.
( ¡Qué escucho! )
Sereis servido.
( Siguen hablando en voz baja,)
(¡Y yo entre oreja y oreja
mil tempestades le he dicho
sin conocerle! Me alegro.)
Id
No tengo mas padrino
que Vuecencia...
Id descuidado.
(¡Tiene una traza de pillo...!)
Dios guarde á Vuecencia...
(Con afabilidad.) Á Dios.
ESCENA XIII
(EL MARQUES, MARTA.)
(El marques se dirige d su despacho y le detiene)
¡Señor...
No os hahia visto. —
¡Ah! ¡Sois vos!
Os vengo á hablar
sobre aquel memorialilo...
Tengo prisa...
Y á entregaros
este otro sobre el destino
para mi yerno futuro.
(El marques le toma con la mano izquierda y le conserva en ella sin desdoblarle teniendo en la derecha el de Pereira.)
( ¡Para su yerno! ¡Maldito
sea su yerno! ) Id con Dios.
¿Y asi... con ese desvío
me despedís?
No hay un cuarto.
Pero...
No puedo serviros.
(¡Solo falta que la madre
me dé aliora un tabardillo!)
Esta mañana me disteis
palabra...
Fue un compromiso...
¡Ni media paga siquiera!
¡Qué importunidad! Ya he dicho...
Si á lo menos me emplearais
al muchacho...
¿Y con qué títulos
viene á pretender...
Mayores
los tendrá tal vez el primo
de Violante.
¿Qué decís!
¡Vale mucho un buen palmito!
¡Qué osadía! Retiraos.
No volváis mas á este sitio.
Tomad vuestro memorial.
(Tira al suelo hecho pedazos el memorial de Pcreira y dobla un pico al de Castro.)
¡Qué injusticia!
( Entrando en su despacho.) ~ Asi castigo
o
á insolentes.
ESCENA XIV
(MARTA, Y*O, ¡ME HA DADO.)
(con la puerta en los hocicos!)
ESCENA XV
(MARTA, CASTRO, CASTRO, ¡SEÑORA.)
(Volviéndose»') ¿Quién... ¡Pobre Castro!
En hora menguada vienes.
Maldiciendo aqui me tienes
la triste vida que arrastro.
Confiado en tu virtud,
vendrás á saber ansioso
el resultado dichoso
de aquella solicitud.
Hijo mió, no hay consuelo
para tí n¡para mí.
Mira el memorial a 11 i
hecho trizas en el suelo,
j Qué horror, ánimas benditas...!
Y eso que en cas de Violante
dio palabra terminante
de dolerse de mis cuitas.
¡Ahora tanta displicencia,
y antes brindaba mercedes!
Esplícame tú si puedes
tan eslraña inconsecuencia.
O lia perdido su cordura
en un romántico acceso,
ó le ha baldado el Congreso
con un voto de censura.
Otra es la causa, señora,
de su rabia y su despecho,
y el desaire que os ha hecho,
no á vos, á él solo desdora.
No mendigo su lavor,
porque ya le conocí.
Vengo á arrancaros de. aqui
para salvar vuestro honor.
¡Cómo
Tan noble en su ira
como en su amor... de Visir,
ha querido seducir
á mi adorada lia mira.
Se introdujo en vuestra casa
un agente de sus vicios.
No es mucho: tales servicios
se suelen premiar sin lasa.
Aventuró su osadía
la infame proposición,
que con casta indignación
rechazó la prenda mia.
Porfiaba temerario,
llegué en tan buena sazón,
y fue mi salutación
un puntapié al emisario.
Entonces el perillán
me amenazó con su amo,
y de un tramo en otro tramo
le eché rodando al zaguan.
¡Traidor... ¡Ahí está el busilis!
¡Y teniendo ya otra moza
que se pierde una coroza...
¡Hum... Se me enciende la bilis.
Estoy hecha un Satanás,
y sí le pillase ahora...
Huyamos de aqui señora,
y no volvamos jamas.
¿No volver? No vuelvas tú,
que eres hombre, y no conviene;
mas yo ¡perene y perene,
por vida de Belcebú!
Lo que yo vengo á pedir
es mió, y mió, y remio:
sí señor, y el monte-pío
no me dejará mentir.
Yo pido justicia neta,
y para instalarme aqui
me traeré la cama; sí,
como hoy traje la calceta.
¡Eso Tal taha! ¡Hola, hola!
En casa la niña. ¡Tate!
Yo estoy fuera de combate
y ya puedo andarme sola.
Su rabia será completa
cuando vea de contino
en vez de un rostro divino
una cara de baqueta.
Venid...
( Tornando el brazo de Castro y yéndose»)
Y pronto, y cabal
ha de darme la mesada,
ó esta noche hay asonada...
¡Vamos!
Y arde Portugal.
(tansc por donde entraron.)
Acto tercero
(Despacho del ministro ricamente adornado. Gran mesa de escritorio con papeles, espedientes, libros &c. A la derecha del actor la puerta de la antesala. En frente de esta dos balcones y entre ellos una chimenea. Puerta en el foro que da paso á la secretaría y otra mas pequeña en la misma línea.)
ESCENA PRIMERA
(EL MARQUES.)
( Sentado en un elegante sillón delante de
la mesa, con un periódico en la mano.)
¡Otra personalidad!
¿Qué tienen que ver el trono,
ni la patria ni la ley
con si yo cómo ó no cómo,
si me visto ó no me visto
con este sastre ú el otro,
si es bella ó no mi querida,
si madrugo ó si trasnocho,
si gasto coche ó laudó,
si estoy flaco ó si estoy gordo?
( Con un legajo en la mano.)
Siempre fue la comidilla
de esos papeles periódicos
satirizar al que manda;
á no mediar... ¡Pues! Supongo
que me entendéis. Pero al hombre
de estado, á fuer de filósofo,
ni le acobardan las pullas
ni le ablandan los piropos.
Las diatribas personales,
bien, pasen: yo las perdono;
¡pero sumar, como lo hacen
en este artículo anónimo,
con mi sueldo de ministro
lo que de mis tierras tomo,
y en la partida de data
acumular á su antojo
guarismos sobre guarismos
con el intento piadoso
de insinuar que cubro el déficit
enorme con lo que robo!
Acaso no ha pretendido
sino acusaros de pródigo...
¿Qué sabe él lo que vo gasto?
¿Qué sabe él lo que yo cobro?
Robar... ¿de dónde? Imposible.
¿Manejo yo acaso fondos?
Arruinarme..., puede ser;
¿mas qué le importa a ese Zoilo,
pues yo no le pido nada,
que me lleven los demonios?
Ea, no hay que sofocarse,
señor marques. — Yaya un polvo.
(Saca la caja y se lo ofrece.)
No lo gasto. — Y, no hay remedio
de ese falso testimonio
¿qué infiere el vulgo maligno?
Que soy ladrón ó tramposo;
y esto, ya pasa de injuria
personal.
¡Eli...! Según cómo...
No hay según. Aqui se ataca
al gobierno.
En cierto modo...
Y es preciso denunciar
el escrito.
No me opongo...
Al momento. De real orden.
¿Como artículo injurioso?
Como subversivo.
Pero...
¿Dudáis...
No; ni por asomo...
(¡Cómo ciega la pasión!)
Pero el jurado...
Es negocio
concluido. ¿Hay algo mas
que despachar? Venga pronto.
Nada por hoy. — No me atrevo,
como os veo en tal enojo,
á preguntaros si aquel
proyecto de ley lamoso...
¿El de las medidas?
Ese.
Desechado por cien votos
contra ventinueve.
¡Malo!
Con taba con el apoyo
del centro, y se me desfila
á la izquierda.
¿Sí? Malorum!
¿Y esa oposición terrible
contra vos se ha alzado solo,
ó se es tiende á los demas
concolegas?
Sí, sí; á todos.
Vaya por Dios. Mal de muchos
diz que es consuelo...
De tontos.
Aunque no estáis para gracias,
os recuerdo respetuoso
las plazas de secretarios
que vacan...
Iloy me propongo
proveerlas.
Bien sabéis
que tengo el genio algo corto
v nunca os pedí mercedes
para mí ni para otros;
mas hoy por primera vez
vuestra protección imploro
en favor ele un pretendiente
que juzgo muy á propósito
para una de esas vacantes.
Es un excelente mozo...
Lo creo, mas...
Muy honrado...
No obstante...
Muy estudioso,
y sus principios...
Hay muchos
empeños... Cada neófito
tiene sus Mecenas...
Yo...
Hé aqui el mayor escollo
de un ministro: el personal.
Sugeto por quien yo abogo,
podéis creer...
Eso mismo
dicen los demas patronos;
pero las plazas son cinco,
y tengo ya un promontorio
de memoriales.
Si al fin
ha de haber tantos quejosos,
¿qué mas da...
¡Si es una peste!
Como buitres, como lobos
al olor de una vacante
se abalanzan de ocho en ocho.
¿Qué digo vacante? Ayer
fue acometido de un cólico
el contador de correos,
y al salir del dormitorio
me pidieron hoy su plaza
media docena de prójimos.
No lo estraño. Pero el mérito
de mi ahijado. Habrá muy pocos...
En fin, veremos... se hará
lo que se pueda.
Yo os cojo
la palabra...
( Anunciando desde la puerta de la derecha.)»
La condesa
del Rosicler.
( ¡Un estorbo! )
Adelante. Permitid...
(¡Faldas! Mi gozo en un pozo.)
(i Saluda al ministro y d Piolante y se retira por la puerta de la secretaria.)
ESCENA II
(VIOLANTE, EL MARQUES, EL MARQUES, VIOLANTE.)
( Sentándose al lado del jnarques.)
¡Gracias á Dios
que al fin nos vemos los dos!
Vuelto me tienen el juicio
los asuntos del servicio.
No bay forma de hablar con vos.
Hoy me sequé en la antesala
con gente soez y espuria,
y después ¡oh mengua! ¡oh furia!
¿Qué es eso?
Me siento mala.
¿Qué te duele?
¡Atroz injuria!
¡Cómo...!
La esposa altanera
del vizconde de la Riva
i
suelta al verme la saliva
y tomando la otra acera
me mira de abajo á arriba.
¡Eh! ¿Qué importa...
Á un estropajo
no se trata...
Eso no es nada.
Ap rension...
¡Estoy medrada!
¿Aprensión? ¿Y el salivajo?
Puede que esté embarazada*
Es muy justa mi querella
v el alma se me destroza
No hagas caso. Asi resuella
porque eres tú mejor moza
y mas elegante que ella.
Tal creo; mas sin castigo
no ha de quedar el insulto.
