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Manuel Bretón de los Herreros

El abogado de pobres

3 jornadas · 8 personajes · 2,644 versos

Modo

Acto primero

(Personas: CAROLINA; CATUJA; DON RAMIRO; DON GABRIEL; EL MARQUÉS; DON FULGENCIO; CRIADO.)

ESCENA PRIMERA

(DON GABRIEL, DON RAMIRO.)

Don Gabriel

vestirlo para salir de casa, sale de las habitaciones
de la derecha dirigiéndose á la pueita del foro, y al mismo
tiempo viene de la calle D. Ramiro.

Don Ramiro

Ah! va usted á salir...

Don Gabriel

  Sí. Quieres algo?

Don Ramiro

Recomendar á usted... Mas no hay urgencia.
Cuando usted vuelva le diré...

Don Gabriel

  Al momento.
(Dejando el sombrero en una silla.) De cuanto soy, Ramiro, y cuanto valgo
eres dueño: lo sabes.
(Senlán dose en una butaca.) fonda RSieiltO.
(Se sienta en otia butaca D. Ramiro, dejando también sobre un mueble el sombrero.) Para tí todas son horas de audiencia;
ó por mejor decir, no lo es ninguna.
Cuando tanta es la calila importuna
que sin cesar me hostiga
pidiéndome destinos— qué fatiga!,
tú, siendo mi sobrino, y tan amado,
nada exiges, á nadie recomiendas,
y hasta parece que huyes de mi lado.
¿Posible es que tan caro te me vendas!

Don Ramiro

Venero corno á un padre á mi buen lio;
pero á usted en su puesto, a mí en el mió,
ó usted en su dorado gabinete..

Don Gabriel

Donde no hay tregua á mi mortal zozobra...

Don Ramiro

V á mí en la oscuridad de mi bufete,
el tiempo, caro tío, no nos sobra.
Abora bien, ya que usted me oye benigno,
yo, no invocando la amistad y el deudo;
que sólo á la justicia pago feudo,
por un hombre intercedo, que es muy digno...

Don Gabriel

Sin duda lo será, pues tú le apoyas.

Don Ramiro

Ajeno á Jas pandillas y tramoyas
que hacen de España un campo de Agramante,
fiel empleado, inteligente, asiduo,
pero no lisonjero ni intrigante,
sobre su frente dio palo de ciego
un jefe improvisado,
gran repúblico, oh! sí v hombre de estado,
aunque en el ramo que administra es lego.

Don Gabriel

Quizá por ser moderno quedó fuera...

Don Ramiro

No, que cuenta veinte años de carrera;
mas la patria exigía una vacante,
á fin de dar lugar en la plantilla
á cierto redactor de gacetilla,
y el director llamante
de una plumada le dejó cesante.

Don Gabriel

Todos quieren vivir del presupuesto!
Cáncer es este universal, funesto,
que al fin...

Don Ramiro

  Es padre de seis hijos...

Don Gabriel

  Quién?
El agraciado?

Don Ramiro

  No; el cesante.

Don Gabriel

  Ah! bien.

Don Ramiro

(Dando un papel á D. Gabriel.)
He aquí... Perdone usted si le molesto...

Don Gabriel

No.

Don Ramiro

La nota...

Don Gabriel

  No más. Será repuesto.

Don Ramiro

Gracias...

Don Gabriel

  Ahora soy yo quien pide audiencia.

Don Ramiro

¡Cómo...

Don Gabriel

  En los días de tu breve ausencia...

Don Ramiro

Tantos procesos como tengo encima
mi salud quebrantaban, y forzoso
me fué en mas dulce clima
dar al cuerpo y al alma algún reposo.

Don Gabriel

¡Y con el propio ahinco
has vuelto á trabajar!

Don Ramiro

  El día cinco
ha de fallar la Audiencia
la causa de una pobre á quien amparo.

Don Gabriel

Gratuitamente!

Don Ramiro

  Es claro.
Se trata de una herencia
usurpada á una viuda...

Don Gabriel

Yo aplaudo...

Don Ramiro

  Su derecho es inconcuso,
y el tribunal, sin duda,
condenará al ladrón a quien acuso.

Don Gabriel

Bien está; pero tú...

Don Ramiro

  Descomedido
á mi tío y señor be interrumpido.

Don Gabriel

¿Qué importa...

Don Ramiro

  En lo del pleito bagamos punto,
y diga usted qué asunto...

Don Gabriel

  Es el asunto
que en el poder por otros codiciado
mi vida es cada dia mas amarga,
que miro la cartera con enfado
y ansio el momento de soltar la carga.

Don Ramiro

No lo debo extrañar si, como temo,
la situación es critica.

Don Gabriel

  En extremo.
¿Y cómo no ha de serlo cuando Europa,
donde se bacina tanto combustible,
arderá el mejor dia como estopa?
Pues ¿qué diré de la infeliz España?
¿Qué gobierno es posible
donde ludían sin tregua los partidos,
i y tantos son, y á todos la zizaña
los tiene en cien fracciones divididos?

Don Ramiro

Triste verdad es esa y dura plaga
que á las siete de Egipto no va en zaga.
Sin conlar el partido socialista,
polo opuesto del bando absolulista,
ambos en la discordia casi iguales;
sin contar los secuaces del progreso,
todos, quién mas, quién ménos radicales;
sólo en los que presumen de gran seso,
sólo entre esos señores
que son ó afectan ser conservadores,
la gestión del político teatro
disputan tres partidos...

Don Gabriel

  No; son cuatro.

Don Ramiro

Cuatro, dice usted bien, son ya en el dia,
cuatro; v hay todavía
quien para el quinto busca clientela.
Éramos pocos, y parió, mi abuela!

Don Gabriel

Exigentes ó flojos los*amigos,
ciegos en su rencor los enemigos,
¿cómo al puerto arribar cuando la prensa
ó sin razón injuria
ó sin pudor inciensa,
j del erario crece la penuria,
y un parlamento ambiguo,
donde suda el gobierno,
que nunca duerme ó sobre espinas duerme
para que el harto exiguo
número de los suyos no se merme,
le tiene en un suplicio sempiterno?
¿Quién, cuando uñóle dice: empuja! avanza
v otro le recomienda la templanza,
no pierde el equilibrio
entre la tiranía y el ludibrio?

Don Ramiro

Y tal vez en el mismo gabinete,
que es para usted un brete,
y adonde pensamientos tan hidalgos
aportó su acendrado patriotismo,
la interna disensión, el dualismo...

Don Gabriel

Sí; algo hay de eso, y aun algos;
¡y cuando en azarosas circunstancias,
tras de muchas instancias
á la pública hacienda
sacrifiqué el cuidado de la mía,
no falta quien me envidie la prebenda
suponiendo que el público tesoro
á mis arcas afluye rios de oro!
No más, no más! Hoy mismo, si el consejo
sin restricción no adopta y sin enmienda
las medidas, los planes,
fruto de mi experiencia y mis afanes,
á otro mas hábil la cartera dejo
y para siempre del poder me alejo.

Don Ramiro

Hará usted bien.

Don Gabriel

  Tendre sólo un disgusto
al salir de aquel lecho de Procusto.

Don Ramiro

.Cuál?

Don Gabriel

Que no hayas cumplido mi deseo
aceptando un empleo...

Don Ramiro

No! afuera tentaciones del demonio!
Á Dios gracias, vivir independiente
puedo con mi modesto patrimonio.
Empleo! Sin doblar mi altiva frente
y sin gravar los fondos del estado
tengo tuno...

Don Gabriel

  ¡El de abogado
de pobres!

Don Ramiro

  Sí, señor. No es muy brillante,
mas sin temor le ejerzo
de que un advenedizo me suplante.

Don Gabriel

Lo creerá así cualquiera sin esfuerzo.
Abogado de pobres! Ese cargo,
carga mas bien, se impone a un principiante,
pero tú...

Don Ramiro

  Si de oficio
prestan otros, señor, ese servicio,
yo á los pobres consagro mis vigilias
por compasión, y á falta de otros dones,
más de cuatro familias
mi nombre colman ya de bendiciones.
¿Qué ocupación más noble y meritoria
puedo yo ambicionar? Qué mayor gloria

Don Gabriel

Guárdeme el cielo de impugnar, Ramiro,
esa tu santa vocación, que admiro;
mas sin abandonar al indigente,
jpor qué adusto y severo
cierras á los pudientes tu despacho.
Por ventura ¿los miras con empacho?
¿Acaso todo pobre es inocente
y no hay justicia ya donde hay dinero?

Don Ramiro

No soy tan temerario;
¿y cómo lo he de ser cuando contemplo
en usted, caro tio, un vivo eiemplo
que prueba lo contrario?

Don Gabriel

No digas...

Don Ramiro

  Usted, siendo millonario,
teme á Dios, y del prójimo se apiada,
y dar puede á cualquiera,
de alia ó de baja esfera,
lecciones de honradez acrisolada.

Don Gabriel

Grato me es en tu labio ese concepto;
pero cuando podrías con decoro,
ya célebre en el foro,
labrarte una fortuna...

Don Ramiro soneto

  Si á los ricos
mis Bártulos y Baldos intercepto,
no me impone el orgullo ese precepto;
es que al pobre prefiero en mis fatigas,
y como es la hermandad tan numerosa,
en mi estudio pululan como hormigas
y tiempo no me dan para otra cosa.
Sin padres además y sin hermanos;
extraño a! lujo y sus caprichos vanos
que dan para un placer cien pesadumbres,
y aunque parezca mal que yo lo diga,
sencillo y sobrio en gustos y en costumbres)
á acumular riquezas ¿quién me obliga?
Para qué ó para quién las necesito?

Don Gabriel

Si hoy no, quizá mañana...

Don Ramiro

  Nunca!

Don Gabriel

  ¿Sordo
siempre será tu corazón al grito
de la naturaleza? Alguna hermosa...

Don Ramiro

(Oh Dios mió!)

Don Gabriel

  Perdóname si abordo
cuestión tan espinosa, —
te liará un dia caer en el garlito...

Don Ramiro

No caeré.

Don Gabriel

  ¿No eres tú de carne y hueso
como todos?

Don Ramiro

  Por Dios, no hablemos de eso!

Don Gabriel

;Te inclina tu glacial filosofía
al triste celibato?

Don Ramiro

Yo... (Qué tormento!)

Don Gabriel

  Lástima sería...

Don Ramiro

(Con alg-nn desabrimiento.)
Sí, señor! Sí, señor!

Don Gabriel

  Bien, bien; no trato
de hacerte flaquear...

Don Ramiro

  Ya lo supongo.

Don Gabriel

Si de la humana sociedad excluso
quieres vivir en ella como un hongo,
sea muy norabuena. Yo, obediente
á lo que Dios nos manda y está en uso,
trato de dar estado á Carolina.

Don Ramiro

(Ay mísero de mí!)

Don Gabriel

  Su peregrina
hermosura, su índole excelente
y su dote cuantiosa
cebo son para mas de un pretendiente;
mas de uno solo puede ser esposa,
y para resolver este expediente
quisiera que me dieses tu dictámen,
previo maduro exámen...

Don Ramiro

No, señor. Yo me inhibo...

ESCENA II

(DON GABRIEL, 0, DON RAMIRO, CAROLINA.)

(C v rol. (Llega por la puerta <1 el foro.))

Papá...

Don Gabriel

  Qué hay?

Carolina

  Con recado ejecutivo
cita á usted á consejo el Presidente...
Buenos dias, Ramiro.

Don Ramiro

  Dios te guarde.

Don Gabriel

(Se levanta y loma el sombrero: D. Ramiro se 1
vanta también.)
Voy, voy... (Á o. Ramiro.)
  Continuaremos esta tarde.

ESCENA III

(DON RAMIRO, CAROLINA.)

Carolina

¿Sabes que estoy muy quejosa
de tí?

Don Ramiro

  Por qué?

Carolina

  Claro está;
porque eres un descastado.

Don Ramiro

No!

Carolina

De los baños de mar,
perdoqa que te lo diga,
bas vuelto muy montaraz.
¿Por qué, siendo prima tuya,
conmigo esa gravedad
diplomática! Comprendo
que trates así á papá,
que es ministro; pero á.qjí?.,.
¿Qué se ha hecho de la jovial,
confianza que á nuestro trato
inspiraban la amistad
y el parentesco?

Don Ramiro

  No es hoy
mi afecto ménos cordial;
mas (Qué diré?) mis tareas...

Carolina

Yeuero la caridad
con que á ellas te dedicas;
mas ¿no puedes amparar
al pobre sin ser adusto
y esquivo con los demas?
¿Quién dirá que eres mi primo,
mi huésped, mi comensal...
Comensal? Miento, que no
siempre te dignas de honrar
nuestra mesa.

Don Ramiro

  Carolina!...

Carolina

¿Es que te tratamos mal,
ó tan severo en la higiene
como en la moralidad,
quieres de un modo indirecto
enseñarme á ser frugal?

Don Ramiro

Eli! no. Por Dios, prima mia,
no seas tan suspicaz.

Carolina

Hoy mismo nos lias plantado
á la hora de almorzar.

Don Ramiro

Se ha desalquilado, cerca
de aquí, un cuarto principal,
y he ido á verle...

Carolina

  ¿Qué escucho!
Pues, qué! te quieres mudar?

Don Ramiro

Es preciso: va creciendo
mi clientela...

Carolina

  Pues ya!

Don Ramiro

Y un abogado, y de pobres,
es molesta vecindad.

Carolina

Eh! calla. Gracias á Dios,
es la casa harto capaz
para que tio y sobrino,
en su estudio cada cual,
den audiencia á sus clientes. —
Y hay cierta conformidad
entre ellos, pues todos piden,
unos turrón y otros pan.

Don Ramiro

Pero...

Carolina

  No hay pero que valga.

Don Ramiro

Considera...

Carolina

  No ha lugar.

Don Ramiro

Que si yo...

Carolina

  No hablemos de' eso,
*ó los sordos nos oirán.

Don Ramiro

Bien... No te irrites.

Carolina

  Y ahora,
aunque faltes al ritual,
pues sin ser pobre reclamo
tu protección tutelar,
oye una consulta..., gratis,
por supuesto.

Don Ramiro

  Así será.

