D. Gil tuvo de gota un fiero ataque,
Y su humor pasó de áspero a iracundo:
Ya no hay remedio que el dolor le aplaque,
La pega en su furor con todo el mundo,
Y de su lecho ya no hay quien le saque.
Rosa abriga de su alma en lo profundo
Dos infiernos que hiel le dan sin tasa:
El de su corazón, y el de su casa.
Al fin recibió carta el mes de octubre:
Pero a través de misteriosas frases
Tan solo en ella la infeliz descubre
Que empieza a presentar dudosas fases
Su porvenir oscuro: que se cubre
La luz de su esperanza con un denso
Vapor de duelo: y lo que más la aflige
Es una poesía, despedida
Triste, expresión de su pesar inmenso,
Que el infeliz Don Carlos le dirige,
Y que viene en la epístola metida:
Y ya que sus sonetos conocemos,
Su despedida conoce podemos.