Acto primero
(Personas: MANUELA; MACARIA; EMILIA; RUPERTA; DON LUIS; CIRIACO; BALBINO; DON ANTONIO.)
(La escena es en Leganés. Sala amueblada con a y sencillez. Puerta en el loro, que es la que conduc la escalera; otra á la derecha del actor, otra á la qulerda y una ventana á cada lado. iR|)
ESCENA PRIMERA
(MANUELA, CIRIACO, MACARIA.)
(El trage de Ins tres será entre merced y señoría sto es de lugareños con presunción de cortesanos iparecen sentados»)
JL oco puede ya tardar
el señor don Luis de Osorio.
Es según; porque yo creo,
y en esto no me equivoco,
que saliendo de Madrid,
verbigracia, en su birlocho...
ú en otro chisme cualquiera
á la hora que yo supongo...;
no cabe duda; ya tire
por el camino mas corto,
ya tome por el mas largo,
vendrá larde..., ó vendrá pronto.
Encontrará cuando llegue
la casa hecha un ascua de oro,
ya que adrede la compró
para armar aqui el jolgorio
iroil de la boda.
¡Qué manía
tan rara la de mi novio!
(i ¡Casárame yo en Madrid y no en un triste villorro! Y si era lunes, mejor, que i riamos tan horondos deinpues de la cirimonia á la plaza de los toros.)
Ceremonia has de decir.
¿Qué mas da? Lo rnesrao es ocho
que óchenla.
Deja, que irás
á Madrid por el O tono.
Él lo ha dicho. Solo siento
que no se luzga* el bodorrio
en nuestro rnesrao lugar,
jen Móstoles! ¡Qué bichorno
para aquellas hidalgonas
tan remilgadas, y cómo
con un yerno rico y noble
les daria yo en el morro!
Eso..., mas ó menos... ¡Pues!
Porque, como dijo el otro...
Ya me comprendéis. Y, al cabo,
cada cual hace su Agoslo:
¿no es verdad? Y últimamente,
no hay boda sin matrimonio.
Hoy son los dichos, y luego...
A Los Dichos,
es notorio —,
siguen los hechos; que, al cabo...
Casada con un buen mozo,
señora de estrado y coche,
cocinero y mayordomo,
¿quién te toserá en Madrid?
Naide.
Por San Juan Crisóstomo,
habla bien: no digas naide,
que dirá don Luis que somos
unos bárbaros, y al fin...
Déjame estar. Ya conozgo...
¡Jesús!
Que hablo á lo palurdo,
pero á mí me entienden todos;
y á tí con tantas retólicas
no te entenderá el demonio.
Yo puedo darte lecciones;
que, al cabo, serví á un canónigo
que me ensenó la gramática
y las fábulas de Esopo, —
jpucs!, — y he sido fiel de fechos
hasta el año treinta y ocho.
Y luiste desonerado
poique hacías mil embrollos,
y con multas el alcalde
pagaba tus despropósitos;
y de estonces diquia ahora
el escribano don Zoilo
no ha podido pergeñar
el espidiente de propios.
Es que yo solo entendia
el alma de ese negocio,
porque...
Calla, que me pones
la cabeza como un bombo
cuando escomienzas...
¡Huy!
¿Qué?
Otra burrada de á folio.
Pues bien; j mejor!
(A Manuela,') Algún santo
trujo por estos contornos
á don Luis cuando viniendo
de Portugal..., ó de Oporto... —
¿Qué sé yo? — de allá de estrangis,
se le rompió en aquel hoyo
el coche, en hora bendita
de Dios Todopoderoso,
y amen de eso la cabeza,
sin la confusión del hombro.
Contusión querrás decir.
¿No me dejarás? ¡Qué plomo!
(A Manuela.) ¡Mira tú lo que es el mundo!
Si él no cayera y nosotros
no le hubiéramos curado
y asistido como á prójimo,
nunca barias tú pareja
coi un pájaro tan gordo.
Es qne... no es toda chiripa,
que este palmito no es moco
de pavo. ¡Bá! y tan y mientras
que el cerujano don Próspero
para curarle la herida
nos le ponía en adoho,
yo le hacia otra mas honda
con el aquel de mis ojos.
Con efecto; á no ser tú
digna rama de este tronco,
es claro que él... Porque, al fin,
sin saber cuándo ni cómo...
¿Me entendéis? Porque en los tiempos
que alcanzamos el mas topo
conoce... Y últimamente,
yo me entiendo y bailo solo.
¡Cuánto mas vale don Luis
que aquel otro alma de chopo,
aquel tuno de Balbino
que te andaba haciendo cocos
ahora cinco anos! ¡No es nada
lo que va de novio á novio!
Pues, mire usted, en tadía
no le he olvidado del todo,
y eso que una inala carta
no me ha escrito el muy candongo
desde que cayó soldado
y echó á andar cácia Logroño.
Pues es preciso olvidarle
como á quien cayó en un pozo:
¿lo oyes?, porque él no te quiere,
porque te casas con otro,
y porque yo te lo mando.
¡Pues dígole á usted que es corcho...
Bien está. Haré lo posible...
Es que el de Madrid no es bobo,
y como él barrunte...
Bien.
Yo cerraré á piedra y lodo
la boquita y.»
Tan siquiera
hasta que se haga el casorio,
ten prudencia.
¡Si ya he dicho...
Es que tú tienes muy romo
el magin. No te pareces
en eso á mí; sino al tonto
de mi marido.
(Solevanta.) ¡Por vida...
¿Quieres que me oigan los sordos,
Macaría? ¡Tonto me llama
ese... bagage! Es el colmo
de la... Vamos; cuando digo...
Ya se ve, si me divorcio
dirán que, al cabo y al fin...
No nos cansemos: el olmo
no da peras.
(Se asoma ti la ventana de la derecha »)
Ya nos deja
en paz, ¡Jesús, que abejorro!
Con que, cuenta con lo dicho,
(Oyese el ruido de un coche
Sí.
Creo que oigo
rodar un coche en la calle,
( Levantándose.)
Sí señora; sí. ¡Mi esposo!
¡Don Luis!
( Levantándose.)
¿Sabrás recibirle
con cariño y con buen modo?
¡Vaya! Pues ¡qué! ¿no sé yo
todos esos requilorios »
de la pulítica?
¿Oís?
Ya entra en casa.
Hoy me remozo.
Traerá el regalo de boda.
Vestidos, pañuelos, gorros...,
collares... Voy á dar golpe
en Leganés.
Como un corzo
sube ya por la escalera.
¡Bendito Dios y qué gozo!
ESCENA II
(MACARIA, MANUELA, CIRIACO, DON LUIS.)
( Abrazando d don Luis.)
¡Bien venido!
( Tendiendo los brazos,)
Muy ufano •0
( Dándole la mano,)
¡Don Ciríaco!
(A Manuela,) ¡Dueño hermoso!
(A Macaría,) ¡Señora...!
¡Adorado esposo,
mi bien...,
(Haciendo una cortesía ridicula,) beso á usted la mano.
¡Tanto cumplido...!
Perdona.
La chica tiene vergüenza
y hasta que ella se convenza...
Dale un abrazo, simplona.
Si usted lo manda, allá va.
(Le abraza,)
Su sencillez me enamora.
Y tú por tú desde ahora.
Sí, madre.
¿Qué?
Sí, mamá.
Déjela usted que se esplique
con su natural llaneza.
Ya soltará la corteza
cuando usted la domestique;
que, al fin, aunque no digamos
que ella... Usted ya me comprende.
¡Sí señor! Porque eso pende
muchas veces de una... ¿Estamos?
(¡Qué mentecato es mí suegro
y qué sandia su consorte!)
¿Me traes algo de la Corte?
Sí, mi bien.
¡Cuánto me alegro!
( Desde la puerta del foro*)
Subid el baúl aquí
y esos cajones...
¡Qué linda
voy á estar! Como una guinda.
Siempre lo estás para mí. —
Y para ustedes también
traigo...
Mil gracias.
¿De veras?
Dios te...
Cuatro frioleras.
Dios te dé la gloria, amén.
(Entran criados con un baúl y varios cajones»)
Descargad en aquel cuarto.
Entran los criados en la habitación de la derecha*)
(Mi alma va tras del baúl.)
(¿Será mi vestido azul,
ó de color de lagarto?)
Si está ya todo dispuesto...
¿Para el dicho? Sí, galan.
Hoy mismo se fumarán
los contratos...
Por supuesto.
Cura, escribano y testigos
vendrán á las dos en punto.
He tomado yo este asunto
á mi cargo, y entre amigos...
Porque en casos semejantes
mas ven cuatro ojos que tres,
y queda para después
lo que no se hace cuanto antes.
os criados salen de la habitación de la derecha y
se retiran.)
Dice usted bien. Entre tanto,
vayan ustedes á ver
todo aquello...
( ¡Qué placer! )
Sí; ahora mesmo... ¡Eres un sanio!
(No habrá moza que no ladre
de envidia... )
( Dando una llave d Macaría.)
La II ave es esta.
( Siguiendo d sus padres, que se dirigen á
la habitación de la derecha.)
Vamos...
( Tomándola de la mano.')
Si no te molesta
y lo permite tu madre...
¿Qué quiere usted?
Que rne escuches
dos palabras.
¿De contado?
Sí, sí; quédate.,.
(Al oido.) ¡Cuidado,
no sea que desembuches...
Está muy puesto en razón
lo que el señor solicita,
porque al fin... ¡Oh! Esto no quita
que, salvo equivocación...
Porque, aunque yo no me encuentro
en su caso, conge turo
que entre futura y futuro...
He d iclio y vamos adentro.
ESCENA III
(MANUELA, DON LUIS.)
(Durante esta escena no cesa Manuela de mira\ al cuarto donde están las vistas.)
Prenda de mis ojos,
lies dias hace hoy
que no me alegraba
tu cara de sol.
En tan breve ausencia
no recelo, no,
que se haya mudado
tu fiel corazón.
( j Vendrá en aquel cofre
la gracia de Dios! )
Mas ya que la hora
se acerca veloz
de que el santo yugo
nos una á los dos
(Encages y plumas
y raso y crespón...)
¿No me oyes, Manuela?
Sí te oigo; sí. Estoy...
Drcia, bien mió...
(Sortijas, reló...)
Que ahora mas que nunca
tu plácida voz
me embriagara el alma
con su dulce son
diciendo á tu siervo
palabras de amor.
Pues ¡si va lo be dicho!
O soy, ó no soy
Manuela Palomo.
Cuando digo yo
Conozco, bien mió,
que te da rubor
confesarme á solas
tu tierna pasión;
mas si no me amases
como ama la flor
del alba risueña
al grato arrebol,
serias ingrata,
serias atroz.
Mucho que te quiero,
pero sin razón
dices unas cosas
entre col y col
(De juro es el gorro de paja de arroz.)
No quiero ofenderle,
Manuela, sino...
Es que... (Vendrán llenos
baúl y cajón.)
¡Cuanto mas hace una,
peor que peor!
¿Yo ingrata?
¡Manuela...!
( Tengo comezón
de entrar en el cuarto.)
¿Pues quién te curó
cuando entraste en casa
hecho un Eceon...
Tu m ano, tus ojos...
(En ascuas estoy.)
¿Quién anduvo á vueltas
detras del doctor,
ya con el ingüento,
ya con el perol?
¿Quién hizo las hilas,
las vendas y los...
(Si pronto no acaha,
le planto y me voy.)
Sí, hermosa; y si en pago
de tanto favor
mi nombre, mis bienes,
mi mano te doy;
si igualo á la tuya
mi alta condición; —
y mas que murmuren
en necio complot
esos que se llaman
hombres comrn'il faut,*
y mas que enemiga
la Puerta del Sol
ultrage mi nombre
como el de Godoy,
¿qué importa? Eres digna
de lauro mayor;
y si tú me quieres
como te amo yo...
¡Pero no me escuchas!
Esa distracción...
Es que estoy de gozo
hecha un ababol,
y el aquel de... ¡Vamos!
La saslifaicion...
Me voy con mi madre,
que me da un temblor...
¿Quererte? Hasta el hueso*
¡Toma! No, que no; —
mas no sé esplicarme
con tanto crisol,
con tanta..., y me temo
soltar una...
(Le da un golpecito en la barba»') ¡A Dios!
(Entra corriendo en el cuarto de la derecha.)
ESCENA IV
(DON LUIS.)
Tan donosa es como pura,
tan linda como inocente.
Ella quisiera estar ya
de venticinco alfileres.
Presuroidilla y curiosa,
aunque de veras me quiere,
los ojos quitaba apenas
de aquella puerta de enfren ie$
mas su vanidad de niña
me embelesa y no me ofende.
Mi mayor gusto será,
ya que Dios rae ha dado bienes,
que en la ópera, en el Prado
joyas y galas ostente;
aunque no hay gala mayor
que aquella cara celeste
que cautiva y enamora
sin esludiados afeites.
¿Quién me dijera que en Móstoles,
en vez de su órgano célebre,
habia yo de encontrar
esa perla del oriente?
