Acto primero
(Personas: LA BENEFICIADA (la Actriz); DOÑA ISABEL; EL POETA; DON AMBROSIO; DON PRÓSPERO.)
(El toalro representará una sala decentemente amueblada. Mesa de despacho con recado de escribir, libros y papeles revueltos. Puerta á la derecha, otra á la izquierda, y otra en el loro. Habrá también un piano.)
ESCENA PRIMERA
(EL POETA.)
(Aparece sentado á la mesa de despacho con la pluma en la mano y meditando.)
INi un pensamiento siquiera
para la última estancia!
Oh creación de mis sueños!
Oh fiat de mi esperanza!
Otra inspiración tan sola,
y acaso á mas.de una dama
viva y real cause envidia
mi Belisa imaginaria!
Quizá mi ruego desoyes
porque no comparo al nácar
tu frente, al oro tus trenzas,
tu suave aliento al ámbar,
y no juro que si lloras
una perla es cada lágrima;
que aunque el ocio de un poeta
te engendró, bella fantasma,
hasta que mujer te llames
para ser interesada.
Repasemos la canción
á ver si me lemp\o.-( Le yendo.) (Sábanas...
ODO
navajeros... calcetines...»
Qué es eslo? Hay mayor infamia?
Al respaldo de mis versos
la cuenta sucia y prosaica
de la lavandera! Oh! Sea
mil veces excomulgada
la sacrilega patrona
que su mano temeraria
puso aquí... Pero tal vez
mi pluma fué la culpada,
que tocante á distracciones
nadie á los poetas gana.
Paciencia. Vuelvo la hoja
y que lo averigüe Vargas.
(Lee para sí.)
ESCENA II
(EL POETA, DOÑA ISABEL.)
El almuerzo está servido.
Cuando usted guste...
(Corrigiendo.) Mal haya
el asonante!
No me oye.
Ni oyera trompas y cajas
cuando le sopla la musa.
AhlSoy feliz!
(Escribe.)
Se entusiasma
de un modo...
(Escribe.) «Pero los ojos
lenguas no son?»
(Con quién habla?)
(Escribiendo.)
«Mírame, hermosa...»
(Requiebros!
Quién será la afortunada?—
Mas tan tarde y en ayunas...
Yo me acerco. Me dá lástima...)
(Acercándose.) Deje usté eso, que ya es hora
de almorzar.
(Distraido.) No tengo gana...
Pues; y luego qué dolor
de estómago! Cataplasmas!...
Cataplas... Vocablo horrible
que asusta á las nueve hermanas!
Vamos;... tiempo hay... Lo primero
es comer...
Voy sin tardanza,
doña Isabel. Pronto acabo.
Suplico á usted que se vaya.
Muy bien. No seré importuna.—
Diga usted: cuándo me saca
de su cabeza unas coplas
para mí? Teniendo en casa
al fabricante, es razón...
(Yo versos a una tarasca!)
Ea, no me voy de aquí
si usted no me dá palabra...
(Qué suplicio!...) Bien, señora.
Quiero unas décimas que ardan
en un candil.
Sí... Ya he dicho...
Corriente. Ahur.
(La matara!)
ESCENA III
(EL POETA.)
Santo Dios, qué pesadilla!
Ya se me fué el pensamiento,
la vena... Incapaz me siento
de hacer nna redondilla.
Que nunca he de verme libre
de gente necia y moscona!
Y á fé que la tal patrona
lo es y de grueso calibre.
Todo el mundo me molesta
con obstinada por Ha.
Mal haya mi nombradla
que tanto pesar rae cuesta!
Ya un inusiquillo á su pauta
quiere esclavizar mi musa,
y a la corchea ó la í'usa
que me chilla con la flauta.
Quién piensa que me espeluzno
cuando rae propone ufano
que le encuentre en castellano
un consonante á rebuzno.
A rebuzno un consonante?
Para eso mi ciencia es poca,
respondo. Abre tú la boca
y le hallarás al instante.
Quién, tocando otro registro,
viene á que le ponga en verso
un memorialon perverso
que piensa dar al ministró;
y añade que es menester
versificarle asimismo
la partida de bautismo
y el grado de bachiller.
Ya con urgentes instancias
á cualquier aniversario
me encomienda el empresario
un drama de circunstancias.
Ya me hacen perder el juicio
cinco actrices que á la par
acuden á mi telar
para hacer su beneficio.
Otro dice muy formal:
rime usted en un acróstico
el natalicio y pronóstico
de don Fulano de tal.
Ya me encarga el Ateneo
un apéndice al Rengifo.
Ya me pide un logogrifo
el director del Liceo.
Si en un convite me hallo,
otro quiere que improvise
un madrigal á su Nise
y un soneto á su caballo...
■írrita una voz de zambomba:
vaya una bomba! y beodos
gritan á su ejemplo lüdos:
vaya una bomba! una bomba!
Y alza su cuello de yegua
doña Inés, y rumia, y tose,
y para que yo le glose
me dá un pie, que es una legua.
Reniego de tal belén
que ni honra dá ni pesetas.
Por Dios! Por Dios!... Los poetas
somos prójimos también.
ESCENA IV
(EL POETA, DON PRÓSPERO.)
Beso á usted la mano, amigo.
Beso... No tengo la honra
de conocer...
Con efecto,
presumo que mi persona
no le es á usted conocida.
Mi nombre... ya es otra cosa!
Pues dígame usted, si gusta,
cómo es su gracia...
Pantoja.
Próspero Pantoja.
Muy
señor mió. Mi memoria
no recuerda...
Es maravilla.
Mas dejemos ceremonias
aparte. Entre literatos..
Ah! Con que usted?...
Es notoria
mi decidida pasión
á las bellas letras.
Hola!
En todas las sociedades
literarias se me nombra.
Celebro mucho...
He comido
varias veces en la fonda
de Genieys con los autores
dramáticos de mas nota;
frecuento las librerías,
y me saludan las cómicas.
Pero qué objeto?...
Mi flaco
es el amor á la gloria;
y, sin vanidad, espero
que he de lograr fama postuma.
(Es muy modesto.) Habrá usted
publicado algunas obras...
Ninguna. Yo me he propuesto
inmortalizarme á costa
de los demás.
