Acto primero
(Personas: ROSALÍA; FACUNDA; DOÑA HIPÓLITA; DON SERAPIO; DON RAMÓN; DON MÁXIMO; DON SANDALIO; PEPE.)
(La escena es en Madrid. Sala con puerta en el foro y otras dos laterales; una en los bastidores de la derecha y otra en los de la izquierda.)
ESCENA PRIMERA
(DOÑA HIPÓLITA, DON SERAPIO.)
(Doña Hipólita aparece vestida como para salir de casa, y C071 algún atraso en la moda, como muger que cuida poco de su adorno personal. Una ¡yaletina de pieles le sirve de abrigo.)
¡Calle! ¿Es usted, don Serapio!
(Le da la mano.)
Servidor...
Muy señor mió.
Cuando oí la campanilla,
creí que era cierto amigo
de Astorga que está esperando
mi consorte,... ó mi sobrino
Sandalio...
¡Cómo! ¿Dos huéspedes?
Sí, señor.
¿Se ha convertido
esta casa en parador?
No estará en mi domicilio
muchos días uno de ellos.
¿Quién? ¿El de Astorga?
Ese mismo.
Viene á liquidar no sé
qué cuentas de suministros
que hizo durante la guerra
á nuestro ejército invicto.
Le pagarán en papel,
que es lo que está mas en giro;
le negociará en la bolsa,
perdiendo un ochenta y cinco
por ciento; eso á buen hbrar,
y es negocio concluido. —
Mi sobrinito Sandalio,
que es cadete é individuo
del colegio militar,
traslada su domicilio
á Madrid desde Segovia
donde ha pasado el estío.
¿Con que ese es aquel Sandaho
que inspira tanto cariño
á Rosalía?
Sí tal.
No lo extrañe usted: son primos...
Ya.
Y los hemos destinado
su madre y yo desde niños
para marido y muger;
pero hasta que sea el chico
capitán...
i Pobre muchacha!
Tendrá que esperar un siglo...
¿Por qué?
En medio de una paz
octaviana...
¡Desvario!...
El día menos pensado
se armará otro rebullicio...
¡Dios nos libre!
Y donde quiera
sabe encontrar el camino
de la gloria un pecho noble.
El muchacho tiene bríos
¡y una vocación!...
No dudo...
Pero al cadete no envidio^
su dicha; que si en efecto
es agradable el palmito
de Rosalía, su hermana
es nn encanto, un hechizo...
Habla usted con la pasión
de amante, y yo no me admiro...
¡Oh Facunda!...
Pero, hablando
de otra cosa, ¿qué designio
le llevó á usted á la sierra?
Porque usted nada nos dijo...
Es cierto. Como emprendí
mi viaje tan de improviso...
Supongo que algún enfermo
de gravedad, algún rico
hacendado, reclamaba
los eficaces auxilios
de usted, su ciencia...
¡Bobada!
Ya no ejerzo; ya no lidio
brazo á brazo con la muerte,
que es aperreado oficio
el de médico. A lo sumo,
si me llama algún amigo...
¿Pero andar yo veinte leguas
con sol, con lluvia ó con frió
para curar un catarro...
y pescar un tabardillo,
y si acierto no cobrar,
y si yerro ser maldito?
No, no; con menos afanes
á ser poderoso aspiro.
¿Cómo?
Ya no me complazco
como un animal carnívoro
en analizar las fibras
del mesenterio y del hígado.
Mis estudios anatómicos
á otras entrañas aplico,...
mas duras, pero tal vez
menos ingratas.
No atino...
No busco, señora, en ellas
con frenético delirio
cómo se engendran los síntomas
de la epilepsia ó del tifus.
Pues ¿qué?
Al fragor del barreno
y á los impulsos del pico
arranco á la madre tierra
sus tesoros escondidos.
Si usted no se explica...
Enfm,
soy minero.
i Jesucristo!...
Sí, señora; y si se cumplen
mis prósperos vaticinios,
Uostchild será un perdulario
com])arándole conmigo.
Puede que antes vaya usted...
¿Adonde?
A San Bernardino.
¡Señora!
¡Fiar en minas!
¿Ha perdido usted el juicio?
j Qué! ¿Sería yo el primero
á quien han enriquecido?
Esa sierra de Almagrera
¿no está produciendo ríos
de plata...
¿Y cuánta ¡buen Dios!
entre sus áridos riscos
no entierra estéril codicia?
¿Cuántos buscando prodigios
no ven tristes desengaños,
por cierto bien merecidos,
y vierten tardías lágrimas
sobre el exhausto bolsillo?
Porque son unos menguados
que carecen del instinto
y la instrucción que requiere
tan industrioso ejercicio;
porque no tienen bastante
perseverancia, ni espíritu
para gastar lo que exige
el laboreo continuo...
Si no se encuentra el filón
á cien varas, ¿quién ha dicho
que no se puede encontrar
á las ciento veinticinco?
Yo no me ahogo en poca agua:
rastreo, indago, examino,
comparo, y no me aventuro
sin dictamen de peritos
á abrir una galería
ó trazar un pozo oblicuo;
y eso que tengo nociones
geológicas y en mis libros...
Por ejemplo, en uno de ellos
atestigua Ludovico
de... yo no sé cuántos... Siempre
se me olvida el apellido. —
Hartzklein... Dínghen...Wánghen... Bérghen...
Es un alemán.
¡Maldito
idioma!
Pues este autor
ilustrado y fidedigno
afirma que en las vertientes
de Guadarrama, y en sitios
que designa, hay ricas minas
de cobre y plomo argentífero,
y aun una de oro muy célebre
que dejaron los fenicios
á medio explotar.
¿De veras?
¡Y tanto!
i Miren el picaro
Margen, Yírgen... Y ¿por qué
no las beneficia él mismo?
Oh, es filántropo! No aspira
mas que á extender el dominio
de la ciencia y para otros
reserva los beneficios.
Pero ello es que están contextes
sus teoremas científicos
con las respetables páginas
(le Plolomeo y de Plinio.
Con datos tan fehacientes,
agregados al auxilio
de un práctico, con sus puntas
de zahori y adivino,
acabo de practicar
en aquellos precipicios
diferentes calicatas,
y ya he descubierto indicios
de tres soberbios fdones...
Con las muestras lo atestiguo.
(Sacando un pedrusco.) Observe usted esta pieza...
Yo no entiendo...
Aqui distingo
una veta de cinabrio,
y por estos intersticios...
Observe usted: plata pura,
que el Potosí no la ha visto
semejante.
(Sacando otro guijarro.) Este ejemplar
tiene lo menos dos quintos
de antimonio sulfurado,
(En ademan de sacar otra muestra.) y este otro...
Por San Remigio,
guarde usted esos guijarros,
que de verlos me horripilo.
Luego los pienso llevar
al laboratorio químico
del ilustrado extrangero
cuyas luces...
¿Otro gringo?
¡Vaya! es un sajón...
¡Sajado
le vea yo!
¡Desatino!
¿También usted participa
de ese vulgar fanatismo
que hace mirar con horror
á todo el que no ha nacido
español? Pues mire usted
si es honrado ese individuo.
Las acciones de una mina
que tiene de oro macizo
en las Batuecas se venden
á tres mil duros y pico,
y una me ha endosado á mi,... —
ya se ve; es todo un amigo; —
por las dos terceras partes.
¡Dos mil duros!
Pues.
¡Dios mió!
¡Gastar ese dineral
en pedruscos... ¡Qué delirio!
¡En lágrimas de San Pedro!
Luego que aparten el ripio,
la primer copelación
nos va á producir de íijo...
i Por Dios, por Dios, calle usted!
ó me sacará de quicio.
¡Pobre hija de mis entrañas!
¡Y este va á ser tu marido J
La haré feliz.
Dios lo quiera;
mas...
Pero ¿dónde está el ídolo
de mi corazón, mi hermosa
Facunda? ¿Me será licito
ponerme á sus pies?
Ahora
no puede ser. Ha sahdo
con su padre.
¿Tan temprano?
Sí; al ensayo matutino
de la función de esta noche.
Como ha dado en el prurito
de hacer comedías caseras...
Es un gusto inofensivo...
Tal vez; pero... peligroso.
En semejante ejercicio
hay riesgos y tentaciones
de Satanás... Yo prescindo
de los lazos que en ía escena
tiende al pudor mas esquivo
el barba con sus abrazos
y el galán con sus suspiros.
De bastidores adentro
está el mayor compromiso.
La confusión que alli reina
por la estrechez del recinto;...
los corredores oscuros;
los camarines contiguos;...
el peluquero;... el traspunte
que entra sin pedir permiso...
¿Qué virtud no está alli expuesta
á caer en el garlito?
Para frágiles virtudes
donde quiera hay precipicios;
al contrario, la que quiere
ser honrada, en cnalquier sitio
se hace respetar. ¿Y quién
habiendo tantos testigos
se atreverla... Ademas,
todas tienen un marido
ó una madre que vigile...
Yo ¡jamas! Yo no autorizo
con mi presencia funciones
que detesto y abomino.
La abandono á su locura,
porque el tiempo necesito
para atenciones mas graves.
Su padre, que es un cernícalo
y echándola de fdósofo
apadrina esos delirios,
es quien la lleva y la trae.
Yo, como sé que predico
en desierto, ya no quiero
tomar cartas...
Ya concibo...
Y, á propósito de cartas;
¿se ha ganado, ó se ha perdido
durante mi ausencia?
Mal
me han tratado. Aquel judío
de banquero no da juego
y apuntándole me arruino.
Pero lioy que pienso tallar
verá usted cuál me desquito.
Tal vez; mas...
De Enero á Enero,
el dinero, como dijo
no sé quién, es del...
No obstante...
Es del banquero.
y yo digo
que lo mejor de los dados
es no jugarlos.
¿Si? Lindo
proverbio cuando se aplica
á los que juegan sin tino,
sin inteligencia y solo
por alimentar el vicio;
mas yo solo me he propuesto
reparar con este auxilio
los descalabros que sufre
mi casa por el descuido
de mi indolente consorte,
que no entiende de guarismos
ni de hacer subir las rentas
al nivel de los continuos
gastos...
O bajar los gastos
al nivel de los arbitrios.
¡Bajar los gastos! ¿Todo eso
discurre usted? ¡Qué mezquino
expediente! ¿Ignora usted
que todo cuesta un sentido
en Madrid?
Pero exponerse
á caer en el abismo
de la indigencia...
¡Eh! no sea
usted tan pobre de espíritu.
El hombre;... y quien dice el hombre
-dice la muger...
Distingo...
Del)e arrostrar imperlérrito
la ojeriza del deslino.
Constancia, valor y plata
embolan al fin sus tiros.
(Suena dentro una campanilla.) Si algunos se han arruinado,
otros se han enriquecido
con el juego. ¿Quién no tiene
un cuarto de hora propicio?
Yo...
Pero...
¡Hum... Basta de peros...
Señora...
Basta, ó reñimos.
ESCENA II
(DOÑA HIPÓLITA, DON SERAPIO, ROSALÍA, DON RAMÓN.)
Mamá, el señor don Ramón...
¡Oh! el huésped que mi marido
esperaba... ¡Bien venido!
Tengo la satisfacción...
Gracias. Tome usted asiento.
Lo estimo. — Usted va á salir...
Si; no puedo prescindir...
Siento que en este momento...
Mas pronto vendrá mi esposo.
Mientras tanto, en compañía
de mi amada Rosalia...
¿Llega usted bueno?
Famoso.
Solo me atosiga el sueño...
Pues duerma usted en buen hora,
que ya mi casa...
Señora...
Le reconoce por dueño.
Tanto honor...
(Llega Pepe acompañando á un mozo que trae el equipage de don Ramón; lo dejan en la Jiabitacion de la derecha y se retiran.)
Yo y mi consorte
cnidareinos, á prorata,
de que sea á usted muy grata
su permanencia en la Corte.
Máximo tendrá á su cargo
presentar á usted en varias
sociedades literarias,
sin quejarse del embargo;
porque es socio del Liceo
y también paga tributo
al Museo, al Instituto,
á la Union y al Ateneo.
