Acto primero
(Personas: ELENA; RITA; DON FABRICIO; DON DAMIÁN; DON LUIS.)
(Cuarto decente en una fonda. En el foro la alcoba con vidrieras y cortinillas. A la derecha del actor una puerta, que es la más pr óxima á la escalera, y otra á la izquierda, comunicándose ambas con las demás habitaciones y dependencias. Mesa con escribanía, papel, algún periódico y otras cosas que indicará el diálogo; sillas y butacas, una cómoda, dos maletas de viaje, dos sacos de noche, dos sombrereras, dos gabanes; todo en desorden. D. Luis aparece sentado en una butaca, con levita y gorra de camino, aspecto meditabundo y un medallón en la mano. D. Fabricio, ya vestido para visitas, se está poniendo los g-uantes.)
ESCENA PRIMERA
(DON LUIS, DON FABRICIO.)
1 ronto estaré de vuelta. Con la carta
que me dio doña Marta,
madre de la querida de don Pedro,
que es el brazo derecho del ministro,
no sufriré antesala ni registro;
y yo, que no me arredro
por nada de este mundo;
yo, á quien, á falta de otro patrimonio,
plugo á liios otorgar labio facundo,
insinuante mirada y faz serena,
de antemano me doy la enhorabuena.
Reemplazaré al difunto Don Sempronio
en la secretaría que codicio.
Eh?
(D. Luis, sin interrumpir sus meditaciones, inclina la cabeza en señal de asentimiento.) Proveamos antes la petaca...
(Saca la suya y la llena de cigarros, tomándolos de
un cajón que habrá sobre la mesa.)
Mis libros quemo yo si á tu Fabricio
no ves muy pronto en zancos.—
Si tanto lo deseo, es solamente
por no serte gravoso. — En los estancos
no se compra este género excelente.
Encenderemos uno...
(Enciende el cigarro, tomando un fósforo de una.:t
ja que los contiene.)
Mas ¿qué diantre...
No me atiendes...
Sí tal.
Nada te saca
de tu meditación y tu butaca.
Contemplando ese dije le embelesas,
te arrobas...
(Madre miar)
(Ni por esas!)
Luis!
Fabricio!...
Qué tienes? ¿Qué secreto
ocultas al mejor de tus amigos?
Secreto! No.
(Sentándose en otra butaca.)
Aquí estamos sin testigos...
Habla.
No hago misterio...
¿Es lo que miras
retrato, lignum Crucis, amuleto...
Recuerdos de la infancia... oh Dios!.
Suspiras!
Ya creo haberte dicho
que se trató mi boda con Elena
siendo niños los dos.
Sí. Qué capricho!
Nuestros padres...
Mayor extravagancia...
¿Qué entienden del amor y sus placeres,
qué del santo himeneo y sus percances
dos párvulos que están en la lactancia?
Cierto: en llegando á hombres y mujeres
pueden mudar de cara y gusto y genio;
pero de ambas familias fué convenio
el unir á las tiernas criaturas
presagiando á este lazo mil venturas.
La amistad de los padres era estrecha
y ya de larga fecha.
Novio y novia presuntos,
en casas una de otra medianera,
mamamos casi juntos,
si bien se considera,
pues de su edad la mia
sólo cuatro ó cinco años excedía.
Y aun dio más consistencia á este proyecto
un terrible accidente. El aire infecto
con los miasmas del tifus icteródes,
vulgo fiebre amarilla, su influencia
fulminó en Veracruz, que residencia
de ambas familias era, y nuevo Heródes
se cebó en la niñez. La fiebre insana
sobre Elena sentó la horrible huella:
yo, que la amaba como á tierna hermana,
no permití que me apartasen de ella.
De la peste el. mortífero contagio
iba ya á unirnos en la tumba fría.
Su madre entonces y la madre mia
por nosotros imploran el sufragio
de la Madre de Dios, nuestra Señora,
ante la imagen santa
que Guadalupe adora;
y en su divino escudo
el dardo emponzoñado se quebranta,
y ya de realizar el casto nudo
se hizo formal y mística promesa
viendo salir ilesa
á la infantil pareja de las garras
de la muerte cruel, y..., no te rias!
el mutuo sí nos dimos, y las arras
fueron...
Arras también? (Qué tonterías!)
Dos medallones, ambos con la estampa
de la Virgen Santísima...
Ya escampa!
Que cambiamos...
Admire el universo
coyunda tan precoz.
Calla y concluyo.
Y para dar más fuerza á aquel contrato
se bordó de uno y otro en el reverso, —
mira aquí, — (Le enseña el relicario.)
con mi pelo y con el suyo
la cifra de los novios.
(Mentecato!)
(Dejando el medallón sobre la mesa.j
Es, pues, sobre la mutua simpatía,
cuestión de honra, y acaso de conciencia,
la boda á que me llama mi hidalguía.
Vaya por Oíos! (Oh candida inocencia!)
Dejó e! vómito negro
pocos meses después viudo á mi suegro,
y entonces, ay! para mayor desgracia,
como allí, pobres gentes!
son las revoluciones tan frecuentes,
una, venciendo á todas en audacia,
le hizo, como á otros muchos extranjeros,
temer los desafueros
de aquella turbulenta democracia.
Sus fondos realizó, vendió sus fincas
y dio á los Montezumas y á los Incas
eterno adiós. Mi padre,
aunque español también, más respetado
por ser nacida en Méjico mi madre,
allí permaneció mal de su grado;
mas no entibió la ausencia
su continua y cordial correspondencia.
Huérfano de ambos yo, solo en el mundo
hace ya un año, á tan infausto suelo
nada ya me apegaba, y mi profundo
dolor sólo esperaba algún consuelo
entre los brazos de la esposa bella
que me predestinó feliz estrella.
Si lo juzgas así, la fé te salva;
mas después de veinte años, ¿no ha podido
la raquitis gibar su talle erguido?
¿No pudiera ser calva,
ó atormentarla con perpetua crisis
la epilepsia, el histérico ó la tisis?
No. De salud rebosa y de hermosura:
así me lo asegura
don Alvaro Menéses,
corresponsal del tio gaditano,
que al arribar al puerto hace dos meses
se apoderó de mí...
Sublime tio!
Á él le debí, por ser su tertuliano,
la dicha de llamarte amigo mió.
En su casa, oh mi Luis! se reprodujo,
y sin duelos, ni lágrimas, ni pestes,
el sideral influjo
de que hablabas poco há. Predestinados
sin duda como Pílades y Oréstes
fuimos ambos á dos por nuestros hados
para ofrecer al mundo otro modelo
de entrañable amistad.
(Apretándole la mano.) Caro Fabricio!
Como á hermano, y gemelo,
mi alma te amaba ya desde ab initio,
á guisa de Marcilla el de Teruel
que amaba antes del parto á su Isabel.
Es decir, antes que su madre...
ja:is Entiendo.
Yo también simpatizo... (Algo exajera
tal vez, mas creo en su amistad sincera )
Pero ¿no es cosa singular, volviendo
.al consabido enlace,
que llegado á Madrid seis dias hace,
cuando hiciste al siguiente
la visita nupcial con tanto gusto,
le hallases sin el padre y sin la hija,
porque ambos de repente
á Alicante mudaron la balija?
No lo tomé á desaire, ni era justo.
Tenerlos con cuidado no queria,
y no fijé de mi llegada el dia.
Y en carta de su pluma
don Damián dejó escrito que negocios
de su comercio y de importancia suma
le obligaban, llamado por sus socios,
á emprender aquel viaje con urgencia,
y que sería breve nuestra ausencia.
En buen hora. Más pronto se despacha
viéndose que por cartas un asunto
urgente y grave; pero yo pregunto:
por qué también llevarse á la muchacha?
Es su delicia, es su mayor tesoro,
y además el decoro
no permitía...
Bien, punto y aparte.
Cuando tú, que con ella has de casarte,
dices amén á todo...
No me guia
loca pasión, no ciega idolatría,
sino...
Ya, el tifus, la reliquia, el voto..
Y aun tengo otra razón para que roto
por mí no sea el pacto.
Cuál?
Mi delicadeza.
Sí? Alma noble!
Á dos millones su caudal asciende...
Cáspita!
Si mi cómputo es exacto,
y el mió es más de doble.
Nuestro siglo esa lógica no entiende
(absurda, necia!), pero yo la alabo...
(Tanto millón, y yo sin un ochavo!)
(Levantándose y también D. Fabricio.)
Mas no ha de ser la boda puñalada
de picaro. Tal vez enamorada
esté de otro la cónyuge, ó fracase
por otra causa el plan, y no me case.
Y á decirte verdad, vago deseo
de que no se realice ese himeneo
me asalta al recordar la gracia, el brio
de aquella mascarita, aquella charra
que me robó en Oriente el albedrio.
Como! Aun te acuerdas de ella? ¿Así desbarra
por quien su cara esconde un hombre cuerdo?
Fué Aquella,
con deleite lo recuerdo, —
la hora más feliz de mi existencia.
Qué talle! ¡qué turgencia
en sus formas! qué mano! qué despejo!
¡Cuál fascinaba el fúlgido reflejo
de sus ojos!... Al resto de la cara
¿cómo negar naturaleza avara
la misma perfección, el propio encanto?
No fia en ella quien la encubre tanto.
Era público el baile, y-una dama
por no arriesgar su fama...
Dama! Quién te asegura que lo sea?
Su discreción, su porte...
Como de esos petardos da la corte!
No, no me engaña el corazón: ni es fea
ni vulgar.
Camarada,
si te estará también predestinada?
No diré tanto; mas llegar en martes
de Carnaval, cerrada ya la noche,
y ocurrirme, al oir por todas partes
bulliciosa algazara...
¡Quién, no obstante el cansancio, me inspi-
sino un ángel, la idea
de ir al Teatro Real...
(Es un badea.)
¿Quién, di, sino el influjo
de algún signo...
El de Géminis, sin duda.
Á la luz de aquel astro me condujo
que me abrasó de amor...
Cual mariposa
que en torno del candil ó la bujía...
feries!
Pues ¿no quieres que me ría?
Si entonces se ocultaba melindrosa.
¿no prometió que en breve
sin la máscara aleve
}a verías?
Sí. Ay, triste!
Para darte la cita suspirada
¿no tomó bien las señas que le diste?
Sí: esta fonda, y el nombre, — tuve miedo
de revelar el mío, —
de don Félix...
Don Félix de Toledo...
Cierto.
Digno galán de una tapada.
Calderón te inspiró. (Qué desvarío!)
Mas te quedaste en la primer jornada,
pues ba pasado la semana entera
sin dar señal de vida
la sílfide becbicera.
Ah! si. Ilusión mentida!
Ergo la charra es desdentada ó roma,
ó todo ba sido pasatiempo y broma.
Tienes razón.
Pero ello importa un bledo,
pues otra...
Ob! Sí, mi Elena encantandora.
Ella sola merece...
ESCENA II
(DON LUIS, DON FABRICIO, UN CRIADO.)
Una señora
pregunta por don Félix de Toledo...
Oiga!
Ella es!
Y como usted me dijo
que ese nombre...
Sí, sí. (Qué regocijo!)
Que entre.
Echado á la cara
trae el velo, y desea...
(Cosa rara!)
Que á solas...
(Tomando el sombrero )
Sí? Me voy ¡ior la otra puerta.
(El Criado se va por la puerta de la derecha. )
Sí: vete...
Bravo! albricias!; pero ¡alerta!
(Vise por la puerta de la izquierda.)
ESCENA III
(DON LUIS, RITA.)
Tanta ventura! Ella misma,
ella en persona...
(Examinando á Rita, que entra.) (rara, III. (No es ella!)
Estamos solos?
Sí estamos.
(Ofreciendo á Rita una butaca.) Ruego á usted...
No: estoy de priesa.
Usted quizá...
(Es otro Upo.)
Recordando aquella oferta
formal, si algo puede haber
formal en Carnestolendas,
y no viéndola cumplida,
habrá formado una idea
desfavorable...
No tal.
De aquella charra encubierta
que tanto dulce piropo
oyó con benevolencia.
Nada de eso...
Habrá usted dicho
que es una insigne embustera...
No...
Frivola como todas
y como todas coqueta.
