Acto primero
(Personas: DON BERNARDO; DON BALTASAR; DON ESTEBAN; DON FELIPE; DON ABUNDIO; CARMEN; DOÑA MATEA; EL TÍO LAMPREA; CRIADOS.)
(La escena es en un pueblo de la Sierra de Cameros, en una sala baja de la casa de don Baltasar, Con muebles antiguos, dos puertas practicables, y una ventana que da á la ealle.)
ESCENA PRIMERA
(DON BALTASAR.)
El%tflppe4 ita se ha vestido,
y se^3a haciendo muy tarde (1). —
Las siete. — Estos cortesanos
son lo mismo que las aves
nocturnas. Eh, no me admiro.
Después de un molesto viaje
por caminos tan perversos
y posadas tan fatales....
Con todo ya me parece
que es hora de despertarle^). —
¡Ola! Ha abierto la ventana
sin esperar que le llamen.
Vamos; no es tan perezoso
como creía. — Ya sale.
ESCENA II
(DON BALTASAR, DON BERNARDO 3.)
Buenos dias, Baltasar.
(1) Mira el relox.
(2) Mirando á la puerta del cuarto de D. Bernardo,
En bata.
Felices. ¿Qué tal el caire?
He dormido bien.
¿Quieres tomar chocolate?
No. Mas bien almorzaría
otra cosa.
Muy bien haces.
El chocolate no es mas
que un despertador del hambre
y un Libatorio de tripas.
Este año que soy alcalde
he resuello prohibirlo. —
(i) Tío Lamprea. — Si te place
sentémonos: me dirás,
mientras de almorzar nos hacen,
qué poderosos motivos
á la montaña le traen
cuando menos te esperaba. —
— Gomo llegaste
tan cansado del camino,
y habia gente delante,
y eran mas de las nueve,
nada quise preguntarte.- —
Pero ese viejo maldito —
(2) Ya voy.
(1) Llamando
(2) Dentro.
ESCENA III
(Los precedentes y Lamprea.)
¡Que dianlre!
¿Por qué grita usied?
¿Por qué
das luga i- á que te llamen
tantas veces?
Yo no salgo
de mi paso, usted lo sabe,
aunque ardiera el universo.
Primero soy yo que nadie;
y hace usted mal...
¿Será cosa
de que ahora me regañes?
Es que á mi no se me traía
como á cualquier badulaque.
¿Entiende usted?
Basta ya.
Cuidado' que no hay aguante....
Bien, hombre; tienes razón
ahora y siempre que me hables. —
l)í á Gervasia que nos fria
unas magras con tomate,
y llena un par de botellas
de aquella cuba....
¿La grande?
Sí; y despacha; que yo tengo
que salir.
Voy al instante.
ESCENA IV
(DON BERNARDO, DON BALTASAR.)
Estos criados antiguos
se toman mil libertades;
pero á un hombre que es ten fiel
algo ha de disimularse. —
¿Con que establecerle piensas
en el lugar? ¡Qué bien haces!
Sí, que ya estoy fastidiado
de la Corte.
Aqui los aires
son mas sanos; las costumbres
mas sencillas; aquí á nadie
se guarda contemplaciones
sino al cura y al alcalde;
aquí hay salud y apetito;
allá es un pobre petate
el mismo que aqui es feliz
con cuatro y cinco heredades.
Algunos son desgraciados
porque segundones nacen;
yo, al contrario, debo dar
muchas gracias á mi madre
porque tuvo la humorada
de parirme un poco tarde.
Quedamos huérfanos. Tú
el mayorazgo heredaste,
y yo á la edad de quince anos
tuve á bien emanciparme.
Atravesado en un mulo
á Madrid hice mi viaje/
me recibieron de hortera
en la casa que ya sabes:
me porté bien: me estimaron:
mis salarios y mis gajes
dejé al riesgo del comercio:
crece mi peculio: cae
enfermo mi principal. —
¡El médico era hombre grande!
Le mató de puro sabio:
se hicieron los funerales:
di en consolar á la viuda;
y ella, que era muy amable,
no tomaba á mal que yo
sus lágrimas enjugase:
nos casamos: cerró el ojo
á las ocho navidades:
su heredero universal
me nombró, ¡Dios se lo pague!
y me encontré millonario
yo que pocos años antes
no tenia sobre qué
caerme muerto. Al instante
el tráfico me aburrió
tan contrario á mi carácter.
No quise ver mi fortuna
expuesta á los huracanes,
los subsidios, las aduanas,
la guerra y el agiotaje;
y empleando mi caudal
en casas y en olivares
que me dan muy buena rema
y cuestan pocos afanes,
joven lodavía, alegre,
sin familia y sin achaques;
en las das déla Corte
bogó intrépida mi naye.
La felicidad buscaba
con ansia por todas partes.
No perdonaba conciertos,
tertulias, suntuosos bailes,
espectáculos, banquetes....
¡Baltasar! todo era en valde.
En cambio de algún placer
frivolo y poco durable
siempre estaba atormentado
de disgustos y pesares,
y en mi corazón sentía (1)
un yació perdurable.
Mis queridas todas eran
ó coquetas ó venales;
y entre cien aduladores
que me chupaban la sangre,
ni un solo amigo contaba
que por mí propio me amase,
¡Fuera de aquí! dije un día.
En las grandes capitales
buscar la dicha es error.
Hallarla será mas fácil
en la pacífica aldea.
(1) El tío Lamprea va trayendo lo necesario
para el desayuno hasta dejar la mesa cubierta.
No en vano tamo la aplauden
los poetas, y mil pestes
nos dicen de las ciudades
Hice ensillar el caballo,
y emprendí alegre mi viaje
al lugar donde nací,
deseoso de abrazarle,
y pasar contigo el resto
de esta vida miserable.
Eres un héroe, Bernardo.
Deja que otra vez te abrace.
La Corte es un laberinto;
es una casa de orates;
un infierno.
¡Oh! sí, un infierno.
Si entramos en el examen
de los vicios infinitos
que la hacen abominable,
te aseguro....
Cuando ustedes
quieran, pueden acercarse (1).
Vamos allá (2). Te haré
plato.
Yo me lo haré: no te canses
Como quieras. Al principio
es muy natural que estrañes
el lugar — Aqui no tienes
aquellas comodidades
de la Corte. Los paseos....
(1) Vase.
(2) Se sientan á la mesa.
¿Paseos? ¡Qué disparale!
no se pasean en Madrid
aunque el médico lo mande;
se rabia. Fuera de puertas,
ya que nada de agradable
ni de ameno tiene el campo,
al menos es puro el aire:
pero las gentes de tono
se degradan con tomarle.
¡Cuánto mejor es el Prado!
Allí se lucen los trages;
allí se arman las intrigas,
y se disponen los bailes;
se corteja á las muchachas;
se hace burla de las madres;
se critica á los de atrás;
se pisa á los de delante.
Ya te llama la atención
aquel delicado talle,
donde la naturaleza
gime víctima del arle:
ya el cabello de Belisa
que se lo debe á un cadáver;
ya la blancura de Anarda
que encarece el albayalde. —
¿Quién se apea de aquel coche?
la marquesa del ensanche,,
que antes de ayer fué modista. —
¿Quién es aquel botarate
que talarea entre dientes
un aria de Mercadante,
y va saludando á lodos
aunque no conce á nadie?
Es el hijo de un fondista
que vino aquí desde Flandes,
y dando gato por liebre
llegó á hacerse un personage. —
¡Qué Babilonia! ¡Qué polvo! —
¡Qué divertido contraste
hacen aquellos galones
y aquel lacónico fraque,
con los andrajos hediondos
de aquel intonso pillastre
que va vendiendo candela!
Y el ruido de los carruages;
el guirigay de la gente;
aquel continuo rozarse;
y alado de Apolo,; el numen,
el creador de las artes!
aquel batallón de sillas
tan prosaicas, tan infames....
¡Uf! Quila allá. De pensarlo
me están temblando las carnes.
D, Ball. Pero las buenas tertulias
ese fastidio resarcen;
y en Madrid....
Reniego de ellas.
Algunas hay regulares;
pero la diquela, el tono
las hacen insoportables.
En otras mandan en gefe
lechuguinos y pedantes;
y el que no gasta corsé
y, aunque fino en sus modales,
no baila cuando saluda,
ni da opinión á los sastres,
en un ricon bostezando
hace un papel despreciable.
En otras de dos en dos
se acomodan los amantes,
requebrándose al oido
sin hacer caso de nadie;
y el pobre número impar,
espera á que haya vacante,
jugando á la veregila
con las feas y las madres.
Por último, en todas ellas
el que no baila es un cafre;
el que no canta, un caribe;
el que no juega, insociable:
el hombre formal se aburre,
y los tpntos se distraen.
Por fortuna allí hay teatros;
y, por no mortificarte,
muchas noches....
No he perdido
función; pero en todas partes
me han perseguido los necios.
Gastaba mis doce reales
y pico, con el objeto
de instruirme y recrearme;
pero en vano muchas veces.
Ahora un lampiño elegante
flecha el anteojo en un palco
y me pisa al perfilarse.
Poco después, y en la escena
lal vez mas interésame,
Hora un niño en la tertulia.
No bien se logra que calle,
dos títeres, que me puso
mi mala estrella delante,
á media voz deletrean
la traducción en romance
de una ópera italiana;
y después que ni una frase
de la comedía han oído,
dicen que es abominable.
Nunca me falla un moscón
que con preguntas me balde. —
¿Qué función hay en la Cruz? —
¿Qué sueldo tiene Vaccani? —
¿Cuáles son los privilegios
de las claman y galanes? —
¿Qué sainete hacen? — ¿Vio usted
hacer el Ótelo á Maiquez?
Otro, incomodando á todos,
y solo porque reparen
en él, viene á su luneta
poco antes del desenlace;
y si silban los de al lado,
silba; si aplauden, aplaude. —
Vamos, no hay paciencia.
Concluyo con afirmarte
que el hombre recto y juicioso
en la Corte vive mártir (1).
Bien dices. — Aquí estas libre
(1) Se levantan.
de esas incomodidades.
No hoy paseos, ni teatro,
ni óperas buffets, ni bailes,
ni tertulias....