Si gusta usted del teatro,
él también le llevará
á los de Madrid, que ya
creo que son tres ó cuatro.
Yo, sin que usted me lo aprecie,
tendré el honor y el placer
de hacer á usted conocer
reuniones de otra especie,
donde á la moderna usanza
se confunden en la escena
la música con la cena
y con el juego la danza.
Mas para cuando hay pereza
de vestirse comni il faut
tengo reservadas yo
tertulias de mas franqueza,...
y aun conozco á una señora
que, en fuerza de ser tan llana,
recibe por la mañana. —
A su casa voy ahora.
Sin temer que un polizonte
nos tienda insidiosa red,
alli pasamos... Usted
será aficionado al monte.
Sí, señora; me solaza
aquel aire sano y puro
cuando el tiempo está seguro
y es abundante la caza.
Yo hablo del que tiene albures,
entreses y ganaranes,..
j Pero hay muchos perillanes,
don Ramón, muchos tahúres!
Y de coturno muy alto
los cobija este Madrid
que, con uno y otro ardid
y con el pego y el salto,
desuellan al transeúnte
de buena fé.
Yo no espero...
(Este es hombre de dinero.
Debe de ser buen apunte.)
Mas yo los conozco á todos
y viniendo usted conmigo
no hay que temer, caro amigo,
á los griegos ni á los godos.
Si yo...
Hablaremos despacio,
porque ahora... ¿A ver, chiquilla?
Ponme bien esta mantilla.
(Rosalía se la compone.)
(¡Qué muger, San Ronifacio!)
(A don Ramón.)
I Qué tal la mineralogía
por Astorga y sus contornos?
Caballero, yo no...
¿Hay hornos
de fundición? ¿La geológia...
A fuer de buen maragato,
yo de ilusiones no vivo,
me atengo á lo positivo,...
á mis rentas.
(¡Mentecato!)
Ya basta, niña.
Este lazo...
(¡Quiera Dios que hoy me desquite!)
Ya está bien.
(A don Ser apio.) Si usted permite
que me sirva de su brazo...
(Lo toma.)
En él tiene usted dominio. —
¿A casa de doña Inés?
Sí.
Bien. (Veremos después
si miente el texto de Plinio.)
Vamos, pues.
(¡Maldito juego!)
Repito...
Estimo el favor...
Saludo á usted...
Servidor...
Vaya, hasta luego, hasta luego.
ESCENA III
(ROSALÍA, DON RAMÓN.)
Parece que la mamá
tiene un poco de afición
á tirar la oreja...
Juega
alguna vez... (¡Qué rubor!)
Solo por pasar el rato...
¡Pues ya!
Y no por ambición...
Algo se ha de conceder
á una señora mayor,
y si es moda que se entreguen
á esa honesta diversión
las damas, yo no la debo
criticar, que al cabo soy
un lugareño ignorante
de la culta ilustración
de la Corte. — Y el amigo
que á mamá su brazo dio
¿es quizá;... perdone usted
que sea tan preguntón,
director de algún museo
científico, ó gefe...
No;
es médico.
Y cuando asiste
en el lecho del dolor
á sus enfermos, ¿les habla
del hornillo y el crisol
y la galena...
No sé...
Metido de hoz y de coz
en la minería, apenas
ejerce su profesión.
ó si visita á tres prójimos...
de los tres se mueren dos.
Tal vez será algún empírico
ignorante...
No, señor.
Ejerció la facultad
con bastante aceptación,
en la Corte y fuera de ella;
hasta qne el pobre doctor
contrajo la enfermedad
que le aqueja.
¿Fiebre? ¿Tos...
No tal; la minomania.
Sueña siempre el buen señor
con quintales de oro y plata...
¡Pobre hombre!... Creo que son
mas locos que los de antaño
estos alquimistas de hoy. —
Mas, con permiso de usted,
voy... ¿Cuál es mi habitación?
Pero antes tomará usted
algún refrigerio...
Doy
á usted gracias infinitas.
Ya lo hice en el parador.
Como usted guste. Esta casa
está á su disposición,
y nuestro deber mas grato
es servirle.
Gracias. Soy
muy venturoso en tener
tal huéspeda. (Es como un sol,
y tan amable y discreta...)
[Mostrando la puerta de la derecha.] Esa pieza, la mejor
de la casa, es para usted.
Me llenan de confusión
tantos obsequios.
(Mostrando la puerta de la izquierda.)
Aquella
es para otro huésped que hoy
esperamos.
¿Otro huésped?
¿Será mucha indiscreción
preguntar...
i Oh! no, por cierto.
Es don Sandalio Querol,
primo... y prometido esposo
de la que tiene el honor
de hablar con usted.
¿De veras?
Reciba usted un millón
de sinceros parabienes...
Mil gracias...
Hombre de pro
será sin duda el galán
á quien se reserva el don
de una mano tan preciosa.
Es... militar.
Ya, ya estoy...
¡Casaca de dos colores,
siempre tuviste favor
con las damas! ¿Es buen mozo?
No debo decirlo yo.
Ni yo preguntarlo.
Pnede
engañarme la pasión.
¿Es tal vez ese retrato
el suyo?
(Quitándoselo del cuello.)
Cierto.
(Tomándolo.) ¿A ver? — ¡Oh!
¡Relia miniatura! — ¡Calle!...
¡Es ya... cadete!... ¿Yeloz
carrera!
Él progresará.
Todavía está en la flor
de ios años. Diez y siete
cumplió...
Tiene usted razón.
( ¡Qué interesante muchacha! )
(Volviendo el retrato á fíosalía.) Tome usted. (Hasta su voz
es simpática, y me haria
caer en la tentación
á no mediar...) Con que, ¿alli...
Yoy, pues...
j(Qg ¡Descansar!
(Entra en el cuarto de la derecha,)
ESCENA IV
(ROSALÍA.)
Parece muy buen sugeto
el recien venido huésped.
Sin ser niño, aquella cara
en favor suyo previene,
y aunque, á fuer de lugareño,
tiene puntas y ribetes
de socarrón, es jovial
su carácter y corteses
sus maneras...
(Mirando el retrato.) Pero tales
digresiones no consiente,
Sandalio mió, el amor
que te juré para siempre.
¡Qué bello! ¡Qué bien le están
los cordones de cadete!
¡Oh cómo el marcial instinto
que su corazón enciende
y le hizo abrazar la noble
profesión que le envanece
muestra esta cara, y qué digna
será algún dia esta frente
de reposar en mi seno
coronada de laureles!
(Suena la campanilU.) Mas son tantos los peligros
de la carrera que emprende...
¿Quién sabe si en lid horrenda
le espera trágica muerte!
ESCENA V
(ROSALÍA, DON SANDALIO.)
¿Dónde... ¡Rosalía!
(Sorprendida.) ¿Quién...
jAh! ¡Sandalio!
¡Rosalía!
¡Dichoso momento I
(Abrazándola.) Ven
á mis brazos, prenda mia.
(Llegan Pepe y un mozo con el equipage de don Sandalio y entran en la habitación de la izquierda. Vuelven á salir pocos n^nmentos después y se retiran )
¿Vienes bueno?
Si; ¿y tú?
Salud traigo de Segovia,
mas tengo una pena...
.pe^3
vmiendo á ver á tu novia!
No es por eso; no.
Serias
un perjuro y un ingrato.
Mira; mientras tú venias
contemplaba tu retrato.
Eres tan fiel como hermosa.
Pues tu pena ¿de qué nace?
De recordar una cosa...
i Pobres!... ¡Requiescant in pace!
Perdona si me contristo...
Pero... si no te produces
mas claro... ¿Qué bas visto...
,. He visto
en el camino dos cruces.
¡Espectáculo siniestro^!
¿Dos muertes!
¿Y eso te inmuta?
Se les reza un Padre-nuestro
y se prosigue la ruta.
Ya recé mis oraciones,
pero me entregué después
á profundas reflexiones
que me durarán un mes.
¿Un mes! ¡Sandajio! ¿Eso dices?
También su muerte me apiada,
pero...
¡Aquellos infelices
murieron de mano airada I
Siempre se arriesga á un fracaso
el que se pone en camino.
¿Por qué te admiras ni... ¿Acaso
has sido tú el asesino?
¿Yo sangre! ¡Si no podría
ver matar!...
Pero...
¡A una pulga f
Tú eres militar, y un dia
si la guerra se promulga...
¡La guerra!
Temprano ó tarde...
¡Oh furor del hombre insano!
¡Anda, que eres un cobarde!
Soy católico cristiano;
y perdona si te arguyo
citándote el catecismo,
que dice: «al prójimo tuyo
amarás como á tí mismo.»
Tanta caridad me agobia;
mas con asombro te escucho;
que antes no eras... En Segovia
te has santificado mucho.^
¡Ah! ¡Dios...
¿Qué guerrero es este? )
¿Con quién te has acompañado...
Con mi tío el arcipreste,
que es un bienaventurado.
i Ah! entonces... Pero ¿es posible..»
Prima, con ojos serenos
no puede un hombre sensiMe
mirar los males ágenos.
Me han dado ratos muy malos
el mayoral y su chulo.
¿Cómo...
Derrengando á palos...
¿A quién?
¡Ay! A un pobre mulo.
Quizá estaría borracho...
¿Quién? ¿El mulo!
No; el sal va ge
del conductor; ó su macho
no comprende otro lenguaje.
¡Triste animalito! — Es tordo. —
Yo intercedía por él,
pero se me hacia el sordo
aquel verdugo cruel.
¡Qué ridicula aflicción!
¿Querrás decir — ¡pese á quién!... —
que los nudos tordos son
prójimos tuyos también?
No tanto; pero,... en efecto,
también son obra de Dios
y... ¿Qué quieres!... Yo me afecto...
(No liaremos migas los dos.)
Ahora, si me das permiso,
quisiera asearme un poco...
Tu cuarto es aquel.
(Le indica el de la izquierda.) (Preciso es que se haya vuelío loco.)
Aun no he visto á tu mamá...
Salió.
No extrañes que, ufana
mi alma al verte... ¿Y tu papá?
Salió también con mi hermana
Luego los veré á los tres.
A Dios, adorado encanto
de mi vida.
Hasta después.
(Besando la mano de Rosalía.)
¡Bendita!
(Echándole una bendición.)
i Dios te haga un santo!
ESCENA VI
(ROSALÍA.)
j Qué sandio y qué santurrón!
Un militar de esa estofa
será el escarnio y la mofa
de todo su batalfon.
j Y ardía como un cohete,
y su brio daba asombro
cuando se colgó del hombro
los cordones de cadete I
Al ver esa compunción
tan extraña en un guerrero
con justa razón infiero
que ha errado la vocación. —
Mas cuando no le moleste
con escrúpulos de monja
la seráfica lisonja
de su tio el arcipreste,
quizá vuelva á su memoria
mejorado en tercio y quinto
aquel belicoso instinto
que le llamaba á la gloria;
(Suena la campanilla.) ó diré, si su aprensión
no logro que se destruya,
que, como él erró la suya,
erré yo mi vocación.
ESCENA VII
(ROSALÍA, FACUNDA, DON MÁXIMO.)
¿Aqui tan sola! ¿Y tu madre?
Se ha marchado á la tertulia.
Ya supongo que habrá ido
á jugar como acostumbra.
Sí, señor; pero mamá
no tiene solo la culpa...
¿Cómo!...
Usted que lo consiente...
¡Si se pone hecha una furia
cuando la reprendo! Yo
no gusto de barahundas
domésticas; soy amante
de la paz y me repugna
contrariar la inclinación
de nadie. Ni es tan absurda
la de tu madre. Tal vez,
si un dia sopla la musa,
como ella dice...
Mas fácil
es que pierda hasta las uñas
y nos quedemos por puertas.
¡Eh! son aprensiones tuyas...
Con todo, no me hace gracia
aflojar tanta pecunia,
y si la vuelve á pedir
he de echarla una peluca...
Pero yo esperaba un huésped...
Ya ha venido.
i Oh qué ventura!
Y también Sandalio.
¿Si?
Me alegro...
¿Dónde se ocultan?
Descansando están los dos.
Ya se ve; se descoyunta
un cristiano cuando viaja...
Pues también está Facunda
de enhorabuena.
