Acto primero
(Personas: REMIGIA; DON ALEJO; LAURA; DON CASIMIRO; DON LUIS; DON DONATO; DON LUPERCIO; BLAS.)
(La escena es en Madrid, en casa de don Alejo. Puerta en el foro, que es la de la antesala y también conduce á lo interior de la casa, otra á la derecha y otra á la izquierda. Entre otros muebles decentes habrá un piano.)
ESCENA PRIMERA
(laura. Acabando de coser un vestido. Coser y vegetar! ¡He aquí mi suerte! Desde que alumbra el sol al universo, gobernando una casa, que no es mia, con las agujas y las planchas brego, y entre humildes mecánicas consumo mis verdes años. Perdurable tedio me fastidia, me aburre... ¡Ay infelice! ¿Y qué es lo que egecuta en este tiempo esa prima gentil que tanto alaban? Ella entonando itálicos acentos, ó mimosa en la cama reposando, despierta, y todo se lo encuentra hecho. Darán las dos y con su imbécil padre irá á ser la heroína del concierto, ¡del concierto vedado á mis canciones! Y volverá atracada de requiebros y bizcochos sin fin; y yo entretanto, ¡yo que hago para ella el trage nuevo, segunda ceneréntola olvidada, cantando el cháiro espumaré el puchero!)
ESCENA II
(LAURA, DON LUPERCIO, DON LUIS.)
Señorita...
(Dejando la costura.') ¿Quién... Señores.
( En voz baja ci don Lupercio.)
Bella, pero no es mi novia,
ó al ansiado original
no se parece la copia,
¿No está el señor don Alejo?
Está entretenido ahora
en copiar á toda prisa
unos papeles de solfa.
Como hoy tenemos concierto...
¡Concierto!
(Recitando.) j Che bella cosa l
n. iris. ¿!Aquí?
En el cuarto de enfrente.
Son academias periódicas...
¿Nocturnas?
No. Por las tardes.
Asi son mas económicas.
A buen tiempo hemos llegado.
Oiremos á esa cantora
superlativa.
Sin duda,
como hemos llegado en posta
y quedó atrns el correo,
nuestra venida se ignora.
Este es mi sobrino Luis.
Servidor...
( ¡Bella persona! )
Y yo...
Usted será su tio.
Sí; don Lupercio Cantolla,
ciudadano de Marbella
y hacendado en Estepona.
A tomar baños de mar,
si no miente mi memoria,
fue allí el verano pasado
mi señor tio.
¡Que bromas
corrimos! Si usté' es de casa,
sabrá ya toda la historia.
¿Yo? No señor. — Soy sobrina.
Al 1 i se trató la boda
de Remigia y mi sobrino.
Viéndola tan buena moza...;
en un retrato, se entiende,
el muchacho se enamora;
yo, con saber que la niña
es cantarina famosa,
á la propuesta del padre
accedo sin ceremonia,
porque lia de saber usted
que entiendo también las notas
musicales, y cantando
me llevan á mí basta Roma.
Cerróse el trato y venimos...
í pues! á ponerlo por obra.
(¡Ella se casa, y yo no!)
Ahora bien; si usted se toma
la molestia de avisar...
Soy humilde servidora
de ustedes, pero Remigia
está en la cama.
¡A estas horas!
¡Va á dar la una!
Tal vez
se acostaría algo ronca,
y como hoy ha de cantar...
De'nle pastillas de goma.
No señor. ¡Si está muy buena!
Pero como es tan gachona,
y ella no hace nada en casa,
que yo la gobierno sola...
¿Que' me dice usted!
(Don Lupercio se acerca al piano y hojea los papeles de música que habrá sobre el.)
¡Ah! Miento.
Da de comer á las tórtolas,
y pasa las horas muertas
solo en prenderse una blonda j
y luego... los ejercicios
de voz, y los...
(Dentro.) Laura!
(Laura coge el vestido y se levanta.)
¡Hola!
Ya llama. Voy á vestirla.
(¡Mimadita y dormilona!)
Siéntense ustedes. Bien pueden
perdonar...
No hay de que, hermosa»
ESCENA III
(DON LUPERCIO, DON LUIS.)
( Cavilando en un estremo del teatro.')
¡Dormir toda la mañana!
¡Señor... ¿qué gobierno es este?
( Recorriendo papeles de música y cantan
do á media voz.)
« N el furor delle tempeste...»
Toda es música italiana.
¡Mucho vamos á medrar
si duerme también la siesta!
« Come folgore funesta,
mille morti a disffidar.»
Bueno es cantar, sí señor;
pero ese estraño abandono...
«La esperanza del perdono
sol mi regge in vita ancor.»
¡No dar n unca una puntada!
«Ed il voto del amante...»
Cuando esa niña no cante,
¿de qué servirá? de nada.
« Solo desto al mormorío
della forite c del ruscello,
alia donna del Castcllo...«
( Acercándose. )
¿Qué opina usted, caro tío...
( Sin oirle.)
« Vicni oh caro: 6 in cicl la luna\
tutto tace intorno y intorno:
fin che in cielo spunti il giorno...»
¡Reniego de mi fortuna!
Ye usted que el pesar me agovia,
¡y solfea...
¿Qué se ofrece,
sobrinilo?
Me parece
que es un cascabel mi novia.
No tal, que es mucho primor
si se parece al retrato.
