Acto primero
(Personas: SIMONA; ELISA; JUANA; DON FRUTOS; TÍO PABLO; MAMERTO; BLAS; GORRIÓN.)
(La escena es en Belchile, en casa de don Frutos. Sala con muebles, no de mucho lujo, pero de mejor gusto que los que suelen usarse en los lugares. Puerta en el foro, que dá á un pasillo, el cual conduce á la escalera por la derecha del actor y por la izquierda á las habitaciones interiores: puerta y una ventana en los bastidores de la derecha: otra puerta en los de la izquierda: mesa con recado de escribir.)
ESCENA PRIMERA
(SIMONA, TÍO PABLO.)
(Vestidos los dos con buena ropa, pero al estilo de los labradores del pais, aparecen acabando de ordenar los muebles que adornan la habitación.)
Aquí la otra silla... Bien.
Ensancha el cuajo, Simona.
Con este ajuar, en Belchite
no habrá hidalga que te tosa.
Y al tenor del homenage
de la sala y de la alcoba
serán ¡no marra! los diges
y las galas de la novia.
Poder de Dios y qué rumbo!
Sonada va á ser tu boda.
Padre, aun falta para hacerla...
Qué falta, chica?
No es cosa!
Lo primero y principal:
el novio-..,
Él vendrá en persona
con la última carretada..
Es ya. demasiado posma
para novio.
Yaya, chica,
no me seas cavilosa.
Venga hoy, ó venga mañana,
venga en carro, ó venga en posta,
todo es venir.
Es verdá.
Si es verdá!... Pues vaya otra.
Cómo puede un hombre solo
estar á la mesraa hora
en la villa de Belchite
y en la ciudá siempre heroica?
Pues ya; eso salla á los ojos;
pero el caso...
Calla, tonta.
Tú no sabes de la misa
la media.
Ya, pero es droga
que tarde tanto...
No le hace.
Al fin se canta la gloria,
y ello es cierto que por algo
se detiene en Zaragoza.
Otra verdá como el puño.
Un oráculo es mi boca.
Así le llaman á usté
diez leguas á la redonda
Pero-Grullo por mal nombre.
Los que envidian mi retólica.
Pues per mas que diga usté...
Ya hace tres semanas... ¡bobas!
que no he visto carta suya.
Ba! Con eso nos ahorra
portes. Siga acarreando
catres y sillas y cómodas,
y coruña para sábanas,
y tafetán para colchas,
y toballas y manteles,
que lo demás poco importa.
Qué sustancia sacas tú
de sus cartas amorosas?
Maldita. Papeles son
papales, dice la copla,
cartas son cartas... Y en fin,
no le pidió para esposa?
Si, señor.
Y este atalaye
lau pulido, no lo compra
para que tú lo desfrutes?
Sí; pero muebles de moda,...
al estilo de la corte...
]\lucho la tiene en memoria!
Ba! Pues si dijo mil pestes
de Madriz y sus tramoyas
cuando vino...
Sí; al prencipio
se encontraba aquí en sus glorias,
y muerto por mis pedazos
todo era hacerme carocas,
y me llamaba garrida,
chupena, cara de rosa...
Mas luego le entró la murria,
y puso la cara fosca,
y de todo se cansaba;
de jugar á la pelota,
de cazar, de ser alcalde,...
hasta que le dio la mosca
por andar de coca en meca:
veinte dias en Daroca,
otros veinte en Alcañi'z,
dos meses en Tarazoua,
después á Calatayuz,
luego á la feria de Borja,
y por último á ¡as fiestas
del Pilar... Qué amor ó andrómina
es ese? Ya ha mas de un año
que volvió de la liorna
deMadriz, y en tanto tiempo
apenas ha hecho la rosca.
quince dias en Belcliile.
Üígole á usté que es historia!
Le habrá mandado ci doctor
que mude de aires, simplona,
y viajar y mudar de aires
todo es una mesma cosa.
Si, señor, y en cada pueblo
puede que tenga una moza.
No creas... Y en fin, mas vale
que corra la tuna ahora
que después.
Sí; buen consuelo
de tripas! Buen!...
Dale, bola!
Hizo promesa solegne
de darte el sí en la parroquia,
y se casará y tres mas,
que es homb're de mucha forma,
y ha de ser falsa la bula
del padre santo de Roma
primero que la palabra
de don Frutos Calaraocha.
También ofreció casarse
con aquella señorona
de Madriz, y la dejó
por Cristus domina nostra.
Aquello fué diferente..
Hubo allí mil trapisondas,
y de acuerdo de ambos sexos
se desbarató la boda.
Anda; él vendrá si es de ley.
Su casa es nuestra; á su costa
seis meses hace que estamos
llenando aquí la bartola;
y como decia el otro,
inienlras no falten las ollas
de Egito, no hay prisa...
Usté
lo mira con mucha sorna;
pero yo, pobre de mí,
con veinte años á la cola
y sin casarme...
Muchacha!
Y si dijéramos...
Oiga!...
Que no habia en e\ lugar
quien me hiciese cucamonas
antes que él... Pobre Mamerto,
que por mí suspira y llora
y le dejé pof doü Frutos...
Hiciste bien. Cuando sopla
la fortuna, el que la pierde
merece comer bellota.
Usté me lo aconsejó...
Y tú no te hiciste sorda.
Quizá me salga á la cara
haber sido avariciosa.
La codicia rompe el saco...
Aquí no hay saco ni alforja
que valga. Lo dicho, dicho,
y se acabó, y arda Troya.
Pues mire usté; tengo aquí
(Con la mano en el pecho.) un peso de treinta arrobas,
que fué muy mala partida...
Eh, vamos... No me corrompas.
Pobre Mamerto! Aun le quiero
unas miajas...
Si me nombras
otra vez á ese abejorro...
Bien; callaré...
Es que si asoma
por esa puerta, le juro
que ha de dormir en chirona.
Ú soy regidor, ú no.
Ya le he dicho que no ponga
aquí los pies.
Es que siempre
estcá haciéndote la ronda,
y me enfada...
Se consuela
con hacer lo que la Zorra
con las uvas.
Sí, están verdes.
Pero si usté no se enoja
le diré que es tontería
quitarle de cuajo toda
su esperanza, por si el otro...
Que al (in no pide lismosna
Mamerto: tiene hacendilla,
y con la chuparaglona
de la escribaüía...
Basta!
Ya he dicho que no me rompas
Ja cabeza...
ESCENA II
(SIMONA, TÍO PABLO, GORRIÓN.)
Guarde Dios...
Qué hay?...
Una carta...
(Tomándola.) Á ver?
(Viendo el sobre.) Hola!
Es de don Frutos. (La abre.)
Qué dice?
(Leyendo.)
«Hoy salgo de Zaragoza,
y á poco que se retarde,
llegaré á la misma hora
que el correo.» No lo dije?
Ah! Volvámosle la honra.
Ahora sí que va de veras!
Brinco de gozo... (Perdona
por Dios, Mamerto!)
El alcalde
le llama á usté. Viene tropa
mañana...
Voy al momento.
Recibe tú cariñosa
á Frutos, si tan y mientras
que estoy fuera se le antoja
venir. Echa á andar, Gorrión.
(A Simona.) Lo oyes?
Si.
Y dale memorias.
ESCENA III
(SIMONA.)
De tanto y tanto esperar
ya me iba quedando pocha.
Me caso con Calamocha!
Soy la reina del lugar.
La concencia me dá voces,...
mas bien dice padre: si una
ve en su puerta á la fortuna,
Ja há de dar un par de coces?
Si pudiera con mi mano
juntar en cuatro minutos
con el caudal de don Frutos
la cara del escribano...
A bien que nadie se ha muerto
de pesar porque le den
calabazas, y él también...
ESCENA IV
(SIMONA, MAMERTO, MAMERTO, SIMONA.)
Es su voz... Mamerto!
Por qué vienes, maldecido,
á esta casa... (Fuerte apuro!)
si sabes ya de seguro
que has de ser mal recibido?
Porque tú eres el retablo
de toda mi devoción,
porque te amo con pasión...
y porque lo quiere el diablo.
Vengo, Simona, á tu casa
como mariposa terca
que una vez y otra se acerca
á la luz donde se abrasa.
Yete, Mamerto.
Mujer!...
Ya me cansan tus sandeces.
No te he dicho treinta veces
que no te puedo querer?
No te he dicho yo otras tantas
que no te puedo olvidar?
Qué amor tan particular!
Con desprecios qué adelantas?
Ver la cara giiapetoiía
conque el corazón me punzas,
que por mucho que la frunzas
siempre es tu cara, Simona;
tener envidia á la saya
que está ciñendo tu talle,
aunque me eches á la calle
con un noramala vaya;
mirarme en los ojos bellos
conque penando me ves,
y en fin, postrarme á tus pies...
aunque me pises con ellos.
(Lo hace.)
Jesús!... Alza...
Bien estoy.
Alza; no seas pelmazo 1
No!
(Le daria un abrazo...)
Vamos; alzas, ó me voy?
31amerlo. (Levantándose.)
Porque no te vayas, alzo.
Bien; pero pronto...
Oh delicia!..
Á Santiago de Galicia
iria por tí descalzo.
Oh! Vete ya; no me enfades.
Otro momento, alma mia.
No me has dicho todavía
bastantes iniquidades.
Te las diré si me pones
en ese resbaladero,
ya que eres tan majadero
que te gustan los sobones.
Te confieso...
Hun... No te vas?
Aunque con ellos me humillas,
que me saben á rosquillas
por ser tú quien me los das.
No quiere padre hoy en dia
que hable contigo.
A y de mí!
si le sosprende aquí
va á hacer una fechuría.
Bien; yo á sufrirla me obligo
por esos ojos morenos.
Sufrirla tú es lo de menos,
pero y si la hace conmigo?
Oh! si al pelo de tu ropa
se atreve, por San Melchor
que aunque sea regidor
rae lo he de comer por sopa!
No creo...
Hay padres muy brutos!
Pero á qué tanto moler?
Cómo he de ser tu mujer
si me caso con don Frutos?
(Afligido.)
Que al fin me dejas por el?
Otra! Si padre lo manda!...
Y tú lo deseas!... Anda,
cruel y mas que cpoel!...
Si esperas que yo me arredre
por tus lamentos, mal vas.
Yo cruel!... Tú lo eres mas,
que no me dejas que medre.
Yo...
Calamocha derrocha
por mí un tesoro, un Perú.
Me darás acaso tú
lo que me dá Calamocha?
Un dia, y no muy lejano,
te colmafia de placer
la golosina de ser
costilla de un escribano.
Es que... estonces...
Y quizá
decías tú para tí:
bien tendrá fé para mí
el que á todos se la dá:
y por saciar tu ambición,
ingrato y dulce embeleso,
yo hubiera armado un proceso
al gallo de la pasión:
V mis sentidos incautos
süñabau... picara suerte!...
con el gozo de tenerte
cosida siempre á los autos;
mas hoy — ¿quién me lo dijera!—
va mi pluma no te basta
y haces, ante mí, subasta
lie esa cara retrechera!
(Rompiendo d llorar.) Y me das tal pesadumbre,
y no cesan tus enojos
viendo brotar de mis ojos
lágrimas de media azumbre!
No llores; me dá pesar...
No importa: mas pasó Cristo...
Alábale de que has visto
á un escribano llorar!
Si te consuelas así,
llora donde mas le cuadre,
{)ero no aquí» que mi padre...
Ya lo tenemos aquí!
Mamerto sigue gimiendo y llorando.
ESCENA V
(SIMONA, MAMERTO, TÍO PABLO, TÍO PABLO, MAMERTO.)
Padre!
Pícara, no me repliques!
No ofreciste esta mañana
no volver á recibirle?
Sí, señor; pero qué hace una
cuando una?...
Infame!...
(i Mamerto.) IM'úu
Entró aquí de sopetón,
y por mas que yo le dije:
vete; no le hablo; no te oigo,...
ni por esas! Es muy chinche.
Voto á!... Colarse en mi casa
sin decir dóminus Cristi! —
Mas sin alas no se vuela:
sin (luda lú se las diste...
Alas dice usté, y eslá
llorando que se derrite?
(Acercándose á Mamerto.)
Y es verdá!... Mala vergüenza!
(Llorando.) Ah!
Corazón de alfeñique,
lioras! De Belchite, y lloras!!!