¿Qué dices!
Ya está de vuelta tu nunca
bien ponderado doctor.
¡Ah! el alma se congratula...
Luego volverá á ponerse
á los pies de su futura.
i Que yo no haya estado en casa!
Pero el ensayo me excusa.
Ahora bien; será preciso
que en casa se encargue alguna
de obsequiíir á nuestros huespedes;
y pues mamá no se ocupa
en semejantes mecánicas,
y tú, predilecta alumna
de las artes, sin descanso
la declamación estudias,
aspirando á ser un dia,
aunque no sé en qué lo fundas,
heredera del coturno
que calzó la Rila Luna,
liaré que en la mesa abunden
las viandas y las frutas,
que se aumenten los cubiertos.
que pongan leña á la esíuh,
que se esmere la doncella
y el cocinero se luzca...
En fin, me limitaré
á las tareas oscuras
de una muger... resignada
con su sexo y su fortuna.
ESCEIVA VIH.
FACUNDA. DON MÁXIMO.
Es una alhaja esa chica.
i Tan hacendosa, tan pulcra,
tan modesta...
Sí, señor;
mas sin genio, sin cultura,
sin elevación de espíritu.
No es mucho, pues, que infecunda
sufimaginacion se ciña
á la almohadilla y la aguja.
Yo soy padre de las dos;
y^al paso que en tí me gusta
esa noble independencia
que alto porvenir te anuncia,
también en ella me agradan
la humildad y la dulzura.
J j Humildad, y á cada instante
me está diciendo unas pullas
que me abrasan!
Chanzas son
que autoriza la ternura
cíe hermana. Ella no comprende
las ideas que estimulan
tu ambición, y...
(Suena la campanilla.)
Diga usted
que la ruin envidia punza
su corazón, porque ve
que mi brillo la deslumhra,
la eclipsa...
No digas eso...
ESCENA IX
(FACUNDA, DON MÁXIMO, PEPE.)
Una acémila de Asturias...
Digo; un mozo de cordel,
trae un canasto y pregunta
por ustedes...
i Ah! mi traje
para esta noche.
Sin duda.
Paga al mozo y trae aqui
el canasto.
ESCENA X
(FACUNDA, DON MÁXIMO.)
Tu hermosura
realzarán esas galas,
y espero, si no te turbas...
¿Turbarme.'
Déjalo ahi.
[A Pepe, que entra con una escusabaraja, la pone sobre una mesa y se retira.)
No, cuando una está segura
del triunfo...
Puedes estarlo,
porque el papel que ejecutas
te va á las mil maravillas,
i y haces unos pasos,... unas
transiciones!... ¡Y qué bien
cortas el verso, y modulas
la voz,... y qué cara pones
en aquella escena muda!
Pues á la noche verán...
Porque una siempre procura
reservarse...
Ya.
El ensayo
no es mas que una escaramuza;
digámoslo asi.
No obstante;
tú recitabas con mucha
intención... ¿Qué te decia
el director en la última
escena...
Sandios consejos
y observaciones estúpidas:
que gesticulaba mucho,
que no era papel de música
el mió, que... ¿Qué sé yo?
Por no armar una disputa
callé y no quise decirle,
asi, entre veras y burlas,
que á actrices de mi valor
solo el público las juzga.
¡Bien! Eso es tener un alma
artística y... dramaturga.
Serás un dia la gloria,
el orgullo de tu alcurnia,
y si todos participan
de mi entusiasmo y mi... Escucha.
Si quisieras repetir,
pero con mucha bravura,
aquel parlamento, aquella
escena tan tremebunda,
cuando á tu padre el virey
dices en son de energúmena
mil tempestades, y luego
en tu corazón sepultas
el acero...
¡Vaya!... Ahora...
sin teatro... ¿Quién me apunta...
¿Quién...
j Si lo sabes á clavo
pasado!
Si usted me ayuda...
Bien; pero no sé una jota
de los versos que articula
el virey.
Diciendo solo
mi relación, no hay ninguna
necesidad...
En efecto...
(Registrando la escusabaraja.)
Aqui debe estar...
¿Qué buscas?
(Sacando un puñal.)
El puñal. — Ya le encontré.
Me lo pongo en la cintura...
(Lo hace.) y tomo actitud.
(Adopta una postura exageradamente trágica.)
i Sublime!
¡Qué bien, qué bien te dibujas!
Usted éntrenle de mí,
con la faz torva y sañuda,
la mano trémula...
¿Cuál
ha de ser; esta, ó la zurda?
Las dos.
{Agitando ambas manos y fingiendo una ira ri-
dicula.)
Ya estoy en escena
hecho una estampa de Judas.
{Declamando con tonillo impertinente y ade-
manes grotescos.)
Tú no eres mi padre ya,
oh padre que asi proscribes
al mísero Mustafá.
¡Tú naciste entre caribes
á orillas del Canadá!
¿Mirarle yo con desden
porque nació en Tremecen
y por ser tu esclavo? jNo!,
que esclava soy yo también
del amor que me inspiró.
En vano — j tirana suerte! —
cruel verdugo derrumba
sin cabeza el tronco inerte,
que mas allá de la muerte
y mas allá de la tumba,
yo le adoro aunque me oprimas,
yo le adoro aunque te asombres,
porque con distintos nombres
todos los climas son climas,
todos los hombres son hombres.
Y á ese galán indigesto
con quien proyectas mi unión,
maguer que sea infanzón,
le maldigo y le detesto
con lodo mi corazón.
¡Oh crudo y bárbaro padre!,
no será mi compañero
mortal que á mi fé no cuadre
mientras yo tenga un acero
cuya punta me taladre.
(Vibrando el puñal.) Y pues nada espero ya
de este mundo sin mi amante,
¡inicuos! no se dirá
que la infelice Violante
sobrevive á Mustafá.
¡A Dios para siempre, á Dios!...
Y tú cuyo nombre alabo,
(Levantando el puñal.) ¡mira! en mi pecho lo clavo.
(Figurando herirse.) ¡Ya somos libres los dos!
(Aparecen don Ramón y don Sandalia cada uno en la puerta de su habitación y Rosalía por el foro.)
ESCENA XI
(FACUNDA, DON MÁXIMO, ROSALÍA, DON RAMÓN, DON SANDALIO.)
Ram. ¿Qué es esto?
¡Ah!
Sand. ¡Horror!
(Vuelve á entrar en su cuarto y se le oye echar el cerrojo. Facunda, imitando á su modo las angustias de la muerte, tambalea un momento, y cae en seguida sobre un sofá.)
MAX. (Palmoteando.) ¡Braro! ¡Rravo!
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(DON RAMÓN, DON MÁXIMO.)
Con que ¿era una relación
de comedia? ¿Quién, demonios,
liabia de imaginar...
Me despertaron los roncos
clamores de una muger;
me levanto con asombro;
aplico el oido; infiero
de lo que veo y lo que oigo
que alguna loca de atar
está haciendo despropósitos;
salgo; veo que se clava
entre gritos y sollozos
un puñal, y cuando creo
que es ya inútil mi socorro,
tus inesperados Víctores
me dejan mudo y absorto.
;, No es verdad que mi Facunda
lo hace bien? ^Qué pico de oro!
¡Qué accionar! ¡Qué cor am vobis,
y qué... Es una actriz de á folio.
Perdóname que no sea
de tu opinión. Aquel tono
amanerado...
El que exigen
la situación y el coloquio;
y dispensa que te diga,
Ramón, que tú no eres voto
en la materia. ¡Un vecino
de Astorga! ¿Sabéis vosotros
lo que es un arranque escénico
de puñalada ó de tósigo?
¿Sabéis lo que es dar relieve
y colorido y aplomo
á una pasión en quintillas
que estremece al auditorio?
Te olvidas, querido Máximo,
de que yo también conozco
á Madrid y sus teatros...
Hace ya siete años ú ocho
que saliste de la corte...
ISi es preciso ser muy docto
para juzgar...
Ha hecbo el arte
progresos maravillosos...
Pero...
No precisamente
en el escenario ó foro
del Príncipe y de la Cruz,
del Circo y Conservatorio;
sino en muchas reuniones
dramáticas... Yo soy socio
de ocbo ó diez, y hay en la villa
cuarenta, y me quedo corto.
Si la función se ha de hacer,
como me ha dicho hace poco
Rosalia, en un teatro
particular, donde todos
son amigos, no hay razón
para temer...
Calla, bobo.
Esa voz hemos corrklo
entre la familia...
¿Cómo!...
Porque si llega á saber
mi cara es^jiosa que es otro
nuestro designio, es capaz
íle armar aqui un alboroto...
Porque ella es preocupada
tanto como yo filósofo,
y ni es sensible á la gloria
de las artes su retrógrado
corazón, ni hay para ella
otros elementos que oros,
espadas, copas y bastos
en la confección del globo.
¿Qué quieres decir con eso?
Que mi querido pimpollo
sale esta noche á las tablas,
ó hablando en términos propios
del ejercicio, debuta
en uno de los famosos
teatros públicos...
¿Qué!...
Del ilustrado y heroico
pueblo de Madrid.
¿Será
posible! ¿Te has vuelto loco?
¿Has meditado las graves
dificultades y escollos
de esa profesión? ¿Ignoras
que es menester un gran fondo
de doctrina y de talento
para ejercerla, y que es tonto
el que no pesa la carga
antes de echársela al hombro?
¿Ignoras tú que el camino
de la gloria es escabroso,
y el que con })lanla insegura
va pisando sus abrojos
antes de alcanzar la cima
se puede hundir en'el lodo?
¿Ignoras tú que muy bien
puede aplicarse á los cómicos
aquello que dijo Horacio
Flacco; aquello de mediócribus
esse poelis...
Ningún
Horacio, Üaco m gordo,.
se atreverá á sostener
que es aplicable ese apodo
de mediocre á mi Facunda.
Ella es sublime, es el colmo
de la perfección, y apenas
muestre su inspirado rostro
en el proscenio, de envidia
se van á morder los codos
sus rivales.
Pero el público
es severo, caprichoso...
y haber de arrostrar también
el fallo de los periódicos...
No faltan folletinistas
que nos ofrezcan su apoyo,
y aunque otros por el prurito
de mortificar al prójimo
nos ataquen, poco importa
la ojeriza de los zoilos
si se cumple como espero
esta noche mi pronóstico.
¿y no temes que una cabala...
¿Qué cabala ni qué... ¿Somos
tan necios que no sepamos
ella y yo nuestro negocio?
Ya hemos tomado medidas
para que se hunda en el polvo
cualquiera facción infame
que quiera poner estorbos
á su triunfo; y además,
cuando el mérito es notorio
es impotente la intriga;
y luego, los circunloquios
de la nota del cartel,
que he redactado yo propio
diciendo, con la modestia
del mundo, cuatro piropos
al público y suplicándole
que mire con buenos ojos
á una joven inexperta...
¿Y la nombras?
No la nombro.
La anuncio por precaución
bajo el velo del anónimo,
aunque el peligro de un fiasco.
á mi juicio, es tan remoto...
j Imposible! En prueba de ello,
como preveo y supongo
que Facunda hará furor,
ya bemos hecbo por de pronto...
(A Facunda, que asoma por la izquierda del foro tj se iba á retirar.) I Yen! yo no tengo secretos
para mi amigo.
(i Zambombo!)
ESCENA II
(FACUNDA, DON RAMÓN, DON MÁXIMO.)
¿Están concluidas ya
las coronas de laurel?
(Qae trae en la mano una caja de cartón.)
Sí, señor; con florecillas
doradas.
¿A ver? ¿A ver?
Don Máximo y don Ramón las examinan.)
(Facunda abre la caja y saca tres \coronas figúralas de)
Aqui están.
¡Qué debcada
labor!
Sí, por cierto. ¿Quién
al contemplar estas bojas
dirá que son de papel? —
¿Y cuál es el vencedor,
el béroe que os proponéis
coronar?
¡Ruena salida!
¿Quién ba de ser?
¡Ah! ya entiendo. Mas me ocurre
una observación.
¿Cuáles?
Aunque donosa en estremo.
Facunda, según se ve.
solo tiene una cabeza,...
y las coronas son tres.
