Cayó aquella alma en la mansión precita,
y del golpe al estrépito violento
la montaña tembló: mientras el viento
su despojo mortal en lo alto agita,
De la cumbre del Gólgota bendita
su vuelo alzando silencioso y lento,
la vista horrible de su fin sangriento
el coro de los ángeles evita.
Los demonios, saliendo del profundo,
juntáronse en tropel a descolgalle,
y en sus hombros cargando el tronco inmundo,
al infierno otra vez se abrieron calle,
arrojando al espectro vagabundo
el cuerpo vil en el maldito valle.