Yo juro...
Ahora bien, yo espero
que, viendo entrar por sus puertas
el bien que tanto anhelaba,
depondrá ruines sospechas...
Oh! jsi digo que...
Y dará
al César lo que es del César.
Sin duda; pero...
Yo soy...
¡Cómo... (Es garbosa y no lerda,
pero...)
(En un potro le tengo.)
(Pero no hay tanta nobleza
en su porte, ni su talle...)
Eh? (Cómo me brujulea!)
¿Duda usted...
No... Sí... No sé...
Mas ya es justo que, sin nieblas
y celajes envidiosos,
para mí el sol amanezca.
Cierto, un dia la carátula,
otro el velo... ¿Usted desea
que le alce?
Oh! sí, sí...
En buen hora;
que no presumo de bella,
mas no por mostrar la cara
se me caerá de vergüenza.
(Se alza el velo.) yué tal?
Linda es en efecto.
Gracias.
(Pero...)
Pasadera.
(Yo dudo...)
Sea usted franco,
y confiese que no es esta,
sino otra más expresiva
y-
Yo... Sí...
Y menos plebeya
la que le habia pintado
su fantasía.
Si es fuerza
confesar...
Ensanche usted
ese corazón, y sepa
que así me parezco yo
á aquella charra hechicera
como el guijarro al diamante
y como el yeso á la perla.
Qué oigo! (Bien decia yo...)
¿Usted...
Soy su mensajera,
nada más.
Pero donosa
en extremo, y ya quisieran
muchas damas parecerse...
Gracias por tanta fineza.
Me crié en buenos pañales,
pero la fortuna adversa
me reduce...
Es mucha lástima
que... Y, dime...
(Ya me tutea!)
Qué te ha dicho tu señora?
¿Cómo en sacarme de penas
ha tardado tanto? ¿quién
lo ha impedido? ha estado enferma?
es libre?... Quiero decir,
¿puedo aspirar, sin ofensa
de la moral, á su amor?
En resumen, ¿es soltera,
es viuda, es casada...
¿Es pobre,
ó rica? es rubia, ó morena?
es dormilona, ó madruga?
qué come? cómo se peina?...
Siga el interrogatorio.
Perdona si mi impaciencia...
Es muy natural. Pues bien,
mi señorita está buena,
gracias á Dios; y pues digo
señorita, ya se deja
entender que es del estado
honesto. En cuanto á sus prendas,
son tales, que harto hará usted
si consigue merecerlas.
Si oíros.méritos me faltan,
acaso la fe sincera
de mi alma..
Además muy pronto
ha de quedar satisfecha
la curiosidad de usted,
pues de parte de la bella
le cito, llamo y emplazo
para esta noche...
¡Oh suprema
dicha!
Sí, al anochecer.
Iré...
Calle de la Greda,
número...
(Dándole un papel.) Pero aquí traigo
escritas todas las señas
para que usted no se olvide...
Olvidarme? No lo temas.
Una cita, eh? me parece
que vale por cien respuestas.
Oh! sí.
Mas de recibirla
no saque usted consecuencias
temerarias.
No por cierto.
Pura es como una azucena
mi señorita.
¿Quién duda...
Y ¿podré sin que te ofendas
darte en albricias...
Palabra
de respetarla y quererla.
Soy hombre de honor.
Lo creo.
Pero, además, si me hicieras
el obsequio de tomar
este anillo...,
(Quitándoselo del dedo.) débil muestra
de mi...
(impidiéndolo.)
No; guárdelo usted.
Yo...
De ninguna manera.
Tu servicio...
Sirvo á mi ama,
y liberal me lo premia.
Yo aspiro á su mano...
Y yo
deseo que usted la obtenga.
Entonces podré aceptar
mercedes que hoy sin afrenta
no podria recibir.
(¡Extraña delicadeza
en una criada!) Bien;
mas sin gravar tu conciencia
creo...
No más! (Guapo mozo!
Harían buena pareja...)
Conque á la oración...
Sí.
Abur.
Yo estaré de centinela.
ESCENA IV
(La veré! Ya resucita la muerta esperanza. Oh júbilo! Mi charra me da una cita! ¡Que venga Fabricio ahora á injuriarte con sus sátiras, mascarita seductora! — Perfumado está el papel, más que del aroma exótico que el teudero puso en él, de aquella mano preciosa que trazó tan dulces cláusulas con sus deditos de rosa. Letra diminuta v bella... Aunque sin nombre ni rúbrica, es de ella, no hay duda, es de ella! Guardemos este tesoro.)
(Guarda el papel en el bolsillo del costado de la levita.)
(¡Oh si estuviera tan próxima la deidad á quien adoro! Sí, debe de ser divina en lo moral y en lo físico mi charra Salamanquina. Su doncella lo asegura, y no haria el panegírico de su virtud y hermosura, á no tener certidumbre de que he de quedarme extático cuando aquel astro me alumbre; que para que una mujer de otra reconozca el mérito, muy alto debe de ser. Linda es también y discreta, y siendo lindo el satélite, ay! ¿cómo será el planeta!)
ESCENA V
(DON LUIS, DON FABRICIO.)
(En la puerta.)
(Parece que ya está solo.)
Se puede entrar?
Sí. Oh ventura!
Oh fatalidad!
Me cita...
Mis esperanzas se frustran.
Soy feliz!
¡Soy miserable
juguete de la fortuna!
¿Qué me dices!
El empleo
se ha provisto en un don Lúeas
Zarra... No sé... Un apellido
qu e hiere al que lo pronuncia.
Condenación!... No hizo efecto
la carta. Sin duda alguna,
desde anoche acá rifó
el don Pedro con la Úrsula;
ello es que al leer la epístola
se horripila, refunfuña...,
y aun jurara que entre dientes
murmuró «¡maldita bruja!...»
Pobre Fabricio!
¡Qué estrella
lamia!
Eh! por qué te apuras?
Dios mejorará tus horas,
y pues sabes que yo nunca
te he de abandonar...
(Apretándole la mano.) Luis mió!
¡Prototipo y non plus ultra
de la amistad! — Mas vivir
á expensas de otro es tortura
que... Yo... Mi delicadeza...
Me haces, Fabricio, una injuria...
Sí: perdóname. Ya sé
que entre amigos... Conque, en suma,
la charra ha cumplido...
Ah! sí.
Y en efecto ¿es su hermosura
tal como tú...
Lo supongo.
Qué! ¿todavía se oculta...
No es ella la que ha venido,
sino una criada suya.
Ba, ba!
La veré esta noche.
Tapada también ó á oscuras?
No...
Sólo esquivan la luz
las feas y las lechuzas.
No; la he de ver sin tapujos,
y si hoy no salgo de dudas
no vuelvo á pensar en ella;
que de mí nadie se burla.
Mas no; la cita es formal,
y el gozo que el alma inunda...
(Vuelve el Criado con una carta, que entrega á Don Luis, y se retira en seguida.)
Carta.
Para mí?
(Mirando el sello.) Es de Cád¡Z.
(Abriéndola.) Del tio don Diego Onmbia
Será. (Lee para sí.)
(¡Birlarme un destino
tan momio un... Turris-ebúrnea!—-
¿Dónde tenderé mis redes
ahora?)
Cielos!
Qué?
Escucha.
(Leyendo.) «Muy señor mió: Mi pobre
amo..»— Me escribe el ayuda
de cámara. — «está desde ayer
postrado e:i cama con una
fiebre nerviosa y maligna
que los médicos reputan
mortal. Dios haga un milagro
y nos saque de esta angustia;
pero temo que si usted
á venir no se apresura,
sin el consuelo de verle
baje á la paz de la tumba.» —
No más! Volaré.
¿Es posible!
¡Un hombre de contextura
tan fuerte...
(Mirando su reloj, que estará sobre la mesa, y guar-
dándolo enseguida)
La« diez y cuarto.
¡Pronto á poner cuatro mudas
en la maleta!
(Abie los cajones de la cómoda y ayudado de Don
Fabricio arregla una de las dos maletai.)
Á las once
sale el tren; así lo anuncia
el cartel...
Tiempo liay de sobra.
Muchacho!
(El tío es un Fúcar.
Qué suerte!) El frac negro?
Sí.
No te vayas sin pecunia.
(Tomando dinero en oro de un cajón de la mesa,
poniendo parte de él en un bolsillo de camino, y
dejando el resto sobre la misma mesa.)
No.
Señor...
Un coche; pronto!
(Váse el criado.) Para el gasto de la ruta
basta: ahí queda para el tuyo.
No; con menos... — Se espeluzna
un hombre cuando conlempla
lo frágil... Esas babuchas...
(Entra en la alcoba y sale al momento con unos borceguíes que da á D. Luis: estese los calza.)
Ah! los borceguíes...
. Toma.
Escríbeme desde Andújar,
ó antes.
Sí, sí — La cartera.
(Toma una de las dos que habrá sobre la mesa y la guarda.) Cigarros.
(No deja viuda
ni hijos... Oh!) Pobre don Diego!
Ya estará en la sepultura
lal vez.
(Llena de ellc-s la petaca, y la guarda también.)
No lo quiera Dios;
mas no tendría disculpa
mi demora...
Más cigarros,
querido Luis; que se fuma
mucho yendo de camino.
(Envuelve un puñado de cigarros en un papel, y
pone el paquete en la maleta.)
Triste sobre importuna
es la causa de mi viaje;
pero me ama con ternura
de padre...
Cierto; y en tí
toda su hacienda, que es mucha,
recae...
Eso es lo de menos.
Con todo, siempre estimula
una herencia, y fuera chasco
que otros con doblez y astucia
le arrancasen in articulo
mortis... Se pone la funda?
Para qué?
Otro testamento.
Viva cien años y cumpla
su voluntad. Pero, haber
de ausentarme con premura
cuando esta noche esperaba...
Eh! déjate de tontunas.
No hay mal que por bien no venga.
Ah!
En dichosa coyuntura
quizá ha venido esa carta
á librarte de las uñas
de...
Calla, calla, blasfemo!
No fio en aves nocturnas. —
Cierro?
Sí.
(D. Fabricio cierra la maleta y da la llave á Don Luis.) Á bien que mi ausencia
será corta. — Ah! si pregunta
por mí, si acaso...
Descuida. —
Fresco como una lechuga
irás con esa levita.
Ya los pájaros barruntan
con sus gorjeos las auras
de primavera fecunda,
y yendo á Cádiz, ya ves...
Con todo, será cordura
llevar el gabán. Las noches
son frias en Marzo y húmedas.
(Toma el ¡jaban de sobre un mueble y lo pone enri-
ma de la maleta. Vuelve el Criado.)
El coche.
Ah!
Carga con eso,
y acomódelo tu industria
dentro ó fuera...
(Levantando la carga.)
Dentro irá;
que esto es pecata minuta.
Pues echa á andar: ya te sigo.
(Apretando la mano de D. Fabricio.) Adiós... Ah! si mi futura
vuelve antes que yo...
No temas:
yo puedo explicar tu fuga
más satisfactoriamente
acaso que ella la suya.
ESCENA VI
(DON FABRICIO.)
Es un bendito; eso si;
mas la fortuna cruel
madre es siempre para él
y madrastra para mí.
No espero salir un dia
del déficit que me apremia
aunque acabe una epidemia
con toda mi dinastía.
Él ya es un Creso — qué mundo! —
y lo es su tio estafermo;
y ¡cátele usted enfermo,
cátele usted moribundo!
No hay duda, en un dos por tres
espicha el viejo, y se mama
Luis... Esto es lo que se llama
haber nacido de pies. —
Mas no me da tanta grima
mi situación, pues consigo
que tea mi tierno amigo,
y el queá buen árbol se anima...
Ah! divido la sombrerera...
Pero ¿quién le alcanza ya..
En Cádiz se proveerá...
Cielos, también la cartera!
Por lo visto, se llevó
la mia. Estaban aqui
las dos, y azorado... Sí.
Bueno ba estado el quid pro quól
(Abre y registra la cartera.) Veamos. Su pasaporte...
Bien; á él le abrirá camino
la cédula de vecino
que á mí me trajo á la corte.
