Acto primero
(Personas: EL BARÓN DE NIEVA; DON TORIBIO; DON IGNACIO; EL MARQUES DE POZO-FRIO; CAMILA; DOÑA ROSALÍA; LORENZA; JUANA; BLAS; UN ESCRIBANO; ALGUACILES.)
(La escena en Madrid.)
ESCENA PRIMERA
(EL BARÓN DE NIEVA, NTADO, CAMILA.)
¡VJ^racias
(Llegando.) Mande usted.
¡Diablo de mugeres! ¡Nunca
se ha de acabar su toalelal
¿Pero he de venir desnuda?
Vamos á cuentas, Camila,
(i Camila torna una silla y se sienta junto d su padre.) pues ahora no nos perturba
esa loca de mi hermana,
prototipo y non plus ultra
de la humana insensatez,
y tal vez hasta la una
no volverá.
¿Y á qué viene
ese preámbulo...
Escucha.
Las niñas bien educadas
á un tierno padre no ocultan
sus sentimientos.
(¡Oh Dios!
¿Si sabrá...)
¡Callas! ¡Te turbas!
Sí; tú estás enamo rada.
Ese silencio te acusa.
¡Padre
No te dé vergüenza,
que no te pido disculpas.
Yo también he sido mozo,
y á pesar de la peluca,
y del reuma, y de. la los,
no creas que me disgustan
ni la sal de las morenas
ni la crema de las rubias.
Mas de una vez me ha ocurrido
reemplazar á la di lunla,
pero darle una madrastra
es cosa que me repugna;
y ademas el qué dirán,
el temor de una importuna
cencerrada... No, no quiero
contraer segundas nupcias. —
Ea pues; habla. No lemas
que sea tan absoluta
mi paterna autoridad
como tú acaso lo juzgas;
y pues la elección que has hecho
no desdora mi alta cuna...
(¡Qué oigo! ¿Aprobará
Y es joven
de talento y de conducta...
¡Oh! Crea usted
Y de un tipo
que hermosos nietos me anuncia. »•
( Entre avergonzada y gozosa.)
¡Vaya...
En fin, rico en virtudes
como en bienes de fortuna.
( ¡Ah! ¡Me engañé! ¡No es Ignacio!
¿Qué tienes? Habla: articula
con claridad las palabras.
Di de una vez que te gusta,
que le amas...
¿Pero de quién
me habla usted?
¡Buena pregunta!
Del que pasea tu calle
en una jaca andaluza,
del satélite que sigue
al astro de tu hermosura
en la ópera, en el Prado,
en la iglesia, en la tertulia;
del marques de Pozo-frio.
Cierto; sí... Le debo muchas
atenciones. Me distingue
entre otras damas; me adula,
pero...
Y tú le das oidos...
No respondo con injurias
al que me dice lisonjas,
que eso es cosa de palurdas;
pero...
No hay pero que valga.
El te quiere hasta las uñas.
No dudo...
Y le habrá insinuado
algo de dulce coyunda...
Creo que sí...
Y á los padres
no es posible que se encubran
esas cosas. Yo le he dicho
que si es boda lo que busca,
ó pasatiempo, y...
Mal hecho.
Perdone usted que interrumpa
su discurso. Pensará
que rabio como energúmena
por casarme.
No. A Dios gracias,
no te pasas de madura
todavía. Ni la mano
de una hija amada y única
iría yo á pregonar
como banasta de fruta
por las calles. ¿Qué dirían!
Pero yo entiendo la brújula,
soy perro vie.jo, y vigilo
para que no te seduzcan.
Mil gracias. ¿Soy yo tan frágil
que teme usted que sucumba...'
Por vicio, no; pero, al cabo,
tú eres una criatura
candorosa y hay bribones
«pie con el demonio estudian...
Le hago justicia.
Anoche junto á la estufa
le eché una indirecta. ¡Pues!
Y no esperó la segunda.
Me confesó que te amaba,
mas con intención muy pura.
Yo le oí, como es razón,
con benevolencia suma,
y hoy aquí sobre la boda
tendremos los dos consulta.
¿Sin contar conmigo? ¡Bueno!
Como está fuera de duda
el mérito del marques,
y aunque no es rancia su alcurnia
es un Creso americano,
y tiene ingenio... de azúcar,
y cafetales y negros,
no esperaba yo repulsas
de tu labio, sino albricias,
parabienes y aleluyas.
¿Y mi albedrío?
¡Palabra
impertinente V absurda!
¡A veinte años albedrío!
Y en buen hora entre la chusma
de doncellas populares,
que poco ó nada aventuran,
sea lícito que escoja
á su cuyo cada cuya;
pero hija tú de un barón...
con B, sería locura
en
casarte de molu propio
como la plebe acostumbra.
No son de este siglo máximas
tan fatales, tan injustas.
Yo conozco mis derechos,
y no seré tan estúpida
que á la ambición y al capricho
sacrifique mi ventura.
( Levantándose. Camila se levanta también.
¡Qué escucho! ¿Qué dirá el mundo?
¡Vea usted cómo fecundan
las ideas de n oussemi!
¡Te sublevas, te pronuncias
contra un padre, y anarquista
te subes á la tribuna
para reclamar derechos
y para decirme pullas!
Yo no conozco á Rousseau
ni entiendo esas barabúndas,
mas yo be de elegir el novio;
claro, ó no me caso nunca.
¡Ce )! UO«m ¿Qué... ¿Qué tono es ese?
¿Sabes que ya se me atufan
las narices y... ¡Por vida!
Aplaque usted esa furia.
¡Ah! Bie
¿No sabes
que yo tengo malas pulgas?
Yo confio en mi justicia
y en la paternal ternura...
¡Zalamerías ahora!
¿Te casas, ó no?
i Qué angustia!
Es bello mozo el marques,
rail cualidades le ilustran,
pero...
Vamos; ¿qué?
No le amo.
Eso es pecata minuta.
Basta que no le aborrezcas.
Ya madurarán las uvas.
Pero, señor...
¡Nada, nada!
No te admito la renuncia.
ESCENA II
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DON IGNACIO.)
Tio...
Tú vienes, Ignacio,
en buena ocasión. ¡A ver
si me ayudas á vencer
ese carácter rehacio!
Pues ¿qué ocurre?
Que tu prima
niega su mano á un buen mozo;
á todo un marques de Pozo...
i Ah!
Frío. ¿No te da grima?
Rico, galan, opulento,
buen ginele, y ¿qué sé yo...,
y la llevará en lando...
Vaya, vaya... ¡Es mucho cuento!
Y ella...
¡Cuántas en Madrid,
cuántas su feliz estrella
envidiarán...
Pero ella...
No le quiere. Allí está el quid.
¿Será cierto?
Es una loca.
Para amigo, eternamente;
para esposo, no.
¡Insolente!
(¡Bendita sea tu boca!)
Confieso que no es cordura
despreciar tan buen partido;
mas si no gusta un marido,
es también cosa muy dura...
¿Asi me apoyas, bribón?
¿No quiere usted que sincero
le diga mi labio
Quiero
que seas de mi opinión.
( ¿Si estarán de inteligencia?)
Pues yo debo declarar
que. casarla á su pesar
es un carao de conciencia.
( ¡Hum! ¡Se miran!) ¡Bueno! ¡Bravo!
Mas ¿qué entiende.una doncella
sin mundo y sin... ¿Sabrá ella
mejor que yo... ¡Pues alabo!
Si en apariencia la oprimo
porque su bien me interesa,
u ii n co (Otra mirada; y esa
es algo mas que de primo.)
Y es que ella ha perdido el seso,
ó tal vez el matrimonio
la asusta como el demonio.
La inesperiencia...
No es eso.
¡Por vida de san Calislo...
Pues entrar monja es quimera,
que este siglo no tolera
esposas de Jesucristo.
Ni á mí me ha inspirado el cielo...
Pues tú para algo has nacido;
y veinte, años lias cumplido;
y yo quiero ser abuelo.
En buen hora; pero no...
¿A qué hablarme de albedrío?
Ya que no buscas tu avío,
deja que le busque yo.
¿Quién sabe si ya su pecho
late amoroso, y la arredra
el temor
¿Soy yo de piedra?
(Saldrá lo que. yo sospecho.)
¿La trato yo como esclava?
¿No me vio siempre propicio?
Iba á casarla»., de oficio,
porque ella no se casaba.
Si amara su corazón
ya el asunto era diverso,
y á no ser ruin y perverso
el blanco de su pasión...
( ¡Ah!)
(¿Diré'...)
Pero no hay tal.
Cuando ella no dice nada,
de nadie está enamorada.
¡Corazón de pedernal!
¡Ah! No; que, sensible y tierno,
de amor las leyes supremas
ya, señor...
¡Vaya! No temas.
Acaba. ¿Quién es mi yerno?
Por ser tu amor tan ooullo
traté con otro galan
y me espongo al qué dirán;
pero cuenta con mi indulto.
¡Padre mió!
Solo exijo
que sea buen caballero,
porque en esto soy severo.
Con la plebe no transijo.
Sí; su nobleza es notoria...
Bien.
Y no cede á ninguna.
¡Asi tuviera fortuna
como tiene ejecutoria!
Los tiempos no están muy buenos,
mas ¡todo sea por Dios...!;
que, al fin, si os queréis los dos,
todo lo demas es menos.
Con que... acabemos. ¿Quién es?
(Camila y don Ignacio se miran como indecisos. Hl barón se hace el distraído y los observa con disimulo >.)
(¿Qué haré?)
(Yo tiemblo.)
(¿No digo?)
¡Camila!
¡Ignacio!
(Don Ignacio y Camila se animan mutuamente con una mirada, danse las manos y se arrodillan delante del barón,)
¿Eh?
Conm igo
le tiene usted á sus pies.
¡Ah! ¡Caisleis en la trampa!
Alzad. ¡Yroto á lirios... Alzad...
(Separándolos. ) ¡Fuera esas manos! Soltad,
¡ó por vida de mi estampa...
¡Padre...
¡Cómo...
Usted decia...
Calle, esa boca blasfema.
Ha sido una estratagema,
Ha sido una felonía.
¡Calla, libertino! ¿Asi
pagas mi hospitalidad?
Pero...
¡Calla!
¡Qué crueldad!
¡Padre...
Silencio!
¡Ay de mi
ESCENA III
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DON IGNACIO, DON TORIBIO.)
¿Qué es esto, señor barón?
¡Oh ingratitud! ¡Oh maldad!
Seducir á una inocente...
Yo...
Perdone usted. No hay tal.
No puede haber seducción
donde hay libre volunlad.
¡Calla!
Nuestro amor es puro...
¡Ah...! ¿Se quieren? ¿Eso hay?
Ya se ve; primos y mozos...
No hay cosa mas natural.
¡Hola, y no han perdido el tiempo!
tres dias hace no mas
que don Ignacio ha venido
y se ha emparejado ya.
Abusando indignamente
de mi escesiva bondad.
¡Tio...
Y bien; si ellos se adoran,
¿qué sirve tomarlo á mal?
Que se casen, y laus Dco,
y pelillos á la mar.
¿Y á usted quién le llama aquí?
Nadie. Mi amor á la paz...