De qué suerte?
Diré: siguiendo la moda
me he mandado hacer un álbum.
(Enseñando uno que trae.) Vea usted: qué bella forma!
Soberbia encuademación!
Qué dibujos! Eh? Qué orlas!
Alegría na echado el resto.
Oh! Bien vale las dos onzas
que me ha costado. Este álbum
corre de una mano á otra
cual si fuera peso duro,
y todo escritor que goza
de algún nombre contribuye
con algo para mi gloria.
Ya una sentencia moral,
ya un soneto, ya la glosa
de una máxima de Horacio;
ya un fracmento... Ahora está en boga
hacer fracmentos adrede.
Y'a un trozo de buena prosa...
Véalo usted... Y mi nombre
campea en todas las hojas!
(Leyendo.) «A Pantoja.»
Sí.
«A don Próspero,—
A don Próspero Pantoja.»
Repáselo usted después
y verá cómo me elogian.
Y qué íirmas '.—Todas ellas
podran valer en la Bolsa
treinta reales; pero son
de alto precio en Helicona.
Así me hago popular;
y si un dia se me antoja,
imprimo el álbum y pongo
en la portada: aCuriosa
y auténtica miscelánea
de retales y rapsodias
literarias que cien plumas
coetáneas españolas
escribieron en elogio
de don Próspero Pantoja,
con sus tirraas en fac simil
por apéndice á la obra,
y el retrato del autor.»
(Del autor!)
Así en la Historia
mi nombre será famoso
hasta la edad mas remota.
Quedo enterado.
Ahora bien:
yo quiero que usted me ponga
unos versos...
Es inútil...
Ya los tiene usted de sobra.
Por una muestra de usted
daria diez de las otras.
Usted me honra mucho; pero...
No lo digo por lisonja.—
Vamos; usted me ha de hacer
este favor. Una copla
siquiera.
No tengo tiempo.
Hombre, para una bicoca...
De un hombre á quien no conozco
qué he de decir?...
Cualquier cosa.
Dale...
Diga usted que soy
aficionado á las ostras.
Perdone usted...
No hay escusa.
Ahí queda el álbum.
(Qué posma!)
Ea, abur. Volveré pronto.—
Quieto!— Dentro de una hora.
ESCENA V
(EL POETA.)
IVIal tabardillo... Habrá un hombre
mas ridículo y mas cócora?
Qué infinita variedad
ostenta Dios en sus obras!
Bendito sea! Millones
dé tontos hay en Europa
y no hay dos que se parezcan 1
No me sacudo la mosca
si no consiento... Qué diablos
(Discurriendo.) he de escribir?... Ah! La cólera
me ha inspirado un epigrama
con honores de ventosa.
(Escribe en el álbum.) Así.— Quiero que escarmiente. —
Duro!— Y mas que haya camorra
después.— Bien.— Y con mi firma.—
Toma esa y vuelve por otra.
[Deja el álbum y vuelve á tomar el papel de antes. Ahora á mi canción. A ver si acabo la última estrofa! — (Repasando.) Fuera este verso, que iüfringe las leyes de la prosodia.— Ah! Bella idea!... Mi pluma correrá veloz ahora. (Breve silencio. Escribe con rapidez.) Solo faltan cuatro versos y el estribillo. — Zozobra... No. Palpitación... [Escribe.] Sí. Bien! Ahora cambiando la glosa... Bravo! Cálamo cúrrente... (Otro momenío de silencio.)
Leámosla toda.
«AMOR MUDO.»
A Belisa.
Si mi silencio elocuente
no revela mi pasión,
nunca sabrás lo que siente,
Belisa, mi corazón.-
Con tanto gozo
te miro yo
como á la aurora
lánguida flor;
y á veces creo
¡tan ciego estoy!
que solo hay mundo
para los dos.
Hablas? Del cielo
viene tu voz.
Tierna me miras?
Perdido soy!
Y ora gozando
dicha mayor
miro á los ángeles
con compasión;
ora en tus hojos
presumo ¡ay Dios!
leer mi eterna
condenación.
Ves abrasada mi frente,
ves mi afán, mi agitación;
preguntas lo que siente,
Belisa, mi corazón!
Soñando dichas
blanda ilusión
dice á mi labio:
habla. Valor!
Mas la esperanza
se huye veloz,
y dice el miedo
que viene en pos:
calla, atrevido.
Quién te engañó? —
Culpas, Belisa,
mi indicision?
Así un mañana
me queda hoy.
También es vida
la del temor!
Mas si provoco
terrible no,
yo voluntaria
muerte me doy.
Tú de la voz solamente
me harás recobrar el don
si me muestras lo que siente,
Belisa, tu corazón.
Que hables no pido,
pues callo yo;
pero los ojos
lenguas no son?
Mírame, hermosa,
con dulce ardor;
y en tus ojuelos
luzca mi sol;
y nuevo encanto
preste el pudor
de tus megillas
al arrebol.
Dame la mano,
prenda de amor,
que con la mía
buscando voy.
No de tu pecho
me ocultes, no,
la deliciosa
palpitación. —
Y el gozo me hará valiente,
y ansioso del galardón,...
yo te diré lo que siente,
Belisa, mi corazón.
ESCENA VI
DOÑA ISABEL, coii un plumero de limpiar
Almuerza usted, ó no almuerza?
Qué furia de trabajar!
(Repasando su composición.)
Voy, si.
Dará usted lugar
á que la leche se tuerza.
(Levantándose.)
Me detenia este parto
de mi musa... Usted se queda?
(Limpiando y arreglando los muebles.)
Sí, que usted todo lo enreda.
Voy á arreglar este cuarto.
Déjeme usted como estén
los papeles...
Si. Yo salgo
dentro de un instante. Si algo
le ocurre á usted...
Nada.
Bien.
Á la calle de Hortaleza
voy en un instante y vuelvo.
Ya ve usted; como revuelvo
mil cosas en mi cabeza...
Tengo muebles de alquiler,
huéspedes y mil tramoyas.
El uno me empeña joyas;
el otro...
Cómo ha de ser 1
Mi industria con honra ejerzo;
mas como sola me veu
y viuda, no falta quien...