¿Cómo es eso?
¿Pues las noches perdurables
del invierno, en qué se pasan?
La población no es muy grande
pero siempre habrá á lo menos
diez familias principales
que podrían reunirse....
Ya se vé, si no mediasen
pleitos, chismes, diquelas,,,.
No hay dos casas que se traten. —
¿Pero esto á mí qué me importa?
Yo no necesito á nadie.
Cada uno en su casa, y Dios
en la de todos.
No obstante,
la sociedad....
D. Bali, Esa fruta
no se come en los lugares;
pero no faltan placeres
que suplan....
ESCENA V
(Los precedentes y don Abundio (1). D, Abund, ínclito alcalde;)
(1) Ridicula y pobremente vestido. dilectísimo Mecenas de esle respetuoso vate, buenos dias. En las casas que llaman Consistoriales el senado reunido, permítaseme esta frase, espera á su presidente.
(¡Calla! ¿también hay pedantes
en la Sierra )?
D. AbuniL Yo, no digno
secretario....
Que se aguarden
un momento. Pronto voy.
Asi al regidor Pelaez,
á quien por antonomasia
el vulgo llama Tres- Panes,
nuncio fiel, se lo diré. —
¿Pero puedo gratularme
con la plácida esperanza
de obtener, de mis afanes
optado premio, el empleo
de sacristán y sochantre
de esta población, que vaca;
es decir, que esta vacante
por súbita defunción
de don Ciríaco González?
La plaza será de usted.
En mi protección descanse.
D. AbuncU No tantas el turbio Reno,
no lautas el ancho Ganjes
arenas cria, ni tantos,
candidos sobre los Alpes
de frígida nieve copos
el torvo Aquilón abate;
como yo beatos dias
á usted le deseo. — Salve.
ESCENA VI
(DON BALTASAR, DON BERNARDO.)
¡El hombre es original!
¿se entiende aqui ese lenguaje?
No por cierto. Yo estudié
metafísica en Irache:
y cuando habla, casi siempre
me quedo en ayunas. ¡Sabe
mucho el señor don Abundio!
Se conoce.
El hombre grande
siempre se verá abatido.
Creyó poder sustentarse
en Madrid con sus talentos.
Escribió varios romances,
saínetes, discretos motes
para damas y galanes,
y ¿qué sé yo cuantas cosas?
pero se moría de hambre
el pobre de don Abundio;
porque en este siglo infame,
dice que son muy contados
los que quieren ilustrarse,
y nada impreso se vende
á excepción del almanaque.
Por fin, viéndose aburrido
el pobre, lomó el portante;
y con recomendación
de no sé qué personaje,
de dómine y (iel de fechos
aquí logró acomodarse.
¡Ola! ¡Grande adquisición
para el lugar!
Admirable:
él hace los villancicos
cada año por Navidades.
¡Oh! Pues tenéis una viña
con él.
¡Yo lo creo!
¿Y Carmen
tu hija?
Está en su tocador:
voy á decirla que baje.
D, Bern, No: no la incomodes. Ella
bajará. Puedo engañarme,
pero me debe muy buen
concepto; son sus modales
finos sin afectación....
D, Balt. ¡Si ha estado en Soria, ¿(Juién
sabe
cuanto tiempo? con su lia
la comisaria!
Es amable:
¿no es verdad? y muy modesta.
¡Oh! y muy linda. Toda
al padre.
Ya habrás pensado en casaría.
D, Batí. Y con ventajas muy grandes.
El mozo es muy rico;
de esclarecido linaje,*
cristiano viejo....
Muy bien. —
..
Hombre muy hábil
para la vihuela.
Siendo
á gusto....
No hay quien le gane
á tirar la barra....
¿Y ella....
Un muchachon que no cabe
por esa puerta. —
La chica
le amará,...
¿Pues no ha de amarle?
Eso se supone; y luego....
basta que yo se lo mande. —
Pero me están esperando.
Adiós, Bernardo
No extrañes
que te deje. Hoy es la fiesta
del pueblo, y como yo falte,
nada se hará con concierto.
Hay función de iglesia en grande,
y procesión, y novillos,
árbol de pólvora, baile,
rifas, gaita zamorana... —
Mandaré por tí al instante
con el dómine, y verás
como le diviertes. — Carmen,
¿no bajas? — Vaya, hasta luego.
ESCENA VII
Mucho voy á fastidiarme
en un pueblo donde no hay
sociedad... — ¿Pero es tan grave
este mal, que uno no pueda
de mil modos compensarle?
Sobre todo i aqui habrá paz;
y sin intrigas ni fraudes
como en Madrid....
ESCENA VIII
(DON BERNARDO, CARMEN.)
Buenos dias,
lio Bernardo.
Dios te guarde,
Carmencita.
¿Ha descansado
usted?
Sí, hermosa. ¿No sales
tú á ver la fiesta?
Soy poco
amiga desemejantes
funciones. Muy tempranito
fui á misa; y prefiero estarme
leyendo en casa.
Mi hermano
me ha dicho que va á casarte
muy pronto.
(¡Ay Dios!)
Con un joven
poderoso: de la sangre
azul; buen mozo
Sí; es cierto:
padre quiere que me case....
Y á ti no te pesará.
A mí....
Teniendo ese talle,
y esa cara, y esos ojos,
harto será que tú trates
de ser monja.
No por cierto;
porque al fin en todas partes
se puede servir á Dios;
pero....
Te turbas, y casi
las lágrimas te se saltan. —
no me engañes.
Yo no soy preocupado.
No puedo aprobar que un padre
por su capricho; ó tai vez
por el interés infame,
á sus hijos tiranice.
Tú eres la que ha de casarse,
y no mi hermano. Formar
delante de los altares
un nudo que solo puede
el sepulcro desatarle,
es negocio muy formal.
¡Ali! Si mi padre pensase
como usted.... no me vería....
¿Con que es decir que ese
enlace
repugna tu corazón?
Preciso es que lo declare:
no le amo. Seré infeliz
si me obligan á casarme
con ese hombre; pero debo,
aunque con la vida pague,
obedecer....
Poco á poco.
Será lo que tase un rastre.
Estoy aquí yo; y primero
he de sufrir que me empalen.
¡Pues no faltava otra cosa!
Mi padre es inexorable,
y en vano....
Nada rne ocultes.
¿Hay en campaña otro amante?
Señor....
flfp le dé vergüenza.
¡Voto va á cribas! No claves
los ojos en tierra.
¡Pero,
qué empeño de sofocarme!
Un amor honesto y puro
nada tiene de culpable
si el objeto lo merece. —
Soy indulgente. Es muy fácil
que yo también me enamore,
que aun no soy muy viejo. El martes
cuarenta años cumpliré.
Si yo me confieso frágil,
¿cuanto mas deberá serlo
una niña?
Tío, un ángel
aqui le ha traído á usted
para protegerme. A nadie
sino á usted revelaría
mi oculto amor, mis pesares. —
Un joven, no muy pudiente
en verdad, pero....
No pases
adelante, que ya viene
el preceptor á buscarme.
Hablaremos mas despacio.
ESCENA IX
(Los precedentes y D. Abundio.)
Me envía el señor alcalde..*
Ya sé. Me voy á vestir.
Soy con usted al instante (1).
ESCENA X
(CARMEN, DON ABUNDIO.)
Mi sitibunda pasión,
que al de tántalo equivale,
si bien la juzgo suplicio,
(1) Entra en su cuarto.
bendice el grato mensaje
que ofrecerte me procura
mis humildes homenajes.
Mis homenajes humildes;
que no asi la que de un áspid,
egipcia reina, fue presa;
ni la que en redes de alambre
el unípede Vulcano
encerró cuando in fragrantt
en los brazos de Mavorte,
estando la luna en Aries....
Si no me habla usted mas claro,
escusado es que se canse.
No entiendo esa algaravía.
Tienes cuarenta quintales
de razón. Una muchacha
que es bonita como un ángel;
graciosa como ella sola;
con unos ojos capaces
de abrasar, no digo á mí
que soy de hueso y de carne,
sino al mismo mar glacial
no necesita quemarse
las pestañas estudiando
la Prosodia y la Sintaxis.
Por tanto en vulgar estilo,
aunque las musas me arañen,
digo que por tí me muero.
y que ni el iroyano Páris,
ni Pirro, ni Marco Antonio....
Carmen Si usted pretende mofarse
de mí....
¿Yo mofarme? Caigan
sobre mí motiles y mares
si no es cierto....
Bien: lo eslimo.
¿Y no mas? ¿Crudo desaire
que es mi sentencia de muerte!
¿y es justo que me deshanque
el inbécit don Esteban?
Si en mi voluniad mandase,
lejos de ser su muger....
¿Qué escucho? ¡Oh Jove!
Renace
mi agonizante esperanza.
¿Es cierto que ese elefante,
ese avestruz con patillas
no merece que le ames?
Siendo así quiza sucumba
al amor que me inspiraste
ese corazón de acero.
¡Oh! ¡Plegué á Dios que se ablande!
y desde el lapon conciso
hasta la erítrea Gades,
el mas plácido y feliz
seré yo de los mortales.
No consientas que al altar
ese mastuerzo le arrastre,
mas como víiima pingüe
que como consorte amante.
No tu alabastrina mano
á la de un bruto se enlace.
Dignalé aceptar la mia;
dígnate exaudir mis ayes;
que si no puedo ofrecerte
riquezas y dignidades,
mi sabiduría inmensa,
mi facundia inagotable,
si en oscura no la sume
tu desden, hórrida cárcel,
de mi numen los prodigios,
de mi vena los raudales....
¿Te ríes? ¡Fausto presagio!
;Ah! Mírame, dulce Carmen,
prosternado á tus rodillas....
¿Qué hace usted?
¡Oh! No le apartes. —
Permite que de tus manos
en las ebúrneas falanges
del venerando himeneo
el ósculo tierno estampe,
y mi delirio.... (1 ).
ESCENA XI
(Los precedentes ij don Esteban,)
¡Ola! ¡Ola!
¡Estamos lucidos! — Alce
usted de ahi, dómine endeble,
( 1 ) La sigue de rodillas, y en esta actitud le
sorprende D. Esteban que entra sin quitarse el
sombrero, vestido como señorito de lugar, con
grandes patillas, y un cigarro en la boca.
si no quiere que le arrastre
por la sala (1 ).