¿Que se casen? No ha de ser
con mi aprobación jamas.
¡Entregar mi única prole
á un pobre pelafustán
sin beneficio ni empleo...
Y aun lo de pobre, tal cual;
pero haberse degradado
á tal punto... ¡Atrocidad!
¡Haber empañado el brillo
de mi ostrogodo solar
con un borron... ¡Santos cielos!
¿Cómo borron...
¿Qué dirán!
Mi conciencia está tranquila,
y aunque desde tierna edad
la ojeriza de la suerte
me ha perseguido tenaz,
de ninguna acción villana,
tio, me puedo acusar.
¿Eso dices, mal sobrino?
¿No sé yo de pé á pá
toda tu vida y milagros
desde que en hora fatal
te metiste á campeón
de patria y de libertad,
y ya te iban á prender,
y tuviste que emigrar?
¿Y ese es lodo su delito?
¡Vaya! Porque es liberal...
Hace bien
Seor mayordomo,
váyase usted á cuidar
de la despensa.
Es que yo...
No le juzgo criminal
porque piense como quiera,
que yo también tengo acá
mi sistema, y mi opinión,
y en todo ese guirigay
de derechos, uno solo
me puede; el de la igualdad.
¿Pues qué le echa usted en cara?
¡Qué horror!
Me hace usted temblar.
La bastardía mayor,
la mayor iniquidad
¿Es posible
¡Haber vendido
percales en Gibrallar! —
¿Os reis? — ¿Se rie usted? —
¡Y en mostrador de nogal!
¡Y vara á vara, Dios mió!
¡Y recibiendo quizá
triste y mezquino salario
de algún nieto de Caitas!
Huérfano, espa triado, pobre,
¿qué habia de hacer? ¿Robar?
No.
¿Implorar de puerta en puerta
la pública caridad,
ó pedir al e&trangero
la sopa de un hospital?
¿No es esto mas vergonzoso
que ejercer con probidad
una profesión honrada?
Ya; sí, pero... el qué dirán...,
tu cuna... Si fueras hijo
de algún fulano de tal;
si no tuvieras parientes
Cuando estaba.por allá
ni á mis cartas respondieron
ni me enviaron un real.
Yo no escribo á calaveras.
Y es cosa muy singular
que me reprendan ahora
porque, á solas con mi afan,
pedí á la razón consejo
antes que á la vanidad.
Con el sudor de tu frente
el sustento ganarás,
dijo Dios al primer hombre...
¡Dale! ¿Quiere usted callar?
¡Es mucho mosconí
Y todos...
¡pues! somos hijos de Adan.
Pero, padre, usted procede
con mucha parcialidad.
Si el dedicarse al comercio
parece á un harón tan mal,
¿cómo con un comerciante
me pretende usted casar?
¡Un comerciante... marques!
¡Una notabilidad
mercantil! Ya no desdeña
la aristocracia feudal
á la pecuniaria. A veces
se hace preciso cruzar
las castas, y á casa vieja
viene de molde un puntal;
mas de un hortera á un marques
¡allí es nada lo que va!
No me ha sido á mí tan próspera
la suerte. Con el caudal
que en cuatro años de desvelos
y ahorros llegué á juntar
Hete un barco para América,
mas naufragó el capitán,
que era también socio mió,
y solo pudo salvar
la vida. ¡Amigo infeliz!
¿Y qué es de él?
Tres años ha
que no me escribe
Ahora bien;
¿no es una temeridad
que hombre fallido se case?
O tú no eres racional,
ó á la mano de Camila
desde hoy debes renunciar.
¡Renunciar! ¿Por qué, si el alma...
El alma no come pan;
convengo, pero el estómago
es un terrible animal,
y sine Ccrerc et Baco...
Ya sabes tú lo demas.
Mis méritos y servicios
el gobierno premiará,
y entre tanto, pues no soy
ni un zote, ni un holgazán,
trabajaré...
¿Y á qué asunto?
¡Vaya, no faltaba mas!
Con el dote de la novia...
Don Toribio, ó don Satan,
no me sea entrometido,
que si mi hermana le da
mas alas que ha menester
un mayordomo incapaz,
á mí no me mayordoma
ningún bigardo.
Es verdad;
pero vamos al decir...
Me parece regular...
(A don Ignacio.)
Hasta que yo ciere el ojo,
no lia y dolé.
i Padre...
No le hay.
¿Lo entendéis? Y corno pueda
viviré mas que Abraham.
Pues bien, ya que llega á tanto
la injusticia y la crueldad
de mi padre..., está tomada
ini resolución.
¿Qué harás?
¡Toma! ¿Qué. ha de hacer? Casarse,
que después... Dios proveerá.
¡llum...
No señor; no resisto
la paterna autoridad;
mas mi vida será corta.
¿Cómo...
A falta de puñal
ó de tósigo violento,
el dol or me matará,
y usted, que viva me aflige,
mañana en mi funeral
verterá tardías lágrimas...
¡Jesús qué barbaridad!
Mas no lo creo. ¡A veinte años
morirse sin mas ni mas!
Sí señor, mas sin venganza
no veré la eternidad.
¡Conato de parricidio!
¡Camila!
Venganza... ¿Cuál?
Porque es pobre y lúe tendero,
por un vano qué dirán
no quiere usted que á mi primo
llame esposo en el altar.
Pues bien; si virgen y mártir
muero en la llor de mi edad,
ese primo, ese tendero,
ya que no yerno, será
del barón que le desprecia
heredero universa!.
¡Qué oigo! No había pensado...
¡Intriga de Barrabás...!
Mas yo intrigaré también
para que ese perillán
no me herede. La vacante
de mi tálamo nupcial
ocupará una madrastra,
y si fruto no me da
de bendición masculina,
vive Dios que soy capaz...
¡Tío...
Vete de mi casa
y no vuelvas á su umbral
en los dias de tu vida.
¡Eli, señor! No sea tan...
¡Padre!
¡Afuera! ¡Afuera digo!
¿Sí? Pues se irá, y no se irá.
¿Eli? ¿Qué quiere decir eso?
Este piso principal
es de Usía y de su hermana,
poique paga la mitad;
y si Usía echa de un lado
á su sobrino carnal,
yo le recibo en el otro.
¿Cómo? ¿Con qué autoridad?
En nombre de mi señora.
¿Habrá idiota mas audaz?
Y sino, en mi nombre propio r
que ya me canso de andar
con repulgos de empanada.
( Mientras disputan el barón y don Toribio} hablan
en secreto don Ignacio y Camila •)
¡Insolente! Ya sabrá
mi hermana...
Cuando vo lo hago
sé lo que me hago, y tres mas,
y se acabó. En esta sala,
que es el terreno neutral,
defendamos el común
derecho de vecindad.
Mande Usía en la derecha
y déjeme á rní mandar
el ala izquierda ¿y...
¡Bergante!
Tengamos la fiesta en paz.
¡Ya se me sube á las barbas!
¿Y no ha de haber tribunal
que tanta audacia castigue?
(A don Ignacio y d Camila.) ¿Qué hacéis? ¡Por vida... ¡Apartad!
(A don Ignacio.) ¡Afuera í
( Mostrando la puerta de la izquierda.)
Adentro.
Mil gracias.
¿Le obedeces? ¿No te vas?
¿Qué quiere usted! Soy amante;
y pues á escoger me dan
entre no ver á mi prenda
y verla...
No la verás.
(A Camila.) An da á estudia! tu lección
de geografía.
¡P apa...
Y si sales de tu cuarto
sin mi permiso especial,
te encerraré en la guardilla.
No señor. Eso será
lo que tase un sastre.
¿Cómo...!
La guardilla es propiedad
de ambos sexos; es decir;
de Usía y de...
¡Voto á San...
Y de su hermana y señora
mia.
Malditos seáis
mi hermana y tú.
¡A Dios!
¡A Dios!
( Empujando á Camila hcícia la puerta de
la derecha.)
¡Vete!
¡Mi bien...
¡Dulce imán...
¡Anda! — ¡Vamos!
¿Serás fiel?
¡Siempre!
¡Vive Dios...
Ah!
¡Ah!
ESCENA IV
(EL BARÓN DE NIEVA, DON TORIBIO.)
Ahora canta usted victoria
porque yo no quiero dar
escándalo; pero luego
veremos quién puede...
¡Ba!
¿Querrá usted desafiarme?
No; que hombres de calidad
no se baten con villanos;
pero un juez...
¡Quite usté allá!
Lo que no haga la prudencia,
¿lo hará un fallo judicial?
¡Ba! Si hemos de ser al fin
muy amigos...
¿Cómo...
;Baí
¿Yo amigo de usted?
Sí, hombre.
Y ¿quién sabe si algo mas?
(Riéndose.) Ja, ja... Ahur, barón. Je, je...
¡ílem...
Que no haiga novedad.
ESCENA V
(EL BARÓN DE NIEVA.)
¡Y se me rie el mastuerzo
cuando estoy hecho un volcan!
¡Ah hermana...! ¡Estamos medrados!
¿Ya no puedo yo mandar
en mi casa? No hay remedio:
ó esa gente contumaz
me hace escarnio de Madrid,
ó me tengo que mudar.
¡Preciso! Iloy tomo otro cuarto...
¡Válgame Dios! ¿Qué dirán...!
Y sino le encuentro, emigro,
y pernocto en Fuencarral.
Acto segundo
(Sala diferente de la del acto primero. Puerta á la derecha y otra á la izquierda. Entre otros muebles habrá una mesa con recado de escribir.)
ESCENA PRIMERA
(EL BARÓN DE NIEVA, DOÑA ROSALÍA.)
(Aparecen sentados*)
Íijsto ha pasado en tu ausencia.
No creo, ni por asomo,
que del zafio mayordomo
apruebes tú la insolencia;
y si quieres que no estalle
una guerra fratricida,
te aconsejo por tu vida
que le plantes en la calle.
No es tan grave su delito
que merezca ese rigor.
¡Proteger á un seductor...!
Yaya; eso no vale un pito.
Prescindo de tu injusticia
como padre y como tio;
dejo aparte el desvarío
de tu orgullo y tu codicia;
que, aunque tú tanto reparas
en lo que hacen los demas,
yo no me meto jamas
en camisa de once varas;
mas también me llama tia
y pues tú le arrojas
de tu casa, ¿á qué te enojas
si y° amparo en la mia?
Es una casa, y son dos,
inuger: ¿no lo consideras?
Si en otra parte vivieras...
muy lejos..., ¡anda con Dios!
El remedio es fácil.
¿Sí?
¿Cuál?
¿Quién te estorba el mudarte.
¿Adonde?
Á cualquiera parte.
Yo me encuentro bien aquí.
En hora menguada y triste
me vine á vivir contigo,
¡descastada!
Pues, amigo,
vete por donde viniste.
Veinte años lejos de tí,
mal te conocia yo.
Aquí nadie te llamó.
Ni yo quiero estar aqui.
Mas mientras bailo vivienda,
pues no es justo que á un mesón
se vaya todo un barón,
dirimamos la contienda.
Yo no...
Deja que me esplique.
(Mostrando la puerta de la izquierda») Un tabique en esa pieza,
que costará una simpleza,
y en mi alcoba olio tabique...