(Entre irritado y lloroso.)
Si, señor: yo soy sensible.
No he de tener corazón
porque he nacido en Belcbitc?
Lloro, sí; pero mi llanto
no es cobardía; es berrinche.
Lloro de amor y de celos
porque esa ingrata, esa esíingc
es de las de oros son triunfos,
y me desprecia y me aflige
porque olro novio la ofrece
plata y oro á celemines.
Lloro porque alguna bruja,
de su hija de usted compinche,
sin duda me ha dado hechizos,
pues soy tan incorregible,
que debiendo aborrecerla
porque tiene alma de tigre,
si ayer la amé como cuatro
hoy la adoro como quince.
Dígala usted que se ablande,
dígala usted que me guiñe
siquiera un ojo, y veremos
quién llora luego y quién ríe.
Dígame ella: tuyo' soy;
te quiero como te quise,
y si algún guapo lo estorba
le deshago las narices.
¥ si fuese yo ese guapo,
qué barias?
ídem per idem.
Antes que volverme atrás
quiero que me descuarticen.
Te me subes á las barbas!
Mientras ella no me anime,
no, señor; pero...
(Amenazándole.) Bribón!
A un hombre de mi calibre!...
Padre!...
Al mismo sursum corda.
Á un regidor!...
Por la Virgen!...
(Llamando.)
Gorrión!— Irás á la cárcel.
Padre!— Mamerto!...
No chistes!
ESCENA VI
(SIMONA, TÍO PABLO, MAMERTO, GORRIÓN.)
Qué me manda su mercé?
Mando, una vez que me sirves
de criado y de alguacil,
que me prendas á ese títere.
A él! A un escribano! Sabe
su mercé lo que se dice?
Mejor. En un calabozo
purgará todas sus chismes
y trapisondas.
Tio Pablo!...
Cuidado con zaherirme,
ó por vida...
Alzas el puño!
Te atreves!...
Estoy en crisis.
Por ella seré furioso
león ó cordero humilde.
Habla, Simona: me atrevo,
ó no me atrevo? Decide.
Si me amas, no me acobardan
regidores ni alguaciles;
si me aborreces...
Sí, sí;
te lo digo sin melindres;
te aborrezco, y aunque frailes
descalzos me lo prediquen
niinca te querré.
No? Ay mísero,
misero de mí, infelice!
Varaos; no hago resistencia.
Que me prendan, que me lien,
y si con eso no estás
contenta, que me fusilen!
(Llorando.) Adiós, Simona!... Si en son
fúnebre, pausado y triste
oyes tañer las campanas,
no preguntes, no averigües
por quién doblan. El difunto
soy yo, Mamerto Rodríguez,
que victima de una ingrata
muero en mis verdes abriles
pidiendo á Dios que perdone,
mis flaquezas y tus crímenes.
ESCENA VII
(TÍO PABLO, SIMONA.)
¿Si se morirá de veras,
Virgen del Pilar!
Morirse
por eso? Quiá! Y con su pan
se lo coma si es tan simple,
y al que se muere le entierran;
esto es claro, y cada quisque...
Pero ya tarda don Frutos.
Si ahora me dejase alpiste!...
Vuelta á la tema...
Mas vale
pájaro en mano que buitre...
(A lo lejos.) Viva!
Oyes?
Viva don Frutos!
Ya está tu novio en Belchite.
(Asománú:ose á la ventana.)
Mírale; en silla de posta
llega por allí, á lo príncipe.
Viva! (Se oye el ruido de un carruafje.)
(Asomándose.) Él es! Qué guirigay
de cascabeles y vítores i
Ya se apea.
(Gritando y agitando el pañuelo.) Bien venido!
Arriba!— Qué bella efigies!
(Quitándose de la ventana.)
Sí; viene guapo.
Y qué orondo!
Bien pesará, sin la pringue,
siete arrobas... Mas qué hacemos?
Salgamos á recibirle.
ESCENA VIII
(SIMONA, TÍO PABLO, DON FRUTOS.)
(Don Frutos ha abandonado su trage de lugareño y ya no es tan áspero en su acento ni tan rudo en sus. modales.)
Frutos! (Le abraza.)
Tío Pablo!— Simona!
[Desviando á su padre y abrazando á don n
Quite usté, que no me huelgo
si á SUS hombros no rae cuelgo.
Mi gozo..
Aquí! Á la poltrona!
(Ilace sentar á don Frutos en una butaca. Simona se sienta á su derecha y el tio Pablo á su izquierda.) Estoy loco de contento.
Yo también...
(Colgándosele de un brazo.)
Gracias á Dios!
Te esperábamos los dos
como al santo azvenimiento.
Tanto tiempo en Zaragoza!
Mis asuntos...
(Dándole ana palmada en el muslo.)
Ah gazapo!
(Á su padre.) Verdá que viene muy guapo?
Y tú estás muy buena moza.
De veras? (Le toma una mano.)
Eres mi encanto.
[Poniendo su segunda mano sobre la de don
Me quieres, eh? Me querrás?
Mucho. (Y te querria mas
si no me sobaras tanto.)
La posta abre el apetito.
Querrás llenar la balija...
No, señor; ahora...
Anda, hija;
tráele aquel medio cabrito.
(En ademan de levantarse.)
Yoy...
No. Ya comí en la venta.
Ó si no, cualquier cosilla;
torreznos, una morcilla...
(Este suegro me revienta.)
Nada quiero. Qué porfía!
Comer sin gana es de brutos,
tio Pablo.
(Riéndose.) Ja, ja... Este Frutos
tiene una... iilosoraía!...
Pero al menos dá cuartel
hasta la hora de la cena
á un jarro de Cariñena
con bizcochos de Teruel.
Yino ahora? No me atrevo.
Un trago...
Ni por asomo.
Yo bebo siempre que cómo,
mas si no cómo no bebo.
Yo sí, que el vino remoza;
mas si tú no hallas placer...
(Á Simona.) Nos le han echado á perder
en Madriz v cu Zarai^oza.
Él se domesticará
otra vez y como antaao...
Domesticarme!...
Oyes, maño!
No me traes nada de allá?
Sí tal. (Ya enseñó la punta
de la oreja.)
Dime pues...
Cuéntame.
(Vil interés!...)
Escusada es la pregunta.
Traerá el vestido de novia
tan majo y tan retumbante
que no le habrá semejante
en Madriz... Cá! ni en Sogovia.
Ya me relamo... Es azul?
Y otro verde, otro canario...
Te traigo todo un vestuario.
Pronto llegará el baúl.
Que viya el garbo!
Ah buen hijo!
Otro abrazo! [Le abrazan padre é hija.
Otro!
(Qué extremos!...)
Y cuándo nos casaremos?
(Ah!.^.) Mañana.
Oh regocijo!
(Unirme yo á esta gentualla!...
Oh Elisa!...)
Se oye música de pueblo que toca ¡ajota.)
(Cesó la murria.
Mañana...)
Oís la mandúrria?
(Se levantan los tres.)
Si. Qué gusto! Una rondalla!
(Acercándose á la ventana.)
Aquí vienen. Qué lucida,
qué brava gente!
(Asomándose.) En efeuto..
Sin duda es con el ojeuto
de darte la bienvenida.
(Dios me ampare!)
(Desde la ventana.) Arriba, chicos!
(A don Frutos.) Nos vienen á festejar
y no les hemos de dar
con la puerta en los hocicos.
ESCENi IX.
DON FRDTOS. TIO PABLO. MOZOS DEL PUEBLO,
con guitarras, etc.
Yo y esta gente devota
venimos á que usté sea
bien venido y...
Gracias.
Ea,
menos charrar, y á la jota!
(Preludio de jota.) Qué viva el son de mi tierra!
(A don Frutos.) Al alma rae llega el limpie.
(Fn voz baja.)
Hombre, no sea usted simple!
Si parece una cencerra!
El cuerpo me baila ya.
Y á mí. O semos, ó no sernos...
(Jota y siempre jola! No hemos
de llegar nunca á la A;?
(Cantan.) «Á la Virgen del Pilar
se encomienda á Zaragoza,
y Belchite se encomienda
a don Frutos Calamocha.»
Bien tañido y bien cantado!
Esto es la gracia de Dios.
(A don Frutos.)
Vamos á bailar los dos...
(rulos. Yo!... Perdona: estoy cansado. Sí; tienes razón. Acabas de llegar... Anda, hija mia. Aquí hay ua majo! Tuavia puedo menear ias tabas. [Bailan Simona y el lio Pablo.)
(Sigue la música.)
Lo bago bien?
Si; yo me alegro.
(Dónde me voy á meter!
Jesucristo, qué mujer!
Yirgen del Pilar, qué suegro!)
(Cantan.) «Si el novio se llama Frulos
y la novia es una flor,
claro está que antes del año
tendrán un hijo varón.»
(A los músicos.) Perdonadme que os ataje.
Molido llegué del viaje
y no he descansado aun.
(Cesan el baile y la música.)
Dice bien. Vamonos pues,
chicos.
[). Frulos. (Ya me enfada esc run, run...)
No penséis que os hago
un desaire...
(Dando dinero á uno de ellos.) Echad un trago
á la salud de los tres.
No iremos á casa enjutos.
Sígame la comitiva
diciendo conmigo: Viva
don Frutos!
Viva don Frutos!
ESCENA X
(SIMONA, DON FRUTOS, TÍO PABLO.)
(Qué contento va el gandul!...)
Te irás á la cama; sí?
No. Por echarlos de aquí
dije...
(Gorrión y un mozo entran cargados con un baúl.)
Ya está aquí el baúl!
ESCENA XI
(SIMONA, DON FRUTOS, TÍO PABLO, GORRIÓN.)
Pesa un quintal... Baja... Suelta.
(Dejan el baúl en el suelo.)
(Dando una moneda al mozo.)
Tüiua, vele, y buen provecho.
(Se relira el mozo.)
Vendrá de ropa hasta el techo.
Así no estará regüelta.
Bien haya nú novio, amén!
Daca la llave, galán.
Tengo ya un ansia, un afán
de ver todo ese almacén!...
(Metiendo la mano en el bolsillo.)
Aquí ha de estar...
Oh! no me harto
de dar gracias al Señor...
(Dando ci Simona una llave.)
Tómala. — Pero es mejor
llevar el cofre á tu cuarto...
Lo mesmo tiene.
Y allí,
ya que para eso han venido,
te pones ahora un vestido
de los que traigo...
Sí, sí.
Mas linda que una panocha
estaré...
Ese es muy vulgar
para quien se va á casar
con don Frutos Cala mocha;
que aunque yo en eso no fundo
mi gloria ni mi placer,
algo se ha de conceder
á las prácticas del mundo,
y mientras yo no te quite
ese trago burdo y recio,
le mirarán con desprecio
las hidalgas de Belchite.
No hay miedo. Suda la plata,
que yo tendré señorío
y con lui aquel y mi brio
echaré á todas fa pata.
(Hura... la pata!)
Aunque labriegos,
sabemos de filigrana,
y aunque vestimos de lana,...
¿estás? no semos borregos.
Voy... Padre, abra usté la puerta.
(El tio Pablo abre la que está en los bastidores de la izquierda.) Voy á ponerme otro arnés...
Bien.
Y daremos después
un paseo por la huerta.
Bien.
(A Gorrión, alzando el baúl por un asa.)
Alza! Estás en Babel?
(Gorrión levanta el baúl por el otro lado.)
Vendrá un mozo... (Es montaraz!)
Deja...
Quita!... Soy capaz
de cargar sola con él.
(Simona y Gorrión entran con el cofre en la habitación de la izquierda.)
ESCENA XII
(DON FRUTOS, TÍO PABLO.)
Mi hija es toda una mujer.
Qué fuerza y qué desparpajo!
Sí; la muchacha es briosa
y robusta. Sin embargo,
no es su fuerza lo que mas
me enamora: porque, al cabo,
yo no me caso con ella
para que tire de un carro.
(Gorrión sale del cuarto de la izquierda y se retira.)
Hombre, eso... Tanto como eso...
Y qué hay de nuevo, tio Pablo,
por el lugar?
Poca cosa.
Mafiana llegan soldados;
la aciluua pinta bien;
el vino, bueno y barato;
el trigo, tal cual; cebada,...
bien tendremos para el ano;
ba espichado el tio Calzorras
y está preso el escribano.
