Y plantaré mi bandera
En una torre elevada,
Diciendo ¡gloria á Isabel!
¡Honor y gloria á mi patria!
— Ve, pues, Fernando, ve pues;
Anda, si el deber te llama;
Pero cuida tu existencia,
Esa existencia adorada,
La que forma mi ilusión,
La que es mi última esperanza.
No me dejes en el mundo
Sin apoyo, abandonada,
Huérfana, y sin más herencia
Que el dolor y la desgracia.
Adiós, le dijo, y de nuevo
Su voz murió en su garganta,
Y de nuevo corrió el llanto
Por su tierna, hermosa cara.
—No llores, mi ángel, no llores ;
Por Dios, enjuga tus lágrimas,
Que viendo correr tu llanto,
Tal vez al deber faltara.