EL MENSAJERO
¡Buen ánimo! Alentad, tiernas alumnas
De vuestras madres. Ya está libre Tebas
De yugo y servidumbre; ya perece
De esos varones la jactancia altiva.
En calma la ciudad... Y no se ha abierto
La nave contrastada por las olas;
Las torres nos protegen; cada puerta
Tiene un guerrero de pujante brío;
En las seis puertas la victoria es nuestra;
La séptima domina el rey Apolo,
Que en la raza de Edipo la venganza
Quiere tomar de la impiedad de Layo.
EL CORO
¿A la ciudad qué nueva desventura?...
EL MENSAJERO
Salva está la ciudad; pero los reyes...
Los de una misma sangre procedidos...
EL CORO
¿Qué dices? A escucharte ni aun me atrevo.
EL MENSAJERO
Los hijos ¡ay! del infeliz Edipo...
Oye tranquila.
EL CORO
¡Mísera! Adivino
Lo que a contarme vas.
EL MENSAJERO
Los dos cayeron,
Y con mutuas heridas traspasados...
EL CORO
¿A tal punto llegaron?
EL MENSAJERO
Y de entrambos
Bebió la tierra la caliente sangre.
EL CORO
¿Entre sí los hermanos combatieron?
EL MENSAJERO
Entrambos en el polvo se revuelcan.
EL CORO
¡A entrambos ha cabido igual fortuna!
EL MENSAJERO
Muertos quedan los dos; el hado quiere
Exterminar de Edipo la progenie.
¡Lagrimas y alegría juntas llegan!
En salvo la ciudad, mas sus caudillos,
Con el hierro en Escitia martillado,
Quisieron dividirse los despojos
La tierra poseerán que sus cadáveres
Pueda cubrir, tras de la horrenda liza;
Cumplida está la maldición del padre.