Quién? Mamerto?
Sí.
Y por qué?
Qué ba becho ese pobre uuichacbu?
Ahí es nada! Enamorarse
de Simona como un ganso.
Qué dice usted?
Y en mi casa
colarse de contrabando
para decir chicoleos
á la niña.
Vamos claros;
Simona le corresponde?
Querer ella á ese espantajo?
Bobada! Y si tal hiciera
Ja costaría muy caro.
Entonces mas que su padre
sería usted su tirano.
Yo prometí ser esposo
de Simona, y nunca falto
á lo que una vez prometo
aunque me lleven los diablos;
mas si llego á sospechar
que cuando me dá su mano
raenos que á su corazón
obedece á los mandatos
de su padre, juro á Cristo
que habrá en Belchite un escándalo,
Nada de eso: la muchacha
se muere por tus pedazos,
y eso la sale de adentro,
y en la verdá no hay enñago,
y ojos tienes tú y orejas
para verlo y escucharlo,
V si toda su alma es tuva,
qué le queda al otro zángano?
No pueden servir á un tiempo,
como dice aquel adagio,
ni un candil á dos cocinas
ni una criada á dos amos.
Y prueba de que Simona
no puede ver á ese trasto
es que yo le sosprendí
con ambos ojos llorando,
y el que llora no se alegra...
(Este hombre es de cal y canto.)
Y cuando ella...
Basta, basta.—
Pero si está desahuciado,
á qué ese odio contra él?
Cuándo fué delito el llanto?
Querer lo que quieres tú
y decirlo con descaro,
es delito que merece
descomunión y cadalso.
En íiu, bien está en la cárcel
por si forte y por si acaso,
y á Segura llevan preso,
y buscar tres pies al gato
es tontuna, y el que quita
la ocasión quita el pecado.
Pero qué dirá Belchile
viendo un proceder tan bárbaro
y tan injusto? Que á falta
de corazón y de manos,
con una alcaldada atroz
de mi rival me deshago.
No cabe tal bastardía
en un corazón hidalgo.
Voto á Cribas... Yo pensé
que te hacia un agasajo...
No; una injuria imperdonable.—
Yaya usted mas que de paso
á poner en libertad
á ese pobre mentecato.
Pero...
No hay pero que valga.
Me amagó cou un sopapo...
Hizo muy mal...
Ya ves tú...
(Eq no pasar del amago.)
A una autoridaz!-
Mamerto
debió...
Obedecer callando...
(En vez de amagar cou uno
haber sacudido cuatro.)
Mas sea culpado ó no,
ya lo he dicho, es necesario
ponerle en la calle.
Pero...
Otro pero, y no me caso.
(Demonio! capaz será...)
No lo digo yo por tanto...
Este es un decir...
Qué flema!
Voy corriendo como un galgo.
ESCEiNA XIII.
DOIS FRUTOS.
Aun es peor este suegro
que la suegra de Madrid;
que si aquella me enfadaba
con su orgullo señoril
y sus nervios, al íin algo
podia aprender allí;
pero con este mastuerzo
como no aprenda á mugir...
Qué fatalidad la mia!
De qué me sirve ¡ay de mí!
librarme de una raposa
si doy con un javalí?
Simona es linda mozuela,
pero cuánto mas gentil
Elisa!... Tan descontento
de la corte me volví.
V tan de lirmc me entró
la querencia á mi pais,
que me cautivó el sentido
la primer hembra que vi,
sin calcular que bien puede
tener hermoso períil
una moza y no valer
catorce maravedís.
Después, ó sea que acaso
cuando al Manzanares fui
algo tomé, sin saberlo,
del cortesano barniz,
ó sea que comparé
la de allá con la de aquí,
eché de ver que mi novia
era una muía cerril; —
pero ¡tarde! Mi palabra
mas íirme que la del Cid
estaba empeñada. Entonces
me entró una murria, un espliu
que desterrar no he podido
caminando desde Abril
de Teruel á Zaragoza,
de Tarazona á Alcañiz;
y por mas que me esforzaba,
atormentando el magin,
para encontrar en Simona
mil perfecciones y mil,
mi corazón, dulce Elisa,
no se apartaba de tí.
Hasta en tus propios defectos,
adorado sera ti n,
nuevos primores hallaba
mi imaginación sutil.
Es gutivamba, decia;
es dengosa,... pero, al fin,
ella no tiene la culpa
de haberse criado así. —
A lo menos fué conmigo
franca, sincera, y el vil
interés no la cegaba
como á esta gentuza ruin. —
Mas por qué olvido, insensato.
que para ella no nací?
Paciencia, Frulos, paciencia;
dohia al yugo la cerviz,
esconde dentro del alma
tu amoroso frenesí...
y ya que tú no lo seas,
el cielo la haga feliz!
ESCENA XIV
(DON FRUTOS, SIMONA.)
(Simona aparece vestida á lo señora, pero con rústico desaliño y mal casados los colores.)
Frutos!
(Volüiendo la cabeza.)
Quién?... Ah!
Estoy muy cuca
con estos trenes; verdá?
Si. (Horror!)
Cualquiera dirá
que parezco una arcliiduca.
Sí; pero con poca maña
está prendido ese chai
y el vestido dice mal
con el moño de castaña. —
Y ese chai no es de ese traje...
Si todo es mió, qué importa?
Y siendo la manga corta
sobran los puños de encaje.
Otra!...
Y te has puesto en el cuello
esos lazos de muaré...
Dale!...
Que yo te compré
para adornarte el cabello.
Y esos guantes...
Me amohinas.
Para algo los hizo Dios.
Asi colgando los dos
me parecen disciplinas.
No saques burla de mi.
Soy yo im niño de la escuela?
Coníu saya de franela
estabas mejor que así.
Ni así ni asado me quieres.
Si luego me bas de gruñir,
por qué me mandas vestir
de veinticinco alíilcres?
Sí; antes...
No soy tan palurda...
Debí tomarte doncella...
Yo me pasaré sin ella,
que no soy manca ni zurda.
I de nadie aguanto feos,
y teniendo este palmito
mal año si necesito
de lodos estos arreos.
Me voy antes y con antes
á librarme de este potro;
que, como decia el otro,
mal caza el gato con guantes.
Oye...
No me dá la gana.
Á mi tan cruel sonrojo!...
Qué apostamos á que arrojo
el baúl por la ventana?
Simona!...
Ah!... si mis parientes
supieran... (Ya está mas blando.)
Mi intención...
(De cuando en cuando
es bueno enseñar los dientes.)
Yo siento...
Qué ruido mete
porque me dá cuatro pingos!
(Siguiéndola.)
Oye y basta de respingos.
No quiero, no quiero; vete.
(Vuelve á entrar en su cuarto.)
ESCENA XV
(DON FRUTOS.)
(El teatro se va oscureciendo gradiialmenfe.)
Pobre Simona! Se enfada
con razón; yo lo conozco.
Si el equipo de señora
se le despega del hombro;
si en ese molde grosero
hacen tan mal matrimonio
el vestido con el chai
y los guantes con el moño,
ía culpa me tengo yo
que pido peras al olmo.
Vamos claros, Calamocha:
eras tú menos zambombo
cuando te hacian entrar
en los trotes del gran tono?
Y eso que aquel don Remigio,
correvedile y factótum
de la señora marquesa,
te sirvió de pedagogo. —
Eh, paciencia!... Ya la iremos
desasnando poco á poco...
No es ningún arco de iglesia
prenderse así ó de otro modo.
Ya aprendercá esos ribetes...
quizá demasiado pronto,
que son en eso mas duchas
las mujeres que nosotros
y para engañar al mundo
estudian con el demonio.
ESCENA XVI
(DON FRUTOS, TÍO PABLO.)
Ya está en liberta Mamerto.
Lo celebro. Pobre mozo!
Dejémosle en santa paz
revolver sus protocolos.
Se ha vestido ya Simona?
Estará hecha un ascua de oro.
Sí.
Pero dónde se mete?
Quiero ver los requilorios
señoriles que se ha puesto
y echarla cuatro piropos.
Ya no quiere pasear.
Ha ido á desnudarse...
Cómo!...
Está reñida conmigo.
De veras? Algún antojo
de los suyos...
No, señor.
Juro á Santiago el apóstol
que se ha de acordar de mí!
No hay razón...
No la perdono!
Yo la enseñaré á tratarte
con respeto y con buen modo.
Ella no tiene'la culpa.
Si usted me overa...
No te oigo.
Quién la ha de tener sino ella?
Puedes tú ni por asomo
enquivocarte?
Tío Pablo!...
Reñir!... Por vida de Poncio!...
Bien; ya basta...
Esa chicuela
tiene muy poco meollo.
(Se riñe con el marido, pero nunca con el novio.) Aquí la voy á traer
de una oreja...
Yo me opongo...
Y te pedirá perdón,
ó nos han de oir los sordos.
Quiere usted con mil y mas
no iiielorse en mis negocios?
Pero, hombre, si...
Ella no quiere
pascar, ni yo tampoco.
Va es tarde"...
Sí; y corre un cierzo...
Haces muy bien: me conformo
con tu ditámen.
Tío Pablo!...
Tu salú es antes que todo.
Oh!... Me apestan las lisonjas.
Lisonjas? Ni por el forro.
Mi afeuio...
Si usted no calla
voy á hacer un despropósito.
Bien; tu volunta y la mia
son una mesma; y si estorbo...
No, señor; pero...
Comprendo.
Quisieras quedarte solo.
Sí.
Bien. Contra menos bultos
mas claridá. Tomo el jopo...
Abur 1
(Manos besa el hombre
que quisiera...) A Dios, cachorro.
ESCENA XVII
(DON FRUTOS.)
Vamos; yo estaba sin duda
ó lelo, ó borracho, ó loco
cuando empeñé mi palabra
para tan necio casorio.
Quizá algún día Simona
si con paciencia lo tomo,
se llegue á civilizar,
pero eche usted en adobo
cá un suegro que ya ha cumplido
cincuenta años de bolonio!
No desbastan ya ese leño
ni el cepillo ni el escoplo.—
Yo voy á pasar aqui
las penas del purgatorio.—
Oh Elisa, Elisa!... Otra vez
quiero apacentar mis ojos,
pues no tengo otro consuelo,
en tu peregrino rostro.
(Se sienta junto á la mesa, saca un retrato y lo contempla.) Conservo, y conservaré
mientras no me echen al hoyo,
tu retrato. Qué diWna
criatura! Qué tesoro
de gracias y perfecciones!...
Cada vez que reílexiono
que pude llamarte mia
y otro mortal mas dichoso...
(Óyese el ruido de un coche de colleras.)
Pero qué ruido?... Un carruage!...
(Dentro.) Socorro I
Cielos!
(Levántase precipitado y corre d la ventana dejándose el retrato sobre la mesa.)
(Dentro.) Socorro!
Las muías van desbocadas...
Volemos...
(Á gritos y desapareciendo por el foro.) Gorrión! Ambrosio!
ESCENA XVIII
(SIMONA.)
(Sale vestida otra vez como en las primeras escenas.)
Sonó un coche de arquiler
y mi novio, á lo que creo,
gritaba...
(Fijando la vista en la mesa.) Cielos, qué veo!
(Toma el retrato.) Un retrato de mujer!—
No hay duda. Infamia!... Él lo trujo.
(Examinándole.) No dislingo... Hay poca luz...
Mas juro á Dios y á una cruz
que no es mió este dibujo.—
Me acercaré á la ventana...
(Lo hace.) Ni por esas! Ya es de noche.
Por vida... — Ha parado el coche.—
(Volviendo á mirar el retrato.) Oh!... Quién será esta fulana?
No lo sé; pero aquí hay duende;
esto es alguna querencia
que ha dejado... No hay fíilcncia:
ese picaro rae vende!
Ahora caigo de mi burro.
kAllá ha buscado desquite...
Por eso vuelve á Belchile
tan serióte y tan cazurro.
Dos Queridas Á La Par!,
-
Encenderé una candela,..—
Por el siglo de mi abuela
que me las ha de pagar!
(.4/ entrar Simona en su cuarto, aparecen en el foro don Frutas y Gorrión conduciendo d Elisa desmayada.)
ESCENA XIX
(ELISA, DON FRUTOS, GORRIÓN.)
Con tiento... Aquí en el sillón...