(Tomando otro papel y cantando.) « Non v’ á sguardo cui fia dato
penetrare in qucsto cor.»
¡Por Dios...
¡Pero ni una sola
pieza bufa! Es muy estraño...
Aqui nos tendrán un año...
¡Ni una canción española!
Pues tendremos mucha guerra
si prefiere lo estrangero
á lo español, que me muero
por las cosas de mi tierra.
¿Que' importa? Libre la dejo
entre un polo y un rondó.
Lo que no quisiera yo...
Calla. Aqui está don Alejo.
ESCENA IV
(DON LUPERCIO, DON LUIS, DON ALEJO.)
¡Bien venidos! ¡Voto á Cribas...
¡Un abrazo, don Lupercio!
¡Luisito!
¿Usted tan famoso!
Voy pasando.
¡Don Alejo...
¿Con que les han hecho á ustedes
esperar? ¡Voto á... Lo siento...
Andamos tan ocupados...
Como es dia de concierto...
Yo estaba copiando un dúo...
Remigia se está vistiendo...
No gusta de madrugar:
¿eh?
No señor; ni por pienso.
El aire de la mañana
suele afectar á los nervios
y empaña la voz. Como ella
es tan delicada... Y luego,
como descanso en su prima
para todo lo domestico...
Porque mi chica no entiende
de esas cosas, ni yo quiero
que en faenas tan prosaicas
se malogre su talento,
o. litis. Sin embargo...
¡Es profesora!
Y la inspiración, el genio...
El suyo debe de ser
muy pacíhco.
No es eso.
Hablaba de genio artístico,
Ya.
¡Qué muger! Yo no debo
celebrarla: al fin soy padre...
Pero... Yaya, es mucho cuento.
Ya tengo gana de oirla;
¡y ojalá fuese un jaleo
de mi pais...
¡Bagatela!
Ella está por lo patético,
por lo sublime.
(Sublime
tonto parece mi suegro.)
Usted dirá lo que quiera,
pero un aire de bolero...
Ya está aquí,
No la ba adulado
el pintor.
(¡Al fin la veo!)
.
ESCENA V
(DON LUPERCIO, DON LUIS, DON ALEJO, REMIGIA.)
Beso las manos...
¿No sabes
quién es este caballero?
Sí; ya me ba dicho mi prima..*
No le esperaba tan presto.
(¡Que buena moza!) El amor
puso alas á mi deseo
para volar á esos pies.
No está bien, don Luis, en ellos
sino en escala mayor
quien va a ser mi amado dueño.
(No se esplica mal.) Señora...
Voy á ver como anda aquello,
que estaba ronco el tenor
y el corno ingles indispuesto,
y si yo no estoy en todo...
Hasta luego, amado yerno.
Traere de paso billetes
para ustedes.
Lo agradezco,
que yo por oir cantar
iré' aunque sea á un entierro.
El caso es que el equipage
rio ha venido, y no podremos
presentarnos...
Sí señor.
No es cosa de cumplimiento.
Concierto de vecindad...
Yaya, que es tarde. Hasta luego.
ESCENA VI
(DON LUPERCIO, REMIGIA, DON LUIS, REMIGIA, (/ 4 D, DON LUIS, ).)
¿Usté' es también filarmónico?
¿Dilcttante?.. Esto es...
Entiendo.
¿Apasionado á la música?
No puede dejar de serlo
quien tiene una alma sensible,
y lo es la mia en estremo.
Usted cantará... ¿En que cuerda?
(¿Si querrá darme tormento?)
En ninguna, señorita.
No tengo voz para eso.
Es lástima. Pero usted
tocará algún instrumento...
Tuve afición á la flauta
cuando estaba en el colegio,
pero la deje muy pronto
por no afectarme del pecbo.
¿Cómo ha de ser! Pero basta
que sea usted á lo menos
un buen orccchicintc. Asi
habrá compás y concierto
en nuestro enlace y unísonas
nuestras voluntades, creo
que sujetos á una clare
no nos desafinaremos.
¿Que' puedo yo responder,
señorita? Soy muy lego,
y hasta que vaya instruyéndome
en ese lindo dialecto...
¡Ohí Con el tiempo...
(Mas fácil
seria aprender el griego.)
Sí, qne el amor vocaliza
principiando por arpegios,
y si hay buena tessitura
en la frase, y se entra á tiempo}
se pasa en una volata,
con auxilio del maestro,
desde un adagio maestoso
á un sf ogato crescendo.
j Que escucho! j Grata sorpresa!
Quien debutta en esos te'rminos
sin duda es facultativo...
No, carina; nada de eso:
aficionado.
No tal
que es musicon estupendo.
¡Dcbolezze!
Ya es inútil
que se haga usted el modesto,
que hasta el parlante descubre
la escuela y el por t amento.
(¡Lleve el diablo esa manía
y esos dicharachos técnicos...
¡Pero están guapa!..)
¿Tenor
bajete?
No. Soy un mero...
partichino buffo.
Vamos,
no se eche usted por el suelo.
¿Quiere usted cantar un aria...
Si usted no me da el ejemplo,
no me atreveré... Non oso...
¡Ah, sí! Tengo tal deseo
de oír á usted...
Por ahora
no es posible. Me reservo
para después, que la voz
si no hay sobriedad y me'todo...
Vamos; sea usted amable.