¿Y las luces? ¿Y el balcón?
Yo soy el que á oscuras quedo.
¡Nada! Yo no me emparedo
por una necia aprensión.
Pero, muger...
No bay que hablar
de tal cosa.
Escucha...
No.
Encierra á tu hija, que yo
no me quiero apolillar.
Bien; no tengamos quimera 9
mas despide á ese criado
que al respeto me ha faltado.
Dame ese gusto siquiera.
¡Eli! No hay respeto que valga.
Tú no le pagas salario.
Pero es hombre mercenario
y debe á mi sangre hidalga...
D.a Rosal® Nada.
¡Qué oigo! ¡Oh! ¿Qué dirán..
No importa.
¿A un bruto defiendes!
No me le ultrajes; ¿entiendes?,
ó los sordos nos oirán.
Aunque humilde, es Lien nacido.
Pero ¿qué ínteres...
¿Loestrañas?
¿Es... tu amante?
No te engañas.
¡Cielo!
Y será mi marido.
¿Marido tuyo ese vándalo?
¿Que asi una pasión te venza!
No te mueres le vergüenza?
¡Qué horror! ¡Qué oprobio! ¡Qué escándalo!
Aunque no te agrade á tí,
su amor será mi placer.
Pero ¿qué dirán, muger!
Pero ¿qué se me da á mí?
¡Yo le conocí lacayo!
¿Asi tu blasón injurias!
Toribio nació en Asín rías.
Quizá es nieto de Pelayo.
¡Funesto alan de marido!
lia ras que Madrid se asombre.
Ya me caso con un hombre f
y no con un apellido.
Pero ¡qué hombre!
Yo me entiendo.
Soy mayor de edad, y es justo
que haga yo mi santo gusto,
pues ni á Dios ni al mundo ofendo#
¡Casamiento valadí!
Un idiota...
¡Es tan galan...!
Pero, muger, ¿qué dirán!
Pero ¿qué se me da á mí?
Ya veo que le aburrías
de vivir en soledad,
y conozco que á tu edad
no hay que pedir gollerías;
mas si anhelabas taq pronto
cambiar el luto en bureo,
casárasle con un feo,
con un pobre, con un tonto;
pero, que fuese siquiera
un hidalgo segundón,
y no ese... guarda-cantón
rústico y de baja esfera.
¿Querías que me casase
con un vano pobre ton
sin mas recomendación
que ser de elevada clase?
¿Con algún chisgaravís
que mis rentas consumiera
en vestir á una ramera,
y en fondas y en Tilburís?
Yo prefiero, pues me adora,
á un hombre honrado y sencillo;
V si en la corle no brillo,
seré en mi casa señora.
En esto mi dicha fundo.
¿Y al mundo no temes? di.
Yo me caso para mí:
no me caso para 1 el mundo.
i 4
Tranquila está mi conciencia,
soy libre y tengo dinero;
¿y no he de hacer lo que quiero
sin pedirte á tí licencia?
Ni pongo rey, ni le quito.
Quien no apruebe este sistema,
que me deje con mi tema,
que yo á nadie necesito.
¡Yo llamar á un oso astur
cuñado!
Lo dicho, dicho.
¡Torpe y bárbaro capricho!
Basta de sermón. Ahur.
ESCENA II
(EL BARÓN DE NIEVA.)
Oye, escucha... ¡Rosalía...!
Se va la zaina en sus trece.
Vaya, imposible parece
que ella sea hermana mia.
¡Jesús, Jesús qué demencia!
¡Dar su mano á ese menguado!
Pero á bien que en el pecado
llevará la penitencia;
porque Tonino es atroz,
y antes que se acabe el mes,
dejará de ser quien es
si no la planta una coz.
Ahora sí que es honor mió
alejarme, de su lado,
y mas cuando me han jugado...
ESCENA III
(EL BARÓN DE NIEVA, BLAS, BLAS, EL MARQUES, EL MARQUES.)
Dile que entré. — ¡Voto á San...
(V ase Blas.') Ya olvidaba... Esa chiquillla...
¿Qué diré... La negra honrilla.».
Mi palabra*.. £1 qué dirán.**
ESCENA IV
(EL BARÓN DE NIEVA, EL MARQUES, EL MARQUES, ¡SEÑOR BARÓN! HARÓN, EL MARQUES.)
Sillas.
(Vuelve Blas, acerca sillas y se retira. El marques y el barón se sientan,')
(Yo no doy mi brazo á torcer.) ¿Qué tal, amigo?)
¿Se va usted aclimatando
(en Madrid?)
Yo me bailo bien
en lodos los climas.
¡Bravo!
Acostumbrado á viajar...
¿Ha llegado ya aquel barco..*
Ya está surto en Cádiz, libre
de piratas y naufragios,
y con él lo que restaba
de mi capital, pues trato
de abandonar el comercio...
¡Bien!
Y hacerme propietario.
¡Mejor! (¿Y un yerno como este
se. me irá de entre las manos!)
¿Ha hablado usted con Camila
de aquel asunto...
Sí; algo
la he dicho. La chica... (¿Cómo
saldré yo de este pantano?)
La chica le aprecia á usted,
y le haria mucho agravio
en no apreciarle.
Ese aprecio
me envanece. Sin embargo,
es natural que yo aspire
a un afecto menos vago,
mas tierno; al amor sincero
que me inspiran sus encantos.
Lo que es la palabra amor
no sé si la ha pronunciado.
Ya ve usted; el ruborcillo...
Como tiene pocos años...
Bastantes son para amar.
No digo yo lo contrario;
mas un padre siempre impone,
y cuesta... asi... cierto empacho
el confesar... Pero yo
soy fisonomista práctico,
y en sus ojos conocí
que no oyó con desagrado
la proposición.
Los ojos
no hablan en buen castellano
señor barón. Yo prefiero
el lenguaje de los labios.
¡Es tan elocuente á veces
el silencio! Hay un adagio
que dice: quien calla, otorga.
Señor barón, vamos claros.
Quien calla..., no dice nada.
Á tener ella reparo
en casarse con usted,
lo hubiera manifestado;
mas lejos de ser asi
conozco, y puedo jurarlo,
que la chica le ama á usted.
(Yo miento como un bellaco,
pero el qué dirán....) Y en fin,
basta que sea el contrato
de mi gusto para que ella
no rehúse á usted su mano,
que es obediente y humilde...
(Otro embuste diplomático.)
No quisiera que cediese
á ningún respeto humano,
que yo taml)íen tengo orgullo,
y aunque es poco lo que valgo,
para unirme á una muger
con indisoluble lazo
be menester algo mas
que la firma del vicario.
Pero si ella... Cuando digo...
( ¡Ese picaro de Ignacio...! )
Usled quizá..., sin que yo
le tenga por un avaro,
tendrá empeño en esta boda
porque se habrá figurado
que esloy nadando en millones*
ISo soy ningún perdulario,
y no echaría de menos
su bija de usted á mi lado
ni de su padre el cariño,
ni de su casa el regalo;
pero lia de saber usted
que no soy tan millonario
como parece, y que yo...
¡Por Dios, marques! ¿Dónde estamos?
¿Piensa usted que el interes...
Yo también voy á ser franco.
A pesar de ser quien soy,
y de lodo mi boato,
mis rentas, amigo mió,
están en pésimo estado,
y los pleitos me devoran.
¡Cosa rara!; y entre tanto,
man tengo administradores
que gastan, solo en el plato,
mas que yo en mesa, carruaje,
sastre, casero y teatro.
Pero mis bienes radican
en Soria y tierra de Campos,
y yo resido en Madrid.
¿Quién vive en aquellos páramos?
Y luego, á mí no se me bable
de presupuestos ni cálculos,
ni reformas, ni... ¡Es iodo eso
tan plebeyo, tan prosaico...!
No señor. ¿Qué se diría...
¡Sobre que yo no me amaño
para esas cosas...! ¡Y tengo
tanta afición al descanso...!
Asi usted no eslrañará,
si medita este preámbulo,
que el dote de la muchacha
En eso no reparo;
mas quisiera averiguar
si soy, ó no soy amado.
¿Quién duda...
Que de otro modo
me espongo á un terrible chasco.
Ya que usted, padre solícito,
el desenlace ha forzado
del drama y, contra las reglas,
nos casa en el primer acto,
llame usted á la futura
y de su boca sepamos...
Dispénsela usted por boy.
Está indispuesta. Un catarro...
¿Hay calentura? ¿Está en cama?
Sí señor; mas no hay cuidado.
Se ha puesto unos sinapismos...
Ya mejor... Está sudando...
(Quien suda soy yo.)
Pues siento
sobre manera...
Un espasmo...
ESCENA V
(EL BARÓN DE NIEVA, EL MARQUES, BLAS.)
Ahí está el procurador...
¡Venir ahora á estorbarnos...
Que vuelva...
Dice que es cosa
urgente, y que es necesario
que le oiga Usía un momento...
Despáchele usted.
¡Qué diablo...
Usted me ha de perdonar...
No hay de qué...
Vuelvo volando.
ESCENA VI
(EL MARQUES, CAMILA.)
No he visto en todos mis viajes
hombre mas estrafalario.
( Saliendo de puntillas por la puerta de
derecha.)
Marques...
¡Señorita! ¿Cómo...
¿Se cura usted por ensalmo?
(yl media voz.')
No hay tal catarro, ni tales
sinapismos.
Mucho estraño
que el harón...
Tengo que hablar
con usted.
Bien está. ¿Cuándo...
Pronto. Si sale mi padre,
vuelva usted...
Sí; mas no alcanzo...
¡Que viene! ¡Silencio! Á 1) ios.
(V~ ase corriendo por la misma puerta.)
¡Ay! Esto se pone malo.
ESCENA VII
(EL MARQUES, EL BARÓN DE NIEVA.)
Malditos sean los pleitos...
Hoy va á pronunciarse el fallo
sobre el mas interesante
de los mios, que son cuatro,
y como de esas mecánicas
yo nunca me cuido, el santo
se me fue al cielo... Ese tio
ha venido á recordármelo...
Los momentos son preciosos.
La parte contraria es pájaro
de cuenta... Perdone usted.
(Toma sombrero y bastón.) Mi defensor está abajo...
Tengo que hablar á los jueces,
aunque, á la verdad, es paso
que me repugna...
Por mí
no hay que detenerse. Vámonos...
Yo siento... Pero otro dia
hablaremos mas despacio. —
Si usted quiere honrar mi coche...
No. Yo voy por otro lado.
Pase usted...
No. Usted primero.
Pues los dos á un tiempo. El brazo.
(Toma el brazo del marques, vánsc juntos, y al mis 7/w tiempo asoma Camila.)
ESCENA VIII
(CAMILA.)
Los dos se van. ¡Qué manía!
¡Qué empeño tan temerario
de casarme con ese hombre!
¿Pues no le he dicho bien claro
que no puedo, que amo á otro...
¿A qué con esos engaños
alimentar la esperanza
del marques, si al fin y al cabo
ha de saber la verdad?
Yo tendré que darle el trago.
