Acto único
(Personas: INÉS; LUPERCIA; FIGURÍN; DON TADEO; DON PABLO.)
(Sala en una casa de campo á las inmediaciones de Madrid. Puerta en el foro; otra á la izquierda de los actores, y un balcón á la derecha. La acción principia poco antes de anochecer. En medio de la escena habrá un velador; junto á él, y hácia el lado del balcón, una butaca, y en los bastidores de la izquierda una mesa con escribanía.)
ESCENA PRIMERA
(DON PABLO y DON TADEO. Don Pablo aparece sentado en la butaca.)
Don Tadeo viene por la izquierda del foro en mangas de camisa.
¡Bien venido una y mil veces,
querido Pablo, á mi casa!
(Levantándose y apretándole la man-o.)
¡Tadeo!...
Mucho te estimo
que me cumplas tu palabra.
Tuyo soy desde esta tarde
hasta pasado mañana.
¡Bravo! Iremos á cazar
así que despunte el alba.
Por eso hoy vengo á dormir
bajo tu techo.
Mil gracias.
Así lo debiste hacer
el día de tu llegada
á Madrid; mas no quisiste
honrar mi humilde cabaña...
No era posible, Tadeo.
Vine por pocas semanas
á la córte, y mil negocios
mi alojamiento reclaman
en ella. Tengo pendientes
con el Gobierno contratas,
liquidaciones... Seria
tu huésped de buena gana
si vivieras en Madrid,
pero aquí...
No es la distancia
tan grande. Cerca de Portici,
y como á tiro de bala
del bendito San Antonio
de la Florida.
Sí. ¡Extraña
resolución fue la tuya!
¡Ba! ¿Por qué?
¡Oir las campanas
de la coronada villa,
cuya mansión es tan grata,
y no saludar sus calles
sino de Ramos á Páscua!
Sus peligros me intimidan
y su bullicio me cansa.
No eras antes tan filósofo...
Cada uno se entiende y baila...
Pero, ¿cómo no te aburre
esta soledad?
No es tanta.
Esto está muy concurrido.
Sí; de lavanderas zafias,
nauseabundas buñoleras,
y chulos de mala traza.
Pero esa frondosidad...
Conductora de tercianas.
Pero el rio...
¡Oh! delicioso.
Sólo le falta...
¿Qué?
El agua.
¿A quién vienes á hacer guerra.
querido hermano de mi alma,
á los conejos, ó á mí?
Yo...
Déjate de epigramas,
y hablemos de la partida.
Hoy hemos de concertarla
en casa de mi vecino,
el director de la fábrica
de la Moncloa. —Ya es tarde,
y culpará mi cachaza.
Iremos juntos si quieres...
Bien.
Espera en esta sala
mientras voy... La siesta ha sido
esta tarde un poco larga... (Llamando.)
¡Lupercia, luces!— Ya ves
que te he recibido en mangas
de camisa, y...
Todavía
no he visto á Inés. ¿Por donde anda?
No sé... Estará paseando
en el jardinito...
ESCENA II
(DON TADEO, DON PABLO, LUPERCIA, LLEGA LUPERCIA POR LA IZQUIERD.)
(del foro con dos bujías, y las deja sobre el velador.)
Santas
v buenas noches...
Felices.
¿Dejaste luz en mi estancia?
Sí, señor.
Vuelvo al instante.
¿Cierro el balcón?
No, que se asan
los pájaros.
(Yéndose por la izquierda del foro.) Busca á Inés.
Di que su tio la llama.
ESCENA III
(DON PABLO, LUPERCIA.)
Iré, pues...
Oye, Lupercia.
¿Por qué causa que no entiendo
mi hermano está aquí viviendo
en la idiotez y la inercia?
Contra sus manías raras
yo hago objeciones discretas,
y responde: no te metas
en camisa de once varas;
ó, si quiere ser más franco,
cuando ve que le zahiero,
él da sus razones; pero
todas son de pié de banco.
Sin duda el dolor profundo,
cuando murió su consorte,
le hizo salir de la córte
y secuestrarse del mundo.
¿Dolor? Al contrario; mil
y mil gracias daba á Dios...
¡Pues si vivian los dos
en una guerra civil!...
Sin que la viudez le aflija,
puede haber otro motivo...
Si él fuese solo, concibo...
Pero... ¡teniendo una hija!...
¿Por qué imponer su clausura
á una prenda tan querida?
¿Por qué sepultar en vida
á esa pobre criatura?
Pretende que así la salva
de cometer un desliz...
¡Ah!... ¿Y qué dice la infeliz?...
La niña es como una malva.
Inocente serafín,
sin deseos, sin amores,
sus galanes son las flores
que cultiva en el jardín.
Si hoy su corazón novicio
de pasiones libre está,
la naturaleza hará
tarde ó temprano su oficio,
y cuanto más inexperta,
más fácil es que resbale...
Yo la celo...
Eso ¿qué vale?
Y don Tadeo está alerta.
Alguno olerá las sayas
que tanto quiere guardar,
y amor enseña á burlar
á los padres y á las ayas.
Eso es lo que yo le digo
mil veces, aunque me riña,
pero...
(Asoma Inés por la derecha del foro con un manojito de rosas en la mano.)
Allí viene la niña
Déjala á solas conmigo.
ESCENA IV
(DON PABLO, INÉS.)
¡Ah... mi tio!...
¡Inés hermosa!
¡Bien venido! Abajo estaba...
(¡Tan lida y tenerla esclava!...)
Si quiere usted una rosa...
(Tomándola.) Más galanas que el vergel
tu bello rostro las cria.