ílay malas lenguas. Mi almuerzo...
Mas de un galán importuno
de matrimonio me habló;
pero dar mi mano yo
sin amar...
Mi desayuno!
Dicen que el vital estambre
les corto con mi rigor...
Ellos se mueren de amor,
y yo...
(Con ternura.)
Usted!...
(Con despecho.) Me muero de hambre.
Ah! Sí. Usted perdone.— Hoy dia
á la mujer mas honrada
la pegan una tostada...
Yoy á comerme la mia.
ESCENA VII
(DOÑA ISABEL.)
No estrafio que así me deje,
aunque me eslima. Al fin es
el hambre muy descortés
y tiene cara de herege.
También yo he sido tan plomo!...
Quizá me engañe el deseo,
pero ese muchacho... creo
que me mira... no sé cómo.
Ya se ve; como es poeta,
no sabe una... pues! sí... cuando.
Los versos que está hilbanando
le trastornan la chaveta.
Pues soy mujer, y es precisa
Ja curiosidad en iní,
yo yoy á leer.— Aquí
(Toma la canción.) dice: «Amor mudo. A Belisa.»
Sí, si, que ol)ras son amores.
(Va lei/endo para sí los versos.) liicü! Qué lindo! Qué dulzura'.—
Admirable! Qué ternura! —
Estos son mucho mejores.—
Es su dama alguna eslinge,
que siendo tal su pasión
]a tiene miedo?- Hribon!
No tiene miedo: lo tinge!
Hola!— Ya entiendo la misa...
Este hombre merece un trono.
Ay qué amor mudo tan mono 1
Ay! quién será esta Belisa?...
Mas oh memoria feliz!
Yo soy, yo soy! La manía
se me acuerda que tenia
mi huésped don Diego Orliz.
Dando á las letras tormento
de todo hacia... amalgamas...
No es eso. Cómo?... Antidramas...
Anagramas! Qué talento!
Yo también en su pesquisa
tuve parte. Era mucho hombre!
Recuerdo que de mi nombre
hizo dos: Lesbia y Belisa.
Soy yo Isabel? Sí ó nó?
Y ese nombre de Belisa
con el mió no se guisa?
Luego Belisa soy yo.
Aquí hay un Isa y un Bel:
pon el Bel antes del Isa,
y es consecuencia precisa
que Belisa es Isabel.
Yo soy la dichosa dama
del po"eta. El, que es discreto,
dice y calla su secreto
en embozado anagrama.
Su timidez, su modestia
son pruebas... Oh cielo sanio!
Y cómo he tardado tanto
en conocerlo? Qué bestia!
(Volviendo el papel.
También hay versos aquí?
(Leyendo.)
«Dos pafiuelos de batista.
Enaguas, uno.»— Es mi lista
de la lavandera! Si.
Por alguna distracción
aquí la hube de dejar...
Ya no es posible dudar
que es para mí la canción.
Qué indirecta tan galante!
Qué modo tan peregrino,
tan delicado y tan íino t
de declararse mi amante!
(Leyendo.) «Amor mudo...» Ah! Sin razón
temes tanto mis enojos;
mas si lenguas son los ojos,
yo aprenderé la lección.
ESCENA VIII
(DOÑA ISABEL, DON AMBROSIO.)
(Ambrosio Beso á usted los pies, señora.)
(Volviéndose.)
Quién... Ah! Servidora...
Está?
Me dijo usted que á las doce...
No ha acabado de almorzar.
Sírvase usted esperarle
un momento. Ahora vendrá.
Muy bien. Yo no tengo prisa.
(Guardando en el pecho el papel.)
Bel-isa!... Oh felicidad!
ESCENA IX
(DON AMBROSIO.)
Si es favorable su voto
como espero... Lo será;
sí señor! sino me aplaude
turé que es un animal. —
lis que... es mucho drama el mió!
A mí me hace horripihr,
y soy su autor! Sohre todo
la escena del alquitrán...
Aquí viene. — Cahallcro...
ESCENA X
(DON AMBROSIO, EL POETA.)
(Saludando.)
Qué tiene usted que mandar?
Soy para servir á usted
don Ambrosio Barragan...
Muy señor mió.
Sintiera
causar incomodidad...
Ninguna. Tome usté asiento.
Pues señor, vengo á tratar
con usted de cierto asunto...
(Malo! Si me pedirá
dinero?)
Yo soy cesante...
(No digo? Me va á atacar.)
Como estoy desocupado
y no cobro un solo real...
Y esa que en punto á servicios.
Treinta años fui militar;
llegué á sargento segundo,
y hallándome en Alcaráz
disfrutando mi retiro
logré por gracia especial
un üelato...
Bien. Separaos...
Pues señor, para abreviar,
sin embargo de mis méritos
y mi mucha probidad,
uno de los cien ministros
que al año vienen y van,
para acabar con don Carlos
y su facción infernal
halló en ingenioso arbitrio
de dejarme á mí sin pan.
Lo siento; mas yo no soy
ministro ni tribunal...
Qué!... Si yo no quiero empleos,
ni tengo necesidad...
Cuando uno es así... mañoso...
Yo he sido cuarto galán
en un teatro casero;
y harto ya de recitar
dramas, he dado otro giro
á mi genio teatral.
En íin, yo he compuesto un drama
romántico, singular,
terrible... Cosa de gusto;
pero si usted no me dá
la mano...
Yo...
Sí señor.
Yo sé que hay mucha amistad
entre usted y el empresario,
y le vengo á suplicar...
Para esas cosas no sirven
empeños. Poco valdrá
que usté haya sido sargento
y abone la vecindad
su conducta, si la empresa
de su drama opina mal.
Vaya, vaya, que si usted
me quiere recomendar...
Dado caso que yo deba
mirar con mas caridad
á un cstraño que á un amigo,
y que consienta en votar
contra mi propia conciencia,
al cabo no es un costal
el empresario; él entiende
la aguja de marear;
no me consulta á mí solo,
su voto es de calidad,
y aunque aprecie mi dictamen
aprecia mas su caudal.
Aunque ol drama sea malo,
poco puede aventurar,
que el primer dia á lo menos
el teatro llenará.