¡Buena objeción! Por ventura,
¿le pones tú de una vez,
cuando con una te basta,
cinco camisas ó seis?
Ya,... vamos; una en la frente
y dos en el almacén.
Tres mudas... no es demasiado.
Las lian de echar á sus pies
esta noche.
Ya supongo...
Una desde un palco...
¡Bien!
Otra desde la tertulia,
y la otra desde...
Pues;
desde la luneta.
Justo.
Celebro... (¡Pobre muger!)
¿Eh?
(¡La van á escabechar!)
Doy á usted mi parabién.
Tres coronas...
Una sola
se la arrojan ya á cualquier
saltimbanquis.
Pues, si tanto
se prodiga ese oropel, —
yo soy franco, — el verdadero
mérito, que siempre fué
modesto, tendrá vergüenza
de engalanarse con él;
que, por mucho que deslumbre,
vale mas en mi entender
merecer una corona
que ponérsela en la sien.
Todo es bueno; merecerla,
y llevarla. ¡Pues á fé
que no sentará de molde
sobre la candida tez
de su frente el verde oscuro...
Ven aquí: te la pondré...
¡Ba! no, señor... Con vestido
de casa...
No importa. Ven.
Ya que usted se empeña...
(Se acerca á don Máximo, y este la pone una de las tres coronas.)
Asi...
No; un poco mas alta... ¿Eh?
¿Qué tal?
¡Oh! está usted divina.
Mil gracias por tan cortés
lisonja.
Pero á una dama
tan bonita como usted
le bastaba para serlo
su sencillo négligé,
y aunque el laurel contribuya
á realzar el poder
de esos ojos, les da un aire
de belicoso desden
de que pudiera el amor
asustarse...
¡Eh! no. ¿Por qué?
Porque, según nos le pintan,
las risas de la niñez
le sientan mucho mejor
que las ínfulas de rey.
Por mi parte, si yo fuera
digno de tan alta prez,
para adornar esa frente
no pedida al vergel
ese verdinegro vastago
que anubla su rosicler,
sino la rosa galana
y el matizado clavel.
Agradezco á usted su fina
galantería.
(Se quita la corona y se la vuelve a su padre. )
¡Pardiez
que no te has embrutecido,
como pensaba, en aquel
poblachon!
y esas coronas
¿son de artífice francés?
No. Facunda las ha hecho.
¿Sí?
¡Vaya! en un santiamén.
¡Sí no hay en Madrid florista
como ella! Si es menester,
reproducirán sus manos
los jardines de Aranjuez.
¿Qué escucho! Pues si tan grande
es su habilidad, no sé
por qué en vez de cultivarla
con inocente placer,
deja su grato ejercicio
y con engañosa fé
abraza una profesión
donde quizá Lucifer
convierta el lauro á que aspira
en desengaño cruel.
¡Desengaño! A la verdad,
no esperaba yo, después
de tantas flores, oir
tan estupenda sandez.
¡Señorita!...
¡Confundirme
yo con la mísera grey,
con el vulgo de mi sexo!
¡Sentir en mi pecho arder,
genio creador, tu llama
que ha de elevarme al dosel
(le la gloria, y reducirme
á la vergonzosa ley
de esas labores mecánicas
que anticipan la vejez!
No; el genio no tiene edad...
ni sexo; y aunque también
han dado en llamarse artistas
en medio de su taller
hasta los sastres, que todo
se confunde en el babel
de este siglo, no, no basta
bordar, hilar, ó coser
para alcanzar fama postuma,
como yo la alcanzaré
inmarcesible, á despecho
de ruin envidia soez.
Yo,... señorita... (Está loca.)
Yo...
Con permiso de usted.
ESCENA III
(DON MÁXIMO, DON RAMÓN.)
j Soberbia peroración!
¡Qué energía de muger!
Esto se llama tener
bien puesta la vocación.
Pronto el español proscenio...
Pero reflexiona...
¡No!
No se ha de decir que yo
corto las alas al genio.
Deja discursos prolijos,
])ues no me han de convencer.
Todo padre debe hacer
la voluntad de sus hijos.
Lo demás es tiranía.
Lleven calzones, ó sayas...
Bien, hombre; allá te las hayas.
Si te arrepientes un día...
No; que diré satisfecho,
si se hunde su paraíso
ideal, ella lo quiso;
hágale muy buen provecho.
Mas no llegará ese caso.
Mi hija triunfará, y tú mismo
la pondrás con fanatismo
en la cumbre del Parnaso.
(Recogiendo las coronas y guardándolas en la caja.) Me voy, que ya es necesario
instruir á las personas
que á su tiempo las coronas
han de echar al escenario.
¡Oh! á mis años juveniles
creeré tornar cuando vea
que dispara la platea
estos lindos proyectiles.
A Dios... I Oh alegría insólita!...
¿Oyes! Te encargo el sigilo,
que tendré el alma en un hilo
si lo sabe doña Hipólita.
(Va se con la caja.)
ESCENA IV
(DON RAMÓN.)
Cielos, ¿qué casa de orates
es esta? Al diablo la doy,
que harto y aburrido estoy
de oir y ver disparates.
Delirando á troche y moche
la hija; el imbécil padre
gozando de Dios; la madre
en el juego dia y noche...
Si se libra del contagio
la Rosalía, portento
será, que un loco hace ciento,
como dice aquel adagio. —
Sea que su rostro baste
á interesarme por ella,
ó que la pinte mas bella
á mis ojos... el contraste,
casi la ventura envidio
del primiLo á quien...
ESCENA V
(DON RAMÓN, DON SANDALIO.)
(Sale de su habitación don Sandalia con recelo, y antes se le lia o ido descorrer el cerrojo.)
Saludo...
Servidor de usted...
¿Qué hay... Dudo...
¿Se ha consumado el suicidio?
¿Que suicidio? No comprendo...
Pues ¡qué! mi prima Facunda
¿no se clavó furibunda
agudo puñal horrendo...
¡Ah! sí; es verdad.
¡Golpe impío!
Hacia...
Sí.
¡Temhlando estoy!
Mas no tema usted, por hoy,
que llegue la sangre al rio.
Con que ¿no es mortal la herida?
No.
Mas «por hoy...» Eso da
á entender que atentará
otra vez contra su vida.
Sí tal; asi lo promete.
Esta noche...
¡Virgen Santa!
¡Ah!...
(Parece que se espanta
de su sombra el mozalbete.)
Y si Dios no lo remedia...
¡Desesperación insana!
Es probable que mañana
se repita la tragedia.
¡Gran Dios, qué horrible agonía!
¡Clavarse el hierro fatal...
diariamente...
Cabal:
á puñalada por día.
¡Oh cielo I ¿Y con esa calma
lo dice usted 1
Sí, señor.
(Quiero dejarle en su error.)
ESCENA VI
(DON SANDALIO, DON RAMÓN, ROSALÍA.)
i Oh prima, prima del alma!
I Tu hermana aumenta el catálogo
de las víctimas — ¡oh instinto
feroz! — olvidando el quinto
mandamiento del decálogo!
¿Ella? No digas bobadas.
i Yo la vi contra su seno
vibrar con rostro sereno
un puñal de once pulgadas!
Aun me tiemblan las rodillas
al contemplar...
¡Calla, necio!
Aunque se amaga de recio
se da de mentirijillas.
¿Qué dices I Pues yo creí...
Como dijo muy formal
el señor...
Leoistemal,
ó se mofaba de ti.
Yo le dije solamente
que en esa furia bravia
una y otra vez sería
Facunda reincidente.
Si no comprende el señor,
á quien yo hablaba sin dolo,
que tales milagros solo
los puede hacer un actor,
de toda culpa me eximo
y es forzoso, señorita,
achacarla á su exquisita
sensibilidad... de primo.
Ni de hombre que mereció
excitar la simpatía
de la hermosa Rosalía
pudiera mofarme yo.
Antes prudente y discreto
me alejo, pues conceptúo
que se hizo amor para el dúo,
pero no para el terceto.
ESCENA VII
(ROSALÍA, DON SANDALIO.)
(Picado va don Ramón.
¿Tendrá... celos?...)
¿Quién diría...
Con que, aquella puñalada
¿no fué real y efectiva?
Pues ¿cómo hubiera sino
tal sosiego en la familia?
Vaya, que tiene caprichos
particulares mi prima.
¡Jugar con armas! ¿'So ve
que pone en riesgo su vida?
¡El diablo las carga!
esa
es reflexión peregrina
en boca de un militar!
El ser militar no quita
para...
i Calla! (Al fin tendré
que aborrecerle.)
Me miras
asi... de un modo... ¿Qué tienes?
Nada... Esplin.
No je tenias
en otro tiempo á mi lado;
que colmabas de delicia
este corazón amante
con tu hechicera sonrisa,
y no entonces, como ahora,
seria, taciturna, fría...
(Suena un fuerte campanillazo.)
Si no ha de ser agradable
lo que mi labio te diga,
mas vale...
(Entra doña Hipólita furiosa y desgreñada.)
ESCENA VIII
(ROSALÍA, DON SANDALIO, DOÑA HIPÓLITA.)
¡Jesús!...
i Mamá!
¿Qué tiene usted?
¡Una silla!
(Se la acerca don Sandalia y se sienta doña Hipólita.)
Tome usted.
¡Estoy furiosa!
Mucho siento, amada tia...
¡Ah! Sandalio... Bien venido. —
¡Maldita suerte, maldita!
(Perdió. ¡Válgame Dios!... Este
es el pan de cada dia.)
No se aflija usted, mamá.
Son golpes...
¿Que no me aflija,
y ese fatal cotnisario
cesante, que Dios maldiga,
me lia deshancado tres veces?
¿Hay fortuna mas indigna,
mas insolente? ¡Y qué cortel
Su mano es una cuchilla.
¿Quién sino yo ¡desdichada!
sin intermisión daria
quince j lidias ahajo
y veinte lados arriha?
¡Ah! (Llora y solloza.)
(Aparte con Bosalía.) ~ Pero ¿qué está diciendo?
No entiendo esa algarahia.
Ni yo.
Lo que mas me choca
son las quince israelitas...
¿Eh? ¿Qué cuchicheo es ese?
¿Qué le estás diciendo, picara?
Yo, nada.
¿Estás murmurando
de tu madre, mala hija?
No, señora.
Yo no juego
por vicio.
Pero...
Mentira;
sino para mantener
mi casa, que se desquicia.
Si yo deseo ganar
es porque os lo echéis encima
vosotras. Con un vestido
de alepín, ó muselina
de lana tengo yo...
(Tentándose.) Cielos!
Con la cólera,... y la prisa
de venirme, me he dejado...
¡Sí! Toca esa campanilla.
(Rosalía tira del cordón que cuelga de una pared.) jSolo falta que también
se haga noche mi esclavina...
ESCENA IX
(DOÑA HIPÓLITA, ROSALÍA, DON SANDALIO, PEPE.)
¿Llamaba usted?
Corre á casa
de doña Inés Aguaviva;
la brígadiera; ya sabes...
Si, señora.
Y á Casilda
que te dé mi piel. Aüi
se quedó.
¡Yírgen Santísima!
¿Qué?,
¿La han desollado a usted?,.
¡Mastuerzo! Mi paletina
de abrigo...
¡Ah! sí; voy corriendo...
La de pieles de chinchilla.
ESCENA X
(DOÑA HIPÓLITA, ROSALÍA, DON SANDALIO.)
Pero ¿ha perdido usted mucho,
(mamá? ¡Es un grano de anís!)
Ocho onzas en efectivo,
(dos que me prestó don Gil y otra que saqué rifando mi sortijas de rubis.)
¡Dios mió!...
(Pero el dinero es lo de menos; que, al fin, mañana será otro dia y ganaré, si hoy perdí, y tres mil reales y pico no me han de hacer infeliz.)
Lo que me punza y me hiere
(cual si fuera un bisturí es la infame grosería del comisario incivil, que tras de haberme ganado el postrer maravedí ha respondido á mis quejas con injurias. ¡Hombre vil! — «¿Quién le manda á usted jugar si después ha de gruñir?)
Si mi corte ha dado juego,
(buen provecho para mí.)