Carolina

Yo me veo en un conflicto
terrible,... piramidal.

Don Ramiro

Cómo!...

Carolina

  Mi querido padre,
ay Dios!.. me quiere casar.
¿Te ha dicho algo...

Don Ramiro

  De eso hablábamos
cuando llegaste.

Carolina

  Pues, ay!
cierto es, demasiado cierto.

Don Ramiro

Y eso te hace suspirar?

Carolina

Ay! Sí. Anciano y achacoso,
ántes que el descanse en paz
quiere que un marido sea
escudo de mi orfandad.

Don Ramiro

Miren qué grave conflicto!
Un novio! ¿De cuándo acá
se lia atribulado por eso
una doncella?

Carolina

  Ahí verás!

Don Ramiro

Qué!...

Carolina

  Y aun si fuera uno solo
le podría capear;
pero dos...

Don Ramiro

  No es maravilla.
Tu mérito sin igual...

Carolina

Crees tú que tengo alguno?

Don Ramiro

Cómo no?

Carolina

  Gracias, galan.
Así quiero yo que me hables,
y no con la seriedad
imponente de un letrado
delante del tribunal. —
Ahora quiero que me digas
con toda sinceridad
cuál do mis dos postulantes
debe llevarme al altar.

Don Ramiro

De uno ya tengo noticia.

Carolina

¿Hablas del señor feudal...

Don Ramiro

Sí, del gárrulo marqués
que vino aquí de Canfranc...
ó no sé dónde...

Carolina

  Es burlesco
personaje, si los hay;
pero tanto, aunque plebeya,
le enamora mi beldad,
que se digna de elevarme
hasta su ilustre solar,
que cuenta, él lo dice, siglos
y siglos de antigüedad.

Don Ramiro

Oiga! ¿Desciende ese... príncipe
por ventura de Guzman
el Bueno...

Carolina

  Pica mas alto.

Don Ramiro

Del Cid? De Ataúlfo?

Carolina

  Bah!
Su alcurnia es contemporánea
del diluvio universal.

Don Ramiro

Pues si tan largo abolorio
acredita, no cabrá
el archivo de su casa
dentro de una catedral.

Carolina

Un docto genealogista
prueba...

Don Ramiro

  ¿Qué no probarán
ellos!

Carolina

  Que el Marqués desciende
del mismísimo Tuba!.

Don Ramiro

Pues eso, tú y yo como él
lo podríamos probar,
y si nuestro noble origen
remontamos hasta Adan,
¿qué rey de armas, Carolina,
no lo certificará?
Pero, en resúmen, ¿qué vale'
por sí solo en nuestra edad
un título nobiliario?
Si el de ese pelafustán
al santo Noé recuerda
y su arca descomunal,
otros diluvios después
se han encargado de dar
á la guia aristocrática
el volumen de un misal.

Carolina

Periodista es el segundo
de superior calidad,
y estadista y publicista...

Don Ramiro

No tiene algún isla mas?

Carolina

Sí, bolsista.

Don Ramiro

  Ah! Don Fulgencio...

Carolina

Tú le acabas de nombrar.
Qué opinas de él?

Don Ramiro

  Que es un fatuo,
un pedante, un charlatán.

Carolina

Ese no ostenta blasones...

Don Ramiro

Pero con roas vanidad
que don Rodrigo en la horca,
el ansia de figurar
le atosiga, y no hay empleo,
incluso el de senescal,
que inferior no le parezca
á su alta capacidad.

Carolina

Bravo!

Don Ramiro

  Demasiado rígido
es á tus ojos quizá
este juicio...

Carolina

  Nada de eso.

Don Ramiro

Yo á fuer de primo leal...

Carolina

No me puedo yo ofender
do que digas la verdad.
¿Crees tú, pues...

Don Ramiro

  Que infestados
tus dos amantes están
de la enfermedad reinante.

Carolina

Virgen santa del Pilar!
Del cólera?

Don Ramiro

  No. Tremenda
es esa calamidad,
pero pasajera al fin.
Hay otra peste social
que, si Dios no lo remedia,
con España acabará,
y de esa te hablaba yo:
de ese contagioso alan
de goces y devaneos
que á todos sacando va
(le su quicio, desde el procer
altivo hasta el menestral,
ínfulas de hombre de pro
muestra cualquier perillán;
el que ayer vistió zamarra
hoy gasta levita y frac;
y con botas de charol
Maritornes va á comprar.
Es ya rancio anacronismo
la modesta sobriedad
con que ántes se contentaban,
los que no tenían más,
con su honrada medianía
y limpio aunque pobre ajuar.
Guerra de muerte declaran
al decoro y la moral,
ya la comezón del lujo,
ya el prurito de medrar;
á unos ciega vil codicia,
á otros orgullo infernal,
y llaman, en el dialecto
de su uso particular,
donaire á la desvergüenza,
al perjurio habilidad;
y para ellos todo es lícito,
todo..., menos trabajar.

Carolina

Ese discurso merece
una mitra episcopal,
y de él saco en consecuencia
que en mis novios — ¡lindo par
de maulas! — al interés
sirve el amor de disfraz;
que ínclito infanzón el uno,
pero de pobre caudal,
quiere con mi pingüe dote
su penuria remediar,
•y que el otro, diputado
y escritor ministerial,
si mi mano solicita
es también porque querrá
que le dé el presunto suegro,
como regalo nupcial,
alguna plenipotencia,
aunque sea en el Catay.

Don Ramiro

Si ninguno de los dos
te agrada...

Carolina

  Cómo agradar?
Me apestan.

Don Ramiro

  Pues ¡calabazas!
es rni conclusión fiscal.

Carolina

dime: ¿es el abogado
quien receta ese manjar,
ó el primo..., ó tal vez...

Don Ramiro

  (Ay triste!
Ahora sospechará...)
No me mueve otro deseo
  i
que el de tu felicidad.

Carolina

Mil gracias.

Don Ramiro

No creas...

Carolina

  (Oh!...)

Don Ramiro

Mi consejo es imparcial.

Carolina

Bien, pero si no lo fuese,
nadie podría extrañar
que...

Don Ramiro

  No soy tan necio...

Carolina

  Dale!
No es tuya la necedad,
sino mia.

Don Ramiro

  Oh!...

Carolina

  Tu consejo
es saludable, eficaz;
pero tardío.

Don Ramiro

  Ah! por qué?
¿Media acaso algún formal
compromiso...

Carolina

  Median dos,
el mió y el de papá.
Tiene el Marqués en su apoyo
la paterna autoridad...

Don Ramiro

Ah!...

Carolina

  No tanto por su título
como porque, servicial
y condescendiente, sabe
captarse la voluntad
de mi iluso padre, á quien —
beatitud patriarcal! —
suele con su bufonadas
servir de grato solaz.
Tal vez cuando me propuso
tan descabellado plan
le hubiera yo resistido,
si no alegara además
otra razón muy plausible
á que no osé replicar.
Perseguido en una lucha,
civil — jcuándo acabarán! —
  o
hubiera muerto mi padre
sin la generosidad
con que el difunto Marqués,
no obstante ser su rival,
le dio en tan amargo trance
favor y hospitalidad.

Don Ramiro

Laudable es su gratitud,
mas no el empeño tenaz
de que tú te sacrifiques
á la obediencia filial.

Carolina

Tal pensaba y pienso yo;
pero mi agudo pesar
facilitó á don Fulgencio
la triste oportunidad
de declararme su amor,
y recordando el refrán
de un clavo saca otro clavo,
yo me dejé alucinar
por la estudiada pasión
y hueca verbosidad
con que postrado á mis piés
me pidió el sí conyugal.

Don Ramiro

Y le diste!

Carolina

  Sí, Ramiro;
tanta fué mi ceguedad!
Mas pronto me arrepentí
de aquel pecado mortal,
porque petulante y sándio,
á la ménos perspicaz
hubiera hecho conocer
con su cháchara vulgar
que todo es cálculo en él
y aparato teatral.

Don Ramiro

Retírale tu promesa
y plántale en el zaguan,
ya que te ofuscó en mal hora
su música celestial.

Carolina

Ay, tú no estabas aquí!

Don Ramiro

(Turbado.)
Cómo!... ¡Tú... ¡Yo...

Carolina

(Reprimiéndose.) (Paso utras!)
Lo (ligo porque, como eres...
neutro...

Don Ramiro

(Con prontitud.)
  Neutral.

Carolina

  Bien, neutra!.
Si me hubieras dado entonces
el consejo que hoy me das,
no me veria yo ahora
en este berengenal.

Don Ramiro

Á cualquier hora se puede,
Carolina, retractar
un sí imprudente, y tu padre,
ni en el suyo insistirá,
ni si revocas el tuyo,
será tan irracional,
que á su hija amada y única
niegue un bilí de indemnidad.

Carolina

Mas yo á vencer no me atrevo
mi temor al qué dirán.

Don Ramiro

Pues, hija...

Carolina

  Sólo lo baria,
cuando pudiera excusar
con otro amante mas digno
mi aparente veleidad.
Tú, querido primo...

Don Ramiro

  Ah!

Carolina

  Qué?

Don Ramiro

(Me ama! Tendré que emigrar!)
Oh! sí, un tercero en discordia
sería... Tú le tendrás
cuando quieras. ¿Cómo no,
siendo tan hermosa y tan...

Carolina

Lisonjero!

Don Ramiro

  No: lo digo
con...

Carolina

(i romeamente. ) Con imparcialidad.
Le tendré ó nó, porque yo
no le he de solicitar.

Don Ramiro

Cierto.

Carolina

  Una mujer no puede
sin nota de liviandad
decir á un hombre: «yo te amo;
tú eres el helio ideal
que anhelaba el alma inia;
tú mi gloria, tú el imán
de mis sentidos»..., toda esa
algarabía manual
que prodiga el sexo fuerte
con franqueza militar.

Don Ramiro

También hay hombres que tienen
pudor...

Carolina

  Orgullo dirás.

Don Ramiro

Llámale orgullo en buen hora;
mas su propia dignidad
rechaza ese privilegio
para otros tan natural.

Carolina

Si eres tú uno de ellos...

Don Ramiro

  Yo...

Carolina

Respeto esa austeridad
de filósofo impasible
y ese pudor virginal.

Don Ramiro

íM el dictado de filósofo
corresponde á mi humildad,
ni los filósofos tienen
el alma de pedernal.

Carolina

(¡Me ama, y por no confesarlo
se dejaría matar!)
Ahora bien, primo doctor,
¿podré sin temeridad
rogar á usted que me saque
de este pantano?

Don Ramiro

(con calor.) Sí tal.
Yo convenceré á mi tio
de que es una atrocidad
su proyecto, y á tus novios
arrojaré de- ese umbral
si es fuerza. Tan bella causa
no he defendido jamás,
y abogado ó campeón,
en ella sabré mostrar
la elocuencia de un Demóstenes
y el esfuerzo de un titán.

Carolina

Bien! Magnífico!

Don Ramiro

  ¿Te ríes!

Carolina

Perdona mi hilaridad; —
yo no soy jurisconsulta.
Casi lloraba poco ha,
¿y no quieres que me ria
viendo, rara novedad!
tan expansivo á Catón
y á Licurgo tan marcial?

Don Ramiro

Tienes razón á fé mia.

Carolina

Pues riamos á la par,
que el lance no es para ménos.

Don Ramiro

(Con risa forzada.)
Riamos, sí... (Es celestial!)

Criado

(Á la puerta del foro.)
El Marqués...

Carolina

  Oue éntre, (Váse el cria

Don Ramiro

  Me iré...

Carolina

Nó. Para alegrarnos más,
como llovido del cielo
viene ese ente singular.

ESCENA IV

(CAROLINA, DON RAMIRO, EL MARQUÉS.)

El Marqués

Con mas gozo que la alondra
á la estrella matutina,
saluda á usted, Carolina,
el amor que me atolondra.

Carolina

Discreta salutación!

Don Ramiro

(Mentecato!)

Don Ramiro

  Es un proemio
con que explico, sin apremio,
mi rendida adoración.
Ni es de admirar mi lisura
cuando— dichoso proyecto! —
soy futuro, aunque imperfecto,
de tan linda criatura.

Carolina

Yo estimo...

El Marqués

  Oh dulce sonrisa!
¿Y cuándo termina el plazo
en que indisoluble lazo
ha de unir...

Carolina

  No corre prisa.

El Marqués

Cómo no? Sí tal.

Carolina

  No tal.

El Marqués

Pero ¿á qué viene ese enfado...
Ah! no había reparado
que nos oye mi rival.

Carolina

(Rival!)

Don Ramiro

(Ap.) (á Carolina.)
  Qué dice ese necio?

El Marqués

¿Conque estaba usted aquí,
señor don Fulgencio...

Don Ramiro

  Eh?

El Marqués

  Muy
señor mió y de mi aprecio.
Yo...

Carolina

(Á D- Ramiro.)
  Es divertida la escena!

El Marqués

Sí; ¡juntarse en un estrado
el amante desahuciado
y el que esta de enhorabuena!
Mas ¿cómo ha de ser, amigo!
Yo he triunfado; usted no es lego,
y dehe...

Don Ramiro

(Con Carolina en voz baja.)
  Está ese hombre ciego?

Carolina

No; tonto.

El Marqués

  Eh?... Pues, como digo,
no porque en nuestra contienda,
como ocurre en más de trece,
á quien ménos la merece
se adjudique la prebenda...

Carolina

Poco á poco! Todavía...

El Marqués

Me mire usted de reojo.
Si me viese en tal sonrojo,
sabe usted lo que yo baria?
Soltar á la risa el trapo...

Carolina

(Riendo.)
Eso, eso!

El Marqués

  Y echarlo á broma.

Don Ramiro

Sí, señor. (Rompe á reir.)

El Marqués

(Á Carolina.) Oiga! Pues toma
mi consejo..,- Guapo, guapo!

Carolina

(Sin dejar de reir.)
Yítor!

El Marqués

(íín voz baja )
  No abuses... Silencio!...
(Acercándose á D. Ramiro.) Ya ve usted... (De gozo brinco!)
Ea, vengan esos cinco...

Don Ramiro

(Con enfado.)
Eh!

El Marqués

Calle! No es don Fulgencio!
(Riendo.) Bueno lia estado el quid pro quó\

Don Ramiro

Sov...