Poco á poco.
No hay necesidad de ahogarme
para eso.
¿Sabe usted,
fiel de fechos vergonzante,
que yo mando aquí?
¿Quién duda....
¿Si querrá usted disputarme
la novia? ¿Qué hacía usted
arrodillado delante
de ella?
Soy flojo de nervios,
y desde el año del hambre
flaquean tanto mis piernas,
que no pueden sustentarme
muchas veces.— Otros hay
que de cogote se caen;
pero yo, es maravilloso,
siempre de rodillas.
¡Diantre!
Pues hágame usté el favor
de no sufrir ese achaque
delante de mi futura,
ó á palos sabré curarle.
Gracias.
¡Cuidado! — Y usted,
niña, con ninguno me hable,
ó nos oirán los sordos.
(1) Le levanta con violencia asiéndole del cuello.
Ese imponente lenguaje
no le pertenece á usied.
Yo dependo de m¡padre
solamente, y no acostumbro
á sufrir que otro me mande.
Usted va á ser mi muger
dentro de poco aunque rabie:
¡entiende usted!; y no quiero
que tolere en adelante
otro amor que el de su novio;
no porque ese ruin abate,
figura de friso antiguo,
sea capaz de inquietarme.
(¿Qué escucho?
¡Oh témpora! ¡Oh mores!
¡Quantum in rebus inane \)
Pero....
Señor don Esteban,
me es desconocido el arte
de fingir. Si Dios no quiere
que mis lágrimas alcancen
piedad de un padre cruel,
podrá usted vanagloriarse
de ser dueño de mi mano;....
¡Oh! Sí.
Pero, aunque me maten,
jamás de mi corazón.
Eh, lodo eso nada vale*
Usted me querrá, y tres mas.
Yo no soy de esos amantes
débiles que, aunque de injurias
y de desprecios los harten,
adulan á sus queridas,
las miman y las aplauden ( 1 ).
ESCENA XII
(Los precedentes y don Bernardo*)
Si: ¡pues bonito es el niño!
no hay en la provincia un jaque
que losa donde yo esloy,
¿y tengo de sujetarme
al capricho de una niña?
Sí otros maricas se abaten,
¿qué importa? Yo soy muy hombre;
y tengo cuarenta pares
de muías en mi labranza;
y se pierde en los anales
mi nobleza; y tengo tres
capellanías de sangre:
y muchas prerogativas;
y....
(¿Quién es ese salvaje,
sobrina?
¿Quién ha de ser?
¡Mi novio! )
Y á centenares
tengo yo novias mas ricas
y de mas rancio linaje,
y mas hermosas también
(1) Se pasea sin hacer caso de don Bernardo
que sale ya vestido, y se le queda mirando.
que quisieran atraparme.
Pero no se ha de decir
que un hombre de mi carácter
ha llevado calabazas.
Yo sostendré á todo trance
mi empeño; y me casaré
aunque se oponga mi madre,
y usted, y todo el lugar;
y....
Eso no será tan fácil
viviendo vo.... —
(1) Yha de haber
la de Dios es Cristo si alguien
lo estorba. ¿Está usted? que yo
de bien á bien soy un ángel;
pero de mal á mal no hay
quien se me ponga delante.
Soy hombre que tengo puños,
¡y pobre del que yo agarre
del pescuezo....! — (2)
¡Ah! ¡Ah! Sí: basta
que usted lo diga.
Es que nadie
se atreverá....
D. AbuncL Por supuesto.
Todos aman su gaznate
y....
Es mucha la fuerza mía.
¿Quién lo duda? Formidable.
Es usted un Cananeo;
(1) Sin oir á don Bernardo.
(2) Lo hace con don Abundio.
es uslé un Abencerraje;
un Hércules; un Sansón:
y no bay en los arenales
del África un Dromedario
que con usted se compare.
Jamás....
Dómine de viejo,
calle usted y no me enfade. —
¿Qué lince usted aquí?
Yo aguardo
al señor para llevarle
á la fiesta del lugar
de orden del señor alcalde;
pero si le estorbo á usted
le iré á esperar á la calle.
No hay para qué. Ya nos
vamos. —
(Tú sube á tu cuarto, Carmen; que este novio es muy cerril.)
Tío, no me desampare
usted.... —
Anda: no te apures) ( 1 )
Oiga usted, señor alarbe,
el de las ochenta muías,
si no quiere granjearse
el odio de mi sobrina
lenga mejores modales.
Yo no soy hombre de puños
como usted dice, ni jaque,
ni perdonavidas; pero
(1) Vase Carmen.
tengo bástanle carácter
para obligarle á guardar,
mas respeto á eslos umbrales,
ó de lo contrario hacer
que por la ventana salte.
ESCENA XIII
(DON ESTEBAN 1.)
(¿Cómo es eso? Oiga usted... — ¡Vaya una cara de vinagre! ¡Oh! Y yo le veo resuello.... Afé de Esteban Oñate que me ha cortado el tal tio. Yo no soy ningún cobarde; pero, como no esioy hecho á que me hable gordo nadie, confieso.... Eh, nada me importa que murmure y amenace. D. Baltasar me ha elejido por yerno: soy el tu autem del pueblo:V... él es temerario y le soplará en la cárcel si estorbar quiere la boda; y si acaso no lo hace por ser un hermano suyo, nada me será mas fácil que encomendar mi venganza á cuatro ó cinco gañanes, que lo derrienguen á palos al revolver una calle.)
(i) Desconcertado.
Acto segundo
ESCENA PRIMERA
(EL TÍO LAMPREA.)
Bien dije yo que sin palos
no acabaría la fiesta. —
No lo han de contar por gracia
los mozos de Yaldearenas,
y mas estando por medio
el terrible don Esteban.
Si no fuera por lo mucho
que ya los años me pesan,
tratándose de la honra
del lugar, el tio Lamprea
no estaría entre paredes
cuando los demás pelean ( 1 ). —
¡Oh! Aquí tenemos al novio
que viene echando centellas.
Rabiando estoy por saber
en que paró la refriega.
ESCENA II
(DON ESTEBAN, EL TÍO LAMPREA.)
Victoria por Peña-Aguda!
(1) Mira por la venta.
los de la vecina aldea
por los barrancos abajo
corren que el diablo los lleva.
Porque han tenido
este año buena cosecha
nos han querido afrentar;
pero no hay miedo que vuelvan
á habérselas con nosotros.
Bien escarmentados quedan,
¿Y por qué ha sido la riña?
Yo te diré: en la taberna
se juntaron unos cuantos
con los de acá. Un tal Ortega,
á quien llaman los de allá
por mal nombre Comadreja,
con el hijo del herrero
no sé sobre qué materia,
parece ser que ha tenido
una disputa. Babieca
que me lo vino á contar,
dijo que el de Valdearenas
es quien tenía razón
¿pero por qué ha de tenerla
siendo forastero?
Yá.
D, Esteb. Al instante en la contienda
tomaron parle unos y otros
como es justo; y si no fuera
porque pasó por allí
el síndico Juan de Urrea,
no sé en que hubiera parado.
Los apaciguó; y en prueba
de quererse hacer amigos,
á pesar de su pobreza,
convidaron los de acá
á los de allá por su cuenta.
Los de acá de buena fé
bebían largo y sin rienda;
pero los de allá.... ¿Me entiendes?
Sí: no pierdo ni una letra.
Los de halla haciendo desprecio
de los de acá, y con la idea
de avergonzarlos sin duda,
bebían poco y con flema.
Los de acá disimulaban
porque tienen mas prudencia
que los de allá. — Llega el caso
de ajustar por fin la cuenta,
y en pagar por los de acá
todos los de allá se empeñan.
Este era ya mucho insulto.
Los de acá no lo toleran.
Enarbolan los garrotes
y anda la marimorena.
Ofendidos los de allá
quieren hacer resistencia,
pero ios de acá....
ESCENA III
(Los precedentes y D. Baltasar. D. Balt.Yz el pueblo tranquilo y triufante queda. Cuatro de los enemigos menos ágiles de piernas han caido en mi poder, y ya en la cárcel se hospedan: por señas que el uno de ellos tiene abierta la cabeza. Los demás huyeron todos.)
Y si no que se estuvieran
por acá; que yo les juro....
Los prisioneros de guerra,
sí no pagan una multa
para reparar la iglesia,
calabozo y grillos tienen
lo menos hasta cuaresma.
Debía estar ya empezada
la sumaria; mas no encuentran
en todo el lugar al bueno
de don Abundio.
¡Si! Apenas
olió el peligro, escapó
mas ligero que un cometa,
y puede que de correr
no haya parado á esta fecha.
¡Pobre dómine l
Estos sabios
me estomagan; me revientan.
Siempre hablando del desprecio
de la vida, y cuado llega
la ocasión de aventurarla
consultan á la prudencia.
Y dale con la virtud;
y vuelta con la grandeza
de alma; y la filosofía,
y la farmacia; y las.... esas
palabrotas que ello dicen;
mas nunca hacen cosa buena.
No: todos no están corlados
por una misma tijera;
y, aunque rara vez del sabio
la estravagancia se aleja;
siempre es útil....
¿Qué ha de ser?
Lo cierto es que los desprecia
todo el mundo; y casi siempre
andan á sombra de teja;
y nunca tienen salud,
ni protección ni pesetas.
Vea usted si yo estoy gordo;
y todo el mundo me obsequia;
y siempre alegre y de broma.
¿Qué falta me hacen las letras?
— Esto no es decir
que por un bruto me tenga.
Yo sé leer de corrido;
escribir; las cuatro reglas
de cuentas; y todo el Fleuri;
y he leído las novelas
de doña María Zayas;
y el Bertoldo; y la Floresta
española; y el Lunario
perpetuo; y muchas comedias
de esas que todas principian
con ¡Arma! Arma! ¡Guerra l
¡Guerra l
y aquí donde usted me vé
ya sé tañer la vihuela
con mas primor veinte veces
que el barbero que me enseña.
Y sobre lodo el fandango
y la jota aragonesa.