Por ventura ¿tengo yo
(en los dedos un candil?)
¡Dar por unas cuantas onzas
(tal escándalo en Madrid!)
O paciencia y barajar
(con esfuerzo varonil, ó estése usted en su casa y remiende algún tapiz, ó sazone algún guisado con pimienta y peregil en vez de venir adrede á encocorarnos aqui. » —)
¿Qué os parece el deslenguado?
Yo le dijo mil y mil
(improperios, porque á nadie humillo yo la cerviz, y á no mediar los presentes, tal era mi frenesí que en la cara con mis uñas j lium! le hago una cicatriz.)
¡Mamá!...
Soy muger; mi sexo
no me permite exigir
la justa satisfacción
del ultraje que sufri;
pero no me ha de faltar
algún valiente adalid
que me vengue... j Ah! tú has venido
á propósito...
¿Yo?
Sí.
Tú, que eres de mi familia
y algún dia has de venir
á ser mi yerno, sé tú,
Sandalio, mi paladín.
¿Yo, señora!
Desafia
á ese cuco baladí...
;Un duelo! ¿Yoí^ ¡Virgen pura!
¿Qué ha osado usted proferir?
¿Yo quebrantar sanguinario
la ley que el Dios de David
dictó á su pueblo escogido
desde el monte Sinaí!
¡Chico! ¿qué lenguaje es ese?
Te tenia por un Cid
campeador, por un Hércules,
i y me respondes asi!
Pues ¿qué harás de tu persona
el dia que en ardua lid
por tu patria y por tu reina
le obliguen á combatir?
Si es forzoso, seré mártir
de mi obligación allí,
pero...
Calla y no deshonres
con ese aire femenil
la gloriosa profesión
de la armas, hombre ruin,
ó en lugar del uniforme
ponte... una sobrepelliz.
También es droga empeñarse
en que uno se ha de batir
porque usted juegue,... no sé
si al truquiflor ó al bisbis,
y usted sea desgraciada,
y el otro sea feliz,
y armen ustedes quimera...
Pues si tengo de decir
la verdad, el comisario,
salvo algún leve desliz,
habló como un santo.
(Levantándose.) ¿Qué oigo!
¿Tú te atreves, ¡malandrín!...
Soy un humilde sobrino
y muy pacífico y muy...
Y muy mandria.
Enhorabuena;
pero no quiero reñir
ni con ese comisario,
ni con usted...
¡Calla!
Ni...
i Quítate de mi presencia!
Si haré. Me voy á San Luis
á dar gracias al Altísimo
porque tan dichoso fui
que en mi peligroso viaje
por lan desierto país
no me asaltaron ladrones,
ni una pierna me rompí,
aunque volqué cinco veces
desde Segovia á Madrid.
ESCENA XI
(ROSALÍA, DOÑA HIPÓLITA.)
¿Cómo! ¿Es este aquel Sandalio
de quien yo juzgué que un dia
á merecer llegaria
ser recibido con palio?
Al ver el santo temor
que compungía su cara
la risa me retozara
si no me ahogase el furor.
¿Asi se gana la fama
de esforzado campeón?
ESCENA XII
(ROSALÍA, DOÑA HIPÓLITA, DON SERAPIO.)
¡Ah!...
(No está en casa el sajón.)
¡Ay don Serapio de mi alma!
¿Qué veo! El rostro convulso...
Duélase usted de mi mengua...
¿Gastritis? A ver la lengua.
¡Eh!...
¿Plétora? A ver el pulso.
No hay plétora ni gastritis.
Es que se me lia indigestado
un comisario malvado...
Ya; comisario-enteritis.
Tras de ganarme el dinero...
Hemorragia de bolsillo.
Porque le he llamado pillo
se ha insolentado el grosero.
¡Hé aqui las consecuencias...
¡Eh! Calla, con Belcebú.
¡Pues solo falta que tú
me digas impertinencias!
Mezclándose de consuno
en cosas que no comprenden,
todos aqui me reprenden
y no mo vcn^^a ninguno.
Hasta Sandylio, ese necio
en quien tuve tanta fé
y á quien de hoy mas miraré
con soberano desprecio,
cuando recurro á su espada
y furiosa le interpelo
alza los ojos al cielo
y rae deja en la estacada.
¿Será el que vi en la escalera
con un aire de mostea
y--
Sí. ¡Y querrá que le den
mañana una charretera!
Yo no sabia su nombre,
mas si acierto en mi pronóstico
y si no miente el diagnóstico
debe de ser un pobre hombre.
Un ñoño: es cosa notoria.
¿Qué ha sido pues del oráculo
que le elevaba al pináculo,
al empíreo de la gloria?
El tenia vocación...
Eso á veces se interpreta
mal... Era falsa la vela
y no ha encontrado el filon.
Cuando el hombre no examina
su propia organización...
En cada hijo de varón
Dios ha encerrado una mina,
¿Cuál es la de cada cuál?
¿Es de hierro, ó de cobalto?
¿Es de granito, ó de asfalto?
¿Es de cinabrio, ó de cal?
Quien penetra en este abismo
sin la antorcha de las ciencias
se expone á mil contingencias
cuando se explota á sí mismo.
Hombre hay...
(Entre dientes.) Aplícate el texto..
¿Eh?... Hombre hay que de oro se sueña,
y es de piedra berroqueña.
¡Ilum,... qué hombre tan indigesto!
El crisol...
j) « jlip, ¡No mas sandeces!
¡Para crisoles estoy
ahora! ¿Sabe usted que hoy
me han deshancado tres veces?
Yo...
ESCENA XIII
(ROSALÍA, DOÑA HIPÓLITA, DON SERAPIO, PEPE.)
La piel de mi señora.
Déjala en ese bufete.
Está bien. (Lo hace.)
Este billete
me acaban de dar ahora.
(Lo toma doña Hipólita. )
ESCENA XIV
(ROSALÍA, DOÑA HIPÓLITA, DON SERAPIO.)
(Abriendo la carta.)
; De quién será este papel... w-iHr,
Alguna cita de juego.
Está empecatada, y luego
nos viene...
T..H,P ¡Dios de Israel!
[Avarte con Rosalía mientras dona Hipólita lee para si.)
(Sigue leyendo.)
; Qué es eso? v, i
D ilip ¡Cnántos disgustos!...
D* Ser* ¿Alguna fatal noticia...
¡Justicia de Dios, justicia
¡No ganamos para sustos!
T« hermana... i Y aque bamboche
consiente acción tan villana!
Pero reiu ¿4;qué ha hecho?
hermana
sale al teatro esta noche.
¿y usted se sorprende de eso?
n TT *^^''^" cuatro...
¡Ah! no, que sale al teatro
publico, j Yo pierdo el seso!
¿Es posible!
íAy San Gerónimo!
be me pega la salira...
Un alma caritativa
nie lo dice en este anónimo,
Quizá no sea verdad.
i Ah! Sí. ¿Dónde está? ¡Facunda?
La voy a dar una tunda...
¡Indulgencia! ¡Lenidad!
i^'^^^ bnenas razones...
Tu no sabes lo que te hablas,
i Mi hija salir á las tablas!
n c ií^^ M '^'^^^^^ ¡Quiñones!
bi ella tiene contextura
y organización de actriz,
no me parece un desliz
digno de amarga censura.
A la infíuencia astronómica
n. u P^^'í'e Adán...
¿Y querrá usted, charlatán,
casarse con una cómica?
¿Por qué no? Dejando aparte
el alto influjo notorio
que ostenta en el auditoria
el ejercicio de un arte,
que de graves pesadumbres
siendo bálsamo eficaz,
con apacible solaz
dulcifica las costumbres,
y el lauro que remunera',
sin que murmure Castilla,
los afanes del que brilla
en tan dificil carrera,
á quien la cara me tuerce
«né, firme como un roble-
toda profesión es noble
jIqs Necio tributo
yo á la vanidad no rindo.
Ése es im arte muy lindo,
muy noble; no lo disputo;
mas ¿todos los aprendices
logran ser con sus afanes
ellos primeros galanes
y ellas primeras actrices?
El pueblo compra al entrar
bajo aquel dorado tecbo
el formidable derecho
de aplaudir y de silbar;
¡y mi bermana no medita
cuando sale al coliseo
que en lugar de un palmoteo
la pueden dar una grita!
Si; en todo bay sus contingencias;
pero, amante verdadero,
ella es mi dama, y la quiero...
con todas sus consecuencias.
Yo me opondré con abinco
á la locura que emprende,
y si el papá la deílende
le diré cuántas son cinco.
Pero él dirá,... es cosa fija:
madre que juega á una carta
su hacienda, ¿por qué coarta
la libertad de su biia?.,,,
i Qué audacia! ¿A. usted quien le da
licencia... ¡Cuenta conmigo!...
No, no soy yo quien lo digo:
don Máximo lo dirá.
No hará tal.
j^Qg (¡Dios nos socorra!)
(Mas, si bien lo considero...
Yo necesito dinero,
y armándole una camorra...)
(Suena la campanilla.) Llaman... El es. ¡Hoy nos oyen
los sordos!
¡Quietos! Nada lograré
como ustedes no me apoyen.
ESCENA XV
(ROSALÍA, DOÑA HIPÓLITA, DON SERAPIO, DON MÁXIMO.)
Bien venido, don Serapio.
Felices.
¡Dulce consorte!
¡Caro esposo!
¿Era ya hora
de verte?
¡Hola! ¿Yá tí? ¿Dónde
has pasado la mafiana?
¿Cómo te ha ido en el monte?
Asi,... tal cuál. No tan bien
como á ti entre bastidores. ■—
Pero dejemos á un lado
las mutuas reconvenciones,
y dame dinero.
(Aparte d Rosalía.) ~ ¡Ahora
sale por ese resoríe!
Tú te chanceas. Ayer
te di cincuenta doblones...
Cierto; pero hoy necesito
igual cantidad.
i Demontre!
Tú pretendes arruinarme,
muger, ó quieres que robe...
¿Cómo has gastado en dos dias
una suma tan enorme?
¿Cómo? Esa no es cuenta tuya.
¿Que no es cuenta mia!
(¡Pobre
don Máximo!)
¿He de sufrir
que mi dinero derroches
en esos viles garitos
que han de llevarnos al borde
del abismo?
Hoy líe tronado;
lio protejido que lo ignores;
pero el viento cambiará.
Si hoy sopla sañudo el norte,
mañana...
¡Buen escarmiento!
Deja que por íin y postre
otra vez pruebe fortuna,
y si descarga otro golpe
funesto, le doy palabra...
No te creo.
(En voz baja.) ¡Firme!
(Lo mismo.) Un roble
seré.
Tengo que pagar
nna deuda. No deshonres
á tu muger.
Tu deshonra
verdadera es el desorden
en que vives.
Mira, Máximo,
que si me irritas... Sé dócil;
dame ese dinero, ó voy
á escandalizar el orbe.
(A doña líípóliia.)
Prudencia!
(A don Máximo.) ¡Tesón!
No;;mU
y mil veces no!
¡Mal hombre,
tú te atreves...
Ya estoy harto
de ser en mi casa un drope;
ya es hora de recobrar
mi autoridad, mis calzones...
(En voz baja.)
¡Asi! 4
Y cuidar de mi hacienda...
¡Ilum!... Mira...
Y salvar el dote
de mis hijas, ya que tú
Jes das tan malas lecciones.
i Tú dices eso. nial padre,
y seduces y corrompes
y prostituyes y vendes
á esa desdichada joven...
I).MÁx.¿CómoUYo...¿Muién...g.,^^^^^^^
¿No sé yo lo que dispones?
¿No es cierto ¡responde! que hoy
sale á las tablas? ¡Responde!
¿Quién te ha dicho...
j). jijp Lo sé todo.
D. MAX* Pues bien; es cierto; esta noche
debutará. Yo no quiero
ser remora de su noble
vocación...
¡^li> padre mió!
j Cuidado no la equivoque...
No; su fama volará
mas allá de nuestros montes
á pesar de envidias ruines
y rancias preocupaciones.
No; Facunda no saldrá
á la escena, ó por San Cosme
te juro...
Ella lo desea
y yo lo apruebo. Te opones
en balde...
¡Papá!...