Carolina

  Es mi primo Ramiro.

El Marqués

Ya veo, ahora que le miro
de cerca... (Soltando u na carcajada )
  Já! já! jó, jó!...
¡Y yo creia... Salud
y gracia al docto letrado,
al benéfico abogado
de pobres... Rara virtud!
Noble abnegación!... No obstante,
creo — el diablo sea sordo! —
que no hará usted caldo gordo
con parroquia semejante.

Don Ramiro

Qué le importa á usted?

El Marqués

  Á mí?
Nada; pero lo decia
por...

Don Ramiro

  Pudiera ser que un dia
la aumentase usted.

El Marqués

  Yo!

Don Ramiro

  Sí.

El Marqués

No soy un Creso, en verdad,
porque tengo un mayordomo
que me... Pero tanto como
pobre de solemnidad...

Don Ramiro

¿Cómo— sólo en un etíope
cabe tal inocentada—
sin parecemos en nada
me tomó usted por...

El Marqués

  Soy miope.
Y hoy...— tal vez será un mareo,
ó que están los nervios flojos —
no sé qué siento en los ojos,
que apenas los bultos veo.

Don Ramiro

(Con malicia.)
Ha almorzado usted?

El Marqués

  Ó escasa
es la luz, ó no estarán
los lentes muy...
  (Saca el pañuelo y hace ademan de quitarse los an teojos para limpiarlos.) Voto á San!.,.
Me los he dejado en casa.

Don Ramiro

Pche!...

El Marqués

  Distracción.

Carolina

  (Badulaque!)

El Marqués

Las suelo tener mayores.
Todos los grandes señores
padecemos este achaque.
Esto no es decir que yo
me desvanezca y me engría
con la alta categoría
á que pertenezco, no;
al contrario, singular
en todo...

Carolina

  Oh! sí.

Don Ramiro

  (Monigote!)

El Marqués

Nada tengo de Quijote
y mucho de popular.
No gusto yo, verbi gracia,
de briosos palafrenes
y el lujo, el fausto, los trenes
que ostenta la aristocracia.
Desdeño de buena fe
todo ese inútil boato,
y, como aquel caricato...,
me ne vado sempre á pié,

Don Ramiro

(Ap.) (con Carolina.)
Si no tiene el pobreton
sobre qué caerse muerto,
¿qué milagro...

Carolina

  Eli! me divierto
con su gentil sans~fazon.

El Marqués

Hablo con exactitud.
Juro al apóstol Santiago
que, aunque ustedes digan que hago
de necesidad de virtud...

Carolina

No tal...

El Marqués

  Aunque mi caudal
lian mermado las estafas...
Pero el chantre de las gafas...
Sin ellas estoy muy mal. —
Haré que vaya un sirviente...

Carolina

Qué veo!

El Marqués

  Aunque sude el hopo...

Carolina

No! (Santi guándose.)
  Jesús!...

El Marqués

  ¿Qué...

Carolina

  ¡Alma de chopo,
las lleva usted en la frente!

Don Ramiro

(Tentándosela y poniendo luego en su lugar los an¬
teojos.)
Cierto, sí. Humana miseria!
Me las alcé — vaya un lance! —
para leer el alcance
que lia publicado La Iberia.
Al entrar en el portal
me lo ha prestado Samper,
y me alegro de saber...

Carolina

Qué hay?

El Marqués

  Crisis ministerial. —
Salió papá?

Carolina

  Sí.

El Marqués

  Dijo algo?

Carolina

No.

El Marqués

  Habrá ido al ministerio...

Carolina

Sin duda.

El Marqués

  El asunto es serio.
Voy corriendo como un galgo...
Pronto seré sabedor
de quién cesa y quién no cesa...
Adiós, próxima marquesa!
Primo en cierne... servidor!

ESCENA V

(CAROLINA, DON RAMIRO.)

Don Ramiro

Oh! ¿y con ese botarate
te has de casar, Carolina?

Carolina

Qué be de hacer? Papá se obstina...

Don Ramiro

No. Qué oprobio! qué dislate!

Carolina

No quiero á ese mamarracho
y odio á su competidor;
pero si...

Criado

(a la puerta d e I foro.)
  El Procurador...

Don Ramiro

Bien; voy... Que éntre en mi despacho.
(váseel Criado.) Antes que uno ú otro apunte
venzan, prima, tu desden,
debes dar tu mano...

Carolina

  A quién?
Á cualquiera transeúnte?

Don Ramiro

No; pero me llega al alma
que no haya, siendo quien eres,
quien merezca...

Carolina

  Ya! y prefieres...

Don Ramiro

Qué?

Carolina

  Que me entierren con palma.

Don Ramiro

No; mi egoísmo no es tal...
Es decir...

Carolina

  (Ni á hablar acierta.)

Don Ramiro

Ánimo! Si sale cierta
la crisis ministerial,
uno de tus dos amantes
no sostendrá la campaña,
y al otro, con tiempo y maña..»

Carolina

Sí. Acude á tus litigantes.

Don Ramiro

De tu aversión participo...

Carolina

Bien, sí.

Don Ramiro

  Y juro al Ser Supremo
que, temprano ó tarde, quemo
mis libros, ó te emancipo.

ESCENA VI

(CAROLINA.)

Carolina

Si no me ama, no se alarme
tanto por mí; que es capricho
muy singular... ¿Quién le ha dicho
que yo quiero emanciparme?—
Con frecuencia los diarios
de una y otra cofradía
combaten la teoría
de los hombres necesarios.
Yo, siguiendo otro sistema,
de uno solo mi remedio
aguardo..., y demedio á medio
me ha cogido el anatema.
Pcrjo ese único mortal
que miro con simpatía,
ese único á quien yo haría
mi ministro universal,
no advierte que así discurro,
aunque harto lo manifiesto,
por demasiado modesto...
ó demasiado cazurro.
Dudo... espero... Qué agonía!
Si hablo, mal; peor si callo,
y con dos crisis batallo,
la de mi padre y la íifíia.
Papá el timón de la nave
deja... quizá sin dolor;
yo me abraso en ciego amor...
Cuál es la crisis más grave?
La mía, dirá cualquiera,
la mi a, si echa de ver
lo que va de hombre á mujer
y de un alma á una cartera.—
Mas si á don Fulgencio espanto
y del Marqués me redimo
coa ayuda de mi primo,
del mal el menos! —En tanto,
diré, parodiando aquí
un dicho, célebre ya:
¡Salve Dios á mi papá...
y no se olvide de mí!

Acto segundo

ESCENA PRIMERA

(CAROLINA, DON GABRIEL, DON FULGENCIO.)

(Aparecen sentados: á la derecha O. Gabriel y D. Fulgencio, y á la izquierda Carolina bordando.)

Don Fulgencio

Conque es verdad?

Don Gabriel

  Sí, señor.
He sometido al Consejo
de ministros las medidas
sin las cuales no podremos
conjurar la bancarrota
y galvanizar el crédito;
pero de ocho votos cinco
desaprueban mi proyecto.
Siendo tal el resultado,
ya ve usted que...

Don Fulgencio

  Sí; va infiero....

Don Gabriel

Que no puedo con decoro
seguir en el Ministerio.

Don Fulgencio

Sí, en cierto modo, es verdad;
mas puede darse otro sesgo
al asunto. No es prudente
sostener á sangre y fuego
esa firmeza espartana,
sublime, que yo venero;
pero estéril y tal vez
peligrosa en estos tiempos.
Combatido el Gabinete
por contrarios elementos,
sólo puede conservarse
con cierto equilibrio, cierto...

Don Gabriel

No entiendo yo, señor mió,
de equilibrios y escarceos.
Cuando la dolencia es grave,
la lanceta y el cauterio,
no emplastos madurativos,
lian de curar al enfermo.

Don Fulgencio

Ya; pero peor que el mal
pudiera ser el remedio.
Qué diantre! ¡Ahora una crisis,
cuando bogaba con viento
en popa la situación,
y yo esperaba...

Carolina

  (Un empleo!)

Don Gabriel

Ah, cómo se engaña usted!
Aunque al parecer sereno
nuestro Olimpo artificial,
el nublado no esta léjos.

Don Fulgencio

Cuando leí la funesta
noticia en un suplemento,
paparrucha! dije yo
para mí. Soñaba el ciego...

Don Gabriel

No es sólo á la oposición
aplicable ese proverbio.

Don Fulgencio

Comocada día cunden
esos rumores siniestros,
y salen falsos...

Don Gabriel

  Pues siempre
tienen algún fundamento.
Lo normal en este siglo
es no vivir con sosiego,
y aunque otra cosa sostenga
la comedia de don Pedro
Calderón, acá en España
«siempre lo peor es cierto.»

Carolina

(Tiene razón!)

Don Gabriel

  No lo digo
por mí, que sin pena dejo
el mando...

Don Fulgencio

  (Eso dicen lodos!)

Don Gabriel

Y más gano yo que pierdo
con retirarme á la vida
privada.

Carolina

  (Es verdad!)

Don Fulgencio

  Lo creo.
No obstante, el hombre de estado»
no puede obrar de ligero...

Don Gabriel

Cómo! yo...

Don Fulgencio

  Quiero decir
que hay vínculos y respetos
de que no puede en conciencia
prescindir.

Don Gabriel

  Vamos con tiento.
Para juzgar de la mía
sólo Dios tiene derecho.

Don Fulgencio

Moralmente hablando, otorgo;
políticamente, niego.

Carolina

(Calle! con que hay dos conciencias,
la moral y... No lo entiendo.)

Don Gabriel

Con argucias escolásticas
no probará usted...

Don Fulgencio

  Sí pruebo.
Usted no se pertenece
á sí mismo.

Don Gabriel

  ¿Soy yo siervo
de ál guien?

Don Fulgencio

  Sí, de la opinión
pública; del Parlamento.

Don Gabriel

Bah, bah! Sobre esa materia
mucho hay que hablar, don Fulgencio.

Don Fulgencio

El ministerio tenía
mayoría en el Congreso.

Don Gabriel

Poco segura; y mis planes
no son para ella un misterio..

Don Fulgencio

Antes de dar ese paso,
que puede comprometernos,
usted debió consultar
á los prohombres del gremio.

Don Gabriel

Basta. A los piés de la Reina
ya mi dimisión he puesto.

Don Fulgencio

Tan pronto!

Don Gabriel

  Y esta disputa
es ociosa: á lo hecho, pecho.
Á la Reina y al país,
no a los disidentes, debo
responder de mi conducta,
y si usted es uno de ellos...

Don Fulgencio

(Transijamos.) No, señor.
Siempre he sido íiel adepto
de usted, y á capa y espada
le he defendido y defiendo.
Si por mi amor al bien público
he sido un tanto severo,
perdone usted, don Gabriel:
me desdigo y me arrepiento.

Carolina

(Oh!...)

Don Fulgencio

  Es tanta la autoridad
de usted, y de tanto peso
sus observaciones...

Don Gabriel

  Pche!

Don Fulgencio

Que con ellas me convenzo.
Pero aun podrá conjurarse
la tormenta...

Don Gabriel

  No lo espero.

Don Fulgencio

Acaso usted, como á mí,
persuada á sus compañeros.

Don Gabriel

Yo he dicho ya mi ultimátum.

Don Fulgencio

Ellos quizá no.

Criado

(Desde la puerta.) Este pliego.

Don Gabriel

(Toma el pliego, lo abre y lo lee para sí.)
Dame.

Carolina

  (Qué será?)

Don Fulgencio

  Es sin duda
del Presidente... Apostemos
á que...

Don Gabriel

  No. Su Majestad
me llama — El coche al momento.

(Se levanta y toma el sombrero: D, Fulgencio se levanta también: el Criado se retira.)

Don Fulgencio

Ah! para encargar á usted
sin duda que forme nuevo
gabinete. En ese caso
vo me brindo...
•i

Carolina

  (Ay Dios eterno!)

Don Gabriel

No sé...

Carolina

  (Es capaz de pedirle
la cartera de Fomento.)

Don Gabriel

Lo mas probable es que admita
mi dimisión.

Don Fulgencio

  (Ah! lo temo.)
Aun siendo así, que lo dudo,
largo será el interregno,
y podrá usted liacer algo
por sus amigos y deudos.

Don Gabriel

Qué lie de hacer? ¿Cómo...

Don Fulgencio

  Yo aspiro.,.

Carolina

(Pues! Ya ha parecido aquello.)

Don Gabriel

Á qué?

Don Fulgencio

  Ya lo sabe usted:
á la honra de ser su yerno.

Don Gabriel

Es que yo...

Don Fulgencio

  Esa circunstancia
plausible, unida á mis méritos...

Don Gabriel

(Cuáles?)

Don Fulgencio

  Me ali?nia á pedir...
No es mucho lo que pretendo.

Don Gabriel

Qué?

Don Fulgencio

  Una plaza de ministro...
No en España: en otro reino.

Don Gabriel

No hav vacante.
  u

Don Fulgencio

  Eso, ¿qué importa?
se hace una...

Carolina

  (Pues!)

Don Fulgencio

  Y laus Deo.

Don Gabriel

Ni es ese mi ramo, ni...

Don Fulgencio

Si el óbice está en el sueldo,
con que me bagan Senador
me daré por satisfecho,

Don Gabriel

Eh?

Carolina

  (Seráfica modestia!)

Don Fulgencio

Á ese honorífico premio
puedo optar...

Don Gabriel

  Pero...

Don Fulgencio

  Y con él
no gravaré el presupuesto.

Don Gabriel

Son tantos los Senadores,
aunque todos beneméritos,
que para uno más tal vez
no hay ya en la cámara asiento,
Y en suma, ¿qué facultad
tengo yo, que ya soy cero,
para conferir destinos?

Don Fulgencio

Qué, no hará usted testamento?

Don Gabriel

No, señor.

Don Fulgencio

  Ejemplos hay...

Don Gabriel

No sigo tales ejemplos.
No tengo la gracia yo
de testar después de muerto.

Don Fulgencio

Si es usted tan nimio...

Criado

(Á la puerta.) El coche. (Se retir-a.)

