Acto primero
(Personas: DON FÉLIX; EL CONDE; DON HILARIÓN; VALENTÍN; LUCAS; UN OFICIAL; UN CRIADO; DOÑA LUISA; DOÑA LEONCIA; CASILDA.)
ESCENA PRIMERA
(LUCAS, DON FÉLIX.)
Tenga usted la bondad de sentarse y esperar un momento. La señorita Casilda está ocupada: no tardará en venir,
No quisiera incomodarla.
Si quiere usted le haré compañlta; que aqui a solas se fartidiará. Hablaremos mientras tanto.
Mil gracias. No hay necesidad de ue...
Nada, sin ceremonia. La señora nos manda ser atentos con todo el mundo, y ya ye usted que yo cumplo su mandato. E
Sin embargo, no tendré reparo en quedarme solo un instante.
Perdone usted. — Siendo asi tan=poco yo le tengo en retirarme.
ESCENA II
(DON FÉLIX, VALENTÍN.)
¡Oh, mi querido Valentin!
Ya le he vistoa usted entrar.
Pensé no desembazarme en todo el dia de un lacayo que se obstinaba en hacerme compañia para que no mefastidiase. ¿No ha venido todavia don Hilarion?
No señor; pero debe de tardar poco (1). No quisiera que nos viesen Juntos. Conviene que los criados no sepan que nos conocemos.
Estamos solos. Y al. Supongo que nada habra dicho usted de nuestro proyecto á don Hilarion su tio,
Ni una palabra. Con el candor del mundo, y á instancias mias, me va á preséntar á esta señora en calidad de administrador de sus bienes, La feliz casualidad de ser mi tio su rocurador me hizo concebir” desde 16bd6 la esperanza de ser admitido. Ayer'la habló en mi favor. Quedamos en vernos aqui, y me dijo que si venia yo antes preguntase por Casilda, ( 1) Observando. RBC NcU una jóven á quien proteje doña Luisa y la tiene en su compañía. Lo que es confiarle mi proyecto de ningun modo: ni a el nia nadie. Á mt mismo, que voy a ponerlo en ejecucion, me parece muy estravagante. No por eso te estoy menos reconocido. Harto siento no haberte podido conservar en mi servicio, ni recompensar tu zelo como debiera. Sin embargo, te has empeñado en hacer mi fortuna; y por grande que sea mi gratitud...:
Dejemos eso a un lado. Usted se ha portado muy bien conmigo, y le quiero entrañablemente. Si yo fuera hombre de dinero, nada le faltaria a usted.
Lo estimo en el alma, Valentin. Si algun dia me sonrie la fortuna... pero nada me prometo de nuestra tentatiya, sino la afrenta de ser despedido mañana, nn
Supongamos que suceda asi; ¿qué vamos a perder?
Doña Luisa hace mucho papel en Madrid: está muy bien relacionada; su marido fue un empleado de alta categoría en el ramo de hacienda, ¿y presumes tú que hará caso de mil; ue se casará conmigo; con un pobre diablo, sin colucacion y sin bienes?
¡Sin bienes! Esa gentil figura vale. un potosi. ¿A ver? vuélvase usted un poco; le examinaré bien. — Vamos, usted se burla. No hay en Madrid un personage mas distinguido. ¿Qué vahol las mas brillantes dignidades, comparadas con esa gallarda presencia? Cuando yo digo que el negocio es se= guro... Yale cuento á usted por amo de esta casa.
; Qué desatino!
Pondria mis manos en el fuego. ¡Qué tren! ¡qué opulencia! ¿Sale usted hoy a caballo, g en la berlina?
La viudita tiene mas de diez mil duros de renta, segun me has asegurado.
Que unida á los cincuenta ducados es le produce á usted aquel censillo de la Moreria Vieja...
Tambien me has dicho que es una señora muy sensata...
Mejor para usted, y peor para ella, Sera tanto su rubor si llega á enamo-= rarse de usted, que por no dar que decir a las gentes no hallara mas remedio que casarse. Á su tiempo lo veremos. Usted la ama, ¿no es cierto?
¡Ab, Valentin! La adoro. Y esto es lo que me hace temblar,
Timidez de novicio. ¡Qué diablo! Tenga usted un poco mas de confianza. Usted triunfara; yo lo digo; yo lo tomo á mi cargo; yo lo exijo. — En fin, se me ha puesto en la cholla; y no he de ser yo Valentin, 0 se casa usted con ella. Nuestro plan esta convenido. Conozco el mérito de usted, el caracter de mi ama, y sobre todo mi talento. Á pesar de su sensatez, amara a don Felix; no obstante su orgullo, se casará con él, y arruinado y todo le hara dueño de sus talegas. ¿Estamos? Orgullo, circunspeccion, riquezas, todo irá á pique. Todo calla cuando habla el amor; y el amor hablará. —Siento asos. — Hasta luego.— Será tal vez don Hilarion. Ya estamos embarcados. Animo. —:Ah! se me olvidaba. Procure usted hacerse algun lugar en el corazon de Casilda. Entre el amor y yo coronaremos la obra,
ESCENA II
(DON FÉLIX, DON HILARIÓN.)
(H il. Buenos dias, Felix. Estoy muy contento de tu puntualidad. Casilda vendra al instante. ¿La conoces?)
No señor. ¿Por qué me lo pregun= ta usted?
Es que me ha ocurrido una idea.— La chica es muy linda.
Si lo sera.
Y de muy buena familia. Tu padre y el suyo fueron amigos. Al morir. la encomendó á mi cuidado á falta de patrimonio. Doña Luisa se compadeció de ella, la trajo a su casa, y la trata mas bien como amiga que como criada. Ha hecho bastante por ella, y aun hara mas: como que ha ofrecido darla estado. —Oyes; y Casilda es heredera de una tia asmatica octogenaria que tiene muchas pesetas. —Soy de parecer que te cases con ella, — ¿Qué dices tú? f'el. (1) No habia pensado yo en semejante boda.
Pues No Te Vendra Tan Mal,
Procura agradarla; yo te lo aconsejo. Al cabo, tu nada posees... es decir, en la actualidad; pa aunque tienes esperanza de heredarme, yo estoy fuerte, gracias a Dios; y te haré esperar todo el tiempo que pueda. Por otra parte, ¿quién sabe si yo me casare...? No es decir que lo desee con ansia; pe(1) Sonriendose. ro no sé lo que puede suceder...... Al cabo yo no soy ningun anacoreta; y dos ojos negros me pueden hacer resbalar como á cualquier hijo de vecino. Tras de la muger vienen los hijos: esta es la costumbre; y el colateral se queda á buenas noches. Gon que no sera malo que tomes tus precauciones, y te pongas en estado de no necesitar de los bienes que te ofrezco hoy y te puedo quitar mañana.
Tiene usted razon: ese es un consejo muy sano, y prometo practicarlo.
ESCENA IV
(DICHOS, CASILDA, DON HILARIÓN, AQUÍ TENEMOS A CASILDITA, RETRRATE.)
(un poco: quiero prepararla,)
Siénto mucho haber hecho a usted esperar. La señora me tenia ocupada.
No hay por qué sentirlo. Acabo da llegar. — ¿Qué tal te parece ese joven?
(1) Me gusta la pregunta.
Es que no es ningun cualquiera. Es mi sobrino, (1) Riendose,
Sea muy enhorabuena. Su sobrino de usted es muy buen mozo. No desmerece de la familia.
; Ya se vé que no! Es el administrador que he propuesto a doña Luisa; y celebro mucho que sea de tu gusto. Te ha visto varias veces cuando has venido a mi casa. ¿Te acuerdas?
No lo tengo presente.
Vosotras sois generalmente desmemoriadas. ¿Sabes lo que me dijo la primera vez que te vió? “; Que bonita es esa muchacha!” lix. — Mira, Casildita: tu padre y el suyo se querian mucho: ¿por qué no se han de querer tambien los hijos? El muchacho promete: ¿no es verdad? No hay mas que pedir.
( (1) Acércate, FeA)
Usted le hace justicia,
¡Observa cómo te mira! ¡Cuando digo yo que es buena proporcion!
No lo dudo. Su fisonomia le rocomienda. Veremos.
¿Qué es eso de veremos? De aqui no me voy hasta que te decidas.
¿Pero es puñalada de pícaro?
Esta usted importunando a esta se= ñorita. (1) Casilda se sonrie.
(1) Y no me parece que soy yo tan indocil que... i
Eso me basta: ya estais de acuerdo, Negocio concluido (2). Venid acá, hijos mios. Ya estais desposados. No puedo detenerme mas: volveré luego. Casilda, encargate de presentar tu futuro a la señora: a Dios sobrinita...
(3) Vaya usted con Dios, tio.
ESCENA V
(DON FÉLIX, CASILDA.)
Esto parece un sueño. Don Hilarion es ejecutivo como el solo. El amor de usted me parece muy repentino. ¿Sera duradero?
Asi quisiera yo merecérselo al objeto que me lo inspira.
Si usted me es consecuente no se arrepentirá... Pero mi señora viene.— Una vez que nuestros intereses son Ca= si unos mismos, gracias a la actividad de don Hilarion, sirvase usted pasar á (1) Con sonrisa. (2) Une sus manos. (3) Con risa irónica. ese cuarto mientras prevengo a doña Luisa.
Con mucho gusto, señorita. (1)
ESCENA VI
(DOÑA LUISA, CASILDA.)
¡Son prodigiosos los efectos de la simpatra!
Casilda: ¿quién es ese jóven que me ha saludado con tanta gracia al retirarse? ¿Te buscaba a ti?
No señora: a usted es a quien busca.
Pues llámale. ¿Por qué se va?
Desea que yo le hable a usted primero. Es el sobrino de don Hilarion, el que le ha propuesto á usted para dirigir sus asuntos.
¡Ah! ¡es él! Parece muy buen mu= chacho.
Es apreciado generalmente. Me consta.
Lo creo. Á primera vista se conoce que es hombre de mérito; pero tiene tan buena figura para administrador que casi siento escrupulo en recibirle, ¿Me lo censuraran?
(1) Alretirarse saluda don Felix, a doña Luisa, y ella le corresponde.
¿Y por que? ¿Es preciso que sean feos los administradores?
Tienes razon. Dile que entre. No habia necesidad de prepararme a recibirle. Basta que don Hilarion le envie para que yo le admita.
No cabe mejor eleccion. (1) ¿Han convenido ustedes ya en el sueldo que debe disfrutar?
No disputaremos sobre eso. Siendo hombre de bien, uada le faltará en mi casa. Llámale.
Le destinaremos el gabinetito que da al jardin. ¿No es verdad?
Si le acomoda, no hay inconveniente. Que venga.
(2) Señor don Felix, pase usted adelante.
ESCENA VII
(DOÑA LUISA, DON FÉLIX, CASILDA.)
Caballero, estoy sumamente agra= decida á don Hilarion. Enviándome su propio sobrino para manejar mis intereses, me da una prueba de que los Da algunos pasos para salir ¿y wuelve, (2) Desde la puerta, mira comb suyos. Cierto amigó me habló ayer de otro administrador que ha de presentarme hoy; pero.usted es pre-ferido. 0 e aid
Espero que mi zelo justificará la preferencia con que usted me, honra, y que la ruego me conserve, Mi ma= yor sentimiento seria el perderla.
Mi señora no tiene mas que una palabra.
Asi es. Vamos; queda usted recibido. Despedid a cualquiera otro que se presente: Supongo que estara usted impuesto en los Besocios....
Si señora. Mi padre fue abogado, y yo tambien he cursado leyes:
Segun eso, usted es de muy buena familia, y superior al partido que toma.
Yi partido que tomo no puede humillarme de ningun modo. El honor de servir 4 una señora como usted me llena de orgullo, y no envidiaré la suer= te de nadie.
Mi conduéta no le hara á usted mudar de opinion. ¿Aqui se le guardarán todas las consideraciones) que merece, y no perderé ocasión de manifestar á usted mi aprecio.
Apuradamente tiene un corazon mi señora... No hay pobre a su lado,
No puedo ver con indiferencia 4 tan. tos hombres de bien pereciendo, al paso que otros muchos, sin mérito y sin virtudes, viven en la opulencia. Sobre todo, cuando un jóven... ¿Qué edad tendrá usted? ¿Veinte y cinco años?
Ya los he cumplido.
Por fin tiene ustéd' el ¿onsuelo de poder mejorar de suerte gon el tiempo.
Señora, ya empiezo á ser dichoso desde hoy.
Le enseñarán ¿usted la habitacion que le destino. Si no lée'acomoda 4 1sted, otras hay donde: puede dal UN *Tambien necesita usted un criado; yo se lo proporcionaré. ¿Quién será mas a propósito, Casilda?
Ninguno 'como Lucas. ¿Quieré usted que le llame?;Lucas, Lucas!— La señora te llama,
ESCENA VIII
(DICHOS, LUCAS.)
¿Qué manda usted?
Lucas, desde ahora te cedo al señor. e Cuidado a. con servirle. Ñ bien. e
¿Me cede usted al señor? Eso es decir que ya no soy mio; que mi persona no me pertenece.
¡Qué majadero! AA
Quiero decirte, que en lugar de servirme á mi le servirás á el,
Yo no sé por qué razon me despide usted. ¿Qué delito he cometido yo? Siempre la he servido ¿usted con lealtad. Pis
Hombre, yo no te despido.. Te pagaré para que sirvas a este caballero.
Perdone usted. Eso no es justo.— ¿Por qué he de trabajar yo para uno siendo otro el que me paga? Supuesto que me da usted el salario, á usted sola debo servir: de otro modo cumpliré mal.
No conseguiré que me entienda.
Ven acá, pedazo dejumento. CGuando yo te envio a alguna parte, o te digo que hagas tal ó tal cosa, ¿no me obedeces?