Las leyes
la amparan.
¡Leyes atroces!...
Pues bien; yo respetaré
las leyes, y muda, inmóvil
me verás...
¿Qué oigo!
D iiip. Si sueltas
el dinero.
¿Para el torpe
vicio que te ciega? No.
¿Que no?
(Esta casa es la torre
de Babel.)
r.,..Jamas?
le acordaras de mi nombre.
tn vano quiere ser cómica
en vano eres tú su cómplice,
lu hija no saldrá de casa.
n M' í^í ^^^''^Piímero á un poste...
lu te guardarás de hacerlo.
Yo seré un muro de bronce
n « TT ^^"^''^ ií^ima opresión...
jJ. Ihp. Daré por la calle voces...
i>. >iíR. ¡Señora!...
n^r'"** r.. ¡La haré silbar!
; Que horror!
^^'P-. Echaré los bofes
yo misma...
rfhhr. c.¡Mamá, por Dios...
n' ¿•'. escarnio de la corte...
¡Madre feroz'
S-\"/^- V.., Ahora mismo...
¡Yo tiemblo!
(Dirigiéndose hacia el foro
Voy...
!'-^lo* V ¡SanOnofre!
u. llip. Voy a armar una de pópulo
bárbaro. En un Puíer-noster...
(Todos procuran deleneriíi.\ «os. ¡Mama!)
i Tente!
.,;i.,
l)."Iíip. ¡Quita!
Nos lleva á remolque.
¿Señora!
íí' ^//x- ¡Capitulemos!
¿Cedes?
i Sucumbo!
i,, Conformes.
«os (¡Todo se ha perdido í)
(Tomando del brazo á don Máximo )
Ven;
no te suelto hasta que aflojes
el dinero...
Si; ahora mismo.
(Yéndose con doña Hipólita por la izquierda del foro.) iHum... qué muger!
j). jijp^ ¡Iliim... que zote!
(Desaparecen.)
(Haciéndose cruces.)
¡Qué padre! Dios le bendiga.
(Alzando las manos y los ojos al cielo.)
¡Qué madre! Dios la perdone.
JEs de noche.
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(ROSALÍA, DON RAMÓN.)
Si; el anónimo era mío.
Despreciaron mis consejos
hija y padre, y esperando
que se opondria al proyecto
doña Hipólita...
Al principio
ese fué su pensamiento;
pero después — ¡oh vergüenza!
necesitando dinero
mamá para resarcir
sus pérdidas en el juego...
; Resarcir!
Que ya es inútil
ocultar hasta qué extremo
la ha cegado esa manía...
¿Manía? No. Yicio. Demos
á cada cosa su nomhre.
Gritaron ¡ay Dios!, riñeron
echándose ambos en cara
iTfiutuamente sus defectos;
y por último, después
de media hora de infierno,
rapilularon...
. ¡Inicua
capitulación!
fueron vanos. Quiso lial)lar,
Y so mo impuso silencio.
Si usted luil)iera venido...
Me oldigó cierto sugeto
á comer con él...
será todavía tiempo...
¡Por Dios, señor don Ramón,
vaya usted al coliseo
á ver si puede impedir...
No ha de faltar un pretexto...
Yo me guardaré muy bien
de contrariar ni por pienso
vocación tan declarada
y tan pertinaz, supuesto
que los padres y la bija
ya están de común acuerdo.
Dirian después que yo
corto las alas al genio...
Y aunque quisiera cargar
con ese remordimiento,
ya es tarde; ya se babrá alzado
el telón, y mientras llego...--
Papá y mamá — ¿quién lo duda i —
habrán ido muy serenos
á presenciar la victoria
de su hija, el apogeo
de su gloria...
señor;
mi papá fue con el médico
y otros amigos. Mamá
en lugar de irse con ellos
se fué á su tertulia...
Como si tal cosa...
¡Rueño!
¿Y usted...
j^Qg^ Ya que no es posible
(le Otra manera, protexto
con mi ausencia contra un paso
tan arriesgado. Si el éxito
es fatal, como presumo,
tendré siquiera el consuelo
de no haber sido testigo..
La resolución apruebo,
que asistir á la catástrofe
sena mucho tormento
Ha leído el drama impreso
y como ha calificado
de inmoral el argumento,
tiene escrúpulo de echar
sobre su conciencia el peso
de concurrir á espectáculo
tan impio.
Es muy grotesco
personage el caro primo,...
salvo mi justo respeto
al amor que usted le tiene.
Mi amor...
^0 hay en el ejército,
es seguro, un individuo
mas... inverosímil. — Creo,
lio obstante, que si se abstiene
ae asistir al drama nuevo,
más que el temor de pecar-
en él influye el deseo
de acompañar á su novia...
Si tal ha sido su objeto...
¡Oh! si no lo hiciera asi i
villano sería y necio.
Cualquiera otro en su lugar,
señorita, y yo el primero,
si fuese favorecido
por dama de tanto mérito,
preferiría una sola
mirada suya, un acento,
a la gloria de los ángeles
y á los tesoros de Creso.
Mil gracias por la lisonja,
aunque yo no la morozco. —
Volviendo á mi insigne primo
Sandalio, podrá ser cierto
que halle su mayor delicia
en mi compañía; pero...
falta saber si yo gusto
de la suya.
¿Esas tenemos?
No seré yo quien censure
sus piadosos sentimientos,
sus virtudes, pero al lado
de un cristiano tan perfecto
yo, mísera pecadora,
me siento humillada; y luego,...
como su marcial talante
fué la causa de mi afecto,
si ayer me prendó cadete
hoy me enfada recoleto.
No puedo disimular
hasta qué punto celebro...
Pero ¿es condición precisa
para el que aspire á ser dueño
de ese corazón ganarle
con militares trofeos?
No, señor; mas me parece
que me asiste algún derecho
para exigir que mi novio
no sea un ente inconexo.
No quiero que su carácter,
en divorcio manifiesto
con su profesión, le exponga
á ser fábula del pueblo;
no quiero, en fin, un marido
mixto de milicia y clero.
¿Se lo ha dicho usted á él?
Sí; ahora mismo.
¿Y ha hecho efecto
la reprimenda?
Lo ignoro.
Alzó los ojos al cielo,
luego los fijó en los mios,
dio un suspira^ hizo un puchero
y> sin hablar, se encerró
n Ra^ ^^'"^""'^"'10 en su aposento.
¿Es posible!... No ha> arbitrio-
Hoc n f ^''^"^^ ^s un leño.
Dejémosle con su excelsa
¿ealitud y pensemos
en mi hermana. ¡Ah don Ramón
no Viviré con sosiego
hasta saber... Yo quisiera,
pues ya no tiene remedio
que íuera usted á alentaría
con su aplauso. Yo no puedo
rapa tiene palco, y debe
tie ser, si mal no me acuerdo
principal, número dos.
A^ava usted...
,,, ¿Y si presencio
la derrota de Facunda?
No, no. Yo también preíiero
la compañía de usted,
l^osalía, aunque no tengo
la dicha de ser su novio
{)%.. í^^'^'! ^í''^ cumplimientos..,
Como lo siento lo digo;
y sola usted, que es mo'delo
de belleza y de donaire,
de cordura y de talento/
me baria menos plausible
mi libertad de soltero.
;Don Ramón!...
Pero sería
vana pretensión, lo veo.
Sí aspirase á contraer
el séptimo Sacramento
con una niña tan bella
yo ¡pecador! que ya tenga
treinta setiembres y un pica
que se acerca al otro cero
No es tanta la diíerencia.
(¿Qué voy á decir!) Muy presta
cumpliré los diecinueve,
y usted representa menos
de los que dice.
No tal.
Treinta y seis años y medio...
Aun asi, considerando
lo que va de sexo á sexo...
La muger pronto se agosta;
los hombres nunca son viejos;
sobre todo, si sus prendas
morales... Pero lodo esto
es solo hablar por hablar...
No, que desde ahora empeño
mi palabra de hombre honrado
y mi le de caballero...
¡Oh! me hará usted que lo crea
si me lo dice tan serio.
Yo...
Piénselo usted mejor,
no sea que en un acceso
de galantería lleve
su compromiso mas lejos
de lo que es justo y después
entre el arrepentimiento.
¡Jamas! — Pero usted quizá
se vale de esos rodeos
para no decirme claro...
¿Qué?
Que predico en desierto.
Para esa interpretación
no he dado yo fundamento.
Tampoco para la otra.
Si estrecha usted el bloqueo
con tanta prisa, hará usted
que me reduzca al silencio.
Rien; pero quien calla, otorga,
dice un refrán.
Si, por cierto.
Refranes hay para todo.
Pero ¿es falso ó verdadero
el mió?
¡Usted me atosiga í
Repita usted el proverbio.
Quien calla...
(Suena la campanilla.)
Jesús I Quien calla..,
¡Siga usted!
En mi concepto,
no dice que no,
¡Divina!...
¡Chit!... Alguien entra.
(A la puerta.) Laus Deo.
ESCENA II
(DON RAMÓN, ROSALÍA, DON SERAPIO.)
¡Albricias! Salió ya indemne
del arduo trance Facunda.
¿Qué escucho!
El gozo me inunda.
Su ovación será solemne.
¿Es posible!
Entrada llena.
El público alborozado
la dio un aplauso cerrado
al presentarse en la escena.
Humano pincel no finge
tan bella organización,
tan elástico pulmón
y tan robusta laringe.
Late su pecho convulso,
que el amor desequilibra,
y en cada minuto vibra
doscientas veces su pulso.
En fin, que yo la celebre
no es extraño y nada arguye,
que con sus ojos me imbuye
el delirio de la fiebre;
pero á todo el coliseo
con su talento arrebata,
y al cesar la perorata
se repite el palmoteo.
¡Gracias á Dios!
Yo me pasmo...
¡Es mucha primera-dama!
¡Oh! y en el curso del drama'
se aumentará el entusiasmo;
que hay escenas capitales,
patéticas, estupendas,
con alusiones tremendas
pohticas y sociales.
¿La aplauden? Del mal, el nrienos...
Aquello será un delirio
cuando se arroje al martirio
con ímpetus sarracenos
y con su muerte gratuita
pruehe al virey que la oprime
que un alma ardiente y sublime
debe ser cosmopolita.
Yo sé los puntos que calza,
y si ejerce tal imperio,
no muestra mucho criterio
el público que la ensalza.
No se equivoca jamas
el público, señor mió.
Vox pópuli.,. (¡Vaya un tio!...)
Vox...
Si; ya sé lo demás.
No me causa á mí disgusto
el lauro que ella alcanzó;
y al fin, bien puedo ser yo
quien tenga estragado el gusto.
Ni es quizá raro portento
que haya estado tan feliz.
Mucho influye en una actriz
la inspiración del momento.
Digo que está alborotando.
Pues bien; eso me conforta.
Triunfe en buen hora. ¿Qué importa
el cómo, el por qué y el cuándo i"
¿Viene usted de alli f
No tal.
En mi vocación exacto,
he consagrado el entreacto
á la industria mineral.
Visto el triunfo de mi novia,
cuyo escénico prestigio
scrñ de España prodigio
(\HSi\e Cádiz á Beliovia,
olvido las bambalinas,
y con diez cantos disformes
acudo á lomar informes
rn la dirección de minas.
Tras tanto boradar la sierra.
con ia autoridad de Plinio,
solo ba dado el escrutinio
vidrio, pedernal ó tierra.
Ya se ve; como convergen
diversas líneas á un punto...
Mas no fallará el barrunto
deHarlklein, Díngben, Wángben, Bérgben;
y pues no ha sido fecunda
la primera exploración,
con el amigo sajón
practicaré la segunda.
(i Qué debrio!)
Quiera Dios
que lio se aumente el desfalco...
¡Ba!
Sí vuelve usted al palco
iremos juntos los dos.
Sí, señor.
(¡Ente ridículo!)
Mas jab!... Tan pronto no puedo...
Tengo que escribir. Me quedo.
¿Una receta?
Un artículo.
Entiendo: sobre doctrinas
médicas...
No. (¡Error enorme!)
Pidiendo que se reforme
la legislación de minas.
¿Y urge tanto...
I) ^j-i^ Sí. — Yo siento...