Y hago siempre de traidor
en las comedias caseras;
y la aldea se alborota
cuando canto la rondeña;
y tengo yo cierta gracia
natural, cierta agudeza....
¿No es verdad?
Sí
Y en fin tengo
diez mil ducados de renta.
Mas con tantas campanillas
tanto aquel, tantas riquezas;....
escandalícese usted;
no falta quien me desprecia.
¿Quién se atreve á despreciar
al ínclito don Esteban?
Nombre usted al temerario:
haré que en la cárcel duerma.
O soy alcalde, ó no soy.
Pues vengue usted mis ofensas.
Su hija de usted no me quiere
por marido.
Se chancea
usted?
¿Qué he chancearme?
Con la mayor desvergüenza
me lo ha dicho.
No hay cuidado.
Yo la haré entrar por vereda,
Eh, yo en parte la disculpo;
que al fin es una lontuela,
y no sabe cuanto vale
un marido de mis prendas.
Pero es posible.,..
Á quien yo
tengo tirria no es á ella,
sino á su hermano de usted
porque ha dado en protegería.
¿Mi hermano? ¿Quién le ha
mandado
que en mis asuntos se meta P
Le diré cuantas son cinco;
que á mí nadie me gobierna.
¡Pues no faltaba otra cosa!
Y en cuanto á Carmen... — Lamprea,
sube y dila....
ESCENA IV
(Los precedentes y D. Bernci7'do.)
Te has lucido,
No lo creyera
á no haberlo visto. ¿Así
el empleo desempeñas
de alcalde? ¿A los forasteros
así acojes en tu aldea?
j Estamos frescos! ¿Es cosa
de que tu me recovengas?
Que hiciera esos desaliños
un alcalde de montera,
pase; ¡pero tú! ¡Estar viendo
que sin razón apalean
á los pobres aldeanos
que vienen á honrarla fiesta,
y perseguirlos en vez
de castigar la insolencia
de tus convecinos! Vaya;
ó has perdido la chaveta,
ó la vara que te han dado
deshonrada está en tu diestra.
Yo de mis operaciones
no tengo que darte cuenta.
Y si hemos de estar en paz
modera un poco tu lengua.
Modera el orgullo tú r
y no con tal impudencia
de la autoridad abuses.
¿Pero á qué tanta pamema?
¿Qué ha habido para que así
te alborotes?
D, Bem. ¡Friolera!
Por pagar ó no pagar
el gasto de la taberna
j andar á palos dos pueblos!
¡Toma! ¿Y qué función de aldea
no se acaba á garrotazos?
Aquí ya nadie se altera
por semejante vicóca.
El año que no hay pendencia?
que sucede rara vez,
¡es tan insulsa la fiesta!
Gracias que no ha habido muertes
como enjulio por la feria. —
Estos hombres de la Corte,
tanto como cacarean,
parece que no han vivido
entre gentes,
No hay paciencia
para tal barbaridad.
Después que los atropellan
sin motivo, á los que prendes
en una cárcel encierras.
¡Qué horror! Las pobres familias
que con sus brazos sustentan,
¿porque tu eres testarudo,
será justo que perezcan?
Pues bien: que paguen la
multa
y se vayan á su tierra.
Si en eso solo consiste,
yo la pago. Libres sean
Ya que eres tan genoroso
págala tú enhorabuena.
Después iré yo á mandar
que los suelten. Me interesa
zanjar primero otro asunto
que me toca mas de cerca.
Anda ( i ); di á Carmen que baje
al instante.
(1 A Lamprea.)
(Ahora es ella.)
ESCENA V
(Los precedentes menos Lamprea. D* Balt.Ya te dije esta mañana que he resuelto establecerla con un joven del lugar, que á su gallarda presencia une ilustre nacimiento, gracia, talento y riquezas.)
El señor me hace justicia.
Parece que tú aconsejas
á Carmen que se desvie
de la volutad paterna,
y eso es una iniquidad.
Iniquidad mas horrenda
es obligarla á una boda
que su corazón detesta,
y que pudiera tener
muy fatales consecuencias.
¿Por qué, en vez de consultar
el interés que te ciega,
no consultaste de tu hija
el gusto y la conveniencia,
antes de ofrecer su mano
á quien es indigno de ella?
¿Indigno yo....? ¡Estamos
bien! —
¡Pues no ha dado en mala tema
el hombre! ¿Me meto yo
con usted para que venga
á insultarme? Pues si á mí
se me atufa la mollera
Hará usted probablemente
lo que hizo Cascaciruelas.
Un dómine hambriento, un pobre
sumergido en la miseria,
á quien puede usted privar
del jornal que le alimenta,
no es mucho que se acoquinen
cuado usted jura y gallea,
señor matón; pero yo,
gracias ala Providencia,
ni necesito de usted,
ni le temo.
D. Esteban,
aquí solo mando yo.
Poco importa que él se meta
en camisa de once varas
si usted con mi apoyo cuenta.
La chica se casará....
¡Oh! Aquí viene.
ESCENA VI
(Los precedentes y Carmen. Z), Bcrn. (Ten firmeza No des tu consentimiento. — Ye tomaré tu defensa. Cárnu No sé si tendré valor....)
¿Qué la dices ala oreja?
Ya lo comprendo. La animas
á faltarme a la obediencia.
Será en vano. — Ven acá.
¿Presumes que haya en la tierra
quien te ame como lu padre?
Yo.... no señor.
¿Por qué tiemblas?
(¡Triste de mi!)
¿Qué otro afán
dia y noche me desvela
si no asegurar tu dicha?
Es justo que así lo crea.
Los buenos hijos á un padre
profudamente respetan.
No examinan sus preceptos
y le obedencen á ciegas.
No señor, que puede haber
escepciones de esa regla.
Tampoco es razón que un padre
en tirano se convierta;
y cuando....
¿Quieres callar?
¿No vé usted yo con qué
flema
me estoy; y espero tranquilo
á que dicten mi sentencia?
Y eso que, hablando en verdad,
ya estoy cargado de esteras,
porque á un hombre como yo
no es razón se le entretenga
tanto tiempo; que mas hago
en casarme vo con ella
que ella....¿Esta usted? Porque al fin
hay alguna diferencia
de casa á casa: y quizá
cuando mi madre lo sepa....
Porque....como dijo el otro....
¡Vaya unas esplicaderas!
Vamos (1 ); prosigue.— (Mal fin
va á tener esta contienda.)
D, Balt. Yo no te mando arrojarte
en un pozo de cabeza.
Te mando tomar marido:
y son pocas las doncellas
en el dia que hacen ascos
á una ley tan lisonjera.
Yo no me opongo á casarme;
pero en una edad tan tierna....
Ya vé usted: diez y siete años
cumplí por la primavera.
Edad mas que suficiente
para que pagues tu deuda
á la patria; que no es cosa
de jugar á las muñecas
la que ya puede ser madre.
Ya se vé; y usté es muy
bestia....
¿Cómo....
No hablo con usted.—
Si quiere estarse soltera,
teniendo un novio de a folio
ahora que tanto escasean.
(1) A don Baltasar.
Don Esteban hace dia*
que ser tu esposo desea.
El ya te lo habrá insinuado.
Qué, ¿me muerdo yo la
lengua?
Se lo he dicho veinte veces.
Primero haciéndola señas;
en seguida de palabra;
y después con una esquela;
y con la guitarra luego;
que ha sido mucha fineza
estarme desgañitando
tantas noches en su reja.
Me pidió tu mano en fin.
Yo, viendo entrar por mis puertas
tanto bien, y como nunca
me ha pasado por la ¡dea
que á lo que mande tu padre
capaz de oponerte seas;
sin decirle nada, vine
en aceptar sus ofertas.
Mal hecho. Eso no es casarla.
Eso es....
¿Qué? Vamos.
Venderla.
Pero me han de hacer pedazos
primero que lo consienta.
Hombre, no nos inturrumpas.
Deja que responda ella. —
ya te has enterado
de mi voluntad suprema;
y no la revocaré
si todo el mudo se empeña.
Ahora habíame sin rodeos.
Vaya, ¿el casamiento aceptas?
ó no? No digas después
que te he casado por fuerza.
¿Qué ha de decirla infeli
después que tú...
¡Que molestia!
¿No la dejarás hablar?
Vamos, hija; con franqueza.
El esposo que te ofrezco
¿es de tu gusto? En la tierra
no hay un mozo tan bizarro
ni que mejor te merezca.
El te ama
Será verdad.
¿Pero dónde está la prueba?
Ha usado siempre conmigo
de expresiones tan groseras,
y tiene un modo tan brusco
de enamorar....
Bagatela*
Se conoce que en amor
tienes muy poca esperiencia
de lo que me alegro mucho.
Asi tú llamas rudeza
á la amable sencillez,
yal donaire desvergüenza.
Y en fin, en esto de amores,
cada uno tiene su escuela.
,íNo es cier^don Baltasar?
m otros títeres babean,
ya le he dicho á mi futura
que esto para mi no es re^la.
Yo no sufro que mis novias
por su juguete me tengan,
y á las primeras de cambio
las acuso las cuarenta.
Con que vamos; yo supongo
que amarás á don Esteban....
Señor....
Si es cierto que me ama,
lo disimula.
Quisiera
poder complacer á usted
y á mi padre; pero es fuerza
hablar claro y sin rodeos,
puesto que así me lo ordenan.
( ¡Buen ánimo! Así va bien.)
(i) Jóvenes hay en la Sierra
que pudiera hacer felices
el Señor con sus riquezas.
Mi padre lo- pasa bien,
y soy única heredera.
Así no debo esperar,
si mi vida le interesa,
que me sacrifique....
i Cómo!
¡Qué avilantez! ¡Qué soberbia!
¿Con que es decir....
Es decir
que ya puede D. Esteban
( 1 ) Fingiéndose á don Bernardo.
buscar novia en otra parte
¿Contra un padre te rebelas?
¡Vive Dios, '.ingrata....
¡Duro!
Perdónala. Ten prudencia.
No sé como no te mato.
¡Padre!
Jamás en tu lengua
vuelva á sonar ese nombre.
¡Ah!
Yo haré que te arrepientas
de tu osadía. ¡Dejarme
á mí feo una muñeca!