Á una persona decente
su buen aspecto la abona
sin probar que su persona
es ella... personalmente;
y e;i fin, toda lo bace franco
el oro... ¡Ay de los pobretes
que si? i él.. V esto? Billetes...
Sí, billetes son del Banco.
Anteayer cobró, me acuerdo,
unas letras... Qué descuido!
incurrir en tal olvido!
Ser rico un hombre tan lerdo!—
Contaré...
(Cuenta para sí ) Aquí están seguros,
pero... Me da cada brinco
el corazón... Veinticinco
de á cuatro... Cinco mil duros!
(Mirando á la cómoda y abriendo en seguida los ca jones.) ¿Quién sabe si allí también...
Con el viaje perentorio
y la cita y el casorio
su cabeza era un belén. —
Aquí, nada. —Más abajo,
tampoco. Á ver el de arriba? —
Se me pega la saliva
al paladar. — Un legajo...
Sin duda algún documento
de familia.
(Desata la cinta que sujeta los papeles y lee en la cubierta.) ¿Á ver aquí
qué dice? — «Títulos»... Sí,
«Títulos del tres por ciento!)' —
Cómo salta el corazón!
Nunca sentí igual transporte...
Abajo dice: «Su importe
nominal, medio millón.»
(Pasando á la mesa, extendiendo en ella los títulos y examinándolos.) Pernos por primera vez
dulce pábulo á los ojos.
Hola, estos son de los rojos!
Dos, cuatro, seis, ocho, diez... —
¡Con frágil papel ser rico
un hombre!— Estos de distintas
series y diversas tintan
completan sin duda el pico.
Quinientos mil nominales,
que dan quince mil de renta,
ó vendidos á cuarenta,
diez mil duritos cabales.
Y en la cartera otros cinco,
sin el oro que hay aquí. —
Cste quedó para mí
y engastarle no delinco. —
(Guarda el oro ) .Mas los billetes de Banco,
los títulos... No, noquiero
tomarlos... Horror! Primero
quisiera quedarme manco. —
Sin embargo, la ocasión
me brinda... En un santiamén
puedo... ¿Qué miro! Tambie"
se ha dejado el medallón. —
Mal la tentación resisto
de suplantarle. Veinte años
lia, desde que eran tamaños,
(Baja la mano hasta marcar la estatura de un niño
de corta edad.)
novio y novia no se han visto. —
Viajando él ya con mi nombre
deja el suyo á mi servicio:
llámese Luis ó Fabricio,
alguien hade ser un hombre;
si trocamos el papel,
culpa es suya, mia no,
y pues él quiso ser yo,
por fuerza yo he de ser él. —
V ella estará pronto aquí,
si no es que ha venido ya:
él... lo menos tardará
quince ó veinte dias... Sí. —
Del caudal que ahora le tomo
fácil me será el reintegro
cuando me case; que el suegro
es hombre de tomo y lomo.
El que se ahoga se agarra
á un clavo ardiendo... Mi amigo
delira — yo soy testigo —
por la consabida charra...
No falto al deber estricto.
déla amistad: al contrario;
salgo yo de perdulario,
y á él le saco de un conflicto.
(Se queda meditabundo.)
ESCENA VII
(DON FABRICIO, DON DAMIÁN.)
(Á la puerta.)
(Este es el número. Entremos.)
(Acercándose.) Caballero...
Ab!... Servidor...
¿Vive aquí Don Luis Martínez
de Barahona...
(Ah!) Yo soy.
(Esto es hecho.)
(Con los brazos abiertos.)
Caro Luis!
¿Quién...
Damián Quiroga.
(Abrazándole.) Oh Dios!
Suegro adorado!... Es decir...
Tendré esa satisfacción
en breve.
lEl mejor amigo
de papá! ¡la nata y flor
del comercio mejicano!
Sí, sí, aunque el tiempo veloz
haya arrugado esa frente
venerable, viendo estoy
la noble fisonomía
que en mi tierno corazón
quedó impresa.
Oh Luis querido!
También recordaba yo...
Y á fe, no has cambiado mucho...
Oiga!
Más gruesa la voz...
Es natural... (Qué sandez!)
Pero te pareces hoy
más que entonces á tu padre.
Si? (¿Será posible... No.
Mi madre no estuvo en Méjico.)
¿Cuándo (Es un santo varón.)
han llegado ustedes...
Esta
madrugada. En mi reloj
eran las cuatro y minutos.
¡Y venir con tanto sol...
Jesús! Bastaba un recado...
¿Y á qué fonda ó parador
dirigirlo? En tu tarjeta...
¡Mí... (Sí, la que Luis dejó.)
No dejaste señas...
Fué
involuntaria omisión.
Por fin, después de rodar
buen rato...
Sí? ¡Votoá bríos...
Te hallo aquí.
i anta molestia
por mí!
Vengo en mi lando.
Ah ¡(Lando!)
Mi vivo anhelo
de verte...
Mil gracias do v
á usted... Y mi Elena hermosa?
La dejo en su tocador.
Hilas, ya ves tú...
Sí; en ellas
no es la movilización
tan fácil.
Extrañarás
que, esperándote los dos,
emprendiésemos un viaje
tan repentino y tan...
Oh!
yo respeto...
Me llamaban
á Alicante y Benidorm
asuntos de mi comercio.
Eso...
Una especulación
lucrativa... (Virgen santa!)
Sí?
Un cargamento de arroz...
(No sé qué decir.) Urgia...
Se hizo negocio?
(Gran Dios!)
Sí; en dos horas seis talegas.
Cáspita! Ganancia atroz!
Lo que tardó en embarcar
mi mercancía el vapor
que la condujo á Trieste.
(Perdón, Dios mió, perdón!)
Vítor!— ¿Cuándo podré ver
á la prenda de mi amor?
Cuaado quieras, hijo mió
Tan larga separación!...
; Dichoso yo si, prohada
cual la mia en el crisol
de amarga ausencia, la i;1
me guarda con tal candor
jurada!
Toda su gloria
funda en tan plácida unión.
Lo creo. Fuerza seria
tener un alma feroz
para ser ingrata al homhre
que ni un momento olvidó...
Ah! en prueba de mi (irmuza,
(Tomando el relicario y mostrándolo a O. Damián.) he aqui el santo medallón...
Grata memoria!
Lo estaba
contemplando con fervor
cuando usted...
También Elena
lo conserva. ¿Y cómo no,
si entrambos al pié del ara...
¡Que en breve el Sumo Hacedor
bendiga nuestra coyunda,
pues hemos nacido ad hoc\
Recoge pues tu equipaje,
y á casa con él.
Señor!...
No hay excusa. Preparada
tienes ya tu habitación.
Iré.
Calle de Alcalá...
Ya sabes.
Sí.
io no voy
contigo, porque en el Banco
he de cobrar un talón...
(¡Bravo!) Sí?
Be ocho mil duros.
(Hum! voy á ser un milord
con este hombre.)
Iré después
á la Bolsa...
(Tiburón!)
Á propósito de Bolsa...
(La echaré de hombre de pro también.) Los treses..., que tal?
Bajó la cotización
ayer...
Diablo!
Y cada dia
será la baja mayor. —
Tienes papel?.
Poca cosa.
(Mostrando los títulos.) Vea usted... Medio millón.
(Los vuelve á poner en la cubierta que tenían.)
(Ab!... Con él puedo salir
del compromiso en que estoy.)
Debes deshacerte de él.
¿Cree usted...
Sin dilación:
yo voy á hacer otro tanto
con el mió.
Pero, yo
no conozco aquí...
Si quieres
darme á mí la comisión...
(Si muestro desconfianza,
sospechará...) Sí, señor.
Lo comprarías en Cádiz...
Sí.
Cuándo?
Hace un mes.
Subió
después...; pero... Á treinta y nueve?
Justamente. (Salvo error.)
Muy bien. Aun puedes ganar,
si lo negociamos hoy,
medio por ciento.
De veras?
(Sentándose á la mesa.)
Pura tu satisfacción
voy á extender un resguardo...
Resguardo á mí? Qué rubor!
Jamás...
No tomo los títulos
si el recibo no te doy.
Pero si...
Somos mortales...
(Oh angustia!) y manda el honor...
(Y yo me atrevo á invocarlo!)
Sí, los hombres de buró
siempre son escrupulosos
en punto á cuenta y razón;
pero...
Basta. (Sigue escribiendo.)
No replico.
(Qué hombre! Es justo como Lot.
Esa cabeza de apóstol
previene ya en su favor,
y es una infamia engañarle...
Mas siendo tan bonachón
me perdonará.)
(Sufriendo
estoy cruel torcedor;
pero ¿cómo confesarle
mi crítica situación?
Cubierto ya mi pasivo,
sólo él será mi acreedor,
y si Dios oye mis ruegos...)
(Levantándose después de haber firmado.) Toma.
(Da el recibo á D. Fabricio y toma los títulos.)
Bien. (Toma el recibo.)
(Mirando su reloj.) Ya es tarde...
(Abrazándole de nuevo.) AfllOS.
ESCENA VIII
(DON FABRICIO.)
Es alhaja el clon Damián
que como padre me alberga,
y en la bursátil monserga
un coloso, un leviatan.
Soy vivo, astuto, galán,
de la ¡¡lírica sé los trotes,
y empero con tales dotes
la de la novia coger,
saliendo en breve, oh placer!
de galeras y de azotes.
Demos que no sea tanto
•I caudal de la futura
corno á mí se me figura
y al criollo á quien suplanto;
«lio es que, haya ó no quebranto,
don Damián, arrastra coche,
y es bobada que reproche
tan brillante matrimonio
quien tiene 'por patrimonio
aj! sólo el dia y la noche.
¿Quién á la fortuna escupe
si se entra en su domicilio?
(Tomando el medallón y poniéndosele al cuello.) Ah! Me prestará su auxilio
la Virgen de Guadalupe.
Va que concebirlo supe,
no he de renunciar cobarde
a tan bello plan. Alarde
haré de amor — soy yo tonto? —,
y |.o inspiraré, y por pronto
que venga Luis, será tarde.
(Poniéndose el sombrero.) Voy... Tantos dias amargos!...
Ya es tiempo... 0!i cartera!... Adentro!
(Lu guarda en el bolsillo del frac.)
Justamente ya me encuentro
vestido de tiros largos. —
Qmciencia!, no me bagas cargos.
Que de este ó del otro modo
busque un pobre su acomodí,
no es un delito tan grave
que... No, señor! — V ¿quién sabe
si... En fin, á Roma por todo!
(Váse por la derecha.)
Acto segundo
(Jardín con árboles. Á la derecha, la fachada interior de la casa)
Damián, con puerta sobre algunas gradas: á la izquier-
(da, tapia con verja; bancos de piedra en el proscenio.)
ESCENA PRIMERA
(ELENA, RITA.)
Á otra, no á mí, pudieran
parecer esos elogios
exagerados, y haria
traición al alma mi rostro
si me esforzase á ocultar
el placer con que los oigo.
Desde que, por dicha mia,
ó para mi eterno lloro,
llevada de ajeno impulso,
no de voluntario antojo,
vi á don Félix en el baile,
le erigió el amor un trono
en este pecho. Animada
vi con inefable gozo
aquella ideal figura
del hombre que para esposo
pide á Dios cada doncella.
Si ilusión fué de mis ojos,
no osó la fria razón
desmentirla; antes su apoyo
les dio, con harta justicia,
cuando habiéndome obsequioso
me mostró el desconocido
tal discreción, tal decoro,
allí donde el más mirado
propende á ser licencioso..
Ya es de inferir que, aun tapada,
le inspiré yo, no sé cómo,
¿i no amor, curiosidad,
predilección... De otro modo
no hubiera habido ocasión
para aquel dulce coloquio.
Tal vez, no debo negarlo,
don Félix tuvo en su abono
mi oposición instintiva
á un malhadado consorcio,
para el cual mi voluntad
de mujer se tiene en poco,
y en más. de lo que permite.
el buen sentido los votos
de dos niños, que no obramos
por convencimiento propio,
sino por vi a de juego
y dóciles, como monos
de muelle, á lo que se quiso.
que quisiéramos nosotros.