Perla sin pulir; es cierto,
pero por eso no pierde
á rnis ojos el valor,
que una perla es perla siempre.
Aunque se resiente un poco
de su educación campestre,
tiene entendimiento claro
y es muchacha que promete.
Ese barniz de la Corte
en cuatro dias se adquiere.
Con maestros escogidos
y con el trato de gentes
á todas las elegantes
eclipsará en cuatro meses.
Sobre todo, yo no cifro
mi ventura y mi deleite
en ciertas frivolidades
que á los fatuos enloquecen.
Ese admirable candor,
esa frescura, esa alegre
sencillez y ese hechicero
donaire, que no se aprende,
me indemnizan con usura
de las dotes que no tiene.
Se burlarán mis amigos,
que en el siglo diez y nueve
no esperaban encontrar
íisósofos de mi especie;
nías no turbará su risa
mis domésticos placeres...,
y alguno en su corazón
acaso envidie mi suerte. —
No obstante, bueno es guardarme
de sus sátiras crueles
y el primer pan de la boda
saborear tranquilamente. —
Tampoco quiero sufrir
los brutales parabienes
que en Móstoles me darían
los amigos y parientes
de una suegra irracional
y de un suegro veinte veces
mas insufrible, porque une
lo pedante á lo silvestre.
Bien estoy en Legones
donde no me desesperen
los unos por esquisitos
y los otros por soeces.
Aquí en santa paz y en gracia
de Dios...
(Óyese rodar un car rúa ge que para al instante*)
¿Mas qué ruido es ese?
¡Un carruage! Y á mi puerta
si los oidos no mienten...
¿Quién diablos será...
(Se asorna á la ventana de la derecha,') Una dama...,
y el galán correspondiente... —
La cara... Con el sombrero
la cubre. ¡Maldito mueble! —
Ya vuelven la espabla y entran
ligeros como colietes.
(Retirándose de la ventana*) Si es para mí la visita,
es importuna, es aleve. —
Ya los oigo en la escalera.
¡Qué desgraciada es mi suerte!
Huía del peregil,
¡y me ba nacido en la frente!
ESCENA V
(DON LUIS, EMILIA, DON ANTONIO.)
(abrazando á Don Luis.)
¡Caro Luis!
¡Querido Antonio!
¡Tú por acá...!
Caballero
¡Emilia...! (Me desespero.)
( Abrazándole.)
¡Otro abrazo!
( ¡Otro demonio! )
Sí; tengo mucho placer...
(A Emilia,) Sea usted muy bien venida.
Yo ignoraba, por mi vida...,
Te he querido sorprender.
Con efecto; mi sorpresa.
Esta agradable visita...
( A Emilia.)
¿No te digo? Es infinita
la amistad que me profesa.
( A Emilia ofreciéndola una silla.)
Suplico á usted... (¡Oh tormento!)
No te incomodes. El caso...
Ya. Ustedes irán de paso...
No. ¡Si venimos de asiento!
¿Sí? (¡Malo!) Pues el lugar
poco ofrece.
No es tan malo.
Sus huertas son un regalo;
y, en fin, para vegetar...
( Sentándose.)
Mi médico aseguró
que estos aires son soberbios
para los males de nervios
de que soy víctima yo.
( Con dolor,)
Yo también...
(Mudando de tono,) algo propenso...
( Sentándose, Don Luis hace lo mismo
Y estando tú aqui, ya ves...
Con que, dije: ¡á Leganés!;
y aqui me tienes.
( ¡Qué censo! )
Evitemos que se aburra
mi pobre amigo, añadí,
que estará solito allí
tomando leche <le burra...
No. Tengo aquí una casilla...
Ya sé; y un poco de. hacienda...
Puede que pronto la venda,
que ya me cansa esta villa.
¡Eh! para una temporada...
Viendo que es la casa inmensa,
no quiero hacerte la ofensa
de marcharme una posada.
Aqui las hay...
Detestables;
ya lo supongo.
Antes...
¡Ea!
cédenos...
(Chanceándose.) ¡por lo que sea!
un rincón...
Hombre, no me hables...
No te be querido ofender.
Una chanza de las mias...
¡Qué locura! ¿Tú me habías
de exigir el alquiler?
Nada: un cuarto para Emilia,
otro cuarto para mí...
¡Ninguna etiqueta! Aqui
viviremos en familia.
(¡Se meterá hasta en mi cama!
¡Voto á briós...) Mucho lo siento,
pero no hay aqui aposento
donde alojar á una dama.
¿A mí? De cualquiera modo.
Mi indisposición no es grave;
y en un lugar, — ya se sabe, —
hay que conformarse á todo.
Yo aunque sea sobre céspedes...
Yo os diera hospitalidad,
pero hay la dificultad
de que tengo aqui otros huéspedes.
No le hace.
( ¿Es mi casa fonda,
santo Dios! )
Un os á un piso,
otros á otro; y si es preciso
haremos cama redonda.
(Habré de cantar de plano.
¡No hay recurso!) Amigo Antonio,
se trata... de... matrimonio...
¿Qué escucho, Dios soberano!
¿Tú te casas! ¿Y con quién?
¿Es linda?
Como una perla.
Ya deseo conocerla
y que oiga mi parabién.
¡Por vida de los apóstoles...
¿Quién lo había de pensar?
¿Y es fruta de este lugar?
( Cortado.)
No. De Mós toles.
¡De Móstoles!
Es boda... de gratitud.
Ya recuerdo... ¡Bribonazo...!
A 1 1 i diste el batacazo.
Y allí cobré la salud.
No en vano andabas tan serio
por Madrid el otro dia.
Y yo malicié que había
en su viaje algún misterio.
¿Hija de algún hidalgote...
No, que nació en la pobreza.
La hermosura es su nobleza
y la virtud es su dote.
¡Tú cambiado en pastorcillo
de la Arcadia! Es rara idea.
¡Tú en pós de una Galatea
con zurrón y caramillo!
¿Qué quieres! Los desengaños...
La filosoíia...
¡Ay, Luis!
Tu cabeza está en un tris.
¡Filósofo á ventiun anos!
¡Ventiun aiíos! ¿Y mi viaje?
¿Y el terrible coscorrón
que iluminó mi razón
cuando volqué del carruage?
Yaya; tú te burlas; sí,
pero engañarme no puedes...
Al contrarío; son ustedes
los que se burlan de mí.
Hé aqui por qué me oponía,
aunque amigo verdadero...
(Riéndose.)
¡Cosa como ella! ¡Un cochero
enseñar filosofía!
¡Pues! ¿No lo digo? ¡Paciencia!
¿Estás en tí, criatura?
Tu boda es una locura.
Es un cargo de conciencia.
¡Tú esposo de una palurda!
Es un ángel, un portento.
Curtida del sol y el viento...
Criada en una zahúrda...
( Levantándose. Emilia y don Antonio ha
cen lo mismo.)
Á ese fallo tan injusto,
á esa rechifla molesta
solo daré por respuesta
que la novia es de mi gusto.
No te piques. Lo hemos dicho
por tu bien. Yo sentiría
que mañana ú otro dia
lloraras ese capricho.
Si con efecto es tan bella
y usted se ha clavado ya
tan de firme...
Claro está
cuando me caso con ella.
(Dirigiéndose d don Antonio.) Y pues remedio no tiene
y de que yo piense asi
ó de otra manera á tí
nada te va ni te viene;
pues tus consejos no escucho,
porque no son menester;
ó mi huésped no has de ser,
y lo sentiria mucho,
ó por Dios que no te mofes
ni te andes con chirinolas
coram populo, aunque á solas
eches de risa los boles.
¿Mofarme? ¡Qué desatino!
Pues la amas con tal esceso,
ya no es razón... Lejos de eso,
me ofrezco á ser tu padrino.
¡Bravo! Y la madrina yo.
Gracias...
¡Qué cara de agraz i
¿Aceptas? Será capaz
de responderme que no.
Me he picado: lo confieso;
mas son ustedes tan finos...
Sí; yo he menester padrinos.
No habia pensado en eso.
(No sabe lo que le pasa.)
(Tal vez asi lograré
ponerlos de buena fé
ya que se han metido en casa.
Porque ¿cómo me intercepto...
¡Imposible! Y sin embargo...)
Habla. Sal de ese letargo.
¿Nos desaira usted!
No. Acepto.
ESCENA VI
(DON LUIS, DON ANTONIO, EMILIA, CIRIACO.)
(Sale Ciríaco vestido d la moda, /?ero co/z JcSi 7z7zo _y corno despegándosele la ropa •)
Aquí me tienes, amado
hijo futuro político.
(¡Mi suegro!)
( ¡El suegro! )
(¡Su suegro!)
( Haciendo ridiculas cortesías.)
Pero no habia advertido...
Saludo á arabos sexos... Es
decir, á ambos individuos,
hembra y varón, y me ofrezco
con lodos los requisitos...
Beso á usted la mano. (¡Estraña
caricatura! )
( ¡Húm! ¡Qué lio! )
Servidor...
( Presentando á Ciríaco.')
Este es el padre
de mi novia.
Es positivo;
porque, al fin...
(Presentando á don Antonio.)
El caballero
don Antonio Baquerizo,
que nos lia venido á honrar...
Muy señor mió y amigo.
Y su bella hermana Emilia.
Por muchos años. Si sirvo
de alguna cosa... Y ¿quién sabe...
Ello es que lodos servimos,
aunque unos mas y otros menos..o
Y al fin cada cual es hijo
de sus obras, y no hay duda
que, si bien se mira... He dicho.
Muchas gracias, señor don...
¿Cómo es su gracia?
( ¡Estoy frito! )
Me llamo, para servir
á Dios y á usted...
{Contestando en voz baja á una mirada se-
vera de don Luis y mordiéndose los labios.)
No me río.
Ciríaco Palomo, exfiel
de fechos, hijo legítimo
de idem, idem. Es decir,
<1 e otro Ciríaco...
Entendido.
Y de otro Palomo.
Voy»
si ustedes me dan permiso...
(Yendo liácia la puerta de la derecha.') (Antes que salga Manuela
y se esponga á ser ludibrio
de esa gente, será bueno
que yo la preste mi auxilio...
¡Ah! ¡Ya está aqui!)
ESCENA VII
(LOS MISMOS, MANUELA, MACARIA.)
(Sale Manuela ccn vestido y sombrero muy ricos y elegantes, pero desgarbada, mal prendida y sobrecargada ridiculamente de joyería y otros accesoriosMacaría aparece tan grotesca como su hija, aunque con menos lujo.)
(Mu y gozosa.) ¡Mira, mira i
qué inaja que estoy, Luisito!.
(¡La novia!)
(¡La novia!)
Yerno,
¿qué tal me sienta el vestido?
Bien.
( Saludando.)
Señorita... Señora...
(La suegra es un basilisco.)
(A Manuela y Macaría.) Tengo el honor de ofrecer
mis respetos...
Felicito.....
( Con cortesías cstravagantes, que imita a {A don Antonio.)
silencio Manuela.)
Dios guarde...
(A Emilia.) A la par de Dios
(A don Luis en voz baja.) ¿Quién es ese lechuguino?
¿Quién nos trujo á esa reumática?
(Al oido*)
¡Román tica!
( ¡Qué suplicio! )
Un amigo y su liermanita
que han llegado de improviso
y sabiendo que me caso...,
con tan plausible motivo...
(Soy un hombre sin vergüenza
si hoy no me da un tabardillo.)
¡Vengan! Me alegro, que á mí
no se me encoge el ombligo...
( ¡Jesús! )
Por dos convidados,
ni aunque sean venticinco.
Manuela»)
¿Qué haces tú, boba? Saluda
á esa mocita al estilo
de Madrid.
Ya voy, mamá,
que no soy costal de trigo.
(Dando la mano d Emilia.) Venga la mano, y me alegro
que haiga saló y apetito.
( ¡Yo soy mártir! )
Muchas gracias.
Yo deseo á usted lo mismo.
Don Antonio vuelve la cara para reirse y Emilia se
tapa con el abanico*)
(Aparte d Manuela.) ¡Muchacha!, un abrazo ahora
y un beso en cada carrillo.
(A Emilia.)
Con el aquel del casorio
tengo trabucado el juicio
y olvidaba lo primero
y prencipal. ¡Al avío!
Un abrazo y besemónós. I
(La abraza.) D. luis# (¿Y no hay quien me pegue un tiro!)
(Al besar Manuela á Emilia chocan las alas de los sombreros perdiendo ambos su colocación natural.)
¡Ay, que mis ojos peligran!
¡Ay...! ¡Ya me sacó de quicio
el sombrero!
(Procura arreglárselo.)
Usted perdone.
{Acomodando á su modo el sombrero de
Manuela.)
¡Chica!, ¿y el tuyo? ¿Y los rizos?
¡Voto á sanes...
(Fastidiado.) Son inútiles
los sombreros. No salimos
ahora de casa...
Y estorban
para besar. ¿Me lo quito?
Si.
{Quitándose el sombrero y dejándolo sobre
una silla.)
Y usted quédese en pelo
también.