Si tiene envidia, consigo
lleva la pena.
¿Hay indulto?
Pues no vuelvo á hablar contigo.
Niñadas
A tí le alcanza
el desaire que me aílige.
Ella, ó yo. No hablo de chanza.
Pero, hija mia...
(-Se* levanta.) O venganza,
ó bago dimisión. Elige.
O O
(Levantándose.) Yo complacerte deseo
mas, ya ves, la injuria ha sido
de muger, y yo no veo...
Pague la pena el marido.
Marques.; Cómo ni
Quítale el empleo.
Pero, hija, ¿lias perdido el seso?
¡Á un director general
dejar cesante por eso!
¿Qué dirían? No haré tal.
¡Y sin forma de proceso!
De eso no me cuido yo;
mas ya dije mi ultímalo
¿Le depones? Sí, ó no.
Es una injusticia.
¡Ingrato!
M a r qu es. Pero, m uger...
(Yéndose.) ¡Se acabó!
¡Qué! ¿Te vas?
¡Quién lo creyera!
¡Mantener á ese hombre en zancos
después de injuria tan fiera!
¡Y quizá vota en los bancos
de la oposición!
Espera.
Con efecto, hoy desertó
de las fil as del gobierno.
¿Y por qué mi subalterno
no ha de votar corno yo?
Mas se va á armar un infierno...
(Llorando.) Basta. ¡A Dios, á Dios...
Detente#
Todo por tí lo atropello.
(Toca la campanilla, se sienta y escribe rápidamente •)
(Sentándose.) Gracias. Mi honor iba en ello.
(Al portero, que asoma.)
Que venga inmediatamente
el señor Souza Coello.
(Es mucha mi autoridad.
Con cuanto quiero me salgo.)
Lo siento, que es buen hidalgo,
(Escribiendo.) De orden de su Magestad,
ct cantera. f9
ESCENA III
(EL MARQUES, VIOLANTE, SOUZA.)
¿Queréis algo?
Esta minuta interesa.
Haced que sin dilación
venga copiada á mi mesa.
(No dirá el señor barón
que he faltado á mi promesa.)
Está bien.
(Ojeando la minuta.) ¡Exoneráis
de su destino al vizconde!
Sí*
(¡Qué injusticia!) ¿De dónde
viene el golpe...
No os metáis
en lo que no os corresponde.
ESCENA IV
(EL MARQUES, VIOLANTE.)
¿Quieres mas? ¿Estás contenta?
Sí; mi bien.
Por darte gusto
hago un descontento mas.
j Vale Dios que no son muchos!
También ganas un amigo
en el director futuro,
y la misma cuenta sale.
¿Quién sabe...
Váyase el uno
por el otro.
Cuando sepan
que por un antojo luyo...
(Coa? zalamería.)
No te enfades, que aun estoy
a Tecla da de los músculos,
y de ver esc entrecejo
me estremezco y me atribulo.
En premio de esa fineza,
que agradezco hasta lo sumo,
exige de mí imposibles,
que no puede haber ninguno
para el amor que le tengo;
y si aun es débil tributo
mi honor por tí abandonado
á los sarcasmos del vulgo,
pide mi sangre, mi vida,
y contenta iré al sepulcro.
; No mas! ¿Qué dices? Yo soy
tu amante, no tu verdugo..
ESCENA V
(EL MARQUES, VIOLANTE, SOUZA.)
( Dándole un oficio.)
Aqui teneis puesta en limpio
la real orden...
(Después de firmarla.)
Dadla curso.
ESCENA VI
(EL MARQUES, VIOLANTE.)
Si no temiera abusar
hablaría de otro asunto...
¿Qué asunto?
Un empeño mió.
Nunca faltan importunos...
Bien. ¿Qué quieres?
Una plaza
de oficial; se entiende, de último
oficial del ministerio...
¿Para quién?
Para un alumno
de no sé qué seminario.
Dicen que promete mucho...
Algún niño que tal vez
está estudiando gerundios.
Yo no sé; pero su padre
es hombre rico y de indujo...
Le he dado ya mi palabra,
y, ya veis; si no la cumplo...
bija, ¡si no hay vacante!
No le hace. Se quita á alguno...
No mas alcaldadas; no.
Pues bien; tomad otro rumbo.
Dad la pía za del vizconde,
plaza de honor y de lucro,
á uno de esos caballeros;
los ascensos por su turno
á los demas, y á mi ahijado
la resulta; asi á ninguno
se agravia...
¿Y los pretendientes?
¿Y qué dirá luego el mundo
si el agraciado es un tonto
sin práctica, sin estudios...
Ya se irá soltando aqui
poco á poco. Otros mas rudos...
Yaya que lioy tienes caprichos
originales, absurdos.
¿Hay mas que dejarle luego
cesante? ¡Vaya un apuro!
Salga yo del compromiso
en que su padre me puso,
y lo demas...
De ese modo...
¿No te admira mi discurso?
(. Sacando un papel que pone sobre la Aqui queda el memorial. Cuando tengas dos minutos de tiempo dictas las órdenes...)
¡Eso es! ¡Asi! ¡De barullo!
Me envías el nombramiento...
Bien está; pero te anuncio,
que si es necio, á las primeras
de cambio le destituyo.
Y, por Dios, mira otra vez
por quién te empeñas.
Te juro
no volver á molestarle. —
Solo falta que á ese tuno
de mi primo... ¿No lia venido
á presentarse...
Aqui estuvo;
me entregó su memorial;
yo doblé, como acostumbro,
un pico... (/.o busca en la mesa»)
Ya entiendo. En muestra
de favor.
Pues es el único
que hoy he doblado... Aquí está.
Voy á decretarle al punto. ( Escribiendo.)
u Concedido. y> Puedes darle
el parabién.
Te aseguro
que es mía la enhorabuena,
porque me da mil disgustos,
y hasta perderle de vista...
Pero á Dios, á Dios, que abuso
de tu bondad demasiado.
Si lo permite el bien público,
¿irás á verme esta noche
al palco?
Lo dificulto.
Hay consejo de ministros;
tengo entre manos un cúmulo
de negocios...
¡Jesús! ¡Siempre
negocios! Yo me consumo.
¿Sabes que ya tengo zelos
de Portugal?
(arques. Son injustos. A Dios.)
(¡Hé aqui un grande hombre!
¡Pobretes! Todos son unos.)
ESCENA VII
(EL MARQUES.)
Ya se ha ido. Respiremos.
¡Es singular el indujo
de esa muger sobre mí!
Si á uii corazón pregunto
la causa, nada responde;
y si en mi razón la busco,
de mi tlaqueza me acusa
y romper me manda el yugo.
A ser yo supersticioso
diria que algún conjuro...
Cuando de ella me separo
tengo vehementes impulsos
de olvidarla para siempre;
la vuelvo á ver, y sucumbo.
¡Pero es tan sagaz, tan bella
y tan nombrada en el mundo
diplomático ii! Un virey
que millonó en Pernambuco,
un embajador, un duque
y un milord de alto coturno
disputaban sus favores,
¡y al cabo fue mió el triunfo!
¡Esto es glorioso! No obstante,
por satisfacer un lujo
pueril arruino mi casa
y mi opinión aventuro.
Aquella preciosa niña...
Por solo un halago suyo
daría... ¿Mas quién creyera
que aquel vestid illo oscuro
cobijara una virtud
tan tenaz, tan fuera de uso?
Ya se ve; yo no esperaba
que defendiese aquel muro
el temerario galan
que á Martin dejó contuso.
¿Cómo ha de ser! Soy ministro,
no gladiador; y renuncio
á esa beldad si es forzoso
ganarla á fuerza de puños.
ESCENA VIII
(EL MARQUES, EL BARÓN.)
(Entrando.) ¿Dais vuestro permiso?
¡Entr
señor barón! Adelante. —
No venís de buen talante.
¿Hay alguna novedad?
Temo... Todo está tranquilo...
Nada se confirma aun...,
pero si es cierto el run, run,
teneis la vida en un hilo.
¡La vida! ¿Cómo...
Yo os hablo
de vida ministerial.
La cosa se pone mal
y no se descuida el diablo.
Intrigas de ciertas gentes;
pandillas...
Sí; yo confieso...
pero, como ya el Congreso
os ha enseñado los dientes...
Eso me da en qué pensar.
La derrota de este dia
despopularizaría
al hombre mas popular.
Ya recobrará su imperio
el gabinete.
Tal vez;
pero desde hoy á las diez
se habla de otro ministerio.
Yo deseo mi retiro,
que es duro el vivir asi;
¿pero qué dicen de mí?
¿De dónde me viene el tiro?
No sé. Cada cual se escuda
con la opinión nacional....
Y la entiende cada cual
á su manera.
Sin duda.
Ello es que va progresando
la pública antipatía.
Dicen que os falta energía
V no os sobra el don de mando.
Hay quien os llama indolente*
Olro parece que ha dicho:
no hay mas ley que su capricho;
es un sátrapa de oriente.»
Dice otro, que en!o privado
impertinente se interna:
quien su casa no gobierna
mal gobernará el Estado.»
Guerra igual, el mismo enojo
en los dos bandos se advierte;
este os acusa de fuerte
y aquel os tilda de flojo.
Otro dice: » en sus espaldas
sustentar no puede el solio.»
Otro habla de monopolio,
y si hay faldas ó no hay faldas.
Ya el culparos es precepto
general, según parece,
y el que. mas os favorece
dice que sois un inepto.
Al oiros me confundo.
¿Sois mi juez, ó sois mi amigo?
Yo no os digo lo que digo;
digo lo que dice el mundo.
Sí; los de la otra bandera
y cuatro amigos ingratos;
pero los hombres sensatos
hablarán de otra manera.
No basta obrar con justicia;
que si callan los prudentes,
siempre hallan los maldicientes
alimento á su malicia.
Es verdad.
Un golpe en falso
disteis ayer, y hay patriota
que como crimen lo nota
y os llevaría al cadalso.
¿Y qué ha sido?
Un desacierto,
una leve distracción:
dar una administración
general.
¿•Á A quién?
á un muerto.
¡Cómo!
Don Pascual Mondego...
Ese el agraciado es.
Murió del tifus ha un mes
en la ciudad de Lamego.
¿De veras? Con tanto asunto...
(Riéndose.) El bueno de don Pascual
me remitió el memorial
y no la fé de difunto.
Dios le dé la gloria, amen.,
Aunque siento el lapsus lingucc,
al cabo la plaza es pingüe
y á otro le vendrá muy bien.
Pero lo que mas aviva
la saña de esa facción
es...