Estimo la cortesía...
'Estas otras... ¡para él!)
Y es lástima, ¡vive Cristo!
que muchacha tan bonita,
cual si fuese cenobita,
se destierre...
(Desde el foro, ya vestido.)
¡Ehl ya estoy listo.
ESCENA V
(DON PABLO, INÉS, DON TADEO.)
Tu hija me ha dado una flor,
y yo iba á decirla muchas
en pago de su fineza.
¿Sí?
Siento que me interrumpas...
¡Ba!
¡Como soy, que es preciosa!
(En voz baja.) No digas tal. Si la adulas
se engreirá.
Se parece
mucho...
¿A. mí?
No; á tu difunta.
(| Dios nos libre!)
Casi son
de una edad mi hija y la tuya.
Sí; esta cumplió diez y seis
en Abril...
Y mi Facunda
cumple diez y ocho en Octubre.
Mucho la quiero, aunque nunca
la vi.
No es extraño. Apenas
salía ella de la cuna,
me fui lejos de la córte...
Seria mucha ventura
para mí el tratarla...
¿Sí?
Pues vente conmigo á Murcia
(¡Cielos!...)
Yo no me separo
de mi hija querida y única.
Buen remedio, nos iremos
los tres...
(¡Ah!)
No; no me gusta
viajar...
Pero...
No me prueba
aquel clima.
¿En qué lo fundas,
si nunca has vivido en él?
Lo saco por conjetura.
Un país tan delicioso...
Vamos, no digas tontunas.
Yo no dejo mi casita
y mis costumbres...
(Entre dientes.,) Absurdas.
¿Eh?
Pues permite que Inés
me acompañe, y vivan juntas
siquiera un mes las dos primas.
Ya he dicho que no.
¿La educas
para monja?
No, por cierto.
Pues bien; ¿por qué la sepultas
aquí entre cuatro paredes?
¿Qué aprende aquí? ¿Qué disfruta?
Si á lo menos la llevases
á Madrid...
(En voz baja.) ¡No la seduzcas!
Si en el mundo ha de vivir,
véalo. ¿Hay cosa más justa?
Sin amigas...
¡Santo Dios!
Sin una mala tertulia.
¡Vade retrol
Ni asistir
á óperas, serias ó bufas,
ni á una comedia...
¡Qué horror!
Ni á un baile siquiera de uvas
á brevas...
¿Baile? ¡Qué escándalo!
Ó tú estás loco, ó te burlas
de mí.
No tal.
Pero, díme:
¿á qué peligro aventuras
su inocencia permitiendo
que con una prima suya
pase unas cuantas semanas?
Mi hija es de buena conducta...
Yo no lo dudo.
No temas
que tu Inés se prostituya
á su lado. Justamente
no podría en conyuntura
más feliz acompañarme.
Así que me restituya,
concluidos mis negocios,
á la márgen del Segura,
mi hija...
¿Qué?
Se casará...
(En voz baja y alejando de Inés á don Pablo.)
¡Temerario! ¿Qué pronuncias?
¡Hablar de bodas estando
delante esa criatura!
¿Por qué no?
¡Abrirle los ojos!
¿Y por qué ha de estar á oscuras?
¡Pablo!
¡Tadeo!
¡Pablito!...
No me zumbes, no me pudras,
ó nos oirán los sordos.
Soy padre, y tengo absoluta,
omnímoda autoridad...
¿Quién diablos la pone en duda?
Lo que yo...
Es que...
(interponiéndose.) ¡Papá!... ¡Tio!...
¿A qué viene esa disputa?
La que como yo se precia
de buena hija, no juzga
á su padre, le obedece,
y sin repugnancia alguna
lo hago yo. ¡Le quiero tantoi...
No digo aquí; en una gruta
viviría yo contenta
á su lado. No perturban
mi sueño vanos deseos...
Y en esta casa tan cuca,
donde hay flores que me halagan
y pájaros que me arrullan,
¿qué puedo yo echar de menos?
Soy feliz como la grulla
en el aire, como el pez
en el agua...
¿Oyes?
¡Ah! Nunca
permita Dios...
¿Eh? ¿Qué tal?
¡Qué candor! ¡Qué alma tan pura!
(Ó esta niña está engañando
á su padre, ó es estúpida.)
Bien, hijita mia. ¿Quién
te pone al pecho la punta
de un puñal para sacarte
del limbo?
¡Dale! ¿Otra pulla?—
Vete á tu cuarto, chiquilla.
(Tomando una luz.)
Bien, papá.
Porque este Judas...
Pero no riñan ustedes...
No tal... (A tu gusto, muía...)
Hasta luego, tio.
Adiós.
Abur, papá.
(Ellas estudian
con el demonio...)
Adiós, ángel.
(¡Alma, espera y disimula!)
(Váse por la puerta de la izquierda.)
ESCENA VI
(DON TADEO, DON PABLO.)
Ya que mi Inesita bella
al gabinete se fue,
voy á explicarte el por qué
de mi conducta con ella.
Aunque á vivir me acomodo
lejos del humano trato,
no soy ningún mogigato
que hago escrúpulos de todo.
Mi resolución discreta
se funda en causas muy graves —
Mi mujer, si no lo sabes,
fue una solemne coqueta.
Educada en el gran mundo,
antes de ser mi consorte,
era asombro de la córte
su talento sin segundo.
Su talle era el figurín
que estudiaban las modistas;
si bailaba, ¡qué conquistas!
si cantaba, ¡un querubín!
Con su gracia y su beldad
á todos tentaba el diablo...