(La dejan sobre la batuca.) Apenas se ve...
Ay de mi!
Ya vuelve...
(Alzando la voz.) Una luz aquí!-
Corre á buscarla, Gorrión.
(Vase Gorrión por el foro. Al mismo tiempo entra Juana.)
ESCENA XX
(ELISA, DON FRUTOS, JUANA.)
Aqui entró... Sigo su huella...
Señorita!
Dónde estoy!
Sosiégúese usted. Yo soy...
(Aparece Simona con una luz en wia mano y el retrato en la otra.)
ESCENA XXI
(ELISA, DON FRUTOS, JUANA, SIMONA.)
(fíeconociendo á don Frutos.)
El!
(Reconociendo á Elisa.)
Es ella!
(Reconociendo á don Frutos.)
Es él!
Es ella!
[Comparando rcipidamente la cara de Elisa con la del retrato.)
(Suelta la luz, que se apaga, y cae sin sentido sobre una silla.)
SEGUIDO.
Luces sobre!a mesa.
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(ELISA, JUANA.)
(Juana lleqa por la puerta del foro.)
No le has visto?
No, señora.
Como ha llegado esta tarde,
está abajo de visita
con el cura y el alcalde
y otros caciques del pueblo.
Será preciso esperarle...
Si tarda mucho...
No tal.
Las gentes de los lugares
siempre se acuestan temprano.
Se marcharán al instante. —
Qué casualidad! Ser él
quien de peligro tan grave
nos salva...
Sí.
No hay remedio:
si él no detiene el carruage
perecemos.
Yo perdí
el seiUido y do vi á nadie...
Tampoco yo pude enlonces
reconocerle. La calle
angosta y de noche ya...
Pero ello es que ha sido el ángel
de nuestra guarda y que estamos
en su casa, y muy galante
nos la ha ofrecido y con cJIa
cuanto tiene y cuanto vale. —
Apenas en esc cuarto
(Señala la puerta de la derecha.)
nos dejó, pasado el trance
del desmayo, y dio sus órdenes
para que nada nos falte,
se separó respetuoso
de nosotras, y no es fácil
en tan contados momentos
exactamente juzgarle;
pero no ha phscrTado usted
mas cultiira en sus modales,
aunque no haya desechado
todavía todo su aire
provincial?
Cierto.
Y, sin duda,
aunque le hemos visto en trage
de camino, ya no gusta
de andar tan horro como antes.
El corte de aquel gabán
honrarla al mejor sastre,
y note usted que estos muebles
son demasiado elegantes
para Belchite.
. En efecto.
Resulta pues de mi examen
que ya es don Frutos otro hombre.
Tal creo; mas no lo extrañes.
Aunque poco cultivado,
dio en Madrid claras señales
de su natural talento
y de su noble carácter;
mas de un año ha transcurrido
desde eulonccs, y uo cu balde
pasa el tiempo...
Y no vio usted
la alegría inexplicahle'
que al reconocer á Elisa
se retrató en su semblante"?
Alegría? No. Sorpresa...
Posible es que yo rae engañe,
pero en aquel corazón
la antigua llama renace...
No digas tal. No recuerdas
sus esfuerzos, sus afanes
porque no tuviese efecto
nuestro proyectado enlace?
Con todo...
Su antipatía...
No era á usted, sino á su madre.
Y nada prueba un momento
de arrebato, de que nadie
está libre. Usted también,
dudosa entre dos amantes,
á don Miguel dio la mano
y se arrepentió ¡ya tarde!
de su locura.
Es verdad!
Mas pude yo figurarme
(jue como el surco en el agua
y como el humo en el aire
veria desvanecerse
mis ilusiones falaces?
Quién me hubiera dicho, Juana,
que aquel amor entrañable
a mis pies encarecido
y jurado en los altares
era capricho fugaz,
o tal vez cálculo infame?
Aquel hombre á quien acaso,
mas ilusa que culpable,
sacritiqué mi ventura,
haciendo cruel alarde
de su ingratitud pago
mis caricias con desaires,
mis tíoezas con agravios,
mis lágrimas con ultrajes.
Disipado, jugador,
duelista,... cuántos pesares,
cuántos dias de amargura
me ha dado!
Es un botarate,
an picaro... Y luego extrañan
que una mujer sea frágil. —
iMientras vivió la marquesa
fué don.Miguel tolerable;
pero así que cerró el ojo
se hizo mas malo que el Draque.
Pobre mamá!.., Mi desgracia
k mató; no sus achaques.
Sí, señora. (Y el dolor
de no haber echado el guante
á los bienes de don Frutos.)
De la herencia de mi padre
qué me queda ya, infeliz!
Cuatro tierras miserables
y una casa en este pueblo...
Y se empeña aquel alarbe
en venderlas y en que usted
venga á activar el remate!
Qué he de hacer? Está abrumado
de deudas...
Que se las pague
el diablo. En lugar de usted
yo entablaría al instante
la demanda de divorcio...
No. Pretiero resignarme
con mi desdichada suerte.
No quiero con semejante
litigio cxpbuer mi honra
á las hablillas mordaces
del vulgo.
Pero es extraño
que don Miguel, cuando sabe
que reside aquí don Frutos,
haya dispuesto no obstautc
que usted sola...
Mi marido
ya no se digna de honrarme
con tener celos de mí!
Merecía el badulaque...
Además, me aseguraron
antes de emprender el viaje
que se hallaba en Zaragoza
don Frutos.
En mi dictamen
es buen presagio el haberle
encontrado, y casi, casi
nos debemos alegrar,
señorita, del percance
que nos ha proporcionado
tan generoso hospedaje.
Mi decoro, mi deber
me prohiben aceptarle.
Vamonos, Juana.
Sin verle,
sin!...
Es forzoso.
Qué diantre!
No hemos venido á sabiendas.
La Providencia nos trae
tal vez...
Estoy decidida;
cscusado es que te canses...
Irnos á un mesón ahora!...
No; á mi casa. Desde el martes
me espera el arrendador...
Pero sin saber las calles,...
de noche, como dos brujas...
Dándole las señas, alguien
nos conducirá...
(Aparece clon Frutos en el foro.) (Don Frutos!)
(En i'oz baja.)
Ya está aquí: ya no hay escape.
ESCENA II
(ELISA, JUANA, DON FRUTOS.)
Señora, si usted permite...
Oh! entre usted. No necesita
mi permiso...
(Acercándose.) (Qué bonita!)
Usted, señora, en Belchite!
La sorpresa es natural.
Algo mas que eso, señora,
mi corazón siente ahora.
Pues qué?...
Un gozo... celestial.
No hay motivo para tanto.
No le hay? Cuenta usted por nada
honrar mi humilde morada
una... la... usted... Cielo santo!
Del gozo que en mi rebosa
leve motivo será
haber salvado quizá
una vida tan preciosa?
Y en íin, aunque no me asombre
mi inesperada ventura,
no es bastante esa hermosura
para enloquecer á un hombre?
Tales lisonjas consiente
la cortés galanteria.
Elisa!...
(A Elisa en voz baja.)
La cortesía
nunca fué tan elocuente.
No se usa aquí ni en Daroca
poner en contradicción
lo que siente el corazón
y lo que dice la boca.
Para evitar esa lucha
mejor es sellar el labio
cuando puede hacer agravio
la verdad á quien la escucha.
Qué agravio cabe, señora,
en mi fe sumisa y pura?
Ofeüde á Dios por ventura
el cristiano que le adora?
Don Frutos!...
Bien; sí: ya callo.
Mi marido...
(Su marido!
Ah! si yo lo hubiera sido
me cantaria otro gallo.)
No me oye usted?
Sí.
Mi esposo..
Otra vez? Ya sé que usté
se ha casado; ya lo sé.
Otro ha sido nías dichoso...
Pero si...
Es cosa cruel,
viendo mi mortal quebranto,
que usted se complazca tanto
dándome en rostro con él.
£n fin, el que manda en raí
me envía para que venda
la casa y la poca hacienda
que poseemos aquí.
Vender la hacienda! y por qué?
Según eso algún apuro...
No, señor...
Sí; estoy seguro...
Mas no lo consentiré.
Teniendo yo ¡Dios eterno!
por castigo los doblones,
malvender esos terrones
y el noble solar paterno!
Áh! por qué sacarme asi
los colores á la cara?
Si tal oferta aceptara
qué se diria de mí?
Por eso también Elisa
me ha de armar una querella?
ISo debo...
(Apretando la mano á Juana.)
Ay Juana!... Por eHa
vendería la camisa.
Bien lo sé. Virgeu de Atocha!...
Otro se llevó la palma
que usted... No es aquella el alma
de don Frutos Calamocha.
Qué!...
Juana!...
No puedo mas.
Don Miguel es el reverso
de la medalla; un perverso,
un bergante, un Barrabás.
Oh!...
(Interrumpiendo á Elisa.)
Aunque se ponga usted seria
no callo. El tal don Miguel...
Juana!
Qué ha sacado de él?
Oprobio, llanto, miseria!
Y ese hombre es tan fementido,
tan traidor, tan sarraceno?...
Sea malo ó sea bueno,
don Miguel es mi marido.
Bien está; mas si son ciertas
esas noticias que Juana
me acaba de dar, mañana
se va usté á quedar por puertas.
Es mi esposo...
Otra! ya sé...
Debo hacer lo que me ordena.
En lo justo, norabuena;
pero en lo injusto por qué?
Doblarse como una caña
á su antojo!... Voto á san!...
Ese hombre es algún sultán?
No hay ya leyes en España?
Me remito á las de Dios.
Es de él acaso la hacienda?...
Demos tiu á una contienda
penosa para los dos.
Tan vilmente corresponde?...
Aunque agradecida estoy
á tantos favores, voy,
si usted me iiermilc...
AdÓQcle?
Á mi casa.
Otra manía! —
No quiero que usted la habite.
Cómo? Yo!...
Dirá Belchite
que la echo á usted de la niia.
Y qué dirá si me quedo?
Dirá que bajo el techado
de un hombre leal y honrado
puede usted dormir sin miedo. —
Ni allí puede usted estar.
Es un caserón sombrío,
lleno de goteras, frió
y al extremo del lugar.
No hay critiano que lo arriende;
y aun dicen algunas viejas
que de noche entre las tejas
suele aparecer un duende.
Virgen Santa! Yo me muero
si voy...
Aunque usted se enoje,
no está bien que yo rae aloje
en la casa de un soltero.
No soy solo, que también
en mi' casa se cobija
un anciano con su hija.
(.iparece Simona de improviso, saliendo de la habitación de la izquierda.)
ESCENA III
(ELISA, JUANA, DON FRUTOS, SIMONA.)
Di tu novia y dirás bien.
(Simona!)
(A media voz á Juana.)
Su novia ha dicho!
Muchilo. Se almira usté?
(Una novia de aparejo
redondo!)
(Dios de Israel!)
Sí, señora; soy su novia
como dos y una son tres;
y no hay que hacer aspamientos,
que tengo yo tanto aquel
como la mas estirada,
y á mí nadie... Estamos?... Pues.
(Quisiera que me tragase
la tierra!)
Te aguantas; eh?
Niega, traidor, que me has dado
delante de cinco ó seis
palabra de casamiento.—
Pero puede que ya estés
arrepentido y por otra
me quieras plantar, inüel 1
Yo...
Por esa... lechuguina.
Señora!...
Todo lo sé.
Usté viene á sonsacármele,
pero por vida de quién!...
Tengamos la fiesta en paz,
Yo... Qué mujer 1
Trata con mas cortesía
á esta señora.
(A Elisa en voz baja.)
Es soez.
Cortesía? Eso faltaba
cuando...
Es...
Ya sé yo quién es:
tu novia la de iMadriz."^
Acaso estoy yo en Belén?
El hermoso original
de este retrato.
Lo saca y se lo enseña á don Frutos.
(Ah!)
Lo ves?
Tiró el diablo de la manta
y se descubrió el pastel.
fConservaba mi retrato!...
Kn la mesa lo atrapé;
y es que, á la cuenta, estarías
consolándote con él...
(Me amaba!)
Cuando de pronto
corriste á todo correr
al encuentro de tu ninfa...
Maldita sea su piel!
Me obligarás si no callas
á hacer una...
Ya se ve;
como yo soy probé, y ella
hija de conde ó marqués...