(Haciendo lo mismo.)
¡Vaya... No replico.
(¡Pobre Luis! ¡Le tengo lástima!)
ESCENA VIII
(LOS PRECEDENTES, RUPERTA.)
El notario y los testigos...
Ya vamos.
ESCENA IX
(los precedentes, menos ruperta.)
( ¡Gracias á Dios,
que estaba sudando el quilo!)
Tu padrino, Manolita,
es el señor.
Si soy digno...
Y la madrina, su hermana.
Con gusto nos ofrecimos...
j Sí? Me alegro mucho. ¿Y qué hacen
las novias con los padrinos?
(Enfadado.)
¡Donosa pregunta! Nada.
Por cumplir desde el prencipio
mis obligaciones...
Todas
se refieren al marido.
Chica, tú cambias los frenos»
Tú confundes el bautismo
con el matrimonio: ¿estamos?
Dos sacramentos distintos...
(Inter r umpiéndole.)
Y un solo Dios verdadero.
Vamos abajo. No es lícito
hacer esperar...
Sí; vamos
á que se tomen los dichos
cuanto antes, que ya estarán
deshaciéndose estos chicos.
(Dando el brazo d Macaría.)
El brazo.
(A don Antonio.) A la novia, tú.
(Dando el brazo d Manuela.)
Señorita... ( ¡Pues no es ripio
la moza! )
(A Ciríaco.) Y usted á Emilia.
(Dando el brazo á Emilia»)
¡Que me place!
(Me resigno.)
i («y ese d lo lejos marcha militar.)
(Dej ando pasar d las otras parejas»)
Vamos, pues...
■huela* (Volviendo la cabeza»)
¡Hola! ¡Tambores!
Tendremos tropa. ¡Qué lindo!
¡Calle...! ¿Te gusta la tropa?
¿Que si me gusta? Me pirro
por ella.
¡Calla, tontusa!
(Sola ja con don Luis y siguiendo á los demas la puerta del foro,) No hagas caso, que lo ha dicho
sin malicia.
(Caviloso,) (¡Quiera Dios
que yo no haga un desatino!)
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(RUPERTA.)
(Llega por el foro trayendo un gran azafate cuirlo con una servilleta, y lo deja sobre una mesa.)
J_Jas tortas dicen: ¡comedme!;
los bollos, ¡de aqui á la gloria!
El ama doña Macaría
que la echa ¿e fanfarrona,
quiere ausequiar á la gente
y que quedemos con honra.
Y si hoy es esto, ¡eche usté agrio
para el dia de la boda!
Abajo están entadía
metidos en la liornia
de eso que llaman... contrastes
matrimoniales.
(Dentro.) ¡Patronal
Pero ¿quién sube? Esa voz
me huele á cosa de tropa...
(Dentro.') ¡Pal roña!
(A la puerta del foro.)
Justo y cabal.
ESCENA II
(RUPERTA, BALBINO.)
(Con fusil, fornituras y mochila y morral.)
Dios guarde á usted, buena moza.
¿Es usté el ama de casa?
Menos puntos calza mi horma»
Soy criada. Hace ocho dias
me acomodé...
Y me acomodas
á mí.
El melitar es chusco.
¿Que si lo soy? ¡Carambola!
Alaba á Dios, criatura,
que por tus puertas asoma
la espuma del regimiento.
Porque has de saber, pichona,
que al granadero mas bravo
le tira esta mano heroica
de los bigotes.
¡Demonio!
Y nadie dice esta boca
es mia; y si lo dijera,
¡qué chirlo, Virgen de Atocha
Pues ni el verdugo...
No soy
verdugo, cara de rosa,
que soy barbero.
(K olviéndose de lado.)
¿No ves
una bacía de azófar
sobre mi mochila?
¡Ah! Sí.
Pues esta es mi ejecutoria,
y en un apuro me sirve
de marmita y cantimplora.
Pero aliviemos el cuerpo
de estos chismes, que me doblan.
( Arrima el fusil y quitase la mochila, car tuche
ra etc., quedándose solo con el sable»)
Pues, sigun eso, usted viene
alojado aqui.
¡Pues! Toma
la boleta.
Yo no sé
de letras.
(Leyendo.) *<Don Luis Mendoza
alojará á un granadero.
y le dará cama, ropa,
comida, vino, tabaco,
(Tomando la boleta.)
¡Pues ya es droga
lo que reza el volatín!
No. Yo añado alguna cosa;
pero á un hombre como yo
¿quién niega tales bicocas?
Y amor con amor se paga.
Mis navajas están prontas
para afeitar al patrón,
y si tú tienes de sobra
alguna muela MI
¡Arre allá!,
que á mí denguna me sobra.
¿Pero dónde está la gente...
¿No sabe usted... ¡Pues si hay boda
en casa!
¡Y eso tenias
tan callado! A mejor hora
no podía yo venir.
¡No es nada! Tendremos broma
que cante el Credo, y cabrito,
y gallina en pepitoria
¡Para que yo coma el rancho
estando aqui! ¡Puf! ¡Bazofia!
Aun tardarán unos dias
en casarse. Ahora se toman
el dicho.
¡Guapo! ¿Y qué tal?
¿Es buena chica la novia?
Como unas mialmas.
Mejor.
La haremos cuatro carocas,
y harto será que resista
al garbo de esta persona;
que si cojo una guitarra
y pespunteo una jola,
ó canto por la rondeiia
media docena de coplas,
muerta por estos pedazos
pedirá misericordia.
Barbero de munición,
pronto canta usted victoria.
Si ella se me hace de pencas,
cuento contigo, cachorra.
¡Pues ya!
Que á falta de pan- —
¿estamos? — buenas son tortas.
¡Que si quieres!
(Destapando la bandeja.)
Tortas dije,
¡y tengo aquí media arroba!
(Tomando una.) Las probaré, ya que todo
me sale á pedir de boca.
Parece que usted no es manco.
Soy mas listo que Cardona.
Esto estará prevenido
para llenar la bartola
después de los dichos.
Pues.
¡Voto á... Tengo que ir ahora
á casa de mi sargento
Yo volveré por la posta
á gozar del piscolabis;
mas por si acaso...
(Toma mas tortas.)
¡Qué poca
vergüenza! Y luego dirán
que he sido yo la golosa.
Echale la culpa al gato,
y hasta mas ver. ¡Hui...! ¡Gachona
ESCENA III
(RUPERTA.)
A le de Ruperta Sánchez
que no es saco (le algarroba
el granadero. ¡Y á mí
que en viendo un sabré con boira
y un bigote y un morrión.
toda el alma me retoza...!
Mas si á mí me bacen salero
su desparpajo y sus roncas,
harto será que las sufran
ni el amo ni las señoras.
¡Digo, la dichosa suegra,
cansada de hilar estopa
como yo, y porque la nina
con un señor matrimonia,
se pone hecha un Lucifer
cuando no la llaman doña! —
¡Hola! Ya creo que suben.
¡Vaya, si han estado posmas!
Desque bajaron podian
haberse casado en Roma.
ESCENA IV
(MANUELA, MACARIA, EMILIA, DON LUIS, DON ANTONIO, CIRIACO, RUPERTA.)
Vaya, asiéntcsen ustedes,
que ahora hemos de celebrar
los responsales.
(Viendo el fusil y equipo de Balbino.)
¿Qué es esto?
F.u.sil, mochila, morral,
cartuchera...
Es que hay en casa
alojado un melitar.
( Muy contenía.)
¡En melitar...!
( sil oido interrumpiéndola.)
¡Calla, bruto!
Esto me faltaba.
Ahi va
la goleta.
( Aparte con Emilia mientras lee para
¡Pobre Luis!
¡En lindo berengenal
está metido!
El alcalde
bien me podia escusar
en este dia...
¡Que' falta
de tacto municipal!
Cuando yo era fiel de fechos; —
no en Leganés, sino allá...
Porque bueno es que baya un turno,
pero si en casa de Juan,
por ejemplo... ¡Cuando digo
que no saben gobernar.,.!
Bien está; que se le aloje
con toda comodidad;
coma y beba cuanto quiera,
que nunca he querido mal
á la tropa; pero abajo
se le puede aposentar.
Tienes razón. ¡Embocarse
en la sala prencipal...!
Pero eso yo lo remedio
en un santiamén.
(Llamando.) ¡Beltran!
(A don Antonio.)
Ciertamente, no hay motivo
para que sin mas ni mas... 4
Porque, al cabo, la ordenanza...
Y aunque yo creo que no hay
de su parte una... Digamos...
Tampoco es justo... ¿Verdad?
Seguro. (No pienso ver ( Llega un criado.)
ente mas original.)
Llevaisus Ruperta y tú
todo ese tren. ¿Qué aguardáis?
Y arregla! para el soldado
la pieza que da al zaguan.
Bien.
(En voz baja.)
Y á Juana, que despache,
que estoy dada á Satanás.
r/range Ruperta y el criado, llevándose los efectos
de B albino.)
ESCENA V
(LOS PRECEDENTES, RUPERTA.)
(Durante esta escena hablan aparte Manuela >i don Luis, Emilia con don Antonio y Macaría t Ciríaco.)
¿Qué tienes, Luis de mis ojos?
¿Por qué estás tan asi..«, tan...
Mucho amor esta mañana
cuando aun estaba en agraz —
vamos al decir — la boda;
y ahora que sernos ya,
como quien dice, marido
y muger, ¡qué seriedaz!
Hija, cuando uno se casa
tiene tanto en qué pensar...
Yo te quiero como siempre,
pero... la fatalidad...
La llegada intempestiva
de esa gente que es capaz
de burlarse de un entierro...
Tus costumbres de lugar...
(Auela. Yo no soy muger de malas costumbres.)
No digo tal;
sino que á veces tu misma
sencillez...
¡Toma! ¿Soy mas
hoy que ayer?
Tienes razón,
tj el A. Con amor y volunlaz
yo deprenderé en Madrid
otro aquel menos pala».
Diquia estonces, buen remedio,
Luisilo si se me va
la burra, que dijo el otro,
tírale tú del ronzal.
(Siguen hablando en voz baja.)
( A Emili a.')
Ha rio será que esa boda...
Sí; me parece que está
don Luis corno abochornado
de su eslraña ceguedad,
y el bochorno suele ser
anuncio de temporal.
(Si guen hablando en voz baja*)
(¿Ciríaco.)
j Virgen Santa, qué cocina
de mis pecados! Me dan
angustias. Anda con mil
demonios y el capataz
á ver si despachan.
Puede
que algún repentino üzíirus
Porque suele suceder
que, á veces, el mismo alan...
Figúrate tú que el gato...,
que al fin es un animal...
Esto no quiere decir...
¡Qué maldito guirigay!
Calla v has lo que te digo.
¡Jesús qué hombre!
Voy allá.
ESCENA VI
(zos mismos, menos Ciríaco)
( Reconociendo la bandeja.)
(Esto no está como yo
lo puse. Algún perillán...
No, pues como yo lo abrigue...
¿Uabrase visto...)
O f f
(A Manuela.) ¡No mas!
Si tu corazón es mió,
¿qué mayor felicidad?
Si necias preocupaciones
me han podido fascinar
por un momento, en tus ojos,
en tu risa celestial
vuelve á aparecer mi gloria
y el inefable di íi 11 n im y
el paraíso... ¡Un abrazo,
querida esposa! (La abraza.)
(A Emilia aparte.)
¿Eh? ¿Qué tal?
.Ni
¡únicos...: ¡un: ¿yué semiica...
Tengamos la fiesta en paz.
No la he besado.
No estante...
Como se han firmado ya
los contraltos...
Pero aun falta
la bendición del altar.
(Riéndose.) (Eh, eh... ¡Diantre de muchachos...!
Lo raesmo era yo á su edaz.)
( Aparte con Emilia.) Reincide en la tontería.
No tiene cura su nial.
ESCENA VII
(LOS MISMOS, CIRIACO.)
(En voz baja á Macaría.)
Ya sube Ruperta.
Bien.
(i ACO. Me parece que ya puedes...
Vaya, asiéntese» ustedes
y tomen Jo que les den.
Pero...
¡Naide me resuelle!
icnlari Emilia, Manuela, don Luis y don Antonio*)
(Al oído,)
Naide otra vez!
¡Ilum! ¿Me dejas
en paz? ¡Siempre á mis orejas...
¿Eres hombre, ó eres fuelle?
(Siéntanse también Macaría y Ciríaco. Entra liuper ta con una cesta llena de platos.)
(Aparte á Macaría.) Si no es algún contrabando,
¿podré saber...
Está alerta
y verás. — ¡Platos, Ruperta!
(Ruperto da un pialo á cada unot y se retira.)
¿Y á qué fin...
¡Chití Yo lo mando.
¿No sé yo mi obligación?
Hoy todo el mundo se alegra
y debe echar una suegra
la casa por el balcón.
(Aparte d don Antonio.) ¿Qué querrá darnos ahora?
Señor, 6 aquí hay confianza, ilC
ó no, y la buena crianza...
¡Pues!