Con mil amores.
Pues bien. Lo mismo hará el señor. Te mandara en nombre de la señora.
¡Ah! Eso es otra cosa. Es decir que la señora mandará al señor que sufra mi servicio; y yo le serviré por órden de la señora.
Justamente.
¡Acabára usted de esplicarse!
ESCENA IX
(DICHOS, UN CRIADO.)
Señora: la modista que ha mandado usted llamar está esperando.
Voy allá. Vuelvo al instante, señor don Felix. — ¿No es este el nombre de usted?
No se vaya usted. Tenemos que hablar.
ESCENA X
(Dow Frzrx, Casiioa y Lucas.)
Con que es decir, señor don Felix, que usted y yo somos compañeros; con la diferencia de que usted me manda y yo á usted no. Quiere decir, que ¡yo seré el criadoque sirve, y usted el
que se deja servir por órden de señora. NA
¿Tú te comparas con el señor, zamacuco? Quitate de ahi...
Con permiso de usted, señorita Casilda. ha palabra. y concluyo. ¿Usted no me pagará nada? «¿Está usted autorizado para que le sirvan gratis? (1)
Déjanos en paz. La señora te paga= ra: ¿note basta?
; Cáscaras!... ¿Gon que a usted no le cuesto yo nada? Pues que vaya a encontrar nadie un criado tan barato.
(2) No has dado con ningun roño0s0, Lucas. Toma. Ya ves que te gratifico antes de servirme.
Muchas gracias. (No haria mas aunue fuera mi amo.)
Anda á4 beber á mi salud.
¡Oh! Si basta que yo beba para que sea buena, mientras viva se la prometo 4 usted escelente. (Me ha venido Dios á ver con el nuevo camarada.)
ESCENA XI
(DON FÉLIX, CASILDA.)
No puede usted quejarse de doña Luisa. Su acojida ha sido la mas satisfactoria; y este principio nos ofrece un lisonjero porvenir. — Pero aqui viene doña Leoncia, su: madre. No se me oculta el objeto de su venida. (1) Don Felix se rie, (2) Le da dinero.
ESCENA XII
(DICHOS, DOÑA LEONCIA.)
Luisa me acaba de decir que ha recibido un administrador de parte de don Hilarion. Muy mal hecho, Casil-
El señor conde la ha hablado en favor de otro; y es una grosería el de_Jarle asi plantado. A lo menos hasta ver a los dos no debido decidirse por
¿Qué motivo tiene para preferir al de su procurador? ¿Qué especie de hombre es ese?
A la vista lo tiene usted.
¡Ah! ¿Con que es el señor? Muy jóven es. ¿Cómo me lo habia yo de figurar?
No se necesita ser ningun Matusalen para dirigir los negocios de una Casa.
Se necesita mas esperiencia de la que promete el señor. ¿Con que ya esta usted recibido?
¿Qué casa es la que ha dejado usted para venir á esta?
La mia. Hasta ahora no he dependido de nadie.
Segun eso, viene usted á hacer aqui su noviciado?
No por cierto. Este caballero está muy versado en toda clase de negocios.
¿Por qué no añades: “y tiene personas de distincion que abonen su conducta?” Cualquier escribientillo se anuncia de este modo en los postes de Correos (1). No formo grande opinion de este hombre. Maldita la traza que «tiene de administrador.
(2) Eso nada importa Yo respondo de él. Este es el hombre que nos conviene.
Con tal que el señor no se oponga á nuestras miras, me será indiferente que se quede ód no.
¿Puedo saber qué miras son esas, señora?.
¿Conoce usted al conde de Albafria? Mi hija y él iban a pleitear sobre la posesion de una tierra, cuyo producto es de mucha entidad; y se trata de casarlos para evitar el pleito, Luisita es viuda de un sugeto que gozaba de bastante consideracion en la (1) En voz baja a Casilda. (2) En voz baja, sociedad, y la ha dejado muy rica. Pero la satisfaccion de oir llamar á mi hija condesa de Alba-fria, y de verla al. ternando con lo mas florido de la no= bleza, me hace desear con ansia qhe se realice la boda; y si he de decir la verdad, tampoco me pesaria a mi ser madre de la señora condesa de Alba-fria..
¿Se han dado ya palabra de casamiento?
Todavia no; pero falta poco. Mi hija no está muy distante de aceptar la mano del conde. Quisiera únicamente,: segun dice, imponerse bien en el asun= to, y saber si tiene mejor derecho que el conde, para que la esté mas obligado si se casa con el. Pero tengo mis recelos de que esto sea una escusa. Mi hija no tiene mas que un defecto, y que no encuentro yo en ella lasideas: elevacion que abriga su madre. No tiene para ella tantos encantos como debiera el bello titulo de Alba-fria. No considera cuán humillante es el -Mamarse doña Luisa Buitrago a secas; y á pesar de su mucho caudal se resigna a vegetar en la clase media.
Tal vez no seria mas dichosa salien» do de su esfera.
Aqui no sele pide-á usted pare-
Guarde usted para mejór ocasion esa máxima rutinaria; y sino quiere pasarlo mal, procure complacernos.
Ese es un pequeño rasgo de moral que no se opone a las ideas de usted.
Moral subalterna que me incomoda.
¿Y que es lo que yo debo hacer?
Decir á mi hija, despues que haya. usted examinado los papeles, que su derecho es el menos fundado, y que no puede ganar el pleito,
Si es asi, no dejare de advertirselo.
(1) ¡Hum! ¡qué torpeza! No.es
que se le ia a usted. Aunque su derecho sea el mejor, se exige de usted. que le diga lo contrario.
Pero, señora, eso es engañarla. La probidad...
¡La probidad! ¿Falto yo a ella? Tiene usted poco criterio, señor mio. Yo, que soy su madre, le mando a usted engañarla por su bien: ¿entiende usted? Yo, yo.
De todos modos, seria proceder de _mala fé por mi parte.
(2) Este hombre es un leño. Es (1) Aparte a Casilda, (2) En voz baja a Casilda, ¿preciso despedirle. — Señor aprendiz de administrador, no invernará usted en mi casa.
ESCENA XIII
(DON FÉLIX, CASILDA.)
Esta madre se parece muy poco a su hija.
Efectivamente. Siento mucho no haber podido informar a usted con tiempo de su carácter discolo. Está muy encaprichada con esa boda. ¿Pero qué inconveniente tiene usted en dar á la hija el consejo que le piden, cuando sale garante la madre? Esto no es engañarla a mi parecer.
Perdone usted. Siempre es incitarla a tomar un partido, que acaso no tomaria por sí sola. Supuesto que quieren que yo la ayude a resolverse, sin duda no se presta doña Luisa al designio de su madre.
Por indolencia únicamente.
Créame usted. Debemos decirle la verdad.
Hay otra razon mas fuerte todavia para que usted sea condescendiente. El señor conde ha prometido regalarme quinientos duros el mismo dia que se firme el contrato; y usted tiene tanta parte como yo en ese dinero, segun las ideas de don Hilarion.
Es usted la niña mas amable del mundo, Casildita; pero á usted la tientan esos quinientos duros por falta de reflexion.
Al contrario: cuanto mas reflexiono sobre ellos, tienen mas atractivos pa= ra mI.
Pero usted tiene mucha ley á doña Luisa; y si llega á ser infeliz con ese hombre, ¿no tendrá usted remordimiento de haber contribuido a su desgracia por tuna miserable gratificacion?
Usted dira lo que quiera; pero no es cosa de perder... Y luego el señor conde tiene muy buenos sentimientos. Nuuca tendremos motivo para arrepentirnos de haberle servido. La señora vuelve: yo me retiro. No olvide usted la consabida suma, y que la debernos disfrutar juntos.
(¡Lo que puede el interés!) Ya siento menos engañarla.
ESCENA XIV
(Doy Feux y Doña Lursa.)
¿Con que ha visto usted a mi madre?
Me lo acaba de decir; y quisiera que hubiera recibido á otro en lugar de usted.
Asi melo ha dado á entender á mi mismo.
No tenga usted pena por eso. Usted me conviene,
No es otro mi anhelo.
Tenemos que hablar de cierto asunto que me interesa mucho; pero que no salga de entre los dos.
Usted me honra demasiado con su confianza para que yo pueda abusar de ella.
El caso es que me quieren casar con el conde de Alba-fria para evitar un gran pleito que se originaria entre los dos con motivo de unas tierras que yo 0seo.
Ya me lo ha dicho:su señora madre de usted, y hablando del particular, he tenido la desgracia de indisponerla conmigo.
¿Gomo es eso?
Si la razon está de parte de usted, se pretende que yo la persuada á usted de lo contrario para determinarla mas pronto al casamiento en cuestion. Yo la he suplicado que me exima de una comision tan odiosa.
; Qué frivola es mi madre! La fidelidad de usted no me sorprende: yo contaba con ella. Proceda usted siem=pre lo mismo; y no hay que hacer caso de lo que haya dicho mi madre: yo lo desapruebo, y basta. ¿Le ha dicho a usted alguna espresion injuriosa?
Eh, no hablemos de eso. Lo único que ha logrado es aumentar mi zelo y mi afecto hácia usted.
Nueva razon para que yo no consienta que le mortifiquen á usted. ¿Qué significa esto? Veremos a ver si yO mando en mi casa. ¡Gon que le han de tratar a usted mal solo porque procede bien? ¡No faltaba otra cosa!
Olvidelo usted, señora, y tendra un nuevo derecho á mi gratitud. Tanta bondad me confunde; y el pequeño disgusto que he sufrido es ya una satisfaccion para mi.
No puedo menos de alabar tan nobles sentimientos. Volvamos a lo del pleito. Si no me caso con el conde... ANO 29
ESCENA XV
(DICHOS, VALENTÍN.)
La señora marquesa está mas aliviada; y estima mucho... (1) estima mucho la atencion de usted (2).
Está bien... >: pan
Señora, me han dado un recado usted, que urge mucho 5 (3).
Me han encargado que se lo diga á usted particularmente.
(4) Disimule usted por un: momento. No he concluido lo que tenia que decirle. Tenga usted la bondad de volver luego.
ESCENA XVI
(DOÑA LUISA, VALENTÍN.)
Parece que te has quedado sórpren(1) Finge ver a don Felix con sor-
(2) Don Felix vuelve la cabeza'co-» para ocultarse de Valentin. (3) Mirando a don Felix, (4) A don Felix, dido al ver 4 don Felix. ¿Por que le mirabas con tanta atencion?
No.es nada;/sino que... Ya no me es posible servir a usted. Lo siento mucho; pero me despido.:
¡Cómo! ¿Solo por haber. visto. aqui a don Felix? es
¿Usted sabe á quién ha recibido en su casa? la a
Al sobrino de don Hilarion, mi rocurador.
¿Y cómo se ha gobernado para que usted le conozca? ¿cómo ha penetrado hasta aqui?:
El mismo don Hilarion me lo ha enviado para administrar mis bienes.
¡Don Felix administrador de usted! ¡Y don Hilarion le envia! ¡Pobre hombre! No sabe la alhaja que ha proporcionado a usted. ¡El tal don Felix es el mismo demonio!
¿Pero que quieres decir con eso? Esplicate. ¿Le conoces ta,
¡Toma si le conozco! Demasiado; y él tambien á mí. ¿No ha notado usted -——eómovolyia la cara para queno le viese?
Es verdad; y yo no sé qué presu= mir. ¿Serla capaz de alguna accion in» digna que tú sospeches? ¿Es hombre de malas ideas?
¿El? No por cierto. En todo Madrid no hay un jóven mas apreciable, El solo tiene mas honor que cincuenhombres honrados. ¡Oh! Yo le hago justicia. Es la suma probidad.
Pues entonces ¿cuál es la causa de tantas esclamaciones? Habla; sácame ( oe y) de inquietud.
Su defecto lo tiene aqui; en la cabeza.
¿En la cabeza?
St señora. Está loco; pero loco rematado. sol ¡
¡Don Felix! Pues si me ha parecido tan juicioso, tan formal... ¿Qué prueba tienes de su locura?
¿Qué prueba? Seis meses hace que perdió la chaveta: seis meses hace que delira de amor, que tiene el cerebro como un chicharron, que esta perdido, furioso... Yo lo sé mejor que nadie, porque le he servido. Su locura me Obligo a dejarle, y es causa de que abandone tambien esta casa. Mire us= ted, y. por otro lado me da lástima, porque es un jóven incomparable.
Mas que sea lo que quiera. No sufro yo locos a mi lado. ¡Dios me libre! ¿Dices que el amor le ha hecho perder el juicio? Y acaso valdrá mny poco la que se lo ha inspirado. No lo estrañaria, porque los hombres tienen unos captichos. +.
¡Ah! Bien puede ústed perdonarme. Su amada es capaz de enamorar al puerto de Guadarrama. “; Caspita! -Su tocatá es de buen gusto.
No importa. Estoy resuelta á despedirle. ¿Conoces tú por casualidad á esa muger funesta?
Tengo el honor de verla todos los dias.
; Todos los dias! ¿Quién es?
Usted, señora.
¡Yo! j V al. Seis meses hace que le tiene usted sin sosiego, que daria su vida por el placer de contemplar a usted un instante. Ya ha debido usted notar qne se queda como embelesado cuando la mira, 2.
Sí, algo de eso he reparado. ¡Pobre muchacho! Le compadezco.