Mas tal como soy, á nadie
doy yo mi brazo á torcer.
Qué es esto, señor don Frutos!
Esto es cumplirse la ley
de la expiación, señora";
esto es sufrir la cruel
penitencia de un pecado
que no debí cometer.
Qué quieres decir con eso?
Acaso yo te engañé?
Soy yo la descalabrada
y tú te vendas la sien!
Pues esto no ha de quedarse
asina, no. Hemos de ver
quién se lleva el gato al agua,
porque yo de bien á bien
soy mansa, mas si me pinchan
soy el mesmo Lucifer.
Si cuando vi por mis ojos
tu maldá me desmayé,
fué de corage. Por señas
que si no acude Isabel
á ampararme, lo que es tú...
No vi...
Qué hablas de ver?
Embobado con la otra,
no digo á mí, pero á un buey
no hubieras...
Oh! ya me canso
de escuchar tanta sandez.
Sepa usted que en esta casa
no hubiera puesto los pies
sin el azar imprevisto
que á ella me trajo, y á fe
que ya me hubiera níarchado
si don Frutos...
No hay cuartel
para las dos: una ú otra
y acábese el entremés.
Es inútil. Yo me voy...
Yo no lo permitiré,...
y perdone usted, señora.
No se trata ya de usted
solamente: mi amor propio
está empeñado también
en ello. No soy yo nadie
en mí casa? A qué papel
se me quiere reducir?
Voto á...
ESCENA IV
(ELISA, JUANA, DON FRUTOS, SIMONA, TÍO PABLO.)
(El tío Pablo llega por el foro.)
Qué es esto? Con quién
regañas, Frutos?
Conmigo.
Ya no me quiere!
Por qué?
Porque la novia de marras
que tiene mas oropel
se ha colado en casa...
Cómo!...
Y ya mira con desden
á la tosca lugareña.
Qué oigo! Eso ya pasa de...
\o he reclamado mis drechos,
que si una se hace de miel...
Sí; ecelra. Pues voto á cribas
que he de hacer v acontecer...
TioPahlo!...
Sí; soy capaz
de armar aquí uq somaten...
Tío Pahlt), á ella la he sufrido
porque es tonta y es mujer,
pero si usted me alza el gallo
le estampo en esa pared.
Pero, hombre... (Lo hará lo raesmo
que lo dice.) Es menester...
Te casas con ella, ó no?
Sí: ya lo he dicho una vez.
Me caso; sí. Quiero dar
al demonio ese placer.
Pues siendo asi, lo demás
no me importa un cascabel.
Mas pongo una condición...
Corriente: aunque sean diez.
Que no ha de haber en mi casa
mas voluntad ni mas ley
que la mia.
El despotismo!...
Silencio! Dice muy bien
el yerno. Quien manda manda.
No puedo...
Se hace un poder.
Pero...
Él se casa contigo
y seculorun amén.
Mis celos...
Guárdalos para
cuando seas su mujer.
Ahora adentro!
(La empuja hacia el cuarto de la izquierda.)
Padre!...
x\dtíntro,
ó por vida!... Hasta después.
Entra con Simona en la habitación de la izquierda y la
cierra por dentro.)
ESCENA V
(ELISA, JUANA, DON FRUTOS.)
(Haciéndose cruces.)
.Ics«s.I',Tesus!...
A tal padrfc
tal hija.
Coa esa arpía
se une usted?
Virgen María!
üü milagro es que no ladre.
Pues el padre... Oh! descalabra.
Qué quiere usted! Muerto estoy
de vergüenza, pero soy
esclavo de mi palabra.
Amé á un ángel sobrehumano
y por una tontería
¡o perdí... Desde aquel dia
Dios me dejó de su mano.
Ciega mi razón y esclava
de mi necio frenesí,
mis labios dieron un sí
que el corazón reprobaba;
y el Diablo, que íio perdona,
dijo con cara de risa;
no te acomodó una Elisa?
Pues allá va una Simona. —
Ayer el mió, hoy el de esa
desventurada... Oh qué grima!
Nunca me echaré de encima
el pelo de la dehesa!
Reniegue usted de su casta
y otra al puesto.
No; jamás!
Yo nunca me vuelvo atrás:
soy aragonés y basta. —
Y a mí, qué me importa ahora
que ella sea mi mujer
ú otra... si no lo ha de ser
la que el corazón adora?
Si de mi suerte el rigor
me guarda para una bestia,
escusada es la molestia...
Cuanto mas bestia mejor.
Puedo quejarme en conciencia
del mal que yo me he buscado?
No; en proporción del pecado
debe ser la penitencia.
Mueve á lástima y dolor
ver á usted entre esa gente,
que es usted seguramente
digno de suerte mejor.
Será verdad lo que oí?
Ya mi estrella es mas benigna,
señora, si usted se digna
de tener piedad de mí.
La tengo, pero no tanta
que á quedarme aquí me atreva.
Simona pondria á prueba
la paciencia de una santa. —
Adiós!
No, Elisa; no venza
su voluntad á la mia;
no: sufrir tal villanía
es una mala vergüenza.
Harán de su triunfo alarde
si ahora te alejas de aquí,
y se reirán de raí
como de un necio cobarde.
Si tanta dicha merezco,
harto breve por ser mia!,
acepta hasta el nuevo dia
el asilo que te ofrezco.
En él como en un sagrado
tu honor estará seguro,
Elisa: yo te lo juro
con la fé de un hombre honrado.
Abajo, lejos de aquí,
si tal gracia no me niegas,
mientras al sueño te entregas
velaré pensando en tí. —
Mas conozco á mi despecho
que, aunque la razón te obligue,
no quieres que nos abrigue
á los dos un mismo techo.
Pues bien; si esta humillación
tu rigor hace precisa,
quédale en mi casa, Elisa:
yo me marcharé al mesón.
Quedarme y echar al dueño...
Ño soy tan ingrata yo
ni tan egoísta; no.
Pero es temerario empeño
también...
Así me hizo Dios.
Soy aragonés, señora. —
Mas no sé quién es ahora
mas tozudo de los dos.
Sí yo...
Teme usted acaso
que se caiga una pared?
Pero...
En fin, vayase usted:
ya la dejo libre el paso.
Señora!...
Déjala, Juana.
Ya que tu señora bella
no quiere dormir en ella,
la casa arderá mañana.
(A Juana, á media voz.)
¿Qué escucho! Y lo hará!...
No es cosa!
Ya verá usted lo que tarda...
Yo...
Será lástima que arda
una finca tan hermosa.
Juana, si me quedo aquí...
El lo exige... El nos salvó...
Le tiene usted miedo?...
No...
(Pero me lo tengo á mí!)
Elisa, en nombre del cielo,
no me niegue tu altivez
esta gracia, que tal vez
será mi último consuelo.
Duélate mi amarga suerte,
olí dulce, perdido bien!
Mira que taato desden
puede apresurar mi muerte.
De rodillas te lo pido.
{Se arrodilla; Elisa quiere hacerle levantar -pero don
Frutos permanece en la misma actitud y sin soltar
la mano de ¡ilisa.)
Por Dios, alce usted...
Perdona...
Si nos sorprende Simona
no moverá poco ruido...
Oh! no alzaré...
Qué portia!...
Si palabra no me das...
Bien; pero con mil y mas...
Pasos siento...
(D. Frutos se levanta.)
(Apareciendo en el foro.)
Ave María.
ESCENA VI
(ELISA, JUANA, DON FRUTOS, BLAS.)
Adentro.
(Acercándose.) Aunque usté perdone,
está aquí una forastera,
que no es de Belchite y vino...
mas por la traza es aquella.
Se llama usté doña Elisa...
Sí; yo soy.
Está usté buena?
Vengo de parte
(lisa. Si; gracias. de Rudesindo Calleja...)
Mi arrendador.
Sí; á decirle
á su merce que la espera...
Dile que por esta noche
se queda aquí...
Norastlena.
(Ah!...)
Mañana nos veremos.
La señora está indispuesta...
Ya sé que hubo de volcar
el carruage. Son tan bestias
las muías!... Pues bien; por eso
no se perderá la cena.
Nos comeremos yo y Paula
su ración de usté y la de ella. —
Conque hasta mañana?
Sí.
Vea usté si tan y mientras
manda alguna cosa á Blas...
Ah! por vida de mi agüela...
Lo mejor me se olvidaba.
Hoy llegó por la estafeta
esta carta...
Déme usted...
(La toma y mira el sobre.) De don Remigio es la letra.
(A don Frutos.) Permítame usted...
Señora!...
(Abre Elisa la carta, y la lee para sí. Tú, vete ya.)
Y la.rempuesta?
Bárbaro! la has de llevar
tú á Madrid?
Toma! el que yerra
no pregunta... No; al contrario...
Se me ha trabado la lengua.
(Cielos!)
Conque, gtienas noches
y mandar lo que se ofrezga.
ESCENA VII
(ELISA, JUANA, DON FRUTOS.)
(Interrumpiendo la lectura.)
Dios mió!... (Sigue leyendo.)
Pierde el color...
(Llorando.)
Desventurada!...
Qué nueva
infausta?...
(Á Juana, mientras sostiene á Elisa, que está apunto de desmayarse.) Una silla, pronto!
(Alzando los ojos.)
Dadme, Señor, fortaleza!
(Se sienta ayudándola don Frutos.)
Descanse usted... Agua!
No.
Este frasquito de esencia...
(Saca uno del pecho y lo aplica á la nariz de Elisa.) Huela usted...
Olí! no te inquietes.
No temas, Juana, que pierda
la razón, que la que nace
con tan infeliz estrella
como yo ni este consuelo
en la adversidad espera.
Mas qué imprevista desgracia,
ó qué inesperada ofensa
tus bellos ojos, Elisa,
baña en lágrimas acerbas?
No á vana curiosidad
atribuyas la impaciencia
conque humilde te suplico
que me confies tus penas:
es porque mi bien supremo
sería librarte de ellas.
Don Frutos!
Tanta amargura!...
Habla. Acaso lloras... muerta...
á tu madre...
Ah!... Sí señor!
¿Cómo!... Pues...
(Elisa impone silencio á Juana con una seña.)
Pobre marquesa!
^Cuánto me quemó la sangre!)
Dios en su gloria la tenga...
[Levantándose.] Vamos, Juana...
Bien conozco,
bella Elisa, que no hay fuerzas
humanas que resuciten
al que yace en noche eterna;
bien sé que la de una madre
es irreparable pérdida,
y que en vano intentaría
con mi ruda y torpe lengua
curar la profunda llaga
que... En íin, usted bien penetra
los sentimientos que abriga
mi corazón. Yo quisiera...
(Ay Dios!) Lo sé; pero ahora...
Si; en ocasiones como esta
las lágrimas y el silencio
son la mejor elocuencia.
(Siguiendo á Elisa hasta la habitación de la derecha. Llore usted. Yo la acompaño... [Á una seña de Elisa retrocede resfietuoso.] en su sentimiento.)
(A Juana entrando.) Cierra.
(Juana sigue á su ama cerrando la puerta.)
ESCENA VIII
(DON FRUTOS.)
Pobre Elisa! No bastaba
para amargar tu existencia
haberte cabido en suerte
un marido calavera?
No te bastaba sufrir
sin exhalar una queja
su villana ingratitud
V su tirana insolencia!
Ün solo lazo le unia
á este valle de miserias;
tu raadre; y la impia muerte
se goza en (lejartc huérfana!
Maldita pécora fué
mi señora la marquesa;
pero al üq era su madre
y Elisa paga una deuda
sagrada si á su memoria
tributa lágrimas tiernas.
AuQ yo mismo, sin poder
resistir á su influencia,
creo que rae he enternecido...
Quién un dia me dijera
que habría yo de sentir
la muerte de aquella vieja
endiablada!... Y sin embargo,
por ella perdí, por ella,
esa inestimable joya
que insensato menosprecia
mi indigno rival. Si fuese
mi fortuna menos negra,
yo que la maldije viva
no la Horaria muerta.
Si mi palabra y las leyes
de la santa madre Iglesia
entre Elisa y yo no alzasen
insuperable barrera,
quién mas dichoso que yo
sobre la faz de la tierra?
Qué mujer pierdo, Dios mió!
Noble, virtuosa, bella,
probada ya en el crisol
del infortunio... ¡y sin suegra!