¿Qué?
La destitución
del vizconde de la Riva.
¿Qué. decís! Hace un instante
que firmé el decreto, ¡y ya...
Y añaden: ¡bravo! Ya está
vengada doña Violante.^
(Sonriéndose ¿De veras? Por vida mía
que sois un Argos, un lince,
y á Fouché dais falta y quince
en eso de policía.
No alabéis mi perspicacia,
que aunque yo no me descuido,
todo el pueblo lo ha sabido
antes que yo.
¡Vaya en gracia!
Con público tan profeta
¿quién respira sin que suene...
También el público tiene
su policía secreta.
¿Con que es inminente el riesgo?
Aprovechad el aviso.
Paes conjurarle es preciso.
¿Qué opináis? A ver qué sesgo...
No sé... Disolver las Cortes...
Ilahrá reelección.
Lo temo.
Y ese es un partido estremo...
Busquemos otros resortes.
De Lisboa desterrad
al que esos planes concierta
y á sus secuaces...
( Desierta
quedaría la ciudad.)
Aun está la trama oculta.
Dias ha que sudo el quilo
hasta descubrir el hilo...
Veremos lo que resulta.
Mientras gastáis tanta ílema
descargar puede el nublado.
Si dais un golpe de estado
mayor será el anatema.
Atacar la libertad
del ciudadano, es esceso;
y no espereis del Congreso
un voto de indemnidad.
No, que es ya contrario mió,
¡y dura todo un trienio!
Barón, ¡aquí del ingenio!
Solo en el vuestro confio.
Alguna farsa inventad;
yo pagaré al corifeo;
y volvedme al apogeo
de mi popularidad.
Entiendo el maquiavelismo.
Pues el enemigo mina,
Vuecelencia determina
contraminar...
Eso mismo.
Hacéis que de pronto estalle j
«na facción
¿De cartistas?
Mejor es de miguelistas.
Cuatro tiros en la calle...
Generala, y mucha bulla,
y gendarmes, y metralla...;
se dispersa la canalla;
la persigue una patrulla...;
cogemos en el garlito
con teatral aparato
á algún pobre mentecato
de los que dieron el grito...
Con es lo, y una proclama,
y un bando, y una justicia,
y una cruz á la milicia,
sube al cielo nuestra fama.
Basta, basta. Si eso es
lo que queréis, arda Troya.
Pues; un motin de tramoya...
Sereis servido, marques.
ESCENA IX
(EL MARQUES.)
Lo hará á las mil maravillas,
porque es astuto y sagaz
como él solo. Si yo caigo,
también el barón caerá.
Mi garante es su interés
que le obliga á ser leal. ( Mira el reloj y lo*
ca la campanilla.)
Ya es tarde y tengo consejo
de gabinete. Estarán
esperándome. — ¡Monzon!
( Junto d la puerta.) Mande Vuecencia.
Llamad
á Almeida.
Está bien.
Volando.
(Entra Monzon en la secretaria.) Es la crisis ya es fatal,
mas yo espero que la reina
me apoye.
ESCENA X
(EL MARQUES 5, ALMEIDA.)
¿Qué me mandáis?
Tomad esos espedientes
que están decretados ya.-
Estos otros, á la noche.
Ma ñaua se nominarán
los secretarios vacantes.
Y entre ellos ¿tendrá lugar
mi ahijado?
Hoy estáis, Almeida,
importuno por demas.
Ilay otros mas beneméritos.
Ya os he dicho...
Perdonad.
Yo creí... Como dijisteis...
Bien, bien. Otra vez será.
ESCENA XI
(ALMEIDA.)
Mal humor lleva. Sin duda
la crisis ministerial,
que se va haciendo muy seria,
le da mucho en qué pensar.
Llev emos estos papeles
á las mesas... Aqui hay
un pico doblado. ¿A ver?
¿Será cosa de entidad...
Leamos. Alfonso Castro
¡Qué veo 1 Es el memorial
La misma letra,
el mismo papel: ¡no hay mas!
¿Pues cómo el marques cornos
el decreto marginal.
(Lee.) w Concedido. y> ¡Y su Excelencia
le acaba de deshauciar!
i
¡Qué sorpresa! ¡Estraño modo
di: mostrarme, su amistad!
señor, ¿es posible...
¿Le habrá cambiado quizá
por otro? ¡Qué! No. ¿Y el pico?
Es cosa particular.
Ni siquiera oyó su nombre,
y ahora Habrá sido tal
la porfía de la vieja
Algún empeño eficaz...
Pero en fin mi protegido
se coloca, y tendrá pan
su familia, y habrá boda,
y yo seré en el aliar
su padrino M Y siendo asi,
¿á qué hilarme con alan
el seso... Hágase el milagro,
y aunque le baga Satanás.
Acto cuarto
(La decoración del acto segundo. — Es de noche.)
ESCENA PRIMERA
(MARTA, MONZON, PRETENDIENTES.)
(s í: v;, Marta y multitud de viudas y huérfanas y otros dos ó tres pretendientes ocupan la chimenea » Los demas hombres pasean por la sala ó hacen corrillos Todos charlan á un tiempo, especialmente las mu)
¡Señoras! ¡Por Dios! ¡Silencio!
Este es ya mucho desorden.
Muger i.a ¿Ni aun hablar nos dejarán?
Muger 2.a ¡Miren el bruto!
¡El bodoque!
( Siguen charlando las rnuger es»)
Hombre i.° ( Al segundo, mostrándole sus papeles.)
Ya veis si tengo servicios.
Ya veis qué buenos informes.
Aqui certifica el cura,
aqui cinco regidores,
aqui el administrador
general de Tras-os-mon les...;
Pues si me dan el destino,
clávenmelo en el cogote.
Hombre 6.° Ya me canso de esperar.
Caballeros, buenas noches. (V ase»)
( En voz baja á las muger es»)
Si esta noche no cobramos
y seguís mis instrucciones,
va á haber aqui, sin recurso,
mónteseos y capirotes#
Oid... ( Cuchichean con gestos y manoteos
espresivos.)
Hombre 3.° (En un corrillo.) ¿Se trata de nuevo
ministerio?
Hombre 7.0 Sí; no se oye
otra cosa.
Hombre 3.° ¿Y quie'nes son
los que...
Hombre 7.0 Hay varias opiniones.
Hombre 3.° Hoy han estado terribles
los diputados á Cortes.
Hombre 7.0 La oposición es compac'a.
Hombre 3.° Ha habido interpelaciones.
¡Hombre 7.0 Al paso que de hora en hora i
pierden terreno esos hombres,
el descontento del pueblo
crece, y las voces que corren
son para inquietar, y mucho,
á los ministros.
Hombre 4*° Señores,
Portugal está perdido.
No hay que formar ilusiones.
Mientras las cosas no cambien
¿qué sirve mudar los nombres?
Hombre 3.° Con todo...
Hombre 4»° Nunca saldremos
de galeras y de azotes.
ESCENA II
(FONSECA, MONZON, MARTA, PRETENDIENTES.)
Salud, amigo Monzon.
Dios os guarde y os corone
de gloria, señor Fonseca.
Hoy se ha despoblado el orbe
para haceros la tertulia.
¡Oh qué guirigay! Me rompen
la cabeza.
¡Cómo charla
la femenina cohorte!
Muy temprano habéis venido.
Ya lo veo. Se conoce
que el marques no es pretendiente»
Sentiré que os incomode
el esperar...
Nada de eso.
Ya sabéis mis aprensiones.
La antesala de un ministro
me divierte mucho. ¿Dónde
pudiera pasar el rato
mejor que aqui?
¿Y ese joven
logrará...
¿Mi chico? ¡Yaya!
El que á buenos aldabones
se agarra... La condesita,
aunque bocado de procer,
es humana y accesible.
Cura quibus et noslras voces...
Entiendo.
Mañana mismo
recibiré la real orden.
¿De veras?
¡Toma! Ya el sastre
está haciendo el uniforme.
Recibid mi enhorabuena,
V que mil años la goce...
Os daré buenas albricias.
Gracias por tantos favores.
( Al hombre i.° aparlándose de la mesa
del portero.)
¡Coutiño! ¡Vos por acá!
Hombre i.° Ya lo veis.
¿Pues no erais dómine
allá en el Algarbe...
Hombre i.° Sí;
pero tronaron los mongés
y tras de ellos la obra pía,
y me quedé á buenas noches.
Pediréis colocación...
Hombre i.° Un destinillo mediocre.
Tengo pocas esperanzas...
Yo lograré que os coloquen.
Espero tener en breve
grande iavor en la corte.
Hombre i.° ¡Ah, señor...
Ya nos veremos.
(A los del corrillo pasando d la chimenea.) Vuesascerdcs me perdonen. —
Señoras... ¡Oh doña Marta!
¿Qué tal?
Firme como un roble.
(Sacando la caja.) ¿Unpolvito?
(Le torna,) Venga pues*
( Dando la caja d Marta, y cada vieja to¬
rna un polvo,)
Á esas señoras, que tomen
si gustan...
Cucarachero!
duGER 2.a ¡Qué bien huele!
( ¡Cómo sorben! )
Iuger 5.a Yo no lo gasto. »
Esta niña
preferirá unos bombones. ( Saca la caja de
los bombones y obsequia d las jóvenes.)
Iuger 5.a Por no despreciar...
Y vos?
íuger 6.a Vaya.
Son de los mejores.
Iuger 3.a Yo, sin perjuicio del polvo...
(Esta es golosa in utroque.)
Vos ahora... vos también...
uger 7.a ¡Si ya no hay mas!
¡Qué demontre!
Lo siento. ( Guarda la caja de bombones.)
uger i.a Tomad la caja. ( Dándole la del
tabaco.)
(si uno de los pretendientes que están sen¬
tados:.)
Llena estaba basta los bordes,
y también vuelve vacía.
¿Mas qué importa? A poco coste
gano fama de galante
y doy un recreo pobre
á la nariz de las viejas
y al paladar de las jóvenes.
(V uelve á encararse con el hombre i.(
y habla con él en voz baja. La conversa
cion se anima otra vez en la chimenea
y en los corrillos.)
ESCENA III
(FONSECA, FONSECA, MONZON, MARTA, PEREIRA, PRETENDIENTES.)
( Acercándose al portero.)
Pasad recado al instante
al señor Almeida.
¡Bien,
por cierto! ¿Y quién sois vos? ¿Qu ién..
Soy el primo de Violante.
¿Y por eso tanto fuero?
Vengo...
¿Qué Violante es esa?
{Vaya, vaya...!
La condesa
del Rosicler.