¿Qué he de hacer! Si es caballero
no lo tendrá por agravio,
y antes me agradecerá
que le libre del escarnio
á que mi padre le espone
por terquedad, por un falso
pundonor... ¿No hago bastante
en renunciar á mi Ignacio
hasta que luzca otro sol
mas dichoso para entrambos,
sino que también... La puerta
me parece que ha sonado.
(Acércase d la de la izquierda.) El es... ¡Pobre caballero!
Le voy á dar un mal rato.
ESCENA IX
(CAMILA, EL MARQUES.)
Ya ve usted que no be tardado
en acudir á la cita.
¿Qué manda usted, señorita,
á este su humilde criado?
Marques, quien ruega no manda»
¡Usted rogarme...
Sí, á fe,
y por feliz me tendré
si usté accede á mi demanda.
A la bella que es mi encanto
desairar fuera delito
cuando...
Es que yo solicito
que usted no me quiera tanto.
¡Estraña solicitud!
Sí, que esponerme no quiero
á que tan buen caballero
me acuse de ingratitud.
Entiendo.
Usted no se asombre,
pero ha llegado la hora...
Eso se llama, señora,
dar calabazas á un hombre;
pero con tanto primor
y tan natural donaire,
que viste usted el desaire
con las galas del favor.
Aunque quejarme quisiera
me quita usted la ocasión;
mas ¿cómo con el barón
no ha sido usted tan sincera?
Bien que ya mi juicio alcanza
que usted lo ha hecho quizás...
por darme esa prueba mas
de amistosa confianza.
Mi señor padre no quiso,
cual pudo y lo sabe Dios,
evitarnos á los dos
este duro compromiso.
Pero él desea mi bien,
de ahí nace su error fatal,
y yo me he esplicado mal
ó no me ha entendido bien.
El procede sin malicia.
No le culpe usted, ¡ah! no,
que la culpada soy yo
en no hacerle á usted justicia.
Otra dedada de miel.
Usted merece la palma;
pero amor manda en el alma
y el alma no manda en él.
Ya.
Crea usted que es mi anhelo
ser su amiga.
¡Eso es tan soso...
Y usted será muy dichoso
si oye mis votos el cielo.
¡Votos al ciclo! En París,
bañado de tierno llanto,
Luis Felipe hace otro tanto
por el bien de este pais.
No me iguale usted, ni en chanza,
al buen monarca francés,
que entre nosotros, marques,
no ha habido cuádruple alianza.
En pedirme para esposa
usted me hace sumo honor;
lo confieso con rubor. —
No puedo hacer otra cosa.
Y si á usted ya no rendí
mi corazón, no es desden;
es que le trata muy bien
el galan á quien le di.
Esa es razón concluyente.
¿Y quién es ese buen mozo?
Dígalo usted sin rebozo
á un amigo..., á un confidente.
Fuera infiel si le negara.
Sin blasonar de rico-hombre,
es noble, honrado
¿Su nombre?
Don Ignacio de Guevara.
¡Qué oigo! ¿Guevara? ¿Está aqui?
Tres dias ha que ha llegado.
¿Si será... ¿Estaba emigrado?
Sí.
( Ensenando d Camila un papel.)
¿Es esta su firma?
(Reconociéndola.) Sí.
Don Ignacio es primo mío;
mi apellido es el que lleva.
Solo por barón de Nieva
conocía yo á su tio.
No es mucho... ¡Gracias á Dios
que pareció! Nos veremos»..
¿Pero qué asunto...
Tenemos
que ajustar cuentas los dos.
(Yo no sé lo que me pasa.)
¿Pero no podré saber...
Ahora no. No es menester...
¿Dónde vive?
Aqui.
¿Está en casa?
Tengo que darle un aviso...
Salió. Pero... ¿qué intenciones...
Le pondré cuatro renglones
si usted me da su permiso.
Está bien.
(E/ marques se sienta d la rnesa y escribe*)_ Mas no pudiera
decirle yo...
Necesito
esplicarme por escrito. ( Observándola.)
(Blanca está como la cera.)
(¡Dios mió! ¿Qué. será esto?
¿Si será enemigo suyo
este hombre y querrá...)
Concluyo,
que no quiero ser molesto.
(Cierra la esquela y se levanta*)
(La vida tengo en un hilo.)
Pero, señor, ¿qué misterio...
Señora, es asunto serio
y exige mucho sigilo.
Yo soy prudente, marques,
y...
Ya es larga la visita.
Déle usted esta esquelila.
Pero...
Beso á usted los pies.
ESCENA X
(CAMILA.)
¿Qué dirá en este papel...
que no me es lícito abrir?
Un desafío... ó ¿quién sabe
si otra venganza roas ruin...
Cuando el nombre de mi Ignacio
roe oyó pronunciar, le vi
tan turbado, tan inquieto...
Y no dijo con buen fin:
u leñemos que ajustar cuentas
los dos... ” ¡Ay triste de roí!
No hay duda; aqui le provoca
á injusta, sangrienta lid.
¿En qué ha podido ofenderle
mi pobre Ignacio, que asi
le persigue su rencor?
Yo no sé qué presumir.
Pero está zeloso, y basta.
¡Hombre inhumano, hombre vil...!
De mi desden, vida mia,
se quiere vengar en tí.
¡Ay! Yo tiemblo. ¡Cuántas veces
del valor triunfa el ardid!
Tu sangre... ¡Primero yo
muera mil veces y mil...!
¡Oh dolor! ¡Olí duda amarga!
(Mirando la carta.) No me atrevo... El no está aqui...
(Cayendo desconsolada en una silla.) ¡Santo Dios, tened piedad
de esta muger infeliz!
TERCERO
Sala en la parte de habitación que corresponde a doña Ro¬
Puerta á la derecha, que es la misma que estaba á la
izquierda en el acto primero, otra en frente y otra en el
foro.
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(doíTa Rosalía, vestida de calle. don toribio.)
J. y _lañana, mañana mismo.
Ahí queda sobre la cómoda
mi partida de bautismo;
y pues ya de Ribadeo
la tuya ha venido, cúmplase,
Toribio, nuestro deseo.
Por mi parle, ahora, al punto;
mas, señora, aun está próximo
el entierro del difunto.
¿Y qué importa?
Sí por cierto.
Cuatro meses hizo el sábado
que San Luis tocóle á muerto;
y la gente, que presume
que es usté un valle de lágrimas
y de pesar se consume,
¿qué dirá? Que ambos á dos
ni amor tenemos al prójimo
ni justo temor de Dios.
¿Eso me dices, Toribio?
Debieras brincar de júbilo,
¿v te me muestras tan libio?
¿Tibio? No tal...
Si de mí
naciera ese vano escrúpulo,
ya entiendo; pero ¡de tí!
Por tibieza no lo digo,
mas temo que en los periódicos
la tomen luego contigo.
Lo que es yo, no tengo miedo
de vivir como un canónigo
de Sevilla ó de Toledo,
ni de que el vulgo se ria,
y diga que soy un zángano j
mas j tu opinión, Rosalía...
Tampoco á mí me incomoda
que la envidia me baga sátiras
cuando publique mi boda.
Ni me quitan ni me dan.
Harto tiempo be sido víctima
de ese pueril qué dirán.
Por él me casé á disgusto
con un marido antipático
en el genio y en el busto.
Me dió una vida de perros,
mas me precio de católica
y le perdono sus yerros.
¿Qué mas be de hacer, Toribio?
¿Me he de encerrar en su túmulo
siendo su muerte mi alivio?
Cuando el corazón se alegra
¿no es una farsa ridicula
cubrirse de saya negra?
Aunque ellas digan que no,
mas de dos viudas hipócritas
liarían lo que hago yo.
Que me miren de soslayo;
que murmuren. ¿No me es lícito
hacer de mi capa un sayo?
En fin, me quiero casar.
Ni las leyes ni los cánones
me lo pueden estorbar;
y asi que te dé la mano
le hemos de cantar un trágala
al quijote de mi hermano.
Yo de oirá suerte discurro,
pero con esas retóricas
me haces caer de mi burro.
Cumple tu gusto y tu sino.
Si Madrid te importa un rábano,
á mí me importa un pepino.
Dios nos dé mucha salud,
á nosotros en el tálamo
y al muerto en el ataúd.
Pero antes, vamos á cuentas;
no nos casemos el miércoles,
y el domingo le. arrepientas.
Ten presente, dulce amor,
que tú eres hija de un título
y yo de un tosco aguador.
Y mira, antes que me encumbres
si cuando nos case el clérigo
casará nuestras costumbres;
no, por arte del demonio,
sea el órgano de Móstoles
nuestro santo matrimonio.
n.a Rosal» Eso no le dé temor,
que de mayores obstáculos
sabe triunfar el amor.
Si tenemos fé y constancia,
nuestra indulgencia recíproca
allanará la distancia.
Si alzo yo el vuelo atrevido,
me recuerdas, sin escándalo,
tus derechos de marido;
y yo con una palabra
sabré moderar tus ímpetus
si tira al monte la cabra.
Rien veo que y° seré
la que mas trabaje
¡Cáspita!
Eso es lo que yo no sé.
Ya soy muy duro de casco
para maestros y dómines,
¡y tengo al estudio un asco»*»!
Leo corriente y escribo,
y si se traía de números,
no me engaña ningún chibo;
mas yo no entiendo ese engorro
cortesano, esas políticas,
esas... ¡Cá! Ni por el forro;
y lo que ya no aprendí,
desde hoy al séculurn sécula
(Con los dedos en la frenteé) no me lo encajan aqui.
Tus principios son muy buenos,
y las elegantes fórmulas
son para mí lo de menos.
Tú no has de ser diputado
y ni á tribunas ni á pulpitos
te tengo yo reservado.
Todos, del rey al pastor,
saben bien sin ir á cátedras
el lenguaje del amor.
Habla de amor noche y dia,
sin rodeos ni metáforas,
á tu dulce Rosalía;
y aunque no sepas la Q,
ni Cicerón ni Aristóteles
hablarán mejor que tú.
Por amor no quedará.
Ya sabes... ( ¡Vieja mas cócora...
que mi pecho 1 c vüs yQ?
Sí; voy
(Ya respiro.)
¿Qué?
Nada.
A comprar unos géneros...
Pero pronto volveré.
Entre tanto, di á Pascual
que en el teatro del Príncipe
tome un palco principal.
¡Teatro!
Sí.
¿Y la tertulia?
¿No esperabas á don Plácido,
á Inesita, á doña Obdulia...
¿Y qué?
Dirán que desprecias
¿Me lie de privar de la ópera
por cumplir con cuatro necias?
¡Mire usted que es buen negocio!
Me la echan de amibas íntimas,
y á malar vienen el ocio;
y doña Inés ¡qué prebenda!,
como es tan débil de estómago,
siempre á mi costa merienda;
Bárbara es menos endeble, 1
y un mueble me rompe Bárbara
por bailar con otro mueble;
por jugar otra un en tres
hace conmigo urr empréstito.;.,
y- no me paga después;
otro toma la guitarra
y canta como un Bucéfalo
y el oido me desgarra;
allá una dulce pareja
cuchichea hasta el crepúsculo,
y acullá duerme una vieja;
aquí un progresista eterno
disputa con un retrógrado
y mi casa es un infierno;
y después que esto me pasa,
desde el primero hasta el último
dirán pestes de mi cdsa;
y porque la han escogido
como la mas á proposito
para holgar y meter ruido,
¿yo he de ser esclava aquí;
yo* Toribio, cuya máxima
es el qué se me da á mí?