ESCENA IX
(DON FRUTOS, MAMERTO, MAMERTO, DON FRUTOS.)
Calle! Mamerto!
Entre usted. (Qué rae querrá?)
(Adelantándose.)
Usted dirá que á estas horas
no parece natural
mi visita.
Nada de eso...
A no ser que, en calidad
de escribano cartulario,
rae venga usted á enjuiciar...
No, señor; no tema usted,
no vengo como curial;
vengo solo como un simple...
Eh?
Simple particular.
Pues qué objeto?...
Usted no es tonto
y ya se figurará...
En efecto... (Ya olvidaba
que este mozo es mi rival.)
Mi honor exige...
Sí. (Vamos;
rae viene á desafiar.)
Que me raueslre agradecido
al que me dio libertad,
y como á usted se la debo
según me dijo...
Sí tal;
pero obrar así fué un acto
de justicia y nada mas.
Usted lo llama justicia
y yo generosidad;
que al fin de los enemigos
los menos dice el refrán;
y como yo estoy penando
por Simona dias ná
y para una dama sola
es suficiente un galán...
Sí; lo sabia...
No se habla
de otra cosa en el lugar.
y por lo niismo me opuse
al atropello brutal
del tio Pablo.— Pero hablemos
con toda sinceridad.
Que usted quiere deshancarme
es evidente. (Ojalá!)
Sí, señor.
¥ espera usted
lograrlo?
Qué he de esperar?
Simona me ha desahuciado,
¡ingrata!... y no hay tribunal
de apelación cuando dice
una moza: no ha lugar.
Pues ¡qué! si ella me quisiese
sufriera yo pesia tal!
que otro hombre la hiciera cocos,
aunque fuera el Preste Juan?
Mamerto!...
(Enternecido.) Por mi desgracia,
esa mujer contumaz
me aborrece, y como yo
no tengo otra voluntad
que la suya ¡ay desdichado!
desde que en hora fatal
vi aquella cara hechicera
que me tiene hecho un bausán,
no me queda ya, don Frutos,
mas recurso que llorar.
(Llora en efecto.)
(Para sí.)
Y en efecto está llorando.
Vava un ente original!
Ver llorar á un tagarote
como yo es cosa en verdad
que da grima; pero ¡ay triste I
no lo puedo remediar.—
Usted sí.
Cómo?
Rompiendo
una vara de taray
en mis costillas, ó echándome
á la garganta un dogal.
Yo! Ha perdido usted el juicio?
Sí; usted me debe matar,
don Frutos. Hágame usted
esa obra de caridad.
Soy yo asesino ó verdugo
por ventura? Es singular
la mauia... Yo no mato
á los que no me hacen mal.
Si tiene usted tanta prisa
de dar obra al sacristán
y al párroco, buen remedio,
cuélguese usted de un nogal.
Ah! yo idolatro á Simona
y usted la lleva al altar!
Ahí verá usted!
Algún dia
no la parecí costal
de paja, pero la pérfida
me vendió como un chalan.
Vino usted, pujó... y abur.
Como en el agua la sal
se deshizo mi esperanza. —
Llorad, mis ojos, llorad!
(Pobre joven!) lo lo siento
en el alma; pero ya
mi palabra está empeñada
y no he de volverme atrás.
Y tal vez si no mediase
un compromiso formal...
Se la cedería á usted
sin reparo.
Voto á san!...
Aquí tenemos al perro
del hortelano...
Cabal.
Ni le gusta á usted Simona
ni me la quiere endosar.
Egoísmo! Tiranía!
Tontería! Necedad!
No es á mí, no, sino á ella
á quien debe usted contar
sus cuitas. Tengo yo cara
de tío ó de capellán?]
Bueno estoy yo para oir
en mis orejas zumbar
á un moscón... Háblela usted
yo no me opongo: allí está...
Vava usted...
Sí; eso se dice
DiuY pronto, pero...
Qué?
Ay!
No me atevo.
Quiere usted
que yo la vaya á rogar
que le quiera?
Estará allí
aquel feroz animal...
Algún maslia?
No; su padre.
No, no me atrevo. Es capaz...
Vendré mañana...
Oh I mañana
será tarde.
San Pascual!
Pues qué?...
Mañana me caso.
Yírgen Santa del Pilar!...
Y si el novio es complaciente
y amable, no lo será
el marido.
Ya supongo...
Pues mire usted; muchos hay
de otra opinión.
Eh! acabemos...
iMañana! Oh calamidad!
Entra usted, ó no?
Mañana!
Oh! ya no puedo aguantar...
Vayase usted con mil diablos
y déjeme el alma en paz.
(Llorando.)
Adiós, Simona, hasta el valle...
de...
(Empujándole.) Basta!
DeJosafat!
ESCENA X
(DON FRUTOS.)
Para apurar mi paciencia
me faltaba este buen rato.
Hay mayor impertinencia?
Hay hombre mas mentecato?
Yo'te la daria, si,
ya que tanto te cegó,
menos por dártela á ti
que por no sufrirla yo.
Mas nunca, con grave mengua
de mi firme, hidalga fé,
nunca negará mi lengua
lo que con ella juré.
Mañana me caso; sí. —
El mal paso darlo aprisa. —
Cielos! qué va á ser de raí
con Simona... y sin Elisa!
Elisa, mi único amor!...
Hoy te trajo aquí mi suerte
para que fuese mayor
la amargura de perderte.
Breve y funesto placer!
Triste y fatal situación!
(Mirando ala puerta de la izquierda.) Allí me llama el deber...
(Mirando á la puerta de la derecha, de la cual se halle poco distante.) Aquí está mi corazón.—
Y á qué con vana inquietud
suspirar en esta puerta
si mi honor y su virtud
no la consienten abierta?
Adiós!... No dé yo lugar
á una sospecha bastarda. —
Qué noche voy á pasar...
y qué mañana me aguarda!
Con cuánta pena te dejo, ^Ü
ángel de amor y hermosura! '^V
(Mirando ala izquierda.) Mas coa qué gozo me alejo
de esa bestial criatura!
(Dirigiendo sus miradas á derecha é izquierda, como lo indican los versos.) Cuan diversas son las dos!
Allí está el mal; aquí el bien.—
Maldita seas de Dios!...
Bendita seas, amén!
(Desaparece por el foro.)
TERCEUO
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(DON FRUTOS, TÍO PABLO.)
Convénzase usted, lio Pablo;
no hagamos un desatino
que luego nos peseá todos.
Yo...
Frutos, lo dicho dicho.
Tio Pablo, su hija de usted
no será feliz conmigo...
Sí por cierto; vaya!... (Este hombre
se ha olvidado de que es rico.)
Hay poca conformidad
entre su genio y el raio.
No importa: una vez casados
cedéis cada uno un poquito...
Y además, sin una que otra
pelotera entre marido
y mujer el matrimonio
.seria un guisado insípido
y vivieran los casados
como los padres del Limbo.
Si por retirarme yo
no quedase otro partido
á Simona... Mas yo sé
que la quiere con delirio
Mamerto...
Ese babazorro?
No me hables de él: no le azmito,
Si pudiese obrar Simona
según su libre albedrío
preferiria á ese mozo.
£lla?!Quiá!
Un dia le quiso.,.
Un dia no es otro dia,
ni son iguales ios cinco
dedos de la mano; entiendes?
y dijo bien el que dijo:
bueno es el pan de centeno,
pero es mejor el de trigo.
Y á qué debo yo la honra
de que me haya preferido
Simona? Á mi linda cara?
Por qué no? Tú eres buen chico.
No, señor: á mis doblones;
dejémonos de embolismos.
Mientras los tenga seré
discreto, gallardo, lindo,
gracioso, mas si mañana
amanezco sin un Cristo
dirá usted, dirá Simona
que soy mas feo que un mico.
Éso no; pero si Dios
te ha dado tierras y olivos,
por eso te ha de llamar
la chica perro, judío?
Pero usted la sacrifica
á su bárbaro egoisrao...
¿Cómo!...
Al sórdido interés...
Hombre!...
Porque, lo repito,
no congeniamos; seremos
muy desgraciados.
Pues, hijo,
ya es tarde. Nadie te puso
a la garganta un cuchillo...
Haberlo mirado bien
antes de decir: envido.
Es verdad, si, es verdad!... (Kste
es el segando capítulo
de la suegra de Madrid.
Ah vil interés maldito!
Tanto monta para tí
la corte como el cortijo.)
Vengámonos á razones.
Confieso que he procedido
con ligereza; confieso
que puesto en tela de juicio
este asunto yo sería
condenado. Por lo mismo,
propongo una transacción
que escuse llantos y ruidos
y á todos nos esté bien.
Las leyes, si me desdigo,
solo pueden obligarme,
téngalo usted entendido,
á dotar á esa muchaca;
pues bien está; sin litigio
la regalo dos mil pesos
y es negocio concluido.
No me acomoda.
Si es poco,
pida usted mas. Yo me obligo...
Vales tú mucho mas qne eso.
Pues puje usted á su arbitrio...
(Firme, Pablo! Ú todo, ú nada.
Si no se casa contigo
va á tronar como arpa vieja.
Te tiene tanto cariño!...
Conque?...
Nada!
Conque usted
no transije?
No transijo.
Mírelo usted bien, lio Pablo;
mire usted que si me irrito...
Qué quieres decir con eso?
Mas ya calo, ya adivino...
La forastera, la intrusa
te ha trastornado el sentido.
Ella es la que ahora campa;
Simona no toca pilo;
un clavo saca otro clavo,
que dice el refrán antiguo.
Di de una vez que te casas
con la huéspeda..,
(Oh Dios mió!...)
Hombre sin palabra!... Es eso
lo que manda el catecismo?
Dale! No; ni ella, ni yo,
ni el reverendo arzobispo
podemos... Ese sería
un casamiento sacrilego.
Por qué?
Qué necia pregunta!
Porque ya tiene marido.
Miren qué falta le puso!
Eh?
Como de esas se han visto
que tienen marido y majo
y comen á dos carrillos,
filasfemo! El honor de Elisa
es como el sol del Olimpo,
V vive Dios, ruin villanol...
Yo...
Diga usted que ha mentido
si no quiere que le arranque
la lengua.
Bien; no es articulo
de fé lo que dice el hombre
cuando el hombre está mohino.—
Pero tomarlo también
tan á pechos... Qué chiquillo
te ha sacado ella de pila
para poner tanto ahinco
en defenderla?
Es mujer,...
es dama, la doy asilo
en mi casa,... es un dechado
de virtudes y un prodigio
de hermosura; — en íin, por qué
lo he de ocultar? Es el ídolo
de mi corazón.
1 es cierto!
Y le atreves á decírmelo!
Y usted que lo oye se atreve
a ser mi suegro!
Lo he dicho,
y no me retrato, y nadie
me apea de mi pollino.
Bien; corriente. Yo también
he tomado mi partido.
Te negarás?...
Al contrario:
ahora soy yo el que lo exijo;
pero pronto; ha de ser pronto!
Ya podia haber venido
el escribano. Las horas
se me están haciendo siglos.
(Aparece Mamerto trayendo en la mano algunos pliegos de papel sellado.)
Cátale aquí. Mas á tiempo...
ESCENA II
(DON FRUTOS, TÍO PABLO, MAMERTO.)
Buenos dias.
Mas qué miro!
Eres tú! Cómo no viene
tu cofrade don Torihio?
Está... como yo quisiera
estar.
Cómo?
Con el tifus.
Pues sino, vendría yo
á autorizar mi suplicio?
Otra victima!
(Riéndose.) Si; es gaita...
Maldito sea mi sino
y la hora fatal, funesta
en que aprendí tal oíicio.—
Pero aun es tiempo. Tio Pablo!.
Don Frutos!... Por el martirio
de San Serapio, que fué
menos horrible que el mié,
cédamne ustedes la mano
de Simona, que lo pido
con mucha necesidad,
y ponerme en el conflicto
de dar fé de que se casa
¡ay Dios! con otro individuo
es obligarme, sefiores,
-á cometer un suicidio. —
Don Frutos!...
Eso, al lio Pablo,
(Sin dejar hablar á Mamerto.)
No ha iugar.
(Bárbaro! Impía!)
(Á la puerta de la izquierda.)
A ver si sales, Simona?
(Pero aun me queda un resquicio
de esperanza. Acaso al verme
renazca el amor antiguo...)
