CADA PIEZA VIVE EN UNA DIRECCIÓN · NADA VIVE EN UNA SOLA SALA  

PoetósferaLa BibliotecaJosé Zorrilla

José Zorrilla · Modernismo

Libro de los espíritus — La carrera: I.

español

Lanzóse el fiero bruto con ímpetu salvage
Ganando á saltos locos la tierra desigual,
Salvando de los brezos el áspero ramage
A riesgo de la vida de su ginete real.
El con entrambas manos le recogió el rendage
Hasta que el rudo belfo tocó con el pretal;
Mas todo en vano: ciego, gimiendo de corage,
Indéomito al escape tendióse el animal.

Las matas, los vallados, las peñas, los arroyos,
Las zarzas y los troncos que el viento descuajó,
Los calvos pedregales, los cenagosos hoyos
Que el paso de las aguas del temporal formó,
Sin aflojar un punto ni tropezar incierto,
Cual si escapara en circo á la carrera abierto,
Cual hoja que arrebatan los vientos del desierto,
El desbocado potro veloz atravesó.

Y matas y peñas, vallados y troncos
En rápida, loca, confusa ilusion
Del viento á los silbos, y agudos, ya roncos,
Pasaban al lado del suelto bridon.
Pasaban huyendo cual vagas quimeras
Que forja el delirio, febriles, ligeras,
Risueñas ó torvas, mohinas ó fieras,
Girando, bullendo, rodando en monton.

Del álamo blanco las ramas tendídas,
Las copas ligeras de palmas y pinos,
Las varas revueltas de zarzas y espinos,
Las yedras colgadas del brusco peñon,
Medrosas fingiendo visiones perdidas,
Gigantes y mónstruos de colas torcidas,
De crespas melenas al viento tendidas,
Pasaban en larga fatal procesion.

Pasaban, sueños pálidos, antojos
De la ilusion: fantásticos é informes
Abortos del pavor: mudas y enormes
Masas de sombra sin color ni faz.
Pasaban de Al-hamar ante los ojos,
Pasaban aturdiendo su cabeza
Con diabólico impulso y ligereza,
En fatigosa hilera pertinaz.

Pasaban y Al-hamar las percibia
Pasar, sin concebir su rapidez,
En mas vertiginosa fantasía
En mas confusa y tumultuosa orgía,
Mas juntas, mas veloces cada vez:
Y atronado su espíritu cedia
A la impresion fatídica, y corria
Frio sudor por su morena tez.

Y en su faz estrellándose el viento,
La ponia en nerviosa tension,
Y cortaba el camino al aliento,
Y prensaba el cansado pulmo;
Y, golpeando en sus sienes sin tiento
De su sangre el latido violento,
Sus oidos zumbaban con lento
Y profundo y monótono són.

Ya creía que, huyendo el camino
Del corcel bajo el cóncavo callo,
Galopaba sobre un torbellino,
Mantenido en su impulso no mas;
Ya creía que el negro caballo,
Por la ardiente nariz y los ojos
Despidiendo metéoros rojos,
Rastro impuro dejaba detrás.

Ya sorbido por denso nublado,
Con la lluvia, el granizo y centellas
De que lleva su vientre preñado,
Cree que va fermentando á la par;
Nubes cruza tras nubes, y en ellas,
Del turbion al impulso sujetos,
Mira mil nunca vistos objetos
Remolinos eternos formar.

De esté vértigo horrible transido
Caminaba á las riendas asido,
En los corvos estribos seguro
Y entre el uno y el otro borrén
Empotrado, dejando abatído
Por el bruto llevarse en lo oscuro;
Y empezaba á perder el sentido
Del escape mareado al vaiven.

Rendido y las fuerzas perdiendo
Al vértigo intenso cedió;
Y loco el cerebro sintiendo,
Los ojos cerrar no pudiendo
La ciega mirada fijó,
Tenaz contraccion manteniendo
No mas su equilibrio, y corriendo
Cual otro fantasma siguió,

Y espacios inmensos cruzando,
Y atrás á la tierra dejando,
Las vallas de sombra saltando
Que cercan el mundo mortal,
Creyóse su mente perdida
En tierra jamas conocida,
Region de otra luz y otra vida,
De atmósfera limpia é igual.