Aqui se pierden los ecos;
sin auditorio, sin... Vamos,
otra vez será. No puedo.
Ea, no se canse usted.
Ya que son vanos mis ruegos...
(¡Dengosa también!)
No obstante,
cantare el romance nuevo...
¡Bravo! Mil gracias.
(Ahora
que ha cesado nuestro empeño,
quiere ella cantar.)
Oigamos.
Tanta fineza...
¡Silencio!.
(Canta. D. Luis la oye embelesado « \Coin é bello'. Ouale incanto in quel volto onesto c altero! No; giamai le gg i adro tanto non sel pinsc il mió pensiero. U alma mi a di gioja é pieria or che al fin lo pito mirar. Mi risparmia, oh ciel, la pena cli ei mi clcbba un di sprezzar. ~ Mentre gane il cor sommcsso, mcntre piange a te d’ appresso, dormí e sogna, oh dolce oggetto sol di gioja c di dilcttOj cd un arigiol tutelare jion ti dcsti che al piaccr. Triste nolti c vcglic amare dcbbo sola sostener. »
¡Ah! ¡No cabe mas!
¡Bravísima!
¡Divina!
Mucho celebro
haber agradado í\ ustedes.
(¿Q" ¡en no olvida sus defectos
después de oirla cantar!)
¡Ah Remigia! El universo
me va á envidiar tanta gloria.
¿Posible es que yo merezco
esta mano? (Se la loma y la besa.)
¡Ah! Yo estoy loco.
Perdone usted si la beso
enagenado de amor.
¿Cuándo llegará el momento...
Yo serc la mas dichosa.
( Llamándole aparte.)
Dej a ahora esos estreñios
y ve á cobrar esa letra,
porque un novio sin dinero...
Sí. — Deme usted su permiso..*
¿Se va usted?
Vuelvo al momento.
ESCENA VII
(REMIGIA, DON LUPERCIO.)
Ahora ya no tiene usted
escusa alguna.
Mi ge'nero
no será acaso del gusto
de usted. Resido en un pueblo
de provincia hace cuatro años,
y ya ve usted; los progresos
del arte... En fin, allá va,
y perdone usted mis yerros.
(Canta.) »Yo no temo á la ronda de capa,
que soy hombre de brio y de chapa
y en echando á la cara el retaco...
¡Por vida de Dios Baco!..
¡Yaya un pisto!
Se arma la de Dios es Cristo,
y naide tose después,
¡pues!
en toito el Lavapies.
Solo temo el corage
de mi morena
cuando se pone en jarras,
jura, y patea;
que si se enfada,
no valgo nada;
soy un gallina,
soy un chaval,
soy un peal...
¡Ay arrastráa! ¡Ay endina!..
¡Bendita sea tu sal!»
¡Bien, don Lupercio, muy bien!
Mas si digo lo que siento...
¿Que? Yaya...
Lástima da
que quien tiene tantos medios
para hacer furor cultive
genero tan subalterno.
¿Subalterno! Poco á poco,
que también tiene su mérito
el canto bufo.
Tal vez;
Pero donde está lo serio,
lo spianato j lo terrible...
En gustos no hay nada cierto,
y aunque á mí todo me agrada
en la linca de lo bueno,
y asi aplaudo una preghiera
como bendigo un jaleo,
sin duda de la alegría
nació el do-re-mi primero.
Díganlo los pajarillos
cuando con dulees gorjeos
saludan la luz del alba
y los halagos del céfiro.
Sí; el amor y la alegría
crearon el arte ameno,
amable, embelesador
que yo, aunque indigno, profeso.
La ciencia le ha refinado
mas tarde, y en sus progresos
lia llegado á ser, y nada
liemos perdido por esto,
lenguaje convencional
de todos los sentimientos.
Usted dirá lo que quiera,
mas lo buffo es tan plebeyo...
No hay pasión, no hay entusiasmo
dice una mil adefesios...
ESCENA VIII
(REMIGIA, DON LUPERCIO, DON CASIMIRO.)
¡Ah, que' oportuno es usted,
don Casimiro! Celebro...
¿Oportuno! Esa palabra
llena mi alma de consuelo,
y eseúseme usted si en toda
su latitud la interpreto.
Ponga usted, cara Remigia,
á prueba de agua y de fuego
la fiel amistad sincera
de este dilettante siervo
que anhela...
Gracias. Ahora
sea usted juez de mi pleito
con el senor.
(Saludándole.) Idem mió
Servidor... (¡Ente grotesco!)
Es disputa musical.
¡Ah!... ¿Con que el señor...
Entiendo
un poco...
(En voz baja á Remigia.)
Será organista
de Hortaleza ó de Pozuelo.
El señor da la ventaja
á lo buffo, y yo á lo serio.
Pues usted tiene razón
y el señor no entiende un bledo
de geneufonia.
Usted
debe de ser muy maestro
cuando...
No leo una nota;
mas basta tener criterio
y cierta organización
me lo gr álfica en los nervios...
¿Y usted no está organizado
para lo alegre y risueño?
Pues es mucho, porque al verle
me retoza á mí en el cuerpo
la risa.
A un genio sublime,
sobre todo si es del sexo
femenino, sientan mal
las jácaras de un barbero.