¡Que! ¡Sí no puede hited figurarse hasta donde llega su demencia! Va á acabar con él, si Dios no hace un milagro. El es buen mozo, su conduc-= ta es irreprensible, tiene un talento desecho, y pertenece á una familia muy buena; pero... es pobre. Y ha de saber usted que ha estado en sú.mano el casarse con mugeres muy ricas y de mucho mérito que ofrecian hacer su fortuna, y:no las escupirian mas de cuatro poderosos. ¿Si tiene un partido «con las muchachas!... Hay una en particular. que está ciega por:el, y no le usdeja assol ni arsombraies
(1) ¿Deveras? sel
Lo que: usted oye. Lo sé por:ella misma.. s una morenita; buen cuerpo... La habrá usted visto en el Prado mil: veces... ¿Pero él? mada. De ¿ninguna hace caso. No quiero enga«Marlas, me decia muchas' veces; no puedo:quererlas; mi corazon no es liai bre. Yy si viéra: usted..:¿Se:ule. ¿atan las lagrimas al pobrecillo; porque bien conoce que no hay esperanza para él,
Eso es terrible. ¿Pero dónde me-ha «visto antes de venir á mi casa, Vas lentin? i
¡Ay señora! Una noche, al salir us» «ted dela ópera, perdid el: juicio. Un viérnes fue,' bien me acuerdo: un viérnes. La vid á usted bajar la estalera, y la siguió hasta el coche. Preguntó cómo se llamaba: usted, y á A 1) Como inyoluntariamente, dónde vivia; y yo le encontre á la uerta del teatro, estático, petrificado.
¡Qué me cuentas!
Bien podia yo gritar: ¡Señor! ¡Señor! Nada, como si se lo hubiera dicho á un tronco. Al fin volvió en:si; pero con un aire espantadizo que me puso en cuidado. Le hice entrar en un coche, y nos volvimos a casa. YO
que se le pasaria pronto aquella ¿especie de enagenamiento, que me afligia en estremo, porque... ¡es un sugeto tan apreciable tl... Pero fue vana mi esperanza. No habia remedio para él. Los encantos de usted dieron al traste con su cordura, su espiritu jovial, su carácter amable; y desde la «mañana siguiente él no hacia otra cosa que pensar en usted, y yO espiarla de dia y de noche.
Estoy asombrada. Y yo tan agena de...
No paré hasta hacerme amigo de tuno de los criados de usted... que ya no está en casa. A costa de algunas pese-. tillas que me gastaba con el sabia todos los pasos de usted. Esta noche va al teatro, me decia. Al instante corria yo con el aviso á mi amo; y desde las cuatro de la tarde nos estabamos de ««planton á la puerta. A casa de fulana 'ya, a casa de citana. Alli nosotros para yerla á usted salir y entrar; él en un bombe de alquiler, y yo detrás; tiesos de frio, porque era en el rigor del invierno, El tan contento, y yo, que soy poco aficionado á pulmonias,, renegando de su amor y de mi picara fortuna, L ut, ¿Pero es posible?,.,
Al fin me cansé de una vida tan aperreada, Mi salud se alteraba, y la suya mucho mas, Le hice creer que se habia usted marchado al campo; y ..me dejd descansar dos dias. Al terce= ro quiso el diablo que la encontrara a usted en Vista-alegre, á donde le lleyó un amigo, casi por fuerza, con el fin de distraerle un poco. Volvió hecho una fiera; me quiso pegar, no obstante su buen corazon; pero yo no .¿lo.tuve por conyeniente, y me largué, Mi buena estrella me. trajo despues á su casa de usted, y encuentro ahora a mi buen don Felix introducido en ella, y agraciado con la administracion Ñ de los bienes. de usted, que no came 1 biaria por, el imperio-del mundo.
Es cosa singular... ¿Y qué hago yo Ahora? Estoy, tan cansada de tener á mi lado gente desleal, que por su probidad me alegraba de haberle recibido; y ahora... No es decir que 'su amor me incomode. Buena ridiculez seria el inquietarme yo por eso. al. Hará usted una obra de caridad en despedirle; porque el fuego junto a la estopa...
Si, de eso trato; ¿pero se curará porque yo le despida? Por otra parte, no sé qué decir a don Hilarion, que me le ha recomendado,-ni veo un pretesto decoroso para deshacerme de ese hombre.::
¡Ay, señora! Tome usted mi consejo. Mire usted que yo conozco' á los hombres. Como que he corrido la carabana, y en mis años verdes estudié gramatica latina.
¿Pero con qué cara le digo yo ahora que se vaya
Bien: haga usted lo que guste. Se abrasará, se consumirá de amor, +.
Para él será el daño. En las circunstancias presentes » yo no puedo prescindir de tener un hombre que mire por mis intereses; ni creo” yo que haya tanto peligro para él en permanecer 4 mi lado. “Al contrario; si algo puede mitigar su pasion, es el verme a todas horas. Me parete que le hago un beneficio en conservarle.
En efecto. El remedio no puede ser mas inocente. Lo que es él no dirá una palabra: jamas le oirá usted hablar de su amor.
¿Estás tú bien seguro de eso?
¡Oh! No hay cuidado: primero moriria. Su amor es tan respetuoso, tan humilde... ¿Piensa usted que asira a ser correspondido? Nada de eso. Está persuadido de que no hay en el mundo quien merezca á su adorada Luisa. Solo quiere verla, contemplar sus bellos ojos, sus gracias, su talle gentil, y... nada mas. Me lo ha dicho
veces. y
¡Cuanto va á sufrir el infeliz! Vamos, tendré paciencia por unos dias hasta que se me presente otro. Tú nada temas, Valentin. Te estoy muy agradecida, y recompensaré tu zelo. No te vayas de mi casa. ¿Entiendes?
Mi única ambicion es Servir a Uso ted toda mi vida. 0 np
Sobretodo, no sepa don Felix que yo estoy informada de lo que pasa en su:cu“razon. Guarda un profundo secreto con él y con toda la familia. Hay ciertas co-
que conviene reseryarlas mucho. Y al. No descoseré mi boca.
Ya vuelve. Rettrate.
ESCENA XVII
(DOÑA LUISA.)
En verdad, yo tambien le hubiera dispensado de semejante confianza.
ESCENA XVIII
(DOÑA LUISA, DON FÉLIX.)
Señora, vuelvo a ponerme a las ór= denes de usted. l
Si... ¿De que estabamos hablando? No me acuerdo.
De cierto pleito con el señor conde -de Alba-fria.
Es verdad. Le dije á usted que nos 'querian casar.:
Si señora; y usted iba 4 añadir, sl -no me engaño, que estaba poco dispuesta á esa boda.
Efectivamente. Deseaba encargar a «usted el exámen de los papeles, para «saber si tendria algun riesgo en pleitear; pero me parece qué debo dispensar á usted de ese trabajo. No estoy segura de poderle a usted conservar en mi casa.
¡Ah, señora! La bondad de usted me lo aseguró no hace mucho.
St; pero sin reflexionar que he prometido al conde recibir a un recomen-
suyo. Ya ve usted que seria una impolitica faltar a mi palabra. A lo menos necesito hablar al sugeto que me envia, y...:
Soy desventurado. Todo seme frustra. Tendré el dolor de ser despedido.
(1) Yo no digo tanto. Áun no se ha resuelto nada. (Ni me atrevo a mirarle.
No me deje usted en tan amarga incertidumbre.
Bien. Procurare que usted se quedé; lo procuraré. pd ENS
Es decir que sin perder tiempo veré en qué estado está ese asunto.
No es cosa que urge tanto. — Seria tomarse usted un trabajo inutil si yo me casara con el conde.
Me parecia haber oido decir a usted que no tenia inclinacion a ese ca-ballero.
Todavia no. (1) Como a su pesar.
Y luego... ¡la situacion de usted es tan tranquila, tan dulce!...
(No tengo ánimo para afligirle.) Vamos; tranquilicese usted. Voy ami gabinete 'á buscar mis papeles. Venga usted luego, y se los daré. (1) (¡Pobre joven!'Poco me ha faltado para llorar.)
( r XIX: 000)
ESCENA XIX
(Don Ferix y Vanesrix)
(2).)
Casilda le busca a usted para enseñarle su habitacion. Yo vengo con pretesto de llamarle. ¿Qué tal va?
; Qué amabilidad! ¡Qué dulzura! ¿Cómo ha recibido lo que le has di-
de mi?
Es de parecer de conservarle a usted por compasion. Cree que usted se curará' acostumbrandose a verla á todas horas.
¿Es cierto?
No se escapara de mis redes. Cuéntela usted ya por suya. Yo me vuelvo. “Nos veremos. j (1) Fendose. pad (2) Entra misteriosamente, y como de paso.: 09 9D LD
No; quédate. Ya veo venir a Casilda. Dila que me espera la señora para entregarme unos papeles, y que iré 4 buscarla asi que me los dé.
Si, márchese usted. Tambien á esta niña tengo yo que decirle dos palabritas al oido.
ESCENA XX
(VALENTÍN, CASILDA.)
¿A dónde va don Felix?
(1) Dice que le espera la señora para darle unos papeles; y que volverá luego. Pero, pregunto yo: ¿qué recision hay de enseñarle su cuarto? Será demasiado escrupuloso sino le acomoda. ¡El demonio del hombre ES Yo le aconsejaria...
Tú no tienes que ver en eso. Yo “hago loque la señora manda.
La señora es demasiado buena; y si ella supiera... Ese boqui-rubio tiene traza de ser algo aficionado á las hijas de Adan.
Puede serlo con mas confianza que muchos. (1) Como enfadada,
Si no me engaño, yo he visto a ese apunte, no sé dónde, contemplar con mucho placer a la señorita.
¿Y qué tenemos con eso? ¿Te pesa que le parezca bonita?
A mino; pero se me figura que no ha venido aqui con otro objeto que el de verla mas de cerca.
(1) Ah, ah, ah, dejos aprension! No sabes tú de la misa la media. Eres un pobre mentecato.
(2) Ah, ah, ah, ¿con que yo soy un mentecato?
Ah, ah, ah, ¡el pedazo de alcornoque!; Me ha hecho gracia la observacion!
ESCENA XXII
(VALENTÍN.)
simple! Aun no sabes tú quién es Valentin. Yo te haré tragar la pildora. Pongamos en juego todas las baterias; y harto será que la plaza no se rinda a discrecion. (1) Riendose. (Q) Riendose:
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(DON FÉLIX, DOÑA LUISA.)
El derecho de usted a esas fincas es mas claro que la luz del dia. Puede usted pleitear con toda seguridad. No satisfecho con mi propio exámen, he consultado sobre el particulas 4 varias personas ilustradas; y todas son de mi opinion. Sino tiene usted otro motivo para casarse con el conde, nada la obliga a semejante boda.
Mucho se va á afligir si la rehuso. “Me cuesta mucha pena el resolverme á romper con el,
No es justo que se sacrifique usted al temor de afligirle.
¿Pero lo ha mirado usted bien? Usted me ha dicho que mi situaciones dulce y tranquila; y el deseo de que me conserve en ella es acaso el único motivo que tiene usted para darme ese consejo. Tal vez estará usted algo preocupado contra el matrimonio, y por consiguiente contra el conde.
Señora, el bien de usted me interesa mas que el suyo.
Mil gracias, señor don Felix. — En todo caso, si le doy mi mano, y le acomoda servirse de otro administra= dor, usted no perdera nada. Yo le doy mi palabra de proporcionarle mejor colocacion.
No señora. Si tengo la desgracia de perder esta, ninguna quiero. — Y puibablepen la perderé. Bien lo veo.
Sin embargo, creo que se entablará el pleito. — Veremos.
Aun tengo que decir a usted dos palabras. Acabo de saber que ha muerto el capataz de uno de los cortijos de usted. Será preciso mandar a cualquiera de esos muchachos en su lugar. ¿Y quién mejor que Valentin? Yo veré de reemplazarlo aqui con otro
de quien puedo responder.
No: mejor será mandarlo al cortijo, que se quede aqui Valentin. Tengo «mucha confianza en el; me sirve bien, y me conviene a milado. Ahora que me acuerdo; me ha dicho que ha servido a usted algun tiempo!
(1) Es cierto, señora. — Valentin (1) Fingiendo turbacion. es fiel, pero poco exacto. Y luego, es-
gentes rara vez hablan bien de los amos que dejan. ¿Quién sabe si habrá tratado de descóneeptuárme con ústed? Yo no estrañaria... RM
Me ha dicho mil elogios de usted...
ESCENA II
(Dichús y Don HiLArroN. j)
¿Qué trae usted de bueno. señor don Hilarion? cd as
Señora, vengo a dar á usted las gracias por haber recibido 4 mi sóbrino sin otra recomendacion que la mia. tl. Ya ve usted que no he yacilado un momento. Js dape
Lo estimo infinito. ¿No es cierto que le han hablado ¿usted por otro?
St señor 2 200g enteo
Me alegro; porque supuesto que ya no le hace ¿usted falta, me le llevo para cierto asunto urgente.
Y áquéfinr o
Na Yo sabrás. eN
Pero, don Hilarion:, es usted demastado vivo. Yo'necesito del señor; y he rehusado el otro pretendiente.
Por mi parte: jamas saldré de. esta casa si la señora no me despide.
Usted no sabe lo que se pesca, So-= brino mio. Es preciso salir de ella, indispensable. Yo diré el motivo. Señora, usted misma sea juez. Una señora de treinta y dos años, bien parecida, de buenas costumbres, y de alguna distincion; que no declara su nombre; que dice que yo he sido su procura= dor; que tiene cuando menos cuatro mil duros de renta, lo que probará a su tiempo; que ha visto a Felix en mi casa; que le ha hablado, y que no igmora su pobreza, quiere casarse con el inmediatamente. El sugeto que ha venido á decirmelo de su parte volyerá luego por la respuesta, y á presentar 4 mi sobrino en casa de la novia. ¿Qué tal? ¿Es esto moco de pavo?
(1) Al señor le toca responder.
¿En qué estás pensando? ¿Vienes, Ó no vienes ais
No señor. Me es imposible aceptar la mano de esa señora, 65
¿Estas en tu juicio? ¿Has oido bien lo que he dicho? Tiene cuatro mil du= vos de renta; ¡cuatro mil duros!