Y vió que un alba serena
Con blanquísimos reflejos
Amanecia á lo lejos
En esta nueva region:
Y el alma, exenta de pena
Cruzando el éter tranquio,
Volaba á un eterno asilo
En otra inmortal mansion.

Suavísimo arrobamiento,
Deliquio dulce invadiól,
Y encima del firmamento
En el Edén se creyó.
Luz gava alumbró su mente
Y ante los ojos pasóle
El paraíso esplendente
Que Mahomad visitó.

El místico y nocturno
Vïaje del Profeta
Juzgó qu eiba á su turno
Sobre el Borak á hacer:
Y la ilusion sujeta
A lo que de él relata
La bóveda de plata
De un cielo empezó á ver.

Los astros vió suspensos
De auríferas cadenas
Y sus lumbreras llenas
De espíritus de luz:
Espíritus inmensos
En formas de caballos,
De corzos y de gallos
De enorme magnitud.

Vió islas encantadas
Flotando en los espacios,
Con templos de topacios
Y muros de marfil:
Y casas fabricadas
De nácar, cuyas puertas
De ébano dan abiertas
Sobre jardines mil.

Allí sobre alhamíes
De cedro y palo-rosa,
Bajo la sombra undosa
Del tilo y del moral,
Ya cer vió á las huríes
Que, á mil amores tiernas,
Conservarán eternas
Su gracia virginal.

Y atravesó campiñas
Frensquísimas y amenas,
De bosques de ámbar llenas
Y cerros de cristal,
Y prodigiosas viñas,
Que en frutos dán opimos
Las perlas en racimos
En tallos de coral.

Vió grutas pintorescas
Por Sílfides moradas,
Cubiertas sus portadas
Bajo el flotante tul
De mil cascadas frescas
Que, atravesando prados
De hermoso añil sembrado,
Van tintas en su azúl.

Caer las vió en riberas
Donde reposan mansos
los mónstruos y las fieras
De tierra, viento y mar:
Y en plácidos remansos,
El sueño entreteniéndolas,
Vió cisnes y oropéndolas
Bañarse y juguetear.

Y vió dorados peces
En tumultuoso bando
A flor de el agua á veces
Pacíficos nadar,
Y á veces elevando
Por cima de las olas
Los lomos y las colas
La orilla salpicar.

Vió lueg estos rios
Crecer sin vallares,
Perdiéndose en mares
De leche y de miel:
Y en ellos navíos
Do van los amores
Meciéndose en flores
De uno á otro bagel.

Murmullo tras ellos
Levantan sonoro
Mil góndolas de oro
De concha y marfil,
Do van Silfos bellos
Vogando con velas
De chales y telas
De seda sutil.

Espuma levantan
Inquietos remando
Los mil gondoleros
Que van tripulando
Los barcos veleros;
Y danzan ligeros
Y armónicos cantan
Alegre cancion:

Y mil gayas aves,
Que siguen las naves,
Al sol esponjando
Sus plumas distinta
De mil varias tintas
De azúl, gualda y oro,
Imitan en coro
Del cántico el són.

Al lejos el viento
Responde á su acento
Allá en la arboleda
Moviendo rumor:
Y el éco, que atento
En lo alto se queda,
Burlon le remeda
Cual sabe mejor.

El cuadro divino,
La paz, la ventur,
Perfume, frescura
Y luz celestial
De aquel peregrino
Pais, torna pura
Al rey granadino
La calma vital.

Y en rápido vuelo
Pacífico y blando
Los aires surcando
Se siente llevar:
Y ve que, sin suelo
Do fije el caballo
El áspero callo,
Cruzando va el mar.

Del líquido el fondo
Contemplan pasando,
Y alcanza mirando
Del agua al trasluz
El álveo redondo,
Que puebla radiante
Cohorte flotante
De peces de luz.

Sutiles vapores
Le impelen süaves
Y costas y naves
Se deja detrás:
Y espacios mayores
Cruzando en su vuelo
Aborda del cielo
Las costas quizás.

