Al fin ya separarte
Pretendes para siempre de este suelo :
Yo no puedo olvidarte,
Y en mi tenaz desvelo
Por gracia pediré la muerte al cielo.
Y tú ¡ ay ! entretanto
Con otros tiernos lazos obligado,
El bárbaro quebranto
De un pecho enamorado
Habrás en tus placeres olvidado.
Mientras yo delirante
En el silencio gimo y me lamento
A otra tal vez amante
Con cariñoso acento
Hablando te halle pasajero el viento.
Una mujer hermosa
Llena de encanto, juventud, riqueza,
Cuya alma generosa
Bien el semblante expresa
Mas como yo jamás te amará esa!
LfLÍ
Je vex.tr>! ni ñ\"Kzat^ i
Ma* á par de i^í -oer»
Y mi fatal veninra
Te ofrezco t^a ali^i Z~
•í*r íc:m~:
Tn imagen en mi mente.
Inseparable compañera mía.
Siempre estará p nE-sente.
T en la noche r el día
Me hará con m:^ p**saire* 0-2
Doquiera. dc!ee dueño.
Encontrare tn sombra peregrina
Ya en las bramas del sueñ-x
en la luz matutina
Beflejando en el agua cristalina.
Pero ¡en vano! mi pecha
Oprimido de bárbara tristeza.
Se entregará al despecha
Y va sin fortaleza
Se inclinará á la tierra mi cabeza.
Y tn sin acordarte
¡ Ah ! vivirás feliz en otro suelo !
Yo no podré olvidarte,
Y sin hallar consuelo
Por gracia pediré la muerte al cielo.
Cuando contemplo tus queridos ojos
Y pienso, amigo ; en la cercana ausencia
Xo sé por qué los pérfidos enojos
Me oprimen con su bárbara inclemencia
Contemplo tristes las fugaces horas
Que raudas cruzan cuando aquí te veo :
¡ Cuan largas y cuan lentas, matadoras,
Las prolonga de verte el devaneo !
En la ausencia pensar ¡ ay de mi suerte
Esperanzas funestas, dolorosas!
¡ Pensamiento que hiela cual la muerte !
¡ Martirio de agonías perezosas !
¡ Ay! ¿y así he de vivir llena de duelo
Sin porvenir, sin dicha, paz ni calma;
Sin atreverme á contemplar el cielo
Donde asilo, tal vez, hallará mi alma?
¡ Oh ! mi amigo, mi bien, tú de mis penas
Calma, por Dios, el amargor insano,
Y si no puedes darme horas serenas,
Dame tu afecto y besaré tu mano.
Dame tu afecto, sí, con él mi vida
Feliz surcara por el mar del mundo ;
Bálsamo fuera que sanar la herida
Pudiera, amigo, de mi mal profundo.
Dulces ensueños de la edad pasada,
Visiones bellas de la mente mía,
¿A dónde estáis del corazón lanzada
Imagen del placer y la alegría?
¿A dónde estáis que al alma acongojada
Abandonáis en su amargura impía
Al yugo horrendo de su infausta suerte. . . .
Cuando le niega hasta su paz la muerte. . .
¡ Ay ! no es posible conquistar reposo
Cuando desgarra el corazó*n la pena;
Cuando los cielos del vivir hermoso
Negra borrasca de pesares llena ;
Cuando es el mundo á la existencia odioso;
Cuando es la vida una fatal cadena,
Que arrastra el triste en su mortal camino
Hasta el término hallar de su destino
¡ Infelice ! y esta es, esta es del alma
La sentencia fatal que la acongoja
¡ Ay ! no tendrá por su martirio palma,
Pues tanto, tanto el padecer la enoja.
En vano busca en sus tormentas calma,
Que de sí misma á un tiempo se sonroja
Al contemplarse débil y pequeña...
¡Y aun con sus males en luchar se empeña!
Tú, en cuyo seno desahogar anhelo
El funesto dolor que me atormenta;
Tú, mi amigo, mi amor, tú, mi consuelo,
Mi acongojado corazón alienta:
Tú, con tu amor, mi bien, calma mi duelo
Y de mi pecho la virtud fomenta,
Y haz que en las flores' de tu amor despliegue
El iris de virtud que me sosiegue.
Abre tus brazos cariñoso y bueno,
A quien te busca llena de tristeza;
Oprime amante en tu amoroso seno
Mi ardiente corazón y mi cabeza;
Que tal vez luego, junto á tí sereno,
Contento latirá con fortaleza,
Y tú podrás decir, "aquí está el pecho
Que yo arrancara del mortuorio lecho! "