Con plantar en cada esquina
cartelou descomunal
con letras corao melones
y un anuncio charlatán
en que afectando modestia,
resignación y humildad,
se pone el drama en las nuhes,...
no se necesita mas.
Se pierde un tiempo precioso
en aprender y ensayar
el drama mafo lo mismo
que el muy bueno; y es crueldad
exigir del pobre actor
que haga un mes el azacán
y gaste en un trage nuevo
lo que no tiene quizá
para hacer luego costillas
al espantoso huracán
que silbando se desata
contra el drama criminal.
Yo tomaré precauciones
contra el furor popular.
Tendré amigos que piadosos
conjuren el temporal;
y rezaré á san Ginés,
patrón de la facultad.
Mi mujer y sus amigas
la cazuela invadirán.
Imploraré en el cartel
la pública caridad.
Apelando al espediente
de una esquela circular
haré que se haga la entrada
por reparto vecinal,
intervendrá en mi favor
la Municipalidad.
Y si aun así no aseguro,
ya que no el triunfo, la paz,
pediré cooperación...
á la milicia local.
Üéjese usted de ilusiones,
que eso es hablar de la mar.
Supongamos que me silben.
Qué grande calamidad
es esa para un pobrete
hoy que se hace rechillar
en el teatro político
tanta notabilidad?
Cobre yo mi contingente,
y no importa lo demás.
Pero el caso es que la empresa
no se querrá aventurar...
No la ha de arruinar mi drama.
Lo daré con equidad.
El autor es lo de menos.
También cuesta un dineral
el servicio de la escena.
Usted sabe cómo están
los teatros?...
Solo sé
que el hambre es fiero animal;
que los fondos han bajado
y que se ha subido el pan;
que sobre estar yo cesante
mi mujer nunca lo está,
y no hay ejemplo en la historia
de un parir tan contumaz;
que el casero me despide,
y nadie me lia ya...
porque dicen que he perdido
toda la fuerza moral.
Ese cuadro lastimoso
á quién no mueve á piedad?
El empresario no tiene
corazón de pedernal,
mas porque usted se socorra
con mezquina cantidad
ha de perder á sabiendas
diez ó doce veces mas?
Pero señor, si lo pido
con mucha necesidad!...
Pero señor, el teatro
es por ventura hospital?
Si digo que el drama es bueno!
Si sé que va á alborotar!
Si me han dicho mis amigos
que es producción raag-istrai!
Sí? Pues entonces...
Aquí
le traigo. Usted juzgara...
(Qué va á ser de mí, gran Dios!]
Ño es necesario...
Sí tal.
Usted me ha de dar su voto
con toda sinceridad...
(A.y de mí, que el manuscrito
abulta como un misal!)
Bien: déjele usted ahí...
(La patrona le leerá.)
No: le oirá usted de mi boca,
porque la letra es fatal...
No importa... (Perdido soy!)
Siempre uno mismo le dá
mas sentido... Dice así.
(Con prontitud.)
Si usted pudiera escusar
por hoy... Tengo aquí una cita.
Espero á una actriz... Verdad!
No es pretesto.
Ya supongo...
Antes que entre el carnaval
quiero hacer su beneficio,
y rae viene á consultar
sobre una pieza dramática...
Quién sabe cuándo vendrá?
Vamos leyendo entre tanto...
Pero...
Tengo tanto afán
de que conozca usté el drama...
Por la Virgen del Pilar!,..
Suspenderé la lectura
cuando venga esa beldad.
Hombre!...
Siquiera una escena!
Es mucha temeridad!
Este drama se intitula:
(Leyendo.) ((La feria de Trafalgar.»
(Cielos!)
((Y el bandido honrado,
y montes del Paraguay...»
(No hay quien rae socorra?)
((Ó sea:
todos son hijos de Adán.
Drama de grande espectáculo,
heroico, sentimental,
en prosa, en siete jornadas
y en once cuadros...»
No mas!
((Personas. El rey de Hungría,
doña Urraca, un capellán,
don Rodrigo Calderón,
San José de Calasanz,
Jaime el barbudo, un ventero...
don Luis, don Pedro, don Blas,
don Cosme...»
(Se levanta.) (Misericordia!)
Cuál sudo! Voy á tomar
un pañuelo...
(Se dirige á la puerta del foro y don Ambrosio le sigue leyendo.)
((Doña Elvira,
el ministro Macanaz,
una sombra, diez mendigos,
el prior del Escorial...»
Vuelvo...
Allá voy. ((Una bruja...»
Yo fallezco!
((El preste Juan,
el corregidor de Velez
y el alma de daribay.»
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(EL POETA, DON AMBROSIO.)
(Aparecen sentados á la mesa de despacho; don Ambrosio leyendo su drama, el Poeta dando cabezadas.)
[Leyendo.] a Don Blas.— Maiaáhl— El Prior.—
Misericordia \—Don Pedro.—
Aqui de mis fuertes puños!
Se oyen gritos á lo lejos.—
Elvira.— ¥a\'ov, socorro! —
El corregidor.—S'úenc'xol
Los soldados.— Cierrñ España! —
La bruja. — Dios del iníierno,
salga de su cetro el mar
y crujan los elementos! —
Tablú. Dase la batalla
entre el granizo y los truenos;
desmáyase doña Elvira;
el prior canta el Te Deum;
la fragata se va á pique;
la bruja baila el jaleo;
arde la ciudad, y baja
el telón. Cuadro tercero.»
Se duerme usted?
(Bostezando.) No señor.
Estoy absorto, suspenso...
(Qué suplicio!)
Este final
hace erizar los cabellos.
Qué le ha parecido á usted?
Espantoso.
Oh! Yo lo creo.
Pues ahora va lo mejor.
Oiga usted. «Cuadro tercero.
El asesino.»
(Entre dientes.)
Eres tú!
Cómo?...
Adelante. (Y yo el muerto!)
Atienda usted. «El teatro
representa un cementerio...»
Ah! Se olvidó el corregir
esta escena... Aquí en un verbo...
Con el permiso de usted...
Aquí hay pluma. (Respiremos.)
ESCENA II
(DICHOS, DOÑA ISABEL.)
(Á la puerta.)