Confesaré sin embargo
que, aunque nada en mi desdoro
consentiré, no debí
prestarme á trato amoroso
con un hombre cuyo estado
y circunstancias ignoro;
y aun hubiera desistido
de mí halagüeño propósito
por poco que al presentarse
me hubiera agradado el novio;
pero, ay Rita! es antipático,
petulante, de mal tono,
y cuanto más se afanaba
en prodigarme piropos,
con menos benevolencia,
por no decir con más odio,
le miraba yo y le oía.
Acaso á ese pobre mozo
no bago yo justicia, acaso
sea elegante y donoso
para quien pueda mirarle
sin prevención; pero ¿cómo,
cuando con él le comparo,
no preferir á mi incógnito?
Ni creo errar, cuando tú,
cuyo buen gusto es notorio,
confirmas el mió.
Oh! Sí,
lo confirmo y corroboro;
y á fe, en el lugar de usted,
ya hubiera enviado al rollo
á don Luis, salvo el respeto
debido á aquel protocolo
antiguo que estipuló
tan ridículo cnsorio,
y á los santos relicarios
que en fianza y testimonio
cambiaron los contrayentes
cuando eran tiernos pimpollos.
Para tanto no he tenido
valor. Mi padre está chocho
por Luis...
Él no ha de cargar
con la cruz del matrimonio,
sino usted..
No ha de faltarme
algún pretexto especioso
para dar largas...
Qué largas?
Espetarle un nó redondo
y santas pascuas. Yo estoy
por los remedios heroicos.
Siempre hay lugar para esox
y si de otra suerte logro
mi objeto...
Rien...
Entre tanto
iré conociendo al otro...
En buen hora.
Escfiüvaré
cuanto pueda parlatorios
con don Luis.
Será imposible.
Él la ama á usted como un loco,
papá le apoya...
Ay de mí!
Y sólo de ese negocio
hablarán los dos. Ya extraño
cómo no ha vuelto el criollo...
Fué á disponer la mudanza
de su equipaje, y. tan pronto
no espero que...
Pronto viene
lo que ha de darnos enojo,
por tarde que venga.
Ay! sí.
Y no valen circunloquios
con un pretendiente necio
ni andar virando de bordo. —
Pero, aun entrando en materia
y sin rezarle un responso,-
con las artes y los dengues
de que hacen todas acopio
para un lance, cualquier dama
fatiga y aburre al prójimo.
Oh! sí, es idea excelente
y con el alma la acojo.
Á fuerza de impertinencias
haré que, si no es un tonto
de capirote..
(Aparece por la puerta de la casa D. Fabricio )
Ahí está.
(Hace ademan de retirarse)
(En voz baja.)
Quieta! No nos dejes solos.
ESCENA II
(ELENA, RITA, DON FABRICIO.)
Con el más vivo interés,
prenda mia, cara Elena,
juro de nuevo á tus pies
el amor queme enajena.
Eso es poner en un tris
la fama de una mujer...
Cómo!...
Y me admira, don Luis,
tan extraño proceder.
¡Extraño, y en breve plazo,
aunque largo á mi deseo,
con indisoluble lazo
nos ba de unir Himeneo!
Mientras no pronuncia el sí...
(Melindrosita es la bella.)
No se conculcan así
los fueros de una doncella.
(Oiga!) Yo nada conculco.
Saludar tierno á su esposa,
ni en Madrid ni en Acapulco
es acción pecaminosa.
Antes obtiene permiso
quien se precia de galán.
No lo juzgué tan. preciso
teniendo el de don Damián.
Sana ba sido mi intención...
(Qué huraña y qué recoleta!)
Dame un bilí de absolución
si he faltado á la etiqueta.
Y tutearme también!
Así te hablé cuando niño.
¿Por qué esquivar con desden
el lenguaje del cariño?
¿Olvida usted lo que va
de aquella fecha á esta fecha?
La niña de entonces...
(Bal)
Va es mujer hecha y derecha.
Por eso con más placer
en tutearla reincido;
que al fin, sobre ser mujer,
yo voy á ser su marido.
Si yo...
iMas; según las trazas,
deseas romper el pacto...
Yo no...
Y darme calabazas...
Yo... nunca...
Pues me retracto-.
Ya veo que sólo es obra
del pudor ese desvío.
Es natural la zozobra
en vísperas de...
(Dios mió!)
Y siempre un testigo empacha...
Eh?
No.
En una conferencia
que...
No!
Pero esa muchacha
tendrá la condescendencia...
(Á Elena.)
Si usted me lo manda...
No!
No te apartes de mi lado.
En buen hora. No iba yo
á hacer ningún atentado.
(Sacando del bolsillo un estuche.) Á menos que... (Mal empiezo.)
tal se juzgue el presentar
á mi novia este aderezo...
Virgen santa del Pilar!
¿Qué escucho! ¿Hay algo de malo,
en regalar...
Sí, señor.
Pero, Elena...
Ese regalo
es un ultraje á mi honor.
Cómo!...
Ardiendo está mi cara
de rubor..
Sé lo que vales,
pero yo...
Usted me equipara
á esas mujeres venales...
No tal.
Sin delicadeza,
sin religión, sin orgullo...
Oh'
Que hacen de su belleza
tráfico vil...
(Me aturrullo.)
Si yo...
Tiran Dios! No es así
como yo el amor concibo.
Usted, hombre baladí,
sólo ve lo positivo.
¿Cómo tus rayos no vibras,
oh cielo!...
óyeme con calma.
Usted me ha herido en las fibras
mas sensitivas del alma.
Señorita!
(Aparte con Rita.) ~ Qué tal?
Bravo!
Pero ¿quién, señora, quién
trata...
Oh mundo inicuo y pravo
Pravo!... (Pedante también?)
Guarde usted su don funesto.
Lo haré si, aunque no te injurio
con él, sirve de pretesto
para excusar tu perjurio.
Perjurio!
Sí; y es inútil
meterlo todo á barato
y por motivo tan fúlil
tocar tu honor á rebato.
Di de una vez que el olvido
de tu fe te importa un bledo...
Yo...
Pero ten entendido
que yo no me mamo el dedo.
Qué lenguaje, santo Dios!
Y echaré tacos y ternos
si... Mas veo que los dos
no podemos entendernos;
y pues rebelde la hija
no quiere entrar en razón,
fuerza es que del padre exija
la justa satisfacción.
(Aparte con Elena.) Ánimo! Es llegado ya
el momento. Duro en él!
No, que temo á mi papá!
Adiós!..
(Fingiéndose muy conmovida hasta prorumpir luego
en lágrimas y sollozos.)
Ingrato! cruel!
Ah! ¿Qué escucho!..
¡Así comprendes
de una virgen la modestia!
Yo..
¡Limitarme pretendes
al instinto de la bestia!
No, hermosa.— Oh Dios! ese llanto...
Ah!
(Es maestra!)
Ay! ah!..
Sollozas!
Y te halaga mi quebranto!
Ah!.. Y en mi angustia te gozas!
(Se deja caer en un banco.)
Ño! Perdóname, te ruego...
Hombre atroz! Se pone mala...
(Á Elena.) Traigo espíritu de espliego?
Diantre!... Si yo...
Calaguala?
(Interrumpiéndose con sollozos.)
No... No...
¿Si saldrá verdad
lo de la epilepsia?
(Mostrándose algo más serena.)
¡Oh Dios
de justicia y de bondad,
juzgadme y juzgadle vos!
Perdona. A lus pies me postro...
(impidiéndoselo.)
No! Ya calmándose va...
(En voz baja á Elena.) Serene usíed ese rostro;
que oigo la voz de papá.
(Levantándose y dando un fuerte y prolongado sus-
piro.)
Ah!
(Es gaita...) Estás más tranquila?
Sí... Los nervios... Cualquier cosa
me crispa...
(Ay, ay!)
Me horripila...
Pero no soy rencorosa.
ESCENA III
(ELENA, RITA, DON FABRICIO, DON DAMIÁN.)
Los dos mano á mano... Bien!
Yo... papá!...
No te sonrojes.
Elena...
Yo estaba aquí
retirada entre estas flores...
Pues, y él ha venido aechártelas.
Lo aplaudo.
Sin otro móvil
que un casto amor, he traspuesto
por ella mares y montes,
y es natural...
Quién lo duda?
Pronto has de ser su consorte...
Elena... tal vez...
Papá,-
pemítame usted... Si come
Luis en casa...
Es claro.
Tengo
que tornar disposiciones...
Bien, jí...
Con permiso...
Mucho
Sentiré que se incomode
por mí...
No tal. Lo ordinario...
Que ponga á la nieve Jorge
dos botellas de champaña...
Bien.
Y que sirva á los postres
aquel rico malvasía
que me enviaron de Londres.
(A Rita, dirigiéndose á la casa después de saludar
con una cortesía á D. Fabricio )
Ah, Rita! Pide á tu santa
que me liberte de ese hombre.
ESCENA IV
(DON FABRICIO, DON DAMIÁN.)
(Principia á oscurecerse el teatro gradualmente.)
Qué tal? ¿Has reconocido
en Elena las facciones
de aquella donosa niña
á quien, prematuro Adonis,
entre juegos infantiles
decías tiernos amores?
Si, señor. En la' figura
poco discrepa del croquis
(Poniendo la mano en la frente) que aquí esculpió mi cariño
como en lámina de bronce,
si bien á par que en belleza
crecido en las dimensiones;
pero en la parte moral
advierto, — usted me perdone,
algo de... No sé... De extraño..
Cómo!...
Quizá me equivoque
por mi forzosa ignorancia
de los usos de esta corte;
pero, sea que no llene
sus ojos mi coram-vóbis,
ó su criterio y el mió
estén un tanto discordes...;
ello es que huraña, vidriosa,
trémula como el azogue,
más parecia que estaba
en presencia de algún cómitre
que en la mia. Á sus pidos
eran groseras y torpes
mis púdicas alabanzas;
quiero explicarme, no me oye,
y no hay medio de atajar
el tumultuoso redoble
de lágrimas y sollozos,
de gritos é imprecaciones
con que me abruma y me aturde
y me saca de mis goznes.
¿Qué me cuentas! No es posible.
¡Si es la muchacha más dócil
y más amable... Tal vez
en tu amoroso transporte
le hayas dicho, sin pensarlo,
algo que no esté en el orden.
Juro...
F^ns mozos queréis
llevarlo todo á galope...
Pero...
No es justo exigir
de una pudorosa joven
que diga á un hombre te adoro
antes que en el ara otorgue
el sí anhelado.
En buen hora;
pero conservando incólume
su honra, ha podido mostrarse
menos hostil, más conforme...
Pues, qué! te niega su mano?
No, al contrario...
Pues entonces,
¿qué importan dengues de niña
ni que se turbe y se azore
temiendo y ansiando á un tiempo
el yugo á que se dispone?
Loque más la lia exasperado
es, para que usted se asombre,
(Mostrando el aderezo.) este presente nupcial
que osé..
Ya comprendo. ¡Pobre
Luis!...
Lo 'rehusó iracunda
y se empeñó, vélis, nolis,
en que quería comprarla
con aprnbio de su nombre.
f Riendo.)
.lá, já.. Es no vale un pilo.
Ha sido un error...
Enorme!
Mas lo debes aplaudir
porque acredita su noble
delicadeza...
Tal vez...
Deja esas cavilaciones.
Yo mediaré, y tú verás"
cómo todo se compone
al momento. Te aseguro
que dulce como el arrope
será la que hoy tan esquiva,
apenas el sacerdote
os bendiga. — Y ha de ser
pronto.
Si ella no se opone...
Qué se ha de oponer? Mañana
los esponsales.
(Demontre!...)
Por mí, no hay inconveniente.
Ni por ella. En cuanto al dote..
No ¡■e hable de eso.
Será...
(Esta.es la piedra de toque.)
Sin el ajuar, que no es bobo,
medio millón.
(Ya soy procer!)
Jesús! Me avergüenza usted...
Y propongo que lo cobres
e¡i tres plazos: el primero...
Yo...
Luego que te desposes;
el segundo para ferias...
Ob! por los santos apóstoles,
no más...
Y el tercero en pascua.
Eh! que sean tres ó doce
los ¡lazos, no importa un níspero,
ni el cómo, el cuándo y el dónde. —
Conque por pascua el tercero?
y ¿cual? La de Pentecostés?
