Al recobrar el alma condenada
el cuerpo en que habitara antiguamente,
de sangre en caracteres señalada
su sentencia inmortal brotó a su frente.
A semejante vista huyó espantada
del vil apóstol la precita gente,
y del infierno le dejó a la entrada
del odio universal blanco viviente.
Pugnaba el miserable avergonzado
la marca por borrar de su delito,
y arañaba su frente despechado
sin lograr de su tez borrar lo escrito:
que con sangre de Dios fué allí marcado
y el rastro de su sangre es infinito.