Reparto y preliminares
comedia en un acto
Imprenta De Repullés
1842.
Madrid. — Sala amueblada con decencia. A la derecha
del actor una puerta; otra y un balcón á la izquierda, y
otra en el foro con puertas vidrieras. Entre los muebles ha-
brá sobre un velador una pecera con agua, y en ella un pez.
Esta Comedia, que pertenece á la Galería Dramática,
es propiedad del Editor de los teatros moderno, an-
tiguo español y estrangero; quien perseguirá ante la ley
al que la reimprima ó represente en algún teatro del rei-
no, sin recibir para ello su autorización^ según previene
la Real orden inserta en la Gaceta de 8 de Mayo de 1837,
y la de 16 de Abril de 1839, relativas á la propiedad de
las obras dramáticas.
Acto único
Aparece Mateo tendido en un sofá y roncando. El teatro es-
tá únicamente alumbrado por la luz, ya agonizante, de
una lamparilla puesta sobre una mesa. Al levantarse el
telón suenan dentro fuertes campanillazos.
ESCENA PRIMERA.
DON BENIGNO. DOÑA RAMONA.
D. BENIGNO. (Dentro gritando.)
¡Mateo!
D.ª RAMONA. (Lo mismo.)
¡Jesús...! ¡Mateo!
MATEO. (Levantándose sobresaltado.)
¿Quién... ¡Allá van!
D.ª RAMONA. (Dentro.) ¡Vamos, plomo!
(Mateo bosteza esperezándose, j con mucha sorna
sale por la puerta de la derecha: poco después entran
don Benigno y doña Ramona.)
D. BENIGNO. (Dentro)
¡Por Dios, hombre, dale prisa!
D.ª RAMONA. (Dentro.)
\ Abre con dos mil demonios!
D. BENIGNO. (Dentro.)
¡Gracias á Dios!
D.ª RAMONA. (Dentro.) lQ«é dormir
tan bestial! Echa el cerrojo.
(Entran en la escena don Benigno j doña Ramona; aquel vestido de moro y y esta de vestal ^ y soltando al entrar don Benigno un capote viejo, y doña Ramona su ^capa. Cada cual trac una careta en la mano, ^Poco después entra Mateo.)
D. BENIGNO. ¡Ah! Ya rae veo en mi casa.
; Gracias á Dios poderoso!
El sillón... ¡No puedo mas!
{Se deja caer en una poltrona.)
D.* RAMONA. No te hacia yo tan flojo.
Por una noche de baile...
Yo estoy lista para otro
si se ofrece.
D. BENIGNO. Sea Dios
loado que al alboroto
puso fin del carnaval;
y aunque el ayuno es penoso,
bien venga el miércoles flaco
y mal haya el martes gordo.
Bacanales y chacotas,
bailotees y retozos
y bullicios, no se han hecho
para hombres de tomo y lomo.
Por darte gusto, Ramona,
he sido una noche loco;
pero ¡una y no mas!
D.ª BAMONAi ¿Qué valen
pocas horas de reposo
perdidas por un placer
que es el compendio de todos?
¡Qué variedad de disfraces!
¡Qué universal alborozo!
i Qué música! ¡Qué salón...,
y qué olvido venturoso
de los años y las penas!
¿Quién...
D. BENIGNO. Hermana, yo perdono,
como se suele decir,
por el coscorrón el bollo.
A vosotras las mujeres,
aunque tengáis mas otoños
que un palmar, os vuelve el juicio
la danza, y yo no me asombro;
que, hablando en la gerigonza
política, el sexo hermoso
siempre se inclina al partido
del movimiento. Nosotros
nos conocemos mejor
y de)amos á los mozos
esas locuras. Buen vino,
buena mesa, buenos troncos
en mi chimenea, y paz,
y de la cama al birlocho...,
y mas que el vulgo me llame
estacionario ó retrógrado.
¿No se ha divertido usted,
señor?
Ahi está el negocio.
No hubiera sufrido tanto
toda la noche en un potro.
Antes de salir de casa
ya había sudado el hopo
abigarrando mi cuerpo
con todos estos engorros.
Compromisos de mi hermana
nos agregan cuatro tomos...,
y yo pago los billetes
y el carruage á peso de oro;
y aun esto poco importara,
que nunca he sido roñoso,
pero á mitad del camino
vuelca Simón en el lodo,
y encima de las costillas
me hocican los cinco socios.
Medio á nado, medio á rastras,
mixto entre reptil y congrio,
salgo al fin de la escotilla
cuando Dios llovia á chorros.
El albornoz y el turbante
como puedo me compongo:
para entrar en el salón
me abro paso con los codos,
y ya entonces señalaba
treinta grados el termómetro.
¡Qué confusión! ¡Qué apreturas!
Ya me dislocan este hombro
de un pechugón; ya me pisan
en el callo mas hermoso;
ya en un reflujo violento
de aquel agitado golfo
aturdida una chufera
me mete en la boca el moño;
quiero ver bailar, y dice
el bastonero que estorbo;
busco asiento, y no le hallo;
resuelvo tomar un polvo,
y ¡á Dios caja! Otro empellón
la envia echando demonios.
Salgo al pasillo, y me hielo;
vuelvo al salón, y me ahogo.
La marea, á mi pesar,
me lleva después á un corro
donde al verme unos mozuelos
tan campante y tan orondo,
gritan: un moro, muchachos.
Somos felices. ¡Un moro!
Quien me soba, quien me abraza,
quien me da paz en el rostro,
juegan al tieso conmigo,
me ponen mazas de á folio...,
y me asesinan á fuerza
de caricias y piropos.