Aun está aquí ese importuno
y me retarda el momento
de mi dicha. Qué impaciente
estará mi dulce dueíio!
Y Volver yo á mis asuntos
sin que sepa que le quiero
es doloroso!— El pasea;...
aquel hombre está escribiendo...
Entraré...
(Entra.)
(Saliendo al encuentro.)
Doña Isabel!
Usté ha venido del cielo.
Sálveme usted...
Está perdido, está ciego
por mí.) Baje usted la voz...
Qué anagrama! He visto aquello.
Cómo?...
(Mirándole con ternura.)
La lengua es inútil.
Harto dice mi silencio.
Pero...
Me he puesto encarnada?
(Lléveme el diablo si entiendo...)
(Suspirando.)
Ay!
Qué tiene usted?...
Presumo
que estamos los dos enfermos
del mismo mal...
(Qué visages!)
Qué! La ha dado á usted tormento
con su lectura algiin...
(Suspirando.)
pero qué dulce veneno!
Señora!...
No digo mas;
que ya en los ojos revelo...
Hable usted claro.
No: á usted
le toca ser el primero...
(Alargando la mano y afectando ridicula agilacion. (Lomo no coge mi mano.') [Suspirando.) Ay!)
(Qué demonios es esto?
Doña Isabel!...
(La patrona siciue haciendo monadas.)
(Dejando de escribir.)
Continúo...
Dónde ha ido?... Allí le veo.
Le ha embargado la patrona.
Señora! Con mil...
Mas quedo!
Nú me comprometa usted,
que mi honor es lo primero.
Voy á ver á cierto amigo
([ue me empeñó unos cubiertos..
Si no me paga, por vida
de Isabel que se los vendo! —
No será larga rai ausencia,
que aquí la vida rae dejo.
(Vuelve á hacer muecas.) Enlrc lanto... Ya ve usted...
Creo que estamos de acuerdo.
Sé descifrar anagramas
y traducir pensamientos.—
Mis ojos... están hablando,
mis megillas... son de fuego;
mi mano... quieta se está;
late agitado mi pecho;
y pues ya me entiende usted
y yo guardo el documento,...
no'^hay mas que hablar por ahora.
Sírvale á usted de gobierno.
ESCENA III
(DON AMBROSIO, EL POETA.)
(Sin duda está esa mujer
atacada de los nervios.
Que borrosas contorsiones!
Qué risible desconcierto
de ideas!... Y juraría
por el alma de mi abuelo
que me quiere enamorar.
Mas dónde está el fundamento
de esa grotesca alegría
que me anunciaban sus gestos?
Solo me faltaba ahora
que esa bruja...)
Vamos? Leo?
Soy con usted... (Ya olvidaba
á ese pobre majadero.)
Parece que la patrona...
Eh?... Digo algo?
No por cierto.
Todos somos pecadores;
y, como dice el proverbio,
la ocasión hace al ladrón.
Juro á usted que ni [)or pienso...
Pues ella hacia unos dengues
(jue... Vamos; soy perro viejo,
y la que á mi se liie escape...
No es mi guslo tan perverso...
Hágame usted mas favor.
Pues si es así lo celebro;
que mujer de ese volumen
y de esa fecha, confieso
que será mujer; mas no
pertenece al bello sexo.—
Prosigo pues mi lectura...
No es mejor que lo dejemos...
Hombre, si le digo á usted
que ahora entra lo mas selecto!
(Leyendo.') uCuadro tercero. — El teatro
representa un cementerio...»
(Dentro.) Dá usted permiso?
(Saliendo á recibiría.)
Es mi actriz!
Adelante, señorita.
(Don Ambrosio se levanta.)
ESCENA IV
(DICHOS, LA ACTRIZ.)
Ah! Si tiene usted visita...
No, no importa. (Soy feliz.
Ahora al üu conseguiré
que ese lector pertinaz
se vaya y me deje en paz.)
Vengo...
(Presentándola una silla.)
Qué hace usted de pie?
[Sentándose, y hacen lo mismo el poeta y
Gracias.
Se continuará.
(No lo dije? Sí; [A la Actriz.) "Yo no estorbaré, supongo...
No señor.
(Corrigiendo en su drama.)
Este diptongo
me disuena...
(No se va!)
Siento mucho ser molesta.
Nada de eso. Usted disponga...
Ruego á usted que me componga
aunque sea un ^i de fiesta.
Ese es muy leve servicio.
Si usted mis versos recita,
mas que de usted, señorita,
será mió el beneficio.
A cumplido tan galante,
que üo creo merecer,
solo puede responder
el rubor de mi semblante.
Está ya fijado el dia
de la función?
Sí.
Cuáles?
Para mediados del mes.
Corto es el plazo á fé mia.
Pero á usted desde hoy consagro
mi vena...
Bien sabe Dios
cuánto estinjo...
Entre los dos
hemos de hacer el milagro.
Mi habilidad es tan poca...
No hay versos duros ni flojos
si ios dictan esos ojos
y los pronuncia esa boca.
(Dejando de escribir.)
Si no es errado mi juicio,
lo que desea esa dama
son las primicias de un un drama
para hacer su benelicio.
Justo.
Pues ocioso es
que el amigo se moleste.
Remédiese usted con este
(Presentando el suyo.) que luimilde pongo á sus pies.
Mil gracias. Yo inc limito...
Tóni^cle usted.— Con la espresa
condición de que la empresa
pague bien el manuscrito.
(Qué formidable proceso!)
Es un gran drama.
Ya, ya!
Carito le costará
si lo ha de pagar al peso.
La dama tiene un papel
de quince pliegos y pico.
Virgen santa! Ni un borrico
pudiera cargar con él.
No importa. Hay lances soberbios.
Tres batallas, un naufragio,
brujas, se reza el trisagio,
bombas...
Piedad de mis nervios!
Oiga usted. Leeré un pedazo...
No! Tanta prosa... Es muy Haca
mi memoria... (Qué mechaca!)
Largo el papel, corto el plazo...
Sin embargo, yo respondo...
Mil gracias he dicho ya;...
y usted no me obligará
á decirle un no redondo.
(Qué tonta! La hago un favor...)
(A (a Actriz.)