Mas que tenga cuarenta mil, Ni ella (1) Con frialdad. ni yo seriamos felices. Mi corazon ya tiene dueño.
“Mi corazon ya tiene dueño.” ¡Esta buena la salida! Nunca hubiera yo adivinado los escrúpulos de ese cora= zon, que te manda ser administrador de las haciendas de otro, cuando puedes serlo de las tuyas. ¿Es esa tu última resolucion, pastorcito fiel?
Sí señor, y no la mudaré por cuanto hay en el mundo,
Pues eres un imbécil, un leopardo. ¿Digo bien, señora? ¿Se ha visto estravagancia como ella?
No le riña usted. Yo no diré que deba despreciar tan buena fortuna; pero...
¡Como! 'Sesun eso:usted...
Yo no Pe condenar una conducta tan generosa. Sin embargo, señor don Felix, procure usted vencer su pasion. Yo bien conozco que es dificil.
Imposible, señora. Antes sacrificas ria mi vida que renunciar á mi amor.
¡Sublime rasgo, digno de figurar en la novela mas patética! Pero señora, a usted le parece razonable...
Vea usted si puede persuadirle. Yo me retiro.— (Me conmueve tanto, que estoy comprometida en su presencia.)
ESCENA III
(DON FÉLIX, DON HILARIÓN.)
(¡Si supiera mi tio lo bien: que me esta sirviendo!)
¡Sobre que lo veo, y no acabo de creerlo! — ¿Sabes que mas de cuatro estan en una jaula con menos motivo June que tu?
ESCENA IV
(DICHOS, CASILDA.)
Ven acá, ven aca, hija mia. »
Acaban de decirme que esta usted aqui.
¿Qué opinas tú de un hombre que no tiene sobre qué caerse. muerto, y rehusa la mano.de una muger' bonita y honrada, con ochenta mil reales de renta limpios de polvo y paja?
La respuesta es muy sencilla. Ese tal es un majadero. SN
Pues el majadero es mi sobrino. ¿Y qué disculpa diras que me ha dado? “Que su corazon ya tiene dueño.” Pero como es regular que aun no haya conquistado el tuyo, porque' no creo que en tan poco tier:po te haya trastornado los cascos,te ruego me ayudes a hacerle entrar en razon. Tú eres una muchacha como una perla; pero no querrás disputarle un casamiento tan ventajoso. No hay hermosura capaz de competir con cuatro mil duros anuales.
¡Cómo! ¡Hablaba usted de don Felix! ¿Por mi, por su querida Casilda mira con desprecio tan brillante for-= tuna?
Asi parece; pero tú eres demasiado generosa para consentirlo.
(1) Se equivoca usted, señor don Hilarion, El esceso de mi cariño me fuerza á aprobarlo, y su fineza me encanta. ¡Ay, don Felix, cuán digno es usted de mi ternura! No hubiera creido que me amase usted tanto.
¡Aguarda un poco! ¡Apenas le ha visto, y ya se muere por él! ¡Qué com» bustible es el corazon de una muger!.
¡Eh! ¿Se necesita tanta opulencia Para ser feliz? Doña Luisa, que me quiere tanto, suplirá en parte por su generosidad a las riquezas que el señor me sacrifica. Mi amado Felix, (1) Con ternura. ¡cuanto derecho tiene usted a mi gratitud!
Ninguno, señorita. No tiene usted por que agradecerme lo que hago. El amor me lo manda. Usted no me debe nada.
¡Qué delicadeza! Estoy embelesada. ¡Dichosa yo, que merezco oir tan tiernas palabras!
“Tan tiernas palabras.”— Yo digo que son muy necias, y que mi sobrino no tiene sentido comun. — Á Dios, dulcisima Casilda. Gara te compran. No te hubiera yo valuado en tanto; or vida mia.—A Dios tú, idiota sentimental. Hágate buen provecho tu ternura, que á otro se lo haran mis doblones.
ESCENA V
(Don FrLix y CAsILDA.»)
Está irritado; pero ya le apaciguaremos.
(1) Creo que si. ¿Quién es ese caballero? )
El conde de Alba-fria, de quien ya (1) Mirando adentro. hemos hablado. El que ha de casarse con la señorita. dei
Me voy; no séa que me hable de su pleito. Ya sabe usted lo que le tengo dicho sobre el particular, Es inútil que yo le yea.
ESCENA VI
(EL CONDE, CASILDA, EL CONDE, BUENOS DIAS, CASILDA.)
Servidora de Y. S., señor conde. En el jardin está mi señora.
Ya lo sé. Su madre me acaba de dar una noticia desagradable. Sabiendo doña Luisa que yo la tenia buscado un administrador, parece que ha recibido á otro, de quien nada podemos esperar.
No hay que desanimarse por eso, 2 señor conde. Don Felix es hombre muy razonable. Si doña Leoncia no ha quedado contenta, ella se tiene la cul. pa. Desde luego se ha estrellado con él; le ha dicho mil injurias; y no es asi como se gana a los hombres. ¡Pues no ha ido á echarle en cara, como si fuera un delito, que tiéne buena figura!
¿Será por casualidad el que acaba de separarse de ti?
Justamente.
Es buen mozo; no se puede negar.
¡Y qué finura! ¡Que grandeza de alma!
Yo le hablaré, y veremos si saco doña Leoncia. Las mas partido pe mugeres todo lo echan a perder. Creo que tu señora no me aborrece; y para acabar de decidirla en mi favor no es menester mas que convencerla de que el fundamento de nuestra contienda es dudoso para ella. Doña Luisa no querra sostener el laberinto de un pleito; y no me dolerá el dinero si con el podemos conseguir que se pona de nuestra parte el administrador.
¡Oh! No. Don Felix no es hombre ue se deja sobornar. Es el joven mas do de la Peninsula.
¡Qué diablo! Estos hombres 12=corruptibles no valen para nada.
Yo veré de persuadirle...
ESCENA VII
(DICHOS, LUCAS.)
Señorita, ahi ha venido un hombre —preguutando por otro. ¿Sabe usted quién es?
¡Qué embajada esta! — ¿Y quién es ese otro á quien busca?
No lo sé, a fé de Lucas. Usted me lo dira. o.
¡Otra te pego! — Dile que entre.
(1) Mocito, entre usted.
ESCENA VIII
(EL CONDE, CASILDA, UN OFICIAL.)
(diamantista.)
¿A quién busca usted?
A'un caballero á quien tengo que volver un retrato con una caja que nos ha mandado hacer. NO
¿Es V: S. el que lo ha encargado, e señor conde?
No por cierto. No; no es el señor: es otro,
¿Y adonde le ha dicho a usted que se lo. mandase? j SUS
A' casa de un procurador que: se' llama don Hilarion Corneja.
¡Calla! El procurador de la señora,
No le he encontrado en su casa. Me han dicho que aqui estaria.
¿A yer la caja? 0 AVE puerta,
Tengo ¿órden de no entregarla sino 4 su dueño. Dentro viene el retrato ¿de,la señora.:. ad
¿El retrato de una señora? ¿Qué viene á ser esto? ¿Si será el de Luisa? Yo voy a averiguarlo.:
ESCENA IX
(Casizna y. el ¡OrICIALo)
Ha hecho usted mal en hablar del retrato delante:de ese señor. Ya sé yo 4 quién busca usted. Al sobrino de don Hilarion; ¿no es verdad?
Creo que sí. dal
Un caballero. alto, rubio, que.se lla» ma don Felix. id
Esas son las señas. aid
Yo estoy. en. el secreto. ¿Ha mirado usted el retrato? e
No señora. Soy poco curioso...
Pues bien; es el mio. Don Felix ha salido; volverá luego. Venga la caja. «Bien puede usted entregarmela sin re=
y aun me dará mucho gusto en ello. Ya ve usted que estoy bien. impuesta en el asunto.
Asi me parece. Tómela usted. A bien que ya esta pagada. Hagame us¿-ted. el favor de dársela: cuando vuelA EA O 0
Pierda usted cuidado. Vamos; esta ¡yisto: don Felix me adora. Este es mi retrato: no me queda la menor duda. Ahora veo que tenia razon su tio cuando me dijo que me conocia de mucho tiempo atras.
ESCENA X
(DON FÉLIX, CASILDA.)
Casildita, ha visto usted por aqui a un muchacho que me venia buscando, segun las señas que me ha dado Lucas?
Don Felix, ¡que amable es usted! (2) Sería yo muy injusta sino correspondiese á tanto cariño. Tranquilicese usted. El diamantista ha venido, he hablado con: el; y la caja esta en mi. poder. )
aa0no, «ls iy
Misterios a un lado. Ya le digo a.us= ted: que yo latengo, y estoy muy reconocida,á tantas pruebas de amor. Se la volveré á usted despues que vea el (1) Y ase. ) (2) Mirandole con ternura. retrato: ¿si? —La señora se acerca con su madre y el conde. Retirese usted. A mi cargo queda... P.
(¡Ah, tontuela, ¡cómo te “clavas! Todo se combina perfectamente. )
ESCENA XI
(DOÑA LUISA, DOÑA LEONCIA, EL CONDE, CASILDA.)
Casilda, el señor conde me habla de un retrato que han traido aqui, no se sabe para quién, y presume que sea el mio. 'Tú sabrás que ha sido eso.
Nada, señora. —Yo se lo diré a usted. —Me he enterado bien del asunto despues que el señor se ha ido. — No hay por qué desazonarse. No va nada con usted.
¿Pero has visto tú el retrato?
Todavia no; pero lo mismo que si lo hubiera visto. Yo sé de quien es.
El retrato es de úna muger: en estono hay duda. Aqui han venido á buscar al sugeto que lo ha mandado hacer; y yo no he sido.
Bien; pero cuando yo digo que la señora no tiene nada que ver con él, ni V. $S. tampoco...
Vaya; pues una vez que tú' estás instruida del caso, sacanos de dudas: yo te lo mando. Me va incomodando esta disputa, y ya es hora de termi-narla. Habla.
'Tiene razon. ¿A qué tantos misterios? Por lo que hace al señor conde, no hay motivo para que te incomodes, Luisa. Es tan natural en un amante el ser un poco zelóso...
¿He de saber yo á sangre fria que un desconocido ha mandado retratar 4 la señora? Si-yo averiguo...
Basta, señor conde. Usted puede tener zelos de quien quiera; pero hasta ahora ningun derecho le he dado para manifestarlos en mi presencia. — Acabemos, Casilda.
Bien, señora, lo diré. — ¡Tanto ruido para nada! Ese retrato es el mio,
¿El tuyo?
Stseñor; el mio. — ¿Y por qué no? No hay que escandalizarse tanto.
Es cosa muy singular.
Perdone usted, señora... Mi cara, sin vanidad, es tan buena para retratada como cualquiera otra; y ya la "quisieran ternier mas de cuatro señoronas.:
¿Y quién ha tenido tan delicada gusto?
Un joven A date apreciable, poseido de los mas elevados sentimientos; que me ama; que me solicita. — En una palabra: Apia Felix.
¿Mi administrador?
El mismo.
¡El de los sentimientos elevados! ¡Qué fáatuo! Le Casilda, tú me engañas. Desde que está aqui no ha tenido. tiempo paras has certe retratar.
Es que hace ya muchos dias que me conoce.
Veamos ese otalita:
Aun no he abierto la caja; pero sy yo: usted va a verlo..
(1) ¡Qué veo!...
¿Decia yo bien? Usted es pos re= tratada.
¿Mi señora? — Es verdad. (Pues. hus biéra. yo. apostado ¡la cabeza...) Ahora veo que Valentin'no me ha engañado.
(Cierta ha sido mi: sospecha...) ¿Eñ que ¡te fundabas para: creer qe. era tuyo el retrato? ía (1): yes la caja; 07 todos miran 1 el retrato,
Cualquiera se hubiera engañado en mi lugar..Don Hilarion me dice que soy amada de su sobrino; quiere casarnos; don Felix esta presente, y no ¿dice que no. Rehusa delante de mi una boda muy ventajosa; don Hilarion echa la culpa, y no le desmiente: Viene en seguida un mancebo con ese retrato en busca de su dueño; le pre.¿gunto, y en todas sus.respuestas reconozco a don Felix. El retrato es de muger; don' Felix me ama hasta el estremo de renunciar a una gran forpor mi causa; saco, pues, en con secuencia que yo soy la que ha mandado retratar. Ya veo que me he equivocado; pero me parece que no he ¿procedido tan de ligero. ¡Cómo ha de ser! Renuncio a mis esperanzas. No soy digna de tanto honor. Ahora veo toda la estension de mi error... y callo.
Vamos; ya.esta descifrado el misterio. Usted aparenta enojo y admiracion, señor Conde; pero, por mas que quiera disimular, no se me oculta que es usted á quien traian el retrato. Un sugeto, cuyo nombre “ignoran, y á quien buscan en mi. casa, no puede ser otro que usted.
(1) No lo ereo yo.
Si, si: está claro. ¿Por qué lo niega usted? ¡Aunque fuera un delito! ¿Qué tiene eso de particular estando usted para casarse con mi hija? Vamos, confiéselo usted.
No señora; no soy yo. Lo juro por mi honor. No teniendo yo ningunas relaciones con don Hilarion, ¿a qué fin buscarme en su casa antes da venir aqui? ES
(2) No 'me acordaba yo de esa circunstancia. 14 0
¿Y qué importa una circunstancia mas Oo menos? Insisto en mi opinion. Sea lo que fuere, el retrato no saldrá de mi poder. — ¿Pero quién da voces allá dentro? Mira á ver qué es eso, Casilda.:
ESCENA XII
(DICHOS, VALENTÍN, LUCAS.)