Vuelvo á decir que no soy
esclusivo, mas sostengo
que la alegría y el canto
fueron hermanos gemelos ¡
que el primer cantor del mundo,
fuese Juan ó fuese Pedro,
fue un hombre de buen humor
y no ningún epiléptico;
y si es verdad que á las fieras
domó con la lira Orfeo,
probablemente canto
la Cachucha y el Bolero.
¡Horror!..
¡Abominación
¡Heregía! ¡Sacrilegio!
¿Y usted sostendrá también
que el idioma patrio es bueno
para cantar!
¿Por que' no?
Si se lia cultivado menos
que el de Italia para el canto,
no deja de ser por eso
grato, variado, armonioso,...
y en fin, acá le entendemos;
y cuando en su lengua cantan
los franceses y los suecos,
¿por que no han de hacer lo mismo
castellanos y estremenos?
Confúndale, usted, Remigia,
cantando dulces acentos
del pais que Apenin parte
e il mar circonda.
Prometo
escucharla con placer;
pero ustedes no hagan gestos
si yo también, en la lengua
de mi padre y de mi abuelo,
con andaluz desenfado
doy al alma un refrigerio.
Acepto, y calzo el coturno.
Yo la polaina, y acepto.
Canta.
« Casta Diva che inargenti
qucste sacre antiche piante,
ti noi volgi il bel semblante
senza nube e senza vel.»
¡Admirable!
¡Inimitabilc!
¡DeliziosaL. Yo fallezco.
Scusate... Allá voy yo
con mi andante macareno. (Canta.)
«¡Ay, gitana, gitanilla,
que me robas vida y alma!
tú te llevas ¡ay! la palma
en el barrio del Perchel.
¡Ay, presidio de Melilla,
purgatorio de un cristiano!
¡Ay, mal haya el escribano
que me tiene preso en el!»
Bien cantado.
Sí; tal cual...,
pero el tema es chapucero.
¿Quien resiste...
¿Quie'n no aplaude..*
Este encanto...
Este salero....
f (Cantando.) « Tempra tu de’ covi arden ti*
Tempra ancor lor zelo audace;
, Spargi in térra quella pace
l che regnar tu fai nel riel.»
I (Cantando.) «¡Ay, gitana, gitanilla,
'que me robas vida y alma!
itú te llevas ¡ay! la palma
Jen el barrio del Perchel.
¡Ay, presidio de Melilla
[purgatorio de un cristiano! ¡Ay, mal haya el escribano Wjue me tiene preso en e'l!»
Oiga usted la cabalctta.
¡One gracia! ¡Que amor! ¡Ouc fuego!
(Canta.) « \Alij bellol A me ritorna
del jido amor primiero,
c contro al mondo intiero
difesa a te saró.
\Ah bello! A me ritorna
del raggio tuo sereno,
e vita nel tuo seno,
e patria e rielo avró.»
¡Piedad, Remigia, piedad,
que soy de carne y de hueso!
Bien; pero oiga usté' esta jácara
y se chupará los dedos. ( Canta.)
«¡Ay! Sal de chirona,
¡churrú! cuerpo endino,
si alcanza á mi sino
la gracia de Dios.
¡Ay! Dame, gachona,
tu sal y tu dengue,
¡ay, Chula!... ¡y el mengue
nos lleve á los dos!
¿Es esto moco de pavo?
¡Calle usted! Doude está aquello...
Pues aun íalta lo mejor.
Oiga usté'... y cáigase muerto...
( Repiten á dúo su cahaletta y jácara respectivas,
añadiendo al final los versos siguientes):
« 'xAh\ Riedi ancora
qual eri allora,
quando ¡ah! quando
il cor ti dié.»
«:Av, tana mia!
te comería.
¡Ole con ole!
Te comere'.»
Confirmo mi providencia,
y con costas
Pues yo apelo...
No ha lugar j y apercibido.
Yo recuso.
(A Remigia.) ¡Oh, que' portento!
{Sentándose. Don Casimiro se sienta á su
lado ) y hablan aparte.)
Le he contundido. ¡Pobre hombre!
(¡Que' pedante y que' grosero!)
¿Quie'n es ese mameluco?
Es una especie de suegro
en ciernes.
¿Como...
Es el tio
de mi novio.,
¿Será cierto?,
¿Se casa usted!.‘"U.
Sí señor.
Tal vez con algún mastuerzo...
(No me hacen caso.)
An ti armón ico
antiespasmódico, inepto;
con orejas de Beocia,
y el alma á seis bajo cero.
Nada de eso. Es dilettantc...
á su modo, y me prometo...
ESCENA IX
(REMIGIA, DON LUPERCIO, DON CASIMIRO, BLAS.)
( A don Lupercio.)
Por usted pregunta un mozo
con unas maletas...
Bueno.
Voy á colocarlas. Tií
dime cuál es mi aposento.
ESCENA X
(REMIGIA, DON CASIMIRO.)
¡Casarse usted! ¡Que crueldad!
Eso es poner en secuestro
la admiración de Madrid,
porque ¡son tan avarientos
los maridos...
Mi futuro
es muy amable, y no temo
que condene mi afición
al andante y al allegro.
Pero encerrará tal vez
en el ámbito domestico
esas dulces melodías;
querrá ejercer un funesto
monopolio... Y ademas
¡á cuántos y cuántos riesgos
aventura usted su voz!
La maternidad..., ¡oh cielos!
¡La lactancia!...
No me afano
por casarme, no por cierto.