Era, en fin, querido Pablo,
una notabilidad.
Como adorarla era moda,
yo también caigo en la red;
me declaro, y cate usted
que acepta y se hace la boda.
No bien el cura nos vela,
cuando la elegante Julia
hace á mi casa tertulia
de toda su clientela;
y como un marido posma,
según la moderna táctica,
cosa es que sólo está en práctica
allá por el Burgo de Osma,
entre tanto hombre de pro, —
con rubor te lo confieso, —
todos tenian acceso
á su lado... menos yo.
Sólo reservarme quiso
el honor, mi cara prenda,
de acompañarla á la tienda
de Ginés ó de Narciso;
y ningún Conde ó Barón
se atrevió á hacerme la afrenta
de pagar por mí una cuenta
á madama Petibon.
Es decir que mi Julieta
amable, que el cielo goza,
si coqueta cuando moza,
fue después archicoqueta.
Quise volver sobre mí,
pero en vano;;va era tarde!
y aunque nunca fui cobarde,
no hubo arbitrio; isucumbí!
que á uno se da un puntapié,
mas contra tanto adminículo
¿quién...? Por no hacerme ridículo
me arruinaba al ecarte.—
No era mi cara mitad,
ni mi cuarterón siquiera
Julia, porque era... En fin, era
una notabilidad. —
Olvidando la lección
moral de la vid y el olmo,
un dia exclamé en el colmo
de la desesperación:
iPreciso será, Dios mió,
que nuestro lazo destruya
una pulmonía suya
ó un pistoletazo mió!
No por mi plegaria impía,
sino porque plugo á Dios
darnos descanso á los dos,
envió la pulmonía. —
Para ahorrarte la pregunta
de si lloré ó no lloré,
confieso de buena fe
que no lloré á la difunta;
mas la culta sociedad
de la corte castellana
lloró la muerte temprana
de una notabilidad. —
Quedóme esa criatura
que, encerrada en un colegio,
tuvo el feliz privilegio
de ignorar tanta locura. —
¡Tan linda y en tierna edad!
dije un dia para mí.
¡Sus! No tengamos aquí
otra notabilidad.
No eches, Tadeo, en olvido
el ejemplo de su madre.
¡Alerta! Escarmiente el padre
en cabeza del marido;
y á esta quinta me la traje,
donde, viviendo sujeta,
como no se haga coqueta,
mas que se vuelva salvaje.
Para ser tan caviloso,
razón tienes, bien lo veo,
pero, ¿no sabes, Tadeo,
que todo extremo es vicioso?
Más tardía, ó más precoz,
tu Inesita angelical
del instinto natural
sentirá en su alma la voz.
No fies en su ignorancia,
que son diablos las mujeres,
y cuando menos lo esperes
burlará tu vigilancia.
¿Qué desatino! Mi Inés...
Tu precaución será vana.
Por curiosidad mañana
y por malicia después...
Probado en dias amargos,
yo la guardo diligente,
y cuando no estoy presente,
esa Lupercia es un Argos.
Ni en mi casa se han de ver
galanes malos ni buenos...
Tanto peor si, á lo menos,
no tiene donde escoger.
¿Y porqué? ¡Yaya una idea!...
¿Por qué razón?
Claro está;
porque se enamorará
del primer pillo que vea.
¿Ella? ¡Ba, ba!... ¡No en mis diasl
¿Y piensas tú ser eterno?
¿Se marchó Julia al infierno
con todas las pulmonías?
¡Hum!... ¿No acabarás?...
Permite...
¡Oh!
Si no...
¿Callas, ó emigro?
Si no conoce el peligro,
¿cómo quieres que lo evite?
Teme que el diablo destruya
tu obra, y que Inés...
¡Qué porfía!
Todo lo aprenda en un día
á tu costa... ¡y á la suya!
¡Voto á bríos!... Vira de proa,
ó cesa... ¡Mira que estallo
de cólera...
Bien; ya callo.
Vámonos á la Moncloa.
(Llamando.) ¡Lupercia!
(a don Pablo.) Es que si me dices
por el camino un vocablo
que...
Callaré, á fe de Pablo,
ó te hablaré... de perdices.
ESCENA VII
(DON TADEO, DON PABLO, LUPERCIA.)
(¡Qué hombre!)
(a Lupercia.) NOS VamOS IOS dos.
Bien.
No entre aquí alma viviente
en nuestra ausencia.
Corriente.
Pronto volvemos. Adiós.
ESCENA VIII
(LUPERCIA.)
¿Si conseguirá don Pablo
á su hermano convencer?
Lo dudo. ¡Es el buen señor
tan temoso... Y ahora bien;
su sistema de aislamiento
y de reclusión cruel,
¿qué resultado tendría
si yo fuese otra mujer?
¿No puedo yo... no debiera
cumplir la cristiana ley
de enseñar al que no sabe
y alumbrar al que no ve?
Esta aya en quien tanto fía,
¿no pudiera ser infiel
como lo son en el mundo
más de dos y más de tres?
De tan malos pensamientos
líbreme Jesús, amen,
pero muy bien empleado
le estaría... ¡Pobre Inés!
Rica, bien nacida, hermosa,
y entre una y otra pared
encerrada... Y es que á mí,
á pesar de la vejez,
esta vida de convento
me mortifica también.—
Por fin, mientras esa niña,
modelo de sencillez
y candor, no experimente
lo que yo experimenté
cuando tenia sus años,
poco nos dará que hacer. —
Sola estará como un buho
la cuitadilla en aquel
gabinete. Iré á decirla
que ya su tio se fue,
y aquí, que corre más fresco,
estará más á placer.
vEntra en el gabinete. Un momento después asoma Figu¬
rín la cabeza por el balcón, que estaba á medio cerrar.)
