TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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Manuel Bretón de los Herreros

El pelo de la dehesa

5 jornadas · 6 personajes · 2,768 versos

Modo

Acto primero

(Personas: ELISA; LA MARQUESA; JUANA; DON FRUTOS; DON REMIGIO; DON MIGUEL.)

(La escena es en Madrid, en casa de la Marquesa.)

ESCENA PRIMERA

(ELISA, JUANA.)

Juana

¿Y se ha de casar usted
con nn rústico labriego?

Elisa

Sí; ya he dado mi palabra.

Juana

¿Lo sabe aquel caballero?

Elisa

¿Quién?

Juana

  ¿Quie'n ha de ser? Aquel
que hace dos años y medio
que la adora á usted y bebe
por esa cara los vientos.

Elisa

¡Ah...! Don Miguel.

Juana

  ¡Y al nombrarle
me pone usted ese gesto!
¿Conque ya no hay esperanza
para él?

Elisa

  Ya ves; acepto
la mano de otro...

Juana

  Es decir,
que cual humo se ha deshecho
el antiguo amor...

Elisa

  ¡Amor!
Aquello fué un pasatiempo.
Me agradaba su figura,
su uniforme, su despejo...
¿Qué sé yo? Me complacía
en bailar con él, y creo
que no me sonaban mal
en su boca los requiebros.
Quizá también de la mía
se deslizó en un momento
de imprudencia alguna frase
que halagara sus deseos;
mas yo no perdí el color,
ni el apetito, ni el sueño,
síntomas averiguados
de un cariño verdadero;
y él, por su parte, á pesar
de que hacia mil extremos,
nunca llegó seriamente
á hablarme de casamiento.

Juana

Por pura delicadeza.
Ya ve usted; un subalterno...
Pero yo sé que esperaba
de un dia á otro el ascenso
á capitán.

Elisa

  Aun así
fuera mucho atrevimiento,
siendo hija yo de un marqués,
que aspirara á ser mi dueño.

Juana

Perdone usted. Él es hijo
de barón...

Elisa

  No te lo niego,
mas no es segundón siquiera,
que cuatro hermanos nacieron
antes que él, y están casados,
y con prole todos ellos.
¡No es nada lo que tendrían
que atarearse los médicos
para que él llegara á ser
lo que su padre y su abuelo!
Y aun eso importara poco
como él tuviera otro genio;
pero es celoso, tronera,
suspicaz y pendenciero.
¿Casarme con él? ¡Jesús!
Mi casa fuera un infierno.

Juana

¡Ya! Como usted no le quiere,
exagera sus defectos,
sin echar de ver que nacen
del mismo amor...

Elisa

  ¡Qué! Yo apuesto
á que el dia en que marchó
de aquí con su regimiento,
se propuso relevarme,
y me relevó en efecto
con la primer lugareña
á quien pidió alojamiento.

Juana

¿Cómo es posible? Las cartas
que escribe cada correo...

Elisa

Tres hace ya que no he visto
su letra, de donde infiero
que ni se acuerda de mí;
y, como soy, que me alegro,
que así excuso revolver
la cabeza y el tintero
para imaginar disculpas
á la boda que proyecto.

Juana

¿Quién sabe si al postilion
ha ocurrido algún tropiezo,
ó si tendrá la desgracia
don Miguel de estar enfermo?
Ó tal vez está en camino
para Madrid, y de intento
no nos ha anunciado el viaje,
porque quiere sorprendernos.

Elisa

No creas tal; — y si viene,
¡bien venido! Le daremos
los dulces.

Juana

  Para él serian
acíbar, hiél y veneno.

Elisa

Vamos; decididamente
le proteges.

Juana

  Le protejo
porque ama á usted, y presumo,
hablando con el respeto
debido, que no merece...

Elisa

Yo no he contraído empeños
con don Miguel; ni mamá
le querría para yerno.

Juana

Pero— ¡por Dios, señorita! —

Juana

¿no se muere usted de miedo
de pensar en esa boda?
Es cosa que no comprendo
cómo se decide usted...

Elisa

Razones hay para ello.
Nuestra casa está arruinada.
De su esplendor solariego
apenas queda otra cosa
que pergaminos, y pleitos,
y deudas. Don Baltasar
de Calamocha y Centeno,
padre que fué de don Frutos,
mi novio, y en cuyo pueblo
tenemos un caserón
ruinoso y cuatro barbechos,
hubo de prestar no sé
qué cantidad de dinero
á mi padre, que Dios haya,
cuando pasó aquel invierno
en Zaragoza. Tres años
después de hacer el empréstito,
reclamó don Baltasar
el capital y los réditos.
Pidióle plazos mi padre
sin esperar obtenerlos,
pero se quedó pasmado
cuando, con rostro halagüeño,
le dijo don Baltasar:
«Señor Marqués, sin apremios,
ni jaeces, ni ejecuciones,
y, lo que es aun mejor que esto,
sin que suelte usted un cuarto
puedo quedar satisfecho.
Cuando usted me conoció
era jo muy rico, y luego,
como tomé por contrata
los víveres del ejército,
¡ya ve usted.,.! Hablemos claro:
no es oro ya lo que anhelo,
que un terremoto no puede
levantar el que poseo,
sino títulos y honores;
no para mí, pobre viejo
que al primer aire colado
espero quedarme tieso,
sino para aquel buen mozo
que ha de heredar mis talegos.
Ahora bien; si usted no tiene
horror al nombre de suegro,
déme usted su única hija
para mi único heredero,
que si no es de ilustre sangre,
tampoco nació plebeyo.
El será marqués por ella,
ella por él hará bueno
el marquesado; y, por último,
el gozo será completo
cuando nos llame á los dos
papá grande un mismo nieto.»
Despreocupado mi patlre,
y mi madre... un poco menos,
pero aficionada al lujo
cual todas las de mi sexo,
aceptaron un partido
que por motivos diversos
á todos estaba bien;
volvióse ufano y contento
don Baltasar á Belchite,
pero al mes ya había muerto;
mi padre murió también, —
i téngale Dios en el cielo! —
Como siguió tan de cerca
al tratado casamiento
el duelo de ambas familias,
no me habló de este proj^ecto
mamá hasta cumplido el luto;
vencida yo de sus ruegos,
acepté; también parece
que está don Frutos resuelto
á cumplir la voluntad
de su padre; de un momento
á otro llegará á Madrid,
se firmarán los conciertos,
tú tendrás un buen regalo,
yo un buen marido... y, Imis deo.

Juana

Todo eso, señora mía,
seria bueno y muy bueno
si no hubiera entre los novios
tantas leguas de por medio.
Usted no ha visto jamás
al tal don Frutos. Si es feo...

Elisa

No, Juana; muy al contrario.
(Sacando y enseñando á Juana un retrato.) Juzga por este bosquejo.

Juana

¡Hola! ¿Retrato?

Elisa

  A lo príncipe.
Fué recíproco el obsequio.

Juana

¿Hay en Belchite pintores?-

Elisa

Zaragoza no está lejos. —
¿Qué tal?

Juana

  Guapote y rollizo.
Tiene cara de tudesco.
Mas quizá le han adulado...
y aquí no vemos el cuerpo...

Elisa

Sé que tiene buenas formas
y talla de granadero.

Juana

Pero en el mismo retrato
muestra que ea zafio y grotesco.
Mire usted bien. ¡Santo Dios,
qué levita y qué chaleco!
En Madrid hay buenos sastres,
y ya se ha provisto á eso.
Si, como tengo entendido,
nunca salió de su pueblo,
vendrá tan rudo...

Elisa

  No importa;
nosotras le puliremos.

Juana

Taladrará los oidos
con aquel maldito acento
aragonés...

Elisa

  Poco á poco
lo irá en la corte perdieudo.
¿Tan fácil es encontrar
un marido sin defectos?
Si no es fino y elegante,
será cariñoso, tierno,
sencillo, dócil...

Juana

(Enlre dientes.) Ó potrO
cerril que plante al lucero
del alba una coz.

Elisa

  ¿Qué dices?

Juana

Nada.

Elisa

  El timón del gobierno
me abandonará gozoso,
y eso es lo que yo pretendo.

Juana

Dios lo quiera; mas casarse
sin amor...

Elisa

  Amor es ciego,
y aunque acierta alguna vez,
es muy mal casamentero.

ESCENA II

(ELISA, JUANA, LA MARQUESA.)

La Marquesa

¿A.un no te has vesti.lo, Elisa,
y esperas hoj á don Frutos?

Elisa

¡Eli! No corre tanta prisa.
Es cosa de ocho minutos.

La Marquesa

¿Ocho minutos? No tal;
que si has de lucir tu tren...

Elisa

Para un novio provincial
de cualquier modo estoy bien,

La Marquesa

Yo quiero que le deslumbres,
aunque afectes abandono,
y que desde hoy le acostumbres
á las leyes del buen tono.
Aunque tu triunfo es seguro,
vístete como quien eres.
Biieno es prender al futuro
con veinticinco alfileres;
que si hoy le agradas modesta
y asi... á la pata la llana,
ya verás lo que te cuesta
sacarle blondas mañana.
Yo le espero ya, hija mia,
porque tu dicha me alegra,
con humos de señoría,
y con ínfulas de suegra.
No le tengo por un Argos,
mas se admirará si ve
á mamá de tiros largos
y á la novia en negligé.

Elisa

En mi cara, no en mis dijes,
confiar fuera mejor;
pero una vez que lo exiges..,
vamos, Juana, al tocador,

(Váse con Juana por la puerta de la izquierda.)

ESCENA III

(LA MARQUESA.)

La Marquesa

iQué conflicto, Dios eterno!
¡Que' afrenta, Virgen de Atocha!
¡Aceptar yo para yerno
á un don Frutos Calamocha!
Mas si COQ él me confundo,
¿quie'n me hará ningún reproche?
¿Que' papel hace en el mundo
una marquesa sin coche?
Tal boda no me hace gracia,
pero el siglo es tan mercante...
También es aristocracia
la del dinero contante.
Ese yerno, bien lo sé,
será un patán, sera un oso,
pero yo siempre seré
marquesa de Valfungoso.
Mi ejemplo y uu figurín
harán tal vez el prodigio
de desasnarle, y, en fin...
¡Hola! Aqui está don Remigio.

ESCENA IV

(LA MARQUESA, DON REMIGIO.)

Don Remigio

Salud, Marquesa. Un bagaje...
gallego por otro nombre,
ya ha traido el equipaje
provisional de aquel hombre.
Por la puerta del pasillo
ya en su cuarto se introdujo.
Ello costará carillo,
mas, ¡qué elegancia y qué lujo!
obra maestra del sastre...
y mia en cierta manera,
que fui, temiendo un desastre,
el mentor de su tijera.

La Marquesa

Que venga al cuerpo del novio
es lo que importa en rigor.
Lo demás fuera un oprobio
para el sastre y el mentor.

Don Remigio

Todo se hizo, y consta en actas,
con entera sujeción
á las medidas exactas
que vinieron de Aragón.
Venga usted á ver la ropa...

La Marquesa

Yo la veré más despacio.

Don Remigio

Mejor no se hace en Europa,
ni se gasta en un palacio.
Ahora, si usted lo permite,
voy al parador...

La Marquesa

  Si, sí.

Don Remigio

A esperar al de Belchite,
para conducirle aqui.

La Marquesa

Es mucha molestia...

Don Remigio

  ¡Ohl No.
Yo seria muy bellaco
si á dama de tanto pro...
Soy amable; este es mi flaco.

ESCENA V

(LA MARQUESA.)

La Marquesa

¡Que' tragin! Él se halla en todo.
Merece que se le cobre
cariño. Nos come un codo,
pero bien lo suda el pobre.
Hago de él cuanto yo quiero.
Ya le gruño, ya le embromo...
En la calle es mi escudero,
en casa mi mayordomo.
Y á todos con esa fe
sirve. Así tiene enjambre
de ami{>os. ¡Oh! Siempre fué
muy filantrópica el hambre.
Mientras la novia se avía,
voy á ver qué ropa es esa.
(Se dirige á la puerta de la derecha.) Mucha lástima seria...

Don Miguel

(En la pvierta del foro.)
A los pies de usted. Marquesa.

ESCENA VI

(LA MARQUESA, DON MIGUEL.)

La Marquesa

Caballero, beso á usted...
iQué veo! ¡Usted por acá!
Mucho celebro,..

Don Miguel

  He venido
con licencia temporal
por dos meses. ¿U.sted buena?

La Marquesa

Talcualilla. Con el plan
que sigo ahora...

Don Miguel

  ¿Y la linda
Elisa?

La Marquesa

  Sin novedad.
Sente'monos,

(Se sienta en el sofá. Eon Miguel va á tomar una silla.)

Don Miguel

  Coa permiso...

La Marquesa

No. Venga usted al sofá.

Don Miguel

(Sentándose en el sofá.)
Celebro que no haya nadie...

La Marquesa

¿Por qué?...

Don Miguel

  Tenemos que hablar.

La Marquesa

Pues ¡vaja! expliqúese usted,
y no tenga cortedad.

Don Miguel

No soy yo corto de genio,
señora mía, pero hay
casos y cosas que al hombre
más valiente hacen temblar.

La Marquesa

¿Y qué teme usted? ¿Soy yo
alguna fiera?...

Don Miguel

  No tal;
pero un desaire,,.

La Marquesa

  ¡Desaires
á un hombre de calidad,
á un amigo! Hágase usted
justicia.

Don Miguel

  En primer lugar,
declaro á usted que jo estoy
enamorado.

La Marquesa

  ¡Ba! ¡Bal
Si de otra culpa más grave
no se viene usté á acusar,
yo le absuelvo desde ahora.
¿Hay cosa más natural?
¿Y quién es la...?

Don Miguel

  Yo creí
que usted lo sabria ya...

La Marquesa

Yo. ¿De dónde?

Don Miguel

  Ciertas cosas
no se pueden ocultar.

La Marquesa

Pues como usted no se explique.

Don Miguel

No me he explicado, es verdad,
hasta hoy, porque esperaba
el ascenso á capitán...

La Marquesa

¡Ah! ¡Dos charreteras! ¡Bien!
Ya no ha_y hombro desigual. —
¡Que sea por muchos años!

Don Miguel

¡Cumplimiento singular!
¿No querrá usted que siquiera
aspire á un gradito mis?

La Marquesa

Perdone usted. Sia pensarlo
he dicho una necedad.
Si por mí fuera, mañana
sería usted general.

Don Miguel

Si antes me hubiera casado
no tendría viudedad
Elisa...

La Marquesa

  ¡Acabara usted!
¿Conque es lílisa el imán
de ese tierno corazón?

Don Miguel

—Sí; la amo con ceguedad,
la idolatro, la...

La Marquesa

  Ahora veo
que no sabe usted lo que hay.

Don Miguel

¿Pues que hay?...

La Marquesa

  Amigo del alma,
bien puede usted perdonar.
Elisa no es para usted.

Don Miguel

¿Seré demasiado audaz
en solicitarla? ¿Acaso
porque es corto mi caudal...

La Marquesa

Todo hay que mirarlo, amigo;
mas la gran dificultad
no está en eso.

Don Miguel

  ¿Pues en qué?

La Marquesa

En que la voy á casar.

Don Miguel

¡Ay! ¿De veras?

La Marquesa

  Ya lo he dicho,
y yo no hablo én alemán.

Don Miguel

¿Cuándo?

La Marquesa

  Mañana.

Don Miguel

  ¿Con quién?

La Marquesa

¡Qué flujo de preguntar!
Con un hombre.