No. La que sigue á las ferias
es la de...
Estamos acordes,
(Lo cumpliré si merezco
que el cielo no me abandone.)
Estoes por abora.
Basta!
(Siempre guardará en el cofre
tres veces más.)
Claro está
que, siendo mi única prole
Elena, vuestro ha de ser
todo cuando Dios me borre
de la lista de los vivos.
Ba! Espero que usted lo goce
luengos años. No que no!
Pues ¡si está usted hecho un roble!
Mi práctica en el comercio
y mis buenas relaciones
contribuirán á que aumentes
tu capital, ya te asocies
conmigo (Si lo lograra!...),
ya...
Sí; usted será m¡norte.
Ah! ya he vendido tus títulos;
pero á plazo.
Sí?
Al catorce
del próximo mes. Así
ganamos, sobre el importe
que hoy tienen, uno por ciento
Cinco mil reales de un golpe!
Y ¿es de fiar la persona...
Oh! es uno de los prohombres
del gremio.
Ya.
En todo caso,
mi pagaré te responde...
No lo decia por... Vaya!
¡Líbreme el cielo..,
ESCENA V
(DON DAMIÁN, DON FABRICIO, RITA.)
Señores,
la sopa está ya en la mesa.
Vamos...
(Tomándole el brazo.) Deja que me apoye...
Si tal, con mucho placer.
(Patronos mios San Cosme
y San Damián, protegedme!)
Se habrá aplacado la cónyuge?
Oh! sí.
Con ella y usted
seré Félix in atroque.
(Entran en la casa.)
ESCENA VI
(Simpatizan, por lo visto, el don Damián v el don Luis. Si ellos hubieran de ser, contra toda ley civil y divina, los consortes, no habría más qué pedir; pero el caso es que á la novia no le hace el novio tilin, y cuando hay antipatía entre la primera actriz y el primer galán, siquiera sea el tal un querubín, ó al santo yugo no deben doblar juntos la cerviz, ó de la nupcial comedia trágico ha de ser el fui. Á ser yo la 'contrayente, no con un cómico ardid, como Elena, sino echando por el más breve carril hubiera salido ya del conflicto en que la vi. Vale más y cuesta menos ponerse como el carmín una vez sola, que veinte del color del perejil, y aunque un nó, que al cabo tiene las mismas letras que un sí, de algún casero chubasco sea la causa motriz, ¿no es peor con la otra sílaba á la faz de Dios mentir, y que al bendecir la boda pierda el cura su lalin, y una misma se condene desde su florido Abril á ser en odioso lazo perpetuamente infeliz? Y auto en favor si la niña de quien se dispone así está enamurada ya de otro mancebo gentil. — Pero son las seis y media, v no le veo venir. Esto me da mala espina. Si, á pesar de aquel barniz de hidalguía, fuese el tal don Félix un galopín... Oh! no es creíble... Y aun siéndolo, ¿qué pierde con acudir á la cita de una hermosa en perfumado pensil un galán?)
ESCENA VII
(RITA, DON LUIS.)
(Si son exactas las señas,
este es sin duda el jardín...)
Le abriremos... ¿Es usted
el señor don Félix...
Sí.
(Abre Rita la verja y entra D. Luis.)
Bien venido.
Aunque la luz
deja apenas distinguir
las facciones, reconozco
á la mensajera en ti
que esta mañana...
La misma.
V el divino serafín
de este paraíso ¿dónde...
Ah! tal vez, fortuna vil!
llego demasiado tarde,
y ella, quejosa de mí...
No....
Más pronto no he podido
mi vivo anhelo cumplir.
Aun tendrá usted que esperar
paseando por ahí...
Comiendo están todavía.
Iré...
No. Egoísta y ruin
fuera yo si... Hasta los ángeles,
si la tierra es su país,
comen.
Cierto. Los oficios
se han retardado lioy aquí
por cierto accidente...
Grave?
Sí.
Infausto?
Ta! vez.
Ali!
Chit!
Uime...
Hay moros en la costa,
Moros!
Sí, otro paladín...
Ella será más explícita.
Yo la voy á prevenir...
Bien; la esperaré... (Ojo alerta!
Cosas cuentan de Madrid
que...)
En tanto, al soplo del céfiro
recree usted la nariz
con el voluptuoso aroma
de violeta y alhelí.
ESCENA VIII
(Noche cerrada. D. LUIS. ¡Emprender un largo viaje, y, sin ser ciego ni estólido, irme, dejando la mía, con la cartera del prójimo! Mas la nueva inesperada me hizo salir como un prófu go, y la obligación de deudo, complicada con el tósigo de renunciar á una cita á que me brindaba pródigo el amor, y el compromiso de mis padres que, aunque postumo, digámoslo así, me arrastra, involuntario neófito, á las aras de Himeneo con esa Elena, depósito quizá de las malas mañas de la que en siglos recónditos causó la ruina de Troya; fueron causa de que atónito, aturdido, atropellado hiciese aquel despropósito. Cuando lo advertí ya estaba á cuatro ó cinco kilómetros de la corte. Por fortuna, en esos llanos monótonos de la Mancha, junto á un pueblo que suprimen los geógrafos, averías del carril detuvieron á los ómnibus. Preciso fué dar al tren un movimiento retrógrado, ó hacer noche toledana en paraje tan incómodo. Celebrando no viajar contra mi gusto y seudónimo, no he parado hasta Madrid, y amante más que gastrónomo, sin detenerme á aplacar los clamores del estómago, sin ir á casa siquiera á vestirme como el código previene; en un mal simón construido en tiempo de Rómulo, que por cierto no ha podido pasar del número próximo, porque calle sin obstáculos es ya en Madrid un fenómeno, al dulce reclamo acudo, sacando, á fuer de lilósofo, de mi forzado regreso el más favorable horóscopo.)
(Aparece Elena á la puerta interior adelantándose con precaución hacia la verja.)
(Pero aquel bulto es sin duda mi charra, el latir insólito del corazón me lo dice.. Acerquémonos... ¡Qué lóbrego está el jardin! — Si no salgo de aquí satisfecho y próspero, doy una higa á las máscaras y no vuelvo á hacer pronósticos.)
ESCENA IX
(DON LUIS, ELENA.)
Señor don Félix...
(Acercándose.) YO SOy.
Temblando vengo.
¿Qué escucho!
Yo...
Mucho me arriesgo, mucho
con este paso que doy.
De la mesa me levanto
fingiendo tener jaqueca...
¿Quién no absuelve al que así peca
por amor...
No digo tanto.
¿Luego á un ligero capricho
debo sólo agradecer,
señorita, este placer...
Eso... tampoco lo he dicho.
Amistad sencilla y pura
por lo menos acredita
la que concurre á una cita
en que su honra aventura. —
Digo mal, la honra no;
que arrepentirme no espero
de fiarla á un caballero,
y además la;0o yo.
Mas puedo incurrir — ¡tirana
ley que oprime á las mujeres! —
sin faltar á mis deberes
en la nota de liviana;
y aunque en otra ley me fundo,
la de la necesidad,
no bastará ser verdad
para que lo crea el mundo.
Ya me mires como amigo,
ya como amante, los dos
somos aquí el mundo, y Dios
á un tiempo el juez y el testigo.
Presumo de qué linaje
es tu apuro, charra bella.
Ya lo insinuó la doncella,
aunque en ambiguo lenguaje.
Dijo: Hay moros en la costa...
Sí; un novio que no me agrada,
y papá quiere...
Ahí es nada!
Que me case por la posta.
Malo es tener un rival
si nos ha de echar del nido,
pero verle aborrecido
es la gloria celestial.
También en igual conflicto
quisieron ponerme á mí;
mas de amor sólo por ti
estoy confeso y convicto.
Á la mutua simpatía
de dos corazones tiernos
se une pues para querernos
la razón de analogía.
Si á un yugo que no nos plugo
nos rebelamos los dos,
claro está que quiere Dios
uncirnos al mismo yugo. —
Pero, insensato! qué digo?
De amigo el nombre me das
solamente, y algo más
quiero yo que ser tu amigo.
No porque yo me contente
con que el señor de Toledo
lo sea; que más no puedo
exigir honestamente,
oigo con admiración
ese más. Ah! ¿necesito
demostrar, pues le repito,
que es grato á mi corazón?
Sin comprometer su nombre,
¿acaso puede tener,
don Félix, una mujer
el desenfado de un hombre?
Depuesta al primer reclamo
la modestia, que es su egida,
no ha de decir derretida:
«Dulce bien mió, yo te amo.»
¿Podré sin ser temerario,
ángel de primera clase!
tomar acta de esa frase?
(Estilo parlamentario.)
Oh! por qué apremiarme así?
Con el traje de las charras
y la careta de marras,
qué me dirias?
Que sí.
De ti misma serás cisma
si ahora me dices que no.
Sí, porque la charra y yo
somos al cabo... una misma,
y si mentir á una bella
la carátula consiente,
la que con ella no miente...
menos mentirá sin ella.
Bien haya esa boca, amén,
y el donoso regateo
con que así alternar te veo
el favor con el desden.
Digna serás, no lo dudo,
de la mano que te ofrezco.
Yo no sé si la merezco,
caballero linajudo.
No te piques. Yo no...
Pero
cuando muestra mía mujer
tanta fe, bien puede hacer
otro tanto un caballero.
Aun es más ciega la mia,
señora, si se repara
que usted me ha visto la cara...
Bien, y ¿qué...
Y yo todavía...
No oculto la mia ahora
Pero es de noche, y arjuí
no hay luz ni astro que... Aun así
me parece encantadora.
Es favor que usted...
No obstante
crecerá mi admiración
cuando... Ah! ¿para cuándo son
los fósforos de Cascante?
(Saca una caja de ellos y enciende uno.)
Qué hace usted?
¡Oh maravilla
de la creación!
Si alguno...
Bendigo á Dios trino y uno
que...
Apague usted la cerilla.
Que tal formó. Esto es maná,
esto...
La cerilla es corta...
No se queme usted...
Qué importa?
Harto abrasado estoy ya.
(Acercándose más.) Qué boca! ¡qué...
Cepos quedos!
Permíteme.. Aun no te he visto
bien...
(Dando un repullo y soltando el cabito de la cerilto Huy!)
No lo dije?
El misto
se me ha apagado en los dedos.
Jesús! Agua...
Para esto?
Ba! es buena mi encarnadura.
Más me duele y más me apura
la oscuridad... Otro al puesto.
(Enciende otra cerilla.)
No, no! Si viene y nos pilla
papá... Oigo pasos...
Ten pecho...
(Elena apaga de un soplo la cerilla.) ¡Oh qué linda mueca has hecho
para apagar la cerilla!
ESCENA X
(ELENA, DON LUIS, RITA.)
No hay cuidado: estoy yo en vela.
Los dos se han marchado ya,
á sus negocios papá
y el huésped á la Zarzuela.
Ya no ha menester socorro,
les dije, la señorita;
pasó aquello y, pobrecita!
duerme ya como un cachorro.
Con esto se fué tranquilo
el amo y yo respiré.
Jesús! mientras no se fué
el alma tuve en un hilo.
Gracias. Qué lista! qué brava!
Siga pues plácido y tierno,
pero que no sea eterno,
el peladero de pava.
ESCENA XI
Sí; pudiera de improviso
volver á casa papá...
Por lo menos tardará
media hora...
No; es preciso...
Bien, pronto me iré, alma mía,
pero ya que esta'nos juntos,
tratemos nuestros asuntos...,
siquiera en taquigrafía.
¿Es razón que yo no sepa,
próximo á pasar la barra,
si es el nombre de mi charra
Juana, Celestina, ó Pepa?
Laura.
Nombre seductor!
(Por precaución le reservo...)
(El seudónimo conservo
hasta informarme mejor...)
Ahora bien, Laura preciosa,
tuyo soy... Pero permite
que otra vez me despepite
por ver tu cara de rosa.
(Enciende una cerilla, que reemplaza con otras, sin
dar lugar á que ninguna llegue á consumirse.)
Bien, pero sin ejemplar.
¡Qué linda eres y qué ufano
estaré... Dame esa mano.
No.
De esposa.
En el altar.
