¡Suerte infeliz la que enlazó a ese justo
Con hombres tan impíos! Siempre daña
Tratar con el inicuo; de su campo
Siempre se recogió fruto de muerte.
¡Oh! ¡Cuántas veces ascendió a la nave
Varón piadoso entre profanos nautas,
Inicua turba que se arroja a todo,
Y pereció con ellos! ¡Cuántas veces,
Ciudad impía que olvidó a los dioses,
Hospeda a un justo, que en la ruina se hunde,
Cuando el azote de los dioses llega!
Así de Eclis el hijo, augur piadoso,
Prudente, justo, venerable, santo,
Y sublime profeta, por mezclarse
Con los impíos, soberbios, jactanciosos,
Que tan largo camino hacen en balde,
Si Zeus nos ampara, en la derrota
Será con los restantes confundido.
Mas que ataque la puerta, no lo esperes,
Ni le tengo por tímido o cobarde;
Mas sabe que su muerte se avecina,
Si es veraz el oráculo de Loxias;
Y Loxias calla, o la verdad revela.
Inhospital custodio le reciba
En la puerta el fortísimo Lasthenes,
Viejo en prudencia, vigoroso en cuerpo,
Largo en la vista, de ligeras manos;
Que con la izquierda al enemigo arranca
El hierro de la lanza. La victoria
En manos de los númenes consiste.