Me es grata la libertad
y no se me pasa el tiempo;
mas la boda es ventajosa,
di ya mi consentimiento,
y por cantar, no renuncio,
á los demas privilegios
de muger.
¡Muger! ¡Qué error!
¿Usted muger! No, que el genio
es incorpórea sustancia.
¡La gloria no tiene sexo!
( Siguen hablando en voz baja.)
ESCENA XI
(REMIGIA, DON CASIMIRO, DON LUIS.)
( Parándose al entrar.)
(¡Oiga! ¿Quién será ese quídam
que tan galante y risueño
coloquio con mi futura? )
(Levantándose.) ¡Ah! Mi novio.
(En voz baja levantándose.) Ese es el reo
No venga yo á interrumpir
á ustedes...
¡Oh! Nada de eso.
Se hablaba de... bagatelas.
Soy un amigo sincero
de esta señorita y justo
apreciador de su mérito.
Sea muy enhorabuena.
Es tarde, vendrá el maestro,
y no me he dasayunado.
lluego á ustedes... Pronto vuelvo.
ESCENA XII
(DON LUIS, DON CASIMIRO.)
¡Ay amigo, amigo mió!..
¿Desde cuándo,..
¡Que feliz
será usted! ¡Que cantatriz!
¡Que capacidad, gran Diol
¿De veras?
¡Que' maravilla!
Cuando usted lo dice... (¡El diantrc
del hombre...) ¿Es usted sochantre,
ó maestro de capilla?
No señor; pero mi tacto
y mi sensibilidad...
Soy voto de calidad
en concreto y en abstracto.
¿Y es posible....¡Usted, oh cielos!.¿
Elegantes de Madrid,
Ecco il ’vincitor... Morid,
de angoscia, y cordogHo, y celos.
¿Tan adorada es Remigia?
Con prendas tan relevantes,
tendría tiernos amantes
hasta en la laguna Esligia.
Y entre tanto adorador,
usted no será el postrero.
¡O kimé! El primero, el primero.
¡Bien lo dice mi dolor!
¿Y su corazón ingrato
reluisa á usted por marido!
¡Si yo no la he pretendido!
Mi fuerte es el celibato.
¡Bien, por cierto!
No lo oculto.
Pero casada, ó doncella,
su canto será mi estrella,
su beldad será mi culto.
¡Oh! Falta que á mí me cuadre..?
La daré fama y prestigio,
y cuando para un Remigio,
será ¡gran Dios! mi comadre.
Pero...
Y sere' tan platónico,
que á usted también de soslayo
podrá alcanzar algún rayo
de mi influjo filarmónico.
(V ase talareandu.)
ESCENA XIII
(DON LUIS.)
¡Oiga usted, seo botarate...
¡Pues voy á pasarlo bien
¿Pero quien
bace caso de un orate?
Yo sere' en mi casa gefe,
y aunque desprecio su charla,
no conseguirá pisarla
semejante mequetrefe.
ESCENA XIV
(DON LUIS, DON ALEJO.)
Querido yerno, salud.
¿Que' es de Remigia?
Almorzando...
Ya es hora de ir al concierto...
¿No ha venido don Donato?
No conozco á ese señor.
Es su maestro de canto.
¡Gran profesor! ¡Celebérrimo!
(D. Donato t alarca dentro.) Pe ro esa voz... No me engaño.
Es el.
ESCENA XV
(DON LUIS, DON ALEJO, DON DONATO.)
Bon giorno.
(Otro apunte
traducido al italiano.)
Fel ices dias, maestro.
Presento á usted el bizarro
don...
Scrvitorc umilíssimo
¿Es este amigo el soprano
que viene de...
( Con voz de trueno.)
No señor.
¡Ah! no; la voz es de bajo.
Perdone usted.
Es mi yerno
futuro, don Luis del Carpió..»
¡Ya ve usted!
Sea enhorabuena.
¿Y Remigia? ¿Está en su cuarto?
No se'...
Voy allá...
Aquí viene.
ESCENA XVI
(DON LUIS, DON ALEJO, REMIGIA.)
( Besando la mano ¿i Bcmigía.)
¡Oh, la bella!
( ¡Pues alabo!..)
Maestrísimo, buenos dias.
¿Que' tal de voz?
Bien.
Veamos..i
Una escala. (La hace Bemigia.)
¡Brava! Ahora,
otra en Ja mayor, trinando.
(Remigia hace otra escala.) ¡Superba! Será preciso
dar el último repaso
á la cavatina.
Es tarde..i
¿Que' importa? Hemos de hacer fiasco
por minutos mas ó menos?
¡Olí! sí; que la cante. Oigamos...
Perdone usted, caro amico.
En presencia de profanos
no ejerzo yo mi sublime
magisterio.
¿Y que' reparo
puede haber... ¿No soj su novio?
Me parece...
Sin embargo
Yo no puedo permitir... ( A Remigia.)
Vamos al otro piano.
Yo reclamo mis derechos.
Los mios son mas sagrados.
La voz de esta señorita,
que es de Madrid el encanto,
su laringe, su faringe,
y cri fin, todo su aparato
caulífero y auditivo,
desde el pulmón hasta el cráneo,
me pertenece, y no sufro
que venga usted con sus manos
lavadas á despojarme
de mi propiedad. ¿Estamos?
Mire usted que yo no vengo
de arar, y bromas á un lado,
señor solfista...