ESCENA IX
(FIGURÍN.)
Viendo salir al papá,
por la reja, sin canguelo,
trepo al balcón y me cuelo
como un murciélago acá.
(Saliendo á la sala y observando-) Es preciso que yo te hable,
bella Inés, aunque en tu puesto
se aparezca el agrio gesto
de la vieja perdurable.
Sí señor, que tanto hacer
el telégrafo, da grima,
y gozar de pantomima
es un menguado placer.
Muerta está por mí la niña,
y bien su cara lo exprime.
Rio, y rie; gimo, y gime;
y si la guiño, me guiña.
Mas si de hablar hago seña,
muestra, con el lindo dedo
en su dulce boca, el miedo
de que nos oiga la dueña.
Cartero de nuevo estilo,
un hilo que ella me echó
escrita mi fe llevó...
¡El alma tengo en un hilo!
Y pues ella no contesta,
usando igual mecanismo,
no extrañará que yo mismo
venga á tomar la respuesta.
Me hago hombre en un dos por tres,
ó me lleva Satanás
si un cuarto de hora no más
hablo á solas con Inés.
Si no mienten los informes,
Figurín, gran golpe intentas,
que es un lucero... ¡y las rentas
de su padre son enormes!
Blanda está ya como un guante,
y no hay miedo que resista
cuando me muestre á su vista
tan pulcro y tan elegante.—
Todo es obra de mis manos.
que para esta expedición
he puesto en contribución
á dos <5 tres parroquianos.
(Adelantándose hácia el gabinete.) ¡Animo! Yo me introduzco...
Si no me engaña el olfato,
allí... ¿Y la vieja? La mato
si chista... No. La seduzco.
El oro todo lo allana,
y este aire de potentado...
Justamente hoy he cobrado
el jornal de la semana.
Sino cede á mis razones,
(Haciendo sonar el dinero que lleva en el chaleco.) de reserva tengo aquí
otras... ¿Quién me tose á mí
con cinco napoleones?...
Si es fuerza soltar el lastre,
con desprendimiento hidalgo
lo haré, y... Vamos, si hoy no salgo
de sastre... será un desastre. (Retrocediendo.)
Pasos siento... ¿De quién son?
¿De aquella bruja, ó de Inés?
Por si forte, mejor es
observar desde el balcón.
(Se oculta en el hueco del balcón.)
ESCENA X
(INÉS, LUPERCIA.)
Ea, aquí te quedarás,
Inesita, mientras voy
á hacer la cama del tio,
y á otras faenas que son
precisas.
Bien. Entre tanto
continuaré mi labor...
(Va á tomar la almohadilla, que estará sobre el velador.)
¿Qué se entiende trabajar
de noche?... Basta por hoy.
Hasta después.— ¡Ah! Si quieres,
puedes sentarte al balcón.
(Ahora á nadie puede ver,
y no hay riesgo...)
(Sentándose en la butaca.) Bien estoy
aquí. Usted me llamará
si me duermo.
(¡Angel de Dios!)
ESCENA XI
(INÉS, FIGURÍN.)
(Asomando la cabeza.)
(La arpía se va, y la deja
sólita... ¡Buena ocasión!)
Ahora que nadie me ve,
á la luz del velador
leeré otra vez, y con esta
creo que son veintidós,
la carta de Casimiro.
(Saca una carta del pocho.)
(¿Me anuncio tosiendo?... No;
(Acercándose de puntillas adonde está Inés.) sin chistar y con puntada
menuda... ¿Qué miro? ¡Soy
feliz! ¡Mi carta en su mano!)
(Se coloca detrás de la butaca.)
(¡Qué ternura y qué pasión!)
(Lee á media voz.) «Inés, tu amor es mi vida
»desde que te vio mi afan
royendo una misa en San
»Antonio de la Florida.
»Pues tu padre me coarta
»el placer de hablar contigo,
»mi pensamiento te digo
» hilvanado en esta carta.
»Mis intenciones son puras,
»como manda el calendario,
»y al que diga lo contrario
»le sentaré las eos tur asi
»Pidamos su bendición
»at cura párroco, pues
»estamos los dos, Inés,
acortados por un patrón.
»Si logro que te decidas
ȇ quererme por completo,
»para lograr el objeto
»?/0 lomaré mis medidas.
»Aunque te guarde esa bruja,
»si yo cuento con tu fe,
»no temas, me meteré
»por el ojo de una aguja.
»Pero si te hace la capat
»mejor para mi deseo,
»que es mujer, á lo que veo,
»de muchísima solapa.
» Adiós; aquí y en Lisboa,
»y en donde quiera que esté3,
»te adora y besa tus piés
»Casimiro Figueroa.»
(Figurín. Lo mismo da.)
(Besando la carta.)
Vuelvo á besarla...
(¡Gran Dios,
me besa!... Es decir, mi carta.
No es mucho. ¡Con tal primor
la escribí!... Pespunte fino.)
(Volviendo á ocultar la carta en el pecho.)
(La guardo en el corazón...)
(¡¡¡Ay!!! ¿No habrá también posada
para el amanuense?)
(Y voy
á repasar mi respuesta,..)
(Saca otra carta.)
(¿Otra? ¡Ah! la contestación.)
(Leyendo.) «Acepto el matrimonio,
¿bien de mi vida,
»y igloria á San Antonio
»de la Florida!