Sigo la broma, y repiten;
me quejo, y me llaman tonto;
que cada cual interpreta
la libertad á su modo;
y al paso que ellos son libres
para atosigar al prójimo,
si su talle ó su disfraz
no parece de buen tono,
no le es lícito á un cristiano
el disfrazarse á su antojo.
Entre tanto la careta
me lacera entrambos ojos,
el turbante me derriba,
me duelen los hipocondrios.
Una beata me hiere
con un alfiler de á ocho,
pierdo á mi dama, y me roban
el pañuelo de los mocos.
V^oy al ambigú: ya es tarde;
solo queda medio pollo.
D.ª RAMONA.
j ese flaco, y ese frió,
y el pan.;, cociendo en el horno,
y el agua tarda una hora...,
y me la suben del pozo.
Bajo á las salas de juego;
me encuentro sin saber cómo
entre dos púgil adores
que se sacuden el polvo
sobre un ^^venga acá ese duro'^
y un **quítese allá el tramposo,''
y sin ponerlos en paz
salgo abofeteado y roto.
Harto de tantos percances,
y mustio, y manido, y sordo
de tal guirigay, de tanto
me conoces; te conozco^
decido volverme á casa,
y en aquel pasillo lóbrego
espero mi capa en vano
tres cuartos de hora redondos;
al fin tomo en su lugar
un balandrán asqueroso;
salgo á buscar mi Simón;
no parece: fui tan bobo
que adelantado pagué.,.,
y hé aqui el premio que logro:
á la ida, batacazo
y á la vuelta, á pie. Si cojo
tras de esto una pulmonía
hago un pan como un bizcocho.
¡Pobre señor!
Ya se ve;
como criado en Pancorbo,
tú no sabes los estilos
de Madrid...
Por San Ambrosio,
no hablemos ya del asunto,
que no es hora de coloquios.
Mateo, enciende una vela,
que quiero acostarme pronto.
(Tomando una vela y dividiéndose adonde
está la lamparilla.^
8
Voy al inslante.
(Al encender la vela apaga la lamparilla.)
Por vida...
D.* RAMONA. ¿En qué estás pensando, topo?
D. BENIGNO. ¡Sea por amor de Dios!
D.* RAMONA. ¡Dejarnos ahora ese trompo
á oscuras!
D. BENIGNO. ¿Cómo ha de ser!
Trae la caja de los fósforos
que eslá sobre mi mesilla
de cama. Vé poco á poco.
(Mateo entra á tientas en la alcoba.)
D.ª RAMONA. Dios ponga tiento en sus manos.
D. BENIGNO. ¿Los encuentras?
MATEO. (Dentro.) Ya los topo.
(Sale de la alcoba desatentado.)
¿Dónde está usted?
Por aquí.
(Tropieza en el velador / derriba la pecera.)
¡Jesucristo!
: Malos lobos
n. BENIGNO
D.* RAMONA.
te coman!
¡Vaya por Dios!
¿Te has hecho mal?
¡Ya me ha roto
la pecera!
Tropecé...
¡Maldito! ¿No llenes ojos?
Sí tengo, pero no son
de mochuelo.
¡Alma de chopo!
Por las ánimas benditas,
no riñáis ahora vosotros.
Sin moverte de tu sitio»
Mateo, enciende en el forro
de la caja una cerilla.
(Abriendo á tientas la caja.)
Sí señor: voy...
D.ª RAMONA. (Se dirige al balcón tentando las paredes.)
Es ocioso.
Yo abriré el balcón; que el alba
es ya, sino me equivoco.
D.ª RAMONA.
D.ª RAMONA.
D.ª RAMONA.
{Abre el halcón y empieza á rajar el día, auwen-
tdndose la luz por grados!)
D. BENIGNO. {Santiguándose.)
Bendito sea por siempre
y alabado...
D.* RAMONA.
¡Qué destrozo!
¡Bruto!
D. BENIGNO. La redoma, pase;
¡mas mi pez de grana y oro
palpitando por el sacio
separado de su undoso
elemento... Y es milagro
no andar por aqui el morroño,
que á haberle olido, ya fuera
sepulcro del pez su estómago.
Ponedle en otra vasija,
que es animal en quien pongo
ra¡carillo por callado
y pacífico.
D.ª RAMONA. Sí; corro
á traer la palancana,
ESCENA II.
DON BENIGNO. MATEO,
Desmídame tú, bolonio.
{Le empieza d desnudar.)
Vamos allá.
Lo primero,
quítame este promontorio
de la cabeza. Por fin
no ha sido pesares todo;
que al atravesar la pieza
donde estaban los periódicos
tuve el gusto de abrazar
á don Lorenzo del Olmo
mi buen amigo y paisano.
¿Sí?
Desde el aiio diez y ocho
no le veía. Ha sufrido
mil reveses, mil trastornos,
lO
cárceles, emigraciones...,
mas hoy está fuerte, gordo,
opulento, y muy bien quisto,
y es coronel... Mucho gozo
tuve en verle.
Y yo celebro...
D. BENIGNO. Hoy comerá con nosotros.
ESCENA III.
Don Benigno. doña ramona. mateo
Doña Ramona trae una palancana con agua, ec7ia
el pez en ella y recoge los cascos de la redoma.
D. BENIGNO. (Ya medio desnudo^
¡Cuidado, no me le estruges! —
Sigúeme tú al dormitorio,
y, por Dios, mucho silencio,
que quiero dormir un poco.
ESCENA IV. '
No hay duda. Era don Mamerto.
Sa misma cara, su voz...
El me conoció sin duda
y tomó pipa. ¡Traidor...