(A Emilia.) ¿No digo bien, señora? ¡l'PE
Mucho. (Se queda tan hueco la,
el buen hombre como si algo
hubiera dicho.)
¿Qué hidalgo
se desposa á palo seco?
Mós toles no es un Segovia,
no es un Madrid; mas, con todo,
si una suegra en cierto modo
O
es la madre de la novia,
en verano y en invierno, líl,
en el campo y en la corle
es preciso que se porte...
Cetj
como la madre del yerno.
Enterado.
Ahora veréis
que, aunque gentes de lugar...
¿Y hasta cuándo hemos de estar
con plato en ristre los seis?
Dice bien,
¡Ese gandul
de Beltran...
( Aparte d Emilia.) ~ Con lanío plato
cesante ¡qué lindo rato
nos diera el indio Cosul!
Yo iré, que. son muy zangollos
y...
Ya viene el azafate.
Ruperta y Beltran; ella con vasos de
aloja en una bandeja, y él con jicaras de cho¬
colate en otra. )
Í'iritrcin
ESCENA VIII
(LOS MISMOS, RUPERTA, BELTRAN.)
; Vamos vivo! ¡El chocolate!
(A Ruperta.) Tú las tortas y los bollos. —
¡Torpes!
( Tomando el azafate de los bollos sin sol
War ei (lue trae»')
Se apagó la lumbre...,
Desacupa la otra mano,
¡bestia!
(< /perla pone sobre la mesa la bandeja de los vasos
&i' sigue después d Beltran. Este va ofreciendo á
*! odos chocolate empezando por Emilia.)
(Retirando el plato.)
Gracias. ¡Tan temprano...
( Haciendo lo mismo.)
Gracias. No tengo costumbre...
'i.' olla. (Haré lo que veo. ¡Tale!
No me regañe dempues...)
(Con melindre y retirando el plato.) C racias.
( Reusando también la jicara.)
¡Qué diablo! ¡A las tres
de la tárele chocolate!
(Aparte con Ciríaco.) ¡Todos han dicho que no!
j To d os!
¡Qué mala crianza!
(Tornando una jicara.) Pues yo torno mi pitanza.
No la perdono.
(Tornando otra jicara.')
( A Ruperto que va ofreciendo bollos.)
Pase. Almorcé con mi hermano
tarde
Gracias.
No hay gazuza.
i Gracias.
¡Quita allá!
( ¡Gen tuza!
(Tomando bollos.) Venga... Yo comí t tempano.
(Haciendo lo mismo.)
Yo también.
(Comiendo y hablando.)
¿Con que desprecias
Pues mira, yo hice las tortas...
Bien...
Con harina de almortas...
(¡Huí!)
Y aguardiente y especias.
G racias. Oleo d ¡a
(A Manuela.) ¿Y tú
tampoco
(Muy dengosa.)
No; no se acerque,
no sea que se me empuerque
mi vestido de tisú.
Vaya; pues darles un vaso
de aloja...
{Levantándose y dando el plato á Delira
Todos van haciendo lo mismo menos Macaría y
Ciríaco.)
¡Eh! No tengo sed.
Mil gracias,
Perdone usted.
(Uparle á 71 laca ría.')
Merienda tú y no hagas caso.
( ¡Por hacer la lechuguina
ni una mala loria embucho!)
(Aparte á Ruperta.) Guárdame de todo; y mucho,
que luego iré á la cocina.
Ven, Manuela, que ya es hora
de poner en posesión
de su nueva habitación
á mi madrina y señora.
Vamos.
(A don Antonio.)
También para tí
hay cuarto allá dentro. Ven.
Sí; marchaísus. Yo también
iré luego por alli.
( ¡Qué convite tan grolesto! )
El l» a zo«m (Se lo ofrece d Manuela.)
(Tomando el de don Luis.)
¡No! A mi pariente.
(¡Qué suegros!)
(Aparle d su hermano.)
¡Cuando yo cuente
en Madrid lo del refresco...!
(V anse por la puerta de la izquierda.)
ESCENA IX
(MACARIA, CIRIACO, RUPERTA, BELTRAN.)
¡Miren la pitiminí
de la madrina, que Dios
perdone... ¿Pues y él? Los dos
(Con la mano en el estómago.) se me han asentado aqui.
Gastan muchos perifollos
en Madrid, y cada cual...
Ya ves... Pero lo esencial
es que aprovechen los bollos.
( A Ruperto.)
Dame aloja y toma el plato.
( Dando su plato á Beltran.)
Otro vaso para mí.
( Después de beber,)
¿Verdá que está rica?
(Lo mismo.) Sí,
y es muy buena para el flato.
Ahora andai á la cocina
con todos esos enredos;
jy cudiado!, y cepos quedos,
no hagais una sarracina.
(V anse con las bandejas Ruperto y Deliran.)
ESCENA X
(MACARIA, CIRIACO.)
Pero ¡con qué aire de taco
se hacia también Manuela
la remilgada! ¡Tontuela!
¿Lo arreparaste, Ciríaco?
¿Qué quieres! El mal ejemplo...
No; y en parte hace muy bien,
porque su marido es quien...
Por último, yo contemplo...
Y, aqui para entre los dos,
siendo marido y inuger...
Hazte cargo... Es menester...
( A la puerta.)
¡Alabado sea Dios!
ESCENA XI
(BALBINO, MACARIA, CIRIACO.)
(V ol viendo la cabeza.)
Por siempre... Es un militar.
El alojado, sin duda.
El mismo que viste y calza,
señor patrón.
( A Ciríaco mirando á BaJbino con atención.)
¡Santa Ursula!
Esa voz y esas faiciones...
( A Macaría.)
¡Calle! Es la misma figura
del chico de Pedro Antón..*
(ó yo he perdido la brújula
ó no es la primera vez
que veo la catadura
de ese ciudadano.)
(A Macaría.) El mismo.
Mírale. Aquel buena púa...
(Pues la vieja, aunque la ropa
no corresponde á su alcurnia...
Sí; es ella, es ella.)
(Alto) ¡Balbino!
[albino. ¡Tía Macaría!
(Aparte d Ciríaco.) ~ ¿A qué prenuncias
su nombre? Valia mas
hacerse el sueco.
Ventura
como la mia... ¡Un abrazo!
( Rechazándole.)
Poco á poco, que esa es mucha
llaneza...
Yo estoy en bahía.
¿Ya nos la echa la palurda
de señora?
I A. Es que lo soy.
Tia Macaria, ¿usted se burla?
No tal. Mi esposa y señora
en lo que dice se funda,
pues si el hábito hace al monge...
Ya no hay monges, pero se usa
el refrán. Quiero decir
que si mirando se juzga
lo que se ve..., claro está,
y escusada es la pregunta.
¡E! bueno del tio Ciríaco!
Siempre el mismo.
No me gusta
que me llamen tio. ¿Entiendes?
( Si/i oírle,)
Hablando basta por las unas,
pero el cristiano que le oye
se queda siempre en ayunas.
Sí, cuando el cristiano es necio. —
Y déjemenos de pullas.
¡Pues! Y antaño rio es ogaño,
y désele á cada una
lo que es suyo.
Bien está,
doña Macaria. (¡Tan ínula
como la dejé!) ¿Y qOé primo
de Méffico ó de Calcuta
nos trajo tanta bambolla
á bordo de una falúa?
Yo no tengo que dar cuentas
á dénguno...
¿Y mi fu tura?
¿Cómo fu tura?
Mi novia;
Manuela; el sol y la luna
de Móstolcs. ¿Dónde esta?
¿Qué te importa?
¡Por San Lucas
bendito... ¿No ba de importarme
si me tiene su sandunga
muerlecito y aquel garbo
se crió para este cura?
¿Si cuando yo caí quinto
juró y perjuró que nunca
me olvidaría, y lloraba
por cada ojo una laguna,
que la pobre parecía
la Virgen de las Angustias?
Era estonces zagalona
que no entendia la abu ja
de mariar, ni si esta mano
es la derecha ó la zurda.
Quince anos al fin no pnsnn
de quince anos. Quien presuma
otra cosa... Porque, al cabo,
no estando en sazón la fruta...
Quiere decir que es lo mismo
ser ciego que estar á oscuras.
Noticia fresca.
No vengas
ahora con esas tontunas.
Si tú la querías tanto,
¿por qué, sabiendo escritura,
no la pusiste una carta
diciendo: por áhi te pudras?
¿Cómo si escribí? (¡Mentira!)
¡Si gasté un mazo de plumas!
Mas cayeron prisioneras
mis cartas, sin duda alguna. —
Y sobre lodo, la quiero
y la querré basta la tumba.
Y ella no te quiere á tí;
con que no pidas cotufas
al golfo.
¡Si es ira posible!
Verá usted cómo se chupa
los dedos cuando me vea.
Pues sabe, ya que me azuzas,
que se va á casar con otro.
¿Con otro! ¿Usted lo asegura?
Como que ya se han tomado
los dichos.
¡Negra fortuna!
Ya denantes la criada
me habló de esa baraúnda;
¿mas quién podia pensar
que esa mala hembra, esa bruja
fuese el cuerpo del delito?
Pues juro al sol que me alumbra
que la ingrata, mala sangre,
no se saldrá con la suya.
¿Por qué no? ¿Mandas tií en ella?
¡Ya verá usted qué trifulca
se arma aquí! ¿Dónde está el mandria,
el infeliz que me usurpa
mi propiedad?
Menos gritos,
que no estamos en la dula.
Ten juicio, Balbino. Yo
te probaré si me escuchas...
¿Qué me ha de probar usted?
La paciencia.
¿Te figuras
que es mi yerno un pelagatos,
ó un cobarde que se asusta
de ver bigotes? Pues no,
que es hombre de mucha injundia,
y no sufre ancas de naide,
y si quiere te sepulta
en onzas de oro. — Ba Ibino,
echa el acial á tu furia.
No te pierdas y nos pierdas
haciendo aqui una diablura.
Mejor será que te largues,
ya que están verdes las uvas
para tí. Yo te daré
unos cuartos...
Tia lechuza,
á mí nadie me camela
haciéndome garatusas,
ni todo el oro del mundo
me hará apear de mi burra.
Pero, ¡si ella no te quiere...!
Aunque lo rece la bula
no lo creo, y mientras ella
con su boquita de azúcar
no me dé unas calabazas
muy gordas y muy maduras,
diré que ustedes la venden
como á Cristo vendió Judas,
¡y habrá aqui toros y canas
si ese hombre no capitula!
Pero, ¡Santo Dios!, ¡qué modo
de enjuiciar! Ni el moro Muza**.
Y quien dice el moro...
A bien
que la muchacha no es muda
y te leerá la carti lia,
y tendrás que hacer rinuncia.
Mas verla de sopetón
delante de la tretulia
del novio y de los padrinos...
sería una acción muy bruta.
¡Mas que lo sea! El mal trago
pasarlo pronto.
Tú buscas
tres pies al gato, y ya ves
que llevarlo todo á punta
de lanza... Que al fin las cosas...
Deja que haya coyuntura...
Porque en eso está el busilis...
Ello es verdad que las truchas
no se pescan... Ya comprendes;
mas no siempre el que madruga...
¿Estamos?
Sí; estoy cansado
de oir á usted esa música
ratonera; y no me muevo
de aqui — ¿está usted? —, aunque se hunda
el firmamento, hasta ver
¡Ilum...! ¡Mala zurra...
Bien; mas delante del otro
calla y no hagas de las tuyas.
Bueno. Yo haré por callar
mientras tanto que se ajustan
las cuentas entre ella y yo.
Pues estonces, aleluya. —
¡Ah! Diremos que eres primo...
¿Qué...?
¡Ya está aqui!
Disi muía.
ESCENA XII
(LOS MISMOS, DON LUIS, EMILIA, DON ANTONIO, MANUELA.)
¿Con que un rato á pasear?
No hemos visto á Leganés
todavía*
Ahur.
Mandar.
( Saludando en general»)
Hasta luego.
Hasta dempues.
ESCENA XIII
(LOS MISMOS, DON ANTONIO, EMILIA.)
( Aparte d Manuela reparando en Balbino» ¡Eh! ¡Ya tenemos aquí al alojado!
( Reconociendo d Balbino y dando un grito»)
¡Ah!
(Admirado.) ¡Qué grito...!
No te almires...
(El es; sí.)
( A Macaría en voz baja.)
¿Ve usted? El mismo delito..*
Este mozo es primo de ella,
le teníamos por muerto
y, ya ves, cómo resuella
tan sin pensar...
Sí, por cierto.
Porque el muchacho es sobrino...
Es decir; no de Manuela,
sino de Bárbara Pino
que fue hermana de su abuela;
y como á nadie se oculta...
¡Pues! Y ella formaba juicio
de que el otro... ¡pues!, resulta
que la sangre hizo su oficio.
(Receloso.)
Con que..., ¿primo luyo?
(Cortada) Sí.
¿Cómo Le va, buena alhaja?
Para servirte; ¿y á tí?
Vamos tirando. ¡Qué maja!
( Animándose un poco.)