Te digo que eres un rocin (3). (0) Afligida. Pensaátiva. (3) Al entrar,
¿Qué diablos teneis, que estais albo. rotando la casa?
Si yo dijera una sola palabra, tu amo saldria de aqui mas que de paso.
¿Tu? Aqui hacemos tanto caso de tr y de toda tu raza de canalla, como de esto (1).
Si no fuera por miramiento á la señora, del primer bofeton...
Ven, ven: aqui esta la señora.
¿Qué ha sido eso? ¿Por qué reñis?
Ven acá, Valentin. ¿Qué palabra es esa que dirias contra Don Felix? No tengas reparo en hablar con franqueza.
Dila, dila.
Calla tú. Déjale hablar.
Hace una hora que me está insultando, señora.
Yo saco la cara por don Felix, que para eso me paga la señora; y no sufro que le ofenda un zamarro como tu.
¿Pero no sabremos qué palabra es esa con que le amenaza Valentin? Esto es lo que urge.
Que se atreva á decir ni una letra.
No hagan ustedes caso: ha sido Escupe. únicamente gana de hablar. La causa de la disputa es la siguiente. Arreglando el cuarto de don Felix he visto en el un cuadro donde esta usted retrata= da, y he creido que se debia quitar; porue ni hace falta, nies decente tenerlo alli. Voy a descolgarlo; este ostrogodo me lo estorva; y por poco no andamos á mogicones.
Hago muy bien. ¿Quién té mete ad ti en quitar de su puesto un cuadro tan guapo, que don Felix contemplaba, no hace mucho, con el mayor regocijo? ¡El pedazo de atun! ¡Mire usted. que daño le hara el buen hombre porque sea aficionado a la pintura! Quitale cualquier otro mueble, si tie= ne muchos; pero dejale el cuadro, animal.
Ye digo qué lo quitaré; y la seño= ra no podra menos de aprobarlo.
¿Qué cuidado se me da á mi de eso? Poca necesidad tenials de armar tanto: estrépito por un cuadro viejo, que está alli por casualidad, Dejadlo estar, marchaos de aqui.:
No, hija mia. Aquel no es su puesto. Es preciso mudarlo. Puede dispensarse tu administrador de sus! ridículas contemplaciones.
(1)¡Oh, sil No semorirá por eso, — 1dos de aqui.
ESCENA XIII
(Dichos, menos los criados,)
(2) Vo se puede negar que el tal don Felix es hombre de gusto.
(3) Reflexion muy justa. ¡Efectivamente! ¡Es muy estraordinario que fijado los ojos en un retrato mio)
Ese hombre no me ha pasado á mi de los dientes adentro. Tengo yo un golpe de vista muy feliz; y cuando á mí no me gusta... Ya has cido la amenaza de Valentin. Yo no la echaria en saco roto, Pregúntale, y sepamos misterio es ese. Yo estoy persua= dida de que ese botarate no te conviene. Todos lo conocemos, menos tú.
Lo que es yo', no abogaré por el.
(4) ¿Qué es lo que ustedes ven, que mi se me oculta? Yo debo de ser muy lerda sin duda. No encuentro el (1) Sonriendose. (2) Picado. (3) Con ironía. (4) Con risa ironica. menor motivo para despedir a un hombre que me ha venido por muy buen conducto, que tiene las mejores cualidades, que me 'sirve bien, y acaso demasiado bien. Nada de esto se ha escapado 4 mi penetracion.
Vamos, ¡si digo yo que estás ciega!
No tanto como usted piensa. Cada uno tiene su modo de ver las cosas. Por lo demas no tengo ningun incon= veniente en examinar a Valentin. Apruebo el consejo de usted. Anda, Casilda, dile que venga.
ESCENA XIV
(DICHOS, CASILDA.)
Si me prueba que hay motivos fundados para plantar en la calle 4 un administrador, que ha tenido la osadia de mirar un retrato, no permanecerá mucho tiempo 4 mi lado; y en caso contrario tendran ustedes la bondad de permitir que le conserve mientras me acomode a mi.
¡Oh! tú te desengañarás. Vuelvo. a decir que tengo un golpe de vista muy fino.
Señora, yo soy franco. Temi que inspirase á usted el deseo de pleitear, y por amor únicamente he deseado que alejase el ánimo de usted de semejante idea. Pero sea cual fuere la determinacion de usted, declaro desde ahora solemnemente que no es mi de-signio litigar, ni quiero mas árbitros en nuestra discusion que usted y sus agentes, aunque sepa perderlo todo.
¡58ro sl aquí no hay nada que discutir. Gon la boda se zanja todo, y yo la doy ya por concluida. on. En cuanto a don Felix, no despego mis labios. Volveré solamente á saber qué ha resuelto usted acerca de él TY en caso de despedirle, como presumo, puede usted recibir, si gusta, el que le tengo ofrecido.
Aqui tienes 4 Valentin. Te dejamos a solas con él. Harto será que no te diga sapos y culebras de'tu insigne administrador.
ESCENA XV
(DOÑA LUISA, VALENTÍN.)
Me han dicho que quiere usted hablarme, señora.
Ven acá. Eres muy ¡imprudente,
Otra opinion habia yo formado de tr. ¿Por qué no pones mas atencion en hacer lo que te mando? Te encargue que guardases silencio acerca de don Felix, y me lo prometiste, previendo las consecuencias ridículas que podria tener para mt la publicidad de su amor. ¿A qué fin disputar sobre un miserable cuadro con ese zopeuco, que escandaliza la casa, y viene aquí á sacarme los colores?
No creí que mi disputa pudiera tener trascendencia. Me he dejado lHevar de mi zelo y mi respeto hacia usted.
¡Eh! Deja á un lado tu zelo. No es esto lo que yo exijo, sino tu silencio. Vé aqui lo que yo necesito para salir del pantano en que me veo por tu causa. Si no hubiera sido por tu indiscreta fidelidad, yo ignoraria que ese hombre me ama, y no tendria que estudiar mis palabras y mis movimientos.
Confieso que no he obrado con cordura.
Aun la disputa, pase; ¿pero por qué ““esi yo dijera una palabra!..” Esa OA ha sido una imprudencia sacrilega. F al. Otro efecto de mi zelo inconsiderado.
Pues bien; cállate, cállate con mil santos. Quisiera hacerte olvidar lo que me has dicho.
¡Oh! Pierda usted cuidado, Yo me enmendare.
Por tu maldito aturdimiento he tenido que llamarte ahora con pretesto de preguntarte qué palabra es la que tenias que decir contra don Felix, Mi madre y el conde estan muy persuadidos de que me vas a descubrir es. pantosos delitos. ¿Qué les digo yo ahora?
No se apure usted por esa bicoca. Hagales usted creer que yo he averiguado, por personas que le conocen, su incapacidad para el empleo que se le confia. —Será una injusticia, porque lo que es habilidad no le falta. Es capaz de cortar un pelo en el aire.
Enhorabuena; pero hay un inconveniente. Supuesto que es incapaz, me dirán que le despida; y aun no es tiempo de tomar ese partido. Yo lo he reflexionado bien, y Me parece muy espuesto. La delicada posicion en que me hallo me obliga á andar con ples de plomo. Si su pasion es tan vehemente como tú me la pintas, estallaria enmedio de su dolor; y Dios sabe lo que las gentes dirian de mi. ¿Como me he de fiar yo de un hombre desesperado? Mi propio interés es el que me aconseja ser tan circunspecta; no la necesidad que tengo de conservar a ese jóven. Á menos que no sea cierto lo que dice Casilda..., porque en este caso nada tengo que temer. Ella nos ha asegurado que es conocida antigua de don Felix; que la quiere, segun ha dicho don Hilarion, y que este trataba de casarlos... Yo me alegraria.
¡Qué simpleza! Don Felix no la ha visto hasta hoy, nilo ha soñado. Don Hilarion ha forjado esa fabula “con ánimo de casarlos, y Casilda lo ha creido como articulo de fé. Yo no me he atrevido 4 desmentirle, me ha dicho don Felix, por temor de indisponer contra mí á esa muchacha, que está muy bien quista con su señora; y el caso es que la pobre vive muy satisfecha de que he rehusado por ella los cuatro mil duros de renta que me ofrecen.
¿De veras te ha dicho eso?
Si señora, ahora mismo, en el jardin; por señas que le ha faltado poco para ponerse de rodillas, rogandome ue no le descubra, y que le perdone el mal tratamiento que usó conmigo cuando le deje. — Yo le he dicho que callaria', pero que no pensaba permanecer en esta casa teniendole a mi lado, y que era forzoso que el la desalojase. — Si le hubiera usted visto llorar, gemir, tirarse de los pelos... Daba compasion. A
¡Pues: Lo que yo digo. Ya ves tú si tengo yo'fszon en no usar de rigor con el; ya lo ves. — Nada; no hay que exasperarle. Yo me prometia mucho de esa boda con Casilda; esperaba que me olvidaria... y nada, no se casa.
¿No digo que ha sido una farsa? (1). ¿Tiene usted alguna cosa que mandarme?
Espera, Valentin
No sé qué hacer. Si a lo menos cuando me habla me diera algun pie para quejarme de el; pero: ni una palabra se le escapa. Nada sé de su amor sino lo que tú me has confiado; y este no es motivo suficiente para despedirle. Si él osara declararse me irritaria contra él... pero seria muy conveniente que me irritase.
Se irritaria usted, y con razon. El no es digno de una señora como usted. Si como blasona de noble nacimiento (1) Fendose. tuviera un buen patrimonio, ya era otra cosa; pero don Felix no es rico sino en mérito, y esto no basta.
s verdad. ¡Asi va el mundo! — No sé cómo le trataré; no lo se.—Veremos.
¡Pero si tiene usted un pretesto escelente! ¡Y no habiamos pensado en ello! q
¿Cual? ya
Ese retráto... Y
Ahora iria yo a acusarle sin fundamento... ¡Si es el conde quien lo ha mandado hacer!
No lo crea usted. Ha sido don Felix. Lo sé de su misma boca. Es el que estaba concluyendo cuando yo me fui de su casa.
Vete. Ya se va haciendo muy larga nuestra conyersacion. Si me preguntan qué me has dicho, responderé lo que hemos convenido,
ESCENA XVI
(DICHOS, DON FÉLIX.)
Aqui vishel ¿43 meri si consigo que se esplique.
S1; es lo mejor. No sera estraño que caiga en el lazo; y en seguida que tome las de Villadiego.
Bien: dejanos solos.
(1) (No me es posible avisarle; pero descubrase 4 no, la cosa va bien. ¡A no haberla yo manejado!)
ESCENA XVII
(DOÑA LUISA, DON FÉLIX.)
Señora, vengo á implorar la proteccion de usted. Yo vivo en la inquietud y en la amargura. Todo lo he sacrificado al honor de servir a usted; y no hay palabras con que esplicar el afecto que me inspira. Nadie la serviria a usted con. mas fidelidad, con mas desinterés, aunque á-mí no me toca decirlo.; Y sin embargo, no estoy seguro de merecer esta dicha! Todos me tienen entre ojos en esta casa; todos conspiran contra mi. Yo estoy consternado. Tiemblo no se deje usted vencer de su enemistad para conmigo; y si esto sucede llegará á su colmo mi afliccion.
(2) Tranquilicese usted, don Felix, 1) Rapidamente al irse. (2) Con dulzura. Usted no depende de los que le persiguen. No han logrado todavia que mi consideracion hacia usted se disminu= ya en lo mas minimo, y todas sus intriguillas serán infructuosas. Aqui nadie manda sino yo.
No tengo mas apoyo que el de usted, señora.
Cuente usted con él, Pero debo dar= le un consejo. Afecte usted mas serenidad delante de ellos. De lo contra= rio pondrán en duda la capacidad de usted, y creerán que me debe demasiado favor en conservarle.
No se engañarán, señora. Estoy penetrado del mas vivo reconocimiento a tal esceso de bondad.
Enhorabuena; pero no hay una necesidad de que ellos esten en esa persuasion. Yo le agradezco a usted mucho su adhesion, su fidelidad; ¿pero por qué manifestarlo con tanta calor á todo el mundo? Tal vez es esta la causa de tener usted tantos enemigos. — Se ha negado usted á darme un informe falso acerca del pleito. — Mal hecho. Préstese usted á su designio, y asi se reconciliara con ellos: yo lo permito, Por el resultado verán que los ha servido usted bien y porque, bien reflexionado, estoy resuelta a casarme con el conde.:
¡Resuelta! ¿Qué dice usted?
Siseñor, firmemente resuelta. El conde creera que usted ha contribuido al logro de sus deseos: yo misma se lo diré, y no se irá usted de mi casa; lo prometo. (Ha perdido el color.)
¡Qué diferencia para mi, señora!
Ninguna. — Vaya, no sea usted cabiloso, y escriba el billete que voy a dictarle. Ahi tiene usted todo lo necesario para escribirle,
¡Un billete! ¿Y para quién, señora?
Para el conde, que se fue de aqui sumamente inquieto, y yo quiero sorprenderle muy agradablemente con los cuatro renglones que va usted á escribirle de mi parte (1). Vaya, ¿no llega usted a la mesa? ¿En qué piensa usted?
St señora (2).
(No sabe lo que se hace. Veremos en qué para esto.) (1) Don Felix se queda pensativo, por distracción no se acerca d la mesa. (2) Steimpre distraido se sienta q la i
(1) ¡Ah! (Valentin me ha engañado. )
¿Podemos empezar?
No encuentro papel, señora.
(2) ¿No hay papel? ¡Pues si tiene usted media resma delante de los ojos!
Es verdad.
Escriba usted. “Señor conde, apresúrese usted á venir. Su casamiento es indudable.” Vamos, ¿está ya?
¿Qué ha dicho usted, señora?
