El viático
Cantaron otras saetas,
y quiso Dios que sonara
la fúnebre campanilla,
y que por calle cercana
asomase una linterna
como si fuera en volandas.
La campanilla y la luz,
cual es de ene, las llevaban
el sacristán y un acólito
de la parroquia inmediata.
Y detrás, a toda prisa,
recogida la sotana,
les seguía el señor cura
con la ampolleta arropada.
Como a una esquina llegasen,
fueron los tres a doblarla,
sin duda porque otra urgencia
a otra parte les llamaba...
Y entonces gritaron todos:
-«Señor cura, no se vaya.»
-«¡Señor cura! ¡señor cura!
»Aquí ha sido la desgracia.»
-«¡No puedo perder el tiempo!...»
Responde el padre de almas;
pues en la Calle del Susto
diz que han herido a un fantasma
que pide la Extrema-unción,
y corro a ver si se salva...
-«¡Estos son dos, padre cura!»
-«¡Dos contra uno, ya cambia!
»Les daré un pasa volante,
»y el otro aguarde una miaja.
»¿Dónde están?»
-»¡Aquí, cerquita!»
Fue el cura, y halló a sus plantas
tendidos a los rivales
como yacentes estatuas.
Le seguía el comadrón,
y, en cuanto les vio la cara,
dijo: -«Más muertos están
»que el Comendador de marras.»
Escaparon los gitanos;
la vieja se alzó las faldas,
y el cura exclamó: -«¡A difuntos,
»supuesto no les alcanza
»ni el último Sacramento,
»que mi bendición les valga!»
Los cruzó de arriba abajo
de una bendición muy larga,
y, murmurando un response
se fue donde le llamaban.