Don Miguel

  ¿Usted no mira
que está clavando un puñal
en mi pecho?

La Marquesa

  Amigo mió...

Don Miguel

Eso es una iniquidad.

La Marquesa

¿Cómo iniquidad?

Don Miguel

  ¡Horrible!
¡Y vengo yo de Alcaraz
para esto!

La Marquesa

  Con efecto,
es mucha casualidad.
Los dos en el mismo dia.*..

Don Miguel

(Estoy sudando alquitrán.)

La Marquesa

Ahora llegará don Frutos
á la puerta de Alcalá.

Don Miguel

¿Se llama don Frutos?

La Marquesa

  Sí..

Don Miguel

¡Nombre soez!

La Marquesa

  Natural
de Belchite en Aragón.

Don Miguel

¡Santo Dios! Será un patán,
será... ¿Es rico?

La Marquesa

  Poderoso.

Don Miguel

¡Oh matrimonio fatal!
¡Desgraciada Elisa!

La Marquesa

  ¡Calle!
¿Tan fiera calamidad
es un novio millonario?

Don Miguel

Por San Cosme y San Damián,
no la sacrifique usted
á un marido montaraz;
no con un golpe de estado
quiera usted tiranizar...

La Marquesa

(Dale! Aquí no hay tiranía.
¿Quién fuerza su voluntad?
El tirano será usted
que, sin viña ni olivar,
y sin quererle la chica,
que es lo más original,
tiene empeño de llevarla
militarmente al altar.

Don Miguel

Yo no soy tan temerario.
Ella me ama, y si falaz
no es su labio...

La Marquesa

  Aquí se acerca^
Ella misma nos dirá...

ESCENA VII

(LA MARQUESA, DON MIGUEL, ELISA.)

Elisa

(Muy elegame.)
¡Ah! ¡Don Miguel!

Don Miguel

  ¿Conque es cierto?
¿Conque ha sido usted capaz
de olvidarme?...

Elisa

  No, señor.
Cuente usted con mi amistad...

Don Miguel

¿Amistad? Lindo despacho
cuando vengo hecho un volcan...

Elisa

¿No quiere usted ser amigo?

Don Miguel

Yo quiero ser algo más.

Elisa

¿Marido? No puede ser;
me he comprometido ya.
¿Cortejo? Líbreme Dios,
que eso es pecado mortal.

Don Miguel

¿Así corresponde usted
á mi esperanza, á mi afán?...

Elisa

Yo no he prometido nada.
Lisonjas de sociedad,
favores de rigodón,
una carta insustancial;
todo eso es galantería,
pasatiempo...

Don Miguel

  ¡Voto á san...!
¡Con qué frescura me pone
en la garganta un dogal!

Elisa

Yo creí que usted ya estaba
arreglado por allá.

Don Miguel

¡Yo!

Elisa

  y como usted no escribía...
¡Guapo está de capitán!)
Y como usted no me habló
nunca de fe conyugal...
y pasan dias y dias...
j una tiene que pensar
en una... En fin, me remito
á lo que ha dicho mamá.

La Marquesa

¿Eh? ¿Qué dice usted ahora?

Don Miguel

Que estoy dado á Satanás;
que siete veces maldigo
mi necia credulidad;
que ya no hay fe en las mujeres;
que no quiero ya tratar
á ninguna; que me voy
para no volver jamás.

ESCENA VIII

(LA MARQUESA, ELISA, DON MIGUEL, JUANA.)

Juana

Ya viene.

Don Miguel

(Deteniéndose,) ¿Quién?

Juana

  Don Remigio
con don Frutos.

Don Miguel

  ¡Mi rival!,..
Pues me quedo.

La Marquesa

  ¿Con qué ñn?

Don Miguel

Es mera curiosidad.

Juana

Le he visto desde el balcón.
Ya habrá entrado en el zaguán.

La Marquesa

Mire usted que está en mi casa.

Don Miguel

Yo la sabré respetar.

La Marquesa

No demos aquí un escándalo.,.

Don Miguel

Ni aquí ni fuera. ¿Qué más
quiere usted? Yo me resigno...
mas quiero verle.

Juana

  Aquí está.

ESCENA IX

(LA MARQUESA, ELISA, DON MIGUEL, JUANA, DON FRUTOS, DON REMIGIO, — DON FRUTOS SE PRESENTA COMO SEÑORITO DE LAGAR EN DIA DE.)

(liesta, y con notable atraso en la moda, aunque con buena ropa. — La Marquesa y Elisa se sientan en ol sofá.)

Don Remigio

(Presentando ó don Frutos.)
Señoras...

Don Miguel

(a la Marquisa.) ¿Ese pazguatO
es el novio?

Don Frutos

(a Juana.) Señorita...
(Queriendo abrazarla.) Dulce novia...
(En voz baja á don Remigio.) Más bonita
me pareció en el retrato.

Don Remigio

(Apurado.)
¡Qne no es esa!

Juana

(Riéndose.) (También se rie don Miguel.)
  No soy yo.

Don Frutos

Pues creí...

Juana

  Soy la doncella.

Don Frutos

¿Pues cuál es mi novia?

Don Remigio

  Aquella.

La Marquesa

(De mal gesto.)
¡Me ha gustado el quid pro quod!

Don Remigio

(Al primer tapón zurrapas.)

Don Frutos

Me equivoqué, vive Cristo;
y es que en Madrid, por lo visto,
todas las mozas son guapas.

Elisa

(En voz baja.)
¡Ay, mamá!

Don Miguel

  (¡Bien! Ya me vengo.)

Don Frutos

(Fijando la vista en Elisa.)
¡Oh, que está allí!... ¡Mentecato
de mí! (a don Remigio.)
  Es el vivo retrato
del retrato que yo tengo.
(Acercándose.) Dios guarde á usted, doña Elisa.

Elisa

Felices.

La Marquesa

  ((Volada estoy!)
(a Juana que se está riendo.) Vete de aquí.

Juana

  Ya me voy.
(No puedo tener la risa.)

ESCENA X

(LA MARQUESA, ELISA, DON FRUTOS, DON MIGUEL, DON REMIGIO.)

Don Miguel

(Voy á pasar un buen rato.)

Elisa

Esta señora es mamá.

Don Frutos

¡Ah...! Servidor... Como allá
no llegó mas que un retrato...

La Marquesa

Y aun ese estaba de sobra.
¡Después de verla pintada,
llamar novia á la criada!
¡Qué horror!

Don Frutos

  La misma zozobra...
Y... la verdad, no esperé
que en tan feliz coyuntura
me esperase mi futura
sentada en el canapé.
Hallar pensaba á mi bella —
no sé si esto es excederme —
con tanta gana de verme
como yo de verla á ella.
Topo, al colarme aquí dentro,
una chica de buen porte,.
y creo que es mi consorte
la que me sale al encuentro;
no reconozco el traslado,
mas digo para mi pecho:
¡Eh! siempre va largo trecho
de lo vivo á lo pintado;
en esto viene á advertirme
el señor que me equivoco;
pero si se tarda un poco
¡zas! 30 la abrazo, y de firme.

Don Miguel

(¡Me gusta el desembarazo!)

Elisa

(Pues no es tonto, aunque grosero.)

La Marquesa

Esta es la novia.

Don Frutos

  ¡A.h! Sí...

La Marquesa

  Pero
suprima usted el abrazo.

Don Frutos

Bien. Mis fines eran buenos,
mas me aguanto y no me pico.
No me hará pobre ni rico
un apretón mas ó menos.
Y abrazos del corazón,
hijos de pura alegría,
no se dan á sangre fría,
sino así... de sopetón.

Don Remigio

(a la Marquesa.) Cosas de así... como así;
mas cuando él recapacite
que no estamos en Belchite...

Don Frutos

Ya sé que estamos aquí.
(¡Vaya una familia tiesa!
Pues aunque fuera yo el coco...)

Don Remigio

(En voz baja á la Marquesa.)
El soltará poco á poco
el pelo de la dehesa.

La Marquesa

¿No toma usted una silla?

Don Frutos

Sí haré, si no es contra fuero
que un honrado forastero
tome asiento en esta villa.

(Se sienta, y hacpn lo mismo don Miguel y don Remigio.)

La Marquesa

Volviendo á lo del abrazo,
aquí no se mira bien
que Ic^iipovios se le den
antes del solemne lazo.

Don Frutos

Si amor les hace cosquillas,
aquí y allí creo yo
que, si con testigos no,
se abrazarán á hurtadillas.
Lo primero es más honesto;
mas, ni así ni de otro modo
en abrazar me incomodo
á quien me pone ese gesto.

La Marquesa

(Cedamos, que ya se amosca.)
No crea usted que ella sienta...

Don Frutos

(Con enfado.) Pues si ha de ser mi parienta,
que no me mire tan fosca.

La Marquesa

Su modestia no permite...

Don Frutos

Ya me carga su modestia.
¿Qué va á que tomo una bestia
y doy la vuelta á Belchite? —
¡Bienl Ya se rie. Esto es algo.

Elisa

¿Qué tal el viaje?

Don Frutos

  Tal cual;
mas volqué en un pedregal
y á poco no me desnalgo.

Don Miguel

(Haciendo ascos.)
((Me desnalgo!)

Don Frutos

  En diligencia
no vuelvo á viajar.

Don Remigio

  ¿Pues cómo?
¿En carro?

Don Frutos

  En mi macho romo,
que es animal de conciencia.

Don Remigio

(Aparte ó don Mí^ucI.) Se conoce que los dos
simpatizan.

Don Frutos

(Mirando ü Elisa embebecida.)
  ¡Oh qué linda!
¡Qué boca! Es como una guinda.
¡Qué talle! ¡Válgame Dios!_

Elisa

Mil gracias por la lisonja.

Don Frutos

No. ¡Qué ojuelos! ¡Oh qué f^gua!
La boca se me hace un agua,
y el corazón una esponja.

Don Miguel

(¡Como la requiebra el ganso!)

La Marquesa

(Ya me tiene el alma en vilo,
y si no le corto el hilo...)
(a don Frutos levantándose, y todos hacen lo mismo.) Usté ha menester descanso...

Don Frutos

Yo no. Al lado de una bella...

La Marquesa

No obstante...

Don Frutos

  Obedezco, pues.
(a Elisa.) Adiós, cordera, (a la Marquesa.) ¿Cuál eS
mi habitación?

La Marquesa

(.Mostrando la de la derecha.) Es aquella.

(ai volverse de pronto, don Frutos derriba un velador que habrá en medio de la sala con un juego de te.)

Don Frutos

Voy... ¡Voto al siete de bastos...!

Elisa

¡Jesús!

La Marquesa

  ¡Mi almuerzo de china!

Don Frutos

¡Otra! ¿Quién diablo imagina
poner en medio los trastos?

Don Remigio

Ayude usted...

(Entro don Miguel y don Remigio levantan el velador y lo demás.)

La Marquesa

  ¡Ayer mismo
un dineral me costó!

Don Frutos

¿No fuera peor que yo
mo hubiera roto el bautismo?
En mi tierra...

La Marquesa

  ¡Hombre funesto!

Don Frutos

No sucede eso.

Don Remigio

(a don Miguel.) Ya Va
escampando.

Don Frutos

  Porque allá
cada cosa está en su puesto. —
Pero, en fin, por cuatro frascos
no hemos de gemir ahora.
Sosiégúese usted, señora,
que yo pagaré los cascos.
Conque... hasta luego.

(Váse por la puerta de la derecha.)

Don Remigio

(Aparte á la Marquesa.) Es nOVicio...

La Marquesa

Maldecido sea, amen.
Sígale usted... Yo también;
¡no haga allí nuevo estropicio!

ESCENA XI

(ELISA, DON MIGUEL.)

Elisa

(¡Ese novio es una fiera!)

Don Miguel

El novio es hombre de gusto.
Yo celebro como es justo...

Elisa

(Enfadada.) ¡Don Miguel...!

Don Miguel

(Remedando á don Frutos.)
  Adiós, cordera.

Elisa

(Yerta como esa pared
me ha dejado.)

Don Miguel

  Ah, ah, ¡qué risa...!
El me vengará de Elisa.

Elisa

(Con despecho.)
El rae gusta mas que usted.

Don Miguel

Seréis felices los dos.
Ya envidio el grato solaz...

Elisa

¿Quiere usted dejarme en paz?
(vAse perla puerta de la izquierda.)

Don Miguel

(a la puerta y se retira luego por el foro.)
¡Justo castigo de Dios!

Acto segundo

ESCENA PRIMERA

(LA MARQUESA, ELISA.)

La Marquesa

Vaya, esas son niñerías,
y aunque en parte las disculpo,
ya tu palabra empeñaste
y quebrantarla no es justo.

Elisa

Pero, mamá, si es un hombre
de tan mal tono, tan rudo...

La Marquesa

Alguna corteza tiene,
mas como de esos palurdos
en dos meses de Madrid
se vuelven finos y pulcros
y elegantes... Por ventura,
¿es menester grande estudio
para imitar á esa cáfila
de galancetes insulsos
que en tertulias y cafés
pasan por hombres de gusto?
En cuatro dias se aprende,
con un mediano discurso,
la insustancial fraseología
con que se lucen algunos.
Mientras tanto, ¿qué hace un hombre
para no soltar rebuznos?
Callar, frunciendo las cejas
con estudiado repulgo,
y decir al que se admire
de verle tan taciturno:
«¡Soy romántico, soy genio!
Mi misión en este mundo
es... ¡callar!»; — y si á esto añade
una contracción de músculos,
y se va sin saludar,
retorciéndose los puños,
dirán: «¡Lástima de joven!
Su esplín le abrirá el sepulcro.
¡Qué buenas cosas se calla!
¡Qué talento tan profundo!» —
Para vestir commHl faui
¿qué ciencia, qué genio infuso
ha menester, donde hay sastres,
quien cuenta miles de duros? —
Para abonarse en la ópera
y, según viene el impulso,
chichear la cavatina
ó dar aplausos al dúo,
no es preciso conocer
las reglas del contrapunto;
ni otra cosa se requiere
que tener dinero y mucho
para jugar tres albures...
el que no truena al segundo.
Así se suelen formar
los petimetres al uso,
y más de cuatro tal vez,
entre los de alto coturno, 5
en eso de letras gordas p
dan quince y falta á don Frutos. f

Elisa

¡Oh! Tú dirás lo que quieras,
pero esos modales rústicos
no se olvidan fácilmente,
ni después de cinco lustros
muda de hábitos un hombre
que se halla bien con los suyos.
Tú viste cuál se anunció
desde su primer saludo.
Tú viste...

La Marquesa

  Dices muy bien;
necio y aturdido estuvo,
pero es achaque de novios.
¿Quie'n no paga ese tributo?
Yo me enfade' mas que tú,
porque tengo malos humos,
mas considerando luego
que, si es mazacote y brusco,
ni entendimiento le falta,
ni tiene el alma de estuco;
recordando la postrera
voluntad de mi difunto,
y mirando, en fin, la cosa
con madurez y con pulso,
veo que fuera bobada
renunciar por tus escrúpulos
a! acaudalado yerno
que me sacará de apuros.

Elisa

¡No eres tú la amenazada
de sujetarte á su yugo,
mamá, que si fuera así
tomarían otro rumbo
tus reflexiones!

La Marquesa

  ¿Acaso
no es buen mozo, blanco, rubio...?

Elisa

Sí; su figura me agrada,
mas dirán que es un absurdo...