¿Está usted sordo? “Su casamiento es indudable. La señora me manda escribirselo á usted, y le espera para confirmarselo de palabra.” (Está sufriendo un martirio; pero no hay fuerzas humanas para arrancarle su secreto.) “No atribuya usted esta resolucion al temor que pueda tener doña Luisa de perder un pleito dudoso...”
¿No he dicho ya que lo ganaria usted infaliblemente?;¿Dudoso! Yo respondo con mi cabeza...
No importa: acabe usted. — “Al contrario, me encarga asegurar á usted que solo la justicia que hace á su merito la determina...” (1) Buscando papel. (2) Acercandose.
(¡Ah, soy perdido!) —Pero, señora, usted me ha dicho que no le amaba...
Acabe usted, le digo.
“La deter-mina...”
“A aceptar un enlace tan venturoso.”—Me parece que le tiembla á usted la mano; ¡y tan pálido!.. ¿Se siente usted malo?
No me siento muy bueno, señora.
¡Cómo! ¿Tan de repente? Es cosa muy singular. — Cierre usted la esquela, y ponga el sobre: “al señor conde de Alba-fria.”— ¡Bueno! —Que la lleve Valentin. ((¡Cómo me late el corazon!) ¿A ver? ¡Qué mal escrito! ¡Y tan torcido!.. ¿Quién entiende lo que dice este sobre? (¡Qué obstinado silencio! Yo me desespero.) nl
(¿Si lo hará por probarme? Valentin nome ha dicho nada.)
ESCENA XVIII
(DICHOS, CASILDA, CASILDA, ME ALEGRO INFINITO DE ENCONTRAR.)
(aqui a don Felix. Señora, mas de una vez ha prometido usted casarme, y hasta ahora no me he hallado dispuesta a aprovecharme de su bondad. El señor solicita mi mano, y en prueba de su amor acaba de rehusar por mi causa un partido infinitamente mas ventajoso; a lo menos ha consentido que lo crea yo asi, y es indispensable que se declare; pero como yo tengo puesta mi suerte en manos de mi bienhechora, es preciso que me obtenga de usted, si efectivamente aspira á ser mi marido. Ya lo oye usted, señor don)
Entiéndase usted con la señora. Si ella consiente en nuestra boda, por mi parte no habra dificultad.
ESCENA XIX
(DOÑA LUISA, DON FÉLIX.)
(1) (¡Esta loca me faltaba!) — Mucho me alegro de lo que acaba de decirme Casilda. Tiene usted buen gusto. Es muchacha muy graciosa, y de una indole escelente.
¡Ah, señora! Estoy muy distante de pensar en ella, uz. ¿Cómo es eso? Pues ella dice que usted la quiere, y que la conocia an” tes de venir aqui... 01,
Asi se lo ha hecho creer mi tio sin (1) Conmoyida. consultarme. En mi vida la habia visto; pero no me he determinado a sacarla de su error, temiendo adquirirme un enemigo mas en esta casa. Lo mismo digo de ese brillante casamiento, que en su inteligencia he despreciado por ella. No me es permitido disponer de mi corazon. Lo he perdido para siempre, y no dejaria de amar un solo imstante al objeto que le cautivó si me brindaran con todas las riquezas del UNIVErso.
Ha sido muy mal hecho el no desenañar a Casilda.
Tal vez hubiera á usted persuadido a no recibirme; y ademas, harto la digo con mi indiferencia.
¿Pero qué interés tenia usted en entrar en mi casa, y en preferirla á cualquiera otra?
Es muy dulce para mi depender de usted.
Este es un enigma que yo no acabo de comprender. — ¿Ve usted con frecuencia al objeto de su cariño?
No tanto como quisiera. Aunque la viese a todas horas no bastaria á mi corazon.
(¡Se espresa con tanta ternura!..) ¿Es soltera?
No señora: es... viuda.
¿Y hay algun inconveniente para que se case usted con ella? Supongo ue sera usted correspondido.
¡Ab, señora! Tal es mi desconsuelo que ni siquiera sabe que la adoro.— Perdone usted que me produzca de este modo. No puedo hablar de ella sin entusiasmo, sin delirio.
Yo le hago á usted tantas preguntas por admiracion... solo por admiracion. —¿Con que ignora que usted la ama? ¿Y renuncia usted por ella a su fortuna? ¡Parece increible! Todo el que ama procura ganar el corazon de su amada, y mal lo puede conseguir sin declararse. Esto me parece muy nataral... y muy perdonable.
¡Dios me libre de atreverme á concebir la mas debil esperanza! ¡Yo ser amado! ¡Ah! No soy tan venturoso. Hay mucha distancia de su estado al mio. El respeto sella mis labios; y moriré a lo menos sin la desgracia de sufrir su desden.
No imagino que exista una muger capaz de inspirar tan estraordinaria pasion; no lo imagino. Usted la juzga superior á toda comparacion.
Dispénseme usted de hacer su elogio. No podria poner límites 4 mi imaginacion y á mi lengua si tratase de pintarla. No hay en la tierra una criatura tan hermosa, tan amable. Cada vez que me habla, cada vez que me mira se acrecienta mi cariño.
(1) Pero la conducta de usted no tiene ejemplo. ¿Qué se promete usted de una persona que jamas ha de saber su cariño? Yo no lo entiendo, ¿Qué se promete usted?
El placer delicioso de verla alguna vez; de vivir con ella.
¡Vivir con ella! ¿Olvida usted que está en mi casa?
Quiero decir con su retrato cuando no la veo.
¡Su retrato! ¿La ha mandado usted retratar?
No señora. Soy un poco aficionado a la pintura, y la he retratado yo mismo.
(Yo le haré que se declare, mal que le pese.) ¿A ver? Enscñeme usted el retrato, Quiero conocer á esa muger prodigiosa.
No puedo complacer á usted. Aunque amo sin esperanza, no por eso es(1) Bajando los ojos. toy menos obligado 4 guardarla un secreto inviolable.
Casualmente ha venido a mis manos una miniatura... (1) Véala usted. — ¿Si sera la misma?...
No; es imposible...
(2) Es verdad que seria una cosa muy estraordinaria. Examine usted este retrato.
(3) ¡Ah,, señora! Hubiera perdido mil veces la vida, lo juro, antes que confesar lo que la casualidad ha descubierto. ¿Cómo podré yo explar...
¿Y usted se atreve... No me enojo, don Felix. Basta que usted reconozca su estravio. — Yo le compadezco y le perdono.
ESCENA XX
(DICHOS, CASILDA 4.)
(1) Enseñando la caja.
(2) Abriendo la caja. AA
(3) Se echa a los pies de doña
(4) Desaparece casi desde la puer='
Don Felix se leyanta rapidamente.
ESCENA XXI
(DOÑA LUISA, DON FÉLIX.)
¡Dios mio!.. ¡Casilda!.. ¿Le ha visto a usted?
(1) No señora; no. —Creo que no. No ha pasado de la puerta.
Le ha visto á usted, st: yo lo digo. — Aléjese usted de mi: su presencia me es insoportable. — (2) Venga esa carta (3),
ESCENA XXII
(DOÑA LUISA.)
¿Por qué no le habré yo despedido!
ESCENA XXIII
(DOÑA LUISA, VALENTÍN.)
(al. ¿Se ha declarado? ¿Le mando to=. mar la puerta?)
(1) Fingiendo sobresalto,
(2) Deteniendole.
(3) Don Felix entrega a doña Lui. la carta que escribio, Y se retira,
No. Nada me ha dicho que tenga la menor relacion con lo que me has
No me: vuelvas a hablar de semejante cosa: ¿lo entiendes? Te lo prohibo formalmente. Basta de chismes.
ESCENA XXIV
(DON FÉLIX, VALENTÍN.)
¡Bueno! Estamos en la crisis.
Ab, Valentin.
Retirese usted.
No sé qué pronosticar de la conversacion que acabo de tener con ella.
¿Esta usted empecatado? La tenemos a dos pasos de nosotros, y... Usted lo va a echar todo a perder.
Quiero que me digas...
Vaya usted al jardin, don Felix.
Si doña Luisa...
Al jardin he dicho: alli hablaremos.
Pero...
¡Qué mosca! Soy sordo,
Nunca he temido tanto como ahora.
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(Doy Friix y VaLentTiIw,)
Le digo á usted que no. — No perdamos tiempo. — ¿Y la carta?
Aqui está. He puesto en el sobre calle del Limon.
¿Está usted seguro de que Lucas no conoce aquel barrio?
Me ha dicho que no.
¿Le ha encargado usted bien que se dirija a Casilda para tomar las señas?
St, hombre; y se lo diré segunda vez.
Pues vaya usted á darle la carta, mientras prevengo á Casilda. y
Confieso que no las tengo todas conmigo. Me parece que hostigamos demasiado a doña Luisa. Enmedio de su 'agitacion ¿uo será un golpe demasiado terrible para ella el ver es tallar de repente la aventura? ¡
¡Nada! No hay cuartel. — Es preciso acabarla de rendir antes que salga de su aturdimiento. ¡Pobrecilla! No sabe ya lo que sehace, Ya empieza á ser reservada conmigo. ¡Pues no se ha empeñado en hacerme creer que usted no la ha dicho nada de su amor! Vaya, vaya. ¡Quererme usurpar mi empleo de confidente para amarle á usted de contrabando! e
¡Cuánto he sufrido, Valentin! Sabiendo tú que queria comprométernte á declarar mi pasion, ¿por que no me lo advertiste por medio de alguna seña?
¡Eso es! ¿Y ella no lo hubiera notado? Vaya, ¿si querrá usted enseñar á su maestro? Asi ha parecido el dolor de usted mas cordial, mas verdadero. ¿Se arrepiente usted del efecto que ha producido?. ¡Pues digo; si no está usted contento!...
¿Sabes tú lo que va a suceder? Tomará su partido', y me despedirá sim contemplacion.
Se guardara muy bien. Ya es muy , tarde. Ha pasado ya el momento del valor. No hay mas remedio que casarse.
Harto sera. Su madre la esta importunando.
Tanto mejor. Lo que quiero yo es queno la deje respirar un instante. Su decantado conde llevara calabazas.
Está llena de confusion ¡porque Ca«siida me ha sorprendido á sus pies.
¿Confusion? ¡Bueno! No sabe ella que aun ha de esperimentar Otras mayores. Observando el giro que tomaba la conversacion, yo fui el que obligué á4 Casilda á venir segunda vez. Je
¿Y haberme dicho: “La presencia de usted me es insoportable?” id
Tiene razon. ¿Quiere usted que manifieste buen humor con un hombre a quien tiene que amará su despecho? ¡Miren que plato de gusto! Se apodera usted de sus riquezas, de su corazon; ¿y no ha de clamar al cielo? Vamos, vamos: déjese usted gular, y menos argumentos.
Ten presente que la adoro; y que si se malogra nuestro designio por precipitarlo demasiado, me pierdes; me desesperas.
Ya sé que usted la ama con furor. Por eso le oigo yo como quien oye llover. Usted no está en estado de juzgar de nada. Dejeme obrar á mi, que lo veo todo á sangre fria. — ¡Oh! Aqui está
¡Qué á propósito viene! Márchese usted. Yo procuraré entretenerla mientras da usted el recado á Lucas,
ESCENA II
(CASILDA, VALENTÍN.)
En tu busca vengo.
¿En qué puedo servir á usted, se= ñorita?
¡Bien me lo habias dicho, Va= lentin!
¿Yo? No sé por qué lo dice usted. Tengo una memoria tan infeliz...
Que don Felix se atreve ¿4 poner sus ojos en la señora. Y al. ¡Oh! Demasiado. Ahora me acuer= do de haber dicho á usted que la miro con cierto interés... ¡Caspitina! Aqa ojeada maldito si me gustó. li habia intrignlis; pero entre bobos anda el juego. Á mi no se me escapa nada.
Oyes: no seria malo darle pasaporte.
¡Toma! No es otro mi deseo. Si consistiera en mr... Ya le he dicho á la señora que, segun me han asegurado, entiende de negocios como un perro de aguas.
¿Y eso es todo lo que sabes de el? Te hablo de parte de doña Leoncia y del señor conde. Tememos que no se lo hayas revelado todo á la señora, 6 que ella disimule. No nos ocultes nada; y cuenta con una buena propina.
A fé de Valentin que no se mas.
Vamos; no té hagas el ministerial.
¡Yo! ¡Bonito es el niño para guardar un secreto! No tenga usted cuidado, que no moriré yo de postema. Yo debia ser muger, segun lo reservado que soy. Perdone usted la comparacion.
Lo cierto es que el está muerto por doña Luisa.
No hay que dudarlo. — Ya se lo he dicho yo a la señora.
¿Y qué ha respondido?
Que soy un majadero. — Está tan preocupada...
; Oh, st! preocupada; pero en términos que... Mas vale callar.
Ya; ya la entiendo a usted. — N estrañaria yO...
Me parece que sabes tú mas que yo en el asunto.
No, no lo crea usted: se lo afirmo. Congeturas... ¡Ah! Ya se me olvidaba. Ahora mismo iba a entregar “una carta a Lucas. ¡Si la pudieramos atrapar! Esto podria darnos luz...
¡Una carta! No nos descuidemos. Voy á ver si puedo catequizar 4 Lucas. Aun no se habrá marchado.
Espere usted, que aqui viene.
ESCENA III
(DICHOS, LUCAS.)
¡Hola! ¿Aqui estás tú, mal engendro? 2 y
¡Bella figura para burlarse de la mia!
¿Qué traes, Lucas?
¿No sabria usted decirme dónde vive la calle del Limon?
Si, hombre.
Es que mi camarada, á quien yo sirvo, me manda llevar esta carta á un sugeto que habita en la tal calle, y como yo no la sé, me ha dicho que se lo pregunte á usted, d á ese cernicalo; pero ese cernícalo no merece que yo le hable sino para decirle mil tempestades. Antes quisiera que el diablo se llevase todas las calles de Madrid, que saber una por boca de ese mastin.
