¡Raza de Edipo
Maldita, por las Furias perseguida,
Odiada por los dioses! Ya se cumple
La maldición terrible de mi padre.
Mas no gemir ni lamentarme debo.
¡No suenen otra vez vuestros sollozos!
Es digno de su nombre Polinice;
Mas de esa audaz divisa de su escudo
Los áureos rutilantes caracteres,
Que cual su mente bullen y deliran,
Presto veréis si a Tebas le conducen.
Si la virgen Justicia, hija de Zeus,
Sus obras y consejos inspirara,
Conseguirlo podría. Pero nunca
Le saludó ni penetró en su techo,
Ni cuando abandonaba las tinieblas
Del seno maternal; ni cuando niño,
Ni en su primera juventud, ni cuando
Ornó su barba innumerable pelo.
Y hora que aflige a su nativa tierra,
¿Le ayudará? ¿Merecerá su nombre
Si a tan audaz varón une su esfuerzo?
Iré confiado a la batalla. ¿Qué otro
Con más razón que yo debe matarle?
Rey contra Rey, hermano contra hermano,
Enemigo a enemigo lidiaremos;
Pronto... lanza y escudo... y armadura.