Don Gabriel

Cada cual tiene su genio...
Pero consuélese usted.
Puede que los cinco miembros
que han votado contra mí
formen otro ministerio,
y entonces usted, que invoca
y ensalza los privilegios
de la mayoría, acaso,
sin que á mí me zumbe el pueblo,
logre que refrende un vivo
el suspirado decreto.

(Hace una salutación muda y váse.)

ESCENA II

(CAROLINA, DON FULGENCIO.)

Don Fulgencio

(Acercándose á Carolina.)
Pasmado estoy... ¿Es quizá
cómplice mi dulce bien
del impensado desden
con que me trata el papá?

Carolina

No me incumbe esa cuestión.
¿Qué entiendo yo de política,
y si es crítica ó no es crítica
la presente situación?

Don Fulgencio

Yo conté con el apoyo
de la que es su hija y mi dama.
Carolina, usted no me ama!
usted quiere echarme al hoyo!

Carolina

Eso, no.

Don Fulgencio

  Nunca creí,
ciego en mi pasión ardiente,
que á usted fuera indiferente
lo que me interesa á mí.

Carolina

Yo... (No sé cómo dorarle
la píldora.) Yo...

Don Fulgencio

  Cruel!

Carolina

(Monosílabos en él
y dejémosle que charle.)
Yo... Si...

Don Fulgencio

  Ingrata! ¿Para qué
pedia yo con urgencia

Don Fulgencio

  La plenipotencia
de Prusia ó de Londres...

Carolina

  Pelie!..

Don Fulgencio

Para que tú te lucieras
con tan alta investidura
v admirasen tu hermosura
en las cortes extranjeras.

Carolina

Ah!... Oh!..

Don Fulgencio

  Al firmamento azul
lo juro; solo por tí
al exministro pedí
la noble silla curul.

Carolina

Sí?

Don Fulgencio

Sí, mi gloria, mi sol.

Carolina

¡No habría mal alborot
si me dieran voz y voto
en el Senado español!

Don Fulgencio

No es eso: es que los deberes
de los cargos distinguidos
atañen á los maridos
y su brillo á las mujeres.
Es que (Recobrar anhelo
con mi labia el ascendiente.)
ver quisiera yo en tu frente
todos los astros del cielo.

Carolina

(Jesús!...)

Don Fulgencio

  Y que maravilla
fueras de esta villa y corte.. J
al mostrar yo tal consorte
en la corte y en la villa.

Carolina

(Bostezando.)
Ah...

Don Fulgencio

  Mi dichoso himeneo.... j

Carolina

(Ya que es inútil mi ardid,
con permiso de Madrid
pediré auxilio á Mor feo.)
  (Finge dormirse.)...Y’

Don Fulgencio

(No me atiende! ¿Es que medita
alguna frívola excusa,
ó su conciencia la acusa...
(Acercándose más.) Se ha dormido!)
  (Alzando la voz.) Señorita!

Carolina

(Fingiendo despertar.)
Ah!

Don Fulgencio

Soy yo algún estafermo?

Carolina

Nada de eso.

Don Fulgencio

  Un maniquí?

Carolina

No.

Don Fulgencio

Usted se burla de mí.

Carolina

No me burlo; es que... me duermo.
(Gozo en abatir su orgullo.)
Es tanto lo que ine embarga,
me subyuga y me aletarga
de esa elocuencia el arrullo,
que he dado una cabezada...

Don Fulgencio

Qué escucho! (Mujer traidora!)

Carolina

Perdón! Yo...

Don Fulgencio

  ¡Salirme ahora
con semejante embajada!

Carolina

Algo pesada es la broma,
porque...

Don Fulgencio

  Es una felonía.

Carolina

Porque usted preferiría
la de París..., la de Roma,

Don Fulgencio

Olí!...

Carolina

  Pero no están vacantes.

Don Fulgencio

Hum!...

Carolina

  Y ni yo ni papá
podríamos darlas ya.

Don Fulgencio

¡Voto á...

Carolina

  Ya ve usted, cesantes!.

Don Fulgencio

¿Por qué esa boca perjura
pronunció el plácido sí
que ahora...

Carolina

(Levantándose.) Es Verdad, le dí
en un rapto de locura;
pero no le he confirmado,
y antes mi fisonomía
ha dado á usted cada dia
mas muestras de desagrado. —
Y el sí fué condicional.

Don Fulgencio

Condicional! (Pierdo el juicio.)

Carolina

Quiero decir, sin perjuicio
de la obediencia filial.
Ahora bien, de la reyerta
que ha tenido usted aquí
con mi papá infiero...

Don Fulgencio

  Sí;
que debo tomar la puerta.

Carolina

No tanto; pero el mas lerdo
dirá que no le está bien
otorgar mi mano á quien
con él está en desacuerdo.
Ya ve usted que — Dios lo quiso
por el bien de ambos quizá —
el disenso de papá
me absuelve del compromiso.

Don Fulgencio

No espere usted... (¡Todas son
lo mismo!) que yo me aflija
por...

Carolina

  En suma, padre é bija
liemos hecho dimisión.

Don Fulgencio

Bien está: yo lo celebro.
No tema usted que mi labio,
del cual sin pena (yo rabio)
ha oido mas de un requiebro,
en injurias se desate
contra la bella voltaria
que hoy me trata como á un pária
Y ayer...

Carolina

  Yo no...

Don Fulgencio

  Disparate!
Tal proceder es anexo
á un enemigo con faldas,
y no es mengua hacer espaldas
á la inmunidad de! sexo. —
Pero el señor don Gabriel...

Carolina

¿Qué...

Don Fulgencio

  Llorará su desvío:
yo se lo juro.

Carolina

  Ay, Dios mió!
Se batirá usted con él?

Don Fulgencio

No. Pasa de los sesenta...

Carolina

Los cumplió por Navidad...

Don Fulgencio

Y esa es otra inmunidad
que debo tener en cuenta.
Pero, pues la imprenta es libre,
pronto verá el insolente
que no se aja impunemente
á un hombre de mi calibre.
Ya su bandera no sigo,
y él verá...

Carolina

  Qué? Me consterno.

Don Fulgencio

Que si malo para yerno
soy peor para enemigo.

Carolina

Qué hará usted?

Don Fulgencio

  Mi saña inmensa
le perseguirá importuna
con la voz en la tribuna
y con la pluma en la prensa.

Carolina

Ay! no. Embote usted los tilos
á esa arma terrible, aciaga.
(Si otro riesgo no le amaga,
podemos dormir tranquilos.)

Don Fulgencio

Y no dirá Su Excelencia,
aunque de estoico presuma,
que le divierte mi pluma
y le arrulla mi elocuencia.

ESCENA II

(CAROLINA.)

Carolina

Hable y baga lo que quiera.
Menos su impotente cólera
temo yo, que me enfadaban
sus galantes paradojas,
y no hará en el limpio nombre
de papá mella ni sombra
un hombre cuyo descrédito
y nulidad nadie ignora.
Mi primo, que le aborrece,
celebrará su derrota
tanto como yo.
  (A la puei ta de la izquierda.) Ramiro!
Á ver si se anima ahora...

ESCENA IV

(CAROLINA, DON RAMIRO.)

Don Ramiro

Me llamabas?

Carolina

  Dame albricias.
Ya don Fulgencio abandona
el campo.

Don Ramiro

  Bien! bien!

Carolina

  La crisis
me ha librado de ese posma.

Don Ramiro

Lo esperaba.

Carolina

  No pudiendo
su impertinente retórica
recabar de mi buen padre
que conserve la poltrona,
le pidió una credencial
extemporánea...

Don Ramiro

  Sí; postuma.

Carolina

Y papá se la negó.

Don Ramiro

Bravo! Ya contra ese cócora
le había yo hablado al alma,

Carolina

Sí? De su soñada novia
espera mejor despacho;
suspira, ruega, perora;
mas tan feliz coyuntura
yo aprovecho, y entre bromas
y véras al alto honor
renuncio de ser su esposa.
Despedido de hija y padre,
en fin, con toda la pompa
de la ignominia, convierte
en denuestos las lisonjas,
y sin poder reprimir
el pesar que le devora,
se larga con viento fresco
cantando la palinodia.

Don Ramiro

Carolina, yo te doy
mi enhorabuena con toda
el alma.

Carolina

  Gracias, Ramiro.

Don Ramiro

Hombres de tanta bambolla
no pueden tener amor
sino á su misma persona

Carolina

Cierto.

Don Ramiro

  Más mereces tú.

Carolina

De véras?

Don Ramiro

  Ah! sí. Esa boda
habría de ser infausta
para tí.

Carolina

  ...Para mí sola?

Don Ramiro

También... (¿Qué iba yo á decir!)
También...

Carolina

  Dilo. (No habrá form
de hacerle espontanearse.)

Don Ramiro

Para el tio. Eres su joya
de mas precio...

Carolina

  (¡Qué salida
de pavana!)

Don Ramiro

  Y sin zozobra
no veria á su hija única
víctima de un...

Carolina

  (Me sofoca.)
En fin, libre de tal riesgo
ya estoy, y eso es lo que importa.
Ahora falta que también
me deje en paz el carcoma
del Marqués.

Don Ramiro

  Harto será,
si obtenemos una próroga,
que él mismo no dé ocasión
para...

ESCENA V

(CAROLINA, DON RAMIRO, EL MARQUÉS.)

El Marqués

  Éccomi quá, paloma!
¿Conque en efecto papá
pertenece ya á la nómina
de los excedentes?

Carolina

  Sí.

El Marqués

Y siguen la misma norma,
según cuentan, otros dos
cómplices.

Carolina

  Eh?

El Marqués

  Digo, colegas.

Don Ramiro

Hum! colégas.

El Marqués

  Qué más dá?
Lo esencial no es la prosodia,
sino el hecho. Don Gabriel,
que á mi amistad oficiosa
nada oculta, me dirá
si es parcial ó no en la órbita
ministerial el eclipse
que de cien maneras glosan
los noticieros.

Carolina

  Papá
ha salido.

El Marqués

  ¡Es fuerte cosa
no poder hoy darle caza...
Pues, querida, ya se nota
en las veletas políticas
la mudanza de la atmósfera.
El famoso don Fulgencio —
lo sé de su misma boca —
con armas y con bagajes
se va á pasar— qué deshonra!—
á la oposición.

Carolina

  Bien hecho.

El Marqués

Y ya á ios suyos convoca.

Don Ramiro

Son muchos?

El Marqués

  Cuatro amigotes
que con él comen y votan.

Don Ramiro

Terrible falange!

Ya
pide Ja palabra en contra,
y aun no se ha abierto la cámara.
Como no ignoro qué mosca
le ha picado y le conozco,
su conducta no me asombra.
Yo, á fuer de amigo constante
y yerno á prueba de bomba,
en defender al caído
fundo mi gozo y mi gloria.

Carolina

Olí energía! ¡oh...

El Marqués

  Voy volando,
aunque sude cada gota
como el puño, á trabajar,
a inquirir... Adiós, hermosa!

Carolina

Buen viaje!

Don Ramiro

  (Títere!)

El Marqués

  ¡Guerra
de exterminio á los apóstatas!

ESCENA VI

(CAROLINA, DON RAMIRO.)

Don Ramiro

Él lo sería también,
aunque su lealtad encomia,
si tu padre, como á ser
ministro de la Corona,
á las fincas renunciase
y á las rentas de que goza.
¡Ay, todo es en este mundo
mentira, farsa, tramo va!

Carolina

Oh! sí, y tus declamaciones
me van ya haciendo filósofa.

Don Ramiro

Te burlas?

Carolina

  Poco me falta
para renunciar á modas
y tertulias y teatros
y retirarme á una choza..

Don Ramiro

¿Qué oigo! ¡Tú...

Carolina

  Mas sabe Dios
las hablillas maliciosas
á qu 3 daría lugar
resolución tan heroica.
No; el claustro más bien... Qué opinas?
Haria yo buena monja?

Don Ramiro

¡Por Dios, Carolina... Yo...
Esa pregunta es capciosa,
y yo ni puedo...

Criado

(Llega con ur.a carta, la entrega d Carolina y ráse.)
  Esta carta...

Don Ramiro

Ni debo...

Carolina

  Es de Barcelona.
Será de mi buena amiga...
Sí, sí, la letra es de Antonia...
Voy con tu permiso... Quiero
contestarla sin demora.
(Yéndose.) (Llega á buen tiempo; que crece por momentos mi congoja, y aunque el alma lo desea, tiemblo ya de hablarle á solas.)

ESCENA VII

(DON RAMIRO.)

Don Ramiro

No sé qué va á ser de mí
si un di a más se prolonga
el insufrible tormento
que el corazón me destroza.
Ya me halaga una esperanza
tan dulce como ilusoria;
ya en perspectiva el temor
de un desaire me sonroja;
v si el desaire me aterra
me avergüenza la victoria.
¿Por qué be vuelto yo á Madrid,
Carolina, si esta loca
pasión no acierto á vencer,
y nunca avenirse logran
con la razón que me arredra
el instinto que te adora? —
Fuerza sera...

Catuja

(Á la puerta del foro.) ¿Es el Señor
don Ramiro Sanz cíe Moría
á quien...

Don Ramiro

  Servidor de usted.

Catuja

Gracias...

Don Ramiro

  Pase usted, señora.

ESCENA VIII

(DON RAMIRO, CATUJA.)

Catuja

Vengo á implorar el favor
de usted... Pero tengo miedo
de incomodar...

Don Ramiro

  No?.. ¿En qué quedo
servir á usted?

Catuja

  Mi rubor...

Don Ramiro

(Qué querrá?)

Catuja

  Tengo hambre y sed
de justicia.

Don Ramiro

  Eso no es raro.

Catuja

Y solicito el amparo
de usted...

Don Ramiro

  Bien. Siéntese usted...

Catuja

Gracias. (Se sienta.)

Don Ramiro

  Y diga el asunto...

Catuja

Ay, Dios! Yo, señor de Moría,
soy natural de Cazorla...

Don Ramiro

Bien; eso...

Catuja

  Hija del difunto...

Don Ramiro

Hable usted con laconismo,
le ruego, y si la cuestión
no es saber su filiación
y su pila de bautismo...

Catuja

Es verdad: á mi derecho
nada concede ni niega
ser yo andaluza ó gallega;
pero...

Don Ramiro

  Bien; vamos al hecho.