Si te echo la vista encima,
falso, no he de ser quien soy,
ó me has de pagar...
ESCENA V.
MATEO. {Cerrando las vidrieras de la alcoba.)
¿Y usted
no piensa acostarse?
D.* RAMONA. No;
que hoy tenemos convidado.
Sí: me lo ha dicho el señor.
D.ª RAMONA. Y es mi cumple años; y hay mucho
que traginar. Ahora voy
á quitarme estos arreos
virginales, y los dos
acordaremos después
los platos que ha de haber hoy.
ESCENA VI.
DON BENIGNO. {E/i la alcoba.)
II
Quien de la noche hace día
se acuesta al salir el sol:
es natural. Esa... bruja,
con mas años que la tos,
aun quiere folias; y ella
es la que al santo varón
de don Beningno ha sacado
de quicio. Al diablo te doy,
cotorrona...
(Suena dentro j hacia la alcoba de don Benigno una
música militar.)
¿Qué es eso?
¿Música en casa? ¡Y por Dios
que están locando de perlas!
Como que me gusta el son,
y casi me baila el cuerpo...
D. BENIGNO. (Dentro tocando en la vidriera.)
¡Mateo!
MATEO. (Acercándose.)
¡Se despertó!
Mándeme usted.
D. BENIGNO. I Qué jolgorio
es ese? O soñando estoy,
ó creo que aun no he salido
de aquel maldito salón.
Es música.
Ya la oigo.
¿Mas qué vecina parió?
¿Qué novedad... Y á estas horas...
Aun no apunta mi reloj
12
las siete.
Como no sea
que la señora...
D. BÉNIGKO. El fagot
me está zumbando en los sesos.
Llama á mi hermana.
Ya voy.
{Desde la puerta de la izquierda^
I Señora!
D. BENIGNO. ¡La hora es cómoda
para un do-re-mi-fa-sol!
ESCENA VIL
DOÑA RAñlONA. MATEO. DON BENIGNO. {En la alcoba.)
D.* RAMONA. {Ya vestida de casa.)
¿Qué quieres?
Yo nada. El amo...
D. BENIGNO. ¿Puedes tú darme razón
del objeto de esa música,
tan molesta y tan precoz?
D.ª RAMONA. Felicitarme con ella.
Hoy cumplo años...
D. BENIGNO. ¡Pecador...
No me acordaba.
D.* RAMONA. Sin duda
habrá corrido la voz...
D. BENIGNO. Aunque tú no eres duquesa
ni gefe de batallón,
pase la música, pero
¡tan temprano! ¡Es un horror!
D.* RAMONA. Aunque estimo el agasajo
no los he llamado yo.
D. BENIGNO. ¡Ya escampa!
D.* RAMONA. Voy á decirles
que se vayan.
D. BENIGNO. ¡Sí, por Dios!
D.ª RAMONA. Habrá que darles un duro...
D. BENIGNO. ¿Eso mas? ¡Válgame Job!
Bien; sí; con tal de que callen,
dales aunque sean dos.
i3
ESCENA VIH.
XATEO. DON BENIGNO. {En la alcoba.)
Un momento después de salir dona Ramona cesa
Ja música,
D. BENIGNO. ¡Señor, que no ha de poder
dormir un hombre de honor
á quien no desvelan trampas,
ni muger, ni...
Ya cesó
la música. Cojo ahora
la ropa, cierro el balcón,
y... pase usted buena noche.—
{Dentro gritería de mujeres.)
¿Mas qué gritos...
D. BENIGNO. ¡Voto á brios!
UNA MUGER. (Dentro.)
¡Embustera!
D.* RAMONA. (Dentro.) ¡Lechuzona!
OTRA MUGER. (Dentro.)
¡Deslenguada!
(Sigue el vocerio.)
D. BENIGNO. Es maldición.
Eslá visto. Ven aquí.
Voy á vestirme.
(Desde la puerta da ropa Mateo d su amo para que
se vista.)
¡Qué atroz
quimera!
La vecindad
toda está en revolución.
EL ALCALDE. (Dentro.)
¡Silencio!
D.ª RAMONA. (Dentro.) ¿Cómo se onliende?
Yo no callo. Soy quien soy,
y ella es una...
D. BENIGNO. (Saliendo d la escena en bata ^ gorro.)
La heroina
de esa trágica función
es mi hermana. ¿Oyes, Mateo?
i4
Por la Virgen de la O,
anda á ver si la apaciguas.
{Mateo sale corriendo.')
EL ALCALDE. {A la puerta.)
Si señora.
».* RAMONA. (Entrando.) No señor.
ESCENA IX.
DON BENIGNO. DOÑA RAMONA. EL ALCALDE.
"El alcalde viene con levita de nacional, insignias
de sargento primero j gorra de cuartel.
EL ALCALDE. ¡Despues que el barrio alborota
á la autoridad insulta!
Ocho ducados de mulla,
ó ¡á la cárcel la marmota!
».^ RAMONA. Hermano, vuelve por mí,
que este sayón me atropella.
EL ALCALDE. La atropelladora es ella.
D.ª RAMONA. No doy un maravedí.
D. BENIGNO. ¿Que es esto? ¡Señor! ¿Qué es eslo?
D.ª RAMONA. Lo diré en una palabra:
que aquella hija de cabra,
culebrón, cara de cesto...
EL ALCALDE. ¿Oye usled? Ya se desata
otra vez en desvergüenzas.
D. BENIGNO. Tiene razón. Mal comienzas.
Al grano. ¿De qué se trata?
D.ª RAMONA. Ahi encima, en las guardillas,
una vecina soez
al son de ruda almirez
entonaba seguidillas.