( Con dulzura y sumisión poniéndose en pit
Caballero...
Perdonad... No os conocía...
Voy á llamarle al momento.
( ¡Bárbaro í )
Tomad asiento.
Sentaos por vida mia.
(Entra en la secretaria.)
ESCENA IV
(FONSECA, MARTA, PEREIRA, PRETENDIENTES.)
Bien estoy. ( ¡Miren qué listo
mudó de tono el cerbero!
Si vuelve á hablarme altanero,
le sacudo, vive Cristo. ) (Ll eqa paseando
donde está Fonseca y y este le mira»)
Perdonad. Yo creo que esa...
si; esa cara...
Dios os guarde.
¿No estabais vos esta tarde
en casa de la condesa...
(¡Catadura estravagante! )
Con efecto; estaba allí...
¿Sois de su tertulia?
Sí...
Yo soy primo de Violante.
(E ste será el camarada...)
Si de alguna cosa valgo,
podéis...
Gracias.
¿Sabéis algo
de mi asunto...
(i Saliendo al encuentro de Almeida.)
No sé nada.
ESCENA V
(FONSECA, MONZON, ALMEIDA, MARTA, PEREIRA, PRETENDIENTES.)
(¿Habrá zanguango... ( Habla en voz ba)
con Monzon, que vuelve á su sitio.)
Salud.
Servidor.
Vengo afanado
á saber el resultado
de aquella solicitud.
¿Qué solicitud? Hay mil M
Vos debéis tener la inia.
Pido una secretaría
de administración civil.
Como hay mas de una vacante,
no sé...
El despacho interesa.
Soy primo de la condesa...,
de la condesa Violante.
( j La querida del marques!)
El marques, ¡helio sujeto!
puso al margen el decreto:
Concedido... Eran las tres.
(¡Qué oigo!)
Ya veis que me esplico.
Ella que lo vio, al momento...
Item mas. El documento
tenia doblado un pico.
(¡Pecador! ¡Ya no hay recurso!
Bien me maliciaba yo
que siíi duda un quid pro 6/uo...)
Está bien. Se. dará curso...
(¡Y yo que a la pobre viuda
va ¡ha á dar el parabién...)
Mirad que urge...
(Distraído.) Bien; sí... bien...
Mañana...
Sí tal; sin duda...
Vos tenéis el negociado.
Sí.
La instancia ya depende
tan solo de V OS» •»
Se entiende.
Yo
La del pico doblado.
Id tranquilo. (¡Y es un tonto!)
La tengo clavada aqui.
(Con la mano en el corazón.)
(Kn lorio de agrafieeimictilo.)
¡Oh! i
Y como penda Je mí,
se despacha bien y pronto*
( Apretándole la mano.)
Basta. Mi amistad desea
manifestaros que soy
muy...
Gracias, gracias... (Me voy
antes que Marta me vea.)
(Entra en la secretaria.)
(Al 1 i está... Sí; aquella es
la farotona de marras.
Vóime huyendo de sus garras.)
(A Monzon con petulancia.) Espresiones al marques.
ESCENA VI
(MONZON, FONSECA, MARTA, PRETENDIENTES.)
( A la viuda que tiene á su lado, d media
voz. 'Todas la ojen con atención é interes.)
Sí señora; me la quiso
seducir.
¡Qué picardía!
Muger a.a ¡Qué Turquino!
Ya se ve,
como la muchacha es linda...
(Baja mas la voz y no se la oye.) Muger 3.a (¡Qué suerte tienen algunas!
Mi Ramona es mas bonita,
¡y nadie la dice nada!)
Muger 4.a ¡Qué horror!
Pero mi Ramira
le puso de oro y azul;
que aunque tierna corderilla
el honor la dio corage.
Muger 3.a (si la que está d su lado.)
¡Embustes! ¡Gazmoñerías!
Y eso que llegó el atélile
cuando ella estaba sólita;
pero luego...
Una voz dentro. ¡Su Excelencia!
(Suenan mamparas.) MONZON* ( Abriendo la saja.)
¡Su Excelencia!
¡Arriba! — ¡Arriba!
(Murmullos y codadas y confusión.)
¡Orden, orden! Abrid paso...
¡Orden! ¡Silencio! En dos filas...
(Se colocan los pretendientes á ambos lados de la puerta: las mugeres en una fila; los hombres en otra.)
ESCENA VII
(EL MARQUES, MONZON, MARTA, FONSECA, PRETENDIENTES.)
(JEl ministro se coloca junto á la chimenea y can llegándose á él los pretendientes)
( ¡Eh! Le hablaré después que baya
despachado á esa cuadrilla.) «*
(Se separa á un lado y habla aparte con Monzon.) Hombre i.° (Entregando al ministro su memorial
Todos hacen á su tiempo lo mismo*')
No desestime Vuecencia
esta súplica. Es la quinta.
Ya os conozco. No hay vacantes...
Hombre i.° Sí señor; una en Coimbra,
de oficial cuarto...
Está bien.
Como ya no esté provista,
se os dará.
Hombre i.°
y yo me quedo per islam*) (V ase.)
Hombre 2.0 Señor, cargado estoy ya
de rafcon y de familia.
Soy cesante...
¿Desde cuándo?
Hombre 2.0 U11 año liará por Ceniza.
Yo no era ministro entonces.
Esa fecha es muy antigua
para el siglo en que vivimos.
Hombre 2.° Me hicieron una injusticia.
¿Y yo la he de reparar
con otra?
Hombre 2.0 Yo no decía...
Tened paciencia. Veremos...
¿Vos... ( Al hombre 3.°)
Hombre 2.0 (No hay remedio. ¡Me archiva!)
(rase,)
Hombre 3.° (Bajando la voz,) Yo soy el recomendado
del marques de Alga-llorida...
¡Ah! Sí...
Hombre 3.° Me ha dado espresiones
para vos, y esta esquelita... (Se la da,)
Dadme... Celebro... (Con este
es mas fácil la salida.)
Dad un recado al marques,
y á los tres ó cuatro dias
él os dará mi respuesta.
Homrre 3.° Por supuesto...
(Negativa.)
Por supuesto.
Hombre 3.° Dios os guarde. ( Vase.)
Ahur. ( ¡A mí con epístolas!)
Hombre 7.0 Aqui presento á Vuecencia
este plan...
¡Oh! ¿Proyectista?
Hombre 7.0 Sí señor. Soy consumado
en mineralogía y química.
Sea en buen hora.
Hombre 7.0 Y prometo,
si el gobierno me anticipa
cuatro millones de reis,
descubrir en mi provincia...
¿Alguna conspiración?
Hombre 7.0 Un venero de platina.
¿Y pedís cuatro millones
de reis?
Hombre 7.0 ¡Oh! Se necesitan
para las primeras obras...
(No valdrá tanto la mina...
si la encuentra.) Os llamaré
cuando haya en tesorería
fondos sobrantes. (Primero
se comerá la polilla
til proyecto.)
Hombre 7.0 Sin embargo,
v pase Vuecencia la vista
por ese escrito, y verá
las brillantes teorías...
Yo estoy por lo positivo.
0 Pero...
( Entre dientes.)
( ¡Oh Dios! ¡Qué pesadilla!
Hombre 7.0 Yo haré...
Hay otros esperando,
y aqui no estáis de visita.
Permitid...
Hombre 7.°
se pierde la monarquía!) ( V ase.)
Hombre 8.°Nó quiero ser importuno,
que Vuecencia está de prisa.
Ahí está mi memorial.
Obre Vuecencia en justicia,
y ¡salud! ( Vasc.)
(Doblando el memorial )
(Fecha atrasada... (¡Por no escuharme (Le atenderé.) Su franqueza me cautiva.)
Hombre 9 (Con tono de amenaza.)
Si Vuecencia no me emplea...
¡Cómo...
Hombre 9.0 No me ando en chiquitas.
Me pego un tiro. (VaseC)
( ¡Demonio!
Pero, en fin, peor sería
que me lo pegase á mí.)
Hombre 5.° Señor, yo soy periodista...
Sí,* ya me consta...
Hombre 5.° Y acérrimo
defensor de las doctrinas
del ministerio.
Lo mismo
al de antaño defendíais.
Hombre 5.° Es verdad, mas cura el tiempo
los yerros de la política.
¿Qué queréis?
Hombre 5.° Un sueldecito...
La suscripción es mezquina...
Justo castigo de Dios
al crimen de a pos t asía.
Hombre 5.° ¿Y sois vos quien lo decís?
¡Ingratitud inaudita!
No quiero camaleones.
Hombre 5.° Pues os haré la mas rígida
oposición...
No os creerán.
Hombre 5.° Mojaré en sangre, no en tinta
mi pluma. (P ase.)
Es arma embolada
que ya ni corta ni pincha.
Hombre 4*° Yo, señor, aunque cesante,
no tengo horror á la vida
como el otro majadero
que iba á hacer la tontería
de matarse. Haced de modo
que yo vuelva á mi oficina,
ó desde hoy soy comensal
de Vuecelencia Iluslrísima.
No cómo en casa.
Hombre 4*° No importa.
Yo os sabré seguir la pista,
y vos que sois tan galante
no me harais la grosería
de rehusarme un cubierto.
¡La ocurrencia es peregrina!
Nuevo modo de sitiar
por hambre.
Hombre Mi artillería
es esa.
Á tal embestir
no hay plaza que no se rinda.
Id con Dios. Mañana mismo
cesará la cesantía. (V ase el hombre 4*°)
(A la muger i.a) Vos, señora...
Yono traigo
memorial, ni estas amigas
tampoco. Viudas y huérfanas,
todas una cosa misma
pedimos: dinero, pan;
y pues nos sobra justicia,
no pidáis mas espediente
que estas caras afligidas.
Muger 2.a Diez y ocho meses nos deben.
Muger 3.a Tened de estas pobrecitas
compasión...
¡Una mesada!
¡Piedad! ¡Piedad!
Pero, hijas,
si no hay fondos... Un poquito
de paciencia. Me lastima
vuestra suerte, pero...
Vamos,
que si ponéis vuestra firma...
¿Qué importa que yo la ponga
si están las arcas vacías?
Muger 4.a ¡Señor...
( Con acento grave y varonil,')
¡Basta, sexo débil!
Esas lágrimas me irritan.
(Encarándose hacia donde suena la voz,)
¿Eh? ¿Quién es ese insolente...
Yo.
(¡Marta! Dios nos asista.)
No supliquéis á un tirano.
¡Valor! ¡Constancia! ¡Energía!
a Tiene razón. ¡Qué nos paguen!
¡Qué nos paguen!