Catuja

Ayer llegó á mis oidos
que funda usted su delicia
en administrar justicia
á los pobres desvalidos.

Don Ramiro

No soy juez, sino ahogado,
y no siempre me deleito...
Vaya, sobre qué es el pleito?

Catuja

Ay! sobre un desaguisado...

Don Ramiro

Cómo!

Catuja

  Yo.'. Infeliz mujer!...
Fui... Me da tanta vergüenza...

Don Ramiro

Preciso es que usted la venza
si nos hemos de entender.

Catuja

Ay! sí. Pues, señor, yo fui
doncella...

Don Ramiro

  (Fui!)

Catuja

  Ce labor
en una casa de honor...
Miento; que en ella perdí...
All!... (Se cubre la cara con las man09

Don Ramiro

  Entiendo.

Catuja

  Enorme delito!
Cruel traición!

Don Ramiro

  Vamos, hija,
no llore usted, ne se aflija.
Quién fué el reo?

Catuja

  El señorito.

Don Ramiro

Lo de siempre. Es mucho cuento!
Pero ese llanto...

Catuja

  Ay, señor!
Lloro su infamia y mi error,
su perjurio y mi escarmiento.
Mi resistencia fué larga,
pero aun más su obstinación.
La ocasión hace el ladrón...

Don Ramiro

Sí.

Catuja

Pues, el diablo las carga.

Don Ramiro

Ya.

Catuja

Pero antes, y Nemesia
la nodriza fué testigo,
juró casarse conmigo
por delante de la iglesia. —
¡Y apenas pasó un trimestre,
dejándome un corto auxilio
huyó de su domicilio!
Qué conducta tan silvestre!

Don Ramiro

Y no dijo adonde fué?

Catuja

No! Y para mayor quebranto—
otra vez me ahoga el llanto —
blanco de su mala fé
que todas las leyes huella,
ay, mísera! tal me vi,
que de la casa me fui.*.
antes que me echasen de ella.

Don Ramiro

(Infeliz!...) ¡Hubo pues... vástago...

Catuja

Ay! Sí, señor. Nueva cruz
que Dios quiso... Le di á luz
en otro lugar..., en Bástago.

Don Ramiro

Siendo madre...

Catuja

  Av!

Don Ramiro

  Ese mérilo
se hará en los autos valer...

Catuja

Lo fui!

Don Ramiro

  (Diantre de mujer!
Todo es en ella pretérito.)

Catuja

Bello era como un Narciso;
péro, ay! al octavo di a
Dios le dió una alferecía
que le llevó al Paraíso. —
Viendo yo cercano el fin
de mis menguados ahorros
y sin recibir socorros
de aquel hombre aleve y ruin,
con mi luto y mi mancilla
me dirigí — suerte fiera! —
en asiento de tercera
á esta coronada villa,
donde sin soltar— qué afan! —
ya la plancha, ya la aguja,
la aperreada Catuja
gana un pedazo de pan.

Don Ramiro

Bien; se entablará el litigio...

Catuja

Eso, eso! ¡y guerra perene...

Don Ramiro

Y espero... Mi nombre tiene
en el foro algún prestigio,
y si hay alguna probanza
escrita, es casi seguro...

Catuja

Firmar no quiso el perjuro
la cédula de ordenanza;
mas si el tribunal da fe
á la nodriza de márras,
que abora está en las Alpuj arras...

Don Ramiro

(Échale un galgo!) No sé...

Catuja

Pero amén de eso, el traidor,
durante una breve ausencia,
cartas me escribió en Valencia
jurándome eterno amor.

Don Ramiro

Eso no valdrá gran cosa
si sólo contienen bellas
frases...

Catuja

  Sí; que en una de ellas
me llama adorada esposa.

Don Ramiro

Ah!

Catuja

Tres cartas y un testigo...

Don Ramiro

Bien; las leeré sin demora.
Démelas usted, señora.

Catuja

Ay! no las traigo conmigo.
Como no puedo, ay de mí!
pagar los emolumentos...

Don Ramiro

Eb! — Qué bago sin documentos?

Catuja

Dudé...

Don Ramiro

  Quién se viene así?

Catuja

Como un pobre siempre piensa
lo peor...

Don Ramiro

  Sólo por eso
merece usted...

Catuja

  Yo confieso...

Don Ramiro

Que le niegue mi defensa.

Catuja

Ay Dios!

Don Ramiro

  La acepto, no obstante...

Catuja

Bendigo al Supremo Ser
que me...

Don Ramiro

  Y poco he de poder
ó la saco á usted triunfante.

Catuja

Tanta dicha... Ah! vo me atonto...
  «i
yo me...

Don Ramiro

  Bien: quiero ver hoy
las cartas: vaya usted...

Catuja

  Yoy...

Don Ramiro

Y vuelva con ellas pronto.

Catuja

Pero antes, esta mezquina
merezca besar los pies...

(Se arrodilla y Ramiro la obliga á levantarse. )

Don Ramiro

Eh! no: ili antes ni después...
Alce usted!...

ESCENA IX

(CATUJA, DON RAMIRO, CAROLINA.)

Carolina

  All!

Don Ramiro

(Para sí.) Carolina!

Carolina

¿Quién es...

Catuja

  Beso á usted la mano,
señorita.

Carolina

  Servidora.
No conozco á usted, señora.

Catuja

Tampoco yo á usted: es llano.
Nunca hasta ahora mi pié
tuvo e! honor...

Carolina

  Soy discreta...

Don Ramiro

Ha venido...

Carolina

  Y si es secreta
la sesión...

Don Ramiro

(Sonriéndose.) Olí! SI...

Carolina

  Me iré...

Don Ramiro

No te vayas, ó me ofendo.
La joven que está delante
es...

Carolina

  Ya; alguna litigante...

Catuja

Claro está.

Don Ramiro

  Y vo la defiendo.
  o

Carolina

Como la vi de rodillas...

Don Ramiro

Si ella tomó esa actitud;
no fué...

Catuja

  Fué por gratitud.

(Los celos la hacen cosquillas.)

Don Ramiro

Constante en mi vocación...

Carolina

Sí.

Don Ramiro

Bien puedo sin pecar
á una cuitada amparar
que me pide protección.

Catuja

No ha habido en mi acción sincera
estudiada escaramuza.
Porque una sea andaluza
/ha de ser carantoñera?

Carolina

Quién dice tal cosa? oh! ¿quién...
De Cádiz ó de Granada?

Catuja

No; nacida y bautizada
en el reino de Jaén.

Carolina

Basta. (Ya mi error advierto.)
(Á D. Ramiro.) Chanza ha sido: no te enfades.

Catuja

Ay! tras de mil tempestades
su caridad es mi puerto,
y si con ella me exalta,
¿es justo que se me tilde
porque suplo con lo humilde
lo que de rica me falta?

Carolina

Bien! (Á Ramiro.)
  Lindamente se explica.

Catuja

¿Yo... ay Dios!...

Carolina

  Por qué ese suspiro?

Catuja

Lindezas!...

Carolina

  ¿Sabes, Ramiro,
que es muy graciosa esta chica?

Catuja

Quizá algún dia lo fui,
mas ya aquel viento no sopla.
Ay! bien dice aquella copla:
«Aprended, flores de mí»...

Carolina

No mas. Ya, como él, ampara
á usted...

Catuja

  Quién?

Carolina

  Mi corazón.
/Qué mas recomendación
que ese llanto y esa cara?

Catuja

Madre de Dios!... Tanto agrado
me confunde y me avergüenza;
mas ya á respirar comienza
este pecho atosigado.
Dios me cerró otros caminos
y me abre el que me conviene;
el de esta casa, que tiene
ángeles por inquilinos.

Carolina

Qué opinas de ese vocablo?

Don Ramiro

Que es de molde para tí...
Catuja Muchito!

Don Ramiro

  Mas para mí,
no...

Catuja

Sí tal: con los dos hablo.
¿Quién será el que no se rinda,
aun siendo de mármol frió,
á dama de tanto brio
v tan amable y tan linda?

Carolina

j (Ah!...)

Catuja

  Pues el señor de Moría,
mi buen amigo, no es barro.
¡Vaya si estará bizarro
con la muceta v la borla!

Don Ramiro

Eli! basta ya... (Me atormenta.)

Catuja

No se baga usted el candongo...
(Á Carolina.) Lo digo porque supongo...

Carolina

Qué?

Catuja

  Que es usted su parienta.

Carolina

Su parienta!

Don Ramiro

  (Se me acaba
la paciencia.)

Catuja

  Pues; su esposa.

Don Ramiro

(Con enfado. )
Perdone usted; no hay tal cosa.

Carolina

(Se irrita!)

Don Ramiro

  (Esto me faltaba!)

Catuja

No? Bien; es cuestión de nombre.
Si hoy lo impide algún obstáculo,
mañana quizá...

Carolina

  (Otro oráculo
que echa en saco roto. Qué hombre!)

Catuja

(Á Carolina )
Eh? Corta será la tregua,
porque novios, claro está
que lo son ustedes.

Carolina

  (Ah!)

Catuja

Eso se conoce á legua.

Don Ramiro

Perdona su indiscreción.

Carolina

(Mayor es tu impertinencia.)

Don Ramiro

¿Quién le ha dado á usted licencia
para esa pesquisición?
Primos somos, nada mas.

Catuja

Toma! ¡Como de esos primos
se quieren, y se hacen mimos,

Don Ramiro

(Está dada á Barrabás!)

Carolina

No; somos primos... á secas.
Mi novio él? Ni por asomo.

Catuja

Creí que... Tan cerca...

Carolina

  Como
si estuviese en las Batuecas.

Don Ramiro

(a Carolina con ternura.)
Carolina!... (Ansias crueles
me hace pasar.)
  (A Catuja bruscamente.) Basta ya!

Catuja

Si...

Don Ramiro

  ¿Qué hace usted que no va
á traerme esos papeles?

Catuja

Yo...

Don Ramiro

  Vaya sin dilación
á lo que le tiene cuenta
y no se meta en la renta
del excusado.

Catuja

  Perdón!
(Á Carolina. ) ¿Le he llamado yo tahúr,
ó judío, ó cosa así
para...

Don Ramiro

  Aun está usted aquí?

Catuja

Jesús!... Vaya,... ahur.

Carolina

(Con bondad.) ) »]

Don Ramiro

(Con despego.) ) A )Ur*

ESCENA X

(CAROLINA, DON RAMIRO.)

Don Ramiro

Al fin...

Carolina

  Señor don Ramiro,
muy primo mió y señor:
hoy está usted insufrible.

Don Ramiro

Pues ¿en qué he faltado yo?...

Carolina

Su austera filosofía
tiene ya mas de un hemol,
y de indulgente me paso
cuando tal nombre le doy.

Don Ramiro

Carolina!..

Carolina

  Con licencia
de usted, creo que un doctor...

Don Ramiro

Oye...

Carolina

  No está dispensado
de tener educación.

Don Ramiro

No; pero... por qué lo dices?

Carolina

Porque fastidiada estoy
de tus melindres.

Don Ramiro

  Melindres!

Carolina

¿Es algún crimen feroz
suponer que casto yugo
nos haya unido á los dos?

Don Ramiro

No, pero es mucha osadía...

Carolina

¿Por qué con tanto rigor
tratar á la desdichada
que hizo tal suposición?

Don Ramiro

Muy brusco he sido con ella,
mas ¿qué quieres! Me irritó
con tantas bachillerías; —
y mi acerba reprensión
te prueba que no la miro
con amor...

Carolina

  Usted amor!
No es capaz una alma grande
de tanta degradación.

Don Ramiro

¡Por Dios, no aumentes mi angustia
con tus sarcasmos! ¡Por Dios,..

Carolina

Ni puede á tal arrapiezo
arriar su pabellón
quien tan alto le mantiene
ante las damas de honor.

Don Ramiro

Con cada acento disparas
un dardo á mi corazón.

Carolina

No abogo por la infeliz
que tu saña provocó,
sino por mí propia; mia,
que no de ella, es la cuestión.
¿Por qué, siendo caballero
y caballero español,
la sandez, que en mis oidos
sin escándalo sonó,
en los de usted fué blasfemia
que merece excomunión?
¿Hay en mí tan poco mérito
ó tanta arrogancia en vos,
que calificáis de absurda
nuestra imaginada unión?

Don Ramiro

No eres justa ni conmigo
ni contigo misma, no,
dando, prima, á mi conducta
tan falsa interpretación.
Ni hay tal arrogancia en mí
ni bajo el disco del sol
mujer más digna que tú
de lauro y admiración;
mas yo no puedo olvidarme
de quién eres y quién soy.

Carolina

Yo, una mujer: claro está;
y tú...

Don Ramiro

  Yo...

Carolina

  Un santo varón...
por no decir otra cosa.

Don Ramiro

Un ente...— habla sin temor —
raro, insociable...

Carolina

(Muy irritada.) Olí! SÍ, SI.

Don Ramiro

(Prefiero su indignación
á su desprecio.) Aborréceme,
pues tanto enojo te doy.

Carolina

(Fuerza será.)

Don Ramiro

  Pero...

Carolina

  Basta!
Qué enfadosa discusión!

Don Ramiro

Me iré...

Carolina

  Nadie te echa; pero...

ESCENA XI

(CAROLINA, I), DON RAMIRO, EL MARQUÉS.)

(Siguen di sputando Carolina y D. Ramiro sin cuidarse del nuevo interlocutor.)

Don Ramiro

Sí, eso será lo mejor.

Carolina

(Tal vez!)

El Marqués

  Bella Carolina...
(Disputan!...) Corre la voz...

Carolina

Mas si tal es tu deseo...

Don Ramiro

Deseo no; obligación.

El Marqués

Vengo...

Carolina

(Al Marqués con despego.)
  Eh!

El Marqués

  Caballero...

Don Ramiro

(Como Carolina.) Bah!

Carolina

(Á Ramiro.)
Vete bendito de Dios.

El Marqués

(Por qué riñen?) Con permiso...

Carolina

Eh!

Don Ramiro

Bah!

El Marqués

  Vengo del salón...

Carolina

No queremos saber nada.

El Marqués

(Qué desdeñosa está hoy!)
(Á D. Ramiro.) Mi rival...

Don Ramiro

  Cállese el necio!

(Váse por la puerta de la izquierda.)