La Marquesa

Símplecilla, no te cuides
de lo que murmure el vulgo.
Tú te casas para tí,
no para él; y, por iiltimo,
¿quién repara ya en maridos?
Todos vienen á ser unos.
Las mujeres dan el tono
con sus gracias y.su lujo.
¿Qué hacen ellos en un baile,
por ejemplo? Como buhos
se van todos agrupando
en el rincón más oscuro
de la sala. Allí reparten
los dominios del gran turco,
y en un dos por tres revuelven
el Tajo con el Danubio;
ó en el tresillo engolfados,
disputan como energúmenos
sobre si echaste la mala
debiendo rendir el punto...
Y no sabe alguno de ellos
que, mientras cuenta los triunfos,
un galán le da codillo
y su esposa hace renuncio.

Elisa

Pero, mamá...

La Marquesa

  Calla, chica,
que ya sale tu futuro.

ESCENA II

(LA MARQUESA, ELISA, DON REMIGIO.)

La Marquesa

¿No viene el aragone's?

Don Remigio

Tardará pocos instantes.
Se está calzando los guantes.

Elisa

¡Qué! ¿Se los pone en los pies?

Don Remigio

He usado de una figura
retórica.

La Marquesa

  ¿Está buen mozo?

Don Remigio

¡Oh! Sí, señora, da gozo;
sólo que el pobre se apura...

La Marquesa

El vestía tan holgado...

Don Remigio

Pues, y al que no está hecho á bragas,
las costuras le hacen llagas. —
Pues todo le está pintado.
Un buen sastre y mucha plata...
Yo le he dado, por supuesto,
instrucciones, y le he puesto
por mis manos la corbata.
Por poco que yo le exhorte
y por poco que él me imite,
ese roble de Belchite
se aclimatará en la corte.
Sí; le puliremos pronto,
que, aunque él tiene, y lo confiesa,
el pelo de la dehesa,
no tiene pelo de tonto.
Si le mira con desdén
Elisa, á fe que le ultraja.

Elisa

¿De veras?

Don Remigio

  Es una alhaja.
Doy á usted mi parabién.

La Marquesa

¡Pero esos guantes, señor!...

Don Remigio

Ya me van dando cuidado.
Voy á ver...

Elisa

  No le habrá dado
don Remigio el calzador.

ESCENA III

(LA MARQUESA, ELISA, DON REMIGIO, DON FRUTOS— DON FRUTOS SE PRESENTA VESTIDO DE RIGOROSA MODA, MUY TIESO DE CUELLO, DE.)

(cintura, pero andando con dificultad como si le apretasen las botas. Trae puestos los dos guantes, y uno de ellos roto.)

Don Frutos

(Yo creía que en un mes
no me entraban...)

Elisa

(a su madre en voz baja.) ¡i^y, qué tieso!

Don Frutos

(Haciendo un gesto y dundo con el pie en el suelo como
para que acabe de entrar la bot.-x.)
¡Por vida!... — Señoras, beso
á ustedes los cuatro pies.

La Marquesa

¿Cómo los cuatro pies?

Don Frutos

  La cuenta
no marra. Dos y dos...

La Marquesa

  Ya.

Don Frutos

¡Pues ya! Los dos de mamá
y los dos de mi parienta.

Don Remigio

(Ya se enmienda el Gauímédes.)

Don Frutos

Me ha dicho este caballero
que es saludo muy grosero
el decir: «Dios guarde á ustedes»;
y que en Madrid á estas horas,
como pueblo más cortes,
se estila besar los pies
verhalmente á las señoras.
Para hacerlo con más gala,
yo al besar, los he contado,
y mas hubiera besado
si mas hubiera en la sala. —
¡Maldita sea la bota!
Estoy viendo las estrellas.

Don Remigio

¡Si son tan suaves!... Con ellas
bailara yo la gabota.

Don Frutos

No las llevo yo ni un día.
¡Qué martirio tan cruel!

Don Remigio

Ya dará de sí la piel.

Don Frutos

¡Sí; destrozando la mia!

Don Remigio

En Madrid los elegantes
no calzan lo que su pie.
Un puntito menos...

Don Frutos

  ¿Eh?

Don Remigio

Es de rigor.

Don Frutos

  ¿Y los guantes?
Antes los veo deshechos
que puestos; y si aun á gusto
dan guerra á un hombre robusto,
¿qué será viniendo estrechos?

Elisa

Guante estrecho es muy señor.

Don Frutos

(Moslmndo el guante roto.)
¿Aunque se haga este rasguño?

Elisa

Si con él se cierra el puño,
mal guante.

Don Remigio

  Sí: es de rigor.

Don Frutos

De oir á ustedes me chafo,
y de ver que estos enredos
me engarabatan los dedos
como si estuviera gafo.
¡Y esta invención de trabillas!...
¿Y el corbatín? ¿Quién lo aguanta?
Ataruga la garganta
y en la oreja hace cosquillas.
¿Pues y el fraque? Esto es peor.
¿Quién se lo abrocha en un lance?
No hay forma de que me alcance...

Don Remigio

No se abrocha. Es de rigor.

Don Frutos

¿Si creerán los oficiales
de sastre que tengo gonces?
¡No se abrocha! Pues entonces,
¿de qué sirven los ojales?
Mas de tantas perfecciones,
la que más me maravilla
es la especie de cotilla
que me oprime los riñones.

Don Remigio

(a la Marquesa.) Es una faja de goma
elástica para que entre
en razón su enorme vientre,
porque si no se le doma...

Don Frutos

Pero, hombre, ¡por San Melchor!...
¿Tener barriga es delito?

Don Remigio

Aquí todo señorito
la suprime. Es de rigor.

Don Frutos

(Remedando á don Remigio.)
Es de rigor...
(Enfadado.) ¡TÍO Calores!
¿Sabe usted que ya me voy
enfurruñando, y que doy
al diablo tantos rigores?

Don Remigio

No lo tome usted á mal.

La Marquesa

Son lecciones de buen tono.

Don Frutos

Si quiere volverme mono,
se engaña, cuerpo de tal.
Hoy me pongo estos arreos
porque usted los mandó hacer...

La Marquesa

Sí.

Don Frutos

Y á ninguna mujer...

La Marquesa

(¡Huy! ¡Mujer!...)

Don Frutos

  Hago yo feos;
mas determinado estoy,
con propósito muy firme,
á calzarme y á vestirme
á medida de quien soy;
y si aquí no puedo hallar
sastre que entienda mi porte,
vendrá á vestirme en la corte
el sastre de mi lugar;
que yo gusto de estar horro
y no dar tormento al bazo,
y mover el pie y el brazo
sin necesitar socorro.

Elisa

(lAh!)

La Marquesa

  Bien; si á usted le molesta...

Don Frutos

Levita y fraque, en buen hora.
También por allá, señora,
se usan el dia de fiesta.

Elisa

(Con sobresalto.) Y en los dias de trabajo^
¿qué usaba usted?

Don Frutos

  Aunque charra,
una peluda zamarra
cuando hace frío me encajo,
y en verano, amada Elisa,
chaquetilla de mahon;
mas, si aprieta la estación,
ando en mangas de camisa.

Elisa

(¡Ay de mí!)

Don Frutos

  Todo muy ancho,
que para andar por los cerros
con la escopeta y los perros,
y el tio Roña, y el tío Fráncho...

Elisa

¡Ay qué nombres! ¡El tio Roña...!

Don Frutos

Allí todos tienen mote:
tio Tozuelo, tio Perote,
tia Lechuza, tia Ponzoña...
Yo vivo allí sin empacho,
y mido por un rasero
al hidalgo y al pechero.
al leñador y al ricacho.
Otros, con menos caudal,
desdeñan á los Perotes;
que hay también allí Quijotes
como en esta capital;
mas sólo mi grande abasto
se sabe allá por el brio
con que gasto lo que es mió...
y doy más de lo que gasto.

Don Remigio

(Aparte con Ellsa.) ¡Es filósofo!

Elisa

  Y buen hombre.
¡Eso sí!

Don Frutos

  Cuando me junto
con alguien, no le pregunto
su apellido ni su nombre;
que sea honrado me basta.
Quizá cuanto mas antigua,
con menos fe se atestigua
la pureza de una casta.
¿Quién será el santo varón
que diga con juramento:
veinticinco abuelos cuento
y ninguno fue' ladrón?
No pongo en este capítulo
á ustedes, ni me desdeño
de llamar mi dulce dueño
á la heredera de un título.
En su última enfermedad
mi padre me lo mandó,
y, aun difunto, quiero yo
que se haga su voluntad;
y cuando tan linda es
la que me hace tanto honor,
bien puedo yo, pecador,
resignarme á ser marque's,

Elisa

(Aparte á la Marquesa.) ¿Oyes, mamá? ¡Se resigna!

La Marquesa

(En voz baja.) ¡Eh! No lo tomes á ultraje.
No está ducho en el lenguaje...
Sé tolerante y benigna.
(a. don Frutos.) Siu perjuicio de lo humano
y lo afable, yo confio
que en la corte, yerno mió,
sabrá usted ser cortesano.

Don Frutos

Veremos; haré un esfuerzo...
Quiero dar gusto á mi novia. —
Pero esta faja me agobia...
No digeriré el almuerzo. —
Aunque á Belchite no olvido,
daré honor al marquesado.
Lo propio para un fregado
soy yo que para un barrido,
porque... ¡El diantre de la bota...!
Muy primorosa, muy bella,
mas para jugar con ella
un partido de pelota...

Don Remigio

¡Hola! Usted será muy diestro...

Don Frutos

¡Oh, mucho! A largo y áplé;
de todas maneras sé,
y no he tenido maestro.
Pues ¡correr...! Nadie me agarra.
Pues ¡saltar...! Kn cada brinco
de cuatro varas á cinco.
Pues ¿y tirar á la barra?
Tengo yo una fuerza atroz.

Elisa

(¡Ay, Virgen de la Almudena!)

Don Frutos

Cargué un dia en Cariñena
cuatro quintales de arroz.

ESCENA IV

(LA MAP, LA MARQUESA, A, ELISA, DON FRUTOS, DON REMIGIO, JUANA.)

Juana

La baronesa del Césped.

La Marquesa

Que entre...

Juana

  Ya está en el estrado.

La Marquesa

Voy corriendo...

Juana

  Ha preguntado
si habia venido el huésped.

La Marquesa

(En voz baja.) ¿Quo hay dicho?

Juana

  Que irá al instante.

La Marquesa

¡Todo lo hacéis al reve's!
(Pero si ha de ser después...)
Allá vamos.

Juana

(Mirando á (ion Frutos.) (¡Qué elegante!)

ESCENA V

(LA MARQUESA, ELISA, DON FRUTOS, DON REMIGIO.)

La Marquesa

(a iion Frutos.) Venga usted.— Elisa, ven.

Don Frutos

¿Visita?

La Marquesa

  Si.

Don Remigio

  (Dios enfrene
su lengua.)

La Marquesa

  Mi prima viene
á darnos el parabién.

[Corriente! Vamos allá...

Don Remigio

(En voz baja ñ don Frutos.)

[Hombre... el brazo á la señora!..

Don Frutos

iA.h! Sí, sí. Tómalo, aurora.

(Se lo ofrece á Elisa.)

Elisa

Déselo usted á mamá.

ESCENA VI

(LA MARQUESA, DON FRUTOS, DON REMIGIO.)

La Marquesa

(Tomando el brazo do don Frutos.)
Venga.

Don Frutos

  (He de ser su pariente,
y no me dejan ahora...)

Don Remigio

Usted, por lo visto, ignora
la legislación vigente...

Don Frutos

Pero, señor, ¿qué mas da?...

La Marquesa

Mientras otra ley no riía,
no se da el brazo á la hija
si hay de por medio mamá.

Don Frutos

Está muy bien, mamá mia.
Usted disponga de mí...
(Poniéndose la mano en el estómago.) (Ya se me ha sentado aquí... Vil
y no es suegra todavía!)

ESCENA VII

(DON REMIGIO.)

Don Remigio

¡Vaya, que es original
el mocito aragone's!
Y no es hombre que se mama
el dedo, que sabe bien
dónde le aprieta el zapato,
como el otro montañés.
¡Ya tiene alma...! Harto será
que hagamos carrera de él.
Y si ahora tasca el freno,
¿qué hará el amigo después?
Mucho temo que esa boda
haga recordar aquel
iigribus agni... Pero ellas
lo quieren, y siempre fué
mi sistema favorito
dejar el mundo correr,
no indisponerme con nadie
y decir á todo: amén.
Yoy ahora á hacer la corte
á esas damas...

ESCENA VIII

(DON REMIGIO, DON MIGUEL.)

Don Miguel

  ¡Oiga usted!
Tenemos que hablar.

Don Remigio

  Coa mucho
gusto, señor don Miguel.

Don Miguel

¿Se casa, por fiu, Elisa
con ese novio soez?

Don Remigio

Creo que sí. Su fortuna
es hoy la misma que ayer,
colosal, y la Marquesa
no querrá soltar el pez.

Don Miguel

Mas, ¿qué dice Elisa?

Don Remigio

  Creo
que es del mismo parecer.

Don Miguel

¿Sí?

Don Remigio

  No simpatiza mucho
con el rústico doncel,
pero andando el tiempo espera
domesticarle tal vez,
y en tanto, con doce mil
duritos de renta... ¡Pues!

Don Miguel

¡Pues!

Don Remigio

  Y, bien considerado.
la boda es igual.

Don Miguel

  ¿Por qué?

Don Remigio

Ella, esposa de don Frutos,
puede vivir con el tren
correspondiente á su clase;
tomándola por mujer.
él, como dijo no ha mucho,.
se resigna á ser marqués;
él lleva en arras el oro
y la novia el oropel.

Don Miguel

¿Conque aprueba usted la boda?

Don Remigio

¡Vaya si la apruebo! Cien
y cien veces...

Don Miguel

  Pues yo digo
que es boda de Lucifer.

Don Remigio

¿Cómo?... ¡Usted!...

Don Miguel

  Y el que la apruebe
debe andar en cuatro pies.

Don Remigio

fMe hace temblar.) Con efecto...
puede haber razones.

Don Miguel

  ¿Eh?

Don Remigio

No hay que enfadarse. Mi voto
no tiene fuerza de ley.
Convénzame usted. Soy hombre
que me dejo convencer.

Don Miguel

¡Voto á brios!...

Don Remigio

  Yo no creí
que usted tuviese interés
en probarme lo contrario.

Don Miguel

¡Voto á...! ¿No lo he de tener,
si soy amante de Elisa?

Don Remigio

¿De veras? ¡Oh!... Ya se ve;
como usted ha estado ausente,
yo ignoraba... ¡Vaya! ¿Quién
ha de aprobar que aquel bárbaro
sea preferido á usted?

Don Miguel

¡y la ingrata le prefiere!

Don Remigio

(Enternecido.) ¡Calle usted! Eso es cruel

Don Miguel

Mas la culpada no es ella.

Don Remigio

Así lo creo también.

Don Miguel

Sino su madre...

Don Remigio

  ¡Oh! ¡Las madres!...

Don Miguel

Y usted.

Don Remigio

  ¿Yo?

Don Miguel

  Sí; yo lo sé.

Don Remigio

Pero...

Don Miguel

  Usted es el fixclotum
de esta casa.

Don Remigio

  ¿Qué he de ser?
¡Pobre de mí!...

Don Miguel

  Si e.sa falsa
me ha mirado con desdén,
si se casa con don Frutos,
á usted debo esa merced.

Don Remigio

¡Hombre! Yo...

Don Miguel

  Usted aplaudía
la boda no ha mucho.

Don Remigio

  Bien,
no lo niego; pero yo
hablaba de buena fe...