Oigo el destemplado estruendo,
me asomo por la cocina,
y digo: ¡Por Dios, vecina,
que mi hermano está durmiendo!
Responde por la ventana:
¿Qué es dormir? ¡A buena hora
Yo guiso y canto, señora,
cuando me da la real gana.
i5
¡Canario con los señores!
si tales son, ¡vaya vaya!,
múde?jse adonde no haya
vecinos madrugadores.
Y vuelve con mas ahinco
al canticio y al mortero;
de oiría me desespero;
la digo cuántas son cinco;
colorada como un ascua,
dándome ella donde duele,
me pone, como se suele
decir, de ropa de Pascua.
Ya la casa alborotada,
todos hablan por los codos,
y uno á uno salen todos
los trapos á la colada.
En esto el señor se acerca
y me multa á fuer de alcalde...,
sobre injuriarme de valde
una grandísima puerca.
EL ALCALDE. Aunque usted asi lo cuente
atenuando la cuestión,
por su propia relación
se confiesa delincuente.
Ningún código español
ni privilegio enriqueño
manda que se guarde el sueno
á quien se acuesta con sol.
La Vecina,
estos son hechos, —
con su salsa y su canticio
estaba en el ejercicio
de sus civiles derechos.
Fuera injusta tiranía
consentir que á troche y moche
bailen ustedes de noche...
y ella no cante de dia.
Paso lo de puerca, paso
lo de hija de cabra..., — Soy
tolerante, — pero voy
á lo sustancial del caso.
Si á la casa se consulla,
usted turbó su sosiego,
i6
D.ª RAMOTíA.
D/ RAMONA.
D.ª RAMONA.
I).* RAMONA.
D.ª RAMONA.
no las seguidillas; luego...,
debe usted pagar la multa.
Pero ella...
(^Abriendo una gabela y sacando dinero.")
La autoridad
del barrio llene razón.
Pero...
¿Ocho ducados son?
Tome usted.
{Da el dinero al alcalde.)
;Qué iniquidad!
¡Muger...
Por tu causa riño
con la vecindad...
¡INIíiger...!
No lo cebes mas á perder.
¡Asi pagas mi cariño!
Bien me estaba yo sin él;
y escusármelo debías
si para mostrarlo babias
de alborotar el cuartel.
Ten de raí mas caridad
cuando en caso igual me vea...
y que el remedio no sea
peor que la enfermedad.
Ya con patriarcal pacborra
me dormía, y si tal vez
me arrullaba el almirez,
me despertó la camorra;
y de todo esto resulla,
Ramona, que no he dormido,
y tuya la culpa ha sido...,
¡y yo he pagado la mulla!
Ahora es preciso que toque
otro punto, porque soy,
lo dice el trage en que voy,
autoridad in iilroque.
Si usted no lo toma á mal,
que me reconozca espero
por su sargento primero
en la milicia local.
¿Y á mí qué ley me sujeta...
£L ALCAIDE.
Es usted desde este día
miembro de mi compañía.
Tome usted la papeleta.
(^Examinándola.)
Mi nombre es este; es verdad;
pero, hombre, yo estoy exento...
Lo manda el ayuntamiento.
Es una arbitrariedad.
Y para que usted trabaje
ahi le dejo en la antesala
los diez cartuchos con bala,
y el fusil, y el correage.
No á la voz sea usted sordo
de la Patria...
Eso es magnífico;
¡mas yo que soy tan pacífico
y tan grandevo y tan gordo...
No hay escusa.
¡Hombre, por Dios.,
¡Si la ley...
¡Estacionario!
Exime al quincuagenario,
¡y peino cincuenta y dos!
EL ALCALDE. Usté es hombre de vigor,
recio, de firme estructura,
y á tener mas estatura
pudiera ser gastador.
D. BENIGNO. Aunque en la apariencia sano,
porque me cuido con tónicos,
poseo alifafes crónicos
como cualquier ciudadano;
y en fin la edad...
Fácil es
que haya errado usted la cuenta.
La edad que usted representa
es de treinta á treinta y tres.
No hay tal; y probar espero...
Bien, eso.,., á quien lo mandó. -^
Mañana, de guardia.
¿Yo?
¡Cielo... ¿Adonde...
EL ALCALDE. Al Saladero.
'7
EL ALCALDE,
i8
D. BENIGNO. ¡Oh!
EL ALCALDE. ¿Y á qué vieue ese asombro?
D. BENIGNO. Sin aprender el oficio...
EL ALCALDE. Cuando es penoso el servicio
todos arriman el hombro.
D. BENIGNO. ¿Y si yo pruebo aqui mismo
que solo sirvo de estorbo...
I Ah! ¡No trage de Pancorbo
mi partida de Bautismo!
EL ALCALDE. Ya he dicho que yo no entiendo...
D. BENIGNO. Mas con la fé de mi hermana,
que es tres años mas anciana,
probaré... Tráela corriendo.
D.ª RAMONA. (Sofocada.)
i Tres aiios! No puede ser,
y hablar de edades aqui...
D. BENIGNO. Tráela, y verás...
D.ª RAMONA. La perdí.
D. BENIGNO. Pero...
D.ª RAMONA. Ahur. Tengo que hacer.
ESCENA X.
D. BENIGNO. ¡Oh soxo frágil y vano!
Por no confesar que es vieja,
consentirá esa pelleja
que fusilen á su hermano.
EL ALCALDE. (Yéndose.)
Lo dicho.
D. BENIGNO. Hágase usted cargo...
EL ALCALDE. No hay recurso.
D. BENIGNO. {Cuadrándose j llevando la mano al gorro
militarmente?)
¡Mi primero...
