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Yo te miro gran Dios ¡te miro y vivo!
Tus arcanos revela
Mi humilde fé, tu inmensidad percibo.
En un trono de luz tu gloria asientas,
Allí te acata el querubín ardiente;
Y tu poder ostentas,
Y emana el Ser en vena indeficente.
Bajo tus piés, el tiempo en raudo vuelo
Pasa, arrollando deleznables seres:
Pueblan horas el suelo,
Y pasan, y no son; ¿y tú? siempre eres.
Mas otros le succeden al momento:
Ocupa nuevo pié la huella vieja;
Y en raudo movimiento
Llega el futuro, y á su vez se aleja.
Tu poder inefable y soberano
El universo sin cesar renueva;
Y cada ser, ufano,
Al que ha de succederle dentro lleva.
Al hombre, al hombre, tu mejor hechura
Le formas de sus huesos compañera,
Resumen de hermosura
Y les mandas poblar la baja esfera.
Uno son desde entonces: venturosos,
Una vida y una alma sola anima
Dos felices esposos;
Y, unido, el ser humano se sublima.
Sí, sí, dulce mitad del alma mia,
Modelo de virtud y de hermosura,
Sin tí no me seria
La vida amable, ni hallaría ventura.
Carne eres de mi carne, y las delicias
Formarás, las mas puras, de mi vida:
Ya gozo las primicias
De la felicidad apetecida.
Ahora comienzo á ser; ahora me es cara
Y en estremo sabrosa la existencia:
Señor, tu brazo ampara
Mi ventura: descanso en tu clemencia.
Tú de Abraham y Jacob el padre fuiste:
Sélo mío, tiernísimo y clemente:
A ellos les acorriste:
A mí me escucha en mi rogar ferviente.
Pues tus almos ministros nos bendicen,
Entre el amor mas puro nuestros dias
Haz, padre, se deslicen
Envueltos siempre en castas alegrías.
Hé aquí también á los que el sér me dieron,
Y, dés la débil cuna, cariñosos
Objeto me escojieron
De sus cuidados tiernos y afanosos.
No quiero ser feliz sino, á su lado,
Y sin la suya amarga es mi ventura:
Vélos pues apiadado,
Y en todo bien les muestra tu ternura.
Y yo bendeciré tu nombre santo
Desde que el sol asome en el Oriente,
Y seguirá mi canto
Cuando se hunda en el lóbrego Occidente.