»¡Ay Casimiro!
»Yo no sé lo que siento
¿cuando te miro.
»Si eres leal y firme
»como eres ducho,
»no espero arrepentirme
»de amarte mucho.
¿Pide mi mano,
»y adiós. Besa las tuyas,
»Inés Manzano.»
(¡Albricias!)
(Ahora me asomo;
un golpecito de tos,
y si abajo está rondando,
COmO presumo, le doy...) (Se levanta.)
¡Inés! (Toma la carta.)
(Sorprendida.) ¡Ah!...
¡Chit!... No te asustes.
Yo tiemblo...
¿Por qué razón?
¿No es la carta para mí,
prenda mia?
Sí, señor...
Pues todo viene á ser uno;
que ella baje, ó suba yo.
¡Dios mió!...
Escucha...
Si viene
papá...
¿Qué importa, mi sol?
Cuando él entre por la puerta,
saldré yo por el balcón,
¿Y Lupercia?
No vendrá
tan pronto, y ojo avizor
estaremos... Dos palabras
no más. ¿Me quieres, ó no?
Sí.
¿Quieres ser mia?
Sí.
7ígcrln. ¿Y tendrás resolución
para serlo á todo trance?
No sé...
Tu padre es atroz.
¡Mi padre!...
Yo sé que mira
á los yernos con horror.
¡Ah!
Me negará tu mano.
Siendo usted hombre de pro...
¿Quién lo duda?
Y caballero...
La ropa dice quién soy.
Pero estov bien informado
de la extraña condición
de papá. Mientras él viva,
aunque te agostes en flor,
dirá: no hay casaca; y tiene
trazas el santo varón
de vivir un siglo.
Acaso
si le habla usted...
Ya le habló...—
Mintamos.) de parte mia
el Conde del Arrebol...
¿De veras?
Sí; ayer...
¿Y' cuál
fué su respuesta?
Una coz.
¡No querer que una se case!
¡Egoísmo! ¡El se casó!
Mas tú eres libre; eres hija
de ciudadano español...
Si yo me atreviera á hablarle...
No te atrevas. A tu voz
seria sordo.
¡Dios mió!
¿Qué haremos?
¡Ea, valor!
(Asoma Lupercia por el foro.)
(¿Qué veo?... Oigamos.)
(Se oculta detrás de la puerta, á la parte exterior.)
Si me amas,
sigue mis pasos veloz.
¿A dónde?
A casarnos.
¿Cómo?...
Pidamos su protección
al vicario contra un padre
tan despótico y feroz.
¡Huyamos!
¡Ah! no. ¡Jamás!
¡Ingrata! ¿Es este tu amor?
A tu piés... (Se arrodilla.)
¿Qué haces? Levanta...
De aquí...
¡No sé dónde estoy!...
No he de levantarme vivo
si otra vez dices que no.
¿Casimiro!
Estoy resuelto.
(Tomando unas tijeras que habrá sobre el velador.) Con este acero me doy
una puñalada...
¡Tente!
Mis tijeras...
Serán dos
puñaladas.
¡Casimiro!
¡Decide, jóven precoz,
decide pronto! O la fuga,
¡ó la muerte!
Tuva soy.
ÍFig-arin se levanta y va á abrazar á Inés.
ESCENA XII
(INÉS, FIGURÍN, LUPERCIA, LUPERCIA, DON PABLO.)
¡Cielos!
¡Picardía!...
(¡Maldecida vieja!)
¡Infame
seductor!...
¡Lupercia!...
¡Pronto,
váyase usted con mil diantres
á su cuarto, hipocritilla!
Bien, sí; me voy al instante;
pero, ¡por Dios y la Virgen,
no sepa nada mi padre!
¡Inesita!
Separándolos.' ¡Atrás! — ¡Adentro!
^Empujando á Inés.)
¡Adentro!
¡Virgen del Cármen!
(Entra en el gabinete.)
ESCENA XIII
(FIGURÍN, LUPERCIA.)
¡Dueña!
¿Cómo?...
En vano quieres
descoser dos voluntades
que amor hizo tan parejas
como las mangas de un fraque.
Yo la quiero sustraer
á la opresión en que yace,
pero es con el santo fin
de que el vicario nos case.
¿Que los case á ustedes? Eso
será lo que tase un sastre.
¿Sí? Pues yo... (¡Detente, lengua,
que ya ibas á denunciarme!)
Dígaselo usted al amo...
Su amo de usted es un cafre. —
Ayúdeme usted, Lupercia,
á redimir á ese arcángel
cautivo, y pues ha de ser
mi esposa temprano ó tarde,
<5 ceda usted á mis ruegos...
(Metiendo los dedos en el bolsillo del chaleco.) <5 mis dádivas la ablanden.
¡A mi dinero! ¡Qué insulto!
Pues ayúdeme usted gratis.
¿Se ha visto igual insolencia?
¡Fuera de aquí!
Yo...
¡A la calle,
ó grito: al raptor!...
¡Silencio!
Y duerme usted en la cárcel
esta noche.
Bien; me iré...
(¡No se arme aquí un zipizape!...)
(Mas ¿qué hago?... Mejor será
dar una lección al padre
y á la hija...)
¡Adiós, Lupercia!
¡Adiós, aya inexorable!
Tú vas á aumentar el largo
catálogo de los mártires.
Gota á gota sobre tí
caerá la inocente sangre
de dos víctimas... ¡Adiós!
Ese ya es otro lenguaje.
Yo cedo á buenas razones,
pero á amenazas y ultrajes...