EL ALCALDE. Ó mañana al Saladero,
ó I res guardias de recargo.
ESCENA Xí.
'9
¡Oh Dios de los ejércitos
que en el cielo me oís!
¿hay mas calamidades
que lluevan sobre mí?
Ni el su trido Tobías
ni el humilde David
tantas tribulaciones
pudieran resistir.
I Ay! ¡En hora menguada
me vine yo a Madrid ¡
ESCENA XII.
DON BENIGNO, DON LORENZO,
D. LORENZO. ¡Benigno, amigo... Abrázame.
D. BENIGNO. Con mucho gusto; sí...
B. LORENZO. Antes que tu comida
sazone el peregil «
te vengo á ver, que siempre
tu apasionado luí.
D. BENIGNO. Gracias.
D. LORENZO. ¿Cómo tan triste,
Benigno?
¡Ay infeliz!
Mal haya la galera
que me trajo á Madrid.
D. LORENZO. ¿Pues qué te pasa?
I). BENIGNO. Prófugo
del pueblo en que nací
temiendo los estragos
de la guerra civil,
y ya viudo, á Dios gracias,
del bello serafín
cuyo rabioso genio
tanto me hizo sufrir,
jK)r la paz suspiraba;
¡y la busqué en Madrid!
20
Seis días hace hoy miércoles
que el Manzanares vi,
y ya en ellos fui blanco
de desventuras mil.
Anoche, sobre todo,
lució desde, el cénit
el astro que me aflige,
mas negro que un candil;
y si mal en Pancorbo,
peor me va en Madrid.
Siquiera allí no hay máscaras
como las hay aquí,
ni hermanas que su Enero
transformen en Abril,
músicas, ni almireces,
ni vecinal motín,
ni gefes in ui roque ^
ni multas, ni fusil...
¡Es mucho cuento, amigo,
la villa de Madrid.
D. lORENZO. Si no eres mas esplícilo,
no entiendo, por San Gil...
D. BENIGNO. Me esplicaré despacio.
Ahora baste decir
que tantas desventuras,
jah, nunca lo creí!,
mi proverbial paciencia
han puesto yo en un tris...,
y acabará conmigo
la villa de Madrid.
D. LORENZO. Somos amigos íntimos:
si de algo sirvo, di...
D. BENIGNO. El golpe mas terrible
de mi fortuna ruin
es haberme alistado
en la milicia...
D. LORENZO. ¿A tí?
D. BENIGNO. Las leyes no rne imponen
tal carga concegil;
y aunque mis años cuento...,
los niegan en Madrid.
Mientras presento autentica
3t
la fé de que nací,
que la facción rebelde
no dejará venir,
soldado soy, Lorenzo,
y este cuerpo gentil
irá mañana adonde
diz que solian ir
antaño los que llaman
gorrinos en Madrid.
D. LORENZO. ¿La papeleta...
D. BENIGNO. Mírala. (Se la da,)
D. LORENZO. Yo haré que en la muni-
cipalidad te escusen
de caja y de clarin.
La ley te exime, y basta
que salga yo por tí.
A Dios, que el tiempo vuela.
¡Gracias á Dios que al fin
nn rayo de consuelo
me amaneció en Madrid!
ESCENA XIV.
Don Benigno. doña ramona. casilda
D.* RAMONA. Adelante, señorita,
adelante sin recelo,
que mi hermano es muy benigno;
su nombre lo está diciendo,
y no podrá rehusar,
á fuer de buen caballero,
el amparo que le pide
en &\i amargo desconsuelo
menesterosa doncella
blanco del furor paterno.
D. BENIGNO. ¡Una doncella en mi casa!
Señorita, yo no tengo
22
el honor de conocer...
¡Ah! Sí señor; es muy cierto.
Pero en tal apuro..., á lílulo
íle vecina..., aqui me vengo.
He debido á esa señora
mil corteses cumplimientos
de su ventana á la mia;
y ademas, el buen concepto
que en el barrio goza usted
me ha decidido...
Agradezco
tanto favor; pero, hablando
con la franqueza que suelo,
aun agradeciera mas
que usted me escusara el riesgo
de hospedarla, por razones
que se ocurren al mas lerdo,
y en I re ellas porque, á Dios gracias,
aun tongo mi alma en mi cuerpo,
y para mí no es costal
una niña de ojos negros.
CASILDA. ¡Me arroja usted de su casa!
¡Me niega el agua y el fuego...!
¡Maldición! í! Se cumplirá
mi atroz deslino funesto.
Sí; que la misión fatídica
de este ser perecedero
que llaman muger, y es flor
que besa y destruye el cierzo,
fósforo que alumbra y muere,
ráfaga que pinta en sueños
el delirio del amor,
y fantástico compendio
de tinieblas y de luz,
de triaca y de veneno...
D. BENIGNO. 4 Tú, tú, lií... ¡Qué algarabía...
Déjese usted de retruécanos,
que, á Dios gracias, ya acabaron
las máscaras.
CASILDA. ¡Justo cielo!
El alma de ese hombre es clásica,
fomo es compacto y obeso
23
SU material individuo...
y no es posible entendernos.
Su misión sobre la tierra
es comor como un mostrenco,
dormir como un ganapán,..,
y al fin morirse de viejo.
¡Oiga usted, nina...
En sus fibras
nada responde al acento
del trovador melancólico.
ni su embotado intelecto
analiza los latidos
{Se
de un corazón epiléptico.
sienta con muestras de abatimiento.)
{A doña Ramona.)
¿Qué diablos de gerigonza
es esa, que no comprendo
ni una sílaba?
D.ª RAMONA
Sin duda
perdió la infeliz el seso
víctima de alguna ardiente
pasión...