¡Desvelarme por tu bien,
y darme esta recompensa!
Yo....
Quítate de mi vista;
que la cólera me ciega. —
Ven acá (1 ).
D. Esleb, Una buena zurra
la daría yo por necia.
Dar calabazas á un hombre
como vo
(2) ( ¡Firme! No temas.)
Elíje: ó darle tu mano,
ó podrirle en una celda.
Señor..,.
No me irrites mas.
¿Quieres con la inobediencia
) La coje de la mano.
íl ) A Carmen.
labrar tu desdicha? ¿Quieres
que te abandone y le pierda?
¿Quieres arrastrar el peso
de mi maldición eterna?
¡Ah! no, no. Me casaré
aunque desolada muera. —
Obedeceré á mi padre.
¡Qué escucho! Tanta fla-
queza....
Mtiger al fin.
He vencido.
¡Hija mía! ¡Dulce prenda!
Ven á mis brazos. — Tu edad
al error está sujeta;
bien lo sé; pero por fin
le veo entrar en la senda
del deber. — Vamos; no llores (1);
que ya mi enojo se templa.
¡Pobrecilla! Un tio injusto
te infundió malas ideas....
Vaya; ¡no faltaba mas!
Ahora que se presenta
tan buen partido, ¡quedarte
por darle gusto soltera!
Muy pronto cantas victoria.
Si en opirmirla te empeñas,
las leyes la ampararán.
Yo las reclamo por ella.
Supone muy poco un si
arrancado con violencia —
(i) La enjuga las lágrimas.
Si ella por temor sucumbe,
yo la salvaré por fuerza.
¿Cómo....
ESCENA VII
(Los precedentes y don Abundio, 2). Abund. Cual otro Mercurio, si es lícito que me atreva á similitud tan alia....
¿Viene usted con esa flema
al cabo de tanto tiempo?
Esa canalla extrangera
á la que ya es para mí,
pues me mantiene y alberga?
nueva dulcísima patria
con súbita infanda guerra
pagó la hospitalidad.
No con apalía yerta
el riesgo de mis penates
debí mirar; que tal mengua
de una alma grande es indigna.
Asi en la feral coniienda
que hará inmortal nuestra gloria
no ha sido imbele mi diestra.
Miente el señor don Abundio.
¿Yo mentir? ¡Hórrida afrenta!
Si al furor que me devora
soltar osara la rienda....
Pero yo soy generoso
y perdono tanta ofensa;
que si el furor liene aliares,
aun tiene mas la paciencia.
Si apenas se armó el combale
cuando lomó usled soleía,
¿cómo....
¿Y por ventura, solo
con garrotes se pelea?
¿No es la pluma en este siglo
veinte veces mas sangrienta?
Yo me retiré es verdad;
mas fué á estudiar una arenga
para animar á la pugna
á esa multitud gerrera.
¡Qué de batallas ganó
de un general la elocuencia! —
¡Ah! ¿Por qué sin escucharme
finasteis la lid horrenda?
Pero en esla sala al menos,
ya que no fué en la palestra,
voy á leer el aborto
de mi pairó-tica vena ( 1 ). —
No de otra suerte, intrépidos,
guerreros,
que en el de las Temópilas barranco
del que azotara el Ponto las falanges
trescientos esparciatas humillaron;
ó cual allá en los campos de Far-
sália i
ó cual allá en las mares de Lepanto;
( 1 ) Saca un pliego de papel escrito por las
euatro caras y lee.
ó cual allá en el lago Trasimeno;
ó cual allá en los muros de Cariago;
ó cual allá en Clavijo do el Apósiol
mató seiscientos mil mahometanos;
ó cual allá....
Basta, basta;
que ahora tengo mucha priesa.
Otra vez escucharemos
esa magnífica arenga.
Guando usted la oiga verá
¡qué nervio, qué efervescencia!
(Vamos, ya está visto: todos
son locos en esta aldea. )
Secretario, venga usted
conmigo; que hay diligencias
que practicar, y es forzoso
volver á entablar la fiesta.
Y tenga usted entendido,
señor maestro de escuela,
que aquí persuade un garrote
mas que toda su elocuencia.
Quedo enterado.
Yo cómo
con el señor D. Esteban
en casa de un regidor.
No me esperéis. — ( 1 ) A Dios,
pería. —
Y tu (2) no me la seduzcas,
que te saldrá mal la cuenta (3).
(1) A Carmen acariciándola.
(2) A don Bernardo. (3) Vase.
Que ustedes lo pasen bien.
Pronto daremos la vuelta (1).
(2) ¡Ay, cual me tienen
tus ojos!
; Oh amor! ¡Ohpectora cceca!
¡Oh inopia! Oh magnum Jovis
incremcntum ¡Oh hijas de Eva!
ESCENA VIII
(D. Bernardo y Carmen.)
Al fin se marcharon. Ya
me fallaba la paciencia.
¡Qué desventurada soy!
No tanto como tu piensas.
Aterrada has consentido
en esa boda funesta:
no importa. Procura ahora
sacar fuerzas de flaqueza.
Disimula tus pesares;
finge que estás muy contenta;
canta, rie, y deja obrar
á tu lio.
La dureza,
las terribles amenazas
de mi padre....
Bagatela.
Deja que amenace y jure:
(1) Vase.
( 2) Aparte al salir, mirando á Carmen.
que voces de asno no llegan
al cielo. t— Ea, ten valor.
Inútil es que yo emprenda
tu salvación, si después
en la estacada me dejas. —
Me acuerdo que esta mañana
me dijiste que te obsequia
otro ¡oven....
Si señor;
y lo que mas me atormenta
es el pesar que tendrá
cuando en los brazos me vea
de su rival.... —
No me aturdas
con lamentos de novela. —
Vamos al caso. Una vez
que tú le amas tan de veras;
será uu muchacho juicioso
y de las mejores prendas.
Su familia será honrada....
Eso sí. Es de las primeras
del pais; pero....
¿Qué?
Goza
de muy limitadas rentas.
Eso no le hace. — ¿Y tu
padre
sabe algo?
Ah! Si lo supiera,
¡pobre de mí! Tiene horror
á toda la parentela
porque le han ganado un pleito.
(¡Y lia sido de consecuencia?
¡Qué! Puede que su valor
á cien ducados no ascienda.
¡Vil avaro! (Va eslá visto.
No encuentro yo aquí la piedra
filosofal.)— Di: tu amante
seguirá alguna carrera....
Sí señor.
¿La medicina?
¡Gran profesión! Haya guerras
ó paces, nunca perecen
los médicos. A mil quiebras
todos vivimos sujetos;
pero el ramo de postemas,
cólicos y tabardillos
en todo tiempo prospera.
Que se establezca en Madrid;
y verás; como consienta
en hacer lo que le diga,
¡verás tú qué de talegas!
y mas que no haya leído
á Hipócrates ni á Avicena.
El caso es darse importancia;
visitar en carretela;
despreciar á sus cofrades;
y, convenga ó no convenga,
recetar agua de goma
y un ciento de sanguijuelas.
No sigue esa profesión,
aunque mucho la venera;
y es muy humano mi novio,
aunqne lo diga yo mesma,
para desear que Dios
nos envié una epidemia.
¿Pero en fin, qué estudia?
¿Leyes?
Sí, señor; y ya estuviera
recibido de abogado;
mas no puede hasta que tenga
veinte y cinco años; y cumple
veinte y dos por la cuaresma.
¡Galla! Si será.... ¿Su nombre?
D. Felipe de Villegas.
El mismo. — Bien parecido,
su tez un poco trigueña,
pero sonrosada y fina;
buen talle gentil presencia,
hermosa cara, ojos negros,
y así.... un aire de modestia
y de probidad....
Convienen
perfectamente las señas.
B, Bern. ¿Conque no es exagerado
el retrato? ¡Ah picaruela!
¡Cuidado que usted también....
No puede una ser ingenua.
Poco hace le he visto en casa
del médico. Su tristeza
llamó mi atención. — Supongo
que ya la causa penetras. —
¡El pobre muchacho! Yo
no cometí la imprudencia
de preguntársela. Hablamos
de diferentes materias.
y de instrucción no vulgar
me dio repelidas pruebas. —
Vamos; será mi sobrino.
Cuando salió de la iglesia
hablé al cura en tu favor;
y no dudo que intervenga....
ESCENA IX
(Los -precedentes y Doña Malea (1).)
¿Dónde está,, dónde está
el hijo
de mis entrañas? Mi Esteban;
¡la gloria de la provincia!
¿Qué embajada será esta?
¿Embajada? Usted verá
la embajada que le espera.
¡Picarones! ¡Seductores!
¿Se ha visto maldad mas negra?
Abusar de su candor;
burlarse de su inocencia,
¡infames! para casarle,
¿con quién? Con una cualquiera.
Oiga usted....
No quiero oir.
Si esa boda se celebra,
tengo de dejar memoria
de mi vengaza sangrienta.
Ji) Entra vestida como se usaba hace cien
y hecha una furia.
Pero señora....
¡Oh! tu eres
la encantadora sirena
que me le tiene hechizado.
¡Miren la gatita muerta!
¡Miren como sabe hacer
su negocio! ¡Y qué! ¿Tú piensas
pescarle para marido?
primero aspada me vea.
Al contrario yo....
La casa
de los Oñates, y Heredias,
y Pimenteles, y Osorios,
y Castros, y Mendinuetas,
y Ga m b oa s, ¿con un quídam
se ha de unir, que no se acuerda
nadie de quien fué su abuelo?
Es una infamia, una afrenta
que no la consentirá
la ilustre doña Matea.
¡Qué muger! Pero si yo....
¿Qué valen las cuatro cepas,
y el olivar, y el molino,
y las éticas ovejas
de tu avaricioso padre?
Todo eso es hambre, miseria.
¿Queréis sacar la barriga
de mal año con mis rentas?
¿Queréis....
¡Por Dios oiga usted!
¡Hipócrita! ¡Zalamera!
¿Tú aspiras al alto honor
de tenerme á mi por suegra?
Si al momento no desistes
de tan temeraria idea,
te pondré donde mereces.
¿Se lia visto igual insolencia?
A mí usted....
Vete de aquí;
porque esta muger chochea.