Perdona si á mi pesar
he zurcido alguna frase
imprudente, y ten piedad
de dos míseros amantes.
¿Usted la ama?...
La idolatro.
¿Con buen fin?...
¡Ah! Dios lo sabe...
Papá no quiere casarla,
y en tan apurado trance...
Sólo quedan dos caminos:
rapto, ó requiescant in pace.
La niña es sensible...
¿Y jo?
Si no la ayudo á fugarse...
No lo dude usted, mañana
es difunta, y yo... ¡cadáver!
Yo no tengo corazón
para ver penar á nadie. —
Cuente usted conmigo.
¿Sí?
Llámela usted al instante.
No. Urge el tiempo... Vaya usted
pronto á buscar una carruaje.
Sí; aunque sea un calesín...
El ómnibus es muy grande.
Yo la animaré entre tanto
á que con usted se escape.
¡Gracias, gracias! Voy de un brinco,
y de otro...
¡Oiga usted!... ¿Y si antes
viene el señor don Tadeo
y damos con todo al traste?
Por si acaso, usted no suba...
Bien.
Hasta que Ine's le llame.
Dará tres palmadas...
¡Bravo!
Voy más ligero que el aire...
Mas, ¿se atreverá á bajar
por el balcón esa frágil
criatura?
Yo veré
si puedo coger la llave
de la puerta del jardín
engañando á aquel vinagre
de Fermín...
Pero... si...
¡Abajo!
No gastemos tiempo en balde.
ESCENA XIV
(LUPERCIA, LUEGO INÉS.)
Caerá en mis redes. — Ahora
usaré del mismo ardid
COn Inés, (a la puerta de la izquierda.)
Sal, Inesita,
v trae esa luz aquí...
Si un cuarto de hora siquiera
tarda su padre en venir...
(Sale Inés con la luz que so llevó.)
(Temblando salgo.) Aquí estoy,
pero... ¡por las once mil
vírgenes!...
No temas, niña.
Al principio me ofendí...
no porque tengas amores,
que eso era de presumir,
sino porque antes debiste
confiármelos á mí.
¿Es posible?... ¡Ah! Si yo hubiera
sabido...
¡Niña infeliz!
Yo no apruebo la manía
con que tu padre incivil
en perpetua reclusión
te ha condenado á vivir.
El rocío de la aurora
pide la rosa de Abril,
la yedra codicia el muro,
se enlaza al olmo la vid,
y las muchachas suspiran
por novio...
¿Verdad que sí?
Y á fe, Inesita, que el tuyo
es un mozo muy gentil.
¿Verdad que sí?
Y pues él dice
que te quiere con buen fin...
¡Vaya! En su carta lo jura.
Y, si no miente el barniz
exterior, es caballero...
Y de sangre azul turquí.
No hay más que verle...
En efecto...
¡Valiente chisgaravís!...)
Ahora bien, hija de mi alma,
aunque me exponga por tí
á las iras de tu padre,
con él te dejo salir...
¡Tanta bondad!... Mas no sé
si debo...
No siendo así,
nunca te casas.
¡Dios mió!...
Eso es un grano de anís.
¡Lo hacen tantas!... Esta noche
te deposita en Madrid,
y mañana tempranito
os casa un cura en latín.
¡Qué dicha!
Antes que te vayas
es necesario escribir
una carta á tu papá...
Sí; despidiéndome...
Mostrando la mesa.) Allí
Toma nna lux y la pone sobre la mesa.
tienes papel y tintero... vlné* se sienta y e*rri:
Le confiesas tu desliz...
le pides su bendición,
y no será tan cerril...
Cuatro letras... ¡Date prisa!
O* »
bi, si...
¡Que van á venir!...
Ya concluyo.— cines Manzano.»
vDobla la carta y se levanta.)
Dame.
¡Toma la carta y la pone sobre el velador.)
Ahora vas al jardín.
(Tomando la Inz que dejó sobre la mesa.
Bien.
Ya quedé con tu novio
en que le esperes allí.
A falta de otro carruaje.
vendrá con un calesín
por la puerta falsa... ¿Entiendes?
La llave...
Ya se la di.
Vete. El tiempo vuela...
¡Adiós!...
¡Que no te sienta Fermín!
(Vise I nés por la itqnierda del foro.)
ESCENA XV
(LUPERCIA.)
¡Simple! Yo castig-aré
tu credulidad, y al vil
seductor... Oigo rodar
la calesa... Pára... sí...
Apago la luz ahora. — Lo haee.)
Para animarle á subir
doy las tres palmadas..
Las da Mercándose *. i!:on.)
Bien.—
Ya trepa como nn mandril...
De noche tolos ios patos
son pardos... ¡Ah! Ya está aquí.
ESCENA XVI
(FTGCRLX 7 LEPERO A.)
¡CJhit! En TC2:r.n y 'saja.)
Yo soy...
;A oscuras!
Conviene que no nos oigan
ni nos vean...
Bijas*-: también i t:i.
¿Estás lista,
prenda amata?
Sí.
¿Estás sola!
Sí. Ya no puede tardar
el amo.)
Andando i tientas.''
La mano..
Toma.
( Se^anicia.
¡Oh delicia!
¡Sabe Dios
cuándo me veré jo en otra!
¡Qué suave! Rl w: legítimo.
¡Vaya por Dios.... Es lisonja..
¡Cuando jo lo digo!..
(Soltando 'i mano. Suelta.
, Evitemos que conozca
antes de tiempo su error.
Voy á recoger mis joyas...
¿Sí? (¡Magnífico!), Y Lupereia?
Abajo espera... (¡Qué posmas!