Tras que mi casa les doy,
sin pedir su beneplácito
¿no podré decir: me voy?
¿Por qué vienen? ¿Quién los llama
¿Ó quieres que todo picaro
mande aquí, menos el ama?
No; ya basta; no señor;
y si se pican, ¡bravísimo!,
y si no vuelven, ¡mejor!
Tienes razón para cuatro,
y has hablado como un Séneca...,
si iba Séneca al teatro.
Con que ahur... ¡Ah! La cocina
dos dias ha que está huérfana
porque se fue Ceferina.
Si acaso viene en mi ausencia
una muy limpia y muy practica
que me envían de la agencia,
recíbela tú.
Está bien.
Á Dios, mi vida.
A Dios, ídolo...
(¡Maldita seas amen!)
ESCENA II
(DON TORIBIO.)
¡Dale con la boda, y dale,.
con el amor...! ¡Si no piensa
la maldita en otra cosa!
Y aunque yo me bago de pencas,
ella ¡firme! y no hay tu tia,
y erre que erre, y ni por esas.
¡Si yo con ser mayordomo
estoy contento! ¡Qué tema!
Manejar su hacienda, pase,
¡pero manejarla á ella!
Yo no he cumplido veintiocho,
y ella pasa de cincuenta;
ella Usía, y yo plebeyo...
¡Haremos linda pareja!
Ya se ve; yo agradecido
la he dicho algunas simplezas,
y como ella me quitó
de los hombros la librea,
y por ella es don Toribio
el que era Toribio á secas,
y me mima, y me agasaja,
y... ¡pues! A tanta indirecta
¿quién resiste? Era preciso
tener cara de baqueta.
Y cáteme usted su novio,
y me llevará á la iglesia,
y ¿cómo la digo nones
después de tantas pamemas?
¡Qué lástima! Un moceton
de pelo en pecho, en la fuerza
de la edad... Y ahora que tengo
ahorradas cuatro talegas... —
Si me caso, todo es mió,
y mejor cuando se muera... —
¿Y si ella me mata á mí
primero? ¡Maldita vieja!
No temo que me domine,
y es muy tonta si lo piensa;
que si ahora, porque aun es ama,
callo y bajo las orejas,
luego que estemos casados
ya la haré entrar por vereda;
mas ¡ay! lo que temo yo
mas que una nube de piedra
es su amor desaforado,
y sus caricias horrendas,
y su aceite de Garrak,
y su bebida antis térica.
i. U i;;.
ESCENA III
(DON TORIBIO, JUANA, JUANA, DON TORIBIO.)
¿Qué hay, Juanilla?
(¡Que á mí me mande ese bestia!)
Una moza que pretende
la plaza fde> cocinera
pregunta por la señora...
Sí ya pe... Dile que venga.
f «i{ r,: i f <i n ’ail y
ü: ESCENA IV.
Orí \V5
don torjbio.- (Se sienta,)
Vamos,,no puedo olvidarme
de aquella maldita pécora.
Yo sí que podré decir,
mejor que el otro babieca:
si buena ínsula me dan,
¡Uuenos azotes me cueslaL.. I. i
— i 0*1 1 íM V f t> I íf í '10 '(<
» ESCENA^. V.:r. i; l o
: O V: I;. •foj'JÍÍ»
DON TORIB 10. LORENZA,,
! ¿o v:!. 1;. o'i*»rn a¡
Al principio de la escena habla don Tortbio en
tono de amo, asedio reclinado en el ‘sofá j sin mi¬
rar fi)arncjUe á Lorenza, so-' i
. hi.1 <>{!.•: oiír i
(A la puerta.)
¿Da^ usted permiso?.!
Adelante.-
(Acerrándose algunos pasos,)
Acá me envía la agencia
Sí. ¿Dóiqle b a servido usted?
En tres casas...
. La postrera.
En casa de un proveedor
de la tropa
¡Buena mesa!
¿Eli? o
Sí señor.
¡Asi engordan a
Jos soldados que alimenta!
¿Y por qué lia perdido usted
una proporción como esa?
Por chanzas del señorito. i
v chismes de. la pasiega.
¿Que ganaba usted?
Cien reales.
(Esa voz...)
Aquí, sesenta;
que ti o somos proveedores
í'.TT
de cebada y de galleta.
(Esa cara... Jur ai ia.»«) ¡i:>nm
Bien. Aquí hay menos faena..
1 v. »! i I O? l.
Poca. En dando gusto al ama...,
y á mí primerQ'que á ella...
Bien.: •í;f; I-
¿Es usted respondona? “I,il
No señor* ■:<:j óifti
¿Es usted puerca?
¡Qué pregunta! Uimpia soy
como el oro.1
! Norabuena.
¿Cuántos añósi? i;
Veinticinco,
¿Su gracia de usted...
Lorenz'á,
para servirle.
Enterado;1'
(No hay duda. El es.)
v ¿De qué tierra?
Lorenza* Sov asturiana,
(Levantándose.) ¡Asturiana!
¿De dónde? L A
De San Esteban
De Právia.
¡Paisana mia!
■(¡Oiga! Y es como una perla...
Y ese carácter de cara
no es para mí cosa nueva.)
Acerqúese usted un poco.
(Lorenza cía un paso.) Un poquito mas 2 Es ella!
( Con alegría.)
¡Ah! ¡Torihia!
(Co/j respeto ¡Don Toribio!)
( Con abandono.)
¡Oh! ¡Lorencita...!
(Co/2 dignidad.') ¡Lorenza! —
Has dado un buen estirón,
muchacha, y estás mas gruesa*
Es favor que roe hace usted.
¡Y qué guapa! (¡Ah! Si no fuera
por el qué dirán...)..
Siete años;
hará por Carnestolendas
que nos conocimos...
Sí*
Tú eras entonces niñera..*
Sí señor. Murió la cria,»
me despidió la condesa,
y en otra casa después
me ajusté de cocinera,
Las muchachas d,e talento,
como tú, nunca se quedan
sin acomodo. ¡Hola! ¿Sabes
que has hecho buena carrera?
¿Pues y usted? ¡Caramba! ¡Usted...
(C0/2 petulancia.)
¿Yo... Tal cual... No tengo queja...
¡Pe he...
Cuando iba usted tan tieso
detrás de la carretela...
Sí; en efecto... Todo es coche.
¿Qué mas da dentro que fuera?
Cuando iba usted por la compra...
Me daban aquella prueba
de confianza...
¡Y qué listo
servia usted á la mesa...
Siempre he sido servicial.
Y limpiaba...
¡Eh! La modestia...
El noviciado... (¡Qué herniosa!)
Vamos; si por mas que quiera
no me podré acostumbrar...
Pues es preciso que tengas—
filosofía. ¿Me entiendes?
Y que calles lo que sepas,
y que te olvides de lodo...
menos de guisar en regla.
Bien, señor.
(¡Qué alhaja! ¡Y yo
la trato de esta manera!
Mas mi posición social...
Las leyes de la etiqueta...)
Con que, ¿quedo recibida,
don Toribio?
(Co/i carina)
Sí, morena.
(Reprimiéndose*) Sí tal. (Se me va la burra.)
(Tocando la campanilla.) Y lia de ser... ( ¡Bendita sea...!)
desde ahora mismo.
Está bien,
señor. (¡Gallarda presencia!)
ESCENA VI
(DON TORIBIO, LORENZA, JUANA.)
Mande usted.
(Pero mejor
le sentaba la librea.)
Reconoce á la señora
por tu amiga y compañera.
¿Estamos?
Bien.
Y por gefe
del iogon y la alacena
en los arlos del servicio.
Corriente..
(si Juana,) r-.t.
¿Usté es la doncella?
J u a n a. Y muv servidora
y
Aden tro
Eso, adentro Mt
Con licencia II
(¡Ay, chusca! ) Vayan con Dios
y que no haiga peloteras.
ESCENA VII
(DON TORIBIO, ¡QUÉ ROLLIZA! ¡QUÉ FRESCO LA, !.)
¿No es un cargo de conciencia
(no haberla dado un abr 0 ZOl t y ni un mal pellizco siquiera?)
Vergüenza con la criada
(y con el ama vergüenza...)
¡Qué situación tan tUSI**#
(tan mestiza y tan viólenla!)
ESCENA VIII
(DON TORIBIO, DON IGNACIO.)
Don Toribio
¡lióla í ¿Qué tal?
Después de tanta promesa,
rodando de mesa en mesa
se ha perdido el memorial.
Se hace olio. ¿Cómo ha de ser!
¡Qué! Ya Como soy novicio
en el arrastrado oficio
de adular y pretender,
renegando en la antesala
del portero y del ministro,
al oficial del registro
lie mandado noramala.
¡Hombre!
Me sobró razón
y me faltó sufrimiento*
Por mi Camila lo siento.
¿Dónde está? ¿Salió el barón?
Sí señor; ya hace buen rato.
Voy á mandarla llamar
solo por hacer rabiar
á quel viejo mentecato.
¡Qué lástima de ataúd!
Y yo si fuera que usted
pon ¡a pies en pared,
y me casaba, y ¡salud!
Mas ya la veo llegar
y á usté se le cae la baba
Pelen ustedes la pava,
y buen provecho, y ¡andar!
ESCENA IX
(DON IGNACIO, CAMILA.)
¡Ah! ¡Te veo al fin, bien mió!
¿No sabes... Estoy temblando...
¿Dónde has conocido, cuándo
al marques de Pozo-frio?
¿Yo? No le he visto jamas.
¿Cómo «M ¿Es posible
No, á fé.
¿Pero qué tienes? ¿Por qué
tan atribulada estás?
Nuestro amor constante y fiel
mi labio le. reveló,
y cuando tu nombre oyó
no sé qué pasó por él.
Es cosa muy natural,
que para un zeloso adusto
nunca fue plato de gusto
el nombre de su rival.
Mas antiguo es su rencor
por lo que yo colegí,
i Ay! Se despidió de mí
con tono amenazador.
Dejó este billete, escrito
con veloz trémula mano,
cual si entonces, inhumano,
meditara algún delito.
¡Cuánta ha sido mi inquietud!
(Enseñando el billete.) Pero... mira. No está abierto.
Muger y amante... Por cierto
que asombra tanta virtud.
Ya que es tal tu admiración
porque be triunfado de un vicio,
tan heroico sacrificio
bien merece galardón.
Diine pues lo que deseas,
que servirte es mi placer.
Esta carta he de leer
antes de que tú la leas.
De buen grado lo consiento,
aunque me haces un insulto
sabiendo que no te oculto
ni el mas leve pensamiento.
Tengo zelos, y si aquí
por mi desgracia averiguo...
¡Boba!
Algún pecado antiguo...
Solo pecara por tí.
( Abriendo In caria.)
Pronto satisfecha estoy.
¡Que asi me ofendas!
(¡Dios mió!
Si es carta de desafio,
la rompo y no se la doy.)
(Lee para, sí.)