(¿Está loco este hombre, ó tonlo')
Pero yo desp;xho pronto.
Soy con usted ai momento.
Allí aguardo.
(i Qué soberbio
nrtículo! j Hum...)
a los pies
(le nsled,
Voy...
(Va se por la izquwrda del foro.)
Hasta después.
(Yéndose por la derecha del foro.)
No olvide usted el proverbio.
ESCENA III
(ROSALÍA.)
¿Es esto un suefio? En verdad
que sería buena boda
la que el huésped me propone;
¡mucho mejor que la otra I
El es todo un caballero;
mil cualidades le abonan;
ílifiere de su rival
como la luz de la sombra...
Mas ¿son moneda corriente
las frases de la lisonja?
¿Habré podido inspirarle
tanto amor en pocas horas?
El afecto con que ya
miro á don Ramón ¿es obra
del amor,... ó solamente
de fina amistad? Yo propia
no sé definir...
ESCENA IV
(ROSALÍA, DON SANDALIO.)
(Saliendo de su cuarto sin ver á Rosalía.)
(El cielo
me inspira; su santa gloria
rae inflama. Vamos...)
jSandalio!
¡Rosalía!... (¡Cuan hermosa!...
Al verla ¡oh Dios! mi razón
vacila, mi fe zozobra.)
(Se estremece,... gesticula...
y al mirarme se sonroja.
¿Qué le ha dado...)
¡Rosalía!...
(¿Qué es esto? ¡Te insurreccionas,
flaco mortal!... ¡No!)
í^os. ¿Estás malo?
¡Aparta!... ¡Misericordia!...
¿Con quién hablas?
Con Satán,
que se vale de tu forma
corporal para tentarme.
¿Cómo!...
En tu cuerpo se aloja;
no lo dudes. ¡Verbum caro...
¡Ba! Tú has perdido la cholla.
Yo no le he dado permiso
para semejante cosa.
Sí, sí; el fuego de tus ojos
es la llama abrasadora
del infierno...
¿Sí? ¡Es posible...
y en esos labios de rosa
entre la miel que destilan
yerve funesta ponzoña.
Ni uno ni otro; que, á Dios gracias,
tengo muy limpia la boca.
¿Te ríes? ¡Yano artificio!
Sin hisopo y sin estola
sabrá mi fé conjurar
tu risa pecaminosa.
Yo...
¡A Dios, fementida Circe!
¡A Dios, sirena traidora!
No tiendas á mi virtud
pérfido lazo...
¡Esta es otra!
Yo no trato...
¡No me mires!
Per(!>...
Huiré...
¿Quién te lo estorba?
No me sigas, j Vade retrol
¡Dale! Es manía...
j Exi foras!
ESCENA V
(ROSALÍA.)
¡Conjurarme como al diablo!
Vaya, me he quedado absorta.
Capaz será ese infeliz
de acudir á la parroquia
en busca de algún presbítero
que me exorcice. ¡Oh 1 la broma
sería un poco pesada.
Pero ¡señor! ¿que estrambótica
locura... Si por mi mal
fuese yo supersticiosa
y mogigata, diría
que le han dado alguna pócima
para turbarle...
(Suena fuerte la campanilla.) ¿Quién llama
con tanta furia? — ¡Carlota! —
Pero ya han abierto.
(Aparece por la puerta del foro doña Hipólita desmayada en un sillón y conducida por Pepe y otro criado.)
ESCENA VI
(ROSALÍA, DOÑA HIPÓLITA, PEPE, CRIADOS.)
¡Cielos!
¡Socorro!
¡Mamá!
A la alcoba...
¡Desmayada!
¡Ay señorita!
(Acude una criada.)
Dejadla aquí.
(¿06' criados ponen en un estremo del teatro el sillón
donde continúa desmayada doña Hipólita,)
Una congoja...
Mejor está al aire libre...
¡Agua! ¡Esencias!
(Vanse los criados corriendo y vuelven un momento después con agua etc.)
¡Queliornia!
No vuelve... ¡Mamá! — ¿Qué ha sido...
Un lio... Una trapisonda...
Ha habido alli la de Dios...
(Al criado que le acompañó.) Ya puedes iite, que ahora
no haces falla.
(El criado saluda y se retira.)
La daremos
agua...
¡Si no abre la boca!
¡Ese pomo!...
(Lo aplica á la nariz de doña Hipólita.)
¡Ay, señorita!...
La policía... La ronda
del alcalde... Una sospresa...
¡Qué gritos! ¡Qué Babilonia!
Uno apaga el candelero;
otro arrebaña las onzas;
quién salta por el balcón
por no caer en chirona;
quién se esconde en la cocina;
otros mas ágiles loman
la puerta; otro se acurruca
entre el balcón y la cómoda;
otro debajo de un catre,
y el esbirro que le acosa
prende, en vez del ciudadano,
las sábanas y la colcha.
¡Jesucristo!... Y las mugeres...
Quiero decir, las señoras...
Los clamores de las viejas
y los dengues de las mozas...
¡Juego aborrecido!
Vamos,
si aquello... Y alü fiuí Troya
cuando el comisario... ¡puin!...
descerrajó una pistola...
¡Virgen del Carmen!
Entonces
el ama cayó redonda.
¿Herida?
No. Ua aceidonte...
Llaman; entro; la acomodan
en ese sillón; me ayuda
el otro; sudando gotas
como el puño la traemos
aqui... y acabó la historia.
j Ño respira! ¡Oh desventura!
¡Ah! el médico...
(Mostrando la izqvierda del foro.) ahí... i Que corra,
que vuele... (Vase Pepe corriendo.)
¡Válgame Dios!...
Es un tronco. — A ver si aílojas
el corsé... ¡Imposible!
(A Pepe, que vuelve.) ¿Viene?
Me ha dicho con mucfia sorna
que vendrá asi (jue concluya
de escribir no sé (jué cosa...
¿Eso ha dicho!
Y que entre tanto
empape usted una esponja
en vinagre y se la aplique...
¡Estamos frescos! ¡Se porta
el doctor!
¡Ay!
Me parece
que vuelve...
¡Ay!
Si; va recobra
el sentido.
¿Dónde estoy?
¡Mamá!
¿No hay quien me socorra?
¡Vandoleros! i Asesinos!
i A pa ríad! — j Venga mi bolsa!...
¡Mamá!
¡Eres tú! ¿Quién... Aqui...
Si; yo soy...
¿Y aquellas hordas...
Ya está usted libre, en los brazos
de su hija cariñosa...
¡Hija de mi alma! ¿No sabes...
i Todo lo sé!
¡Qué deshonra!
¡Qué atropello! ¡Qué trifulca!
Olvide usted...
i Qué derrota!
Vamos; un sorbito de agua...
Dame, sí.
(Bebe.) Basta.
Otra poca.
(Volviendo el vaso á la criada, que se lo dio.)
No; no puedo... ¡Horrible noche!
Blientras mis ojos no rompan
á llorar...
Sí; llore usted.
Las lágrimas desahogan...
(Pujando.)
¡Jum... ¡Ay... ¡Hum... ¡Ay desdichada 1
(Rompe á llorar.)
ESCENA VII
(DOÑA HIPÓLITA, ROSALÍA, PEPE, DON SERAPIO, LA CRIADA.)
Vamos á ver; ¿hay estopa?
La pondremos... ¡Ah! Volvió
del síncope... ¡Bravo! Ahora
es cuando hace falta el médico.
Antes, era inútil.
(¡Oiga!)
¿Y ahora viene usted con esa
ridícuia paradoja?
No tal; cuando paralíticos
los órganos no funcionan
es escusado... Ahora bien;
veamos el pulso... ¡Ah! ¿llora?
Ya está fuera de peligro.
Cuando al párpado se agolpa
el humor ácueo, que el vulgo
llama lágrimas, y brota
en copiosa vena...
(A doña Hipólita, que sigue llorando y sollozando.) Asi!
Llore usted sin ceremonia.
¿Y quién me lo ha de estorbar?
Si, señor; lloro... ¡de cólera í
Bien; todo es llorar.
¡Verdugos!...
¡Ah madre mia!...
Me ahoga
el furor...
No, ¡por la Virgen!
No, mamá; usted se equivoca.
Lloro de arrepentimiento
es ese; ¿verdad? Ya es hora
de que usted se desengañe...
¡Ah!...
Y se cure de esa loca
pasión funesta que tantas
pesadumbres ocasiona.
Sí; ya veo... Ya conozco...
Debo seguir otra norma...
Cuando el llanto restituye
la paz al alma, ¡dichosa
la que lo vierte, mamá!
Una perla es cada gota.
Sí; ya es inútil luchar
con la suerte que me agobia. —
No obstante, si los esbirros —
i malos lobos se los coman! —
no nos sorprenden, quizá
se hubieran vuelto las tornas...
¡Tenia yo mucha fé
en aquel siete de copas!
(Suena un fuerte campanillazo.)
¡Oh! ¡Todavía... ¿Qué es esto?
(A la criada.) Corre á abrir.
¿Será la ronda
que aun aqui, en mi propia casa,
me persigue aterradora?
(Entran don llamón y don Máximo conduciendo desmayada á Facunda, que aparece vestida á la antigua española.)
ESCENA VIII
(DOÑA HIPÓLITA, ROSALÍA, DON SERAPIO, DON RAMÓN, DON MÁXIMO, FACUNDA, PEPE, LA GUIADA.)
¡Pronto! ¡Acercad una silla!
(Colocan á Facunda en otro sillón. Todos acuden á socorrerla.)
j Santo Dios!...
¡Noche fatal!
¿Qué veo! ¡Facunda!... ¡Muerta!...
¡Bien mió!... Ese pomo...
(Lo toma de manos de la criada, y lo aplica á la nariz)
¡Ay!
(Vuelve á desmayarse.)
(Acudiendo á su madre.)
¡Mamá! ¡Diosmio!... Otra vez...
¡Socorro! Acudid... ¡Mamá!
(Mientras cuidan de Facunda don Ramón y don Máximo, Hosalía y los criados asisten d doña Hipólita; el médico pasa de una á otra.)
¿Reincidencia? ¡Malo! Voy...
¿También ella?
¡Agua!
(Pasa Pepe con el agua.)
San Blas!...
¡Las dos á un tiempo!
¡Facunda I
Es mucha complicidad...
Es decir; complicación...
(Parece esto un hospital.)
¡Don Serapio!
Si no vuelven.
tendremos necesidad
de sangrar á aquella... y á esta
la pondremos un sedal. —
(Aplicando el pomo á la nariz de doña llipólila.) jNada! — ¿Qué tiene este pomo?
Tiene esencia de azahar.
Esto no sirve de nada.
¡Facunda!
Es ineficaz.
¡No respira!
Será fuerza
que traigan éter...
No le hay
en casa...
Y en la botica
sin receta no le dan.
¡Ah!...
¡Ya suspira!
¡Ah!...
¡Ya vuelve!
¡Jesús!...
Las dos á la par.
(Madre é hija beben agua, suspiran, se abanican y van volviendo en su conocimiento.) I Dichosa coincidencia!
Pero es cosa natural
que entre dos temperamentos
liomogéneos... Vamos, ya
no hay cuidado.
¿Como!... ¿Don<
Yo estaba...
¡Bien vengas mal
si vienes solo!
(Pasando al lado de su hermana.)
¡Facunda!
Ya se mitiga mi afán.
¿Qué fantasmas me rodean?
¿Qué visiones...
¡Tu papá!
¿No me conoc€s?
¡Mi casa!...
¿Esto es sueño, ó reahdad?
¿No estaba yo en el teatro?
Mi corona... Mi puñal...
¿Qué se han hecho? ¡Ay desdichatla!
Al silbo del huracán
desaparecieron...
¿Silbo?
¡Ay Virgen del Tremedal!
¿Qué apostamos... ¿Se cumplió
mi presagio?
(Se levanta y se acerca á Facunda.)
¿Acaso...
¡Hablad!
(A Rosalía.)
Ya creo que no hacen falta
los criados. Volverán
si es preciso.
Si. — Marchaos.
ESCENA IX
(DOÑA HIPÓLITA, ROSALÍA, FACUNDA, DON RAMÓN, DON MÁXIMO, DON SERAPIO.)