¿Con que no te has muerto?
¡Quiá
Tu primo ¡firme que firme!
¿Yo halda de hacer — ¡pues ya! —
la primada de morirme?
( Observando á los dos.)
( ¡Este primo
LTn relicario
pareces. ¡Qué guapetona! —
No entraba en mi calendario
que fueses tú mi patrona.
(Este primo es sospechoso.)
Con que ¿te casas, Manuela?
Sí.
¿Y este será tu esposo?
Dios le dé... (donde le duela.)
Dios le dé salud
Lo estimo.
Como yo se la deseo.
(Se me ha indigestado el primo.)
(¡Ilum... ¡Le veo y no le veo!)
(Tomando una silla.) Amigo, yo estoy cansado.
El que quiera, que se siente.
Yo lo hago á fuer de alojado,
de paisano y de pariente.
( ¡Q»é guapa! ¡Si es un racimo
de perlas! )
( En coz baja á Macaría.)
¡Nos va á perder!
(Cuando digo yo que el primo...)
Vaya; dime algo, muger.
¿Qué he de decir? (Acá dentro
siento un
Pues yo te diré
que has crecido
(Con malicia.) y no te encuentro
la misma que te dejé.
No pasan años en balde.
(¿Y no la he de hacer un mimo?
¡Voto á Cribas...)
(Si el alcalde
me librara de este primo...)
( Aparte con Ciríaco.) ¡Mal haya tanta endireta!
No la quita ojo el maldito.
Me está llevando Pateta.
( ¡Este primo, este primito...!)
Pues yo
(Mirando de reojo d don Luis») (¡Quieto, y se hace el sordo! )
Vuelvo de aquellas Navarras
ni mas flaco ni mas gordo.
(Con intención») Yo siempre soy el de marras.
(Don Luis toma el sombrero»)
¿Te vas?
(Todo me revuelvo
de verle, y si no redimo
esta carga...) Pronto vuelvo.
A Dios. (¡Cuerno con el primo! )
ESCENA XIV
(LOS MISMOS, DON LUIS.)
( A Macaría.)
Ahora va á ser ella.
(A Ciríaco.) Ahora
le diré yo las verdades
del barquero.
(Levantándose.) Mala pécora,
muge»* de poco caraile,
¿asi cumples tu palabra?
Balbino... ( ¡Virgen del Carmen,
qué cara pone! ) En lend ique...
Vaya, chico, no nos armes
camorra. Ella no te quiere...
Silencio, y deje usted que hable
la interesada.
¿Silencio?
A mí no me tapa naide
la boca.
Yo... Sí; te quise,..
¿Oye usted?
Pero... mi madre...
Como tú no me escribías
y el otro estaba delante...
Ojos que no ven... & c.
Lo cierto es que en todas partes
cuecen babas, como dice...
Y al cabo y al fin, con alguien
se ha de casar la muchacha,
y tener el alma en FJandes
y el cuerpo en Mós toles... Esto
me parece que se cae
de su peso, y lo demas
es gastar pólvora en balde,
; Tio Ciríaco!
Calla, que harto
nos has quemado la sangre
delante del otro.
No liav
remedio. ¡Has llegado tarde!
¿Oyes, Balbino? Ella mesrna
te ha dado con la del martes.
¿No querías calabazas?
Pues tómalas.
Ella es mártir.
Ella no se atreve á hablar
porque ustedes no la araíien.
Pero es mucho hombre Balbino
para rendirse á un futraque,
y el don Luis tendrá que habérselas
con el hijo de mi padre.
Pero, hombre, ¿con qué razón,
con qué justicia...
(; Qué lance! )
La razón es mi real gusto
y la justicia mi sable.
¿Cómo se entiende... ¡Mal hombre..
¿A mí me la echas de jaque? —
Es decir; ¿á m i...
Balbino,
esas son brutalidades.
En perdiendo yo una vez
los estribos soy un cafre,
¡y voto á...
¡Descomulgado í,
vete; márchate á la calle,
ó haré...
No me da la gana,
que aqui me ha dado el alcalde
mi alojamiento.
Pero este
no es tu cuarto. ¡Largo!
¡Marchen
Pues no me iré.
Pues te irás.
Será lo que tase un sastre.
¡Por Dios...
Te irás á la trágala.
Daré parte al comcndan te...
¡Eso!
¡Tia Macaría!
¡Asi í
Veremos, ya que no valen
razones...
Te haré poner
en un cepo.
¿A mí? (Y es fácil,
que el Mayor tiene unos humos...)
¡Largo de aqui!
¡Voto á sanes...
Si no fuera usted rnu"er...
¡Ay, que me pega este infame!
(G rifando,) ¡La guá...
( Tapando la boca d Macaría.)
¡Calle usted!
: Jesús...!
Yo estoy mala...
¿Ves, tunante?
Eso es otra cosa.
¿Dónde
te duele?
No sé... Un ataque
de niervos; un...
Ten correa,
¡voto á briós! No te desmayes. —
Ustedes tienen la culpa.
( Acudiendo d su hija»)
¿Traeremos agua y vinagre?
¿Nosotros?
Sí; porque la han
cuartado las facultades.
¡Es mentira!
En fin, me najo
porque no se muera ese ángel,
pero ya veremos... ¡Humrr...!
Bramando voy de corage.
ESCENA XV
(MANUELA, MACARIA, CIRIACO.)
¿Pero hase visto en el mundo
foragido semejante?
Manuela.)
¿Se pasó?
¡Nada! ¡Si lo hice
por escusar un disastre...
Iacaria» Ya es preciso que de casa
le echemos á todo trance.
(A Ciríaco.) Tú marcha á ver si nos truecan
la goleta con mil diantres,
y yo en cá del escribano
para que me haga al istanle
un memorial..*
Yo lo haré.
No es necesario que encargues...
¡Tú no, que en cada renglón
colarás un disparate!
Voy volando... ¡Ah! Tan y mientras,
para que aqui no se encage
otra vez el granadero
y engergue otro zipizape,
dejaremos encerrada
á la chica.
Pero, madre...
¡No refunfuñes!
¡A mi...
( A Cirineo.')
Tú te llevarás la llave,
que vendrás antes que yo.
Pero ¿y si don Luis...
Que aguarde.
(V anse Macaría y Ciríaco por la puerta del foro ccr rándola por de fuera.)
ESCENA XVI
(MANUELA.)
¡Jesús qué tripulación
y qué congoja y qué apuro!
¿Qué hace una cuando está una
para casarse con uno,
y viene el otro y ese otro
lo mete todo á barullo? —
¡Y vaya si viene guapo,
y macareno, y rebusto!
¡Y yo tan inficionada
á la tropa... Y el que tuvo
retuvo, que dijo el otro.
Le quise antaño, y no es justo
que ogaño... Trujóle Dios...
y para algo me le trujo. —
Pero el otro, que es el joven
mas campechano del mundo,
y bebe por mí los vientos,
y siendo de alto coturnio
no tiene á menos casarse
con la hija de un palurdo,
y me ha dado estos arreos,
y como es rico y de rumbo
mercará cuanto yo quiera
y en todo me dará gusto...
¡Pobre Luis! Sería un cargo
de concencia y un prejurio
dempues de decirle: otorgo,
plantarle por otro chulo.
No, que es muy mala partida,
y en medio de este lirnulto
de afeutos oigo una voz
que me dice: oros son trunfos.
(. Aparece B albino montado en la ventana de la iz quierda.)
ESCENA XVII
(MANUELA, BALBINO.)
¡Ay! ¿Qué es esto?
No te asustes,
alma mia.
Estoy sin pulso.
¿A qué vienes, condenado?
Si lo sabe mi futuro...
Mis padres...
Estamos solos.
Hablemos cuatro minutos.
Y tras de estar encerrada...
Para tí nada hay seguro.
Tengo un amor y dos piernas,
veo una higuera..., y me subo...
¡Vete por Dios, que me pierdes!
Escúchame.
No te escucho.
Pues ya no me vuelvo atras;
(Saltando al tablado.) y aquí estoy» y aunque arda el mundo
me has de oir.
¡Buena la hicimos
¡Jesús! Toda me aturrullo...
No temas; que aqui estoy yo.
¡Ya! Es que...
Vamos al asunto.
¿Me quieres, ó no?
¡Balbino...!
Ya no valen disimulos.
Tus ojos dicen que sí,
y aunque tu boca haga pujos
para negarlo, es en balde;
¡como si hablaras en ruso!
¡Válgame Dios y qué modo
de escudriñar... ¿Eres brujo?
¡Ah, bendita sea tu alma...
Pues sí que te quiero, y mucho;
mas ¿qué he de hacer? ¿No te dije
endenantes: u¡no hay recurso!
¡Llegaste tarde! ¿No sabes
que firmé de propio puño —,
con la señal de la cruz...
¡Eh! no le hace. Se compuso
lo de Capa-rota...
¿Y cómo
se desenreda este ñudo?
Yo le diré: nones, y él
medirá: pares y truco.
Tendrá que hacer demisión
cuando sepa que yo ocupo
tu lugar.
Pero ¿v nii padre?
Tu padre es un mameluco.
¿Y mi madre?
Será abuela
el año cuarenta y uno.
¿Y con qué has de mantener
á mis hijos y á los tuyos?
¡Ahora si que me has chafado!
¡Qué ingrato y qué testarudo!
Entra Dios por mis ventanas,
y en vez de sacarle el jugo
¿quieres que le dé con ellas
en la cara! Cuando luzgo
«sedas y blondas ¡me quieres
condenar al paño burdo!
En vez de habitar palacios,
¡quieres volverme á mi escuro
cochitril y que, vecina
de las gallinas y el burro,
con el alba me despierten
cacareos y rebuznos!
En vez de comer fraisanes,
¡quieres que coma mendrugos!
Tú eres contra Dios, Balbino;
porque Dios dice á los suyos:
da de comer al hambriento,
da de vestir al desnudo;
y tú ¡al reves me las calzo!
¿Tienes ropa? Te desplumo.
¿Tienes que comer? Ayuna.
¿Se hiciera esto con un turco?
Tienes razón. ¡Oh Manuela!,
tu talento es muy profundo.
No me habia á mí ocurrido
que si la novia le usurpo,
no me llevaré con ella
las rentas de tu futuro.
Y al fin, ¿qué soy yo? Un soldado.
¡Mira tú qué sos ti tuto! —
Es verdad que soy barbero,
y no me tengo por zurdo,
y espero de un (lia á otro
mi licencia; mas pregunto:
¿quién diablos me da dinero
para poner un tenducho?
¿Dónde encuentro parroquianos
hoy que hasta el pueblo menudo
se hace la barba á sí mismo?
Mas ¿qué quieres! El reflujo
de los hados... ¡Yo te adoro!
j Ay Je mí! Yo no lo dudo,
mas dice aquel dicho: tanto
te quiero que te desnuco.
Pues bien; ¡cásate, muger!
¡Cásate con ese chusco...
y malos lobos le muerdan!
Sé dichosa. ¡Yo renuncio
á tu mano!
¡Oh fortalencia!
¡Oh virtud...! ¡Cruel tarugo
para un corazón amante!
¿Cómo podré, cachirulo,
pagarte...
Matando á ese hombre
á pesadumbres.
Yo juro...
Y luego en segundas noticias..*,
ó antes, si Dios lo dispuso,
yo aliviaré los pesares
que te va á dar el difunto.
¡Ay! Suben por la escalera...
Vete...
s Yo no escondo el bulto.
¡Soy quien soy!
Pero ¿y mi honra?
¿Tu honra...? Sí; es verdad. Me escurro
por aqui...
( Corre hacia la puerta de la derecha.)
¡No! A la ventana...
(Balbino monta en la ventana y figura bujscar don de apoyar el pie que queda colgando hacia fuera ¡Ya están aqui!)
Yo me aturdo.
El pie no alcanza á la higuera...
(Suena dentro la llave»)
Ya abren la puerta. ¡Ay San Bruno!
ESCENA XVIII
(MANUELA, BALBINO, DON LUIS, CIRIACO.)
¿Qué veo! ¡Ese hombre...
¡Balbino!
( En la ventana.)
No es nada; no hay contrabando.
Es que venia buscando...
Yo... Cuando... El venia... Vino...
¡Qué infamia! Huye, miserable,
huye, ó mi justo furor...
( Saltando otra vez al tablado.)
Vamos con calma, señor...
( ¡Subirme yo aqui sin sable...!)
Balbino, es acción villana
asa 1 tai'...
¡Toma! Si abierta
hubiera estado la puerta,
no entrara por la ventana.
¡Traidora! ¿Es esta la fé...
¡Toma! ¡Mire usted qué pata
de gallo! ¿Acaso...
¡Hija ingrata!
¿Acaso yo le llamé?
Se me antojó un higo fresco;
á la higuera me subí;
estaba Manuela aqui,
y... ¡ya usted ve! el parentesco...
¡Eh! Váyase noramala...
¿Es culpa mia que hubiera
en ese patio una higuera
y una ventana en la sala?
¡Calla! ¿Aun te atreves, perjura...