Don Miguel

Vo exijo que desde ahora
proceda usted al revés.

Don Remigio

Pues digo que es execrable.

Don Miguel

No me basta. Es menester
decírselo á la Marquesa,
á su hija, al novio, á los tres.

Don Remigio

Pero, ¡por Cristo!... ¡Si ya
les he dado el parabién!
¿Cómo gobernarme ahora...?
¡usted me quiere perder!

Don Miguel

De consejo muda el sabio.

Don Remigio

¿Cómo liHgo JO ese entremés...?

Don Miguel

Un parásito es histrión
que hace cualquiera papel.

Don Remigio

Veremos; pero...

Don Miguel

  No hay pero
que valga. Un buen alfiler
de brillantes si usted logra
que se deshaga el pastel;
mas si esa boda ridicula
se efectúa...

Don Remigio

  (¡Ay, San Ginés!...)
Yo...

Don Miguel

  Tenga usted entendido
que pagará con la piel.

Don Remigio

¡Qué atrocidad! ¿Soy yo el cura?
¿Soy yo el novio somaten?

Don Miguel

Todo se andará. Primero
que me vea yo con él,
procuremos arreglar
la cosa de bien á bien.

Don Remigio

(¡De bien á bien, y me quiere
matar!)

Don Miguel

  Me vuelvo al café,
que si veo á esa traidora
no me podré contener.
Conque, lo dicho, compadre.
A la tarde volveré...

Don Remigio

Bien; yo aguzaré el ingenio,
yo pondré pies en pared...

Don Miguel

O me caso con Elisa,
ó nos batiremos.

Don Remigio

  ¿Qué?
Yo no me bato con nadie.
Tengo respeto... á la ley.

Don Miguel

Pues si usted no acepta el duelo
y Elisa me deja á pie,
le corto á usted las orejas
como dos y una son tres.

ESCENA IX

(DON REMIGIO.)

Don Remigio

¡Jesús, qué demonio!... Estoy
por dar parte al coronel...
Vuelve Klisa. Si pudiera
disuadirla... Probaré.

ESCENA X

(ELISA, DON REMIGIO.)

Elisa

lAy don Remigio de mi alma!

Don Remigio

¿Qué tiene usted, criatura,
que viene tan afligida?
¿Ha hecho alguna de las suyas
el aragonés?

Elisa

  ¡A.h, qué hombre,
Dios mío! No podré nunca
acostumbrarme á su trato.
Yo me vengo aquí confusa,
avergonzada. Mamá
se fatiga en vano; suda
para atajar el torrente
de sandeces y tontunas
con que el bueno de don Frutos
cual Dios le crid se anuncia.
Mi tia, que es tan satírica
y de un entierro se burla,
le da cuerda, y nos dispara
un dardo en cada pregunta.

Don Remigio

Mas ¿qué hace el novio? ¿Que' dice...?

Elisa

¡Ay Dios, qué caricatura?
Ni un naomento está parado.
Ya se empina y gesticula
porque las botas le aprietan
ó le duele la cintura;
ahora el corbatin se afloja
y el lazo queda en la nuca;
parecen devanaderas
las piernas, según las cruza;
braceando sin descanso
en la silla se columpia;
le dicen un cumplimiento,
y él endereza una pulla;
y, para colmo de gracias,
saca una bolsa de nutria,
la deslía, toma un puro,
enciende un fósforo ¡y fuma!

Don Remigio

¡Horror!

Elisa

  Y no tabe hablar
mas que del campo, y la lluvia, 9
y las crecidas del Ebro,
y la feria de la Almunia,
y los jornales que paga,
y los perros que le ahullan.
La baronesa le brinda
con su escogida tertulia,
y él habla de su bodega
con ciento y ochenta cubas;
observa que es verde oscuro
un lienzo de la pintura;
recuerda sus olivares,
y dice: se heló la fruta,
pero Ogaño es asombrosa
la cosecha de aceituna;
toma, por fin, un periódico,
y leyendo en sus columnas:
«la Cámara de los pares...»
interrumpe la lectura
y exclama: «¿Qaé harán ahora
mis doce pares de muías?»

Don Remigio

Vamos, nada hay que esperar
ne aquella materia bruta.
Vuélvase por donde vino.
¿Qué importa fcu gran fortuna,
si la ha de comprar usted
con lágrimas de amargura?

Elisa

¿Es posible...? Pues no ha mucho
que aplaudia usted con suma
satisfacción nuestra boda.

Don Remigio

Ahora me parece absurda.
Las torpezas que yo vi,
aunque á la verdad son muchas,
para un novio lugareño
eran pecata minuta,
mas lo que usted me ha contado
me horroriza, me espeluzna.

Elisa

Con todo, puede que el tiempo...

Don Remigio

No hay que cansarse. Es muy dura
aquella testa. ¡Qué acémila!
Por milagro no rebuzna.

Elisa

¡Poco á poco, don Remigio!
El no es lerdo. Usted le insulta.

Don Remigio

Señora, yo...

Elisa

  Tiene prendas
muy laudables.

Don Remigio

  Sin disputa,
pero...

Elisa

  Puede ser mi esposo,
y quien le injuria, me injuria.

Don Remigio

Como no lo es todavía,
y deseo la ventura
de usteJ.,. (Hoy en nada acierto.
No sabe usted las angustias
que yo paso para... En fin,
yo juzgo lo qne usted juzga,
quiero lo que quiere usted,
sufriré lo que usted sufra,
y cuando usted me consulte
porque tenga alguna duda,
consultare' con usted
la respuesta á la consulta.

ESCENA XI

(LA MARQUESA, DON FRUTOS, ELISA, DON REMIGIO.)

Don Frutos

(a Elisa.) ¡A.h, que estás aquí...! Perdona,
mi vida, si te tuteo,
que mi cariño lo abona.
¡Qué gallarda y guapetona!
Me embobo cuando te veo.
¿Cuándo la boda será?
Solo de pensarlo, ya
toda el alma se me "alegra,
y estoy... Marquesa mamá,
sea usted pronto mi suegra.

Elisa

(¡Ay cielo!)

Don Frutos

  Sin aparatos.
Cuanto menos embolismo
mejor. Haya buenos platos,
y luego...

La Marquesa

  Mañana misrno
se firmarán los contratos.

Don Frutos

iMañana!

Don Remigio

  (¡Triste de mí!)

Don Frutos

Jamás igual regocijo
en mi corazón sentí.
La amaré á usted como un hijo, —
y como un esclavo á tí.

Elisa

(¡Qué oigo!)

Don Frutos

  Serás mi regalo,
mi delicia...

Don Remigio

  (Esto va malo.)

Elisa

(Aparte con don Remigio.) ¿Oye usted esos extremes?

Don Remigio

íís que ahora le cogemos
en un lúcido intervalo.

Don Frutos

Tú vivirás satisfecha.
Mis ganados, mi cosecha,
mis haciendas, mi dinero,
todo es para ti, lucero,
desde la cruz á la fecha.
Es tosca mi educación
para aspirar á tal moza;
JO te hago esta confesión,
pero tengo un corazón
como de aquí á Zaragoza,
El encontrará camino
de agradar á mi mujer.
Para amar con desatino
no creo que es menester
que uno sea lechuguino.
FJn lo que jo no esté ducho,
corrige tú mis maneras,
verás qué dócil te escucho.
Tú harás de mí lo que quieras...
siempre que me quieras mucho.
Así, con igual placer,
luego que al pie del altar
me digas: soj tu mujer,
tú me enseñarás á hablar;
yo te enseñaré á querer.

La Marquesa

¡Bien, don Frutos!

Elisa

  (¡Qué sorpresa!
De haberle ajado me pesa.)

La Marquesa

(Aparte á Elisa.) Vava, responde. — ¿No puedes?

Elisa

(ed aita voc.)
Yo,..

ESCENA XII

(LA MARQUESA, ELISA, DON FRUTOS, DON REMIGIO, JUANA.)

Juana

  Cuando gusten ustedes...
Ya está la sopa en la mesa.

ESCENA XIII

(LA MARQUESA, ELISA, DON FRUTOS, DON REMIGIO.)

Don Frutos

(ofreciendo el brazo á la Marquesa.)
Haremos los dos \in lazo...

La Marquesa

(Tomando el brazo de don Frutos.)
Gracias.

Don Frutos

  (¡Vaya una pandorga...!)
(a Elisa.) Conque.. ¿Me querrás machazo?

La Marquesa

Ya ve usted; quien calla otorga.

Elisa

(Mirando á don Frutos con ternura.)
Déme usted el otro brazo.

(Vánse por la izquierda del foro.)

ESCENA XIV

(DON REMIGIO.)

Don Remigio

¡Oh miedo! ¿Qué me aconsejas?
Mientras la niña se humana
vendrá el otro á darme quejas..,
¡Pobre Remigio! Mañana
amaneces sin orejas.
  (Sigue á los novios y á la Marquesa.) FIN DEL AGTO SEGUNDO

Acto tercero

ESCENA PRIMERA

(DON FRUTOS y DON REMIGIO. — Está anocheciendo. Vienen don Frntos ■y don Bcniigio por la izquierda del foro)

Don Remigio

Soberbia comida!

Don Frutos

  Sí:
pero, sin tanto primor,
á mí me daba mas gusto
mi cocina de Aragón.

Don Remigio

Tiempo hace que no he bebido
mejor vino de Bordeaux...

(Mudando de tono como para hacerse comprender. Burdeos,)

Don Frutos

  Me importa poco
el nombre de ése señor,
porque me sabe muy mal
en francés y en español.

Don Remigio

¡Hombre, un Burdeos legítimo...
y de Laffittel ¡Un licor
europeo!

Don Frutos

  Y yo, ¿que tengo
que ver con Europa? Soy
de Belchite. — Y contra el mismo
patriarca Noé, inventor
de la vendimia, sostengo
que es vino de munición
ese que usted me pondera;
que agri-áspero de sabor,
ni me calienta el estómago,
ni me alegra el corazón,
y, en fin, que para vinagre
lo he vendido yo mejor.

Don Remigio

No dudo...

Don Frutos

  Donde está el vino
de Belchite...

Don Remigio

  Ya me doy
por vencido.

Don Frutos

  ¿Y la garnacha
de Cariñena, Aguaron,
Longares, Cosuenda...? ¡Aquello,
aquello es gracia de Dios!

Don Remigio

No se estilan esos vinos
en las mesas commHl/aut;
pero siendo usted de casa,
ha cometido un error
la Marquesa en no obsequiarle
con una botella ó dos
de Cariñena,

Don Frutos

  ¡Es mi suegra!—
Y, por Cristo, que ya estoy
apestado de ella. ¡"Vaya,
que es mucha persecución!
¡No permitir que me siente,
ni en la mesa, junto al sol
de mis ojos!... ¡Y qué empeño
de darme en todo lección!
Toda la comida ha estado
quemándome á media voz.—
Quítese usted del ojal
la servilleta. ¡Qué horror! —
¿Pues dónde la pongo? — Suelta;
encima del pantalón. —
¡Vaya! — ¿Qué hace usted? La sopa
se come con tenedor.

Don Remigio

(Entre dientes.)
Eran rabióles.

Don Frutos

  Y mucho
qae ha rabiado.

Don Remigio

  (¡Es hombre atroz!)

Don Frutos

Y después me hizo comer
con la cuchara el melón,
y servirme la ensalada...
¡Con tijeras! -¡Voto á brios!...

Don Remigio

Muy mal hecho. Ella ha debido
tratarle á usted sans fagon.

Don Frutos

¡Vaya, que en Madrid es obra
el ser uno hombre de pro!

Don Remigio

Sí; ya raya en tiranía
moler con tanto sermón
á un hombre que tiene barbas
y no es ningún ababol.

Don Frutos

¿Si? Pues apliqúese usted
ese texto desde hoy.
No pida peras al olmo,
y deje á cada varón
que haga de su capa un sayo.
¡No más figurines!

Don Remigio

  ¡Oh!
Perdone usted. Yo creía
que una mano de charol,
digámoslo así, daría
más realce y esplendor
á esas formas elegantes
y á ese talento precoz,..

Don Frutos

¡Eh! Menos lagoterías,
que yo no gusto.,.

Don Remigio

  a eso voy.
Mas viendo que usted no tiene
decidida vocación
al frivolo formulario
del gran tono, dije yo:
¿no es un cargo de conciencia
violentar la inclinación
de ese apreciable mancebo?
Sí; que, como dijo Humbold,
suele á fuerza de cultivo,
perder su aroma la flor.

Don Frutos

Pues, corriente.

Don Remigio

  Y... ¿quiere usted
que le diga, acá inter nos,
lo que siento?

Don Frutos

  Norabuena.

Don Remigio

(¡Si él hiciese dimisión...!)
Pues á usted no le conviene
la boda.

Don Frutos

  ¿Cómo que uo?

Don Remigio

Elisa es bella...

Don Frutos

  ¡Otra! ¡Miren
qué pedrada!

Don Remigio

  Mas no estoj,
si he de decir la verdad,
muy seguro de su amor.

Don Frutos

Yo sí, que ya con su boca
de almíbar me lo juró.

Don Remigio

No obstante, la diferencia
de gustos, de educación...

Don Frutos

¡Eh! Ya nos gobernaremos.
¿Soy yo algún tigre feroz?

Don Remigio

No es todo lo que reluce
oro á prueba de crisol.

Don Frutos

No puede mentir un ángel.

Don Remigio

De una mala tentación,
ni los ángeles se libran.
¡Dígalo aquel que cayó!

Don Frutos

¡Dale! ¡Si yo...!

Don Remigio

  El interés,
la codicia...

Don Frutos

  (¡Qué moscón!)

Don Remigio

¡Ay, don Frutos! ¿Y esa madre?
Ya empieza á meter la hoz
en mies ajena...

Don Frutos

  ¿Qué importa?
Yo la haré entrar en razón.

Don Remigio

Tan imperiosa, tan vana...
Ni la paciencia de Job...

Don Frutos

¡Oh!...

Don Remigio

  Créame usted, don Frutos.
Sin esperar al convoy,
vuélvase usted á Belchite.
Aquí se ha armado un complot
entre hija y madre...

Don Frutos

  En la madre
cébese usted sin temor,
mas no hay que clavar el diente
en la hija, ó vive Dios...

Don Remigio

¡Oh! No se sofoque usted.
Yo lo decia... (¡Una coz!
Era de esperar.)

Don Frutos

  No aguanto...

Don Remigio

¡Si era una suposición...!
Como lo he cobrado á usted
tanto cariño... (No doy
un cuarto por mis orejas.)

Don Frutos

Por vida de Juslivol...

Don Remigio

Vamos, vamos; me arrepiento;
me desdigo; se acabó.

ESCENA II

(DON FRUTOS, DON REMIGIO, JUANA, — ESTA ÚLTIMA EN UNA MANO.)

(trae laces, que deja sobre una mesa, y en la otra un papel)

Juana

Felices noches.

Don Frutos

  Bendito
y alabado...

Don Remigio

  ¿Qué nos traes?

Juana

Este papel que me han dado
para el señor.

Don Frutos

  ¿A. ver? Dame.

(Toma el papel y Ico para sí.)

Juana

El mancebo portador
e.spera respuesta.

Don Frutos

  ¡Zape!
¡Esta es otra! Paño, hechura,
forro, etc., de un fraque,
setecientos. — Pantalón...

Don Remigio

Ya, ya... La cuenta del sastre.

Don Frutos

¡La cuenta á mi! ¿Para qué?

Don Remigio

Sí, para que usted la pague.

