Cantó anoche Serenita...
¡Qué cantar, válgame Dios!
Cantábame una playera
que su madre le enseñó...
salía de su garganta
en cada nota un dolor,
y, al reprimir los suspiros,
era tan triste su voz,
que, cuando espiró en su boca,
me temblaba el corazón...
-¡Serenita, abre los brazos!...
-¡Ah!... caballero, eso no:
hija soy yo del gitano
y usía es todo un señor.
-Serenita, abre la mano;
toma, y publica que yo
las tristezas que me canta
las pago con un favor.
Adiós, adiós, Serenita...
-Adiós; caballero, adiós.