¿Que' escucho!
¿A mí...
No demos escándalo.
El maestro ha hablado asi
movido del entusiasmo
artístico, pero.... Vaya;
no lo decia por tanto...
Si es cierto que me ama usted
modere por breve rato
su impaciencia, y con usura
recompensare ese rasgo
de amable docilidad.
Pero...
Basta. Vuelvo. Vamos.
ESCENA XVII
(DON ALEJO, DON LUIS.)
¿Habrá igual impertinencia?
¿Es ese hombre cirujano,
ó músico? ¡Que' ridicula
disección, y que' tiránico
proceder! Pues yo no quiero
que su escalpelo nefando
me usurpe media muger.
Venga toda, o no me caso.
El hablaba de la parte
intelectual, ó digamos...
No se enfade usted. Son fueros
de la profesión...
¿Quie'n, diablos,
tolera...
A mí, con ser padre,
y dilettante fanático,
tampoco me es permitido
asistir á los ensayos.
Ella, ya se ve, discípula
obediente, no es estraño...
Mas tiene un fondo escelente.
Lo creo; pero, soy franco,
quizá le han viciado un poco
las lisonjas de los fátuos.
¡Cá! No crea usted...
Confieso
que me arrebata cantando,
pero...
¿Quiere usted oirla?
¿Cómo, si aquel Sardanápalo..¿
( Llevándole á la puerta de la izquierda.)
Vaya; entre usted por aquí.
Al concluir ese largo
pasillo está á la derecha
la pieza de los armarios.
Desde alli... Pero silencio,
y cuidado con los trastos...
¡Los trastos... Descuide usted.
Ya me voy acostumbrando.
Oigamos á esa sirena...
Diga usted: ¿podre' ver algo
también?
Si; por la cortina..*
(Me alegro, porque no es manco
el maestro, y la costumbre
de estar siempre tecleando...
Vaya usted....
(Yéndose.) Sí, sí.
Que ya
estarán en el adagio.
ESCENA XVIII
(DON ALEJO.)
Algo cerril es el mozo.
No me maravillo: hidalgo
de provincia.... Pero aquí
le iremos domesticando.
ESCENA XIX
(DON ALEJO, DON LUPERCIO.)
¿Ha vuelto Luis?
Sí señor.
Oyendo está embelesado
á Remigia que repasa
con el señor don Donato
una cavatina nueva.
Canta mejor que un canario;
es una alhaja la nina;
pero eso de hacer escarnio
de la música española...
Su genio pica muy alto?
y no es razón que se humille
á julepes y fandangos.
ESCENA XX
(DON ALEJO, DON LUPERCIO, DON LUIS.)
¡Divina!
¿Era tiempo aún?
Cuatro notas he pescado;
¡pero que' espresion, que' gracia!
Pues eso lo hace jugando.
Luego...
ESCENA XXI
(DON ALEJO, DON LUIS, DON LUPERCIO, DON DONATO, REMIGIA.)
Digo á usted que hará
furor.
¿Cierto?
Sí.
El milagro
será de usted.
Servitorc
de tutti quanti.
ESCENA XXII
(DON ALEJO, DON LUIS, DON LUPERCIO, DON DONATO, REMIGIA, LAURA.)
Un recado
del maestro director.
Están todos aguardando
hace una hora....
¡Ah! ¡Cospel lo!
¡Y nosotros principiamos...*
Via di qua\
( Tomando el sombrero.)
Vamos, tio.
Vamos, don Lupercio.
El brazo.
(Toma el brazo de Remigia.)
(¡Maldito!)
Se queda usted,
don Luis?
( De mal humor.)
No señora. Vamos.
ESCENA XXIII
(LAURA.)
Ya se van, y yo, infeliz,
aqui me quedo entre cuatro
paredes. Y sabe Dios
si echaría yo mi cuarto
a espadas de buena gana,
que también entiendo yo algo
de corcheas y de fusasy
de bemoles y becuadros;
pero como soy sobrina
y huérfana, solo valgo
para ama de llaves. ¡Ah!
Yo también lograba aplausos
cuando mi padre vivia,
y aunque nunca he cultivado
ese ge'nero que llaman
noble, sublime, simpático,
celebraban mi donaire
los tirios y los troyanos.
ESCENA XXIV
(LAURA, DON ALEJO.)
¿Que trac usted? ¿Que' ha ocurrido?
Nada... Me deje olvidado
encima de mi pupitre
el dúo del Belisario.
Anda por el.
Al instante.
ESCENA XXV
(DON ALEJO.)
¡Cielos! Ya estará triunfando
Pero es preciso
que no se alargue el entreacto,
porque sino, don Liborio
se marcha, y será petardo.
ESCENA XXVI
(LAURA, DON ALEJO.)
(. t r {VI i V'j I.. ¡, t 4. I)
Aquí tiene usted el dúo.
(Le da un papel de música.)
(Mirándole.) ¿A ver si has equivocado.. ¿
Ya sabe usted que conozco
la música...
Un tanto cuanto,
pero eres tan torpe...
¡Tío...
¡Eh! No me repliques.
Callo.
Tras de estarla manteniendo...
No hay animal tan ingrato
como un sobrino.
(Paciencia.)
¡Hum.... (Yéndose y cantando.)
Misto de figli al pianto.»
ESCENA XXVII
(LAURA.)