El Marqués

(Á Carol ina.)
Prenda!...

Carolina

  Váyase el moscon!

(Váse por la puerta de la derecha.)

ESCENA XII

(EL MARQUÉS.)

El Marqués

Ó hay aquí gato encerrado
ó locos están los dos.
One X- calle y me vaya! «JO;Así
se trata á un hombre de pro?
(Haciendo sonar la campanilla y paseándose muy agitado.) Yo les juro por mi vida...
Yo sabré...

Criado

(A la puerta dftl foro )
  Llama el señor?

El Marqués

Sí, para decir á usted
que...

Criado

  Qué?

El Marqués

(Breve pausa.) Que callo y me voy.
  i

(váse por el foro y detras el Criado.)

Acto tercero

ESCENA PRIMERA

(DON GABRIEL, CAROLINA.)

Don Gabriel

Dame la enhorabuena.
Magnánima Isabel cuanto benigna,
ya de admitir se digna
mi dimisión, y rota la cadena
que muy mal de mi grado
al timón me amarraba del estado,
en gozo convertida la amargura,
al lado de una prenda tan querida
en quien mi gloria estriba y mi ventura,
vuelvo á la paz del alma y de la vida.

Carolina

Ab! sea mi respuesta un tierno abrazo;
(Se abraza a. ) que yo también rechazo,
oh padre mió! con desden profundo
las vanas ilusiones del gran mundo.

Don Gabriel

Supo apenas la crisis, tú lo lias visto,
don Fulgencio, tu insigne pretendiente,
cuando, aunque de sagaz presume y listo,
se quitó de la frente
la máscara falaz que la cubría,
y cuando otra ventaja no obtuviera
de mi tan anhelada cesantía,
el feliz pensamiento aplaudiría
de haber abandonado la cartera.

Carolina

Cuando admití propicia su homenaje,
sincero en la apariencia,
me dejé fascinar, yo lo confieso,
por el falso oropel de su lenguaje;
pero á mi inexperiencia
se unió tal vez para turbarme el seso
otra razón no leve
que á declarar mi labio no se atreve.
Erré, mas dias lia que harta y muy harta,
me tenía ese histrión; ya no coarta
mi libertad, pues, como dice el vulgo,
mostró la oreja y entregó la carta,
y si le acusa usted, yo le excomulgo.
Mas, ay! en este mundo transitorio
¿quién, oh padre! al error no está sujeto?
La experiencia es gran cosa, y sin embargo
para nadie, señor, es un secreto
que ella también claudica.
Si es de los tunos largo el repertorio,
también el de los crédulos es largo,
y usted quizá... Pero el filial respeto
no me permite...

Don Gabriel

  Eli?

Carolina

  Yo...

Don Gabriel

  ¿Qué significa

Carolina

Señor!...

Don Gabriel

  ííay de por medio otro farsante?

Carolina

Sí...

El Marqués

(Á la puerta del foro.)
  ¿Permiten ustedes...

Don Gabriel

  Adelante.

ESCENA II

(DON GABRIEL, CAROLINA, EL MARQUÉS.)

El Marqués

Beso los piés á la hermosa
Carolina, á quien tributo
tierno amor. Idem las manos
á su digno padre augusto.

Don Gabriel

Hombre! augusto...

El Marqués

  Es una hipérbole
con que pondero mi sumo
respeto y... ¡Gracias á Dios
que al fin se me cumple el gusto
de ver á usted! Cuatro viajes
me ha costado; este es el último;
pero si mi diligencia
no ha dado hasta ahora fruto,
no á usted, que es tan bueno, sino
á la crisis lo atribuyo.
Yo que ahora más que nunca,
cuando otros liuven el bulto,
en ser amigo de usted
mi dicha cifro y mi orgullo,
sincera adhesión le ofrezco,
aunque no es grande mi influjo;
porque yo con la política
militante no especulo
ni soy de aquellos proteos
que dicen; oros son triunfos.

Don Gabriel

Le creo á usted, Marquesito,
y se lo agradezco mucho.

Carolina

(Qué ceguedad!)

El Marqués

  Don Fulgencio
muda ya á su nave el rumbo.

Don Gabriel

Ya lo sé, y nada me importa.

El Marqués

Sin embargo, porque juzgo
que no lia de pesar á ustedes
saber el chasco mavúsculo
que hoy se ha llevado, les voy
á contar en dos minutos
lo ocurrido en el Congreso.
Era gráfico preludio
el salón de conferencias
de un borrascoso tumulto.
Qué hervidero, santo Dios!...
Entre los diversos grupos
que había, el más agitado
era el que ese hombre perjuro
pretendía dominar.
Rostrituerto y cejijunto,
manoteaba como loco,
gritaba como energúmeno,
v sacando del bolsillo
notas, diarios, opúsculos,
el tema nos anunciaba
del ataque furibundo
con que se iba á pronunciar
contra usted y sus adjuntos;
y ostentando ya fogoso
el exuberante lujo,
de ominosas invectivas
de que se hace tanto abuso,
execraba el nepotismo
y los manejos ocultos;
y allí nos hizo un potaje
indigesto y nauseabundo
de turrón y sanguijuelas
y víctimas y verdugos.—
Óyese la campanilla,
se abren las puertas al público,
y se atestan las tribunas,
y se engallan los tribunos.
Á la lectura del acta
siguió un rápido murmullo,
que interrumpió don Fulgencio
pidiendo con ceño adusto
y bronca voz la palabra;
pero — cosas de este mundo! —
Se la atajó el Presidente
dando á las sesiones punto —
nunca fué sil señoría
tan sabio y tan oportuno—
á solicitud del idem
del Ministerio difunto,
basta que Su Majestad,
usando de su inconcurso
Real privilegio, forme
el Gabinete futuro.

Don Gabriel

Ya tenía yo noticia
de eso.

El Marqués

  Así lo conceptúo;
mas, mensajero oíicioso,
yo al deleite no renuncio
de referir el efecto
que en el tránsfuga produjo
su inesperado percance.
Pálido le vi, convulso,
atortolado... Allí es nada!
¡Disiparse como el humo
so sueño de oro y quedársele
dentro del cuerpo el discurso! —
Y no es esto lo peor,
sino que, según barrunto,
le va á salir la criada
respondona.

Don Gabriel

  Sí?

Don Ramiro

  Lo fundo
en que corre por Madrid
el agradable susurro
de que el digno Presidente
del Ministerio presunto
es usted.

Don Gabriel

  No sin razón
se lia propalado ese anuncio.
He podido serlo, sí;
la Reina me lo propuso
porque aprueba mi programa;
mas de tanto honor me excluvo
  o
porque ya el poder no tiene
para mí atractivo alguno,
y porque, siendo obra mia
la crisis, creerían muchos
que desmedida ambición
á dar tal paso me indujo,
y me llamarían Judas
Iscariote... No! abrenuncio!

Su Majestad

Dio$ la guarde—

Don Gabriel

siempre de nobles impulsos
movida, ya lia confiado
á otros hombres mas robustos
la carga que de los mios
cuerdamente yo sacudo.

El Marqués

Vítor! bravo! Eso es obrar
con la madurez y el pulso
de un gran filósofo, y no
de la secta de Ep icuro,
sino...

Carolina

  Adulación!

El Marqués

  Justicia,
nada más: yo á nadie adulo.

Carolina

Lo mismo diría usted
si en vez de echarse en el surco.
papá se aferrare al mando
como á la concha el molusco.

El Marqués

No tal... (Á D. Gabriel. )
  ¡Vaya una ocurrencia...

Don Gabriel

Tiene fe en mí y no le culpo;
mas sólo al común sentido
en esla ocasión consulto
sin pretender parecerme
á Sócrates ni á Confucio.

El Marqués

Quiénes son los agraciados?
¿Está ya completo el número...

Don Gabriel

(Dándole un papel.)
Sí. Aquí tiene usted la lista.
Hoy jurarán...

El Marqués

(Leyendo.) «Don Raimundo»... —
Oiga! Ya le designaban... —
«El Barón de Montecurvo»... —
Pariente mió.— «Don Próspero».., —
Célebre jurisconsulto! —
«Don Jaime»... — Ya! — «Don Cipriano»
Bien!— «Don Luis»... — Me congratulo
«Don Eulogio... Don Fermín»... —
Estos dos siempre van juntos.
(Vol viendo el papel á D Gabriel.) Buen areopago! Le apruebo.—
Y todos sin faltar uno
son del partido contrario
al que ha abrazado el obtuso
don Fulgencio. Se ha lucido!

Don Gabriel

Sí por cierto, y yo presumo
que disolverán las Cortes.

El Marqués

Pues si se cumple ese augurio,
no vuelve á ser diputado
á dos tirones el chusco.

Carolina

Cómo no? Él se ingeniará...

El Marqués

Es cunero, y dificulto...

Carolina

Se resellará otra vez.

Don Gabriel

Eso tenlo por seguro.
Hay ya sobre esa medalla
tantos lemas y dibujos,
que el más hábil numismático,
tras largos dias de estudio,
no podrá decirnos cuál
fué su primitivo cuño. —
Pero dónde está Ramiro?

Carolina

Siempre ocupado en asuntos
litigiosos...

El Marqués

  Con los cuales
no ganará cien escudos
al año. Relio sujeto!;
mas como ha dado en el flujo
que usted sabe, es su despacho
una especie de refugimn
peccatorinn, un...

Don Gabriel

(Con severidail) Marques!

El Marqués

No es decir que yo censuro
su cristiana vocación...

Don Gabriel

Sería usted muy injusto
si tal hiciera.

El Marqués

  En efeclo.
Algo peca de cartujo...

Carolina

(Ah!)

El Marqués

  Pero...

Don Gabriel

  No hay corazón
más benéfico que el suyo.

El Marqués

Sí.

Don Gabriel

Ni carácter más digno
de...

El Marqués

  Sí; lo afirmo...; lo juro.
Lo que be dicho es porque creo
que no sería un absurdo,
sin olvidar á los pobres,
procurar también, no un lucro
odioso, sino el que baste
á redondear su peculio.
¿Cómo he de ser yo enemigo
de tan guapo mozo, y cuyo
pariente seré tan luego
como el sacrosanto yugo
me una para siempre...

Carolina

  (Ay Dios!)

El Marqués

¿Á ese adorable trasunto
de todas las perfecciones?

(Asoma D. Ramiro por la puerta de la izquierda, sin ser visto, y observa.)

Don Gabriel

Grato me será ese nudo,
lo sabe usted, si consiente
mi hija...

Don Ramiro

  (Ah!)

Carolina

  Señor!...

Don Ramiro

  (¿Qué escucho!)

ESCENA III

(DON GABRIEL, CAROLINA, EL MARQUÉS, DON RAMIRO.)

Carolina

No urge tanto el casamiento...

Don Ramiro

(Adelantándose.)
Permítame usted...

Don Gabriel

  /Qué miro!

Don Ramiro

Yo vengo...

Don Gabriel

  Á qué?

El Marqués

  Don Ramiro!

Don Ramiro

Á poner impedimento.

Carolina

(Gracias á Dios!... Ya respiro.)

Don Gabriel

Hablas con formalidad?

Don Ramiro

Sí, señor.

El Marqués

  No me someto
á tal arbitrariedad.
¿Quién le da á usted facultad
para tan extraño veto?

Carolina

(Amor!)

El Marqués

  Qué ley nos enjuicia?
¿Qué...

Don Gabriel

  ¿Es litigio lo que entablas...,
ó una chanza sin malicia...

El Marqués

Sí.

Don Ramiro

No!

Carolina

  En nombre de quién hablas?

Don Ramiro

En nombre de la justicia.

El Marqués

Quién falta a ella? Yo ignoro...

Don Gabriel

De la justicia!

Don Ramiro

  Sí tal.

Carolina

(Qué dice?...)

Don Ramiro

  Su nombre imploro
y el de la sana moral.

El Marqués

¿Á quién aquí se atropella,
al novio ó á la doncella?
¿Á quién, ¡voto á...
(Á u. Gabriel.) Usted perdone,
el entredicho se pone?
Es mia la tacha, ó de ella?

Don Ramiro

De ella! ¿Quién, siendo dechado
de virtud, fuera tan ciego,
tan soez y deslenguado
que osara injuriarla?

El Marqués

  Luego
¿sobre mí viene el nublado?

Don Ramiro

Sí, señor.

El Marqués

  Cómo!...

Don Gabriel

  Qué es esto?

El Marqués

¡Qué ley, ni aquí ni en Sicilia,
se opone... (Malo me lie puesto!)
á que...

Don Ramiro

  Ese enlace funesto
deshonrara á mi familia.

El Marqués

(Algo Sabrá...) (Á O. Gabriel.)
  Es solecismo!

Don Gabriel

Él dirá...

El Marqués

  Calumnia infamia!
(Reniego de su bautismo.)

Don Ramiro

Digo la verdad.

El Marqués

  Hoy mismo
entablaré la demanda...

Don Ramiro

Se guardará usted muy bien
de hacerlo.

El Marqués

  (Me descalabra.)
¡Hum... (Dios le confunda, amén!)

Don Gabriel

Por qué?

Don Ramiro

  Á otra dio palabra...

El Marqués

¡Palabra... lo... ¿Cuándo... ¿Á quién.

Don Ramiro

No vale hacerse de nuevas,
que no soy yo un aprendiz.
Á la mujer infeliz
que sedujo usted.

Don Ramiro

  ¿Qué pruebas
tiene usted de ese desliz?

Don Gabriel

No desliz, sino delito
es ese y delito enorme.

El Marqués

Bien; pero á nadie (Maldito!)
por error ó falso informe
se le cuelga un sambenito.

Carolina

(La andaluza... Es evidente.)
R A JURO. El informe es fehaciente
y explícito.

Don Gabriel

  (¿Quién diría...)

Don Ramiro

Y si le desmiente usía,
á sí propio se desmiente.

El Marqués

(Temblando estoy.)

Don Ramiro

  Carta canta.

El Marqués

(Tiró el diablo de la manta!)

Don Ramiro

(Sacando las cartas y mostrándoselas al ¡Marqués.)
Tres tengo aquí...

El Marqués

  (Me acogota. )

Don Ramiro

Que usted firmó.