¡Pues estamos frescos!
¿Por qué has abierto mi casa
á semejante embeleco?
{Levantándose.)
Resuella estoy. ¿Qué es la vida,
sino un vejetal infierno...
¿Qué dice?
D.ª RAMONA
¡Quiere matarse!
Un hierro... Un cordel... Prefiero
la estrangulación. — ¡A Dios!
D.* RAMONA
. ¡Qué lástima!
CASILDA. ¡Y plegué al genio
de las tumbas que algún dia
no te maldiga en el lecho
con infernal carcajada
mi descarnado esqueleto!
D. BENIGNO. {Deteniéndola.)
Espere usted... ¡Pobrecilla!
Capaz será en el acceso
de su demencia... Ea, vamos;
a4
D.* RAMONA
recobre usted el sosiego,
y contando con mi apoyo
dígame, sin aspavientos,
lo que siente y lo que busca.
Siento en mis venas el fuego
del amor, amor i'omántico,
inescrutable y eterno.
¡Eh! Ya presumia yo
que habría amor de por medio.
Y busco hospitalidad
y favor contra un protervo
tirano...
¿Y quién es?
Mi padre.
¡Cómo! ¡Un padre...
Sí por cierto.
¿Y qué padre, ó qué marido,
ó qué tutor, ó qué suegro,
hermano, ó tio, no son
tiranos del bello sexo?
(^ dona Ramona.)
¡Ay! Loca de atar.
No va
tan descaminada en eso.
Amo, porque la misión
de la muger...
Bueno, bueno:
lo sé. Al grano.
Soy amada;
quiero casarme...
; Acabemos!
Mi padre..., ¡bárbaro padre!
no quiere admitir el yerno
que yo le elegí, y furioso
pone mi amor en secuestro,
y ya que no á la Siberia...,
¡me envia á Navalcarnero!
Yo, como aquel general,
á la estratagema apelo
de la fuga, y aqui aguardo
á mi querido Mamerto.
D.ª KAMONA. ¡Mamerto ha dicho.'
25
D. BENIGNO. Eso es dar
un escándalo, y no puedo
permitir... Dígame usted
quién es su padre, y yo espero
convencerle...
CASILDA. No. ¡Imposible!
D. BENIGNO. Y aun mejor en mi concepto
será que se vuelva usted
á su casa. Yo me ofrezco
á acompañarla y...
CASILDA. ¡Jamas!
Antes iré al cementerio.
D.* RAMONA. ¿Mamerto se llama?
CASILDA. Sí.
D.* RAMONA. ¿Su apellido?
D. BENIGNO. Vamos presto:
sino, doy parte...
ESCENA XVi
DON BENIGNO. DOÑA RAMONA. CASILDA. DON MAMERTO.
D. MAMERTO. ¡Casilda í
D.* RAMONA. ¡Es él!
CASILDA. ¡Dueño mió!
D.ª RAMONA. ¡Perro! i
D. MAMERTO. (¡Doña Ramonaí ¡Perdido
soy!)
D.ª RAMONA. ¡Traidor!
CASILDA. ¡Q"é oigo!
D. BENIGNO. ¿Qué es CSlO? J
D.* RAMONA. Ese hombre me pertenece. i
CASILDA. ¿En qué fundas tu derecho, \
senectud? I
D.* RAMONA. Hay tribunales, i
y yo tengo documentos. \
D. MAMERTO. {A Casilda.) {A doña Ramona.) i
¡Mi bien... (¡Maldición!) Señora... \
(¡Condenación!)
D. BENIGNO. ¡Eh! Silencio...
No alborotemos el barrio.
Señorita... Caballero... ^
1
26
D.* RAMONA. Diez años há que me dio
palabra de casamienlo;
huyó después el malvado
y no he vuelto á verle el pelo
hasta anoche...
CASILDA. ¡Fementido!
Después que por tí atropello...
{Hablan todos d un tiempo.^
D.ª RAMONA. ¡Villano! Por él vendí
mis viñas y mis majuelos...
D. MAMERTO. Yo diré...
D. BENIGNO.;P''iZ) por Dios, paz!
No he dormido. Estoy enfermo...
CASILDA. Los mas sagrados deberes;
después que por tí me he espuesto
á una horrible emigración...
D. BENIGNO. Si hablamos todos á un tiempo...
D.ª RAMONA. ¡Comerme mi patrimonio...
D, BENIGNO. ¿Cómo es posible entendernos?
D.ª RAMONA. ¡Abusar de mi candor!
Dar un cuarto al pregonero...
CASILDA. ¡Abominación! ¡Infamia!
D. BENIGNO. ¡Basta!
D. MAMERTO. {A Casilda.)
Miente.
{A doña Ramona.)
Yo no niego...
D.ª RAMONA. ¡Mi honra!
CASILDA. ¡Tu mano, ó la muerte!
D. BENIGNO. ¿Ño hay quien me ampare? ¡Mateo!
D. MAMERTO. ¡Qué situac¡on!
D.ª RAMONA. ¡Monstruo!
CASILDA. ¡Hiena!
D.ª RAMONA. ¡Ah! ¡No pucdo mas!
{Se desmaya en brazos de don Mamerto.)
CASILDA. ¡Yo muero!
{Se desmaja en brazos de don Benigno.)
D. MAMERTO. ¡Maldita! ¡Si te murieras...
D. BENIGNO, Pues señor... del mal el menos.
D. MAMERTO. No VUclvC.
D. BENIGNO. ¿Qu^ haré? ¡Socorro!
ESCENA XVI.
27
Don Siraon Yañez del Fresno
pregunta...