¡Qué tío tan sarraceno!
Por no ver su gesto aciago
¡Jesús! seria capaz
de irme al hospicio. Ah! Bien gano
el triste pan que me da,
¡pobre de mí! ¿Mas que' saco
con afligirme y gemir?
Ea, cantemos, y el diablo
sea sordo, que las penas
dizque se alivian cantando.
(Cauta.) «Viva Dios y arda Navarra,
y arda la guerra civil.
Con mi botijo y mi jarra
naide me tose en Madril.» —
Otro vasito, señora.
¡La aguadora!
¿Quién la bebe? ¿Quién la bebe?
¡Fresquita como la nieve!
Señor, no me guiñe el ojo,
y beba si tiene sed,
que no estoy puesta en remojo
para un mueble como usted.
¡El demonio del usía...
¡Agua fría!
¿Quién la bebe? ¿Quién la bebe?
¡Fresquita como la nieve!
¡Pobre mozo! Hecho una fragua...
Déle usté aire, doña Ines.
A cuarto el vasito de agua:
con azucarillo, á tres.
De la fuente sale ahora.
¡La aguadora!
¿Quién la bebe? ¿Quién la bebe?
¡Fresquita como la nieve!
(Al segundo verso de la siguiente copla llega don (3i), Luis con mal gesto, oye á Laura, se para admirado, y ella prosigue sin verle.)
ESCENA XXVIII
(LAURA, DON LUIS.)
Yo tengo honra por castigo, (Cantando.)
aunque es frágil mi caudal.
No pongo á Juan por testigo...
porque está en el hospital.
Dicen que la culpa es mia...
¡Agua Cria!
¿Quién la hebe? ¿Quien la bebe?
¡Fresquita como la nieve!
Mas con tanto ir y venir
el botijo..., yo no se'...
Denguno puede decir
De esta agua no bebere'.
¿No es verdá, tia Telesfora?
¡La aguadora!
¿Quien la bebe? ¿Quie'n la bebe?
¡Fresquita como lo nieve!»
¡Viva esa boca de sal! (Entrando.)
V olviendo la cabeza.)
¡Ah! ¿Quien... ¡Don Luis!
¡Y ese garbo’,
todo español!
Yo creía
que estaba sola...
Bufando
venia jo del concierto,
y esa voz ha sido el bálsamo
de mi herida.
¡Vaya en gracia!
pero ¿que' viento contrario
le obliga á usté á retirarse
de la función tan temprano?
Ya iba jo un tanto mohíno,
por mas de un triste presagio,
j aunque no me divertía
que otro me estalase el brazo
de mi novia, consentí
en servirla de lacayo;
¡tanto pudo mi deseo
de escuchar su dulce canto!
Entro en la sala, y un títere,
que llamaban comisario
de orden, me manda sentar
á diez varas del tablado,
al cual asciende Remigia
guiada por don Donato.
Concluye su cavatina
entre una nube de aplausos.
Para bajar cuatro gradas
la ofrecen cuarenta manos.
¡Que' de mugeres la besan!
y algunas, si no me engaño,
quisieran llevar ponzoña
en el borde de sus labios.
Ya sobada y babeada,
cual si fuera relicario,
atropellando á las hembras
entran en turno los machos.
Uno suspira, otro brama,
otro la contempla estático,
otro la da un caramelo,
otro ofrece en holocausto
de la amable Filomela
su vida y su alma... de cántaro.
Yo, aunque indigno, también quise
tomar parte en el sufragio
universal, pero fueron
todos mis esfuerzos vanos,
que no bastaron mis codos,
ni bastaran cañonazos
para quitar de delante
aquella legión de zánganos.
Viendo que todo Madrid
se declara propietario
de mi presunta consorte,
dije yo para mi saco:
¿y si después de la boda
me sucediera otro tanto?
¡Zape! No me caso yo
con el bien público. ¿Y que hago?
Doy media vuelta á la izquierda,
me escurro pian, piano,
y haciendo coro al rumor
de los vivas y los bravos,
decia yo en retirada:
¡no me caso, no me caso!
¿Y usted renuncia á la gloria
de poseer ese raro
tesoro!
Sí.
¿Que' dirán
luego que sepan el chasco...
Y si yo me le llevase,
¿no sería mas pesado?
Señorita, estoy resuelto;
y de nú fuga me aplaudo,
pues debo á ella el placer
de haberla á usted escuchado.
Gracias por tanto favor;
pero yo no me comparo
con mi prima. Canto un poco,
asi... por pasar el rato...,
mas no tengo pretensiones
de profesora, ni raptos,
ni e'xtasis, ni crispaturas,
ni en el fogoso arrebato
de una inspiración armónica,
echo á rodar el canasto
de la costura, y me olvido
de la misa y del planchado.
¡Ah, que es usted adorable!
¡Celestial! ¡Ah... (¡Voto al Chápiro!...
Estaba por...) ( Entra don Lupcrcio.)
ESCENA XXIX
(DON LUIS, LAURA, DON LUPERCIO, DON LUIS, ¡T¡0, TÍO!.)
Si supiera usted que hallazgo..;
Te eche' de menos... Pensaba
que te habías puesto malo...
Ño señor; me fastidie'...
Me fucile'. Estaba tan harto
del concurso, de mi novia,
de todo el ge'nero humano...