Qué rigor!
Y aun antes de eso
hay mucho que hablar.
¿Me niegas...
No quiero casarme á ciegas.
Ni exijo... (Es moza de seso,
¡y yo suspicaz, rchacio...
Me remuerde la conciencia...)
Juro...
Es tarde. En otra audiencia
hablaremos más despacio.
Cuándo?
Mañana á las once.
Ya me doy mil parabienes...
Si en lo dicho te mantienes...
Excedo en firmeza al bronce.
Dónde?
Aquí saldrá á tu encuentro
Rita, y á tu hidalga fe
confiada, te hablaré...
Aquí mismo?
No: allí dentro.
Oh gozo!
¿Osará tu lengua
pedir mi mano á papá,
aunque prometida ya...
Esa duda es en mi mengua.
La pediré, y serás mia,
pese al mundo y al abismo, —
y si quieres que ahora mismo
te lleve ala vicaría...
No urge tanto.
Poco cuesta...
Esa llama... ¡Es mucho cuento
lo que dura!
La alimento...
Es otro fuego de Vesta?
(Coa la mano en el pecho )
Aun más perene arde aquí.
Soplaré otra vez...
Me allano,
pero me has de dar la mano.
Qué porfiar!
Ea,sí!
No es más tutearme?
Cómo!
¿Yo... Labio que así desbarra
es sin duda el de la charra;
mió, no; ni por asomo.
Pues ya que ella es más bizarra,
la mano á mi charra pido;
no á Laura.
Sí? Concedido.
(Le dá la mano: él la besa con fervor soltando ánteS el fósforo.)
Bendita sea mi charra!
ESCENA XII
(ELENA, DON LUIS, RITA.)
El amo!
(Soltando la mano de D. Luis.)
Ah!
No más holgorio.
(¡Maldito...)
(Enciende otro fósforo.)
Ay desventurada!
Qué ha dicho?
Hasta ahora nada.
Ha entrado en el escritorio...
Pero dentro de un instante
puede...
(Andando hacia la casa.)
Sí.
(Á D. Luis que la sigue.) Adiós!
¿Ya te vas!
Tire usted con rnil y más
la cerilla de Cascante.
(Lo hace D. Luis.)
(Besando la mano á Elena.)
Adiós!
(Á Elena.) Corra usted..
(vacilando.) Ay, Rita!..
(Á D. Luis, separándole de Elena.)
Largo usted! No se haga el tonto...
(Después de dar algunos pasos más.)
Adiós!...
A la cama pronto;
que está usted delicadita.
ESCENA XIII
(DON LUIS, RITA.)
(Siguiendo á Elena con otro fósforo que ha encendido.)
Oh Laura!
(Laura?)
(Cogiendo de la mano á D. Luis y conduciéndole á la verja.) Alto ahí!
Tú quieres que me sumerja
en un mar...
Ea, á la verja!
á la calle! Por aquí.
¡Cuando estábamos los dos
tan á gusto...
(Abriendo la verja.)
Ya lo infiero. (Empujándole.
Buenas noches, caballero.
(Ya en la calle.)
Ablir. Ah!... (Desaparece.)
(Cerrando la verja.)
Gracias á Dios!
(Corre á lo interior de la casa.)
FiJN L)KL ACTO SEGUNDO.
4CT0 TERCERO.
Sala interior en casa de D. Damián, amueblada con lujo. Puerta
en el foro y detras un pasillo, guiando por la derecha á las
habitaciones y escalera que miran á la calle de Alcalá, y por la
izquierda á las que dan al jardin, ó á la calle de la Greda:
otra puerta en la derecha del escenario, que es la del cuarto
de Elena, y otra enfrente, que es la del despacho de D. Da-
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(ELENA, RITA.)
Qué poco valor!
Se acerca,
Rita, el momento terrible.
Terrible momento? Cuál?
Quiere papá que se firmen
á las doce los contratos.
Eso no vale un ardite
Si tiene usted fortaleza
para salir de la crisis,
al amparo de la ley
que á la mujer hace libre
para elegir un tirano,
ya que de él nunca se exime.
Don Félix vendrá á las once,
y cuando asome su triste
figura por esa puerta
el notario, y pluma en ristre
se prepare á autorizar
un nudo que amor resiste,
ya, de acuerdo con un novio
más grato y más admisible,
podrá usted impunemente
dejar al criollo insigne
y al notario y al papá
con un palmo de narices.
Fiar á un desconocido
mi honor... Jamás!
Quién lo dice?
Mas él probará, lo espero,
que merece por sus timbres
ser preferido á don Luis.
Mientras no los acredite
manténgase usted en guardia;
que fuera locura y crimen
lo contrario; pero en tanto,
pues la competencia admite,
sin temor de que á su fama
baya quien ponga una tilde,
¿qué se pierde en que con él,
dejando vanos melindres,
se presente usted resuelta
á su papá y á ese títere...
Primero, pues queda tiempo,
será justo que me explique
con mi padre...
Rueño y santo,
si usted se mantiene firme
siquiera en no consentir
ese enlace aborrecible;
pero temo que, sumisa
como una cordera humilde...
No temas; sabré... Ya sale.
Déjanos...
(Aparece D. Damián por la puerta de la izquierda.)
(Yéndose por el foro.)
.(Dios la ilumine.)
ESCENA II
(ELENA, DON DAMIÁN.)
;No ha subido todavía
Luis?
Yo no sé...
¡Y aun estás
con ese modesto traje
cuando sabes que vendrán
el notario y los testigos...
Es que... No hay necesidad...
Linda eres de todos modos,
mas peca contra el ritual
la que en acto tan solemne
no luce sus galas...
Ay!
¿Qué oigo! Suspiras...
¡Señor
Qué es eso? ¿Otra vez te dá
la jaqueca?
No...
Pues ¿cómo
tan mustia...
Señor!...
Y tan...
Más que de boda, parece
que estás de duelo.
Quizá...
Eh? Señorita, conmigo
los dengues están de más.
Mi palabra está empeñada...
Cierto.
Y la tuya.
Es verdad!
Y no hay razón ni pretexto
para volvernos atrás.
Yo...
Y si tú de semejante
perfidia fueses capaz,
mi indignación...
No quisiera
á mi buen padre irritar,
pero...
Qué es eso de pero?
Yo, señor...
¿Qué peros hay
contra una boda...
Brillante...
Vaya!
Ventajosa, mas...
¿Tiene alguna tacha el novio
ni física ni moral
que le haga desmerecer
tu estimación, tu...
Papá!...
Un mozo de (ales prendas,
y millonario además...
No le disputo su mérito,
pero... yo...
¿De cuándo acá
hace ascos una doncella
á la coyunda nupcial?
Señor!...
¿Es el matrimonio
alguna calamidad?
Puede...
¿Acaso te pusieron
en el pecho algún puñal
cuando prometiste un dia...
Era yo menor de edad.
Lo eras hace un año? un mes?
¿Lo eras, sin ir mas allá,
ayer mismo?
Si he callado
por temor, por humildad,
ya...
Acaba.
No puedo menos...
No lo tome usted á mal...
Oh! Basta de reticencias.
Si yo diese en el altar
un sí que el alma repugna...
Qué?
Sería criminal.
Ba, ba!
Sería infeliz!
Bobada!... Pues le darás.
¿Se rompe así como quiera
un contrato tan formal,
lan antiguo... ¿Qué diría
mi buen amigo don Juan
si abora alzase la cabeza?
Tal vez...
Su hijo ¿qué dirá?
Así se desaira á un hombre
que con amoroso afán,
liado en tu fé y la mía,
atraviesa todo un mar
para honrarte con su mano,
que tú desprecias audaz?
(De rodillas.)
Perdóneme usted!
No! ¿Sabes
que nos puede demandar...
(Levantándose.)
Villano sería...
¿Qué oigo!
Si acudiese á un juez de paz
con demanda tan ridicula.
Corazón que no se da
libremente, no se gana
por sentencia judicial,
y desde ayer ha podido
don Luis, sin ser muy sagaz,
comprender que en el de Elena
no reina ni reinará.
Temeraria!... Mas ¿qué causa
que no alcanzo.. ¿Algún rival..
Fuerza es decirlo: amo á otro.
¿Y te atreves...
Dias ha
que un caballero...
(Gran Dios!)
Cautivó mi voluntad.
Quién, pérfida? ¿Cuándo... ¿Dónde.
El martes de Carnaval.
¡Nunca te hubiera yo dado
licencia... ¿Y ya es un volcan
amor de tan pocos dias?
¡Y contraer tan fatal
inclinación en las máscaras,
donde tiende Satanás
tantos lazos al pudor,
donde...
Él iba sin disfraz.
Y le conocías de antes?
No, pero...
Otra necedad!
Y en fin, quién es? quién?
Don Félix
de Toledo.
¿Militar,
sin duda?
Creo que no.
Ignoras su calidad,
según eso.
Distinguida
debe de ser...
¡Voto á san...
Conque, en suma, ¿sólo sabes
que es don Fulano de tal?
¿Y no pudiera, insensata,
ser un drope, un perillán,
aunque diga que desciende
de Rodrigo de Vivar?
¿Y acaso son caballeros
todos los que llevan frac?
Él probará que lo es,
si tiene usted la bondad
deoirle.
No: es excusado...
Pero, señor...
No ha lugar.
Tu mano ya tiene dueño,
y aunque sea ese galán
de lance archiduque de Austria
no se la daré jamás.
Ni yo aceptaré, aunque sepa
rail tormentos arrostrar,
la de don Luis.
Insolente!
La defensa es natural,
y cuando el ruego es inútil...
Cierra ese labio procaz,
hija rebelde..., hija ingrata!
Pues osé ya, á mi pesar,
resistir, una vez sola
en mi vida, al paternal
dominio; que no hablaría,
señor, con tal libertad
si comprometiese menos
que honra y alma; no podrá
nadie en el mundo arrancarme
un sí cobarde y falaz.
Basta; gózate en tu triunfo;
mas breve el gozo será,
si escarnecer no deseas
sin conciencia y sin piedad
los vínculos más sagrados.
¡Qué, señor...
Pero sí harás;
que á quien rompe su palabra
sin temor del qué dirán,
á quien de ciega pasión,
que la debe avergonzar,
se deja arrastrar así,
muy poco le importará
que sea mi deshonor
precio de su liviandad.
¿Qué oigo!
Sí, desventurada!
Confiado en don Beltran,
cuyo crédito era inmenso,
y de cuya probidad
tenía yo tantas pruebas,
de todo mi capital
le permití disponer
para una empresa de gran
porvenir... Ah! de tal modo
supo el traidor ponderar
sus ventajas, que, no obstante
mi pericia comercial,
caí en el lazo, y faltaba
á mi crédula amistad
el tiempo, ay, Dios! para abrirle
mis arcas de par en par.
Ya las habia vaciado
para él, y desleal
aun giraba contra mí
una gruesa cantidad,
cuando supe que fallido
se refugió en Gibraltar.
De nuestro rápido viaje
esta fué, sábelo ya,
la causa, que te oculté
porgue no quise aumentar
con tu amargura la mia.
Tarde llegué! El tribunal
reconoció mi derecbo;
pero ¿de dónde cobrar
si, prófugo el delincuente
y astuto como rapaz,
niüncas deja ni efectos
ni en su caja un solo real?
Oh padre m¡0! (Le abraza.)
Ahora bien,
¡■i al que nos puede salvar
de la ruina y del oprobio
echamos de nuestro umbral,
¿qué refugio, qué esperanza
nos queda?
Dios oirá
mis humildes ruegos, y otro
camino acaso...
Otro! Cuál?
¿Será el iris que serene
tan deshecha tempestad
ese amante aventurero
de quien tan ufana estás?
En vez de aprontarle el dote,
que es, quién lo duda? el imán
que le atrae, imploraremos
llorando su caridad?
Ah! no. Mas don Luis no debe
nuestra desgracia ignorar.
Yo...
Callársela sería
una infamia, una maldad.