(Si no hay trato entre los dos,
¿qué carta puede ser esa...)
(¡Es posible... ¡Qué sorpresa...!
ESCENA X
(DON IGNACIO, CAMILA, JUANA.)
( Llega corriendo por la derecha.)
¡El barón!
¡Cielos! ¡A Dios!
(Huye por el foro. Juana la sigue.)
ESCENA XI
(DON IGNACIO.)
¡El Di lie l e... í ¡Echala nn galgo!
Si voy tras de ella y me encuentro
al harón por allá dentro... —
¿Qué querrá de mí el hidalgo?
Sospechoso es el papel.
Sin duda á lidiar me llama
quejoso de que una dama
me haya preferido á él.
¡Buena ceguedad por cierto!
Suponiendo que él me rinda,
¿será su cara mas linda
después que yo me haya muerto?
Y á lé que gran calavera
mi rival debe de set-
si para eso á una muger
elige por mensagera.
¿A qué dar un sobresalto
á mi Camila? Eso es ton lo.
Mas si me busca, estoy pronto,
que al pundonor nunca tallo.
ESCENA XII
(DON IGNACIO, EL BARÓN DE NIEVA.)
( Llega por la puerta de la derecha.)
Veamos si Rosalía IM
¡Hola! ¿Aquí estás, mal vasallo?
No me insulte usted. Yo callo.
¡Mire usted qué hipocresía!
Echate ahora en el surco
para que vo no te riña,
después que á mi incauta nina...
¿Se hiciera mas con un turco?
¡Tío... por Dios...
¿Con qué cara
tender osaste la red
Mejor es irme...
(Al irse le sale al encuentro el marques.)
ESCENA XIII
(EL BARÓN DE NIEVA, DON IGNACIO, EL MARQUES.)
¿Es usted
don Ignacio de Guevara?
¡Oh, marques!
(Al marques.)
Ese es mi nombre.
(¡Mi rival! Esto promete.)
¿Le han dado á usted un billete..^
No señor.
(¿Qué querrá este hombre?)
¿Cómo...
(j En voz baja»')
Lo estorbó mi tio
con su llegada importuna.
(Siguen hablando aparte don Ignacio y el marques.)
(Hablan quedo. ¡Qué fortuna!
Esto para en desalió.
El pastel se ha descubierto;
ya no vale hacerse el sordo,
y si el marques le habla gordo,
Ignacio se da por muerto.
Primero que irse á batir
renuncia á su cara prima,
que no se aprende la esgrima
con la vara de medir.
¡Bravo! ¡Qué buen espediente!
Ya baja los ojos... ¡Miedo!
¡A ver si boy me desenicdo
de un sobrino impertinente! )
(A media voz»)
Es larga historia. En mi casa
hablaremos mas despacio.
Sígame usted.
(¡Pobre Ignacio!)
(¡Cielos! ¿Qué es lo que me pasa
¡Yo tanto dinero junio!)
( Poniéndose cu medio.)
¡Eh! ¿Qué es eso? ¿Desafio?
Es sagrada, amigo mió,
la voluntad de un diíunlo.
(¿Qué oigo! Ya muerto le cuenta
y se encarga ¡qué piedad!
de su postrer voluntad.
No, ii o es juslo cjiio co lisien I;w**)
Haya paz, lia ya concordia,
señores.
(A don Ignacio.) Teme á la muerte
i
(Al margues») Usted, que es mas fuerte,
tenga de él misericordia,
Usted sueña...
Usted delira...
(Al marques»)
Vamos; yo sé lo que digo.
Contra un débil enemigo
jjo es generosa la ira.
Por orgullo y por tesón
él á morir se dispone,
pero si usted le propone
a Iguna indemnización...
¿Cómo
Oigamos.
¿De qué vale
llevarlo por la tremenda?
Dirimamos la contienda...
¡Si no hay tal contienda! ¡Dale!(
Matarse por una bella
es una majadería,
y no es menor tontería
morirse de hambre con ella j
y pues ustedes son dos
y la novia es una, opino
que la ceda mi sobrino
v que lo lleve por Dios.
¿Cederla? ¡Jamas! Primero...
¡Temerario! ¡Horrible trance...!
Yo sé lo qué en este lance
debe hacer un caballero.
¡Gran Dios! Un tiro en la frente...
Una estocada en el bazo...
Marques.¡Qué! ¿No es mejor un abrazo?
(Se abrazan, )
¿Cómo... Yaya; él lo consiente...
Es decir que ya amainó,
¡tanto la pobreza agobia!,
y le cede á usted la novia....
El que la cede soy yo.
¡Cederla usted, mal galan,
indigno de Calderón!
¿Y á un primo de munición?
¡Válgame Dios! ¿Qué dirán!!!
Marques.Dirán, amigo barón,
que sé hacer por mi quietud
de necesidad virtud
y de tripas corazón.
Dirán que el bello prodigio
por quien perdí mi reposo
ya en favor del mas dichoso
ha sentenciado el litigio.
Dirán que, pues ya me afeito,
debo proceder con calma,
y no perder vida y alma
después de perder el pleito.
Mas sabiendo quién soy yo
no lo achacarán á miedo;
que á la razón siempre cedo,
pero ¿á la fuerza? Eso no.
Pero hombre, ¿á quién se le ofrece..*
( Al marques.)
Y dirán que usted triunfara
si mi prima se prendara
del que mejor la merece.
Sí; que es usted un dechado
de virtud, pues liberal
aun con su propio rival...
No; sino justo y honrado.
Vamos...
Y dirán que, al cabo,
obra usted como quien es.
¿Eh?
Como un... recien-marques
que se apea por el rabo.
Y añadirán que me alegro,
como hay Dios, de no casarme,
por no desacreditarme
con tan ridículo suegro.
ESCENA XIV
(el barón. ( A la puerta.))
(¡Oiga usted...! Yo soy Guevara, y Carvajal, y Daoiz; y de matrona en matrona, y de varón en varón desciendo del rey don Frucla; y esto es claro como el sol. Vea usted mi ejecutoria...)
(Tr viviendo al proscenio.)
(No tiene él la culpa, no. Yo la tengo por rozarme con marqueses de aluvión. Verme ahora desairarlo cuando creí... ¡Voto á bríos... ¡Vaya, que hay dias fatales, y uno de ellos es el de hoy! La ch ica se me enamora de un ex-hortera pelón; echo al pelón de mi casa, pero me arman un coplot, y habré de aguantar la mecha ó mudarme á un parador; y pierdo después un pleito que vale medio millón, y amen de eso me condenan en costas, que es lo peor, y subirán á las nubes, porque soy hombre de pro; vuelvo á mi casa mollino, y alzamlo el marques la voz para apoyar al menguado que la dama le biiló, le da la mano, y compinches se burlan de. mí los dos. Ahora falla que mi hermana...)
ESCENA XV
(EL BARÓN DE NIEVA, DON TORIBIO.)
(Don Toribio viene por el foro en dirección de la puerta de la izquierda»)
¡Alto! ¿Á q uién busca el harón?
A mi hermana.
(Si guiendo su camino.)
No ha venido.
¿Vendrá pronto?
(Con mal modo.)
¿Qué sé yo?
(Entra y cierra la puerta.)
ESCENA XVI
(EL BARÓN DE NIEVA.)
j Bárbaro! ¿Asi se responde...
Lo celebro como hay Dios.
Para remachar el clavo
viene de molde esa coz.
¡Por vida... ¿Y yo he de sufrir
tal afrenta? ¿Y no le doy
una paliza y le rompo
los hombros y el esternón?
Mas... dejarlo. ¿Qué dirían?
Es quien es, y soy quien soy;
y aunque tengo de mi parte
la justicia y el valor,
¡zape! es asturiano... y tiene
mejores puños que vo.
(V ase por la puerta de la derecha.)
Acto cuarto
(La decoración del acto tercero.)
ESCENA PRIMERA
(don torio io* ( Sale por la puerta de la izquierda.))
(X or fin se fue al tocador y tiene para una hora. Respiremos. ¡Ay, qué vida me espera! ¡Maldita boda! Si fuese yo tan feliz que tomase por la boca esa bruja la mitad del solimán con que frota su cara atroz... ¡Condenada! ¿De qué valen esas drogas? Sin quitarte un aiio solo te ponen mas espantosa. ¡Compare usted ese gesto de charol y de tramoya con la cara de Lorenza tan colorada y sanóla! ¡Como soy Toribio Pando que es una gallarda moza! ¡Y yo que la vi denantes en el centro de su gloria; en la cocina! ¡Qué brio! ¡Con qué despejo maniobra! Ya apartando la sartén quiere espumar una olla, y al alzar la cobertera se quema, reniega y sopla ¿ ya carga con un barreno; ya alcanza una cacerola; ya á los galos escarmienta con el palo de la escoba; todo se lo encuentra hecho; nunca está su mano ociosa; ya el papel de los cominos, ya un manojo de cebollas, ya la roano del mortero, ya el cucharon de la sopa... ¡Y siempre cantando! ¡Y dale! Y una seguidilla ahora, y una rondeña después, y entre col y col, la jola, con un dejillo asturiano que arrebata, que enamora; y vuelta á las seguidillas, y ¡luego de Dios, qué coplas! Y si en la cocina es esto, que tiene su pro y su contra, ¿qué será cuando jabone remangada y frescachona, y aquellos cuartos traginen, y se descuaderne toda, y... ¡Téngame de su mano la Virgen de Covadonga!)
ESCENA II
(DON TORIBIO, LORENZA.)
Cuando usted quiera tomar
los bizcochos y la copa...
¡Eres tú, desventurada!
¿Por qué vienes... en persona
á aumentar los reconcomios
que el corazón me destrozan?
¿Qué dice usted, don Toribio!
¿Sabes, Lorenza, que hay horas
lata les...
¿Está usted malo?
¡Ay Lorenza! O tengo el cólera...
¡Virgen Santa!
i). Toa ib. Ó tengo amor.
¡Ba! Creí que era otra cosa.
Pero no es amor venial
el mió; es una carcoma
que dará al Irasle conmigo...
como tú no me socorras.
¿Qué escucho! ¿Con que soy yo...
¡Chito »M!
Usted me habla de broma.
Atiende..., y habla mas bajo,
porque hay moros en la costa.
Lo primero y principal,
déjate de ceremonias
y apéame el tratamiento.
¿Y qué dirá la señora...
No digo que me lulées
delante de ella; no. Á solas...
Usté es amo y yo criada...
¿Qué amo, ni qué zanahoria?
Yo soy un señor muy llano.
Déjate querer, ton lona.
Si fuéramos compañeros
como años atras.«.
No importa.
Los dos somos ciudadanos,
y entre amantes y patriotas
debe reinar la igualdad
sin privilegios ni andróminas.
Pero, hombre... Pero, señor...
¿Piensa usted que yo soy tonta?
¿Cómo ha de quererme á mí
si eslá enamorado de otra?
No creas...
¡Ba! La doncella
me ha contado ya la historia...
¿No sé yo que usted St*/ CdSOtM
¡pues! y que el ama es su novia...
¡Ah, calla!
¿Y que se alza usted
con el sanio y la limosna?
¡No me toques esa llaga!