El Marqués

  (Virgen santa,
por qué fui yo tan idiota?)

Carolina

Ay papá!...

Don Ramiro

  Vea usted, vea
si son...

El Marqués

  (Aciaga mujer!)

Don Ramiro

Quiere usted que yo las lea?

El Marqués

No, señor: no es menester.
(Mi martirio le recrea.)

Don Ramiro

Aquí da usted testimonio
de amor tropical...

Carolina

  (Demonio!)

Don Ramiro

Y habla usted — esto es mas grave —
del pactado matrimonio...
(Ap. al Mai qués.) Y de aquello que usted sabe.
(Guardando las cartas.) Se unirán al expediente,
y si usted no reconoce
la íirma, el juez competente...

(Salgamos por la tangente y echémoslo todo á doce.)

Blasono de solariego,
y ábrase el juicio ó no se abra,
yo nunca mi firma niego.

Don Ramiro

Bien: ahora la íirma, y luego
la palabra...

El Marqués

  Eh! la palabra...
Algunas se dan por gresca...
No creo que cause estado-
una carta novelesca.
Cuando uno está enamorado
no sabe lo que se pesca.

Don Gabriel

Yo esa doctrina repruebo.

Carolina

Es de alabar su frescura.

El Marqués

;Tan horrible es ó tan nuevo
gustar... ¿Qué incauto mancebo
no hace alguna travesura?
Ni los hombres de mi alzada
buscan en rudos barbechos
su esposa predestinada,
ni hará bien esa cuitada
en tomarlo tan á pechos.

Don Gabriel

Eh! calle usted, que me irrito.

Don Ramiro

Qué descaro! ¿Usted se mofa...

El Marqués

Sí tal, que no vale un pito...
Pecadillos de esa estofa
se absuelven con pan bendito.

Don Gabriel

(¡Bribón... Por dicha no es tarde.)

Carolina

Quien de tener hace alarde
costumbres tan relajadas,
sólo desprecios aguarde
de las mujeres honradas,
y ni en rústico barbecho
ni bajo dorado techo
es dado poner la planta,
ni alegar ningún derecho
á quien todos los quebranta.
¿Tan poco es lo que yo valgo,
que así usted me ha escarnecido
queriendo ser mi marido?
¿Qué vale llamarse hidalgo
quien su estirpe echa en olvido?
Privilegios de nobleza
no excusan una vileza;
que en las obras, no en la cuna
ni en los bienes de fortuna,
la honra está ó la bajeza. —
Ah! ya el corazón leal
me hacia ver duelo ó mengua
en consorcio tan fatal;
pero el respeto filial
puso un candado á mi lengua.

Don Gabriel

De su padre amigo fiel,
creí— ¡decepción cruel
de mi fe y mi gratitud! —
que la paterna virtud
se perpetuaría en él.

El Marqués

Juro al concilio de Trento
que de mi conducta aleve
me sonrojo y me arrepiento;
mas si la culpa no es leve,
mayor es el escarmiento.
Sin que judicial edicto
venga á aumentar mi conflicto,
la pretensión desamparo —
ay dolor! — y me declaro
reo confeso v convicto.
Pero respecto de ustedes
no es mi culpa tan atroz.
Amor me cogió en sus redes...

Don Ramiro

A usted!

Carolina

  Bah!

El Marqués

  Estéril mi voz
se embota en esas paredes.
No es ménos verdad por eso
que yo— conste en el proceso —
amo, adoro á Carolina,
aunque indigno me confieso
de dama tan superfina. —
Sí, señores! Sí, señora!
Sépanlo ustedes y el globo.
sólo por ella me arrobo,
y no por la pecadora
que ese hombre guarda en adobo.
Capricho fué aquel, sí tal,
pasajero, y por el cual
más la lástima que el odio
merezco; fué... un episodio,
y esta es la acción principal.

Carolina

Acción cuyo desenlace...

El Marqués

Ya; es echarme, sin enlace,
por la puerta de los carros
y castigar mis desbarros
con un requiescat in pace.

Don Gabriel

(Riénd ose y lo mismo Carolina y D. Ramiro.)
No... Pasma su desenfado.

Don Ramiro

Sí, es donoso.

Carolina

  En sumo grado.
¿Cómo no ser indulgente,
papá, con un delincuente
que hace reir al juzgado?

El Marqués

Ah! sí; de almas tan humanas
no en vano mi gracia impetre.
Con intenciones muy sanas
yo acá para mi caletre
hacía cuentas galanas.
Fiaba en que la aventura
tarde ó nunca se sabría,
fiaba en mi jerarquía
y en que al fin amar me baria
con prodigios de ternura;
y como aquella trastada,
excusable en un marqués,
ántes se hizo, no después,
decia yo: agua pasada
no muele, et cociera.

Carolina

  Pues!

El Marqués

Me engañó mi presunción,
y de ella me reconvengo
yo propio, y en conclusión,
digo á ustedes que no tengo
todo lo de Salomón.

Don Ramiro

Si le falta á usted su ciencia,
en cambio tiene una ganga,
quizá de más conveniencia...

El Marqués

Cuál?

Don Ramiro

  Ser tan ancho de manga
para su propia conciencia.

El Marqués

Pche!...

Don Ramiro

  Pero aunque yo propendo
á la indulgencia también,
sepa usted que no la extiendo
á abandonar con desden
¡i los pobres que defiendo.

El Marqués

(Ya vuelve á buscarme el bulto
el tenaz jurisconsulto.)

Don Ramiro

También yo, en lo que usted llama
acción principal del drama,
le compadezco y le indulto;
pero si Ja broma sigo,
porque sería cruel
dar á usted otro castigo,
lo del episodio aquel
no es cosa de risa, amigo.

El Marqués

Dale! Á todo trance quiere
cargarme... Esa sí que es ganga!

Don Ramiro

La pobre mujer...

El Marqués

  Que espere!
¿Sé yo si vive ó si muere
y si está aquí, ó en Berlanga?

Don Ramiro

Vive, y llora...

El Marqués

  Llore ó ruja,
no guardo mi blanca mano
para semejante bruja.

Don Ramiro

Yo...

El Marqués

(Yéndose.) Abur!

Catuja

(Saliendo de pronto por la puerta
asiéndole de un brazo.)
  Alto ai quí, vi

Carolina

Bien decía yo...

El Marqués

  Caí uja!...

ESCENA IV

(CAROLINA, DON GABRIEL, DON RAMIRO, EL MARQUÉS, CATUJA.)

Catuja

Infiel! traidor!...

El Marqués

  Allí estabas!

Catuja

Y harta ha sido mi paciencia
en o ir te hablar de mí
con tan brutal desvergüenza,
y no salir antes, picaro!
á arrancártelas orejas.

Don Ramiro

Es muy amable; eso sí!

Catuja

¿Cómo quieres que lo sea
cuando...

El Marqués

(.A Ü. Ramiro.) Agradezco á usted mucho
esta agradable sorpresa.

Don Ramiro

No la he preparado yo,
sino...

El Marqués

  Quién?

Don Ramiro

  La Providencia.

El Marqués

Suelta! sin la voluntad,
es inútil que me prendas
el brazo.

Catuja

  No te irás, no,
sin cumplirme tu promesa.

Don Ramiro

Suéltele usted en buen hora,
pues sin usar de violencia
ni de coacción, sin duda
se vendrá el señor á buenas.
(Suelta Catuja al ¡Marqués.)

El Marqués

Me vendré ó no me vendré;
que á mí no se me maneja
como á un niño.

Don Gabriel

  Con la honra
de una mujer no se juega,
y habiendo usted seducido
áesa...

El Marqués

  Dónde está la prueba?
Mis descargos se oirán
donde se oiga su querella.
Quién ha seducido á quien?
Difícil es el problama.

Carolina

(Aparte á D. Ramiro- ) Puede que tenga razón.
¿Por qué no pudo ser ella
la que...

Catuja

^Llorando.) Seducirte yo!
¿Cómo... Ay! demasiado crédula

El Marqués

Cómo dices? Con tu cara,...
que era entonces pasadera;
con tus ojos; con los dengues
en que todas sois maestras;...
¿qué sé yo!.. Con esa misma
credulidad zalamera,
velo de loca ambición
y de pretensiones necias.
¿Por dónde podías tú
esperar, soñar siquiera
ser esposa de un marqués
que desciende en línea recta...

Catuja

Bah! ¿Y por dónde creyó usía
que sus ruegos me vencieran
á no haberme prometido
la bendición de la iglesia?
Aun esto, yo lo confieso,
no disculpa mi flaqueza;
pero ¿por qué en este siglo
de luces, no de tinieblas;
de igualdad y de progreso,
no de señores y siervos;
por qué no pudo, sin nota
de impertinente y soberbia,*
el deseo de ser titula
trastornamente la chabeta?
Yaya! Siendo, como soy,
bien nacida y nada lerda,
no es cosa del otro juéves
que aspire yo á ser marquesa
cuando peores bodorrios
se están haciendo á docenas.

Don Ramiro

(Ap.) (á Carolina.)
Otro caso fulminante
do la enfermedad que reina.

El Marqués

Que se hagan! Vo no soy voto
de reata, y harta pena
es perder una deidad
sin cargar con una pécora.

Catuja

¿Yo pécora, santo Dios!

Don Ramiro

Una cosa es que uno tenga,
por distracción, amorcillos
con mozas de baja esfera,
y otra...

Catuja

  Perro! ¿Distracción
llama usted...

El Marqués

  Y otra...

Catuja

  Alma negra

El Marqués

Pagarla tan cara. No!
Primero iria á galeras.

Don Ramiro

La promesa, escrita está;
probado hasta la evidencia
el perjurio, y esta pobre
de grado obtendrá ó por fuerza
la justa reparación
que exige.

El Marqués

  Bien; si pleitea,
pleitearé y veremos...

Don Ramiro

  Bien!

El Marqués

Y se morirá de vieja,
se lo juro, ántes que yo...

Don Gabriel

Demos fin á esta contienda.
El pleito puede excusarse
si obra el Marqués con nobleza...

Carolina

Si hará.

Don Gabriel

  Y transige...

El Marqués

  Casándome?
Apelo de la sentencia.

Don Ramiro

Ó por lo ménos dotándola
con lo que el código reza.

El Marqués

Bien... (Cruel alternativa!)
Yo consultaré — no hay priesa—
con la almohada...

Catuja

  ¿Por qué
no dices con la conciencia?

El Marqués

( Exasperado )
Mujer!...

Catuja

  Porque no Ja Penes.

El Marqués

Catuja!,

Catuja

(Llorando.) Si la tuvieras,
no con oro, con tu mano
pagarías una deuda
tan sagrada; pero, oh Dios!
ni mis lágrimas acerbas,
ni la voz, ay! ya dimita,
con que la naturaleza
te grita...

El Marqués

  ¡Votoá... Suspende
tu sentimental arenga.

Catuja

Hombre sin fe! Yo...

El Marqués

(Á d. Ramiro.) llaga usted
de mí todo lo que quiera...;
se entiende, menos..., con tal
de que yo no oiga ni vea
en los dias de mi vida
á esa fatal hija de Eva.

Catuja

Tente!...

Don Ramiro

(Con cómico despecho.)
  Adiós!

ESCENA V

(CAROLINA, DON RAMIRO, DON GABRIEL, CATUJA.)

Catuja

  Se va! Se ha ido!
(Como amagrda de un desmamo.)
Av!... las rodillas me tiemblan...
o
Los ojos... Téngame usted...

Don Ramiro

(Ahora una pataleta?)
Voto á bríos! JNo se desmaye
usted: la ley se lo veda.

Catuja

(Con candor.)
Obedezco.

Don Gabriel

(A¡>. con D. Ramiio á Carolina.)
  Es maula.

Don Ramiro

  Harían
ella y él linda pareja.

Carolina

(A D. Ramiro, parodiando á Catuja.)
«Porque una sea andaluza
¿lia de ser carantoñera?»

Don Gabriel

Ánimo y conformidad,
Catuja. Si se desdeña
de contraer matrimonio
con usted un calavera,
por ello más que de pésame
está usted de enhorabuena.
Mal lo pasaría usted
si contra viento y marea
de semejante marido
se proveyese, y más cuenta
le ha de tener resignarse
á soltería perpetua.

Catuja

Ay, sí señor!; que no en vano
dice el refrán: cada oveja...

Don Gabriel

Sí.

Catuja

Y como, al cabo y al fin,
siempre se rompe la cuerda
por lo más delgado...

Carolina

  Pues.

Catuja

Y otro adagio nos enseña
que quien nació para ochavo
nunca llegará á peseta,
¿qué be de hacer sino...

Don Gabriel

  Hay también
otro refrán que consuela...

Catuja

Cuál?

Don Gabriel

  Los duelos...

Catuja

  Sí, con pan
son menos. — Pues bien, si suelta
aquel foragido el dote
á que la ley le condena,
entonces...

Don Gabriel

  Le cobrará

Catuja

  Sí?

Don Gabriel

  Sí, á toca teja:
palabra de honor.

Catuja

  Si usted
responde de la solvencia...

Don Gabriel

Algo más que eso: el dinero
no saldrá de su gaveta,
sino de la mía.

Carolina

(Tomando afectuosamente la mano de so padre..)
  Ah! Bien!

Don Ramiro

(Haciendo lo mismo.)
Bravo1

Don Gabriel

  Así me lo aconsejan
mi caridad por un lado
y por otro su pobreza;
así la grata memoria
honraré de don Estéban
su ilustre padre, a quien Dios
haya dado gloria eterna;
así en íin excusará
poner su cara en vergüenza
esta infeliz.

Catuja

  ¡Oh infinita
bondad!
  (Queriendo ariodiüarse é impidiéndoselo D. Gabriel.) Besaré la tierra
que pisa mi bienhechor...

Don Gabriel

No!

Catuja

Sí.

Don Gabriel

Nada de pamemas!

Catuja

(á c arolina )
Vuelvo á afirmar, señorita,
que es esta casa vivienda
de ángeles. Ah! yo bendigo
agradecida la estrella
que aquí me trajo. Oh ventura!
Sin humillar mi cabeza
á un mal caballero, indigno
de mí, saldré de miseria.
(Á I). Gabriel.)
Bien dice usted, ciudadano:
pundonor, delicadeza
sobre todo: este es mi norte;
esta...