Si usted me diese una idea
del papel que hacer desea,
del que le cuadre mejor...
Si aun los actores perfectos
no están libres de un desliz,
qué haré yo, pobre aprendiz,
siendo tantos mis defectos?
Yo no tengo plaza lija.
Ya soy dama, ya graciosa,
ya soy seria, ya jocosa,
ya soy madre, ya soy hija.
Papeles buenos y malos,
de lodo hago, y soy en (in
especie de comodín
que juega en lodos los palos.
Agradecida me siento
á la pública bondad,
y mi buena buena voluntad
suple á mi pobre talento.
Mas si en medio á tanto juez
que ven por distinto prisma
puedo ser juez de mí misma
sin presunción ni altivez,
no es mi genio el de Artemisa,
que llores quiero y no abrojos.
Mejor que el llanto en mis ojos
sienta en mi boca la risa.
de muchacha pizpereta...
Sí señor.
Algo coqueta...
No reñiremos por eso.
Nunca tuve inclinación
á variar sino en las modas,
pero ese es papel que todas
hacemos con perfección.
Si para inflamar mi vena
y hacerla mas elocuente
fuera usted tan complaciente
que recitase una escena...
Una escena...
(Ay, cuál te pierdo
tiempo precioso y preciso!)
Quisiera... Mas de improviso
qué he de decir? No recuerdo...
Ya que esta niña se arredra,
¡sus! yo voy á recitar
una que baria saltar
al convidado de piedra.
Por la Virgen del Rosario!
Que chiste ó qué travesura
me ha de inspirar la lectura
(le un drama patibulario?
(]onio tcugo en la cabeza
laníos papeles diversos...
Ah! Recilaré unos versos...
No me acuerdo cómo empieza...
La escena, un baile de máscaras.
Muy bien!
Es una pasiega
que con todo el mundo pega;
hasta con su esposo.
Cascaras!
Repasar quiero un instante...
(Queda en actitud de recordar los versos que ha de recitar.)
Mientras repasa la dama
seguiremos con mi drama...
Hombre, basta!... No hay aguante...
Este cuadro es joco-sério.
Solo hay tres muertes ó cuatro.
Por Dios! Por Dios!...
(Leyendo.) «El teatro
representa un cementerio...»
(Al poeta.)
Creerá usted que me avergüenzo?...
Estando solos los tres...
Por lo mismo.— Vaya pues.
Atención, que ya comienzo.
Entre mujer y marido
va á dar principio la tiesta,
con careta la mujer
y el consabido sin ella.
ilabla el marido.— Bien haya
el garbo de esa chaqueta,
plus-ultra de terciopelo
que dos mundos contornea.
Bien haya ese guarda-pies
que apenas es guarda-piernas,
y ese collar que rae prende,
y ese pañuelo de yerbas,
y ese delantal... f.Iesus!
y esa cinta que te cuelga.
Qué mano,... si fuera inia!
Si fuera luya,... qué trenza! —
Mira que el trage te engaña,
le responde la pasiega.
Qué chasco vas á llevar
si me quito la careta! —
Sobre un cuerpo tan donoso
no puede haber cara fea,
y sea cual fuere en tin,
yo la recibo sin verla;
que aunque yo no te lo ruegue
ni el calor te dé jaqueca,
tú misma te quitarás
.la máscara si eres bella;
y si guardas el incógnito
por horrible ó por modesta,
tanto dá que seas linda
como que yo me lo crea.—
Si yo te creyera á tí
fuera muy loca ó muy necia.
No sé yo que eres casado,
y si á mí me galanteas
todo eso es pura lisonja
y amor... de carnestolendas? —
Fácil te es averiguar
si te quiero ó no de veras. —
No merece tu consorte
que inliel y traidor la seas.
Klia le ama: yo lo sé.—
Sí; pero ya me molesta.
En variar está el deleite.
Hombres hay que en su bodega
tienen el vino de sobra
y se van á la taberna. —
No tiene perdón de Dios
el que á otra mujer corteja
si es liel y hermosa la suya.
La tuya tiene esas prendas,
y mal pudieras negarlo
cuando á una voz lo conliesan
las mujeres que la envidian,
los hombres nue la desean.—
Eli!... Sí... No digo que asuste,
pero es fastidiosa y terca... —
Fementido!... físto es aparte.—
Muchos la juzgan perfecta,
pero tiene ciertas faltas
que yo callo por prudencia. —
(Insolente! Le ahogaría...)
Faltas! Qué faltas son esas? —
No todo se ha de decir.
Ya sabrás tú que las hembras
son unas en sesión pública
y otras en sesión secreta.—
Al concbíir este verso se halla la Actriz muy cerca de
don Ambrosio y se abalanza d él.)
No puedo mas! Embustero!
Vil! Traidor!...
[Para marcar el diáloíjo cambia de puesto y de voz al- ternativamente.)
Eh! Que me pela!
Bien! Bravo!
x\parta, demonio!
Perdone usted. Creí que era
el susodicho marido
de la citada pasiega.
(Aparte d la Actriz.) Bien haya amen esa mano
que con tal gracia me venga!
Me poseí del papel...
Sí por cierto; y de mis greñas!
Prosiguen las aventuras
de la máscara traviesa.
Cierto galán la equivoca
con la dama á quien obsequia
y le embroma de este modo
ya con mimos, ya con quejas.—
Ahora le toca al" señor.
(Indicando al Poeta.)
Eso es! Para mi las felpas
y para él los arrullos.
Qué arbitrariedad!
(Discurriendo.) Quisiera
acordarme...
Sí!
Un instante.
Recogeré las ideas...
Aprovechemos el claro.
(Leyendo.) «El teatro representa...»
(Levantándose.)
Déjeme usted, don Ambrosio,
con rail legiones...
(Paciencia!)
ESCENA V
(DICHOS, DOÑA ISABEL.)
(A la puerta.)
(Qué veo! Aquí una mujer!
Oigamos desde la puerta!)
Allá voy.— Si fuera cierto
lo fjue me dice tu lengua,
quién mas que yo venturosa?
Tú solo, amor mió, reinas
en mi corazón.
(Qué escucho!)
Mas yo sé que galanteas
á otra mujer, y ese pago
no merece mi firmeza.