Elena!... (¡Harto me lo dice
la conciencia que tenaz
me atormenta!) Todavía
no es tanta infelicidad
la mia, que á tai bochorno
me obligue. Sé trabajar;
conservo todo mi crédito; —
(Con el dedo índice en la frente.) Tengo aquí un proyecto..., un plan
luminoso... Luis te adora;
noble, franco, liberal,
sólo codicia tu mano,
y no la rechazará
si mi ruina le confieso;
mas su generosidad
no evitará las hablillas
del vulgo necio y mordaz. —
No quiero en fin dar mi brazo
á torcer; quiero luchar
contra la suerte enemiga
y contra la iniquidad
de los hombres.
Si usted teme
su situación declarar
á don Luis, yo misma...
No!
Dame primero un dogal
que me ahogue.
Padre!
Basta!
Pues á tal extremidad
me reduces, hay un medio
pronto, seguro, eficaz
para que tú quedes libre
v yo acabe de penar.
Oh Dios!
¿Qué es ya para mí
una vida harto fugaz,
forzado á humillar la frente,
sumido en la oscuridad,
en la pobreza... ¿Hay suplicio
más rudo, más infernal?
¡Haberme afanado tanto,
haber sido un azacán
para esto! Oh cielo! bien quisto
ayer en la sociedad,
rico, y hoy... Vergüenza! horror!
Padre!
Mendigando el pan
de puerta en puerta...
Ay de mí!
¡Señor...
No faltaba más!
Ah!
¡Y para colmo de glorias
morir en un hospital...
No! Adiós!
(De rodillas y asiéndole con ambas manos.)
Basta! Me resigno.
(La vida me costará!)
Hija mia! Tú me salvas...
No, no! Es una atrocidad...
obligarte... Alza á mis brazos.
(Prosig-ue con tono que indica no haber desistido de
su propósito, aunque esforzándose á disimularlo.)
Ya serenándose va
mi pecho... Nada receles...
Dejarte yo en la orfandad!
No; quien debe resignarse
soy yo...
(Me quiere engañar.)
(Disimulando también.) No. Yo cedo sin violencia
alguna..
Á mi autoridad?
Á la razón.
(Ah!)
Recuerdo
mi cariño maternal
á Luis; recuerdo (ay dolor!)
la apacible intimidad
de ambas familias...
Ob Elena
Eres mi ángel tutelar...
Si abora viene... No podré
verle con serenidad...
Sí, retírate... Descansa...
Si es fuerza, se aplazarán
los esponsales.
(Con resolución y amargura.)
No, no;
hoy mismo se han de firmar,
ó no respondo de mí.
Elena!
Hoy mismo, ó jamás.
ESCENA III
(DON DAMIÁN.)
Sí, hoy mismo; que es de temer,
si esta ocasión se malogra,
no prepondere de nuevo
en su corazón la loca
pasión injustificable
que le avasalló en mal hora.
Locura y dolor sería
rehusar tan buena boda
en mi amarga situación.
Cuando la nave zozobra
y puede asir una tabla,
¿hay náufrago tan idiota
que no lo haga? Más nobleza
sin duda habría y más honra
en confiar á ese mozo
mi inesperada derrota;
pero el paterna! cariño
pone un candado á mi boca.
No el propio interés me guia;
que á mí ya todo me sobra;
pero ¡Elena!... En tal conflicto
¿quién á un padre no perdona...
(filADO. (Oue entra.) Carta...)
Dámela.
(La toma y el criado se retira.) Veamos...
(Lee y représenla alternativamente.) «Señor don Damián Quiroga.
Venerable amigo mió:
Por razones poderosas
que al bonor de usted no afectan.
Qué es esto? «Ni al de la novia,
tengo el pesar...» Santo Dios!
«De renunciar á la gloria
de ser su esposo.» Es posible!
<iNo digo más por ahora...»
Y qué más ha de decir?
«Ni extrañe usted que á la boca
supla más determinada
la pluma...» Aleve! Me ahoga
la ira. «Mas pronto iré
á sincerarme en persona
con usted y con Elena.
Y ¿quién sabe si ella propia,
prendada de otro galán;
que no es fácil á una hermosa
tener en Méjico el alma
y los ojos en Europa,
celebrará que yo sea
el que nuestro pacto rompa,
logrando así sus deseos
sin incurrir en la nota
de inconsecuente? Dios lo haga,
y que usted con su notoria
cordura excuse flaquezas
y yerros de gente moza.
La franca declaración
que acabo de hacer, no obsta
para que sea invariable
la sincera y respetuosa
amistad que á usted profesa
Luis Martínez Barahona.»
Oh golpe cruel! Sin duda
ya el devaneo no ignora
de esa ilusa, y con razón
la rechaza para esposa.
Y acaso, ay Dios! el desaire
<]ue me aflige y me sonroja
nace de que ya ha sabido
mi funesta bancarrota.
Desventurado de mí!
Qué haré'!1 Mi ánimo se postra,
mi razón...
(Aparece por el foro D. Fabricio.) ¿Qué veo!
ESCENA IV
(DON DAMIÁN, DON FABRICIO, DON FABRICIO, PADRE!.)
(Entre dientes.)
Padre!
Estando ya tan próxima,
para bien de ambas familias
la conyugal ceremonia,
bien puedo...
Señor don Luis,
si viene usted á hacer mofa
de mí...
¡Mofa yo...
Le advierto
que no sufriré...
(¿Qué mosca
le ha picado...) Yo... (¿Sabrá...)
Yo no suelo gastar bromas
pesadas con quien merece
todo mi cariño y toda
mi veneración.
¿Desmientes,
según eso, (Dios me oiga!)
lo que has dicho en esta carta?
Carta yo... á usted! (¿Qué Liorna
es esta?)
Lo negarás?
Aquí está. En ella revocas
la palabra de casarte...
Falso. Esa carta es apócrifa.
Plegué á Dios! Mas ya hace dias
que conozco bien tu forma
de letra, tu firma...
íCielos!)
Y si otra mano las forja,
muy hábil debe de ser...
Yo... Á ver?
(La toma y la loe para si.)
Y muy peligrosa..
(Sí; letra es de Luis.)
(Se turba.)
(Mas ¿cuándo... Virgen de Atocha!)
Eh?...
(La fecha es de Madrid,
y yo le hacía ya en Córdoba!
(Aquí hay misterio, y no alcanzo...)
(Con otra locomotora
se habrá vuelto desde Alcázar,
sin duda.)
Callas! te asombras!
Cierto... sí... (Y las calabazas
no pueden ser mas redondas.
Del mal el menos.)
Acaba!
(Fuerza es tomar una heroica
resolución.)
Habla! 6Es tuya
esa carta que me enoja,
ó es supuesta?
Ni uno ni otro.
No entiendo esa jerigonza.
Ni tuya, ni falsa! ¿Cómo...
Ahí verá usted! Lances... Cosas...
No está el quid pro quó en la carta,
sino en...
En qué?
En la persona.
¿Qué oigo! Luego si es la firma
auténtica, y no la adoptas
por tuya, no eres don Luis
Martínez....
Es un axioma,
que corroboro postrándome
á esas plantas... (Se arrodilla.)
Vil tramoya!
No por cierto; inspiración
del amor que me devora.
Quién es usted? Alce usted!
(Levantándose.)
Tenga usted misericordia
de este corazón sensible...
(impaciente.)
Oh!
Soy Fabricio Cazorla,
hijo y vecino de Cádiz,
bautizado en la parroquia
de... Bien me conoce Luis.
Sabe él esta trapisonda?
No, señor; mas yo sabía
que otros grillos le aprisionan,
y pensaba renunciar
el insensato á esa joya
por la cual cien y cien vidas
daria yo; que una sola
es poco. Cuando arribó
á las playas españolas
don Luis, le traté. Trajéronme
negocios de mucha monta
á esta coronada villa
antes que él, con harta sorna
para un novio, me siguiese,
parando en la misma fonda
que yo. De mi amante pecho
ya era absoluta señora
Elena, aunque mudo el labio
no osó...
Abrevie usted la historia.
En fin, cuando él me acababa
de decir que amaba á otra,
y soliloquiaba yo
buscando en vano una fórmula
de declaración..., un medio
de asegurar la victoria,
usted se me apareció,
y el ángel de mi custodia
me aconsejó suplantar
al novio felón y apóstata..
No; del diablo fué el consejo.
Tal vez. Yo como un autómata
le obedecí...
(Yo también!)
Pero no es tan horrorosa
mi conducta, que requiera
ir en penitencia á Roma...
Eh?
(Sin atenderá D. Fabricio.)
(¿Puedo yo acriminarle)
mando...
Mi mano está pronta;
y pues subsano con ella,
de tantas gracias idólatra,
el inmerecido agravio
que esa linda joven llora,
está visto, la de Dios,
justa, benéfica, próvida
me trajo...
¡Para mi oprobio
y mi suplicio!
Esa cólera
no merece quien humilde...
Ah! Ella viene..
Si no es sorda
á mis súplicas ardientes...
Oh! Será inútil... Y ahora...
(Asiéndole del brazo y llevándole con violencia á la habitación de la izquierda. Aparece en la de la derecha Elena y no pasa del umbral.) Sígame usted...
Pero...
Adentro!
Bien... Ya voy... (Aquí fué Troya!)
ESCENA V
(ELENA.)
No me han visto, ó de concierto
quieren ponerse los dos
antes... Si quisiera Dios...
No! Ya mi esperanza ha muerto.
Ni yo viviré sin ella;
mas ya mi palabra di,
(Llama con la campanilla.) y es forzoso, pues así
lo quiere mi mala estrella...
(Saca del pecho una carta.)
Esta carta con mi llanto
bañada, ya que, ay dolor!
no puedo pedir valor
á mi lengua para tanto,
dirá ádon Félix...
ESCENA VI
(ELENA, RITA, ELENA, RITA.)
(Se echa en sus brazos.)
Ánimo! La hora sonó.
Allí está... Viene usted?
No.
¡Qué...
Imposible!
Señorita!
Bien dije yo que en un tris
estaba... Venció papá?
Sí. Qué horrible escena!
Ya!
Se casa usted con don Luis?
Ah! sí. La naturaleza
me impone este sacrificio.
Yo prefiriera el suplicio,
pero...
Oh femenil flaqueza!
Salvo así la honra y la vida
de un padre...
Sí? (Farsa, enredo!)
Yádon Félix de Toledo...
(Dándole la carta.)
Llévale mi despedida.
¿Es posible!
Eterna! amarga!
Gran Dios! ¿Qué dirá...
No sé.
Así premia usted su fe?
Y á mí el mensaje me encarga!
Yá quién sino á ti?
Es verdad!
Tiemblo... Qué esperas?
Me doy
al diablo...
(Con despecho y aflicción.)
Rita!
Voy, voy; —
pero es una atrocidad.
ESCENA VII
(ELENA, DON FABRICIO.)
Sí, atrocidad inaudita.
(Sale D. Fabricio y dá algunos pasos sin ser visto de Elena. La puerta queda entreabierta.) (Si iguala al mió su amor,
¡cuánto va á ser el dolor
de don Félix!)
(con timidez.) Señorita...
(Sin ver todavía á D. Fabricio.)
(Mas convertido en verdugo
él no ve á un padre...)
Ángel bello...
(Ni dogal será á su cuello
el aborrecido yugo.)
(No me oye, ó no quiere oirtne.
Mal principio de embajada.)
(Con más resolución, y acercándose.) Perdone usted, prenda amada...
(Reparando en él.)
Ah!
Si un alma tierna y lirme...
Don Luis, si á todo me allano..
Sí? Mi corazón se esponja...
De más está la lisonja.
Venció usted: suya es mi mano.
La mano en efecto basta;
que augura inmenso placer
cuando la da una mujer
tan hermosa como casta;
aunque más grato sería
que como el musgo á la piedra
ó como al olmo la hiedra
la uniese amor á la mia.
Mas si al amor no he debido
(aquí entra mi diplomacia!)
que me concedas la gracia
de llamarme tu marido,
el nombre quizá, no el hombre,
fué blanco de tu aversión;
que hay — lo prueba Calderón —
dicha y desdicha en el nombre.
Yo no comprendo ese enigma.
Digo que hay (cómo lo digo?)
nombres que llevan consigo
la desgracia y el estigma.
¿Y á qué viene... Hable usted claro.
Viene á que el amor... (Me atolkx)
hace... (Sudo como un pollo.)