Si yo... ¡Virgen del Pilar...
( Conteniéndole •)
¡Don Luis!
¡No haga usted llorar
á esa pobre criatura!
(A Balbino.)
Ya he dicho...
Sí; viento en popa
me voy va; no se sofoque;
pero como usted la toque
ni al pelito de la ropa...
No me arredran amenazas.
¡Fuera de aqui!
(A Balbino con tono persuasivo.')
¡Vete, vete!
ó yo haré que usted respete...
¿Sí? Pues ya ni con tenazas...
(Sollozando.)
Tengo honra, y es mucha afrenta
¿La oye us^ed? Gime, solloza...
¡Señor don Luis!, esa moza
corre desde hoy por mi cuenta.
¿Cómo...
No hay cómo que valga.
¿Qué se entiende...
Y á los dos
desafio; ¡á todo Dios!
El que sea hombre, que salga.
(Suenan dentro cajas tocando llamada.)
¡Vive Dios...
Suena el tambor:
obedezco á su compás. —
Viva usted media hora mas
y agradezca este favor.
(Ciríaco contiene d don Luis y Manuela á Balbino •)
¡Quieto!
Balbino.)
¿No te irás al fin?
¡Por Dios...
¡Infame...
(Aparte d don Luis.) Es muchacho.
Yo volveré...
(Corno antes») Está borracho.
Y habrá la de San Quintín.
(Manuela se sienta d un lado y llora y moqueo •)
ESCENA XIX
(MANUELA, DON LUIS, CIRIACO.)
¿Se ha visto igual insolencia,
temeridad semejante?
Yo le aseguro al bergante...
Vamos; ¡reflexión, paciencia...
¡Y tú, infiel...
{Levantándose y con tono regañón, pero
sin dejar de gemir.)
¡Mas lo eres tú!
Tras de que una... Pues es plato
de gusto... ¡Quita allá, ingrato!
¿Cómo! Pues...
( Haciendo un gesto de indignación ri-
dícula.)
No me hables. ¡Hu!
(V ase por el foro.)
ESCENA XX
(DON LUIS, CIRIACO.)
Se va dándome un sofion
después que vil y traidora...
¡Pues esto faltaba ahora!
¿La habré de pedir perdón?
(Queda pensativo.)
Como al cabo está inocente
y la ponen en un potro...
Aqui lo que hay es que el otro
sin mas Dios, ni... Es evidente.
Mas si hemos tocado en balde
entrambos á dos la aldaba
del alcalde, porque estaba
en las eras el alcalde;
mañana será otro dia,
se irá el soldado y después
pleito por menos y»** ¡Pues!
Lo de mas es tontería.
(Jer candóse d don Luis y llamándole la atención.) ¿No es verdad?
(Con despego.) ¡Oh...!
Si alza el gallo
pondremos pies en pared,
porque al fin...
(Furioso.) ¡Eh! Calle usted
con cuatro mil de á caballo»
Si usted se incomoda...
Sí.
Sin embargo, la doncella...
Reniego de usted, y de ella,
y de su madre, y de mí.
{V ase por la puerta de la derecha cerrándola
dentro,')
ESCENA XXI
(CIRIACO.)
¡Oye! Sin razón te enojas...
ya cerró. ¡Es particular...
Eso se llama tomar
el rábano por las hojas.
¡Señor!, lo que yo le digo
convencería á cualquiera;
s porque, vamos, ¿quién espera...
¡Disparate! Pero... ¡amigo...!
¿Puedo yo hacer mas? Me afano
por evitar accidentes
y por... ¡pues!, pero estas gentes
no entienden el castellano.
( V ase por el foro,)
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(DON LUIS, DON ANTONIO.)
JlJl] oir lo que me cuentas
me aílijo y no me sorprendo.
La cabra, querido Luis,
siempre tira al monte.
Es cierto.
Me cegaba la pasión:
ahora conozco "mi yerro.
Mas, ya que no era posible
conseguir en un momento
la grata conformidad
de costumbres y deseos
sin la cual no hay matrimonio
venturoso; ya que al tiempo
era fuerza remitir
lo que no curan los médicos;
los vicios de educación
y los resabios de pueblo,
¿era acaso algún absurdo
juzgarme yo con derecho
al amor de una muger
sacada por mí del cieno,
de la nada? ¿Dónde hallar
honor, fé, agrad eciniiento
si hasta en la paz de una aldea
los husco y no los encuentro?
¡Ingrata!, ¿te puse yo
algún puñal en el pecho
cuando tu pérfido labio
me juraba amor eterno?
¡Ah! Maldita fue la hora
en que mis ojos te vieron.
¡Mentecato que en el año
de gracia mil ochocientos
y cuarenta aun esperabas
tropezar por esos cerros
con aquella pobre Astrea
que se refugió en el cielo!
Ya se ve; tú eres filósofo...
¡Filósofo...! Soy un necio.
No en vano cuando lo supe
desaprobé tu proyecto;
pero tú, en vez de tornar
y agradecer mis consejos,
contra mí, ¡contra un amigo!
te pusiste hecho un veneno.
No hablemos de lo pasado,
pues mi ceguedad confieso,
y veamos si es posible
salir de este atolladero.
Tú, Antonio, que eres letrado,
me dirás cómo podremos...
Veamos. Lo que tú quieres
es que no se lleve á efecto
el matrimonio.
Eso mismo.
Firmados ya los conciertos
conyugales, se requiere
el mutuo consentimiento
de ambas partes... Y aun asi
pudieras salir del pleito
mal librado si las arras
son de entidad.
No. Mi intento
era hacer mas adelante
una donación...
Me alegro;
porque, aun logrando anular
los esponsales, te advierto
que la mitad de las arras
que dió el varón son trofeo
de la novia, si ella prueba
que el tal se quitó de cuentos
y la mostró su cariño
con algún ósculo... Beso,
que decimos los profanos.
No ha habido ósculo: lo puedo
jurar.
Vaya en gracia. Yo
te juzgaba mas resuelto.
¡Era mi pasión tan casta...!
j Era tan puro el objeto
que me la inspiraba...! ¡Ay triste!
Pero un beso mas ó menos
¿qué importaba... Me parece,
aunque tu pudor respeto,
que eso es muy antiguo, Luis,
ó demasiado moderno.
Vamos, déjate de bromas...—
¡Pecador! Ahora recuerdo
que la he abrazado dos...
¡Tres veces!
¿Abrazo seco?
Pues; sin beso.
En punto á abrazos
las leyes guardan silencio.
Pero, dime, si Manuela
no quiere, como lo temo,
que se anulen los contratos
conyugales, ¿quid faciendum?
No sé. Si ella no consiente...
¿No hay otros impedimentos
Sí; varios hay.
Yo te los iré diciendo,
mas dudo mucho que puedas
alegar ninguno de ellos.
Dime, no obstante...
Si el novio,
ó la novia, por ejemplo,
se ausenta á lejanas tierras,
juede el otro, trascurriendo
tres años y del ausente
ignorando el paradero,
pedir y obtener permiso
para escoger otro dueño;
pero ha de hacer penitencia
de su primer juramento.
Ya. Con que ¿ella es!a que habría
de emigrar... ¿Y cómo hacemos...
¡Imposible!
Si probases
á tu novia un gatuperio...
¿Com prendes?
¡Qué desatino!
¿Ella que teme al infierno...
Coquetil la..., puede ser;
pero... ¡Jesús! Ni por pienso.
Tú no podrás achacar
cuñadía
No.
Ni creo
que hayas dado á otra muger
palabra de casamiento.
Jamas.
Ni la edad te salva,
que ambos teneis con esceso
la que prescriben los cánones
al uno y al otro sexo
para poder celebrar
el séptimo sacramento. —
¡Ah! Un rapto con circunstancias
agravantes fuera un medio
escolen te, y el soldado
es capaz en mi concepto
de mayores fechorías.
Pero hay que contar primero
con Manuela, y ni ella tiene
resolución para eso,
ni la perderán de vista
sus padres.
También el texto
de la ley hace mención
eapresa de los defectos
ó nulidades orgánicas
que invalidan desde luego
los esponsales. Si alguno
se hace gafo, ó contrahecho,
ó ciega de entrambos ojos, —
se pueden casar los tuertos, —
ó se queda sin narices,
O...
¡Calla, que me estremezco
de oirte!
¡Ah! Ya me olvidaba
de otro arbitrio... Es el postrero,
¡v terrible para un hombre
que tiene su alma en el cuerpo!,
mas para tí, que te precias
de filósofo...
Acabemos.
Métete fraile.
¿Yo fraile!
No hay ya en España convenios,
pero allá...
¿No es mas sencillo
echarme un cordel al cuello?
Vamos; no te desesperes.
La muchacha, á lo que entiendo,
se inclina mucho al soldado.
No h ace justicia á tu mérito,
mas los primeros amores...
¡Ya ves tú... Dice un proverbio
castellano: Dios los cria
y ellos se juntan. Yo espero
que ella se querrá casar
con él, y entonces..., laus Deo»
Eso fuera lo mejor;
y aunque es duro, no lo niego,
que me venga á suplantar
un rival tan subalterno,
me resignaré... Y ¿quién sabe...
Yo todavía no tengo
una prueba concluyente
de que sea el predilecto
ese Balbino. La escena
de que tanto me lamento
piulo muy bien ocurrir
sin ocasión ni pretesto
por parte de la muchacha,
y tal vez á su despecho.
Cuando se alejó de mí
lloraba, gemía... Quiero
hablar á solas con ella
¡Ay, ay, ay! ¡Malo me he puesto
Nada temas. Seré cauto.
Yo voy á llamarla.
¡Bueno!
A tu gusto, muía... A Dios.
¿Vas otra vez de paseo?
No. Un encargo de Madrid...
Hasta después. Pronto vuelvo.
.■di.Vi luí i
ESCENA II
(DON LUIS.)
¡Si no es posible! Pondría
las dos manos en el luego
>á que ella no autorizó
tal escándalo. El mastuerzo
de Balbino, sin mirar
inconvenientes ni riesgos,
osó escalar la ventana,
y ella que tendria miedo...
Aquí viene. A ver qué tal
se esplica, y vamos con tiento.
(Llega Manuela por el foro»)
ESCENA III
(DON LUIS, MANUELA.)
Me alegro de verte sola.
¡Ah, que eres tú! Dios te guarde.
Tenia que hablarte...
¡Hola!
¿Después de la batahola
y el julepe de esta tarde?
Bien; á escucharte roe obligo
pues me he de casar contigo.
Dime una verdad.
¿Y cuála?
¿Citaste á Balbino tú...
Ya he dicho muy noramala
que él se me coló en la sala
como un duende, como un bu;
y con achaque de! higo...
M as yo me caso contigo.
Yo sé que el tal granadero
no es tu primo ni lo sueña.
Mi padre fue el embustero,]
que yo nada dije; pero
de mi mano soy yo dueña,
y pongo á Dios por testigo
que me he de casar contigo.
Él te quiso antes que yo...
y tú le amaste también.
¡Toma! ¿Quién dice que no?
Mas cuando él se declaró
y yo le repuse: (<amén,,
junto á una parva de trigo,
no me casaba contigo,
Tarde olvida quien bien ama.
Asi lo dice mi tia;
pero no tengas escama,
porque cuando una no llama...
¡Pues! Y el otro bien sabia
cuando entró por el postigo
que yo me caso contigo.
Y juro á le de Manuela
que no hicimos... ¡disparate...!
ninguna picardigiiela.
¡Vaya! ni cosa que huela...
¡Jesús! ni con chocolate;
porque yo sigo y persigo
en casarme — ¿estás? — contigo.
Hoy no te tienta el demonio,
mas si maíiana te exhorta
á afrentar mi matrimonio,
tú no eres un San Antonio,
y tal vez...
¡Ba, ha! ¿Qué importa?
Si tú te casas conmigo,
¿no me caso yo con ligo?
¿Qué importa! ¡Alabo la flema!
¿Luego tú no estás segura...
Sí lo estoy, pero esa tema
que hoy has tomado me quema.
A Dios llamaré y a! cura
si me tienta el enemigo
matrimoniada contigo. 1
Eso no me satisface.
Manuela, tiempo es aún.
Aunque tanto roe complace,
quizá nuestra boda se hace
contra el sentido común.
Yo te quiero y te bendigo,
pero... ¡casarme contigo...!
¿Cómo! ¿Te vuelves atras?
No congeniamos los dos...
Pues, novio de Barrabás,
¿no hemos jurado y tres mas
al escribano y á Dios...
Sí, pero ya
Pues, amigo,
yo me he de casar contigo.
Tú debes considerar
que no seremos felices
por mas que al pie del altar...
¡Hola! ¿Me quieres dejar
con un palmo de narices?
¡Pues no! Yo digo y redigo
que me he de casar contigo.
dirige d la puerta del foro y al mismo liemp
llegan Macaría y Ciríaco.)
ESCENA IV
(DON LUIS, MANUELA, MACARIA, CIRIACO.)
¿Qué es esto? ¿Por qué das voces,
hija de mi alma?
