Lánguida flor de Venus, que escondida
yaces, y en triste sombra y tenebrosa,
verte impiden la faz del sol hermosa
hojas y espinas de que estás ceñida;
y ellas el puro lustre y la vistosa
púrpura en que apuntar te vi teñida,
ye arrebatan, y a par la dulce vida
del verdor que descubre, ardiente rosa.
Igual es, mustia flor, tu mal al mio;
que sí nieve tu frente descolora
por no sentir el vivo rayo ardiente,
a mí, en profunda oscuridad y frío,
hielo también de muerte me colora
la ausencia de mi luz resplandeciente.