Avanza y niebla
Pálida ve
Que el aire puebla,
Segun pié á pié
Ganando va
Aquel estenso
Espacio inmenso
Do errando está:

Y le parece
Que se ennegrece
Mar, niebla y viento
En torno de él,
Y que se acrece
Cada momento
El movimiento
De su corcel.
Anocheche,
Y oscurece
Mas apriesa
Cada vez
El ambiente,
Que se espesa
Con creciente
Lobreguéz.
El camino
Desparece:
Y, sin tino
Ni destino
Que comprenda,
Sobre senda
Audazmente
Carrilada
Por un puente
De movibl
Tirantéz
Tan delgada
Como el hilo
En que se echa
Descolgada
Una oruga,
Como arruga
Que en tranquilo
Lago tiende
Cuando hiende
Su agua el pez,
Tan estrecha
Como el filo
De una espada,
Como flecha
Disparada,
Cual centella
Desatada,
Va sin huella
Perceptible
El perdido
Nazarita,
Con horrible
E infinita
Rapidéz.

Es el puente
De la vida,
Que la gente
A luz venida
Há por fuerza
De pasar.
El que intente
Y haga entera
Su carrera,
Y de fernte
Sin caida
La salida
Logre hallar,
Por las puertas
Celestiales
A las huertas
Inmortales
Como un ángel
Ha de entrar,
Las delicias
Eternales
Y los gustos
Perenales
De los justos
A gozar.

A este paso
Tan estrecho,
(cuyo escaso
Corto trecho
Es camino
Tan dudoso
De cruzar,
Pero fallo
Riguroso
Del destino
Y ley santa
Que acatar),
Se adelanta
Vigoroso
El caballo
Misterioso
De Al-hamar.

Temeroso
De mirar,
Espumoso
Siempre hirviente,
Rebramando
Eternamente
Y azotando
Siempre el puente
Con horrísono
Bramar
Bajo de él
Hierve el mar.
Israfel
Allí está
Para ver
El que va
Sin caer,
Y pasar
No dejar
Al infiel:
Y hé aquí
Que por él
Va á pasar
El corcel
De Al-hamar:

llega, avanza:
ya se lanza,
ya en él entra,
ya se encuentra
Suspendido
Sobre el puente
Sacudido
Por el piélago
Bullente,
Cuyo cóncavo
Rugido
Se levanta
Sin cesar.

Aturdido,
Sin mirar
A la indómita
Corriente
Que le espanta,
Sin osar
Aspirar
El ambiente
Que le anuda
La garganta,
Sin que acuda
Tierra ó cielo
En su ayuda,
Vuela y pasa,
Justiciero
Rey prudente,
Juez severo
Y valiente
Caballero,
El primero
De la casa
De Nazar.

El puente
Vacila:
El príncipe
Oscila,
Perdido
El sentido,
Demente,
Transido
De horror.

Ya toca
La opuesta
Ribera:
Ya poca
Carrera
Le cuesta.
¡Valor!
Ya llega:
Le ciega
El pavor.
¡Ah! ¡Dadle
Favor!
¡Salvadle,
Señor!

Saltó.
Pasó
Con bien
Y allá
Cayó
De pié.
Salvo
Fué.
¡Oh!
ya
¿Quién
Ve
Do
Va?

Sigue explorando

Por su autor
José Zorrilla · 389 piezas más en la casa
Dónde vive
La Biblioteca

← Libro de los alcázares — Libro tercero: el libro de los AlcázaresLibro de los espíritus — Libro cuarto: el libro de los Espíritus →

Expediente

Autor
José Zorrilla (1817–1893) · Wikidata Q331863
Título
Libro de los espíritus — La carrera: I.
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-libro-de-los-espiritus-la-carrera-i--jose-zorrilla-43e2be
Cita recomendada
José Zorrilla, «Libro de los espíritus — La carrera: I.», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-libro-de-los-espiritus-la-carrera-i--jose-zorrilla-43e2be.html

Las obras de dominio público se reproducen íntegras, con atribución y en la ortografía de su impreso. ¿Ves una errata o conoces una fuente mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.