Dígame usted la verdad.
¿La han silbado?
¡Es imposible!
t La aplaudian á rabiar
cuando yo salí...
En efecto;
se captó con su beldad,
su sexo y su juventud
el aprecio universal;
pero una vez animada,
como era muy regular,
al presentarse en la escena
y cuando dijo el final
de su primer relación,
al aplauso popular
siguió un profundo silencio,
que era muy mala señal.
No, por cierto. El interés,
la simpatía...
Quizá. —
Todo iba bien basta entonces;
ó, al menos, no iba muy mal;
pero tantas necedades
empezó á desarrollar
aquel drama tremebundo
en el diálogo y el plan,
y tal exageración
en decir y en accionar
mostraba la nueva actriz...
¿Cómo! Yo...
i Calla! — ¡Oh! Jamas
me engaña á mí el corazón.
Sonaron acá y allá
murmullos de desagrado...
Pero eran contra el galán...
Tal vez. — Con todo, la cosa
hubiera acabado en paz,
ó á lo más con una especie
de corrección fraternal,
si la comisión de aplausos,
obediente al capitán,
no hubiera palmoteado
sin ton ni son y por fas
ó nefas... Cansado el público
de tanta temeridad,
en vano impuso silencio
á la pandilla tenaz,
y ya por todos los ángulos
rugia la tempestad,
cuando ¡ay! en mal hora un prójimo
arrojó con mano audaz «
á los pies de la neófita
una corona triunfal;...
una de lastres... Facunda —
i tentación de Satanás! —
ciñó con ella su frente...
y se acabó la piedad.
i Qué grita. Virgen del Carmen!
j Qué espantoso temporal
de silbidos! — Se suspende
la función. La autoridad
manda bajar la cortina,
y no cesa el guirigay;
<;ae la flama desmayada
en brazos de Mnsta'fá;
bajamos al escenario,
donde á favor de un cordial
la bacemos volver en sí;
el empresario nos da
su coche, pero en el coche
se nos vuelve á desmayar...
Llegamos por fin á casa,
donde, á Dios gracias, ya es(á
sana y salva. Esta es la historia.
No ha habido menos ni más.
(Levantándose airada.)
El público ha sido injusto.
Permita usted que le diga...
y le sedujo la intriga
ó tiene pésimo gusto.
Aquella turba gritona
obró con mala intención.
Solo tenia n razón
los que echaron la corona.
¡Calla, necio pedagogo...
¿La han silbado, ó no?
c;
Pero...
^"niv. ¡Calla!
i Eh! razón es
que tenga algún desahogo.
El primer silbo — ¡oh perfidia! —
salló, bien lo vi, de un banco
de la izquierda. Ha sido blanco
de la mas bárbara envidia.
¡Oh! sin la orden fatal
del siniestro magistrado
¡cuánto hnbiera yo brillado
en la escena del puñal!
También entraba en el pacto
el presidente. ¡Oh traición!
¡Mandar echar el telón
. 1, 'í>
antes de acabarse el acto f
¿Cómo ha de ser! Ten cachaza,
y pues tal suerte nos cupo...
El presidente no supo...
No supo mandar la plaza. —
En fin, justa ó no la grita,
que la ha habido es indudable.
Si; pero...
Déjale que hable.
Cálmese usted, señorita.
Una representación
lio es bastante... En la segunda
verán...
Verán que Facunda
ha errado la vocación.
(Llorando.)
jAh!...
Eso no, que su alma enciende
la llama del genio...
, ¡Ba!
¿Si? Pues entonces, será
que el pueblo no la comprende.
Tal vez.
Y en balde se afana
por lograr, volviendo al potro,
que el pueblo se vuelva otro
de la noche á la mañana. —
A no ser que en el proscenio
humillando la cerviz
sea adrede mala actriz
y prostituya su genio.
j Jamas i Tengo corazón.
i Abrase á mis pies la tumba
primero que yo sucumba
á semejante baldón!
Mañana...
¡Calla, ó te araño!
Después de tantos sonrojos
¿quieres que aun cierre los ojos
a la luz del desengaño?
Dice bien...
¡Fuerte mania!
Cede; por Dios te lo pido.
Tú no has nacido
para el teatro, hija mia.
i Ah mamá!
(Se echa en sus brazos.)
Deja su templo
á otros ídolos.
i Qué prueba!
Ceda usted y i vida nueva! —
Su madre le da el ejemplo.
¿Yo!...
Si; ya renuncia al juego;
ya de hoy mas no compromete
sobre el odioso tapete
salud, caudal y sosiego.
Si; en eso estoy... Sin embargo...
Pecó, sin mala intención,
pero obra ya la razón
y sale de su letargo.
¿Y debo abatirme yo
porque hoy la suerte me aflijo
cuando... Pero ya lo dije:
no jugaré. Se acabó.
(¡Milagro es que ella transija...)
(A Facunda.)
Siga usted tan buena senda,
y pues la madre se enmienda,
no sea menos la hija.
Yo solo quiero su bien,
salga al teatro ó no salga.
En fin, mi voto no valga.
Haga su gusto y amén.
¡Ah padre mió! Ya Dios
en el corazón me toca.
O el púbhco se equivoca,
ó yo yerro; una de dos.
Si soy actriz eminente,
de la eminencia desciendo
en que estoy compareciendo
ante un juez incompetente;
si es el juez con quien batallo
mejor que yo y que la pieza,
ficho bajar la cabeza
y someterme á su fallo.
(Abrazándola.)
¡Oh celeste criatura!
¡Hija!
¡Facunda!
¡Oh portento!
Lso es hablar con talento.
Eso es obrar con cordura.
Usted será mas dichosa,
aunque renuncie al estruendo
de aplausos y vivas, siendo
Ijuena madre y buena esposa. —
Pues supongo que el doctor
no ama menos á Facunda
ni reprueba su coyunda
por un...
¿Cómo! No, señor.
En mis opiniones todas
soy firme como una encina;
trátese de medicina,
de metalurgia, ó de bodas. —
Yo sé, mi bien, lo que vales.
Tu derrota de un momento
te da mas merecimiento
á mis ojos doctorales.
ESCENA X
(DOÑA HIPÓLITA, DON MÁXIMO, ROSALÍA, FACUNDA, DON SERAPIO, DON RAMÓN, PEPE.)
(Dando una carta á Rosalía.)
De parte del señorito
don Sandalio.
¿Para mí?
Sí, señora.
¿Cómo!...
Asi
lo reza en el sobrescrito. (Vase.)
Lee en alta voz.
(Abriendo la carta.) Si haré.
(¿Será algún nuevo exorcismo?
Es tanto su fanatismo...)
(Leyendo.) «Jesús, María y José. —
Mi salvación se interesa
en que nuestro amor concluya:
le absuelvo pues de la tuya
y retiro mi promesa.»
(¡Ah!...)
«El padre Anacleto Uanz,
por especial privilegio,
n^.e ha incorporado al colegio
de San José Calasanz.
Para otros su rayo forje
la guerra; fuera del t*emplo
•otros sigan el ejemplo
de Santiago y de San Jorje.
Entre estos padres benditos
salva mi ánima será
enseñando el Cristos, A
á los pobres parvulitos.»
¡Si digo que está en Belén!
«Y pues seguimos los dos
tan diverso rumbo, ¡á Dios
por siempre, jamas, amén! »
i Amén! He de dar un baile
en albricias...
¿Quién pensara...
(Ya respiro.)
¡Cosa rara!...
¡Un cadete hacerse fraile!
Cuerdo ha sido, pues ha errado
la primera vocación,
en seguir la profesión
para que Dios le ha llamado.
(Mirando á Bosalía.) Mas la que tanto le quiso...
No es razón que ahora pretenda
desviarle de la senda
que le lleva al Paraiso.
(Volviendo.)
Otra carta para don...
¡Otra!
(Dándosela.) Para don Serapio.
ESCENA ÚLTIMA
(DOÑA HIPÓLITA, FACUNDA, ROSALÍA, DON MÁXIMO, DON SERAPIO, DON RAMÓN.)
¿Es también del escolapio?
(Después de abrirla.)
No, señora. Es del sajón. —
Con permiso...
(Después de leer un poco para sí.)
¡Está en Burdeos
y yo le hacia en Madrid!
(Sigue leyendo aparte.)
Arruga el ceño... Advertid...
( ¡Válganme los Macabeos!
¿Por qué hace usted tales muecas?
Huye el malvado y en pos
lleva mi esperanza. ¡A Dios,
tesoro de las Batuecas!
Es nación, y no me pasmo...
¡Y para aumentar mi furia
tras de robarme me injuria!
¡Tras de la estafa el sarcasmo!
¿Quién al ver su parsimonia
diria...
¡Eh! ¡Tantos apuros
por...
¿Qué suma...
i Dos mil duros,...
que no los vale Sajonia!
Bien temí yo que en sus redes...
Pero ¿qué dice la carta?
A ver...
¿Qué sé yo?... Una sarta
de insultos. Oigan ustedes.
(Leyendo.) «No hay tal mina en las Batuecas,
señor don Serapio, no;
aunque mi industria la halló
en usted y otros babiecas;
pero si en el justo precio
quiere usted su acción cambiar,
le enviaré en su lugar...
una patente de necio.» —
¿Qué tal? ¿A un negro de Angola
se le trataría asi?
i Oh! se ha de acordar de mí...
Sí; ¡échale un nudo á la cola!
Le seguiré al fin del globo...
¡Ba!
Sabe Dios cuánto siento...
Sírvale á usted de escarmiento
y otra vez no sea bobo.
¡Maldito sea el sajón,
maldito de Dios, amén!
Don Sorapio, usted también
ba errado la vocación.
Tal vez... Pero ¡qué solapa
de hombre! El me mostró una piedra.
Ya ve usted qué poco medra
con la piqueta y la zapa.
Perdido por esos yermos
ve usted oro en cualquier canto,
y sus cofrades en tanto
le escamotan los enfermos.
i Dice bien!
Sí; usted se funda;
mas si en eso me metí,
fué porque esperaba asi
hacer dichosa á Facunda.
¡Un médico darse á minas!
¿Para qué las quiere usté
mientras el cielo nos dé
fiebres, catarros y anginas?
Es cierto.
Un plan me ha ocurrido
que el bien de todos abraza. —
Vaca en Astorga la plaza
de médico. Es buen partido.
¿Acomoda?...
Si mi bella
Facunda...
ahí mando yo...
No se opone...
¿Sí, ó nó?
Bien.
Pues cuente usted con ella.
(A Facunda.)
Pero ¿accede usted...
Accedo.
Después de aquel accidente
¿qué espero aqui? ¡Que la gente
me señale con el dedo!
AUi en calma celestial,
ostentando mil primores,
liará usted misma las flores
de sn corona... nupcial.
Sus padres, asi lo espero,
y su hermana Rosalía
la irán á hacer compañía.
Sí. I Es tanto lo que la quiero!...
(A don Máximo.)
Máximo, en Madrid zozobra
tu caudal dilapidado;
alli, bien administrado,
con él te basta y te sobra.
Es verdad.
Y si se atiene
con asiduo afán materno
esta señora al gobierno
de su casa...
Asi conviene.
Alli donde no hay tahúres
se excusará muchas penas...
(¡Ah, yo sin jugar!...)
y escenas
como las de hoy.
(¡Sin albures!...)
¿Y cómo paso la vida...
¿No habrá aUi, siquiera, un mal
tresillo...
Sí tal, sí tal.
Yo le haré á usted la partida.
¡Bien! Eso ya es otra cosa.
(Mirando á Rosalía.)
Y si,... de mi amor en premio,...
quiere... admitirme en su f^reniio
esta famila dicljosa... —
Mas si no me alienta un sí.
tomo el camino de Astorga*
Don Ramón, quiefi calla, otorga.-
llal)le esta mano por mí.
(Besándola con entusiasmo.)
¡Oh mi dulce Rosalía!
¡Bien! Mi corazón se alegra...
i Qué gloria! ¡Dos veces suegra
(A Facunda.)
¡Mi bien!
¡Venturoso día!
¡Esa mano, don Ramón!