Es verdad; cierta es la boda;
mañana me lomo el dicho;
se ha avisado á la parroquia...
No puedo llamarme andana...
Esa tar oses me acosa...
¡Lorenza! ¡Soy una víctima...
¡Ten de mí misericordia!
Mas conténtese la vieja
con el título de esposa,
que mi alma y mi corazón
y mi dinero y sus joyas
inclusive, todo es tuyo
si me haces la buena obra
de quererme.
Yo quererte...
Sí señor; pero... mi honra...
¡Tu honra... Otra víctima es esta,
otra víctima forzosa
que reclaman las actuales
circunstancias. Esa prójima
me obliga á ser inmoral.
¿Qué se ha de hacer! ¡Sé filosofa,
muger! ¡Marcha con el siglo...
Vaya; lodo eso es parola,
y yo no quiero...
¡Lorenza...!
No seas bestia, y perdona.
Ponte en la razón M
(Dentro.') ¡Toribio!
¡Vete! ¡Corre! Lo marmota...
Se continuará.
Es que yo...
ESCENA III
(DON TORIBIO, DOÑA ROSALÍA, LORENZA.)
( Mudando de tono.')
Sí; á las cuatro en punto. Sopa
de arroz.
Muy bien.
Y que traigan
limones para las ostras.
ESCENA IV
(DOÑA ROSALÍA, DON TORIBIO.)
¡Ah! Estabas aqui... Ha venido
á preguntarme á qué hora
comemos. ¿Llamabas?
Sí.
¿Qué querías?
Que me pongas
esta pulsera.
(Le da una que trac en la mano y don T'oribio se la pone. )
Sí haré.
Juana la ba dejado Hoja...
( Soltando el brazo.)
¿Está bien?
Perfectamente.
¿Cómo es eso? Ni me lomas
la mano
( Tomándola.)
¡Ah...!
Ni me la besas.
( Después de besar la mano á dona Ilosalia.)
( ¡Maldita sea mi boca! )
ESCENA V
(DOÑA ROSALÍA, DON TORIBIO, EL BARÓN DE NIEVA, EL BARÓN DE NIEVA, DOÑA ROSALÍA.)
¿Qué hay» Lupcrcio?
Tenia que hablarte...
¿Ahora?
Si lo permite el señor...
El que se larga no estorba.
(V ase por el foro.)
ESCENA VI
(DOÑA ROSALÍA, EL BARÓN DE NIEVA.)
Por el qué dirán, hermana,
y nuestro mutuo interes,
antes de entrar en materia
quiero proponerle...
¿Qué.?
Que hagamos un armisticio»
En buen hora; pero ten
entendido que á mí nadie
me da en mi casa la ley.
Ni yo le la quiero dar,
ni sufro que me la des.
Tú le estarás en tus trece
y yo en mis catorce.
Bien
Y si yerras el camino
y te lleva Lucifer,
allá te las hayas.
Bueno.
Lo mismo le digo.
Amen.
Vamos ahora á mi negocio.
Tenia un pleito...
n. Bosat. Lo sé
Sobre el cual se habrán escrito
sus diez resmas de papel.
Á juicio de mi abogado
era artículo de fe
la justicia de mi causa,
y yo descansaba en él,
y ya amigos y curiales
me daban el parabién;
peí; o el tribunal ha sido
de distinto parecer.
Es decir en castellano
que has perdido el pleito.
Pues.
Y van dos en poco tiempo,
y perderé hasta la piel.
Yo siento infinito
Gracias.
¿Por qué no apelas...
¿A quién?
Ya no hay mas apelación.
Pues, 1) i jo... ¿Cómo ha de ser!
Paciencia, filosofía.
Nunca tan del caso fue
1u acostumbrado estrivillo
¿qué dirán! yy como esta vez.
¡Oh! Por eso no be de echarme
á la garganta un cordel,
que si he perdido ese vínculo
aun me quedan otros diez,
y sino estuviera yo
tan empeñado, ó si un buen
administrador M
Si quieres,
le tendrás.
¿No he. de querer?
Nadie gusta de arruinarse.
¿Pero dónde encontraré
ese fénix, si de encargo
no me le hace un tirole's?
Sé lo tú mismo.
¡Imposible!
¡Haría lindo papel
mi liaron oficinista!
Pues bien; quien tenga Ínteres
en conservarte la hacienda
como le puedes tener
tú propio: un hijo.
Ya; un yerno
querrás decir.
Eso es.
Ese. era otro pleito, hermana,
y le he perdido también.
No tal
¡Sí tal, que me lia dado
calabazas el marques!
¡Oh! ¿Qué dirán...
Yo te hablaba
de Tgnacio
¿Qué oigo! Deten
la lengua. Un perdido, un vago...
No quiero nada con él.
Es tan honrado... Y al fin
nuestro hermano le dio el ser.
No transijo con horteras.
Pero
¡Nada! No hay cuartel.
Te aconsejo como hermana...
Otra cosa he menester;
no consejos. líe perdido
el pleito ¡suer te cruel!,
y habré de pagar las costas
ó me embargarán mi tren,
mis muebles, mi cruz de Alean lar
¡mi ejecutoria tal vez!;
y como al que está por tierra
lodos le dan con el pie,
me lloverán acreedores,
y yo, aqui donde me ves,
estoy tronado; no tengo
un maravedí. Ahora bien:
préstame un par de talegas...
No puedo...
Dentro de un mes
te las vuelvo.
Es imposible.
Tengo mil gastos que hacer.
Voy á casarme...
Aunque sea
con usura; y aunque dé
roas que decir nuestro empréstito
que el de Ghebard.
¡Qué moler!
Ya he dicho que no.
¡Por Dios...!
¡Por las minas de Almadén!
¡Vea usted las consecuencias
del fausto, del oropel,
del desorden...
¡Rosalía...
¡Y aun nos la echará después
de persona!
¡Voto á bríos...
( Con mofa.)
Y ahora. ¿qué dirán!!!
¡Mqger...
Si no mirara...
¿No digo?
¡Hum...
ESCENA VII
(EL BARÓN DE NIEVA, DOÑA ROSALÍA, JUANA.)
(Ll ega apresurada y llama con misterio á
dona Rosalía.)
¡Señora! Escuche usted.
¿Qué se ofrece?
(Juana habla aparte con su ama, y esta la oye con suma agitación.)
( ¡Lo que puede
una inclinación soez!)
¡Qué oigo! Vamos...
De puntillas
(V anse por el foro.)
ESCENA VIII
(EL BARÓN DE NIEVA.)
¡Ni á su hermano tiene ley!
Pero vo tengo la culpa,
porque sabiendo quién es
la descubro mis miserias
y provoco su desden.
( Dentro.) ¡Be ibón a!
y Juana. (Dentro.)
¡Señora...
¡Infames! (Dentro.)
¡A la calle! ¡Pronto! — ¡Infiel!
(Si guen gritando dentro los tres.)
¿Qué es esto? ¡Qué gritería.
D»a Rosal» (Ya casi en la escena.)
¡Qué insulto! ¡Qué avilantez!
(Viene riñendo con don Toribio.)
ESCENA IX
(DOÑA ROSALÍA, EL BARÓN DE NIEVA, DON TORIBIO.)
Vamos; prudencia, prudencia...
¡Retozar con la criada...
¡Oiga...
¡Si no ba sido nada...
¿Habrá mayor insolencia!
No te incomodes por eso.
La trato con confianza...
lía sido una chanza...
¡Chanza!
¡Yo te be visto darla un beso!
No tal...
¡Y con qué delicia!
No es cierto. Le anduvo cerca...
Sí la has besado. ¡Á una puerca
Habrá sido sin malicia.
(Ese asno me venga.)
Mientes.
A título de paisanos...
Somos los dos asturianos...,
y hemos salido parientes.
Pero ella es una infeliz;
y asi... sin mala intención...
¡Bien! ¡La hija de un barón
rival de una fregatriz!
Y, si la verdad te digo,
una copa me bebí...,
y estaba pensando en tí...
y la equivoqué contigo.
Eso es lo que mas me irrita.
¿Puedo compararme yo
con esa pindonga?
No...,
(que Lorenza es mas bonita.)
¡Toma la filosofía!
¡Toma el qué se me da á mí!
¡Calla! ¿Quién te llama aqui?
¡Te has lucido, Rosalía!
¡Hum! Haría un desatino...
¡Yo alimentaba, imprudente,
en mi pecho á una serpiente!
Yo no la truge. Ella vino...
Se irá con mil de á caballo.
¿Sin comer? ¡Pobre doncella!
¿Aun intercedes por ella
cuando de cólera estallo?
Bien... (¡Muger de Barrabás...!
; Ah! No es ella Ja traidora,
sino tú...
¡Vamos, seniora;
vamos..., que no lo haré mas!
¡Hipócrita!
(¡Qué Loen rato
me están dando entre los dos!)
Mi amor...
¡Ea, aparta!
¡Á Dios
(¡Quemada te vea!)
¡Ingrato!
(Se deja caer afligida en un sillón.)
ESCENA X
(DOÑA ROSALÍA, DOÑA ROSALÍA, EL BARÓN DE NIEVA.)
¿Cómo asi le desamparas
por frívolas changonetas?
Ya lie dicho que no te metas
en camisa de once varas.
Ello, es verdad que el amigo
no es corto de genio. ¿Eh?
¡Jesús...
Pero... ya se ve;
¡si la equivocó contigo!
Puede que sí.
¡Beso inmundo!
Pero ¿qué importa?
¡Hum... Me abrasas.
Déjame en paz.
(Con soflama.)
Tú le casas
para tí; no para el mundo.
Dirán que tu mano ofreces
á un torpe animal anfibio,
mas vale mucho un Torihio...
( Levantándose.)
Vale mas que tú cien veces.
Si un desliz ha cometido...
Juzga lo que hará después.
Amor le traerá á mis pies,
pesa roso, arrepen tido.
Y acaso es verdad, ¿quién sabe.».*
lo que en disculpa me lia dicho;
y un pasadero capricho
no es un delito tan grave...
Y quizá con mis injurias
castigo injusto le doy...
porque informada no estoy
de las costumbres de Asturias.
Y en fin, aunque sea infiel
y me lleve Belcebú,
solo porque rabies tú
haré las paces con él.
ESCENA XI
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DOÑA ROSALÍA.)
(Camila llega acelerada por la puerta de la de recita*)
¡Ay papá! ¡Ay tia!
¿Qué es eso?
¿Qué sucede?
El escribano...
Alguaciles...
Bien temia...
¿Qué dicen? ¿Cosa de embargo...
No sé. De miedo á sus caras,
que parecen las del diablo,
me vengo bu yendo. Preguntan
por usted...
¡La hemos logrado!
¡Ya están aqui!
ESCENA XII
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DOÑA ROSALÍA, UN ESCRIBANO, ALGUACILES.)
Con licencia...
¿El barón de Nieva...
(¡Malo!)
Yo soy. No niego mi nombre
á nadie.
Pues yo reclamo
de Usía catorce mil
reales á que ascienden, salvo
error de pluma ó de suma,
las costas...
Vamos despacio.
¿Con que boy be perdido el pleito
y ya... No es muerte de ahogados.