Don Frutos

¿Ahora salimos con esto?
Pues hombre, asi Dios me salve,
yo pensé que era un regalo
de mi suegra este atalaje.

Don Remigio

Ya ve usted que no. Presumo
que para más adelante
reserva...

Don Frutos

  Pues de este modo
yo visto á cualquiera, [líl diantre
de la mujer!... Yo sufría
con resignación la cárcel
en que ha metido mis miembros
mientras creí que era gratis;
¡pero dar dinero encima..!

Don Remigio

(En voz baja.) ¡Calle usted! liso es infame.

Don Frutos

Pues señor, la pagaré,
que no quiero que me tachen
de cicatero. — (Loyando.)
  Total,
cuatro mil doscientos reales.—
Pero una y no más. ¡Canario!... (a Juana.)
Bíselo así de mi parte.

Juana

Siempre ha sido una fineza
prevenir el equipaje...

Don Frutos

Yo no soy aficionado
á finezas semejantes.
¡Digo á usted que es corcho...! Espera.
¡Por vida del rey don Jaime!...
(Entrn on su ctiarto.)

ESCENA III

(DON REMIGIO, JUANA.)

Juana

¡Vaya, pues tiene buen modo
de agradecer que se afanen
por vestirle marquesmentef
¿Qaerrá también...?

Don Remigio

  Es un cafre,
y si da la mano á Elisa,
la va á matar á pesares.

Juana

Eso es lo que yo la digo.

Don Remigio

Sí; es preciso que trabajes
para disuadirla... (iíl miedo
me fuerza á ser intrigante.)

Juana

¡Ya se ve! ¿No es una lástima...?

Don Remigio

Un horror.

Juana

  ¿Cuánto mas vale
don Miguel...?

Don Remigio

  ¡Oh, don Miguel!...
(¡Maldito sea!) Es un ángel.
Si entre los dos conseguimos
que á Calamocha deshanque...

ESCENA IV

(DON FRUTOS, DON REMIGIO, JUANA.)

Don Frutos

(Dando á juana monedas de oro.)
Toma. Aquí sobra un doblón.

Juana

Volveré con lo sobrante...

Don Frutos

No. Para tí.

Juana

  Gracias. (Ya
me parece mas amable.)

Don Frutos

Novia te llamé... y no quiero
que lo hayas sido de balde.

Juana

(Yéndose.) (Pucs señor, ¡viva Belchite!
y á don Miguel, Dios le ampare.)

ESCENA V

(DON FRUTOS, DON REMIGIO.)

Don Frutos

Y á todo esto, ¿por dónde andan
mi novia y su linda madre?

Don Remigio

Se fueron al tocador.

Don Frutos

Hombre, ¿á qué?

Don Remigio

  A vestirse.

Don Frutos

  ¡Calle!
¿Pues no estaban ya vestidas?

Don Remigio

¡Ohl Sí; ¿pero usted no sabe
que vamos luego á la ópera,
y á la tertulia mas tarde?
Cada acto de esos requiere
su correspondiente traje.

Don Frutos

¡Otra! Pues no es mal tragin...
¿Y dónde hay caudal que baste...?

Don Remigio

Así lo exige la culta
sociedad.

Don Frutos

  ¡Virgen del Carmen!

Don Remigio

Aquí se pasa la vida
en vestirse y desnudarse.

Don Frutos

¡Muy bien! ¿Y qué viene á ser
eso de... ópera?

Don Remigio

  (¡Ignorante!)
Drama lírico; —una fiesta
de teatro.

Don Frutos

  ¡Ah! Que me place.
¿Y qué comedia echan hoy?

Don Remigio

No es comedia. Puritani
de Bellini.

Don Frutos

  ¡Que no echaran
el mágico Bayalarde!...
Es la única que yo he visto,
pero ¡ca! ¡cosa mas grande!...

Don Remigio

Todo es música esta noche.

Don Frutos

¿Música? Bien; como cantea
la jota..

Don Remigio

  (¡La jota!) Yo
seria de ese dictamen,
pero... (Asoma la Marquesa por el foro.)

Don Frutos

  Aquí está la Marquesa.
(A media voz.) La voy á decir verdades
como puños.

Don Remigio

  ¿Sí? Me alegro.

Don Frutos

Yo no sufro aucas de nadie.

ESCENA VI

(LA MARQUESA, DON FRUTOS, DON REMIGIO.)

Don Frutos

Escúcheme usted con calma,
mi amada suegra y señora,
que voy á decirle ahora
cuatro cositas... ¡al alma!

La Marquesa

Diga usted, querido yerno.

Don Frutos

A mí nadie me maneja,
nadie me moja la oreja;
sírvale á usted de gobierno.

La Marquesa

Pero...

Don Frutos

  Dicen en mi tierra...

La Marquesa

¿Qué?

Don Frutos

  Lo que no has de comer,.

La Marquesa

Ya; sí.

Don Frutos

  Déjalo cocer.

Don Remigio

(Los síntomas son de guerra.)

La Marquesa

Pero, ¿á qué viene...?

Don Frutos

  Muy justo
seria, si algún alcalde
me vistiera á mí de balde,
que me vistiera á su gusto;
pero pagando mi ropa
y en cantidad tan enorme,
no me pongan uniforme
como si fuera de tropa.

La Marquesa

Porque usted se presentase
á la boda con mas brillo...

Don Frutos

Nadie manda eu mi bolsillo,
cáseme yo ó no me case.

La Marquesa

Nunca han sido mis intentos...

Don Frutos

Basta. Agradezco el abrigo;
no piense usted que lo digo
por los cuatro mil doscientos.
Vista como quiera Elisa,
vista usted como le cuadre,
mas ni Elisa ni su madre
se metan en mi camisa.
Triunfen, gasten; no me espanto;
cuanto tengo es de las dos;
mas no se empeñen, por Dios,
en civilizarme tanto.
Dejen á un hombre sencillo
que, al cabo, no es una íiera,
manejar á su manera
el tenedor y el cuchillo. —
No me mire usted al soslayo.
Quiero que el amor me mande...
y no una suegra. Soy grande,
y ya he despedido el ayo.

La Marquesa

¿Qué escucho? ¡Usted me anticipa
el despotismo de yerno!
¡No lo es aún, Dios eterno,
y gallea, y se emancipa!

Don Frutos

Sepa usted...

Don Remigio

(Aparto á la Marquesa.) ¡Firmeza! |AsÍ¡

Don Frutos

Y ha de saber mi consorte,
que aunque yo he entrado en la corte,
la corte no ha entrado en mi.

Don Remigio

(Aparte ó don Frutos.) ¡Bien dicho! No hay que ceder.
(Aparte & la Marquesa.) No quiere soltar, Marquesa,
el pelo de la dehesa.

La Marquesa

(a don Frutos.) Pucs, amigo, es menester.

Don Frutos

Sí; es menester que se tome
un partido. El mas seguro
será...

Don Remigio

(Aparte á don Frntos.) ¡Firme en ella!
  (Aparte á la Marquesa.) ¡üuro!
Si cede usted, se la come.

La Marquesa

(Alznndo la voz.)
¿Qué partido? ¿A. ver?

Don Frutos

  No grite,
señora.

Don Remigio

(Aparte a la Marquesa.) Sí tal.

Don Frutos

  Casarme...

Don Remigio

(Aparte á don Frutos.) Hace usted mal.

Don Frutos

  Y largarme
con mi mujer á Belchite.

La Marquesa

jCdmo!...

Don Remigio

(Aparto á don Frutos.)
  ¡Bien! ¡Bien!

Don Frutos

  No hay remedio.

La Marquesa

¿Es posible...?

Don Remigio

(Aparte á la Marquesa.) ¡Infame accion!
(Aparte á don Frutos.) ¡DisCreta resolucion!

Don Frutos

(a don Remigio.)
Hombre, quite usted de en medio.

Don Remigio

(Aparte a la Marquesa ) ¡No me escucha! lis montaraz.

La Marquesa

Quítese usted de delante.

Don Remigio

¿Guerra ha de ser? Adelante.
(Haciendo señas á derecha é izquierda.) Yo quería poner paz...

(Se retira á un lado.)

La Marquesa

¿Conque á Belchite? ¡A.h! ¡.Los yernos...'
¿Nos quiere usted confinar
en un mísero lugar?
¡Usted tira á embrutecernos!

Don Frutos

¡Otra! ¿Quién les manda á ustedes
que se embrutezcan?

La Marquesa

  ¡Qué horrorl
¡Me moriré de dolor...
allá entre cuatro peredes!
¡Solitaria como un hongo...!

Don Frutos

Todo se remediará.
Quédese usted por acá.
Maldito si yo me opongo.

Don Remigio

(Esto marcha.)

La Marquesa

  Entiendo. ¡Sola
quiere llevársela!

Don Frutos

  Pues...

La Marquesa

¡Para tratarla después
como á una negra de Angola!
Mas, sin hacerme pedazos...

Don Frutos

¡Señora...

Don Remigio

  (¡Orejas, bien val)

La Marquesa

Usted no conseguirá
arrancarla de mis brazos.

Don Frutos

Si mi mujer ha de ser,
irá á donde fuere yo,
porque...

La Marquesa

  ¡No; á Belchite, no!

Don Frutos

Pues no será mi mujer.

Don Remigio

(¡Albricias!)

La Marquesa

  ¡Oh! ¡Ya está visto!
¡Se desdice usted!

Don Frutos

  ¡Marquesa!

La Marquesa

Usted falta á su promesa.

Don Frutos

¡Por vida del que ató á Cristo!...
¿Quién ha pensado...?

La Marquesa

  ¡Intentar
antes del dulce consorcio
esa especie de divorcio,,.!
¡La horca antes que el lugar!

Don Frutos

No, señora; eso no es cierto;
¿pero hay ley que me prohiba,
¡suegra ó diablo! que yo viva
donde mis padres han muerto?

La Marquesa

¡Cielos! ¿Qué dirá el notario?
¿Y qué dirán los testigos?
¿Y qué dirán mis amigos?

Don Frutos

¡Dalel

La Marquesa

  ¿y qué dirá el vicario?

Don Frutos

¡Ehl Ya basta de litigio.
(Alzando la voz.) Belchite, Belchite quiero;
¡Belchite!

La Marquesa

  ¡Jesús!... Yo muero...
Téogame usted, don Remigio.

(Se desmaya en brazos de don Remigio.)

Don Remigio

Acuda usted, no peligre
su vida, que el paroxismo... i

Don Frutos

(Yéndose.) ¡Eh! ¿Qué sé yo...? ¡Ua sinapismo!—
Yo no soy médico. (Entra en su cuarto.)

La Marquesa

(oyendo el ruido de la puerta y volviendo rápidamente
la cabeza.) ¡Tigre!

ESCENA VII

(LA MARQUESA, DON REMIGIO.)

Don Remigio

¿Qué tal? ¿Siente usted alivio?
(No ha dado lumbre el soponcio.)

La Marquesa

¡Ay qué hombre! Me ve morir...
¡Y me abandona!

Don Remigio

  Es un monstruo.

La Marquesa

Bien dicen: siempre la cabra
tira al monte.

Don Remigio

  Yo supongo
que no volverá á tratarse
de ese infausto matrimonio.

La Marquesa

Pues supone usted muy mal.

Don Remigio

Será así. No es un asombro
el equivocarme yo.

La Marquesa

¿Tan de sobra están los novios?
¿Así se dan calabazas
á un hombre que nada en oro?

Don Remigio

Es decir, que nos iremos
á Belchite. Yo...

La Marquesa

  Tampoco.

Don Remigio

Pues digo á usted, Marquesita,
que no comprendo...

La Marquesa

  ¡Qué tonto
es ustedl

Don Remigio

  Convengo...

La Marquesa

  ¡Y qué
mentecato!

Don Remigio

  No me opongo...
(¡Vuelvo á temblar por mis pobres
orejas!)

La Marquesa

  Yo hallaré modo
de evitar...

Don Remigio

  Elisa viene. —
(Y viene muy á propósito.)

ESCENA VIII

(LA MARQUESA, DON REMIGIO, ELISA.)

Don Remigio

¡Elisa! ¡Usted tan tranquila
por allá dentro, y nosotros...!

Elisa

¿Qué ha habido?

La Marquesa

  (¿Qué irá á decir?)

Don Remigio

¡Friolera! Que por poco
no se nos muere mamá.

La Marquesa

(Hace señas á don Remigio para que calle, y él se des-
entiende.)
¡Hum!...
  ¡Dios mió! ¿Pues qué... ¡cómo...!
Se ha sincopado. — Es decir,
un accidente espasmódico...

Elisa

¡Jesús!

La Marquesa

  ¡Eh! No ha sido nada.
No hagas caso.

Don Remigio

  Ello sí, pronto
se recobró...

La Marquesa

  ¡Si te digo...!

Don Remigio

Yo la apreté el dedo gordo...

Elisa

¿Mas qué causa...?

Don Remigio

  Una alcaldada
horrible de ese hipopótamo
aragone's.

La Marquesa

  ¡Don Remigio!...

Don Remigio

(Con mocha viveza.)
¿Pues no se empeña el bolonio,
quiera usted ó no, en llevársela
á aquel maldito villorro?

Elisa

¡Virgen Santa! ¿Yo á Belchite?

Don Remigio

Como cinco y tres son ocho.
Este ha sido su uUimatum.
A Belchite, ó no hay consorcio.

La Marquesa

¿Está usted ya satisfecho,
seo necio, hablador de á folio!

Don Remigio

¡Ah! Yo creí... ¿Conque usted...?
Voto á San... (Ya tiene el tósigo
en el cuerpo.)

Elisa

  ¡Ay madre mia!
Ese hombre no tiene prójimo.
¡Llevarme á un lugar!... ¡Y yo
que le iba queriendo un poco!...
Ya le aborrezco de muerte.

La Marquesa

No irás á Belchite.

Elisa

  ¡Oh gozo!
¿Tú le habrás dicho que ya
no hay nada de desposorios?
Por una parte lo siento,
porque es honrado, y buen mozo,
y rico; pero sacarme
de Madrid... jVaya al demonio!

La Marquesa

¡Callal Tan simple eres tú
como el señor.

Don Remigio

  Me conformo.

Elisa

Pero...

La Marquesa

  Corre de mi cuenta
arreglar este negocio.
Por ahora es necesario...

Elisa

¿Qué?

La Marquesa

  Decirle ame'n á todo.

Elisa

¿Incluso el viaje á Belchite?

La Marquesa

¡Boba! Por supuesto.

Elisa

  iQué oigol

La Marquesa

Es preciso no escamarle.
(A don Remigio.) Apójenie usted.

Don Remigio

  Apoyo.

La Marquesa

Si ahora le dices que no,
¡adiós boda! ¡Y qué bochorno,
qué afrenta para nosotras!
¡Desairadas por un tosco
provincial...!

Elisa

  ¿Pero qué haremos
si, cuando sea mi esposo,
se empeña en que lie de seguirle?

La Marquesa

¿Han de faltar por de pronto
pretextos para alejar
la partida? ¿No habrá un cólico
que nos saque del conflicto?
¿No sabrán después tus ojos
cautivar su voluntad?
Hoy con mimos y piropos
y dengues; al otro dia
con lágrimas y sollozos...
Harás de él cuanto quisieres. —
Y si viene á tu socorro
la santa naturaleza,
si hay inapetencia y vómitos...

Elisa

(Bajando los ojos.)
jEh, mamá...!

La Marquesa

(a don Remigio.) Apóyeme usted.

Don Remigio

Sí;yo apruebo y corroboro...

La Marquesa

Otros novios mas bravios
se vuelven mansos palomos
sabiéndolos manejar.
Si no te bastan tus propios
recursos, yo estoy aquí...