El caso es que... Caso raro!
Yo... Bien sabe don Damián...
¿Qué importa, dado ya el sí,
que el novio (triste de mí!)
se llame Luis, Pedro ó Juan?
Vuelvo pues á ser yo mismo.
¿Qué oigo!
(Salí del barranco.)
No es razón que un hombre blanco
reniegue de su bautismo.
Cómo! ¿Qué trama... ¿Qué abuso...
No merece tu anatema
la inocente estratagema
de que á tus plantas me acuso.
(\"á á arroilillarse y se lo impide Elena.)
De pié! No tengo afición
á los golpes de teatro.
(Con vehemencia.)
Elena, yo te idolatro!
(No bago efecto.) El corazón...
Quién es usted?
Por de pronto
no soy don Luis Barahona,
que cuando así te abandona,
aun más que perjuro es tonto.
Soy...
No quiero saber má*.
No puede ser bien nacido...;
no puede ser mi marido
un impostor.
Yo.
Jamás!
¿No me dijo usted..
Malvado!
Que era indiferente el nombre...
No que tenga dos un hombre,
el propio y el usurpado.
Cierto, mas ya restituyo...
No que se apropie el ajeno,
quizá arrojándole al cieno
de que está cubierto el suyo.
Elena! (Me hunde, me aplasta.)
Yo confieso con vergüenza...
(Ya mi suplicio comienza!...)
que obré mal; pero...
Eh! ya basta.
Cuadre á mi gusto ó no cuadre,
pero sin afrenta mia,
resignada obedecía
la voluntad de mi padre.
Quizá, por más de un concepto
que explicar no quiero aquí,
debia ser para mí
ley sagrada su precepto.
Quizá resistencia tanta
no opusiera mi esquivez
viendo aquí á don Luis, en vez
del traidor que le suplanta.
Pero ¿que al pié del altar
dé yo mi mano á un fullero
sin ley, sin honor... Primero
me la dejaré cortar.
Pero yo... (Horrible naufragio!)
dudaba que el contrayente
fuese fiel... Y hoy justamente
se ha cumplido mi presagio.
(Sacando la carta.) He aquí... Estas ya no son trazas
de fullero...
(Con ademan de desprecio.)
Eh!
(¡Vaya un zuño...)
He aqui escritas de su puño
las solemnes calabazas.
¿Y le abona á usted un acto
hijo quizá del despecho
y la...
Por qué no? Es un hecho
que ha roto don Luis el pacto.
Y á quien ya lo presentía
y obró con buena intención,
por qué acusar de traición?
por qué de superchería?
¿De cuándo acá fué pecado
que haga de su ingenio alarde
el amor? Temprano ó tarde
me hubiera espontaneado...
(Con resolución y como fatigado de predicar ea desierto.) Y no hay que hacer tanto dengue;
que algo vale en el afán
de la que pierde un galán
tener otro que la vengue.
La frente que alzo radiante
de rubor se cubriría,
si necesitase un dia
de vengfdor semejante.
ESCENA VIII
(ELENA, DON FABRICIO, DON DAMIÁN.)
No! Vive tu padre aún.
(Echándose en sus brazos.)
Padre mió!
(Este tableau
faltaba. ¡Dichoso yo
si ahora estuviese en Irun!)
Don Fabricio, ya vé usted...
Sí; mi derrota confieso;
mas no estrellaré por eso
mi frente en una pared.
Cúlpese usted á sí propio
si no ha logrado...
Sí á fe;
necio he sido: eso lo ve
cualquiera sin telescopio.
Mas si he dado golpe en vago
solicitando esta boda,
la culpa no es mia toda,
no. Á usted le debo este trago!
Yo... Si...
¿Á qué, padre capcioso,
si la niña no congenia
conmigo, darme la venia
para hacer con ella el oso?
Sí, culpable fui (Oh tormento!)
y más de lo que usted piensa;
más si la culpa es inmensa,
también el remordimiento.
No mas! Todo se acabó.
(Remordimiento!... ¿Si habré
buscando mendrugos..., eh?
en cama de galgos yo!)
(Á Elena en voz baja.)
Mal padre contigo fui.
Dios, que harto ya me castiga,
me confunda y me maldiga
si vuelvojá serlo.
(Ay de mí!)
(No será malo, r pues van
mal dadas...)
Desde este dia
libre serás, hija mia...
Ay, ya es tarde!
Don Damián!
Qué?
Como novio presunto,
(Salgamos de esta zozobra.)
yo ya estoy aquí de sobra;
pero...
Entiendo.
Aquel asunto...
Ahora, ahora mismo...
Prolongo
la visita, mal mi grado,
porque, aunque estoy condenado,
en las costas nó, supongo.
ESCENA IX
(ELENA, DON DAMIÁN, DON FABRICIO, RLTT.)
(Turbada.)
Señor...
Qué te sobresalta?
El notario...
(¡Mirando á Elena con compasión.).
(Pobrecita!)
Tarde ha venido á la cita.
¿Qué...
Ya no nos hace falta.
Ah! ¿Conque la boda...
Cero.
¿Conque libre de la red...
Sí.
Albricias!
¿Qué...
(Acercándose á la puerta del foro )
Pase usted
adelante, caballero.
ESCENA X
(ELENA, DON DAMIÁN, DON FABRICIO, RITA, DON LUIS.)
Laura!
Es él!
Fabricio!
Luis!
Don Félix!
Prenda querida!
(Ahora sí que por mi vida
no doy seis maravedís.)
Luis... Félix... ¿Cómo...
(Á Elena.) Perdona...
Este es el dueño á quien amo.
¿Dos nombres...
(Á Elena con malicia.) Eli?
Luis me Hamo,
Luis Martínez Barahona.
¿Qué oigo!
Oh sorpresa!
Olí placer!
También á Elena restaura
su nombre y derechos Laura.
Cielos!
¿Cómo puede ser...
Echemos, aunque me aflija,
tras del caldero la soga.
(Á D. Luis.) Este es don Damián Quiroga.
All señor!... (Le abraza.)
Y esa es su hija.
(D. Luis abraza á Elena.)
Mas ¿cómo... Yo pierdo el seso.
(Á D. Fabricio.) ¿Dónde está la carta...
(Mostrándola.) Aquí.
(Tomándola y enseñándola á D. Luis.)
Venga. — Usted la ha escrito?
Sí.
Ese ha sido tu proceso.
Ya mi mano la desgarra
(Hace pedazos la carta y los tira.) en desagravio de Elena,
aunque si ella me condena,
sé que me absuelve mi charra.
Sí.
Luego os amabais...
Sí.
Sin conoceros los dos...
Sí.
Pero estaba de Dios...
(Que el diablo me lleve á mí.)
Peligroso fué el albur.
No hay que extrañar lo que pasa:
dos puertas tiene la casa,
una al Norte y otra al Sur.
Amor la mano me da
por la calle de la Greda.
Y á mí un cordel, suerte aceda!
por la calle de Alcalá.
Mas no hay por qué á nadie asombre
de mi doble nombre el dolo;
que aquí yo no he sido sólo
quien ha duplicado el nombre.
Ni él ni yo fuimos falsarios;
no hay que echar esto en olvido;
que Félix y Laura han sido
dos nombres imaginarios.
(Turbado y balbuciente.)
Mi propósito fué bueno
también... cuando... No rehuyo...
Callar por temor el suyo
no es usurpar el ajeno.
Cierto. (Viremos de bordo.)
En fin, pues cara de palo
me dan, abur!
Quieto!
(Malo!
Ahora viene el trueno gordo.)
Querer quitarme la novia...
Yo me declaré su amante
porque la di por vacante,
y esto ni aquí ni en Varsovia...
Mas que mi nombre usurpase
un traidor amigo...
Ardid
de guerra.
Bravo adalid!
En fin, lo del nombre, pase;
mas largarte de la fonda
sin que de tu paradero...
Basta!
Ni de mi dinero
alma viviente responda...
Ah!
Eso más!
(¡Pese á Luzbel...)
Puesto ya en el compromiso...
(Oh rubor!)
Era preciso
para hacer bien el papel...
Vil!...
¿Qué hubiera dicho el suegro
Mas si es cierto que tomé
lo que no era mió, fué
con calidad de reintegro.
Pensaba — la cosa es ovia —
reembolsarte...
(Dios piadoso!...)
Del empréstito forzoso...
Con el dote de la novia!
Tú eres rico, ella también,
y al cabo... entre dos amigos...
Sí; un notario y dos testigos.
¡Confúndate Dios..
Amén.
Si no hemos sido los dos
víctimas tuyas, malvado,
es porque nos ha salvado
la providencia de Dios.
Y yo su ministro fui
cuando, honradamente infiel,
guardé el infausto papel
y traje al galán aquí.
Amada Rita! (La abraza.)
En resumen,
me acusa la suerte adversa,
más que de índole perversa,
de tener poco chirumen.
Si el tentador Lucifer
ser á un tiempo me propuso
mal amigo y novio intruso,
bien lo pago desde ayer!
Con suerte menos funesta
dijo Sancho, y ya es refrán:
«Si buena ínsula me dan,
»buenos azotes me cuesta»;
mas yo á Sanchos y Quijotes,
en la desventura excedo,
pues sin la ínsula me quedo,
y rae voy con los azotes!
(Qué descarado bribón!)
Pues ya no te sustituyo,
pase de mi cuello al tuyo
el místico medallón.
(Lo entreg-a á D. Luis, y éste, después de besarlo, se lo pone al cuello.) Y allá se quedó tu equipo,
y cuenta daré— soy probo —
de lo que tú llamas robo,
y yo préstamo, anticipo.
Medio millón en papel
de títulos (Ahí es nada!)
de deuda consolidada. —
Don Damián responde de él.
(Saca el paquete de títulos y lo pone sobre una me-
sa.)
Aquí está.
(Calle!...) Invertí
dos mil duros... (¿Quién pensara...)
en un aderezo para...
(Ay, Dios!)
(Haciendo lo misino que con los títulos )
También está aquí.
(Sacando la cartera del acto primero y dándosela á
D. Luis, que la pone sobre la mesa y devuelve á don
Fabricio la suya.)
Con tu cartera... (Me atranco.)
el usurpado individuo
te devuelvo... (Ay!> y el residuo
de los billetes del Banco.
(.Metiendo la mano en el bolsillo del chaleco.) Del oro...
Guárdalo.
No.
Guárdalo, te digo, y vete.
(Conmovido y con despecho.)
Con él pagaré mi flete
para irme... á Fernando Pó!
ESCENA ÚLTIMA
(ELENA, DON LUIS, DON DAMIÁN, RITA.)
Bien baya mi buen instinto!
Sí. ¡Y yo he sido tan cruel...
Nos perdiéramos sin él
en tan ciego laberinto.
Así con mayor placer,
y de todo mal indemne,
cumplo aquel pacto solemne...
que yo creia romper.
Y aunque usted le despidió,
el notario espera audiencia. —
Otro acto de inobediencia
de que me envanezco yo.
Que entre volando...
(á Rita.) Detente,
(Á Luis.) y óyeme tú. (Oh, mengua inia!)
Esa boda,... todavía
puede no ser conveniente.
A usted?
(Ah!)
No; á ti.
¿Qué escucho!
Y por qué?
Porque mi estado...
Don Luis, yo estoy arruinado.
De veras? Me alegro mucho.
¿Cómo...
Porque quiere Dios,
ya que la de usted zozohre,
que con mi fortuna sobre
para ser ricos los dos.
(Dándole la mano.)
Luis!...
Ah! no sabes... Me das
una lección...
No; un abrazo.
(Le abraza, y luego Elena á D. Luis.) Sé que es mi gloria este lazo,
y no quiero saber más.
Alma noble!...
(Con los brazos abiertos.)
Tú también,
Rita...
(Abrazándole.)
Oh! si; con mil amores.
¡Vengan amigos traidores
que tales penas me den!
Sin embargo, anda con tiento
en fiarte de ellos...
Sí.
Y lo que ha pasado aquí...
Me servirá de escarmiento.
La experiencia es buena guia
y, á Dios pongo por testigo,
sólo, de hoy más, un amigo
tendré.
Quién?
Tú, esposa mia.