(Una rival!)
Yo mi puesto
resignada la cediera,
aunque tanta ingratitud
me hiciese morir de pena,
si en discreción me igualara
ó rae venciese en belleza;
raas la que así te cautiva
no es una dulce sirena,
sino una arpía infernal...
(Entrando.) Uf!... La he de arrancar la lengua.
La patronal
(Esa mujer
me viene ahora de perlas.) —
Es esta, traidor amante,
hombre sin pudor, es esta
la mujer por quien me vendes?
Una marmota! Una vieja!
Mieiile la muy!...
No sé cómo
no le mucres de vergüenza.
Bien!
Oiga usted!
Quite allá!
(La otra lo toma de veras!)
Dejarme por ese tomo!
Desollada! Mala pécora!
(Riéndose.)
Qué bien lo hace! Sabe usted
de memoria la comedia?
Qué comedia ni que cuerno?
Buena estoy yo para tiestas!
Si usted no" se va á la calle
será trágica la escena.
Hé aquí una buena actriz
si la ajustara la empresa.
Para hacer características
sobresaliente, soberbia!
Qué está usted disparatando?
La que disparata es ella.
Ella... es la escoba, liase visto
la atrevida, mocosuela?...
Si esto es íiccion, pasatiempo..
No valen estratagemas.
Mi casa es casa de honor,
y si usted no la respeta...
Oiga usted. Esta señora...
Es infamia, desvergüenza
entrarse aquí de rondón
mujeres aventureras.
Oiga usted!... Esto ya es serio.
Es preciso que usted sepa...
(Aparte al Poeta.) Ingrato!
Señora!
Yo
tomaré una providencia...
(Aparte el Poeta.) Traidor!
Aquí no me traen
los motivos que usted suena.
ni con brujas como usted
entrara yo en competencia.
Bruja!
Pido la palabra
para que ustedes se entiendan.
Quiere usted creerme á mí,
(A doña Isabel.) supuesto que en la contienda
no paso de ser un simple
espectador?
Norabuena. (Hablan aparte.)
(Al poeta.) Si hubiera sabido yo
que tenia usted por huéspeda'
á esa rabiosa energúmena...
Perdone usted que la ofenda
siendo su dama.
Por Dios!...
Posible es que usted lo crea?
No sé por qué estravagancia
ha dado hoy en esa tema,
mas juro á usted...
Acabáramos! —
Ya basta. Estoy satisfecha.
Señorita, mil perdones.
Ya ve usted; las apariencias
me engañaron...
Está bien.
(Al Poeta.) Vamos á lo que interesa..
Cultivo un poco la música
sin echarla de maestra,
y deseo, confiada
en la pública indulgencia,
cantar en mi beneficio
alguna jácara nueva.
(Sacando un papel de música.) Vea usted: aquí traigo una...
mas no me gusta la letra.
No me hará usted unos versos
que á esta música convengan?
Veamos...
[Un muinc nto de silencio mientras recorre con la vista el papel ~ Yo leugo escrita alguna letrilla inédita de este metro... Ksta no es. (Regislrando sus papeles.) «Los celos...» Tampoco es está. Ah! «La Aldeana.» Aquí está. Vea usted.
Buena, muy buena.
Ah! Sobra en el estribillo
una sílaba.
[D.reve, pausa mientras lee para si la pri- mera estrofa.)
Se enmienda.
(El Poeta escribe y la Actriz talarea entre dienlcs.)
(A doña Isabel.)
Me parece que usted tiene,
señora, grande influencia
con su huésped...
(Haciendo dengues.) Ya ve usted...
El alma de los poetas
es tan sensible... Y al cabo
tampoco soy yo de piedra. —
Pero aquí se juega limpio,
y hasta que la santa iglesia
nos eche la bendición...
Ya sé yo que usted no fuera
capaz... Ahora bien: deseo
que él recomiende á la empresa
del teatro eticazmente
esta obra que gime huérfana;
mas no hará nada, está visto,
como usted no me proteja.
Es un drama funeral...
(Con aire de protección.)
Bien. Se hará lo que se pueda...
Ahora que está entretenido
permita usted que la lea
un par de actos...
Sí señor:
la cantaré. (A la palrona.) Con licencia...
Está corriente esc piano?
(]omo le tengo de venia
bueno es que puedan probarle.
Cada ocho dias le templan.
[Sentada al piano y preludiando. Canto pues.
Silencio!
Oigamos.
(Y para mí no hay orejas!)
(Canta.) Tanto amor y tanta prosa
para una pobre aldeana!
Hoy me llama usted su diosa,
y acaso dirá mañana:
ño rae acuerdo si te vi.
Qué risa me dá!
Ya que usted jura y perjura
que trata de casamiento,
ó nones, ó venga el cura.
Palabras que lleva el viento
no me camelan á mí.
Qué risa me dá!
Con eso engañó á mi tia
un galán almilDarado,
y clamaba al otro dia:
ay triste, que me ha engañado!
Ay tonta, que le creí!
Qué risa me dá!
Bravo!
Bien...
Tal cual...
Divina!
No vale nada. Es favor...
No tal, que ha cantado usted
con suma gracia, y su voz...
(^n voz baja al Poeta.)
Basta, basta de alabanzas.
La gracia está en la canción,
y á tan singular fineza
muv aííradccida estov.
Miren cómo se envanece
por una mera atención
de cumplimiento, y rogada;
])or una coplilla ó dos
hechas por pasar el tiempo
sin designio y sin pasión!
Qué mujer!..,
Si yo estuviera
engreída, anda con Dios!
(Esta es otra!)
Enseñe usted,
como puedo hacerlo yo,
unas décimas escritas,
como dijo el otro, ad hoc;
para mí.
Cuándo...
Y en ellas
toda una delaracion
con mi nombre en anagrama
y la firma del autor.
Qué desesperada pluma
tan gravemente pecó?
(Al Poeta.)
Perdóname si descubro
el dulce secreto... voy,
(A la Actriz buscando la canción en el pecho.) voy á confundir á usted.
(Enseñando el papel y acercándose á la Actriz para)
Aquí está.
(Breve pausa.)
Tiene razón!
Volviendo el papel.)
Vea usted la tirma.