¿Por qué?
Porque ese hombre es un ingrato,
un descastado, un infiel
que. rué camelaba en Móstoles
y me escupe en Léganos;
poique á lo mejor. me sale
con... ¿qué me sé yo?, y si fue
y si vino...; porque olvida
que dió un porrazo cruel
á la puerta de mi casa
y soy yo quien le curé
la descolacion del hombro
y el chirlo junto á la sien;
y dale con si Balbino
es mi primo ó no lo es,
y si él no me quiere mal,
y si yo le tengo ley,
y si mañana ó esotro
me tentará Lucifer;
porque es ej galgo de Lucas
que ladra antes que le den,
y los dedos se le antojan
huéspedes, y... Pero á íé
que yo no me ando en chiquitas,
y aqui hay un cura y un juez,
y de mal á mal hará
lo que no de bien á bien,
¡y se casará conmigo,
y me casaré con él!
(V ase por el foro»')
ESCENA V
(DON LUIS, MACARIA, CIRIACO.)
ACARiA» ¡Probecita de mis ojos!
¿Quién me lo (liria, quién
que tan mal te pagana
ese raposo con piel
de oveja inocente, ese alma
de Caín...
Suegra soez,
no apure usted mi paciencia,
que ya estoy dado á Luzbel.
Tiene razón. Sé prudente,
que no quita lo cortés...
Y al cabo las apariencias..*
Yo soy justo. Es menester
hacerse cargo... Y hablando
se entienden las gentes: ¿eh?
En verdá, en verdá, que ni ella
tiene la culpa, ni usted,
ni naide, sino ese picaro
que maldiga Dios, amén.
¡Zamparse, como si fuera
esta casa algún burdel,
por la ventana...
Y ustedes
¿por qué. con tanta doblez
me dijeron que era primo
de Manuela?
Yo la erré,
lo confieso; pero entraba
con aire tan somaten,
que porque tú no estranases
su desparpajo y su aquel...
Porque él estaba empeñado
en que tenia de ver
á Manuela y recordarla
que, habrá cinco años ó seis,
la dijo cuatro tontunas.
Pero — ¡nada! — de allí á un raes
cayó quinto, y la muchacha
no golvió á pensar en él.
No obstante...
¡Si le aborrece!
Ella le d i jo: "anda ves
noramala. Quiero á otro
y á tí no te doy cuartel;**
y cuando dice Manuela
esto digo, firma el rey.
Sí señor; pero como ese
Balbino es una pared
maestra, y estaba sola
la chica, y éfeta..., ¡pues! —,
sin encomendarse á Dios
ni al diablo, y á salga pez
ó salga rana..., ¡ahi va eso!,
y ahur. Ite, misa est,
¡Si vieras cómo lloraba
la probecilla dempues lil
¿Lloraba!
Y la da un soponcio
si no la aflojo el corsel.
( ¿Será cierto...! )
Y entre lágrimas
que enternecieran á un buey... —
salva la parte —, decia:
"¡Jesús, María y José!
¿Por qué ha venido ese trasto
maldecido de cocer?,
Yo solo quiero á mi Luis,
que es dulce como la miel
y tan guapo
¿Eso decia?
Y mirando de travies
dijo: "si vuelve á ponerse
delante, le echo con cien
y mil diantres y le tiro
la mano del almirez. y>
¿Es posible...! Pues á mí
no me ha dicho t
¡Toma! Es que II
Es que, como está inocente,
no da su brazo á torcer
con ligo. Tú la habrás puesto
como trapo de sartén,
y ella que tiene puntillo
y vergüenza...
La muger
no siempre... ¿Estamos? Con ellas
se requiere un ten con ten...
Ea, pelillos al mar.
Mañana al amanecer
saldrá Balbino de casa,
V yo de tanto belen.
El alcalde me lo ha dicho,
y si no lo hace, ¡pardiez
que tengo hecho un memorial
para el señor coronel,
que rae rio yo! — Y — ¡qué diantre! —
si tanto te da que hacer
ese hombre, ¿hay mas que largarnos
á cualquier parte; á Jaén,
á París de Francia...
(Don Luis t que está rnedilabundoy responde distraído»)
Sí.
ó á Ingalaterra...
Tal vez...
(Aparece Balbino en la puerta del foro»')
(Sin entrar.)
¡Deo gracias!
¡Balbino!
(í Ah perro!.
Todo lo echará á perder.)
(Tiró el diablo de la manta
y se descubrió el pastel.)
ESCENA VI
(LOS MISMOS, BALBINO.)
(Entrando.) Señores, nadie se altere.
Vengo de paz; ya no riño;
Y, de bien á bien, un niño
hace de raí lo que quiere.
Si enantes tomaba á pecho
porfiar por la doncella,
ya no. — Arree usted con ella
y que le haga buen provecho.
No estante su compromiso,
yo creí que esa traidora
querría á Bal bino ahora
como algún dia le quiso;
y como yo no soy rana
V la juzgué prisionera,
hice escala de la higuera
y puerta de la ventana;
mas tratándome de pillo
me puso como un guiñapo...,
aunque luego me hice el guapo
y escupí por el cojinillo.
Ahora que estoy mas sereno
confieso á usted y á la suegra
que aquella acción fue muy negra
y que soy un sarraceno.
Usted rico y yo soldado,
¿quién debia estar en boga?
Usted, que siempre la soga
quebró por lo mas delgado.
Ni tendría yo razón
en obligarla á trocar
tanto rumbo y tanto ajuar
por un pan de munición.
Si uo me quiere, paciencia;
peor sería un divieso; —
y no quedaré por eso
á la luna de Valencia.
Tengo una moza en Bilbao...
de mi talla; ¡hui! mete miedo,
V otra que vende en Toledo
sardinas y bacalao.
Vaya con Dios; vo la olvido.
Dios dirá. Soy buen piloto,
V al fin nunca falla un roto
que se arrime á un descosido.
Mañana, usted lo verá,
me mudo de alojamiento;
y si usted quiere, al momento,
que á mi lo mismo me da.
Yo no soy como el tahúr
que juega con dos barajas.
Usted contento, y yo... ¡pajas!
Con que... perdonar y... ¡ahur!
(Empieza á oscurecer.)
ESCENA VII
(DON LUIS, MACARIA, CIRIACO.)
¡Mire usted...! Todo al reves
de esta tarde! ¿Quién creyera...
De modo es y de manera
que cuando el hombre... ¡Ya ves!
(A don Luis»)
Pues ahora naide te empacha,
y cuando él mesmo se da
por vencido...
(Todavía preocupado y caviloso •)
Bien está.
Señal de que la muchacha...
Sí, señora.
¡Si es un bolo!
¡Si lo dije! Y el que piense...
¿Eh?
Sí; pero usted dispense o*l
Quisiera quedarme solo.
Vamos; sí, y ausolucion
general.
¿Qué duda tiene M
¡Oh...!
Y el domingo que viene
primera molestacion.
(V anse por el foro.)
ESCENA VIII
(DON LUIS.)
¡Pobre Luis, ojo avizor!
¡No te fies del soldado!
¡Luis..., aquí hay gato encerrado
y ya es necio tu candor!
La niña con sus enojos,
con sus mentiras la madre
tal v ez... Pero ese compadre
es quien me ha abierto los ojos.
Su repentina modestia
no parece natura).
¿Cómo asi tan racional
el que ha poco fue tan bestia?
¡Ba, ha! no soy yo tan lerdo
cual presume. ¡Esa no cuela!
Él ha hablado con Manuela
y los dos obran de acuerdo.
Mas saldrá vano el ardid.
No serás tú mi muger,
taimada. No quiero ser...
la fábula de Madrid.
¡Mofarse del santo yugo
de un modo tan inmoral!
Intriga tan infernal
es digna de Yictor Hugo.
Y aqui, ¡en pais enemigo!,
¿qué hacer cuando esa labriega
dice que á trompa y talega
ha de casarse conmigo?
Ya el desposorio funesto
firmé, y alzarán el grito
la vieja, el suegro maldito,
y el soldado... ¡por supuesto!
La echarán por la tremenda
y perderé en el litigio,
si no hace Dios un prodigio,
la honra, la vida y la hacienda.
(Paseándose agitado.) Me atosigo, me sofoco
y no encuentro un espediente...
¡Qiré calor tengo en la frente...!
Yo voy á volverme loco.
(Parándose.) Ali! Un rayo ele luz... Antonio
me lo indicó, y es preciso...
Mediando otro compromiso
no ha lugar el matrimonio.
Un clavo saca otro clavo.
Si logro que otra hermosura
me 3 me... Se hace una escritura
con fecha atrasada y... ¡Bravo! —
Pero ¿cómo se concilia...
¿Quién se echa á buscar de pronto
una querida... ¡Ah! ¡Qué tonto!
En casa la tengo. ¡Emilia!
¡Y qué elegante! ¡Qué bella!
Y hermana de Antonio ¡Ah! Voy
¡Angel tutelar...! Ya estoy
perdido de amor por ella.,
¡Cielos!, si de esta zozobra
me saca, digo que vale
mas que las Indias i. ¿Quién sale?
¡Ella! — Manos á la obra.
ESCENA IX
(DON LUIS, EMILIA.)
( Sale de las habitaciones de la izquierda ¡Antonio... ¿Se fue mi hermano?
Sí, hermosa, pero su talla
supliré yo muy gustoso
si me honra tan bella dama
con sus preceptos. Yo baria
hasta lo imposible i
Gracias,
señor don Luis. Es usted
muy galante.
No se trata
de galanterías; no.
Lo digo con toda el alma.
No lo dudo. A fuer de ahijado
me profesa usted la tranca
amistad
Algo mas que eso.
Arde en mi pecho otra llama
mas activa, mas profunda...
¿Qué escucho...! ¡Eh! pase por chanza
¿Chanza? ¡Ah! no. ¿Y es maravilla
que con perfecciones tantas
rinda usted mi corazón?
Quien ve á usted y no se abrasa
de amor no tiene sentido
común ni ojos en la cara.
¿Está usted loco, don Luis?
Reflexione usted lo que habla.
¡Qué declaración de amor
tan ex l r a pa r I a m en l a r i a!
Juro á Dios, y á esos luceros
que me hechizan y me matan...
Señor don Luis, yo no sufro
galanteos que me ultrajan.
Guárdelos usted, le ruego,
para la linda aldeana
con quien hoy se ha desposado,
y si le enseña otras máximas
su filosofía y quiere
una esposa y una dama,
reserve usted á lo menos
proposición tan es t raña
para quien la pueda oir
sin echarle noramala.
¡Válgame Dios... ¡Si no es eso!
¡Si mi intención es muy sana!
¡Si lo que quiero es casarme
con usted!
¡Otra embajada!
¿Dos consortes á la par?
¡Lindo! ¿Estamos en España,
ó en Turquía?
¡Oigame usted!
Yo no aspiro á la bigamia.
Solo á usted quiero entregar
mi mano y mi fé en las aras.
¿Y Manuela?
Lo confieso:
me fascinó esa muchacha;
pero usted ha sido el astro
que disipando las ráfagas
del pasagero crepúsculo...
¡Eh! Todo eso es faramalla.
Diga usted que la palurda
le quiere dar calabazas,
justo castigo á quien tuvo
inclinaciones tan bajas,
y en despique viene usted
á proponerme — ¡qué audacia! —
la mano que ella desprecia;
mas no cabe en m» la infamia,
la deshonra de aceptar
desechos de una villana.
Al contrario; ella desea
que se cumpla sin tardanza
mi promesa; pero yo...
Bien; y usted se desengaña,
y conociendo que es vida
de perros la que le. aguarda
con un leño por muger
y por suegra una tarasca,
quiere que le saque Emilia
de la lumbre las castañas.
¡Estamos bien! ¿Soy yo hospicio
de desamparados?
Caiga
sobre mi cabeza un rayo
si son fingidas mis ansias
y si el fuego del amor...
¡Pues ya!, amor... de circunstancias*
¡Ah! ¡Si me quisiera usted...
¡Quiérame usted!
¡Eh! Ya basta.
¡Oh crueldad...! ¿Será forzoso
que me arrodille á esas plantas?
(Lo hace.)
¡Oh qué ridicula escena!
Levántese usted...
No, ingrata*
Mientras
( Yéndose d su habitación.)
( Pues rece usted solo.
Yo necesito... i
Una jaula.
ESCENA X
(DON LUIS.)
. ¡Cruel repulsa! Es preciso
que tenga entrañas de víbora
la que asi... ¿Pero hasta cuándo
me he de estar yo de rodillas?
(Se levanta.) ¡Oh qué estúpido es un hombre
desesperado! ¡Maldita
fortuna...! ¿Pero en el mundo
lio hay mas mugeres que Emilia?
Si ella desdeña rni mano,
la muy necia, habrá infinitas
que la apetezcan, y solo
por vengarme de esa inicua..*
y librarme de Manuela,
soy capaz..
ESCENA XI
(DON LUIS, RUPERTA.)