Don Remigio

(Entre dientes.)
¡Jesucristo!

La Marquesa

  ¿F,h?

Don Remigio

  Nada... Apoyo.

La Marquesa

No hay cuidado. Entre las dos
hemos de volverle loco.

Elisa

No; yo no espero...

La Marquesa

  Ahora mismo
voy á decirle qne otorgo...

Elisa

¡Por Dios, mamá! Yo no puedo...

La Marquesa

¿No has de poder? Yo respondo.
Verás: entro a'o en su cuarto
primero; le desenojo;
al oir la campanilla
entras tú...
(a don R«migic.) ¡Ustcd no!

Don Remigio

  Si estorbo.

La Marquesa

Sí, señor.

Don Remigio

  Bien; no riñamos.
Opino del mismo modo.

Elisa

Pero, mamá, reflexiona...

La Marquesa

¡Rh, basta, que me sofocol
Harás lo que yo te digo,
ó nos oirán los sordos.

(Entra en el cuarto de don Frutos.)

ESCENA IX

(ELISA, DON REMIGIO.)

[Ay, Dios mió!

Don Remigio

  ¡Es fuerte apuro!

Elisa

Si me caso...

Don Remigio

  No hay envite;
ciudadana de Belchite;
cuéntelo usted por seguro.

Elisa

¿Qué haré?

Don Remigio

  Calabazas.

Elisa

  ¡Oh!
Seré á mi palabra fiel...
¡Aunque muera!

Don Remigio

  Hagamos que él
sea quien diga que no.

Elisa

¿De qué modo?

Don Remigio

  Una esperanza
á ese pobre capitán.
¡La ama á usted con tanto afán...'.

Elisa

Pero...

Don Remigio

  Aunque sea de chanza.

Elisa

Poco há me han dado un billete
que su pesar atestigua...

Don Remigio

Bien. Una respuesta ambigua...
Eso á nadie compromete.
Dígale usted, por ejemplo:
«He dado ya mi palabra,
»j aunque mi desdicha labra,
»la repetiré en el templo;
»ma3 si por otro 6 por él
»se descompone la boda,
»usted sólo me acomoda
»para esposo, don Miguel.»

Elisa

No, que eso es decirle mucho.

Don Remigio

Pues un poco menos; ¡ea!
Aquí hay papel, tinta, oblea...

Elisa

^Caminando hacia la mesa como maquinalmente.)
Entre mil ideas lucho.

Don Remigio

¡Vaya!

Elisa

(Sentándose.) ¿Y SÍ luego amenaza
á don Frutos?

Don Remigio

  No hará tal;
mas bueno es que haya un rival
para que espante la caza.

Elisa

(Escribiendo.) Mi mamá...

Don Remigio

  Ya estoy alerta.
(Por la cuenta que me tiene.) Avisaré si alguieu viene.
No quito ojo de la puerta.
¡Y qué orejas! La pared
taladran y adentro asoman.
¡Oh! Mis orejas se toman
mucho interés por usted. —
¿Está? ¡Al sobre! Demos fin...

Elisa

(Cerrando el billete.) Es que UO 86, á fé ds EUsa,
á cuál de los dos...

(Saena una campanilla.)

Don Remigio

  ¡Aprisa,
que suena el dilin, dilin!

Elisa

(Levantándose con precipitación y dándole el billete.)'
Tome usted. — Sin sobre va.

Don Remigio

El sobre no importa un bledo.
Irá á sus manos... Yo quedo...

La Marquesa

(Dentro.) ¡Ellsa!

Elisa

  Allá voy, mamá.

(Entra en el cuarto de don Frutos.)

ESCENA X

(DON REMIGIO.)

Don Remigio

íAh! Ya salí de mi ahogo.
El cielo vuelve por mí,
¡Ya tengo orejas! Creí
convertirme en perro dogo.

(Váse corriendo por la derecha del foro.)

Acto cuarto

ESCENA PRIMERA

Don Frutos

— Sale de sn cuarto en chinelas, con pantalón holgado^
tin corbatín, con xamarra de piel de oso y un pañuelo de seda ata~
do ¿la cabeza á estilo de Aragón.

Don Frutos

Ahora si que muevo á gusto
mis remos. Nada me aprieta.
¡Esto es estar en la gloria! —
Pero, ¡qué silencio reina
en esta casa! Yo extraño...
Pues ya son las seis y media. —
Estarán por allá dentro
sin duda. ¿Y como no piensan
en que yo me desayune?
¡Oh! Pues ya no tiene espera
mi estómago. Llamaré. —
(Hace sonar la campanilla.) Apenas probé la cena,
porque se comió tan tarde
y tenia yo tal priesa
de acostarme... — ¡No responden!
Pues la campanilla suena,
que bien la oigo. — Otra vez. (vneWe á tinmar.)
¿Sirven así á las marquesas
en Madrid? —
(Tira sin cesar de la cinta de la campanilla hasta qn« acode Juana.) ¡Oh! Mas que rompa
la cinta... ¿Qué gente es esta,
santo Dios? ¿Si estarán todos
durmiendo? ¡Voto á mi abuela!.

ESCENA II

(DON FRUTOS, JUANA.)

(Entra con alg^un desnliño, como quien acaba de levantar' se do la cama.) ¡Vaya uu iuodo de llamar! ¡Y á estas horas!

Don Frutos

  ¡Linda flema!

Juana

¡Ah! ¿Es usted...?

Don Frutos

  Sí; abre los ojos
y sacude la pereza.

Juana

¡Pereza! ¿Pues qué hora es?

Don Frutos

¡Otra! Las seis y cuarenta.

Juana

¡Toma, toma...! Yo pensaba
que era mas tarde.

Don Frutos

  ¡Esa es buena!
¿Cuándo es tarde para tí?

Juana

Pero, señor, ¿quién creyera
que usted madrugara tanto?
¿Le duele á usted la cabeza?
Mucho sentiría...

Don Frutos

  Gracias.
Grozo de salud perfecta,
pero soy madrugador
por costumbre y por sistema.
Y antes hubiera saltado
de la cama, que en mi tierra
me levanto con el sol;
pero el viaje en la galera,
y aquellas malditas botas
que me tuvieron en prensa...
Eso á cualquiera cristiano
le hace salir de la regla.

Juana

(Mirándolo y sonriéndosc.)
. (¡Qué pañuelo y qué zamarra...!
Cuando la novia le vea...)
Querido señor don Frutos,
á la hora que usted despierta
sólo dejan de dormir
en Madrid á pierna suelta
horchateros en verano
j en invierno buñoleras.

Don Frutos

iA.sí hay aquí tanta gente
encanijada y enteca!
¿Mas dónde están las señoras?
Me tomaré la licencia
de darles los buenos dias.,.

Juana

Es excusada molestia.
Todavía no han venido.

Don Frutos

¡Ya, sí...! Estarán en la iglesia...
Bien; lo primero es la misa,
y aunque hoy no es día de fiesta...

Juana

¿Qué misa? ¡Si es que no han vuelto
del baile aún!

Don Frutos

  ¿Qué me cuentas?
(Estas ya son otras misas.)
Bien sé que pensaban ellas
irse después del teatro
á una función de... etiqueta,
como aquí dicen; mas nunca
se me pasó por la tela
del juicio que el bailoteo
durase una noche entera.

Juana

Como usted se recogió
á la hora de la retreta,
y se las dejó en el palco...

Don Frutos

Es que no entiendo esa jerga
italiana, y al arrullo
de las voces y la orquesta
me dormía... ¿Qué mortal
está libre de ñaquezas?
Pero, señor, ¡qué gobierno
de casa! Y, ¿van con frecuencia
á esas danzas perdurables?
¿0 sólo de uvas á brevas...?

Juana

¡Qué! No, señor. ¡Si es el pan
de cada dia!

Don Frutos

  ¿De veras?
(¡Malo! ¡Malo!)

Juana

  Pocas noches
se retiran con estrellas.

Don Frutos

¿Conque aquí la noche es dia
y el día...?

Juana

  Pues; viceversa.

Don Frutos

(¡Virgen Santa del Pilar,
  Él
qué desorden, qué vergüenza!)

Juana

(Mejor le sienta ese traje t v^^KH
que el otro.)

Don Frutos

  Ahora bien, morena;
yo, que no enmiendo la plana
al que los astros gobierna,
tengo gana de almorzar.
Di, pues, á la cocinera,
si no está también de baile...

Juana

No, señor. Ella se acuesta
mas temprano, y ya andará
por el fogón...

Don Frutos

  Norabuena.
Pues que disponga mi almuerzo.
Desp^.cha.

Juana

  ¿Café y manteca?

Don Frutos

¡Valiente cosa!— Jamón
con huevos.

Juana

  Lo que usted quiera.

Don Frutos

Y no mas vino de estrangis.

Juana

Lo traeré de Valdepeñas.

Don Frutos

Venga. A.1 fin es español...
aunque no es de Cariñena.

ESCENA III

(DON FRUTOS.)

Don Frutos

¿Dónde me he metido, cielos?
¡Qué costumbres tan diversas
de las mias! ¡Ah! Yo voy
á pasar la pena negra... —
¿Quién sabe...? Allá en mi lugar,
ya que Elisa está dispuesta
á seguirme... ¿Y si me engaña?
¡No hay que fiar en promesas
de mujeres! Y aunque en eso
á mi gusto condescienda,
irán con ella á Belchite
sus caprichos... ¡y mi suegra! —
Gallarda es la moza, sí;
y á poquito que pusiera
de su parte, lograrla
barajarme la chaveta;
mas, según lo que voy viendo,
ni me quiere, ni lo sueña;
¡y eso es gaita! — ¡Ah, padre mió...!
Dios te dé la gloria eterna,
mas no tuviste chirumen
para escoger una nuera.
A no ser por mi respeto
á su voluntad expresa,
y á no haber soltado yo
la palabra que me empeña,
jbravo chasco llevaria
mi señora la Marquesa!
(Un criado atraviesa el foro de izquierda á derecha.)
¡Ojalá...! Pero oigo abrir
la puerta de la escalera.
Kllas serán... Ellas son.
(Mirando adentro.) OigO la VOZ de la VÍeja.

ESCENA IV

(DON FRUTOS, LA MARQUESA, ELISA.)

La Marquesa

(ai criado en la puerta.)
Que venga esa muchacha
á desnudarnos pronto.
(Vásé el criado por donde vino, y entran en la sala 1* Marquesa y Elisa.) ¿Qué hace ese hombre
aquí,..? ¡Calle! ¡Es don Frutos!

Elisa

(¡A.y, qué facha!)

Don Frutos

Yo soy, señora mia; no se asombre.

La Marquesa

La mudanza de traje... Buenos dias.

Don Frutos

Buenas noches.

Elisa

(Aparte con su madre.) ¡Qué diantre de zamarral

La Marquesa

¡Por los clavos de Cristo, no te rías!

ESCENA V

(LA MARQUESA, DON FRUTOS, ELISA, JUANA.)

Juana

Aquí estoy.

Don Frutos

(a Eiisa.) ¿Te parece un poco charra
mi pellica, verdad? Lo siento mucho;
pero...

Elisa

  No; yo no digo...

Don Frutos

Chica, ande yo caliente,
y ríase la gente.

La Marquesa

Dice bien. Lo primero es el abrigo,
y mientras le compramos en la tienda
una bata elegante con cordones...

Don Frutos

No hay para qué. Estoy bien con esta prenda.

Elisa

(Parece que al mesón de la Encomienda
ha venido á vender melocotones.)

La Marquesa

¿Y qué tal se ha dormido?

Don Frutos

Grandemente. ¿Y qué tal hemos bailado?

La Marquesa

La niña. Yo me he estado
jugando al ecarte.

Don Frutos

  (¿Timbien la suegra
tira la oreja á Jorge? Esa es mas negra.)

La Marquesa

Es lástima que el sueño y el cansancio
le hayan privado á usted, señor don Frutos,
de una soirée tan buena.

Don Frutos

  Yo, á lo rancio...
Nadie me saca á mí de mis casillas.
Es lindo, mientras lucen las cabrillas,
bailar con una dama,
pero es mejor, á mi entender, la cama.

La Marquesa

¡Eh...! Se duerme de dia...

Don Frutos

Hágalo el madrileño.
Yo, como soy así... tan lugareño...
iqué quiere usted...! madrugo,
¡y á las diez de la noche me entra un sueño!

Elisa

(¡Santo Dios!)

La Marquesa

  ¡Eh! Todo es la primer noche.
Luego...

Elisa

  ¡a las diez!

La Marquesa

  Cualquiera se acostumbra...

Don Frutos

¡Oh! Yo no soy cualquiera.

Elisa

  (¡Qué verdugo!)

Don Frutos

¡Y juro por el sol que nos alumbra...!

Elisa

(iA.y, Dios me libre de su horrible yugo!)

Don Frutos

Así tengo de hacerlo hasta que muera,
y espero que mi dulce compañera
imitará mi ejemplo...

La Marquesa

(Interrurapiéndole.) Se SUponC...

Elisa

(En voz baj,-».)
\ky, mamá...!

La Marquesa

(Lo inismo.) Transijamos ahora,
no sea que utra vez se desazone.

Don Frutos

(¡Qué mala cara ha puesto mi señora!)

(Vuolve el criado con el almuerzo pura don Frutos, lo pone en una mesa y se retira.)

Don Frutos

¡Hola! ¿Viene el almuerzo?
Me alegro. Uon peruiiso...
Daremos al estómago un refuerzo.
Si ustedes gustan...

Elisa

  Gracias. Tan temprano...

La Marquesa

Nosotras, á dormir.

Don Frutos

(sentándose á la mesa.) ¡Pues ya! ¡Preciso!

Elisa

(¡Y he de darle mi mano!) i

La Marquesa

Dormiremos nn rato. Hasta la una...

Elisa

(¡Mal haya mi fortuna!)

La Marquesa

(a Juana.)
Ven tú, me quitarás cintas y broches.
(a don Frutos. ) Conque, abur.

Elisa

  Buenos dias.

(Vánse por la puerta de la izquierda.)

Don Frutos

  Buenas noches.

ESCENA VI

(DON FRUTOS, partiendo el jamón)

Don Frutos

Santo Cristo de la Seo,
que me estáis probando así,
decid: ¿qué pecado gordo
vengo á purgar en Madrid?
Novia que quiere bailar
cuando yo quiero dormir,
¿de quién está enamorada?
¿De mis rentas, 6 de mí?
Suegra que en todo se mete,
hasta en lo que he de vestir,
y me trata cual si yo
fuera algún chisgaravís,
y se desmaya, y trasnocha,
¡y juega! ¿no dará ñn
de mi bolsa y mi paciencia
antes que amanezca Abril?
¿Y me he de casar...! Si hallara
algún medio, algún ardid...
Para aguzar el ingenio
probemos de este pernil. —
¡Hola! Pues está sabroso.
No me engañó la nariz. (Echándose vino.)
Ahora un traí;:o del manchego... (Bebe.)
¡Bravo! Bien haya la vid
que te crió. No se bebe
mejor vino en Alcañiz. (Tomando otro bocado.)
Si fueran iguales todos
los tragos que espero aquí,
ningún cristiano me ojera
quejarme de este país.

ESCENA VII

(DON FRUTOS, JUANA.)

Juana

(Ya á la vieja he despachado,
y pues la novia gentil
entró en su cuarto diciendo:
no necesito de tí,
voy yo á aviarme...)
(a don Frutos al pasar.) ¿QuÓ tal
el jamón?

