La empresa de Don Carlos y la mía
Son arduas a la par: los dos tenemos
Que hacer tres años esperar y un día,
Él a Rosa y yo al público.—Veremos
De la empresa en que a tientas nos metimos
Mi Don Carlos y yo cómo salimos.
El veinte de diciembre de ochocientos
Cuarenta y cinco comenzó su viaje
Don Carlos. ¡Quiera Dios que sus alientos,
Sus esperanzas y su pie no ataje
El poder de contrarios elementos,
Mortal enfermedad, traición villana,
Una en fin de esas mil calamidades
Que el hilo tuercen de la vida humana.
Dejémosle por campos y ciudades,
Mares y soledades,
Ir cruzando con reinos extraños,
Acosado tal vez de adversidades,
Víctima de asechanzas y de amaños
Tal vez. Irle siguiendo día a día.
Tarea larga y sin placer sería:
Pero llevemos cuenta con los años.