¡Cómo gritan!
¡Silencio! No me obliguéis. )•••
¡Pan! ¡Pan! ¡Pan!
¡Qué sarracina!
Yo hablaré con el ministro
de Hacienda...
¡Escusas...
¡Mentiras!
¡Pan! ¡Pan!
¡Que nos matan de hambre!
ESCENA VIII
(EL MARQUES, FONSECA, MONZON, MARTA, MUGERES, MUGERES, VIOLANTE, ZA, OFICIALES, ESCRIBIENTES, PORTEROS.)
¡Despejad!
¡Asi, bijas mías!
¡Firmes... y ¡viva el escándalo!
¡Echad á esa l'oragida!
Elevadla á una cárcel...
(Zos porteros se disponen á obedecer, y el arrojo de Marta los detiene.)
No!
Primero han de hacerme trizas.
Defendedme, compañeras.
No abandonéis á esta víctima
de la castidad... filial.
Muger i.a ¿Y quién tendrá la osadía
de poner cobardes manos
sobre ancianas desvalidas?
¡Qué vengan! Uñas tenemos
y dientes de hambre canina.
¡Guerra!
¡Dinero!
¡Socorro!
¡Basta!
i.a O no salimos vivas,
ó nos pagan.
Bien. Mañana,
aunque venda mi bajilla.
¡Hoy ha de ser!
¡IToy!
¡Señoras!
Por las ánimas benditas...
( A un portero.)
Corred; llamad á la guardia.
(V ase el portero.)
(Todos procuran aplacar á las mugeresé)
(Yéndose.)
( ¿Por dónde me escaparía...)
Muger 6.a ¡Que se va!
¡Guerra!
¡Arañadle...
(Las mugeres se disponen á la embestí da sin poderlas contener los hombres Fonseca da un salto y se pone al lado del marques.)
A defenderos me obliga
la gratitud. ¡Alto ahí!
(Su grito restablece el silencio.)
¿Sois mugeres, ó sois víboras?
El marques eslá inocente,
que no es ave de rapiña.
(Murmullo sordo de las mugeresi )
( ¡Oh qué idea!) Yo deseo
dar remedio á vuestras cuitas,
pero el nuevo pagador
es un hebreo agiotisla,
y aunque reciba dinero
para las clases pasivas,
yo recelo...
¡Se lo come!
¡Nuestra sangre!
¡Nuestra vida!
Ahora bien; ¿es el ministro
quien merece esa ojeriza,
ó el pagador... que no paga?
¡El pagador!
Pues, malditas,
(Mostrando á Fonseca.) ahí teneis al pagador.
Saciad en él vuestras iras.
(Lns mugares embisten d Fonseca, y aprovechando la ocasión entra rápidamente el marques en su despacho. Los oficiales ) porteros &c*., todos ríen, á es—
cepcion de, Fonseca y Monzon. Llegan el
sargento y ocho soldados.)
ESCENA IX
(FONSECA, MONZON, MARTA, MUGERES, SOUZA, OFICIALES, ESCRIBIENTES, PORTEROS, UN SARGENTO, SOLDADOS, I.)
¡Embuste!
¡Traidor!./
¡A él!
¡Soldados...! ¡Monzon...! ¡Arpías!
Dejadle, que está inocente.
Sargento.} Apartad!
(Z« guardia pone en salvo á Fonseca y separa no sin trabajo á las mugeres.)
(si los oficinistas, que siguen riéndose.)
¡Vaya una risa
impertinente y bestial,
que me da dolor de tripas!
(Se redoblan las carcajadas.) M UGER 5.a ¡El que nos daba bombones!
¡Y asi me pagais, inicuas!
(Queriendo acometer de nuevo á Fonseca.)
¡Perro...
Haced vuestro deber,
sargen to.
¡Y á la oficina
los bufones, ó desnuco
a! primero que se lia!
Sarg. y Soi.d. ¡Afuera!
(si los de la secretaria, y todos entran
en ella siguiendo á Souza.)
¡Aden 1 1 o!
(A los soldados.) ¡Sayones!
( Con tono declamatorio.)
¡Oh atrocidad! ¡Oh ignominia í
Esas armas que la patria,
ciudadanos, os confia,
para amparar á los débiles
contra tiranos Calilas,
¿las volvéis contra nosotras
y equivocáis la consigna?
¡Defendednos! ¡Rebelaos!
¡La Constitución peligra!
¡La Patria se hunde!
¡Ea, basta!
¡Afuera! Aqui no se chilla.
¡Afuera!
¡Vayan á hilar!
.Calen... ¡arrr! (Los soldados calan bayo ;
neta.)
(Huyendo,') ¡Virgen Santísima!
5.a ¡Yo no he sido! ¡Yo no he sido!
¡Huyamos!
¡Por D ¡os!
¡Gallinas!
¡Dejarme sola! Mal haya
quien de mugeres se fia.
í j i O.
ESCENA X
(MONZON, FONSECA.)
¡Gracias á Dios! ¡Qué garduñas!
¡Y á mí, que soy una malva...
Si el sargento no me salva,
hoy espiro entre sus uñas.
¡Qué furias! ¡Qué rebelión!
Sabe Dios que lo sentí
cual si hubiera sido á mí.
Un poco menos, Monzon.
¡Mas yo, que mi propia renta
no administro, pagador
del ministerio! ¡Qué horror!
El marques me dará cuenta...
Ya veis; en apuro tal...
¡Conmigo inocente pega
y al brazo seglar me entrega
de una legión infernal!
Ha sido una chanza.
¿Chanza?
¡Reniego de su bautismo...
No os conoce...
Por lo mismo
choca mas la confianza.
Ya os dará satisfacción...
Si no estuviera al despacho
el destino del muchacho,
le juro...
ESCENA XI
(FONSECA, MONZON, MARTIN, MARTIN, ( ENTRA ACELERADO, MONZON, MONZON.)
Sudas..., corres como un gamo...
¿Qué ocurre...
Voces tremendas...
Hay grupos... Cierran las tiendas...
¿Jarana?
¿Dónde está mi amo?
En su despacho.
Entro pues,
que quizá no sabe nada.
ESCENA XII
(FONSECA, MONZON.)
¡Nos faltaba una asonada
para fin del entremés! (Se asoma al balcón.')
Y en una noche tan fresca
¿qué diabólico proyecto...
Venid, (Se aso?na Fonseca.)
¿Oís?
Con efecto,
so oye á lo lejos la gresca..»
Yo me marcho, que esto es serlo.
Esperad...
Cuando hay bullangas,
Monzon, no se cogen gangas
en donde está el ministerio.
A Dios. Guardemos el bullo..*
Cerca voy.
j Triste de mí!
Yo volveré por aqui
si se apacigua el tumulto.
ESCENA XIII
(MONZON, EL MARQUES, MARTIN, MONZON, ¿QUÉ HA DICHO EL MARQUES? ¿QUÉ HA DICHO?.)
¡Nada! ¡Se rie!
(Saliendo de su despacho con un pliego.)
Mar lin.
(¡Reirse cuando hay rnotin!
Vaya, que es raro capricho.)
A la condesa este pliego,
volando.
Estará asustada...
¡Ba! Dila que eso no es nada.
Bien.
Que duerma con sosiego.
ESCENA XIV
(MONZON, EL MARQUES, OYESE VOCEAR CONFUSAMENTE D LO LEJOS, MONZON, ¡SEÑOR! ¿NO OÍS EL BULLICIO?.)
Si aqui la chusma se encaja...
(El harón es una alhaja.)
¡Jesus qué dia de juicio!
Ved que cunde el molimiento
por las calles y las plazas.
Mirad... Eso tiene trazas...
¿De qué?
¡De un pronunciamieritol
(Acuden azorados Almeida, Souza y de' mas oficiales y dependientes.)
ESCENA XV
(EL MARQUES, MONZON, ALMEIDA, SOUZA, OFICIALES ESCRIBIENTES, PORTEROS.)
¡Señor...
(Enojado,') ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?
¿No sabéis la novedad...
Se amotina la ciudad...
¿Y qué? ¡Todos á su puesto!
No os asuste la canalla
pagada por don Miguel,
que la guarnición es fiel
y hay repuesto de metralla.
Pero, señor, yo contemplo...
No hay contemplación que valga.
¡A trabajar! Nadie salga;
nadie. Yo os doy el ejemplo.
(Se vuelven por donde vinieron, murrnu rando unos entre si y otros encogiéndose de hombros.)
ESCENA XVI
(EL MARQUES, MONZON.)
(t oye mucho mas cerca el tumulto y algunos tiros.)
¡Un tiro! ¡El cielo nos traiga
á puerto de salvación!
¡Escuchad...
(Dentro.) ¡Traición! — ¡Traición!
¡Caiga el ministerio! — ¡Caiga!
Se. va á hundir el hemisferio.
El pueblo está encarnizado...
(Esto ya no es lo tratado.)
(Dentro.) ¡Caiga, caiga el ministerio!
( ¿Pero el barón á qué espera...
No sé qué pensar... )
¡Qué infierno!
(Dentro,} ¡Libertad! ¡Muera el gobierno! ¡Caiga el ministerio! — Hombres y mugeres. (Dentro.) ¡Muera!
¿También en Irán en la danza
mugeres? ¡Ay, san Fulgencio!
( Cesan de pronto los tiros y los gritos.)
¡Qué repentino silencio!
(Recobremos la esperanza.)
No os fiéis porque han callado.
Harto será que. esa calma
no anuncie, marques de mi alma,
un horroroso nublado.
(Después de una breve pausa.)
( ¡Bien! Ha triunfado el barón,
y la chusma fugitiva...)
( Dentro, mas distantes. Las últimas se perciben apenas.)
¡Qué viva la Pieina! — ¡Viva! —
¡Viva la Constitución! —
¡Viva! — ¡Viva...
¡Que me ptace!
Eso ya tiene otra cara.
Pero, señor, ¿quién pensara
que tan feliz desenlace...
(A Monzon y este entra en el despacho del
ministro.)
Dadme sombrero y bastón.
Ya la frente alzo serena.
Voy á dar la enhorabuena
á Su Magestad...
ESCENA XVII
(EL MARQUES, EL BARÓN, EL MARQUES, EL BARÓN.)
Decidme... ( Dándole la mano.)
Todo está en calma.
¡Cuánto os debo!
No señor;
á raí filada...
Este favor
vivirá eterno en mi alma.
Perdonad: yo no os oculto,
marques, lo que ha sucedido.
Pues decid...
La Reina ha sido
quien ha aplacado el tumulto.
