Manlio, sí alguna vez la igualdad mía,
de la fortuna en el mayor aprieto,
te causó admiración, verme sujeto
a tan fácil rigor, risa podría;
pero sí sabes bien de valentía,
no engañe lo exterior tu alto conceto;
que, ¿quién sabe si más violento efeto
hizo este mal en mí que en otro haría?
Nave que pudo al mar embravecido
firme sufrir, y al viento más airado,
ya vi perder un arenoso asiento.
Y el vidrio, a luenga edad nunca rendido,
ni del agua y la lama sojuzgado,
lo vence y lo consume el blando aliento.