Don Frutos

  Sabe á las mil
maravillas.

Juana

  Lo celebro.
¿Hay buen apetito?

Don Frutos

  Sí.
¿Quieres probarlo?

Juana

  Mil gracias.
(Ni es vanidoso ni ruin.)
Hágale á usted buen provecho,
y me tendré por feliz.

Don Frutos

Dios te lo pague, morena, (váse Juana.)
Confieso qne son aquí
menos zainas que en Belchite
las doncellas de servir.

ESCENA VIII

(DON FRUTOS, ELISA.)

Elisa

¡Señor don Frutos...!

Don Frutos

(Levantándose.) ¿Q"lé Veo!
(Yo la hacia ya en camisa.)
¡No te has acostado, Elisa!

Elisa

Hablar con usted deseo.

Don Frutos

Pues me place, como hay Dios.
Ya es justo que sin empacho
tengamos, Elisa, un cacho
de parlamento los dos.

Elisa

¿Promete usted ei secreto
sobre el paso que ahora doy
y no enfadarse, aunque voy
á hablar muy claro?

Don Frutos

  Prometo;
mas también va á ser muy clara
mi lengua; y es menester
que me oigas en paz, mujer,
y no me arañes la cara.

Elisa

Es usted muy buen sujeto...

Don Frutos

Y tú muy buena vasalla.

Elisa

Otro mejor no se halla.

Don Frutos

No hay dibujo mas completo.
Eres gala de Madrid.

Elisa

Y usted honra de Belchite; —
pero... si usted me permite...

Don Frutos

En los peros está el quid.

Elisa

Bueno es, antes que nos den
la bendición conyugal,
que temiendo hacerlo mal
lo reflexionemos bien.

Don Frutos

Sí; ya lo dice el proverbio.
Vamos á reflexionar...
(Calabazas me va á dar
ella misma. ¡Esto es soberbio!)
Habla, no temas al bu.

Elisa

Seria muy venturosa
con usted cualquiera esposa...
menos...

Don Frutos

  ¡Vaya! Menos tú.

Elisa

Mal he dicho. Es un desliz...
Quiero decir, caro amigo,
que casado usted conmigo
no podria ser feliz.

Don Frutos

Ni yo soy, cual tú lo ves,
y eso lo conoce un nene,
el marido que conviene
á la hija de un marqués.
¿Qué entiendo yo de bodegas,
y de abonar el terreno,
y si se mide el centeno
por varas ó por fanegas?

Don Frutos

¿Qué entiendo yo de elegancia,
y de ese touo de aquí,
ni qué me importan á mi
los figurines de Francia?

Elisa

De la barra y la pelota
yo el mérito no distingo.

Don Frutos

Ni yo de óperas en gringo,
donde no cantan la jota.

Elisa

No se suba usté á la parra
si le digo, aunque con miedo,
que acostumbrarme no puedo
á un marido... con zamarra.

Don Frutos

Ni yo me acomodaría
á una linda caprichuda
que se viste y se desnuda
ocho ó diez veces al dia.

Elisa

Poco me inclina mi estrella
al que en su primer visita
no hace distinción maldita
entre el ama y la doncella.

Don Frutos

Y yo doy á Belcebú
dama que habla á su marido
muy seria, muy de cumplido...
y á su madre tú por tú.

Elisa

Un marido... Calamocha,
¡que madruga...! ¡Virgen Santal

Don Frutos

Vea usted; y á mí me espanta
una mujer que trasnocha.

Elisa

¡Yo por valles y por cerros!
¡Yo marido cazador
que repartirá su amor
entre la esposa y los perrosl

Don Frutos

¡Yo mujer con tantos dengues
que, faltando á la justicia,
me negará una caricia
por no ajar sus perendengues!

Elisa

Y aun viviendo aquí los dos,
cediera al fin mi desvío,
pero, ¿y Belchite? ¡Dios mío!

Don Frutos

Pero, ¿y la suegra? ¡Buen Dios!

Elisa

Y será bueno Belchite,
guapo lugar, lo concedo.

Don Frutos

¿Pues y Madrid? No haya miedo
que yo le desacredite.

Elisa

Y aquella vida campestre
será muy dulce, muy sana.
¿Quie'n sabe...? De buena gana
pasaría allí un trimestre.

Don Frutos

Desear yo un pasaporte
que me vuelva á mi lugar
cuanto antes, no es condenar
las costumbres de la corte.
Son muy cucas; no hay falencia;
pero, al fin, do son las mías.

Elisa

Hay ciertas antipatías...

Don Frutos

Sí; cada uno á su querencia.

Elisa

Y pues no hay conformidad...

Don Frutos

¡Pues! ¿A qué ofender á Dios?
¿A qué...?

Elisa

  Casárnoslos-dos...

Don Frutos

Es una barbaridad.

Elisa

Pues... ahora bien...

Don Frutos

  Ahora bien...

Elisa

Salgamos de este pantano.

Don Frutos

Pues niegúeme usted su mano,
y buenas noches, y amén.

Elisa

Yo no he de volverme atrás,
que en mi palabra confía'
mamá, y ¡Jesús...! no podria
perdonármelo jamás.

Don Frutos

Yo también lo prometí,
y en mi probidad no cabe...

Elisa

Toda la corte lo sabe.
¿Qué se diria de mí?

Don Frutos

¡Otra!

Elisa

  Á usted que es forastero,
y hombre, y tendrá mas valor
que ¡o, le estará mejor...

Don Frutos

No, que yo soy caballero.

Elisa

Con todo...

Don Frutos

  No haria bien
en quitar á usted la fama,
pero en boca de ur¡a dama
á nadie ultraja un desden.

Elisa

¿Cdmo ahora tan discreto?

Don Frutos

Es que yo mismo me azuzo
y el entendimiento aguzo
para salir del aprieto.

Elisa

¿No hay muchos hombres infieles?

Don Frutos

Mujeres, mas.

Elisa

  Porque ahora
diga usted...

Don Frutos

  No; no, señora;
no troquemos los papeles.

Elisa

¿Conque ni el propio interés
mueve á usted...?

Don Frutos

  Ni un terremoto.
Nunca mi palabra he roto,
¡nunca! Soy aragonés.

Elisa

¡Ikledrados estamos!

Don Frutos

  Sí;
como tres con un zapato.

Elisa

¿Será usted tan insensato...?

Don Frutos

Seré lo que siempre fui.

Elisa

Pues jo no he de ser veleta.
El no... no saldrá de mí.

Don Frutos

Pues yo he de decir que sí,
aunque me lleve Pateta.

Elisa

Bien está: ¡nos casaremos!

Don Frutos

Bien: ¡será usted mi mujer!

Elisa

Bien: usted tendrá el placer
de que los dos nos ahorquemos.

Don Frutos

¡Yo no!

Elisa

  (Es como esa pared.)
¡No tiente usted al demonio!
Si es funesto el matrimonio,
la culpa será de usted.
Tanto á una mujer se apura...

Don Frutos

De bien á bieu soy muy manso,
pero... E& que no soy tan ganso
como usted se lo figura.

Elisa

¡Oh! Ya veremos después
quién sufre mas de los dos,
y quién... ¡Soy mujer!... Adiós.

(Váse por la puerta de la izquierda.)

Don Frutos

¡Adiós!— Soy aragonés.

ESCENA IX

(D0.\ frutos)

Don Frutos

Con la futura una lid,
otra con la suegra chocha...
¡Ay Frutos! ¡Ay Calamocha...
¿Quién te ha traído á Madrid!

ESCENA X

(DON FRUTOS, DON MIGUEL.)

Don Miguel

Estoy resuelto.
(a don Frutos que está do costado y en actitud de cabiiar.) Buen hombre,
pase usted recado á don...
¡Es un nombre tan ramplón...!
Don Frutos.

Don Frutos

(volviendo la cara.) Ese es mi nombre.

Don Miguel

¡A.h, que es usted... caballero!
Me ha sorprendido el hallazgo.
¿Quie'n conoce á un mayorazgo
en traje tan charanguero?

Don Frutos

Este traje es de mi agrado.

Don Miguel

Eso lo conoce un topo.

Don Frutos

Y á ningún alma de chopo
se lo he pedido prestado.

Don Miguel

¿Es ese el traje de boda?

Don Frutos

¿Le importa á usted? ¡Voto á quien...!
¿Se ha encargado usted también
de sastrearme á la moda?

Don Miguel

No me tomo yo ese encargo,
que excede al talento mió.
Traigo otro...

Don Frutos

  Pues ¡al avío!
Diga usted.

Don Miguel

  No seré largo.
Ya que nos vemos las caras,
cosa que yo no quisiera...

Don Frutos

Menos prosa. La madera
no está para hacer cucharas.

Don Miguel

¡Hola! ¡Me alza usted el gallo!
Me alegro, señor galán.

Don Frutos

Se lo alzaré al Preste Juan,
que ya de cólera estallo.

Don Miguel

Pues señor; vamos al grano.
Usted quiere que le den
á Elisa; mas yo también
aspiro á su blanca mano.

Don Frutos

Bien; ¿y á mí qué se me da...?

Don Miguel

Somos dos; una es la bella;
casarnos los dos con ella...
no puede ser.

Don Frutos

  Ya.

Don Miguel

  Pues ya. —
Mas la salida es muy obvia.
Si uno al otro es importuno...

Don Frutos

¡Pues ya! De los dos, el uno
se ha de quedar sin la novia.

Don Miguel

Si ella fuese de Cutanda,
mereciera usted su afecto,
pero esa boda en proyecto
es una fusión nefanda;
y así, pues el buen sentido
en tales casos pronuncia,
haga usted formal renuncia,
y quedaré agradecido.

Don Frutos

Oiga usted, y no haya riña.
No me importara un ardite
volver soltero á Belchite,
porque ¡es alhaja la niña!
¡Pero de que un compadre
con tal fuero me lo exija...!
Primero... — poco es la hija —

Don Frutos

me casara con la madre.

Don Miguel

Pues entonces, señor mió,
ya no queda otro recurso
que matarnos.

Don Frutos

  ¡Buen discurso,
como hay Dios! ¡Un desafío!

Don Miguel

Sí, señor, y pronto; ¡al trote!

Don Frutos

A galope, si usted quiere.

Don Miguel

Diga usted qué arma prefiere...
Elija usted.

Don Frutos

  Un garrote.

Don Miguel

Esa es arma de mal tono.

Don Frutos

Esa es la que yo manejo.

Don Miguel

Y es digna de ese aparejo;
mas no la adopta mi encono.
Sentencie nuestro proceso
6 la pistola, 6 la espada...

Don Frutos

No, señor.

Don Miguel

  0 el sable...

Don Frutos

  jNadal
Garrotazo y tente tieso.

Don Miguel

¿Pero hemos de ser tan brutos...?

Don Frutos

¡Leña! Ya que usted se empeña
en que haya camorra, ¡leña!
No hay mas tu tia.

Don Miguel

  ¡Don Frutos!

Don Frutos

¡Don usted!

Don Miguel

  Con ese alarde
de atroz.salvajismo inculto
quiere usted huir el bulto
á mi venganza. ¡Cobarde!

Don Frutos

(Furioso y amenazándole con el puño.)
¡Yo cobarde! ¡Voto á brios...!

Don Miguel

(Poniendo mano á la espada y retirándola inmediata
mente.)
No demos aquí un escándalo.

Don Frutos

¡Yo cobarde! ¡Yo!

Don Miguel

  ¡Seo... vándalo,
ya nos veremos los dos!
Yo sabré...

Don Frutos

  Si no mirara...

Don Miguel

Lo que he de hacer con un ente
como usted. Todo viviente
le ha de escupir en la cara.

ESCENA XI

(DON FRUTOS, ó la puerta)

Don Frutos

Tengo un puño en cada brazo,
y si alguno me provoca,
antes que escupa su boca
la hundiré de un puñetazo. —
¡Se fué!— Señor, ¿hay conciencia
para hostigar tanto y tanto
á un hombre de bien? Un santo
perdería la paciencia.
¡' h! Ya no reparo en nada.
¿Quieren que mi saña aborte?
Bien está. Yo haré en la corte
una que sea sonada. (Entra en su ccarto.)
  |ÍN DEL ACTO CUARTO

Acto quinto

ESCENA PRIMERA

(DON REMIGIO, DON MIGUEL.)

Don Miguel

Conque, ¿es verdad?

Don Remigio

  Sí; á las dos
se van á tomar los dichos.
Para esa hora están citados
el notario y los testigos.

Don Miguel

¡Y es la una y media! ¿Qué haremos?
Discurra usted un arbitrio.

Don Remigio

¿Qué sé yo...? Mal pleito es este.
No dio lumbre el desafío;
Elisa está resignada
al funesto sacrificio;
la vieja es inexorable...
Sólo nos queda un camino.

Don Miguel

¿Cuál?

Don Remigio

  Que, como otro Escipion,
se venza usted á sí mismo
y abandone...

Don Miguel

  ¿Qué se entiende
abandonar? ¡Por el siglo
de mi madre...!

Don Remigio

  (Mis orejas
corren otra vez peligro.)

Don Miguel

¡Ceder yo el campo! Primero
habrá en esta casa tirios
y troyanos.

Don Remigio

  Norabuena;
mas ¡por los clavos de Cristo!
¿qué consejo puede dar
en estos momentos críticos,
señor don Miguel, un hombre
tan amable y tan pacífico
como yo? Si se tratase
de un inocente artificio,
de una intriguilla venial,
¡vaya con Dios! Siempre he sido
complaciente, y manejable,
y amigo de mis amigos.
Pero cuando usted vacila
entre rapto y homicidio,
¿seré yo tan Barrabás
que le empuje al precipicio?
Mi consejo...

Don Miguel

  Es de un menguado.

Don Remigio

Sí será. Yo no me pico...

Don Miguel

¡Bueno fuera, siendo yo
el amado, el preferido,
que se llevase la novia
un bárbaro campesino!

Don Remigio

¡Es un horror! — ¿Pero no hay
en Madrid jefe político?
Demanda al canto, depósito,
y es asunto concluido.

Don Miguel

Ya se lo he propuesto á Elisa,
pero es tan pobre de espíritu...

Don Remigio

Por no chocar con su madre;.
por no exponerse al ludibrio
de las gentes y al escándalo...

Don Miguel

¿Qué escándalo ni qué niño
muerto? ¿Es escándalo usar
de su derecho legitimo?
¡Pero esas mujeres...! ¡Oh!
cuando dan en un capricho...
Y... ¿qué sé yo...? Juraría
que aun ha de estar indeciso
su corazón de coqueta
entre uno y otro individuo.

Don Remigio

(Tal creo.)

Don Miguel

  Ya no tiay que andarse
por las ramas. Es preciso,
forzoso, urgente, matar
al aragone's maldito.

Don Remigio

¡Hombre, mire usted...!

Don Miguel

  Él sale.
Me alegro mucho.

Don Remigio

  (¡Dios mió!)

ESCENA II

(DON REMIGIO, DON MIGUEL, DON FRUTOS.)

Don Frutos

¡Hola, señor capitán!
Sea usted muy bien venido.

Don Miguel

¡Eh! Cumplimientos á un lado,
que estoy hecho un basilisco.

Don Frutos

¡Qué bobada... y qué mal tono!

Don Miguel

¿Co'mo...?

Don Frutos

  Yo estoy muy tranquilo,
y aconsejo á usted que tome
mi ejemplo.

Don Miguel

  No; yo he venido...

Don Frutos

Ya sé; con la misma tema
de armar camorra conmigo;
pero cuando uno no quiere...
no riñen dos: esto es fijo.