Pero aquí también hay música,
¡y que' música! Es un pasmo
esta muchacha.
¿De veras?
jAh! Sí, y canta en castellano,
y en el genero sabroso
que usted cultiva.
¡Muchacho!
¿Que me dices? ¡Pues me voy
á volver loco!
No valgo
tanto yo...
Pura modestia.
Sabrá usted cantar el Chairo,
la Manola, la Aguadora...
Justamente la ha cantado
ahora poco, y con un brío...
Lo poco que me enseñaron.
También canto algunos cluos...
¿Dúos? A ver si cantamos
uno los dos? ¿Sabe usted
este de bajo y contralto...
(Cantando ci media voz.) «Yo quiero muger humilde...»
Sí señor.
Pues á cantarlo.
Ya que lo haga mal, no quiero
ser dengosa. Vamos.
Vamos.
«Yo quiero muger humilde,
que ‘no se aparte una tilde
de mi supremo querer.
¡Pobre muger!
Y fuera de lo preciso,
sin permiso
no me gaste un alfiler.
¡Pobre muger 1
Yo quiero mandar en casa,
jo quiero lujo sin tasa
J carruage de alquiler.
¡Aj, que' muger í
Y si no es condescendiente
mi pariente,
jo sabré' lo que he de hacer.
¡A j, qué muger!
Jé; jé...
Jó, jó...
¿Que sí?
Que no.
¿Que sí?
Que no.
Otro tanto digo jo.
Ps i tu sirves para mí,
ni jo sirvo para tí. —
Pues se acabó. — Jé, je, — jó, jó...
Que no, que no. — Que no, que no.»>
¡Bendita sea esa boca...
Tio, óigame usted un párrafo
aparte.
(Se aparta á un laclo y hablan en voz baja.)
Bien. Dime...
Digo
que esa muchacha es el máximum i
de la gracia j la virtud,
que, como dice un adagio,
con la observación j el tiempo
muda de consejo el sabio,
y que me caso con ella
si da usted su beneplácito.
Mas me agrada que Remigia,
pero de golpe y porrazo....
Si arma después don Alejo
una de pópulo bárbaro...
¡Nada! Diga usted que sí:
lo demas queda á mi cargo.
rúes TA digo i que si, aunque salga 1.
por la puerta de los carros.
Laura, ¿podre' sin temor
ofrecer á usted mi mano?
¿Que' escucho? ¿Se burla usted?
No, hermosa. De veras hablo.
Pero así... tan de improviso...
Vaya... Esto es un trabucazo.
Yo seria muy dichosa
con marido tan gallardo,
mas soy una pobre huérfana...
Tanto mejor. Yo me encargo
de dotarte.
Dirá luego
mi prima que la desbanco;
pero la culpa no es mia:
¿verdad, don Luis?... Yo me lavo
las manos....
Resuelva usted.
Señor.... (Cuando pasan rábanos,
comprarlos.) Otorgo.
(Tomándola la mano.) Ob dicha!
Dios os hae:a bien casados.
ESCENA ÚLTIMA
(DON LUIS, ID, DON LUPERCIO, LAURA, DON ALEJO, DON DONATO, REMIGIA, DON CASIMIRO.)
¡Hola! ¿Ustedes por aqui?
Como no nos hemos visto
en la función....
(¡Vive Cristo...
¡Que aun me venga hablando asi!)
Como estaba usted tan alta
no me vio: no es maravilla.
Deje' vacante mi silla...
porque alli no hacia falta.
¿Cómo...
Y salí persuadido
de que para una beldad
de tal notabilidad
soy yo muy pobre marido.
Pero...
Y en un arrebato
de negra melancolía
recordó la anatomía
que me anunció don Donato.
¡Calle!.t.
Y con gesto sardónico
me acorde dando un suspiro
del señor don Casimiro
y su influjo filarmónico.
¡Oíga!....
En fin, cedo la palma
á mas digno campeón,
y me dará la razón
quien lo medite con calma.
¿Cómo.... Repulsar á un suegro
como yo....
Vaya con Dios.
No congeniamos los dos.
Ya quedo libre, y me alegro.
Item. Renunciando al aura
popular, pues cada oveja
se halla bien con su pareja,
he dado la mano á Laura.
¡A ese arrapiezo! ¡Que' oprobio!
(/I parle ci don Alejo.)
Disimule usted, papá. ( Con risa forzada.)
¡Lindo consorcio! Ja, ja.
Di gna es la novia del novio.
Esa risa no me agravia, (Picada.)
porque yo....
¡Paz sobre todo!
( Aparte á Laura.) Déjalos, que de algún modo
lian de desfogar su rabia.
Da su perfidia al olvido. ( A Remigia.)
Tú te emplearás mejor,
que entre tanto adorador
no ha de faltarte un marido.
Y para que otro contrato
no quede también deshecho
yo me reservo el derecho,
de elegir el candidato.
Y yo al dichoso varón
que mereciere \ok dilettol
tan bella mano, prometo
generosa protección.
Pues no baya resentimientos
¡pese al diablo! ya que todos,
cimbros, lombardos y godos,
hemos quedado contentos.
(Cantan Remigia, D. Lupercio y Laura dirigién dase al público.) «Suene ahora un aplauso
con tres bemoles,
siquiera porque somos
tres españoles,
j Anda, salero!
que esa fineza á nadie
cuesta dinero.»