Ciudadanos cadmeos: el que rige,
Sentado en la alta popa, el gobernalle
De este pueblo, y no sufre que sus ojos
El sueño oprima, la verdad os debe
Siempre decir. La próspera fortuna
Se atribuye a los dioses; mas la adversa
A nosotros se achaca. Si contraria
(¡Ojalá no!) la suerte se mostrare,
Execrarán mi nombre los tebanos
En rítmicas, ruidosas cantilenas,
Por toda la ciudad. Ora conviene
Que todos a la lid nos aprestemos,
Aun el joven imberbe, aun el anciano,
Por defender la patria y los altares
De los dioses indígenas, que nunca
Profane el vencedor; y por los hijos,
Y por la dulce tierra, engendradora
Y nodriza común, la que en su seno
Blando os recibió, cuando arrastrabais
Los perezosos infantiles miembros,
Y entre acerbas molestias educados,
Fuertes os hizo, armígeros, robustos,
Para que a vuestra madre defendieseis.
Ni es enemigo hasta el presente día
A nosotros el hado; la victoria
Más de una vez logramos, aunque asedie
Enemiga falange nuestros muros.
Ora el augur, que por la sacra llama
No vaticina (pues sus ojos cubre
Opaca niebla), mas pastor de aves,
La fatídica voz atento escucha
Y sabe interpretar, de los agüeros
Déspota y rey, me anuncia que esta noche
Dar el asalto piensan los Argivos
En cerrado escuadrón. A las murallas
Todos volad; las puertas y las torres
Armados ocupad, con las lorigas
El cuerpo defendido. No os aterre
Su inmensa y poderosa muchedumbre.
¡Buen ánimo, que suerte en el combate
Un dios os la dará! Ya mis espías
Han de volver de la enemiga hueste.
Ni en vano tornarán. Algo sabremos.
Quizá se logre prevenir el dolo.