¡Eh! Reservad la modestia
para el lenguje de oficio,
mientras yo os premio el servicio...
No os toméis esa molestia.
(V* uelve el portero con el sombrero y el
bastón, y los toma el marques.)
¡Cómo...
La Reina, os repito,
lo ha hecho todo, y satisfecho
el pueblo...
¿Pero qué ha hecho?
¡Qué! ¿No escuchásteis el grito...
Iarques.(^/ Monzon, y este sale por la puerta de la
derecha.)
El coche. — ( Al barón.) Hablad sin misterio.
Viendo que el actual no gusta,
promete María augusta
nombrar otro ministerio.
¿Qué decís! ¿No armásteis vos
el inotin...
(Ya está convulso.)
Sí; pero dado el impulso...
t Qué os diré? ¡Estaba de Dios...
¡Del diablo!
Tomó otro rumbo
el popular somaten,
y mi plan
¡Estamos bien í
Creí triunfar, ¡y sucumbo!
No temáis. En el portal
segura escolta os espera,
por si hay algún calavera...
¿Mas qué accidente fatal...
Sabéis que hay ciertos registros
difíciles de tocar.
Dieron todos en gritar:
''¡Caígan, caigan los ministros..*!
¡Oh MI!,
¡Y al] i fue la de Dios
cuando vi llegar un grupo
de viejas, y el pueblo supo
que se quejaban de vos!
¡Ah! ¡Las viudas...!
Desde entonces
ya no hubo freno ni valla;
ya era inútil la metralla,
y los sables, y los bronces.
Mas de cien mil insurgentes..*
¡Nuevo ministerio!
Sí.
La Reina lo lia dicho.
¡Asi
me sirven mis dependientes!
: Si estáis desacreditado...
i
Ya lo dije acá ínter nos.
Y en fin, yo no os sirvo á vos;
sino a la Reina; al estado.
¡Qué audacia! Su Magestad
sabrá de mi boca quién
sirve mal y sirve bien.
Vuelo á sus pies
Escuchad.
Bueno será que de paso
llevéis vuestra dimisión.
Eso no. Tengo tesón.
Ni la Reina haría caso...
En colchón de plumas lleno
podéis caer si me oís;
pero si vos preferís
caer sobre duro...,; bueno!
¿A quien fía la corona
la formación de ese nuevo
gabinete?
No me atrevo..*
¡Vaya f.
A mi indigna persona.
Marques.; Ahí ¿Luego habéis conspirado
por vuestra cuenta esta noche?
; Qué horror!
(Entrando.) Os espera el coche.
(Se queda á una distancio respetuosa.)
Nunca lo ageno he jugado.
(A media voz j el barón contesta del mis¬
mo modo.)
¿Y teneis la presunción
de suplantarme...
Asi es.
Todos tenemos, marques,
nuestro poco de ambición;
y seria un desatirió
con honores de simpleza
arriesgar yo mi cabeza
o J
por laurear la del vecino.
Muy pronto cantáis victoria.
Re vuestro orgullo me rio,
que en- la rectitud confío'
de María de la Gloria.
Guarde Dios al arrogante;
al de la alta policía.—
(Yéndose. Monzon le abre la mampara.) Mañana será otro dia.
(Mañana serás cesante.)
ESCENA XVIII
(k. «; l] í 1 ¡é, J O ff I f i JE Z BARON, MONZON.
(¡Tanto amor á la poltrona!
Tendrá en la mano el decreto
de destitución airada,
y el pobre no lia de creerlo
todavía. — Pero yo,
que le critico severo,
tras de haberle derribado
sin reparar en los medios,
¿tendré menos afición
á las riendas del gobierno?
¿Las empuño por ventura
todavía? Otro mas diestro
se pudiera aprovechar
de mi alan y mis desvelos. —
¡Ah! Volvamos á palacio.
Son preciosos los momentos.)
( J ase por la puerta de la derecha sin
cuidarse de Fonseca que entra por ella
al mismo tiempo y le hace, reverencias.)
ESCENA XIX
(FONSECA, MONZON.)
¿De cuándo acá saludáis
con tan profundo respeto
al barón...
¿Pues no sabéis
lo que sabe todo el pueblo?
¿Qué hay...?
Es el hombre del dia.
¡El hombre del dia!
Miento.
Es el hombre de la noche.
¡Qué escucho!
Está en candelero.
Tendrá plaza, de seguro,
en el gabinete nuevo.
Yo lo sé de buena tinta.
¿Con que cayó el ministerio?
Sí. ¡Y un portero mayor
no lo sabe! Eso es ya viejo.
¡Voto á Brios Baco
Mañana
será tal vez gefe vuestro.
¡Pecador, que no le abrí
la mampara! Y aun por eso
al salir de aquí el marques
llevaba tan agrio el gesto,
y el barón se sonreía...
Mas como hablaban tan quedo...
j Qué diablo... ¿Con que otro gefe?
Cero, y van mil y doscientos,
liarlo me pesa, que ya
solté parte del dinero,
y el empleo del muchacho
se me va á volver, lo temo,
agua de cerrajas.
No;
que si aprovecháis el tiempo
aun os queda una esperanza.
¿Qué esperanza?
El testamento.
Decís, bien. Por esta noche
aun tiene vida el enfermo.
: Pues!
Y ademas, los ministros
son hombres 'de privilegio
que siempre mueren en gracia...
y testan después de muertos.
Acto quinto
(La decoración del acto tercero. jj, 4 ¿. /i s,)
ESCENA PRIMERA
(r-...,? I,.,... EL marques, entrando. ]Ni un porlero para abrirme la mampara! ¡Qué insolente canalla ruin! No lo estraño. Ya por cesante me tienen, y con el nuevo ministro temerán comprometerse. Yo les juro que si logro afirmarme en el bufete... Y quizá... ¿Quién sabe... Anoche me recibió como suele la Reina, muy afectuosa, y aunque puse reverente mi dimisión á sus pies, puede ser que no la acepte. En el Diario oficial ningún decreto aparece, ni un solo renglón que anuncie mudanza de gabinete. De crisis mas apuradas ha salido muchas veces sano v salvo un ministerio, y aunque hay síntomas de muerte, no desespero...
ESCENA II
(., 4.. lié EL MARQUES» MARTI JV.)
( Con un impreso en la mano.)
Señor...
¿Qué traes? ¿Qué papel es ese?
El suplemento al Diario
del gobierno...
(Mal me huele.)
Dame acá.
(Leyendo.) Reales decretos...
(Continúa leyendo para sí y hablando
alternativamente.)
Aquí yace el presidente
del consejo. — Aqui el ministro
de la guerra. — Este otro réquiem,
para el ministro de hacienda. —
Aqui sigue... — El inio es este.
Era... Era... Ero... uSu quebrantada
salud... yj ¡Pues; sí; lo de siempre 1
Ja mas me sentí mejor;
esto es; corporal raen te.
En cuanto á salud moral,
eslov para que me entierren. —
u Quedando muy sastislecha
de su lealtad y eminentes
servicios... )7 ¡Lindo epigrama,
linda música celeste,
y linda ayuda de costa
para el que todo lo pierde!
Veamos qué sucesor
me nombra. — ¡El barón...! ¡Aleve!
Si algo os puede consolar,
señor, en trance tan tuerte,
una noticia os daré...
(Con viveza.)
¿Qué noticia? ¿Se conmueven
las masas? ¿Hay reacción?
No; todo el mundo está alegre
y tranquilo. La noticia
es mas casera. Se entiende...
Acaba.
Anoche, poco antes
que se agitara la plebe,
viendo efitrar en una casa
al osado mozalbete,
novio, hermano, ó lo que sea,
de aquella niña rebelde,
al que dio tan mal despacho
á mi embajada solemne,
me escurro á la policía,
vuelvo con cuatro corchetes,
y doy con él en la cárcel.
¡Que nos la eche de valiente
ahora!
Eso es una infamia
que mi opinión compromete.
Señor, yo creí servir
a Vuecencia...
De esa suerte
no quiero vo que me sirvan.
No acostumbro á que me venguen
esbirros y carceleros
de un rival, sea quien fuere.
Sea mia la venganza.
No es necesario que suene
Vuecencia. Yo soy plebeyo,
y me quejaré á los jueces...
¿Tú de qué?
¡Buena pregunta!
¿Pues no me hartó de cachetes
y puntapiés? ¿No es milagro
que aun tenga en la boca dientes?
Eso no puede injuriar
a villanos tan soeces
como tú.
Ya... no me injuria...;
es verdad..., pero me duele.
¡Cobarde animal...! Volando,
á desdecirte, y que suelten
al preso.
Señor, yo siento...
Vete; ó ¡vive el cielo... Vete.
, íiav'- r >íi i ¡>oi '( III.
ESCENA III
(f, i. »..;..i EL MARQUES. Luego MONZON i.o'.,. r, i y)
¡Todo el mundo contra mí!
Hasta ese bruto me vende
con su celo temerario.
¿Quién le mandaba... ¡Parece
que lo hace el diablo!
Este pliego
para Vuecencia
(Tomando el pliego.')
Traedle...
y despejad.
(1 endose después de entregar el pliego.)
(¡Ya no es nadie,
y aun la está echando de gefe!)
ESCENA IV
(EL MARQUES.)
Rompe el sobre, y lée para si rápidamente
¡Pues! El mismo real decreto.
¿Para qué tantos papeles?
El suplemento bastaba.
¡Qué empeño de que me entere...
Paciencia. Haremos de tripas
corazón. ¿Seré, tan débil
que al soltar el cartapacio
me allija y me desespere?
¡Hay ya tantos camaradas!
¡Esa carrera es tan breve,
que debo maravillarme
de haber durado seis meses!
Si el mandar tiene atractivos*
también tiene inconvenientes;
y pues todo es ilusión,
y los vientos van y vuelven,
mirándolo á sangre fría
y filosóficamente,
de, un ministro á, un ex-ministro
¿qué va? Una é y una x. ( Sentándose.)
Ahora bien; antes que venga
el barón y nos releve,
bagamos el codicilo
de costumbre. ( Recapacitando *)
¿Qué hay pendiente?
Se reemplazó al director...
Aq uel Fonseca ya tiene
el despacho en su poder...
¡Por vida... Lo mas urgente
se quedaba en el tintero.
Aun están sin proveerse
las plazas de secretarios...
Pondré en lista á los clientes.
(Consultando apuntes.) El yerno de mi nodriza...
Sí, que es hermano de leche
como quien dice. — (J Escribe los nombres.)
Juan Robres. —
Aqui tengo este billete
del embajador inglés.