(1) Pillele usted la carta. — Señorita; no le diga usted nada. ¡Que tro(1) Aparte a Casilda, te todo el dia, pese á sus tripas!
¿Callas, d te...
Dejale Estar, Valentin
Vamos; ¿Quieres darme la carta? 'Tú no vas á acertar. Son barrios tan... Yo buscaré quien la lleye.
¡Si digo yo que esta muchacha vale un Peru! 1)
(1) ¡Qué mal hace usted en ahorrar trabajo á semejante zángano!
¡Habrá petate!... Anda, anda á buscar el retrato; verás cómo se burla de ti.
ESCENA IV
(Casma y Lucas.)
No le hagas caso. Dame la carta.
Tome usted, señorita; y gracias por el favor. Cuando sea necesario galo-= par en obsequio de usted, aqui tiene un postillon.
Se entregara exactamente.
Sí, si. Don Felix merece que se le sirva con toda fidelidad. 0
(¡Ah Traidor!) (1) Fendose
(1) A los pies de usted, señorita. Beso a usted la mano. — ¡Ah! Si le ve usted, no hay que decirle que otro va echando los bofes en mi lugar. ES CENA CASILDA. Callemos hasta ver qué contiene esta carta.
ESCENA VI
(CASILDA, DOÑA LEONCIA, EL CONDE.)
Vamos á ver, Casilda; ¿qué te ha dicho Valentin?
Lo que usted sabia; y esto no nos basta.
Ese picaro Valentin nos engaña.
Su amenaza parecia indicar algo mas.
Sea lo que fuere, yo he mandado llamar a don Hilarion, y le estoy es= ¿perando. Veremos si su tio nos desha-= ce de ese hombre; y si no, sabrá mi hija que se atreve á amarla: lo he resuelto. Nuestras sospechas son muy (1) Haciendo cortesias ridiculas, vehementes, -y aunque no sea mas que por el que diran, será forzoso que le despida. Por otra parte he mandado tambien llamar al recomendado del señor conde. — Aht fuera está, y se lo presentaré al momento,
Como no sepamos algo de nuevo, harto será que usted consiga nada; pe= tal yez tengo yo en mi poder su pasaporte, y...
ESCENA VII
(DICHOS, DON HILARIÓN.)
Aqui está don Hilarion. No tengo tiempo para decir mas. Voy a desengañarme.
(1) Buenas tardes, sobrinita mia, ya que es forzoso que lo seas. ¿Sabes para qué me llaman? A
Pase usted, y mande hacer sobrinas en Alcorcon. No quiero. yo tios bufones. (1) Deteniendo a Casilda.
ESCENA VIII
(Dichos, menos CasiLnA.)
; Miren el arrapiezo insolente!... — Me han dicho que usted me llama, señora. ¿De que se trata?
¡Ah! ¿Es usted, señor procurador?
Si señora: estoy seguro de que soy yo mismo.
¿Quién le ha metido á usted en encocorarnós aqui con un administrador de su calaña?
¿Tiene usted algo que echarle en cara?
Le hubieramos dispensado a usted con mucho gusto del presente que nos ha hecho.
Usted debe de ser muy delicada.
Essobrino de usted; ¿no es verdad?
Si señora; salvo error.
Pues bien; sobrino y todo, nos haria usted: un gran favor en desembarazarnos de el.
No es usted con quien yo le he acomodado.
Bien está; pero no nos ha hecho maldita la gracia, niá mi, ni al señor conde, que está presente, y ya a casarse con mi hija.
(1) ¿Yo qué tenemos con eso? Una vez que no depende de usted, me parece que no es muy esencial que le agrade. Aqui no ha entrado con semejante condicion; nadie lo ha pensado, y en siendo del agrado de doña Luisa, todo el mundo debe estar contento. El que no lo esté, que tenga paciencia. ¡Estamos buenos!
Parece que va usted tomando un tono demasiado áspero, don Hilarion.
Los cumplimientos de usted no son muy a propósito para suavizarle, doña Leoncia.
Poco á poco, señor procurador; poco á poco. Me parece que no tiene usted razon. A
Sila tengo ó no, nada le importa a usted, señor conde. Yo no tengo el honor de conocerle; y entre usted y yo, no hay nada que tratar; nada.
Pero sepa usted que no es tan poco esencial, como dice, el que su sobrino no agrade á esta señora, porque no es estraña en la casa.
Señor mio, para el asunto de que se trata es tan estraña como yo lo seria en el Indostan. Por lo demas, don (1) Elevando la voz:
es un hombre de honor, cono-
por tal, de quien yo he respon= dido, de quien responderé siempre; y esta señora ha hablado de él de un modo muy chocante.
Su sobrino de usted es un impertinente.
; Bagatela! Esa palabra no significa nada en la boca de usted.
¿En mi boca? ¿Con quién habla ese curial miserable, señor conde? ¿Cómo no le impone usted silencio?
¿Qué es eso? ¡Imponerme silencio! ¡Á mi! ¡A un procurador! ¿Sabe usted que hace cincuenta años que estoy hablando?
Pues cincuenta años hace que esta usted diciendo desatinos.
ESCENA IX
(DICHOSIY DOÑA LURSA.)
¿Qué es esto? ¿Estan ustedes riñendo?
No estamos muy en paz, señora. Usted llega á buena ocasion. Se trata de Felix. ¿Tiene usted motivo para quejarse de él?
Ninguno,'que yo sepa.
¿Ha desmentido en algo su probidad
No por cierto. Le tengo por un hombre muy recomendable bajo todos aspectos.
Segun se esplica la señora, mi sobrino es un galopin, que es preciso echar de esta casa; un presente de que me hubieran dispensado con mucho gusto; un impertinente que desagrada á doña Leoncia, y á este caballero que habla en calidad de esposo futuro.
Yo he dicho...
Y porque yo le defiendo se me dice que chocheo.
Siento mucho que se hayan escedido en tales términos. Yo no tengo parte en sus insultos, don Hilarion. Estoy muy distante de tratarle á usted tan mal. Por lo que hace á don Felix, yo le conservo en mi casa, y esta es -su mejor justificacion. — Pero venia 4 saber una cosa, señor conde, Me han dicho que en la antesala espera un administrador que usted ha mandado para mí. Sera alguna equivocacion sin duda.
Señora, doña Leoncia es la que se ha empeñado...
Yo responderé. Sí, hija mia: yo soy quien ha suplicado al señor que lo mánde para reemplazar al que tienes, puesto que es indispensable que se vaya. He dejado hablar á ese hombre, porque no me esta bien entrar en contestaciones con él.
Oiga usted... o,
¡Silencio! Ya ha hablado usted mas que debe. — Yo no. he dicho que su sobrino es un galopin. Y es muy posible que lo sea. No me admiraria yO...
Mal paréntesis, con permiso de ususted; suposición arbitraria, injuriosa, é intempestiva.
Será hombre de bien: consiento en creerlo, pues no ha dado hasta ahora pruebas de lo contrario; pero en cuanto a impertinente, impertinentisimo, lo digo, y lo Pd Dices tú que quieres conservarle: no haras tal.
Le conservaré: no lo dude usted.
¿Como? ¡Imposible! — ¿CGonsentiras en tu casa á un dependiente que te ama?
¿Y a quién pretende usted que tenga afecto? ¿A usted, con quien nada tiene que ver?
Cuidado que mi madre tiene unas aprensiones... ¿Quiere usted que me aborrezca?
¡Oh! Dejémonos de equivocos, Cuando digo que te ama, quiero de= cir que esta enamorado de tí; lo que se llama enamorado en buen castellano. ¿Me entiendes? Que suspira por ti, que tu eres el mgvil secreto de sú ternura.
¡Mi sobrino! ul. (1) ¿El móvil secreto de su ternura? ¡Y tan secreto! Ah,ah, ah. No creía yo que era tan peligrosa mi cara. Pero una yez que ha penetrado usted tan hondo arcano, ¿por que no adivina usted lo mismo de todos mis criados? Puede ser que tambien me amen: ¿quien sabe? -—— Don Hilarion, usted me vé con bastante frecuencia. Tentada estoy por adivinar que está usted enamorado de mt.
¡Oiga usted! Si tuviera yo la edad de mi sobrino, milagro seria que...
No hay que echarlo 4 broma, Luisita, Dejemos á ese buen hombre, y tratese el asunto con mas seriedad, Tus criados no te mandan pintar: tus criados no se quedan con la boca abier. ta contemplando tus retratos: tus cria. dos no hacen alarde de su figura, ni (1) Riendose. tienen aire galante y almibarado,
(1) Callo por respeto de usted; de lo contrario, esa buena señora no me hubiera dicho a mi buen hombre impunemente.
En verdad, madre, usted seria la rimera que se burlase de mi si me DGSICÓA la menor impresion lo que me ha dicho. ¿No seria una niñada des= pedir a ese hombre por semejante sospecha? Si es cierto que no pueden verme las gentes sin amarme, ¿cómo lo he de remediar yo? Será preciso acostumbrarme a ello. Dice usted que es buena figura; que le ha notado cierto aire de galanterra... Yo no habia hecho tal observacion; pero no le hemos de reconvenir por eso. Á mi me gusta un buen mozo como a cualquiera otra.
ESCENA X
(Dichos y Dow. Fenix.)
Perdone usted que la interrumpa, señora. Tengo mucho motivo para presumir que mis servicios no le son (1) A doña Luisa. á usted gratos; y como es natural, deseo con impaciencia saber cuál es mi suerte.
¡Su suerte! ¡La suerte de un ad-. ministrador! Me ha hecho gracia.
Pues qué, ¿los administradores han reñido con la fortuna?
(1) ¿Se ha empeñado usted en atormentarme? Esto ya pasa de la raya. ¿Qué tiene usted, don Felix? ¿De qué nace esa inquietud? )
Usted lo sabe, señora. Ha venido un sugeto llamado por usted para ocupar mi empleo.
Ese sugeto está muy mal aconsejado. Salga usted de su error. Yo no le he mandado venir. ¡
Todo ha contribuido á engañarme. Casilda me acaba de asegurar que dentro de una hora ya estaré fuera de aqui.
Casilda ha dicho una necedad.
El término es demasiado largo, Por mi voto saldria ahora mismo.
(¿En qué pararán estas misas?)
"Uranquilicese usted, señor don Felix. Se quedaria usted en mi casa, annque fuera el hombre menos conve-= (1) Aparte a su madre. niente para mi. No lo hago ya por usted, sino por mi misma; que estoy ofendida, hasta no mas, de la conducta que se Observa conmigo. Ahora mismo voy a mandar que se retire ese hom-= bre; y no se hable mas de la materia, Que se compongan con el como pue= dan los que le han traido sin consule farme.
ESCENA XI
(DICHOS, CASILDA.)
No se apresure usted á despedirle, señora. Aqui traigo una carta da reco= mendacioón para él. Don Felix la ha escrito.
¡Cómo!
(1) Un momento, señora. Esto merece ser oido. Ya digo que la carta es de don Felix.
(2) “Amigo mio, mañana á las nueve del dia pasaré á tu casa. Tenemos mucho que hablar. Creo que me va a despedir de su casa la señora que sabes. —Ya no puede ignorar la pasion que me ha inspirado; funesta pasion, (1) Dando la carta al conde, (2) Lee.: que me acompañará á la tumba.”
¿Qué tal? ¿Lo has oido?
“Un oficial de diamantista, á quien no esperaba tan pronto, ha venido aqui a traerme la caja que le encarW gue para aquel retrato que hice de ella.”
¡Hola! ¿Con que sabe hacer retratos? Pues ya no se puede morir de hambre.
“Yo habia salido, y una doncella de la casa tomó la caja con el retrato,”
(1) Esto habla contigo.
“Sospechan que es mio; todo se va a descubrir; me despedirán, y perderé el consuelo de ver todos los dias a la que adoro...”
¡La que adoro! ¡Ah! ¡La que ddgral
“Y por colmo de amargura seré despreciado de ella.”
¡Oh! si; ya puede dar por cumplida de profecta.
“No por mi escasa fortuna: no la “creo capaz de semejante cosa:..” A
¡Eh! ¿Y por qué no?
“Sinopor lo poco qué valgo para con ella,:4 pesar de honrarme con su (1) 4 Casilda, estimacion tantas personas respeta-= bles.”
¿Y en qué se fundan para estimarle tanto?
“Si se realizan mis temores nada tengo que hacer en Madrid. Supuesto que tratas de partir muy en breve para la Jamaica, estoy resuelto á acom= pañarte.”
Buen viaje.
¡Gran motivo para embarcarse!
¿Estás ya convencida?
La prueba no puede ser mas com= pleta.
¿Es de usted la carta? ¿No han falsificado la letra? ¿La reconoce usted por suya?
Señora...
Retirese usted.
ESCENA XII
(Dichssa menos Don FeLix.)
No hay que hacer tantos aspavien-= tos. El muchacho está enamorado. ¿Es alguna cosa del otro jueves? Siempre han inspirado amor las mugeres bonitas. Ahi donde ustedes le ven, mas de cuatro han pretendido en vano con-quistar su corazon, y señoras de alto coturno. A buena cuenta este amor le cuesta ochenta mil reales de renta, sin contar los mares que va a atravesar; y ustedes nada han perdido. ¿Estamos? Si fuera rico no habria por qué desdeñarle para marido, que no se cambia mi sobrino por el mas estirado, y podria adorar entonces a quien se le antojase (1), sin que ninguna esfinge le pusiera en ridiculo. Beso á usted los pies, señora.
ESCENA XIII
(Dichos, menos Don HiiArrow.)
Señora, ¿mando entrar al adminis= trador que ha enviado el señor conde?