Mejor es; que ya estoy harta
de oir sus impertinencias.
ESGNEA X.
D. Bernardo y Doña Malea.
¡Cómo! Ella es la impertinente,
y atrevida, y mala hembra,
y....
Señora, tenga usted
un poco mas de prudencia. —
La habrán informado mal
sin duda. Cuando usted sepa....
Todo lo sé; sí señor;
y conmigo no se juega.
¿Está usted? — ¿Don Baltasar
qué hace que no se presenta?
Salió hace poco con su hijo
de usted á unas diligencias....
¡Pues! Serán las de la boda.
Tal vez.
¿Y con esa flema
lo dice usted? — No lo estraño,
porque también usted entra
en el complot.
¿Yo?
Sí: usted;
pero es en vano. Aunque venda
la camisa....
D. Bem, Si yo soy
el que....
Pues; el que desea
la perdición de su hermano;
el que á la niña aconseja
pensamientos tan altivos;
el que engatusa á mi Esteban;
el que....
Si usted me dejase
explicarme....
El que se mezcla
en lo que no le compete.
No hay tal cosa. Yo i
quisiera. —
D.aMat* Mas yo escribiré á mi tio
el conde de la Verbena; —
Que Carmen fuese feliz.
No es posible que lo sea. —
Y á mi cuñado el Virey;
y a mi prima la abadesa •, —
Con su hijo de usted.
¿Qué vale
su decantada opulencia? —
Y al embajador de Prusia;
( i ) Hablan los dos á un tiempo.
y d1 gobernador de Ceuta; —
Cuando el corazón....
¡Señora! — ¡Maldita seas!
Y al intendente de Murcia;
y al cabildo de Sigüenza.
¿Es usted muger ó furia?
(¿Dónde estoy?) Con una recua
de demonios, ¿quiere usted
oírme?
¡Raza perversa!
¡Canalla!
(Si no la dejo
voy á perder la cabeza. —
Sudando estoy como un pollo).
(2) ¿No lo dije, la jaqueca.
¡Qué gente, Dios mió! En hora
menguada vine á la Sierra.
ESCENA XI
Oiga usted....¡Gente ordinaria!
¡Gente incivil y grosera! —
¿Y se han de burlar de mí?
¡Uf! La cólera me ciega.
Hasta encontrar al alcalde
correré toda la aldea;
y dónde quiera que esté
le he de arrancar las orejas.
(1) Hablan los dos aun tiempo.
(2) Abanicándose muy aprisa.
Acto tercero
ESCENA PRIMERA
(CARMEN.)
¡Qué cfrítica, qué terrible
es mi situación I Si acepto
por esposo á D. Esteban,
mi triste fin acelero:
si le rehuso, á mi padre
clavo un puñal en el seno. —
¿Qué haré? — Dejemos obrar
á mi lio. Por su medio
quizá lograré la dicha
de obtener mas grato dueño. —
La imprevista Circunstancia
de oponerse al casamiento
Doña Malea, pudiera
favorecer mis deseos;
y.... ¿Quién entra?
ESCENA II
(CARMEN, DON FELIPE.)
No te asustes:
yo soy.
(1) Está anocheciendo.
¡Tú, Felipe! — ¡Oh cielo!
¿Cómo te atreves á entrar
aquí? ¿No sabes el riesgo....
No estando en casa tu padre
¿qué temes?
j Afa! Pero el viejo
Estamos seguros.
Anda por los aposentos
de arriba. Acabo de verle
desde el balcón de don Pedro.
No importa. Vete por Dios:
no me pierdas.
Un momento.
No, Felipe. ¡Ah!Si supieras....
Lo sé todo; y, satisfecho
de tu cariño, no pienses
que airado y celoso vengo
á hacerte reconvenciones
injustas. Mi único objeto....(1 )
¡Ay de mí! Ya baja. Le oigo
toser. Vele: aun será tiempo. — (2)
No: ya está aquí. — En ese cuarto...»
¡Maldito sea....
Entra presto (3).
(1) Tose dentro Lamprea.
(2) Mira adentro.
(3) Entra don Felipe en el cuarto de don Ber-
ESCENA III
(CARMEN, EL TÍO LAMPREA 1.)
Bendito sea por siempre
y ala va do.... (2) ¡Qué tormento
de tos! Un dia me ahoga.
¡Triste pensión de los viejos!
Lo mismo es anochecer
que así.... (5) á manera de muermo....
¿Qué hace usté aquí, señorita,
tan sola?
Corre mas fresco
que arriba.
Si quiere usted
compañía....
Lo agradezco.
(No se marchará. ¡Qué pelma!
estoy en brasas).
¿Y es cierto
que se casa usted muy pronto?
No sé
Yo en parte lo siento (4);
porque se irá usted de casa,
y.... ¡Pero qué buen sugeto
es el señor don Esteban!
Bella estampa; muy buen genio;
campechano sí los hay;
(i) Lamprea trae un belon encendido; y le
eoloca sobre la mesa
(2) Tose. (3) ídem. (4) Ídem.
y hombre de mucho dinero.
Es verdad; peras! tienes
que hacer allá arriba....
Creo
que eslá usted de mal humor;
(1) y es cosa rara por cierto
y vísperas de casarse.
( ¡Qué suplicio!)
Yo me acuerdo
que mi difunta Gregoria,
téngala Dios en el cielo,
cuando yo la festejaba....
¡Ay, señorita, qué tiempos
aquellos! — (2) ¿Quiere usté un
polvo?
Muchas gracias. Solo quiero
estar sola.
(5) Eso es decir
que incomodo.
No por cierto;
pero tengo poca gana
de conversación.
Ya entiendo.
A usted no la gusia hablar
con un vejete estafermo.
Si fuera yo don Esteban....
¡Qué tos! (4) — Vamos; ya la dejo
á usted sólita. — Cuidado,
que es muy dañoso el sereno.—
(1) Tose. (2 Saca la caja.
(3 1 Lamprea abre su caja cotí mucha sorna; toma un polvo, y la guarda. (4) Tose. Conque hasta después (1).)
i Uf I i Qué hombre!
Gracias á Dios.... (2) Sal corrien-
do (o).
(4) ¿Quién hace caso de
viejas?
Pero es mucho atrevimien»
to (5).
ESCENA IV
(CARMEN, DON BALTASAR, DON ESTEBAN, DON ABUNDIO, DON BALTASAR, INSULTAR CON TAL DESCARO.)
(á la autoridad del pueblo.)
Es muy animal mi madre.
. Si no me la quitan creo
que me araña.
(Soy perdida
si de aquí no los alejo.)
Que dé gracias á que usted
debe ser pronto mi yerno. —
¿No es verdad?
¿Qué duda tiene?
A mi me importa tres bledos
la voluntad de mi madre;
(1) Se va muy despacio.
(2) A la puerta del cuarto de don Bernardo.
(3) Va á salir don Felipe, y al oir las voces
siguientes, vuelve.á esconderse.
(5) Entran en la escena hablando.
que mi gusto es lo primero.
Pues siendo así la perdono. —
Conque no perdamos tiempo.
El domingo la primera
amonestación. ¿No es esto?
¡Oh! ¡Estás aquí! (1) No te había
visto. Estamos disponiendo
la boda.
Bien. — Pero aquí
para un asunto tan serio
están ustedes muy mal.
Puede entra un indiscreto
que los interrumpa. Arriba....
No. ¡Si ya estamos de acuerdo!
Es cosa hecha. Mañana
el contrato firmaremos.
¿No es esto?
Cuando usted quiera.
(Mi vida está en grande riesgo
si le descubren.)
Muchacha,
á tí no te para el cuerpo.
¿Qué tienes?
Nada, señor.
Algo indispuesta me siento,
pero.... se me pasará.
¿Has merendado?
No tengo
ganas. — (¡Dios mios! )
(1) A Carmen.
¿Estás triste?
El mucho afecto
que me tienes es la causa.
¿Temes que tu casamiento
nos separe? No lo creas,
Viviremos
todos juntos. — Vaya, niña,
alégrate.
Fiel de fechos,
diga usted algo que nos haga
reir.
De Plauto yTerencio,
dilectos hijos de Apolo,
quisiera tener el plectro;
ó del que con culta vena
ilustró el hispano suelo,
Góngora insigne que tantos
sutiles parió conceptos..... —
Aquí queremos reir,
y no dormirnos, maestro.
Deje usted su erudición
á un lado; que los paletos
nos quedamos en ayunas
cuando nos hablan en gregio.
(; Idiotas! )
Ahora es buena
ocasión para leernos
aquella arenga.
Es verdad.
Léala usted.
(¡Si á lo menos
viniera mi tío....!)
(1). ¿Dónde
quedamos?
Ya no me acuerdo.
Lead usled desde el principio.
(2) Al peñagudense pueblo.
j Qué veo! — ¡Ah bribón!
(5) No de o ira
suerte intrépidos guerreros....
Calle usled ó lo desnuco.—
De ira estoy que reviento.
¿Usted mi rival, canalla?
¿Usted á mi novia versos?
¿Cómo....
Aquí están en mi mano.
No me dirá usled que miento.
Al suelo se le han caido
al sacar ese proceso
que iba á leer.
Pero.... si....
yo....
Escuche usted, señor suegro;
y vera usted....
(Si pudiera
escaparme....)
(4) Quieto, quieto
aquí. — (5) cA la adorable Carmen,
el cisne de los Cameros,
don Abundio de Ruibarbo
(i) Al sacar don Abundio el papelote del acto
segundo deja caer otro sin advertirlo: lo coje
don Esteban, y lo lee para sí, (2) (3) Lee.
(4) Asiéndole. (5) Lee.
y Remolacha: soneto. —
¿Y tú sufres ¡oh amor! tan vil ultraje?
¿Y, en vano por Carmela suspirando,
quieres que vea en su regazo blando
solozarse á un indómito salvaje? —
(1) ¿Ha visto usted qué insolencia?
¡Llamarme á mí un fiel de fechos
salvaje! ¡Y enamorar
á mi novia!
¡Pero si eso
no es mió! Algún envidioso....
¡Cómo! ¿Aun tiene usted?
aliento
para hablar? (2)
Déjele usted.
