2em
Desde que este cuidado me rodea,
Melancólico vago por el mundo,
Como hurtando el semblante á la alegría;
Conformes solo con mi triste idea
Son tus lúgubres sombras, tu profundo
Silencio, noche oscura. El claro dia
En vano para mí su luz enciende:
La ciudad, su rumor, todo me ofende.
El espanto se sigue á la tristeza,
Y el mas leve ruido
Me parece el horrísimo estallido
De un rayo que me hiende la cabeza.
La imágen de la muerte á cada instante
Se me pone á los ojos;
Pero aun mas me horroriza tu semblante,
¡Eterno Dios! de donde se desprende
Contra mi alma el raudal de tus enojos
Que en tu furor la enciende.
¿Fallezco? En el instante me parece
Que el hermoso espectáculo del mundo
Con sempiterna noche se oscurece.
Sale del hondo pecho, el mas profundo,
El último suspiro, en que lanzada
Va mi alma á tu presencia,
De crímenes horrendos acusada:
Y herida de tu voz, como de un trueno,
De tu justicia escucha la sentencia
De tu eterno castigo irrevocable:
Atérranla tus ojos, y el sereno
Resplandor de tu rostro le parece
Nube que anuncia rayo formidable
Cuando truena el olimpo y se enardece.
(El alma privada de la gloria.)