No vendrán...)
¿Cogió la llave
del jardín?
Sí. (Se oye llamar á la puerta de abajo.
¡Santa Mónica!
(¡Gracias á Dios!) ¡Mi papá!
(¡Malo!) ¿Qué hacemos ahora?
¡Sálvame! (Le coge del brazo.)
El balcón...
(Llevándoselo hacia el gabinete.)
¡No! Ven...
(Dentro. ) ¡Lupercia!
¡Ay, Dios!
Me remolcas...
(Dentro.) ¿No hay quien alumbre?
(Fingiendo la voz y alzándola.) ¡Bien mío!
(Apareciendo por la derecha del foro con don Pablo.)
¡Traición!
¡Entra!
(¡Aquí fué Troya!)
(Entran Lupercia y Figurín en el gabinete y se cierran por dentro. )
ESCENA XVII
(DON TADEO, DON PABLO.)
¿Has oido?
Sí.
(Llamando.) ¡Lupercia!
¡Calla!...
Esto pica en historia.
¡Bien mió! dijo una voz
imberbe... y yo vi dos sombras...
y después sonó un cerrojo...
¿Qué diablos de trapisonda
es esta?...
Por si ha ocurrido
lo que temo, no nos oiga
nadie... Evitemos al menos
el escándalo.
Las corvas
me tiemblan.
Busca tú mismo
una luz...
¡Misericordia,
Dios miol... ¡A.quí tengo fósforos!...
(Saca una cajita con fósforos y enciende uno. )
Y aquí está la palmatoria.
Enciende esta vela. (La enciende don Tadeo.)
¡Nunca
me fuera jo á la Moncloa!
¡Un papel escrito! (Toma el que dejó Inés.)
jDáme! (Se lo arrebatar.)
¡Por Dios, modera tu cólera!
¡Qué veo! ¡Es letra de Inés!
Si hoy no me da una congoja... (Lee.)
«Querido papá del alma:
» tengo un novio que me adora;
» usted no quiere casarme;
»yo no nací para monja.
»Mi novio se llama don
»Casimiro Figueroa.
«a
» Ahora me lleva á Madrid,
»y mañana á la parroquia.
»¡Ydios! Bendígame usted,
»y á lo hecho, \pecho\^
¡Bribona!
La voy á estrellar...
¡Prudencia!
Tu venida les estorba
fugarse. El rapto quedó
en conato.
¿Qué me importa?
Encerrados los tenemos...
¡Buen negocio hará mi honra
con eso!
¡Calma!
Haré astillas
la puerta.
Y así, ¿que logras?—
¡Tadeo!... ¿Quieres creerme?
¡Oh!... ¿Qué quieres que haga?
Toma
su consejo. A lo hecho, pecho.
A lo hecho, ¡palo, pistola,
fusil!...
Vendrá medio mundo
al ruido de la camorra,
y sin reparar tu honor,
serás mañana la mofa
y el escarnio de Madrid.
(Dejándose caer en la butaca.)
¡Calla!... El despecho me ahoga.
Todo queda subsanado
casándose...
¡La gazmoña!...
Debe de ser caballero.
El apellido le abona...
Pero si aleve se niega
á darnos cumplida y pronta
satisfacción, á mis manos
morirá...
Allá te compongas;
mas no vea yo delante
de mis ojos á esa hipócrita,
ó mi furor...
(Tocando á la puerta.) ¡Caballero!
(Dentro.) ¡Señor mió!
(Hé aquí mi obra.)
(Meditabundo.)
Puede usted salir sin miedo
si como noble se porta
y cumple lo que el honor
manda.
Lo haré sin demora,
sí, señor, y juro á Cristo
que ni al pelo de la ropa
he tocado...
Salga usted. (Se oye quitar el cerrojo.)
íuhin. Voy...
(¡Yo no veré la boda!)
ESCENA XVIII
(DON TADEO, DON PABLO, FIGURÍN.)
Humilde yerno y sobrino, (Arrodillándose.)
pido perdón al papá
y al tio.
Levante usted.
(Levantándose.) Gracias.
¿Qué veo!
(¡San Blas!...)
Usted no es lo que aparenta.
¡Señor!...
(a don Tadeo.) Es un oficial
desastre...
¡Oh Dios!
En la tienda
del mió le vi...
¡Esto más!
Si no me engaño, se llama
Allá se van
Figurín y Figueroa.
(Levantándose.) ¡Cómo, insolente!...
(Conteniéndole.) Haya paz.
Una errata... Un lapsus..,
(Examinando á Figurin más de cerca.) ¡Calle!
Ese frac... ¡Ese es mi frac!
Perdone usted... Un empréstito...
El amor... (¡Suerte fatal!)
¡Y no lo niega!
(La risa
me retoza á mi pesar.)
Para venir más decente,
me tomé la libertad...
Culpado fui; mas supuesto
que vamos á emparentar
y todo se queda en casa...
¿Hay picaro más audaz?
¡Señor!...
¿Dónde hay un garrote?...
¡Tente!
¡No! ¡Lo he de matar!
¡Por Dios, Tadeo! ¿Y la honra?
¡Llévesela Barrabás!
Pero, señor, si la niña
me quiere con tanto afan...
Deje usted que entre en el gremio
por delante del altar.-
¡Casarla yo con un sastre!
Yo quisiera ser bajá
de tres colas, pero...
Aparta
de mi vista, ó ¡voto á San!...
El oficio es lo de menos,
porque un sastre es tan capaz
como cualquiera de ser
buen marido...
¡Y buen papá!