¿Quién desaíra á los ingleses?
Bal tasar Mo reira. — Bueno.
El Tercero, Ambrosio Méndez
—
Quedan dos. Una, al hermano
de la vecina de enfrente. —
Luis Cascaes. — Y la otra
es razón que se reserve
para el primo de Violante.
Quitémonos ese duende
de encima. Y... ¿cómo se llama?
¡Voto va al chápiro verde...
No lo sé. ( Recorriendo papeles.)
Su memorial...
¿Por dónde... Almeida le tiene.
(Toca la campanilla.)
ESCENA V
(EL MARQUES, MONZON.)
(i*. Vi VS, » 1)
Él dirá... Al señor Almeida
(que venga inmediatamente.)
No está.
Pues á otro oficial...
No hay ninguno. Todos vienen
mas tarde...
(Mirando el reloj.) Tenéis razón.
Son las doce menos veinte...
¡Pues! Ya veis...
Yo he madrugado.
(¡Oh! No hav cosa que desvele
como una destitución.)
(Es tarde; el tiempo se pierde.
Yo te iugo que despedirme
de la lleina. Mis deberes
de súbdito v caballero
lo exigen. Tengo papeles
en su despacho... Y... ¿quién sabe...
Si acierto á estar elocuente...
Aun es tiempo. Si á lo menos,
ya que yo no recupere
la sill a ministerial,
consigo que no la herede
ese pérfido...) ( A Monzon <juc se retiraba.)
Esperaos.
(A fuer de buen pretendiente,
ya babrá hablado con Almeida
el tal primo. Lo mas breve
es escribir... ( Escribe.)
«Para el primo
de Violante.** — Y por apéndice...
(Escribe») El del memorial doblado
por el pico.** ¡Lindamente!)
(Pone un sobre á lo que ha escrito »)
( ¿Qué hará, que escribe y cavila,
y... ¡Ba! ¿Qué ha de. hacer? Pasteles.)
(De pie y tomando sombrero y bastón»)
(Ahora por la puerta falsa,
no haga el diablo que me encuentre
al barón...) (A Monzon dándole el pliego»)
Para el señor
Luego. Es urgente.
ESCENA VI
(MONZON.)
Ya ni sabe dónde pisa.
Mucho es que da con la puerta.
Se aturde, se desconcierta...
El pliego no corre prisa.
Ni aun á mandar un muchacho
casa de Almeida me atrevo
hoy que esperamos al nuevo
secretario del despacho. 1
Con toda mi comitiva
le he de saludar galante.
Primero es que la cesante
la autoridad efectiva;
V nadie lo eslrañará,
porque mi conducta esplica
que el que viene gratifica
y maldice el que se va. (Entra Almeida.)
Mas ¿quién entra? Almeida. Bien.
ESCENA VII
(chi^rn; <.(Y0 i r.*; i G ALMEIDA. M 0 N ZO íf»)
¿Ha venido el gefe? I
Debo
suponer que habíais del nuevo
para darle el parabién.
Uno solo tengo yo;
lo es el marques todavía,
y á ver al marques venia.
Ya. Pues el marques salió...
Muy, bien.
Dejando este pliego
que acelerado escribió,
y en propia mano me dió,
y en propia mano os entrego.
ESCENA VIII
(ALMEIDA.)
(Abriendo el pliego.)
Veamos de qué se trata.
De alguna disposición
testamentaria... ( Lee para sí rápidamente.)
¿No digo?
Ya se sabe; es de. rigor.
Los nombramientos me manda
estender sin dilación
de aquellas secretarías
que vacaban. Lino, dos...
Cinco son los agraciados
y cinco las plazas son.
¡El pobre Castro...! En su apoyo
alcé sin fruto la voz. ( Recorriendo la lista»)
¡Pues! Todos son paniaguados...
¿Qué dice en este renglón?
(Lee-)" 5.° — El primo de Violante. ” No fue vano mi temor. (Vuelve á leer.)
**E1 del memorial doblado
I
por el pica.” — Ya, ya estoy...
¿M as cómo se llama ese hombre?;
que á esta hora no lo sé yo.
Y, por lo visto, el marques
también lo ignora. ¡Por Dios,.,H0
que estamos medrados! ¿Quién
me dará ahora razón
de su nombre? ¡Tanto pueden
la intriguilla y el favor,
que logra un quídam anónimo
lo que un buen patricio no!
¿Quién me alumbra en este caos?
¡Por vida del gran Mogol...
Que Violante tiene un primo
y es el que anoche me habló,
es evidente, y también
que la Violante en cuestión
es dama de su Excelencia.
Tantas razones en pró...
¡Pero el nombre... Poco á poco.
Si en lugar de ese bribón
yo empleara al pobre Castro
que es un mozo Comrn'il faut%%%
La instancia recomendada
¿no es de Castro? Sí señor.
Luego si á Castro coloco
obediente al gele soy.
Mas lo de primo y Violante
está claro como el sol,
y la conciencia me dice
que ha habido aquí un quid pro quo
Lo malo es que apura el tiempo,
y si pierdo esta ocasión...
¡Qué diablo! El marques se va,
y no es crimen tan atroz,
siendo postuma la orden,
glosarla á mi gusto yo.
Como consiga cubrir
el espediente por hoy...
¡Ah, qué idea! Doña Marta,
que ripio nunca perdió,
para contarle sus cuitas
está esperando al barón.
La llamaré. ( Desde la puerta.)
¡Doña Marta!
Venid, venid.
(Dentro.) ~ Allá voy#
ESCENA IX
(ALMEIDA, MARTA.)
¿Leisteis el suplemento...
Sí.
¡Qué gusto! Ya cayó...
No hablemos de eso, señora.
Escuchad. ¿Conocéis vos
á la familia de Castro?
Mucho. Su padre nació...
¿Tiene primos?
Cuatro ó cinco...;
Sí; cuatro hembras y un varón.
Nombradlos.
Roque...
Las hembras.
Mariquita de la O,
Juana, Rosa y Petronila.
¡Eh! Por las cuatro no doy
un chícharo.
Perdonad.
Todas son como una flor.
Ot ras, otras, aunque sean
tan remotas, que veloz
no pueda alcanzar un galgo
el parentesco.
Leonor...
No me sirve.
¿Qué locura
os ha dado? Acá Ínter nos,
¿queréis casaros...
(Impaciente.) ¿No hay mas?
¡Vaya, que es rara aprensión!
No recuerdo... ¡Ah! Sí; su tía
la Cónsula del Ferrol
tiene dos ninas; Violante...
Basta.
Y Carmen...
Basta. A Dios.
Becibid mi parabién.
¿Pero de qué?
Loco estoy-
de contento. ( Dentro ruido de mamparas.}
(Dentro») ¡Su Excelencia!
( Corriendo hacia la secretaria.)
Idos. Ya está aqui e; barón...
Mejor. Aqui le. hablaré...
Pero...
¡Nada! No me voy.
(sil inedia entra en la secretaria Marta se retira d un lado.)
ESCENA X
(EL BARÓN, MARTA.)
¡No ba venido mi glorioso
predecesor toda V 1 3! (Viendo d Marta.)
¿Quién sois vos, señora mia,
que. entráis, á roso y velloso...
Viendo la antesala llena,
¿qué bago? Me escurro... Aqui estov;
y asi la primera soy
en daros la enhorabuena.
Muchas gracias; pero abora...
Yo soy una pobre viuda,
y si Ucencia no me. ayuda...
Pe ro aun no es tiempo, señora...
Antes de instalarme aqui
y de tomar posesión
del ministerio, ¿es razón
que vos la loméis de mí?
Señor, el hambre me. hostiga.
Ya veis; sin cobrar un mes
en ano y medio... El marques,
ese hombre que Dios maldiga...
Si aspiráis á mi favor
no me habléis de nadie mal.
Yo no vengo á ser fiscal
del ministro antecesor. ( Dentro sollozo s de
rnuger y rumor confuso. )
Mas si yo me enciendo en ira,
motivo me sobra y mucho...
¿Qué es esto? Llantos
¿Qué escuclio!
¿No es la voz de mi Ramira?
( Toen la campanilla y acude Monzon.)
¿Quién grita? ¿Qué es eso?
¡Ah!
La hija de esa señora
Por ella pregunta; llora...
(Dentro.) ¡Venganza! ¡Favor! ¡Mamá!
(Dirigiéndose á la puerta.)
¡En mi alma resuena el grito!
Que entre esa joven.
(A la puerta.) Entrad.
ESCENA XI
(EL BARÓN, MARTA, RAMIRA, RAMIRA, ¡QUÉ INFAMIA! ¡QUÉ INIQUIDAD!.)
(Con terror.)
¡Oh! ¿Se consumó el delito?
¡Feroz marques! Iloy le arrastro.
No le he visto.
¡Ay, perla mia l
¿Pues qué hay?
Que la policía
ha preso á mi novio.
¡A Castro!
¿Cuándo?
Anoche. ¡Pobrecitoí
¡Ah! Ya sé...
Sin mas ni mas
le cogieron cuatro, y ¡zas...
Desde la cárcel me ha escrito.
¡Eso faltaba! El oprobio...
Por ser yo constante y pura...
No os aílijais, criatura.
Yo os volveré vuestro novio.
¡Ah! Mi eterna gratitud...
Mas ¿cómo...
(A Ramira,')
Fui sorprendido.
Después todo lo he sabido
y aplaudo vuestra virtud.
Ya está libre Castro.
¿
El cielo os lo premiará.
Vamos á verle, mamá.
No hay para qué. Vendrá aqui.
Me han dado buenos informes
de ese mozo, y verle quiero.
Es patriota verdadero,
y con méritos... enormes.
No dudo...
Y leal...
Lo sé;
mas dejadme solo, os ruego...
Si dais palabra...
Bien... Luego...
Á su tiempo os llamaré.
ESCENA XII
(EL BARÓN.)
El marques no se apresura
á resignar la cartera.
No me admiro; ¡y en mis manos
que ayer fueron su ha 1 lernas!
Estará muy resentido,
mas la política guerra
tiene su láctica aparte
y su especial estrategia.
Lo que el vulgo llama intriga,
dolo, perfidia, vileza,
porque no están á su alcance
los misterios de la ciencia,
entre los hombres del gremio
es penetración, cautela,
sagacidad, previsión,
tacto, genio, inteligencia,
y por fin razón de estado
y diplomacia moderna. —
Pero es ya mucha tardanza...
¿Si revocará la Reina
el decreto... j Eh! No es posible...
Vamos á dar una vuelta
por esa secretaría...
Ya avisará cuando venga.