(Acercándose á leer el papel.)
Cómo!
Será posible?... Á ver... Oh
Ya comprendo... Qué delirio!
Son mis versos, mi canción
á Belisa...
Sí;Bel-¡sa:
Isa-bel en español.
Protesto...
Sea en buen hora.
Juro á usted que mi intención...
Doy á usted mil parabienes...
Doña Isabel...
(Sin dejar hablar al Poeta.)
Ya, ya estoy. —
No abusaré de mi triunfo,
que harta es ya su confusión. —
Ése papel...
Ya lo guardo.
Pero...
Bien sé que la doy
cordelejo, pero es justo
castigar su presunción. —
No porque yo tenga celos
de tal arrapiezo; no.—
Entiendo. Seré prudente.
Cuándo ha habido entre los dos..
No se justifique usted.
Ya sé que su corazón
es todo raio.
El demonio
me lleve...
Basta. Yo soy
tolerante. Mi presencia
tal vez le cause rubor...
Calle usted. Ya me retiro.
(A la Actriz con mofa.) Beso á usted la mano.
ESCENA VI
(DICHOS, DOÑA ISABEL.)
Vamos, tiene usted buen gusto.
Oh! Juro á usted por mi honor
que esa mujer está loca.
La trova que me usurpó
no se ha escrito para ella.
Esa Belisa, ese iimor
son entes imaginarios;
y la casa va á arder hoy
si no me vuelve el papel...
Y el anagrama?
Es error,
Belisa es nombre poético,
y al ponerle en mi borrón
ni yo pensé en anagramas
ni en esa mujer feroz.
Lástima fuera por cierto...
Bueno ha estado el quid pro (¡no!
Pues poco ufana está ella!
Y luego dicen que son
locos los poeta! Juro
por mi nombre y el de Dios
que hoy no han pisado esta casa
desde que ha salido el sol
mas personas racionales
que usted, señorita, y yo.
Yo también...
Usted no es loco.
Pues qué?
Otra cosa peor.
ESCENA ÚLTIMA
(DICHOS, DON PRÓSPERO.)
Saludo... Perla! Aquí usted?
Servidora, señor don...
No recuerdo el nombre...
Próspero;
y ahora dos veces lo soy.
(Al Poeta.) Se hizo aquello?
Sí. (Este necio
va á pagar mi mal humor.)
Tome usted su álbum.
También
tiene usté album'l
Por qué no?
(Abriendo el álbum.) Leamos...
(A la Actriz aparte.)
Si; su alegría
'va á convertirse en furor.
Pide elogios, y le he puesto
una banderilla" atroz.
(Leyendo.)
«A don Próspero Pantoja,
epigrama. »— Hola! —Atención.
«Si cada escritor severo
viene á pedirle una hoja,
y en el forro se le antoja
poner su nombre al librero,
qué le queda al buen Pantoja?
Fuera de los nueves, cero.»
No me ha ocurrido otra idea.
Perdone usted...
Qué perdón?
Si esto es soberbio! Magnífico!
Hombre, hombre... Si el mismo Job
no sufriria...
Bobada!
Para que corra veloz
mi fama cual yo deseo
no hay una cosa mejor.
Solo se hacen epigramas
á los grandes hombres. Oh!
Yo sería muy dichoso
con uno en cada renglón.
Cuántos franceses ilustres
yacieran sin ver el sol
entre vil polvo si en Francia
no hubiera habido un Boileau!
(Aparte á la Actriz.) Qué dije á usted? Todos locos!
Gracias, gracias. Loco estoy.
(A la Actriz.)
El lo confiesa.
Ea, abur.
Señora, tengo el honor...
Espere usted un instante.—
(A la Actriz.) Cuente usted c(tn la función
(¡ue pide. Ya tengo asunto.
Pongo en escena lo que hoy
ha ocurrido en esta casa,
que lo hago en un dia ó dos,
y salimos del apuro.
Aprobado.
Y scPcá ador
don Próspero en mi comedia,
pues tiene tanta ambición
de fama.
Comedia!...
Sí.
Yo la interesada soy.
Es para mi beneficio;
y no me dirán que no
tan galantes caDalleros.
Qué dicha! Tanto favor!
Capaz soy de tomar parte
en la representación.
Y usted dará su permiso...
Con mucho gusto le doy
por obsequiar á una bella,
mas con una condición.
Cuál?
Haga usted que mi drama
se represente...
Por Dios!...
Si es imposible... Primero
consiento en pagarle yo.
Pero es malo?
Ya es forzoso
hablar claro. Sí señor.
Triste de mí! Y yo creía...
Como es tanta mi afición
al teatro... Hé aquí perdido
el fruto de mi sudor!
Si yo pudiese lograr
alguna colocación...
Ah! Si... Quiere usté una plaza
de segundo apuntador?
Aunque sea de tercero.
Justamente ayer vacó,
y mi amigo el empresario
me ha dado la comisión
de buscarle quien la sirva.
Usted tiene buena voz,
V ha mostrado en la lectura
el mas heroico tesón.—
Puede usted contar con ella.
Yo apuntaré con fervor
y el empresario dará:
ya está completo el reloj.
Cuándo envío por la pieza?
El martes; pero aquí no;
que hoy mismo cojo el petate,
aunque duerma en un mesón,
huyendo de mi patrona.
Yo mismo tendré el honor
de poner en esas manos
rai pobre composicioti.—
Ah! Querrá usted, por supuesto,
una especie de rondó
íinal pidiendo indulgencia
al benigno espectador?...
Claro está. La consabida
décima... y baja el telón.
Y'a la tengo yo compuesta.
Cómo es?...
A ensayarla voy. —
Mas primero es necesario
ponernos en situación.
Ustedes forman un grupo;
por otro nombre tablean:
yo me adelanto tres pasos
con aire de sumisión,
y esclamo de esta maneríi
alzando un poco la voz:
Después de tantos favores
y la molestia que os causo,
pedir también un aplauso
no fuera justo, señores.
Si perdonáis mis errores
quedaré recompensada;
pero si alguna palmada
debe resonar aquí,...
el darla rae toca á raí,
que soy la beneficiada.
(Palmotea la Actriz. y cae el telón.)