Ya estoy harta de oir hablar de administradores. Vete. Buena estoy yo para venirme ahora con preguntas 1mpertinentes. 4
ESCENA XIV
(DICHOS, CASILDA.)
Tiene razon Casilda. Basta que: (1) Encarandose a doña Leoncia. el señor conde responda de él para recibirle á ojos cerrados.
Pues yo no le quiero recibir.
eE porque viene de mi parte, senora!
Es usted dueño de interpretarlo como quiera; pero yo no le recibo.
Se esplica usted de un modo tan... Yo estoy asombrado.
Yo no:te conozeo, Luisa. ¿Qué es lo que te enfada tanto?
Todo. No. parece sino que soy yO el juguete de ustedes. Me irrita el que se use conmigo de procederes tan ofensivos, tan indignos...
¡Pero, muchacha!.. Yo no te entiendo.
Aunque no tengo la menor parte en lo que acaba de suceder, demasiado conozco que no estoy exento del enojo de usted, y no debo contribuir a aumentarlo con mi presencia.
Voy con usted. — Yo retengo al señor conde, hija mia. Tú vendrás 4 buscarnos pronto. Asi debo esperarlo de tu cordura.
ESCENA XV
(DOÑA LUISA, VALENTÍN.)
En fin, señora, por lo que veo ya esta usted libre de don Felix. Ahora mas que se le lleve la trampa. Todo el mundo ha sido testigo de su locura, y nada tiene usted que temer de su dolor. El hombre no chista.— Es verdad que acabo de encontrarle mas muerto que vivo atravesando la galería para ir a su cuarto. Se hubiera usted reido de verle suspirar.—Y en parte me daba compasion. Le he visto tan desfallecido, tan pálido, tan triste, que he temido no le diera una congoja.
(1) Que llamen al médico. ¿Nadie le ha seguido? ¿Por qué no has ido á socorrerle? ¿Es cosa de matar á ese hombre?
¡Vaya! Aunque fueramos aqui caribes. Ya he llamado á Lucas, que no se 'apartará de su lado, y no creo que le suceda nada. Vamos, es asunto concluido. Yo no vengo mas que á decir a usted una cosa, y es que puede ser (1) Como volviendo de un letargo. muy bien que quiera verla á usted por la última vez, y no conviene...
Basta. Yo haré lo que me parezca.
Ya ha salido tel de cuidados por medio de esa carta que se ha leido públicamente. La señorita Casilda se la ha sacado con maña a Lucas por un aviso mio; y ha sido una idea escelente. ¿No es verdad, señora?
¡Cómo! ¿Eres tú a quien debo agradecer la escena que acaba de pasar?
St señora.
¡Infame! No vuelvas a presentarte delante de mi vista.
¡Ah, señora! Yo lo hice con buena intencion.
¡Aléjate, miserable! Debiste obedecerme. Te mande no volvieras a mezclarte en semejante cosa, y me has acarreado los disgustos y el bochorno que quise evitar. Tu has llenado a todos de sospechas contra ese infeliz, y no me has revelado su amor por afecto a mi persona, sino por deseo de hacer mal. ¿Qué necesidad tenia yo de saber su pasion? Valdria mas que siempre la hubiese ignorado. ¿Quién te obligaba, monstruo de ingratitud, quien te obligaba á proceder asi con un hombre que te ha dado su pan, que te ha tratado bien, que te estimaba, que no hace mucho te pidió de rodillas le guardases su secreto? Tu le asesinas; tu me vendes a mi misma, Capaz te creo de cualquier maldad. Jamas te vuelva yo á ver; y no hay que replicarme,
(1) (Esto es hecho. El triunfo es completo. Mi nombre se debe grabar en láminas de bronce.)
ESCENA XVI
(DOÑA LUISA, CASILDA.)
(2) El tono con que usted me habló poco hace me prueba que tengo la desgracia de haber incurrido en el desagrado de mi señora, y creo hacer a usted un obsequio pidiendole licencia para irme de su casa.
Yo te la doy.
¿Le parece á usted que me vaya hoy mismo?
Como quieras.
¡Qué aventura tan fatal para mi!
¡Oh! No admito esplicaciones, (1) Riiendose al irse. (2) ÁAfligida,
¿Quién se lo hubiera dicho á Casilda!
¿Sientes irte de casa? Pues bien, quédate; yo lo consiento; pero acabemos.
¿Qué haré yo al lado de usted ahora que le soy sospechosa, despues de haberme colmado de beneficios? ¿Ahora que he perdido toda su confianza?
¿Pero qué quieres que te confie? ¿He de inventar secretos para comunicartelos?
Lo eierto es que me despide usted, señora. ¿De dónde nace mi desventura?
Esta en tu imaginacion. Me pides licencia para irte, y te la doy.
; Ah, señora! ¿Por qué me ha espuesto usted al dolor de desagradarla? Yo he perseguido por ignorancia al hombre mas amable de la tierra; á un hombre cuyo amor hácia usted no tiene ejemplo.
(¡Ah!)
Y de quien no tengo la menor queja. ¡Pobre don Felix! Acaba de hablarme. He sido su enemiga; pero ya me pesa en. el alma. Todo me lo ha dicho, señora. Hasta hoy jamas me habia visto. Don Hilarion es quien me ha enguñado: yo disculpo á su sobrino.
Bien está.
¿Por qué há tenido usted la cruel. dad de 'abandonarme al peligro de amar a un hombre que no ha nacido para mi, que es digno de usted, ya quien he sumergido, desdichada de mí, en un abismo de dolor?
¿Tú le amabas, Casilda?
Dejemos á un lado mis sentimiéntos.. Restitúyame usted su amistad, y viviré contenta.
¡Ah! st; con todo mi corazon.
(1) Ya estoy consolada.:
No, Casilda; no lo estás todavia. Tú lloras, y me enterneces.. oy
No haga usted caso de mis lagrimas. Nada en- este mundo me es tan grato como usted. E
Vamos; yo hare cuanto pueda para que olvides tu pena. (1) Besando la mano a doña Luisa.
ESCENA XVII
(Dichas y Lucas.)
¿Qué quieres tú, Lucas?
(1) Yo... yo no sé por dón-de empempezar a decirlo. Es tanta mi pes-pesadumbre, que me cor-corta la palpalabra. ¡Qué traicion la de la señorita Casilda! ¡Ah! ¡Qué ingrata per= fidia!
Déjate ahora de perfidia, y dinos a qué vienes.
Qué carta!; Qué carta de mis pecados! ¡Y yo tan camello que me la dejo escamotar |!
Vamos, dr.
Don Felix la pide á usted de rodillas que le permita venir aqui a darle cuenta de los papeles que ha tenido en su poder. Á la puerta me espera, lMorando como un chiquillo.
Dile que venga.
¿Lo permite usted, señora? Porque yo no me fio de ella. — El que á mí. me la pega una vez... (1) Llorando y sollozando,
(1) Hablele usted, señora. Yo me retiro.
ESCENA XVIII
(DOÑA LUISA, LUCAS.)
¿No me responde usted, señora?
Que entre (2).
ESCENA XIX
(Doña Luisa y Don Frzx,)
Acérquese usted, don Felix,
Casi no me atrevo 4 presentarme delante de usted.
(¡Ah!.No tengo. yo mas serenidad él. ) ¿Por que quiere usted darme razon de mis papeles? Yo he puesto en usted una confianza absoluta. Sobre ese particular nunca podré quejarme de usted, UL
Señora... Tengo que decir á usted Otra cosa. — Estoy tan afligido, tan acobardado, que no acierto á hablar, (1) Con aire melancólico, (2) Lucas hace entrar a don Feliz, Á se retira, P
(1) (¡Ah! ¡Cuánto temo el fin de esta escena!
(2) Uno de los arrendadores de usted vino al medio dia...
(3) ¿Uno de mis arrendadores? Bien puede ser.
Ha dejado en mi poder cierta cantidad, que debo entregar a usted.
Bien... No corre prisa. —Veremos...
Cuando usted quiera recibir el dinNerO...
Si... le recibiré... usted me lo dara... (No sé lo que le respondo. )
¿Quiere usted que se lo entregue esta noche... 0 mañana...
¿Mañana dice usted? ¿Cómo le he de tener a usted en mi casa hasta mañana despues de lo que ha sucedido?
(4) De todos los dias de mi vida, condenado lejos de usted a la soledad y a la amargura, este solo sera preciopara mi.
No hay arbitrio, don Felix, Es forzoso separarnos. Ya es público que (1) Sumamente agitada. (2) Despues de un momento de si-
(3) Conmovida. (4) Dolorosamente. usted me ama, y creerian que no me pesa.
¡Ah, señora! ¡Guan digno voy á ser de compasion!
(¡Ah!) — ¡Don Felix! cada uno tiene sus penas.
¡Todo le he perdido! Tenia un retrato que era mi único consuelo; y ya no es mio.
¿Qué falta le hace á usted el retrato? Usted sabe pintar,
En mucho tiempo no podré tener otro. ¡Ah! ¡Y el que he perdido seria tan dulce para mi! Ha estado en las manos de usted, señora.
¡Pero don Felix! ¿Está usted en su juicio? ¿Me quiere usted compro«meter?
¡Ah, señora! Voy á separarme de usted para siempre. Harto vengada seusted. ¿Por qué aumentar mi dolor?
¡Darle á usted mi retrato! ¿No considera usted que esto seria confesar que le amo?
¡Qué usted me ama, señora! ¿Como podria yo imaginarlo?
(1) Y esto es lo que me sucede. Usted se ha apoderado de mi corazon. (1) Con viveza y candor..
(1) ¡Yo muero de placer!
No se dónde estoy. Modere usted su alegría. Levantese usted.
(2) No merezco yo tanta dicha; no la merezco. Usted 'me va a privar de ella. — No importa. Usted lo: sabrá todo, aunque me cueste la vida.
¡Cómo! ¿Qué quiere usted decirme?
De cuanto hoy ha pasado en esta casa, nada es verdadero sino mi amor, que no tiene limites, y el retrato que yo he pintado. "Podos los incidentes que han sobrevenido son obra de Valentin. Sabia mi pasion; ha tenido lástima de mi, y ha empleado en mi.ob' sequio todos los resortes de su ingenio estraordinario. Yo, seducido por la:dulce satisfaccion de verla á usted,: Ó para hablar con mas ingenuidad, arrastrado por mi pasion, he consentido en su estratagema. Esta es la verdad, se-ñora. Mi respeto, mi cariño, mi carácter, no me permiten ocultarla. Ántes quiero perder la térnura de usted, único anhelo de mi: corazon, que de(1) Echandose a los pies de doña
(2) Se levanta, berla á los ardides por cuyo'medio la he adquirido. Será menos dolorosa para dl indignacion de usted, que el remordimiento de haber engañado á la que adoro.
(1) Si esto lo hubiera yo averigua= do por otro conducto, le aborreceria a usted seguramente. Pero la confesion que usted mismo 'me «hace en un momento como este lo borra todo. Ese rasgo de sinceridad me encanta, me parece increible; y me convence de que es usted el hombre mas honrado del mundo. No me queda el menor resentimiento. Amandome usted de veras, como me ama, no es reprensible lo que ha hecho para ganar mi corazon. Es permitido a un amante buscar medios para agradar, y... se le debe perdonar cuando lo ha conseguido. ¡Qué oigo! ¡La hermosa, la encantadora Luisa se digna justificarme! (1) Despues de haberle mirado un instante en silencio. DA
ESCENA ÚLTIMA
(DICHOS, EL CONDE, DOÑA LEONCIA, VALENTÍN, LUCAS.)
Aqui viene el conde con mi madre. No diga usted palabra, y déjeme hablar a mi.
¡Calla! ¿Aun está aqui?
Si señora. —Señor conde, se trataba de casarle á usted conmigo. Ya esinútil pensar en eso. Mi condicion es inferior á la de usted; y aunque le sobra mérito para que yo le ame, mi corazon no esta en estado de hacerle a usted justicia.
¡Cómo, cómo! ¿Qué significa eso?
(De orgullo no quepo en el pellejo. ¡U£! me abruma el peso de mi glo ria.)
La entiendo á usted, señora; y ya me hubiera retirado sino'fuera por las instancias de doña Leoncia. El amor ha conducido á4 don Felix á su casa de usted, ha tenido la fortuna de agradarla, y quiere usted casarse con él. ¿No es esto lo que iba usted á decir? ea Exactamente. Nada tengo, que añair,
(El señor conde se ha lucido. )
¡Irse á encaprichar por un perdulario, cuando podia ser condesa! De cólera no veo.
Nuestra contienda se terminará amistosamente. Ya he dicho que no queria pleitos con usted, y cumpliré mi palabra,
Es usted demasiado generoso (1). ¿Qué quereis aqui vosotros?
Yo, nada. Venia a despedirme de don Felix; pero una vez que se ha calzado con el santo y la limosna, es escusado,
¿Y tú?
Yo á pedir á usted perdon...
Pideselo á don Felix por lo mal ue le has servido.
(2) Señora:.yo espero que mi cordial afecto y mi profundo respeto, desvaneceran...
Déjeme usted en paz; y guarde su afecto para quien lo quiera. —¡Maldito administrador! — Oyes: el será tu marido, ya que asi lo quiere el diablo; pero jamas sera mi yerno (3). (1) £l Conde saluda, y se retira, (2) A doña Leoncia, (3) Fase.
(1) ¡Gran pesadumbre! ¡Casárse con una viuda rica, y no tener sue= gra! Vea usted una fortuna que no entraba en mi plan.
Déjela usted. Ella se desenojara. Tiene rarezas propias de la edad; pero su corazon es escelente. — Al dar a usted la mano (2), yo sigo los impulsos del mio, y no las sugestiones del interés 0 de la vanidad. ¡Triste matrimonio el que no estriva en el amor!