Don Miguel

¿No? Yo sabré...

Don Frutos

  Usted no sabe
lo que se pesca, amiguito.
Mejor seria, en lugar
de venirme á mí con libros
de caballería andante,
que pusiera usted su ahinco
en atraparme la novia. —
¿No digo bien, don Remigio?

Don Miguel

¿Así me habla usted!

Don Frutos

  Así.
Yo sé bien lo que me digo.
Los momentos son contados.
Deje'monos de litigios,
don Miguel, y procuremos
salir de este laberinto.
¿Le ha visto á usted la Marquesa?

Don Remigio

No; ni sabe que ha venido.
Se encerró en el tocador...

Don Frutos

Perfectamente. Pues ¡listo!
guárdese usted de sus ojos.
No faltará un escondrijo...
Y mientras solo con ella
la digo cuántas son cinco,
cuide usted de que la chica
no se muera de fastidio.

Don Miguel

Pero...

Don Frutos

  No hay pero que valga.
Ella sabe mis designios...
¡Ande usted!

Don Miguel

(En voz baja ó don Remigio.) Ya Capitula.
Me tiene miedo, está visto.
(a don Frutos.) Supongo que aquí no hay maula...

Don Frutos

Yo siempre he jugado limpio.

Don Miguel

(Volviendo la cabeza después de dar algunos pasos.}'
Es que...

Don Frutos

  ¡Ande usted!
  (Váse don Miguel por la izquierda dol foro.) ¡Aun sé me hace
de pencas el señorito!

ESCENA III

(DON FRUTOS, DON REMIGIO.)

Don Remigio

Yo celebraré en el alma,
caro amigo, que usted logre
desbaratar esa boda;
porque, si vale mi pobre
dictamen, cuando no son
homoge'neos los consortes... —
¿Está usted? — un matrimonio
es el órgano de Móstoles.

Don Frutos

No; no es esa la mujer
que me conviene.

Don Remigio

  ¡Y sin dotel

Don Frutos

Eso no me importa un bledo;
pero tengo otras razones...

Don Remigio

iOb! Sobradas. Y pensar
que ella renuncie á la corte
y á sus... Para usted seria
pintiparada, de molde,
una mujer como yo.

Don Frutos

¿Como usted? ¿No es usted hombre?

Don Remigio

Quiero decir... de mi genio,
de mis circunstancias; dócil,
servicial...

Don Frutos

(Parasí.) Mientras él viva
no faltará quien le abone. —
(a don Remigio.) Pues lo que es á servicial,
ni usted, ni nadie en el orbe
me gana á mí. Mire usted
que tiene cuatro memoles...

Don Remigio

(¡Huyl)

Don Frutos

  Trabajar un galán...
¿eh? para que otro le sople
la dama. ¿Eh?

Don Remigio

  Yo convengo
en que es muy raro ese noble
proceder; famoso asunto
para mármoles y bronces.

Don Frutos

Mas no lo bago por virtud,
ni por miedo á los bigotes
del capitán pendenciero,
porque á mí nadie me tose;
lo hago por ver si me zafo
del apuro en que me ponen.
Líbreme yo de la novia,
y de esa suegra ó demontre,
y mas que cargue oon ambas
Perico el de los palotes.
Mas si no cede la vieja
á mis justas reflexiones,
y se mantiene en sus trece...
¡pues! como yo en mis catorce,
y al fin tengo que casarme,
juro á Dios y á los apóstoles
que he de romper la cabeza
á ese interesante joven.

Don Remigio

No permita Dios Supongo
que para mí no habrá golpes.
Yo soy amigo de usted,
siempre hemos estado acordes...

Don Frutos

¡Eh! Con usted no va nada.
Pero los minutos corren
que vuelan, y la Marquesa
no viene. Aunque usted perdone,
don Remigio, ¿quiere usted
llamarla...?

Don Remigio

  Con mil amores.

Don Frutos

Y luego...

Don Remigio

  Entendido. Luego
querrá usted que me incorpore
con los otros, y...

Don Frutos

  Cabal,

Don Remigio

Pero me excusa un galope
mi señora la Marquesa.
(saludando á In Marquesa que llega.) Muy servidor...
(a don Frutos.) A la Orden.

ESCENA IV

(DON FRUTOS, LA MARQUESA.)

¿Cómo es eso? ¡Aun está usted

(de zamarra! ¡Eh! No me estorba.)

¡Y va á venir el notario,

(y los testigos...! ¡Qué sorna!)

Me alegro de ver á usted.

Tenemos que hablar á solas...

¡Jesús, y están convidadas

(mas de cuarenta personas...!)

No le hace...

(¿Qué dirán? Hecha un ascua de oro la novia, yo un brazo de mar, y el novio...)

Yo no gasto ceremonias.

Bien estoy así.

(¡En toilette de calesero! ¿Qué importa?)

Importa mucho. ¿Usted quiere

(que se burlen de nosotras?)

Si usted toma mi consejo

(podrá excusar esa mofa.)

¿Y qué consejo...? Sepamos...

Que se deshaga la boda.

¡Oh...! ¿Qué dice usted? ¿Salimos

(con esa embajada ahora?)

(Entreabren por dentro la puerta de la izquierda.)

Aquí no hay mas embajada

(que la razón, y me sobra por todas mis coyunturas.)

Don Frutos, basta do broma.

Hablo de veras. Usted

(no tiene pelo de tonta, y bien habrá conocido que el tal casamiento es droga.)

Yo soy demasiado tosco

(para dama tan preciosa; no se cambian las costumbres como se cambian las modas, y nunca harán buenas migas perro y gato en una alforja.)

La Marquesa

¡Eh! ¡Como de esos milagros
hace el amor!

Don Frutos

  ¡Dale, bola!
No nos amamos nosotros;
¿lo entiende usted? No, señora.
Yo lo sé de buena tinta;
esto es, de su propia boca,
y ella de la mia; ¿estamos?
No soy mudo, ni ella es sorda.

La Marquesa

Ella cumplirá, no obstante,
con los deberes de esposa...

Don Frutos

No diré yo lo contrario...
si la permiten que escoja;
porque ha de saber usted,
si por desgracia lo ignora,
que hay bigotes de por medio.

La Marquesa

¡Bobada! A usted se le antojan
los dedos huéspedes.

Don Frutos

  No.

La Marquesa

¡Vaya...!

Don Frutos

  Hay moros en la costa.

La Marquesa

Cuando á mí nada me ha dicho
la niña...

Don Frutos

  Teme la cólera
de usted.

La Marquesa

  ¿Por qué? Yo no fuerzo
su voluntad.

Don Frutos

  Se equivoca
mi señora la Marquesa...
por no decir otra cosa.

La Marquesa

Hablemos claro, don Frutos,
y diga usted sin tramoya
que retira su palabra.
¡Hombre sin pudor, 8in honra,
sin fe...!

Don Frutos

  ¡Señora Marquesa!
No quiera usted que nos oigan
los sordos; tenga usted juicio,
y ahorremos una camorra.
A todos nos salva uní no.
Veamos á quién le toca
pronunciarlo. Si yo diera
calabazas á la moza,
sobre faltar al respeto
del que está bajo una losa,
fueran \istedes silbadas
diez leguas á la redonda;
ella no le soltará
si la llevan á la horca;
conque...

La Marquesa

  ¿Conque yo he ser
quien cante la palidonia?

Don Frutos

Sí, señora; y yo consiento
que me ponga usted como hoja
de peregil, y me acuse
de haber roncado en la ópera...
¡sí tal!, y de haber comido
á cucharadas la sopa;
y mas que salga también
á la colada la historia
del velador, y el abrazo
y la zamarra, y las botas,..
y mas que sea preciso,
para que usted quede airosa,
compararme... ¿A. quién diré?
Al bruto de Babilonia.

La Marquesa

No; ya es tarde. Yo no cedo.

Don Frutos

¿No?

La Marquesa

  Mil veces no.

Don Frutos

  ¡Señora!
¡Mire usted que eso es ponerme
en el pescuezo una soga!
¡Mire usted que si me obliga
á que mi palabra rompa,
¡yo! ¡un aragonés! ¡ah! juro,
por mi padre que esté en gloria,
que se ha de abordar usted
de don Frutos Calamocha.

La Marquesa

¡Bravatas! ¡Baladronadas!

Don Frutos

Pues ja que usted me provoca,
¡guerra, venganza!
  (Sacando una cartera y de ella unos papeles.) Aquí tengo
mi artillería. ¡Arda Troya!

La Marquesa

¡Cómo...!

Don Frutos

  Usted recordará,
si no es flaca de memoria.
que, cuando el Marqués difunto
residía en Zaragoza,
para sacarle de empeños,
le abrió mi padre su bolsa.

La Marquesa

Es verdad. Le prestó algunas
cantidades...

Don Frutos

  Y no flojas.
(Mostrando á la Marquesa un papel.) Vea usted; ¡veinte mil pesos!

La Marquesa

(¡Dios mío...!)

Don Frutos

  Cuenta redonda.

La Marquesa

Pagaré...

Don Frutos

  De eso se trata.
El documento está en forma.

La Marquesa

(¡Este hombre me va á perder!)
Mas adelante...

Don Frutos

  No; ahora.
Pagúeme usted al momento,
ó la casa se alborota,
y ante el notario y testigos
digo que es usted tramposa.

La Marquesa

¡Ah, don Frutos!

Don Frutos

  Y la pongo
por justicia.

La Marquesa

  ¡Qué congoja!

Don Frutos

Y la embargo cuanto tiene
en la sala y en la alcoba...

La Marquesa

¡Jesús, que' hombre!

ESCENA V

(LA MARQUESA, DON FRUTOS, JUANA.)

Juana

(Annnciando.) LoS testigOS,
el cura de la parroquia,
el notario...

La Marquesa

  ¡Justo Dios!

Juana

El Marque's de la Alcachofa...

La Marquesa

Voy... Que esperen un momento...

ESCENA VI

(LA MARQUESA, DON FRUTOS.)

La Marquesa

Tenga usted misericordia...

Don Frutos

¿La ha tenido usted de mí?
La venganza es muy sabrosa.

La Marquesa

¡Baje usted la voz...!

Don Frutos

  No puedo,
que el furor me desentona.
Todos sabrán...
  (La Marquesa cierra la puerta del foro.) ¿Cierra usted?
Pues levantaré la solfa.
0 pagarme, ó despedirme,
6 he de hacer...

La Marquesa

  ¡Virgen de Atocha...!

Don Frutos

Una de pópulo bárbaro,
y aunque me gaste mil onzas,
he de tener el consuelo
de que pida usted limosna.

La Marquesa

¡Basta! ¡No mas! Yo recojo
la palabra de la novia,
y la mia.

Don Frutos

  ¡Eso!

La Marquesa

  Y diré
que el novio no me acomoda.

Don Frutos

¡Así!

La Marquesa

  Y diré la verdad.
porque es usted un idiota.

Don Frutos

¡Divinamente! Un abrazo
le daria á usted ahora.

La Marquesa

¿Mas qué dirán los testigos... —
esto es lo que me sofoca; —
y el notario, y tanta gente
convidada...

Don Frutos

  Usted se ahoga
en poca agua. Ellos venian
á presenciar una boda...

La Marquesa

¡Y esa boda se ha frustrado!

Don Frutos

¿Pues hay mas que darles otra?

La Marquesa

¿Cómo...? ¿Con quién...?

Don Frutos

(Acabando de abrir la puerta de la izquierda.)
  Verbi-gratia.

(Salen Elisa, don Miguel y don Remigio, y se arrodillan á los pies de la Marquesa.)

Don Miguel

¡Señora...!

Elisa

  ¡Mamá...!

Don Remigio

  ¡Señora...!

ESCENA ÚLTIMA

(LA MARQUESA, ELISA, DON FRUTOS, DON MIGUEL, DON REMIGIO.)

La Marquesa

¿Qué veo? Aparta de aquí,
hija traidora.

Elisa

  ¡Perdón...!

La Marquesa

¡Qué horrible conspiración!

Don Frutos

Todo se gobierna así.

La Marquesa

¡Ah! ¡Me han burlado!

Don Remigio

  ¡PorDios...!

Don Miguel

¡Ah, señora! Yo protesto...

La Marquesa

¿Pero qué vieue á ser esto?
¿Te has de casar con los dos?

Don Remigio

Cada cual en esta farsa
hace el papel que le dan.
Este es el primer galán;
yo soy un simple... comparsa.

La Marquesa

(Buscar un yerno es urgente
en este lance de honor,
y pues no hay otro mejor...
cubramos el expediente.)

Don Remigio

Rica no será conmigo,
pero mi amor...

Elisa

  Por piedad...

Don Frutos

Por la negra honrilla...

La Marquesa

  ¡Alzad!
Yo os abrazo y os bendigo.

Don Frutos

¡Viva! ¡Eso es ser madre! Ahora
que estamos todos contentos,
rompo yo mis documentos.
(H.iee pedazos los papeles que sacó.)
Estamos en paz, señora.

La Marquesa

¡Tanta generosidad!
Me confunde usted, me abate...

Don Frutos

No tal. Pago mi rescate,
y ¡viva la libertad!

Don Remigio

¡Oh pecho noble y sin hiél!

Don Frutos

Basta. Demos al olvido...

Don Miguel

¡Don Frutos...!

Elisa

  (¡Qué necia he sido
en no casarme con él!)

Don Frutos

Ahora... andemos á porrazos
si usted quiere, capitán.

Don Miguel

No; ya no tengo ese atan.

Don Frutos

(En actitud de brindarle con un abrazo.) PuCS...

Don Miguel

  ¡Venga usted á mis brazos! (se atraían.)

Don Remigio

(Entemoeido.) El llanto inunda mi cara,
y siento una conmoción...
una... ¡Bravo...! ¡Otra edición
del abrazo de Vergara!

La Marquesa

Vamos, vamos á la sala,
que nos están esperando...

Don Frutos

Vayan ustedes andando...
ustedes que están de gala.
To voy á buscar un coche
que me vuelva á mi lugar.

La Marquesa

j.Ya se quiere usted marchar?

Don Frutos

Sí. No duermo aquí esta noche.
También yo entiendo, Marquesa,
algo de filosofía,
aunque tengo todavía
el pelo de la dehesa.

Elisa

¡Pero dejarnos así...!

Don Remigio

Sin disfrutar del convite...

Don Frutos

¡Nada! ¡A Belchite, á Belchite...!
La corte no es para mí.

Elenco vivo 6 personajes · 2,768 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
971298J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 9Don Remigio, La Marquesa, Elisa
493207J1, J2, J3, J5J1 · esc. 4La Marquesa, Don Frutos, Elisa
472202J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 2Elisa, Don Remigio, Don Frutos
443161J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 1La Marquesa, Don Remigio, Don Frutos
242131J1, J2, J4, J5J1 · esc. 5La Marquesa, Don Remigio, Elisa
14769J1, J2, J3, J4, J5J1 · esc. 1Don Frutos, La Marquesa, Elisa

Partitura métrica 43 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Acto primero
Acto segundo
Acto tercero
Acto cuarto
Acto quinto

octosílabos 92 % · silva 0 % · mixto 7 %

Expediente

Obra
El pelo de la dehesa
Jornadas
5
Personajes
6
Versos
2,768
Versificación
octosílabos 92 % · silva 0 % · mixto 7 % medida por La Báscula
Fuente
archive.org: elpelodeladehesa00bret_djvu.txt
Estructura
el-pelo-de-la-dehesa.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Manuel Bretón de los Herreros, El pelo de la dehesa, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/el-pelo-de-la-dehesa.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.