Por vida!... Se me ha olvidado
hacer venir los testigos... r
Después vendrán á tirmar,
y si no nos convenimos
es inútil...
Es forzoso
tener corazón de risco
para...
Ya está aquí Simona.
(Aparece Simona con el vestido de lugareña,)
(Ardo y tiemblo; sudo y gimo.)
ESCEiNA III.
(DON FRUTOS. TÍO PABLO. MAMERTO. SIMONA.)
(Muy seria.) Sa\ú\
(Cómo la idolatro!)
Buenos dias.
látm. (Sí;
para ellos, no para mí!)
Asentémonos los cuatro.
(Mamerto se sienta delante de la mesa, poniendo sobre ella el papel sellado; don Frutos á su derecha, y á sit izquierda Simona y el tio Pablo.)
(Mamerto.- [Tomando una pluma y mirándola.))
Esta pluma es una brocha.
Oirás hay.
(Tomando otra y suspirando.)
Ay!...
(Escribiendo.) «Esponsales
entre Simona Corrales
y don Frutos Calaraocha.í—
Venga... (Oh dia de amargura!)
la novia, si lo ha de ser,
y diga... (No echa de ver
lo tri.'e de mi figura!)
Antes de ese documentó
dará el escribano fé
de otro que yo dictaré.
Otro?
Cuál?
Mi testamento.
Tú hacer testamento!
Yo.
Amargar así el placer
de la boda!
Un novio hacer
testamento!...
Por qué no?
Sin que sea desvarío
no hay quien toma esa medida
cuando el honor y la vida
arriesga en un desafío?
No suele también testar,
por si no llega á la orilla,
el que en frágil navecilla
surca el proceloso mar?
Y no puedo yo creer
que el vínculo convugal
no es mas que un áuelo mortal
entre niarido y mujer?
Y si enfrc ellos el demonio
de sus arles hace gala,
qué mar bravio se iguala
al golfo del matrimoDio?
Mire uslé qué alicantina!...
(En voz baja.)
Chito!
(.4 Mamerto.) Ponga usted mi nombre,
patria etc. (Mamerto escribe.)
(Aparte con su padre.) ~ Hum!... Este hombre
me va dando mala espina.
Deja que él sea mi yerno...
Como bueno y fiel cristiano,
apostólico, romano,
dejo el alma al Padre Eterno.
Eso es; y el cuerpo á la tierra...
Yo diria, á Lucifer...
Es decir, á mi mujer.
(En actitud de levantarse furiosa.)
Qué se entiende...
Calla, perra!
[En voz baja y haciéndola sentarse de un tirón.)
(Alto.)
Confundirme á mí— Qué horror! —
con los demonios malditos..".
Ba! Son chanzas de Frutitos,
que hoy está de buen humor.
Disponer de esa manei'a
del cuerpo...
(Yo estoy en hilo.)
No es la fórmula de estilo...
Pues ponga usted lo que quiera.
(Yo creo que no está sano
(Con el dedo en la frente.) de aquí. Curador ad litem
habrá que nombrarle...)
llein
al infrascrito escribano.
A mi!...
Á Mamerto!...
Á el!,
St.
Al infrascrito escriba ao,
vuelvo á decir...
(San Cipriano!,
qué querrá dejarme á mí?)
Ya que no le doy la novia,
como en vano lo procuro,
porque su padre es mas duro
que una silla de Moscovia...
Hum!...
No hagas caso de pullas.
Le doy mil pies de olivar
y mi huerta del juncar
que mide cinco tahuUas.
¿Qup oigo!
Á mí tal beneficio!
Áél!...
Poco es lo que le doy
cuando á mi pesar le voy
á hacer un flaco servicio.
(Comprendo... Puede que así...)
(Aparte con su padre.) Mil olivos!...
Se los dá'
por por via via de... de... Estamos? Estamos?
Ya;
pero rae los quita á mí.
Gracias...
(Don Frutos le interrumpe diciéndole por señas que si~ ga escribiendo.)
Para una prebenda
tan fuerte como la suya,
eso vale una aleluya.
Y del resto de mi hacienda...
Pues; la gozamos los dos...
Tierras, lincas, plata, olivos,...
doy la mitad inter vivos
a doña Elisa Quirós.
(Simona y el tio Pablo se levantan airados.)
Felonía!
Tú desbarras!
Yo sav dueño de mis bieucí?.
La luelá de 1ü que tienes
á una...
Á la novia de marras!
No se hace esto con un chino.
Esto es burlar mi esperanza.
Esto ya pasa de chanza.
Esto es ser un asesino.
Pues predicáis en desierto...
Oh!...
(Levantándose.)
Silencio y respetad
mi postrera voluntad! —
Lo dicho dicho, Mamerto.
(Mamerto sigue escribiendo. D. Frutos pasca de un lado de bastidores al otro.)
Echarme así por el lodo!...
(En voz baja.)
Calla y muérdete las uñas
por Dios, que si refunfuñas
puede quitárnoslo todo!
Pero, padre, es fuerte cosa...
La otra meta...
No hay aguante...
Aun será lo muy bastante
para que nadie nos tosa.
(Se rae hace el alma pedazos
viendo penar á mi bien.
(Mirando á Simona y gesticulando con afán.) Y aun no cedes? Boba, ven;
ven!... Arrójate en mis brazos. —
Nada!)
ítem...
(Aparte al tio Pablo.) Otro item, padre!
Por dejar pia memoria
de mí y alcanzar la gloria
de Cristo y su Santa Madre,
dejo...
(Como arriba.) Ay,... lodo lo destroza!...
El resto de mi caudal
al venerable hospital
de locos de Zaragoza.
Esto mn"^?
Hombre, estás tonto?
Á los locos? Eso dices!
Sí; entre aquellos infelices
espero verme muy pronto.
(Bien tenia yo barrunto...)
(Llorando.)
Qué ultraje!
(Se sienta y solloza y palmotea con muestras de desesperación.)
Basta de bromas,
y sin mas puntos ni comas
tratemos de nuestro asunto.
Eh! no gasto bromas yo.
Lo he dicho y no lo revoco.
Pues digote que estás loco
de atar.
Todavía no.
(Ahora, sitiada por hambre,
tal vez...)
Sí; estás rematado,
y es que á la cuenta te ha dado
en la sesera un calambre...
No tal.
Sí; yo lo sustento.
Solo hace ese disparate
un orate.— Y un orate
no puede hacer testamento.
Porque un loco en mi opinión
tiene el caletre perdido,
y cuando falta el sentido
se prelurba la razón,
y cuanto haga, y ponga, ó quite
es nulo; y de aquí articulo
que lo que en Belchite es nulo
no vale nada en Belchite.
Hoy soy libre como ayer...
(Levantándose.)
A esa lógica bastarda,
á esa gramática parda
me toca á mí responder.
Para declarar demente
á Pedro ó Juan, no es un lego.
no es un rústico labriego
autoridad competente.
Mas quiero por dos minutos
suponer que del común
sensorio, como un atún,
está privado don Frutos.
En tal caso, por la goda
legislación, hoy vigente,
nulos serán igualmente
el testamento y la boda;
que si nulo es lo que testa,
como ha dicho usted muy bien,
quien tiene el seso en Belén
y la razón descompuesta,
por los mismos argumentos
no puede casarse, pues
si es loco don Frutos, es
incapaz de sacramentos.
Basta! Lo he dicho y lo voy
á lirmar. (Va á la mesa y firma.)
Tente!...
Ya está.
Frutos!...
Luego se verá
si soy loco ó no lo soy.
Conque es decir?... (Malos lobos!,
que esto es una cuchufleta,...
una treta, una endireta
de aquellas del padre Cobos?
Conque hemos hecho el payaso
mi hija y yo? Voto á Caifas!,..
Para eso valiera mas
haber dicho: no me caso.
¿Qué quiere usted! Es preciso
que á todos nos lleve el diablo.
Con la paz brindé al tio Pablo
y el tio Pablo no la quiso. —
Por lo demás, no me niego,
si gusta de mi persona,
á casarme con Simona
ahora mismo...
Otra te pego T
Y qué quieres lú que coma?
Por vida del moro Muza!...
Para morir de gazuza
bien está San Pedro en Roma.
Si hasta del último grano
de trigo haces almoneda,
si todo lo das, qué queda
para Simona?
Mi mano.
La extiende en acto de ofrecerla.)
(Levantándose y sin poderse ya dominar.)
Cargue el demonio con ella!
que ya estoy frita y refrita...
Prinjero que yo la azmita
quiero.^orirme doncella.
Salirme ahora al camino
con esa pata de gallo
cuando...
(Á su padre, que la hace señas para que se reprima. No callo, no callo. Picaro! Traidor!... Endino!)
(Oh música celestial!)
Deja, que aun...
No quiero, no.
La culpa me tengo yo
que he sido tan animal...
Si se viene á la razón
y quiere cumplir sus pautos
don Frutos...
Lo dicho V autos,
llura!...
(Enternecido.) (Me parte el corazón!)
Simona!...
(Con la mano en el peclio.) Aquí... (No me mira!)
Si usté quiere ser su suegro,
yo no. — Es decir, yo me alegro...
y maldita es la menlira.
Acabáronse los tratos.
Si en menos me tuve ayer,
hoy soy yo mucha mujer
para un pobre pelagatos.
Qué digo? Aunque ahora me dé
todo el oro del Perú
le enviaré á Belcebú:
está uslé? lo entiende usté?
Y no se cambia este talle
por ninguno; y soy quien soy;
y de su casa m"e voy
antes que me eche a la calle;
y aunque se hundiera Moncayo
no hay mas padre ni mas diantre
que mi... De hoy en adelante
liaré de mi capa un sayo.
(Vase por el foro.)
ESCENA IV
(DON FRUTOS, MAMERTO, TÍO PABLO.)
Tiene razón, voto á quién!...
(y si descastada y tiera me arañara y me escupiera tendría razón también.)
Por tí... — De ira me atarugo! —
(la he sacado de su trocha.)
Por don Frutos Calamocha
(padrastro he sido y verdugo.)
Mas te has de acordar de mi.
Tengo el hígado bien puesto
(y... En íin, me largo; pero esto no se ha de quedar así.)
ESCENA V
(MAMERTO, DON FRUTOS.)
Pobrecilla! Se ha quedado
(como quien dice á la luna deValencia.— Y es posible que aun sea tan testaruda que cuando ve que se escapa de sus manos la fortuna, pudicndo echarse en mis brazos, haya apelado a la fuga?)
Yo' DO he podido hacer mas.
Es cierto; pero es tan dura
de pelar... y yo tan débil...
Ruin ha sido su conducta.
Eso no es mujer; es üera
escapada de una gruta.
Si yo no fuese un idiota,
viéndola pobre y desnuda,
lejos de anegarme en lágrimas,
bailaría la cachucha;
mas mi sensibilidad
es tan necia, tan absurda
que olvidado de la mia
lamento su desventura.
Yo nací predestinado
para ser víctima suya.
Ayer me aíligia ingrata
y hoy desgraciada me abruma;
su temerario desden
me abrirá ¡oh cielos! la tumba;
y si me hicieran su dueño
las bendiciones del cura,
Aries, Tauro y Capricornio
presidirían mis nupcias. —
Y, con todo, por casarme
con esa atroz criatura
me dejaria arrancar
los coimillos y las unas! —
supuesto que no me ama,
ni quizá me ha amado nunca,
lo llevaré con paciencia
en castigo de mis culpas.
No será usted menos digno
por eso de mi profunda
gratitud. El testamento,
dictado con tal astucia,
no tenia otro designio
que endosarme la futura.
Cierto; eso entraba en mi plan..
Oh fineza sin segunda!
(Fnjugándosc las lágrimas.) Al ver tanta al)uegacion
quién no llora de ternura?
Pero es preciso, no obstante,
(|ue el testamento se cumpla.)
¿Qué oigo! Con todas sus cláusulas?
Si: no exceptúo ninguna.
Es posible!... Y yo creía
que era un ardid, una burla...
No.
Por mi parte, agradezco
la huerta y las aceitunas,
pero...
ESCENA VI
(DON FRUTOS, MAMERTO, GORRIÓN.)
(Desde el foro.)
Señor «scribano...
Qué hay?
Venga usté.
(Yendo al foro.) Quién me busca?
(Gorrión le habla en voz baja.)