Mas si quiere usted que deje
las tijeras y el dedal,
corriente. El dote de Inés...
¿Dote? ¡No faltaba más!
¿Y qué has de hacer?...
¡Ni un ochavo
Pero ¡señor! si aquí no hay
otra compostura: á lo hecho,
pecho, que dice el refrán.
Demos un corte al asunto,
y absolución general.
Fuerza será transigir...
¡No transijo!
(¡Hombre tenaz!)
¡Tadeo!
¡Padre de Inés...
sea usted más paternal!
Que se case en hora... mala,
pues no lo puedo evitar;
pero perdonarla, ¡nunca!
pero dotarla, ¡jamásl
Mas, ¿cómo podré, señor,
á mi adorada mitad
mantener...
Póngase usted
á remendón de portal.
Pero si...
¡Basta!
(Apareciendo en el foro.)
(Cansada de esperarle... ¡Cielos!)
(Grito de sorpresa.) ¡Ah!
ESCENA XIX
(INÉS, DON TADEO, FIGURÍN, BON, DON PABLO, DON TADEO, INÉS.)
(O anda aquí Merlin,
ó no entiendo...)
(Cogiendo del brazo á Inés.)
Ven. ¿De dónde
vienes ahora? ¡Responde!
¡Papá!... Vengo del jardín.
¡Oh dicha! Luego ¿no es cierta
mi afrenta sino... en proyecto?
El gabinete, en efecto,
no tiene más que una puerta.
Una mujer entró allí
guiada por Belcebú...
¡No ha salido!
¡No eres tú!
Sí tal, sí tal...
(A Inés en voz baja.) Di que sí.
No, señor. Yo siempre digo
la verdad.
(¡Estamos bien!)
¿Conque?... Pues ¡señor! ¿Con quién
me he encerrado yo?
ESCENA XX
(INÉS, DON TADEO, DON PABLO, FIGURÍN, LUPERCIA.)
Conmigo.
¡Lupercia!
(¡Bruja maldita!)
Pues ¿cómo?...
¿Usted?...
Quiso Dios
que sorprendiese á los dos
en una amorosa cita.
Conociendo que el rigor
no seria de provecho
porque ya estaba en su pecho
muy arraigado el amor,
otra cita falsa amaño
para salvar del oprobio
á Inés, dar un chasco al novio
y á su padre un desengaño;
y todo, según discurro,
me sale, pues— ¡ya ve usted!...
el galan cayó en la red...
Y yo caigo de mi burro.
(Apretando la mano á Lupercia.) ¡Gracias! Cesó mi zozobra
y el gozo...
(a Figurín. Lupercia habla en voz baja con Inés ) No necesito
decirle á usted, amiguito,
que en mi casa está de sobra.
(A Lupercia fon voz baja.) ¿Qué oigo?...
Por ese revés
mi espíritu no se agobia.
Mientras me quiera la novia,
mientras cuente con Inés...
(a don Tadeo aparte.)
Malo será que se obstine...
No hará tal, ó te prometo
que mi...
Hable Inés. Me someto
á lo que ella determine.
Si me ama cual la amo yo,
y si como hermosa es firme,
no se negará á cumplirme
la palabra que me dio.
Sí. Yo no me vuelvo atrás.
¡Yo triunfo!
¡Qué avilantez!...
De lo que digo una vez
no me retracto jamás.
¡Ah! ( Vuelve á sentarse consternado.)
¡Bien! (Ya estaba en un potro...)
Di la palabra...
(¡Respiro!)
Al señor don Casimiro
(Marcando mncho el apellido.) de Figueroa\ no á otro.
(Sorpresa general. Se levanta alborozado don Tadeo)
(Troné.)
(¡Qué oigo!)
¡Oh retintín
que merece eterna loa!
Mi mano es de Figueroa...
(Retirándola con desden viendo que Figurín presenta la suya.) No conozco á Figurín.
(Abrazando á Inés.) ¡Bendita sea tu boca!
¡Ingrata, falsa, perjura!...
Mas... ¡Bobada! ¿Quién se apura
por semejante bicoca?
(Haciendo cortesías ridiculas.) Señores...
(¡Qué badulaque!)
(¡Siento un fuego en las orejas!...)
Servidor...
¡Cómo! ¿Le dejas
que se vaya con tu fraque?
Sí tal.
¡Gracias!
Y además
le regalo este bolsillo.
^Saca uno con dinero y se lo da.
¡Gracias; mil gracias! Me humillo...
¡Hombre!... ¿Dinero le das?
Ni el príncipe de Alencastre
seria más dadivoso.
Soy de usted muy obsequioso
servidor, amigo... y sastre.
ESCENA ÚLTIMA
(INÉS, DON TADEO, DON PABLO, LUPERCIA.)
Justo es dar á ese cuitado,
amén de nuestro perdón,
alguna compensación
del chasco que se ha llevado;
y ¿con qué le pagaría
el haber sido instrumento
del saludable escarmiento
que el justo cielo te envía?
Pues supongo...
Sí; desde hoy
¡vida nueva! Yaya Inés
á Murcia; á Madrid después...
Amplia libertad la doy.
No decía yo...
Sí, Pablo,
sí. ¿Quién guarda á una mujer?
Tengo yo poco poder
para luchar con el diablo.
¡Papá!...
Otro error peligroso...
[*adeo. ¿Pues qué he de hacer cuando veo que...
Ya te he dicho, Tadeo,
que todo extremo es vicioso.
A las niñas de esa edad...
¡ten presente mi lección!
ni extremada sujeción,
ni excesiva libertad.