Sin duda ha perdido el seso.
¿Dejarle? No ha de salir
de aquí vivo.
Me arrepiento.
¿Perdón!
No hay perdón.
Eh, vamos;
basta que esté yo por medio....
¿Dónde me refugiaré?
En este cuarto....(5) ¿Qué veo?
¡Un hombre oculto!
(; Buen Dios!
(i) Representa.
(2) Amenaza á don Abundio, y don Baltasar
le contiene.
(3) Va á entrar; y viendo á don Felipe re-
trocede.
á tu favor me encomiendo.)
¿Un hombre oculto?
(1) Lamprea,
Macario, Cosme, Ruperto.
ESCENA V
(Los •precedentes, don Felipe y dos criados.)
Aquí estoy, don Baltasar.
No hay que alborotar el pueblo.
¿Qué veo? ¡En mi casa usted!
¡Y escondido! Vive el cielo....
( ¡Caracoles 1 Esto pasa
de castaño oscuro.) (2)
Pero
no es usted, sino esa infame
en quien descargar yo debo
el rigor de mi venganza.
(No salí de mal aprieto.)
¡Padre!
¿Aun te atreves, indigna....
Mire usted que la defiendo
y°-
¿Usted?
Sí señor; y soy
capaz de cualquier exceso
si usted se atreve á ofenderla,
(1) Gritando.
(2) Vienen los criados, y á una seña de don
Baltasar se detienen en el fondo.
siendo de virtud modelo.
¿Usted sabe con quien ha
bla? (1)
Ahora solo miro al riesgo
de Carmen; y si no me hacen
dos mil pedazos primero,
no lograrán arrancarla
de mi laJo.
( Oye usted esto,
don Esteban?
¡Qué! ¡Si estoy
pasmado!) (2)
(¡Buen argumento
para un drama! Si no fuera
poeta y actor á un tiempo,
le haría solo por dar
una carda á ese mostrenco).
¿Usted con qué fin ha entrado
aquí? Deseo saberlo.
No acostumbro en parte alguna
á entrar con fines siniestros.
Sepa usted, si lo ignoraba,
pues ya ocultarlo no puedo,
que amo á su hija. No sé
si la ventura merezco
de ser suyo; pero el novio
que usted la destina creo
que, á pesar de sus riquezas,
la merece mucho menos.
(1) Don Esteban se pasea haciéndose el indi-
ferente. (2) Sigue paseándose.
(¿Y sufre usted que le ultraje
de ese modo?
D. Esleb.Eh.... Le desprecio).
¿Ignora usted, señor mió,
que á su familia aborrezco
de muerte?
Es una injusticia.
¡Pues! ¿Y el pleito que suabuelo
de usted me ganó?
Sin duda
le asistió mejor derecho
que á usted: y aun cuando no fuera
así; ¿qué culpa tenemos
los que no hemos litigado?
¿Acaso el ganar un pleito
es el pecado de Adán
que pasa al úliimo nielo?
Distingo. Si el pleito....
¿A usted
le dan vela en este entierro,
señor pedante?
A mí, nó;
pero....
Guarde usted silencio;
ó se lo haré yo guardar.
S^rá usted servido.
Hablemos
claro. Usted de ningún modo
me conviene para yerno.
No lo dudo; pero acaso
á su hija de usted convengo
mas que dou Esteban.
¡Cómo!
Es decir que eslá de cuerdo
con usted....
Yo.... padre mió....
Contra el tirano precepto
de unirse á quien aborrece,
pues son en vano los ruegos,
vine á ofrecerla mi amparo.
Yo: si señor; no lo niego.
Nada he podido decirla
porque no he tenido tiempo;
pero....
Hipócrita, después
que diste el consentimiento
á la boda proyectada.
¿Cómo es que un galán te encuentro
escondido en ese cuarto?
Por la fé de caballero
juro á usted que eslá inocente
su hija: yo solo soy reo.
Aquí entré sin ser llamado;
y Carmencita, bien lejos
de aprobarlo....
Se concluye,
señor mió, de todo eso,
que usted es un libertino,
un desalmado, un perverso
seductor.
Señor alcalde,
poco á poco; que dicterios
semejantes....
Usted puede
hacer cundir en el pueblo
sus depravadas costumbres;
y yo que no en vano ejerzo
la primer magistratura,
á todo trance resuelvo
librar á la juventud
de tan pernicioso ejemplo. —
Irá usted á un calabozo.
D, Fel. ¿Yo?
Y para que otro muñeco
no venga á hacer cucamonas
á mi hija, en un convento
la tendré mientras celebra
sus desposorios.— ¿No es esto,
don Esteban?
D, Esteb. Sí: será
lo mejor (1).
D. Abund (El estafermo
del novio con mucha calma
lo toma.)
Saber deseo
cual es mi delito.
Ya
lo he dicho. El crimer horrendo
de seducción, con indicios
de rapto, y escalamiento,
y....
Es una calumnia atroz.—
Cuando yo mi mano ofrezco
(1) Cansado de pasearse se sienta retirado;
toma una guitarra y la templa.
á Carmen y ella la acepta....
( ¡Infeliz de mí! )
No es cierto.
Con quien ella ha prometido
casarse en este aposento,
hoy mismo, es con el señor. —
No es verdad?
¡Sino me acuerdo
de qué estaba usted hablando!
¿Ahora salimos con eso?
¡Me gústala flema!
Yo
por tan poco no me altero.
Digo que á usted ya le ha dado
palabra de casamiento
la muchacha.
¿Quién Jo duda?
¡Maldita prima! (í)
Y yo quiero
que la cumpla.
B, Fel. Fué arrancada
por el terror. Mas derecho
tengo á reclamarla yo,
porque me la dio primero.
¿Cómo primero? Elija vil....
Padre, me habia propuesto
obedecer y callar;
pero llega á tal estremo
la tiranía de usted,
que en dar mi vida consiento
(1) Sigue templando.
antes que la mano á otro
que ¿Felipe.
¡Qué desuello I
¡Qué infamia] Hoy vasa morir (1).
(El drama ya se vá haciendo
trágico.)
¡Guárdese usted
de tocarla!
Yo no acierto
á templar esta guitarra.
(Mejor será huir el cuerpo....
D. Bale Prendadle (2).
D- FeL Nadie se arrime,
ó le devano los sesos.
¡Mísero de mí!
¡Favor
á la justicia!
ESCENA VII
(Los precedentes y don Bernardo,)
¿Qué es esto?
¿Qué ha de ser? Las conse-
cuencias
de tus inicuos consejos.
Revelárseme una hija;
(1) Amenazada Carmen por su padre se am-
para de don Felipe.
(2) Los criados hacen un movimiento hacia
don Felipe: saca este una pistola, y á su vista
desaparecen: don Abundio se guarece detras de
don Esteban.
aspirar á ser mi yerno
ese joven temerario;
y al querer llevarle preso
hacer armas contra mí.
¿Y qué hace usted ahí tan
serio,
don Esteban?
Qué pregunta!
¿Pues qué no lo está usted viendo?
Tocar la guitarra.
¡Galla!
Y detrás el fiel de fechos....
D. Abwid. Soy filarmónico.
Ya.
Pues yo creí que por miedo....
No señor: es precaución.
¿Qué sería de mis deudos
si me dejase matar
no habiendo hecho testamento?
Basta de escándalo, hermano.
Los chicos por lo que veo
se quieren. Cásales tú
antes que se casen ellos.
Primero me vea yo
con una argolla en Marruecos.
(i) «Yo soy aquel que subí
hasta el último elemento....»
; Qué demonio de guitarra!
¡Si esto parece un cencerro! (2).
(1) Cantando por el aire del fandango.
(2) La deja sobre una silla.
¡Miren por donde se apea
el señorito!
Celebro
la ocurrencia, amigo mió.
¡Guando estoy hecho un veneno
se pone usted á cantar!
¡Toma! ¡Pues estamos fres-
cos!
No le han de dejar á uno....
Cada uno tiene su genio. —
Conque uno ha de ir á matarse
porque usted.,.. ¡No es mal empeño!
Tiene razón.
Pero es cosa
que me sorprende en extremo....
Vamos; ten calma, y es-
cucha.
La boda que le has propuesto
no se verificará
de ninguna suerte. Hay medios
legítimos de evitarla.
Yo ya he tomado al efecto
mis medidas.
Yo sabré
desvanecer tus intentos. —
Y si me apuras un poco
puede ser que....
Ya te entiendo.
me meterás en la cárcel.
¿No es verdad? — Vamos; yo espero
que todo se compondrá
felizmente. En prueba de ello,
guarde usted esa pistola,
señor don Felipe.
Pero....
No hay pero que valga.
Yo
te lo suplico.
Obedezco.
Esta es mano de cigarro (1).
(2) Ya la guardó. Respi-
remos,
Ahora los dos pedidle
perdón con mucho respeto.
No perdono.
(5) Padre mió!
Señor....
Quitaos de enmedio.
Soy inflexible.
Mi llanto....
Aunque todo el universo
se empeñara....
¡Qué dureza,
Baltasar!
Ah! A lo menos
no la vea yo enlazada....
Con doscientos y el portero
déjenme ustedes en paz; (A)
(1) Saca una gran bo'sa de bejiga, y de ella
tabaco que pica con una descomunal navaja; ha-
ce un cigarro disforme; hecha yescas, y á pesar
de haber luz, lo enciende y fuma.
(2) Volviendo al medio de la escena..
(3i De rodillas, y lo mismo don Felipe.
(4) Los hace levantar.
que n¡me ablandan lamentos,
ni me aturdan amenazas.
Venga usted acá. — (2) Al mo-
tíleme-
la mano que le ofreciste,
sin réplica.... ¿Está usted lelo,
don Esteban?
Es que yo....
¿Sabe usied lo que yo pienso?
que es mejor que se la dé
á don Felipe.
P* Balt, Eli, dejemos
bromas a un lado.
¿Qué bromas?
Lo digo como lo siento*—
Porque, mire usted, mi madre
no quiere que nos casemos;
y por no oiría gr.uñir....
¿Estoy soñando, ó despierto? —
¿Pero usted....