Don Gabriel

No mas...

Catuja

  Con licencia
de ustedes... Ah! ofrece á ustedes
Catuja la costurera
su fina amistad...

Carolina

  Bien.

Don Gabriel

  Basta...

Don Ramiro

Abur...

Catuja

  Y una pobre celda,
calle del Humilladero...
(Sacando una tarjeta y dejándola sobre un velador.) Aquí dejo la tarjeta. —
Número...

Carolina

  No es necesario...

Catuja

Sotabanco de la izquierda.
  escena vi.

Carolina

(D. RAMIRO. D. GABRIEL.)

Carolina

Gracias á Dios que se fué!

Don Gabriel

Sí, y sin ella, y sin el plepa
del Marqués, y sin el otro
fantasmón, y sin cartera
sobre todo, ¡qué tranquila
será de boy más, qué halagüeña
la vida que...

Criado

(Á la puerta del foro.)
  Un oficial
del Ministerio de Hacienda...

Carolina

¡Otra vez...

Don Gabriel

  No! Dios me libre. —
Á mi despacho. (Váse el criado.)
  No temas.
Le mandé que me trajera
á firmar...; cosas resueltas
dias ha y de puro trámite.
Amo y venero á mi Reina,
pero ¿mando? Una y no mas!
Compadezco á quien le hereda.

ESCENA VII

(CAROLINA, DON RAMIRO.)

Don Ramiro

Tronaron lus pretendientes.
Yo te felicito, prima.

Carolina

Sí?

Don Ramiro

Sí. Verte daba grima
sitiada por tales entes.
C rol. Sí, ya puedo á mi albedrío
mejorarme, y de esta gracia
soy deudora á la eficacia
de tu celo, primo mió.

Don Ramiro

No me des á mí la palma:
Dios...

Carolina

  Bien; Dios todo lo hace;—
mas tan feliz desenlace
¿no es grato también á tu alma?

Don Ramiro

Sí, que tu felicidad
prefiero á la mía. (¡Ay Dios!)

Carolina

Bien; pero... ¿hay entre las dos
incompatibilidad?

Don Ramiro

Sí.— No!— Perdona, divina
mujer, si mal de mi grado...
¿Cómo ser yo desgraciado
siendo feliz Carolina?

Carolina

Yo feliz!... Mayor zozobra
es Id que ahora me asalta.
Yo feliz! Mucho me falta
para eso.

Don Ramiro

  Ó mucho te sobra.

Carolina

Qué?

Don Ramiro

Nada.

Carolina

  Esa reticencia
me hace reír... y llorar.
Qué me puede á mi sobrar?
Dilo: acaba.

Don Ramiro

  Mi presencia.

Carolina

Jesús!... ¿Otra vez (Me quemo!)
esa manía te acosa?

Don Ramiro

Dios lo quiere.

Carolina

  Eh! no hay tal cosa.

Don Ramiro

Y es justo...

Carolina

  Eres un blasfemo.

Don Ramiro

No, prima...

Carolina

  Sí una y mil veces.
Á ménos que de este asilo
el odio te aleje... Dilo
sin reparo: me aborreces?

Don Ramiro

Yo aborrecerte! Al contrario:
te amo con idolatría.

Carolina

(Ah! por fm...) Ya lo sabía.

Don Ramiro

Perdón! Soy un temerario.

Carolina

(Riéndose.) TÚ!

Don Ramiro

  Te ries!

Carolina

  No...

Don Ramiro

  Te escamas!...
Ya mi imprudencia maldigo.

Carolina

Pues yo no.

Don Ramiro

  Enterrar conmigo
debí mi secreto.

Carolina

  Me amas!
Y amándome buyes de mí!

Don Ramiro

Sí.

Carolina

Pero ¡acaso es ruindad
quererme?

Don Ramiro

  Es temeridad;
ya lo be dicho.

Carolina

  Por qué?

Don Ramiro

  Sí,
porque, á no perder la cholla,
no sube tanto de punto
la ambición del que es, por junto,
letrado de misa y olla.
Ah! no: á morir me sentencio
antes que á vil interés
se achaque mi odio al Marqués
y al ínclito don Fulgencio.

Carolina

Hombre de Dios!;Ahora sales
con eso? ¿Tanto exageras
tu humildad? ¿No consideras
lo que ellos son y tú vales?
Ah Ramiro! Di mas bien,
y perdonártelo puedo,
que te enmudecía el miedo
de provocar mi desden. —
Pero... si te amase yo...

(Salgamos ya de este potro!)

Don Ramiro

(Sobresaltado.) Peor es esto que lo otro.
¡Adiós...

Carolina

(Para sí.) Virgen de la O!,
qué hombre es este?
  (Cerrando la puerta del foro, á la cual se dirigía don Ramiro.) Eli! no se vaya
el taimado, el... No se irá.
No faltaba más! — Papá!...

Don Ramiro

Yo...

Carolina

  Esto pasa de la raya.—
Yo te juro por mi nombre...
Papá!— Esto es ya ser grosero...

ESCENA VIII

(CAROLINA, DON RAMIRO, DON GABRIEL.)

Don Gabriel

Llamas?

Carolina

  Sí.

Don Gabriel

  Qué quieres?

Carolina

  Quiero...
que me prenda usted á ese hombre.

Don Gabriel

Por que? Por alguna riña
pueril.

Carolina

  Por una maldad.

Don Gabriel

Pero ¿con qué autoridad?

Carolina

Con la de ministro.

Don Gabriel

  Niña!

Carolina

Sí, sí.

Don Gabriel

¡Un ministro prender
como aguacil!... Cosa extraña!

Carolina

Un ministro hace en España
todo lo que quiere hacer.

Don Gabriel

No, hija mia. — Mas si ya

Don Gabriel

no lo soy, ¿cómo pretende
tu antojo...

Carolina

  Dalí! se le prende
con fecha de ayer, papá.

Don Gabriel

ÍÁ D. Ramiro.)
Hable usted, caballerito.
¿Qué ha habido aquí...

Don Ramiro

(Muy turbado.) Yo... SeflOr...
Si...

Don Gabriel

  Tiemblas!

Carolina

  Ese temblor
denuncia su atroz delito.

Don Gabriel

¡Delito un hombre tan probo,
tan...

Carolina

  No hay que fiarse de él;
que también suele con piel
de oveja vestirse el lobo.

Don Gabriel

Lobo tú!

Carolina

  Y leopardo, y grifo.

Don Gabriel

De qué eres reo?

Carolina

  De amor.

Don Gabriel

Á tí?

Carolina

  Sí, se... No, señor!

Don Gabriel

No entiendo ese logogrifo.

Carolina

Ni yo.

Don Gabriel

  Sí v no... Me confundo.

Carolina

Me ama, y huye de mi casa!

Don Gabriel

Sí?

Carolina

Sí. Lo que á mí me pasa
no tiene ejemplo en el mundo.

Don Gabriel

Qué dices tú á eso?

Don Ramiro

  Nada.

Carolina

Yo hablaré, pues fuerza es.
Ya á verse aquí entre los tres
un pleito á puerta cerrada. —
Usted, juez.

Don Gabriel

  No soy togado.

Carolina

No le hace.

Don Gabriel

  La acusadora
serás tú.

Carolina

  Es claro.

Don Gabriel

  En buen hora
y Ramiro tu abogado.

Carolina

Qué absurdo! ¿Cómo,..

Don Gabriel

  Ya veo...

Carolina

Él sólo á pobres defiende;
yo no soy pobre, y por ende...

Don Gabriel

Si; olvidaba... Él es el reo.

Carolina

Aunque es de ciencia un abismo,
no la lie menester, papá.

Don Gabriel

Tanto mejor.

Carolina

  Y harto hará
en defenderse á sí mismo.
Y nadie de esto se asombre;
que su instinto seguirá,
porque hombre pobre, quizá
no lo es; pero es un pobre hombre.

Don Gabriel

Comienza ya tu alegato.

Carolina

Lo haré pues sin ceremonia,
ya que es tal la... parsimonia
de ese doctor timorato.

Don Gabriel

Bien.

Carolina

Óigame usted, señor...

Don Gabriel

Sí.

Carolina

Con la benevolencia
de un padre y con la indulgencia
piadosa de un confesor.

Don Gabriel

Sí, Carolina, si; pero
esta segunda alcaldada...
¿Ahora quieres que invada
la jurisdicción del clero!

Carolina

En suma, estamos los dos
uno del otro prendados,
ciegamente enamorados...

Don Gabriel

Sí? Loado sea Dios!

Carolina

Pero él es tan recoleto,
que no se daba á partido,
y con pinzas he tenido
que arrancarle su secreto;
y después que logra ufano
á dos rivales vencer,
me desahucia á mí! Esto es ser
el perro del hortelano.

Don Ramiro

Piectificaré.

Carolina

  Al fin hablas!

Don Ramiro

Con placer, con regodeo
  — 8o —
á sus dos galanes veo
retirados de las tablas;
no por mi propio interés,
aunque es verdad que la adoro,
sino porque á su decoro
cumple olvidar á los tres.
Yo que culpé con justicia,
mas sin segunda intención,
de uno la ciega ambición,
de otro la torpe codicia,
¿cómo pudiera, hombre oscuro,
sin sospecha de egoísmo,
dar por bueno en mí lo mismo
que en ellos odio y censuro?

Don Gabriel

¿Temes — tu temor denigro —
que de tí se rían...

Carolina

  Sí.

Don Gabriel

No eres tú tan baladí
que corras ese peligro.

Carolina

Ser ridículo, á fé mia,
es un estigma cruel;
mas también se incurre en él
por temerle en demasía.
El hombre pundonoroso
nunca caerá en menosprecio
por satirizarle un necio
ó morderle un envidioso.
Yo tales juicios condeno,
y aunque no soy leguleya,
ni fui con prosopopeya
doctorada á claustro pleno,
probaré de varios modos,
en un luminoso artículo,
que es tal vez el más ridículo
quien pone mazas á todos,
y aunque la frivolidad
tanto abusa de ese nombre,
siempre está en manos de un hombre
tener honra y dignidad.

Don Ramiro

Tienes razón...

Carolina

  Pero á tí
no hay ninguna que te cuadre,—
  — sí) —
Desherédeme usted, padre;
á ver si me quiere así.

Don Ramiro

Eso no!...

Don Gabriel

  Silencio!

Don Ramiro

  Callo.

Don Gabriel

Visto lo que cada cuál
ha alegado, bien ó mal,
resumo el debate, y fallo.—
Visto que el título infama
do caballero el amante
que, esquivo y recalcitrante,
vota en contra de su dama;
y que, pues un rico dote
nunca fu ó tacha legal,
si alguien le escupe, ese tal
es tonto de capirote:
considerando que no es
de. ahora mostrar Ramiro
en su modesto retiro
ejemplar desinterés;
y por fin, considerando
que debe ser tu marido,
pues él para tí ha nacido,
para él tú; ordeno y mando
que acabemos de una vez
y santo vínculo os ate; —
y por si hago un disparate,
condeno en costas... al juez.

Don Ramiro

Tío amado! Ya prescindo
de mi necia cobardía
y tic una filosofía
que no es de moda. Me rindo.
¿Y cómo no, si esos ojos
harían pecar á un santo?
Sí, mí vida; sí, mi encanto.
(Alargando su mano en demandado la de Carolina) Dame...

Don Gabriel

  Pídela de hinojos.

Don Ramiro

Sí, á tus píes me precipito. (Lo hace )

Carolina

Aunque el triunfo es lisonjero,
i harto le he sudado...

Don Ramiro

  Ah!

Carolina

  Pero
á buen bocado buen grito.

Don Ramiro

Rúen bocado vo, alma mia?
¡Tú sí...

Carolina

  Levanta! (Le alza cor» sus dos manos. )
  Me quieres?

Don Ramiro

Con delirio. —¡Tú sí que eres
néctar, maná y ambrosía!

Carolina

Nada perderán á fe,*
tus pobres, porque de hoy más...

Don Ramiro

Qué?

Carolina

  Tú los defenderás
y yo los socorreré.

Don Gabriel

No os congratuláis conmigo?

Don Ramiro

Sí! (forren á los brazos de D. Gabriel )

Don Gabriel

  Precursor de otro lazo
mas dulce sea este abrazo.

Carolina

Papá!

Don Ramiro

  Señor!

Don Gabriel

  Vo os bendigo.

Carolina

Y tras de esa bendición,
nos dará su visto-bueno
todo aquel en cuyo seno
lata un noble corazón.

Elenco vivo 8 personajes · 2,644 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por escena compartida.

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
701310J1, J2, J3J1 · esc. 2Don Ramiro, Don Gabriel, El Marqués
681323J1, J2, J3J1 · esc. 1Carolina, Don Gabriel, El Marqués
438124J1, J2, J3J1 · esc. 4Carolina, Don Ramiro, Don Gabriel
403169J1, J2, J3J1 · esc. 1Carolina, Don Ramiro, El Marqués
24495J2, J3J2 · esc. 7Don Ramiro, Carolina, Don Gabriel
16770J2J2 · esc. 1Carolina, Don Gabriel, Criado
98J1, J2, J3J1 · esc. 3Carolina, Don Ramiro, Don Gabriel
11J3J3 · esc. 2El Marqués, Don Ramiro, Don Gabriel

Partitura métrica 60 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Acto primero
Acto segundo
Acto tercero

octosílabos 80 % · endecasílabos 8 % · silva 3 % · mixto 10 %

Los poemas del teatro 1 soneto

Lope recomendaba el soneto «para los que aguardan». Éstos son los parlamentos de catorce endecasílabos que La Báscula reconoce dentro de la obra: poemas completos que viven en escena. (Cuando la casa abra el soneto de teatro en El Sonetario, vivirán también allá, enlazados, no duplicados.)

Expediente

Obra
El abogado de pobres
Jornadas
3
Personajes
8
Versos
2,644
Versificación
octosílabos 80 % · endecasílabos 8 % · silva 3 % · mixto 10 % medida por La Báscula
Fuente
archive.org: elabogadodepobre00bret_0_djvu.txt
Estructura
el-abogado-de-pobres.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Manuel Bretón de los Herreros, El abogado de pobres, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/el-abogado-de-pobres.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.