D. MAMERTO. (¡Su padre! ¡Malo I)
D. BENIGNO. Que entre.
D. MAMERTO. (Pies, ¿para qué os quiero?)
{Suelta d dona Ramona en el sillón^ j liuje por la
puerta de la izquierda^
MATEO. {A la puerta de la derecha.^
Que pase usted adelante.
D. BENIGNO, i Agua y vinagre! ¡Corriendo!
{Mateo atraincsa corriendo el teatro ^ sale por la iz-
quierda, j vuelve poco después con agua y vinagre.)
ESCENA XVII.
DON BENIGNO. DOÑA RAMONA. CASILDA. DON SIMÓN. MATEO.
D. SIMÓN. No me engañó la tendera.
Aqui está. — ¡Qué veo! Usted
es el raptor.
D. BENIGNO. ¡Yo raptor!
D. SIMÓN. ¡Con mas anos que Noé
seducir á una doncella!
No me queda mas que ver.
D. BENIGNO. ¡Otro diablo! Usted se engaíia.
D. SIMÓN. ¡\un me lo niega el cruel
con el cuerpo del delito
entre sus brazos!
D. BENIGNO. Pardiez,
si este cuerpo es delincuente
no he delinquido yo en él.
Agua y vinagre.
D. BENIGNO. Por Dios,
acude...
¿A dos de una ^ ez?
D. BENIGNO. Socorre á esa mala pécora:
yo entre tanto... Espna: ven;
2d
mojaremos el pañuelo
en vinagre...
(Lo hace asi^ y lo aplica á la nariz de Casilda. Mateo
procura que vuelva en si doña Ramona.^
D. SIMÓN. ¡Avilantez
como ella! ¡Hija vil...
D. BENIGNO. ¡Cachaza!
Ahora lo que es menester
es...
D. SIMÓN. Que se muera...
D. BENIGNO. ¡Un cristiano
dice eso!
D. SIMÓN. ¡Infame!
D. BENIGNO. ¡Y á quién!
¡A su hija!
D. SIMÓN. ¡Usted la defiende!
¿Qué mas prueba?
D. BENIGNO. ¡Hombre de hiél! —
¡Pobre criatura!
{Casilda se remueve.')
¡Nada!
¡Se aprieta tanto el corsé..;
CASILDA. {Suspirando.)
¡Ay!
D. BENIGNO. Respira.
D. SIMÓN. Sin perjuicio
de acudir maiíana á un juez,
hoy nos veremos las caras
usted y yo.
D. BENIGNO. ¡San Miguel!
Esto me faltaba ahora.
D.=* RAMONA. ¡Ay Dios! Yo fallezco.
MATEO. (Amen.)
D. SIMÓN. Armas, hora, sitio... ¡Pronto!,
que quiero abreviar la sed
de mi venganza.
D. BENIGNO. ¡Diosmio!
Le juro á usted por mi fé
que soy la primera víctima
de ese rapto. Otro doncel...
CASILDA. ¡Ahí Mi padre...
D. SIMÓN. Usté es su cómplice.
D.ª RAMONA.
CASILDA. ¡Padre...!
D. BENIGNO. {Iri'itado.) ¿Hay hombre mas soez?
(A Casilda.)
Ya no hay paciencia... Alma mia,
ya que su mal proceder
me trajo el infierno á casa,
j defiéndame usted con cien
demonios que se la lleven!
(De rodillas.)
Sí, padre mió; á esos pies
confieso...
¡Aparta!
(A dona llamona.) Habla tú,
maldecida de cocer.
(Sin moverse.)
;Ah!
¡Padre!
Mil cogotones
me diera en esa pared.
¡Perdón, perdón, padre mío!
Un hombre sin Dios, sin ley...
Don Mamerto... Él y sus versos...,
y el abate Lammenais...^
y Bug-Jargal... ¡Miserable!
y Cuasimodo... Pequé...
Mi corazón... exa un ton lo,
y mi cabeza... un Babel.
D* SIMÓN. (Algo aplacado.)
¡Hija ingrata! ¡Deshonrar
á un padre que por tu bien
se desvelaba...
CASILDA. Por dicha,
tardío, padre, no es
mi arrepentimiento.
D.ª RAMONA. (¡Ay cielos!
¿Y el mió?)
D. SIMÓN. Alza, mala piel...
Cuando tú veas el sol...
CASILDA. ¡Papá! No lo haré otra vez.
D. SIMÓN. No obstante, irás á un convento
hasta que curada estés
de esa romántica ¡fiebre.
^9
«
3o
D. BENIGNO. Bueno fuera que iambien
la acompañase mi hermaii.T.
D.ª RAMONA. ¿Yo?
D. BENIGNO. Quítese... ¡A la vejez
viruelas!
D, SIMÓN. {A don Benigno.)
Usted perdone,
que la ira...
D. BEWIGNO, No hay de qué;
pero ya estoy tan mohíno «
que me importa un alfiler J|
morir, matar... ¡Voto á brios...
ESCENA XVIII.
DON EEHIGNC. DOÑA RAMONA. CASILDA. DON SIMÓN. EL AL-
EL ALCALDE. {A don Benigno.)
Dése usted preso.
D. BENIGNO. ¿Yo?
EL ALCALDE. Usted.
Ti. BENIGNO. ¿Y quién me prende? ¿El alcalde
de barrio, el sargento... ó quién?
EL ALCALDE. El alcalde y el sargento.
D. BENIGNO. Pero sepamos por qué.
EL ALCALDE. Por encubridor de prófugos
malhechores.
ESCENA XIX.