¡Si yo no hablo del de hoy,
sino de otro, cuyo fallo...
¿El de la huerta...
Ese mismo.
Ya hace un mes...
No doy un cuar
¿Cómo! ¿Se rebela Usía...
Yo no digo eso.
¿Al mandato
del tribunal?
Oiga usted.
Yo deseo...
( Mostrando un papel.)
Aqui está el auto.
Que me dejen respirar...
( Mostrando otro papel»)
Y aqui están por inventario
las costas, que pido, &c.,
con la tasación al canto
de los peritos.
Peritos.
Hable usted en castellano.
Pague Usía en español.
Lo haré. Que me den un plazo.
Eso, al tribunal.
Lo entiendo;
sí señor; mas, sin embargo...
No; el embargo es de rigor,
y embargaré hasta los clavos.
¡Dios mió...
Reclame Usía
después á Pondo Pilato.
Pero, hombre...
Soy inflexible.
¡Qué grosería y qué bárbaro
proceder!
Véngase usted
á la razón. (¡Este Ignacio
que no viene...)
¡Ea, que es tarde!
¡Manos á la obra, muchachos!
¡Ah! ¿Qué dirán...
Principiemos
por los muebles de este cuarto.
¡Alto! Á mí nadie me embarga.
Aquí no habita mi hermano.
Su habitación es aquella.
¡Eso faltaba! Mis trastos
son inocentes, y yo
lo que no cómo no pago.
Eso..., se verá después.
Yo embargaré mientras tanto...
¿Cómo se entiende! Primero...
No sea usted temerario.
Mi hermana tiene razón,
lo cual suele ser muy raro,
y es que usted la coge ahora
en un lúcido intervalo.
Querida lia, usted puede
conjurar este nublado.
¿Cómo...?
Prestando á mi padre
esa suma...
Ni un ochavo.
Por poco tiempo será,
que yo espero...
¿En qué quedamos
Ya he dicho que no. ¡Que purgue
su orgullo y su despilfarro;
y que escarmiente, y que sepa
que Dios castiga sin palo,
y no se vuelva á meter
á predicador el diablo.
Sí, ¡pues está la madera
para hacer cucharas í
(A los alguaciles.) Vamos...
¡Un momento...
(A doña Rosalía.) Ya no quiero
nada de tí, nada; y si algo
rae pesa en el corazón
es el haberme humillado
á una... No te digo mas
por no dar aquí un escándalo. —
Hagan ustedes su oficio,
y despachen con mil santos.
¡No, no! Deténganse ustedes.
Se les pagará. Yo salgo
garante...
¡Linda hipoteca!
Bien sé yo que mas de cuatro
la admitirían gustosos...,
mas yo prefiero el metálico.
( ¡Caribe...! )
Soy hombre, pero
¡Pero es usted escribano!
ESCENA XIII
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DOÑA ROSALÍA, DON IGNACIO, UN ESCRIBANO, ALGUACILES.)
¿Qué es esto?
¡Ah! ¡Gracias á Dios!
Ese hombre viene á embargarnos,
mi padre no tiene fondos,
y en un trance tan amargo
mi lia nos abandona;
mas yo contaba, no en vano,
con tu generosidad.
Sí j no recuerdes agravios;
salva el lionor de mi padre...
¿Que lia de hacer ese cuitado?
¡A buen puerto me remolcas
para evitarme un naufragio!
(Al escribano.)
¿Cómo se podrá escusar
que tome usted por asalto
esta respetable casa?
¡Buena pregunta! Pagando.
( Sacando una cartera.)
¿Cuánto?
Catorce mil reales,
según minuta que traigo...
( Sacando billetes.)
Basta.
¡Ah, bien mió!
¿Es posible...
( Dando algunos billetes al escribano.)
Tome usted.
¿Estoy soñando?
(E ¿caminando los billetes.)
Ocho, diez, doce, y este otro...
(Acercándose á ver los billetes.)
Sí; ¡son billetes del Banco!
Cabal. Estamos solventes.
Si liay mas créditos, yo pago.
¡Tú!
Véase usted conmigo.
Yo soy el apoderado
del barón.
(Aparte con el barón.) ~ Eso es obrar
con nobleza. Hé aqui un rasgo...
De que tú no eres capaz.
Muy bien; enterado, y autos.
Señores, muy servidor...
Beso á Usías pies y manos...,
respective, y perdonar.
Son deberes de mi cargo...
Y si Usías necesitan
algún poder, ó contrato
conyugal...
(¡Ah! ¡Quiera Dios...)
O testamento...
Mal rayo
le confunda á usted primero.
Esto no es decir...
¡Eh... ¡Largo!
ESCENA XIV
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DON IGNACIO, DOÑA ROSALÍA, DOÑA ROSALÍA, ¡QUÉ SORPRESA!.)
(¡Qué bochorno!)
(Se aparta d un lado cabizbajo j pensativo.)
Esta mañana temprano
tan pobrecito, ¡y ahora...
¡Vea usted!
¿Dónde has hallado
esa- mina?
En dos palabras
voy á esplicar el milagro.
La bancarrota del socio
á quien confié mi barco,
fue supuesta; en Veracruz
se hizo después millonario;
atacado de la fiebre
que hace alli tantos estragos
sintió próximo su fin,
y al lecho morlal llamando
al marques de Pozo-frio,
que es su deudo mas cercano,
le descubrió su secreto
ordenándole, en descargo
de su conciencia oprimida,
que sin tregua ni descanso
me buscara, y que la herencia
partiésemos como hermanos;
y el marques me abre sus arcas
y antepone entre mis brazos
á las iras del zeloso
los deberes del hidalgo.
Y yo, temblando por tí
como la hoja en el árbol,
contra tu vida, que es mia,
creí su rencor armado.
¡Dios mi injusticia perdone!
¡Jesús, qué marques tan guapo!
Yaya..., siento un regocijo...
(Al barón.') ¿Qué haces tú tan cabizbajo?
No responde. Ya se ve;
la vergüenza... No lo estraño.
Rico soy, mas no me engríen
las riquezas, sino el lauro
de emplearlas en obsequio
de un lio á quien amo tanto.
(¡Ah!)
Ese tio puede darle
mucho mas que tú le has dado;
lo que vale para tí
mas que Méjico: mi mano;
y no te la negará
sabiendo que te idolatro,
y entre un padre y una hija
ya no se alzará inhumano
esc yerto qué dirán
fuente para mí de llanto.
(¡°h!)
Le enjugará piadoso,
y cuando á escoger le damos
entre perder á su hija
ó ser el padre de entrambos,
no hay que temer su elección,
que su pecho no es de mármol.
¿Aun vacilas!
¡Eli... Dejadme...
(Qu isiera estar siete estados
bajo tierra.) Y bien, yo he sido
un inicuo, un mentecato.
(. A don Ignacio.) Mi preocupación ridicula
me pintaba con nefandos
colores tu mostrador
de Gibraltar. Tu bizarro
proceder me ha confundido
y me ha hecho caer de mi asno.
Para espiar mi locura
y probar mi desengaño,
me haré si queréis tendero;
pondré en la calle un tinglado
y gritaré: ¡buenos fósforos
y pape] para cigarros!**
¿Queréis mas?
¡Ah, tio!
¡Ah, padre!
Pero si ahora me ablando
y aquel injusto desvío
convierto en dulce agasajo,
de tan brusca peripecia
¿qué dirán los Aristarcos?
No dirán que me ha rendido
la virtud de ese muchacho;
dirán que el vil interes...
¡Qué temor tan infundado!
¡Otra vez el qué dirán...!
¡Vaya que es fuerte trabajo...!
¿Con que antes porque era pobre
y ahora porque es propietario...
¿Cómo templar esta gaita,
Dios mió!
¡Lleven los diablos
mi vergüenza... vergonzosa.
El qué dirán es un fátuo
si en el deber no se funda
y si al bien sirve de obstáculo.
Venid, venid, hijos mios...
¡Abrazadme y abrazaos! ( Lo hacen asi.)
¡Ah! ¡Soy feliz!
¡Oh placer
inefable!
¡Hermoso cuadro! —
¡Un plan, un plan... Las tíos bodas
en mi casita de campo...
ESCENA XV
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DOÑA ROSALÍA, DON IGNACIO, DON TORIBIO, LORENZA.)
(Llega don Toribio por el foro dando el brazo á)
Con permiso...
(Solviendo la cabeza.)
¿Quién... ¿Qué veo!
Nada de particular.
LTsted despide á Lorenza
y yo, que soy muy galan,
la acompaño...
¡Horror! ¡Infamia...!
No lo tome usted á mal.
Yo, usted, ella; ambos... á tres
somos mayores de edad;
v la ley nos hace libres;
y se acabó; y la moral
no se ofende, porque aqui
se juega limpio..., y no hay mas...;
y yo me caso con ella,
y ella conmigo..., y cabal.
( Dejándose caer en un sillón.)
¡Desventurada de mí!
¿Quién había de pensar...
¿Ahora salimos con eso?
¡Eli! ¿No lo decía? ¡Pafí
Se apeó por las orejas.
(Don Ignacio y Camila se acercan á consolar d su tía.)
¡Llora usted porque se va!
¡Dejadme! ¡Venganza! ¡Monstruo
Antes se debe alegrar...
Camila* ¿Pudiera usted ser feliz
con semejante animal?
¿Cómo...
¡Prudencia!
Sí; vámonos
que haré una bestialidad.
¡Ingrato! ¡Vil...!
Somos frágiles,
y un cuarto de hora fatal...
El amor... Yo bien quisiera
tener otra ley al pan
que cómo, pero esa joven
iba á ser víctima ya
de mi... indisciplina, y yo...
¿Qué quiere usted? Vi su afan,
la vi llorar de ambos ojos
en desecha tempestad,
y tirarse de las greñas,
y romper el delantal...
Ella hermosa y afligida,
yo que soy un mazapan...
En fin... ¿Qué remedio? Fue
preciso capitular.
¡Dejarme por una zafia
cocinera...
Bien; ¿y qué hay?
Cocinera, pero M*
Tente.
Déjame á mí contestar.
Casarme yo con usted
era... una arbitrariedad.
De una señora á un lacayo
mayor diferencia va
que de un ex-lacayo... ¡pues!
á una... ¿Estamos? Cada cual
con su cada cual... y ahur...
(Al barón.) Dígala usted lo demas.
ESCENA XVI
(EL BARÓN DE NIEVA, DOÑA ROSALÍA, DON IGNACIO, CAMILA.)
¡Villano! ¡Ruin! ¡Miserable!
¡Miren qué pago me da!
¡Ah! Si mi furor...
Terrible
es la lección en verdad,
aunque bien la has merecido*
Culpabas mi qué dirán,
pero...
( Levantándose.)
¡No quiero sermones!
Escucha...
Déjame en paz.
(Ne va por la izquierda dando un portazo.)
ESCENA ÚLTIMA
(EL BARÓN DE NIEVA, CAMILA, DON IGNACIO.)
¡Pobre tia!
¡Incorregible!
Es inútil predicar;
porque el falso pundonor
y la necia vanidad
son males que con el tiempo
la razón suele curar,
mas quien pierde la vergüenza...
lio la recobra jamas.