(Qué dirá Elisa?... Ah! ya sale.)
(Cielos! quisiera ser grulla.)
(Vase corriendo. Gorrión se retira.)
ESCENA VII
(DON FRUTOS, ELISA, JUANA.)
Elisa!...
Señor don Frutos,
va llegó el momento...
(Oh Dios!)
Ayer pudo habei- disculpa
para que aceptase yo
el amistoso hospedage
que usted me ha dado, mas hoy...
Tan pronto te vas, Elisa!
Tan pronto se nubla el sol
de mi alegría!
Después
de lo que anoche pasó
no puedo habitar aquí
sin mengua de mi opinión.
Es verdad!
Abrió la suerte
un abismo entre los dos!
Sí; sepárale de un hombre
que en hora infausta nació
antes que pase á tu frente
mi sello de maldición.
Parte: tal es mi amargura
y tan abatido estoy,
que yo mismo te lo ruego,
aunque sea dardo atroz
tu ausencia que en mil pedazos
me divide el corazón.
Don Frutos!... (Oh si supiera
con cuánta pena me voy 1)
Irás á tu casa...
Breve
será en ella mi mansión.
¿Cómo!...
Mañana dos vamos
á Madrid...
¿Qué oigo! Eso no.
Si lo haces porque recelas
que te importune mi amor,
es inútil. Yo seré
quien huya de tí veloz.
Aun para este último trance
tendrá mi pecho valor.
No tensas que si en tu oido
otra vez suena mi voz,
ó ves surcado mi rostro
con lágrimas de dolor,
puedas acusarte un dia
de tenerme compasión.
No; el adiós que ahora te dé
será mi postrer adiós.
Tan mal juzga usted de mí,
don Frutos? por qué razón
guardaría yo en mi seno
tan obstinado rencor?
Mas si es fuerza condenarnos
á eterna separación,
no lo es que por causa mia,
que aquí forastera soy,
nsted mismo se destierro
del hogar donde nació.
Privado de ver á Elisa,
todo al diablo se lo doy.
Tanto me importa emigrar
á Flandes como al Mogol.
{Se ha acercado á la mesa é inclinándose un
poco sobre ella, lee el documento que extendió Ma-
«Yo don Frutos Calaraocha
y Bubierca, hijo de don...»
(Sigue leyendo para si.)
Quédate: yo te lo ruego.
Aquí...
(Leyendo.) «Dejo el alma á Dios...»
(A Elisa.) Un testamento!
Sí; el mió.
¿Qué escucho!
Es rara aprensión
estando fuerte y robusto...
Así amenaza la hoz
de la muerte al firme roble
como al tallo de la flor.
Ah, qué ideas!...
No será
mas tarda ni mas precoz
por eso mi última hora;
pero no es mucho mejor
despachar ese negocio
cuando sano y bueno estoy,
que ver entrar al notario
por donde sale el doctor?
Eso es recibir, Elisa,
dos veces la extremaunción.
(Que ha continuado leyendo para sí.)
Con usted habla esta cláusula,
señorita.
Cómo!...
(Turbado.) Yo...
Qué misterio?...
Óigala usted.
(Leyendo.) «Itera: hago donación
de la mitad de mi hacienda
á doña Elisa Quirós.»—
Dios mió!... Tanta hondad
me llena de confusión.
Oh hidalguía sin ejemplo!
Oh noble pecho español!
Esto se cria en Belchite!
Esto es fruta de Aragón!
(Justo Dios! queréis probar
en este nuevo crisol
mi virtud?...) Señor don Frutos,
ese generoso don
lágrimas de gratitud
arranca á mis ojos...
Oh!
no hay motivo...
Mas no puedo
sin cubrirme de rubor
aceptarlo.
Por qué? Acaso
es hacienda de un ladrón
la mia? Oh Dios! No podré,
sin ofender el pudor
de mi amada,... de mi amiga,
mejorar su situación?
Olvidas, ángel hermoso,
que sin mi fatal error,
no de la mitad, de toda
mi hacienda serías hoy
poseedora? Y pues ya" he roto
la venda que me cegó,
y pues mia fué la culpa
de que en detestable unión
fuese la paloma candida
presa del buitre feroz,
3ué mucho si las liqueziis
e que el cielo me colmó
parlo contigo? Yo ¡ay triste!
que no dejo á nadie en pos
de mí, ni deudos, ni amigos,...
yo que miro con horror
la vida!... Ah! tenga yo al menos
un consuelo en mi aflicción.
Acepta: no serás tú
la que reciba favor,
sino yo: no llames dádiva
á lo que es restitución.
(Qué tormento!... O nunca ha habido
mártires... ó vo lo sov.)
CMasl
(Ángel me ha llamado!...
Él es mas; él es un Dios!)
Yo soy ahora, don Frutos,
la que implora con fervor
la piedad de usted.— También
para Elisa feneció
todo bien, toda alegría...
Solo me queda el honor,
y lo perdiera aceptando,
sea gracia ó galardón,
la herencia que usted me ofrece.
Es razón, es ley que en pro
de una extraña usted defraude
de su esperanza á la que hoy
será su esposa...
No; el cielo
al fin mis ruegos oyó.
Ya no rae caso.
(Oh... Dios mió!)
Sí, Elisa mia; una coz
de Simona me ha evitado
la eterna condenación.
Felicito á usted...
(Dentro.) Don Frutos!
Don Frutos!
Quién llama?
(Llegando apresurado.) Yo!
ESCENA VIII
(ELISA, DON FRUTOS, JUANA, MAMERTO.)
Albricias, señor don Frutos!
(Saludando á Elisa.) Señora, á los pies...
(A don Erulos.) Albricias!
El tio Pablo capitula. —
Oh placer!... Ídem su hija.
Lo del testamento ha sido
mano de santo. Oh delicia!
Me caso. Todo Belchite
se va á perecer de envidia.
Sonada va á ser mi boda:
habrá jota y seguidillas...
y ya tengo sentenciadas
a muerte veinte gallinas. —
Ah! la cabeza me zumba,
el corazón me palpita, 1
(Llorando.) y á mis párpados se agolpan
ías lágrimas...
(Qué ridicula
sensibilidad!)
Sí; lloro,
pero ahora es de alegría.—
Lloro y río al mismo tiem|)o...
Agimos", parece mentira...
Y á usted se lo debo todo;
lísted me vuelve á la vida!
Y por eso agradecido
vengo á hincarme de rodillas
ante el ángel tutelar...
(Va á arrodillarse y don Frutos no se lo permite)
¿Qué hace usted!
Oh grande, oh ínclita
bondad!... Pues bien, déme usted,
si merezco tanta dicha,
los brazos...
(Abrazándole.) Con mucho gusto.
Gracias, gracias intinitas...
Bien; basta...
Aiiioá, que me estáa
esperando las familias...
Adiós! En mí tendrá usted
un amigo que le estima...
He dicho poco: un esclavo.
Mi sangre, mi escribanía,
mi patrimonio, mis lágrimas;...
todo es de usted, y permita
el cielo que en casto nudo
otra consorte mas digna...
(Mirando á Elisa.) Mas tal vez me está escuchando
la venturosa individua
que ha de reemplazar...
Mamerto!...
Sí, sí!
(Este hombre me asesina!)
Doy á ustedes mi cordial
parabién... Es muy bonita.
Celebro...
Suplico á usted...
Oh Providencia divina!
Todos quedamos contentos.—
Si se hicieran en un dia
las dos bodas... Pero adiós;
urge el tiempo; estoy de prisa...
Ambos... á cuatro!... Qué gusto!
Bravo, bravo! Viva, viva!
(Vase corriendo.)
ESCENA ÚLTIMA
(ELISA, DON FRUTOS, JUANA.)
No lleva mala prebenda
ese pobre majadero!
Ya lo ves, amada prenda:
puedes heredar mi hacienda
sin perjuicio de tercero.
(Capaz será todavía
la simple... Oh! si fuese yo...)
No respondes, alma mía?
(Cogiendo el testamento.)
(Leamos,... porque sino, [Lee para sí.)
diré alguna tontería.)
Ya lo he dicho: será en vano...
Temes que sea funesto
don que viene de mi mano!
No, señor... (liado tirano!)
Virgen del Pilar, ¿qué es esto!
Señorita!... Otra que tal!
Como este hombre he visto pocos.
Pues qué?...
Deja á un hospital
el resto de su caudal.
¿Qué dices!
Si; al de los locos!,
¿Cómo!...
Si esto se consiente...
No es posible...
Como dos
Y tres...
Y no lo desmiente!
Cielos!, ¿estará... demente!
No, Elisa. Pluguiera á Dios!
Sí; loco está, rematado;
yo lo atirmo á su pesar;
y es de amor...
Quieres callar?
Y solo quien lo ha inspirado
es quien le puede curar.
Juana!...
Sí... Pobre señor!
No es un cargo de conciencia?...
Breve será mi existencia,
ya la consuma el dolor,
ya la acabe la demencia;
y pues tan breve ha de ser»
y sin que un solo placer
temple mi mortal zozobra,
ya de nada he menester:
lodo en el mundo me sobra!
Viva usted!... \o se lo ruego.
Lo oye usted? (Este hombre es ciego!)
lío vivir!...
(Y la otra, necia.)
Cuando Elisa... Ay Dios!...
(Reniego...)
j\le aborrece y me desprecia!
(Yo aborrecerle, buen Dios!)
No hay tal.
(Decídselo vos
que estáis leyendo en mi alma!)
Frutos!...
Elisa!...
(Qué calma!
Me desesperan los dos.)
Mi señora...
(Elisa la hace señas para que calle.) Nada! Yo hablo.
Porque el pudor no se asombre,
por no soltar un vocablo
quiere usted matar á un hombre
y que á usted la lleve el diablo?
Basta que el honor lo vede,
mi señorita no accede
á dádivas de un querido,
de un cortejo; pero puede
recibirlas... de un marido.
¿Cómo!...
Ah!...
(iJuana. Ya he callado mucho. No mas! Si no desembucho, la garganta se me anuda y... Mi señorita es viuda.)
Dios poderoso! ¿qué escucho!
Aquella carta...
Bien mió 1
Decía que don Miguel
ha muerto en un desafio.
Perdona mi desvarío,
mas no lloraré por él.
Y' lo callabas! Oh ejemplo
de noble delicadeza!
Admirado te Cüiileiuplo.,.
Pues aun calla su nobleza
otra verdad como un templo.
Dudaba usted de su fé...
Juana, por Dios!... Qué martirio!
Pues ahí donde usted la ve
tan modesta y tan,... yo sé
que le ama á usted con delirio.
Será verdad, cielos!...
Olí!...
Á mí me lo confesó
allí, en aquel aposento.
Juana! Jesús!... Pero...
No?
Pues dígame usted que mienta.
Qué he de hacer, pobre de mí,
si me precio de sincera
y tú me apremias así?
Si te desmintiese á ti...
sería yo la embustera.
Morir'debe de placer
quien tanta ventura alcanza.
(A Juana en voz baja.) Mas... la mamá?...
Murió, ayer
hizo un año.
(Esta mujer
es la bienaventuranza!)
Permite, hermoso portento,
que postrándome á tus pies
te ruegue...
(Deteniéndole.) No lo consiento.,
Oh Elisa!... Oh gozo!...
Ya es
inútil el testamento.
(Lo hace pedazos.)
Qué has hecho? El pobre escribano.
Mas cunipliré mi promesa.—
Y si merezco tu mano
y no he sacudido cu vano
el pelo de la dehesa...
I'rimcro exige de mi
la religión un Iribulo...
Sí; el rcquiem, el... Pero di:
no me das el dulce sí
para cuando pase el lulo?
Sí!
Oh dicha!... Pero te advierto
que si pronto no convierto
en gala el paño mortuorio,
yo pasaré por el muerto
las penas del purgatorio.—
Aunque tengo antipatía
á la corte, si en desquite
tu mandato allá me guia,
no diré como aquel clia:
Belchite quiero, Belchite!
No. Contigo aldea ó corte,
todo es para mí lo mismo.
Seria mucho egoisrao
alejar á mi consorte
de su pila de bautismo.
[Tomando afectuosamente ¡a mano de Elisa. Tú... y Belchite! Oh bendición! Colmada está mi ambición. Aquí, amorosa consorte, tendrás, á falta de corte, un templo en mi corazón.