(Llega Huperta por el foro con dos luces, de l> cuales deja una sobre la mesa, y Beltran con c a (pie lleva á la habitación de la derecha.)
¡Ave María!
(A Beltran. ) Lleva esa luz á aquel cuarto.
Sin pecado concebida.
(uperta se dirige con la otra luz d la puerta de la zquierda.) (Esta moza...) Espera un poco.
(¡Paos no tiene mala pinta!
Np bahía vo reparado..*
Y muchacha sin malicia...)
(TI eltran *vuelve sin la luz y vase por el foro» )
¿Qué quería usted?
Decirte...
(¡Y huérfana! Es una viña
no tener suegros.) Escucha.
¿Tienes novio?
¿Yo? Ni pizca.
Ya ve usted; como una es probe...
Bien. Me alegro.
¡Qué dañina
intención! ¿Pues quiere usted
que me quede para tia?
Al contrario; yo te quiero
colocar.
¡Ay, Santa Rita,
qué alegrón! ¿Y cuándo? ¿Cuándo?
Parece qne tienes prisa.
¿Qué quiere usted? No se muere
un obispo cada dia.
(Tiene gracia.) ¿Y si el marido
fuese de ilustre familia,
y rico, joven, amable...
¡Toma! No le escupiría
por eso. ¿Cómo se llama?
¿Quién es? ¿Dónde está?
Pues, h¡ja,
el que te ama... (Pero ¡cielos!
¿qué voy á hacer? )
Vamos, diga,
diga usted...
(¡Si es una zafia!
¡Si es peor la medicina
que la enfermedad!)
¡Qué diantre!
Tanto callar me encanija.
(¡Hura..,!) Nada. Vete. Una broma...
( Picada.)
¡Mire usted qué gracia!
( Con hastio.)
(Quita...)
¿Está una aqui para molde...
Vete, vete á la cocina.
(Ruperta entra gruñendo por la puerta de la ii quierda.)
ESCENA XII
(don luis, paseándose*)
Vamos, á mí me han echado
una maldición. Soy víctima
de alguna bruja... Yo tengo
calentura y se me crispan
los nervios*** No sufren mas
los que están en la agonía.
ESCENA XIII
(DON LUIS, DON ANTONIO.)
¡Luis!
( Abrazándole»')
¡Ay amigo de mi alma!
¿Qué tienes? ¿Qué ha sucedido?
¡Triste de mí! ¡Soy perdido!
Vamos; un poco de calma...
Erre que erre, caro amigo,
Manuela y el granadero;
él en quedarse soltero
y ella en casarse conmigo.
¿Con que, de acuerdo los dos...
Sí; uno á otro se estimulan
y todos se confabulan
para hacerme... ¡Santo Dios!
Ya se verá... Ten cachaza...
En medio de tal vejamen
me acordé de tu dictamen
y puse en juego una traza.
¿Sí? Diine...
Si otra me auxilia
ron un araor retroactivo,
dije ye, de positivo
triunfo..., y se aparece Emilia.
Cual otro Arnadis de Gaula
me declaro ¡ay infelice!,
y me desaira, ¡y me dice
que necesito una jaula!
Y quien tanto desatina
¿qué otra cosa ha menester?
¿A un tiempo habia de ser
tu cómplice y tu madrina?
¡Es verdad! No me ocurrió.
Pues luego...; si tú supieras...
Vaya; estoy loco de veras.
¡Eh...! No te diré que no.—
Pero ¡si no es puñalada
de picaro! Hay mil maneras
de prorrogar cuanto quieras
esa boda empecatada.
Entre tanto...
¡Sí! Entre tanto...,
¿quién se espone... ¿Quién resiste...
Si el diablo las carga... ¡av triste...!
Yo no soy de cal y canto.
Aun no estoy seguro, no,
de una recaida — ¿estamos? —
si ella ó yo no nos casamos...
sin casarnos ella y yo.
¡Ay, ay... Retírate al punto,
que no estás bueno; y si quieres,
dame tus plenos poderes,
que yo arreglaré el asunto.
¡No hay arbitrio!
Sin embargo,
se verá si yo le encuentro.
¡Sálvame!
Vete allá dentro,
que yo lo tomo á mi cargo.
(Vase don Luis por la puerta de la derecha deján~ dola entornada.)
ESCENA XIV
(DON ANTONIO.)
Negocio es de mucha monta.
Yo me iré con pies de plomo..
ESCENA XV
(DON ANTONIO, MANUELA.)
( Aqui me cuelo, asi..., como.,.,
( Entrando.) como quien se hace la tonta.
¡Hola! ¡El otro lechuguino!)
(Ella es. Me escusa la cita.)
Buenas noches, ahijadita.
A la par de Dios, padrino.
Mil gracias. ¿Quieres oir
dos palabritas?
Sí quiero,
( A Ruperto y que sale por la puerta de la
izquierda con dirección al foro.)
Diga usted al granadero
que haga el favor de subir.
(V ase Ruperto.)
(Será alguna pam pingrada...)
Tú eres muchacha sencilla...
¿Y qué...?
Y por la negra honrilla
vas á hacerte desgraciada.
Yo ¿cómo... Pues ¿en qué potro
me ponen...
Potro inhumano
es querer á un ciudadano...
Pero...
Y casarse con otro.
Es que yo...
Hablemos en plata.
Tú amas á Balhino...
Yo?
No vale decir que no.
¿Y le abandonas, ingrata!
¿Está usted en mi pellejo?
Cuando yo digo que nones...
Por ventura ¿te propones
tener marido y cortejo?
¡Virgen Santa de Loreto!
'¿Estoy yo fuera de tino?
Pero aqui llega Balbino.
El dúo será terceto.
ESCENA XVI
(DON ANTONIO, MANUELA, BALBINO.)
Dios guarde á la gente noble.
( Imitando el tono soldadesco de Balbino.)
Dios guarde á la gente buena.
¿Es usted el que me llama?
Perdone usted la molestia.
No hay de qué.
Vamos á hablar
de hombre á hombre y con franqueza.
Bien. Yo no tengo frenillo.
Ni yo pelos en la lengua.
Corriente. Vamos al grano.
Pues bien; á un lado pamemas.
Manuela le quiere á usted
y usted adora á Manuela.
Yo... (Vamos; ¡si no me atrevo
á negárselo!)
( Aqui hay treta.)
La verdad; yo la he querido
unas miajas, pero ella...
¿La ve usted? Baja los ojos...
Porque es muger de vergüenza.
Ahora los clava en usted.
Cuando el demonio lo enreda.
(¡Qué saber tiene este cuco!)
¡Toma! Cuando una no es ciega...
¿Y qué sacamos en limpio
de que ella mire y yo vea?
Que yo no me mamo el dedo
ni soy niño de la escuela.
Bien; la quiero, mas como otro
la hace mejor convenencia,
me sacrifico y la dejo...
¿Y no hay en esa fineza
algún oculto designio...
No hay intríngulis. Mi idea
es solo verla feliz...
Cuénteselo usté á su abuela.
¡Compadre!, ya me va usted
cargando...
Vamos con flema
y hablemos en santa paz...,
que á todos nos tendrá cuenta.
Pero usted ¿á que se mete
en camisa de once leguas?
Ya dije á don Luis...
Don Luis
no sabe lo que se pesca;
mas yo tengo sus poderes
para ver cómo se arregla
este asunto; y yo, á Dios gracias
no he perdido la cabeza.
Bien; ¿y qué?
Y soy abogado.
Conviene que usted lo sepa.
(¡Zape!)
Y si no hay transacción
y la muchacha pleitea,
¡lo juro!, á fuerza de intrigas,
pedimentos y talegas,
para cuando gane el pleito
ya se habrá muerto de vieja.
Ya se verá...
Y supongamos
que ella gane la sentencia
mañana mismo y que Luis
se casa, quiera ó no quiera;
¿qué adelantamos con eso?
Se va á Cádiz, á Valencia,
á Pequin con su muger,
y no vuelve usled á verla.
Yo iré detras
¡Un soldado!
¡Si tengo ya la licencia
absoluta! Me la acaban
de dar; y de Ceca en Meca
la seguiré como sombra
hasta el cabo de la tierra.
¿Y qué come usted, compadre?
Yo soy hombre de carrera.
¡Soy artista! Esto es; barbero.
Sí señor; y sacainuelas.
Y soy capaz de afeitar
al convidado de piedra.
Y diga usted; si don Luis,
como puede hacerlo, prueba
que antes había empeñado
su palabra á otra doncella
y la cumple, ¿qué hace usted?
Matarle.
Réquiem ccternam! —
Pero la muchacha pierde
sus derechos y se queda
tan pobre como se estaba.
( Aparte con Manuela.)]
¡Tiene razón!
¡Mucho aprieta!
(Ya son mios.) Con que, ahur.
Cada uno hará lo que pueda;
pero si don Luis se casa,
(Con la mano en la frente.) que me la claven en esta.
(Se dirige há cia la puerta de la izquierda •)
( Aparte con Manuela.) Preciso es capitular.
Sí, Balbino, no se pierda
tod o
( Alto.)
Oiga usted, caballero.
( V oí riendo,')
¿Qué se ofrece?
Me da pena
ese pobre señorito...
Si él no me ama, es una tecla;
mas rinunciar á su mano...
No lo harás sin recompensa.
Vamos claros. Somos pobres
y ¡soltar una prebenda...
¿Qué nos da el señor don Luis
si me caso con Manuela?
Pida usted; pero pongámonos
en la razón.
De manera
que si la chica no pierde
sus arras.
No. Las conserva.
Y á mí me da algún dinero
para poner una tienda
en Móstoles...
¿Como cuánto?
¿Es mucho... media talega?
(¡Tonto! ¿Quién no pide mas
Es mucho. ¿Usted se contenta
con los seis mil?
Sean ocho.
Partamos la diferencia.
Siete mil realejos...
ESCENA XVII
(MANUELA, BALBINO, DON ANTONIO, DON LUIS.)
¡No!
Los diez mil quiero que sean;
y ademas, yo les señalo
mientras vivan dos pesetas
diarias.
¡Vivan los hombres
campechanos!
(En voz baja,) ¡Tú chocheas!
( En alta voz*)
¡No! Y aun compro muy barata
mi quietud; y ¡qué! ¿no es fuerza,
Antonio, que pague yo
de algún modo mi simpleza?
Ademas, si tengo vida
quizá la debo á esa bella
criatura, y no es hidalgo
quien olvida tales deudas.
( Apretándole la mano»)
¡Bien, Luis!
( Haciendo lo mismo»)
Vengan esos cinco,
¡voto á bríos!
¡Qué alma tan buena!
Estoy por darle un abrazo...
Balbino, ¿me das licencia?
Si es con buen fin...
(Manuela va á abrazar d don Luis y este retrocede)
¡No, hija mía!,
que el fuego junto á la leña...
¡A tu marido!
( Abrazándola )
Sí; á mí.
No ju guemos con candela.
Dios te haga feliz con él.
(A Balbino.) No le envidio á usted la suegra.
Voy á contar á mis padres...
( Mirando por el foro»)
Ya suben por la escalera.
Y yo á mi hermana...
(Desde la puerta de la izquierda.) ¡Muchacha! ■Ht
¡Emilia! Ven á la fiesta.
ESCENA ÚLTIMA
(LOS MISMOS, MACARIA, CIRIACO, EMILIA.)
Aqui hay concejo, y no atino... Uc
Yo estaba en cas del vecino...
¡Madre!
¡Suegro!
¿Qué decís!
( Saltando.)
Ya no me caso con Luis,
que me caso con Balbino.
¡Qué oigo!
¿Cómo...
¡Tonterías!
Sí tal. ¡Estoy mas contenta...
Y nos da para bacías...
Y dos pesetas de renta
diaria todos los dias.
Muchacha, ¿has perdido el seso?
¡Dejar á un novio tan rico...!
Pues yo no paso por eso.
¡Muger...
¡Calla tú, borrico!
Habrá historia, habrá proceso.
Si ella quiere, y quiero yo,
y el padre que la engendró...
Por mí...
Y el novio que fue,
¿de qué servirá que usté
salga diciendo que no?
(Ma caria se sienta con muestras de despecho.)
Venga el notario al instante:
se hará el nuevo desposorio.
Sí; y que haya mucho jolgorio,
( Levantándose •)
(¿Cómo ha de ser! ¡Daime aguante,
ánimas del Purgatorio!)
( A don Antonio.)
¿Y usted sigue de padrino?
Sí; cumpliré mi promesa.
¡Bravo! (¡Qué trucha y qué endino!)
(A Emilia.) ¿Y usted se mantiene tiesa?
Con mucho gusto, Balbino.
¡Macaría, que no haya gresca!
No digan propios y ágenos...
¡Pues! Si no pegó la yesca
cual pensaste, algo se pesca
y duelos con pan son menos.
Y, en fin, cuando dos barruntan
que lian de hacer migas los dos...
(Unciéndola observar <jue Manuela y Balbíno se tan acariciando.) ¡Digo! Mira si despuntan...
¿Eh...? No nos cansemos. Dios
los cria y ellos se juntan.