Mire usted: yo
soy cabiloso en extremo,
y.... Vamos; si me casara
con ella.... Porque lo cierto
y lo seguro es que Carmen
tiene ya su quebradero
de cabeza. ¿No es asi?
Y...., como dice el proverbio,
quien bien ama, tarde olvida.
(1) Cóje de la mano á don Esteban, que le
sigue como forzado. (2) A Carinen.
No sea el diablo que luego....
Lo que es la chica es muy guapa;
eso es otra cosa; pero....
¿Qué quiere usted que le diga?
No es tanto, tanto mi afecto
que apechugue.... Mire usted:
yo por otra parle...., hablemos
claros, hacía una boda
muy desigual. Mis inmensos
caudales.... Bien es verdad
que si me hallaba dispuesto
á casarme, yo soy franco,
era con el solo objeto
de no entrar en quintas. Pues;
porque yo no tengo apego
á la milicia; y me bastan
los timbres de mis abuelos,
sin exponer mi pelleja
por adquirir otros nuevos.
En fin, cada uno se entiende.—
Buenas noches, caballeros.
ESCENA VII
(Los precedentes menos don Esteban.)
(No sé dónde estoy. Me
ahoga
la cólera; y no me atrevo
de vergüenza á alzarla vista.;
Chico, ningún sentimiento
debe darte su inconstancia.
Antes parece que el cielo
lo ha dispuesto por tu bien
y el de Gárnieii.
Le prometo
que me las ha de pagar.
Al contrario: yo en tu puesto
iría a darle las gracias.
Si en tan crítico momento
me es licuó hablar, insigne
don Baltasar....
2?. Bali. Bien: con menos
preámbulos diga usted
qué quiere.
Yo soy maestro
de primera educación
en este dichoso pueblo;
soy secretario ademas
del ilustre ayuntamiento.
Ambos empieos bien dejan
á mi bolsa de provecho
trescientos ducados. Ítem:
en breve obtener espero
la plaza de sacristán,
que rendirá por lo menos,
Sin la cera y otros gages
legítimos, otros ciento
Son cuatrocientos ducados.
Agregue usted á lodo esto....
(1) ¿Acaba usted?
(Dejale;
(1) Impaciente.
que me divierte en estremo.)
Lo que deben producirme
cuatro millones de versos
que puedo hacer en el año
para días, casamientos,
bautizos, pascuas, el ccetera,
y el Desiderio, y Electo,
ó sea Luz de la fé
y de la ley que muy presto
daré á la prensa en octavas
reales.
¡Qué lengua de hierro
Al caso, al caso.
Con tantos
emolumeuios ya puedo
vivir con comodidad
aunque se me agregue el peso
de nuevas obligaciones.
D.FeL (¡Qué moscardón!)
(Yo no puedo
contener la risa.)
Vamos;
¿y á que fin....
El majadero
de don Esteban renuncia
al dulcísimo himeneo
de la inconparable Carmen.
Usted por lo que comprendo
no desea emparentar
con don Felipe. — Tercero
en discordia aquí estoy yo,
que á sus pies rendido ofrezco
Quite usted de delante.
¡Habrá mueble! Pues es cierto
que la boda....
¡Calabazas!
Bien: no riñamos por eso.
Yo me casaré con otra,
. ó me quedaré soltero.
¡Bravo! Eso es lo que se llama
grandeza de alma.
D. AbumL ¡Oh! yo venzo
fácilmente mis pasiones,
cuando no hay otro remedio.—
Mas daré la última prueba
del cariño que profeso
á esta amable señorita.
Creo que el mejor obsequio
que la puedo hacer ahora
es el quitarme del medio;
y por tanto lergo á bien
largarme con viento fresco.
ESCENA VIII
(Los precedentes menos don Abundio.)
¡Qué original es erhombre]!
A no ser por nti despecho
mucho hubiera celebrado
su petulancia.
Supuesto
que quedó por dolí Felipe
el campo, ya es hora....
ESCENA IX
(Los precedentes y doña Matea*)
(1) ¿Puedo
enira?
Según. ¿Viene usted
de paz ó de guerra?
Vengo
dechJida á que seamos
amigos; y lo seremos
si usted quiere,
Enhorabuena.
(Oirá tempestad me temo.)
Sé que Esteban no está aqui,
y esta ocasión aprovecho
para ver de dar un corle
al asunto, porque aprecio
mucho la paz.
Ya es inúiil....
He lomado por empeño
que no se case mi Esteban
con su hija de usted.
Lo creo;
pero ya....
Suplico á usted
no me interrumpa, que luego
concluyo. Estos matrimonios
(1) A la puerta, y entra luego.
desiguales son funestos
por lo regular. Mi Esteban
está enamorado, ciego
de la chica...
D. B>lt. Usted sin duda
no sabe....
Pero sus genios
están en contradieion.
El es de un temperamento
\¡vo 5 impaciente, fogoso,
y su hija de usted; hablemos
claros, apática, fria....
¿Qué dice usted?
Los primeros
quince dias será todo
glorias y deleiies; pero
después es muy natural
que entren los remordimientos.
Porque Esteban semita
verse con nudo perpetuo
enlazado á una familia
lan inferior....
D. hall. ¿Cómo es eso?
Mi familia....
La muchacha,
á quien no muese otro objeto
que el inlerés....
Oiga usled:
ni yo he menester, ni quiero
nada de nadie.
Señora,
acabe usled de molernos.
En una palabra, exijo
de usted, por no andar en pleitos,
que se oponga como yo
á ese injusto casamiento.
Si usted me dejara hablar....
Y si acaso hay de por medio
compromisos de otra especie....
Porque el muchacho es travieso;
y el demonio qne anda listo
Ya me falla el sufrimiento.
Si usied se atreve á poner
en boca....
Doña Mm. Yo haré un esfuerzo,
y veré de asegurarla
una pensión de irescienios
ducados, si ella se quiere
retirará un monasterio.
Tome usted pronto la puerta;
porque si llevar me dejo
de mi furia....
¿Puedo hacer
mas que darla....
Los infiernos
no han vomitado una bruja
tan bruja.
¡Pobre y soberbio!
Después que una....
dille usted;
calle usted, ó no me acuerdo
de que es muger, y si vuelve
á alzar el griio la estrello.
¡En erg úmen a!.
¡Qué insulto!
¿Yo energumena?
Acabemos.
Mí sobrina no se casa
con su hijo de usted....
Ni emparentar deseamos
con semejante camueso.
¡Camueso! ¿Un hombre
como él,
que cuenta diez y ocho abuelos
y....
Conque si usted no quiere.
que la falten al respeto,
calle y vayase con Dios.
Si me voy; que me desdeño
de alternar con una gente
de tan poco mas ó menos.
ESCENA ÚLTIMA
(Los precedentes menos doña Matea.)
Oiga usted....
Déjala. Es loca.
Gracias á Dios que me veo
libre de ella....
(1) (Buena suegra
te espe i-aba.)
Ea, saquemos
(1) A Carmen.
de penas á estos muchachos;
y á un lado resentimientos.
Supuesto que tú te empeñas
y que ellos se quieren, bueno;
que se casen. — Pero tú
sabes como están tos tiempos.
La cosecha ha sido mala....
No importa: eso es lo de
menos.
Las'heladas...., la langosta....,
las alcabalas...., el diezmo....
No es el mezquino interés
el que me mueve....
Los pleitos
me arruina.... —
Ya me hago el cargo.
Es un horror lo que debo....—
Carmen se contentara
con unos treinta mil pesos
de dote. — ¿No es verdad niña?
¿Treinta mil? ¿Qué estas di-
ciendo?
Ni uno solo puedo darla.
¡Si soy yo el que los ofrezco l
Acabaras. Pues entonces
que se casen, y laus Deo.
¡Padie mío!
Ea, venid:
os estrecharé en mi seno.
¡Oh ventura!
Y yo en el mió.
Ali! ¿Cómo pagar podremos..
¡Bagatela!
Será elerna
mi gratitud, y....
Silencio. —
Después que he gasiado tamo
en vicios y devaneos,
razón es que alguna vez
emplee bien el dinero.
Solo exijo de vosotros
un cono favor.
¿Qué puedo
negar á mi bienhechor?
Para mí será un precepto
sagrado....
Quisiera ser
vuestro padrino.
¡Qué exceso
de bondad! ¿Y por favor
nos lo pide usted?
Yo acepto
con el mayor regocijo
tan alto honor, tanta....
Pero
hay una dificultad.
D. Ba't. ¿Cuál?
Que mañana me ausento.
¿Porqué?
¿A dónde!
Si dos dias
en el lugar permanezco,
voy á enfermar.
Pero apenas
has descansado....
A lo menos
hasia que se haga la boda....
INo os canséis. Ya lo he
resuelto. —
¿Queréis venir á Madrid
conmigo?
Yo desde luego.
¿Y tú?
Si mi padre quiere....
B. Ba't. No solamente lo apruebo,
sino que iré á acompañarte.
Pues no se pierda un momento.
¿Mañana dije? Esta noche
partiremos con el fresco.
¿Pero, hombre, es posible....
Estoy
de aldea hasta los cabellos.
¿No dijiste esta mañana
que, harto ya de los enredos
y el bullicio de la Corte,
venías con el objeto
de lijarte para siempre
en el lugar?
No lo niego;
pero yo había formado
otra opinión de los pueblos.
Pensé que lodo era paz,
candor y virtud en ellos.
¡Ah! La esperiencia es el libro
mejor: bien dice el proverbio.
Aquí la sórdida envidia
tiene (¡¡jado su imperio:
aquí á la voz de la sangre
se impone un atroz silencio:
aquí el noble os orgulloso,
y envilecido el plebeyo:
aquí hay discordias, intrigas,
calumnias, rencores, pleitos,
señoritos mal criados,
y hasla pedanioncs necios.
La urbanidad ni se sueña:
la ignorancia está en su centro:
se atropella á la justicia:
se apalea al forastero:
se llama alegre al borracho;
al desvergonzado ingenuo;
al asesino valiente.... —
¡Qué horror! A Madrid me vuelvo;
que allí hay mas comodidades
si los vicios no son menos;
y entre gente racional
no viviré tan espuesto
á morir de un trabucazo,
ó á consumirme de tedio.
(Cae el telón.)