DON BENIGNO. DONA ñAMONA. CASILDA. DON SIJÍON. FL AL-
D. LORENZO. {Entrando.) ¡Qué oigo!
D. BENIGNO. {Viéndole.) Ven;
sácame de este conflicto;
ó sino, dame un cordel
para ahorcarme.
EL ALCALDE. De esla casa
ha salido habrá unos diez
minutos un perillán
que lia conseguido prender
mi ronda; un tal don Mamerlc.
3 1
D.ª RAMONA.
J
J¡Don Mamerlc!
)
¡Calle! ¿Aquel
¡El seductor!
D.* RAMONA
¡El perjuro!
¿Pero por dónde se fué?
Se descolgó por el patío...,
y usled le ayudó tal vez.
No es verdad. Aqu¡se entró
de rondón...
Cierto.
D.ª RAMONA.
Sí.
Pues.
Alcalde, yo lo aseguro;
^*
y pues ya cayó en la red,
vamos, Casilda, que aquí
nada tenemos que hacer.
Muchas gracias, don Benigno. —
¡Románticas..., aprended!
ESCENA XX.
DON BENIGNO. LONA RAMONA. DON LORENZO. MATEO. EL
D.ª RAMONA. Sohre don Mamerto caiga
la cuchilla de la ley,
que es el hombre mas perverso
que come pan.
EL ALCALDE. Ya lo sé;
y por eso la justicia
dias há andaba tras él;
pero es fuerz.a que el señor
sea arrestado también
hasta que pruebe...
D. BENIGNO. Sargento,
ya he probado hasta la hez
el cáliz de la paciencia,
y por vida de Luzbel
3^
que estoy harto hasta la crisma
de ser tan homhre de hien;
y á mí no me prende nadie,
ó voto á cristas de pez,
que hago antes una de pópulo
bárbaro y arde el cuartel...,
y me prenderá por algo
el que me quiera prender.
D. LORENZO. No lo hará el señor alcalde
cuando sepa el interés
que yo tomo...
EL ALCALDE. jDon Lorcnzo!
En medio de este Babel
no habia visto...
D. LORENZO. Si basta
que yo mi caución le dé...
EL ALCALDE. ¿No ha de bastar? Un sugelo
de conocida honradez
y de arraigo, un defensor
de la patria, un corone.L..
Yo llevado de mi celo,.;,. •.■
patriótico... Ya se ve..., ñiíc/f;
como el preso entre otras gracias
tiene también la de ser
carlista, y estaba fresco
el lance del almirez,
y ese señor repugnaba,
no ha mucho, pertenecer
á la milicia...
D. BENIGNO. Ya he dicho
que me esceptúa la ley.
Yo puedo amar á mi patria
y á Cristina y á Isabel
sin dar que reir al pueblo,
en la guardia, en el reten,
con mis remos de galápago
y mi panza de tonel.
Pago mis contribuciones,
que lio lo hacen mas de seis;
si comercio, abono siempre
los derecjiOS de arancel;
respeto á la autoridad;
33
de nadie rpcibo; prest;
voló según mi conciencia;
no consagro en el papel
sen tijnienlps filanli.'ópjcos
qué fie de desmentir después;
socorro al leal, y cierro
al faccioso mi almacén;
ni voceo, ni conspiro,
pero no adulo al poder,
por la. causa nacional
cualquier sacrificio haré;
pero despojar no puedo
de las canas á mi sien,
de la tos á mis pulmones,
ni de la gota á mis pies; /
ni puedo volverme mozo
siendo ya Matusalén...,
ni para ponerrne ílaco
rae he de quedar sin comer,
EL ALCALDE. Todo eso Será muy cierto,
pero maiíana hará usted
centinela,..
D. LORENZO, No la hará.
Tome usted su baja.
{Le da una papeleta. y
EL ALCALDE. {Examinándola. ^ ¿A ver?
Está en regla.
D. BENIGNO. {Abrazando d don Lorenzo,')
¡Amigo mió!
EL ALCALDE. Haré' que el cabo furriel
nombre á otro, y que recojan
los chismes...
D. BENIGNO. No es menester.
Mateo los llevará,
Con mucho gusto.
EL ALCALDE. Ea pueS,
ya no hay nada de lo dicho.
Que ustedes lo pasen bien.
34
ESCENA ULTIMA.
DON BENIGNO. DOÑA RAMONA. DON LORENZO^
D. LORENZO. I Pobre amigo! ¡Tan honrado,
tan bueno...
D. BENIGNO. ¿Adonde me iré
que lo sea impunemente?
D. LORENZO. ¿Qué sé yo? Difícil es;
que aqui y en todo pais
si el hombre se hace de miel,
moscas le comen.
D. BENIGNO. (Caviloso.) Si hubiera
monges cartujos, á fé «*
que con ellos... — En Madrid
yo no he de acabar el mes. *—
Los cuacaros... Entre cuacaros
estaría como un rey.
D. LORENZO. Despacio lo pensaremos
cuando mas sereno estés.
D.ª RAMONA. Yo, Victima desdichada
de la mas negra doblez;
yo, que te amo tan de veras.
Benigno, te seguiré
adonde quiera que vayas,
á fuer de hermana y á fuer
de criatura sensible
y de compañera fiel.
D. RENiGNO. ¿Tú conmigo? ¡Fade retro!
Ya tu cariño probé,
y todas mis desventuras
acaso han nacido de él.
n.^ RAMONA. Bien sabe Dios...
D. BENIGNO. No te canses,
porque hablas con la pared.
Nuestros genios son opuestos;
y, acabando de una vez,
yo suspiro por la paz;
este es mi supremo bien...,
y no es posible gozarla
al lado de una rauger.