(Entra en la secretaría y al cerrarse la mampara abre el marques por dentro la puerta secreta.)
ESCENA XIII
(EL marques, tocando la campanilla. Golpe en vago. Despachemos cuanto antes. {A Monzon que entra.))
(Llamad á A Eneida.)
(Entra Monzon en la secretaría.)
(Su ¡\Iageslad no desiste. No ha dado lumbre la arenga.)
ESCENA XIV
(EL MARQUES.)
¿Traéis eso?
Sí. lia venido
el barón...
( Sentándose.)
Sea enhorabuena.
Dadme: firmaré...
(Almeida va presentando oficios y los firma el marques después de leerlos rápidamente.) Corriente. —
Ahí está la salvadera^ —
(Almeida va recogiendo los oficios después de echarles polvos.)
(Si Dios me saca con bien...)
A don Baltasar Moreira...
Bien. Tomad. — Ambrosio Mendez...
La lisia ha sido in¡regla.
Marques* Cascaes... Está conforme. —
Alfonso de Castro y Leiva...
Supongo que este es el primo
de Violante...
Pues; y en prueba
aqui está su memorial, ( Se lo ensena.)
y de vuestro puño y letra
el decreto...
( Echando una ojeada al memorial.)
Sí; es el mismo...
Cuando os escribí la esquela
no recordé... Que se cierren
al momento...
( A la puerta de la secretaria.')
¿Dais licencia?
i
ESCENA XV
(EL MARQUES, EL BARÓN, ALMEIDA.)
(Marques.{Levantándose y afectando jovialidad.))
¡Señor barón! Adelante.
(¡Gracias á Dios! Aun me tiemblan
las carnes.)
ESCENA XVI
(EL MARQUES, EL BARÓN.)
¿Qué hacéis? Sentaos.
Bien estoy. La silla es vuestra.
¡Oh! Yo no la admitiré
estando en vuestra presencia.
No la liagais ascos ahora.
Arrellanaos en ella.
Si como dicen las gentes
es potro con oro y seda...
iIarques.Vos no lo eréis asi.
No lo sé por esperiencia,
pero temo que en electo
sea carga muy molesta...
Como son ílacos mis hombros
y no pueden sostenerla,
la tomáis sobre los vuestros.
Mil gracias por la fineza.
Señor marques...
Dispensadme
de haceros formal entrega. (Abriendo un ca
jun de la mesa-)
Los papeles reservados
están en esa carpeta.
Ya os dirán los oficiales
la marcha que aquí se lleva.
No mas; hasta.
(arques. A Dios. Veremos si es mejor vuestro sistema que el mió.)
Sin agraviaros...,
procuraré que lo sea.
E! ramo de policía
estará al menos en regla.
Marques..., no quiero humillaros
ofreciéndoos mi indulgencia.
Entiendo. En este lugar
fueran pueriles mis quejas.
En el Congreso os aguardo.
No rehusó la palestra.
Mi venganza será noble
mas que lo ha sido la ofensa.
Pero si yo no conspiro,
otros seguirán la senda
que habéis trazado.
Tal vez...
Tenga presente Vuecencia
lo de *<quien á hierro mata
lio es mucho que á hierro muera.-
(V ase por la puerta secreta.)
ESCENA XVII
(EL barón, sonriéndose. : t i ¡Qué mosca lleva el marques...)
( Pensativo.) ¡Pero qué mosca me deja!
ESCENA XVIII
(EL BARÓN, MONZON.)
Señor, don Alfonso Castro
vuestras órdenes espera.
Que entre.
¿También las señoras...
También. (Dios me dé paciencia.)
ESCENA XIX
(EL BARÓN, MARTA, RAMIRA, CASTRO, CASTRO, EL BARÓN.)
Engañado
por una infame denuncia
anoche os hice encerrar
en una cárcel oscura,
pero informado después
de vuestra honrada conducta,
os he puesto en libertad.
Las cárceles no me asustan,
que está sana mi conciencia,
y si un tribunal me juzga,
sabrá Lisboa.
Es inútil,
porque ya nadie os acusa.
"Vuestra novia se ha quedado
con su honra ilesa y pura,
el amo con sus deseos*
y el lacayo con su zurra.
Falla que yo os desagravie
de mi involuntaria culpa.
¿Que si podéis? ¿Quién lo duda?
Dias ha que solicita
con mas razón que ventura
la pl aza de secretario
Señora M
No callo. De una
adminisl ración o 0
Si en eso
toda su ambición se funda
pues ya me consta su mentó,
yo os prometo...
(Toca la campanilla y acude Monzon.)
¡Ah! ¡Qué. fortuna!
Señor...
(En voz baja»)
¡Ton tazo Ap. •ovéchate
de tan buena coyuntura.
( A Monzon.)
¿Quién es aqui el encargado
del personal?
(Dudoso.) ¿Quién...
Pregunta
por don Hilarión Almeida.
Sí: él es...
Que venga.
V ti
( Mirando de reojo á Marta.)
( j Esa bru ja.,
(Entra Monzon en la secretaría.)
¡Qué diferencia del otro,
que hizo pedazos tu súplica...
Escusad á esa señora...
La pretensión es muy justa.
A tres personas haréis
felices con una rúbrica.
ESCENA XX
(EL BARÓN, CASTRO, MARTA, RAMIRA, ALMEIDA, MARTA, AHÍ ESTÁ EL SEÑOR ALMEIDA.)
Vereis corno el asegura...
¿Qué mandáis, señor harón?
(j En voz hoja á Castro dándole un ofic Tomad, amigo, y con mucha salud...)
( Acercándose á Castro.)
¿Qué papel es ese?
Tendré complacencia suma
en colocar á ese joven.
Cuando una vacante ocurra,
avisad...
Ya está servido.
¿Cómo es eso?
Ya disfruta
el empleo que pretende.
(*« s gando el oficio después de leerle.)
¡No! Primero me consuma
de hambre y de pesar.
; Qué hacéis?
(¡A Dios fruto de mi industria!)
¿Qué rompéis?
¡Su nombramiento!
¿Se lia visto mayor locura?
¿Qué causa...
Señor l>aron,'
liny gracias que son injurias.
Pero
Es mala credencial
una firma que me insulta.
No quiero deber favores
á quien mi afrenta procura.
Quiero vivir pobre, oscuro,
pero deshonrado ¡nunca!
¡Hombr
Bien hecho y bien dicho.
Ese rasgo O os asegura r>
mi amistad, y ¡mes ahora
soy yo el dueño de la pluma,
señor de Castro, v supongo
que mi firma no os repugna...
¡Oh! No.
Marta y Bamira. ¡No!
(A Almeida.) Nueva edición
hágase de la minuta.
Dios perdone á la primera:
vo firmaré la segunda.
¡Volando!
(Entra corriendo en Ja secretaria.)
El cielo os conserve
para consuelo de viudas.
ESCENA XXI
(EL BARÓN, MARTA, RAMIRA, CASTRO, MONZON.)
Don Crisósfomo Fonseca...
I* O Ii d*M Me alegro
Os busca
Decidle que en I re.
( Abriendo la mampara»')
Adelan le.
( ¡Estraua caricatura! )
ESCENA XXII
(EL BARÓN, MARTA, CASTRO, RAMIRA, FONSECA.)
Agradeciendo la audiencia,
con la mayor reverencia
y con sumo regocijo
doy gracias á Vuecelencia
por el empleo de mi hijo.
Sé que le han hecho oficial,
pero antes que la corona
me confiase...
Es igual.
Ha variado la persona;
pero no el ente moral.
Esto sea sin perjuicio
de saludar al barón
y ofrecerme á su servicio
como esta puesto en razón.
(Presentándole, la petaca*') ¿Gustáis?
No tengo ese vicio.
Yo una tercena consumo.
(A Marta*) ¡Hola! ¿Aqui estáis, buena alhaja?
(Al barón.) ¡Ah! Si preferís al humo
rapé esquisilo, mi caja... (Sacándola*)
Ni lomo polvo, ni fumo.
Perdonad, señor barón,
si el muchacho todavía
no ha tomado posesión.
Está malo e! alma mia.
¿Sí? ¿Qué tiene?
Sarampión.
¡Angelito!
Ya vendrá
luego que pase la peste...
No es razón que se moleste
y otta enfermedad le cueste.
Está reemplazada ya.
¡Eh! No lo puedo creer.
Sois chancero...
No lo soy.
(Sacando un papel.) La orden no puede ser
mas fresca. Fecha de ayer...
¿No es mas fresca la de hoy?
Sí tal; ¿pero quién diría...
Que estudie y que se haga grande.
En esta secretaría
no entrarán mientras yo mande
niños de la escuela pía.
¡También es mucho pesar
que sea mi hijo el primero
con quien se haga un ejemplar!
¿Y el dinero? ¿Y mi dinero?
¡Ahur! Tirado á la mar.
¡Justo castigo de Dios
á tan ilícito tráfico!
Sea dicho entre los dos,
harón, ¿sois ministro vos,
ó capuchino seráfico?
Habéis pecado, no obstante t
por ignorancia, y me pesa...
Si mi suerte os interesa,
la estafadora es Violante...
Sí; la finjida condesa.
Ya ha salido de la corte,
condenada a reclusión.
¡Bien! ¿Y el primo? Aquel bribón...
A Ultramar, franco de porte,
remando en un galeón.
Vamos; eso.me conforta.
Aunque es duro el escarmiento,
la chillada es lo que siento:
el dinero no me importa.
ESCENA XXIII
(EL BARÓN, MARTA, FONSECA, CASTRO, RAMIRA, ALMEIDA.)
¿Traéis ese nombramiento?
( Dándole un oficio que firma el barón,)
Sí señor.
Dadme.
(Dándosele á Castro después de firmarl Tomad.)
¡Ah señor! Tañía bondad...
Permitid que á vuestros pies...
(A Almeida.)
Alzad. — Volveré después.
Me espera Su Magestad. {V ase por la pm
ta secreta,)
ESCENA ÚLTIMA
(FONSECA, MARTA, CASTRO, ALMEIDA, RAMIRA, MARTA, OH QUÉ AMABLE, QUÉ BENIGNO!.)
Con qué dulzura nos trata!
Jesús... este sí que es digno
(de que le den serenata y le compongan un higno.)
Eh..
¡Tan generoso...
Ya...
¡Tan justo... Lo que se llama
un buen ministro.
Quizá...
Y si programa nos da,
¡qué bueno será el programa!
¿Programa? Eso es lo de menos.
Todos dan, señoras mias,
programas y garantías.
Todos son buenos, muy buenos...
los primeros quince dias.