Grata por fin sonó vuestra palabra.
Dejad los simulacros, y mejores
Votos alzad, porque los dioses sean
Propicios al tebano en la batalla.
Y si son nuestros votos escuchados,
El festivo Peán al modo griego
Entonaréis, cuando el altar humee,
Y las solemnes voces se levanten,
Para infundir terror al adversario,
Confianza al vencedor. Después (lo juro
A los dioses custodios de esta tierra
Y del foro y del campo tutelares,
De la fuente de Dirce y del Ismeno)
Que si se salva triunfadora Tebas,
De ovejas y de toros en sus aras
La sangre correrá. Ricos despojos,
Trofeos y armaduras enemigas,
En la cruenta lid arrebatados,
Exornarán los postes de sus templos.
¡Sin lágrimas alzad esta plegaria,
Sin mujeriles, flébiles sollozos!
¿Quién vencerá del hado los decretos?
Yo seis escogeré, fuertes varones;
Seré el séptimo yo... Ninguno teme
Lanza enemiga... Y en las siete puertas
La resistencia ordenaré, primero
Que lleguen los fatídicos rumores,
Que en su camino sin cesar se acrecen.